AGLI Recortes de Prensa    Viernes 27  Febrero 2015

Grecia
Syriza quiere endeudarse como la casta
Guillermo Dupuy Libertad Digital 27 Febrero 2015

No es que Alexis Tsipras haya renunciado a que el Estado griego siga viviendo por encima de sus posibilidades. Lo que sucede es que el líder de Syriza perece haberse dado cuenta de que para lograrlo no hay nada como entonar la conocida y falsa cantinela de la austeridad y no asustar a los acreedores institucionales de los que pretende seguir viviendo.

Esto, y no otra cosa, es lo que ha hecho el Gobierno de Syriza con la famosa lista de reformas con la que parece que ha logrado la prórroga de la extensión del plan de rescate de la Troika. Esta lista de vaporosas reformas, ya la haya redactado Varufakis o algún enviado de la propia Troika, lejos de estar en los antípodas del disparatado programa electoral con el que Syriza concurrió a las elecciones es lo más parecido a dicho programa que hubiera podido redactar cualquier persona dispuesta a llevarlo a la práctica en su mayor medida. No renunciar en nada a ese programa electoral hubiera supuesto no poder llevar nada de él a la práctica.

Una cosa es que esa lista de reformas demuestre que Syriza no es una auténtica alternativa a una casta que repele el liberalismo y otra que creamos que la solución de Grecia está en que los populistas se mimeticen con ella. ¿Alguien se cree que Grecia va a salir del hoyo con tan escaso maquillaje del populismo? ¿Tan en los antípodas nos creemos que está la casta socialdemócrata del populismo? Este cambio –supuestamente radical– del Gobierno de Syriza podrá convencer a pródigos y keynesianos prestamistas institucionales con capacidad de monetizar deuda o con capacidad de prestar el dinero ajeno que extraen de sus impuestos. Pero dudo mucho de que ningún inversor privado, por este supuesto bandazo, vaya a pasar ahora a prestar al Estado griego un solo euro.

Habida cuenta del descontrol del gasto público que estos supuestos adalides de la austeridad han venido financiando a cargo del contribuyente, puede ser que la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central se traguen el sapo. Pero está por ver; y, en tal caso, Syriza se habrá arrodillado ante la Troika tanto como la Troika ante Syriza. Al fin y al cabo, tampoco difiere tanto la casta que mata de sed del populismo que propone que bebamos agua salada.

HOMENAJES Y HOMENAJES
Blas Infante y el día de Andalucía
Rafael Núñez Huesca www.elsemanaldigital.com 27 Febrero 2015

La principal excepcionalidad española con respecto al resto de Europa fue la forja de su identidad contra el Islam. Hoy puede parecer incorrecto, pero así fue. Y así lo reconocen las principales cabezas de España. Desde Julián Marías a Sánchez Albornoz, desde Ortega a Unamuno y desde Menéndez Pidal a Menéndez Pelayo.

España persiguió su identidad perdida, cristiana y occidental, durante ocho siglos. Nunca pueblo alguno mostró tenacidad semejante. Desde Covadonga hasta la toma de Granada, siempre la misma dinámica: batalla, avance y repoblación, batalla, avance y repoblación. Así durante ochocientos años. Decenas de generaciones de españoles participaron en la común empresa de la Reconquista. Por eso la reivindicación de Al Ándalus es la negación de España. Una y otra nunca fueron compatibles. Se excluían mutuamente. La vieja España hispanogoda acabó por recuperar hasta el último palmo de tierra.

Para Blas Infante ganaron los malos. El por algunos llamado "padre de la patria andaluza" dedicó su vida a reivindicar para Andalucía la identidad islámica de la vieja Al Ándalus. Como haría Sabino Arana con las provincias vascas, Infante inventó toda una simbología ad hoc. En la bandera de Andalucía, hoy perfectamente normalizada, predomina el verde, conocido como "color del Islam". En coherencia con lo anterior, Blas Infante se haría musulmán el 15 de septiembre de 1924, adoptando el nombre de Ahmad. Dos andalusíes nacidos en Marruecos actuaron de maestros de ceremonias.

Su familia, sin embargo, negaría años después la conversión. Infante establecía los principios rectores del nacionalismo andaluz en el llamado "Manifiesto andalucista de Córdoba":

"Sentimos llegar la hora suprema en que habrá de consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España. Declarémonos separatistas de este Estado (…) que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los Pueblos extranjeros. Avergoncémonos de haberlo sufrido y condenémoslo al desprecio. Ya no vale resguardar sus miserables intereses con el escudo de la solidaridad o la unidad que dicen nacional".

En Andalucía, no obstante, el nacionalismo fracasó en su intento de penetrar en el imaginario colectivo. Ha quedado y aún permanece una conciencia andalucista que, salvo excepciones, no suele resultar incompatible con la identidad global española. Salvo excepciones.

Movimientos de izquierda radical como el liderado por Sánchez Gordillo sí reivindican un nacionalismo de máximos orientado abiertamente a la secesión: "Andalucía no es España, existió antes de que se configurara el Estado español y seguirá existiendo tras su caída". Y lamenta que "la conquista española, que duró ocho siglos, truncara el renacimiento cultural andaluz ". Tal es la herencia de Blas Infante, al que se honra el próximo día 28 de febrero y a cuya celebración acudirán todos los partidos con representación en el parlamento andaluz.

Infante fue asesinado por sus ideas políticas durante el levantamiento franquista. Sólo esto justificaría uno y cien homenajes. Mas su consideración de andaluz universal queda grande toda vez que Andalucía ha dado hijos de la proyección mundial de Lorca, Séneca, Velázquez, Trajano, Cabeza de Vaca, Cánovas, Góngora, Béquer, Picasso, Falla o Machado. Éstos sí hicieron grande a Andalucía y no pequeña. Y por ninguno se movilizan las instituciones.

Patriotismo no es servilismo
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 27 Febrero 2015

Si había algo que valoraba de la izquierda era su internacionalismo y cosmopolitismo: dado que la clase trabajadora no se ve limitada al interior de las fronteras nacionales, los viejos conceptos westfalianos dejaban de ser útiles para determinar las redes de convivencia y de empatía comunitaria. Reconocer a los demás como personas, con independencia de la parte del globo en la que accidentalmente nacieran, es el primer paso para reconocerles como sujetos con iguales derechos a los propios: como sujetos merecedores de respeto y con los que, llegado el caso, poder convivir pacíficamente.

No se trata, claro está, de que el patriotismo deba carecer completamente de relevancia. El patriotismo entendido como la filiación y la defensa de un conjunto de instituciones que, a diferencia de otras, salvaguarden la libertad de cada individuo permitiendo su autónomo desarrollo, sí es un patriotismo que convive abrazar. “Donde mora la libertad, allí está mi patria”, decía Franklin. Y es lógico que cualquier persona prefiere este tipo de instituciones incluyentes a otras excluyentes: es lógico que se sienta orgullo de ellas y que luche frente a aquellas amenazas internas o externas que desean erradicarlas.

Mas éste no es un patriotismo ni con base nacional ni tampoco con base estatal: la base del patriotismo sano es el individuo como agente intencional merecedor de respeto por parte del resto de agentes y, también, por parte de aquellas instituciones que se arrogan la competencia de garantizar ese respeto. Por eso el patriotismo sano no está determinado por el nacimiento, por la etnia o por la cultura: está constituido por la libre asociación de individuos en torno a esos principios universalizables que protegen la autonomía individual.

Pablo Iglesias, sin embargo, lleva años reivindicando un nuevo patriotismo para la izquierda: no es un patriotismo con base nacional, pero sí con base estatal. Lo que reclama el líder de Podemos no es amor hacia las esencias históricas, culturales o religiosas de España, sino sumisión hacia un Estado que representante la autoridad democrática de las mayorías para imponerse sobre las minorías.

El servilismo patriota de Podemos
Cada vez que Podemos habla de patriotismo —la última, en su reciente “el otro estado de la nación”— es para reclamar la subordinación de los intereses, o incluso de los derechos, de algunos individuos a los del Estado: patriotismo es pagar impuestos en España aun cuando éstos sean confiscatorios; patriotismo es obligar a los españoles a apoyar la industria nacional frente a la extranjera, aun cuando ésta ofrezca mejores y más baratos productos; patriotismo es impagar la deuda a nuestros acreedores (¿extranjeros?) para así disponer de más fondos propios con los que acrecentar el gasto público; patriotismo es recuperar la “soberanía” monetaria para que el gobierno nacional pueda financiarse a costa de machacar con inflación a los ciudadanos; patriotismo es, en definitiva, aceptar que mi vida no es mía, sino que soy un fusible al servicio del Estado español.

Acaso porque lo instintivo sea que cada individuo trate de vivir su propia vida, promoviendo sus intereses legítimos, los de sus familiares, amigos y cercanos, el patriotismo de corte estatista debe ser machaconamente reivindicado e interiorizado. Es más, acaso porque lo crucial en el patriotismo de Podemos no sea el significante —patriotismo— sino el novado significado —servilismo estatista—, se nos intenta vestir cual lobo con piel de cordero: si el significante evoca virtud, el vicioso significado terminará identificándose como una práctica positiva; incluso como un imperativo categórico que no debe cuestionarse a riesgo de ser condenado al ostracismo del antipatriotismo.

Por qué el servilismo no es patriotismo
Una patria que esclaviza a sus ciudadanos no es una patria: es una cárcel. El patriotismo entendido como autosacrificio, como la renuncia a uno mismo en aras de los superiores fines del grupo, es sólo una impostura para la servidumbre. El patriotismo es virtuoso cuando es integrador: cuando permite y coadyuva la buena vida para cada uno de los miembros del grupo (y también para los miembros fuera del grupo) y, justo por ello, cada uno de esos miembros lo asume voluntariamente como parte integral de sus vidas. El patriotismo que necesita ser reivindicado y adoctrinado, que no es autoevidentemente saludable para las partes, que incluso requiere ser impuesto por el imperium estatal sobre quienes desean renunciar a esa patria que no reconocen como propia, no es patriotismo: es un lavado de cerebro colectivo.

España, encarnada por el Estado español, es una patria que muchos no reconocen como propia, hasta el extremo de que aspiran a separarse políticamente de la misma. Y son muchos los que no la reconocen como propia porque otros muchos han pretendido usarla como excusa para imponerles a los primeros sacrificios excesivos que no tenían ninguna obligación de soportar. La patria no se promueve haciéndola excluyente, sino incluyente: no obligando a formar parte parasitada de ella, sino permitiendo ser parte simbiótica de la misma. No son herramientas para ocultar la explotación de unos por otros, sino para agradecer la pertenencia a unas instituciones sociales que permiten la justa cooperación y la pacífica convivencia.

Alimentar fiscalmente a un aparato estatal expansivo que ahoga a las personas y les impide desarrollarse autónomamente no es patriotismo: es utilizar la patria como ariete para imponer los intereses de la burocracia estatal sobre la ciudadanía. Excluir arbitrariamente a los empresarios extranjeros del mercado interior por el mero hecho de ser foráneos no es patriotismo: es utilizar la patria como pretexto para imponer los intereses de unos empresarios nacionales incapaces de satisfacer suficientemente las preferencias de sus conciudadanos sobre los de esos conciudadanos y los igualmente legítimos intereses de los empresarios extranjeros. Repudiar la deuda para seguir endeudándose no es patriotismo: es utilizar la patria como salvoconducto para violar los derechos ajenos y las relaciones de buena fe en privativo provecho propio. Usar el monopolio monetario para financiar al Estado nacional a costa de atracar inflacionistamente a los ciudadanos no es patriotismo: es un velo para ocultar el expolio de una parte sobre el resto.

Podemos exorciza una visión antisocial y proestatal del patriotismo que mejor habría permanecido enterrada: no trata de impulsar una patria de la que todos nos sintamos orgullosos, sino una patria a la que todos debemos obediencia aun cuando nos avergoncemos de ella. Un patriotismo que confiere al Estado la fraudulenta autoridad de maltratar a sus conciudadanos y de convertirlos en sus súbditos. “Donde mora la libertad, allí está mi patria”; Podemos necesita inculcarnos que nuestra patria, en cambio, se halla allí donde no mora la libertad.

50 años de fracaso educativo
EDITORIAL El Mundo 27 Febrero 2015

BBVA RESEARCH y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) han comparado la escolarización de la población adulta en la OCDE, en España y en las Comunidades Autónomas desde 1960. El estudio coteja también los niveles de renta, ocupación y productividad. Se trata de un concienzudo trabajo que no valora la calidad de la enseñanza, pero que permite extraer tres conclusiones claras. Una, obvia, que existe una correlación entre el desarrollo de un país y el grado de educación de sus ciudadanos. Dos, que aun habiéndose producido una mejora educativa en términos cuantitativos -han aumentado los años de formación-, España continúa anclada en el mismo vagón de cola que ocupaba hace 50 años:entre un total de 22 países estudiados es la penúltima, tan sólo por delante de Portugal. Y tres, que después de cuatro décadas de desarrollo autonómico, en las que las competencias educativas se han transferido y durante las que se ha aplicado la solidaridad de las comunidades ricas con las más pobres, se mantienen las mismas diferencias entre regiones que existían hace medio siglo.

El estudio constata un fracaso colectivo, político y social, pues deja patente que España ha avanzado poco, en relación con sus vecinos, en la mejora de la educación de sus ciudadanos y que, además, ha sido incapaz de cohesionarse en este terreno. Es sintomático que Madrid, País Vasco, Navarra y Cataluña, precisamente las comunidades que gozan de mayores niveles de renta y menos paro, sean también aquellas en las que sus ciudadanos registran mayores índices de formación. Y es igualmente llamativo que Extremadura, Castilla-La Mancha, Murcia y Andalucía, perceptoras habituales de fondos de compensación territorial, sigan siendo las que tienen menos renta, más desempleo y más precarias tasas de escolarización. Los autores del trabajo, los prestigiosos economistas Rafael Doménech (BBVA)y Ángel de la Fuente (Fedea), afirman incluso que «se detectan indicios de un cierto agotamiento del proceso de convergencia educativa entre regiones» y alertan de que «las disparidades internas podrían volver a aumentar». Eso debería estimular un profundo y urgente proceso de reflexión sobre el modo en que las distintas Comunidades gestionan la educación y sobre la forma en que distribuyen los fondos que perciben del Estado. Mejorar la educación en todo el país y evitar que haya distintas velocidades formativas en España es una obligación ineludible.

Federico: "El CGPJ, cuatro siglas, cuatro mentiras"
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Febrero 2015

Videoblog de Federico
Federico Jiménez Losantos analiza la situación del Consejo General del Poder Judicial y del juez Vidal que fue el promotor del texto legal que debía dar cobertura a la hipotética secesión de Cataluña.

"El llamado gobierno de los jueces, el CGPJ, como decían de la URSS, cuatro siglas cuatro mentiras. Ni es Consejo, porque viene aconsejado por los políticos, ni es General, porque está privatizado por los partidos políticos, ni es de poder, porque el poder es del que les da el poder, ni es Judicial, porque son politicastros.

Si está corrompido el Consejo, como va a echar a los jueces corrompidos. Que mayor corrupción que un juez, como el Vidal, siendo juez del gobierno de España, se dedique a hacer constituciones para destruir la legalidad española. ¿Le pagamos todos los españoles el sueldo a Vidal para que haga constituciones catalanas contra el gobierno de España?

Incalificable traición de Zapatero y Moratinos
EDITORIAL Libertad Digital 27 Febrero 2015

Los siniestros José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel Moratinos se han reunido un siniestro recinto habanero con el siniestro dictador comunista Raúl Castro. Podría ser el inicio de una novela de terror político especialmente escalofriante pero no: es la grosera realidad. Un expresidente del Gobierno de España y quien fuera su ministro de Exteriores se han ido a Cuba, sin comunicárselo convenientemente ni al Gobierno ni a su propio partido, a confraternizar con uno de los más aberrantes regímenes de Occidente. Lo han hecho, además, en mitad de un proceso de negociación que, tal y como ha explicado el popular Teófilo de Luis en esRadio, implica a toda la Unión Europea y supone un esfuerzo diplomático de singular dificultad.

Lo peor es que lo han hecho con plena consciencia de que estaban apuñalando por la espalda a su propio partido, a la UE y, sobre todo, al Gobierno y al Estado españoles. Tan repugnante como suena.

La traición de Zapatero no debe sorprender demasiado, por otro lado. Ya hizo algo parecido e igual de grave cuando, siendo líder de la oposición, se plantó en Marruecos cuando las relaciones entre Madrid y Rabat estaban en uno de sus peores momentos de las últimas décadas; de hecho, Marruecos no tenía entonces embajador en nuestro país, y el socialista tipo la insensata temeridad de ponerse a jugar a la diplomacia paralela.

Sea como fuere, las razones del expresidente eran entonces más claras: estaba abriéndose hueco en la política, baste decir eso para enmarcar su felonía. Pero ahora, ¿qué razones le han movido a hacer semejante viaje para reunir con esos personajes? ¿Estamos ante un pacto discreto pero seguro que no inocuo con los infames Castro, o ante una maniobra completamente estúpida de un sujeto cegado por la vanidad más vergonzosa y de la que sabrá sacar tajada la dictadura cubana? Sea como fuera, es algo totalmente intolerable e imperdonable.

En cuanto al Gobierno, es cierto que ha sido traicionado por Zapatero y su inefable escudero Moratinos; pero no lo es menos que la política de Margallo y Rajoy hacia la Isla también ha supuesto una traición en toda regla… ¡a lo defendido por el PP durante tantos y tantos años!, a los disidentes cubanos –con los que Margallo no se dignó reunirse en su último viaje a La Habana– y, en suma, a los principios que deben subyacer a la política cubana de cualquier Gobierno español, que pueden resumirse así: defensa y promoción de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Por supuesto, esto no rebaja un ápice la gravedad de la incalificable traición de Zapatero y Moratinos, que han afrentado a la Nación y a todos los cubanos que padecen el yugo del comunismo desde hace más de medio siglo.

Desde el islam a Occidente
Alberto Piris. www.republica.com 27 Febrero 2015

Un largo viaje que se inició en Somalia y de momento ha concluido en EE.UU., con estancias intermedias en varios países africanos, asiáticos y europeos, ha sido el itinerario geográfico de una mujer somalí, Ayaan Hirsi Ali (Mogadiscio, 1969), cuyo último libro, Nómada, debería ser de lectura obligada para los que teorizan sobre las relaciones entre el islam y Occidente. Cuestión que lleva dando mucho que hablar desde hace ya varios años.

Es aún más arduo y apasionante su itinerario mental, al abandonar deliberadamente la cultura nativa y desprenderse de la opresiva carga religiosa con la que inició su andadura vital, para asumir los valores del mundo donde deseaba vivir. Ha sobrevivido a una transformación que difícilmente puede comprender quien no haya experimentado algo semejante y que la autora refleja en un texto donde se entrelazan, con maestría propia de una escritora especializada en cuestiones sociales, la narración de la realidad vivida por ella día a día y las reflexiones sobre el contraste entre dos maneras radicalmente distintas de entender la vida y el mundo.

En el ámbito familiar, Ayaan creció y fue educada en el asfixiante mundo que el rigorismo religioso islámico destina a las mujeres; en el ámbito social, le tocó crecer en la cerrada sociedad tribal de los clanes somalíes, donde la personalidad se diluye en el grupo y donde especialmente la mujer ocupa un escalón apenas superior al de los animales domésticos en lo relativo a decidir su propio destino.

Ayaan dice haber conocido en Occidente “muchas buenas personas” que ayudan a los refugiados, reprenden a sus conciudadanos o a sus Gobiernos por no participar más intensamente en ese proceso, dan dinero a organizaciones filantrópicas y “luchan por ayudar a las minorías a conservar sus culturas”, incluida la religión.

Reconoce que todo ello obedece a intenciones benévolas pero no vacila al afirmar la futilidad de sus esfuerzos para ayudar a los musulmanes y a otras minorías, porque al posponer o prolongar el proceso de su transición a la modernidad, y crear la ilusión de que uno puede regirse por las normas tribales y a la vez convertirse en un ciudadano normal del país de adopción, “los defensores del multiculturalismo encierran a las generaciones posteriores, nacidas en Occidente, en una tierra de nadie de valores morales”.

Su perspectiva incide, sobre todo, en la visión del mundo femenino en las sociedades islámicas: “incubadoras de hijos” son para ella las mujeres en la cultura tradicional. Viviendo y trabajando en EE.UU., se sorprende al observar “muchachas cubiertas con túnicas o vestiduras hasta los tobillos y con gruesos pañuelos alrededor de la cabeza, empujando cochecitos por las calles de las ciudades americanas”. Lo considera como un termómetro de su convicción religiosa y de la profunda aceptación de la vida como “sumisión” (significado de la palabra “islam”) así como del “creciente intento de control social de las mujeres musulmanas que pudieran desviarse fácilmente del buen camino”.

Lo atribuye al renovado esfuerzo misionero de grupos financiados y apoyados por Arabia Saudí, que propagan el islam más integrista: si en 1994 en un 54% de las mezquitas de EE.UU. se aislaba a las mujeres tras una pared, donde podían escuchar la predicación del imán pero no verle, al escribir el libro en 2010 ese porcentaje había subido al 66%. Por ello y otras razones análogas opina que es “un craso error la complacencia reinante en EE.UU. hacia el islam”.

Si se tiene en cuenta que un 26% de los musulmanes jóvenes de EE.UU. considera que los atentados suicidas están justificados para defender al islam, no es fácil rebatir la opinión de la autora cuando subraya el peligro de “la colisión básica entre los valores subyugantes y colectivistas del islam y los valores libertarios e individualistas del Occidente democrático”.

Los recientes atentados perpetrados por fanáticos islamistas y los brutales asesinatos del llamado Estado Islámico, que ya se extiende sobre Irak y Siria con peligrosos brotes en otros países asiáticos y africanos, han reavivado la vieja polémica entre el “choque” y la “alianza” de civilizaciones.

La conclusión a la que se llega tras leer el libro comentado es clara: en las actuales circunstancias esa alianza es prácticamente imposible y el choque resulta inevitable. Occidente asumió hace ya tiempo las bases ideológicas de la Ilustración que impregnaron su moral, sus costumbres y su modo de entender la convivencia humana, mientras que las sociedades islámicas permanecen rígidas dentro de las normas impuestas por un libro sagrado y las creencias inamovibles que estableció el profeta como mensajero de un dios que ya no volvió a hablar.

El libro no aporta soluciones concretas, como es natural en un problema tan enrevesado, aunque apunta direcciones en las que avanzar. A las sociedades occidentales les corresponde encontrar el modo de reducir el creciente enfrentamiento entre dos culturas tan poco compatibles, dentro de las normas democráticas que han permitido a sus pueblos, tras tanta sangre derramada, conocer el verdadero sentido de la libertad personal y de los derechos humanos.

"La historia nos hará mejores si se escribe con honradez"
Nuevo volumen de “Relatos de Plomo”
www.latribunadelpaisvasco.com 27 Febrero 2015

El próximo martes, 3 de marzo, a las 17.00 horas, en la sede de la FAPE (María de Molina, 20, Madrid), se presenta el segundo volumen del proyecto periodístico “Relatos de plomo. Historia del Terrorismo en Navarra”, una iniciativa pionera que recoge de manera exhaustiva, y a través de más de sesenta entrevistas a víctimas del terrorismo, la historia de la organización criminal ETA en la Comunidad Foral.

Tal y como se indica en la web de “Relatos de Plomo”, durante los últimos cincuenta años ETA ha dejado su impronta de terror en la sociedad navarra: ha matado a 42 personas, ha secuestrado, ha causado cientos de atentados, ha extorsionado, ha hipotecado la vida política, ha sembrado el miedo y, en definitiva, ha hecho peor a la sociedad que, por medio de las armas, decía defender. “Después de que la banda terrorista anunciara el cese definitivo de la violencia, y pese a que no se ha disuelto, comienza el momento de contar lo ocurrido en el último medio siglo. Porque cerrar esta etapa ominosa implica levantar acta del terror. Porque, aunque no hay vuelta atrás para los asesinatos, la Historia nos hará mejores si se escribe con honradez. Con esta aspiración nace Relatos de plomo, una obra de dos tomos que recoge de forma exhaustiva la historia del terrorismo en la Comunidad Foral. Para ello, incluye crónicas de todos los atentados de envergadura, tanto mortales como no mortales, y entrevistas a familiares de las víctimas y heridos graves, siendo para muchos la primera vez que dan su testimonio”.

El primer tomo, que se publicó en diciembre de 2013, contenía el relato de los hechos ocurridos desde 1960 hasta 1986. En este segundo tomo, que continúa desde el final de ese primer periodo hasta la actualidad, se completa el recorrido a la historia del terrorismo de ETA que, durante cinco décadas, ha acompañado a la sociedad navarra.

En 2015 se publicará un tercer y último libro que recogerá toda una serie de temáticas transversales.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La gran mentira del nacionalismo: los Países Catalanes, ese invento moderno
César Cervera. Madrid ABC 27 Febrero 2015

El término data del siglo XIX y hace referencia a los territorios de la Corona de Aragón, que, en realidad, fue un conjunto de reinos sometidos al Rey de Aragón entre los siglos XII y XV

Origen falso y mitolológico del escudo del condado de Barcelona por Wilfredo «el Velloso»

«A pesar de la tendencia de los historiadores nacionalistas catalanes de retorcer la naturaleza "catalana-aragonesa" de la Corona de Aragón, nunca ha existido nada, en la historia medieval, y mucho menos en los tiempos modernos, que pudiera considerarse ni de lejos un embrión del Estado catalán, excepto en las imaginaciones más románticas y soñadoras», explica en uno de sus trabajos el historiador Enric Ucelay-Da Cal.

Frente a la incapacidad para encontrar un germen de nación en la historia de este región española, la mitología romántica acuñó a finales del siglo XIX el término Países Catalanes (o Gran Cataluña). El primero en usarlo fue el valenciano Bienvenido Oliver, sin intenciones políticas, para englobar los territorios de habla catalana y sus variantes. Así, el mapa de los Países Catalanes se extiende por Cataluña –excepto el Valle de Arán–, las Islas Baleares, Andorra, la Comunidad Valenciana, la región histórica francesa del Rosellón, la zona de Aragón limítrofe con Cataluña denominada actualmente Franja de Aragón y una pequeña comarca murciana, entre otras regiones.

No en vano, lo que era una simple denominación de carácter lingüístico se convirtió en boca de los nacionalistas en una especie de tierra prometida. Un ente que sirve para justificar, con supuestas raíces en la Edad Media, las actuales reivindicaciones políticas. Sin ir más lejos, la Generalitat de Cataluña da la información meteorológica de la Comunidad Valenciana en la TV3 a través de lo que designa como «Países Catalanes». El servicio de Meteorología del Gobierno catalán, dependiente de la Conselleria de Territorio y Sostenibilidad, suele incluir a la Comunidad Valenciana junto a Cataluña y Baleares en sus mapas, con claras intenciones políticas.

La Corona de Aragón y el Reino de Aragón
Para alcanzar este mito de los Países Catalanes, los grupos independentistas tuvieron que retorcer y distorsionar la naturaleza «catalana-aragonesa» de la Corona de Aragón. La zona que hoy corresponde a la comunidad autonómica de Cataluña estuvo desde el siglo XII unida al Reino de Aragón y solo durante un breve periodo fue un ente propio, incluso entonces dependiente de otros reinos. Así, tras el colapso de la Hispania Visigoda –que se extendía por prácticamente toda la Península Ibérica– y la invasión musulmana en el 718 d.C, el Imperio carolingio estableció una marca defensiva como frontera meridional con Al-Ándalus. Esto supuso la ocupación por los francos durante el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas, de Gerona y, en el 801, de Barcelona. Este antiguo territorio visigodo se organizó políticamente en diferentes condados dependientes del rey franco.

Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV
Conforme el poder central del Imperio se debilitaba en el siglo X, los condados catalanes, que estaban vertebrados por Barcelona, Gerona y Osona, fueron progresivamente desvinculándose de los francos. En el año 987, el conde Borrell II fue el primero en no prestar juramento al monarca de la dinastía de los Capetos, pero se sometió en vasallaje al poderoso Califato de Córdoba. En este punto, las leyendas nacionalistas sitúan erróneamente al noble Wifredo «el Velloso» –el último conde de Barcelona designado por la monarquía franca– como el artífice, no ya de la independencia de los condados catalanes, sino del nacimiento de Cataluña y sus símbolos. Así ocurre con la bandera de las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo, que, en realidad, no fue usada por los Condados hasta la unión con Aragón. Por el contrario, el emblema tradicional de los condes de Barcelona fue la cruz de San Jorge (una cruz de gules sobre campo de plata).

La Corona de Aragón fue el resultado de una unión dinástica
En el siglo XII, el conde Ramón Berenguer IV se casó con Petronila de Aragón conforme al derecho aragonés, es decir, en un tipo de matrimonio donde el marido se integraba a la casa principal como un miembro de pleno derecho. El acuerdo supuso la unión del condado de Barcelona y del Reino de Aragón en la forma de lo que luego fue conocido como Corona de Aragón. En un contexto de alianzas medievales, la asociación de ambos territorios no fue, pues, el fruto de una fusión ni de una conquista, sino el resultado de una unión dinástica pactada entre la Casa de Aragón y la poseedora del Condado de Barcelona. De hecho, originalmente los territorios que formaron la Corona mantuvieron por separado sus leyes, costumbres e instituciones. A lo largo del segundo cuarto del siglo XIII, se incorporaron a esta Corona las Islas Baleares y Valencia. Este último territorio, el Reino de Valencia, pasó a convertirse en un reino con sus propias Cortes y fueros.

Es por ello que los Países Catalanes –una delimitación solo basada en la similitud lingüística– nunca existió como sujeto político ni hay menciones a ella en las fuentes del periodo. A grandes rasgos, los independentistas suelen confundirla con la Corona de Aragón, pero ésta fue otra cosa: el conjunto de reinos que estuvieron sometidos al Rey de Aragón, entre los siglos XII y XV, donde se encontraban no solo el territorios de lengua catalana, sino también otras reinos como por ejemplo la propia Aragón, Valencia parcialmente, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria. Es decir, no fue la lengua el eje vertebrador de la Corona de Aragón sino la sumisión a la jurisdicción de un Rey y de una dinastía, la Casa de Aragón.

La nacionalidad no es solo una lengua
La muerte sin descendencia del Rey de la Corona de Aragón Martín I «el Humano» en 1410 abrió una grave crisis sucesoria. Los intereses comerciales terminaron favoreciendo al candidato de la dinastía castellana de los Trastámara, Fernando de Antequera –hermano del Rey de Castilla Enrique III–, quien, tras el llamado Compromiso de Caspe de 1412, fue nombrado Monarca de la Corona de Aragón. Posteriormente, el matrimonio de Fernando II de Trastámara con Isabel de Trastámara, Reina de Castilla, celebrado en Valladolid en 1469, condujo a la Corona de Aragón a una unión dinástica con Castilla, efectiva a la muerte del primero, en 1516, pero ambos reinos conservaron sus instituciones políticas y sus privilegios administrativos (lo que el independentismo catalán designa como «libertades»).

Con el surgimiento de las corrientes nacionalistas de finales de siglo XIX, las teorías lingüísticas hicieron las veces de elemento aglutinante –a falta de una base histórica– identificando a la nación con la lengua. Bajo esta falsa premisa, los nacionalistas consideran que todos los que hablan catalán o sus variantes son igualmente catalanes y conformaron la ficción histórica de los «Països Catalans». El error de base está en estimar que la lengua es el único elemento definidor de una nacionalidad (con desprecio de la religión, la idiosincrasia, la geografía, la historia, etc).

La sentencia
miquel porta perales ABC Cataluña 27 Febrero 2015

Al nacionalismo catalán -por más compungido que aparezca: cinismo de la política-, la sentencia le viene de perlas. Más victimismo, más enfrentamiento y la solución -¡vótenos!- está en las «plebiscitarias» del 27-S

Nadie en su sano juicio político dudaba que el Tribunal Constitucional -unanimidad de magistrados progresistas y conservadores- declararía inconstitucionales algunos artículos de la Ley de consultas populares no referendarias y otras formas de participación ciudadana. Y nadie en su sano juicio político dudaba que el Tribunal Constitucional declararía inconstitucional y nulo de pleno derecho el Decreto de convocatoria de la consulta popular no referendaria sobre el futuro político de Cataluña.

Los precedentes -sentencia del Alto Tribunal sobre el «Plan Ibarretxe» de 2008 o sentencia sobre la Declaración de soberanía y del derecho a decidir del pueblo de Cataluña del Parlament de 2014- establecían el quid de la cuestión con meridiana claridad: el soberano es la totalidad del pueblo español y los referéndums los convoca el Estado.

Y ahí están los votos particulares que cuatro miembros del Consejo de Garantías Estatutarias de Cataluña plantearon a la Ley de consultas en 2014. Un ejemplo: la Ley «es materialmente un referéndum a pesar que se disimule este carácter bajo la denominación de ‘consulta popular no referendaria’», señala un discrepante. A pesar de ello, la Ley superó el trámite del Consejo de Garantías Estatutarias y del Parlament. Y Artur Mas firmó el Decreto de convocatoria de la consulta. En definitiva -sin novedad en el frente nacionalista-, gato por liebre. Un referéndum ilegal encubierto, como sentencia el Tribunal Constitucional.

Al nacionalismo catalán, la sentencia le viene como agua de mayo en febrero. Que si el Estado no es democrático, que si no nos dejan votar, que si no podemos esperar nada de una España que no ofrece ningún resquicio al diálogo, que si llegó la hora de la desconexión de España. Al nacionalismo catalán -por más compungido que aparezca: cinismo de la política-, la sentencia le viene de perlas. Más victimismo, más enfrentamiento y la solución -¡vótenos!- está en las «plebiscitarias» del 27-S. El nacionalismo catalán ya tiene lo que quería.

Nacionalismo
La derrota del pensamiento en Cataluña
Antonio Robles Libertad Digital 27 Febrero 2015

El vídeo del carnaval de Solsona (Lérida) donde se llama a cargarse a los españoles ha levantado ampollas en las redes sociales. Parecida reacción han tenido las declaraciones del periodista y profesor universitario Enric Vila por recomendar a Pujol "no pedir perdón" por los delitos cometidos, porque "era imposible construir un poco de poder en la situación que había sin ensuciarse las manos". Cataluña lo justifica todo; en su nombre, hasta el delito es instrumental.

Créanme, estas actitudes delictivas puede que sean solo los sarpullidos de tanta pedagogía del odio ejercida por el catalanismo. Pero no es lo peor. Aunque lo parezca.

Lo peor es la alienación asumida, consentida, hasta deseada por miles de jóvenes universitarios surgidos de hornadas de inmersión ideológica y lingüística, que se niegan a cuestionarlas porque en realidad las consideran normales.

Para apreciar la devastación de estos años de pujolismo, no se fijen tanto en los rebuznos del carnaval de Solsona o de Enric Vila, reparen en la seda de esos jóvenes aseados del derecho a decidir. Joan de Segarra nos ha dejado una joya sociológica al respecto el pasado domingo en La Vanguardia. Cuenta que, reconocido por una pareja de jóvenes mientras tomaba un whisky en la terraza del histórico café Zurich de Barcelona, entabló una conversación espontánea con ellos. Aprovecharon la ocasión para preguntarle por el origen de Òmnium Cultural. Pronto se dará cuenta de la simplificada mirada que tenían del pasado. Con sutil ironía va dejando que el lector calibre la entusiasta ignorancia de los jóvenes:

Les hablé de la Minerva y les dije que en ella figuraba una larga lista de apellidos de la burguesía catalana, de la burguesía catalana y barcelonesa, que ayudaron con sus dineros a que la lengua catalana siguiera publicándose, en ediciones de bibliófilo; y les dije que entre esos apellidos había más de uno que, a la sazón, era, se confesaba descaradamente franquista. Y la pareja se negaba a aceptarlo. "Com és posible que uns franquistes ajudessin a la nostra cultura, a la llengua catalana", me dijo la chica. "Pues muy sencillo", le dije yo: “Porque eran franquistas y catalanes. Porque entre ellos hablaban en catalán –si bien con los hijos hablaban en castellano– y cuando escuchaban “L’emigrant" se les caía una lagrimita; y no entendían, a pesar de ser franquistas, que en las iglesias el cura no pudiera pronunciar el sermón en catalán". "¿No os han contada nada de eso vuestros padres, en el colegio o en la universidad?", les dije. Pues no, al parecer no se lo habían contado. Y me insistían en que no acababan de entender cómo unos catalanes franquistas ayudasen, financiasen, la edición de libros en catalán. Santa inocencia.

Y sigue el relato de Joan de Segarra:
De la Benéfica Minerva volvimos al procés. Y ambos se me confesaron, como si yo no lo supiese, independentistas, del "morro fort", me dijeron. Y entonces yo, con una falsa sonrisa de inocencia, les pregunté: "¿Creéis que es posible una cultura catalana, una cultura catalana en catalán que no abrace la independencia?". Y ambos me dijeron que no. “¿Y una cultura catalana, de los catalanes, en catalán y castellano?”, les dije. Es así, me dijeron, porque no es la verdadera cultura catalana; “la cultura catalana és i será sempre, exclusivament, la que s’expressi en la llengua catalana, la nostra”.

El artículo se titula "Aperitivo independentista". Vale la pena leerlo entero. Aunque lo parezca, no es una anécdota especial, vivimos miles de ellas cada día en Cataluña. Los alumnos cada vez saben menos historia y abrazan más relatos interesados, casi todos simples, algunos puros esperpentos de un pasado devastado por la manipulación nacionalista.

Lo peor de esos jóvenes universitarios es que son incapaces de cuestionar la verdad oficial. Lo peor de esos jóvenes es que son incapaces de concebir en un catalán lo que detestan en su imagen de un español. ¿Quiénes creen que fueron los miles de catalanes que salieron entusiasmados a recibir a las tropas franquistas cuando el 26 de enero de 1939 entraron por la Diagonal para liberar de rojos sus fábricas, sus conventos, y asegurar sus bienes y su seguridad?

Asusta tanta entrega inadvertida a la mentira deseada.

P. D: El TC ha desautorizado el 9-N, y sus impulsores, en lugar de respetar la separación de poderes, replican con el truco de las plebiscitarias. Su manera de no acatar la sentencia. Vulgares golpistas institucionales, fuente de inspiración de esos jóvenes del morro fort y la mente amodorrada.

Secesionistas, Europa no os quiere
Francesc Moreno Cronica Global 27 Febrero 2015

Con motivo de la concesión a Societat Civil Catalana (SCC) del Premio Ciudadano Europeo 2014 se ha producido una furiosa reacción contraria de la ANC, de eurodiputados nacionalistas y de algunos compañeros de viaje. No es de extrañar. El nacionalismo esta acostumbrado a hacerse trampas en el solitario. Confrontar sus delirios con la realidad les produce dolor. La ANC se presentó al premio, y el jurado eligió a SCC.

¿Cómo va a ganar un premio europeo una entidad que preconiza nuevas fronteras? Una entidad que es un peligro real para el futuro de una Europa unida

Lo que sorprende es su grado de desconexión con la realidad. Porque han de estar muy enfermos para que pensaran que podían ganar. Han preguntado al espejo quién era la "más europea" y les ha contestado que ellos desde luego no. Y les molesta. Qué le vamos a hacer.

¿Cómo va a ganar un premio europeo una entidad que preconiza nuevas fronteras? Una entidad que es un peligro real para el futuro de una Europa unida. Una entidad que llama a celebrar guerras -el Tricentanario- y reivindica el odio, frente a una Europa que se une para olvidar sus dos grandes guerras del siglo pasado.

Actos de reconciliación frente a la exaltación de la revancha. Esta es la diferencia entre el espíritu europeo y el de los nacionalistas catalanes. Por cierto, SCC promovió un acto de concordia entre los descendientes de los dos bandos de la Guerra de Sucesión. Alguien tiene que ocuparse de que todo un país no tenga que sentirse avergonzado por sus políticos.

El fracaso de la ANC ha sentado mal a todos los que viven del 'proceso', y tratan de desprestigiar el premio y a SCC. Estamos acostumbrados. Para unos, somos seudonacionalistas; para otros, de extrema derecha. La realidad es que SCC es una entidad plural con personas de derechas, de centro y de izquierdas, pero, como entidad, por encima de cada uno de sus miembros, su posicionamioento está recogido en sus declaraciones y textos públicos. Cualquiera puede leeerlos y cualquiera puede juzgar. No defendemos ninguna propuesta política concreta, salvo el "juntos y mejor", y que la independencia ni está justificada, ni nos conviene. Somos catalanes, españoles y europeos, y eso le duele al nacionalismo catalán. No tenemos ningún complejo en gritar "visca Catalunya", pero tampoco "viva España", y ya se sabe que eso irrita.

La obsesión del nacionalismo por calificar de "extrema derecha" a cualquiera que se oponga a la secesión, es coherente con su táctica de ocultar su pertenencia a una familia ideológica que representa lo peor de la historia mundial. Y, ellos sí, admiran a representantes de organizaciones autoproclamadas fascistas como es el caso de los hermanos Badia, profusamente homenajeados por ERC. Nosotros no calificamos de colonos a nuestros padres o abuelos. No necesitamos conversos. Nos produce asco la Inquisición.

El secesionismo se basa en vender humo. En asegurar que todo será maravilloso con la independencia. Y, claro, el hecho de que la UE les cierre la puerta pone en evidencia su discurso triunfalista y falso. Su reacción muestra también el auténtico talante antidemocrático del movimiento. No tragan la discrepancia. Saben que su éxito exige acallar a cualquier disidente. Son resentidos políticos, y no son áun peores porque no tienen el poder suficiente para perseguir y encarcelar a los que ellos consideran "quintacolumnistas" o "enemigos del pueblo". Victimismo, prepotencia, odio y maldad, es el resumen de los rasgos definidores de los nacionalismos extremos, incluido el catalán. Y eso es incompatible con una Europa unida.

 


Recortes de Prensa   Página Inicial