AGLI Recortes de Prensa    Domingo 1 Marzo 2015

Clásicos Populares.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 1 Marzo 2015

No crean ustedes que he abandonado mi línea de denuncia política y me he pasado al mundo de la música clásica. En absoluto me refiero a Fernando Argenta recordado presentador del más célebre programa radiofónico de divulgación de música clásica. No, me refiero al Partido Popular con sus siglas PP y a sus más ilustres, y de no siempre grato recuerdo, populares o peperos como se les conoce por la oposición. Un partido que como el PSOE y el PCE, coaligado bajo las siglas IU, han sido parte fundamental de la historia de España de los últimos 36 años de vigencia de la Constitución. Un partido que desde sus inicios como Alianza Popular de la mano de D. Manuel Fraga Iribarne ha ido transformándose en algo irreconocible para millones de españoles. Y es que se cumple el dicho de que “lo que mal empieza, mal acaba”.

En opinión del comunicador Federico Jiménez Losantos en su artículo de hoy, la opinión española se encuentra “convulsa y desconcertada”. No lo creo. En mi opinión, a la vista de las encuestas lo que se deduce es “hartazgo y cabreo monumental (perdonen la expresión)”. Creo que en eso indudablemente ha tenido una notable influencia la crisis y sus nefastas consecuencias para la economía nacional y, sobre todo, la familiar. Pero la mayor influencia negativa ha sido la actitud descarada y de total falta de empatía de los dos principales partidos políticos PSOE y PP, con la complicidad en muchos de casos de IU y la actitud desleal y traidora del nacionalismo del PNV y CiU. La decepción ha sido generalizada tras comprobar que la esperanza de una renovación política y democrática depositada en el PP con la mayoría absoluta de votos, se ha transformado en decepción y en malestar tras el incumplimiento de todas y cada una de las promesas electorales y la persecución con saña de la sufrida clase media.

Y como he sugerido en el título de mi escrito, las actitudes y actuaciones a las que yo denomino “clásicos populares” son las principales culpables de que el futuro de este partido sea seguir el camino de la extinta UCD e ir desapareciendo más pronto que tarde del panorama político español. Entre esos clásicos se encuentran los siguientes:

- Seguir siendo un partido con culto al líder supremo. Un poder omnímodo comenzado por su fundador Fraga, continuado por Aznar y por Rajoy.
- Democracia interna ausente con la figura de los “compromisarios” seriamente comprometidos con las directrices de la cúpula dirigente inmovilista y endogámica.

- Nula permisividad con las corrientes críticas y las diferentes facciones ideológicas, promoviendo la uniformidad clientelar, mercenaria y adocenada.
- Ambigüedad consciente y renuncia a los pilares ideológicos del partido recogidos en sus Estatutos fundacionales, principalmente en la defensa de la vida.

- Desprecio por sus bases y por su electorado presuponiendo un voto cautivo basado en el chantaje político del miedo a otras alternativas políticas.
- Permisividad culposa con la corrupción y actitud remisa y tardía en la toma de medidas.

- Abandono del frente de la lucha anti terrorista y de las víctimas del terrorismo con actuaciones injustificables de seguidismo político del PSOE de negociación, suelta de terroristas y legalización de partidos políticos ligados a ETA.

- Injerencia obscena en la Justicia y en la Banca con el reparto de cargos de responsabilidad con el resto de fuerzas políticas acabando con la independencia de poderes del Estado.
- Mercadeo mezquino con las fuerzas nacionalistas independentistas vascas y catalanas, permitiendo la violación de derechos fundamentales de los españoles en esas comunidades y la creación de mini estados dentro del Estado, de la nación única e indivisible, España.

- Prevalencia del interés partidista y clientelar sobre el interés general de los españoles dando origen junto a PSOE, IU, CiU, etc, a la denostada “casta política” .

Y así podría seguir citando muchos más clásicos que no solo son populares sino que firman parte de este mundillo de gentes que comenzaron siendo servidores públicos con ideales y aspiraciones altruistas de mejorar la vida de la sociedad española y que derivó en servirse de lo público para ejercer revanchismo, la cultura del pelotazo, enchufismo, amiguismo, corrupción generalizada y reparto del poder mientras legislaban para construirse un blindaje y asegurarse su futuro.

Así que me reafirmo en que la opinión pública lo que está es harta y cabreada. Hace tiempo que el vaso de la paciencia se ha desbordado, gota a gota durante demasiados años.
s insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones

Una opinión pública convulsa y desconcertada
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Marzo 2015

El último Debate sobre el Estado de la Nación -el de los zombis, como lo llamó Luis Herrero- nos ha permitido comprobar, en todas las encuestas posteriores, el desconcierto absoluto y los movimientos convulsos, casi de baile de San Vito, que se están produciendo en la opinión pública española. Estos tirones y acelerones, frenazos y pinchazos, tienen perplejos incluso a esos ciudadanos que están en plena mutación de voto. Y está sucediendo, ojo, a menos de un mes de las andaluzas (que decidirán el liderazgo del PSOE), a menos de tres meses de las municipales y autonómicas (que van a redefinir el poder territorial en toda España), a menos de siete meses de las elecciones catalanas, que se presentan como un plebiscito contra la propia autonomía y por la ruptura con España (algo de lo que no quiso hablar en el debate ni el Gobierno ni la Oposición), y, en fin, a menos de diez meses de unas elecciones generales en las que, según todas las encuestas, va a saltar por los aires el modelo bipartidista alumbrado en 1977, asistido por la ley electoral D´Hondt y refrendado masivamente en la Constitución del 78.

El sistema de partidos en la Transición
Si en 1977 había un consenso en la opinión pública, éste era el que se manifestó en el referéndum para la Reforma Política, presentada por Suárez en solitario frente a toda la oposición y en la que logró el 80% de los votos; el de las victorias de la UCD en 1977 y 1979; el del aplastante respaldo a la Constitución de 1978, apoyada, salvo algún diputado suelto, por AP, UCD, PSOE, PCE, CiU y los partidos de corte regionalista, más la abstención –no oposición- del PNV. Salvo la ETA, todos los partidos apostaron por una democracia gobernable, con una ley electoral que eliminara la "sopa de letras" de tantos partidos nacidos con el cambio de régimen y que facilitara gobiernos sólidos, que sólo cayeran como resultado de las elecciones. En el fondo, los partidos asumían lo que la opinión manifestó aplastantemente en el referéndum de la Ley de reforma Política: un cambio con orden y de la ley a la ley. La opinión pública tenía las cosas más claras que sus políticos: el cambio debía ser pacífico y respetar la libertad, la propiedad (la nueva y amplia clase media), la religión y los derechos sociales del franquismo. Si alguien pensaba que millones de españoles iban a renunciar a las mejoras conseguidas en su nivel de vida, se equivocaba. Y los partidos lo aceptaron.

Casi cuarenta años después, esos partidos que entonces se sometieron a la voluntad nacional –que detestaba el guerracivilismo; que pretendía conservar lo conseguido mediante el trabajo y el ahorro; que quería ampliar la naciente asistencia médica y las pensiones; que esperaba que con una buena educación pública y becas por méritos académicos se mantuvieran la promoción y el ascenso social de los sectores rurales y más pobres- han traicionado no sólo lo que en 1977 quería –y votó- la opinión pública sino aquello que sigue queriendo… cuando sabe lo que quiere. Porque sin duda la mayor parte de los españoles sigue deseando tener una propiedad segura y una igualdad real ante la ley que garantice sus libertades frente al Poder, sea cual sea su signo político. Pero aquel régimen parlamentario naciente se ha convertido en un sistema en el que los partidos políticos han asaltado los poderes que deberían controlarlos y hoy lo dominan prácticamente todo, empezando por la Justicia y terminando por el bolsillo de unos ciudadanos desquiciados y arruinados por una presión fiscal inimaginable en 1977.

La corrupción generalizada en los partidos es fruto de su invasión de todas las esferas de la sociedad en las que deberían tener vetada la entrada, desde los jueces que han de juzgarlos a las empresas que suelen colocarlos o sobornarlos y a los medios de comunicación que existen por concesión política, y ésta, sujeta al favor o disfavor administrativo y publicitario y a la discriminación o persecución de medios y comunicadores que les molestan. Siendo la democracia un régimen de opinión pública, que se forja a través de una pluralidad de medios de comunicación, nunca se ha producido una concentración tan brutal de medios audiovisuales y, al tiempo, una mayor propensión de esos medios que existen por la gracia del Gobierno a apoyar opciones políticas totalitarias, como Podemos, criatura electoral del PP.

Las teletertulias, nuevos parlamentos
Las tertulias políticas, verdaderos parlamentos alternativos a los desprestigiadísimos del sistema, tienen un signo político izquierdista o de extrema izquierda que supera a las de signo derechista por 10 a 1. TVE y las televisiones privadas de centro-derecha han sido inutilizadas o cerradas mediante arteras leyes por Zapatero y Rajoy. Y como todo en la corrala audiovisual de Vasile y Carlotti depende de la inspiración de los que allí se citan –los servicios informativos son siempre antiliberales y antinacionales- nadie sabe por dónde va a salir el electorado en las diversas consultas de 2015: andaluzas, municipales, autonómicas, catalanas y nacionales. La prueba es el Debate sobre el Estado de la Nación, en el que las encuestas no se han limitado al hecho parlamentario sino al acontecimiento mediático. Es absurdo decir que sólo el 2% vio el debate completo –debemos excluir a muchos diputados y a Candy Villalobos- cuando son los resúmenes y las valoraciones posteriores, en las redes sociales, internet, prensa, radio y TV los que realmente constituyen ese debate ante la ciudadanía. Por eso, que Sánchez ni utilizara la dúplica para afear a Rajoy su "no vuelva usted por aquí" tiene menos valor en la opinión pública que el ataque de despotismo presidencial visto o comentado –muy negativamente- en todos los medios.

Rajoy trasmite desconfianza económica
Es lógico que el rajoyismo, que desprecia a sus propios votantes, que odia la comunicación y carece de la menor aptitud para conectar con la opinión pública, acabe perdiendo las formas en un debate parlamentario y sea penalizado por ello. Hasta ahí, normal. Lo grave es que, en la encuesta del CIS, la pregunta sobre si Rajoy convenció de que la economía va bien, muy bien o, siquiera, algo mejor, arroje un saldo devastador, porque resulta que el monotema del Presidente ("lo único importante es la economía") al que ha subordinado sus acciones y hasta sus obligaciones de Gobierno, no convence ni siquiera a la cuarta parte de los ciudadanos, incluso a pesar de que los datos del crecimiento sean, en parte, ciertos.

Sucede que la exageración de esos logros y una antipatía creciente entre sus propios votantes han convertido la gran baza del líder del PP en un doble lastre electoral: la economía según Rajoy o Rajoy y su ampuloso discurso económico. Si el argumento y el líder son despreciados hasta por sus votantes, calcúlese el resto. Y ambos, economía y líder, eran la excusa de Rajoy para no designar candidatos hasta el ultimo momento, incluso en Madrid. Si el marido de Candy ha convencido a Rajoy de que él y la economía eran el único activo del PP para mantener ayuntamientos y autonomías, más vale que la Pandi Crush de la Moncloa cambie de opinión. En medio de un desconcierto y una convulsión totales, llamados a aumentar y no a disminuir a lo largo del año, diríase que la opinión pública sólo está de acuerdo en una cosa: está harta de Rajoy. Eso es lo peor que le podía pasar al PP, evidentemente, pero también a muchos aspectos y valores de la España constitucional que sin el PP va a resultar muy difícil conservar.

Podemos no es como los otros
Almudena Negro www.gaceta.es 1 Marzo 2015

No. Podemos no es un partido como los demás. Por más que no pocos políticos de otras fuerzas crean que hay que tratarlos como si de uno de ellos se tratase. Podemos, a quien no se puede frenar desde posiciones socialdemócratas, sino que hay que hacerlo desde una defensa radical y sin complejos de la libertad, es una fuerza de corte totalitario, cuyo único fin es alcanzar el poder como sea para imponer su modelo de sociedad socialista. De ahí el giro discursivo del tercermundismo bolivariano, su verdadera naturaleza, a una supuesta moderada socialdemocracia sueca. Socialdemocracia, por cierto, si es sueca, país calvinista, incompatible con una nación de raíces católicas. Parece mentira que los de Podemos sean profesores de Ciencia Política. Pero es que en Podemos, que maneja estupendamente la sentimentalización de la política y el marketing, casi todo parece más de lo que es.

Nada de lo que hacen Pablo Iglesias, Errejón, Alegre, Bescansa o el polémico Monedero de la moto Vespa difiere demasiado de las campañas de Hugo Chávez, a quien asesoraron. Porque el chavismo no asesora a Podemos. Los de Podemos asesoran a Chávez. Este, porque convenía, también renegó en su día del comunismo y se presentó ante los venezolanos, desencantados como estaban con COPEI y AD y contando con la complicidad de los medios de comunicación, como una fuerza transversal. Transversal. La palabras de moda junto con transparencia, una vez manoseadas y desacreditadas otras como libertad o democracia. En realidad, transversalidad quiere decir atrapalotodo. Impostura. Ausencia de principios. Antipolítica.

“No descartamos pactar con Podemos”, dicen algunos políticos moderados. ¿Pactarían con la también socialista Marine Le Pen, posiblemente en breve primera fuerza política en Francia? El programa presentado en las pasadas elecciones europeas de la líder del Frente Nacional, quien no se cansa de expresar su admiración por Pablo Iglesias, coincidía y mucho con el del partido de los círculos. Y con la Syriza griega que acaba de prohibir el fútbol. Manos a la cabeza. “Jamás, Le Pen es de extrema derecha y el de Syriza un radical”, contestarán. Pero no explican por qué demonizan a estos y ensalzan, por complejo, sectarismo o insolvencia intelectual, al otro. Deberían de mandar a paseo a ambos. Nos jugamos la libertad.

PD. El domingo, a las 12:30 horas, se ha convocado por parte del Movimiento Español Venezolano Antipodemos una marcha contra el chavismo que saldrá desde la madrileña Plaza de España. Yo voy.

La España cañí y su ‘capitalismo de amiguetes’
La expresión ‘capitalismo de amiguetes’ no es nueva. Aunque en las últimas semanas la ha rescatado de un cierto olvido el economista Luis Garicano -durante la
Carlos Sánchez El Confidencial 1 Marzo 2015

La expresión ‘capitalismo de amiguetes’ no es nueva. Aunque en las últimas semanas la ha rescatado de un cierto olvido el economista Luis Garicano -durante la presentación del programa económico de Ciudadanos-, hay que remontarse a la segunda mitad de los 90 para encontrar su origen. Y más en concreto, durante el intenso proceso de privatizaciones que lanzó el primer Gobierno Aznar, y que supuso que el Estado renunciaba a tener una presencia significativa, ni siquiera testimonial, en algunas de las grandes empresas del país, surgidas en su gran mayoría de los antiguos monopolios públicos en sectores estratégicos como el gas, la electricidad o las telecomunicaciones.

Aquel proceso supuso unos extraordinarios ingresos para el Estado. Nada menos que 50.126 millones en euros actuales, según el Consejo de Privatizaciones, pero lo relevante es que creó una nueva aristocracia económica muy cercana al poder y cuyo epicentro suele situarse en el palco del estadio Bernabéu. El Estado se desprendió de 72 empresas, muchas de ellas de gran tamaño y con enorme cuota de mercado.

Las privatizaciones, sin embargo, no fueron el único instrumento que alentó la creación de una nueva oligarquía acostumbrada a cabildear con el poder político. La proliferación del sistema concesional abrió nuevos negocios -con concursos muchas veces amañados- una vez que el sector público se retiró de la prestación de determinados servicios públicos, mientras que, en paralelo, se abrían lucrativas operaciones mediante los llamados modificados de obras, que permitían a las constructoras cobrar aunque el precio final del proyecto fuera desorbitado respecto del precio inicialmente previsto.

El camino, como se sabe, lo inició el anterior Gobierno socialista, pero la cristalización de una élite económica -las multinacionales españolas- con enorme capacidad de influencia sobre el gobierno de turno y sobre el BOE, es relativamente nueva.

La creación del Consejo Empresarial de Competitividad -el lobby de los lobbies- es la plasmación de esa idea. Y el resultado, como sostiene un brillante economista que conoce bien los entresijos del aparato productivo español, es un país con un dinámico sector exterior, pero con evidentes agujeros es su sistema económico interno.

Básicamente, porque se han diseñado políticas destinadas a proteger a las grandes multinacionales españolas -a quienes el Gobierno sigue identificando con la Marca España- en detrimento del interés general. Hay, en este sentido, una vieja (y célebre) frase de Adam Smith que lo resume. El economista escocés sostenía que los comerciantes de un mismo gremio raramente se reunían, y cuando lo hacían no era pasar un buen rato, sino para conspirar contra lo público o pactar alguna subida de precios.

El mejor ejemplo son las posiciones dominantes sobre el mercado interior que tienen compañías como Telefónica, Repsol, Gas Natural, Abertis o Iberdrola y Endesa, cuya capacidad de influencia en el gobierno de turno –por la escasa potencia de las leyes antimonopolio- es evidente más allá de que en determinados momentos puntuales (ante la crisis de las finanzas públicas) el actual Ejecutivo -como recordó Mariano Rajoy en el debate sobre el estado de la nación- haya tenido que tomar algunas medidas contra sus intereses.

El sistema, sin embargo, sigue intacto, y el mayor exponente de ese sinsentido (estamos ante un auténtico escándalo en un país desarrollado) es que los dos principales grupos de televisión capten más del 85% del mal llamado mercado de la publicidad (no lo hay) sin que la Comisión Nacional de Competencia diga esta boca es mía. Máxime cuando estamos ante un sector regulado que requiere una concesión administrativa para poder operar. El escándalo es todavía mayor si se tiene en cuenta que las dos últimas vicepresidentas (la anterior y la actual) siempre han situado el negocio de la televisión bajo su área de influencia directa, como si se tratara de un tesoro (electoral) que había que salvaguardar a toda costa.

No se trata, desde luego, de un fenómeno estrictamente español. Algunos estudios han identificado un enorme paralelismo en los países periféricos del sur de Europa. En particular, en Grecia y España. En ambos países el origen de sus problemas (son los únicos que soportan más del 20% de tasa de paro) tiene que ver con el mal funcionamiento del sistema económico por años de corrupción y mal gobierno.

Antiguos monopolios
En el caso de España, por ejemplo, el sector exterior funciona razonablemente bien, pero no es el caso del mercado interior por un problema de mala calidad de sus instituciones regulatorias, que tienden a favorecer la existencia de mercados muy poco competitivos y que funcionan en realidad con criterios de apropiación de rentas. La escasa presencia de multinacionales en sectores clave de la economía española (precisamente los que controlan los antiguos monopolios) es la prueba del nueve de este sistema anticompetitivo.

El Gobierno de Syriza -torpe en otros aspectos- ha identificado bien este problema y en las negociaciones que mantiene con la troika (ahora denominadas las ‘instituciones’) lo han planteado con sensatez. Entre sus puntos centrales está, por ejemplo, liquidar el oligopolio eléctrico que hace que los griegos paguen una elevada factura. O la imposición de tasas para quienes explotan gratis -habría que decir por la cara- las licencias de televisión conseguidas por su cercanía con el poder.

Desgraciadamente, en España no sucede lo mismo. El funcionamiento del mercado interior ha pasado por el debate del estado de la nación como si se tratara de un asunto menor. Hasta el extremo de que el presidente del Gobierno habla y habla sin proponer nada nuevo para obligar a las élites económicas a competir en favor del interés general y no del particular. Probablemente porque tantos años de colusión en contra de la ciudadanía han acabado por dormir muchas conciencias. Lo que es bueno para General Motors, como sostenía la célebre expresión, no es siempre bueno para el país. Y defender a grandes empresas en contra de los intereses generales se llama simple y llanamente corrupción.

La causa del mal funcionamiento del mercado interior -que expulsa la entrada de nuevos operadores y genera un mayor peso de las importaciones respecto de lo que sería razonable- probablemente tenga que ver con un problema más político que económico.

Corrupción y clientelismo
La arquitectura institucional del país está construida a imagen y semejanza de los partidos políticos, lo que hace que el clásico sistema de pesos y contrapesos no sólo no funcione, sino que se favorezca la corrupción y el clientelismo. Ni el sistema parlamentario ni el económico actúan de forma diligente, lo que alienta la creación de oligarquías con enorme capacidad de influencia amparadas en muchos casos por expresidentes de Gobierno.

El economista Dani Rodrik -una de las cabezas mejor amuebladas del pensamiento económico- ha estudiado bien este fenómeno, y en un reciente encuentro en el Banco Mundial ha recordado que no basta con aprobar reformas si en paralelo no se mejora el sistema de gobernanza y la propia calidad de las instituciones favoreciendo la presencia de los consumidores en las instituciones públicas. El éxito de las políticas de reformas, viene a decir Rodrik, dependerá de la gobernanza. Y hoy, desgraciadamente, las reglas del juego las marcan pequeños y poderosos grupos que determinan la acción de Gobierno. Haciendo bueno aquello que decía Adam Smith, como se sabe poco sospechoso de atentar contra el mercado.

Smith sostenía* que los comerciantes e industriales se quejaban mucho de los efectos perjudiciales de los altos salarios, “porque suben los precios y por ello restringen la venta de sus bienes en el país y en el exterior”. Pero “nada dicen”, sostenía el escocés, “de los beneficios elevados”. Y concluía: “Guardan silencio sobre las consecuencias perniciosas de sus propias ganancias. Sólo protestan ante las consecuencias de las ganancias de otros”.

*SMITH, Adam. La Riqueza de las Naciones, página 151 (Economía Alianza Editorial)

28-F, el día que se jodió todo

Javier Caraballo El Confidencial 1 Marzo 2015

La Transición política en España es un periodo cargado de puntos de inflexión a partir de los cuales se comienzan a superar obstáculos que parecían insalvables y van cobrando sentido, coherencia, hasta completar el perfil de un país que se estaba construyendo. La legalización del Partido Comunista fue un punto de inflexión para la credibilidad de la democracia y la superación del franquismo, de aquellos miedos de libertad; se legalizó el PCE y se hizo creíble el pluralismo democrático. El frustrado golpe de Estado de Tejero fue, por supuesto, otro punto de inflexión a partir del cual dejaron de oírse ruidos de sables en los cuarteles; el ejército, los militares, superaron la creencia histórica de que en ellos estaba depositada la salvación de la patria. En la confección del modelo territorial, el punto de inflexión está marcado con una fecha concreta del calendario: 28 de febrero de 1980. El día en el que los andaluces fueron llamados a referéndum para contestar la pregunta más rebuscada y ridícula que conocen los tiempos: “¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa, prevista en el artículo 151 de la Constitución, a efectos de su tramitación por el procedimiento previsto en dicho artículo?”. A partir de esa pregunta, se jodió todo.

Después de aquel referéndum, todo cambió en España. Se acabó la etapa de gobierno de la Unión de Centro Democrático, que convocó y perdió el referéndum andaluz; aquel revés en las urnas tuvo el efecto de una voladura descontrolada de todas las alianzas internas de fuerzas democristianas, socialdemócratas y liberales que cohabitaban bajo esas siglas. Fue, desde luego, el principio del fin de Adolfo Suárez y la imparable ascensión de Felipe González que, dos años más tarde, arrasaría con su promesa de ‘Cambio’. Y fue, fundamentalmente, el punto de inflexión que liquidó el modelo de Estado que se había esbozado en la Constitución y que consistía, esencialmente, en otorgar una autonomía verdadera, una autonomía plena, sólo a dos regiones, el País Vasco y Cataluña, y en menor grado a Galicia, mientras que el resto habría de conformarse con una lenta y limitada trasferencia de competencias, pero sin alcanzar nunca el techo competencial de vascos y catalanes.

¿Y si estaba diseñado así en la Constitución de 1978, por qué se cambia de criterio tan sólo dos años después? La respuesta tiene un solo protagonista; ocurrió así exclusivamente por el cambio de criterio del PSOE, que se desentendió del acuerdo previo con la UCD para limitar el Estado autonómico y vislumbró en el referéndum andaluz un elemento de desgaste letal contra el Gobierno de Suárez, como así sucedió. En una de las operaciones de camaleonismo político más efectivas que se recuerdan, el PSOE abrazó el andalucismo pujante de aquella época, supo colocarse en la cabecera de la manifestación y rentabilizar electoralmente, desde entonces hasta la actualidad, aquella apuesta por la autonomía plena en Andalucía. Cuando ya había conseguido sus objetivos, sin empacho alguno, forzó la dimisión de Rafael Escuredo como presidente de la Junta de Andalucía, y recondujo la autonomía andaluza al baluarte de poder orgánico que supone para el PSOE.

Pero las consecuencias del referéndum del 28-F, trascienden con mucho de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Una vez que el referéndum andaluz abrió de par en par las puertas de la autonomía plena, todo el mundo pudo ‘colarse’ en el selecto club que tenían reservado para sí catalanes y vascos. De un modelo de Estado asimétrico, como el previsto en la Constitución, de nacionalidades y regiones, se pasó al modelo de Estado que se etiquetó con una expresión del ministro de UCD, Manuel Clavero Arévalo: “el café para todos”. Y eso es lo que nunca han perdonado los nacionalistas catalanes y vascos. Pero sobre todo los primeros, porque los nacionalistas vascos, con el privilegio inmenso del concierto, insisten menos en la cuestión. “Fuimos los grandes artífices de la lucha autonómica y nos premiaron con el 'café para todos’”, como suelen repetir cada vez que intentan justificar ese eufemismo insoportable del “encaje catalán”. También ahora, en la deriva independentista, lo siguen recordando.

¿Qué hubiera ocurrido sin el referéndum?
Sabemos, por experiencia sobrada, que el nacionalismo necesita para vivir y desarrollarse de la existencia del agravio y que, sin ese alimento, languidece. Con lo cual, parece claro que si el agravio de origen no hubiera sido el ‘café para todos’, el nacionalismo ya hubiera generado, por sí mismo, otros frentes de agravio, reales o inventados. Pero esa evidencia no debe impedir la reflexión mayor: ¿qué hubiera ocurrido sin el referéndum andaluz, sin las consecuencias del ‘café para todos’? ¿Tenían razón los constituyentes cuando pensaron que el equilibro perfecto, la única salida a la siempre convulsa realidad territorial de España, era el modelo asimétrico? ¿Se jodió la estabilidad posible de la democracia a raíz del referéndum andaluz?

La aportación de los gobiernos autonómicos al desarrollo de España, a la modernización del país, es tan evidente como indemostrable, porque nadie puede afirmar con datos qué hubiera ocurrido en un Estado más centralizado. Pero a la vista de la degeneración de muchas autonomías, tantos años después de aquel referéndum andaluz, al menos en mi caso, se ha instalado la duda. Cuando se contempla cómo ha nacido, crecido y engordado una nueva clase política, la autonómica, engolada y pomposa; cuando se empiezan a contar los casos de corrupción que han proliferado en muchas autonomías; cuando se repasa el despilfarro en casi todas ellas por proyectos faraónicos, desmesurados, mesiánicos; cuando se comprueba en los parlamentos regionales el bajo nivel de los debates políticos, convertidos muchos de ellos en cámaras de segunda lectura de las trifulcas nacionales; cuando se constata, en fin, como el estado de las autonomías ha acabado multiplicando los vicios y lastres burocráticos existentes, por lo menos asalta la duda.

En aquel referéndum de autonomía de Andalucía, una mayoría entusiasmada del pueblo andaluz acudió a las urnas con el único deseo de no quedarse atrás una vez más en la historia. Fue la primera y la única vez en la historia de España en la que los ciudadanos de una región han acudido a votar a favor de su autonomía. Querían los andaluces una autonomía de primera y no aceptaban que la oportunidad del autogobierno, la capacidad para que uno mismo gestione sus intereses, se pudiera convertir en privilegio de los que sólo se reconocen en su identidad mediante la diferencia. El 28 de febrero de 1980 acudió a las urnas un 64% de los electores, y los votos afirmativos superaron el 50% del censo en todas las provincias, salvo en Almería.

Muchos años después, el 18 de febrero de 2007, el PSOE quiso reactivarse con una reforma del Estatuto de Andalucía (otro golpe de efecto para justificarse políticamente, sin calcular las consecuencias) y a las urnas sólo acudieron a votar el 36% de los electores. Si el primer estatuto, nacido de la ilusión, se contenía en 10.000 palabras, el estatuto reformado se ampliaba hasta las 36.000 palabras, un tocho de doscientos cincuenta artículos con las extravagancias propias de la época, como las ‘competencias exclusivas’. En esa extrapolación, va implícita la duda. De aquel 28 de febrero de Andalucía, soñado, ansiado, conquistado, a este 28 de febrero de hoy. Por lo menos eso, la duda, la ucronía necesaria e imposible de la España de hoy: ¿Qué hubiera ocurrido sin el referéndum andaluz? ¿Cómo sería España?

El empobrecimiento de Quebec
teresa giménez barbat ABC Cataluña 1 Marzo 2015

El canadiense Tyler Brûlé es Editor en Jefe de la revista Monocle. El pasado día 6 de febrero publicó un artículo en The Financial Times en su sección “Life & Arts” donde hablaba de la decadencia de Montreal. Cuenta que estuvo recientemente después de cuatro años de ausencia y aún le sorprendió más su grisura comparada con el brillo de los años 70. En aquellos tiempos los anuncios de las grandes empresas coronaban los edificios que bordean la autopista que va hacia el centro. Una vez allí se veían los logotipos y las insignias de los bancos y de las compañías aseguradoras más importantes. La ciudad había acogido la World Expo del 67 y se preparaba para ser anfitriona de los Juegos Olímpicos de Verano en el 76. Ahora el panorama era todo lo contrario. Las palabras que parecían dominar en las fachadas eran “à louer”. La generalización de estos reclamos, se lamenta Brûlé, evidencia que la cosas no están saliendo según lo imaginado. Antes se divisaba un skyline poblado de grúas y andamios. Justo como hoy en día en Toronto.

¿O han salido cómo algunos deseaban? Para los nacionalistas puede que sean suficientes determinados logros. No cabe duda de que Montreal es ahora un faro de la cultura francesa. Quizá el estancamiento económico, social y cultural sea sólo un daño colateral ante este gran éxito. Las empresas han de responder primero en inglés, las multinacionales gastan decenas de millones de dólares en etiquetar sus productos de manera que no incumplan con la política lingüística. Como dice el periodista, ni siquiera en la propia Francia se ve obligado Starbucks Coffee a ponerle un prefijo a su productos avisando de que se trata de “Café”.

Cuando Quebec aprobó sus radicales leyes lingüísticas en 1970 cientos de miles de residentes cogieron la ruta hacia la frontera con Ontario. Lo cuenta el canadiense Steven Pinker sobre la comunidad judía –muy sensible a las leyes que suenan a discriminación- en su libro “Los ángeles que llevamos dentro”. Se marcharon masivamente a Toronto. Y la fuga de cerebros ya no cesó. Michael Ignatieff, otro canadiense, denuncia la política lingüística de Quebec en su libro “Sangre y pertenencia: viajes al nuevo nacionalismo”. Cuenta algo con cierta similitud a la experiencia en mi comunidad, Cataluña. La red de escuelas públicas de habla inglesa no puede por ley aceptar la entrada de hijos de familias francesas. Y eso a pesar de que las escuelas privadas inglesas están llenas de hijos de quebequenses cuyos padres quieren que sean bilingües. ¿Le suena esto? Recuerda con dolor la sacudida que significó cierta carta bomba en un buzón del barrio inglés de Montreal en 1963 y el asesinato de un político canadiense, Pierre La Porte, al final de esa década. Y reflexiona: “La idea de que hubiera quebequenses, aunque fueran pocos, que odiasen de tal modo Canadá que estuvieran incluso dispuestos a matar hizo que todo canadiense inglés se despertase del feliz aturdimiento en el que hasta entonces había vivido”.

Afortunadamente, no hubo más violencia, aparte de la moral. El programa de “normalización” lingüística se impuso. Pero, como constata Tyler Brûlé, 30 años más tarde se comprueba que esas leyes lingüísticas acarrean pobreza en todos los sentidos importantes.

Teresa Giménez Barbat es escritora

110.000 MILLONES PARA EL CONJUNTO DE LAS CCAA
Hacienda destina 40.000 millones en cuatro años a salvar las cuentas de Cataluña
No habrá reforma del sistema de financiación, pero las comunidades concluirán la legislatura habiendo recibido 110.000 millones con los fondos de liquidez y de facilidad financiera y los planes de pago a proveedores
El Confidencial  1 Marzo 2015

No habrá reforma del sistema de financiación autonómica, pero las comunidades concluirán esta legislatura habiendo recibido 110.000 millones de euros en préstamos del Gobierno, obtenidos por el Tesoro en los mercados, para poder cuadrar sus cuentas. Un 36% del total ha ido destinado a Cataluña, 40.144 millones en cuatro años, y otro 25%, a la Generalitat Valenciana, 27.694 millones de euros. Se trata de tres herramientas: el fondo de liquidez autonómica (FLA), mantenido de 2012 a 2015, el fondo de facilidad financiera, abierto sólo este año, y los planes de pago a proveedores de 2012, 2013 y 2014.

Exceptuando el País Vasco, todas las autonomías se han sumado a una de estas modalidades en algún momento, aunque las diferencias son abismales entre unas y otras. ¿Qué se ha pagado con este dinero? Las comunidades han podido cubrir vencimientos de deuda, devolver el dinero de más que recibieron por el sistema de financiación en años pasados, pagar intereses y cumplir con miles de proveedores de la educación, sanidad y servicios sociales, pero también obras, suministros o subvenciones.

Tanto la oposición como varias comunidades han criticado al Gobierno que estas vías de liquidez multimillonaria hayan suplido la reforma del sistema: en vez de repartir el dinero según nuevos criterios de financiación, para que cada cual lo gaste con independencia, Hacienda ha diseñado unas herramientas para prestarles dinero que implican un control, elaborar planes de ajuste, cumplir algunas condiciones y enviar periódicamente información al Gobierno.
Fondo de liquidez y de facilidad financiera

El ministerio de Cristóbal Montoro ha dado a conocer el reparto del 75% del FLA de 2015. Sumados todos los ejercicios, con este fondo se habrán repartido casi 70.000 millones entre las comunidades que no cumplían el objetivo de déficit y no lograban financiación en los mercados. Cataluña recibirá en los cuatro años 33.678 millones de este fondo, la mitad del total, y la Comunidad Valenciana otros 20.174. Andalucía habrá obtenido 11.434 millones de euros; Castilla-La Mancha, 4.537; Murcia, 3.231; Baleares, 2.613 Canarias, 2.577; Cantabria, 1.224; Asturias, 782 y Extremadura, 178 millones. Ni Madrid ni Galicia, Aragón, Castilla y León y La Rioja han recurrido al FLA.

Sin embargo, todas ellas menos Madrid se han sumado al nuevo fondo de facilidad financiera creado este año para las comunidades cumplidoras con el déficit y la deuda, que logran así un tipo de interés cero. La excepción, Madrid, mantiene una oposición dura frente a estos fondos de Hacienda: el Gobierno autonómico argumenta que prfiere financiarse por sí solo y que los mercados le penalizarían por sumarse en algún momento a estas vías de liquidez.
Ignacio González ha criticado duramente las medidas de Hacienda. (Efe)Ignacio González ha criticado duramente las medidas de Hacienda. (Efe)

Este fondo repartirá en 2015 un total de 11.400 millones y a él se han pasado comunidades que han estado hasta 2014 en el FLA, pero que ahora cumplen con el déficit y la deuda, como Andalucía (obtendrá 2.962,84 millones), Baleares (998,71 millones), Canarias (958,14) y Asturias (508,84). Se suman también Castilla y León (2.003,63 millones); Galicia (1.542,5); Aragón (1.193,51), Extremadura (476,51 millones), Navarra (446 millones) y La Rioja (245).

Hacienda ha puesto en marcha este año un tercer fondo, llamado Social, con el que facilitará financiación a las autonomías para que salden deudas con las entidades locales por convenios que no les hayan pagado. Se trata de la mitad de las comunidades (Aragón, Andalucía, Islas Baleares, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura, Región de Murcia y Comunidad Valenciana) y las cifras finales están a la espera de que las entidades locales revisen los datos.

La otra gran pata de la liquidez facilitada a las autonomías la han formado los planes de pago a proveedores, creados para saldar sus deudas con miles de empresas y autónomos. Todas las autonomías del régimen común salvo Galicia se han sumado a estos planes, aunque no todas en todos los años: 17.704 millones en conjunto en 2012, 4.544 millones en 2013 y 7.970 en 2014. En total, 30.218 millones de euros que han pagado millones de facturas sobre todo en la Comunidad Valenciana (7.519 millones en tres años), Cataluña (6.465 millones) y Andalucía (4.955 millones). Del resto de comunidades cabe señalar que Madrid ha obtenido con estos planes 1.346 millones, Castilla y León 1.052 o Aragón 512.

Continúan los descartes (IV)
El PSOE de verdad, el de Pablo Iglesias
Enrique Domínguez Martínez Campos www.gaceta.es 1 Marzo 2015

¿Conocen ustedes toda la historia del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)?. Me da la impresión de que muchos de sus militantes, simpatizantes y personas que lo ensalzan a través de la voz y de la pluma, no se dan cuenta de todo o simplemente desconocen el historial de este partido político e ignoran o no quieren oír lo que sus jerarcas, en estos 35 últimos años, dicen de él: que están orgullosos de este partido centenario que tanto y tantas glorias le ha proporcionado a España (según ellos, claro).

Pues veamos de donde puede proceder ese orgullo. El PSOE nació un 2 de mayo de 1879 en Madrid de la mano del tipógrafo Pablo Iglesias. Tanto él como los compañeros que lo fundaron se declaraban marxistas, revolucionarios y antisistema. Los estatutos de la creación del partido los enviaron a Londres, para que Marx y Engels les dieran su visto bueno. Este dogmatismo ortodoxo marxista del PSOE sería mantenido hasta 1979, cuando el dúo formado por F. González y A. Guerra decidió que después de estos 100 primeros años de vida del partido, debía anteponerse a la idea marxista la del ideario socialista. ¿Qué significaba eso?. Tendremos ocasión de comprobarlo enseguida.

Pues bien, durante esta primera época del PSOE, este partido tuvo la oportunidad de promover y participar en tres golpes de estado: en 1917, en 1930 y en 1934. Es decir, que a su historial marxista, revolucionario y antisistema, se unía ahora el honorable titulo de partido golpista. Su bolchevización a partir de 1933 desembocó en el golpe de estado de 1934. Y durante la guerra civil, los máximos jerarcas del partido, Largo Caballero, Indalecio Prieto y Juan Negrin, decidieron echarse en los brazos del mayor genocida de todos los tiempos, José Stalin, enviándole a Moscú 510 toneladas de oro de todos los españoles para que el bueno de Stalin les administrara ese tesoro enviándoles a cambio material y armamento para prolongar todo lo posible la horrorosa guerra, de acuerdo con los deseos públicamente manifestados por Negrín.

Terminada la Guerra Civil en 1939 el PSOE desapareció en la práctica de España. Comenzaba la segunda época de este partido y sus famosos “40 años de vacaciones”. Los jerarcas que se exilaron se concentraron en Méjico (capital federal) y Toulouse (Francia). A Méjico llegó Prieto, que le “birlo” (Largo caballero “dixit”) a Negrin el famoso tesoro del yate “Vita”, cargado de joyas, cuadros, efectos y valores, fruto todo ello del saqueo que los milicianos revolucionarios habían llevado a cabo en bancos, cajas de ahorro, iglesias y domicilios particulares. A pesar de la influencia de Prieto sobre el partido, en Toulouse se concentraba el “aparato” del mismo, siendo su secretario general Rodolfo Llopís, marxista, masón y anticlerical sin concesiones, que fue la cabeza visible del partido hasta el famoso Congreso de Suresmes en 1974.

Con este historial a sus espaldas, cualquier persona que se precie de pensar por sí misma, podría llegar a la conclusión de que entrar en un “club” con semejantes antecedentes, no es lo más indicado, si es que esa persona tiene un mínimo sentido de la dignidad y de la responsabilidad. Pues bien, como ya he escrito, no ha habido un solo jerarca del PSOE que a partir de 1974 no haya expresado su orgullo de pertenecer a este más que centenario partido. Y lo más grave es que ninguno de ellos haya pedido perdón al pueblo español por los daños causados durante aquellas dos primeras épocas, ni en la siguiente.

Si la tercera época del PSOE “renovado” nació en 1974, los dolores de ese parto se remontan a los años 69/70 del siglo pasado. El grupo sevillano que supo aglutinar a su alrededor afiliados y simpatizantes, fue convocado por el gobierno Arias Navarro, en vida de Franco, para tener conversaciones en relación con el papel que debía jugar ese “nuevo PSOE” en el futuro político español. Y ambas partes se pusieron de acuerdo en tres o cuatro puntos fundamentales. En el resto, el PSOE podría actuar de acuerdo con sus propios principios e ideología, aún netamente marxista.

Fue en el Congreso extraordinario del PSOE de 1979 cuando F. González después de una “representación teatral” extraordinaria, anunció a sus seguidores que debían ser antes socialistas que marxistas. ¿Se desechaban la tesis marxistas del viejo partido?. En su gran mayoría, sí, pero quedaban “tics” específicos marxistas muy difíciles de olvidar y eliminar. Hubo quien se rebeló contra la supresión de la más característica identidad del PSOE, pero la sangre no llegó al rio.

Desde 1982 el PSOE ha sido el partido que durante más tiempo ha gobernado en España (desde 1975). Casi 22 años. ¿Cómo acabó el “régimen” socialista que durante casi 14 años gobernó nuestro país de la mano, en principio, del binomio González/Guerra?. Recordemos que en la primera campaña electoral en 1982, el PSOE prometió la creación de 800.000 puestos de trabajo. Cuando terminó ese “régimen” en 1996, el paro en España era casi del 23%: la expropiación y posterior reprivatización del grupo de empres “ RUMASA” constituyó no solo un tremendo escándalo sino que se convirtió en la “escuela de corrupción” generalizada por la que el PSOE acabó perdiendo las elecciones en 1996; en 1983, para tratar de acabar con ETA, eludiendo la Ley, el PSOE creó el terrorismo de Estado, causando con él 27 asesinatos; en virtud de un absolutismo ideológico, sus planes para la enseñanza media y superior han sido todos socialistas, con resultados vergonzosos que nos colocan a la cola de Europa; su “revolución tranquila” llevada a cabo durante aquellos 14 años, con sus leyes sobre el aborto, - cuyo tercer supuesto era un autentico coladero que ha provocado más de 100.000 abortos anuales-, su permisividad con la droga, su promoción a la promiscuidad sexual regalando preservativos a los adolescentes, su nihilismo religioso y su relativismo en todo, lograron cambiar los principios tradicionales de nuestra sociedad hasta el punto de conseguir lo que A. Guerra proclamaba: Que a España no la conociera ni la madre que la parió; en 1985 en un alarde de interpretación de la Constitución, el Poder Judicial quedó como fiel reflejo de lo que es el Poder Legislativo para ser dominado por el Ejecutivo, es decir, que con el PSOE felipista, Montesquieu desapareció; en 1996, España no cumplía ni uno solo de los requisitos que exigía el Tratado de Maastricht para entrar en la moneda única europea. Y para no cansarles más, les recordaré que cuando el Partido Popular se hizo en ese año con el poder, se encontró con la Seguridad Social en quiebra.

Todo un éxito de resultados los obtenidos por aquel régimen socialista. Lo único bueno por recordar, fue que el PSOE era un partido único de ámbito nacional dirigido con mano de hierro porque aquel que se movía no salía en la foto. Después de aquello llegó algo mucho peor: el gobierno de un “bobo solemne” llamado José Luis Rodríguez Zapatero, hoy confraternizando en La Habana con los líderes comunistas de la dictadura castrista. Si en los gobiernos de González hubo personas con preparación suficiente para haber hecho un buen papel en su gestión como ministros, en los del Sr. Rodríguez esa preparación era lo de menos. Cualquier inepto o iletrado podía llegar a ocupar los más altos puestos de la Administración, Solo era suficiente con tener el carnet del partido o ser simpatizante del mismo.

Con un deseo de revanchismo inaudito – acordándose de su pobre abuelo- y con la idea fundamental de que su gobierno debía su legitimidad y tenía que ser continuador de las elecciones del Frente Popular en 1926, iniciando una andadura, a partir de aquellos años treinta del siglo pasado, el Sr. Rodríguez se dedicó, en primer lugar, a arrinconar al centro derecha español y a sus diez millones de votantes a través del famoso pacto del Tinell. Toda esa gente no tenía derecho a nada porque, además, eran los herederos del franquismo.

Con estos mimbres de un individuo cuyo rencor sobrepasaba toda prudencia política, se dedicó a ponerse de acuerdo con los salvajes de la ETA y su entorno, a partir del año 2002, para concederles cesiones políticas a cambio de dejar de asesinar. Naturalmente a espaldas del gobierno Aznar y antes de asumir el poder, de forma vergonzosa, tras el atentado terrorista más grave de toda nuestra Historia en marzo de 2004.

A partir de aquí, además de crear una ingeniería política para acabar con los últimos vestigios de las más elementales tradiciones y valores de nuestra sociedad, como fue el hecho de modificar la ley del Aborto, por medio de la “ley Aido”, porque el aborto es “un derecho de la mujer”; aprobar el “matrimonio” entre homosexuales admitiendo la adopción de niños y menores en esos “matrimonios”; modificar la ley del divorcio para facilitar la destrucción de la familia por medio del “divorcio exprés”; hacer pagar a los españoles el capricho de una inútil y falsa “Alianza de Civilizaciones” o para tener contentos a quienes hoy están atacando con una crueldad endemoniada a la civilización occidental basada en el cristianismo; la anulación del Plan Hidrológico Nacional que hoy hubiera evitado las inundaciones en las riberas del rio Ebro, etc., este visionario Rodríguez aumentó sus desmanes por medio de tres o cuatro barbaridades más.

La primera de ellas, promover de forma aberrante el secesionismo de Cataluña, creando así el principal problema para España de los últimos 60 años.

Creando una asignatura llamada “Educación para la Ciudadanía” con el único propósito de esclavizar ideológicamente a los españoles a partir de los tres años de edad.

Elaborando una ley de “Memoria Histórica” para enriquecer a los “listos”, rebuscando cadáveres desaparecidos hace más de 70 años para, una vez más, enfrentar y engendrar nuevos odios entre los españoles.

Ser lo suficientemente ignorante como para, en virtud de su deriva radical izquierdista, lograr el aislamiento internacional de España y el desprecio hacia él de los más altos dignatarios del mundo.

Y para acabaron esta sucinta relación de “heroicidades” de este partido regido por Rodríguez y del que todos sus jerarcas y fans se sienten orgullosísimos, cuando se le vino encima la brutal crisis mundial y española a partir del 2007, ni la quiso ver, ni se hizo enterar de la gravedad del problema. Al revés, tomó medidas tan absurdas y tan lejanas a la resolución de aquel, que en mayo de 2010 tuvieron que llamarle dese Berlín, Washington y hasta de la China para que se diera cuenta de las burradas que estaba cometiendo.

Con estos desmanes políticos y económicos, situó a España al borde del precipicio, en una situación dificilísima. Lo único bueno que consiguió fue hacer comprender a mucha gente lo que significan realmente las siglas del PSOE. Porque, además, desde entonces este partido no levanta cabeza y es posible -¡ojalá!- quede relegado a una fuerza política residual o desaparezca, como en Italia, por ejemplo.

De modo que del PSOE puede esperarse cualquier cosa. Todo depende de sus líderes, que fueron y han sido siempre los auténticos protagonistas de la acción política que debía seguir el partido y nunca los que se han atenido a sus principios básicos e ideología, si es que hoy tiene alguna, que lo dudo.

No obstante, y a pesar de estos antecedentes sublimes, puede usted votar a quien le de la real gana. Pero luego no se queje de la irresponsabilidad de su decisión.

Vuestros padres mintieron
josé garcía domínguez ABC Cataluña 1 Marzo 2015

Las pequeñas miserias de los hombres pequeños. El alcalde Trias acaba de ordenar que se prohíba fijar carteles cinematográficos en las calles si su grafía resultase ser castellana. Quesnay, que era médico, descubrió el flujo circular de la renta. Fleming, que era médico, descubrió la penicilina. Cajal, que era médico, descubrió las neuronas. Y Trias, que también es médico, descubrió que podía impedir que se colgara un póster de una farola si en él lucía algo escrito en español. “De cada cual según sus capacidades”, sentenció Marx en su día. Y las del alcalde Trias, qué le vamos a hacer, son las que son. Los “yihadistas” de Irak andan destruyendo el rastro escultórico del pasado herético a golpes de martillo pilón. Y nuestros pequeños “yihadistas” de aquí andan en lo mismo, en el borrado administrativo de la gramática pagana de los infieles, a golpe de ordenanza municipal. Cada loco con su tema. Los de allí están convencidos de que el único dios el Alá y Mohamed su profeta; y los nuestros, de que el catalán resulta ser la única lengua digna de pender de las farolas, siendo Trias el garante.

A mí, y por contraste, las pequeñas mezquindades hispanófobas de nuestro pequeño regidor me traen a la memoria la grandeza intelectual y moral de un independentista ya difunto: Francesc Vicens. Y es que Vicens fue hombre tan poco catalán – y español – que incurrió en pronunciar en público algo tan insólito como la verdad. Léase una confesión de parte, la suya, que debería figurar inscrita en todos los paneles y vallas publicitarias de Barcelona: “Yo era uno de los pocos estudiantes que hablaba en catalán. No es que la gente estuviera reprimida; es que se hablaba en español, que era la lengua de las personas cultas. Todo eso de la resistencia cultural es pura invención”. En su poema acaso más triste, escribe Kipling: “Nuestros padres mintieron: eso es todo”. Aquí, en cambio, jamás dejarán de mentir. Nunca.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Esclavos de la ley
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com  1 Marzo 2015

La unánime y contundente sentencia del Tribunal Constitucional sobre la Ley de Consultas catalana y la convocatoria del referendo de autodeterminación en ella basada ha confirmado en irreprochables términos jurídicos lo que todo el mundo sabía, independentistas incluidos, desde un enfoque político: que la secesión de una parte del territorio nacional por decisión unilateral de una mayoría coyuntural en una Comunidad Autónoma es contraria a nuestro ordenamiento fundamental y, por consiguiente, flagrantemente ilegal.

Por mucho que Artur Mas y sus corifeos se empeñen y le den vueltas y revueltas, toparán siempre con el mismo muro. La soberanía nacional pertenece al pueblo español en su conjunto y ningún poder constituido está facultado para sustituir al poder constituyente. Su invocación al espíritu de la Transición y al gran pacto civil que alumbró, revela un cinismo ofensivo por su desfachatez. Aquí los únicos que pisotean aquel ejemplar acuerdo colectivo son los separatistas porque lo que entonces se suscribió fue la intensa y extensa descentralización política del Estado a cambio de que los nacionalistas no rompieran la baraja. Se les dijo que dispondrían de bandera, himno, parlamento, amplias competencias, lengua cooficial, coche con banderín, policía y bula para robar a mansalva -actividad ésta en la que han demostrado un escaso hecho diferencial-, pero que a cambio se comprometieran a no poner en cuestión la unidad de España. Y lo firmaron. Y no lo han cumplido.

La soberanía nacional pertenece al pueblo español en su conjunto y ningún poder constituido está facultado para sustituir al poder constituyente

Son felones probados además de corruptos hasta la médula. Ahora mismo, mientras claman contra la inflexibilidad del Gobierno central que lo único que hace, y sin excesiva firmeza, es intentar que se cumpla la normativa vigente, se disponen a recibir más de ocho mil millones de financiación extraordinaria para enjugar el déficit que arrastran como fruto de sus dispendios identitarios, de sus latrocinios y de su pésima administración.

El presidente de la Generalitat se ha quejado en el Círculo de Economía ante doscientos empresarios sobrecogidos por la ruina que se les viene encima si Cataluña si separa de España, de que a los catalanes se les condena a “trabajar, pagar y no molestar”. Pues bien, en eso consiste la responsabilidad cívica, en crear riqueza, cumplir las obligaciones tributarias y comportarse civilizadamente. Eso es exactamente lo que hacen la mayoría de españoles y de europeos todos los días, acudir a sus ocupaciones, ser solidarios con los que lo necesitan y procurar no incurrir en actuaciones que perturben la paz social. Las pretensiones rupturistas de Mas, Junqueras y compañía consisten en lo contrario, perder el tiempo en aventuras condenadas al fracaso en vez de producir, negarse a satisfacer sus compromisos con la Hacienda pública y provocar continuas perturbaciones que crean incertidumbre, angustian a mucha gente, frenan las inversiones y pueden degenerar en enfrentamientos violentos entre catalanes.

En el fondo, son una pandilla de cobardes porque no se atreven a ser consecuentes con el camino suicida que han emprendido. La independencia sólo será posible mediante una revolución y un choque frontal con la Constitución y la legalidad, lo que implica un altísimo riesgo de fracaso. Y como no les llega la camisa al cuerpo cuando se paran a pensar en el precio que tendrán que pagar si se lanzan a la subversión abierta, lloriquean, amagan y bailan una yenka patética que pone de relieve su mediocridad y su pusilanimidad. Cataluña no está sometida a la Constitución, los catalanes son libres gracias a sus previsiones. En los oídos paletos de Mas deberían sonar las definitivas palabras de Cicerón: hemos de ser esclavos de la ley para disfrutar de libertad.

EXORCISMOS
JON JUARISTI ABC  1 Marzo 2015

Hay bastante de pensamiento mágico (o de ausencia de pensamiento) en las diatribas contra Podemos

A comienzos de este mes, Luis María Anson proponía que los dos partidos mayoritarios iniciaran sin dilación la puesta en marcha de una reforma constitucional, ayudándose, si hiciera falta, de un comité de expertos formado por personalidades independientes de probada experiencia y reputación incuestionable. Parece obvio que tal propuesta, como otras similares que han ido planteándose en los últimos meses, trataba de ofrecer una alternativa a la apertura de un proceso constituyente. Tras el debate de esta semana sobre el estado de la Nación no cabe albergar esperanza alguna de que el PP y el PSOE secunden iniciativas semejantes. Estamos ya en plena confrontación preelectoral y nadie quiere hablar de consensos de ningún tipo, tras el repliegue de Pedro Sánchez a posiciones de abierto enfrentamiento con Rajoy una vez desautorizada su retórica irenista desde la ejecutiva de su propio partido.

Por otra parte, tampoco el presidente del Gobierno ha urgido con timbres de desesperación la colaboración patriótica de un partido socialista que se deshace aceleradamente. Los lamentos de la derecha por la suerte de la socialdemocracia suenan a regocijo imposible ya de disimular. En el fondo, no es sólo un problema de incapacidad de alcanzar grandes acuerdos de Estado. Hay otro factor importante, a mi juicio: ni los socialistas ni los conservadores se acaban de creer lo que, por otra parte, no cesan de afirmar: que Podemos represente una amenaza para el sistema. Hay bastante de pensamiento mágico (o de pura ausencia de pensamiento) en las diatribas contra los populistas de Somosaguas, algo así como un recurso al exorcismo. Como si se diese por supuesto que al verse presentados como unos totalitarios sedientos de sangre se apaciguarán espontáneamente.

Me recuerda mucho esta superstición a la que predominó en el País Vasco de los años ochenta del pasado siglo, es decir, durante la época en que ETA se hinchó de matar. Los partidos democráticos montaban mesas por la paz para obligar a Herri Batasuna a distanciarse de la banda y convertirse en algo así como un PNV cargando a la zurda. A un sector de la izquierda abertzale no le repugnaba aparentar que ya estaban en ello. Por descontado, no pasaba de ser una maniobra de distracción, cara a la galería europea.

Cuando el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger visitó el País Vasco a mediados de aquella década, mantuvo sendas entrevistas con Arzalluz, presidente a la sazón del PNV, y con Iñaki Esnaola, que pasaba por ser el más dialogante y civilizado de los dirigentes filoetarras. Arzalluz le habló a Enzensberger de las armas enterradas en los caseríos vascos, prestas para ser usadas en una insurrección independentista. Esnaola trató de convencerle de que ETA era una organización socialdemócrata que quería aplicar en el País Vasco el modelo sueco. Pues bien, un síndrome bastante parecido de discursos cruzados caracteriza ahora, no ya al nacionalismo vasco, sino a la izquierda. Zapatero y Moratinos montan una peregrinación bolivariana (evitando, eso sí, a Maduro, cuya Policía mata a adolescentes) mientras los de Podemos se disfrazan de socialistas escandinavos.

Quizá se exagere al presentar a Podemos como un ejército de orcos en agraz, pero no parece que estén muy dispuestos a renunciar a su horizonte utópico, que pasa por barrer la Constitución de consenso (el «régimen de 1978») e imponer otra de partido, aunque para ello necesiten hacerse los suecos, como los batasunos de un ayer no tan remoto. Es ya demasiado tarde para reformas como la que Anson propone y los dos partidos mayoritarios parecen más lejos que nunca de cualquier consenso constituyente.

El testigo de Andoain
MARTÍN ALONSO. EL CORREO  1 Marzo 2015

Supuestos pacificadores no han dejado de predicar el evangelio de la equivalencia, desde el «empate infinito» hasta el «final ordenado».

Las primeras palabras que llegaron al buzón de Andoain («Sentí que en cualquier otra parte del mundo, ante un asesinato como el que viví, la gente se hubiera echado a la calle… Cuando ya no quedaba nadie, aparqué mi coche y caminé con pena hasta el lugar del asesinato», EL CORREO, 19/02) despiertan un denso racimo de asociaciones.

La primera y principal es para dar la bienvenida a una iniciativa que permite a cada cual, sin ampararse en ninguna coartada ideológica, identitaria ni grupal, enfrentarse a su propia responsabilidad ante la historia reciente. Pero las respuestas individuales están mediatizadas por procesos sociales bien estudiados, la espiral del silencio es acaso la más conocida y explica bien el hecho de que el testigo autor de la carta sólo en la soledad se atreve a comportarse como ser humano decente. El buzón es un instrumento que ofrece la oportunidad para desenredar la espiral del silencio. Un instrumento muy poderoso. Veinte años después de Núremberg escribía Jean Améry que los alemanes «en su mayoría aplastante no se sienten, o han dejado de sentirse responsables…». La espiral de silencio mantenía todavía su vigor.

La segunda asociación sobrepasa la dimensión individual. En ‘Vecinos’, un libro que, con sus acomodos, arroja luz sobre lo ocurrido en muchos municipios vascos, escribe J. T. Gross: «Es preciso mantener la suficiente serenidad de ánimo para recordar que de cada crimen sólo es responsable un asesino o un grupo de asesinos concreto. No obstante, nos veríamos obligados a estudiar qué es lo que hace a toda una nación capaz de llevar a cabo esos actos tan espantosos». Los actos de ETA no los ha cometido la nación pero se han cometido en su nombre. De modo que es pertinente la pregunta por terceros interpuestos de Gross: «¿Puede en la actualidad un joven alemán que piense en el significado de su identidad como alemán ignorar doce años de la historia de su país?».

No hace falta una diplomatura en interpretación para extrapolar. Ahora el foco se traslada a la responsabilidad de los ‘bystanders’, de los circunstantes y sus herederos. De éstos, al menos en el sentido del rótulo «¿Papá, tu dónde estabas cuando…?». Las respuestas ante esta responsabilidad son variadas. Ana Mladic se suicidó con la pistola más apreciada de su padre al tomar conciencia de su legado; el hijo del jerarca Martin Boorman es sensible a los daños del nazismo pero considera que su padre fue también víctima; el personaje anónimo que cierra ‘Los peces de la amargura’ pide perdón a su compañero de hospital, herido en un episodio nacional de kale borroka: «–¿Qué tiene que ver usted con lo que me pasó?, –Yo me entiendo. Si la parienta se entera que le pido perdón, me pega dos hostias». El relato de Fernando Aramburu no precisa si la parienta es de Andoain.

La tercera asociación apunta a la esfera política. Con motivo del primer aniversario de su muerte, el Ayuntamiento de Andoain decidió conceder a Joseba Pagazaurtundua la Medalla al Mérito; PNV-EA se abstuvieron; su portavoz acusó a los otros partidos de «aumentar el sufrimiento y la división de los andoaindarras»; ‘Gara’ destacó del acto las críticas a PNV-EA de la mayoría del pleno. Ibarretxe no se pronunció sobre el asunto. Sería un detalle en la buena dirección que no llegara al buzón algún escrito regurgitando el confusionismo retórico del ‘todos somos víctimas’. Pero ese confusionismo está bien asentado porque supuestos pacificadores no han dejado de predicar el evangelio de la equivalencia, desde el ‘empate infinito’ hasta el “final ordenado’. Y preocupa ver cómo desde las alturas del Gobierno se despliegan esfuerzos titánicos en una alquimia contable encaminada a difuminar la silueta del mal en la sopa indiferenciada del dolor. El empeño cuantificador choca con la ceguera sobre lo cualitativo, lo que tiene que ver con la urdimbre totalitaria. Lo que invita a una última asociación.

Los informes encargados por la Secretaría de Paz y Convivencia, tan pertinaces en su afán de exhaustividad, olvidan sistemáticamente algo esencial en su contabilidad: los asesinos no son víctimas –la mayoría no lo son– pero, en tanto no repudien su pasado, son muertos morales. Son, por otro lado, los únicos muertos recuperables, los únicos para los que se puede aplicar una reparación que sólo depende de ellos. Y su transformación mediante la asunción de la responsabilidad por el daño es la condición determinante para la restauración de la esa convivencia tan manoseada. Las víctimas y sus familias merecen el calor de los convecinos, a falta de una posición clara de la abrumadora mayoría de los asesinos y del núcleo emparentado ideológicamente con ellos. Pero es igualmente una necesidad para el conjunto del municipio de Andoain, porque como escribe Gross: «¿Cómo va a confiar nadie en unas personas que asesinaron a otras o las delataron a sabiendas a sus asesinos?».

El ensayo de Gross sobre Jedwabne no fue bien recibido por los nacionalistas polacos, pero ha obligado a la sociedad a enfrentarse a una parte oscura de su pasado. A tomar conciencia de que polacos corrientes que asesinaron a sus vecinos judíos contaron con la complicidad de la mayoría de sus convecinos. También a conocer el coraje de otros, que los protegieron pese al riesgo que ello suponía. Lo que preocupaba a Primo Levi, Jorge Semprún y otros supervivientes del nazismo no era que sus contemporáneos no llegaran a compartir su dolor sino que se resistieran a reconocer la verdad. El testigo postal de Andoain será un espejo para la temperatura cívica y la claridad mental de los vecinos de Joseba. También para quienes no lo somos.

MARTÍN ALONSO DOCTOR EN CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIOLOGÍA.

La Cataluña rufianesca
xavier pericay ABC Cataluñá 1 Marzo 2015

Si uno repasa lo que ha dado de sí esta semana en lo que a Cataluña se refiere puede llegar fácilmente a la conclusión de que los catalanes tienen —y han tenido durante décadas— encomendada su suerte política a una pandilla de rufianes. Les recuerdo los hechos. El lunes, tres miembros de la familia Pujol —patriarca, consorte y primogénito— acudían al Parlamento autonómico para burlarse de sus señorías y de lo que representan en una comisión de investigación creada, diríase, a tal efecto.

El miércoles, el Tribunal Constitucional anulaba en lo esencial la ley de consultas aprobada hace cinco meses por el independentismo gobernante, así como el decreto mismo de convocatoria del 9-N, y advertía de la ilegalidad de futuras consultas de este jaez. Y el jueves, en fin, al tiempo que el juez Santiago Vidal era suspendido tres años de sus funciones por elaborar una Constitución catalana habiendo jurado, en tanto que magistrado, la española, el Consejo de Garantías Estatutarias —el mismo que había dado por buena la ley de consultas ahora seriamente mermada por el Constitucional— dictaminaba que cinco de las enmiendas introducidas en la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos de la Generalitat —a instancias de ERC y con vistas a ir construyendo las famosas «estructuras de Estado»— eran o bien antiestatutarias o bien anticonstitucionales.

Este es el panorama político catalán a falta de que el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad decida imputar o no imputar al presidente Mas, la vicepresidenta Ortega y la consejera Rigau por su responsabilidad en la urdimbre y ejecución de la fantochada consultiva del 9-N: el de un país quebrado institucionalmente, en el que la ilegalidad es moneda común. Con la particularidad, bien conocida, de que los propios malhechores son los primeros en vanagloriarse de sus gestas. ¿Hasta cuándo? Chi lo sa. Un año electoral supone siempre, hasta cierto punto, un respiro, por aquello de que cada cual debe mirar, ante todo, para sí. Sin embargo, Artur Mas, como si de un ciclista se tratara, no tiene más remedio que seguir pedaleando para evitar la caída. Y ahí está el problema.


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