AGLI Recortes de Prensa    Martes 24  Febrero 2015

La gran transformación
Javier Benegas vozpopuli.com 24 Febrero 2015

Hace ya algunos años escribí un artículo titulado La crisis perpetua, en el que intentaba vanamente que se primaran las reformas políticas sobre las económicas. Ya por aquel entonces, el debate sobre las razones de la crisis se había enquistado en lo meramente económico, de tal suerte que cualquier crítica en profundidad al modelo político era silenciada o sencillamente ignorada.

Es ocioso reconocer que aquel texto sirvió de muy poco, por no decir de nada. A la vista está. Hoy, la desproporcionada expectación con que han sido recibidas las propuestas económicas tanto de Podemos como de Ciudadanos así lo demuestra. Y más aún en la medida en que el debate que han suscitado ha sido inversamente proporcional al testimonial interés que han merecido y merecen sus propuestas reformistas en lo estrictamente político, las cuales han quedado como floreros abandonados en una habitación vacía.

Ambos nuevos partidos, como los antiguos, a pesar de sus diferencias están de acuerdo en lo fundamental: competir por el mercado electoral dentro de los márgenes del viejo terreno de juego. Es decir, preservar y, siempre que sea posible, ampliar y mejorar el Estado de bienestar y, también, sus facultades intervencionistas. Dentro de este relato, sería suficiente con aplicar determinadas recetas –fundamentalmente económicas, por supuesto– para “mejorar” la redistribución de la riqueza y la calidad de vida de los ciudadanos. Al fin y al cabo, esa es la demanda de un español de a pie bastante más que dispuesto, a juzgar por los gráficos que a continuación añado, a renunciar a mejores oportunidades y a la autonomía individual a cambio de un Estado cada vez más omnipresente y facilitador.

Estatismo terminal
Para abrir boca, en este primer gráfico la austeridad no se compadece con el sentir mayoritario de los españoles. El 58,7% entiende que mantener o aumentar el gasto público es imprescindible para estimular la economía, mientras que solo 20,8% está a favor de que las Administraciones Públicas cuadren sus cuentas. O lo que es lo mismo, dejen de gastar más de lo que ingresan. Que siga la fiesta:

En el segundo, la mayoría (54,7%) considera que debe prevalecer la igualdad de ingresos por encima del esfuerzo de cada individuo, aunque, por alguna extraña razón, aún hay una amplia minoría de reaccionarios que cree que el mérito y el esfuerzo deben marcar la diferencia entre lo que ingrese cada individuo (41,5%)

Pero es en el tercer gráfico donde la mentalidad estatista se manifiesta en todo sus esplendor. Ni más ni menos que casi cuatro quintas partes de los españoles (74,1%) piensa que el Estado debe ser el principal garante del nivel de vida de las personas, desplazando a la responsabilidad individual a algún lugar ignoto (23,6%):

Hay muchos más datos que evidencian que la opinión mayoritaria es que el Estado debe asumir un papel aún más preponderante en detrimento de la ya residual autonomía individual. Datos que, para colmo de males, serán recibidos con gran alborozo por parte de quienes, embriagados de amargura, defienden que es la mentalidad del pueblo llano lo que nos ha llevado hasta aquí. En definitiva, que España es una nación maldita.

Claro que una cosa son los datos que arrojan las encuestas, que pueden ser utilizados para certificar determinadas teorías a conveniencia, y otra bien distinta las razones de fondo. Dicho de otra forma: una cosa es el qué y otra el porqué.

Lo malo conocido frente a lo desconocido
De hecho, estas encuestas no demuestran que los españoles opten por un Estado súper intervencionista y protector de manera espontánea, eligiendo libremente y con conocimiento de causa entre opciones diferentes. Para que esto fuera así, deberían haber experimentado otras "realidades" o, al menos, tener un conocimiento exhaustivo y fidedigno de otras alternativas. Pero nada más lejos de la realidad. Desgraciadamente, lo único que los españoles conocen es un modelo de Estado que han asumido en lo fundamental como incuestionable desde la más tierna infancia. Y las alternativas se antojan extrañas, amenazantes y no demasiado halagüeñas. Así pues, mejor lo malo conocido…

Es cierto que hay un componente cultural, es decir, exógeno. El entorno reproduce fielmente determinadas creencias y dogmas, y tiende a penalizar y estigmatizar a quienes disienten, lo cual resulta disuasorio. Pero, para disgusto de los acérrimos defensores de la rancia tradición fatalista española, no hay un componente endógeno; esto es, la mentalidad del pueblo no está condicionada genéticamente y es, pese a todo, reversible. De hecho, los españoles que viven en el extranjero no solo se integran sin dificultad en sociedades menos estatistas o con mucha más libertad para emprender y prosperar individualmente, sino que en no pocos casos terminan prefiriéndolas.

La disuasión
Otra razón que hace que los individuos, en vez de aspirar a una mayor independencia, se decanten por la sumisión hacia el Estado tiene que ver con la relación coste/oportunidad que va aparejada al ejercicio de otras alternativas. Y bastará con hojear numerosos estudios, desde el Doing Business del Banco Mundial, pasando por el Índice de Libertad Económica del Wall Street Journal, para hacerse una idea de lo penoso que resulta emprender en España. Y cuidado con caer en la trampa. Porque iniciar una actividad económica es relativamente sencillo. El problema está en el día a día: en sobrevivir a medio plazo. De ahí que Soraya Sáenz de Santamaría trate de distraer nuestra mirada del garbanzo aludiendo a lo sencillo que es hoy darse de alta como autónomo o constituir una pequeña empresa, cuando en realidad el infierno comienza justos después de ese prometedor comienzo.

Llegados a este punto, para denunciar esta realidad, en vez de marearle con más gráficos, voy a recurrir a un sencillo post titulado Cuánto tiene que ingresar un autónomo para ganar 938€ al mes, en el que su autora explica, desde su experiencia personal, lo que supone emprender o trabajar por cuenta propia en España. Para lo cual nos ilustra con esta pequeña y sencilla tabla:

A continuación escribe: “Ya que el sistema no crea oportunidades, hace dos años y medio decidí ser yo la que apostara por mí. Y me arriesgué y emprendí. Un poco a ciegas, porque no tenía ni idea del negocio que tenéis montado con mis impuestos. […] Tengo que facturar 2.000 euros para poder ganar 938 limpios, y eso que en mi caso no tengo que pagar local ni gastos de ese tipo. […] reconozco que es agotador”. Y añade: “creo en la mentalidad emprendedora pero el sistema no lo permite”.

Esta es una de las realidades que las encuestas no desvelan: que los españoles son estatistas porque, acaso, es la única salida que se les ofrece. Están, pues, entregados a un Estado, que, como Saturno, devora a sus propios hijos. Un círculo vicioso que ni los viejos ni los nuevos políticos parecen dispuestos a romper, convencidos todos como están de que su éxito dependerá de agradar al gran público alimentando sus debilidades. Ese pragmatismo es lo que convierte a la política en el arte de lo mediocre. Y si algo abunda en esta triste, estatista y desquiciada España es la mediocridad. Hora es ya de probar otras recetas. La gran transformación, la que debe hacernos avanzar en la dirección contraria, sigue pendiente.

Sindicatos de clase, enemigos del trabajador
Lucio A. Muñoz gaceta.es 24 Febrero 2015

En España, tarde o temprano tenía que ocurrir. Y ha ocurrido. Los antiguos trabajadores de Barclays han intentado desenmascarar a su mayor enemigo, que no es otro que los sindicatos de clase, es decir, UGT y CC.OO.

Se trata del caso “CaixaBank-Barclays”. El ERE diseñado por CaixaBank al objeto de aplicarlo en Barclays ha provocado un gran conflicto laboral sin apenas precedentes en el sector bancario español. Y, probablemente, tampoco habrá muchos antecedentes similares en nuestro mercado laboral a nivel global.

Porque, desde que se anunció el ERE, la plantilla de la antigua Barclays Bank SAU (la entidad absorbida por CaixaBank), no está conforme con la labor de su comité de empresa, integrado y representado por UGT y CC.OO. Tanto es así, que algunos ex-trabajadores de Barclays propusieron confiar la representación laboral, al objeto de desarrollar las negociaciones del citado ERE, a un asesor externo. Al objeto de defender sus derechos con muchas más garantías.

La razón de estas continuas discrepancias radica en la no coincidencia entre los oscuros intereses de los sindicatos y las demandas de los ex-trabajadores de Barclays. En otras palabras, el comité de empresa, tradicionalmente, ha priorizado el mantenimiento del estatus, la posición, los privilegios, etc., de sus propios miembros. Además de velar en primer lugar por los intereses corporativos y de índole económica de los sindicatos UGT y CC.OO. Olvidándose, continuamente, de las reivindicaciones de los trabajadores de Barclays.

No es sorprendente, tanto en cuanto los comités de empresa suelen defenderse a sí mismos en las negociaciones de los ERE´s. Y blindar ventajosamente a sus integrantes. Por el contrario, los trabajadores se convierten en nuevos parados y se marchan en condiciones menos ventajosas.

Esta situación es bien conocida por multitud de compañías, de todos los sectores productivos, que han pasado por la dificultad de llevar a cabo un ERE en España. Sin embargo, pocas plantillas tienen la valentía de hacer frente a estos mafiosos sindicalistas de clase, amparados por una empresarialmente anticompetitiva legislación laboral, unas millonarias e indignantes subvenciones públicas y los diferentes y cobardes gobiernos españoles. Pero, excepcionalmente, los ex-empleados de Barclays están luchando contra estos parásitos sociales y laborales.

Recordemos que, actualmente, Barclays se ha convertido en una filial de CaixaBank. Puesto que en septiembre de 2014, el banco español compró al banco británico su negocio en España y relativo a la banca minorista, gestión de patrimonios y banca corporativa-privada. Todo ello, ha supuesto la absorción de 550.000 clientes, una red de 270 oficinas y cerca de 2.400 empleados. El ERE mencionado es fruto de esta absorción, y el mismo pretende prescindir, en principio, de aproximadamente 1.120 trabajadores. Y no olvidemos que las circunstancias de este último ERE son peores respecto a otros dos ERE´s anteriormente sufridos por Barclays, cuyas condiciones fueron aceptadas sin reparos por el comité de empresa actual.

Además, en este nuevo ERE existen muchas sombras económico-laborales, puesto que CaixaBank ha aplicado sus criterios contables a Barclays, que ha registrado, en virtud de ello, pérdidas. ¿Podría tratarse de una operación de ingeniería contable al objeto de justificar un ERE por causas económicas? ¿Qué posición adoptará esta vez el comité de empresa?

Al margen de lo anterior, cada vez más españoles piensan que UGT y CC.OO., son parte fundamental y representan fielmente a nuestro sistema corrupto, parasitario, comisionista, clientelar y, por supuesto, subvencionado, que ha hundido a la economía productiva para mantener a la España subvencionada. Los sindicatos de clase son, junto al funcionamiento antidemocrático de los dos principales partidos políticos, la malévola ley electoral, la politización de la Administración, la Justicia al servicio de la partitocracia, la corrupción política institucionalizada, etc., el principal problema de nuestro sistema político-económico.

Si los asesores políticos retratan al parasitismo que impregna a nuestra casta política corrupta, los liberados sindicales representan la corrupción sobre la que gravitan los sindicatos de clase españoles. Las subvenciones públicas, provenientes de los impuestos de los españoles, que sirven para mantener tanto a los políticos como a los sindicalistas, son una de las fuentes de las que bebe la corrupción político-sindical en España.

Los sindicatos de clase solo persiguen el objetivo de lucrarse. Y son capaces de cobrar porcentajes económicos sobre cada despido. Aliarse con la empresa si ello les produce beneficios, aún perjudicando de esta manera a sus representados, es decir, los trabajadores. Negociar las condiciones de un ERE únicamente en función de sus espurios intereses. Etc. ¿Cuántas empresas han cerrado por culpa de los sindicatos de clase?

Tanto los ERE´s. Como los cursos de formación en Andalucía. Y las tarjetas Black. Son las señas de identidad de los sindicatos de clase en la actualidad.

Proxenetismo Político
Pedro J. de la Peña gaceta.es 24 Febrero 2015

Informan las televisiones nacionales del descubrimiento de redes de prostitución con relativa frecuencia. Las imágenes, en parques, calles y zonas de polígonos y almacenes son siempre muy parecidas: señoritas despechugadas y con minifaldas en las aceras, al lado de los coches o visibles junto a unos jardines. Lo que no vemos es a los proxenetas que las vigilan y que recuentan a los clientes para saber cuánto dinero deben darles.

En alguna ocasión las cámaras llegan en el momento de las detenciones. Entonces sí los guardias meten a las chicas en una furgoneta y llevan esposados a algunos hombres, uno de los cuales suele ser el jefe y se nota porque lo llevan el último y en manos de, por lo menos, dos guardias: uno a cada lado. Siempre, en cualquier lugar o momento se deben respetar los grados y clases de los detenidos.

La verdad es que, visto desde lejos como ocurre con las televisiones, las imágenes que nos hieren a los televidentes no son demasiado diferentes de las que disfrutamos cuando se detiene a algunos peces gordos de las tarjetas “black”. Salvo las minifaldas, casi son lo mismo, porque también hay tarjetas y tarjetas y algunos peces son más gordos que otros. Es decir, que la prostitución y los partidos políticos tienen muchas más cosas en común de lo que a primera vista parece y es digno de saberse el cómo y los porqués de estas semejanzas.

La estructura del poder tiende a ser piramidal y así como hay sueldos de 450 euros también hay putas arrastradas que cobran 30 euros por servicio, pero si se suben varios escalones las mejorías de sueldo y de servicios pueden llegar a ser costosísimas y hay amantes de políticos y políticos amantes que cuestan un ojo de la cara y que van de un lado a otro montados en el dólar. Y se llega así hasta el mandamás, que puede llamarse “cabeza de cerdo” y cosas semejantes.

Creada la cúpula, los procedimientos para la captación de las bases son muy sencillos: se hace la propaganda sobre las ventajas de un buen empleo, remunerado y fácil de cumplir y se engaña así a unos cuantos incautos o incautas. Una vez llegada la remesa de gentes engañadas se les hace cumplir jornadas de sol a sol, junto con noches de luna y sin luna y se les hace trabajar a todo trapo. Se les dice que tienen que pagar la manutención y el viaje y que deberían estar agradecidos y, si alguno o alguna se rebelan se les dan cuatro bofetadas para que sepan a qué atenerse.

La “Democracia” que vivimos se vuelve así en una perfecta Putocracia. Hay un chulo que, como Secretario General o Presidente, designa a dedo los cargos y al que todos deben respetar para que el empleo sea menos duro y la ganancia más substancial y así es como se llegaa ser puta de lujo, pero bajando la voz por el riesgo que tienen las paredes.

El sistema funciona así: nada de primarias para los afiliados y si hay primarias para nada sirven, pues para eso existen las gestoras. Silencio de las mayorías ante las cúpulas y plazos interminables para las adjudicaciones definitivas, evitando rebeldías e inútiles posicionamientos de disidentes. Hay gentes que se llevan mordiendo las uñas durante meses para saber si han sido designados a los salones o han de seguir en la calle.

De democracia interna, cero. Las encuestas mandan y las putas salen a la calle a pegar carteles y aplaudir asambleas para beneficio de los designados cuya misión es apoyar las decisiones que convengan al partido aún a costa del hundimiento del país. En consecuencia, la acepción más legítima de la Puto-cracia es ésta: “Dícese de los Partidos que someten a todos sus representantes a un clientelismo de putas y de putos que les consiguen los votos para defender un sistema con el que mantener sus trabajos supcionando del dinero público extorsionado a los ciudadanos”.

En definitiva, se entiende por “Puto-Cracia” al sistema político que rige en España desde mediados del siglo XX y cuyo fin está en el filo de la navaja hoy por hoy.

Ni agachar la cabeza ni ná de ná.
Vicente A. C. M Periodista Digital 24 Febrero 2015

¿La honradez de los padres es algo hereditario? Si así fuera los delincuentes, estafadores y todos aquellos que hacen de lo ajeno su botín serían errores de la naturaleza. Y es que no, la honradez es una cualidad exclusiva de cada individuo y existen infinitas ocasiones a lo largo de su vida que la ponen a prueba. Los más pesimistas opinan que todo el mundo tiene su precio y que solo es cuestión de tiempo el averiguarlo. Es por tanto profundamente demagógico querer transmitir la idea de que si uno tiene o ha tenido unos progenitores que hacen de la honradez su bandera, uno mismo ha adquirido esa cualidad y por extensión todos los de su cuerda.

Susana Díaz ha hecho un discurso en el que ha aludido a la honradez de sus padres y a su origen humilde, su padre como trabajador de la construcción, haciendo un recuerdo a una conversación que mantuvo con él en la que le dijo: “Hija somos gente honrada y por eso no tienes que dejar que te hagan agachar la cabeza” para posteriormente referirse a su propio partido indicando que no va a dejar que nadie señale a los socialistas porque algunos hagan lo que no deben y nos hagan agachar la cabeza a todos. Y es curioso que diga esto cuando solo en los casos de los falsos ERE’s y los cursos de formación hay una caterva de socialistas implicados, incluidos como imputados los ex Presidentes de la Comunidad de Andalucía Chaves y Griñán, antecesores en el cargo y padrinos políticos suyos que la designaron como sucesora.

Pues eso no parece haberle causado ningún sonrojo, ni en ningún momento parece dispuesta a “agachar la cabeza”. Muy al contrario, no ha dudado en rectificarse en su propósito de acabar con la corrupción por la vía rápida y apartar de sus cargos a los responsables. Ya no basta con su imputación sino que en el caso de Chaves y Griñán debe existir acusación y definición del delito. Obvia que el Tribunal Supremo admite la causa de la juez Alaya en la que están perfectamente explicitados los delitos por los que pide su imputación. Tampoco le causa sonrojo la fotografía que aparece hoy en los medios, de la falta de ídem en los juzgados de la juez Alaya en la que los legajos se amontonan en los suelos por falta de archivadores que la Junta se niega a suministrar. Debe ser esta una manera muy especial de lo que Susana Díaz considera “colaboración con la Justicia”. Eso sí acaba de conceder 35 millones de euros en ayudas al desarrollo de otros países. Los de casa, como siempre, los últimos y si no que se lo digan a los catalanes con su iluminado Artur Mas.

Agachar la cabeza es un sentimiento de vergüenza, de reconocimiento de haber cometido un acto reprobable. Pero la soberbia, la hipocresía y la demagogia más absoluta impiden a Susana Díaz agachar la cabeza cuando existen muchos motivos por los que debería. Dice que los “socialistas somos gente honrada” a lo que le recuerdo que ese lema era el que esgrimían en el centenario con lo de “Cien años de honradez”,al que alguno con “mucha guasa” apuntilló “y ni un minuto más”. En ningún momento ni PSOE ni PP han demostrado tener la mínima intención de acabar con el lastre de la corrupción que en el caso de la Junta de Andalucía parece haberse enquistado como un cáncer durante años y durante varias legislaturas.

Es posible que los andaluces sigan confiando en este PSOE a pesar de las evidencias que la Justicia va desvelando tras décadas de gobierno sin control. Cada pueblo tiene el gobierno que se merece y desde luego agachar la cabeza sería un gesto comprensible aunque inútil porque el daño ya estaría hecho y no solo a Andalucía.

Las vías muertas
carlos silva ABC Cataluña 24 Febrero 2015

Las elecciones andaluzas del próximo mes de marzo pondrán en marcha el carrusel electoral que, de aquí a finales de año, perfilará el campo de juego político en el que se construirá el futuro inmediato de España. Nadie discute ya que éste es un año crucial como pocos lo han sido en la historia reciente de nuestro país. Los actores políticos lanzan sus proclamas, intentando resituar su discurso en un contexto turbulento con un panorama incierto para cuando llegue el momento del reflujo tras la marea de cambio.

En este paisaje enmarañado se hacen propuestas, se lanzan ideas que, debido al ruido mediático y al vértigo del momento, nacen y mueren en apenas unos días, sin tiempo para medir su calado. El PSOE, cada día más irrelevante, da, enloquecido, palos de ciego y hace de tanto en tanto llamamientos a una extraña tercera vía que promete igualdad y estabilidad a través de la cosificación en la Constitución de las desigualdades territoriales y del blindaje, a favor del nacionalismo, se entiende, de las competencias de educación, lengua y cultura, piedras de toque secesionista contra las que la resistencia al régimen catalán venimos luchando durante décadas.

El rendimiento incondicional del PSOE al nacionalismo, sus gestos exagerados y fuera de lugar, propios del ahogado que con sus aspavientos sólo consigue acelerar su propio hundimiento, es al tiempo fascinante y aterrador. Sin embargo, es aún más sorprendente que las propuestas semejantes de Luís Garicano, último fichaje de ese “dream team” de Ciutadans coherente con su concepción de la política como espectáculo de masas, con cesión de IRPF a Cataluña incluida, no hayan recibido la atención merecida a pesar de su gravedad. Sobre todo, si tenemos en cuenta la apabullante y desvergonzada campaña para presentar a Ciutadans como el nuevo mirlo blanco del reformismo y la regeneración.

Es conocida la capacidad de los sistemas para auto-fagocitarse y, a través de una digestión más o menos rápida, alumbrarse nuevamente a sí mismos como algo nuevo y diferente. Ante la muerte anunciada del bipartidismo, los poderes fácticos, tanto económicos como mediáticos, han encontrado en C’s, célebre por sus silencios clamorosos, su discurso basado en el eslogan y su inacción, tanto política como judicial, más allá de las apariciones esporádicas de su líder en el Parlament y de sus inacabables “tournées” mediáticas, la materia neutra idónea para reinventarse sin que nada cambie. Lo mismo con la apariencia de lo distinto. Para ello, se ha iniciado una impúdica operación mediática en la que se pretende que los ciudadanos, víctimas de una severa resaca demoscópica alimentada con el alcohol de garrafón de una información sesgada, voten en estado semi-consciente las opciones pre-establecidas por el poder: la sustitución del viejo bipartidismo por uno de nuevo cuño, o, en el mejor de los casos, la pervivencia del eje PP/PSOE con el apoyo del bastón acomodaticio y poco exigente de la ambición desmedida de Rivera.

En UPyD, la opción incómoda, la regeneración comprometida y sin padrinos que pasen después factura, seguimos confiando en la inteligencia, independencia y criterio de los españoles.

Carlos Silva es responsable de organización territorial de UPyD Cataluña

Nuevos actores políticos
¿Qué ha aportado Podemos?
Cristina Losada Libertad Digital 24 Febrero 2015

La aparición de Podemos se ha celebrado, aun por críticos y oponentes, como un necesario elemento corrector del deficiente, caduco o degenerado sistema político español. De acuerdo a esta extendida tesis, el auge experimentado por el partido de Iglesias y Monedero en muy poco tiempo ha producido toda una serie de benéficos efectos colaterales.

Se dice, por ejemplo, que la lucha contra la corrupción se ha intensificado gracias al miedo que Podemos les ha metido en el cuerpo a los dos grandes partidos. ¿Seguro? Yo veo al PSOE y al PP, por no hablar de CiU, en el mismo punto muerto que en los últimos años: arrastrando los pies cuanto pueden, reaccionando tarde y mal a las actuaciones judiciales y a las informaciones. Acaba de ocurrir, no hace una semana, que el Supremo llamó a declarar como imputados a dos expresidentes de la Junta de Andalucía, veteranos y destacados dirigentes socialistas, por el caso de los ERE. El PSOE decidió no pedirles que dejen sus escaños. Con el miedo en el cuerpo.

Luego tenemos el asunto del bipartidismo: Podemos va a enterrarlo, y por esto debe uno congratularse. ¡Ahora hay alternativas! Vale, aunque siempre las hubo. Cosa distinta es que un número notable de votantes optara por ellas. En cualquier caso, señalar el bipartidismo como fuente de perdición es ver el dedo y no la Luna. Es natural que las fuerzas emergentes deseen cifrar los males del sistema en la hegemonía de los dos grandes y aventuren que el remedio consiste en acabar con el duopolio. Pero ¿no aspiran ellas a ser mayoritarias? ¿O su escenario ideal es uno multipolar con gobiernos de geometría variable? El fin del bipartidismo no es en sí mismo garantía: dependerá de quiénes se erijan en árbitros, de sus propuestas, de sus ideas y de su práctica. Sea como fuere, seguramente tendremos pronto la oportunidad de probar las delicias de la fragmentación. Hablaremos entonces.

Quizá olvido algún efecto benéfico más, pero hay un efecto al que se presta, y parece mentira, muy poca atención: ¿qué ha aportado Podemos al debate político? ¿Acaso, por impulso de su ascenso y sus propuestas, se ha debatido a fondo sobre cómo puede crecer España, sobre cómo cambiar un modelo productivo ineficiente, acerca de si es necesario reformar el Estado de Bienestar, o sobre cuál es la reforma fiscal que debe hacerse, más allá del clamor de que paguen los ricos? Nada de eso. Nuestro debate político, por así llamarlo, sigue más reacio que nunca a discutir las posibles soluciones a un problema concreto, a entrar en el debate informado e informativo que permite valorar las alternativas.

Con Podemos en prime time, el debate existente ha acentuado los peores rasgos del que ya existía: un espectáculo bronco sobre quién se lo llevó, quién se lo lleva y cuánto se ha llevado. Sí, lo que ha aportado Podemos a la política española es más espectáculo. Espectáculo que termina por engullir a cualquiera. No puede parar y sus protagonistas, siempre los mismos, cambian lo quieran o no de papeles. ¿Cómo si no va a seguir entreteniendo? Así ha sucedido con los de Podemos, que tras mostrar su habilidad en el lanzamiento de basura ha tenido que ponerse a esquivarla. Puro show-business. La aportación de Podemos a nuestro debate político ha consistido en enfangarlo más en sus vicios.

Deuda griega
¿Y la soberanía nacional de Alemania?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 24 Febrero 2015

La artimaña de apelar a la "soberanía nacional" como forma de rechazo a las condiciones que la troika impone al nuevo Gobierno griego no por exitosa deja de ser el colmo de la desfachatez. Y por varios motivos.

En primer lugar, porque no es de recibo reivindicar tu soberanía o tu derecho a comer carne cuando perteneces y pretendes seguir perteneciendo a un club de vegetarianos. El Gobierno griego, en un ejercicio de soberanía nacional –y de descomunal falsificación contable, dicho sea de paso–, aceptó una unión monetaria que le imponía una serie de reglas y por la que renunciaba a la potestad de devaluar la moneda como forma de que su sector público siguiera viviendo por encima de sus posibilidades. Si el nuevo Gobierno griego quiere soberanamente salirse de donde tan soberana y tramposamente entró en su día, que lo haga. Pero lo que es una tomadura de pelo es rechazar toda tutela del exterior y, al mismo tiempo, exigir al exterior que sufrague tu acción de gobierno. Eso no es un ejercicio de soberanía, sino de infantil despotismo.

Como liberal, ni la Comisión Europea, ni el FMI ni el Banco Central Europeo son santos de mi devoción; pero si la izquierda niega a la troika legitimidad para imponer condiciones a un Gobierno soberano, ¿por qué sí se la otorga para conceder a dicho Gobierno créditos con el dinero del resto de los contribuyentes europeos? Ninguna familia española ha extendido libre y voluntariamente al Estado griego crédito alguno. Si este nos debe a los españoles cerca de 30.000 millones de euros es por culpa de nuestro Gobierno y de esos organismos supraestatales que, por lo visto, tienen toda la legitimidad del mundo para hacerlo pero ninguna para exigir garantías de devolución.
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Si, en lugar de hacerlo con el del forzado contribuyente, la Sra. Merkel –o cualquier otro gobernante europeo– hubiera utilizado su propio dinero para extender créditos a particulares con tal alto riesgo de impago como tiene el Estado griego, no duden ustedes de que la hubieran podido incapacitar por pródiga. Pero, claro, como el dinero del contribuyente, ya se sabe, "no es de nadie", y como la cosa va entre Estados, organismos capaces de sacar y, si es necesario, envilecer el dinero por la fuerza, pues ahí vemos a la canciller alemana como adalid de la austeridad y exponente del sacrosanto equilibrio presupuestario de la Zona Euro.

El problema es que a los ciudadanos alemanes ya se les han hinchado las narices ante tamaña perversión del concepto de solidaridad europea, perversión en la que han incurrido los que han solicitado los créditos tanto como los que los han concedido. Y si tan respetuosos hemos de ser con lo que quieren los ciudadanos griegos, el mismo respeto se merecen los ciudadanos alemanes que, no menos soberanamente, se oponen a que el gasto público griego siga corriendo de su cuenta.

Mucho me temo, sin embargo, que la prodigalidad del Estado griego va a continuar, aunque vuelva a ser de forma maquillada. Y no tanto por la perversión que los populistas hagan del concepto de solidaridad europea, sino por culpa de los no menos envilecidos conceptos de austeridad y ortodoxia que tiene la conocida y despilfarradora casta que los financia.

Cataluña
El 'Carnaval' de Solsona y el discurso del odio
Pablo Planas Libertad Digital 24 Febrero 2015

El nacionalismo catalán es cívico, pacífico, culto y moderado, como una de las categorías del islamismo. Artur Mas así lo ha proclamado en la celebración del centenario de las bibliotecas públicas en Cataluña o en el año de las bibliotecas de la Generalidad, que no está del todo claro porque el nacionalismo y los libros mantienen unas relaciones complejas, generalmente frías y distantes. El museo del Borne iba a ser la biblioteca provincial de Barcelona y ha terminado como mausoleo del odio a España y parque temático de ficción histórica y desatino arqueológico.

La Biblioteca de Gerona es otra muestra del tipo de interés que suscitan los asuntos de los libros entre los políticos nacionalistas. Se trata de la biblioteca pública más grande de Cataluña y la más cara de España, una instalación colosal que costó más de quince millones de euros pagados a tocateja por el Estado opresor. La inauguró Mas en presencia del secretario de Estado de Cultura porque es mejor que Wert, el ministro, no aparezca por Cataluña para no provocar. El ignoto secretario se abstuvo de tomar la palabra en la solemne inauguración, al tiempo que Mas se concedía el título retórico de gran amante de los libros, que viene a ser la concesión de la Cruz de Sant Jordi a Félix Millet (el del caso Palau) como promotor de las artes.

La inversión de la Generalidad en materia de bibliotecas es nula, y suerte que no ha subastado los incunables que albergan bibliotecas, universidades y centros religiosos para mejorar la financiación del proceso separatista. Pero que la Generalidad no haya invertido un duro en un libro no significa que el coste en esa materia haya sido cero. Como mínimo constan los 134.000 euros que pagó al cuñado de Pujol, Francesc Cabana, por una colección de anuarios económicos, papeles, legajos y demás material impreso. Fue un mes antes de que Pujol se confesara en público como uno de los mayores fraudes de la historia política y, sobre todo fiscal, de España. Cabana necesitaba 70.000 euros para pagar una multa a Hacienda y Pujol no le prestó el dinero, por lo que no le quedó más remedio que vender su biblioteca a la Generalidad. Es tanto el cabreo de Cabana con Pujol que de esa manera lo contó en la comisión parlamentaria sobre su cuñado y la familia directa, además de abroncar a su sobrino mayor por conducir deportivos.

Biblioteca Cabana al margen, Mas celebró no se sabe qué sobre libros con ningún anuncio concreto, salvo una turbia filípica en torno a la violencia:

A pesar de los agresores de muchas épocas que han procurado romper las piernas de lo que significaba la identidad catalana, durante muchos siglos ha habido continuidad histórica. (...) Cataluña es un país culto y cívico, que apuesta por la no violencia, una peculiaridad inoculada en las células de la identidad catalana.

¿Romper piernas? ¿No violencia? ¿A qué vienen esas palabras? ¿Se refería Mas al último carnaval de Solsona, alegre combinación de tiroteos y palizas a los españoles? ¿A los ataques crónicos contra las sedes de PP, PSC y Ciudadanos? ¿A las amenazas a los políticos no nacionalistas? ¿Al recurrente discurso del odio contra España y los españoles en los medios de comunicación públicos? ¿A la vulneración de los derechos lingüísticos? ¿Al fusilamiento simulado de un concejal popular en Cardedeu? ¿A que es mejor que el ministro de Cultura de España no se deje ver por Cataluña?

Es imposible saber en qué estaba pensando Mas, si pensaba o si piensa, por ejemplo, en las consecuencias de convetir un carnaval en un pacífico acto de apología de la violencia donde lo transgresor consiste en pisotear una bandera de España y simular una matanza ritual de soldados españoles. Eso es peligrosísimo. Y más en medio de un clima administrativo de alergia a la historia, a los libros y a los libros de historia.

El multiculturalismo o el Caballo de Troya del islamismo
Pierre-André Taguieff  Minuto Digital 24 Febrero 2015

Hay que interrogarse acerca de una paradoja cuyas consecuencias geopolíticas pueden ser considerables: un porcentaje significativo de las poblaciones de cultura musulmana en los países occidentales y deseosas de permanecer en ellos se muestran hostiles a la civilización occidental y manifiestan una cierta empatía hacia los ambientes yihadistas. Es en los países que han institucionalizado el multiculturalismo, es decir que han inscrito en la ley el principio del respeto incondicional de las “identidades culturales”, donde la opinión musulmana se identifica más con las posiciones islamistas. Los promotores de la idea de una “ciudadanía posnacional” han contribuído en gran medida a legitimar el multiculturalismo como forma de “política del reconocimiento”.

La versión más radical del multiculturalismo está ilustrada por la política holandesa hacia las religiones, acordándoles un sistema educatico separado, unos servicios sociales diferentes, unos medios de comunicación y unos sindicatos distintos a los católicos, a los protestantes y a las comunidades secularizadas. Hasta principios de la década del 2000, los sucesivos gobiernos holandeses han echo suya la doctrina según la cual la mejor manera de favorecer la integración de las poblaciones provenientes de la inmigración era animar a los inmigrantes a “mantener su propia cultura”. Han facilitado ese “mantenimiento” de las identidades culturales de origen con un arsenal completo de políticas de redistribución en favor de las “minorías culturales” reconocidas. Aunque la cuestión de saber si los musulmanes constituyen un “pilar” separado ha sido objeto de controversia, es un hecho que los Países Bajos se han mostrado más voluntaristas que otros países a la hora de darle a los musulmanes escuelas propias. El choque provocado por el asesinato del líder político Pim Fortuyn (6 de mayo del 2002), seguido por el del cineasta Theo Van Gogh (1 de diciembre del 2004), ambos comprometidos en una lucha contra lo que ellos consideraban la “islamización” de su país, hizo tomar conciencia a los holandeses de los límites y sobre todo de los efectos perversos del multiculturalismo, terreno privilegiado para la propaganda islamista.

Gran Bretaña, los Países Bajos y Canadá se encuentran entre los países occidentales más tocados por una islamización fundamentalista intensa. El multiculturalismo moderado que existe en Gran Bretaña ha sido definido en 1966, con un cierto angelismo, por el entonces Secretario del Home Office, Roy Jenkins, como “la diversidad cultural, acoplada a la igualdad de las oportunidades, en una atmósfera de tolerancia mutua”. Después de los atentados islamistas de Londres (julio del 2005), los británicos han tomado conciencia de los peligros planteados por el multiculturalismo en la época del terrorismo yihadista global. El angelismo diferencialista no debería estar más al orden del día en Gran Bretaña.

En un estudio de una extraordinaria lucidez. “Atmósfera sofocante en el Londonistán”, publicada en junio del 2006, el politólogo Ernst Hillebrand muestra como el multiculturalismo británico no sólo ha fracasado, sino que además ha favorecido el dominio islamista sobre los musulmanes que viven en Gran Bretaña. Las conclusiones son sorprendentes: El 40% de los musulmanes que viven en Gran Bretaña desea la aplicación de la sharia en algunas partes del país. El 32% piensa que los musulmanes deberían comprometerse en la lucha para poner fin a la civilización occidental, “decadente y amoral”. El 20% dicen comprender las motivaciones de los responsables de los atentados del metro de Londres del 7 de julio del 2005. Al mismo tiempo, solamente el 17% de los no-musulmanes piensan que musulmanes y no-musulmanes pueden vivir juntos pacíficamente de manera duradera. Y un 25% del electorado se imagina a si mismo votando un día por un partido de extrema derecha. ¡Bienvenidos a Gran Bretaña!, una sociedad calificada por el British Council de “enriquecida por una gran diversidad, abierta, multicultural”. Mientras que las autoridades persisten en difundir mensajes gloriosos, los atentados de Londres han revelado de manera cruda una realidad que no había podido ser ignorada por cualquier observador atento: el amplio fracaso del multiculturalismo británico, por lo menos en lo concerniente a los musulmanes.

Los defensores de un multiculturalismo institucional, cuando profesan un relativismo cultural radical, son casi siempre unos enemigos declarados de Occidente, denunciado como la encarnación de un judeo-cristianismo que por su intolerancia y su “imperialismo” sería una “maquina destructora de culturas”.

El multiculturalismo es un engaño, que sin embargo continúa seduciendo a muchos intelectuales y políticos en Europa. El multiculturalismo se fundamenta implicitamente sobre un esencialismo cultural que mina los fundamentos de todo orden político. No se construye una sociedad digna de ese nombre (lo que implica una lengua con la cual podamos entendernos, un mínimo de cultura común, una medida de memoría compartida) encerrando a la gente en su propio idioma, en su propia cultura y su propia memoria. El multiculturalismo institucional, es decir el multicomunitarismo equivale a transformar el derecho a la diferencia en un deber de pertenencia ordenado a una identidad de origen supuesta o impuesta. Sus defensores han contribuido a arrojar confusión en los ambientes antirracistas al definir el racismo como el rechazo del multiculturalismo.

En consecuencia, toda crítica al multiculturalismo es sospechoso de expresar una visión racista, aun cuando el multiculturalismo, a pesar de las buenas intenciones de sus partidarios, se parece mucho a ese monstruo que vendría a ser un “multirracismo”. Las ilusiones seudo-antirracistas sucitadas por esta absolutización de la diferencia cultural y ese culto de la diversidad cultural no pueden disimular sus efectos perversos: la fragmentación conflictual del espacio público, la etno-racialización de los relaciones sociales, la individualización negativa, la generalización normativa de las segregaciones, la desconfianza entre los grupos separados y, para terminar, la destrucción de la vida cívica, poniendo en peligro el régimen democrático.

Esta patología social puede ser analizada sobre la base del modelo de inteligibilidad construido por Robert Putnam en los años 1990 y puesto a prueba en el curso de los años 2000, según el cual el “capital social”, es decir “las redes que ligan entre si los miembros de una sociedad y las normas de reciprocidad y de confianza que de ellas derivan”, tienden a declinar cuando se acrecienta la diversidad étnica y cultural. Putnam ha estudiado lo que él llama la “diversidad étnica” en los EEUU, en referencia a los cuatro grupos contemplados en el censo norteaméricano: los hispanos, los blancos no-hispanos, los negros no-hispanos y los asiáticos. Estas categorías llamadas “étnicas” o “raciales” son de hecho también culturales.

En un artículo publicado en junio del 2007, el sociólogo y politólogo llega a formular una cierta cantidad de conclusiones inesperadas de parte de un “progresista”, y que podemos resumir en cuatro tésis: 1º Cuanto más crece la diversidad étnica, más se debilita la confianza de los individuos; 2º En las comunidades más diversificadas, los individuos tienen menos confianza en sus vecinos; 3º En esas mismas comunidades, no solamente la confianza inter-étnica es más débil, sino que también lo es la confianza intra-étnica; 4º La diversidad étnica conduce a la anomia y al aislamiento social. Es comprensible que una conclusiones tales, establecidas a partir de unas encuestas conducidas de manera ejemplarmente científica sobre una muestra de cerca de 30.000 individuos, no pueden por más que hacer enloquecer a los adeptos de lo “políticamente correcto” en materia de inmigración (celebrada como “una riqueza”) y los partidarios del multiculturalismo (presentado como la vía única hacia un futuro radiante).

Al final de su artículo, el universitario considerado como “progresista” que es Putman define su posición “política” con un doble rechazo: “Sería una lástima que un progresismo políticamente correcto negara la realidad del desafío que constituye la diversidad para la solidaridad social. Y sería igualmente lamentable que un conservadurismo ahistórico y etnocéntrico se negara a admitir que relevar ese desafío es a la vez deseable y posible”.

Queda por estudiar de una manera comparativa otras sociedades democráticas afectadas por los efectos negativos de un exceso de diversidad interna, ya sean los Países Bajos, Bélgica, los países escandinavos, Alemania o Gran Bretaña, sin olvidar algunos países de la Europa mediterránea. El horizonte así dibujado es más bien sombrío: si las tesis de Putman están fundamentadas, aplicables al mundo entero, y por lo tanto dotadas de un valor previsional, entonces el surgimiento de sociedades multirraciales y multiculturales que favorece la apertura democrática tendrá como consecuencias mayores el declive del compromiso cívico y la disgregación de los lazos sociales, reemplazados por la desconfianza y la indiferencia. Demasiada diversidad, al provocar la erosión de la confianza, mataría la tolerancia y arruinaría la solidaridad social y el espíritu cívico.

En ese contexto la oferta islámica, centrada sobre la solidaridad de grupo, se volvería particularmente atractiva a los ojos de “comunidades” diversas de cultura musulmana. Es en este contexto convulsivo que despunta en el horizonte, en la época de la yihad mundial, que las redes islamistas pueden tomar su despegue en cualquier territorio situado fuera de la casa del islam (dar al-islam).

¿Daesh o Estado Islámico? ¿Qué importa el collar si es el mismo perro rabioso?
Fabrice Robert, Presidente del Bloc identitaire Minuto Digital 24 Febrero 2015

Las imágenes de horror inundan las redes sociales dese hace meses e incluso años. Puestas en escena mórbosas que permiten a los fanáticos del Estado Islámico competir entre ellos en la crueldad y el exhibicionismo macabro.

El arcaísmo se apodera de las nuevas tecnologías para mejor combatir un mundo abierto e interconectado que detestan por encima de todo. Es la estrategia del cuchillo y la cámara. La víctima expiatoria espera su suplicio, rodeado de barbudos que aullan !Alá Akbar! agitando sus teléfonos portátiles para inmortalizar la escena del crimen. Ha sido necesario el asesinato de dos periodistas norteamericanos y de un trabajador humanitario británico para oír las voces oficiales denunciar la barbarie de los yihadistas. Sin embargo, las decapitaciones se han convertido desde hace rato en el deporte nacional del Estado Islámico. Si el ministro francés Laurent Fabius ha expresado su “indignación” después de la muerte de James Foley, por contra no se le escuchó decir nada cuando unos días antes un sacerdote franciscano fue salvajemente degollado en Siria. Al parecer, en el horror no todas las cabezas tienen el mismo valor.

Mientras tanto, una verdadera guerra (semántica) se está jugando por parte de las diplomacias occidentales. Ya no se debe utilizar la expresión “Estado Islámico” ya que eso podría provocar una confusión con el islam, el islamismo y el mundo musulmán. El movimiento islámico debería ser rebautizado “Daesh”, que es el acrónimo árabe de EIIL (Estado Islámico de Irak y el Levante), reducido a EI (Estado Islámico) por comodidad.

Después de la decapitación de James Foley, Barack Obama precisó que el Estado Islámico no “representaba a ninguna religión” (sic). Laurent Fabius se sumó al carro diciendo que los yihadistas no actuaban en “nombre de los musulmanes”. Cierto, el Estado Islámico no lucha en nombre de todos los musulmanes, ¡pero no es menos cierto que este grupo mata en nombre del islam!

En realidad, detrás de esa guerra semántica, se perfila otro combate: el de la defensa del multiculturalismo y de la convivencia. También hay que machacar la idea según la cual el islam es una religión de paz que tiene su lugar en Europa. No importa, al parecer, que las encuestas demuestren que el 16% de los “franceses” apoyen al Estado Islámico. No importa, al parecer, que Francia sea el país de Europa donde más yihadistas hay.

Desde el pasado mes de abril, los identitarios han llevado a cabo una campaña de sensibilización sobre el peligro que representan estos yihadistas “franceses” que han partido a Siria e Irak para unirse al EI. Hemos pedido la adopción urgente de una ley que condene a la pérdida automática de la nacionalidad francesa y la prohibición absoluta de entrar en territorio nacional a todas las personas que hayan participado a una acción yihadista en un frente extranjero.

Cada semana un buen puñado de musulmanes buscan salir de Francia para ir a hacer la yihad. En esta perspectiva la remigración es una necesidad, ya que no podemos cobijar una población mayormente hostil a nuestro país y nuestro pueblo. Es igualmente necesario tomar medidas radicales para impedirles que vuelvan. No creo que haya muchos franceses a los que les gustaría cruzarse en las calles a individuos que hayan tomado gusto a eso de degollar o decapitar personas. Sin duda no es demasiado correcto políticamente decirlo pero la seguridad del país impone la eliminación de estos individuos en el terreno mismo de sus fechorías.

Al mismo tiempo conviene tomar medidas para neutralizar aquellos que piensan llevar a cabo la yihad en nuestra tierra. Los asesinos están dentro de nuestros muros. Y no son las llamadas a la calma y la irresponsabilidad de nuestras autoridades que nos van a poner a salvo de ellos.

inmigración en europa
Italia: la Liga Norte denuncia la Gran Sustitución
Flavien Blanchon. Milán. Minuto Digital 24 Febrero 2015

En una reciente entrevista al diario digital Il Primato Nazionale, el secretario de la Liga Norte, Matteo Salvini, ha declarado, entre otras cosas: “Hay que tener mucho cuidado porque entre los cientos de miles de personas que llegan o desembarcan es fácil que se infiltren algunos que vienen para hacerse explotar”.

Una semana antes, Matteo Salvini, había comentado en su página Facebook las últimas cifras desatrosas de la natalidad italiana: “En 2014 sólo 590.000 niños han nacido en Italia, el número más bajo desde hace 150 años. Una sociedad que ya no hace niños es una sociedad que puede morir. A menos que algunos piensen en reemplazarnos por millones de inmigrantes. Yo no pienso rendirme. Esta tentativa de cambio de pueblo que está en marcha, la vamos a combatir por todos los medios posibles”.

En un interesante artículo, Adriano Scianca, responsable cultural de Casapound, había reconocido la validez de la tesis de la Gran Sustitución, es decir la que interpreta la inmigración de masas como un fenómeno que está, de manera más o menos deliberada, reemplazando un pueblo por otro, y cuya formulación ha sido expuesta por el francés Renaud Camus. En Italia, decía Adriano Scianca, en razón de una inmigración algo más tardía que la de allende los Alpes, el concepto es nuevo, pero se está empleando cada vez más a menudo.

Según Matteo Salvini, “la izquierda mundial ha planificado una invasión, un cambio de pueblo. Yo no me rindo, yo no estoy de acuerdo con eso. La introducción del derecho de suelo en Italia, eso no lo acepto es un cambio de pueblo, una invasión programada”. Y añade: “El año pasado, 82.000 italianos han salido al extranjero para trabajar: un récord. Mientras tanto, han desembarcado casi 150.000 inmigrantes sin trabajo. Una tentativa de cambio de pueblo etá en marcha, pero yo no me resigno”.

Adriano Scianca reconoce que las referencias insistentes de Matteo Salvini a la Gran Sustitución datan “sobre todo de después de la intensificación de los contactos del Frente Nacional y la Liga Norte”. El concepto es corriente en el Frente Nacional. Jean-Marie Le Pen lo decía mucho antes que Renaud Camus, hace ya 40 años. Numerosas cargos del FN han adherido a esa tesis, como Bruno Gollnish, Julien Rochedy, Philippe Martel y Fabien Engelmann.

Cierto es que no todos en el FN comparten la misma opinión acerca de la Gran Sustitución. El nuevo presidente de las juventudes del FN piensa que “se trata más de una fantasía racialista que de una realidad”. Marine Le Pen, por su parte, sin negar lo evidente, piensa que “el concepto de Gran Sustitución supone un plan establecido. No comparto esa visión complotista”. Incluso el vicepresidente del FN, Florian Philippot, se muestra reticente con el tema: “Algunos ven una concepción racialista en la llamada Gran Sustitución que no comparto”.

El fenómeno europeo de la Gran Sustitución, vivido, constatado y formulado en primer lugar en Francia se ha convertido en una evidencia también en Italia, a tal punto que el aliado italiano del FN lo pone ahora en el centro de su discurso. Si el FN decidiera no hablar de ello (por estrategia electoralista o por convicción), no sólo sería paradójico: sería desesperante.

Critican el 'valenciano' de Rita Barberá
Vicente Torres Periodista Digital 24 Febrero 2015

Hay que reconocer que los nacionalistas se adueñado de lo que podría definirse como el mundo de las esencias, de tal modo que para estar a la moda no queda más remedio que hacerse gilipollas, eso para el que no lo sea ya de fábrica.

Rita Barberá es una señora que lleva muchos años como alcaldesa de Valencia, lo que da pie a que se le pueda criticar por muchas cosas, pero que se aproveche que no habla valenciano para ello es de risa.

Tuvimos un rey de España, y el suyo fue el segundo reinado más largo, que jamás aprendió a hablar español y este detalle no mejoró ni empeoró su gestión.

Uno habla las lenguas que le da la gana, o que ha podido aprender, y eso de dar o denegar cédulas de valencianía cae de lleno en el campo de lo ridículo. Merece más la pena, por ejemplo, el carnet de donante de órganos, o de médula ósea, o de sangre. Yo no sé si mis vecinos tienen el carnet de valencianos o no, ni me interesa saberlo. Lo que sí que me afecta es que sean buenos ciudadanos y paguen los impuestos. Tampoco me importa que hablen o no valenciano, sino que hay otros detalles mucho más interesantes.

Estas manías que contagian los nacionalistas tienen consecuencias económicas. Rita Barberá no habla valenciano, pero el ayuntamiento de Valencia se ha gastado un dineral, o sea, impuestos de los ciudadanos, en rotular todas las calles en valenciano. Muchas de ellas llevaban siglos rotuladas en español sin que se hubiera muerto nadie del susto, o sea que podían seguir igual unos cuantos siglos más. Pero es que además, se puede dar la impresión engañosa, al igual que ocurre en Barcelona, de que aquí nunca se ha hablado español, lo cual es una solemne mentira.

Desprecio al español
JOSÉPH MACMILLAN Cartas ABC 24 Febrero 2015

Resulta desafecto que el Ayuntamiento de Barcelona desprecie a los barceloneses de habla castellana (o española), y nunca tenga la atención de dirigirse a ellos en su lengua materna.

Tampoco es respetuoso ni elegante con los comerciantes, a los que envía circulares oficiales en catalán, y solo en catalán. Es un hecho persistente, como cuando se ha dirigido sólo en catalán a los comerciantes con motivo del plan de protección de establecimientos emblemáticos de Barcelona. De los 17.000 folletos que ha enviado el Consistorio, no ha habido ni uno solo en castellano. Me parece irracional este desprecio del alcalde a los barceloneses, sobre todo cuando sabemos que el uso preferente y único en este caso de la lengua catalana ha sido tumbado judicialmente.

Quiero ser biempensado, pero no acierto a entender por qué el alcalde no quiere hablar en castellano con los comerciantes. Y lo mismo le pasa con los contribuyentes, que pagamos su sabrosísimo sueldo...

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El limbo de las estructuras de Estado
maría jesús cañizares ABC Cataluña 24 Febrero 2015

Todo el mundo es bueno. Tanto que en una Cataluña independiente, habrá una confianza ciega entre administración y contribuyente. Adiós fraude fiscal, hola a la honradez impositiva. O el director del Programa para la definición de un nuevo modelo de Administración Tributaria de Cataluña, Joan Iglesias, es un idealista o un nuevo teórico de las teorías evolutivas. A saber, que los catalanes son más honrados que el resto de los españoles y que, por tanto, en un Estado propio, triunfará un sistema tipo escandinavo donde el ciudadano es leal con el fisco. Los escritos de Iglesias van por ese camino. Dicho de otra forma, que Cataluña dejaría atrás el sistema informático «Rita» y su voracidad recaudatoria porque tras la desconexión con el Estado, no habrá ni dinero negro ni fraude fiscal ni evasión a paraísos fiscales. Obviamente, en una Cataluña independiente, el expresidente Jordi Pujol, que hoy comparece en el comisión de investigación parlamentaria que mediáticamente lleva su nombre, nunca habría cometido esas irregularidades confesadas de su puño y letra el verano pasado.

Quien está llamado a ser el Montoro del nuevo Estado catalán se presenta en los cenáculos económicos como «Asesor personal del ‘president’». No puede haber mejor tarjeta de presentación. Lástima que el propio Artur Mas haya reconocido que la hacienda propia nunca será posible hasta que Cataluña sea independiente. Lo hizo en la presentación del libro de Iglesias «Una hacienda a la catalana». Su reflexión coloca a su «asesor personal» en el limbo de las estructuras de Estado, pues más allá de teorizar, especular o reforzar (que lo necesita) la Agencia Tributaria Catalana dentro de las competencias asignadas estatutariamente -cabe recordar que las 17 comunidades autónomas tienen su agencia coordinada con la estatal-, Iglesias tiene un escasísimo margen de maniobra. Eso sí, Mas le ha convertido en el inspector de Hacienda mejor pagado de España: 102.000 euros al año. Un sueldo caído del cielo soberanista. Y si la cosa sale mal, siempre puede volver al cuerpo nacional de inspectores.

Lo de Joan Iglesias y sus cometidos imposibles recuerda el caso de aquella funcionaria de alto nivel que, durante tres años, cobró un sueldo de 60.000 euros por una Oficina Antifraude que no existía. Entonces gobernaba el tripartito, con ERC empeñada en impulsar un organismo que destapara supuestas corruptelas de CiU. Ironías del destino, la Oficina vio la luz finalmente y, entre sus investigaciones, figura los negocios turbios de Jordi Pujol Ferrusola en Puerto Rosario. Un asunto por el que hoy será interrogado en la citada comisión parlamentaria, pues está citado a comparecer junto a sus padres. Si es que acude. Si es que habla.

Los Pujol siguen afrentando a la ciudadanía
EDITORIA Libertad Digital 24 Febrero 2015

La comparecencia de Jordi Pujol, su esposa y su primogénito en la sedicente comisión de investigación creada en el Parlamento de Cataluña para supuestamente investigar el fraude fiscal y la corrupción en la región ha superado en bochorno a la primera declaración del jefe del clan ante ese mismo órgano, algo que se antojaba imposible. Si en su primera comparecencia Pujol se atrevió a abroncar a los presentes por atreverse a pedirle explicaciones sobre la fortuna amasada por su familia durante su mandato, en esta ocasión ha decidido reírse de todos ellos y, de paso, de los literalmente defraudados ciudadanos.

El ex molt honorable sólo intervino para lanzar reproches a los diputados que le preguntaban y hacer declaraciones disparatadas y contrarias a los hechos según su propio relato, como cuando dijo que siempre ha procurado "ser estricto en las declaraciones de Hacienda" y cuando despreció las gravísimas acusaciones que pesan sobre él con un desvergonzado "dicen, dicen, dicen".

Más grotesca fue, si cabe, la declaración de su esposa, Marta Ferrusola, que sin el menor pudor y en contra de toda evidencia aseguró que su familia no tiene "ni cinco", y que las veces que ha ido a Andorra ha sido exclusivamente para esquiar. Por su parte, el hijo mayor del matrimonio negó haber recibido comisiones de empresarios a cambio de contratos con la Generalidad y atribuyó el tren de vida del clan a que la fortuna familiar era "muy alta", justo lo contrario de lo que minutos antes había sostenido su madre.
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La actitud de los Pujol convirtió la sesión en una pantomima siniestra. Los exabruptos del padrino nacionalista, el cinismo inaudito de su esposa y la negativa a declarar de su hijo mayor, responsable de administrar los fondos del clan, dieron lugar a un espectáculo que debería avergonzar a los partidos nacionalistas y a sus votantes.

Algo así de vergonzoso es posible en Cataluña por la existencia de un nacionalismo corrupto hasta la hez, que se ha hecho con todos los resortes del poder. Solo la excepción de Ciudadanos, con su ejemplar comportamiento en este grave asunto, consigue dignificar en parte a unas instituciones catalanas corrompidas a conciencia por los nacionalistas.

Como dijo acertadamente el diputado de Ciudadanos Carlos Carrizosa, "estamos asistiendo al derrumbe de una época"; sólo que el nuevo tiempo quieren gestionarlo los mismos corruptos, aliados con lo peor del radicalismo pretendidamente antisistema, encarnado en ese personaje impresentable llamado David Fernández que hace gala de su zafiedad desde la mismísima presidencia de una comisión de investigación indigna de tal nombre.

HAY 9.500 SINDICALISTAS QUE COBRAN POR NO TRABAJAR
Los liberados sindicales cuestan a las CCAA 340 millones al año
Juan E. Pflüger gaceta.es 24 Febrero 2015

Cada representante sindical que se ausenta permanentemente de su puesto de trabajo le cuesta a la administración más de 36.000 euros al año. Andalucía acapara un tercio del total.

Pese a la crisis, el número de liberados sindicales no ha bajado significativamente en los últimos años. Las comunidades autónomas acumulan numerosos sindicalistas que se encuentran exentos de acudir a sus puestos de trabajo al encontrarse en situación de liberados. Si bien es cierto que hay menos que en 2007, cuando había 12.000 en el total de los funcionarios regionales, actualmente hay algo más de 9.500.

Por comunidades autónomas, las diferencias son más que significativas. Aragón es una de las comunidades con menor coste en liberados, ya que apenas superan los 160, mientras que Andalucía se lleva la palma al acumular un tercio del total regional con 3.700. Entre medias se encuentran otras autonomías como Castilla-La Mancha con 300 o Madrid con poco más de 600.

El coste de cada uno de estos puestos supone una media de 36.000 euros al año para la comunidad que debe costear el sueldo del funcionario liberado más el dinero que cuesta su sustitución. Por eso, el total del coste para las arcas de las comunidades autónomas asciende a la cantidad de 340 millones de euros al año. Una cantidad más que significativa si tenemos en cuenta que con ese dinero se podría mantener abiertas las plantas de hospital que se cierran o dotar becas escolares sin problema.

Andalucía sigue siendo el referente negativo en esta materia ya que destina más de 130 millones de euros anuales a financiar a sus liberados sindicales, mientras que Aragón, por ejemplo, apenas debe emplear poco más de 6 millones de euros al año.
 


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