AGLI Recortes de Prensa    Viernes 13  Febrero 2015

Desmontando a Alberto Garzón
Grecia sí le debe a España más de 26.000 millones
Libertad Digital  13 Febrero 2015

Grecia nunca debió ser rescatada, pero lo fue. Nuestros gobiernos, tanto PSOE como PP, fueron lo suficientemente irresponsables como para prestarle a menos llenas a una Administración irresponsable. Ahora, con la victoria electoral de Syriza y su consiguiente amenaza de impago, nuestras perspectivas de recuperar lo prestado se vuelven cada vez más negras, así que quizá convenga hacer inventario de nuestra exposición a Grecia. ¿Cuánto dinero le adeuda el Estado griego al Estado español?

Primero, nuestra contribución directa al primer rescate a Grecia en 2010 ascendió a 6.650 millones de euros a través de préstamos bilaterales. Sin embargo, el FMI le prestó a Grecia dentro del marco de este primer rescate 20.100 millones de euros: dado que España participa en el capital del FMI con un 1,7%, las pérdidas indirectas totalizan unos 350 millones de euros. En total, la exposición de España al primer rescate es, pues, de 7.000 millones.

Segundo, entre 2010 y 2012, el Banco Central Europeo estuvo comprando deuda griega a través de su programa Securities Market Purchase (SMP). A finales de 2013, sus posiciones en deuda griega ascendían a 25.400 millones de euros. Actualmente se estima que puede seguir teniendo unos 20.000 millones de euros: dado que España participa en el capital del BCE en un 12,5%, nuestra exposición por esta vía asciende a 2.500 millones de euros.

Tercero, nuestra exposición al segundo plan de rescate a Grecia, en 2012, se produce a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF), el cual le ha prestado a Grecia 144.600 millones de euros, y del FMI, con 19.100 millones de euros. Nuestra participación en el EFSF es del 11,8%, pero como Portugal, Irlanda y la propia Grecia fueron excluidos de rescatar a Grecia, esta participación se eleva al 12,7%: es decir, 18.450 millones de euros. Por otro lado, nuestra cuota en el capital del FMI es del 1,7%, lo que nos expone a unas pérdidas de 325 millones de euros. En total, pues, nuestra participación en el segundo rescate a Grecia asciende a 18.775 millones de euros.

Si sumamos todos estos importes, llegamos a una exposición total de España a Grecia de más de 28.000 millones de euros: es decir, unos 1.500 euros por hogar español. Estoy dejando fuera de estas cifras, además, lo que nos adeuda al Banco Central de Grecia a través del sistema de compensaciones interbancarias Target2 y que se estima en más de 5.000 millones. Únicamente estoy contabilizando la exposición directa de España a la deuda pública griega.

Nótese que no todo el crédito que ha otorgado España a Grecia se ha producido por préstamos bilaterales directos. La mayor parte de nuestra financiación se ha otorgado por una vía indirecta: o bien España es accionista de la entidad que ha prestado el dinero (FMI o BCE), o bien España avala las emisiones de deuda de aquella entidad que le presta a Grecia (EFSF).

La diferencia, sin embargo, es poco relevante. En los préstamos bilaterales, España emite deuda en los mercados financieros y el capital cosechado mediante esas emisiones de deuda es re-prestado a Grecia: si Grecia no nos lo devuelve, nosotros sí deberemos hacer frente a la deuda que hemos emitido en los mercados para concederle el crédito (a menos que queramos hacer default como Grecia).

En los créditos otorgados a Grecia por el EFSF, fue el EFSF el que emitió deuda en los mercados para financiar sus préstamos a Grecia, y España avaló esa deuda emitida por el EFSF (ya que el EFSF carece de recursos propios: sin avales, jamás podría haber emitido un solo euro): por tanto, si Grecia impaga sus créditos con el EFSF, seremos nosotros quienes tendremos que amortizar la deuda emitida por el EFSF en los mercados… al igual que lo haríamos si hubiésemos emitido directamente la deuda para prestarle a Grecia.

Dicho de otra manera: ¿qué diferencia hay entre que yo pida prestado a un banco para darle un crédito a Tsipras y que mi empresa sin recursos propios le pida prestado a un banco con mi aval personal para darle un crédito a Tsipras? Ninguna: en ambos casos, si Tsipras no paga me tocará pagar a mí.

Por eso, resulta incomprensible la argumentación que ha empleado el diputado de IU, y futuro candidato a presidente del Gobierno, Alberto Garzón, para negar que España le haya prestado a Grecia 26.000 millones de euros. Según Garzón, Grecia no le debe todo ese dinero a España, sino a inversores privados que compraron la deuda del EFSF.

A juicio del diputado de IU, hay una diferencia abismal entre que emitamos deuda en los mercados para prestarle a Grecia y que la emita el EFSF con nuestro aval para prestarle a Grecia. Pero si la hay, me gustaría saber cuál es: en ambos casos, si Grecia no nos paga, quien tendrá que devolver ese dinero (1.500 euros por hogar) serán los españoles. Ante tal escenario, no hay ninguna diferencia al respecto.

Probablemente, Garzón esté confundido (o intente confundir a sus lectores) equiparando "préstamo a Grecia" con "dinero público previamente recaudado en impuestos a los españoles que fue prestado a Grecia". Pero si hace esa equiparación, tampoco podrá sostener que España le prestara a Grecia 6.650 millones de euros en el primer rescate: ese préstamo bilateral se financió emitiendo deuda en los mercados (dado que en 2010 tuvimos un gigantesco déficit del 9% del PIB). El error es elemental: el Estado español puede financiar sus préstamos al Estado griego o bien recaudando impuestos o bien emitiendo deuda. Y, hasta la fecha, lo ha financiado sólo emitiendo deuda (ya sea para sufragar los préstamos bilaterales o para canalizar el crédito a través del EFSF).

Así pues, no se dejen confundir: el Estado griego le debe al Estado español unos 28.000 millones de euros (más de lo que costó ese otro rescate que jamás debería haberse producido: la recapitalización de Bankia). Si Grecia no paga su deuda, cada familia española experimentará un empobrecimiento adicional de 1.500 euros como media. Eso, claro, siempre que optemos por seguir pagando la deuda pública: si hacemos default, entonces no pagaremos nada por el agujero griego. Mas, en tal escenario, ése sería con diferencia el menor de nuestros problemas.

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

El derroche electoral (I)
Enrique Domínguez Martínez Campos www.gaceta.es
  13 Febrero 2015

Este año va a ser extraordinario debido a la orgía de procesos electorales que vamos a tener que padecer los sufridos contribuyentes para mayor gloria de quienes dicen ser los únicos y genuinos representantes del pueblo español al que, pomposa y cínicamente, dicen estar deseando servir.

Va a ser extraordinario, tanto para los que resulten elegidos como para sus fans y forofos seguidores, así como para todos aquellos comentaristas, gurús y periodistas que sigan de cerca tales procesos: haciendo pronósticos, emitiendo juicios o haciendo causa común con los más cercanos, ideológicamente, a sus propios criterios o a sus intereses económicos.

Pero la realidad es que, quienes van a pagar toda esta fiesta permanente que vamos a tener desde ahora mismo hasta fin de año, vamos a ser nosotros, todos los españoles a los que se nos exprime a impuestos, tasas y multas para que la fiesta no decaiga y para que los elegidos por el sabio pueblo español –que suele tropezar una y otra vez en la misma piedra- vivan con desahogo e, incluso, se rían de ese pueblo en numerosísimas ocasiones a través de la pestilente e insoportable corrupción para hacerse muchos de ellos multimillonarios.

Esta revuelta y cada vez más inestable situación política en que vivimos y en que podemos vivir me recuerda mucho a otros tiempos pasados en que, desde luego, se diferencian de éstos en dos aspectos fundamentales: en el nivel económico de España y en la estructura social de nuestro pueblo. Sin embargo, si comparamos la situación política actual con la de las dos primeras décadas del pasado siglo XX, la identificación de esa situación es prácticamente la misma.

Es decir, si reconocemos que de un país eminentemente agrícola y atrasado socialmente, como ocurría entonces, hemos pasado a un país desarrollado económicamente y compuesto por un núcleo de clases medias que son las que le han dado estabilidad política en los últimos 50 años, debemos reconocer también que la inestabilidad política que vivió en algo más de aquellas dos primeras décadas ha vuelto a surgir en los últimos 10 años de forma exponencial, aunque el origen de esa inestabilidad actual haya que buscarla en la peculiarísima democracia en que vivimos.

En aquellos años el poder se lo repartían los dos grandes partidos mayoritarios, conservadores y liberales, cuyo prestigio se perdió tras el Desastre del 98, a través de sus enfrentamientos permanentes y en las luchas intestinas y la corrupción que comenzó a minar sus estructuras. En los tiempos actuales, con poquísimas variaciones, los dos grandes partidos, PP y PSOE, han ido dilapidando la confianza en ellos depositada por los españoles debido a sus monumentales errores políticos y, desde luego, a una corrupción que no han querido o no han podido cortar de raíz, limitándose a echarse en cara el estúpido y cansino “y tú más” con el que el pueblo español ya está más que harto.

En aquellos años la situación política se enrareció debido a una larga y cruel guerra en Marruecos, en la que murieron miles de jóvenes españoles debido a la ineptitud con que fue tratada por los dos grandes partidos que dominaban el poder y que no lograron terminar con ella victoriosamente, tal y como demandaba el pueblo español. En los tiempos actuales, la larguísima lucha contra el terrorismo catalán, vasco y últimamente yihadista, también ha enrarecido la situación política hasta el punto de que es dificilísimo saber quién ha ganado la lucha, por ejemplo, contra ETA, cuando los proetarras gobiernan en un tercio de las provincias vascas y en buena parte de Navarra. Ni se sabe aún quiénes promovieron y desde qué despachos la masacre del 11-M de 2004 en Madrid.

En aquellos años, la actuación política de los dos grandes partidos se veía mediatizada por las fuerzas obreras representadas por los anarquistas y por los marxistas del PSOE (en 1921 nacía el PCE escindiéndose del PSOE), fuerzas revolucionarias y antisistema que lo que buscaron continuamente era no sólo la desaparición de la Monarquía, la Iglesia, el Ejército, el capitalismo y la propiedad privada, sino la implantación en España del comunismo libertario o de la dictadura del proletariado. Recordemos que el primer golpe de Estado del PSOE se produjo en 1917. En los tiempos actuales los dos grandes partidos, PP y PSOE, han promovido, en virtud de sus propios intereses partidistas, el enorme poder otorgado a las fuerzas nacionalseparatistas catalanas y vascas que han dominado en gran medida la política española a través de sus continuas victorias separatistas conseguidas a base de las concesiones y prebendas otorgadas o admitidas por el PP y el PSOE. Además, de la brutal crisis económica surgida en 2007 fuerzas revolucionarias antisistema han aparecido para hacerse con el poder a través de la clásica “agit-prop” comunista, facilitada por determinados medios de comunicación.

En aquellos años, a pesar de que los grandes terratenientes y empresas españolas, en especial en Cataluña, obtuvieron grandes beneficios económicos con las ventas masivas de productos durante la Primera Guerra Mundial, esos grandes beneficios no se invirtieron en ampliar haciendas y negocios sino que dieron paso a la especulación de las “subsistencias” en perjuicio de los más débiles y necesitados. En los tiempo actuales, para resolver la brutal crisis económica se ha optado, en general, por la descomunal subida de impuestos que soportan las clases medias, padeciendo éstas y las clases más humildes los peores efectos de esa crisis sin que el elefantiásico Estado en que vivimos haya sido reestructurado para disminuir el gasto público.

Estas similitudes, para mí, son evidencias que demuestran que, cuando un pueblo no conoce su propia Historia, ésta, por desgracia, tiende a repetirse. Y esto, en mi opinión, es lo que está sucediendo actualmente en España. De 1898 a 1923 se vivió una época de gran agitación política en nuestro país como consecuencia de la degradación de los dos grandes partidos, el liberal y el conservador. Desde hace tres década PP (antes Alianza Popular) y PSOE han degradado también la política española. Pues aquí están los resultados: inestabilidad e incertidumbre totales sobre el futuro político de nuestro país. No lo digo yo, sino las distintas encuestas que nos ofrecen el CIS y los medios de comunicación.

¿Qué pueden hacer los españoles frente a esta situación? En futuros artículos intentaré desgranar posibles soluciones que están en nuestras manos. Lo que sucede es que yo no creo en ese famoso sabio pueblo español, muy poco trabajado culturalmente e imprevisible en sus elecciones políticas.

Pero, para empezar, lo que sí debemos tener todos en cuenta es que, esta orgía democrática que vamos a vivir en 2015, quienes la vamos pagar somos todos nosotros. ¿Cuántos problemas podrían resolverse con estos gastos electorales de la partitocracia española?

Partidos nada ejemplares
EDITORIAL Libertad Digital
  13 Febrero 2015

A sólo tres meses de las elecciones autonómicas más relevantes de las últimas décadas, en la comunidad autónoma más importante y simbólica de España, Madrid, sólo UPyD tiene candidato para presidir la Administración responsable de cuestiones tan importantes como la sanidad o la educación de los madrileños.

Las razones son variadas: de la parálisis en el dedo de Rajoy a la espectacular defenestración de Tomás Gómez como líder de los socialistas madrileños o la no menos aparatosa salida de Tania Sánchez de IU, después eso sí de volar desde dentro la coalición comunista. Incluso partiendo desde puntos de salida tan diferentes, el punto de llegada es el mismo: los partidos políticos, y esto por desgracia vale tanto para los tradicionales como para muchos de los nuevos –sin candidatos están todavía también Ciudadanos o Vox, y de Podemos ni siquiera sabemos si va a ser Podemos, Ganemos o Defraudemos–, en lugar de facilitar la participación de los ciudadanos en la vida política la dificultan.

La democracia va mucho más allá de la acción, por otra parte esencial, de emitir el voto; la democracia pasa también por escrutar a los candidatos, someterlos al juicio del público, conocerlos mucho más de lo que dos meses de campaña permiten, evaluar sus propuestas y sus programas... Y, por supuesto, una democracia que merezca tal nombre debe permitir a los ciudadanos no sólo votar el día de las elecciones, sino participar de la elección de los candidatos y decidir, por tanto, qué orientación y que prioridades van a defender los partidos en sus programas electorales.

En este sentido, a estas alturas del s. XXI no es razonable ni, por supuesto, democrático que la elección de todos los candidatos de un partido dependa del capricho de su máximo líder: el dedazo –sea el de Rajoy o el de Pedro Sánchez– no es una costumbre que la sociedad actual admita, y tiene razón en no hacerlo.

Por otro lado, estas elecciones nos están enseñando que tampoco la celebración de primarias es una garantía suficiente: si el partido no tiene verdadera voluntad de convertirse en una herramienta democrática, el resultado final puede ser el que ha tenido el PSM, después de mucho presumir de sus procesos democráticos las votaciones no llegan a celebrarse porque el control del aparato es tan férreo que no hay oportunidad alguna desde fuera de la cúpula.

O puede ocurrir también que los líderes que salen de esos ejercicios de democracia se comporten después de una forma completamente antidemocrática: ahí están los casos de Pedro Sánchez y Tania Sánchez, que ha pretendido usar la legitimación de las urnas internas para algo muy diferente de lo que se le había encomendado.

Tampoco vale la vía asamblearia, presuntamente democrática pero que en realidad es una herramienta más –y muy eficaz, por cierto– para el control absoluto desde la cúpula, como bien saben Pablo Iglesias y los que junto a él manejan Podemos con mano de hierro.

La democracia española tiene muchos problemas, sin duda, pero uno de los mayores es que aquellos que deberían cuidarla y hacerla florecer… demuestran cada día con sus actos que no creen en ella. Y si no es para canalizar la participación democrática, que se supone es su función esencial, ¿para qué sirven?

Grecia sí es sistémica para el euro
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com
  13 Febrero 2015

El sistema bancario europeo está hoy plenamente inmunizado frente a un posible impago de la deuda pública griega: desde 2010, los bancos europeos han ido liquidando con pérdidas parte de sus tenencias de deuda pública a largo plazo, los vencimientos de su deuda pública a corto plazo han sido amortizados por la refinanciación que le proporcionaron a Grecia el FMI y los gobiernos europeos y, por último, en 2012 Grecia declaró un default del 75% sobre su deuda en manos inversores privados, lo que terminó de laminar casi por entero su cartera de bonos griegos. Actualmente, menos del 15% de la deuda pública helena se halla en manos del sistema financiero extranjero.

No existe, por tanto, ningún riesgo sistémico por una eventual bancarrota griega. Quienes más sufrirían la quita serían, de hecho, los gobiernos europeos por sus préstamos directos otorgados bajo el paraguas del primer plan de rescate y por su exposición al protagonista del segundo rescate: el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF).

Ahora bien, lo anterior no significa que no existan otros y más graves riesgos sistémicos derivados de una posible quiebra unilateral de Grecia. A la postre, si Syriza repudiara la deuda griega sin un acuerdo con sus acreedores, su sistema bancario rápidamente perdería cualquier acceso a la financiación del Eurosistema, por lo que también se vería abocado a la suspensión de pagos. En medio de ese corralito generalizado, el escenario más probable es que Syriza optara por salir del euro regresando a la dracma. Y salir del euro sí tendría consecuencias sistemáticas sobre la Eurozona.

La moneda fiat es una moneda política
Todo papel moneda inconvertible es una moneda política: la moneda fiat es el pasivo de un Estado y como tal es evaluado por el mercado. El dólar es la divisa del entramado estatal estadounidense, la libra es la divisa del entramado estatal británico y el yen es la divisa del entramado estatal japonés. Todos los gobiernos de estos países son propietarios de sus bancos centrales y reconocen la moneda que éstos imprimen como un ticket eficaz para saldar las deudas tributarias que esos gobiernos les imponen a sus ciudadanos. No se produce ninguna inquietud, por tanto, acerca de la desintegración del dólar, de la libra o del yen: en ausencia de un repudio deliberado de la moneda por parte de sus gobiernos, el dólar, la libra o el yen sólo desaparecerán si caen los respectivos Estados que los emiten y reconocen como propios.

El caso de la Eurozona, sin embargo, es distinto a los anteriores: ni existe un entramado estatal de la Eurozona —si bien, por desgracia, se halla “en fase de construcción”— ni el Banco Central Europeo es propiedad de un inexistente gobierno de la Eurozona: el euro es más bien la divisa de una cooperativa de entramados estatales variopintos. Y tratándose de una cooperativa dedicada a emitir pasivos monetarios que cualquier gobierno miembro de la Eurozona reconoce como propios (son aceptados para saldar las obligaciones tributarias), devendrá necesario coordinar las condiciones de emisión de ese pasivo para que ningún gobierno nacional se financie emitiendo moneda a costa de los demás (incluyendo la emisión indirecta: es decir, presionando a los bancos privados de su país a que compren deuda pública y utilizando esta como vía de financiación bancaria ante el BCE). De ahí, por ejemplo, las relativamente estrictas restricciones contra la monetización de deuda pública por parte del BCE y de ahí, sobre todo, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que limita el riesgo moral de cada gobierno a la hora de sobreendeudarse ante la expectativa de que sus pares lo rescatarán monetizando su deuda en el banco central.

Pero precisamente por la necesidad de coordinar la creación de una moneda política entre cooperativistas politizados con intereses divergentes, el euro sí puede desaparecer si las cautelas anteriores son desdeñadas por algún Ejecutivo díscolo. Es decir, un país puede abandonar la cooperativa política de la Eurozona si desea recuperar la “soberanía monetaria” (a saber, la capacidad para crear papel moneda inconvertible como herramienta de financiación del Estado). Ese es el brete en el que se encuentra ahora mismo Grecia: el resto de sus socios comunitarios —con razón— no quieren prestarle más sin condiciones y la hiperendeudada Grecia aspira a que se le preste, bien directamente (préstamos intergubernamentales) o indirectamente (monetización de deuda pública griega en el BCE). Y si la hiperendeudada Grecia no consigue que se le preste —ya sea porque ella cede a las condiciones de sus acreedores o porque éstos ceden a sus peticiones—, Grecia podría salir del euro.

El euro es irreversible
Como decíamos, nadie se preocupa de que el dólar o el yen desaparezcan: o al menos nadie se preocupa más de ello de lo que se preocupa por que desaparezca el Estado estadounidense o japonés. No así como el euro: un Estado miembro de la Eurozona sí puede abandonar el euro en caso de que el resto no quieran proporcionarle toda la financiación que el exige para mantenerse dentro.

Hasta la actual crisis no había temores fundados de que se pudiera llegar a esa situación extrema: el crédito barato de la banca privada llegaba fácilmente a cualquier lugar de la Eurozona ante la nula perspectiva de pérdidas futuras. Con la actual crisis, sin embargo, el escenario mutó: conforme las deudas privadas y públicas fueron impagándose, la norma dejó de ser la concesión imprudente y alocada de crédito y pasó a serlo su restricción. No todos los gobiernos, por tanto, podían obtener toda la financiación deseada, por lo que se abría la posibilidad de que alguno abandonara la Eurozona. Los inversores lo sabían y en consecuencia actuaron: hasta 2012, sacaron sus ahorros de aquellos países con mayores probabilidades de abandonar el euro debido a su débil posición financiera y a sus fuertes necesidades de financiación, lo que contribuía a estrangularles todavía más.

Fue entonces cuando Mario Draghi salió a la palestra para templar los ánimos de los inversores y evitar la destrucción endógena de la Eurozona: “haré todo lo necesario para salvar al euro”, dijo; léase, “proporcionaré la financiación que necesitan todos los gobiernos nacionales para evitar que salgan del euro”. La idea que pretendió —y consiguió— transmitir Draghi con tal declaración de intenciones es que el euro era irreversible a cualquier coste: despejados los temores de fragmentación monetaria, los flujos de capital volvieron a esparcirse por toda la Eurozona rebajando los costes de financiación en aquellas zonas que los habían visto incrementar por la fuga de capitales.

El euro no es irreversible
En este contexto, la salida del euro de Grecia tendría un efecto sistémico en tanto en cuanto quebraría el consenso post-draghiniano de que el euro es irreversible. Pondría de manifiesto que el presidente del BCE había ido en gran medida de farol y que, en determinados contextos, no estaba dispuesto a hacer todo lo necesario para salvar el euro. Y, a partir de ahí, la pregunta obvia pasaría a ser: si Grecia ha terminado saliendo del euro, ¿qué otros miembros de la Eurozona podrían terminar abandonándola? Por ejemplo: si Podemos ganara las elecciones en España y siguiera una política análoga a la de Syriza, ¿acaso no podría ser España la siguiente?

Mas si la victoria de una de las principales fuerzas políticas en algunos países de la Eurozona implica la ruptura de la moneda única europea, es obvio que sus expectativas de supervivencia caerán por los suelos. En estas condiciones, difícilmente un ahorrador alemán u holandés se planteará invertir a largo plazo en una economía periférica susceptible de abandonar el euro por motivos tan triviales como la victoria electoral del principal partido de la oposición. La magia de la irreversibilidad monetaria se esfumará para siempre, cargando los sobrecostes de semejante ruptura sobre los eslabones más débiles y menos creíbles de la Eurozona.

La quiebra de Grecia y su consiguiente salida del euro sí es, pues, un riego sistémico: el sistema de moneda fiat en la Eurozona, tal como lo conocemos, se vendría abajo, restableciéndose muchas de las tendencias de fragmentación de financiera que se produjeron dentro de la misma hasta que Draghi pronunció sus mágicas palabras a mediados de 2012.

Conclusión
El euro, como toda moneda fiat, es una moneda política. Pero, a diferencia de otras monedas fiat, no es la moneda de un único Estado soberano, sino de una cooperativa de ellos. Es esta circunstancia la que convierte al euro en un marco monetario potencialmente inestable: algunos Estados miembros tendrán la tentación de parasitar a sus socios monetario y éstos tratarán legítimamente de evitarlo. Mas, claro está, el último recurso para evitar el parasitismo es la ruptura del euro.

Acaso por ello, por las enormes repercusiones negativas a medio plazo sobre los distintos socios de la unidad monetaria, la sangre no termine llegando al río griego. Sin embargo, y más allá de cómo se resuelva la controversia particular planteada por Syriza, lo cierto es que a largo plazo la moneda única sólo podrá sobrevivir sin un Estado europeo único si todos los miembros de la Eurozona se comportan con la suficiente responsabilidad y lealtad fiscal como para no requerir de transferencias de renta permanentes del resto de sus socios: es decir, el euro sólo sobrevivirá si sus miembros renuncian a usar la política monetaria como subrogado de la política fiscal y si, por tanto, avanzamos hacia un escenario de endeudamiento público moderado y de déficits públicos equilibrados.

En ausencia de tales condiciones, las alternativas a la descomposición del euro serán justo las que hemos experimentado hasta la fecha: o parasitismo o servidumbre. O transferencia de rentas permanentes del Norte al Sur o centralización política creciente que someta al Sur ante el Norte. Tal vez sea hora de darnos cuenta de que la unidad monetaria es maravillosa, pero que una unidad estable no puede construirse sobre una moneda politizada y que, en consecuencia, necesitamos regresar a un dinero neutral, imparcial y apolítico como el oro.

Corrupción no, lo siguiente
J. L González Quirós www.vozpopuli.com
  13 Febrero 2015
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La democracia de 1978 no pasa por sus mejores momentos, y todo parece en riesgo. Los ciudadanos se mueven sin parar entre el miedo y la esperanza, sólo que los motivos del miedo, aunque puedan ser infundados, parecen claros, mientras que la esperanza se apoya en presunciones todavía muy borrosas.

Hay una especie de acuerdo en que, finalmente, la corrupción podría empezar a tener efectos electorales, y esa sospecha alimenta al mismo tiempo al miedo y a la esperanza, de forma que podríamos encontrarnos con que una misma motivación tuviese efectos muy contrapuestos. Creo que hay que pensar un poco más a fondo en las causas de esta repentina sospecha, en los motivos del desprestigio de la política, digamos, tradicional, de la puesta en cuestión de la moralidad y la eficacia del sistema de partidos que podría traer consigo diversas especies de desastre, la deslegitimación de la democracia misma.

La jibarización de la política
El que unos cientos, o millares, de políticos tengan la mano distraída va a ser difícil de evitar en cualquier circunstancia. No es eso lo que trae consigo el desprecio y el consiguiente desentendimiento de la política. La raíz del mal está un poco más honda. Lo que los españoles están empezando a comprobar con espanto es que las instituciones no parecen capaces de corregir la deriva hacia el interés partidista, y, finalmente, muy personal, de la mayoría de las iniciativas y actuaciones políticas. Los políticos huyen de los problemas de verdad, no se atreven a tocarlos porque temen quemarse, y se refugian en aquellas áreas de gestión que pueden reportarles beneficios electorales, alimentando así una espiral populista de programas y promesas absolutamente insensata. Como antesdeayer hacía notar Nicolás Redondo en un espléndido artículo, “Hace tiempo que el Partido Socialista necesitaba adaptar su política a una realidad que se ha trasformado radicalmente y, en vez de acometer esa imperiosa necesidad, se han conformado con elaborar una amplia panoplia de medidas, algunas sensatas, otras meras ocurrencias, que les han evitado la obligación de una ubicación ideológica comprensible para quienes quieren representar. Han querido ser el 15-M sin bajarse del coche oficial, republicanos y monárquicos a la vez, autonomistas y federalistas... Y ya se sabe desde siempre que todo a la vez no se puede ser durante mucho tiempo.”

Esta ambición de serlo todo oculta, en realidad, la posposición de los intereses de los electores frente a las exigencias de la organización que quiere ganar a cualquier precio, no para hacer nada que haya que hacer, sino para conseguir seguir en el machito y ampliando las esferas de poder de cada cual. Frente a esta realidad sangrante, la corrupción es casi una anécdota, aunque esté empezando a ser, por fortuna, la parte de la historia que se entiende con mayor facilidad.

El problema del PSOE, y otro tanto se podría decir de su contrafigura popular, no está en las querellas internas, sino en su renuncia a la política, en su aceptación de unos programas de acción cuyos únicos objetivos razonables se reducen al intento de mantener el poder a cualquier precio.

La izquierda envejecida, es decir la derecha
Ese problema medular es más grave todavía en el PP que en el PSOE, porque el PSOE, al menos, se atreve de cuando en cuando, Zapatero no está muy lejos, a intentar alguna jugarreta ideológica, mientras que el PP de Rajoy hace realidad de manera paradigmática ese diagnóstico de Dalmacio Negro de que la política de la derecha suele reducirse a ser una izquierda envejecida. Es penoso, por ejemplo, ver a un personaje tan bien dotado para la política como el joven Pablo Casado reprochar a la lideresa andaluza que haya hecho, en parte y malamente, una cierta porción de lo que debieran hacer ellos. Criticar a esta especie de izquierda con los argumentos que esa misma izquierda emplearía para censurar a la derecha, en el improbable caso de que esta se atreviese a hacer algo, es mucho rizar el rizo.

Pase lo que pase con Rajoy, y no es demasiado razonable esperar que pase nada especialmente bueno, por más que las lanzas parezcan tornarse en cañas y algunos vientos se dediquen a hinchar ciertas velas, siempre habrá que reprocharle haber desaprovechado la mejor oportunidad histórica de la democracia para los valores conservadores y/o liberales, si se me puede hablar así. Rajoy les ha hecho una triple pedorreta, y se ha dedicado a administrar la gracia de estado que da el poder legítimo para perpetuar la mansedumbre gubernamental de los electores del centro derecha. A cambio de este tratamiento sádico espera obtener un comportamiento electoral pavloviano, y puede que acierte, pero será una victoria pírrica tras la cual lo que quede del PP se encontrará en peores condiciones que las descritas por Redondo para sus compañeros.

No es extraño que las dos grandes fuerzas del sistema hayan perdido su eficacia política y que sólo parezca posible resucitarlos a base de tratamientos de shock, como los discursos un tanto extemporáneos pero bastante incendiarios de Aznar, o las medidas cuasi excepcionales de Sánchez, desalojando al pintoresco y nefasto Gómez. Se trata de toques de trompeta que apuntan en la dirección correcta, pero que, al menos de momento, pueden ser perfectamente reducidos a un mal sueño por unas organizaciones perfectamente adaptadas a un statu quo tan incómodo para todos como confortable para la nomenclatura. En el caso del PP, sólo un desastre electoral en cadena logrará liberar a sus militantes del sueño tecnocrático y gubernamental, de esa suave renuncia a cualquier compromiso, de esa ausencia de misión que tan bien cuadra con la conveniencia de conservar el asiento, al menos a corto plazo.

Miedo al miedo
¿Sabrán los electores ponerle el cascabel al gato? La solución de Podemos, aparte de sus riesgos específicos, es la que se le ocurriría al bombero pirómano, pero acaso haya otras salidas a explorar entre quienes se nieguen a dejarse cegar por el miedo, a tener miedo al miedo. ¿Es posible recuperar el ímpetu reformista que caracterizó a la Transición? ¿Es posible volver a poner lo mejor que tengamos al servicio de un proyecto capaz de añadir otras cuatro décadas positivas a la historia de este viejo país?

Me temo que uno de los posibles agentes de esa esperanza haya caído en el abismo, hablo de UPyD, y no por errores distintos a los que obstinadamente repiten sus cabecillas. Queda la posibilidad de que Ciudadanos acierte a cumplir con el papel, pero es de temer que lo que queda en píe del tinglado se esfuerce en hacerlo desaparecer del mapa, y no les faltarán ni miopía ni medios para hacerlo. Este boicot no sería tan preocupante, sin embargo, como una posible falta de ambición en Albert Rivera, lo que ocurriría si se llegase a comportar como el capitán de un lujoso navío en una de esas escenas en las que el naufrago ve pasar a lo lejos el posible barco salvador sin que nadie se percate de su presencia ni de sus gritos. Las películas crueles suelen presentar esa escena acompañada de un plano corto en el que se ve como los ocupantes del yate se dedican al jolgorio, ajenos a la suerte de cualquiera que no esté a bordo. Pronto sabremos si la pesadilla se hace realidad, aunque es obvio que los náufragos se cuentan por millones, y no cesan de gritar.

La Ciudadanía primero
Enrique Calvet Chambon www.lavozlibre.com
  13 Febrero 2015

Economista y Eurodiputado

La retahila de errores colosales que llevan cometiendo los gestores de UPyD, por así llamarlos, actuando de espaldas a sus convicciones fundacionales y a la realidad (ceguera imperdonable en quién se dice o cree político) tiene un hito terminal en su negación a debatir argumentos, a hablar de estrategia y objetivos para España y a sentarse para aunar esfuerzos alrededor de una mesa para la renovación de mensajes, métodos y nivel de propuestas.

El grotesco enrocamiento en supuestos cánones procedimentales (irrelevantes), o el intento de derivar el debate público hacia temas personalistas en (inexistentes) anécdotas de churrería sólo demuestran el patetismo del erial intelectual, de la falta de razones y, quién sabe, de la poca nobleza de algunos objetivos.

A algunos eso les irrita, a otros les divierte y se frotan las manos, a otros les resuelve su campaña de afiliación (la mejor máquina de engorde de Ciudadanos, en estos momentos, es el Comité de Dirección de UPyD. En eso es impecable e inagotable, cada día, cada hora, cada error, cada ocurrencia, se abre más el chorro de militantes desesperados que se trasvasan de UPyD a C´s), y a los ciudadanos españoles nos destroza.

Porque, desgraciadamente, lo que está en juego no es la jubilación de seres que somos insignificantes, ni pugnas ególatras a ras de suelo, ni maniobrillas de partidos para mantener un insulso poder sin objetivos, ni ser más extravagantes que el que inventó el populismo. Las circunstancias hacen que lo que está en juego es no perder el pulso de un grave momento histórico, no perder la ética de la gran política y evitar que España vuelva a caer en su secular dicotomía entre neo-cacicatos, más o menos clientelistas, y un frente populismo desesperado aunque aggiornato. El riesgo es debilitar hasta la insignificancia la indispensable vía ilustrada, democrática, de valores ciudadanos como la unión, la solidaridad, la igualdad ontológica en libertades y derechos, esa vía que tiene que instalarse potente entre el “¡Viva las caenas!” de los Partidos tradicionales y el sarampión imprudente y autoritario que tanto sufrimiento termina provocando. Para eso nació UPyD, aunque la Dirección lo haya olvidado y malogrado. Para defender y crear una España de Ciudadanos libres e iguales luchando solidariamente por una mayor prosperidad y una mejor libertad individual, con un gran Proyecto serio e ilusionante, sin trampas, chanzas ni cartón demagógico. Ese Proyecto y esa lucha son indispensables en este momento histórico, y es grave irresponsabilidad olvidarlo, chafarlo, sustituirlo o prostituirlo, da igual que sea por incompetencia, inconsciencia o ataque de paranoia.

Somos unos cuantos desde dentro y muchos ciudadanos desde fuera que pensamos que UPyD no puede dormitar en la irrelevancia ni abandonar su cometido histórico. Es cuestión de ética y de necesidad.

Creo sinceramente que UPyD que ya no tiene tiempo de cambiar radicalmente antes de las elecciones andaluzas, debe pedir el voto sobre la promesa ineludible de hacer tres cosas:

a/ Sobre la base de reconocer la realidad, por fin, anunciar que, pase lo que pase, va a celebrar un Congreso reconstituyente y regenerador, como mucho, tras las elecciones de mayo: Si crea ya una gestora abierta para ello mejor.

b/ Anunciar que tras las elecciones de mayo se retomarán en serio las negociaciones con Ciudadanos, satisfaciendo así un clamor democrático de los votantes. Pero en serio y para hablar de política y posibles objetivos comunes para España, no la pantomima deleznable que se montó.

c/ Recuperar inmediatamente el concepto fundamental: La ciudadanía antes que todo.

Sólo así, tal vez, y únicamente tal vez, se podrá pedir el voto para UPyD (sean los que sean los candidatos locales) con alguna garantía. Ofreciendo un inminente proceso de renovación, regeneración y recuperación del Proyecto de España para lo que se pide la confianza de los ciudadanos.

Sólo así, tal vez, se podrá reforzar la vía de la Ciudadanía indispensable para el futuro de los españoles. Si la Dirección, que NO es UPyD, ni mucho menos, no lo hace, como dicen algunos juramentos: ¡Que Dios se lo demande! Pero aviso que desde aquí en la tierra somos unos cuantos que, desde el deber y la ética, seguiremos con el mazo dando.

Tsipras no es Rajoy
La izquierda descubre la soberanía nacional…de Grecia
Cristina Losada Libertad Digital
  13 Febrero 2015

Los pobres peces llevan la fama de no tener memoria, pero al lado de los seres humanos de esta cacareada sociedad de la información son auténticos campeones del recuerdo. Fíjese uno, por ejemplo, en el arrobamiento de cierta izquierda española ante las bravatas nacionalistas del gobierno de izquierdas griego. Las constantes apelaciones de Tspiras a la soberanía nacional son recibidas ahí como el súmmum de la razón y la democracia. Pues claro, si el pueblo griego ha hablado, y ha hablado contra la austeridad y demás imposiciones foráneas, cómo no va Europa a inclinarse rauda y aceptar de inmediato, sin más zarandajas, el mandato expresado en las urnas de Grecia. ¡Es la soberanía nacional!

Así habla el populismo de izquierdas, como habla el populismo de derechas. De ahí que no tuviera Tsipras ningún inconveniente, sino todo lo contrario, en aliarse con un partido de derechas ultranacionalista. Lo curioso del caso, y asunto de la desmemoria, es que hubo alguien en España que también apeló a la soberanía nacional para plantarse frente a Bruselas. No hace un lustro siquiera. Fue en 2012, y quien lo hizo se llamaba y se llama Mariano Rajoy. En marzo de aquel año, el presidente anunció de viva voz, sin previo aviso a los socios europeos, que España se marcaba un objetivo de déficit distinto y superior al que había acordado el gobierno anterior. Era, dijo, una "decisión soberana que ha tomado España y que comunicará a la Comisión Europea en abril". Ay, la que se armó.

Buena parte de la prensa nacional cargó contra el atrevimiento, haciendo notar que era un feo desaire a Europa. Joaquín Almunia, entonces comisario europeo, lo calificó de desafío, y el influyente The Economist le dedicó una fustigadora pieza titulada "A two-finger salute to Brussels", que podríamos traducir libre y suavemente como "Una peineta a Bruselas". Durante los meses siguientes se acumularon las críticas a la falta de pericia negociadora del Gobierno en Europa, se le reprocharon actitudes poco menos que pendencieras y provincianas, y Rajoy paseó por la prensa extranjera y la doméstica como un hidalgo trasnochado que se negaba a pedir el rescate total por un absurdo y tradicional orgullo patrio que llevaría España a la ruina.

Hay, sin duda, más de una diferencia entre aquella apelación a la soberanía de Rajoy y las que ahora hace Tsipras. Pero la más notable es que la primera cosechó un abucheo generalizado y las segundas, una comprensión enorme. Igual no es lo mismo mentar la soberanía llevando corbata que hacerlo sin ella. Seguro que no es lo mismo que la mencione un serio señor de derechas que un simpático agitador de izquierdas. Sea como fuere, estoy expectante. Una izquierda española, la que viene al galope, ha descubierto la soberanía nacional, y lo ha hecho, esto es para nota, sin haber descubierto la nación. Bueno, la griega ciertamente sí, pero la española, ¡uf!

Demoledor artículo de Jürgen Stark
El antiguo 'halcón' del BCE vuelve a la carga: "Grecia es un Estado corrupto"
El execonomista jefe del BCE culpa a las elites políticas del sur por sus excesos y su mala gestión.
Libre Mercado
  13 Febrero 2015

Claro, conciso y directo. El execonomista jefe del Banco Central Europeo (BCE), el alemán Jürgen Stark, nunca se ha caracterizado por ser políticamente correcto, más bien al revés. Prueba de ello es que protagonizó una sonada dimisión en 2011, cuando el BCE decidió poner en marcha su primer programa de compra indirecta de deuda pública, vulnerando por la puerta de atrás uno de sus principios fundacionales más básicos.

Stark decidió entonces marcharse de la institución monetaria por principios y, desde entonces, aunque no se prodiga en medios, ha mantenido intacta su conocida ortodoxia, rechazando de plano los famosos y populares estímulos fiscales y monetarios.

Coincidiendo con el regreso de la crisis griega, Stark publicó el miércoles un demoledor artículo en el Financial Times, bajo el título Las diferencias históricas y culturales que dividen la unión de Europa, en el que carga contra los irresponsables gobiernos del sur, especialmente Grecia, sin ahorrar críticas hacia los planes de rescates indiscriminados que han puestos en marcha los socios comunitarios, la Comisión Europea y el propio BCE.

Entre otras perlas, destacan las siguientes:
La verdad es que, a diferencia de muchos países de la eurozona, Alemania ha seguido fielmente una prudente política económica. Mientras otros vivían por encima de sus posibilidades, Alemania evitó caer en excesos. Estas son las profundas diferencias culturales que aflora la unión monetaria una vez más.

La cuestión no es que un país imponga la austeridad a otro. Las elites políticas de la periferia de la eurozona son responsables de haber perdido el acceso a los mercados financieros en 2010. Años de mala gestión y descuido del Estado de Derecho han provocado un incremento de los déficit presupuestarios y la acumulación de deudas. Las primas de riesgo se dispararon.

La UE no es una federación (y tampoco lo es la zona del euro). Estamos muy lejos de alcanzar ese nivel de integración en Europa. Por tanto, no hay ninguna base constitucional para realizar mayores transferencias a los países más débiles. Esos pagos, de todos modos, no resuelven los problemas económicos y conducen a un riesgo moral.

Los programas de transferencia anteriores, como la inversión en infraestructuras en los estados miembro más pobres de la UE, no siempre han conducido a una mejora sostenible en la transformación económica. Grecia, por ejemplo, ha recibido transferencias de entre el 3 y el 5% de su PIB durante décadas, un tercio de ellas procedentes de Alemania. Pero gran parte de este dinero se ha filtrado a través del poroso edificio de un estado a menudo corrupto.

La política económica germana no se dirige a castigar a los países de la periferia del euro, La canciller, Angela Merkel, quiere que todos los países de la eurozona creen las circunstancias adecuadas para un crecimiento económico real y sostenible -el tipo de crecimiento que genera empleo-. Esto requiere unas finanzas nacionales sólidas […] Los economistas alemanes se oponen a tratar los síntomas. Alertan contra las aparentes soluciones que actúan como tranquilizantes políticos a corto plazo, pero que tan solo ocultan los verdaderos desafíos económicos.

Pedir estímulos fiscales adicionales es ignorar las causas de la enfermedad europea. Es vital eliminar las barreras estructurales para poder crecer [...] Los problemas no se pueden resolver a través del BCE o los estímulos fiscales.

Las reformas requieren coraje político y un liderazgo fuerte. Dichas reformas son dolorosas, pero necesarias para regresar a una sólida senda de crecimiento. El auténtico déficit es el fracaso de las elites políticas en muchos países y la ausencia de instituciones creíbles.
 


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Cataluña
Retorno a las fuentes envenenadas
Eduardo Goligorsky Libertad Digital
  13 Febrero 2015

He reproducido infinidad de veces el fragmento de aquella entrevista en que Oriol Junqueras confesó que ya a los ocho años era independentista y "tenía muy claro que estaba contra la Constitución española" (LV, 12/11/2012). Dato más que suficiente para diagnosticar un caso de estancamiento de la evolución cognitiva en una etapa muy temprana de la infancia. Ahora leo que el profesor José Antonio González Casanova, flamante ganador del premio Gaziel con su libro Memoria de un socialista indignado, se define como "anticapitalista" y subraya (LV, 18/1): "Soy anticapitalista desde niño: a los tres años arrojé dinero por el váter". Otro ejemplo de atrofia precoz de la escala de valores que incapacita a quien la padece, cualesquiera sean sus títulos académicos, para dar lecciones de madurez intelectual. En fin, Pablo Iglesias le suelta a Enric Juliana (LV, 1/2) que si pudiera viajar en el tiempo se enrolaría en el PSUC, instalándose, él también, en otra fantasía involutiva que pone en evidencia su regresión a las alucinaciones leninistas, de las que el PSUC fue un vástago anómalo y efímero.

Súbitamente, un variopinto elenco de dirigentes políticos y formadores de opinión desempolvan los más perversos detritos ideológicos de un pasado no tan lejano y los exhiben ante los ciudadanos desinformados como si fueran una panacea mágica capaz de curar todos los males. Es el retorno a las fuentes. Pero a las fuentes envenenadas. Frente a fenómenos de esta naturaleza, me atreví a sugerir, tímidamente (LD, 21/11/2014), que las autoridades apelaran a una junta médica integrada por psiquiatras de reconocida autoridad para tratar a los políticos catalanes que, obsesionados por materializar sus quimeras secesionistas, se empecinan en negar tozudamente que sólo los apoya el 33 por ciento del censo electoral. Me quedé corto. Poco después, Ignacio Vidal-Folch propuso que esta tarea terapéutica fuera encomendada nada menos que a "Trenes llenos de psiquiatras" (El País, 17/12/2014). Sea cual fuere la dimensión de la junta médica, lo cierto es que cada vez son más numerosos los casos de ruptura con la realidad que deberán tratar los profesionales. A los secesionistas se suman ahora los que, para evitar eufemismos tramposos, debemos llamar comunistas, porque esto es lo que son, aunque se enmascaren tras el rótulo de Podemos, tan transparente como los de Izquierda Unida, Izquierda Plural y sus franquicias autonómicas. Ellos se disfrazan y se dividen porque está en su naturaleza, pero son lo que son: comunistas. Y nadie puede librarlos de los cien millones de víctimas que cargan sobre sus espaldas.
Guardianes de la ortodoxia

Los guardianes de la ortodoxia son taxativos: los secesionistas por un lado y los comunistas por otro. A Francesc-Marc Álvaro le escandalizan las confusiones (LV, 5/2):

Podemos es un proyecto que plantea una reforma mientras el soberanismo (en su conjunto y más allá de las diferencias entre partidos) plantea una ruptura. ¿Se acuerdan los más viejos, de estas categorías? ¿Reforma o ruptura? ( …) La nueva revuelta catalana, con un protagonismo evidente de las clases medias, desea un divorcio civilizado. Un divorcio es siempre una ruptura. Podemos no quiere romper nada y ya echa agua al vino de sus propuestas. Podemos quiere hacer reformas en la casa, aunque utilice una retórica rupturista y una escenografía pseudorrevolucionaria que pretende conectar con el espíritu del 15-M. (…) Iglesias, por mucho que hable de castas con impostación irreverente, no discute nunca el mapa del mundo dado por descontado, mientras el soberanismo catalán aspira a redibujar el mapa con la fuerza de los votos, y eso no se tolera.

Si no fuera porque están delirando sobre el desguace de un país -España-, sobre el resquebrajamiento de otro -Cataluña- y sobre la ruptura de la convivencia que nos legó la Transición, las controversias entre estos dogmáticos trasnochados que se disputan el copyright de la revolución no serían más que hilarantes parodias de las refriegas que entablaban, pistola en mano, estalinistas, trotskistas, maoístas, titoístas y otros istas mistificadores para reivindicar la pureza de sus respectivas patrañas. Pero hay que tomarlos en serio porque tienen, unos y otros, instrumentos de poder; porque todos arremeten, con premeditación y alevosía, contra la Constitución sabiamente acordada entre los españoles; y porque todos postulan el retorno a las fuentes envenenadas, sean estas las absolutistas del siglo XVIII o las totalitarias del siglo XX.

Los casos más patéticos de retorno a las fuentes envenenadas son aquellos en que intelectuales que recorrieron todo el itinerario ideológico desde la extrema izquierda hasta el liberalismo crítico ilustrado, pasando por el pragmatismo socialdemócrata, creen rejuvenecerse cuando abrazan, simultánea o alternadamente, las supercherías de los secesionistas o los comunistas. Supercherías que la experiencia les había enseñado a despreciar olímpicamente.

Resistencia al cambio
El liberalismo crítico ilustrado. Esta es la corriente de pensamiento donde Miquel Porta Perales (Camaleons i numantins. La Perestroika dels intelectuals catalans, Barcanova, 1992) situó a Josep Ramoneda al cabo de su evolución en el campo de la filosofía. Porta Perales explicó que utilizaba el término camaleón, en sentido no peyorativo, como sinónimo de cambio, y numantino, con sentido no peyorativo, como sinónimo de resistencia al cambio. Ramoneda era uno de los camaleones; Manuel Vázquez Montalbán y José María Valverde, dos de los numantinos. Pues bien, al cotejar la lectura del capítulo dedicado a Ramoneda con la de sus textos actuales se comprueba que, después de culminar su evolución en el liberalismo crítico ilustrado, el filósofo retornó a las fuentes envenenadas. Porta Perales explica cuáles fueron estas fuentes:

Durante la década de 1970, la influencia del pensador marxista francés Louis Althusser fue muy importante en Cataluña. Y uno de los frutos de esta influencia fue Sobre la filosofía y su no-lugar en el marxismo (Laia, 1974), obra con la cual Josep Ramoneda inicia prácticamente su producción ensayística.

Porta Perales cita los párrafos del libro que reflejan la subordinación de los autores (el otro es Lluís Crespo, poco después eclipsado) a la versión estrictamente dogmática que Althusser elaboró del marxismo en su peculiar jerigonza:

Y el mecanismo de este esquema se hace patente cuando nuestros autores afirman que en el modus de producción capitalista "la lucha de clases es el aspecto dominante y el elemento sobredeterminante, que reúne y aglutina todas las contradicciones cuya posible solución pasa por el surco que ella define". (…) Crespo y Ramoneda añaden que "la lucha de clases es el motor de la historia. La historia no tiene, en el sentido filosófico del término, un sujeto sino un motor: la lucha de clases".

El camaleón se muerde la cola
Hoy, la piel del camaleón recupera el color originario. Ya no están de moda, como en los años 1970, las lucubraciones alambicadas del neoestalinismo althusseriano, apropiadas para encandilar a un joven filósofo rebelde. El papel de señuelo para todos los que sienten la necesidad de desahogar sus instintos de rivalidad territorial y étnica lo asumen los proyectos secesionistas, extraídos de las tinieblas del pasado; y lo que moviliza a quienes sueñan con rejuvenecer comportándose como idealistas justicieros es la exhumación de la fracasada barbarie comunista maquillada en los laboratorios que subvencionan las despóticas cleptocracias latinoamericanas.

Hecho sintomático: el camaleón retornado a los orígenes y abrevado en las fuentes envenenadas sustituye el caduco idilio con el dogma althusseriano por una entrega igualmente apasionada a la secesión, cuando está de buen humor, y a la revolución, cuando se endurece su talante. Eso sí, althusseriano, secesionista o revolucionario, se desentiende del liberalismo crítico ilustrado que abrazó tiempo atrás, para echar ahora leña al fuego de uno u otro conflicto cainita. Y, peor aun, si cabe, para impugnar la guerra sin cuartel -cadena perpetua y drones incluidos- contra los enemigos de nuestra civilización. Escribe Ramoneda (El País, 4/2):

¿Era necesario un pacto antiterrorista? (…) Sobreactuar en la cuestión del terrorismo yihadista puede ser útil al Gobierno. Genera inquietud en la ciudadanía, despierta resortes muy sensibles en la mente de los españoles por la larga noche del terrorismo etarra y por el atentado del 11-M, y permite, de tapadillo, desarrollar conceptos legales (con drásticas modificaciones del Código Penal y mayor discrecionalidad en la actuación policial) que van más allá de la lucha contra el terrorismo. (…) Con la firma del pacto antiterrorista, el PSOE se suma a la estrategia del PP de fomentar el miedo entre los ciudadanos y rearmar el bloque bipartidista frente al caos de los radicales.

Rearmar el bloque bipartidista frente al caos de los radicales. Ni más ni menos, sumando a todos los otros partidos y movimientos sociales que se enfrenten al caos de los radicales. Caos que también estimula quien ayer optó por la lucha de clases en su deriva althusseriana, y hoy opta por la jaula de grillos depredadores secesionistas, por la revolución de los neocomunistas cleptócratas y por el trato generoso a los terroristas y yihadistas. (¿Piedad para el asesino Charles Manson, condenado a la pena inhumana de cadena perpetua y, retrospectivamente, para el criminal de guerra Rudolf Hess, el eterno prisionero solitario de Spandau?). El camaleón, desteñido, se muerde la cola.

Cataluña
Podemos, ¿marca blanca del nacionalismo?
Antonio Robles Libertad Digital
  13 Febrero 2015

Hablar de Podemos es sumamente arriesgado. Lo que vale para hoy puede no servir para mañana. Como el ser analógico en Aristóteles, se puede predicar de muchas maneras. Al fin y al cabo, su nombre es un eufemismo adaptable a las pasiones del descontento. Podemos sólo es un golpe fonético sin más sustancia que las convicciones de cada cual. Puede ser cualquier cosa. De ahí su aceptación, de ahí la imposibilidad de saber cuál es su sustancia. Pero, ¡ojo!, quien administra esas emociones tampoco parece saber a dónde va, aparte de lograr poder. El pelotazo les ha venido tan de sopetón, que el juego de tronos en que estaban entretenidos en sus cátedras universitarias, les ha montado en una montaña rusa que no controlan. Aunque lo parezca. Desconfíen de su seguridad, es pura fachada.

Han quedado al descubierto en cuanto se han empezado a concretar los diferentes poderes autonómicos. Puede que Pablo Iglesias diera la sensación en su mitin del pasado diciembre en Barcelona que no estaba de acuerdo con el derecho a decidir unilateral, puede que fuera sincero cuando lanzaba a sus huestes contra la casta catalana, puede que diera la sensación de no querer jugar envuelto en la estelada, pero en cuanto han irrumpido los entristas del nacionalismo en su formación, tal discurso es pura casquería verbal. Y lo más sangrante es que lo hacen con el apoyo de la dirección nacional frente a otras opciones no nacionalistas, que son rechazadas por... ¿españolas? Ni lo saben. Es la reedición sin fin del progresismo de izquierdas acomplejado ante el exotismo de la plurinacionalidad de las periferias nacionalistas. PSUC y PSC son los modelos. En Madrid siguen sin enterarse, aunque se crean tan enterados.

Lo advertía en "El Lerroux de Vallecas (II)": "No deben temer los secesionistas, puede que Pablo Iglesias no respete a la casta nacionalista, pero está a punto de darles todo el poder en Cataluña". Desgraciadamente la advertencia no ha tardado ni dos meses en cuajar. La prueba, las biografías de los candidatos apoyados por la dirección de Podemos en las diferentes comunidades autónomas mal llamadas "históricas" y su posición política en la organización territorial del Estado: Gemma Ubasart, por Cataluña; Roberto Uriarte, por el País Vasco; Breogán Rioboo, por Galicia; y Toni Bennàssar, por Baleares acaban de lanzar un manifiesto en el que calcan hasta en el tono las tesis nacionalistas. Nada que ver con las vibraciones que Pablo Iglesias transmitió en su mitin en Barcelona el pasado 21 de diciembre. Por eso les digo que el ser de Podemos es analógico, se puede predicar de muchas maneras, según por quién sea predicado, en qué circunstancias y en función de qué objetivos. Creo que dar hoy nuestro voto a Podemos es más azaroso, y puede que más peligroso, que jugar a la ruleta rusa. No va con segundas.

A lo que iba, en ese manifiesto a favor de la autodeterminación donde dejan sentado que "aquellas naciones que quieran irse [de España] puedan hacerlo" aspiran a lograr lo que el terrorismo de ETA o el derecho a decidir de Artur Mas no han conseguido. En cuestiones territoriales conciben al "Estado español como país de países", “plurinacional, pluricultural y plurilingüístico” con derecho a la secesión unilateral. En materia económica, derecho al control de “su propia financiación”, regido por el “principio de ordinalidad y por el principio de asimetría”. Hay que reconocer que la igualdad comunista aquí la olvidan a favor del capitalismo territorial. Pelillos a la mar, no nos pongamos escrupulosos. En materia cultural y lingüística: “Blindaje de la inmersión lingüística”, y oficialización de las lenguas regionales en toda España. “Revisión de los planes educativos para superar la visión homogeneizadora de la historia del Estado”. Vamos, para quien no lo coja, acabar con la historia común de España de las escuelas. Como si tal cantonalismo no estuviera ya implantado. Y en un alarde de internacionalismo, promueven la "plurinacionalidad en la arena internacional". Vete tú a saber qué quieren decir estos cantonalistas/internacionalistas, ¿quizás que todas las comunidades autónomas tengan igual rango nacional o de Estado en el plano internacional? En fin, interpreten ustedes cómo Podemos les dé a entender.

Escribo desde Cataluña. El poder de Podemos en esta comunidad se concretará a las 12 de la noche de mañana viernes, 13 de febrero de 2015. A esa hora se dará por terminado el proceso de primarias autonómicas. Tres candidaturas luchan por imponer sus tesis. La que sale con ventaja es la oficialista, Es Clar Que Podem, encabezada por la nacionalista, Gemma Ubasart, amiga personal de Pablo Iglesias, coautora del manifiesto por el derecho a la autodeterminación y partidaria del derecho a decidir. Podemos Catalunya Plural, encabezada por Pablo Barreneche. Integrada por Procés Constituent, netamente secesionistas, y algunos militantes de Nou Barris bienintencionados. Se venden como equidistantes entre el nacionalismo y la pluralidad. Desgraciadamente, en Cataluña sabemos que esa postura tan sostenida en el tiempo por el PSC, a la hora de decantarse, siempre lo hacen por las tesis catalanistas. Podemos Unidos, la única opción claramente no nacionalista. Inicialmente estaba encabezada por Enric Martínez, pero sus declaraciones públicas contra el derecho a decidir, la apuesta clara por los temas sociales frente al nacionalismo y algunas declaraciones en medios no bien vistos en Podemos Cataluña, como 13TV, le han costado su candidatura personal a la secretaria general. Un expediente propiciado por miembros de la candidatura del aparato, ha sido una buena metáfora de la democracia interna. Como vemos, a casa nostra, quien sale del redil, no sale en la foto. De momento, Podemos Unidos sigue en la lucha por el poder y su candidato a la secretaria general ha recurrido a los tribunales con una demanda. Que Podemos le coja confesado.

Hay una cuarta opción que no presenta candidatura a la secretaría general del partido cuyo interés se limita a lograr estar en el consejo ciudadano, bajo el nombre de Volem i Podem. Asimismo, cinco personas individualmente presentan candidatura a la secretaria general, Miguel Angel Rodríguez, Juan José Salbia, Montserrat Herena, Angel López y Rosa María Parreño.

La dirección de Podemos nacional está a punto de ser suplantada por el entrismo nacionalista. Queriéndolo o sin querer, pronto será la marca blanca del secesionismo. El resto será dolor. La patria de Pablo Iglesias, ni será más justa, ni más libre, ni más plural. Con mala suerte, incluso dejará de ser España. Aunque soy de los que piensa que entre la espuma de los medios y la realidad hay una zanja de ciudadanos con derecho al voto, que les acabará poniendo en su sitio. Al tiempo.

Embajadas
MIQUEL PORTA PERALES ABC  13 Febrero 2015

¿Por qué el nacionalismo catalán no acepta que la política exterior es, en todo lugar, materia exclusiva del Estado?

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, anuncia que está estudiando la presentación de un recurso contra la apertura de nuevas “embajadas” de Cataluña en Roma y Viena.

¿Embajadas? Se trata –Estatuto en mano- de las “oficinas en el exterior para la promoción de los intereses de Cataluña” que –sigo con el Estatuto- han de proceder “respetando la competencia del Estado en materia de relaciones exteriores”. Actualmente, existen en el mundo setenta oficinas y cinco delegaciones catalanas para estrechar vínculos con diversos países e impulsar el turismo, la cooperación, el desarrollo y la cultura. El problema: estas “embajadas” invaden las competencias del Estado en materia de inmigración, emigración, extranjería y selección laboral en el país de origen. Más: las “embajadas” catalanas –que también difunden el proyecto soberanista- están pensadas como la representación exterior de un Estado catalán inexistente. De ahí –de todo eso-, el recurso. Por lo demás, la Generalitat, siguiendo la lógica de jugar a ser Estado, no ha solicitado el preceptivo informe de apertura al Gobierno central. Ni tampoco ha informado –como corresponde- al Ministerio de Hacienda. Cierto, todas las Comunidades Autónomas tienen “embajadas” en la Unión Europea y en algún que otro país. Pero, las otras Autonomías –exentas de la obsesión independentista- utilizan la infraestructura material y humana del Estado para mejor defender sus intereses respetando las competencias del Estado.

Y en eso que el presidente de la Generalitat denuncia que el recurso contra las nuevas “embajadas” muestra una “mentalidad antigua, pequeña y estrecha” que “no se corresponde con los tiempos actuales ni con las necesidades de las sociedades actuales”. ¿Por qué el nacionalismo catalán no acepta que la política exterior es, en todo lugar, materia exclusiva del Estado? La obcecación independentista –arcaica, chata, integrista- que no cesa. A los catalanes, la cosa nos cuesta anualmente 17 millones de euros.


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