AGLI Recortes de Prensa    Lunes 2 Febrero 2015

La deuda que no se puede pagar no se paga
Roberto Centeno El Confidencial 2 Febrero 2015

Esta afirmación, que puede parecer un eslogan de ultraizquierda, es lo que sostiene el prestigioso Martin Wolf del Financial Times, refiriéndose a Grecia. Cuando EEUU no ha podido pagar su deuda no la ha pagado, cuando Alemania no ha podido pagar la suya, no lo ha hecho. No hace falta ser economista para saber que un país cuya deuda total es del 175% del PIB ya no la puede devolver. Y España, cuya deuda total (pasivos en circulación) ascendía a septiembre al 144% del PIB, que ha crecido con Rajoy en 536.000 millones en dos años y nueve meses –¡más que en los 12 años anteriores!–, y una deuda externa neta subiendo sin freno y que supera el 100% del PIB, tampoco puede. Y no solo es el volumen de deuda, es que las causas que la produjeron, gasto sin control, incompetencia, corrupción sistémica y enriquecimiento de las élites, siguen intactas.

La victoria aplastante de los ultraizquierdistas de Syriza, que han formado gobierno en 48 horas con la derecha nacionalista de To Potami (“El río”), cuando en España se tarda más de un mes para dar tiempo a nuestra corrupta clase política a hacer sus últimos favores y esconder la basura, era algo perfectamente previsible. En palabras de Wolf, “en la bruma de una supuesta recuperación (Samaras, como Rajoy, también vendía recuperación pero con más motivo, porque Grecia está creciendo más que España), con un desempleo del 25%, un paro juvenil que superaba el 50% y una caída del bienestar mayor que la del PIB, es una catástrofe y no puede sorprender a nadie que los griegos hayan rechazado al anterior Gobierno y a unas políticas solo del agrado de sus acreedores”.

Similitudes y diferencias de las deudas griega y española
Empecemos por las causas y los beneficiarios de unas deudas tan enormes como injustificadas. Wolf recuerda lo obvio: que los acreedores que ahora claman por la devolución de lo debido “tienen la clara responsabilidad moral de haber realizado los préstamos de forma tan imprudente. Si no han sabido analizar diligentemente a quienes prestaban, merecen lo que les va a suceder”. En España esa imprudencia ha sido clamorosa: los masivos préstamos de las cajas alemanas (y otras) a unas entidades financieras dirigidas por políticos ineptos y corruptos que han despilfarrado, robado y engañado sin límite, en lugar de haber sufrido fuertes quitas como en el resto del mundo, se ha obligado al pueblo español a asumir la totalidad de esta deuda.

En Grecia, ante un problema similar, unos gobernantes mucho más listos, aunque no menos venales que estos inútiles que nos gobiernan, consiguieron una quita espectacular. En marzo de 2012 los acreedores privados, con el Deutsche Bank y la BNP Paribas a la cabeza, aceptaron una quita del 53,5% de los títulos de deuda de ese país. ¡Una condonación de más de 100.000 millones de euros! Condonación que, dado el tamaño de su economía, es el equivalente a que a España le hubieran condonado 500.000 millones de euros. Justo al contrario, el irresponsable de Rajoy, con España también al borde de la quiebra, utilizó la barra libre del BCE para endeudar a las generaciones futuras para devolver toda la deuda, con lo que el dinero que entraba en forma de deuda adquirida con el dinero del BCE volvía a salir. Solo en España los acreedores han recuperado la totalidad de lo prestado. Un disparate histórico.

De un 90% del PIB en 2011, Rajoy ha incrementado la deuda en dos años y nueve meses a un colosal 144% –el mayor crecimiento de nuestra historia– y, como la deflación está creciendo, el peso de la deuda es cada vez mayor, aparte de que el déficit ni cesa ni cesará. Del orden de la mitad ha sido para pagar deuda de las élites económicas –bancos, constructoras, eléctricas, etc.–, más de 100.000 millones para pago de intereses, y el resto para mantener en pie la monstruosa estructura de un Estado clientelar y corrupto. En Grecia los grandes conceptos eran similares: recapitalización de la banca griega y devoluciones de deuda en que habían incurrido las oligarquías (que como en España se han enriquecido lo inimaginable), necesidades operativas del Estado e intereses.

A partir de ese momento, la deuda griega tomó un derrotero completamente diferente a la española, tan diferente como la solución de 2012. No les extrañará la “admiración” que suscita el pródigo Rajoy en la “troika” y en la Sra. Merkel. “Nosotros somos un país serio y cumplimos”. Y si para ello hay que arruinar a varias generaciones de españoles, pues se las arruina y en paz. El 80% de los préstamos a Grecia serían de organismos oficiales, Gobiernos (el nuestro, 26.000 millones, algo que Zapatero explicó que iba a ser un negocio redondo) e instituciones. La condición era la reducción del gasto y acabar con la corrupción y el enriquecimiento de las élites. Como en España, nada de esto se hizo.

Las opciones de Grecia
Grecia siempre ha estado al borde de la bancarrota, pero las élites política y económica siempre se las han arreglado para salir a flote. Para entrar en el euro, Aznar y Rato vendieron las grandes empresas públicas a precio de saldo a la oligarquía nacionalista. En Grecia, mucho más listos, contrataron a Goldman Sachs, que envió a su mejor hombre (Mario Draghi) con su equipo de virtuosos en contabilidad creativa para engañar a Bruselas, que deseaba ser engañada, y no tuvieron que vender nada. El sector público empresarial, electricidad, refinerías, astilleros, puertos, con un valor de unos 300.000 millones de euros (más que su deuda), permanece intacto.

Ahora Tsipras ha empezado por el acercamiento a Rusia, algo lógico ya que lo que más define a una nación, religión y cultura, son idénticos. Putin, para quien la ruptura del euro y el debilitamiento de la UE, ante la injerencia inaceptable de Bruselas en Ucrania, son estratégicamente esenciales, está dispuesto a ayudar a Grecia a tope. Y tiene medios más que suficientes, suministrándole gas, petróleo y materias primas a crédito y al precio interno de Rusia, muy por debajo del precio de mercado, lo que ayudaría más que la austeridad a la recuperación del país. Después, ha adoptado una postura desafiante hacia sus acreedores, negándose a negociar con la troika, algo tal vez matizable porque el presidente del Eurogrupo es un prepotente y un impresentable.

Las opciones de Grecia según Wolf son tres: la correcta, la conveniente y la desastrosa. La correcta sería que Europa ofreciera una quita “sustancial” de deuda a cambio de reformas, empezando por un recorte drástico del gasto público de forma que el país no solo no gastase (excepto intereses de deuda) más de lo que ingresaba, sino que tuviera un superávit primario, una iniciativa que podría ser válida para España. Y es que el problema no es la deuda, sino las causas que la generan, y como Rajoy desconoce la ética y la responsabilidad y lo único que le importa es el poder, ha abierto las compuertas del despilfarro, de la compra de votos y voluntades a sus redes clientelares para no quedar barrido. Le importa un pimiento fundirse el dinero del QE, como se fundió el de la barra libre, e hipotecar a las generaciones que sea menester.

La conveniente sería extender los plazos de vencimiento de al menos parte de los 240.000 millones recibidos desde 2010 o reducir los intereses de esa deuda. Otra forma sería ligar las amortizaciones de la deuda al crecimiento del PIB. Todo del máximo interés para España, porque antes o después seguiremos ese mismo camino. Justo lo contrario de lo que hace Rajoy, que trata de hundir a Tsipras y así frenar a Podemos. Algo de un cortoplacismo y una estupidez suicidas, porque cuando la deflación alcanza nada menos que el -1,7%, Rajoy, que ya no sabe qué inventarse, dice que España ¡va a crecer al 3%!, cuando para crecer un supuesto 1,4% a precios constantes en 2014 ha tenido que incrementar la deuda externa neta en más del 12% del PIB, el mayor aumento de nuestra historia, y la inversión exterior directa ha caído a la mitad de la de 2013. Rajoy lleva a España al abismo.

Y finalmente, la desastrosa: empujar a Grecia a la suspensión de pagos, o más en concreto, que el BCE dejara de operar con el Banco Central de Grecia, lo que obligaría al país a salir del euro. Eso sería catastrófico, pero no sería Grecia la única perjudicada, porque para empezar la deuda no se devolvería, y como decimos en Salamanca, más vale el 50% de algo que el 100% de nada, y para seguir demostraría que la “unión monetaria de la Eurozona no es algo irreversible”, y el fracaso del euro sería algo que, como afirma la propia Sra. Merkel, pondría en cuestión todo el orden europeo de la posguerra. España, Portugal y tal vez Italia serían los siguientes.

El mayor problema es el corto plazo. Tsipras ha decidido paralizar las privatizaciones en marcha, lo que le ha enfrentado a China; readmitir a los funcionarios despedidos (un disparate), subir el salario mínimo (otro disparate), y dar electricidad gratis y bonos de comida a los 300.000 pobres entre los más pobres, lo que es de justicia. Pero esto cuesta 12.000 millones de euros, y habiendo rechazado los 7.000 que iba a recibir de la troika, ¿de dónde los va a sacar? La electricidad, de Rusia, sin problemas, pero ¿y el resto? No sé si tiene algún as en la manga. ¿Un crédito puente de Rusia? Putin está dispuesto a jugar muy duro con la UE, y por mal que esté, 5/7.000 millones no serían imposibles porque si no, se lo ha puesto fácil a sus enemigos. Solo tienen que sentarse a ver cómo se estrella.

Muchos griegos de clase media y trabajadora han dejado de pagar impuestos: más de 3.000 millones desde noviembre pensando que con Syriza no les va a pasar nada. Las salidas de capitales crecen cada día y, lo que es peor, la gente empieza a sacar el dinero de los bancos. Más vale perder un 1% que arriesgarse a perder un 50%. Por ello Iglesias, para quien la victoria de Syriza es una oportunidad de oro para ganar las elecciones, debería marcar distancias muy claras. Tienen que ofrecer un programa concreto alternativo al desastre de estos inútiles que nos gobiernan, algo que no solo es posible, sino sencillo. Porque Tsipras se ha echado al monte y puede descarrilar, lo que sería letal para Podemos.

De momento, lo están haciendo hábilmente una vez abandonadas las inviables propuestas iniciales. La apenas presencia de banderas en el mitin de multitudinario del sábado (que superó todas las expectativas), la apelación al patriotismo (“España no es una marca que se pueda comprar y vender”), el ataque a Rajoy (“basta ya de Gobiernos cobardes que no defienden a sus pueblos”) y a un modelo de Estado que “engorda las cuentas de los privilegiados mientras adelgaza las de la gente”, la denuncia de la mayor desigualdad del mundo desarrollado (“corrupción es que el 1% más rico tenga lo mismo que el 73% de los españoles”), o el “hay que rescatar a la gente y no a los bancos”, son verdades indiscutibles que no solucionan los problemas por sí solas pero que llegan al corazón de la gente. Su propuesta para Andalucía de presentar una serie de iniciativas para ayudar a “los sectores de población más excluidos y vulnerables” sí es creíble y puede hacer que arrasen.

Que Rajoy mienta como un bellaco anunciando a bombo y platillo falsas bajadas de impuestos cuando acaba de informar oficialmente a Bruselas que los impuestos subirán en 2015, 2016 y 2017 (porque está bajando el IRPF y subiendo todo lo demás) o que afirme que “no acepto la España negra que pintan” son de un cinismo y una miseria moral inauditas. ¿Cómo llama Rajoy a tener más paro que cuando llegó, a tener la mayor deuda de nuestra historia, a dejar sin esperanza al 50% de la juventud, a crear casi exclusivamente empleo tercermundista de 600-800 euros, a ocultar la quiebra de las pensiones, a haber llevado la corrupción institucional y personal al mayor nivel de Europa, a ser el país con mayor desigualdad social de la OCDE, a tener a un 27% de españoles al borde de la pobreza, a reducir la cobertura de paro y dejar a cientos de miles tirados en la cuneta? No le servirá para engañar de nuevo a una mayoría de españoles. Solo un desastre en Grecia podría ayudarle.

El primer fracaso de Podemos: los ‘privilegiados’ toman nota
S. McCoy El Confidencial 2 Febrero 2015

Anda esta España de nuestras entretelas políticamente desarmada, lo que permite a combatientes con pocas ideas y menor bagaje ganar terreno parlamentario ante el asombro de propios y extraños. Lo anticipó José Antonio Zarzalejos en su columna del pasado sábado, al calor de la demostración de fuerza perseguida por Podemos, única finalidad del acto que tuvo lugar ese mismo día. "Veremos un discurso mesiánico, sin nada concreto en lo que sustentarse", venía a afirmar. Y así fue. Quedó probado que, para una masa importante de la sociedad, su relación con la nueva formación se sustenta sobre un acto de fe al que poco afectan las corruptelas de sus dirigentes o las promesas de sus contrincantes. Pablo Iglesias basta. Él solito será capaz de cruzar el mar Rojo de la austeridad y conducirnos a la tierra prometida. Y los ‘privilegiados’ que se preparen.

Pues miren, de hecho, lo están haciendo. Porque está muy bien eso de estigmatizar a una persona por el mero hecho de tener un patrimonio, buena parte del cual tiende a dar la casualidad que se ha debido a su trabajo denodado durante muchos años. Pero está aún mejor anticiparle que, cuando se toque el poder, llegado el momento, va a estar en el punto de mira de los nuevos gobernantes, que no dudarán en convertirse en los Robin Hood del siglo XXI para quitarle por su condición de 'rico', lo que, juicio sumarísimo sin defensa posible, ha hurtado a los pobres. Es evidente que solo a un demagogo o a un torpe -ustedes mismos- se le ocurriría lanzar esas proclamas a los cuatro vientos sin esperar que los afectados tomen las de Villadiego, gracias por el aviso. Lo que afectará, sin duda, a España justo cuando quiere levantar cabeza: adiós a la inversión, creación de empleo, recaudación fiscal (lucro cesante); salida de fondos de nuestro territorio, oficial y declarado al que se busca depositaría en el extranjero por lo que pueda pasar (daño emergente). Basta mirar qué ha sucedido como los modelos latinoamericanos a imitar para que se encuentre justificación a tal ejercicio de prudencia.

Algo que, queridos amigos de la nueva izquierda, tomen nota, ya está sucediendo; al menos en la parte constatable, que es la segunda, pies para que os quiero. Bullen los bancos de un interés por bookear el dinero allende nuestras fronteras solo comparable a cuando estuvo encima de la mesa de muchos analistas la cuestión de la ruptura del euro. Con un problema que entonces no se daba. Contra aquella idea de poner el patrimonio a buen recaudo existían contra argumentos racionales de peso por parte de los banqueros: no va a suceder, el proyecto comunitario ha avanzado demasiado como para que ahora dé marcha atrás, queda el comodín de los bancos centrales, los depósitos están garantizados en una parte sustancial… Sin embargo, frente a la voluntad unilateral de expoliar indiscriminadamente, no hay razones que oponer. De ahí que su resistencia sea vana ante el deseo de muchos de llevar su riqueza lejos de la rapiña. Me tiene todo preparado, por favor. De seguir así la cosa, de las palabras a los hechos mediará en este caso un corto trecho.

Será el primer paso para un bucle de difícil salida en el que las promesas solo se pueden cumplir si hay disponible para hacerlo. Si la actividad se frena en seco, habrá que buscar la liquidez en otros predios. Lo de la restructuración de la deuda es una milonga porque sin condicionalidad puede que los acreedores piquen una vez, pero no lo van a hacer eternamente. Oiga, yo no le pago para dar electricidad gratis. Y ahí fuera aplaudiendo a rabiar, que lo estoy viendo. Sin un plan de verdadero crecimiento económico, no habrá solución para un problema que, como en el caso griego, volverá recurrentemente. Perderemos crédito y entraremos en una espiral complicada, a la argentina o la venezolana. Todo un proyecto de futuro, dónde va a parar. Sin ingresos ni menores costes, todo quedaría al albur de la otra gran fuente recaudatoria prevista por los profesores universitarios: la lucha contra el fraude. Vamos a ver, que el sistema fiscal español tiene más agujeros que un queso Gruyère, especialmente en el impuesto de sociedades, es verdad, pero no es menos cierto que el grueso de la defraudación se produce a pie de calle, especialmente en los tributos indirectos y empleo sumergido. Y eso toca a bolsas importantes de votantes… Ahí te quiero ver.

Así son las cosas y así se las estamos contando. Resulta extraordinario ver cómo la llegada de Tsipras a Grecia ha encendido los ánimos por aquí. Como san Juan Bautista, marca un camino al redentor, para más inri, de apellido Iglesias. Preparad el camino al señor, que viene, que viene. Allí ya han elegido: antes que cambiar la idiosincrasia local -la media del déficit fiscal heleno, media ¿eh?, en los últimos 20 años es de un 7,2%-, que eso pretendía, entre otras cosas, la denostada austeridad, han preferido reforzarla. Estaría bien que explicaran los señores de Syriza qué se encuentra al final de ese camino de gasto improductivo sin recursos para financiarlo. No reconocer a la troika es, de cara a la galería, como la pedrada de David contra Goliat. Pero, oh vaya, este ni se ha inmutado. Y, de seguir en esa pose, el país se enfrenta a la salida forzada del euro, la autarquía y un proceso hiperinflacionario. Ya verán. Ambas sociedades, la española y la griega, han olvidado que el éxito va ligado al sacrificio. Ahora parece que se regala. Todos son derechos sin obligaciones. Por eso los mensajes mesiánicos que prometen todo con el esfuerzo de otros triunfan. Por eso mismo terminarán fracasando estrepitosamente. Esperemos que no dejen antes sus dolientes naciones como un erial.

Buena semana a todos.

Podemos
Sí que pueden (aunque no deberían)
Luis Herrero Libertad Digital 2 Febrero 2015

Leyendo los periódicos del fin de semana no queda claro si la marcha sobre Madrid organizada por Podemos el sábado pasado fue un éxito o un fracaso. Tengo la sensación de que la prensa le ha puesto cierta sordina a la valoración del evento, no sé muy bien si por miedo a jalearlo, por el firme propósito de restarle visibilidad o porque de verdad esperaban mucho más de la capacidad de convocatoria de Pablo Iglesias. La policía madrileña había calculado, los días previos, que a la cita acudirían cincuenta mil personas pero a toro pasado calculó que los asistentes habían sido cien mil. Es decir, exactamente el doble. ¿Mucha o poca gente para un mitin de apertura de macro campaña electoral? Digámoslo como es: mucha, no; muchísima. Hasta ahora, el mitin más multitudinario de la historia electoral española había sido el que protagonizó José María Aznar en Mestalla, en mayo de 1995, ante 60.000 entusiastas del PP. Podemos, nos guste o no, ha pulverizado el récord.

Cuentan las crónicas que entre la multitud había gente de todas las edades, de 2 años a 80, de todas las procedencias, urbanitas y campesinos, y de todos los grupos sociales, desde Carmen Lomana hasta desahuciados sin techo. No es extraño porque ese fenómeno de transversalidad sociológica aparece reflejado, tal cual, en todos los estudios demoscópicos que han tratado de escudriñar hasta ahora las tripas del nuevo partido político. Dicen los expertos que en medio de tanta diversidad sólo hay dos denominadores comunes que homogeneizan el perfil de su militancia: la dificultad para llegar a fin de mes y la decepción por el comportamiento de los partidos convencionales. Es decir, que a Pablo Iglesias le siguen, sobre todo, los paganos de la crisis y los indignados con la clase política. De ahí que los gritos que más se repitieran el sábado fueran: "Abajo el austericidio", "los de la casta nos deben mucha pasta", "los de la Transición, todos a prisión" y "fuera el PP de nuestras vidas". Iñigo Errejón dijo: "Vamos a echar a los golfos, vamos a acabar con el austericidio, vamos a acabar con la vieja política y vamos a crear una política participativa. Con su sola presencia, Podemos ha demostrado el deseo de la gente de regeneración política, la necesidad de que los gobernantes rindan cuentas". Y luego: "Nosotros representamos la ilusión. No somos ni de derechas ni de izquierdas. Izquierda y derecha sólo son metáforas. Nosotros representamos el sentido común en una identidad transversal y popular frente a la oligarquía". Ya se ve que nada une más que un enemigo común. Y eso es, después de todo, tal vez lo más llamativo del fenómeno: que el entusiasmo de los costaleros de Podemos sólo se fundamenta en la protesta por lo que hay y no en un proyecto ideológico capaz de sustituirlo. Detrás de las nuevas siglas no se conoce una sola propuesta constructiva. “No he venido a prometer nada –suele decir Pablo Iglesias en las entrevistas que graciosamente concede a quien le da la gana– porque no me fío de los políticos que hacen promesas”. El argumento, desde luego, no está mal como burladero para justificar la vaciedad de un mensaje que sólo vende ilusión –el humo de la política– a falta de un programa conocido. Donde no hay ideas siempre sobreabundan las emociones.

Pero si lo que vende Podemos sólo es humo emocional, ¿por qué hay tanta gente dispuesta a otorgarle su confianza? La respuesta que a mí me sale es que la confianza es algo inevitable. Es obligatorio confiar en alguien. Una vez leí en una conferencia que dictó en Madrid un catedrático de Filosofía de la Universidad de Munich, Robert Spaeman, un tipo con la cabeza bien puesta, que a quien rehuye por principio confiar en los demás no le queda más remedio que suicidarse. La confianza no se aprende –venimos con ella de fábrica–, lo que se aprende, sostiene Spaeman, es la desconfianza. En la conferencia lo ejemplifica con esta anécdota: "Hace poco observé a la dueña de un pequeño teatro de Stuttgart mientras vendía entradas. Un joven pidió una rebaja de estudiante, pero no llevaba su correspondiente carnet. La vendedora, que a su vez era la dueña del pequeño teatro, le concedió la rebaja con esta observación: no le conozco, por tanto no tengo motivo para no fiarme de usted". Mutatis mutandis, en la situación que nos ocupa la dueña del teatro son los electores dispuestos a votar a Podemos y el estudiante sin carnet es Pablo Iglesias. Como hemos aprendido a desconfiar de los políticos que nos han defraudado, alguien tiene que llenar ese vacío.

La cuestión, entonces, es si Pablo Iglesias y los suyos son dignos de confianza. ¿Lo son? ¿Se puede confiar en alguien que no quiere concretar sus propuestas y que anuncia que cada vez que haya que tomar una decisión compleja y difícil propondrá que vote la gente? A mi juicio, o bien las convicciones éticas de quien reclama mi confianza son de tal índole que puedo fiarme de él, o no lo son. En cuestiones de moral no existe representación posible. Una de las razones que explican el descrédito de los políticos actuales, creo yo, es que siempre subordinan sus decisiones a lo que dictaminan los arriolas de turno. No es tan importante la convicción –si es que se tiene– como su conveniencia electoral. Iglesias es de esta escuela y no se esfuerza demasiado por disimularlo. "La obligación de un revolucionario –le leí en una entrevista– siempre, siempre, es ganar". El precio, por lo que se ve, le importa menos.

Hay, por añadidura, tres cosas en Podemos que no son verdad. Primera: afirman que no son ni de derechas ni de izquierdas pero muchos de ellos fueron militantes de las juventudes comunistas, participaron en la fundación de Izquierda Unida, simpatizaron con la revolución zapatista del subcomandante Marcos y acabaron uniéndose a la cruzada bolivariana contra la política imperialista y conservadora del vigía de occidente. Segunda: dicen que defienden la democracia pero, para Pablo Iglesias, la que llevó Hugo Chávez a Venezuela "es una de las más saludables del mundo". Muchos de sus mítines aún acaban con un brindis por la revolución cubana. Y tercera: pregonan la regeneración pero actúan con tal ansia de poder que la discrepancia merece la fosfatina.

Pueden ganar. Por culpa de lo que hay, sí que pueden. Pero si aún tuviéramos algún aprecio por la razón, no deberían.

Regeneración democrática
Por un 2 de Mayo de la mayoría nacional
Pedro de Tena Libertad Digital 2 Febrero 2015

Necesito un desahogo. Que un minúsculo grupo de revolucionarios profesionales pueden hacer historia lo sabía incluso Lenin. Es la historia de siempre de este Occidente con un alma enferma desde la revolución inglesa de 1648, donde se mató a un rey –antes que en la Francia de la guillotina–, y se degeneró en una dictadura –antes que en la Francia de Napoleón–, y se fue incapaz de aprovechar con fecundidad la gran idea de la tolerancia nacida de la experiencia de las guerras de religión y de la realidad de la pluralidad de ideas y proyectos en el seno de una misma sociedad. Con los años, tras muchos horrores, la mejor Europa se hizo sustancialmente democrática y esto quiere decir que todos y cada uno de sus ciudadanos forman parte del pueblo, nazcan donde nazcan, vivan donde vivan, piensen como piensen.

Podemos desenterró ayer la idea originariamente medieval, luego romántica y finalmente totalitaria (aunque nada marxista), de que pueblo es sólo el conjunto de ciudadanos que les vota a ellos o quiere hacerlo. Naturalmente, los que no les han votado hasta ahora ni lo harán en el futuro no son pueblo. Esto es, los que hemos votado a la totalidad de los 350 diputados del Congreso no somos pueblo. Los votantes del PP no son pueblo, ni los del PSOE, ni los de IU que no aceptan la Podetania (Aturdetania la llaman otros), tampoco los de CiU, UPyD, Ciudadanos, ni siquiera los del PNV (ETA asesinaba a sus no vascos aunque nacieran en San Sebastián...). El anarquista ruso Bakunin, que lo vio de lejos, ya dijo aquello de que no hay peor dictadura que la que se ejerce en nombre del pueblo. ¿Y qué van a hacer con todos los millones de nosotros que no somos de su gente, de ese su pueblo? Sabemos lo que hicieron Lenin, Stalin (o la ETA, el IRA, etc.) sin miramientos. Desde la familia Romanov a Trotsky, Nin y muchos otros tuvieron la barbarie del terror como destino. Memento homo. Venezuela, Bolivia, Cuba... Por eso no podemos, ni debemos, dejar que el monstruo crezca sin aprestarnos a impedirlo. La democracia de verdad debe vencer a las dictaduras que se encubren bajo el manto del supuesto pueblo donde sólo caben los propios.

Pero una cosa es prepararnos para una batalla democrática, ideológica, política, ética y cultural contra este huevo de la serpiente totalitaria, y otra muy distinta parecer que estamos de acuerdo con el funcionamiento del régimen democrático y constitucional instaurado con la Transición. El hartazgo de los ciudadanos por un estado de cosas en el que las personas de a pie no existen política ni civilmente debe dar paso a una reforma general de democracia española.

Ciertamente, el PSOE, que es un partido de gobierno, sigue dando muestras de no haber asumido los valores de la democracia liberal, y es que no hay otra. Rechina que el PSOE sea una máquina vertical donde las decisiones van de arriba abajo (Borrell, Sánchez electos, pero…) y donde puede oscilarse desde ser socialista antes que marxista a ser cualquier cosa a la derecha o a la izquierda de ese mensaje del joven Felipe González que aún nadie sabe qué significa. Sus votantes moderados, la mayoría, saben que el PSOE, con o sin IU, ha usufructuado la reinvención de la Guerra Civil cuando le ha interesado en vez de abrazarse a la reconciliación necesaria ya madura en la sociedad. Todo el mundo sabe que el PSOE contiene muchos elementos que hacen posible la corrupción política a gogó, como se ha demostrado en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, donde han podido gobernar sin freno. Etcétera. Desde su seno, debe impulsarse una profunda reforma creíble y duradera.

La jartura de la gente del centro derecha, desde los más liberales a los más conservadores, es más que evidente. No sólo Tierno Galván defendía aquello de que los programas y promesas electorales están para no cumplirse. Desde el centro derecha español, que hoy tiene todavía la mayoría absoluta en las Cortes Generales, se ha visto cómo se incrementaban los impuestos tras haberse prometido rebajarlos; cómo se veían delincuentes (etarras y violadores) por la calle tras haber prometido castigos ejemplares, cómo la mayoría de los trabajadores (que no son feudo de la izquierda porque en su mayoría están más que asqueados de la política y de los sindicatos de la peor clase) ha pasado de ser mileurista a ser mediomileurista); cómo la nación y sus valores se desmoronan heridos por los sinsentidos autonómicos-separatistas y cómo su partido de referencia, el PP, ya no inmaculado en corrupción, sigue siendo otra máquina vertical de adopción de decisiones donde el afiliado, el militante, no pinta absolutamente nada. Que la reforma es imprescindible no lo duda ya ni Aznar.

Y los pequeños partidos que tomen nota.
O sea, que jartos, indignados y cabreados estamos muchos más de los que fueron a Sol ayer por la mañana. Pero la mayoría de los que estamos hasta la coronilla de ser marginados por unos poderes políticos descomunales y unos poderes económicos fortísimos y lejanos que nos condicionan la vida cotidiana preferimos la libertad, toda ella, la justicia eficaz, la convivencia, la racionalidad y la tolerancia recíproca a la dictadura populista, a los salvapatrias de salón, a los revolucionarios profesionales y a los vampiros corbateados de lo público.

La pena es que nos sobra hastío y desconfianza y nos faltan ganas y organización para hacer visible un Dos de Mayo popular por la democracia occidental, sí, occidental y efectiva, donde quepamos todos los que queremos más España sin violencia, donde haya futuro, educación, empleo y prosperidad en libertad para la inmensa mayoría de los españoles y no menos. La calle no fue de los franceses, ni puede ser de Podemos. Es de España y los españoles. Necesitamos de verdad un nuevo Dos de Mayo popular en las calles de España. En realidad, los españoles demócratas y moderados somos la mayoría, la inmensa mayoría. Pero ¿dónde están hoy los Daoíz y Velarde, los Van Halen y otros muchos, hombres y mujeres del pueblo, que fraguaron la mejor España?

Ha llegado el momento de defender a España del bolchevismo de Podemos
“El comunismo tiene un lenguaje que todos los pueblos pueden comprender, sus elementos son: el hambre, la envidia y la muerte” Heinrich Heine
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 2 Febrero 2015

Señores, puede que se haya pensado, en algunos momentos, en que estos recién aparecidos grupos de profesores universitarios de ideas progresistas y de gestos agresivos y amenazantes, fuera una de estas modas políticas de las que solemos estar tan afectados los españoles, una más de estas manifestaciones antisistema que proliferan entre determinados sectores de nuestra sociedad, generalmente de los marginados o mejor podríamos decir, los automarginados, que prefieren vegetar fuera del “sistema”, donde se encuentran más cómodos y pueden ir presumiendo de contestatarios algo que, especialmente, en determinados ambientes de la llamada “cultura” tiene mucho predicamento y da “prestigio”, en sectores que presumen de bohemios, filosofantes y de la farándula; donde es difícil que se entienda correctamente que, una nación, depende del trabajo, la preparación, la investigación, el esfuerzo, la potencia de sus economía, la competitividad de sus industrias y su comercio y la imagen de solvencia y seriedad que es capaz de proyectar hacia el resto de naciones con las que tiene vínculos de comercio y culturales.

No obstante, deberemos reconocer que estos nuevos corpúsculos revolucionarios, a medida que la prensa ( como siempre dejándose llevar por lo que les ayuda a vender ejemplares de periódicos o a adquirir más audiencia si se trata de las TV) les ha abierto el camino para que hayan podido esparcir sus panfletarias opiniones; haya contribuido de forma interesada, a la par que insensata, a propagar sus ideas comunistoides que, en estos momentos, especialmente, se puede decir que inoportunas y gravemente peligrosas para la estabilidad del país y la tranquilidad de aquellos inversores foráneos de los que precisamos para conseguir abaratar nuestra deuda y reducir nuestro déficit público. Si exceptuamos a la Grecia del señor Psipras, compadre y amigo del dirigente de Podemos, señor Pablo Iglesias; un cáncer incipiente que la UE debería fulminar antes de que se expanda por el resto de naciones que la integran; pocas naciones encontraremos que estén decididas a renunciar a todo lo conseguido en estos años de sacrificios y recortes para iniciar experimentos de tipo soviético cuyos resultados, a la vista de las experiencias históricas de detrás del telón de acero, han resultado deletéreos para aquellos ciudadanos que han sido obligados a soportarlos.

Lo preocupante es que se empiezan a detectar síntomas de que muchas “ratas” de la política ya están empezando a abandonar el barco del “orden constitucional”, para irse acercando a las ideas revolucionarias, antisistema y antidemocráticas de estos que piensan que dándole la vuelta a la tortilla y asumiendo el papel de defensores de los pobres, tienen la desvergüenza y el valor de decir a los españoles que, enfrentándonos a las naciones más poderosas del mundo y volviendo a, como dice paladinamente, el señor Monedero, lo que para él fue: “El triunfo de la revolución soviética es el faro de referencia”; es decir que, utilizando los métodos Troskistas y Leninistas de los años 1917; cuando las circunstancias sociales en Rusia eran de una extrema pobreza y el sistema de gobierno era la monarquía, el zar Nicolás II, un monarca absolutista que no supo hacer caso de los consejos de sus asesores, aún cuando ya se habían producido hechos indicativos de que la revolución se estaba preparando entre los obreros rusos (recuérdese el caso de la fábrica Putilov, en Petrogrado, que empleaba a 35.000 personas y en la que se empezaron a gestar los cimientos de la futura revolución soviética).; sería posible mejorar el nivel de vida de los ciudadanos españoles. Algo que, si no es que se refieren al nivel de vida de la pobreza, no se puede coger ni con hilos.

Parece que, en una España moderna, con un gobierno democrático, elegido en las urnas y con unas instituciones plenamente constitucionales y operativas; precisamente cuando daba la sensación de que la crisis estaba empezando a amainar; es cuando, aprovechando que aún quedan restos de crisis y el desempleo, aunque con tendencia a la baja, todavía sigue siendo importante; estos grupos de izquierda revolucionaria, encabezados por los típicos cabecillas “intelectuales”, salidos de una universidad calificada de izquierdista, con un rector comunista (hijo de uno de los comunistas con un pasado más negro en la última Guerra Civil, el señor Santiago Carrillo, jefe de las Juventudes Socialistas que tanto papel tuvieron en la revolución de Octubre del año 1.934, en Asturias, ayudando a que aquella región se levantase en armas contra el gobierno republicano legítimamente constituido) pretenden aprovechar el impasse, entre lo que se pudiera calificar como los coletazos de la crisis y el comienzo de una evidente tendencia a la recuperación aunque forzosamente lenta, costosa y necesitada de que, en los países afectados, reine la paz y el esfuerzo conjunto; algo que sería imposible si los que intentan apoderarse del gobierno español, reniegan de lo conseguido en el pasado y deciden tomar por el camino de en medio, el del enfrentamiento con la CE y el de prescindir de las normas que aceptamos cumplir cuando nos integramos, como socios, en dicha comunidad de naciones europeas, con el objetivo de implantar un régimen, al estilo bolivariano, en España que nos conduzca a un sistema comunista, en el que, como dice el señor Monedero, la referencia, el camino a seguir, sea la implantación de lo que él llama “faro” en el que fijarse o sea: la propia revolución soviética de octubre del 2.017. ¿Puede haber algo más absurdo, obsoleto, inapropiado y alejado de los actuales sistemas de gobierno implantados en las naciones, donde la calidad de vida es más elevada, las mejoras sociales más adelantadas y eficaces?

Sin duda estos señores desconocen o simulan desconocer las circunstancias extremadamente precarias en las que vivían aquellos ciudadanos rusos, en un clima riguroso y sometidos a una semiesclavitud por las clases acomodadas gobernantes bajo el amparo del gran zar de las rusias Nicolás II: Gentes hundidas en la miseria, sin poder reclamar derecho alguno y sometidas a las grandes hambrunas que eran corrientes en aquellas latitudes. ¿Cómo es posible que el señor Iglesias hable de esclavitud, de miseria y de los “que rompen España”, mintiendo sin el menor rubor, mencionando a los que “se atrevan a enfrentarse a los de arriba”? ¿Pero, señor mío, quienes son estos a los que califica de “los de arriba”? Es posible que se refiera a los diputados elegidos por el pueblo para formar parte de las dos cámaras de representación popular de la nación; en las que están representados todos los partidos políticos del arco parlamentario, incluso los comunistas. O ¿es que, el señor Iglesias, preferiría una revolución sangrienta al estilo de la que tuvo lugar en la Unión Soviética?

Y es que, “los de arriba”, resulta que, hasta este momento, son los únicos que pueden exhibir el apoyo de los votantes contrastado en las urnas. Ni el señor Iglesias, ni el señor Monedero o ningún otro de su formación política, pueden quitar ni un ápice de legitimidad, ni una esquirla de legalidad ni un átomo de representatividad a los actuales gobernantes que, a diferencia de Podemos, pueden exhibir. una labor realizada con esfuerzo, en circunstancias muy graves y afrontando problemas que, por cierto, heredaron de una formación de ideas semejantes a las que ahora se atreven a esgrimir los señores de Podemos, con la pretensión de que sean las que saquen al pueblo español de la difícil situación en la que estaba; pero que, ahora, gracias a tomar medidas poco populares y difíciles, ya parece que se está empezando a superar, sin que haya sido necesario enfrentarse a Europa, antes al contrario, se ha conseguido gracias a su ayuda y cooperación. ¿Qué garantía tenemos de que Podemos lo hiciera mejor?

No podemos dejar que unos desnortados, cargados de la bilis negra del odio y de la inmadurez y poco conocimiento de la realidad de nuestra nación, se pretendan erigir en los adalides de la revolución, con el solo objetivo de hacerse con el poder y llevarnos a todos a la situación en la que se encuentran los países con los que han venido colaborando en Hispanoamérica. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, observamos vigilantes el progreso de los enemigos de España, a los que es preciso combatir con las mismas armas que ellos utilizan. Y sin darles respiro.

La luz que nunca se encendió
Hasta ahora no se ha investigado en profundidad la extorsión de ETA a empresarios, directivos y profesionales, a pesar de que fueron chantajeadas más de 9.000 personas y que se calcula que costó un 10% del PIB vasco
José María Ruiz Soroa. El Pais 2 Febrero 2015

En la historia del fenómeno terrorista de ETA existe un concreto aspecto que puede calificarse como de verdadero agujero negro, es decir, como una parte de la realidad que se resiste a dejarse conocer y que atrapa en su oscuridad a todo lo que la rodea. Se trata de la extorsión económica practicada durante decenios por ETA en contra de empresarios, directivos y profesionales. Este tipo de terrorismo extorsionador con finalidad de financiación fue un punto oscuro cuando se practicó, tanto para sus víctimas (borrosamente estigmatizadas en la percepción social como poco menos que explotadores atrapados por su riqueza), como para la propia sociedad vasca en cuyo seno tuvo lugar, que nunca quiso afrontar un debate abierto sobre los complejos dilemas humanos, éticos y jurídicos que la extorsión encaminada a financiar al terrorismo planteaba. Pero también fue un punto ciego para la justicia, que prefirió no investigar ni eventualmente sancionar las cesiones al chantaje, por mucho que objetivamente una tal cesión pudiera constituir un delito de colaboración con el terrorismo.

Un grupo interdisciplinar de investigadores coordinado inicialmente por Bakeaz y ahora por el Centro de Ética aplicada de la Universidad de Deusto tratan hoy en día de hacer luz sobre ese fenómeno de la extorsión que, a pesar de la dificultad para obtener datos empíricos contrastados y fiables, supuso un desplazamiento patrimonial realmente importante: limitándonos a la época dorada de la extorsión (los años ochenta), no menos de 9.000 personas fueron en el País Vasco objeto de chantaje (de las que parece que la mayoría no cedieron a ella), y ETA obtuvo en esos años, según la “contabilidad” de los papeles de Sokoa, más de 1.100.000.000 pesetas de financiación para atentar, constatándose una retroalimentación cruzada entre financiación y capacidad de atentar: a más financiación, más atentados, pero también al revés.

Uno de los campos de más difícil estudio, dada la ausencia de una metodología econométrica contrastada, es el del impacto que tuvo el fenómeno terrorista sobre la economía del País Vasco y sobre su discurrir a lo largo de los 50 años que duró. Trabajadas hipótesis (inevitablemente basadas en comparaciones diseñadas con precisión discutible) sugieren un impacto negativo de hasta un 10% del PIB en los años ochenta y noventa, lo que da una idea de la importancia económica del terrorismo para la región que principalmente lo sufrió. Y, sin embargo, no es menos sugerente otra hipótesis: la de que, gracias a la negociación política en Madrid del sistema Concierto Económico-Cupo, una negociación en la que el argumento terrorista siempre dio juego, y que conllevaba una significativa sobrefinanciación en recursos públicos para ese mismo País Vasco, la política vasca consiguió compensar el daño que el terrorismo causaba, lo que trajo consigo al final un proceso de globalización o socialización sobre toda España de buena parte del impacto económico del terrorismo.

Ahora bien, lo que los datos macroeco-nómicos no ponen de manifiesto como se merece es el gran sufrimiento humano experimentado por las víctimas de esta particular clase de violencia, las cuales (salvo el caso de las grandes empresas capaces de establecer redes de atención para sus directivos) tuvieron que gestionar en angustiosa soledad (y sin percibir comprensión alguna por parte de un entorno social que malconsideraba sistemáticamente al empresariado en aquella época) la toma de unas decisiones que eran humana y éticamente profundamente perturbadoras: porque para una mínima sensibilidad el ceder al chantaje implicaba comprar la seguridad propia pagando el precio de la próxima bala de 9 milímetros parabellum que acabaría con la vida de otro. Cada pequeño empresario, y cada abogado o médico interpelado por este terror, tuvieron que decidir solos y sin más ayuda que su conciencia, la línea de conducta a seguir. Y tuvieron que transitar, muchas veces, a través de humillantes senderos de mediación y negociación que no hacían sino reforzar una especie de estigma específico. Claro que las víctimas, sobre todo las de los servidores del Estado, eran todas invisibles en aquella época para una sociedad vasca incapaz de afrontar el terror de otra manera que no fuera la del espectador indiferente que asumía cómodamente como leitmotiv tranquilizadores los de “algo habrá hecho” o “paga y calla”. Pero las víctimas del terror chantajista, además de sufrir, tenían que tomar decisiones difíciles que dejarían huellas futuras en su sensibilidad. Y se sentían abandonados, pues no sólo no existía solidaridad con ellas, sino que existía expresa insensibilidad. Además del agobio de percibir al colaborador de ETA en su propio entorno laboral o vecinal. Sufrimiento humano en bruto, el material con que se construye el proyecto totalitario.

Y es que, visto el asunto desde hoy, lo que más llama la atención del estudioso de aquellos años no es sólo lo que sucedió, sino sobre todo lo que no ocurrió: es clamorosa la ausencia del más mínimo debate público o institucional sobre los criterios a seguir en el caso de la extorsión terrorista, sobre los valores en juego, sobre las normas éticas a aplicar, sobre la forma de ponderar el valor de la seguridad personal y el disvalor de sostener el terror. Cómo compatibilizar el miedo humano y el valor cívico. Es el debate que nunca se tuvo, y es curioso señalar que es un debate que tampoco hoy, ante otro tipo de terrorismo plagado de secuestros chantajistas, encuentra su lugar en la política, en la opinión o en la justicia españolas. Nuestros Gobiernos ceden al pago de rescates por cooperantes secuestrados o tripulaciones pirateadas, y es posible que así deba ser, pero ¿cómo es que nunca se ha debatido sobre ello?

En 2012 (¡nada menos que en 2012!), la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo dictó su primera y única sentencia sobre un caso en que dos empresarias habían cedido al chantaje. Porque sucedía que, objetivamente considerada, la cesión al chantaje era y es un delito de colaboración con organización terrorista que sólo por aplicación de la eximente de miedo insuperable puede quedar impune. Para lo cual hay que investigar y sopesar las circunstancias de cada caso. Pues bien, en esa sentencia de 2012, el Tribunal Supremo constata como dato ciertamente asombroso que no existen precedentes judiciales de enjuiciamiento o investigación sumarial de pagos de chantajes, a pesar de que era un dato obvio que desde 1975 se había generalizado la extorsión. Pero en la maquinaria judicial no existían antecedentes de ello.

Pues bien, esta ausencia de precedentes no pudo ser una casualidad, sino que respondió a una deliberada y constante abstención por parte de la policía/fiscalía/justicia en cuanto al seguimiento/control/enjuiciamiento de las extorsiones en su lado pasivo. Abstención que, curiosamente, no fue tampoco fruto de un proceso deliberado de decisión sino más bien de una “no-decisión”: las instituciones nunca se plantearon qué debían hacer; sencillamente, no hicieron. Miraron para otro lado ignorando el Código Penal y dejaron que cada uno de los extorsionados se buscara la vida solo. El Estado de derecho coincidió con la sociedad en no querer asumir un debate que era ciertamente difícil e incómodo, porque el mismo Estado, que no podía garantizar la seguridad del extorsionado, debía sin embargo pedirle que no cediera.

Esta inhibición de las autoridades ¿fue acertada o no desde el punto de vista de la lucha contra el terrorismo? ¿Se le dieron demasiadas facilidades a ETA para financiarse? Una política policial y judicial más estricta y un debate público visible ¿hubiera ayudado a las víctimas del chantaje o les hubiera causado padecimiento adicional?

Cuestiones que son también contrafácticas, pues plantean las consecuencias hipotéticas de unas decisiones que nunca existieron. Y no es fácil: si el Estado de derecho hubiese adoptado una vigilancia activa contra la financiación, interfiriendo incluso en la decisión de las víctimas, podría muy bien haberse deslegitimado más aún ante una opinión pública vasca que no quería saber nada de un asunto sin solución cómoda. O quizás no. Al final, se trata de una luz que nunca se alumbró, pero que no está de más, ahora, intentar encender.

José María Ruiz Soroa es abogado.

Revisionismo
Extorsionados por ETA
Mikel Buesa Libertad Digital 2 Febrero 2015

ETA sigue en activo –mermada, eso sí, y sin capacidad para las acciones armadas– y ya empieza a extenderse el revisionismo acerca de su medio siglo de historia violenta. Un ejemplo de ello lo hemos tenido esta última semana en el coloquio moderado por el periodista Gorka Landaburu en Vitoria acerca de los empresarios extorsionados o el artículo sobre el mismo tema publicado por Xabier Etxeberria, catedrático de la Universidad de Deusto, en el periódico El Correo. En ambos casos, la conclusión que trasciende es que el conjunto de los empresarios amenazados por ETA para obligarles al pago del por ella llamado impuesto revolucionario son una categoría singular de víctimas de esa organización terrorista, "las más ignoradas, (…) las candidatas más firmes a acabar en el olvido total", según el mencionado profesor. Así, sin mayores distinciones, sin escarbar en las miserias del pago de rescates o del precio de la seguridad, sin tener en cuenta que el universo extorsivo reúne a una amplia variedad de actores que se ubican en todas las marcas de la escala que va desde la heroicidad hasta la cobardía. A todos ellos se les quiere considerar ahora víctimas, aun cuando una buena parte hayan sido colaboradores del terrorismo y con su dinero se hayan pagado los crímenes de ETA.

Empecemos por aclarar que nuestro conocimiento acerca de ese universo extorsivo es bastante difuso y que sus detalles se pierden en la memoria casi nunca desvelada de los que fueron amenazados por ETA. Sabemos, casi sin dudas, los nombres de las nueve decenas de empresarios que sufrieron un secuestro y las cantidades que la mayoría de ellos, no todos, pagaron. Suman éstas, según las estimaciones que he publicado junto al profesor Thomas Baumert, un poco más de 80 millones de euros del año 2002 –lo que equivale a 106 millones en euros actuales–. Pero desconocemos cuántos empresarios y profesionales recibieron cartas de extorsión y tampoco sabemos cuántos de ellos cedieron a las amenazas. En mi libro ETA, S. A. ofrezco una estimación basada en el contenido de los papeles incautados a Soledad Iparraguirre, en la que se señala que hubo unas 11.000 personas chantajeadas, de las que no más de unas 2.000 habrían pagado a ETA. Sólo unos pocos nombres de estas últimas han trascendido –y en mi libro los menciono– y prácticamente ninguna ha recibido una sanción penal por sus actos de colaboración con la organización terrorista. Diré adicionalmente que ésta obtuvo de la extorsión, entre 1980 y 2010, casi 43 millones de euros de 2002, o sea, 56 millones en términos adquisitivos de los euros actuales.

Estos sencillos números desvelan que, lejos de la percepción revisionista, el universo extorsivo está formado por diferentes categorías de personas. Para empezar, hay que distinguir entre los secuestrados y los amenazados. Las familias de los primeros afrontaron un hecho consumado y vivieron horas y días angustiosos (de los que nos ha quedado el impresionante testimonio de Javier de Ybarra –cuyo padre, tras el secuestro, fue asesinado– en su libro Nosotros, los Ybarra) que, en muchos casos, les condujeron a pagar a ETA las cantidades reclamadas. Que para todos ellos se haya considerado el estado de necesidad a fin de exonerarles de cualquier sanción penal me parece razonable.

Por su parte, los amenazados a través del correo forman un grupo muy heterogéneo. Entre ellos están, por supuesto, los que nunca cedieron al chantaje de ETA, actuando a veces con heroísmo –como los que denunciaron los hechos ante la Policía o los tribunales (sólo tenemos noticia de 195) o los muchos menos que manifestaron públicamente su circunstancia–, a veces con discreción, y se exiliaron del País Vasco o se procuraron medios de protección para seguir viviendo allí o, sencillamente, afrontaron con valor su cotidianeidad intimidada. Están también los que no aguantaron el embate y terminaron pagando. Y también hay entre estos últimos diferentes especies: por una parte, los que, sin más, abonaron lo exigido; por otra, los que afrontaron el hecho como si fuera una mera transacción comercial, negociando cantidades, plazos y medios de pago; están además los que buscaron mediadores políticos a modo de garantía para que la extorsión, una vez satisfecha, no se convirtiera en chantaje permanente; se clasifican, por supuesto, en otra categoría los que hicieron de lo ingresado en la cuenta de ETA un gasto deducible del impuesto de sociedades con el beneplácito de la Diputación Foral –que, como ocurrió en Vizcaya en los primeros años del siglo, excluyó a 118 empresarios y profesionales, los más de los cuales tenían vinculaciones con el PNV, de la inspección tributaria–; añadamos también en otra variedad a los que, reunidos en consejo de administración, comisionaron el pago en algún asalariado de la empresas; continuemos con la especie singular de aquel que, además de apoquinar lo que se le reclamaba, le puso un pisito al recaudador de ETA; y finalicemos, por el momento, con el linaje de los que, de manera entusiasta, efectuaron los pagos convencidos de la justicia de quienes se los exigían.

Para mí está claro que los extorsionados por ETA no pueden ser reunidos en un totum revolútum sin mayores distinciones entre ellos. Hacerlo así es cometer una tremenda injusticia con los resistentes que no pusieron un duro para financiar el terrorismo. Es decirles que fueron unos ingenuos o unos imbéciles; y que ahora que todo ha pasado son lo mismo que los que pagaron, son el mismo tipo de víctimas que hay que reconocer porque se nos habían olvidado y porque, al fin y al cabo, los que cedieron soltaron la mosca por estado de necesidad, porque tenían un miedo insuperable, como, en su momento, se apresuraron a certificar los jueces. No seré yo el que niegue ese temor, pero inmediatamente evocaré las "reflexiones del hombre en la batalla" que, en Guerreros, escribiera J. Glenn Gray:

Los cobardes son los que mejor entienden la psicología del miedo (…) Al cobarde le falta, ante todo, la sensación de estar unido a sus semejantes (…) Es incapaz de comprender cómo otros valores pueden igualar o superar al valor de la propia vida. Razones como el deber, el honor o el respeto de los amigos se enfrentan siempre con su respuesta: ¿qué importan si ya no estoy vivo para enterarme?

Librémonos, por tanto, del revisionismo simplificador y exijamos más rigor en el análisis de los hechos, del sufrimiento, de la historia. Porque, como escribió Esquilo hace dos milenios y medio, aunque "el relato es dolor, también el silencio es dolor".

Syriza
¿Qué deuda griega es la que hay que reestructurar?
Libertad Digital 2 Febrero 2015

El principal objetivo del nuevo Gobierno de Syriza es "reestructurar" la insoportable losa de la deuda pública griega, actualmente ubicada en el 175% del PIB. Según se nos dice, Grecia no puede pagar, lo que hace imprescindible una profunda reestructuración de la misma: a saber, alargar los plazos de vencimiento, reducir los tipos de interés o incluso aplicar una quita al principal.

En realidad, buena parte del discurso sobre la insostenibilidad de la losa financiera griega está infundada. En las economías modernas, caracterizadas por Gobiernos expansivos y monedas inflacionistas, el principal de la deuda pública nunca se devuelve, sólo se refinancia; de ahí que el coste de estar endeudado dependa únicamente del tipo de interés que el Estado deba abonar por el conjunto de su deuda pública.

En 2011 Grecia estaba obligada a pagar unos intereses equivalentes al 7,3% de su PIB, con diferencia la carga más alta de Europa y difícilmente sostenible. Sin embargo, con la reestructuración de su deuda pública orquestada por la troika en 2012, ha conseguido rebajar su losa de intereses al 4% del PIB, que, si bien no es bajo, tampoco resulta inmanejable. De hecho, países como Irlanda, Italia o Portugal –que hasta el momento no han reclamado reestructuraciones en su deuda pública– están soportando ahora mismo costes financieros mayores.

Fuente: Eurostat

Teniendo en cuenta que el PIB de Grecia está por los suelos (ha caído un 23% desde su máximo) y, ciertamente, muy por debajo del PIB potencial de que podría disfrutar en caso de que liberalizara y estabilizara su economía, es difícil concluir que la reestructuración de la deuda sea una absoluta e inexorable necesidad.

Acaso cupiera alegar que, pese a lo anterior, podríamos ser más generosos con Grecia y brindarle algo más de oxígeno, rebajar un poco más la carga de su deuda y blindarla frente al riesgo de refinanciación (pues, aunque hoy paga un tipo de interés moderado, si en el futuro refinancia su deuda a tipos de interés más altos, regresará a una situación de insostenibilidad financiera). Aquí entroncarían, de hecho, las exigencias de Syriza de alargar el vencimiento de la deuda y rebajar el tipo de interés medio sobre la misma. Pero es difícil que, a este respecto, la troika pueda hacer mucho más de lo que ya ha hecho: como decimos, en 2012 la deuda griega ya fue reestructurada por la troika en condiciones difícilmente mejorables.

El vencimiento medio de la deuda griega es, con diferencia, el más elevado de la Eurozona y, también, de otros países de nuestro entorno.

Fuente: OCDE

Lo mismo sucede con los tipos de interés medios sobre su deuda, los terceros más bajos de la Eurozona e incluso más reducidos que los que está pagando Alemania:

Fuente: Eurostat

En otras palabras, los Gobiernos europeos están subsidiando al Gobierno griego, ya que le están extendiendo crédito a unas condiciones más ventajosas a las que se están endeudando ellos para extenderle ese crédito. Es como si usted se endeudara al 10% para prestarme a mí al 5: es obvio que con la operación estaría perdiendo dinero. No parece que haya mucho margen para relajar, todavía más, tales condiciones.

Entonces, si no existe mucho margen para alargar los vencimientos de la deuda y para reducir los tipos de interés medios, ¿qué queda en pie de las demandas de reestructuración? Lo único que queda es una quita a su deuda, es decir, que no paguen. A este respecto, conviene no olvidar que la deuda pública griega en manos de acreedores privados ya fue sometida en 2012 a una quita del 53,5% sobre su valor nominal (que, computando el alargamiento del plazo y el recorte de intereses, ascendió al 75% sobre su valor actual). Siendo así, ¿hay que someter a Grecia a una nueva quita?

En general, creo que conviene desdramatizar las quitas de deuda. Todo inversor en deuda pública es consciente de que en algún momento ésta puede ser impagada por el Estado emisor sin que sea posible forzarle a pagar (dado que la soberanía estatal impide ejecutar forzosamente los contratos con el Estado): la amortización en plazo de la deuda pública apenas es una cuestión de buena fe y de responsabilidad del Gobierno de turno. Como digo, éste es un riesgo que todo inversor conoce y que tiene interiorizado, también cuando los inversores son otros Estados (como es el caso actual: el 80% de la deuda griega está en manos de organismos oficiales); por tanto, sólo cabe exigir a los inversores, públicos y privados, que sean consecuentes con los riesgos que voluntariamente tomaron al prestar al Gobierno griego.

Ahora bien, del mismo modo que los inversores deben aceptar la responsabilidad por conceder crédito a un Gobierno que en cualquier momento puede impagar impunemente su deuda, el Gobierno griego también debe aceptar las consecuencias de decretar una quita unilateral sobre su deuda: a saber, la imposibilidad de financiar su déficit público. Lo llamativo de Syriza no es que quiera impagar sus obligaciones financieras: es que quiere hacerlo al tiempo que postula la necesidad de aumentar de manera muy sustancial el gasto público sin subir los impuestos: es decir, quiere no pagar la deuda para seguir emitiendo deuda.

Semejante cuadratura del círculo sí que es imposible: si Syriza opta por rechazar a la troika como interlocutor y por aplicar una quita unilateral, se estará mostrando como un Gobierno poco confiable al que nadie querrá prestar cantidad alguna de dinero. Y, por tanto, tendrá que mantener estrictamente a raya sus cuentas: no podrá gastar un euro (o, más bien, una dracma) más de lo que ingrese. Así, la asfixiante "ultraausteridad" actual será la situación por defecto en la que tendrá que vivir Grecia durante años.

En suma, si Syriza no quiere pagar, que no pague; pero que dejen de pedir crédito a los demás para años más tarde no devolverlo. Ya lo dijo clarividentemente el vicepresidente de la CDU: "Los griegos tienen derecho a votar por quien quieran, pero nosotros tenemos el derecho de no financiar la deuda griega". Sea. Esperemos que, en esta ocasión, todos los actores estén a la altura de las circunstancias, se decida lo que se decida. Ni más componendas ni más presiones por ninguno de los dos lados. Eso sí, haga lo que haga Syriza, por favor, que lo haga lo antes posible para que así los demás podamos tomar buena nota.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

 


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