AGLI Recortes de Prensa    Viernes 6  Marzo 2015

Día Uno - El ridículo lenguaje de campaña
Javier Caraballo El Confidencial 6 Marzo 2015

Los ‘negros’ de la política son fácilmente identificables. Los escribanos anónimos del PSOE andaluz, sobre todo. Porque son pomposos hasta la indigestión. El programa electoral del PSOE que ha presentado Susana Díaz es de una ostentación tan exagerada que lo complicado es llegar a entender que hay personas a las que todo esto les parece normal y equilibrado.

Ni siquiera hace falta pasar del ‘punto primero’. Dice cosas como esta: “Andalucía es el territorio español con una democracia más madura”. Ahí quedó. Si un programa electoral comienza con afirmaciones tan gratuitas, ¿para qué seguir leyendo?, se preguntará más de uno. Andalucía, en todo caso, será todo lo contrario, la región de España con una democracia más inmadura porque en esta región no se ha producido aún algo que parece consustancial a toda democracia, como es la alternancia en el gobierno. ¿Es la hegemonía de un solo partido sinónimo de democracia madura? No, desde luego.

Pero da igual, ya queda dicho que se trata del lenguaje de campaña, especialmente pretencioso, ampuloso y artificial. Y nadie puede igualar en eso a los ‘negros’ del PSOE que ya, cuando redactaron el último Estatuto andaluz dejaron perlas eternas como esta definición de Andalucía: “La interculturalidad de prácticas, hábitos y modos de vida se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una unidad de fondo que acrisola una pluralidad histórica, y se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e intangible, dinámico y cambiante, popular y culto, único entre las culturas del mundo”.

Europa, ¿problema o solución? Trichet, Almunia y Letta 'se mojan'
Carlos Sánchez. La Granja (Segovia) El Confidencial 6 Marzo 2015

La pregunta se la hacía ayer uno de los ponentes en el Foro de Foros, un evento celebrado en La Granja (Segovia) al que asistían en la misma mesa redonda el expresidente del BCE Jean-Claude Trichet, el exprimer ministro italiano Enrico Letta, Pascal Lamy (ex director general de la OMC), Joaquín Almunia o Emilio Lamo de Espinosa, presidente del Instituto Elcano: "¿Cómo es posible que después de cada Consejo Europeo haya ganadores y perdedores?”, se interrogaba uno de los oradores. Trichet y Letta compartían sus impresiones con El Confidencial en el vídeo que encabeza esta información.

La cuestión no tiene nada retórica. Al contrario. Va al fondo del problema, Europa sigue siendo el reino de los Estados-nación y eso explica en buena medida tanto la dureza de la crisis como el largo periodo para encontrar una solución. Básicamente por una razón: La arquitectura institucional ha hecho aguas, y lo que no es menos relevante, “existe un problema de legitimidad”. Hasta el punto de que eso está detrás de la aparición de movimientos populistas o xenófobos, que ya ocupan alrededor del 10% de los escaños del Parlamento Europeo. No ocurre lo mismo en EEUU.

En palabras de uno de los asistentes al acto, el problema radica, en contra de lo que sostenía Ortega, en que cada vez hay más gente que opina que “Europa es el problema y no la solución”. España -donde en la calle se vive un ambiente de ‘fin de época’- es un claro ejemplo, aunque todavía no cuenta con partidos antieuropeístas.

Hace pocas décadas muchos pensaban que el país era el enfermo de Europa, pero la situación cambió con la expansión económica y casi de repente se convirtió en el milagro europeo. Hoy se ha retrocedido al punto de partida y muchos piensan que a España hay que incluirla dentro de eso que de forma despectiva se denominan PIGS, “aunque más dentro que fuera”.

¿Cuál es problema de fondo? Pues fundamentalmente una cuestión relacionada con los “escasos poderes de las instituciones comunitarias” en favor del Consejo Europeo, que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno. “No hay equilibrio de poderes”, se recuerda, y aunque se ha avanzado en la gobernanza, lo cierto es que “los cambios no han sido suficientes”, lo que explica el auge de los euroescépticos en países como el Reino Unido o Hungría. Sin duda, por ausencia de integración. Coexisten como pueden 28 mercados digitales o 28 mercados energéticos.

Según uno de los asistentes, la prueba del nueve de cómo funciona Europa se manifiesta con toda crudeza después de cada Consejo Europeo, cuando cada dirigente hace una lectura en clave nacional de las decisiones que allí se toman. “Son 29 conferencias de prensa [más la del presidente de la Comisión Europea] en la que cada uno interpreta los resultados a la luz de su propio consumo interno”.

Europa y el caos
Aunque fuera sólo por razones simbólicas, se argumenta, debería haber una sola voz después de cada reunión para que los ciudadanos europeos conocieran el mensaje real que se quiere transmitir desde las instituciones comunitarias.

Hay un problema de liderazgo. Pero también una deficiente arquitectura institucional. Probablemente, por una cuestión de calado no resuelta y que tiene que ver con los escasos poderes de la Comisión Europea o del propio Parlamento de Estrasburgo. La consecuencia, como asegura uno de los asistentes, es que “Europa se mueve en el caos”.

No es, desde luego, nada nuevo. Los procesos más importantes de construcción europea se han realizado siempre en momentos de crisis, y así, se viene a decir, seguirá siendo durante mucho tiempo.

El caos, sea como fuera, está detrás de la intensidad de la crisis económica, aunque se valora como un activo el hecho de que el BCE haya comenzado a precisar su programa de compra de deuda pública. ¿Es esta la solución? Sólo en parte. Alguien que conoce bien los entresijos de la política económica europea sostiene que no basta con el QE europeo (el aumento del balance del BCE) para elevar la inflación hasta el objetivo del 2% e impulsar el crecimiento con tipos de interés cercanos a cero o incluso en tasas negativas. Lo que haría falta realmente es que tirara fuerte la demanda interna alemana y, en paralelo, las economías menos competitivas recuperaran el terreno perdido en los años de expansión.

El QE, se dice, no llegó antes por los problemas de encajar el programa de compras en la Constitución alemana, y, sobre todo, había que tener antes garantías suficientes de que los países con mayores desequilibrios fiscales llevarían adelante una estrategia de consolidación presupuestaria. Toca, por lo tanto, ganar competitividad a países como España, que en los años del boom la perdió de forma galopante.

En palabras de uno de los asistentes, “en el BCE no se funciona al dictado de Alemania”. En su opinión, detrás de lo que les ha ocurrido a los países del sur de Europa están los excesos presupuestarios, que han llevado a que países como España hayan pasado en apenas media docena de años de tener un endeudamiento equivalente al 36% del PIB a cerca del 100%.

El camino, en todo caso, será arduo, aunque la buena noticia es que ya está funcionando la unión bancaria. El mercado único, sin embargo, continúa con fallos.

La ventaja, desde el punto de vista monetario, es que el BCE tiene un carácter más técnico y no funciona de forma exclusiva con mayorías y minorías, al contrario que otras instituciones europeas. Eso sí, falta liderazgo para que los gobiernos expliquen a los ciudadanos para que y por qué se toman las medidas.

Se pone un ejemplo. El rescate bancario no se ha explicado suficientemente y muchos ciudadanos siguen pensando que a quien realmente se ha ayudado es a los banqueros, cuando lo que se pretendía era evitar el colapso financiero. “Nadie lo ha explicado, y esa es una de las razones de la ausencia de legitimidad de las instituciones”, se asegura.

¡Bienvenidos al Bazar!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Marzo 2015

No hay como las precampañas electorales para ver cómo se anima el bazar de los políticos transformados en vendedores de alfombras, telas diversas, perfumes y de cachivaches al grito de ¡paisa barato, barato! Todos se desgañitan alabando las bondades de su género expuesto intentando atraer a las gentes para que compren esa mercancía. Un ambiente de cuento de las mil y una noches (lo de cuento no es un eufemismo) en el que en cualquier momento esperamos encontrarnos con Alí Babá y su cuadrilla de ladrones camuflados de mercaderes. Un ambiente de aspecto aparente caótico y ruidoso, pero que está perfectamente estudiado para lograr el objetivo de hacer negocio redondo a costa del “palomo” que por allí se aventure.

Y como todo el mundo sabe, normalmente por propia experiencia desagradable, las bicocas y las gangas no existen y lo barato al final siempre sale caro. Pues con las promesas electorales pasa lo mismo y aunque me repita de otros escritos, lo que se trata es de “prometer hasta conseguir y una vez conseguido, olvidar lo prometido”. Y lo malo es que esta verdad incuestionable se suele olvidar con frecuencia y prevalece el deseo de creer sobre la cruda realidad del engaño.

Pues tan es así, que Pedro Sánchez aprovechando la precampaña de las elecciones en Andalucía ha vuelto a sacar del baúl de las promesas incumplidas “abrir las listas electorales cerradas”. Es decir, dejar que los electores decidan dentro de una lista, que es la que propone el partido, poder modificar el orden de los candidatos. Hete aquí el extraordinario poder que se deja en manos de los votantes, nada menos que poder postergar a quien nos parezca a ser el último de la lista y condenarle a no salir electo si no se obtienen los votos suficientes para los escaños a cubrir. ¿Es eso algo útil o simplemente una majadería? Ustedes mismos.

Y esto me recuerda que Mariano Rajoy tiene un almacén repleto de baúles llenos de promesas incumplidas. Eso sí, nunca ha estado en su pensamiento, ni en el de la Dirección del PP, modificar la Ley electoral para eliminar la injusta ley D’Hont ni el sistema de fragmentación por circunscripciones que beneficia a partidos nacionalistas y a los dos principales partidos PSOE y PP. Por supuesto que tampoco consentirían en delegar el gran poder de la realización de las listas electorales y menos la designación del número de orden en esa lista de la que depende la mamandurria.

Solo hay que ver cómo la descolocada Tania Sánchez, tras su papelón y “espantá” de IU una vez ganadas unas primarias y maniobrar para su integración en el partido fundado por su pareja sentimental, intenta desesperadamente sumarse con su nueva plataforma de la que es líder a una lista heterogénea de lo que llama “Unidad Popular” donde ella tenga posibilidades reales de salir elegida en una lista conjunta. El caso es vender la mercancía, aunque esté dañada y descolorida. Desgraciadamente para ella, la venta no ha tenido éxito y a lo más que puede aspirar es a abandonar su plataforma e integrarse sola a la espera de lograr un puesto en la lista que le asegure su futuro.

Durante estas semanas y meses hasta las elecciones autonómicas y municipales vamos a asistir a un bazar multitudinario y a un chalaneo que dará más de una sorpresa.

Programas electorales
Partidos Papá Noel
Cristina Losada Libertad Digital 6 Marzo 2015

Pocas veces, si alguna, se habrá prestado tanta atención como ahora a las propuestas electorales de los partidos. De ciertos partidos, pues no todos consiguen colocar sus promesas en el hit parade. Las de Podemos, en concreto, se anuncian con inusitada frecuencia y campanillas, al punto de que uno se levanta cada día expectante a ver qué nueva oferta lanza Pablo Iglesias, no porque sea nueva, que no lo es, sino por confirmar que la nueva política es tan vieja como Matusalén.

Hasta este momento raro en que se pronostican grandes cambios en la política española, el interés que despertaban las propuestas dependía mucho de la capacidad del partido que las hiciera para realizarlas o para incumplirlas, que es la otra cara de la cuestión. Prácticamente nadie se tomaba la molestia de leer unos programas que eran ensaladillas de tópicos al uso, y es probable que ni siquiera hubieran leído los dirigentes. Pero de ese pasotismo un tanto cínico o simplemente escéptico hemos mudado a una miope fascinación por el detalle de las ofertas.

Ese desenfoque es particularmente visible con Podemos, un partido que antes de disponer de algo parecido a un programa ya tenía alta intención de voto, lo que muestra que el programa, contra lo que creía Julio Anguita, no es el cogollo del meollo. Y en realidad, no lo es. Porque un partido es algo más que unas propuestas electorales ancladas, bien o mal, en la coyuntura. Es una tradición o una filosofía políticas, una trayectoria, una experiencia, un desempeño, una historia. Uno no sabe de qué va un partido sólo por sus promesas, por interesantes que sean, de ahí que a los nuevos les cueste hacerse un hueco y hayan de abrírselo, por lo general, poco a poco.

Esta vía gradual de inserción de los nuevos partidos no se ha cumplido con Podemos, aunque está por ver qué sucede al pasar de las musas al teatro. Como, además, procura desdibujar sus señas de identidad, declarándose por encima del eje izquierda-derecha y ajeno a la filiación ideológica de su cúpula, ha apostado a la hora de las propuestas por la caja de galletas surtidas. Y desordenadas. No hay sistematización salvo que se tome por sistema la demagogia populista: hacer creer que los problemas económicos y sociales de España son fruto del "latrocinio de una pequeña minoría sobre las espaldas de la mayoría", como dijo el otro día su líder.

Hay, sí, una tradición en la que se inserta claramente Podemos: es otro partido Papá Noel. La relación entre los partidos y el electorado se ha distinguido entre nosotros por el esfuerzo de los primeros por irresponsabilizar al segundo. Por infantilizarlo. Las propuestas electorales son promesas de regalos: excluyen cualquier esfuerzo, empezando por el esfuerzo de pensar si son posibles y convenientes. Y el electorado, todo sea dicho, ha estado muy cómodo en el papel de receptor de dádivas, que es el de "a ver quién da más". Mientras esa sea la actitud, la forma de relación entre los partidos y los votantes, nada habrá cambiado, contra lo que se pronostica, en la política española.

Caso Bárcenas
Chulería contagiosa
Emilio Campmany Libertad Digital 6 Marzo 2015

A nadie se le escapa que la niña mimada de la Administración durante esta legislatura ha sido Hacienda. Tiene su lógica si se considera la brutal caída de la recaudación a consecuencia de la crisis junto con la férrea voluntad del presidente del Gobierno de no privar al sistema de un solo euro con el que mantenerlo engrasado. Si el ministerio hubiera sido entregado a alguien más discreto, el objetivo, sangrarnos tanto cuanto fuera posible, hubiera podido alcanzarse sin alharacas ni aspavientos. Pero, habiendo puesto a su frente a un histrión como Cristóbal Montoro, es normal que el personaje se creciera, se viniera arriba y nos obligara a soportar, además de las incautaciones que son hoy los impuestos, sus broncas, amenazas y bravatas. No es por tanto de extrañar que esta actitud chulesca y desafiante se haya contagiado a sus subordinados.

Es el caso de la jefa de la Oficina Nacional de Investigación del Fraude, Margarita García Valdecasas. Ésta ha recibido un requerimiento del juez Ruz para que calcule la suma que por Impuesto de Sociedades debería haber pagado el PP en el caso de que se estime que las donaciones ilegales debieran haber tributado por el Impuesto de Sociedades. Pues bien, la funcionaria le ha dicho con impertinencia que ya le dijo en un anterior informe que ella consideraba que esas donaciones, aunque fueran ilegales, no estaban sujetas a ningún impuesto y que, convencida como seguía estando de eso, nadie podía obligarla a calcular nada. Aparte la inadecuación del tono, doña Margarita debería saber como sabe cualquier funcionario que, con independencia de la presunción de legalidad de la que goza toda actuación de la Administración, ésta no tiene, ni siquiera cuando es Hacienda, la última palabra sobre qué es o no legal, sino que la tiene el juez. Pero es que además, el magistrado no le ha pedido su opinión acerca de si deberían o no haber tributado esas donaciones, sino que calcule cuánto debería haber pagado el PP de haber tenido la obligación de hacerlo. No lo hace por curiosidad malsana, sino porque de ser como con toda probabilidad es una cantidad muy superior a aquella a partir de la cual la evasión tiene la consideración de delito, habría que hacer responsable del mismo a quien mandara en el PP. Puede que tal responsable fuera por enésima vez Luis Bárcenas por ser entonces el tesorero. Pero también podría atribuirse a su secretaria general, María Dolores de Cospedal, o al presidente del partido, Mariano Rajoy Brey.

Naturalmente, para que hubiera delito, habría que considerar que las donaciones ilegales hechas a los partidos políticos deben tributar por no gozar de la exención de la que disfrutan las que son legales. Y en eso, por más que le pese a García Valdecasas y a Montoro, la última palabra la tiene Ruz. Al menos, mientras esté al frente del Juzgado que lleva el caso, que va a ser, como saben bien esos dos, muy poco tiempo.

Tiempo de silencio
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 6 Marzo 2015

En 1961 Luis Martín Santos publicó una novela que, más allá de su valor literario, ha sido tomada como el testimonio de una sociedad, la española, privada de voz, de ideas y de movilidad, la España todavía salida de una guerra que no acababa de ver claro lo que le estaba pasando y en qué podría acabar todo aquel largo período de excepción.

La España de 2015 es, desde luego, muy distinta, pero hay algo en ella que recuerda las miserias de entonces, la pobreza intelectual de la vida ordinaria, la elementalidad brutal de muchos escenarios colectivos y, a la postre, la pobreza de lo que tenemos como política, una discusión con cartas marcadas en la que parece que participa el pueblo pero en la que, al final, se hace desganadamente lo que deciden muy pocos.

El auto sacramental del PP de Madrid
Parece como si la virtud política consistiera en demostrar que, por encima de cualquier duda, la democracia se reduce a acatar lo que decida el que manda, pues no es apenas verdad que sean varios. Hay quienes pueden influir, pero sólo hay una decisión que cuente. Los millones de madrileños que llevaron al PP a un predominio político que ya se mide en décadas han de estar pendientes de lo más parecido que quepa imaginar a la lucecita de El Pardo, aquella que invocaba Carlos Arias Navarro para tranquilidad general de quienes nada podían decir. Como en los años sesenta, esa lucecita es gallega y se crece en el sarcasmo: “es cosa del partido” dijo Rajoy cuando se le preguntó por el oscuro enigma de los cabezas de lista. “Obrad bien, que Dios es Dios” se repite en los autos sacramentales de Calderón, y ese poder divinizado es el que ordena a los inquietos que esperen a que se desvele el misterio de la voluntad del altísimo, que todavía no acaba de tener amarrado el don de la omnisciencia pero no renuncia a conseguirlo explotando la omnipotencia política que detenta.

No hay nada que se pueda parecer a la democracia en este lamentable asunto del PP madrileño, que, de uno u otro modo, se repite por las cuatro esquinas del mapa, porque el poder de Génova/Moncloa es de los que no conoce límites de espacio ni de tiempo. ¿Obtendrá este sadismo político su victoria o tendrá que limitarse a explicar con los argumentos de la factoría Arriola, que siempre apuntan a la siguiente oportunidad como explicó Guillermo Gortázar en un memorable artículo, que el desastre de junio se limita a ser el prólogo glorioso de la resurrección de final de año?

El caso González
La larga etapa de pasión por la que atraviesa Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid a consecuencia de un extraño mutis de Esperanza Aguirre, recuerda bastante a una especia de versión política de El cartero siempre llama dos veces, esa historia truculenta en la que el triunfo aparente se ve aplastado por el peso insoportable de un destino azaroso, pero, a su modo, justiciero, construido con una extraña mezcla de la torpeza de los protagonistas y la crueldad de los imponderables adversos. Cuando se hace una cosa extrañísima con un apartamento de lujo, es previsible que el asunto acabe salpicando, sobre todo a un personaje tan simpático y popular como el actual Presidente madrileño. Además, su reciente explicación de la campaña, que no es supuesta, sino evidente, contra él ha sido el colmo de la torpeza: si un policía intentó chantajearle hace unos años debió denunciarlo. Dedicarse a la política y pensar que la policía es tonta es un poco raro. Me temo que González tendrá que lamentar durante largo tiempo el haberle dado a Rajoy una estupenda oportunidad para lucirse.

Rebosan las aguas del río ibérico
El previsible desbordamiento del Ebro ha sido durante estos días una especie de metáfora viva de la incapacidad de los viejos odres políticos para contener el hastío, el cabreo y la desesperanza de millones de españoles. El Ebro es, con todo, un poco más viejo que el sistema político de la monarquía parlamentaria, y esa vejez ha permitido que, pese a todo, los males no hayan sido trágicos, apenas unas decenas de millones, una fruslería para los políticos que le meten caña al gasto público y a la deuda seguros de que nunca les va a pasar a ellos lo que les está pasando a los helenos. Que mientras el río se desbordaba el Parlamento se haya dedicado a ventear insultos y supuestos donaires es todo un síntoma de lo que nos pasa. Está claro que drenar el Ebro no es cosa que interese mucho a las grandes fortunas y además irrita a los ecologistas, de manera que ya se puede uno imaginar que no les va a faltar agua de sobra a los ribereños. El Ebro es una muestra de que la política ha dejado de interesarse por la realidad de los españoles y consiste en conseguir que los españoles se interesen algo por las menudencias de los políticos, aunque el agua se lleve sus enseres a Tortosa.

La peor de las corrupciones
El cuello de botella de la crisis política está en el hecho de que la democracia se haya convertido en un mero esquema de legitimación de los políticos mientras que no ha llegado a madurar como un sistema social de control liberal de los distintos poderes públicos. Si, como ha dicho Popper, lo que caracteriza a la democracia es la posibilidad de destituir legítimamente a los gobiernos sin recurrir a la violencia, es evidente que no poseemos unos partidos democráticos, que la práctica ha desmentido a la teoría y que, a este respecto, la Constitución ha quedado reducida a letra muerta dando píe a lo que hay que considerar como la peor de las corrupciones: que quienes están legitimados para representarnos y gobernar en nuestro nombre pretendan hacerlo a nuestras espaldas, como si fueran brujos poseedores de arcanos poderes que ningún mortal debiera nunca poner en duda: ya tenemos a Rajoy o a Sánchez, o tal vez a Iglesias y Ribera, de modo que no hay que quejarse que es de mala educación.

Del PODER a los poderes…
Juan Pérez Cronica Global 6 Marzo 2015

Todos los partidos políticos, sin distinción, aspiran a conseguir el PODER (sic, sí, porque en el imaginario de todos ellos siempre se ha escrito con mayúsculas, para hacerles creer a los electores en la pervivencia de uno de los atributos de la divinidad, instancia a la que los partidos sustituyen desde una óptica laica, la omnipotencia), aunque, como aspiro a mostrar en esta reflexión, en la realidad que cae fuera de los discursos, los eslóganes y las menguadas ideologías que por él compiten, el PODER se ha de escribir con las humildes minúsculas de andar por casa.

Aún escuece entre el electorado, creo yo, el repertorio de promesas incumplidas por el PP apenas fue elegido, con desinformada ilusión, por once millones de votantes. El PODER, del que Podemos ha hecho recientemente “marca” electoral, no se reveló, en el caso del PP, con suficiente fuerza como para materializarse de modo que casaran las promesas y los hechos. La famosa derrota convertida en medalla: “Hemos hecho lo que se tenía que hacer” (traducido: “hemos hecho lo que nos han dicho que hagamos”), no puede ocultar el trecho inmenso que hay entre lo prometido a los votantes y lo incumplido; entre la demagógica concepción del PODER y su discreto, banal y gris ejercicio.

El para qué, la finalidad de ese legítimo objetivo que es la conquista del PODER, sería lo que marcaría las diferencias entre los partidos, si bien, como muestra la presente legislatura, ni siquiera una mayoría absoluta ha sido capaz de conseguir que viéramos la magnífica cola de pavo real de ese PODER anunciado, y que se ha venido ejerciendo de tal manera que lo único que se ha conseguido ha sido empeorar las condiciones de vida de los votantes con menos recursos, y manifestarse en ámbitos de la vida social en los que ninguna necesidad había de que se ejerciera, como la ley mordaza, la de montes y costas para facilitar la especulación o la afortunadamente fallida del aborto. Y sin que se ejerciera para atajar el drama de los desahucios, por ejemplo.

“Cuando lleguemos al poder…”, anuncian y/o prometen los líderes bonanovistas de todos los partidos con un entusiasmo solo parejo a su ingenuidad y/o a su mendacidad; pero los electores descubrirán que aquello que Guerra prometió con frase desgarrada: “El día en que nos vayamos, a España no la va a conocer ni la madre que la parió”, no fue más que eso, una frase más, poco lúcida, del repertorio de las muchas que han jalonado la historia de nuestra democracia actual, porque la ineficacia de la acción política en España es algo que, en efecto, se conoce desde la madre que la parió, como la Historia ha dejado sentenciado.

Lo propio sería hablar de “poderes”, como cuando nos referimos a la estructura del estado: legislativo, ejecutivo y judicial. Porque lo propio del PODER en este primer tercio del siglo XXI es su atomización, su reparto, no diré que impecablemente democrático, pero sí incontrovertiblemente real, lo cual permite un ejercicio del mismo acorde con la creciente complejidad de nuestras sociedades, poco hechas al ordeno y mando vertical de una mayoría parlamentaria, y menos aún si esta es absoluta. De hecho, esta realidad: “mayoría absoluta” –que en nuestro país ha sepultado gobiernos de González y de Aznar, y va camino de hacer lo mismo con el de Rajoy– en modo alguno puede entenderse como “PODER absoluto”, que es lo que los usufructuarios de la misma a veces han tenido la tentación de pensar. Y de ahí los choques ácidos, y a veces hasta virulentos, con el PODER de los administrados.

Desde esta perspectiva, que todos somos PODER, en diferente grado de intensidad, fuerza y representatividad, resulta difícil entender el afán de algunos depositarios de esos “poderes” en transformarse en instancias políticas que sacrifican el poder social conseguido, a veces con loables esfuerzos, para aspirar a la conquista de ese PODER desde el que se nos promete “cambiarnos la vida”, como si cada cual no fuera el autor del guión de su propia vida. Hay, en el fondo, una concepción ingenua y romántica en esa creencia transformadora del PODER, una ficción de la que, a todos los políticos, les despiertan los convenios internacionales, la implacabilidad de las leyes (como Syriza acaba de comprobar) y los límites de la Constitución. Claro que es cierto que escribir los acuerdos del Consejo de Ministros en el BOE es una demostración inapelable del ejercicio del PODER, pero no siempre ese hecho implica siquiera que lo allí escrito se cumpla, se traduzca en la observación de una conducta.

El ejemplo más patético de la añeja concepción del poder político lo encarna el escasamente honorable Presidente Mas y su corte de secesionistas de campanario de aldea. Ni siquiera lo establecido con pomposa solemnidad de república bananera en el DOGC puede tener capacidad de obligar a los ciudadanos, máxime si anda por medio un Tribunal Constitucional que te marca los límites reales del ejercicio del PODER, como recién lo acaba de hacer el Tribunal de Garantías Estatutarias. Perseverar en el anuncio e intento de cumplimiento de medidas anticonstitucionales no puede llevar sino, al margen del desprecio jurídico, al más espantoso de los ridículos. Si consideramos la proyectada DUI, deberíamos de inventar una tercera clasificación: mayúsculas, minúsculas y ¿párvulas?, para considerar la naturaleza de ese nuevo PODER al que los defensores de la tal aspiran.

Michel Foucault fue un brillante analista de las relaciones de poder en la sociedad occidental, y a él se debe un concepto “la microfísica del PODER” que nos es útil para entender que las relaciones verticales de poder han sido sustituidas por relaciones horizontales, aún escasamente comprendidas y/o valoradas por unos políticos que viven todavía en el sueño antiguo del Príncipe maquiavélico; pero plenamente ejercidas por la ciudadanía a través de movimientos espontáneos (o no tanto) en defensa de bienes y/o derechos. Por todo ello es por lo que resulta incomprensible la insistencia de actores políticos como Podemos, por ejemplo, en un mantra, el de la “toma del PODER”, o su variante: “el asalto a los cielos”, mediante el que se aspira a lograr la instauración de unos ideales que chocan abiertamente con los nuevos poseedores de ese PODER.

El viaje del poder absoluto a su absoluta atomización exige que nos adaptemos a una realidad cambiante que hace tiempo que se llevó por delante, como un tsunami, añejas concepciones del ya inexistente PODER.

Al Gobierno, al Congreso y a la Audiencia Nacional.: Investigar los Atentados del 11-M..
ONCE años huyendo de la VERDAD y de la JUSTICIA
Gabriel Moris. Internet 6 Marzo 2015

Madrid, España

El próximo día ONCE, a las 7.42 horas, CUATRO TRENES eran explosionados simultáneamente.

192 inocentes muertos y más de 1.850 heridos era el inhumano balance dejado por los criminales.

El 29 de abril de 2014 cursamos la petición al Gobierno, al Congreso y a la Audiencia Nacional, para que se INVESTIGARAN los atentados. La petición la avalan 56.013 firmas y 9.838 razones para ello expresadas por los firmantes.

El Estado de Derecho, pasados ONCE AÑOS, no SABE, no OYE, no RESPONDE Huyendo de la VERDAD y la JUSTICIA, se hace poco creíble. Ya han pasado DIEZ MESES y nuestra petción sigue siendo desoída pese a ser muy RAZONABLE.

No perdemos la ESPERANZA.

París frena en seco al independentismo catalán
A. Rojo. La Razon 6 Marzo 2015

A las autoridades francesas no les tiembla la mano a la hora de poner en marcha la maquinaria judicial para reprimir incipientes brotes de independentismo dentro de sus fronteras. La Prefectura de los Pirineos Orientales, el departamento francés situado al norte de Gerona, ha solicitado a los tribunales la disolución de una organización independentista catalana denominada Comité para la Autodeterminación de la Cataluña del Norte. Esta asociación trató de organizar una consulta soberanista entre los 300.000 habitantes de este departamento francés el mismo día en que tuvo lugar la consulta independentista en Cataluña con la intención, según admiten sus responsables, de «que se movieran las cosas a este lado de la frontera».

En declaraciones al diario «L’Indépendant» de Perpiñán, los responsables de esta organización subrayaron que Naciones Unidas «proclama el derecho de todos los pueblos a disponer de ellos mismos». Según el presidente del Comité, Robert Casanova, y su secretario general, Gérard Lenfant, la Declaración Universal de Derechos Humanos protege la libertad de expresión y de asociación, en particular la de las minorías.

El hecho concreto en el que se han basado las autoridades francesas para solicitar la supresión judicial del Comité para la Autodeterminación de la Cataluña del Norte es el intento de exportar al lado francés de los Pirineos la consulta del 9-N. Las preguntas que los dirigentes de esta asociación tenían previsto someter a la población del departamento francés difieren muy poco de las que fueron planteadas por el nacionalismo catalán. La primera preguntaba si se estaba a favor de «la gran Cataluña, que reuniría la Cataluña del Sur y la Cataluña del Norte en un solo Estado independiente y soberano». La segunda, si querían que la Cataluña del Norte se convirtiera en Estado en solitario. Para la Prefectura de los Pirineos Orientales esta iniciativa suponía «un atentado contra la integridad del territorio nacional». Además, se señalaba que en sus estatutos este comité soberanista declarara que «la dominación de la República Francesa sobre el pueblo de Cataluña del Norte conduce al paro masivo, al éxodo de los jóvenes, al aumento de la pobreza, a una caída del nivel de vida y a la destrucción del tejido económico».

Según la Prefectura, el objetivo último de esta organización es «la separación del departamento del territorio nacional» y por eso piden a los tribunales su disolución, algo que, según los independentistas, sólo puede hacer el Consejo de Ministros.

En la jurisprudencia francesa existen precedentes de este tipo para reprimir aventuras soberanistas en Córcega. También se han disuelto en el pasado organizaciones que pretendían alterar el carácter republicano del Estado y retornar a la monarquía como forma de organización. Para los independentistas catalanes de Francia esta iniciativa es «liberticida».


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Despilfarro nacionalista
El tronco está vacío
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 6 Marzo 2015

La piñata, esa vasija llena de juguetes y golosinas colgada sobre las cabezas que los niños rompen con un palo para que les lluevan sorpresas, saltó del universo infantil al político en Nicaragua. Fue en 1990, cuando antes de entregar la presidencia a la candidata opositora triunfante, Violeta Chamorro, los jerarcas sandinistas, encabezados por el todavía hoy incombustible Daniel Ortega, se apropiaron, para su lucro personal, de los bienes públicos y privados que había socializado la Revolución. Rompieron la piñata, esta quedó vacía y su contenido pasó a formar parte del patrimonio de los déspotas sandinistas.

Crédulos como niños
El cagatió es una tradición catalana afín al juego de la piñata: las familias llenan de regalos un tronco, el tió, que los niños hacen cagar, rompiéndolo, en Navidad, para que expulse sus tesoros. Los jerarcas catalanes habían engatusado a sus seguidores, crédulos como niños, con el cuento de que el tió, el tronco, no era tal sino el cuerno de la abundancia. Para acceder a su contenido sólo había que romper los vínculos con España aunque ello implicara -detalle que ocultaban astutamente- romperlos también con los organismos europeos e internacionales de los que España forma parte como un todo compacto. Pero antes de que se complete la hoja de ruta que diseñaron los secesionistas, entre tiras y aflojas envenenados por puñaladas traperas, ya está a la vista de todo el que mundo que el cuerno de la abundancia es un engañabobos: el tronco está vacío, reseco y horadado por la carcoma. Los que vivían del cuento lo han dejado exhausto.

El golpe de gracia a la ceremonia del cagatió de pacotilla lo dieron el Tribunal Constitucional, que tumbó la Ley de Consultas por unanimidad y con el voto de los magistrados afines al nacionalismo catalán, y el Consell de Garanties Estatutàries, incardinado al Parlament como órgano asesor, que decapitó el proyecto de CiU y ERC encaminado a crear nuevas estructuras de Estado dentro de la autonomía catalana para montar un simulacro de país independiente. Aun antes de que el CGE emitiera este dictamen, el constitucionalista Francesc de Carreras ironizó (El País, 25/2):

Así pues, en Cataluña, o las estructuras de Estado ya estaban creadas o la Generalitat, por carecer de competencias para ello, no podía crearlas. En sí misma, toda la Generalitat es una estructura de Estado. ¡Y vaya estructura! Ciento veinte mil funcionarios, 37.000 millones de euros anuales. ¡Pedazo de estructura!

Francesc de Carreras denuncia los vicios del aparato burocrático pergeñado para dar apariencias de verosimilitud a este proyecto, reñido no sólo con la Constitución española sino también con el torticeramente reivindicado Estatuto de autonomía:

Sobre todo es un gasto inútil y una deslealtad con los ciudadanos al utilizar dinero público para fines partidistas. Mientras la Generalitat llega a final de mes gracias al Estado, la única fuente que le presta dinero a un interés razonable y así no debe endeudarse al 7 o al 8 %, dado que es una institución quebrada, el Gobierno Mas dedica esta financiación atípica y excepcional a pretender desconectarse de dicha fuente creando las dichosas estructuras de Estado. ¿Alguien, mínimamente sensato, lo entiende?

Patológicamente alienados
No, nadie mínimamente sensato lo entiende. Recordemos que Ignacio Vidal-Folch reclamaba "Trenes llenos de psiquiatras" (El País, 17/12/2014) cuando oía "a los líderes secesionistas y a sus portavoces hablar tan convencidos y desenvueltos". Unos y otros patológicamente alienados de la realidad.

Una realidad descarnada: "Hospitales concertados y farmacias no podrán cobrar el viernes", anunció La Vanguardia con un día de antelación, el jueves 26 de febrero. La deuda de la Generalitat con las farmacias, que correspondía a los medicamentos proporcionados en noviembre, ascendía a 108,3 millones de euros, a los que había que sumar otros 118 millones arrastrados desde hace meses. La situación de los hospitales concertados era más complicada y dependía de la naturaleza del concierto. Todos los acreedores tenían la vista puesta, claro está, en el Estado y en el Fondo de Liquidez Autonómica para cobrar lo adeudado. Por eso las víctimas de la morosidad del contubernio secesionista exhalaron un suspiro de alivio al enterarse de que "Hacienda asigna a Catalunya 8.258 millones del nuevo FLA" (LV, 27/2). Si el relleno para el tronco raquítico no llegara del estigmatizado Madrid, Cataluña se precipitaría a la bancarrota colectiva.
Ni balas ni botas

No es sólo el sistema sanitario el que padece las consecuencias del despilfarro en gigantescos aparatos de propaganda sectaria y en simulacros de embajadas estratégicamente distribuidas para disfrute de los paniaguados del proceso. La indigencia discurre por territorios inimaginables y quien la pone al descubierto es nada menos que Quim Monzó, poco sospechoso de llevar agua al molino de quienes impugnamos dicho proceso. Reproduce Monzó en su columna diaria (LV, 27/2) un comunicado de la Unió Sindical de la Policia Autonòmica, emitido hace poco más de un mes, en el que informa que en los últimos días se ha elevado la alerta yihadista a nivel 3 y que han surgido dificultades por

la falta de formación en el uso y la manipulación de este tipo de armas [largas]. Hay que recordar que el Departament está obligado a dar esta formación obligada y continua a todos sus agentes. (…) Ahora bien, esta formación no se ha llevado a cabo de forma continua los últimos años. (…) El motivo de esta falta de formación no era otro que la falta de munición (especialmente 9 mm.), efecto directo de los recortes de los servicios públicos, hasta el punto de tener que hacer prácticas de tiro en seco, evidentemente más cerca del surrealismo que de una formación de calidad y con garantías.

Hasta aquí, el texto del comunicado que reproduce Monzó, quien completa así la información:

El domingo pasado, 22 de febrero, enviaron una carta a Albert Batlle, director general de la Policía,, en la que le recuerdan que no hay botas ni para los agentes que tienen que hacer controles a temperaturas bajo cero. En una foto muestran una de sus botas, con la suela completamente levantada, como la de Charlot en La quimera del oro. Para que no se les abra y se les congelen los pies, cada vez que se las ponen colocan, de lado a lado, una brida a la altura de los dedos. Eso sí, con mucha elegancia las bridas escogidas son de color negro, para que no destaquen del negro de las botas. Yo las habría puesto blancas, para que destacasen más y se evidenciase la situación deplorable en la que tienen que trabajar.

Excesiva benevolencia
Los excéntricos mandamases que, alzados contra las leyes, han vaciado el tió de la riqueza acumulada por sucesivas generaciones de catalanes emprendedores, están tan entretenidos en el disfrute de sus privilegios que no toman ninguna medida para evitar que la embestida de las hordas yihadistas nos reduzca nuevamente a aquella condición de "cautivos y desarmados" que los veteranos de 1938 recuerdan con dolor.

Ahora, además de hacer oídos sordos a la alerta a nivel 3 contra la amenaza yihadista, los abanderados de la cruzada secesionista han adoptado como modus vivendi y modus operandi la ostentación y propagación de atávicas irracionalidades tribales emanadas de una ficticia nación milenaria. ¿Nuevas estructuras de Estado? Que empiecen por pagar lo que adeudan a farmacéuticos y hospitales y por proveer de balas y botas a quienes defienden el Estado que ya tenemos. Un Estado que, con excesiva benevolencia, les permite hacer su agosto en las poltronas del poder, en las cavernas del agitprop y en las suites del Diplocat.

Los presupuestos de la Generalitat, una trampa saducea del independentismo
“Somos engañados por la apariencia de la verdad” Horacio
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 6 Marzo 2015

Cuesta creer que, el señor Mas, el señor Junqueras y todos aquellos que siguen pensando que la independencia de Catalunya de España es posible, no hayan comprendido que, el tiempo que vienen dedicando a pergeñar un estado independiente, todos los gastos que ha venido realizando en este sentido y los que parecen dispuestos a llevar a cabo, en su empecinamiento por no aceptar que su batalla está perdida de antemano y que, lo que verdaderamente necesita esta comunidad autónoma, es que se la gobierne bien, que sus presupuestos estén enfocados al bienestar de todos los catalanes y no a aventuras sin porvenir alguno, como es el caso de las famosas “embajadas” en el extranjero o la puesta en marcha de instituciones paralelas a las del Estado, en un intento vano de convencer a los catalanes, que todavía no se han percatado del engaño a que son sometidos, de que el proceso independentista ya está en marcha y que, como ya han repetido centenares de veces, este proyecto “no tiene marcha atrás”. Ni adelante.

Incluso después de que, a petición del PP de Catalunya, el Consell de Garantías Estatutarias, un órgano nada sospechoso de ser favorable a que Catalunya siga unida a España; se ha visto en la necesidad de poner en duda la constitucionalidad de algunas de las cuentas de los presupuestos catalanes, por estimar que violan las competencias del Estado, especialmente, las contenidas en la “ley de acompañamiento” en lo que hace referencia a la construcción de estructuras de Estado especiales para Catalunya. Lo curioso es que, el señor Mas, todavía piensa que va a conseguir los 2.500 millones de euros que precisa para cuadrar sus presupuestos, en sus negociaciones con el Estado.

Y algunos pensamos que quizá no ande tan desencaminado si nos atenemos a que, el actual Gobierno del PP, a diferencia de lo que se podría pensar como más sensato, parece que pretende ignorar el despilfarro que hace la Generalitat de las ayudas que recibe del FLA ( por cierto, Catalunya es la comunidad que más se beneficia de las aportaciones de dicho fondo de ayuda), una parte de las cuales es evidente que se están destinando a las campañas en contra de España y su gobierno; de establecer embajadas con la finalidad de vender una Catalunya independiente a los países de nuestro entorno; a financiar la promoción de la lengua catalana en perjuicio de la española que, a pesar de las sentencias de los tribunales, sigue siendo perseguida y se utilizan todos los trucos, legales e ilegales, para que sean el menor número de catalanes españoles los que puedan beneficiarse de poder estudiar en ella. Pero donde ya resulta imposible que nuestro Gobierno siga haciéndose el distraído mirando hacia otro lado es cuando, en los mismos presupuestos catalanes para este próximo año 2.015, se incluyen importantes partidas, de las que no se dispone, destinadas a la construcción de unas instituciones paralelas a las estatales, preparando la utópica futura independencia de los catalanes de España. Si el señor Rajoy está tan seguro de que no se va a producir semejante deslealtad; si está dispuesto a terminar con esta locura, como él dice, con la Ley en la mano y mediante los procedimientos establecidos en la Constitución española, ¿cómo es posible que, ante tan evidentes muestras de que los independentistas están dispuestos a hacer caso omiso de las leyes estatales y de la propia Constitución, siga sin tomar medida alguna para detener todo este proceso? Uno que, de seguir avanzando, es muy posible que, cuando se quiera actuar, ya sea demasiado tarde para que la solución se pueda tomar por los procedimientos pacíficos.

Si, en unos presupuestos comunitarios o en sus leyes de desarrollo, se incluyen determinados gastos destinados a servir para financiar unas actividades ilegales que pueden llegar a constituir un delito de traición a la patria y, para remate, las propias instituciones de Catalunya los ha considerados anticonstitucionales ¿ qué es lo que impide al Ejecutivo para anunciar un inmediato recurso ante el TC, para cortar de raíz un despilfarro que, evidentemente, tiene todas las características del delito de malversación de caudales públicos? Pero parece que, como en casi todo lo que sucede en España, se trata de dejar pasar el tiempo, de esperar a que los problemas se resuelvan por sí solos, por aburrimiento o por cansancio. Puede que, al señor Rajoy, en algunas ocasiones le haya salido rentable este procedimiento que podríamos calificar de “pasotismo”, pero lo que sí es cierto es que jugar con un tema, tan grave y peligroso, como es el catalán; teniendo en cuenta que, a finales de año, tendremos elecciones generales en las que, un posible triunfo del PP, es muy cuestionable y un triunfo con mayoría absoluta, descartable. Podríamos pensar, que fiar la solución del problema catalán a un nuevo gobierno, posiblemente de orientación izquierdista, parece poco sensato y, desde el punto de vista de nuestra nación, suicida.

Ya son muchos los partidos, incluso el novedoso Podemos, que han dejado entrever la posibilidad de ceder a lo que ellos consideran la voluntad popular de cada autonomía.

¿Qué quedaría de España si todos deciden independizarse o si algunos pretenden coaligarse con sus comunidades vecinas para formar pequeños estados, al estilo de Bosnia u otro cualquiera? Es posible, como ha intentado hacer creer el señor Mas a los catalanes que pensaran que iban a tener un puesto en Europa o que, aún siendo partidos de extrema izquierda, al estilo de los bolivianos de Syriza o sus primos hermanos españoles, los seguidores de Pablo Iglesias; se los aceptaría en la CE y conseguirían los préstamos de los bancos europeos para que pudieran llevar a cabo sus disparatadas políticas sociales, insostenibles y encaminadas, como le ocurrió a Zapatero, a llevar al país a la bancarrota, tal y como ocurrió con los países comunistas de detrás de Telón de Acero.

Después de lo de la familia Pujol, a CDC no le queda otro remedio que hablar de “refundación del partido” algo que se reservan para después de “las plebiscitarias”, como insiste en nominarlas el señor Mas. Claro que no lo tiene muy claro el “astuto” líder de CDC, cuando habla de la posibilidad de que el Estado español, le tumbe sus elecciones del 27S, por pretender encubrir, bajo la piel de unas autonómicas, lo que, en verdad, sería la “tan soñada” consulta popular que todavía, después de varias intentonas fracasadas, no ha conseguido convocar, al menos de una manera legal. Por esto se habla de “un partido en combate contra la corrupción” y también de un “código ético”. Y, hablando de ética, resulta que este señor que siempre habla de los derechos democráticos de los catalanes y no se acuerda de que Catalunya es una parte de España y su destino depende de todos los españoles, porque la democracia que nos dimos, así lo dispone y contra ello no valen trampas ni “libros negros”, como parece que está dispuesto a publicar este irredento optimista que es el señor Homs. El libro Negro lo puede redactar, ya que tendrá tiempo durante los tres años de suspensión, el juez Vidal; en lugar de insistir en redactar una constitución inútil para Catalunya. Porque, la intención del inefable señor Homs, visto que en España ya no les queda nada que hacer después de la sentencia del TC, es dedicarse a ensuciar y vilipendiar la imagen de España por el extranjero, por si encuentra a alguien que les haga más caso. Es evidente que, si les ocurre como en las anteriores ocasiones que han buscado el apoyo de Bruselas, lo que pueden esperar es un par de calabazas para el cocido. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como se sigue tensando la cuerda de los independentistas sin que, el Gobierno, parezca enterarse de ello. Esperemos que, cuando se rompa, no ocurra lo mismo con España.

La abstención
La Cataluña española sale del armario
Antonio Robles Libertad Digital 6 Marzo 2015

El último sondeo electoral de "El Periódico" refleja un hecho insólito: mientras la Cataluña española ha dado un subidón inédito, la Cataluña nacionalista se desmorona.

No echen las campanas al vuelo, no he dicho que los ciudadanos no nacionalistas tengan al alcance de la mano el Gobierno de la Generalidad, pero sí que la secesión ha perdido toda opción matemática. Vayamos a los números. El 9-N demostró que solo un 29,89% del censo electoral catalán está con la independencia. Ni uno más. Es la mayor encuesta, la más universal, la más propicia a sus tesis de cuantas se han llevado a cabo. Fue un órdago con la hinchada enfervorecida por meses de agitación mediática y alusiones a la épica de una nación perseguida y colonizada. Imposible generar más entusiasmo, imposible hacerlo con mayor impunidad, imposible lograr mayor adhesión entre los interesados. El 9-N era la batalla final contra el invasor y todos debían estar dispuestos al sacrificio. Escaso sacrificio, exactamente 1.861.752 votaron a favor de la independencia de un censo electoral de 6.228.531, de los que votaron un total de 2.305.290, o sea, un 36,6% de participación. Mayor fiasco, imposible.

Significativos los 1.861.752 ciudadanos catalanes a favor de la independencia, pero más significativos son el resto que no se sumó a ella: 4.366.779. Puede objetarse que nadie puede interpretar a su favor la abstención. Es posible que esa actitud tenga sentido en unas elecciones, pero no en un referéndum de independencia en un Estado consolidado de Europa.

De los dos enunciados, la independencia hoy por hoy es un imposible empírico, 2/3 de la población no está dispuesta ni a ir a votar por ella. ¿Eso quiere decir que los nacionalistas perderán el Gobierno de la Generalidad en las próximas elecciones autonómicas?

No, no lo perderán. Ni lo que ello conlleva, dominio de los presupuestos, control de los medios de comunicación, concesión de emisoras y subvenciones, gestión de la escuela e influencia sobre la sociedad civil... En una palabra, los nacionalistas seguirán siendo los dueños de Cataluña. ¿Por qué? No porque los no nacionalistas sean menos; se acercan a los dos tercios de la población. En realidad el fracaso de España en Cataluña no se debe a los independentistas, sino a quienes sin serlo, se abstienen elección tras elección.

Aunque sea una anomalía inexplicable, la sociedad no nacionalista no se movilizó en el pasado, y si no se hace lo debido, seguirá sin movilizarse en el futuro. La respuesta al enigma reside fundamentalmente en la superioridad moral impuesta por el nacionalismo, junto al complejo y falta de autoestima cultural, lingüística y nacional de la Cataluña española, el abandono del Estado y los complejos de intelectuales y políticos ante el victimismo nacionalista. Qué distinto hubiera sido si a la primera de cambio, el Gobierno de España hubiera actuado como ha hecho el gobierno francés con la primera intentona secesionista: Pedir ante los Tribunales la disolución del "Comité para la autodeterminación de la Cataluña Norte" por pretender organizar una consulta independentista en ese departamento coincidiendo con el 9N. Las autoridades francesas consideran que suponía un "atentado a la integridad del territorio nacional".

Pero eso puede cambiar, la encuesta lo atestigua. Por primera vez, esa Cataluña española condenada a ser simple comparsa en su Parlamento comienza a dar señales de vida. El Barómetro Político de Cataluña del Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) aleja a los partidos secesionistas de la mayoría absoluta y sitúa a los no nacionalistas en condiciones óptimas para romper la omertá parlamentaria catalana. La subida más espectacular es la de C’s. De los 16/17 escaños que le daban las últimas estimaciones (actualmente tiene 9) ha pasado a 23/24, constituyéndose en la segunda fuerza en número de votos (17,8%), a solo 2,3 puntos de CiU (20,1%), y por encima de ERC, PPC, PSC, Podem, la CUP y ICV-EUiA. Mientras que el bloque independentista formado por ERC y CiU obtienen el peor resultado desde 1984, quedándose a 8 ó 10 escaños de la mayoría absoluta. El descalabro mayor lo lleva CiU que ha pasado de 62 escaños en las elecciones de 2010, a 50 en las adelantadas por Mas en 2012, y a los 31/32 que le otorgaba ayer el barómetro de El Periódico. 30 diputados menos, pierde la mitad. Si fuera una empresa, el accionariado hace tiempo que se hubiera cargado al presidente.

La opción independentista erosiona al mismo PODEM. De ganar las elecciones en el barómetro de noviembre, pasa al 5º puesto, perdiendo 12 puntos porcentuales después de que los cargos dirigentes elegidos, Marc Bertomeu y Gemma Ubasat hayan defendido el derecho a decidir y un referéndum de autodeterminación.

No es una quimera. Ha bastado que las televisiones y otros medios dieran cancha a líderes no nacionalistas, para que la Cataluña española se sintiera reflejada en ellos y creyese en su propia existencia. El votar y el rascar, todo es empezar. Pero si el Estado y los referentes intelectuales salen de su ensimismamiento, y toman el dicho de "a Dios rogando y con el mazo dando", mucho mejor. "El ministerio del tiempo" es un ejemplo.

Nacionalismo vergonzante
Nacho Martín BlancoCronica Global 6 Marzo 2015

Dice el diputado de la CUP David Fernàndez que se considera independentista, pero no nacionalista porque, siendo él inmigrante, no se puede sentir nacionalista. Más allá de lo preocupante que resulta que alguien nacido en Barcelona y que vive en Barcelona se defina a sí mismo como inmigrante en Cataluña, o que haga lo propio un hijo de castellanos nacido en Barcelona -no sé si diría lo mismo si sus padres en lugar de ser de Zamora fueran oriundos de Olot o de Vic, pero en todo caso cada cual define sus fronteras mentales como le da la gana-, sus palabras me sugieren la siguiente reflexión sobre la imposible disociación entre nacionalismo e independentismo:

Fernàndez, como líder de la CUP, defiende la existencia de los denominados països catalans, es decir, su nación no se reduce a la Cataluña autonómica sino que -de acuerdo con el nacionalismo herderiano de raíz romántica, que parte de la base de que a cada lengua le corresponde una nación- abarca el conjunto de los territorios de habla catalana. Que es independentista lo tiene claro, pero tal vez la explicación de que no se reconozca a sí mismo como nacionalista radique en que en la práctica no defiende la independencia de la que él considera su nación, sino que por motivos coyunturales de oportunidad política aboga por la secesión de parte de esta. Es decir, no sólo apuesta por la separación de Cataluña del resto de España sino también por la fragmentación, al menos por el momento, de su propia nación imaginaria, consciente de que en el resto de los supuestos països catalans el nacionalismo pancatalanista es muy minoritario, por no decir residual.

El caso es que Fernàndez no es el único que se autodefine como independentista no nacionalista. En general, se trata de un oxímoron muy socorrido para aquellos nacionalistas que, al menos, intuyen la perversidad intrínseca de su ideología e intentan disimularla bajo el manto de la democracia. Con todo, las palabras de Fernàndez -por muy disparatadas que a mí me parezcan- podrían llegar a resultar coherentes si su independentismo fuera consecuente con su constante apelación a la “radicalidad democrática”. Esto es la “democracia ilimitada” de la que habla James M. Buchanan, que consiste básicamente en permitir a “una mayoría o a una pluralidad de votantes -ya sea a través de plebiscitos, referéndums o asambleas elegidas- hacer cualquier cosa, en el momento que se les ocurra y a quienes les plazca”. Buchanan, por cierto, advierte del “significado totalitario” de esa democracia irrestricta.

La circunstancial renuncia de Fernàndez, por motivos estrictamente utilitarios, a la independencia del conjunto de los països catalans resultaría consistente con su consigna de “profundización de la democracia”, si y sólo si aceptará también la hipotética fragmentación de la Cataluña comunidad autónoma en el caso probable -a juzgar por los resultados electorales sucedidos hasta ahora- de que, por ejemplo, en la provincia de Barcelona o la de Tarragona haya una mayoría favorable a seguir formando parte de España. Que conste que a mí, personalmente, la idea de dividir Cataluña me parece un disparate tan grande como la de fragmentar España, pero lo que no me parece de recibo es que los nacionalistas pretendan monopolizar la democracia identificándola con su causa. Lo cierto es que para Fernàndez la divisibilidad de Cataluña “no tiene ningún sentido”, porque “Cataluña es un solo pueblo”. Es decir, que lo de la “radicalidad democrática” tiene un límite: la indivisibilidad de Cataluña, claro está. (Vale la pena ver el vídeo de la respuesta que me dio cuando se lo pregunté personalmente en una entrevista que tuvo lugar en el Ateneu Barcelonès).

El pasado 15 de noviembre, pocos días después de la inconstitucional consulta del 9N, Artur Mas utilizaba un argumento parecido al del diputado de la CUP en un artículo en Le Figaro en el que decía que “el derecho a decidir no tiene nada que ver con el nacionalismo”. Vaya, que ahora resulta que ni siquiera para los nacionalistas de toda la vida se trata de nacionalismo, sino de democracia. Nacionalismo sin nacionalistas, el no va más. En cualquier caso, ese ha sido sin duda el mayor reclamo utilizado hasta ahora por los soberanistas, que no se han molestado demasiado en explicar por qué diablos ha de ser más democrático el “derecho a decidir” de los catalanes que el de los barceloneses, y no digamos ya que el del conjunto de los españoles. Para ellos, la repuesta es autoevidente: ni Barcelona ni España son naciones. Aquí la única nación es Cataluña, y sólo las naciones tienen “derecho a decidir”. Eso sí, “el derecho a decidir no tiene nada que ver con el nacionalismo”.

Si realmente el “derecho a decidir” no tuviera nada que ver con el nacionalismo, como proclaman abrazados Mas y Fernàndez, entonces habría que asumir que no sólo todos los Estados constituidos son divisibles digan lo que digan sus Constituciones, sino que también habría que aceptar que sus partes integrantes son asimismo divisibles. Eso es, entre otras cosas, lo que dice la célebre Ley de Claridad canadiense (2000), que reconoce la divisibilidad de Canadá -en este sentido Stéphane Dion, padre intelectual de la ley, precisa que el caso canadiense es la excepción y no la norma, porque la mayoría de las Constituciones de países democráticos prevén la indivisibilidad del Estado-, pero al mismo tiempo establece que de la misma manera que el Estado canadiense es divisible también lo es la provincia de Quebec.

Por qué diablos ha de ser más democrático el “derecho a decidir” de los catalanes que el de los barceloneses, y no digamos ya que el del conjunto de los españoles

Sin embargo, aquellos que dicen que el “derecho a decidir” nada tiene que ver con el nacionalismo, sino que responde a un supuesto principio de radicalidad democrática, son los mismos que, en cuanto les dices que aceptas la hipótesis de la divisibilidad de España siempre que en buena lógica se acepte también la divisibilidad de Cataluña, ponen el grito en el cielo y te acusan de crear división donde no la hay. Vaya, que parece que estamos ante el alumbramiento de un nuevo derecho exclusivo de los nacionalistas: el “derecho a dividir”.

“¡Tarragona no es una nación!”, braman. ¿Pero no habíamos quedado en que no se trataba de naciones sino de democracia? “¡En Barcelona no hay un movimiento a favor de la secesión!”, exclaman. No, no lo ha habido mientras Cataluña ha formado parte de España, pero, a juzgar por los resultados electorales históricos, en la provincia de Barcelona tampoco ha habido nunca una mayoría independentista. Ni siquiera en las elecciones autonómicas los partidos independentistas -incluyendo a CiU a pesar de que hasta ahora no se ha presentado con un programa nítidamente independentista- han conseguido jamás la mitad más uno de los votos, por no hablar de las elecciones generales, en las que en Barcelona siempre ha habido una clara mayoría constitucionalista.

Insisto, tan aberrante me parece dividir Cataluña como fragmentar España, porque tan plural es España en su conjunto como la propia Cataluña en particular. De ahí que convenga rechazar de plano “definiciones exclusivistas de quiénes somos y ver nuestras múltiples identidades como una incomparable riqueza colectiva”, por decirlo en palabras de Dion. Pero está claro que lo que genera división es la propuesta secesionista, porque la sola idea de plantear a los catalanes que renuncien a parte de esa riqueza colectiva ya es de por sí tremendamente divisiva. Un trauma para la sociedad, parafraseando de nuevo a Dion.

Así pues, el inexistente “derecho a decidir”, en los términos planteados por las fuerzas soberanistas, que proclama la divisibilidad de España a la vez que consagra la indivisibilidad de Cataluña, tiene poco que ver con la democracia. Es la quintaesencia del nacionalismo. Vergonzante, pero nacionalismo al fin y al cabo.
 


 


Recortes de Prensa   Página Inicial