AGLI Recortes de Prensa    Martes 3 Febrero 2015

España más allá de Podemos
Javier Benegas www.vozpopuli.com 3 Febrero 2015

No fue el pasado sábado el gran día que en Podemos esperaban. La “marcha por el cambio” quedó lejos de las pretensiones de sus organizadores, aunque aparentemente ellos sigan en su nube. Querían un millón de personas en la calle y a penas alcanzaron las 100.000. Y Madrid asistió con curiosidad, pero sin el entusiasmo esperado, a un efímero espectáculo que, como tantas otras muestras de fuerza, quedó en unos fuegos de artificio, alimentados con la pólvora de las frases grandilocuentes y las emociones espurias.

Puede que las encuestas den a este nuevo agente que es Podemos, custodio como todos los demás del Estado de bienestar a nuestra costa, posibilidades electorales más allá de lo imaginable hace tan sólo un par de años. Sin embargo, diríase que han cambiado el paso a destiempo y ahora el sprint se les está haciendo demasiado largo para unas piernas tan cortas.

Cierto es que toda la maquinaria de la actual “coalición gobernante” apunta desde después del verano, consigna monclovita mediante, su artillería mediática sobre las columnas podemitas, cuyos sobrevalorados líderes creían hasta ayer que podrían erigirse, por obra y gracia de su labia y de los dólares de los ayatolás y los Hugo Chávez de este mundo, en caudillos de una España cabreada y en las últimas. Pero al margen de la diligencia con la que los edecanes del establishment se afanan en hostigar día y noche a las columnas podemitas, hay en Pablo Iglesias y los suyos demasiadas sombras y, sobre todo, contradicciones. Lo cual incrementa sustancialmente el poder destructor de los obuses que se lanzan contra ellos.

Y es que desde el mismo momento en el que estos revolucionarios de salón se constituyeron en partido político, dejaron al descubierto sus vergüenzas. Para empezar, además de liquidar en un suspiro a toda la disidencia, sustituyeron tan burdamente sus convicciones marxistas por un impostado centrismo que detrás de la pirueta parecía estar el mismísimo Arriola. Y por más que el corazón de los españoles esté inflamado ante el latrocinio e hipocresía de unos partidos tradicionales corrompidos hasta la médula y catalizadores de catástrofes, hará falta mucho más que pieles de cordero y empalagosas consignas para convencer al respetable de que, en efecto, un círculo morado y ególatra es lo que España necesita para levantar cabeza.

Puede que la gran mayoría de quienes se definen de izquierdas, aunque ignoren lo que significa tal cosa, se pase en bloque al bando de los neocom de Podemos, dejando por el camino los cadáveres de Izquierda Unida y del Partido Socialista, lo cual está por ver. Pero va a ser muy difícil que seduzcan a ese centro que es la madre del cordero a pie de urna. Lo cierto es que la mentalidad de muchos españoles ha cambiado más de lo que cualquier político profesional o burócrata imagina (lo que se aplica también a los politólogos de Podemos), tanto que ni el más avezado sociólogo es capaz de averiguar las nuevas coordenadas donde se ubican quienes antaño constituían las hoy defenestradas clases medias.

Imposible saber si, finalmente, esos cinco millones de votantes que andan desaparecidos se echarán al monte para que el colectivismo pase por la quilla –se supone– a las odiadas élites extractivas. Cuando llegue la hora de la verdad, quizá piensen que la venganza prometida, además de ser un subterfugio, no les sacará de la pobreza. Por otro lado, tampoco parece que Podemos, más allá de ganarse el favor de quienes viven, o aspiran a vivir, de “lo público”, tenga mucho que ofrecer a esos otros que sobreviven al margen (o a pesar) de este Estado providencia. Claro que estos últimos menguan cada día, víctimas de una voracidad expoliadora que con el PP ha roto la barrera del sonido.

Pero no hay que equivocarse respecto al “fenómeno Podemos”. Al fin y al cabo ha puesto en evidencia la decrepitud de los viejos partidos y, también, el alto coste de la inoperancia reformista. Por ahora, es en la izquierda donde esta realidad está generando cadáveres a una velocidad de vértigo. Pero, a pesar del férreo catenaccio del PP para que nada florezca en su parcela, podría ser solo cuestión de tiempo que se vea en la misma tesitura. De hecho, el aparente giro al centro-izquierda de muchos votantes lo que pone de manifiesto no es tanto un cambio de afinidades ideológicas como la falta de respuesta a la demanda de cambios profundos. Asunto este último que ha sido declarado oficialmente tabú por la cofradía de los constitucionalistas; es decir, por los que trincan.

Así las cosas, no parece suficiente el discurso de la mejoría económica. Y mucho menos aún el de la prudencia. Muy al contrario, cada vez que Mariano Rajoy, para eludir lo inevitable, se aferra a ese ente imaginario que define como los “ciudadanos normales” (ensoñación personalísima de una España no ya normal sino lela), más se acerca al desastre. Se equivoca y mucho Rajoy si cree que aliviar la penurias materiales devolverá a los españoles al momento anterior al cataclismo. La gente ha visto la tramoya muy de cerca. Y ha descubierto indignada que el caos era el viejo modelo político; que no había en él un populismo blando, tal y como se presuponía, sino otro tanto o más duro que el que despunta en el horizonte, pero, claro, travestido de normalidad democrática. Y semejante revelación no se olvida en 12 meses, ni mucho menos se perdona.

Entretanto los españoles asimilan que ningún partido político les hará más dignos, ni más libres, sino solo la irreductible exigencia de reformas, unos y otros se han empeñado en devolver el debate a donde solía, a esa arrabalera confrontación entre izquierda y derecha que, casualidades de la vida, obliga siempre a elegir entre burócratas, engordados todos al calor de un Estado que sirve a sus propios fines. Y al que ninguno, sea neocom o lo contrario, parece estar dispuesto a poner freno, sino expandir todo lo posible. Y ahí precisamente, en ese agua estancada, es donde pescan las élites mercantilistas y los grupos de interés; los corruptos y los oportunistas. Porque, por más que se empeñen, esta crisis no es fruto de una conspiración capitalista para acaparar la riqueza sino el resultado de la ineficiencia de unos Estados que, con la coletilla de “social”, se han convertido en máquinas de generar pobreza. Queda por ver, pues, si triunfa la estrategia del miedo o, por el contrario, la del colectivismo que todo lo puede. Entre medias, la España que cambia a marchas forzadas habrá de esperar su momento. Por lo pronto, ahí sigue: silenciosa.

Grecia: con euro, pero sin depósitos
Jesús Sánchez-Quiñones El Confidencial 3 Febrero 2015

El nuevo Gobierno griego no dispone de tanto tiempo como se intenta transmitir. Al margen de las negociaciones con sus acreedores para flexibilizar las condiciones de la deuda existente, bien sea con la troika como interlocutor o con cada uno de los acreedores por separado, la fuga de depósitos de sus bancos es otro frente de peligrosas consecuencias para los ciudadanos griegos.

Hasta la fecha, pese a haber recibido dos rescates por importe de 240.000 millones de euros y quitas en los bonos soberanos en manos privadas por importe de 100.000 millones, ningún griego ha perdido un solo euro de sus depósitos bancarios gracias a la financiación extraordinaria suministrada por el BCE en los mayores momentos de tensión.

Fuente: BCE

Los bancos de la Eurozona acuden al BCE a obtener financiación de forma recurrente, depositando como garantía activos con una calificación crediticia (rating) mínima determinada. Cuando un banco no posee activos con el rating mínimo exigido, o en el caso en que los bonos soberanos de su propio país hayan dejado de ser aptos como garantía o colateral, la entidad ha de recurrir a su propio banco central en busca de financiación extraordinaria, quien a su vez obtiene la liquidez a través de la provisión urgente de liquidez (emergency liquidity assistance, ELA). Este sistema permite que los bancos de la zona euro se financien a través de su propio banco central en “circunstancias excepcionales”, como las acontecidas ahora en Grecia.

De acuerdo con la normativa del BCE, sólo se puede proporcionar liquidez a través de este mecanismo a bancos con problemas temporales de liquidez, pero solventes. La frontera entre una y otra situación puede llegar a ser muy difusa.

La caída de los depósitos en Grecia, 14.000 millones de euros en las últimas semanas, la incapacidad de acudir a los mercados a financiarse y la amenaza de bajada de rating al país heleno dadas las medidas adoptadas por el nuevo gobierno, provoca que la única financiación posible sea la que proporciona el BCE a través de la “provisión urgente de emergencia”. Cuantos más depósitos salen de los bancos griegos, y ante la ausencia de otras posibilidades de financiación distintas de la asistencia de urgencia del BCE, más cerca estarán los bancos griegos de convertir un problema de liquidez en un problema de solvencia.

Los propios estatutos del Sistema Europeo de Bancos Centrales y del Banco Central europeo prevén que el Consejo de Gobierno del BCE pueda limitar las operaciones de ELA si considera que interfieren en los objetivos y tareas del Eurosistema, o si considera que el riesgo es excesivo.

Hace dos años, los chipriotas perdieron parte de sus depósitos ante la situación de insolvencia de los bancos del país. A pesar de dicha pérdida de los depósitos, Chipre sigue dentro del euro. Los depósitos de menos de 100.000 euros estuvieron garantizados sólo porque la reestructuración bancaria se realizó simultáneamente a un rescate por 10.000 millones de euros negociado con la troika.

De seguir las retiradas de depósitos en los bancos griegos, alguno o algunos de los bancos helenos podrían dejar de acceder a la financiación extraordinaria del BCE y deberían reestructurarse imponiendo pérdidas a sus acreedores, incluidos los depositantes. Este hecho es independiente de la evolución de las negociaciones entre el Gobierno griego y los organismos internacionales acreedores. Una quita a los depósitos no implica en absoluto la salida de Grecia del euro, como tampoco lo supuso el caso chipriota. Supondría un empobrecimiento adicional de los ahorradores griegos. Toda situación es susceptible de empeorar.

La “provisión urgente de liquidez”, ELA, se ha convertido en una vía de financiación permanente de entidades por la puerta de atrás del BCE. Según aumenta el volumen de financiación de emergencia a los bancos griegos, se incrementa la exposición de los socios de la Eurozona a Grecia. El problema no radica sólo en la renegociación de las condiciones o incluso en la cuantía de una eventual quita en la deuda actual con los organismos internacionales, sino en el incremento de riesgo que día a día se produce al financiar el BCE vía el ELA a los bancos griegos para que estos puedan hacer frente a la retirada de depósitos.

Los ciudadanos griegos deberían saber que, al margen de la negociación de las condiciones de su deuda pública, sus depósitos corren peligro. Su Gobierno parece querer permanecer en el euro, pero con su actuación está provocando tal fuga de depósitos que está poniendo en peligro los ahorros depositados en los bancos griegos.

La victoria de la miseria
María Blanco www.vozpopuli.com 3 Febrero 2015

Hay dos temas que saturan los medios informativos de nuestro país y la capacidad de asimilar de los españoles: la situación económica de Grecia y el éxito de Podemos. No son temas independientes, sin Syriza es probable que no se hubiera formado ese partido político.

Personalmente, ahora mismo, el que Grecia pague la deuda, reconozca la autoridad de la troika o, por el contrario, se niegue en banda, nos afecta doblemente. Por un lado, porque nos deben mucho dinero. Por otro lado, porque el votante español asocia el carácter de Varoufakis (el ministro de economía griego) y de Tsipras (presidente de Grecia) con los políticos de Podemos, sin más. Es relativamente normal, podría ser una suerte de efecto “halo” en el ámbito político.

Aquella famosa rueda de prensa
A apenas un mes de la renovación del plan de deuda, el ministro Varoufakis afirmaba en rueda de prensa que Grecia no iba a pactar con la troika. Nada de particular, si no fuera porque tenía al lado a Jeroen Dijsselbloem, jefe del Eurogrupo, quien dio por terminada la rueda de prensa y mientras se despedía del ministro le decía al oído “You just kill the troika” que viene a ser un “te has cargado a la troika” en toda regla.

Tampoco es que Varoufakis estuviera soltando un bombazo, simplemente repitió lo que Syriza lleva diciendo mucho tiempo. Ni se trata de que lo dijera en presencia del mandamás de la troika, el holandés no lo es. Pero fue una provocación. La confirmación de que lo era vino después, cuando el mismo Varoufakis matizaba en una entrevista para la BBC. Pasó del “… no vamos a colaborar con ese comité” a “en realidad no es que no estemos preocupados por pagar la deuda, es que estamos tan agobiados que vamos a gestionarlo con cada uno de los organismos de la troika (el BCE, la Comisión y el FMI) y con cada uno de los países miembros a ver cómo lo hacemos, y qué se nos ocurre entre todos” en unas horas. Hay una gran diferencia.

Los modos chulescos de Varoufakis, con la mano en el bolsillo mientras saludaba al correcto Dijsselbloem, recriminando en directo a la conductora del programa de la BBC (“Soy muy fan de la cadena y puedo decirle que es el peor reportaje que he visto nunca”), podrían verse compensados por el contenido del mensaje, es decir, esta idea de que lo que busca es que la devolución de la deuda no recaiga sobre los hombros de los contribuyentes europeos y que se encuentre una solución conveniente para todos. ¿Por qué no lo logra? Porque desde la campaña electoral, el líder de Syriza, Tsipras, ha provocado cansinamente a las autoridades representadas en la troika, amenazando con no pagar, no reconocer la firma de los anteriores jefes de gobierno, de deslegitimar esa deuda, etc. Esa actitud solamente mostraba un enorme desprecio por los ciudadanos y trabajadores de otros países (españoles también) que con sus impuestos han financiado el rescate griego y han comprado su deuda.

La soberanía, los mercados y la pobreza
Como comentaba un periodista de la CNBC, parece que los griegos ni siquiera están intentando tranquilizar a los mercados. Y como comentaba el blog “Zerohedge", es que los griegos eligen a un gobierno soberano para que les soluciones los problemas más inmediatos, que para ellos no consisten en tranquilizar a los mercados. Y añado yo: o eso creen. Porque es indudable que la inversión, que viene de los mercados, y no la trae un unicornio del país más allá del arco-iris, haría mucho bien a la economía griega y a los griegos. Pero entiendo que tras tantos años de gobiernos manirrotos, mentirosos, corruptos, que dejan el panorama español en un jardín de infancia, los recortes y las medidas impuestas por la troika pueden resultar intolerables. Y tal vez no se trata de echar un pulso a Europa sino reconsiderar las velocidades sin renunciar a las reformas.

No es eso lo que pide el nuevo gobierno griego. O por lo menos, no siempre. Porque tienen la virtud de decir A y no A en diferentes ámbitos sin despeinarse. Por ejemplo, a pesar del tono, los gestos y actitudes durante la campaña y tras la victoria de Varoufakis y Tsipras, cuando la periodista inglesa le pregunta directamente “¿Usted no va a tratar con la troika?”, Varoufakis le responde que no es un duelo y que no se trata de a ver quien está más tiempo sin pestañear. Pues bien, el juego de Syriza desde siempre y expresado públicamente es el de no pestañear. Pero en vez de expresarlo así yo diría que Tsipras ha dicho, como Obelix, “¡pues ya no respiro!”. La diferencia es que nadie se muere por no pestañear, pero sí por no respirar. Y sin ayuda europea, a Grecia le quedan pocos sitios donde recabar fondos.

En este juego en el que todos perdemos, el peor escenario no es que Grecia se salga del euro, sino que se quede y siga empeñada en no respirar, porque la zona euro se vería afectada por la inestabilidad griega. En esta situación, nadie puede decir qué va a pasar. Eso sí, como no hay tasa por especular, nos queda un mes entero de previsiones y profecías.

Economia y lenguaje
Cuando la austeridad pierde su significado
Guillermo Dupuy Libertad Digital 3 Febrero 2015

Si no fuera porque la manipulación del lenguaje es algo tan viejo como el lenguaje mismo, podríamos decir que la crisis económica amenaza con desvirtuar el significado de las palabras, muy especialmente en el caso de la austeridad.

Significativo es el caso de Grecia, cuyo Estado no ha dejado en ningún momento de vivir por encima de sus posibilidades y de incumplir los compromisos adquiridos con sus acreedores, a pesar de lo cual se le acusa de haber seguido una política de austeridad. Otro tanto podríamos decir, aunque sea en menor medida, del caso español. El actual presidente del Gobierno accedió a La Moncloa prometiendo situar el déficit público por debajo del 4,4% ya en 2012 y reprochando a Zapatero el haber elevado en cuatro años la deuda pública "desde una confortable cifra del 36% en 2007 hasta superar el 69%".

Pues bien. A pocos meses del final de esta legislatura, y pesar de la traicionera voracidad fiscal de este Gobierno –algo que para algunos también sería muestra de su austeridad–, Rajoy no ha cumplido un sólo año sus compromisos de reducción del déficit –ni siquiera los que ha ido renegociando con Bruselas sobre la marcha– y la deuda pública ya alcanza el 100% de nuestro PIB. Que nuestro sobredimensionado sector público, lejos de reducirlo, haya aumentado el escalofriante ritmo de endeudamiento alcanzado con Zapatero ya es grave; pero peor aun es que a esta política económica se le llame política de austeridad.

No sé si, como advirtiera Confucio, "cuando el lenguaje pierde su significado, la gente pierde su libertad". De lo que estoy seguro es que ya son muchos los que han perdido la capacidad de enjuiciar.

Un pacto antiterrorista sin la menor credibilidad
EDITORIAL Libertad Digital 3 Febrero 2015

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez firmaron este lunes un pacto en virtud del cual PP y PSOE se comprometen a mantener "la máxima unidad" en la lucha contra el terrorismo islámico. La firma del acuerdo, celebrada con la mayor solemnidad en el Palacio de La Moncloa, supone la adopción de determinadas medidas específicas destinadas a dificultar el tránsito de terroristas islámicos con destino a zonas en conflicto y establece nuevas figuras penales que catalogan como terrorismo las actividades logísticas que llevan a cabo las organizaciones radicales. Nada hay de reprochable en una modificación legal de tipo técnico que busca hacer más efectiva la acción de la Justicia contra el yihadismo. Ahora bien, ni Rajoy ni Sánchez se han atrevido a entrar en la raíz del problema del terrorismo islamista, más preocupados por evitar la acusación absurda de islamofobia que de llevar a cabo un plan ambicioso que garantice realmente la seguridad de todos los ciudadanos.

De poco sirve que se extreme el rigor contra los terroristas ya en activo si no se ponen en práctica las medidas necesarias para prevenir la radicalización que se lleva a cabo en los centros islámicos que proliferan en cualquier país occidental. La propagación irrestricta del islam en su versión wahabí, la más radical y extendida en Occidente gracias a la financiación de las monarquías del Golfo Pérsico, está en el origen de un fenómeno que lleva a que jóvenes musulmanes nacidos en Europa se integren en células terroristas para extender la yihad en Oriente Medio. La vuelta de esos yihadistas a sus países de origen es tal vez la mayor amenaza para nuestras sociedades, pero si no se tiene el valor de identificar cuál es la raíz verdadera de este serio problema poco se va a conseguir endureciendo el tratamiento penal para los que ya han consagrado su vida a destruir el modo de vida de Occidente.

Lo cierto es ni PSOE ni PP son creíbles cuando afirman estar comprometidos en la batalla contra el terrorismo islámico. Los socialistas inauguraron gracias a Zapatero el mayor acto de rendición de un país occidental al totalitarismo islamista con una imposible alianza de civilizaciones que Mariano Rajoy apoyó desde el principio y sigue defendiendo desde el Gobierno. La falta de coherencia de los dos grandes partidos a la hora de combatir el islamismo tiene en esa fantasmagórica alianza, bendecida por la ONU, la piedra de toque para comprobar hasta qué punto están de acuerdo en luchar contra un peligro real que ellos han convertido en un hecho virtuoso con el que conviene entenderse. Pero lo que resulta inaudito es que los partidos responsables de la mayor humillación que han sufrido las víctimas de ETA, a cuyos miembros más sanguinarios no han dudado en poner en libertad, hagan un llamamiento al "recuerdo a las víctimas del terrorismo" y afirmen estar dispuestos a "honrar con la dignidad debida su memoria y promover el testimonio de gratitud" del que ahora dicen ser deudores.
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Sin embargo, lo que revela por sí solo que el acto de este lunes fue una pantomima siniestra con miras electorales es el comportamiento de los dos partidos respecto al 11-M, el mayor ataque terrorista perpetrado en suelo europeo, que cambió irremediablemente el devenir de la nación española. El acuerdo suscrito ayer tiene, en efecto, un precedente, por el que PP y PSOE dieron carpetazo al crimen que ha marcado indeleblemente a la Nación. El rechazo de los dos partidos a investigar lo que de verdad ocurrió entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 los desautoriza por completo para liderar una empresa común en la lucha contra el terrorismo, aunque se revista de la solemnidad de la que Rajoy y Sánchez hicieron gala.

El pacto de Estado suscrito es peor que papel mojado. Es la prueba fehaciente de hasta qué extremos de desfachatez han llegado PP y PSOE en el insulto a la inteligencia de todos los ciudadanos.

Idiotez perpetua revisable
Xavier Horcajo www.gaceta.es 3 Febrero 2015

Que España está concernida por el terrorismo islámico no lo discute nadie. De hecho debería ser el país más concernido de Europa. Dice la justicia española que en 2004 una célula de terroristas yihadistas causó la muerte a 192 ciudadanos (la peor matanza en Europa), mediante diez explosiones coordinadas con temporizadores en estaciones y trenes de cercanías de Madrid. La investigación policía y judicial reveló trasiegos de Titadine y de Goma 2 ECO; pisos francos en Leganés, fincas en Morata de Tajuña. Pero es que antes, 1985, los terroristas de la yihad volaron el restaurante “El Descanso” y causaron 18 muertes de españoles en España.

Parece que todo esto se haya olvidado cuando vemos al presidente Mariano Rajoy y el líder de la oposición Pedro Sánchez escenificando el sainete “medidas para evitar los atentados yihadistas en España”. “¡Huy! tenga cuidado, que aquí dice islamista, y yo solo acepto “yihadista”, porque el Islam es otra cosa” [Sánchez], “Hay que endurecer las penas contra los “lobos solitarios” [Rajoy]; “Pues que se apliquen los máximos porque lo de condena perpetua revisable, ¡Eso no se lo pacto!” [Sánchez]. Eso es lo que los dos grandes partidos son capaces de ofrecer a los españoles para que vivan tranquilos. Por eso estamos muy poco tranquilos.

Rajoy y Sánchez saben que lo aprobado es como atajar con tiritas la femoral de un torero. Y los españoles sospechamos que el 11-M no significó nada en materia de mejora de nuestra seguridad. Zapatero impuso su tesis de rendirse ante lo que fuera y aliar civilizaciones, ¿qué pensaría “Cuentanubes” cuando los terroristas asaltaban Charlie Hebdo o el súper judío de París?

Penas más duras, no sirven para mejorar nuestra seguridad. Los que las cumplen ya han producido daño y países como Francia donde hay condenados a cadena perpetua desde antiguo, no apagan este fenómeno del yihadismo en Europa. Pero ahí tienen a Rajoy y Sánchez discutiendo sobre si son galgos o podencos.

Rajoy y Sánchez nos toman el pelo. No se toman medidas –como se hace en Europa- y lo pagaremos caro, porque somos objetivo definido y declarado del “Califato” que, desde Iraq, llamó a la guerra santa.

En primer lugar, no hemos destinado dinero a mejorar nuestra Inteligencia (la que falló clamorosamente en el 11-M). Nuestras fuerzas de seguridad (que baten records en capturas de islamistas radicales, no han recibido el apoyo presupuestario exigible para ser los número uno en Europa contra el terrorismo que invoca a Dios.

Tampoco hemos hecho la guerra a quienes financian desde España el yihadismo o la guerra santa. A través de la “hawala” los negocios de paquistaníes de El Raval de Barcelona o de Lavapiés en Madrid se evaden hacia ISIS sin que nadie les meta mano en España. El pacto de Rajoy y Sánchez de esto ni habla y, créanme es fácil tomar medidas.

Francia cierra mezquitas ilegales. Ese es el origen del problema que vuelve a los traficantes de hachís de la “banlieue” parisina en asesinos de kalásnikov. Las mezquitas ilegales deben ser cerradas. En Madrid hay 230; en Cataluña más del doble. Están abiertas, por puro “buenismo” de las autoridades que practican el: “Miremos para otro lado”. Los centros de prédica ilegal están en viejos garajes de coches, o almacenes abandonados. Esos clérigos son los que –a puerta cerrada- reparten la semilla del odio por Europa.

Tras el atentado de Londres, el Reino Unido emprendió una “campaña” de expulsión de imanes radicales de lugares como la mezquita de Finnsbury Park, en Londres, el antiguo hogar del imán del garfio, el suní Abú Hamza. Los nuevos imanes provienen de entornos menos contaminados como el Yemen refugio de Al Qaeda y desde luego se vigiló que no tuvieran experiencia en combate, como tenía el del garfio. ¡Los errores se corrigen! En España, sin embargo no se conocen expulsiones de clérigos musulmanes que difunden el odio.

Prohibir a los nacionales acudir a los escenarios de ISIS o de Al Qaeda, parece una prioridad. ¿Pueden ir y venir sin perder, al menos, su condición de franceses o de españoles? En España hay más de 60 y el número crece. ¿Podemos permanecer impasibles como si se fueran a Cancún? Cabe que si acuden menores, sea obligatorio tomar medidas ¿O vamos a contribuir, con nuestra pasividad- a que les conviertan en perros asesinos? ¿Se han enterado de eso los jueces de la Audiencia Nacional?

Si las mezquitas son el lugar de captación en el que te venden que morir en el combate es lo mejor; las cárceles son el lugar donde te haces con los contactos y las técnicas, con el pasaporte al kalashnikov y con el “permiso para matar” europeos en Europa. En Francia acaban de decir aislar a los condenados por yihadismo.

Justicia
Soy mejor que tú porque me opongo a la cadena perpetua
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 3 Febrero 2015

Existen en España numerosos ungidos que se muestran tremendamente indignados por la firma de un pacto entre PP y PSOE que abre la puerta a la cadena perpetua revisable para condenados por delitos terroristas. Entiendo que haya socialistas preocupados por la foto de Sánchez junto a Rajoy. Es normal. A estas alturas, electoralmente es probable que sea más dañina una imagen así que, pongamos, la de miembros de tu partido sentándose en la misma mesa con representantes batasunos para negociar algo; así de podrida está España. Pero no es eso: hay gente que se considera moralmente superior por el hecho de oponerse a que asesinos en serie o los que violan y matan niñas no salgan nunca de la cárcel si se estima que no pueden reinsertarse en la sociedad.

El argumento leguleyo estaría en la supuesta violación del artículo 25.2 de la Constitución, ese tan absurdo que dice que las penas de cárcel deben estar orientadas a la reinserción y nada más; absurdo porque, tomado literalmente, debería implicar que todas las penas de cárcel fueran cadena perpetua revisable, ya que, si no hay que tomar en consideración nada más que la reeducación y reinserción social, el delincuente debería seguir en la trena hasta que se le considerase apto para regresar a la vida.

Naturalmente, cualquier sistema penal debe evaluar muchas más cosas aparte de la reinserción, y de hecho lo hace. Entre los objetivos debería estar el adecuamiento de la pena a la gravedad del delito, algo en lo que quizá se echa en falta un poco de mesura en lo referido a los delitos sin víctima. Delitos graves deben tener penas graves en parte también para evitar que las víctimas se sientas agraviadas y decidan tomarse la justicia por su mano. Pero hay un punto que no se suele tener en cuenta: cuando un delincuente profesional está en la cárcel, no está en la calle cometiendo delitos. Algo que no parece entrar en el cerebro de lumbreras que consideran "paradójico" que España tenga una población reclusa relativamente alta y una tasa de criminalidad baja pero las penas se sigan endureciendo. ¿Y si ese endurecimiento tiene algo que ver con esa tasa? ¿Podría ser?

Lo asombroso para mucha gente de bien es que haya gente que se ponga de parte de la hez de la sociedad, quienes cometen los crímenes más execrables, y defienda sus derechos como si fueran lo más importante del mundo. Es, sin duda, importante que se respeten sus derechos procesales para no meter inocentes en la cárcel. Pero ¿qué tiene de malo que gentuza como De Juana Chaos, el asesino de Mari Luz o los de Sandra Palo no vuelvan a ver la luz del sol? Nada, para una persona normal. Pero es precisamente eso lo que mueve a los ungidos. Para ellos, la política no tiene que ver más que tangencialmente con lo que es bueno para la sociedad en general. No, lo esencial de la política es que les permita diferenciarse para sentirse moralmente superiores a la plebe.

Para esta gente, oponerse a la cadena perpetua revisable, comprender las razones políticas de los asesinos de ETA y demás monstruosidades a las que son tan adictos es una forma de autosatisfacción moral. Una especie de onanismo político. Estas posturas les permiten mostrarse ante los demás como gente que es capaz de estar por encima de sentimientos tan mundanos como la venganza o la necesidad de justicia, que nos afectan a los que no somos como ellos. En el fondo les importan un comino el delincuente y sus derechos: no son más que sus mascotas; lo que les importa son ellos mismos y su necesidad perenne de creerse superiores a los demás. No importa que no lo sean; que, de hecho, moralmente estén a una altura liliputiense. Lo importante es que a ellos les hace sentir bien apoyar que el violador del ascensor salga para seguir violando. Y no hay más.

En la morgue de Donetsk podemos ver el futuro que nos espera
Yolanda Morín Minuto Digital 3 Febrero 2015

Graham Williams Phillips es un periodista británico que atrabaja para la cadena rusa RT. Viene cubriendo el conflicto en el este de Ucrania desde el año pasado. Ha sido detenido un par de veces por el régimen de Kiev. Sus últimas crónicas han tenido por objerto el cerco de Donetsk y los combates por el control del aeropuerto.

Tiene un canal en YouTube dedicado al conflicto ucraniano.

Éste vídeo ilustra de manera brutal el tipo de guerra que el gobierno ucraniano, salido del golpe de Estado del año pasado en Maidán, le está haciendo a la población rusófona del este del país. Frente al bloqueo casi absoluto de los medios del Sistema, es necesario tomar consciencia de que lo que ocurre en Ucrania desde hace largos meses no es una cuestión que concierne exclusivamente a los actores directos de esa confrontación. No es un episodio local, es un capítulo de una historia más amplia que abarca a nuestra época desquiciada y nuestro mundo atormentado.

La guerra de Ucrania es el anticipo de lo que se nos viene encima a otras naciones y pueblos europeos, si estos demuestran el menor signo de rebeldía y manifiestan su voluntad de independencia respecto de la alianza euro/atlántica y sus designios de dominio mundial por llamarla de alguna manera. Lo que les están haciendo a las poblaciones del este de Ucrania, ya se lo hicieron anteriormente a los serbios, a los libios, a los iraquíes, a los sirios, etc… La lista ni es exhaustiva ni está cerrada.

Si mañana Francia, Suiza, Holanda o cualquier país europeo intentara salirse del redil del Imperio, éste no dudaría en poner en marcha su polimórfica y masiva maquinaria de propaganda y de guerra, y armaría a sus peones locales y a sus mercenarios internacionales para lanzarlos a derrocar a esos hipotéticos gobiernos refractarios y a esos pueblos insumisos al orden imperial.

Estas crudas imágenes de la guerra real en Ucrania son las que esperan sin lugar a dudas a los pueblos europeos que intenten sacudirse el yugo que actualmente los oprime y liberarse de su amos y su rastrero servicio doméstico.

De hecho, las poblaciones de origen inmigrante, fundamentalmente los musulmanes, son el ejército de reserva, las tropas de choque, de esa futura guerra que el Imperio y sus acólitos con toda probabilidad les harán a los pueblos europeos cuando estos por fin se levanten y quieran tomar el control de sus destinos. Es en esa óptica que la masiva implantación en nuestro continente de poblaciones fundamentalmente hostiles a Occidente durante 14 siglos cobra sentido a la luz del más que probable escenario de una guerra de gran envergadura para someter, diezmar e incluso exterminar a las poblaciones autóctonas. Estamos viviendo los prolegómenos de ese panorama que está en camino.

Los que tiran los hilos de estos acontecimientos no tienen ninguna clase de escrúpulos, ni ningún freno de tipo moral, ni el más mínimo átomo de conciencia. El horror de estas escenas ilustran el grado de demoníaca voluntad de esclavizar y aniquilar a todo cuanto se ponga por delante de la voluntad de dominio de los amos del mundo.

Los cadáveres de este depósito son rusos de Ucrania. Mañana serán franceses, españoles, italianos, belgas, alemanes… Asómense a la morgue de Donetsk, y vean lo que nos espera…

El equívoco del nacionalismo
Jesús Royo Arpón www.lavozlibre.com 3 Febrero 2015

Lingüista

A Mathily, el malinés dependiente del supermercado kosher en el ataque de Coulibaly (también malinés de origen), cuando le preguntaron cómo había podido él, musulmán, defender a judíos de un ataque islamista, dijo con sencillez: no defendí a judíos, sino franceses, a seres humanos. Una respuesta sencilla, pero que contiene la característica esencial del estado democrático: la laicidad. Ser judío, musulmán, cristiano, o nada, no es un dato relevante para el Estado. Ni ser rico, aristócrata o más pobre que una rata. Todos son igualmente ciudadanos, franceses en este caso. Tendemos a categorizar a la gente según pertenezcan o no a nuestro grupo, según sean o no de nuestra religión, nuestra tendencia política o nuestros colores. Es la triste función de los estereotipos. Algo parecido a lo que pasa con el actual debate sobre la corrupción: si el corrupto es de nuestro clan, reclamamos la presunción de inocencia, pero si es del partido adversario entonces afecta a todo el partido, y a qué esperan sus dirigentes para expulsar al sospechoso, y si no lo hacen es que estaban en el ajo, etcétera. Deberíamos aprender de Mathily: un corrtupto del PSOE no es un socialista corrupto, es un corrupto. Pujol no es un nacionalista ladrón, es un ladrón. Coulibaly no es un asesino musulmán, es un asesino. Y punto.

Al día siguiente, en un programa de radio en que entrevistaban a una chica musulmana, noté que siempre decían “musulmanes en España” no “musulmanes españoles”. La marginación empieza en el lenguaje. Si nos cuesta decir el sintagma “musulmanes españoles” (o sea, españoles islámicos) es que los consideramos menos españoles, ciudadanos de segunda. La razón es que consideramos la nacionalidad española como una identidad, con una serie de características: y si las posees, eres más o menos español. Desde ser blanco y cristiano, tener un apellido en “ez” y hablar castellano, hasta ir de bares, echarse la siesta o hablar alto, todo son características que te hacen más español si las tienes, o menos, si te faltan.

Pues bien, la laicidad significa que todas esas notas de “españolidad” nada tienen que ver con la ciudadanía española. El negro musulmán de nombre Abdul, que viste chilaba, habla árabe, le gusta el Barça y no prueba el vino ni a tiros, es tan español como tú y como yo. La obligación del Estado es ser absolutamente indiferente (laico) a esas características. Al revés, el Estado debe velar para que ningún ciudadano sea discriminado por sus características identitarias. La identidad es una cosa privada, y cada uno tiene derecho a tener o escoger la que quiera, y el Estado debe proteger ese derecho. La única identidad que el Estado debe reprimir es la que sea intolerante, la que pretenda imponer o prohibir algo a los demás. O la que sea contraria a la dignidad humana: racista, sexista, esclavista.

La laicidad respecto a la religión nos ha costado doscientos años, y aún colea: por ejemplo, en el calendario de fiestas. Pero la novedad de este siglo puede ser la “laicidad nacional”: es decir, la extensión de la laicidad al terreno de la nacionalidad. Hay que superar el “principio de las nacionalidades” del presidente americano Wilson, que afirma que todo “pueblo o nación” tiene derecho a constituir un estado que lo represente. Es decir, que el Estado debe proteger y fomentar una identidad nacional determinada. Como consecuencia, los ciudadanos que no poseen esa identidad (lengua, religión, raza, costumbres) son menos ciudadanos, son ciudadanos de segunda y deben “adquirir la identidad”: deben hacerse franceses, españoles, italianos, alemanes, británicos, para corregir su “identidad desviada”. Pues bien, ese “estado nacional” ha sido el combustible de todas –o casi todas- las guerras del siglo pasado, desde la de hace cien años, que dinamitó los imperios supranacionales –otomano y austohúngaro- hasta la tan terrible -y tan próxima- de Yugoslavia. Pero sobre todo: nuestros nacionalismos, el catalán, vasco o gallego, se basan en ese mismo equívoco. El estado que propugnan es lo más opuesto a la laicidad. El estado que pretenden sería un estado no ya nacional, sino peor: un estado étnico, que te juzga y te clasifica según tu origen, tus apellidos, tu fervor patriótico, tu lengua.

“¡Blanco de mierda!: Crónica de un odio inexistente”
Guillaume Lamarque Minuto Digital 3 Febrero 2015

Después de la polémica generada en Francia por el libro “Francia Naranja Mecánica” de Laurent Obertone (*), retrato crudo y sin concesiones del asalvajamiento de un país que hasta hace pocas décadas era uno de los más seguros del mundo 0(una situación similar a la realidad de la mayoría de las naciones de Europa occidental), llega ahora un obra que trata de otro gran tabú: el odio antiblanco que padecen cada día más franceses (y por extensión más europeos) y de manera cada vez más agresiva y violenta. Éste es el tema del libro “¡Blanco de mierda!: Crónica de un odio inexistente”, de Gérald Pichon, recientemente publicado en el país vecino. Las dos obras están íntimamente relacionadas ya que el problema abordado en el primer título (la criminalidad desmedida que asola Francia) se explica en gran parte a través del odio antiblanco de esos criminales que han hecho de un país civilizado un infierno de violencia y terror diario para millones de franceses reducidos al estado de presas fáciles para las jaurías de fieras y otras alimañas que se ceban en ellas.

Frente a la realidad de las violencias perpetradas en Francia contra la población blanca, una voz valiente se ha elevado contra el tabú de un odio racial, el odio antiblanco, que muchas víctimas no se atreven a señalar ¡por miedo a verse acusadas de racistas! Esta demencial situación que lleva a las víctimas a silenciar el carácter verdadero de las agresiones cometidas es el resultado de largos años de manipulación, de propaganda y de lavado de cerebro, llevados conjuntamente por los medios del sistema, la clase política en su gran mayoría y por todo un ejército de organizaciones denominadas antirracistas que han hecho del odio antiblanco la razón de su propia existencia. Pues el odio a la raza blanca y a los pueblos europeos es el verdadero motivo de la acción de esas organizaciones, disfrazadas bajo el falso ropaje del “antirracismo”, palabra clave para evitar decir odio antiblanco. La ideología “antirracista” esconde en realidad un racismo feroz hacia la raza blanca, y su hipócrita discurso sólo es una pantalla para engañar a los mismos que son víctimas de ese odio. Hacer sentirse culpables a las víctimas es tal vez la más vil de las manipulaciones, el más pérfido de los engaños, la más artera de las artimañas, ya que vuelve vulnerables y desamparados a aquellos que pudieran todavía intentar algún movimiento de protección ante sus verdugos, porque los priva de todo justificativo moral para su defensa. Los ideólogos del antirracismo se presentan como la conciencia de nuestra época, poco menos que los redentores de la humanidad, cuando en realidad sus fines son tan criminales como falsa su doctrina.

El antirracismo busca aniquilar a una raza concreta: la raza blanca. Y ese racismo, sin duda más real que cualquier otro, es negado por el mismo sistema que lo alimenta.

Ese racismo silenciado y negado es el verdadero racismo que sufre la sociedad francesa en particular y la europea en general. Un racismo antiblanco, ocultado a conciencia por un sistema sin aliento, cuya utopía multicultural llevada a los altares con la ayuda del aparato mediático, artístico y financiero sin duda no es ajena a su declive.

Ya se ha perdido la cuenta de los dineros públicos gastados por las oficinas antirracistas, curiosamente insensibles a la suerte de los autóctonos que sufren en primera personas las “bendiciones” y los “beneficios” de la multicultura. En esa perspectiva, el mayor interés del libro de Gérald Pichon, “¡Banco de mierda!: Crónica de un odio inexistente” no es tanto la revelación de ese racismo antiblanco que desmiente el sacrosanto universalismo republicano, como los subterfugios, las mistificaciones empleadas por las élites políticas, la casta mediática y la esfera de las ONGs para ocultar esta violencia orquestada por las bandas étnicas contra la población autóctona francesa.

“¡Blanco de mierda!: Crónica de un odio inexistente!” pone al desnudo la impostura de las élites políticas y financieras. Estas agitan hoy sin el menor pudor el fantasma del racismo antiblanco, después de haberlo fomentado de mil maneras.

Están los antiguos adoradores de Mao que al sentir cambiar el viento se han refugiado en los brazos del capitalismo ultraliberal. Están los antiguos apologistas de la “convivencia” y la “diversidad” que, viendo las fechorías de su proyecto de sociedad, van de plató de televisión a estudio de radio haciendo gala de una inesperada empatía por el “blanquito” de a pie, víctima del descalabro de sus condiciones de vida. Su objetivo es simple: hacer olvidar su papel de portavoces de una inmigración masiva y de fiscales acusadores del francés autóctono, nada entusiasta ante la idea de experimentar en su vida cotidiana las alegrías de una “sociedad abierta al exterior”. A imitación de los secuaces estalinistas, esta oligarquía, vestida con los harapos del mestizaje se esfuerza en camuflar por todos los medios ese pasado poco glorioso. En su libro, Gérald Pichon deconstruye su discurso pernicioso, sus trucos y sus mentiras que han sido posibles gracias a la complicidad del mundo periodístico, y pone frente a frente a los promotores de la diversidad y los nuevos oportunistas de la política electoralista.

“¡Blanco de mierda!: Crónica de un odio inexistente” rinde justicia a los cientos de miles de personas invisibles que cada semana, cada mes, cada año son objeto de insultos y de burlas, por el color de su piel, y son víctimas de agresiones físicas con resultados a menudo trágicos. Este libro es un homenaje a esos ciudadanos sin voz, abandonados en las cunetas de la República Francesa a quienes se les repite a diario que la “inmigración es una oportunidad para Francia”. En un estilo claro y contundente el libro bien documentado de Gérald Pichon es una demostración magistral de la existencia del odio contra el blanco.

Así dice la contratapa del libro:
“Durante mucho tiempo, el odio antiblanco ha sido asimilado a una herramienta de propaganda de la extrema derecha y por lo tanto descalificado por las élites políticas y mediáticas. Sin embargo esta dolorosa realidad alcanza a un número cada vez mayor de franceses. Insultos, agresiones, violaciones… Esta forma particular de odio racial es bien real, pero para los detractores de esa realidad, afirmar ser víctima de ese odio es un error, es rechazar el sacrosanto dogma de la convivencia y la diversidad erigido en valor supremo de la sociedad multicultural. En estos momentos, en que se asiste a groseras y oportunistas tentativas de recuperación política de bajo nivel, el libro “¡Blanco de mierda!: Crónica de un odio inexistente” expone, con testimonios y números, una realidad desconocida y voluntariamente disimulada por los gobiernos tanto de derecha como de izquierda.”

Y éste es el prólogo del libro:
“Demasiado solo, demasiado pálido.
Demasiado solo para que ser temido,
Demasiado pálido para ser compadecido.
Vae victis.” (!Ay de los vencidos!)

“Es un chico que vuelve a casa ensangrentado, una adolescente aterrorizada ante la idea de salir a la calle, un joven agredido con una violencia increíble, una abuela martirizada que su familia no olvidará nunca… Todos han conocido el desamparo y la angustia, el miedo, el llanto ahogado, la soledad. Ninguno podrá olvidar esas escenas de violencia tantas veces revividas, ese traumatismo que no olvidarán nunca. ¿Cuántas veces se vuelve a ver la misma escena? ¿Y si en el fondo la hemos provocado? ¿Por qué yo, por qué nosotros? Por qué tú y por qué vosotros, los agresores, los violadores y los violentos? ¿Por qué ese encuentro entre tú y yo, entre nosotros y vosotros? ¿Por qué yo y nosotros y no él y ellos? ¿El azar? ¿El destino? ¿Dios o el diablo? ¿Qué hemos hecho para merecer eso?

Levantas un puño vengador, pareces nervioso, tienes justo el tiempo de mascullar un “¡blanco de mierda!” antes de cortarle el hilo de la vida, de quitarle su confianza en los hombres o de no dejarlo envejecer en paz. Ante los policías, los juzgados, vosotros los agresores, justificaréis vuestros actos. Os escucharemos con atención, con una inquietud mezclada de esperanza: podremos entonces comprender esta agresión, esta violación, esta muerte… Juicio, cárcel, multas para vosotros. Pérdida de confianza, miedo y a veces el olvido para nosotros. Más adelante os burlaréis de la víctima. “¡Víctima, víctima!”: es el nuevo insulto de moda en los patios de recreo. No os arrepentís de nada, vosotros estáis en guerra, nosotros en el llanto.

¿Es nuestra cara, nuestros rasgos que no os gustan? Ya… demasiado pálido, demasiado blanco, demasiado simple… no lo bastante adecuado para este barrio, esta ciudad. ¿Tal vez para esta época?

¿Ya lo has entendido, “blanquito”? Te he roto la vida porque no eres como yo y te lo he hecho pagar caro. Este odio, está aquí. Está en mí y este odio, es el odio de tí, de tu color de piel: me tomo mi revancha, te aplasto, te humillo. No comprendes: te golpeo. Comprendes: te golpeamos. A mí me disculparán, a ti te olvidarán. No has entendido nada todavía. Mírate en el espejo, eres débil en todos los campos, ni siquiera tienes la fuerza de reaccionar a todo esto. Mírate, nosotros somos fuertes gracias a vuestras debilidades. Sois vosotros los que nos habéis enseñado a detestaros, hemos aprendido la lección. Nos “aliviamos” sobre vosotros, la vida no es fácil para nosotros, entonces venimos a descargar nuestra frustración, aplacar nuestra ira, calmar nuestros nervios sobre vuestras espaldas, y olvidar. ¿Olvidar qué? No lo sé, lo que si sé es que a vosotros os olvidan enseguida, vosotros las víctimas. No te pongas pálido de miedo, porque sería una nueva provocación que no voy a dejar sin respuesta…”.
(*) http://www.minutodigital.com/2015/01/01/marine-le-pen-francia-ha-caido-en-el-salvajismo/

Argentina
Pensamiento nacional
Marcelo Birmajer Libertad Digital 3 Febrero 2015

Era un verano tranquilo, la felicidad en las playas desafiaba todos los pronósticos; y súbitamente irrumpe el enemigo del pueblo, el fiscal Alberto Nisman, con su inesperada denuncia contra la presidente, el canciller y los compañeros D'Elia, Esteche y Larroque. La escena parece extrapolada de Tiburón, la película de Spielberg: los habitantes de un pequeño pueblito costero se disponen a disfrutar del verano, cuando el alguacil local advierte a las autoridades de que un feroz escualo blanco recorre la costa devorando bañistas. El alcalde y los responsables de la vida ociosa no quieren saber nada del peligro: más vale que el tiburón se coma a uno o dos antes que arruinar la temporada. Le exigen al alguacil que calle. Es El enemigo del pueblo, de Ibsen, y se ha repetido en el verano argentino.

El fiscal Alberto Nisman nos advirtió de que los terroristas iraníes pretendían un pacto de impunidad con las autoridades argentinas, mantenernos en las tinieblas de la injusticia por la masacre de la AMIA, la influencia de la dictadura iraní en Latinoamérica y la extorsión implícita. La respuesta kirchnerista fue gritarle a Nisman que no les aguara el verano. Si el tiburón iraní se comía a uno más, después de veinte años, resultaba menos oneroso que interrumpir la vida de playa. De hecho, la presidente nos pidió el viernes que no le prestemos tanta atención a un tema "externo", como la muerte de Nisman o la masacre de la AMIA, mientras se vive a pleno el "verano de emociones". El argumento de que la denuncia de Nisman y su posterior muerte por una bala en la sien no fue más que el intento de desbaratarle el verano a los buenos argentinos fue desplegado meticulosamente por nada menos que el secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, Ricardo Forster. Esa es la cima del pensar nacional y popular de los K: la muerte de Nisman fue un eslabón de "la cadena del desánimo". Previamente había esbozado el mismo razonamiento el jefe de gabinete Capitanich, pero sin el agravante de soltar semejante dislate sobre el cadáver todavía tibio del fiscal.

La sofisticada reflexión de Forster me recordó a un intelectual francés cuya influencia no es ajena a Carta Abierta: Louis Althusser.

Durante los años 70 y 80 este intelectual comunista fue considerado el horizonte teórico del marxismo occidental. Era el traductor perfecto, al lenguaje de la clase media académica con pretensiones revolucionarias, de El Capital y el materialismo histórico. La esperanza blanca del fin de la explotación en las "regresivas" democracias occidentales. Y de pronto ahorcó a la esposa. La había denunciado como traidora al Partido, sabiendo que era inocente. Pero finalmente la acogotó con sus propias manos. El clarividente teórico de un mundo mejor lo empeoró.

Defino como el Teorema de Althusser el caso de los intelectuales que pretenden explicarnos el funcionamiento de la sociedad y no son más que locos, criminales o ladrones. La figura del intelectual se convierte entonces en su exacto opuesto, no alguien que nos ayuda a pensar, sino quien destruye el mínimo sentido común a partir del cual puede surgir un pensamiento original, o al menos auténtico. Forster explicando que la bala en la cabeza del fiscal Nisman, el cataclismo institucional que esa muerte brutal representa, no es más que el afán de fuerzas desconocidas por arruinarle el día de playa a los despreocupados veraneantes argentinos. Es un sofisma tóxico. No piensan para descubrir la verdad sino para el acomodo personal, ya sea a una época, a un paradigma conveniente o a un Gobierno. No les importa si algo es verdadero o falso. Cualquier ciudadano sin ninguna relación con la intelectualidad o la academia está mejor preparado para interpretar la realidad que el secretario del Pensamiento Nacional. Los intelectuales sumisos al Gobierno han convertido su ideología y sus lecturas en una camisa de fuerza, no en una invitación al pensamiento. Una muerte inesperada, un sismo político los deja perplejos; pero en lugar de reconocer su ignorancia inventan respuestas frívolas. No están preparados para los verdaderos problemas: aquellos que no figuran en los manuales. Pueden hablar de la dictadura del 76, porque ya la habíamos resuelto como problema teórico en los 80; pueden hablar del Imperialismo, porque es parte del vademécum de los 60 y los 70. Pero cuando se presenta un cisma insólito: la Republica Islámica de Irán –la valedora de sus aliados Chávez-Maduro, Morales y Correa, la representante mundial del antinorteamericanismo– está acusada de ponernos una bomba, y la presidente y su canciller denunciados por intentar garantizar impunidad a los asesinos, no tienen letra. Dicen cualquier cosa.

El periodista Damián Patcher se consideraba amenazado, con toda razón: fue el primero en hacer pública la muerte de Nisman, desafió los tiempos del Gobierno. Sabiendo que no existen garantías, huyó del país. El Gobierno subió la apuesta: tuiteó el pasaje de Patcher, con cada detalle. Aníbal Fernández, secretario general de la Presidencia, explicó: "Había un miedo, una preocupación pública y se resolvió cuando se publicaron los datos". Pero ya había hecho lo mismo en ocasión del viaje de Isidoro Graiver a Londres en 2010, luego de que éste declarara en contra de los deseos del kirchnerismo respecto a Papel Prensa. Fernández ventiló día, hora y punto de partida de Graiver, como hicieron luego con Patcher. Es la amenaza de que conocen hasta el último de los movimientos de quienes piensan distinto.

Capitanich salió raudo a declarar que la vida de los periodistas estaba asegurada; pero… si dejan morir de un tiro en la sien al fiscal del caso AMIA, un día antes de su declaración ante el Congreso, ¿los periodistas pueden estar más tranquilos que Nisman? Si hubo alguien que nadie creyó que iba a morir de un tiro en la sien antes del lunes 19 de enero de 2015, incluso en esta Argentina insegura, era Nisman. ¿Cómo no iban a protegerlo, a vigilarlo, al menos con los métodos mafiosos como el de saber cuántas horas dejó a su hija en un aeropuerto? Pero lo saben todo, excepto qué pasó con Nisman las horas antes y posteriores a su muerte. Lo único que deberían saber. A falta de certezas, ya lo definió muy bien Forster: aquí hay verano. Es el pensamiento nacional y popular. El que no salta es un Nisman.

La Audiencia Nacional admite el recurso contra el Decreto 591/2014 de desarrollo de la LOMCE interpuesto por las Entidades pro bilingüismo y a favor de la libertad de elección de lengua
Impulso Ciudadano  3 Febrero 2015

La Sección 6ª de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional, ha admitido a trámite el recurso interpuesto por las entidades ASAMBLEA POR LA ESCUELA BILINGÜE DE CATALUÑA, ASOCIACIÓN POR LA TOLERANCIA, GALICIA BILINGÜE e IMPULSO CIUDADANO, contra el Decreto 591/2014 del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte que desarrolla la Disposición Adicional 38 de la Ley Orgánica de Educación y lo ha remitido al Tribunal Supremo.

La LOMCE regula el régimen de cooficialidad lingüística en el sistema educativo y prevé que las Comunidades Autónomas puedan implantar sistemas de elección de lengua o de conjunción de ambas lenguas oficiales en la enseñanza. Para el caso de que la administración educativa de una comunidad autónoma no garantice el derecho a ser escolarizado en castellano y recibir, al menos, parcialmente la educación en este idioma, ha introducido un mecanismo compensatorio para las familias que decidieran acudir a centros privados.

El Decreto 591/2014 regula los procedimientos administrativos relativos al reconocimiento de la compensación de los costes de escolarización previstos en el apartado 4 de la citada Disposición Adicional 38 de la LOE. Ahora bien, lo hace de una manera alambicada que en la práctica conlleva que el derecho a la escolarización en castellano no se garantice. Por ello, las entidades arriba mencionadas han interpuesto un recurso contencioso-administrativo que será conocido por el Tribunal Supremo al entender que el procedimiento aprobado convierte en imposible el derecho que pretende garantizar.

La demanda subsiguiente al recurso contencioso-administrativo se fundamentará en que:

- El Decreto aprobado conlleva la vulneración de diversos preceptos constitucionales y de la propia LOMCE. La citada norma es contraria al principio de igualdad reconocido en el artículo 14 de la Constitución española ya que los alumnos pertenecientes a comunidades lingüísticas diferentes del castellano en los territorios con cooficialidad lingüística tienen garantizado su derecho a la educación básica en su lengua en un centro público y de forma gratuita, un derecho fundamental recogido en el artículo 27.4 de la Constitución española, y el ejercicio de este derecho no se garantiza a los alumnos castellanohablantes.

- El Decreto hace que el derecho que se pretende garantizar quede condicionado a requisitos y limitaciones excesivas que dificultan su ejercicio más allá de lo razonable y que lo despojan de la necesaria protección. En este sentido, se ha de tener en cuenta que:

1.- Ante la carencia de centros educativos sostenidos con fondos públicos que escolaricen también en castellano, algo muy frecuente en algunas Comunidades Autónomas, los padres tendrán que matricular previamente a sus hijos en centros privados. En algunas Comunidades autónomas no existen tampoco centros privados con oferta educativa en castellano. Además del problema de la inexistencia, está también el de su ubicación puesto que los centros no siempre están a una distancia razonable del domicilio del alumno. Por si fuera poco, las Administraciones educativas tampoco facilitan un listado de centros privados homologados a esos efectos, con la correspondiente inseguridad jurídica que ello conlleva.

2.- Se exige a los padres que anticipen los gastos de matriculación y escolarización. Para que ese dinero les sea reembolsado, han de iniciar un tortuoso procedimiento administrativo para que se les reconozca el derecho a la compensación, seguido de otro para justificar y obtener la liquidación de los gastos anticipados

3.- Se limita el importe de los gastos de escolarización a lo que cuesta una plaza en un centro público por alumno, cuando en el privado, el precio suele ser superior.

A la vista de todos los inconvenientes procedimentales y económicos que tienen que soportar las familias para obtener el derecho que tienen reconocido a escolarizar a sus hijos también en lengua castellana en las comunidades autónomas con cooficialidad lingüística, a nadie puede extrañar que sólo unos pocos padres hayan acudido a esta vía compensatoria. De lo expuesto, se deduce que concluir que no hay demanda de escolarización en castellano en algunas comunidades autónomas, como están haciendo los sectores contrarios a este tipo de enseñanza, sólo se sostiene desde la intransigencia ideológica, la tergiversación y la mala fe.

La situación es insólita. La ley prevé el incumplimiento por parte de los Poderes Públicos de un deber constitucional, y no de uno cualquiera, sino de un deber prestacional como la enseñanza y el Gobierno de España establece un mecanismo compensatorio que hace, a su vez, inviable el derecho reconocido en la Constitución.

Impulso Ciudadano, Asociación por la Tolerancia, Galicia Bilingüe y Asamblea por una Escuela Bilingüe de Cataluña, defienden una escuela sostenida con fondos públicos y gratuita que garantice el derecho a la enseñanza en lengua castellana y en las lenguas cooficiales de las Comunidades autónomas, y confían que el marco normativo y el compromiso de las administraciones no haga necesario acudir a los tribunales para lograr que, al menos, el procedimiento que garantiza el derecho a recibir, aunque sea parcialmente, la educación en castellano, sea regulado con garantías, aplicado sin subterfugios y trampas, de manera ajustada a la ley, y evitando las discriminaciones.

En Barcelona, Santiago y Madrid a 3 de febrero de 2015

Sin castellano en el transporte
JOSÉ GINÉZ ABC 3 Febrero 2015

Soy usuario habitual del transporte público de Barcelona y de su área metropolitana. Y me sorprende su política lingüística. Me explico: la mayoría de sus usuarios somos castellanohablantes y, sin embargo, nuestra lengua es tratada como si no existiera. Por ejemplo, he intentado conseguir en castellano la información y los folletos sobre los títulos de transporte para 2015, sus características, descuentos y los requisitos para familias numerosas. Misión imposible, porque toda la información está única y exclusivamente en catalán. ¿Tiene algún sentido que el transporte público desprecie la lengua que hablamos el 80 por ciento de sus usuarios habituales, además de muchos de los viajeros y turistas que visitan Barcelona? ¿Tanto cuesta respetar la pluralidad lingüística y utilizar de forma equitativa las dos lenguas oficiales?

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Pacto antiterrorista

Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es 3 Febrero 2015

Pues los etarras han ido más allá, y han conseguido que el resto de su condena no la cumplan ni ellos ni sus abogados. Sólo las víctimas.

Uno de los chistes más macabros del terrorismo todavía nos lo están contando. Es la diferencia entre las penas a las que fueron condenados los criminales -que se medían por siglos- y los años que de verdad han cumplido en prisión. En la década de los ochenta, después de cada atentado -o sea, casi todos los días- aparecía un político socialista y les llamaba hienas y cosas parecidas a los etarras, asegurando que se pudrirían en la cárcel. Ahora los mismos llaman vengativos e inhumanos a los que critican la amnistía diferida, a plazos, que empezóa aplicar Zapatero y que el gobierno de Rajoy asumiócon entusiasmo al principio de la legislatura. Ese fue el penúltimo pacto en materia antiterrorista que ha suscrito el bipartidismo: ponerlos en la calle poco a poco.

A cada cual le han concedido la libertad por la milonga de turno -que su madre estáenferma, que él tiene tos, que si la vía Nanclares o el indulto de Jesús el Cautivo. Algunos no han tenido ni que teñirse las canas antes de regresar a su pueblo, en el que probablemente gobierna otra de esas hienas de las que hablaban los socialistas. De pudrirse nada. De hecho están en edad de engendrar más cachorros de hiena, y quizáles coloquen como inspectores de basuras en ese orweliano sistema que han creado sus camaradas, tan norcoreano.

Hubo un oficial de artillería, allápor el golpista siglo XIX, que fue condenado por un consejo de guerra a dos penas de muerte. Le permitióel tribunal unas últimas palabras, y el artillero preguntóa los jueces si sería posible, ya que a él le bastaba con una, que la pena de muerte restante se la aplicasen a su abogado defensor. Pues los etarras han ido más allá, y han conseguido que el resto de su condena no la cumplan ni ellos ni sus abogados. Sólo las víctimas.

Con este historial de lucha antiterrorista, me temo que el yihadismo no se verámuy amedrentado con el pacto que han firmado Rajoy y el efímero Sánchez.

En castellano, por favor
Antonio Robles Cronica Global 3 Febrero 2015

En Cataluña, los medios de comunicación públicos están al entero servicio de los nacionalistas. Lo que es un servicio público se ha convertido en un prostíbulo privado para recrear todas sus fantasías secesionistas. ¿Se imaginan metro y autobuses al servicio sólo y únicamente de los nacionalistas? ¿Y qué creen que pasa con TV3? Exactamente eso.

A menudo nos quejamos del abuso. Ni siquiera acertamos a calibrar sus dimensiones. Es una tragedia. No sólo que unos catalanes disfruten en exclusiva de lo que nos pertenece a todos. Es una tragedia porque la mayoría de la población contempla el saqueo como una fatalidad, como si hubiera alguna razón inevitable que les diera derecho al abuso. Y quienes lo llevan a cabo se ven a sí mismos con derecho moral a disfrutarlo. Una perversión, extraña patología del espíritu. Se presentan como víctimas quienes actúan como verdugos.

Me es difícil imaginar hoy en Cataluña a la joven costurera de Alabama, Rosa Parks, violentada por el comisario lingüístico de turno por haberse atrevido a sentarse en los asientos del autobús reservados en exclusiva para los catalanohablantes. Y sin embargo hoy en TV3, en Catalunya Ràdio y en cada uno de los tentáculos públicos y privados subvencionados de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), pasa todos los días. Mejor dicho, no pasa, porque las disposiciones normativas escritas y no escritas impiden que cualquier ciudadano que tenga a bien expresarse en castellano quede excluido de cualquier asiento en cualquiera de esos medios. Ni siquiera como invitado esporádico a una tertulia.

No es una temeridad. Hoy sostener el tipo en castellano en cualquiera de esos medios es una necesidad moral, un acto de dignidad, un espejo dónde defender la libertad de todos cuantos son despreciados a diario por hacerlo. Pura pedagogía, un acto de necesidad y una lección de tolerancia. Quien crea, o suponga; o peor, quien se haya tragado que esa actitud sería un ultraje a la lengua catalana habría de reflexionar qué le ha llevado a considerar que el derecho constitucional a utilizar su lengua es un agravio para otros.

Ha pasado el tiempo en el que aceptamos reclinar nuestros derechos castellanohablantes para normalizar los de la lengua catalana. Sobró buena fe y faltó un pacto de reciprocidad. Lo que se vendió como normalización se convirtió con el paso del tiempo en pura exclusión de la lengua castellana, es decir, en la exclusión de los derechos lingüísticos de la mitad de los ciudadanos de Cataluña. Hoy podemos asegurar sin duda alguna que el nacional-catalanismo pretende convertir la lengua catalana en la única institucional y excluir la lengua común de todos los españoles en cuantos espacios sociales sea posible.

En este escenario hablar en castellano en TV3 no es imprescindible, pero sí necesario. Se ha dicho con acierto que lo importante no es la lengua en que te expresas sino lo que dices. Intachable la máxima. Por eso la extrañeza de hacerlo hoy en lengua española es un acto de rebeldía; con ella expresas ideas, actitudes, contenidos en suma, como en cualquier otra, pero al expresarlos en castellano en un contexto de exclusión, la lengua se convierte a su vez en contenido. El medio aquí y ahora es también mensaje, algo que no tendría sentido en una atmósfera de respeto y tolerancia lingüísticos, pero no es el caso hoy en Cataluña.

Por ello, hoy, los representantes políticos que llevan en sus programas la defensa de los derechos lingüísticos de todos, han de ser consecuentes. Amoldarse a las atmósferas lingüísticas de los nacionalistas, sean institucionales o mediáticas es un error. Los ciudadanos necesitamos vernos representados, y hoy, quienes consideramos que el nacionalismo está practicando el apartheid lingüístico en Cataluña necesitamos que nuestros representantes lo denuncien con argumentos y lo cuestiones con la lengua de Cervantes en aquellos escenarios que implícita o explícitamente está excluida. Como Rosa Parks, que un buen día decidió sentarse en los asientos reservados a los blancos. Su humilde acción acabó arrastrando a toda una nación a acabar definitivamente con la discriminación racial. Porque, no lo olviden, cada vez que en Cataluña un niño no puede estudiar en la lengua deseada es tratado como un ciudadano de segunda, como un negro en la Norteamérica de Rosa Parks; cuando un medio público criba a sus profesionales por la mayor o menor cercanía a la Cataluña secesionista y por la lengua que hablan, están actuando con una superioridad cultural muy cercana al racismo cultural. Podrán escandalizarse, acusarnos de enemigos del catalán, de Cataluña y de la muerte de Manolete, pero nunca podrán ocultar que hoy en Cataluña unos catalanes dominan los medios a lomos de la lengua propia y otros los sufren por nacer con el pecado original de la impropia. Ni una ni otra existen, pero es el relato con que los nuevos falangistas vestidos de amarillo y lengua catalana, justifican el abuso en los medios de todos.

Hubo un tiempo donde nos atrevimos a solicitar educadamente, “En castellano también, por favor”. En los dos idiomas. Cosa obvia. Hoy, sin embargo el título de este artículo subraya el cambio de actitud, “En castellano, por favor”. Es el reflejo del espejo de aquel otro eslogan que tan importante fue para exigir la dignidad del catalán en pleno franquismo: “En català, si us plau”. Si la reivindicación de un derecho lingüístico es legítima para unos, no se entiende por qué no ha de serlo para otros. Ha pasado el tiempo de flagelarse por tener la inmensa suerte de compartir una lengua con 500 millones de personas repartidas por los cinco continentes. Ha pasado el tiempo de cargar con la responsabilidad de los reveses legales sufridos por la lengua catalana. Como si alguno de nosotros hubiera tenido culpa alguna de las políticas excluyentes de la dictadura. Ha pasado el tiempo de tragarse el cuento de la desaparición del catalán. No es de recibo que unos catalanes utilicen la supuesta debilidad de una lengua para excluir de derechos a catalanes de otra. No puede ser que la defensa de la lengua por parte de unos sea legítima, y la de los otros, una agresión. El cuento es demasiado descarado. Quien quiera imponer una lengua en exclusiva que cargue con el estigma fascista que conlleva y deje de ampararse en banderas, naciones o ecologías lingüísticas. La broma empieza a ser insoportable para mentes libres y dignas.

Lo que aquí sostengo, lo dijo cien mil veces mejor Joan Manuel Serrat con un acto de valentía en 1968. En pleno franquismo. Elegido para representar a España en el festival de Eurovisión, se negó a hacerlo si no lo hacía en catalán. Para Massiel, que finalmente le sustituyó, fue el triunfo, para Joan Manuel la gloria de haber dejado al régimen con el culo al aire. La dignidad no se compra, y en aquel momento, los derechos de los catalanohablantes merecían un acto decidido como aquel.


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