AGLI Recortes de Prensa    Sábado 28  Febrero 2015

¿Economía o estúpidos?
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 28 Febrero 2015

El presidente Rajoy ha pasado buena parte de esta legislatura sin comunicarse con los 10.866.566 votantes, que le dieron en 2011 una histórica mayoría general. El porcentaje de votantes que obtuvo (44,63%) solo lo superó Felipe González en 1982 con un 48,11%. Por eso tiene todo el sentido que Mariano Rajoy haya dedicado su intervención en el Debate sobre el Estado de la Nación a glosar el repunte económico. La consecución de ese objetivo único lo ha mantenido tan ocupado como para no poder dirigirse de tú a tú a los decepcionados once millones de votantes que confiaron en él. En el convulso ambiente nacional, donde hasta el reciente terremoto se ha politizado, la condescendencia del presidente al enumerar sus resultados económicos ha avivado las ascuas del fastidio general. Porque Rajoy ha logrado la improbable hazaña de tener insatisfechos a muchos de sus votantes, a casi todos los medios de comunicación y, por supuesto, a toda la oposición oficial y no oficial.

Un millón de millones
La deuda pública española rebasa sobradamente el billón de euros. Es decir, España tiene un pasivo superior a un millón de millones de euros. Esto equivale a más del 100% de nuestro Producto Interior Bruto. O por decirlo de otro modo, los españoles debemos el equivalente de todo lo que producimos anualmente. El grueso de esa deuda corresponde a la Administración Central, representada desde hace meses en los medios por ciertos dirigentes que parecen crónicamente incapacitados para conformarse con un sueldo sin acompañarlo de comisiones, desvíos, tramas fraudulentas, tarjetas negras o lo que se vaya terciando. Hay modalidades de ingeniería financiera tan sofisticadas que todavía no tienen nombre. Pero si existe la menor posibilidad de meterle mano al tarrito de la miel pública, aparacerá un taimado político dispuesto a intentarlo.

Las comunidades autónomas ‒cuyos parlamentitos, consejitos y embajaditas succionan como aspiradoras abotargadas el dinero del contribuyente‒ tienen una deuda pública que ronda los 250.000 millones de euros

¿Por qué se llaman autónomas?
Las comunidades autónomas ‒cuyos parlamentitos, consejitos y embajaditas succionan como aspiradoras abotargadas el dinero del contribuyente‒ tienen una deuda pública que ronda los 250.000 millones de euros. La pregunta que cabría hacerse es: ¿Por qué se llaman autónomas? Recordemos que las autonomías más endeudadas son la Valenciana, con una deuda del 35,8% de su PIB, la de Castilla-La Mancha, con un 33,7%, y Cataluña, con un 31,8%. Y las menos endeudadas son Madrid (13,3%), Canarias (13,8%) y País Vasco (14,1%). En cuanto a la administración local, Guindos reconocía en 2012 que España tiene un número de ayuntamientos muy superior al de otros países del mismo tamaño. De hecho, en el Programa Nacional de Reformas remitido a Bruselas en abril de ese año se incluía una propuesta para reducir el número de consistorios, cosa que no ha sucedido. En fechas muy recientes los 8.100 municipios españoles han logrado reducir su deuda a algo menos de 300.000 millones de euros, cifra que ‒dados los niveles billonarios en que nos movemos‒ resulta a todas luces insuficiente.

La imagen del PP
Por tanto, cuando el presidente Rajoy nos vende la subida de empleo y las buenas previsiones de crecimiento para 2015, le creemos. Es cierto que 2014 ha sido el primer año, desde el fatídico 2007, con cifras de crecimiento sostenido. Y también es verdad que ha aumentado el consumo interno un 3,4% desde el año anterior. Pero dado el desfile de viajes, pisos, coches, cuadros, relojes, bragas y botellas de vino que hemos visto pasar ante nuestros atónitos ojos, cabe preguntarse cuántos de los casi once millones de españoles que votaron al PP en 2011 estarían dispuestos a repetir. Y cabe preguntarse si Rajoy debe conformarse con vender las buenas expectativas económicas mientras la izquierda española sufre una metamorfosis kafkiana que está trastocando a ojos vistas el panorama político nacional. Las cifras que nos vende Rajoy son buenas en comparación con el resto de los renqueantes países europeos, aunque tampoco son para que nadie meta otra botella de Moët a enfriar.

La economía no es el problema
La obcecación con la economía estaría justificada para el español medio si se hubieran cumplido los esperados objetivos de adelgazamiento del mastodonte estatal y autonómico. La omisión es grave, pero palidece comparada con la incapacidad de Rajoy para admitir abiertamente que en el PP ha habido casos graves de corrupción. Incluso si lo hiciera ahora, podría ser ya tarde. Las siglas PP se han convertido, para miles de ciudadanos, en un símbolo de frivolidad. Bajo la crisis española ‒como sucede con la europea y la estadounidense‒ subyace la confusa mentalidad de una civilización cuyos principios filosóficos y espirituales han sido sustituidos por extemporáneas necesidades materiales. El estilo de vida occidental se basa en un consumo conspicuo, comparativo y defensivo, cuyas víctimas interaccionan de un modo acelerado, fraccionado, cada vez más grotesco. Mientras Occidente no se haga un examen de conciencia y los medios de comunicación continúen tratando a la economía como la causante del crash económico, es probable que las crisis sean cíclicas. La economía no es el problema, sino el fiel reflejo de un gravísimo problema.

No hay que fiarse de Syriza
EDITORIAL Libertad Digital 28 Febrero 2015

Grecia no es un país fiable. Así lo ha demostrado tanto la historia como la presente crisis de deuda. El Estado heleno es el peor pagador del mundo. Desde que el país logró su independencia a principios del siglo XIX, ha quebrado un total de seis veces y se ha pasado casi la mitad del tiempo, más de 90 de los últimos 190 años, en situación de quiebra o en pleno proceso de reestructuración soberana.

La actual crisis no ha sido una excepción. Grecia entró en el euro falseando sus cuentas públicas y mantuvo esa descarada manipulación presupuestaria hasta descubrirse que su déficit real superaba ampliamente la barrera del 10% del PIB, desatando, como es lógico, una tormenta a nivel financiero. Desde entonces, Atenas ha precisado de la financiación extraordinaria de sus socios comunitarios para seguir en pie. Por el momento, la factura del recate heleno asciende a 240.000 millones de euros, y el problema es que, a pesar de que se han aplicado dos reestructuraciones de deuda -con quita incluida- en los últimos años, los griegos insisten en impagar lo que deben. Prueba de ello, es la victoria electoral de Syriza.

La coalición de izquierda radical llegó al poder el pasado enero con el firme propósito de suspender pagos de forma unilateral, abandonar el actual programa de rescate, revertir la senda de austeridad y reformas que necesita el país para equilibrar sus cuentas y volver a crecer, al tiempo que rechazaba la supervisión de la troika. Pero el partido que lidera Alexis Tsipras no ha tardado mucho en chocar de bruces con la realidad. A saber, que la implementación de su ruinoso programa económico no tiene cabida en la zona euro. Ante la amenaza real de corralito bancario y salida de la Unión Monetaria, Atenas se rindió esta semana a los postulados de la troika, renunciando, punto por punto, a sus principales promesas electorales. Syriza dice ahora que pagará la deuda en tiempo y forma, acepta el rescate, la austeridad e incluso la troika (hoy "instituciones").

A cambio, el resto de países del euro, con Alemania a la cabeza, se comprometen a seguir financiando a Grecia con el fin de evitar su quiebra, impulsar su recuperación y garantizar su permanencia en el euro. Pese a todo, no se puede cantar victoria. Lo cierto es que el acuerdo alcanzado entre Atenas y el Eurogrupo es tan sólo un primer paso en la buena dirección. Ha llegado el momento de que las palabras se conviertan en hechos concretos. De poco vale que Syriza acepte las condiciones de la troika si suaviza o se niega a cumplir estrictamente sus compromisos. En este sentido, conviene recordar que, tras la aprobación del rescate internacional, los políticos griegos pusieron numerosas trabas y dificultades a la hora de aplicar los recortes y reformas acordados. Tan sólo en los dos últimos años, bajo el anterior Gobierno de Samaras, se han producido ciertos avances significativos en esta materia, aunque todavía insuficientes.

Syriza tiene hasta el próximo mes de abril para demostrar si su palabra tiene o no algún valor. Si cumple todos y cada uno de sus compromisos con el Eurogrupo, renunciando a buena parte de su programa electoral, Grecia podrá acceder a las líneas financieras puestas a si disposición, pero, en caso contrario, no puede recibir ningún tipo de asistencia adicional. La ayuda concedida a Grecia no debe convertirse en un rescate eterno a costa de todos los contribuyentes europeos para que la nefasta e irresponsable clase política helena siga gastando a placer con el único fin de conservar el poder. La tarea pendiente de Syriza consiste en ganarse la credibilidad.

Podemos pero..¿queremos?
Vicente A. C. M. Periodista Digital 28 Febrero 2015

PODEMOS acaba de realizar supuestamente un ejercicio de “transparencia” de esos en los que quieres convencer de no esconder nada vergonzoso. Un strip tease integral, eso sí acompañado en algún caso de justificaciones nada creíbles como el tema de la financiación mediante microcréditos anónimos. Y lo que resulta de ese despelote es comprobar que los dirigentes fundadores disponen de ingresos y patrimonio que ya quisieran otros con formación y trabajo similar a su edad y que se conforman con ser setecientos euristas sin contrato fijo y sin los contactos y facilidades con las que cuentan estos docentes de la casta universitaria de izquierda radical.

Eso sí, pronto han aprendido los trucos de lo que llaman ingeniería financiera para evitar pasar por caja ante Hacienda. El caso Monedero es sintomático del dicho de haz lo que digo y no lo que yo hago. Nadie hace una declaración complementaria ante Hacienda sin esperar a que esta reclame, salvo que se asuma culpabilidad y que con esa acción se evite una sanción económica. En cuanto a Errejón, ya está tardando la Universidad de Málaga en dictaminar si hubo irregularidad en la concesión y trabajos derivados de la beca que le concedieron sin que este becario cumpliera las condiciones del contrato de dedicación exclusiva y presencial.

En cuanto al carismático líder cabeza de lista en las últimas elecciones al Parlamento Europeo, resulta incongruente su absentismo continuado a las sesiones de ese Parlamento, su falta de implicación en los proyectos de la UE y su posicionamiento radical en el grupo en el que se integraron negándose a condenar la violación de derechos humanos cometidos por la dictadura chavista de Maduro y sus secuaces y pistoleros en Venezuela. Lejos de eso, sus constantes trabajos de asesoría y sus altos emolumentos recibidos a lo largo de estos años, denotan una convergencia ideológica y de intereses que la hacen incompatible con la independencia exigible. Puede que el partido se financie con esos inverosímiles e incontrolados microcréditos anónimos. Lo que está claro es que sus dirigentes más emblemáticos obtienen pingües ingresos de países extranjeros con regímenes dictatoriales de ultra izquierda comunista.

Esta semana hemos asistido al esperpento del mitin promovido en el Círculo de Bellas Artes, muy acorde con el sistema circular característico de esa formación. Bajo el lema “El otro debate de la nación” Iglesias se auto proclamó “líder de la oposición” en una clara usurpación ilegítima sin esperar a que las urnas y los ciudadanos le otorguen tal distinción y se dedicó durante una hora ante un público entusiasta y entregado a lanzar soflamas y criticar a todo lo que se mueve. Y la verdad es que yo creía que su aspiración era “asaltar el cielo” y no conformarse con el banco de la desleal oposición. Y no quiero detenerme en analizar ni una de sus peregrinas soluciones porque todas ellas se resumen en condenar a España y a los españoles a la ruina más absoluta y a una dictadura a imagen de las que asesora.El caballo de Troya en una Europa en descomposición.

Hay quienes aún confían en la sensatez de los españoles a la hora de votar. Creo que los que así opinan desconocen lo más profundo de la sociedad española y salvo limitadas excepciones, el sentimiento de desinterés general, hartazgo y descrédito de toda la clase política y de los partidos. Un ambiente de frustración agravado por la crisis, el paro, la falta de fe en el futuro y la nula sintonía entre los ciudadanos y sus representantes políticos alejados de la realidad. Esa a la que ahora quieren acercarse a escasos días o meses de las elecciones. Un sentimiento que no se corregirá a base de medidas tardías que se perciben como puramente electoralistas.

PODEMOS nunca tendría que ser ni alternativa ni la solución, pero su éxito reside en la propia torpeza de sus oponentes y en la incapacidad de pedir perdón y de demostrar voluntad de regeneración política. Salvo incondicionales del clientelismo habitual heredado en décadas de gobierno, los ciudadanos parecen dispuestos a dejarse engañar e hipotecar su futuro ante la demagogia más burda y el populismo más descarnado. Les han prometido el cielo a los que viven un infierno desde hace años y eso es algo irresistible para quienes no tienen nada que perder.

Los sms de Rajoy
Rajoy,"Pte."
Javier Somalo Libertad Digital 28 Febrero 2015

Cuando nos asomaron los famosos papeles del CESID –nunca se destaparon del todo– se hizo célebre un apunte manuscrito: "Pte.".El autor de la abreviatura, allá por 1983, fue Emilio Alonso Manglano, máximo responsable del CESID, nombrado jefe de los espías por Leopoldo Calvo Sotelo tras el 23-F y respaldado entonces por el Rey Juan Carlos.

Aquellas tres letras y su posible significado provocaron ríos de tinta a mediados de los noventa porque podían demostrar la autoría intelectual de los GAL. Eran épocas de grandes tiradas de periódicos de papel, sobre todo las referidas a la guerra sucia contra ETA en el diario El Mundo. Contribuyó a la escandalera y enmarañamiento sumarial el justiciero vengativo Baltasar Garzón, entonces en pleno proceso de supernova.

El caso es que la abreviatura de marras, aquel "Pte." que apareció en tres ocasiones en fichas manuscritas comprometedoras podía significar dos cosas: "Presidente", según la versión de Juan Alberto Perote, Jefe Operativo del CESID, o "Pendiente", según el propio Emilio Alonso Manglano, mandamás de los espías y autor de las notas. En el primer caso, y como mínimo, la traducción era que Felipe González estaba al tanto del plan para acabar con ETA en el sur de Francia a base de secuestros y tiros, al margen de la ley y con fondos reservados que además enriquecerían bolsillos, o sea, la fundación de los GAL.

Hoy, tantos años después, podemos releer decenas de libros y centenares de artículos con versiones para todos los gustos sobre la famosa inscripción que tampoco añaden o restan ya información al dramático escándalo. También podemos contemplar una vez más aquella portada de El Mundo que mostraba una foto de Felipe González, tomada furtivamente por Fernando Quintela, sobre el siguiente titular: "González promete ante once jueces del Supremo que no tuvo nada que ver con los GAL". Cabizbajo, y aunque sólo como testigo, el caso es que un presidente del Gobierno pisó el suelo del Tribunal, eso sí, dos años después de abandonar La Moncloa. No pasó nada más porque el Supremo decidió no "estigmatizar" la figura del jefe del Ejecutivo. En definitiva, porque se decidió que no debía pasar nada más.

Esta semana, tantos años después, hemos asistido a un extraño Debate sobre el Estado de la Nación en el que, como dijo Luis Herrero, hablaron los zombis mientras los vivos esperaban extramuros. Un Debate en el que los corruptos arrojadizos –son legión– volaron por el hemiciclo de una bancada a otra mientras Celia –¡Vamos, Manolo, coño!– Villalobos los atrapaba y emparejaba con un jueguecito de su tablet. Delante de ella, en la tribuna, hablaba el presidente del Gobierno. Y eso fue lo más extraño. Según el día, pienso que Mariano Rajoy es sólo un pésimo político que no se ha manchado las manos, sensación que jamás he tenido en el caso de González. Estoy seguro de que lo del PP y su tesorero no es nada comparado con lo que se sabe y esconde en Andalucía y en Cataluña. Pero cuanto más veo la colección de SMS de Rajoy que, como la foto de antaño, publicó en portada El Mundo, más tenebrosa se me aparece aquella decisión del Supremo de que lo importante es no "estigmatizar" a un presidente del Gobierno.

Ahora, tantos años después, el problema no es una abreviatura de puño y letra sino varios mensajes a dedo y teléfono enviados cuando ya se habían destapado las cuentas del tesorero. Su significado es explícito, sin abreviaturas, inopinable. Todo aquello de finales de los noventa se lió por una anotación manuscrita que podría valer para un roto, un descosido o un desgarrón en manos de Garzón. Dando por válidas las dos versiones, la de Perote y la de Manglano, hoy lo del "Pte." sigue "Pte.", lo del Presidente sigue Pendiente, los SMS de Rajoy siguen sin pasar factura. Luis, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo.

Después de esto, el que no debió "volver por aquí a hacer o decir nada" en un Debate sobre el Estado de la Nación era Rajoy, que sabía, como sabía González aunque prometiera ante once jueces no saber. Nada tienen que ver en gravedad el caso Bárcenas con el caso GAL. Tampoco son equiparables los efectos de ser instigador o mero conocedor de una cosa y la otra pero el caso es que a los españoles, con tal de no estigmatizar a un "Pte.", siempre consiguen ocultarnos todo aquello que se puede repetir. Quizá para que se pueda repetir. Y, claro, se repite siempre.

'Deudas históricas'
El boche pagará todo
Jesús Laínz Libertad Digital 28 Febrero 2015

Ésta fue la frase que más veces salió de labios de Clemenceau durante aquel versallesco año de 1919. Y no sólo de los suyos, pues toda Francia confiaba en que los alemanes, declarados únicos culpables de la guerra recién concluida, pagarían los platos rotos. Incluso cuando Wilson dudaba en 1917 de la capacidad de Francia para devolver las enormes sumas que le estaban enviando los USA para ayudar al esfuerzo de guerra, Clemenceau, seguro de la victoria, respondía con gesto tranquilizador: Le boche payera tout. Efectivamente, tanto pagó el boche que el último marco de indemnización por la guerra que comenzó en agosto de 1914 se pagó en octubre de 2010.

Cuatro décadas más tarde, en los primeros años cincuenta, el presidente del Congreso Mundial Judío, Nahum Goldmann, se dejó caer por Viena para exigir al gobierno austriaco que indemnizara a los judíos de igual modo que lo estaba haciendo el presidido por Konrad Adenauer. Como recordó el propio Goldmann en sus memorias, el canciller Julius Raab intentó escabullirse con el argumento de que los austriacos habían sido tan víctimas de Hitler como los judíos, pues al fin y al cabo Austria había sido invadida por el ejército alemán en 1938. Goldmann le respondió que, en ese caso, alquilaría la sala de la Musikverein para proyectar gratuitamente la filmación de la entrada en Austria de las tropas hitlerianas, recibidas con flores por los entusiasmados compatriotas del austriaco Hitler. Raab pagó instantáneamente los treinta millones de dólares reclamados. Algunos años más tarde Goldmann reclamó a Raab otros treinta millones, que el austriaco pagó resignado. Y ya con Bruno Kreisky como canciller, consiguió un tercer pago por la misma cantidad.

Setenta años después de 1945 una muy endeudada Grecia intenta desenterrar la Segunda Guerra Mundial para que su deuda con las instituciones internacionales se convierta por arte de birlibirloque en un crédito con Alemania, la eterna pagadora. Interesante propuesta, sin duda, que quizá España pudiera tomar como precedente para, por ejemplo, reclamar a Francia la indemnización por las inmensas destrucciones y los inmensos saqueos provocados por las tropas napoleónicas entre 1808 y 1814. Y a Siria por la destrucción del reino visigodo y los setecientos años de guerra sufridos hasta la total expulsión de los invasores islámicos. Pero la contabilidad internacional iba a resultar un tanto complicada dada la cantidad de países americanos, asiáticos y africanos que quizá se animaran a reclamar a sus antiguas metrópolis europeas, con España, Reino Unido y Francia en primera fila.

La iniciativa no se la han inventado los comunistas de Syriza, pues tanto la derechista Nueva Democracia como el socialista Pasok han estado rumiando la idea desde que hace unos años comenzaran a darse cuenta de que no había manera de pagar la enorme deuda contraída. En 2013 un comité del Ministerio de Finanzas llegó a concretar lo que Alemania debería pagar a Grecia: 162.000 millones de euros, la mitad de la deuda griega.

Lo divertido del asunto es que nadie se acordó de Hitler hasta que hubo que empezar a devolver el dinero prestado. Y más divertido todavía es que mientras que en Alemania la ideología nacionalsocialista es ilegal, en Grecia es la tercera fuerza parlamentaria. Curiosas excusas de mal pagador.

Por qué temen a Nicolás Maduro
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 28 Febrero 2015

Poco importa que en Venezuela se detenga y encarcele a un político incómodo, que se haga lo propio con un alcalde opositor, que se silencie a la prensa no adicta al régimen o que la policía abra fuego contra los manifestantes, al final nadie más allá de los infelices que menudeamos por las redes sociales y de unos cuantos –no muchos– periódicos occidentales dirá esta boca es mía. La impunidad de la que goza el Gobierno de Nicolás Maduro es tan absoluta que bien podría mañana cerrar a cal y canto las fronteras –algo así ha hecho ya con el cepo cambiario–, poniendo a la Armada a patrullar la costa para que nadie escape y no pasaría nada. Reconozcámoslo, es así, pase lo que pase en Venezuela, y ya ha pasado mucho, ningún Gobierno de ninguna parte del mundo va a dar gemido alguno.

Los mandarines de Caracas saben que algo muy superior a ellos mismos y a su triste miseria de ladrones de tres manos les protege de la crítica. Han sabido situarse en el lado bueno, el mismo en el que moraron los sátrapas soviéticos, el mismo en que felizmente sestea su apoderado habanero desde hace más de medio siglo, el mismo en el que terminan parando todos los bribones que aspiran a perpetuarse en el poder. Basta con colocarse a la izquierda de la izquierda, hacer continuos alardes revolucionarios y añadir a todo lo anterior la violenta verborrea que es tan cara a toda esta gentuza para blindarse de por vida. La sacrosanta soberanía, ya sabe. El mundo debe respetar al Gobierno cubano y sus desmanes pero, al tiempo, ha de indignarse y armar el cristo cuando los franceses, los austriacos o los holandeses votan a quien no debiesen de votar.

El totalitarismo siempre ha ejercido una inexplicable fascinación en los líderes del mundo libre. Sucedió en el periodo de entreguerras, cuando nazis, fascistas y bolcheviques chuleaban a Occidente, que permanecía callado y agachaba la cabeza por no se sabe bien que complejo de culpa. Con estos antecedentes es normal que Maduro y su gente se lo tomen con tanta tranquilidad. Estados Unidos y España guardan un espeso silencio con algún que otro quejido aislado al que inevitablemente le sucede una arenga televisiva del déspota y la llamada a consultas de los embajadores en Washington y Madrid.

El Gobierno de Obama trata de extremar la suavidad. Primero por el petróleo, y ahora que están cerca de la autosuficiencia porque algún geoestratega del departamento de Estado ha persuadido al presidente de que el animal de bellota ese de la boina roja tiene los días contados, que es todo cosa de sentarse y esperar a que caiga por su propio peso. En España la idea viene a ser la misma. Durante los años dorados de Chávez, que coincidieron con el zapaterato, la simpatía que inspiraba el experimento bolivariano entre algunos miembros del Gobierno –al ministro Moratinos me remito– desembocó en una pequeña luna de miel entre socialistas españoles y venezolanos. En el delirio aquel de la Alianza de Civilizaciones la Venezuela de Chávez, que lleva años a partir un piñón con el Irán de los ayatolás, era un complemento exótico y caribeño que vestía mucho en las cumbres mundiales.

Hoy ya no existe esa sintonía. Rajoy es un desastre, pero al menos carece de las devociones altermundistas y bananeras que tanto excitaban la imaginación de Zapatero y sus pajinas. Lo que temen en Moncloa es que Maduro tome represalias si se le incomoda. Temen que se líe la manta a la cabeza y se ponga a expropiar empresas españolas a diestro y siniestro. Así de lamentable. Esos empresarios sabían donde se metían y debieron descontarlo antes de invertir un solo euro en un país en el que su presidente, alegre y jaranero, expropia empresas por televisión. La revolución bolivariana no es cosa de ayer, los “rojos rojitos” llevan más de quince años enredando a su antojo y pasándose por el arco del triunfo la seguridad jurídica más elemental. Una parte considerable de las inversiones españolas en Venezuela se han hecho a sabiendas de lo que había allí. Si temen a una más que posible confiscación de sus activos en el país ya saben lo que tienen que hacer: desinvertir y largarse. Una vez se haya consumado el saqueo el Gobierno español que tome las medidas oportunas y denuncie el robo ante el tribunal internacional que corresponda.

La cobardía es general. Los países hispanos están callados como tumbas y, por lo que se ve, tienen intención de perseverar en su silencio cómplice. Y para uno que salió valiente, Panamá hace un año, se quedó solo y tuvo que recular al cabo de pocos meses tras la ruptura de relaciones diplomáticas por parte de Caracas. Los palmeros de Maduro –Ecuador, Bolivia y Nicaragua– ejercen toda la presión posible en los órganos de la región sin que nadie se les plante. Que tres republiquillas de chichinabo dobleguen a gigantes como México o Colombia y les marquen la agenda es para replantearse desde cero para qué demonios sirven todos esos foros latinoamericanos, que ni son foros ni son latinoamericanos ni son nada más que reuniones de politicastros hipnotizados por la charlatanería y el alboroto de los nietos de Fidel Castro.

Cuando todo esto termine, que terminará más pronto que tarde porque el desbarajuste en Venezuela es absoluto, habrá que empezar a pedir explicaciones. ¿Por qué se dejó hacer a esta horda de bárbaros? ¿Por qué aceptamos como mal menor en Venezuela lo que nos parecería inaceptable para nosotros mismos? Tal vez los venezolanos tengan lo que se merecen, pero eso no quita para que los que creemos en una América próspera y libre deseemos que merezcan algo mejor.


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Historia
Las provincias, resistentes a todo régimen
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 28 Febrero 2015

A causa de la crisis económica y política y también a su artificialidad, se pueden poner en duda los presuntos beneficios y hasta la existencia de las comunidades autónomas. Igualmente se critica la existencia del Senado, del Tribunal Constitucional, del Consejo General del Poder Judicial, del Defensor del Pueblo (nacional y autonómicos) y hasta de la Corona. Sin embargo, la existencia de las provincias mantiene una aprobación que es casi unanimidad.

Sorprendente en un pueblo que gusta cada cuarenta o cincuenta años de literalmente tirar la casa por la ventana, o hasta de pegarle fuego para reconstruirla con la finalidad de hacerla más grande, más bonita y en la playa, que la institución de las provincias consiga semejante adhesión, quizás sólo superada por la popularidad de los ayuntamientos, de los que sólo se discute su número.

Las provincias han sobrevivido a monarquías y repúblicas, democracias y dictaduras, centralismos y descentralizaciones… Incluso los carlistas, que cuando se crearon en 1833 prometieron su abolición porque suponían la introducción del liberalismo y el igualitarismo en el Estado, tuvieron que desdecirse debido al pronto arraigo que obtuvieron.
Sólo un cambio en casi 100 años

Su fundador fue el ilustrado granadino Javier de Burgos, nombrado secretario de Estado de Fomento en el Ministerio de Cea Bermúdez en octubre de 1833, pocos días después de la muerte del rey Fernando VII. La Gaceta de Madrid publicó el 3 de diciembre un real decreto de 30 de noviembre redactado por Burgos en que se procedía a la división territorial de España en provincias. Aunque no se insertaba la demarcación por ser demasiado voluminosa, ésta ya estaba hecha, lo que permite deducir que el proyecto estaba elaborado desde tiempo atrás.

Y es que, desde finales del siglo XVIII, los ilustrados y los reformistas habían comprendido la necesidad de modificar el marco administrativo y acabar con las divisiones territoriales de tierras de los diversos señoríos y de realengo. Los proyectos de erección de nuevas jurisdicciones, de donde se erradicasen las diferencias legales de sus habitantes, que hubo en los años de la Guerra de la Independencia (hasta los afrancesados elaboraron un mapa de España en prefecturas) y del Trienio Liberal, fueron suprimidos por la reacción absolutista.

Entre los trabajos más adelantados destacan el desarrollado por el ingeniero vasco José Agustín de Larramendi y el militar y geógrafo mallorquín Felipe Bauzá (que fue el cartógrafo de la expedición Malaespina y había elaborado un proyecto en 1813). Según su mapa, habría habido 48 provincias, algunas de ellas inexistentes hoy, como las de Ponferrada y Calatayud, y otras con capitales cambiadas, como Burgo de Osma por Soria y La Seo de Urgel por Lérida. Las provincias vascongadas estaban agrupadas en una sola, con capital en Vitoria, y Navarra tenía salida al mar Cantábrico.

El diseño hecho por Burgos partía de los reinos históricos. Andalucía, que comprendía los reinos de Córdoba, Granada, Jaén y Sevilla, se dividió en las ocho provincias; el de Aragón en tres provincias, las mismas que el reino de León; Castilla la Nueva pasó a estar formada por cinco provincias, y Castilla la Vieja por ocho; etcétera. En total, 49 provincias. También fijaba la capitalidad y los nombres: cada provincia se llamaría igual que su capital, salvo los casos de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya.

Los cambios en los años siguientes sólo consistieron en la transferencia de algunos municipios de una a otra provincia: Aranjuez pasó de Toledo a Madrid, y Utiel y Requena pasaron de Cuenca a Valencia. En la Década Moderada, entre 1844 y 1854, la capitalidad de Guipúzcoa pasó a ser Tolosa; la vuelta al poder de los progresistas supuso el retorno de esa condición a la liberal San Sebastián. Hoy, San Sebastián, con alcalde de Bildu, en poco se distingue en cuanto a mentalidad de los municipios rurales y asilvestrados del interior.

A punto de cumplirse el primer centenario de su creación, en 1927, la dictadura del general Primo de Rivera dividió Canarias, con capital en Santa Cruz de Tenerife, en dos provincias.
Subdelegados patriotas y capaces

El decreto de Burgos quería que las provincias fuesen el brazo del Estado fuera de Madrid para realizar "el cambio político por la vía administrativa", como escribe el profesor Juan Gay Armenteros en su biografía De Burgos. El reformista ilustrado. Por ello dependían de la Secretaría de Fomento. Además, en el decreto Burgos establecía:

Esta división de provincias no se entenderá limitada al orden administrativo, sino que se arreglarán a ella las demarcaciones militares, judiciales y de Hacienda.

Burgos estableció que en cada capital de provincia hubiera un subdelegado de Fomento (llamado gobernador civil desde 1847) cuya misión debía ser la de promover "bienes efectivos" en cada provincia. En caso de incumplimiento, advertía, serían relevados. Entre los atributos de esos funcionarios, el ministro andaluz enumeraba conocimientos administrativos, capacidad, actividad y patriotismo.

En una instrucción posterior, Burgos señalaba los asuntos de los que debían ocuparse los subdelegados de Fomento: la libertad de comercio de granos y de ganadería (para la alimentación de la gente y la bajada de precios), la promoción del comercio y la minería (sobre todo del carbón, asociado a la revolución industrial), la apertura de hospitales, teatros y bibliotecas para mejorar la formación y la salud de las personas, el levantamiento de mapas, la regulación de la caza y la pesca, y hasta un desarrollo industrial basado en la familia… También anunció la publicación de un Diario de la Administración "para informar de los adelantos y de las cosas útiles".

Burgos falleció en 1848, sabiendo que su modelo administrativo estaba implantado, aunque no había alcanzado todos sus objetivos regeneradores. Y por esos pendulazos que atraviesa la historia de España la libertad de comercio entre las provincias y la simplificación administrativa, por ejemplo, hoy están en retroceso.
Sus enemigos, los separatistas

Las autonomías no acarrearon la desaparición de las provincias. Los constituyentes las incluyeron en la Constitución en los artículos 137 y 141. Los principales enemigos de las provincias son los separatistas. El catalanismo, encabezado por Jordi Pujol, intentó acabar con ellas en 1980 mediante una ley que transfería todas las competencias de las cuatro diputaciones a la recuperada Generalitat. El Tribunal Constitucional anuló esa pretensión. De nuevo, en el estatuto de 2006 los nacionalistas (con la colaboración de los socialistas) trataron de suprimir las provincias decimonónicas resucitando una institución medieval, la veguería, pero otra vez el Tribunal Constitucional desmontó su plan. En Galicia, el BNG ha tratado de suprimir las provincias y las diputaciones varias veces, pero no porque sean costosas, sino porque así eliminarían la Administración periférica del Gobierno nacional.

También en Extremadura la izquierda desea la disolución de las provincias de Cáceres y Badajoz en un único ente.

Doce los actuales estatutos de autonomía permiten la creación de un nuevo nivel administrativo que se sumaría al municipal, el provincial, el autonómico, el nacional y el europeo: el comarcal. Pero sólo Aragón y Cataluña han aplicado esta facultad.

¿A qué se debe esta inquina contra las provincias, que caminan hacia el segundo centenario de su existencia, por parte de movimientos políticos conocidos por su odio a la libertad y a lo español? Seguramente responde a que, pese al vaciamiento de competencias y el ocultamiento de sus dirigentes (los gobernadores civiles ya no son tales desde 1997 por cesión de José María Aznar ante Jordi Pujol y Xavier Arzallus), son uno de los últimos restos del poder del Gobierno central y, también, como pretendía Javier de Burgos, de la igualdad de los españoles.

Derecho a delirar
Sonia Sierra Cronica Global 28 Febrero 2015

No suelo recomendar libros y, sin embargo, últimamente me veo recomendando a diestro y siniestro 'El derecho a delirar', de Ramón de España. No se trata tan solo de que sea un libro tremendamente divertido, sino de que es un estupendo resumen del año que va desde la Vía Catalana a la V, Tricentenario mediante. Y es que ciertos hechos deben quedar para la posteridad.

El libro, que lleva por subtítulo "Un año en el manicomio catalán", en referencia a su anterior libro, relata en forma de dietario esos doce meses en los que los nacionalistas catalanes estuvieron convencidos de que la secesión estaba 'a tocar' y, por ese motivo, decidieron echar toda la carne en el asador, lo que ha dado lugar a situaciones delirantes.

Los secesionistas catalanes destacan por su nula capacidad crítica y, por este motivo, son capaces de tragarse cualquiera de las trolas que difunden por las redes y los medios subvencionados.

Muchas de ellas, mientras sucedían, se me antojaban del todo disparatadas, pero al recordarla ahora, una detrás de otra, tras el paso del tiempo, resultan todavía más absurda. Se relata, por ejemplo, como tuvieron la genial idea de enviar a las 10.000 personas más influyentes del mundo un libro llamado 'Catalonia Calling', en el que se explicaba las miles de maldades que el siniestro Estado español inflige al abnegado pueblo catalán desde hace 300 años. Desde luego, no hay que ser muy listo para adivinar que a la inmensa mayoría de esas personalidades el tema les trae al pairo, pero nuestros alegres muchachos se lanzaron a ello todos a una y con gran entusiasmo. Y es que, si por algo se destaca este colectivo es por su capacidad de apuntarse, si hace falta, hasta a una ronda de aspirinas, y siempre de forma alegre y disciplinada.

Otra de las cosas por las que destacan los secesionistas catalanes en su inmensa mayoría –aunque hay honrosas excepciones- es por su nula capacidad crítica y, por este motivo, son capaces de tragarse cualquiera de las trolas que difunden por las redes y los medios subvencionados como el falso tope del déficit fiscal alemán, apoyos internacionales que los interesados se afanan en desmentir o el bulo de la sentencia de La Haya. En este sentido, el libro recoge uno de los momentos más bochornosos del periodismo catalán, que fue la pseudoentrevista a Albert Rivera perpetrada en 8TV, en la que Pilar Rahola acabó gritando "La Haya, La Haya, La Haya" mientras leía el falso texto, tal y como se denunció en primicia desde esta misma tribuna.

Y es que la internacionalización del conflicto en la que tantos recursos humanos y económicos –pagados de nuestros bolsillos- ha invertido la Generalitat es uno de sus más rotundos fracasos. Así, más allá del respaldo a título personal de alguna persona más o menos conocida o de algunos artículos periodísticos a favor de la consulta o de la tercera vía para, precisamente, evitar la secesión, el único apoyo explícito que han conseguido ha sido el de la Liga del Norte. Esto no parece de su agrado ya que Mas recibió a su líder, Roberto Maroni, sin fotógrafos e intentando que la noticia trascendiera lo mínimo posible. Otro de los sonados descalabros que recoge el libro es el de las cartas que Mas envió en un pésimo inglés a los presidentes de los países de la UE y que recibieron la indiferencia como respuesta general. O que a Mas no lo recibe nadie importante en sus viajes por mucho que los medios autonómicos le intenten dar bombo a sus viajes.

También reciben especial atención los actos del Tricentenario con los que nos han machacado de forma inmisericorde durante todo el 2014, capitaneados por Miquel Calçada (Calzada antes de pasar por el "catalanitzador de cognoms") al que el periodista describe como un personaje ridículo que se gana muy bien la vida a costa de nuestros impuestos. Todo lo relacionado con esta efeméride ha sido tan disparatado que el título genérico fue "Viure en libertad". Yo no sé a ustedes pero a mí, personalmente, la libertad con la que se podía vivir en 1714 bajo el régimen absolutista de los Austrias no me resulta para nada atractiva.

Y no podían faltar, por supuesto, constantes referencias a Carme Forcadell, cuyo nombre siempre aparece unido al epíteto épico "estricta dominante de la ANC; a Muriel Casals, a la que tacha de monja laica y a Vila d’Abadal, ese presidente de la AMI con cierta querencia a cargar sus facturas en la VISA de Ayuntamiento de Vic. Con respecto a ellos, se alude a las diferentes performances que han organizado, teóricamente respondiendo a un clamor del pueblo pero con toda la publicidad gratuita del mundo y, siempre según el autor, los "monises" que les caen del poder.

Así, desfilan ante nuestros ojos las bofetadas a Pere Navarro –la real y todas las que le propinaron los tertulianos pro-Procés-; el desproporcionado despliegue mediático para acompañar a "Los Héroes de la Consulta"-Jordi Turull, Joan Herrera y Marta Rovira- en su viaje petitorio a Madrid mientras Artur Mas se quedaba la mar de cómodo en su casa; las peregrinas teorías de Jordi Bilbeny y sus colegas del inefable Institut Nova Història en las que se afirma la catalanidad de Miguel de Cervantes, Santa Teresa de Jesús, Cristobal Colón y su hijo Erasmo de Rotterdam... Especial mención se merece, por supuesto, Víctor Cucurull, del Secretariado Nacional del la ANC cuyo desternillante vídeo ha sido visto ya por casi medio millón de personas.

La mayoría de personajes que desfilan por El derecho a delirar serían tratados, a buen seguro, como frikies en cualquier democracia de nuestro entorno y, sin embargo, aquí nos los encontramos ocupando puestos generosamente remunerados y con todos los altavoces mediáticos a su disposición. Dado que esto es lo que nos ha tocado vivir, nada mejor que reírnos de todo ello y convertir el absurdo "derecho a decidir" en el divertido "derecho a delirar". Por derechos inventados, que no quede.

Cataluña
Las letrinas ancestrales
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 28 Febrero 2015

Procuro no utilizar palabras malsonantes en mis artículos, no por pudibundez, ya que las empleo normalmente en mis conversaciones, sino porque prefiero hurgar en la riqueza de nuestro idioma para encontrar la forma de expresar rotundamente mi cólera o mi indignación. Pero la lectura del artículo "¡Sí al museo militar!", del novelista Albert Sánchez Piñol (La Vanguardia, 15/2), agotó el caudal de mi vocabulario culto. Sólo me ha dejado la alternativa de definir su contenido como un cubo lleno de mierda. Mierda extraída de las letrinas ancestrales y vertida en un mensaje de odio contra el ejército de España y, simultáneamente, contra toda España. Esa España a la que vendió la primera edición de su mamotreto proselitista, disfrazado de ficción histórica, en la lengua castellana que está ilegalmente vetada en las escuelas públicas de Cataluña.

Novelista atrabiliario
Experto en la búsqueda de pretextos arcaicos para excitar pasiones fratricidas que, trasladadas a la ficción, son harto lucrativas, Sáenz Piñol hurga en los vertederos de la historia para compilar un catálogo de agresiones perpetradas por jefes militares españoles de tiempos lejanos contra Cataluña y, sobre todo, contra Barcelona. Lo que pretende es ridiculizar la propuesta de crear un nuevo Museo Militar en Barcelona, formulada por el inspector general del ejército, general Ricardo Álvarez-Espejo. Como denuncia Francesc Granell (LV, 19/2) en una razonada réplica al novelista atrabiliario, el anterior, instalado en el castillo de Montjuïc,

fue desmontado y sus colecciones (inventariadas por el propio Ayuntamiento) dispersadas por la presión de grupos políticos de ideas antimilitaristas que confundieron el ejército con la dictadura franquista, ignorando las funciones de los ejércitos de hoy, en pro de la seguridad y hasta del desarrollo tecnológico.

¿Es necesario recordar que las Fuerzas Armadas españolas están cumpliendo, junto con sus aliadas de la OTAN, peligrosas misiones de pacificación y antiterrorismo en Afganistán, Líbano, Bosnia-Herzegovina, las costas de Somalia; en Uganda, Mali, República Centroafricana y el Cuerno de África? ¿Y que 168 militares españoles han perdido la vida en esas misiones humanitarias? El ejército también es –y esto no lo soportan ni los nostálgicos de Al Ándalus ni los del siglo XVIII– el garante de la soberanía y la integridad de España.

Museo de horrores
Sánchez Piñol, cuyo cuello –como el de todos nosotros– está protegido de las cimitarras yihadistas por estas Fuerzas Armadas, aprueba, sarcásticamente, la idea de crear el nuevo museo, pero con el fin de exhibir en él toda la mierda seleccionada por quienes, con una visión sectaria y maniquea de la historia, aspiran a satisfacer sus instintos primarios asistiendo a la repetición de contiendas anacrónicas. Vaya, un museo de horrores, réplica gore del burdo tinglado del Born. Escribe el secesionista usufructuario del revanchismo, siempre prudentemente parapetado, por si acaso, tras el escudo protector del sistema español de defensa que él agravia:

Difícilmente encontraríamos otro caso de una urbe bombardeada tantas veces, y tan salvajemente, por el mismo ejército que supuestamente tenía que defenderla.

El cubo de mierda de la historia está repleto de choques cainitas y de guerras interiores y exteriores que sirven como coartada a todos aquellos que buscan pretextos para la venganza o el irredentismo. Los sembradores de odio podrían remontarse, en España, a las legiones romanas (o a los bombardeos de los aviones de Mussolini) para pedir cuentas a Italia, y seguir a continuación con los descendientes de los invasores visigodos, árabes, franceses, ingleses, o de los patriotas filipinos y latinoamericanos, de los pilotos de la Luftwaffe y de los comisarios soviéticos. En verdad, no sólo España podría estar en guerra perpetua con todos los que la invadieron o la esquilmaron u ofendieron su buen nombre y honor. La guerra perpetua debería ser el estado natural de la vida en el mundo si todos los memoriosos ventilaran los rencores acumulados en sus letrinas ancestrales como lo hace el novelista atrabiliario. O como lo hacen aún hoy los bárbaros chiíes y suníes, enfrentados entre ellos por la descendencia de su Profeta.

Fobia antiespañola
¿Y qué decir de la fractura de Cataluña, desgarrada desde tiempos inmemoriales por guerras civiles resueltas con un buen golpe de hoz? O por guerras entre ejércitos extranjeros a los que se sumaron los catalanes, en uno y otro bando. Por ejemplo, catalanes austracistas contra catalanes borbonistas. Nos lo recuerda Miquel Escudero (Crónica Global, 18/2), citando a Ricardo García Cárcel:

La Cataluña borbónica no fue tan minoritaria como la historiografía nacionalista ha defendido. "Cervera, Berga, Manlleu, Ripoll, Centelles fueron siempre borbónicas, y las fluctuaciones de las grandes ciudades catalanas fueron constantes a lo largo de la guerra. Sólo Barcelona fue siempre austracista. El austracismo castellano tampoco podemos minimizarlo. Granada, Murcia, Santander y La Coruña tuvieron importantes focos austracistas. De la Barcelona borbónica de 1705 tomada por los austracistas salieron nueve mil borbónicos".

Francesc Granell también contradice en su artículo ya citado los argumentos de los antimilitaristas: Cataluña tuvo una importante industria de guerra; dio militares de prestigio como Gaspar de Portolà, primer gobernador de California, Joan Prim o el primer presidente de la Generalitat restaurada, Francesc Macià. Los griegos todavía abominan de las depredaciones de los guerreros almogávares encabezados por Roger de Flor, y Jaime I no dejó rencorosos en Mallorca porque los colonizadores aragoneses y catalanes que llevó consigo exterminaron o expulsaron a todos sus antiguos habitantes. Eso sí, el callejero de Barcelona homenajea a Roger de Flor, los almogávares y Jaime I el Conquistador mal que les pese a los hipotéticos descendientes de sus víctimas.

Rehenes del adoctrinamiento escolar
La otra cara de la moneda la encontramos en la población leridana de Talarn, cuyos habitantes, catalanes de pura cepa, se movilizaron todos a una para defender la permanencia de la Academia de Suboficiales del ejército de España, porque es esta, y no las fantasías desquiciantes de Sánchez Piñol y sus cofrades secesionistas, la que da vida a la comarca. ¿Acaso los talarneses son botiflers como Francesc Ametller i Perer, que colaboró en la redacción del decreto de Nueva Planta, o como Pere Anton Veciana i Rabassa, leal partidario de Felipe V y fundador de los Mossos d'Esquadra, un cuerpo creado inicialmente para combatir a los bandoleros austracistas rezagados? Y quien desee abordar este tema con objetividad deberá leer sin falta el muy documentado estudio Els botiflers, 1705-1714, de Núria Sales (Rafael Dalmau, Editor, 1999), que, sin apartarse de la línea de pensamiento estrictamente catalanista, demuele las insidias con que el agitprop de las letrinas envenena a los ciudadanos y, lo que es peor, a los niños y jóvenes rehenes del adoctrinamiento escolar.

Sería didáctico, en fin, que cuando Sánchez Piñol llegue al fondo del cubo de mierda y se encuentre con los catalanes que durante la guerra incivil se masacraban los unos a los otros, tanto cuando los proletarios asesinaban a curas y burgueses como cuando los proletarios estalinistas, trotskistas y anarquistas se mataban entre ellos, sepa urdir, con estas heces, y con abundancia de paseos y chekas, una novela tan lucrativa, y mucho más veraz y próxima, que la que explota la mitología de 1714 para estimular la fobia antiespañola del colectivo secesionista.
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