AGLI Recortes de Prensa    Lunes 9 Marzo 2015

La desesperanzada España de nuestros hijos (I)
ROBERTO CENTENO El Confidencial 9 Marzo 2015

Una de las peores consecuencias de la estructura del Estado de Partidos ha sido la destrucción del sistema público de enseñanza, el principal motor de la ascensión social en España

La consecuencia más nefasta derivada de la estructura del Estado de Partidos (1), impuesto a los españoles por los oligarcas de la Transición y de la crisis económica, que para nuestra desgracia ha sido “gestionada” por los dos presidentes de gobierno más desastrosos desde Fernando VII, es que ha llevado la desigualdad de la renta y la riqueza al mayor nivel conocido desde que existen series estadísticas, lo que nos sitúa como el segundo país más desigual de Europa después de Letonia. En los años 70 las diferencias salariales en grandes bancos y empresas eran como máximo de 25 a 1, hoy son de 300 a 1. Pero sobre todo han arruinado literalmente el futuro de nuestros hijos, a quienes legaremos una deuda monstruosa que jamás podrán pagar, aparte de un sistema de pensiones y de sanidad pública que están literalmente quebrados: por primera vez, desde la Guerra de la Independencia de hace dos siglos, los hijos vivirán peor que los padres e incluso que sus abuelos.
Han destruido el sistema público de enseñanza, que era uno de los mejores de Europa, lo que lo convirtió en el principal motor del ascenso social. Han creado un modelo de Estado económicamente ruinoso, insolidario y corrupto a todos sus niveles decisorios. La brecha entre ricos y pobres está a la cabeza de Europa. Están creando un mercado laboral tercermundista con salarios medios de 645 euros/mes, y donde más de la mitad de los jóvenes nunca encontrará un empleo digno. Han saqueado el sistema de pensiones hasta hacerlo insostenible, y donde todos los cálculos demuestran que las prestaciones deberán reducirse en un 40% para hacerlo viable. Y han contraído una deuda pública que supera ya el 140% del PIB, lo que arruinará la vida de las generaciones futuras. Esta es la España que legan a nuestros hijos aquellos que hoy pretenden seguir gobernándonos, al parecer hasta nuestra aniquilación.

1.- La destrucción de la enseñanza pública
En 1983, una de las prioridades socialistas fue hacerse con el control de la enseñanza pública como elemento esencial de adoctrinamiento. Bajo la excusa del “progresismo y la igualdad”, el trío Maravall-Solana-Rubalcaba empezó a desmantelar todo el sistema de enseñanza precedente, que era ciertamente modélico. Y lo primero fue expulsar de las universidades públicas a los mejores catedráticos y profesores con la excusa de la “dedicación exclusiva”. O se enseñaba o se trabajaba en el mundo real. Las dos cosas eran excluyentes. Lo segundo fue sustituir el conocimiento por el carnet de izquierdas para enseñar. Y lo tercero doblar el número de universidades con un nivel de enseñanza tan ínfimo que son solo fábricas de parados. Sería más barato pagar a los estudiantes de muchas universidades de nueva planta para estudiar en Harvard que tenerlas abiertas.

Recuerdo una comida mantenida a raíz de este disparate histórico en el restaurante La Dorada, en Madrid, en la que entre otros estuvieron presentes Enrique Fuentes Quintana, Ángel Rojo, el director de Puerta de Hierro –que era catedrático de Medicina–, y otros catedráticos con puestos de alta responsabilidad en grandes empresas. El tema era muy sencillo: si eras el jefe del Servicio de Estudios del Banco de España no podías enseñar a la vez Teoría Económica. Si eras cirujano y operabas, no podías enseñar Cirugía. Si habías construido la siderúrgica de Avilés, no podías enseñar Siderurgia. Si eras un penalista de primer nivel, no podías enseñar Derecho Penal, etc., etc. Era tal la barbarie que le pedí a Fuentes Quintana que hablara con Felipe González para evitar la ruina de la universidad pública. No estaba por la labor, y le dije: “Pero, Enrique, ¿qué pueden hacernos peor que esto?”. Su respuesta fue: “Roberto, eres un ingenuo, ni te imaginas lo que pueden hacer”.

Y tenía razón. Destruyeron la industria pesada y alimentaria para entrar en la CEE. Lo único que les importaba era el reconocimiento político europeo, el precio daba igual. Proclamaron e implantaron la cultura del pelotazo de la que Carlos Solchaga sería su gran apóstol. Y en la universidad, lo siguiente fue suprimir las oposiciones a cátedra –“puro fascismo”–. Para ser catedrático bastaban unos requisitos mínimos que reunían cientos de personas, y entre ellas elegir a los izquierdistas de partido. Los grandes catedráticos pasaron a las universidades privadas, y la universidad pública quedó devastada. Aunque todavía quedan excelentes profesores e investigadores en nuestras universidades, su número va siendo cada vez más marginal. Un 85% es pura mediocridad, cuando no incompetencia absoluta. Es la razón de que no haya ni una sola universidad española entre las 200 mejores del mundo, aunque a partir de 200 ya no se hacen diferencias. “Las universidades españolas están entre las peores”, según Time Higher Education en 2013.

Pero es peor aún: los buenos profesores están cada vez más acorralados por los mediocres con filiación política, que dedican su tiempo no tanto a enseñar, sino a hacerse con el poder en las universidades, empezando por las “jefaturas de departamento”, casi invariablemente ocupadas por “profesores” de carnet, lo que a su vez les permite contratar a más correligionarios y hacerse con todos los cargos de poder. La mayoría de los rectores son de obediencia o simpatía izquierdista. Y ya la puntilla: al transferirse por Aznar las competencias de educación a las autonomías, las universidades han crecido como hongos, sin plantillas idóneas para una enseñanza seria, y en lugar de fábricas de licenciados son fábricas de parados: a día de hoy el 70% de sus licenciados en el paro o trabajando como seiscientoseuristas. Si los españoles se dieran cuenta del daño que el PSOE, por acción, y el PP, por omisión, han perpetrado contra sus hijos y nietos, estos desaparecerían para siempre.

Para España, como país, el tema es superable. Varias universidades privadas que en otro tiempo eran poco menos que academias de “piso” han adquirido una calidad realmente internacional. Un número creciente de chicos y chicas estudia en EEUU y Reino Unido. En este tema las universidades de los jesuitas han prestado y siguen prestando un servicio impagable a España y a los españoles. Pero el drama es que la esperanza que la enseñanza pública representaba para millones de españoles sin recursos para mejorar significativamente sus vidas a base de estudio y sacrificio ha desaparecido. Lo ha hecho por culpa del sectarismo y la incompetencia de la izquierda de partidos, y de la inacción de la derecha de partidos. Esta última, preocupada solo de su enriquecimiento personal, no ha tenido el menor interés de poner coto a la politización y el envilecimiento del sistema educativo cuando ha gobernado.

Y en cuanto al bachillerato público solo era superado por Francia, y en la enseñanza superior solo nos aventajaban Francia y Reino Unido, y estábamos al mismo nivel que Alemania, Suecia o Dinamarca. Hoy nos superan hasta los países del Este, y ocupamos el lugar 35/40 a nivel mundial. Es el resumen dramático del hundimiento de unas de las mejores enseñanzas públicas de Europa. Aquellos hijos de guardias civiles, de trabajadores, de profesionales modestos que se sentaban a mi lado en las aulas del Instituto Nacional de Enseñanza Media Fray Luis de León de Salamanca, y que hoy son médicos famosos, abogados de prestigio, ingenieros, ya no podrán conseguir en la España del futuro lo que consiguieron sus padres y abuelos. Aquel gigantesco ascensor social que existía en España antes de la infausta Transición ha sido destruido.

2.- Un Estado insostenible y corrupto
El Estado de las autonomías fue inventado e impuesto a los españoles por un puñado de arribistas, ávidos de reconocimiento social y sin el menor sentido del Estado, que a medida que alcanzaban algún grado de influencia iban subiendo la interminable escalera de sus ambiciones. Se crearon así 17 autonomías contrarias a la realidad histórica y totalmente innecesarias para la administración de España con la sola finalidad de dar cargos políticos, estatus elevados y poder sin control a los segundones de los partidos. Este modelo de Estado atomizado, en lugar de mantener centralizado los dos tercios del gasto, como ocurre en los estados federales, ha invertido la proporción. Las CC.AA. y entidades locales consumen las dos terceras del gasto total de la Administración Pública, algo único en el mundo, que lleva a un despilfarro anual de más de 100.000 millones (el 10% del PIB), respecto a lo que supondría un estado unitario administrativamente descentralizado.

Se trata de un cáncer mortal que vamos a legar a nuestros hijos, algo canallesco que tenemos la obligación grave de extirpar. Hay que eliminar las Administraciones autonómicas, Gobiernos, Parlamentos, empresas públicas, diputaciones, así como llevar a cabo una reducción drástica de ayuntamientos inútiles o inviables. Su mera existencia es incompatible con el futuro económico de España, y lo que aún es peor, con la esencia de España como nación. La Comisión europea no deja de recordarnos además que este modelo de Estado rompe la unidad de mercado, chocando frontalmente con la libertad de movimiento de mercancías, con la solidaridad interregional y con la competitividad. Y la pasada semana la Comisión denunció que la disparatada estructura territorial contribuye de modo decisivo al incremento de la pobreza y al aumento de la desigualdad.

Fue en las autonomías y en las corporaciones locales donde el Estado de Partidos encontró el inagotable pesebre para sus legiones de parientes, amigos y correligionarios. Diecisiete reinos de taifas, varios de ellos obsesionados por constituirse como nación, con sus Parlamentos, sus instituciones, sus televisiones, sus miles de empresas públicas donde enchufar a cientos de miles con salarios muy por encima de los funcionarios de carrera, sin necesidad de dar explicaciones a nadie y sin control alguno. Ha sido la desvertebración de España: diecisiete sistemas sanitarios diferentes con protocolos y sistemas informáticos a veces incompatibles, con diecisiete sistemas educativos contradictorios y a cual peor, en muchos de los cuales se niega la propia realidad de España como nación. Peleas entre regiones donde se blindan privilegios y hasta los ríos. Ruptura completa de unidad de mercado con más de 100.000 leyes promulgadas para separarnos.

A esto se suma el desastre de los “ayuntamientos democráticos”, donde en lugar de optar por la elección directa de alcaldes como en las verdaderas democracias y mantener las instituciones locales como ámbitos de gestión, se optó por el clientelismo y la orgía partidista por los políticos de turno con su legión de enchufados, de forma que donde había diez funcionarios pusieron a cien. También fueron desmanteladas, por la Ley de Bases de Régimen Local 7/1985 del Gobierno socialista, todas las funciones de control de los secretarios e interventores, única garantía de los ciudadanos ante la corrupción y el nepotismo, sustituyendo a los únicos garantes de la legalidad y el control del gasto por cargos de libre designación y dejando el campo libre a la clase política y sus redes clientelares. Esto es particularmente escandaloso en las grandes ciudades, donde un concejal presidente de distrito, por ejemplo, puede trocear los contratos públicos para poder adjudicarlos a dedo y no pasa absolutamente nada. Madrid es un buen ejemplo de ello. Y cuando estos hechos han sido denunciados por UPyD y algunos medios, Esperanza Aguirre, como responsable del PP de Madrid y de la lucha contra la corrupción, en lugar de comprobarlos los ha ignorado. Y lo que es peor: los responsables repetirán probablemente en las próximas listas para el Ayuntamiento. Y si no a la Comunidad de la indulgente mano de Cristina Cifuentes. Como me decía hace años el alcalde izquierdista de Prat de Llobregat, “nosotros hemos sido elegidos democráticamente, y no necesitamos el control de nadie. Nos controla el pueblo en las elecciones”. Parece ser lo mismo que piensan Doña Esperanza y Doña Cristina.

(1) Denominación técnica de Antonio García Trevijano.

Ya no son nacionales ni las catástrofes
Javier Orrico Periodista Digital 9 Marzo 2015

La verdadera catástrofe nacional no es que el Ebro haya arrasado Navarra y, sobre todo, Aragón. La catástrofe es que a los demás empiece ya a no importarnos. Que los españoles hayamos dejado de sentir que pertenecemos a algo más grande que el villorrio, el condado caciquil o las fincas de los señoritos instalados en los feudos autonómicos. Hace muchos años que vengo denunciando las castas. Mucho antes de que aparecieran los que hoy presumen de ello. Lo que me sorprende es que denuncien las castas, pero defiendan los feudos que son su origen y su estiércol. Nada cambiarán, pues, porque son cómplices de lo que nos ha destruido.

De aquel pueblo español feo, católico y sentimental, envidioso, pero capaz también de la mayor generosidad cuando los desastres acaecían en cualquier sitio de España; de aquel pueblo que lo daba todo cuando las inundaciones asolaban a sus vecinos, cada día queda menos. Llevan cuarenta años metiéndonos en la cabeza que la nación no existe; que allá cada cual; que, según la nueva religión neoecológica, debemos conformarnos con los recursos próximos y no pensar en que contamos con los recursos de todos; que, por tanto, si no tenemos agua, a joderse, emigración y manta. Y si tenemos de más, pues lo mismo, inundación y llanto.

España no se ha ido a hacer pijos porque así lo vayan a disponer los separatistas. Es que se ha ido ya de nuestro imaginario sentimental, de nuestras referencias, de nuestro corazón. Dentro de un par de meses, una hornada de cafres vascos y catalanes ofenderán a nuestra bandera, a nuestro himno y a nuestro Rey, se ciscarán en ellos, les mostrarán el culo y cantarán la Puta España, convertida ya en un clásico. Y a seguir, que ya no cabe un tonto más.

Aunque si hay algo que revele en su plenitud esta definitiva ‘pérdida de España’, más grave que ninguna otra anterior, es el Ebro. Nuestra metáfora final. La coyunda de villanía, estupidez, cobardía y regional-nacionalismo de baja estofa que ha llevado al espectáculo degradante de estos días: una parte de esta muy antigua nación anegada por unas aguas que podrían estar regando y creando riqueza para esa misma nación, en lugar de irse al mar. Que es el morir.

¡Que siga la función!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 9 Marzo 2015

Lo que pasa en este país solo se puede explicar desde la perspectiva sociológica que analiza el éxito de programas de telebasura en los que las miserias humanas quedan al descubierto en “realities” donde la zafiedad, los malos modos y lo peor del alma humana son la base que los sustenta. Pues la política no podía ser sino el espejo donde se reflejan estas imágenes tan poco edificantes y que definen a una sociedad enferma carente de valores. O quizás habría que preguntarse ¿qué fue primero el huevo o la gallina? ¿Es la sociedad la culpable o la política la que corrompe a la sociedad?

Nos creemos que vivimos en democracia porque el sistema político dominante nos permite ejercer nuestro derecho a votar cada cierto tiempo. Eso sí a unas listas cerradas donde los partidos políticos asignan el orden que garantice la elección de aquellos que son los preferidos de la casta dirigente, comenzando por ellos mismos como cabezas de serie. Nos creemos libres porque podemos optar entre votar o abstenernos, siendo conscientes de que aunque no votemos el reparto se va a realizar exactamente igual aunque la abstención supere con mucho a los votos emitidos. Nos creemos una sociedad avanzada cuando no es verdad que se cumpla lo de un ciudadano un voto, ya que nuestro voto por la famosa ley D’Hont y la división en circunscripciones electorales valdrá más o menos en función de dónde nos corresponda votar.

¿Y esto es lo que se promete regenerar? En absoluto. Como en los realities, aquí de lo que se trata es que siga el espectáculo y que la audiencia decida en determinados momentos a quienes favorece y a quienes destierra del poder. No importa el mensaje y sí la escenificación y el poder de convencimiento. Vale todo con tal de anular al oponente y ganarse el favor de la audiencia y si no es así, se manipula el resultado para presentarlo de la forma que más convenga. La audiencia está dispuesta a creer aunque sepa que le están mintiendo.

Así que no es de extrañar el espectáculo al que estamos asistiendo en la lucha por el poder en la Comunidad de Madrid, la “Joya de la Corona” de las autonomías. Lo del PSOE con Tomás Gómez, su defenestración fulminante, la imposición de una gestora a la federación madrileña y la designación de Ángel Gabilondo como candidato. El ridículo de IU con una Tania Sánchez elegida en unas primarias por mayoría, su posterior renuncia tras su fracaso de integración con PODEMOS y la búsqueda de nuevo candidato en unas segundas primarias. Lo de la misma Tania Sánchez con su nuevo proyecto político y su obsesiva fijación en la integración con PODEMOS. Y finalmente el PP con el acoso y derribo de Ignacio González con su escabroso asunto del ático en la costa de Málaga, la imposición de Cristina Cifuentes y el intento de creación de una gestora de la agrupación madrileña del PP.

No me dirán que no es deprimente y que dan ganas de mandar este sistema al “carajo” (perdonen la ordinariez), pero es que al igual que ese Monedero creo que esa zafia expresión que él también usa en determinados foros latino americanos refleja muy bien el sentimiento de hartazgo y de rabia contenida que supongo que comparten conmigo muchos conciudadanos.

¿Qué políticos queremos o... necesitamos?
Antonio García Fuentes Periodista Digital 9 Marzo 2015

NO TENEMOS POLÍTICOS... SON MERCENARIOS EN BUSCA DE BOTÍN

Visto la situación política en general y en mayoría de países; necesario es preguntarse y plantearse lo que sintetiza mi titular de hoy.

Aún cuando sea “escribir al viento”; no me arredra ello puesto que lo vengo haciendo pasa ya de cuarenta años. Pero como se dice que la esperanza es lo último que se pierde yo (iluso) aún no la perdí... y no están los tiempos para esperanzas visto la caterva de inútiles que han arribado como plaga a la política en general y en particular a la de esta pobre España en la que vine a nacer.

Lo escribiré por enésima vez... “La política es el arte de gobernar bien a los pueblos”, todo lo demás no es política; por tanto todos estos arribistas fracasados, serán lo que sea pero de políticos no tienen nada y de estadistas mucho menos.

Queremos o mejor dicho necesitamos... políticos que sean de vocación, que no sean mercenarios de la política y que van a la misma, simplemente a conseguir todo lo que pueden y más, para sí mismos y para todos los de su cuerda, nepotes familiares incluidos. El pueblo no les importa nada, salvo las riquezas que de él extraen.

Necesitamos políticos honrados, trabajadores, austeros, buenos administradores del dinero público. Y no, no los necesitamos que sean “muy listos” (de esos ya hemos padecido y padecemos mucho); simplemente que tengan la suficiente inteligencia para calibrar lo que es un bien común y lo que es partidista y por tanto perjudicial para el conjunto que van a administrar; puesto que no olvidemos y recordémoselo siempre... ¡Son meros y simples administradores de un dinero que no es suyo y del que tienen que responder siempre! Es claro que para ello debieran existir leyes y un aparato judicial, que hoy no existe y a la vista están los abusos de todo tipo y que se hacen con el dinero del contribuyente, al que de paso lo han arruinado de forma miserable por la indefensión en que nos han situado y en la que seguimos estando.

Un político no tiene por qué saber de todo; como estos insensatos y en mayoría pretenden; un político tiene que recurrir a asesores, pero no esos asesores “de cabecera y cama”; que no son otra cosa que parásitos a mantener por el contribuyente. Un asesor se busca cuando se necesita y se busca entre los mejores que existan y oído y examinado la solución que aporten, entonces es cuando el político debe actuar y en caso de error, siempre podrá decir que lo asesoró el mejor o uno de los mejores y dará nombres y apellidos; puesto que un político no es un “dios”, ni falta que nos hace.

Queremos ver sus obras, sus buenas obras realizadas; puesto que nos importa un rábano si son altos o bajos, sus apellidos son vulgares o selectos, si son guapos o feos, si visten normalmente o a la última moda... No necesitamos verlos apenas para nada, por tanto que no salgan tanto a las primeras filas, para lucir su “jeta” y que dediquen el tiempo al menester por el que se les paga y ahora mucho más de lo que merecen; o sea a rendir el beneficio que por ello le deben a sus jefes verdaderos, que no son otros que los que les votamos y les entregamos (EN PRECARIO) un mandato del que tienen que rendir cuantas exhaustivas. Y si no valen, que se vayan cuanto antes, otros entrarán a relevarles, nadie somos insustituibles y un político también “es un nadie”.

No olvidemos la vieja sentencia de... “a rey muerto, rey puesto”.

Las leyes no deben ser para ser burladas por los que son los primeros en que debieran responder ante ellas y como dijera nada menos que Pitágoras, hace dos milenios y medio... “El que conoce las leyes debe ser castigado con mucha más severidad que el que las desconoce”.

Y esta sabia sentencia del considerado sabio de los sabios, sigue estando vigente, pero sigue imperando no la ley de la razón, si no la ley de la fuerza. Y los sistemas regidos de esta forma terminan mal, algunas veces muy mal y con los ríos de sangre que provocan. Nosotros tenemos no muy lejana aquella guerra civil, que tanta sangre derramó y mucha de ella inocente y ello ocurrió en los dos bandos; pese a lo que quieran decir los que les interesa hacer verdades de mentiras horribles. Y el motivo de la misma no fue otro que el resultado de unos nefastos políticos que no supieron gobernar de forma equitativa.

NOTA: Lo escribí en 2010… “Lo podía haber escrito esta mañana”.
Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo) www.jaen-ciudad.es (allí mucho más)

EN EL 11º ANIVERSARIO DEL 11-M (I)
El nuevo rostro del terrorismo
Los autores advierten de la propagación del islamismo radical a través de las redes sociales. Afirman que usa internet para reclutar y adiestrar a sus «soldados» y para obtener financiación

JAVIER ZARAGOZA*, DOLORES DELGADO* El Mundo 9 Marzo 2015

LA RECIENTE detención de varias personas por actividades de reclutamiento y adoctrinamiento relacionadas con el Estado Islámico ha vuelto a situar en el centro de la noticia el terrorismo yihadista, un problema que ha cobrado una dimensión especialmente grave en los últimos tiempos y que lleva camino de convertirse en la mayor amenaza para nuestra libertad y nuestra seguridad. Parece obligado preguntarse, a punto de cumplirse 11 años de los atentados de Madrid, si el terrorismo al que hoy nos enfrentamos es el mismo, si sus riesgos son similares, si sus objetivos persisten, si se ha intensificado la amenaza, si tenemos las herramientas suficientes para combatirlo y si estamos en condiciones de evitar que se repita aquella masacre. Desde entonces no ha cesado ni un minuto la lucha contra el terrorismo yihadista. Más de 600 detenidos, decenas de operaciones policiales y de investigaciones judiciales, y algunas situaciones de riesgo inminente de ataque terrorista abortadas son buena muestra de ello. No cabe duda que los actores involucrados (servicios de inteligencia, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, fiscales y jueces de la Audiencia Nacional) han desempeñado su papel con rigor, eficacia y profesionalidad, intentando adaptarse a la cambiante realidad de un fenómeno terrorista extraordinariamente proteico, que casi nada comparte con el terrorismo tradicional más allá del uso gratuito e indiscriminado de la violencia.

La naturaleza polimorfa y cambiante del terrorismo yihadista salta a la vista cuando comprobamos que es un terrorismo que está evolucionando a un ritmo vertiginoso, y que es muy permeable tanto a las circunstancias geopolíticas internacionales como a las situaciones de cada país. Es un terrorismo multiforme porque pretende adaptarse a las estrategias de investigación con la pretensión de sortear la acción represiva del Estado y dificultar así su persecución. Y es, además, un terrorismo fundamentalmente global porque explota con enorme eficacia y en su propio beneficio todo aquello que los avances tecnológicos le ofrecen, con una clara vocación de universalidad, tanto por la finalidad perseguida como por los instrumentos que utiliza. Ello supone uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos.

En la actualidad, internet y las redes sociales son utilizadas por los grupos yihadistas como su principal herramienta terrorista. Como ya avanzábamos en la Memoria de la Fiscalía de la Audiencia Nacional del 2008, son un campo de entrenamiento virtual, pero, además, el escenario principal de la batalla que se libra contra la expansión del yihadismo radical.

Todo terrorismo, del signo que sea, necesita de un medio para publicitar sus acciones, y su supervivencia ha dependido sobre todo de sus estrategias mediáticas y de la repercusión pública de sus actos. Pero las organizaciones yihadistas han llegado mucho más allá: no sólo han encontrado en la Red un magnífico instrumento de propaganda, sino que internet se ha convertido en el canal predilecto para reclutar, adoctrinar, formar y adiestrar a sus soldados, e incluso para obtener financiación, con la ventaja adicional de garantizar el anonimato y la seguridad para sus simpatizantes. Desde comienzos de la pasada década, los ideólogos del yihadismo se han esforzado en generalizar el uso de la Red como parte de la yihad global. Dentro de la distinción de las cuatro categorías de la yihad, la de la acción militar, la del apoyo financiero y material, la del odio al enemigo y la de la incitación, es en esta última, en la yihad a través de la palabra, en la que internet juega el papel de instrumento vehicular. De este modo, al reconocer explícitamente las actividades de propaganda y reclutamiento realizadas por ese medio como parte de la yihad, se entiende que todos aquellos que las llevan a cabo, aunque no participen en las acciones armadas, obtienen la recompensa espiritual similar a la participación en el combate real.

Al tiempo que esto ocurre, y cuando los sitios web, foros y salas yihadistas se convierten en verdaderos espacios de captación, formación y propaganda, surgen nuevos canales de expansión: las redes sociales. Las nuevas aplicaciones de telefonía móvil ofrecen unas posibilidades extraordinarias de desarrollo tanto por su accesibilidad como por los usuarios. A través de los espacios abiertos se contacta con todos aquellos que resultan proclives a la recepción del mensaje o que pueden ser sensibles a la información, siempre de contenido radical y especialmente atractiva. Una vez que son atrapados en ese mundo virtual y son elegidos para acceder a espacios más privados, las posibilidades de captación aumentan considerablemente. Aquí los mensajes son más claros y directos. El siguiente paso, de lo virtual a lo material, puede ser cuestión de semanas, porque el yihadista se está mostrando como un terrorismo exprés en cuanto a la velocidad de los procesos de captación, formación y acción.

Ese salto adelante de la acción terrorista lo estamos comprobando en los miles de operativos que están partiendo a los santuarios del radicalismo yihadista como Siria e Irak, para integrarse en las filas del Estado Islámico, y ahora Libia y Túnez, como nuevos destinos de los combatientes, o incluso países del Noroeste de África, ámbito territorial de acción de otras organizaciones terroristas como AQMI, MUYAO o Boko Haram. Pero también lo hemos sentido con las acciones que muy recientemente han tenido lugar en Francia, en Bélgica o en Dinamarca, y si nos remontamos en el tiempo en otros muchos países occidentales.

Para el Estado Islámico, es vital ocupar territorios, aprovechar sus recursos económicos para financiarse y nutrir su ejército con combatientes procedentes de otros países. Su objetivo es implantar la sharia (ley islámica) en todos los territorios que siglos atrás fueron conquistados por el islam, conformando una especie de califato universal. La idea ha calado profundamente en los sectores islamistas más radicales, y está provocando un auténtico éxodo de individuos radicalizados y adoctrinados en la yihad violenta -un efecto llamada al que no son ajenas las crueles ejecuciones de rehenes- que incluye mujeres o, lo que es mucho más grave, niñas, y que no se podría entender sin las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Se calcula en más de cinco mil los individuos que desde Europa se han desplazado a Siria para adiestrarse y formar parte de la citada organización terrorista.

Para Al Qaeda resulta sin embargo prioritaria la ejecución de atentados terroristas en los países donde se encuentran sus células o quienes han sido adoctrinados en su credo yihadista, y la red les permite adiestrarse en la preparación y ejecución de ataques. La información para fabricar un explosivo, o para elaborar sustancias que puedan ser empleadas a esos fines está al alcance de cualquiera. No es de extrañar, por tanto, que la proyectada reforma del Código Penal -refrendada por un pacto de Estado entre las dos formaciones políticas más representativas- se haya centrado en neutralizar el uso de estas redes y la consulta de sitios web con propósitos terroristas, y en consecuencia haya incluido como principal novedad la penalización de algunas conductas como el «autoadiestramiento» o el «adoctrinamiento pasivo» por esas vías.

Es probable que la política antiterrorista, cimentada desde hace años en una respuesta preventiva o anticipada que ha sido capaz de reducir al mínimo los riesgos de cometer atentados, exija algunos sacrificios añadidos ante el papel que están jugando los nuevos instrumentos de la comunicación en el avance del terrorismo yihadista, pero el sistema judicial deberá extremar las cautelas a la hora de aplicar unos tipos penales que han sido objeto de severas críticas como parte de una estrategia excesivamente criminalizadora y lesiva para los derechos y libertades de los ciudadanos. Y todo ello sin restar un ápice de eficacia a la acción punitiva del Estado, lo cual no es tarea fácil.

Sin embargo esta reforma corre el riesgo de ser papel mojado si no se abordan otras cuestiones que todavía tienen mayor importancia para garantizar una respuesta eficaz frente a este terrorismo multidimensional. Por un lado, la incorporación de herramientas legales que son absolutamente imprescindibles para facilitar la investigación de estas acciones en internet y las redes sociales (el agente encubierto virtual, el registro remoto de sistemas informáticos...); y por otro el reforzamiento del aparato judicial dedicado a esta trascendental función, que en la actualidad descansa en un reducido e insuficiente número de fiscales y de jueces de la Audiencia Nacional. La lucha contra el terrorismo yihadista, considerado como la amenaza más grave para nuestra sociedad, requiere con urgencia potenciar las capacidades del sistema judicial, en particular más fiscales especializados en la investigación de estos crímenes, como anunciaba hace pocas semanas un responsable gubernamental. Pero la buena voluntad no servirá de nada si no se pasa de las palabras a los hechos.

*Javier Zaragoza es fiscal jefe de la Audiencia Nacional y Dolores Delgado es coordinadora antiterrorista yihadista en la Audiencia Nacional.

El suicidio español
EL LOBO FEROZ El Mundo 9 Marzo 2015

¿SIRVE para España lo que vale para Francia o Italia? Yo creo que sí, cuando la enfermedad es la misma. Matteo Salvini, secretario de la Liga del Norte, sube y sube en las encuestas sobre el futuro político de Italia. No es de excluir que acabe en Montecitorio. Sus bestias negras son Bruselas, el euro ("moneda criminal"), la inmigración y el tratado de Schengen. El éxito literario del año en el país vecino se titula 'El suicidio francés'. Ha vendido 500.000 ejemplares en un trimestre. Su autor es un judío oriundo de Argelia: Éric Zemmour. Forma parte, quiéralo o no, de lo que allí llaman Nuevos Reaccionarios (Glucksmann, Finkielkraut, Phillipe Sollers, Houellebecq, Régis Debray, Jacques Julliard, Luc Ferry...). Un grupo aguerrido, ilustrado y muy bien amueblado al que los santones de la vieja progresía culpan de la "derechización de la sociedad" y califican de renegados de la izquierda, revisionistas, oportunistas, machistas, belicistas, capitalistas, xenófobos, fascistas (¡faltaría más!) y otras lindezas así.

"Éric Zemmour dice lo que muchos piensan sin atreverse a decirlo. De ahí su éxito entre los valedores de la Francia Eterna"
Zemmour defiende la identidad francófona frente a la igualdad republicana, denuncia la masculinización de la mujer, la feminización del varón y el desastre que esa inversión de polos supone para los hijos, la sociedad y el futuro de la especie, reivindica el colaboracionismo del régimen de Vichy -que libró, según él, a decenas de miles de judíos franceses de las represalias de los nazis-, analiza el feminicidio perpetrado por las feministas y ve en la islamización de Eurabia, en la inmigración ('Le grand remplacement'), con el vuelco demográfico y de valores que de ella se deriva, y en la militancia europeísta las tres katanas del harakiri colectivo que se cierne sobre su país. Dice Zemmour lo que muchos piensan sin atreverse a decirlo. De ahí su éxito entre los valedores de la Francia Eterna, hoy aún ninguneada y amordazada por el galleo de la progresía, pero dispuesta ya a dejar de estarlo. Zemmour pone voz a las 'Voces del Silencio', como la puso Malraux en muy distinto contexto. Marine Le Pen y Matteo Salvini hacen lo mismo.

El segundo volumen de mis memorias, todavía en el telar, lleva en su cabecera una cita de María Zambrano: "Hay cosas que no pueden decirse, y es cierto. Pero lo que se tiene que escribir es lo que no se puede decir". Zemmour las ha escrito. ¿Lo haremos también nosotros? Quizá lo haga Vox, mientras los grandes partidos callan y, por ello, otorgan.

La destrucción de la cultura
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com 9 Marzo 2015

Todas las ideologías totalitarias han tratado de utilizar la escuela para configurar una cosmovisión particular a la medida del poder y para establecer las bases de control y dominio social. Esto es un hecho incontrovertible.

La cultura no es concepto meramente relativo o subjetivo. No depende del contexto momentáneo, de las circunstancias episódicas. Es el rastro de una comunidad histórica a lo largo de los siglos. Es la herencia de tradiciones, valores, formas de vida, percepciones cognitivas colectivas, de la sensibilidad estética, ligada a los fenómenos literarios, plásticos, económicos y de relaciones interpersonales de carácter social, etc. Es, en definitiva, el molde colectivo que da forma a nuestra forma de pensar individual, sin el cual la sociedad carece de estructura, de cohesión, de solidaridad interna. La cultura nos es transmitida. No se recibe con el genotipo. No está ligada al hecho local, exclusivamente, sino tiene una red amplia que tiene conexión con la tradición histórica y la memoria intergeneracional.

El intelecto es, en definitiva, una creación colectiva. Pensamos y vivimos, percibimos, según ese tamiz trasmitido por nuestros antepasados. Es el filtro cognitivo inconsciente que nos hace captar los significados y conceptos comunes de acuerdo a una lengua impregnada por fenómenos religiosos, filosóficos y antropológicos que hemos recibido de forma más o menos explícita.

Esa cultura intelectual es lograda lentamente, fraguada por el paso del tiempo, por la sedimentación de muchos acontecimientos y circunstancias. Si por razones de interés político o de manipulación se transforma o anula esa trasmisión, el retroceso intelectual colectivo es inevitable.

Si no se forma a nuestras generaciones en el respeto a la verdad histórica, en la responsabilidad que implica el recibir y transmitir los fenómenos literarios, el conocimiento del entramado cognitivo colectivo que forma la cultura, en la valoración y autoestima que supone valorar ese legado y comunicarlo a las sucesivas generaciones, el retraso social es inevitable.

Desde las reformas socialistas del currículo, con la inestimable contribución de los nacionalistas, se ha consagrado el concepto de “libertad” como paradigma del fundamento del constructo educativo. Libertad para que el profesor reelabore los contenidos de la enseñanza, libertad para que el alumno decida lo que quiere aprender, libertad para que las comunidades autónomas adapten ese legado colectivo podando lo que no conviene a sus propósitos adoctrinadores, libertad que consiste en centrarse más en la forma que en el contenido, más en los procesos didácticos que en la transmisión de conocimientos, etc. Pero esa libertad mal entendida, pues la comunidad educativa no es una sociedad política, sino una institución para la transmisión cultural del conocimiento y una extensión de la familia para la formación de la infancia y la juventud, es, precisamente la principal castradora de la liberación de la persona, pues no forma la personalidad. La personalidad es un complejo donde los valores contenidos en la transmisión cultural son uno de los pilares fundamentales para conformar su vertiente social, la argamasa que da forma a su proyección hacia “los otros”.

Actualmente se da más importancia que los alumnos adquieran destrezas y competencias que el logro de conocimientos estructurales para formar una base suficiente de tipo cognitivo que permita saber discriminar, contextualizar y comprender los significantes culturales y del lenguaje. Un alumno que no tiene formación cultural difícilmente va a saber navegar entre el bosque ilimitado de contenidos en la red de redes, por tanto se encontrará perdido. La ignorancia es la circunstancia más propicia para la manipulación, para la incompetencia a la hora de discriminar entre contenidos y aprender a aprender. El centrarse en el método y no en los conceptos básicos, en el instrumento y no en su aplicación, es la mejor manera de perder el tiempo y de obstaculizar el crecimiento de nuestros muchachos.

El pedagogismo al uso, verdadera sofística contemporánea, está haciendo mucho daño educativo, y es usado por quienes hacen de la educación herramienta de transformación social al servicio de intereses políticos, obviando las necesidades individuales de los educandos. El hacer tabla rasa, como se está haciendo con asignaturas fundamentales como la literatura, la lengua mayoritaria, la historia en el sentido más amplio de la palabra, la lectura o la escritura como elemento básico de adquisición cultural, privando del placer de la lectura y de la escritura a las generaciones presentes, es un drama, pues castra culturalmente a nuestros alumnos y su formación humanística está llena de lagunas y carencias.

El desconocimiento histórico supone la pérdida de los referentes colectivos. Cuando un país extravía su acerbo cultural está abocado a su desestructuración, a su atomización, a la yuxtaposición de sus grupos y colectivos, sin la argamasa que durante siglos los ha unido.

Una historia fragmentada, tal como ahora se enseña, es la mejor forma de que los alumnos se sumerjan en los mitos, falsedades y deformaciones conceptuales, que es la forma más vil de la ignorancia. Es la antítesis de una preparación para la vida que supone siempre un análisis realista y objetivo de las realidades sociales y culturales. Es un infantilismo social que lleva indefectiblemente al nihilismo, a la intranscendencia de las existencias. Vivir en la inconsciencia feliz es la mejor manera de llevar a la desesperanza, a la mutilación de posibilidades.

El bajo nivel de lenguaje, de conocimiento histórico, de herramientas de captación de las significaciones de los fenómenos culturales y sociales que han fundamentado nuestra forma de existencia es la mejor manera de suicidarnos colectivamente.

El orden, la disciplina y respeto a los adultos en la escuela es el prerrequisito previo para el trabajo bien realizado y la satisfacción por el aprendizaje. Ni una democracia mal entendida en la escuela ni una libertad demagógica que confunde la escuela con una institución política es la mejor manera de facilitar el crecimiento integral de nuestros alumnos y la formación de las generaciones para que sean eficaces y constructivas en la regeneración social.

La “intoxicación anticatalana”
Nacho Martín Blanco. Cronica Global 9 Marzo 2015

Recuerdo que pocas semanas después de empezar a participar en tertulias de radio y televisión, hace poco más de dos años, hablé con una persona muy próxima a mí que, tras los elogios de rigor, no dudó en poner algún pero a mis primeras intervenciones en los medios. Se trata, insisto, de alguien muy allegado que me ha demostrado sobradamente su afecto -que es recíproco-, por lo que no cabe ninguna duda de la buena intención de sus objeciones sobre cuestiones profesionales. Otra cosa son nuestras diferencias políticas, que, aunque no son de ahora, se han recrudecido tras su despertar independentista a la luz del proceso divisionista de Cataluña.

“Nacho, lo haces muy bien, pero te equivocas en una cosa…”, me dijo en tono paternalista. “Utilizas demasiado la palabra ‘España’, y eso te penaliza. Deberías utilizar más otras palabras, como ‘Estado’ o yo que sé…, ‘península’ por ejemplo”. Y añadió: “¿No te das cuenta de que ni siquiera los tertulianos unionistas dicen ‘España’?”. Está claro que para él el término unionista es un cajón de sastre en el que todo cabe, incluso nacionalistas al filo siempre del destape independentista cuyo discurso es tan antiespañol o más que el de los independentistas declarados. Y me proponía mi bienhechor que yo adoptase el mismo lenguaje que ellos. Que, por muy aberrante que resulte hablar de una estructura administrativa para referirme a una realidad humana, social y política de la que sin duda me siento parte, debería decir invariablemente Estado en lugar de España porque eso de hablar del “resto de España” está mal visto y me “penaliza”.

Le agradecí su consejo e inmediatamente le avancé que no pensaba seguirlo en absoluto, que, por muy rentable que pudiera resultarme, no iba a adoptar la jerigonza nacionalista, principalmente por razones de conciencia pero también por higiene lingüística, que a fin de cuentas no tengo por qué hablar mal pudiendo hacerlo bien.

Pero mi bienintencionado consejero no se dio por vencido y prosiguió con sus objeciones orientadas sin duda a mejorar mi maltrecha imagen pública tras un par de tertulias cuestionando el discurso dominante en los medios catalanes. “Está bien, como quieras, pero permíteme otro consejo. Deberías ser más flexible y aceptar, al menos, cosas que nadie discute como el expolio fiscal o los ataques a la lengua. No puedes cuestionarlo todo… A no ser que quieras pasar por anticatalán, algo tienes que admitir”, apuntó en clave estratégica.

Pues no, no acepto ni aceptaré nunca la majadería del expolio fiscal. Porque los impuestos los pagan las personas y no los territorios, por lo que la redistribución de la riqueza en cualquier Estado que vele por la igualdad entre sus ciudadanos se da entre estos y no entre provincias o regiones. “En todo caso, los catalanes ricos son solidarios con los andaluces o extremeños pobres, de la misma manera que los andaluces o extremeños ricos son solidarios con los catalanes pobres”, he dicho en más de una tertulia. Mi comentario ha desatado invariablemente la indignación de todos y cada uno de mis contertulios, sin excepción, lo cual corrobora otra de esas verdades que no son verdad, pero que uno debe observar a no ser que quiera “pasar por anticalán”, a saber: que, a diferencia de las de “Madrit”, nuestras tertulias sí que son plurales. Algo tendré que admitir…, pero es que no acabo de dar en la tecla.

Encima, tampoco reconozco la existencia de la mayoría de los ataques a la lengua que los nacionalistas siguen denunciando tras la recuperación de la democracia en España, como si Franco no hubiera muerto hace casi cuarenta años. Desde entonces, algunas de las más graves embestidas contra la lengua catalana denunciadas por el nacionalismo han sido las siguientes:

1) El “decreto de la tercera hora de castellano”, aprobado por el Gobierno Zapatero, que debía garantizar una presencia de la lengua castellana en la enseñanza primaria catalana en una proporción nada menos que ¡siete veces inferior a la de la lengua catalana! 2) La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, que establece que el castellano debe ser también lengua vehicular de la escolaridad pública en Cataluña, sin perjuicio de seguir considerando el catalán como el “centro de gravedad de este modelo de bilingüismo”. 3) La ley Wert, que, lejos de instituir un derecho a recibir la enseñanza exclusivamente en castellano, pretende compeler a la Generalidad a adaptar su modelo educativo a la doctrina del TC reconociendo las dos lenguas cooficiales como vehiculares, es decir, no sólo como objeto de enseñanza sino como lenguas docentes.

Pues bien, sin ningún ánimo de pasar por anticatalán, me niego a asumir lo que no es más que una paranoia nacionalista que nada tiene que ver con la catalanidad, salvo que pretende vampirizarla. No en vano esa lógica concesiva de “admitir algo”, que tan buenos resultados le ha dado hasta ahora al nacionalismo, cobra nuevos bríos al calor del debate soberanista, en la medida en que a no pocos les permite zafarse de la omnímoda presión independentista situándose en una cómoda equidistancia entre los independentistas y los llamados unionistas. Pero -quiérase o no- ese gesto acomodaticio sólo puede legitimar el discurso secesionista y reforzar su causa, de ahí que algunos hayamos decidido afrontar la incomodidad de llamar al pan, pan y al vino, vino.

Es verdad que no deja de ser una experiencia personal, pero creo que no exagero si digo que la anécdota que da pie a este artículo refleja la naturalidad con que, de un tiempo a esta parte, el discurso nacionalista ha ido ganando terreno entre la opinión pública catalana mediante la aceptación generalizada de al menos parte de ese discurso, so pena de pasar por anticatalán. De ahí que todavía siga habiendo muchos catalanes en teoría no nacionalistas que de forma condescendiente asumen, en todo o en parte, el credo nacionalista para evitar ser tachados de anticatalanes. Los ejemplos van desde los grandes dogmas que sustentan la fe hasta los pequeños sucesos que supuestamente la acreditan. Prueba de esto último es la cantidad de gente que asegura haber sufrido en sus propias carnes o que dice conocer a alguien que ha padecido la intolerancia de los taxistas madrileños en relación con la lengua catalana.

De hecho, la misma persona que por mi bien me recomendaba decir Estado en lugar de España me contó hace unos años que un taxista madrileño le había obligado a bajar del taxi por hablar catalán por el móvil. Yo entonces ya recelaba de la veracidad de esa traumática experiencia -insólitamente compartida diacrónica y sincrónicamente por muchos de mis paisanos-, más que nada por el sospechoso parecido que guardaba con una anécdota explicada por el ángel caído del nacionalismo catalán, Jordi Pujol padre. Lo hacía allá por el año 2007 en la página web del centro de estudios que llevaba su nombre hasta que desapareció con motivo de la autoinmolación preventiva del patriarca. Relataba Pujol la historia de un amigo suyo: “Sube a un taxi en Madrid y una vez iniciado el trayecto hace una llamada por el móvil, en catalán. El taxista frena y le conmina a bajar, de malas maneras: ‘No consiento que en mi taxi se hable catalán’”. La conclusión de Pujol es clara: todo es fruto de la “intoxicación anticatalana”. Y la solución, también: “No bajar del taxi, no claudicar, no dejar de ser lo que somos”.

En virtud de la infalibilidad de quien la explica, la anécdota se extiende por doquier y se convierte súbitamente en útil categoría que demuestra por sí sola la catalanofobia predominante en el resto de España y que, en última instancia, justifica la secesión porque no “nos entienden”. “Nosotros” a “ellos” sí, pero ellos a nosotros no. (Reconozco que mientras escribo esto no puedo evitar sentir un ligero vértigo porque no logro discernir si soy de los nuestros o de los suyos. La sensación se acentúa cuando recuerdo al presidente Mas explicando en Rac1 -el 7 de marzo del 2014- que defender la idea de que todos los españoles se pronuncien en referéndum sobre la independencia de Cataluña o, lo que es lo mismo, sobre la integridad de España equivale a plantear que los socios del Real Madrid voten sobre la remodelación del Camp Nou. ¡Qué fácil es todo cuando no te importa nada, más allá de tu supervivencia política!).

La “intoxicación anticatalana” de la que hablaba Pujol cuando su palabra iba a misa lo explica todo. La intransigencia de un supuesto taxista madrileño ungido con el don de la ubicuidad; el caso Banca Catalana; las cuentas en Andorra de la famiglia; la del padre biológico del hijo putativo de Pujol en Liechtenstein; la suspensión del juez Vidal e incluso la imputación del Barça por el juez Ruz. “Cataluña no se merece esto”, que diría la matrona Ferrusola. Nada escapa a la aplastante lógica interpretativa del nacionalismo.

La solución, en cualquier caso, también es única: “no bajar del taxi” y seguir preguntando “¿qué coño es eso de la UDEF?” como si no hubiera pasado nada. “No claudicar” hasta llegar a Ítaca y poder “ser lo que somos” -de nuevo me ataca el vértigo ontológico- sin que nadie nos moleste. Ni taxistas ubicuos, ni consejos generales del poder judicial, ni tribunales constitucionales, ni jueces Ruz ni Dios que lo fundó. Nosotros solos, Estado catalán.

Es posible que el hecho de que Pujol se haya dejado la infalibilidad en la travesía haga que se diluya el influjo mimético de sus anécdotas precocinadas. Sería una buena noticia, no sólo para el colectivo de taxistas de Madrid, sino sobre todo para la convivencia entre españoles. “Cataluña forma parte de nuestro patrimonio afectivo”, me escribe un amigo madrileño de pro, que, tras escuchar por YouTube un fragmento de una de mis tertulias, me dice: “Veo con una gran satisfacción que tu labor no cae en saco roto; enhorabuena y muchas gracias, en este caso, de parte de los madrileños”.

Patrimonio afectivo… Algo parecido me dijo hace poco un amigo català de soca-rel, profesor de Teoría Política de la Universidad de Barcelona, un auténtico sabio. Preocupado por la deriva política catalana, me dijo: “No me da la gana de que me quiten Madrid. ¡¿Que podré seguir yendo de visita?! ¡No te fastidia! Igual que a Singapur o a Tailandia. Madrid también es mío, y nadie tiene derecho a convertirme en extranjero en mi país”. Por eso vale la pena seguir llamando a las cosas por su nombre, por muy agotador que resulte.

El nacionalismo, embarazo de C's
Arcadi Espada. El Mundo 9 Marzo 2015

Mi amigo Pericay, que fundó C's, escribe hoy este artículo sobre los planes lingüísticos del partido en las Baleares. No son unos planes excitantes. Son, más bien, los planes de la inercia y del establishment y de la inmersión en la vieja política. Una lástima para Rosa Díez la de no haber leído el artículo de Pericay antes de escribir el que hoy publica en El País. Su prosa y su intención seguirían siendo sórdidas, pero al menos tendría algún hecho concreto en qué basarlas. Por lo demás el candidato baleárico de C's y su programa coinciden con los argumentos expuestos por el economista Garicano. Aunque, ciertamente, Garicano los escribió hace algunas semanas, no sé bien si en tránsito de UPyD a sus reclamos ruiseñores por Soraya Sáenz de Santamaría, o ya en apoteosis con la Reclamada.

El crecimiento de los partidos va siempre asociado a una búsqueda de la moderación y el centro. Como el que busca el Grial. Los límites se difuminan y las convicciones se flexibilizan. El problema para C's es que topa con el nacionalismo. Y con el nacionalismo pasa como con el embarazo. No se puede estar un poco embarazada.

¿ Ciudadanos ?
http://xavierpericay.com  9 Marzo 2015

No conozco a Josep Lluís Bauzà. Sólo sé que es el flamante coordinador de Ciudadanos en Baleares y que, al decir de los medios, va a encabezar con toda probabilidad alguna de las principales listas que el partido presentará en las elecciones del 24 de mayo. Y sé algo más, algo fundamental para mí: que él y su partido consideran que las medidas tomadas en esta legislatura por el Gobierno del Partido Popular en relación con el uso del catalán en la Administración y la enseñanza —o sea, la rebaja del nivel de exigencia del conocimiento del catalán en determinados sectores administrativos y la puesta en práctica del decreto de trilingüismo, más conocido por TIL— eran innecesarias y no han creado más que crispación. De ahí que sean partidarios de su retirada y de firmar con las demás fuerzas políticas «y de una vez por todas que esa cuestión no se va a mover en función de quién ocupe el Consolat [sede del Gobierno Balear]». En otras palabras: que Bauzà y Ciudadanos están de acuerdo, por ejemplo, en que el conocimiento del catalán sea un requisito para optar a una plaza en el sistema sanitario de la Comunidad, en que no haya libre elección de lengua en la primera enseñanza y en que el decreto de mínimos —que prescribe que un 50% de la docencia debe impartirse en catalán, porcentaje que ha terminado convirtiéndose con el tiempo en un 100%, esto es, en un modelo de inmersión lingüística— vuelva a regir. Y no durante una legislatura, sino por siempre más, amén.

Como no conozco a Josep Lluís Bauzà, ignoro si tiene antecedentes —en el nacionalismo, se entiende— o si es que simplemente se acomoda sin más al statu quo que el pancatalanismo ha establecido en el archipiélago y que todos los partidos que aspiran a obtener representación en el Parlamento autonómico, excepto UPyD y —según la cara de la luna— el PP, aceptan sin rechistar. Sí me consta, en cambio, que Ciudadanos lleva años promoviendo en Cataluña un modelo educativo trilingüe. Y combatiendo, como no podía ser de otro modo, la inmersión lingüística obligatoria. De lo que deduzco que no debe de tratarse del mismo partido. Y como algo sé de la historia del partido en Cataluña, no me cabe la menor duda de que lo de Baleares es un fake. Así pues, avisados quedan. Y créanme que lo siento.

Memoria de la equidistancia
MANUEL MONTERO. EL CORREO  9 Marzo 2015

· Se diría que ahora no se quiere condenar drásticamente el terrorismo ni los desastres éticos que generó, sino mirar hacia otro lado, incluso a título póstumo.

Las víctimas sufrieron el abandono en el País Vasco: es una evidencia pero cuando se recuerda ahora suena a ganas de incordiar. No solo hubo abandono, fue peor. Las víctimas quedaron sometidas a algo parecido al hostigamiento. En tiempos, el ‘algo habrá hecho’ estuvo extendido en casi toda la sociedad, no solo en el ámbito que apoyaba a ETA. En realidad, fue lo políticamente correcto, imaginar que algún motivo aceptable tenía el terrorismo, dar por buenos los atentados. Durante mucho tiempo y en amplios sectores, no fue infrecuente la opción de ponerse en medio, trazar un imaginario en el que se ocupaba un lugar central y sacrosanto, desde cuyas lindes combatían los terroristas –equivocados, pero en defensa de los vascos– y quienes representaban la España opresora.

La crítica a ETA, cuando existió, fue más bien silenciosa y en la intimidad; no era de las cuestiones que se hablaban sin más con los recién conocidos. Suele decirse que durante los años de plomo la política desapareció de la conversación en los distintos grupos sociales, en las cuadrillas. No es del todo cierto. Hubo un sector que tuvo barra libre y la ejerció en todo momento. En cualquier lugar público un sujeto de la cuerda podía expresar, y solía hacerlo, cualquier barbaridad en apoyo a ETA, incluyendo comentarios jubilosos por un atentado o críticas a un secuestrado que no pagaba la extorsión. Hasta pudo oírse en los campos de fútbol «paga ya», «paga y calla», coreado por centenares de voces sin que el resto de la hinchada se horrorizase ni el club hiciera un amago de acabar con tal atrocidad. Eso sucedió, y hay una responsabilidad colectiva.

Se produjo una situación asimétrica: en los sitios públicos la libertad de expresión, si puede llamarse así a la intimidación, correspondió a un sector, el de los secuaces del terror. Hubiese sido una situación insólita que se les replicase en el bar, en las fiestas, en San Mamés, en los lugares de la socialización. A nadie le gusta que le llamen facha, mucho menos con las implicaciones que el término tenía en el País Vasco. Sus amenazas resonaban en sitios de natural pacíficos, hacían eco en los festejos, las calles, los campos de fútbol, a veces en los patios de los colegios, entre los grupos de estudiantes en los campus. Se admitió como normal el matonismo político.

Y, enfrente, el silencio: durante mucho tiempo. Este ambiente significó una colaboración pasiva con el terrorismo. Le dio alguna legitimidad, en la medida que no se la negaba expresa y rotundamente. Para que resonase alguna contundencia hubieron de pasar muchos años. Para que se generalizasen las condenas sin matices, décadas.

Con el tiempo, y con la socialización del sufrimiento por la que optó ETA, sectores crecientes fueron repudiando al terrorismo. Aun así, buena parte de la sociedad vasca quedó en la comodidad moral y estética, en el «estamos contra el terrorismo y por la libertad de los vascos», una asociación característica y perversa cuyas secuelas nos siguen castigando.

La clave de la lucha social contra ETA residió (y reside, todavía existe la bicha) en negarle ninguna legitimidad política al terror: esta postura fue ganando terreno, pero sería discutible que llegase a ser una opinión mayoritaria. Por lo común el nacionalismo sostuvo que el terrorismo tenía alguna justificación de este tipo, que era una especie de agente político más. Hasta el final subsistió la idea de que ETA tenía detrás motivos fundados, aunque su práctica fuese condenable.

En lo que se llama ahora la política de pacificación, de límites indefinidos, da la impresión de que se busca el mantenimiento de esa equidistancia histórica entre víctimas y victimarios. Algo así como mantener el recuerdo de las ‘virtudes’ que tuvo mirar para otro lado.

¿Se busca legitimar a posteriori el equidistanciadismo propio del País Vasco de los años de plomo? Asistimos a la recepción por el lehendakari de familiares de terroristas, oímos al secretario de Paz y Convivencia del Gobierno vasco banalidades sobre el periodo del terror que hablan no del terrorismo sino de «todas las vulneraciones del derecho a la vida», saliéndose por la tangente. Conclusión: se promueve una memoria histórica basada en las actitudes comprensivas con ETA o en verse crucificado entre los dos ladrones, en histórica y lamentable frase. ¿Se quiere que quede la idea de que el terrorismo era una especie de responsabilidad compartida, con muchas culpas de las víctimas?

Pero eso no tiene nada que ver con la mentada pacificación, sino con ensalzar las posturas históricas que al respecto tuvo el nacionalismo moderado, cuyo rechazo al terrorismo, cuando se produjo, fue compatible con la comprensión. Esta se prolongó mucho en el tiempo, si es que llegó a acabarse, que ahora se diría que no. La idea de que el terror tenía propósitos políticos aceptables implicaba darle cierta razón. Estuvo presente en todo momento. Paradójicamente, se diría que ahora no se quiere condenar drásticamente el terrorismo ni los desastres éticos que generó, sino perpetuar la memoria de esta comprensión fatal. Mirar hacia otro lado, incluso a título póstumo.

Si lo que llaman proceso de pacificación consiste en atender a las víctimas y a quienes las causaron como las dos partes de un conflicto imaginario, apaga y vámonos. La memoria de la equidistancia, además de ser perversa, legitimaría las iniquidades de una sociedad que dejó hacer y que sería incapaz de arrepentirse del silencio incluso después. Para este viaje no hacen falta alforjas: ni viaje.

“El islam es un arma de destrucción masiva”
René Marchand.  Minuto Digital  9 Marzo 2015

Discurso de René Marchand, Roma, 28 de febrero 2015, en la manifrestación contra la islamización y la inmigración ilegal

“Si, estamos en guerra. El islam nos la ha declarado hace 14 siglos y el conflicto sólo ha cesado temporalmente cuando hemos podido contener nuestro agresor o lo hemos dominado. Y quiero recordaros que en el derecho islámico, toda paz definitiva con los no musulmanes está prohibida. Sólo se permiten treguas,
para darle a los musulmanes tiempo para maniobrar o recuperar sus fuerzas.

Lo que está en juego en esta guerra, tal como Alá lo ha dejado dicho para toda la eternidad en su Corán, no presenta ambigüedad alguna: es la esclavitud de nuestros pueblos, seguido del aniquilamiento de nuestra civilización y su reemplazo por el islam. Queda claro: es Europa o es el islam. O sea: nosotros o ellos.

El conflicto actual que estamos viviendo se distingue de todos los precedentes por una característica que lo vuelve particularmente peligroso. Ciertamente, las armas hablan, en varios lugares del mundo, y es de temer que cada vez hablen más y causen cada vez más víctimas a tenor de los acontecimientos recientes. Por primera vez, el enemigo dispone de varios millones de miembros en el interior de nuestro territorio, millones de hombres y de mujeres que son mobilizables en todo momento, en medio de los cuales actúan cada día sus propagandistas, sus topos, sus comisarios poloíticos, sus soldados, en definitiva: lo que se llama una quintacolumna.

¿Y cómo ha logrado esta invasión? Gracias a la complicidad activa o pasiva de colaboradores, traidores a su civilización: las seudo-élites.

No voy a exponer aquí una historia que todos conocemos. Quisiera solamente insistir en el hecho de que los colaboradores han entregado a nuestros enemigos un arma extremadamente poderosa, perfectamente adaptada al terreno, que manejan con una gran habilidad y que les ha permitido ganar númerosas victorias. Si les dejamos manejarla como lo han hecho hasta ahora, podemos decir sin rodeos que nos han vencido desde ya, y Europa será musulmana antes del fin de este siglo.

Esta arma de destrucción masiva ese resume en una sola palabra: religión.

“El islam es una religión”, dicen. Y asentimos. Incluso añadimos, estúpidamente: “Una religión como las demás. En realidad, uno de los tres monoteísmos nacidos en el Próximo Oriente, una religión hermana de nuestro cristianismo, casi una variante de una misma fe”. Escuchemos a nuestras “élites”, en las asambleas parlamentarias, en los medios, en las iglesias, los templos y las sinagogas, en las logias masónicas. Todos dicen lo mismo: “El islam es una religión”. Y se detienen ahí. Para ellos, el islam no es más que una religión. No quieren ver, ni oir ni saber.

Esta frase es más peligrosa que todas las kalashnikovs de la chusma criminal que tenemos entre nosotros, más peligrosa que los cinturones explosivos de los aficionados a la vírgenes post-morten, más peligrosa que todos los tanques del Estado Islámico, más peligrosa que todos los dólares de la corrupción de los Estados petroleros.

Miremos las cosas de cerca. ¿Qué es una religión para un europeo de este siglo? Es una fe que pertenece al terreno de la esfera privada, más algunos ritos prácticos, un culto que no interfiere en el espacio público. Pero el islam no puede ser definido según estos criterios. El islam es una fe, pero también es otra cosa muy diferente. Es un derecho, es decir: un conjunto de principios y normas que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya aplicación puede ser impuesta de manera coactiva. Es un derecho que no hace distinción entre lo profano y lo sagrado, entre lo privado y lo público, que pretende regentar los pueblos y también la vida de cada individuo hasta el más íntimo de sus actos, de la manera de vestir hasta su comportamiento en el retrete. Es una ideología y un sistema totalitario, y más totalitario que lo fueron nunca el fascismo y el comunismo que nunca fueron tan lejos en el formateo, el control y la vigilancia de las personas.

Y no nos equivoquemos: para un musulmán el término “totalitario” es enaltecedor. Toda la vida de un creyente debe estar sometida a Alá, a las órdenes de Alá tal y como se han dado a conocer a través del Corán, eterno como Alá y las palabras de su mensajero, el “hermoso modelo” consignado en los hádices, que con el Corán son las únicas fuentes de la ley musulmana, la sharia, reconocida en los 57 países de la Organización para la Cooperación Islámica.

Ese totalitarismo es expansionista: Alá exige que todos los pueblos sean sometidos a su ley y que toda religión o civilización se someta o desaparezca. Y el deber más sagrado de todo creyente es obrar para alcanzar esa meta. La guerra es uno de los medios a los que el creyente puede recurrir. Por guerra hay que entender tanto la lucha armada cuando las tropas de Alá estén en situación de fuerza, o mientras tanto la astucia, la mentira, la disimulación, la taqiyya.

Eso es el islam, y ningún erudito serio dirá lo contrario. Y menos todavía ninguno de los grandes ulemas de los 57 países de la Organización para la Cooperación Islámica.

¿Entonces quiénes pretenden que el islam no es más que una religión? Primero los europeos. Por comodidad, por cobardía. Muchos piensan que la religión islámica acabará por perder vigor, como la cristiana, y desaparecerá. Piensan: las iglesias se vacían, las mezquitas acabarán por conocer la misma situación. Para los religiosos, en franca retirada, el islam aporta, piensan ellos, un refuerzo en materia de fe y vida espiritual. Por otro lado, los topos de la islamización manejan este concepto de islam/religión con una habilidad y un cinismo que deberían sublevarnos.

¿Qué hacen esos topos de la islamización? Nos recuerdan nuestros grandes principios de civilización: la tolerancia, la apertura a los demás, el amor del prójimo, la libertad de conciencia, etc… En consecuencia, presentan sus demandas, que nosotros aceptamos estúpidamente. Piden “lugares de culto” y les ofrecemos mezquitas, como si las mezquitas fueran el equivalente de las iglesias. Y en esos bastiones avanzados de su conquista, hacen propaganda, adoctrinan, mobilizan sus combatientes para imponer su totalitarismo. ¿Saben ustedes cuál es el nombre de mezquita más extendido en Francia? Al-Fatah: la Conquista.

Los topos de la islamización piden capellanes en nuestros ejércitos, nuestras prisiones (siendo que no existe en el islam nada equivalente a capellán) y se los damos, en realidad les ofrecemos en bandeja propagandistas, “comisarios políticos” que captan nuevos adeptos para el islam real, el único islam conforme a los dogmas, el islam conforme al Corán, el islam totalitario, expansionista y guerrero.

Y en nombre de la libertad y de la igualdad, que el islam rechaza en todas partes y desde siempre, autorizamos a los agresores a que abran escuelas, les dejamos exhibirse con sus ropajes, manifestar con las banderas de su ejército, les ofrecemos nuestros platós de televisión, nuestras empresas… Y les cedemos todo esto con la mejor de las voluntades a los que manejan con nosotros el palo y la zanahoria. El palo es el chantaje de la amenaza del riesgo de disturbios masivos, de “intifada” a gran escala. En Francia, el incendio de coches se ha convertido en un rito permanente para recordar a los políticos que deben ser “amables” con el islam, si no…

La zanahoria, es el voto. En Francia, Hollande ha sido elegido presidente de la República gracias al voto de más del 80% de los musulmanes. Una de las primeras cosas que ha hecho como presidente ha sido facilitar las naturalizaciones de los inmigrantes musulmanes.

Así pues, detrás de la palabra “religión”, el islam avanza en su conquista. La prioridad absoluta es desenmascarar ese engaño. En Francia la cosa es teóricamente sencilla. Las relaciones entre la República y las religiones está definida por una ley votada en 1905. Esta ley, en su primer artículo dice: La República garantiza la libertad de conciencia. Pues bien, el islam rechaza la libertad de conciencia.

Tres pruebas entre otras muchas:

Un musulmán no puede abandonar el islam. Es el crimen de apostasía, castigado con la muerte.
Un hijo de musulmán será obligatoriamente musulmán, y sometido a la misma obligación de permanecer musulmán toda su vida.

Una mujer musulmana no puede casarse con un no musulmán.

Por lo tanto la prueba está aportada: el islam no puede beneficiarse del estatus y de los privilegios de una religión. Por lo tanto, no más mezquitas, no más escuelas, no más exhibición del islam en nuestras calles, no más carne halal, no más “concesiones razonables”… En nuestra tierra tenemos nuestra civilización. Los demas la aceptan o se marchan, así tiene que ser.

Urge redefinir jurídicamente el totalitarismo islámico y al mismo tiempo hay que decir que ese totalitarismo es nuestro enemigo. Y eso lo más claramente, lo más oficialmente y lo más rápidamente posible. Eso para evitar un conflicto catastrófico.

Repito: nada será posible si persistimos en aceptar el engaño del islam/religión y si no tenemos el valor de decir que el islam es un totalitarismo que nos hace la guerra. Quiere nuestra muerte. Es nuestro enenmigo.

Vivivmos las primeras fases de una guerra mundial. El deber de todos los hombres amantes de la paz es poner lo antes posible un término a su mecánica infernal, a lo que los estrategas llaman “la subida a los extremos”.

Debemos resitir, por nuestra supervivencia y nuestro honor. Resitir hasta la liberación, hasta la Reconquista. y en esa resistencia, encontraremos la fuerza de un nuevo Renacimiento de Europa.

Acabaré con un mensaje de esperanza. La guerra del islam contra Europa, la hemos ganado ya, porque hemos ganado la reina de las batallas: la batalla de la opinión. En todos nuestros países, los pueblos rechazan el islam. han comprendido el peligro mortal que representa. Cuando los gobernantes traicionan a los pueblos, estos se dejan engañar un cierto tiempo, pero reaccionan siempre y son ellos los que ganan la partida. Nuestros pueblos de Europa expulsarán el islam de nuestra tierra, de nuestra casa.

¡Viva Europa!”

“Yihad arqueológica” del Estado Islámico
JESUS ASIAIN. Minuto Digital  9 Marzo 2015

El grupo yihadista Estado Islámico (EI) saqueó y destruyó este domigno la ciudad antigua de Dur Sharrukin, actual Jorsabad (norte), capital de Asiria durante parte del reinado de Sargón II (722 – 705 a.C.), en el cuarto ataque a sitios arqueológicos del norte de Iraq desde finales de febrero.

Tal y como hicieron el sábado en la ciudad de Hatra, los yihadistas utilizaron excavadoras para arrasar esta ciudad antigua, antes de robar muchas de sus antigüedades, informó una fuente de las fuerzas de seguridad de la provincia de Nínive, en el norte de Irak, donde se encuentra la localidad destruida.

En una nueva pérdida irrecuperable de su patrimonio, Iraq ha visto esta vez cómo han desaparecido importantes vestigios como el palacio del rey asirio Senaquerib, hijo de Sargón II, según informó a Efe la presidenta de la Comisión de Turismo y Antigüedades de la gobernación de Nínive, Balqis Taha.

Los yihadistas destruyeron además el palacio del propio Sargón II, quien designó a Dur Sharrukin como capital de Asiria en el año 717 a.C, precisó la fuente de las fuerzas de seguridad. La ciudad continuó como capital hasta dos años después de la muerte del monarca, cuando fue de nuevo Nínive la designada.

Otros edificios y templos también fueron arrasados por los radicales en esta ciudad, hoy conocida por el nombre de Jorsabad y ubicada 15 kilómetros al noreste de Mosul, capital actual de la provincia de Nínive y controlada por los yihadistas desde el pasado mes de junio.

Con este ataque de hoy, los extremistas han continuado su particular “yihad” arqueológica que iniciaron a finales de febrero con la destrucción de importantes piezas del Museo de la Civilización de Mosul, algunas de la cuales databan de la época asiria (siglos VIII y VII a.C.).

Entonces, un vídeo difundido por internet mostró cómo los yihadistas destruían con grandes mazos y taladros decenas de estatuas de un valor histórico y cultural incalculable.

En las imágenes, uno de los extremistas justificaba sus actos de vandalismo asegurando que los pueblos de la antigüedad adoraban a ídolos “en vez de a Alá”.

Además, señalaba que el propio profeta Mahoma destruyó en la ciudad de La Meca figuras de ídolos locales. La directora general de la Unesco, Irina Bokova, pidió entonces una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para abordar la protección del patrimonio cultural de Irak. Algo que todavía no se ha producido.

Días más tarde, fue la ciudad asiria de Nimrud la que fue arrasada por los yihadistas.

Tras este ataque, el jefe de la diplomacia estadounidense, John Kerry, pidió “respeto y protección” para el patrimonio de Siria e Irak. Ayer, le tocó el turno a la milenaria localidad de Hatra, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Los yihadistas arrasaron con grandes excavadoras monumentos arqueológicos como el palacio, el templo y la muralla interna de esa ciudad de 2.000 años de antigüedad.

Todos estos ataques al patrimonio iraquí han provocado la reacción del Gobierno de Bagdad, que ha levantado la voz contra la comunidad internacional y criticado su ayuda en la lucha contra el grupo extremista.

Hoy, el ministro iraquí de Turismo y Antigüedades, Adil Shashab, dijo en declaraciones a los periodistas que “la relajación de la respuesta internacional a los grupos terroristas ha causado la destrucción de las antigüedades iraquíes”. Además, el ministro recordó su reciente llamamiento al Consejo de Seguridad de la ONU para que organice una reunión extraordinaria sobre la destrucción del patrimonio iraquí.

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España / el genocidio etarra
«Nuestra verdad justifica la eliminación de los enemigos»
p. muñoz / j. pagola / madrid ABC 9 Marzo 2015

Un informe de la Guardia Civil remitido al juez, dentro de una querella de Dignidad y Justicia contra ETA por crímenes de lesa humanidad, detalla la estrategia de medio siglo de terror

Con el asesinato de Ordóñez ETA inició su ofensiva para liquidar a los concejales constitucionalistas

«A la legalidad hispana o gala anteponemos nosotros la vasca con plástico (explosivo) y metralleta, precedidos y acompañados por toneladas de propaganda». Así se pronunciaba ETA cuando en la década de los sesenta diseñó la estrategia dirigida a liquidación física y territorial del adversario. Sus perversos objetivos constan en un informe de la Benemérita aportado a la Audiencia Nacional, dentro de la querella por delitos de genocidio y lesa humanidad presentada por Dignidad y Justicia contra los cabecillas «Txikierdi», «Antxon», «Peio el Viejo», «Pakito» y «Ternera». Se pretende extendar la investigación a los integrantes de las sucesivas cúpulas etarras.

En el documento «Insurrección en Euskadi», ETA exponía las bases para ganarse el apoyo mayoritario de la población con el objetivo de iniciar una «ofensiva armada» progresiva que desembocara en un levantamiento en armas. «El apoyo de la población (de una parte al menos de ésta), al principio moral y luego material, debe ser el agua en la que el pez pueda desarrollarse, moverse y nadar a su gusto». Ello, aunque las adhesiones fueran producto del miedo: «Para empezar, este sostén moral debe consistir en no oponerse, en no ser hostil a nosotros. Luego hará falta que simpaticen; primero unos pocos y luego que esto se generalice. A continuación será necesario que nos admiren (...). Finalmente, que nos apoyen activamente (una mayoría) y que nos respeten y teman el resto (...).

Según el citado manual, «el militante de ETA lucha como el antiguo cruzado, por una idea, por una verdad, la nuestra: liberación radical de Euskadi y de sus pobladores. Para nosotros, al igual que para el cruzado del siglo X, la suya, nuestra verdad es la verdad absoluta, es decir, verdad exclusiva que no permite ni la duda ni la oposición y que justifica la eliminación de los enemigos virtuales o reales. Somos intransigentes en nuestra idea, en nuestra verdad, en nuestra meta esencial...».
«Objetivo militar»

Y desde esa intransigencia, para ETA «un maestro de escuela que enseña a nuestros niños y jóvenes en lengua extranjera prohibiendo y castigando el uso de la nacional, está actualizando la opresión en este campo concreto. Y del mismo modo un policía, un inspector de Hacienda, un guardia municipal, un capitán, un periodista, etc, son, aunque en grado distinto, instrumento de opresión...». Así, para la banda, todos estos colectivos, que no tienen encaje en su modelo exclusivo de independencia, son considerados como «objetivo de la acción armada». Esto es, liquidación física y territorial del adversario. Y, «cuánto más brutal, repentino y rápido sea el golpe (...) -establece el citado documento- tanto más probabilidades tiene de alcanzar pleno éxito».

El manual «Guerra revolucionaria» de ETA, diseñado en 1963, fracasó en su intento de lograr apoyo mayoritario y provocar una insurrección popular. De «guerra revolucionaria» la banda pasó al concepto «acción-represión-acción», con el que buscaba que sus atentados tuvieran respuesta indiscriminada del Estado contra el pueblo vasco para así desestabilizar al conjunto de España y provocar en la sociedad simpatías y adhesiones hacia los pistoleros.

Asesinato de alcaldes
El caso es que para generar terror, ETA, con el apoyo de su entramado político -MLNV-, buscaba la eliminación física (asesinato), el secuestro o el amedrentamiento (amenazas, extorsiones, presiones sociales y atentados dirigidos a provocar estragos materiales) de aquellos que no encajaban en el proyecto de los terroristas. Una perversa estrategia que se ha mantenido hasta el cese de la violencia. Genocidio en estado puro, como lo acredita, por ejemplo, la terrible campaña para eliminar a a alcaldes no nacionalistas, antes de las primeras elecciones municipales, con el apoyo de Herri Batasuna. . «Anunciamos que la campaña sería discriminada. Buena prueba de que ello se puso en práctica de este modo es los alcaldes que hemos ejecutado y aquellos otros que han venido a consultarnos y a los que hemos aconsejado continuar en sus puestos. Incluso se preguntó a las organizaciones de KAS si creían conveniente lanzar una campaña discriminada; Ehas y Laia (integradas en Herri Batasuna), parecieron favorables y la organización político-militar respondió que no sabía qué opinar. Es evidente que la campaña anti-alcaldes no se realizó al margen de las organizaciones políticas sino en coordinación con ellas (...)».

En otro documento, ETA advertía de que «se buscará atacar los principales pilares del Estado para hacer el mayor daño a los intereses del enemigo». Por ejemplo, «los que niegan los derechos de Euskal Herria y de sus ciudadanos»; «responsables políticos de la represión»; «Fuerzas armadas, policiales y represivas de España que influyan en Euskal Herria»; «los que atacan a los presos políticos»; «responsables que llevan a la reducción y hasta el agotamiento los recursos naturales de Euskal Herria»; «los que atacan el euskera, la Educación vasca y sus pilares populares»; «Administraciones del Estado que tienen como objetivo dividir Euskal Herria»; «Delatores, traidores, colaboradores, traficantes de droga y militantes fascistas»..

TV-3 necesita el castellano
RAMÓN DE ESPAÑA El Periodico  9 Marzo 2015

Periodista

Hace unos días, la diputada del PP Marisa Xandri propuso la creación de un canal de TV-3 en castellano, aduciendo que sería todo un detalle para ese más del 50% de la población catalana cuya lengua materna es el español. Evidentemente, la cosa no prosperó. TV-3, se dijo, tiene la misión sagrada de proteger el catalán y, además, ya se sintonizan en Catalunya un montón de canales que emiten exclusivamente en castellano. Esas explicaciones resultarían razonables si TV-3 fuese una televisión pública más o menos normal, pero en su condición de aparato de agitación y propaganda del Régimen, la nostra debería tomarse en serio la propuesta de la señora Xandri, aunque con unas intenciones opuestas a las suyas.

Con todos los canales en catalán, lo único que logra TV-3 es predicar a los conversos. A los que hay que captar es a los desafectos que no sintonizan la nostra ni que los maten y someterlos a la misma intoxicación masiva de la que ya disfrutamos el resto. Es muy fácil informar del procés a un público cautivo, pero la causa requiere un esfuerzo especial, aunque para eso haya que hablar la lengua del opresor. Yo pondría de director de ese nuevo canal al baranda en jefe de Súmate, Eduardo Reyes, que es nuestra versión bufa de los míticos Lord Chow Chow y Rosa de Tokio. Tampoco sería el primer tipo sin talento ni estudios que ocupa un despacho en Sant Joan Despí. Y si no se aclara mucho, se le ponen unos asesores consensuados entre CiU, ERC y la CUP y aquí paz y después gloria.

Con un canal en castellano, TV-3 haría llegar sus noticias más impactantes a gente que ahora las ignora. Pienso en mi asistenta-que lleva deslomándose desde los 14 años, cuando llegó a Barcelona desde su pueblo sevillano-, a la que le encantaría saber que Carme Forcadell y Muriel Casals han sido premiadas por el alcalde Trias en su condición de mujeres trabajadoras, una información que nunca le facilitará Tele 5. TV-3 ha dejado escapar una ocasión de oro, entorpeciendo así el proceso hacia la independencia. Que sepan los señores Duart y Sallent que ya figuran en mi lista de enemigos de Catalunya.

Artículo en 'El País'
Las diez diferencias entre UPyD y Ciudadanos, según Rosa Díez
Explica en qué se diferencia su partido del de Albert Rivera, al que acusa de haberles engañado cuando negociaron una posible alianza
Redacción www.lavozlibre.com 9 Marzo 2015

Madrid.- La líder de UPyD, Rosa Díez, publica este lunes un artículo en el diario ‘El País’ en el que expone las diferencias que hay entre su partido y Ciudadanos, formación que no para de crecer en las encuestas y con la que exploraron una posible alianza electoral y finalmente no llegaron a ningún acuerdo.

Bajo el título ‘Diez diferencias entre UPyD y Ciudadanos’, Rosa Díez advierte previamente que lo que expone son “hechos políticos objetivos, no opinables” para después explicar qué actuaciones ha llevado a cabo su partido en contraste con el de Albert Rivera, al que además acusa de haberles engañado cuando negociaron el posible pacto.

Por su interés reproducimos íntegramente el artículo de Rosa Díez en ‘El País’ de este lunes 9 de marzo de 2015:

Para valorar con objetividad las diferencias y afinidades entre partidos lo mejor es atenerse a los hechos, valorar a los políticos por lo que hacen y no por lo que dicen. Me atendré pues a hechos políticos objetivos -no opinables- para señalar 10 diferencias significativas entre UPyD y Ciudadanos.

Ciudadanos nació en 2005 y lleva desde 2006 en el Parlamento de Cataluña. Intentó entrar en el Parlamento nacional en 2008 y fracasó. Intentó entrar en la Comunidad y en el Ayuntamiento de Madrid en 2011 y fracasó. Intentó entrar en el Parlamento Europeo en 2009 y fracasó. UPyD nació en 2007. En 2008 entró el Congreso de los Diputados y posteriormente en las instituciones europeas, autonómicas y municipales.

Para UPyD la regeneración de nuestra democracia no es un tema de moda: nacimos con ese objetivo y lo consideramos imprescindible para superar la crisis política, económica y social, y para devolver a los ciudadanos el control sobre la política. Veamos que ha propuesto Ciudadanos:

Corrupción: erradicar la corrupción es posible y necesario, como lo demuestra el ejemplo de los países más libres y desarrollados del mundo. De hecho, es una condición para que la economía y la democracia funcionen. UPyD ha rechazado entrar al reparto del CGPJ y ha presentado numerosas iniciativas para garantizar la independencia de la justicia y para mejorar las leyes de prevención. Ciudadanos no ha presentado ninguna iniciativa, pese a que su líder lleva nueve años en el Parlamento de Cataluña y pese a que esa Comunidad está particularmente afectada por esta lacra.

Saqueo: íntimamente unido a la corrupción está el saqueo de las instituciones y en particular la ruina de las cajas de ahorros. Ante la pasividad de la fiscalía, UPyD ha presentado 26 querellas contra los responsables y para que los estafados recuperen su dinero. Ciudadanos no ha hecho nada pese a que Cataluña ha sufrido como la que más el saqueo de las cajas y preferentes. Y sus responsables económicos (Conthe y Garicano) defienden que los preferentistas estafados “se aguanten”.

Transparencia: la transparencia es esencial para erradicar la corrupción y el llamado “capitalismo de amiguetes”. Pero la transparencia comienza por uno mismo y por eso, para no ser como los partidos viejos que han corrompido el sistema, hay que practicarla dentro del propio partido. UPyD ha conseguido la mejor calificación de todos los partidos evaluados por Transparencia Internacional, un 9. Ciudadanos ha sido calificado, por el mismo profesor y con el mismo examen, con un 3.

Empleo y economía: UPyD defiende desde el 2011 el contrato único indefinido para acabar con la injusticia y disfunciones del mercado laboral. La primera Ley de Segunda Oportunidad también es de UPyD, de 2012. También hemos hecho prioritarias la lucha contra el fraude fiscal, una reforma tributaria equitativa, una política energética seria y el apoyo a sectores emergentes innovadores, como la economía digital. Ciudadanos no ha propuesto cosas similares, aunque su líder lleva nueve años en el Parlament de Cataluña.

Modelo de Estado: nuestro modelo de Estado, insostenible e inviable por muchas razones, es uno de los principales problemas de España. Por eso UPyD defiende un modelo federal bien organizado, con amplia descentralización política, y que el Estado tenga competencias exclusivas para garantizar la igualdad de todos los españoles y que cuente con un sistema de financiación equitativo e igual para todas las CC AA. Ciudadanos defiende el modelo autonómico, el concierto económico vasco y el acuerdo navarro, y una financiación especial para Cataluña. O sea, que Rivera quiere que los ciudadanos que viven en Cataluña tributen diferente de los que viven en Andalucía. Privilegios, se llama eso.

Educación y sanidad: UPyD defiende que ambas sean competencias del Estado por razones de eficiencia, calidad e igualdad de derechos de los ciudadanos a la salud y la educación al margen del territorio en el que vivan. Defendemos que esté garantizado el derecho a elegir la lengua vehicular en las comunidades bilingües. Ciudadanos rechaza la transferencia al Estado de estas competencias, y excluye a los emigrantes “sin papeles” de la asistencia sanitaria universal, algo injusto y peligroso. Y en Cataluña defiende una “educación trilingüe” eludiendo el problema de la inmersión educativa obligatoria en catalán, que discrimina a los niños castellanohablantes.

Despilfarro administrativo: para reducir las duplicidades y el sobrecoste y acabar con los recortes sociales y financiar el empleo y la investigación, UPyD ha propuesto fusionar Ayuntamientos y suprimir las diputaciones, lo que aportaría un ahorro de 21.000 millones de euros anuales. Ciudadanos no ha propuesto nada en Cataluña durante los nueve años que su líder lleva de parlamentario.

Transfuguismo e imputados: UPyD ha conseguido tener cero imputados por delitos de corrupción y fraude gracias a normas anticorrupción obligatorias y estrictas. También rechazamos a los cargos públicos elegidos por un partido que se pasan a otro manteniendo su cargo. Ciudadanos tiene candidatos suyos encarcelados por corrupción, como el alcalde de Serranillos, Antonio Sánchez. Incluso un dirigente imputado por fraude fiscal, Jordi Cañas, ha sido recolocado como empleado de su delegación del Parlamento Europeo. Mediante el transfuguismo, Ciudadanos ha reclutado más de 300 concejales para sus siglas.

Modelo de partido: UPyD fue desde el principio un partido nacional. Por eso hemos rechazado crecer a base de fusiones con partidos locales y regionalistas, porque defendemos una misma posición política en toda España. Hemos cuidado la coherencia sabiendo que no se puede ser regionalista y defender la igualdad territorial, o ser laicos e islamófobos a la vez. Ciudadanos ha sido un partido regional catalán, pero no ha dudado en tratar de obtener poder buscando todo tipo de aliados: se presentó a las europeas de 2009 con la coalición eurofóbica ultraderechista Libertas y ahora suma a más de 21 partidos locales y regionalistas, varios inmersos en causas por corrupción o que gobiernan en coalición con el PSOE en Andalucía, o con el PP en la Comunidad Valenciana.

Cumplir las leyes: aunque en España se desprecie a menudo, la clave de la democracia está en la obligatoriedad de las leyes democráticas, iguales para todos. UPyD ha emprendido numerosas iniciativas judiciales cuando ha comprobado que el Estado incumplía su obligación de hacer cumplir la ley y proteger a los más vulnerables. Las denuncias de UPyD contra la Generalitat por prevaricación y otros graves delitos han sido aceptadas por la fiscalía y rechazadas por Ciudadanos.

Podría seguir señalando las diferencias que, hoy por hoy, han hecho imposible un acuerdo entre Unión Progreso y Democracia y Ciudadanos. Pero lo que verdaderamente nos separó en aquel momento fue su actitud. Confieso que nos engañaron; porque nosotros fuimos de buena fe a tres reuniones y ellos se negaron en redondo a darnos ningún tipo de información sobre cuestiones esenciales para explorar las posibilidades de un pacto. Entonces descubrimos que todo era una bien tramada operación de imagen. Sé que la imagen es importante; pero la política es algo muy serio, porque de cómo y de qué se haga depende la forma de vida de millones de nuestros conciudadanos. Sé también que para mucha gente resultó frustrante que no se lograra un acuerdo que parecía positivo para todos; pero mucho más frustrante hubiera sido que al día siguiente de unas elecciones comenzaran a aparecer imputados entre aquellos que fueron en “nuestras” listas. Nosotros no nos lo hubiéramos podido perdonar.

Esto es lo que hay. Pasarán las modas; pero el magenta seguirá siendo tendencia mientras los corruptos sigan gobernando y los estafados no hayan recuperado su dinero.

once años burlando la ley
Cataluña vuelve a omitir la casilla del castellano en la preinscripción escolar
esther armora / barcelona ABC 9 Marzo 2015

Varias fallos le obligan a ofrecer a los padres la posibilidad de elegir directamente la lengua de escolarización de sus hijos pero solo da atención individualizada

Cataluña lleva once años desoyendo las sentencias que le obligan a restablecer la polémica casilla lingüística en la preinscripción escolar, la que permite a los padres la posibilidad de elegir la lengua de enseñanza para sus hijos simplemente marcando una "x". Los tribunales han dado varios ultimátums a la Generalitat para que modifique el formulario y garantice a las familias el derecho a escolarizar en castellano a sus hijos en los primeros años de enseñanza, tal como avala la ley, y a que reciban más clases en esta lengua en la etapa de Educación Primaria (al menos un 25%). Sin embargo, su única oferta, y según ha precisado en varias ocasiones la consejera Irene Rigau "inamovible", es la atención individualizada.

Según ha podido comprobar ABC, el nuevo folleto de preinscripción para el curso 2015-2016, que ya puede consultarse en la web oficial del departamento de Enseñanza, sigue sin brindar a los padres la oportunidad de elegir de forma directa —marcando una casilla— la lengua en la que desean que sus hijos reciban la primera enseñanza. Desde 2005, el gobierno catalán omite la polémica casilla y solo da a las familias la opción de señalar en el formulario las lenguas que entiende su hijo.

Si los padres quieren que su hijo estudie en castellano, el gobierno autonómico se limita simplemente a proporcionar atención individualizada al alumno y siempre que previamente sus progenitores lo hayan solicitado presencialmente a la dirección del colegio. Esa petición vuelve luego a la consejería. Las familias no tienen otra opción que realizar ese peregrinaje, pese a que hay sentencias firmes que obligan al departamento que dirige Irene Rigau a escolarizar totalmente en castellano durante los primeros años de enseñanza a todos los alumnos que lo soliciten. Por lo que respecta a la etapa de Educación Primaria, las sentencias marcan que el alumno que pida más castellano reciba al menos un 25% de las clases en esa lengua pero no de forma individualizada sino junto a sus compañeros de aula. El período de preinscripción en Cataluña se abre hoy hasta el 17 de marzo.

Lluvia de fallos
Los padres no sólo no pueden marcar directamente —a través de una casilla— la lengua en la que quieren que sus hijos reciban la primera enseñanza sino que la Generalitat les dirige a la dirección del colegio a solicitar esa opción emprendiendo así una «larga y tortuosa peregrinación que hace que muchas familias se lo piensen antes de solicitar esta opción que les corresponde desde el punto de vista constitucional y legal», según ha denunciado Convivencia Cívica Catalana (CCC) en reiteradas ocasiones. Esta entidad llevó el año pasado ante el TSJC ese reiterado incumpliendo en la preinscripción. Según denuncia CCC, la Generalitat tampoco respeta la "vía en paralelo" que integran aquellos padres que optan por la vía Wert para pedir enseñanza en castellano para sus hijos, a los que el Govern deberá garantizarles esta salida subvencionándola en centros privados.

La lluvia de sentencias que obligan a restaurar la casilla lingüística en la preinscripción empezó en septiembre de 2004 a raíz de varias denuncias de padres. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña emitió un fallo el 14 de septiembre de 2004 que obligaba al Govern a preguntar en las hojas de preinscripción sobre la lengua materna de los alumnos. Un año más tarde, en noviembre de 2005, el mismo tribunal se pronunció en el mismo sentido, fallo que fue de nuevo obviado por la Generalitat. Tres años después, el 14 de mayo de 2008, otra sentencia del TSJC obligaba a instaurar explícitamente la casilla en la preinscripción, opción que ratificó el propio Tribunal Supremo (TS) en un nuevo fallo en diciembre de ese mismo año.

Sólo una sentencia del TSJC (de noviembre 2009) ha avalado el actual modelo de preinscripción, frente a cuatro que lo desautorizan. Incluso en una de las tres sentencias del Supremo de diciembre de 2010 —las que indican que debe darse al castellano el rango de lengua vehicular—, el alto tribunal señala que «el modelo actual de preinscripción debe preguntar por la lengua habitual a los padres o tutores de los niños preinscritos». La última sentencia del TS, de diciembre de 2013, avaló el derecho de una alumna a recibir toda su primera enseñanza en castellano (Educación Infantil). Debido al incumplimiento de la misma, tal como avanzó ABC en su edición del día 17 de enero de 2015 , la Generalitat tuvo que afrontar su primera y única condena: pagar 3.000 euros en concepto de los déficits que tuvo esta menor al negársele este derecho mientras estaba en Infantil.

 


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