AGLI Recortes de Prensa  Miércoles 15  Abril 2015

El gasto autonómico, una seria amenaza
Primo González www.republica.com 15 Abril  2015

Arrecian las críticas y las alertas de los organismos públicos y privados, nacionales y extranjeros, sobre el inquietante y descontrolado panorama financiero de las Autonomías españolas, todas ellas en déficit. El momento político es de lo más inoportuno para exigir prudencia en el gasto y preocupación por el equilibrio de las cuentas, ya que no han logrado cerrar unos presupuestos medianamente presentables en fases de crecimiento económico y en momentos de sosiego político, malamente lo van a lograr – ni siquiera intentar – ahora que la economía trata de salir de la fase de apremio y estrecheces y que la vida política acaba de entrar en fase convulsa, con citas electorales frecuentes, posibles cambios de Gobierno al frente de los entes autonómicos y tentaciones numerosas por parte de los Gobiernos salientes o en el poder para apurar hasta el último euro para tratar de arañar votos a la desesperada.

La muestra más palpable de que estamos ante un serio problema es el hecho de que las Autonomías tienen prácticamente vedado su acceso a los mercados de capitales y, de modo especial, al dinero que podrían recaudar en sus andanzas por los mercados exteriores. El único “banco” al que pueden arrimarse actualmente la casi totalidad de las Autonomías es el Estado. La temeridad de la mayor parte de los Gobiernos regionales ha llegado al extremo de que, aún con los mercados exteriores cerrados a cal y canto, no han modificado apenas sus políticas de gasto y siguen presentando déficits, que el Estado se encarga puntualmente de cubrir en una actitud que bien merecería una profunda reflexión.

La labor de las agencias de calificación (la última en alertar de ello ha sido una de las tres grandes, Fitch) está contribuyendo a clarificar un panorama que se presenta muy crudo, pero que amenaza con empeorar de forma acelerada tras las próximas elecciones autonómicas y locales.

Como consecuencia de la nula capacidad de las Autonomías de recurrir a la financiación exterior, a estas alturas del año 2015 la deuda que tienen estos entes territoriales está ya concentrada en un 50% del total en el Estado. Es decir, dado que no han logrado obtener fondos por otras vías, ha sido el Estado el que ha corrido con los gastos, con una parte sustancial de los gastos. Últimamente incluso con los gastos financieros, que el Estado ha condonado de forma graciosa, lo que supone algo más de 4000 millones de euros de ahorro para el conjunto de la financiación, es decir, gastos financieros que en condiciones de mercado habrían sido superiores en unos 4.000 millones de euros pero que a las Autonomías les saldrán gratis. Una envidia para las empresas, que verán sin duda horrorizadas lo mucho que cuesta conseguir un crédito y que ven cómo las autoridades autonómicas lo logran con facilidad y a coste cero, lo que adicionalmente constituye un incentivo para no preocuparse de controlar el gasto. No de extrañar que durante el último ejercicio fiscal trece de las diecisiete entidades autonómicas hayan incumplido los objetivos de límite de déficit que les había impuesto el Estado.

En algunos casos, el nivel de deuda supera ya lo razonable, como es el caso de Cataluña y Valencia (con más de 39.000 millones de deuda autonómica – prevista para finales de este año por la agencia Fitch – frente al Estado en el primer caso y con unos 28.000 millones de euros en el caso de Valencia).

Este descuadre colectivo, que sólo se sostiene sobre la base de una mal entendida tolerancia del Gobierno central (habrá que ver lo que sucede si hay cambio en el Gobierno del país tras las elecciones de finales de año), habrá de ser abordado de forma tajante y, a ser posible, con la mayor urgencia. En cuestiones de crédito, cuanto más tarde en ponerse en claro el horizonte, más difícil será luego ponerle remedio.

Floridablanca: un punto de encuentro para recuperar la política
Los españoles en su mayoría lo que queremos es poder disponer de nuestro dinero para ahorrar, invertir o donar, sin un intermediario gigante llamado Estado
Isabel Benjumea El Confidencial 15 Abril  2015

Recuerdo cómo un amigo “socialista de toda la vida” me confesó en un café, no sin cierta preocupación y sorpresa, que pensaba que se había vuelto de “derechas”. Le pregunté a qué respondía tal inquietud, y me contestó que había hecho el cálculo del coste real de su nómina y que cuando había visto lo que recibía por su trabajo y lo que se “quedaba” el Estado, sentía que trabajaba doblemente por el mismo salario: para el Estado y para su jefe. Se mostraba sorprendido y algo confuso, porque ahora resultaba que el “explotador” no era el empresario, sino el Estado. Las siguientes preguntas que le surgían eran: ¿por qué la carga impositiva es tan elevada si está demostrado que a menor carga impositiva mayor recaudación de ingresos?, ¿por qué no puedo elegir libremente a dónde van mis impuestos?, etc.

A partir de esa experiencia y de otras que compartimos entre los compañeros de Floridablanca, nos dimos cuenta de que los españoles en su mayoría lo que queremos es poder disponer de nuestro dinero para ahorrar, invertir o donar, sin un intermediario gigante llamado Estado, que pretende saber mejor que nosotros cuáles son nuestras prioridades. Comprendimos que los españoles creemos firmemente en la libertad, en el esfuerzo personal, en la igualdad de oportunidades y en que todos somos iguales ante la ley. Los españoles estamos orgullosos de nuestra patria, aspiramos a mejorar día a día y somos solidarios. Apostamos por los cambios que vienen acompañados de reformas y desconfiamos de los cambios que se inspiran en la ruptura.

¿Y si les digo que este ideario no es otro que el ideario liberal-conservador? Estoy segura de que más de uno se sorprendería o negaría con la cabeza rechazando esta “etiqueta”. Pues bien, nosotros creemos que toca romper tabúes y salir de lo “políticamente correcto”. Creemos que urge reivindicar estas ideas, principios y valores como lo que son, la base para las mejores políticas, para una España mejor. Rechazamos la falsa “supremacía moral” de la izquierda que nos impone su discurso como único discurso “moderno” y aspiramos a recuperar el espacio cedido en estos últimos años.

Floridablanca nace precisamente para suplir esta falta y estimular el debate de ideas: queremos recuperar la política con mayúsculas, y hacer propuestas basadas en el ideario liberal-conservador. Creemos que la política no consiste solamente en un mero ejercicio de buena gestión y comunicación, consiste en convencer, y si tú no convences, lo harán otros. Así que estamos para eso, para convencer, sobre todo a los jóvenes, de que nuestras ideas son las mejores para cada uno de nosotros y para nuestra sociedad. Estamos dispuestos a debatirlas, contrastarlas y demostrar que a todos nos iría mucho mejor si las lleváramos a la práctica.

No somos un think tank ni una fundación; somos un grupo de ciudadanos jóvenes con un proyecto: ayudar a que juntos pensemos y actuemos mejor. Aspiramos a ser un punto de encuentro que sume personas, ideas e invite a la conversación entre distintas generaciones. Para lograr esta tarea tenemos la enorme suerte de contar con un consejo asesor que nos aportan experiencia y sabiduría, y nuestras principales herramientas son nuestro blog (www.redfloridablanca.com) y la organización de encuentros y debates. Todo ello con un objetivo: aportar nuevas ideas, rescatar aquellas que demostraron ser útiles y valiosas y, cómo no, reivindicar su puesta en práctica.

*Isabel Benjumea. Cofundadora de Floridablanca. (@floridablanca_)

La Res Pública.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 15 Abril  2015

Hoy 14 de abril se conmemora el 84 aniversario de la proclamación de la II República. Mucho se ha escrito sobre aquellos años que dieron paso a una de las peores dictaduras de carácter militar padecidas en España con una guerra civil y millones de bajas en la población española. Muchos años para que sean muy escasos los testigos directos de lo que pudo ser y no fue. Pero lo cierto es que hoy, tras otros 37 años de régimen constitucional con un sistema de monarquía parlamentaria desquiciado e insolidario, un intento fallido (o no) de golpe de Estado y otro consumado pero no admitido en el mayor atentado terrorista producido en España, la vuelta de los partidos políticos con la creación de una casta política elitista y corrupta, estamos en una de las encrucijadas más inciertas cuyos caminos conducen casi todos irremisiblemente hacia la destrucción de la nación.

La “Res Pública” pervertida hasta hacerla irreconocible y transformarla en coto privado de desalmados, bandoleros de todo pelaje y escoria de la sociedad que no merecen ser llamados españoles. Un sistema conceptualmente mucho más democrático que esa cortesana monarquía por muy parlamentaria que se apellide. Porque al fin y al cabo, el que fue proclamado Rey de España lo fue por el anterior dictador y sus Cortes Generales, saltándose la legalidad de la sucesión dinástica hasta la abdicación del legítimo heredero de la Corona en su hijo. Un sistema monárquico encumbrado hasta la náusea por los graves sucesos del golpe de Estado real o ficticio del 23 de febrero de 1981, pero cuyo representante ha tenido más sombras que luces en su labor bien reflejada en una Constitución de apaño, “faena de aliño” en términos taurinos, con el resultado de haber obtenido un nada despreciable patrimonio por “sus servicios a la nación”.

Un sistema que se basa en la dinastía y en la que por desidia de los gobernantes de todos los partidos políticos que han desfilado por el Gobierno de España, han sido incapaces aún de no derogar la discriminación de la mujer sobre el hombre y fiándolo todo al capricho de la naturaleza y a la relación de pareja de los Reyes. De hecho, el actual Rey lo es gracias a esa discriminación por la que sus hermanas mayores no tuvieron ninguna oportunidad de acceder al trono. Un sistema en el que una Dinastía Real se perpetúa en un anacronismo insostenible e incompatible con los actuales sistemas democráticos. Al Rey y sus herederos no se les elige, su destino está marcado desde su nacimiento.

Es por eso y por otros muchos motivos por los que hoy sigo reivindicando el sistema republicano como exponente de lo que debe ser una verdadera democracia. La figura del Presidente de la República elegida libre y democráticamente por los ciudadanos para una serie de mandatos que pueden limitarse en el tiempo, no admite discusión salvo que sea por cuestiones menores que nada tienen que ver con el fondo de la cuestión. No es de recibo el querer desviar la atención sobre si el costo de uno u otro sistema es similar y que la Monarquía española es la más “barata” de Europa o si este sistema funciona en totros países de modo normal. La democracia no puede basarse en cuestiones tan banales y con argumentos tan burdos.

Tampoco admito el que se haga siempre referencia al fracaso del sistema de República porque ni son hoy aquellos días, ni la sociedad española tiene el nivel de pobreza, de sumisión y de incultura que la de entonces. Los españoles pese a todo hemos ido desarrollándonos y adquiriendo conciencia política más que suficiente como para poder discernir y decidir sobre nuestro futuro y sobre cómo queremos gobernarnos. La Constitución nunca puede ser usada como un bloque monolítico inamovible y perenne. Nada lo es y todo cambia y se adapta a los tiempos. Esa es una enseñanza de la misma naturaleza. Tenemos el derecho a pronunciarnos y terminaremos de un modo u otro por hacerlo, a pesar de la oposición de los que solo quieren el inmovilismo y que nada cambie, sobre todo su actual estatus de privilegio.

Desde aquí reclamo la República, libertad y democracia real para todos los españoles.

¿Cuál es la novedad en UPyD?
Almudena Negro www.vozpopuli.com 15 Abril  2015

Llegando casi al final de la crónica de una muerte anunciada, no podía ser de otra forma, resulta que los modos y maneras leninistas de la formación magenta de Rosa Díez, porque UPyD es Rosa Díez y ya está, parece acabaran de ser descubiertos por numerosas personas. Personas quienes hasta ayer elogiaban la “democracia interna” y el regeneracionismo que decían representaba el partido. En un Estado de Partidos. Tela. Empero, nada nuevo está sucediendo en UPyD. Lo que hoy se conoce, la expulsión de los disidentes, algunos de ellos llegados a última hora como Toni Cantó y otros militantes de toda la vida como Fernando Maura, no es nada nuevo ni debería sorprender.

Corría el año 2007 cuando un grupo de personas, casi todas ellas provenientes de la asociación cívica Basta Ya, decidieron fundar, después de alejar del proyecto a cualquiera que pudiera hacer sombra a Rosa Díez, la llamada Plataforma Pro, que serviría para impulsar el proyecto personal de la entonces aún diputada del PSOE. Atrás quedaba el Congreso de la histórica formación en que las bases, acaso en la peor decisión que han tomado en sus décadas de existencia, se decantaron mayoritariamente por el contador de nubes, José Luis Rodríguez Zapatero, dejándola a ella, quien acusaba al presidente del gobierno de “traicionar los principios del partido”, supurar por la herida. Sólo sacó 65 votos. Consumado el abandono de la histórica formación, Rosa Díez proclamó que seguía siendo socialista. En el conservador y madrileño Barrio de Salamanca, que nutrió de votos a UPyD, no se debieron de enterar. “Hay que aclarar a los ciudadanos que los partidos son de ellos, de los militantes y simpatizantes y no de quienes ganan los congresos”, decía Rosa Díez a mediados de agosto de 2007. Ven y cuéntalo. El cuento chino de la democraciainternadelospartidos como eterna excusa para proyectos personales que nada tienen que ver con la democracia. En eso están todos.

Sigamos. Creado el partido, después de una extraña reunión que tuvo lugar en la capital de España y a la que asistieron los entonces mandamases de UGT y CC.OO., Méndez y Fidalgo, fueron 127 las personas que conformaron el Consejo Político de UPyD. Entre ellos gentes como Albert Boadella, Mikel Buesa, Fernando Iwasaki o Fernando Savater. Dos años después, en 2009, más de 75 personas lo habían abandonado. En 2014 eran 105 las bajas. Hoy, queda menos de una decena. En defensa de Díez hay que decir que ella jamás quiso un partido de militantes y que jamás engañó a nadie. Los decepcionados querían creer.

Una vez logrado el objetivo, que era el escaño de la jefa en el Congreso de los Diputados, alcanzado con la ayuda de un sector del PP que veía en Díez una herramienta para, por un lado, frenar al PSOE, y por otro fastidiar a Mariano Rajoy, así como por un par de medios de comunicación con gran influencia entre el electorado del centro-derecha de esos que hoy se dedican a pelotear a los naranjas, la cosa no tardó en cambiar. La persecución de cualquiera que osara llevar la contraria a los dirigentes del partido, que siempre han sido los mismos tres, Díez, Gorriarán y Fabo, se convertiría en la tónica habitual, provocando la salida de centeneras de afiliados, muchos de ellos nuevos en esto de la política y que aún a día de hoy siguen profundamente decepcionados. En las elecciones vascas de 2008 en que Gorka Maneiro consigue su escaño, entre otras cosas por la generosidad de los Ciudadanos de Albert Rivera (Díez le devolvió el favor fichando con nocturnidad y alevosía a Antonio Robles, lo que provocó la salida de los militantes de UPyD en Cataluña y heridas entre ambas formaciones que nunca se han cerrado), quienes renunciaron a concurrir a los comicios y pidieron el voto para los magentas, se llegó al extremo de espiar lo que pudiera decir entre pegada y pegada de carteles alguna militante por su cercanía a la “disidencia”. Como en los mejores tiempos de la URSS, como hoy en Cuba. En Radio Inter, casi en solitario, lo contamos en su día.

El joven Valia Merino, quien osara presentar candidatura contra Rosa Díez en el I Congreso de la formación, acabó como era de esperar: expedientado y suspendido de militancia, como otras tantas decenas de militantes antes, durante y después. Ni que decir tiene que estos expedientes muchas veces se abrían para evitar la concurrencia a procesos de primarias y jamás se cerraban porque antes el expedientado abandonaba decepcionado la formación. La salida del profesor Mikel Buesa, a quien el hoy candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ramón Marcos, hizo la vida imposible, sólo era cuestión de tiempo. Acerca de la Fundación Progreso y Democracia, cuando el mensaje que se lanzaba a los ciudadanos es que se estaba en contra de este tipo de inventos, tiempo habrá de escribir.

Hoy, muchos de los que andan por ahí dándose golpes en el pecho fueron cómplices, cuanto menos con su silencio, de las purgas. Son peores que lo que denuncian. Porque se lo deben todo. De Irene Lozano a Clavet.

Lo sorprendente en algunos casos es que Ciudadanos --a medio plazo si cometen el error la factura será alta-- se apreste a acogerlos. Pero la memoria es muy corta; y la política, como es sabido, hace extraños compañeros de cama y más en un partido necesitado de cuadros. Cuidado.

Ciudadanos sí paga traidores
Fernando Onega La Voz 15 Abril  2015

Rosa Díez (UPyD) ha sido lenta, contra lo que podíamos esperar de ella, pero al fin reaccionó. Ayer, por fin, pasó a la ofensiva y decidió llamar por su nombre a los que abandonan su partido: tránsfugas. Hizo una excepción con Toni Cantó, que abandonó sus cargos por discrepancia con la dirección, pero sigue como militante y no se entregó a los brazos de ninguna otra fuerza política: un caballero, dijo la señora Díez, y le honra que sepa hacer esa distinción. Una cosa es la coherencia de quien discrepa, pero no se pasa a las filas del enemigo, y otra el que coge sus armas, atraviesa la trinchera y se pone a disposición de su adversario.

Eso en la guerra se llama deserción y merece juicio sumarísimo. En la paz se sigue llamando deserción y merece la condena de la opinión pública. En el mar es abandono del barco por las ratas. Y en política es transfuguismo, tan condenable que provocó un pacto entre partidos para evitarlo.

Al principio de producirse esa riada de fugas, la mayoría de los analistas nos quedamos en la superficie, seducidos por el espectáculo de la fácil destrucción de UPyD. La falta de reacción de Rosa Díez, abatida y sumida en la tristeza, no inspiraba otra cosa. El fracaso de la alianza con Ciudadanos parecía justificar la complacencia con que asistíamos a la ceremonia de hundimiento. Cuando las aguas parecen más serenas, se frena el goteo y UPyD muestra ganas de sobrevivir, se impone otro tipo de reflexión: lo siento muchísimo por quienes han ejercido de esa forma su libertad de afiliación, pero han hecho una ceremonia poco digna, dañina para quien les dio cobijo y seguramente perjudicial para Ciudadanos.

«Se van al sol que más calienta», dijo Rosa Díez, y es verdad. Su pase al enemigo coincide con las encuestas que vaticinan un crecimiento electoral de Ciudadanos. Se aceleró en auténtico aluvión cuando Andalucía demostró que la predicción se cumplía. Se fueron, por tanto, en busca de una oportunidad de medro personal. No estaban en UPyD por convicción, sino porque les ofrecía una oportunidad de trabajo. Cuando esa oportunidad se diluye, buscan un empleo con más garantías de fijeza. Alegan desde Ciudadanos que ellos no les han llamado, sino que los fugados llamaron a su puerta. Es igual: eso no cambia el resultado ni el diagnóstico; el transfuguismo no tiene más autor que quien lo practica.

Escribíamos aquí hace poco que Ciudadanos estaba siendo el coche escoba que recogía los desechos que iban quedando por el camino de los fracasos y los desencantos. Ese quizá sea su flanco más débil, más que su posición sobre el AVE. Que tenga cuidado Albert Rivera con las alfombras rojas que les pone: quien traicionó una vez puede traicionar muchas más.

La desfachatez de Chaves y Griñán debe colmar la paciencia del PSOE
EDITORIAL El Mundo 15 Abril  2015

Produce vergüenza que los españoles tengamos que soportar que entre nuestros representantes legítimos se sigan sentando los dirigentes bajo cuya responsabilidad política se desarrolló la desoladora trama de corrupción y despilfarro que proyecta a gran escala los peores males del caciquismo decimonónico andaluz en pleno siglo XXI. Hace tiempo que el PSOE carga con el baldón de mantener a Manuel Chaves y José Antonio Griñán como diputado y senador, respectivamente, para no tener que asumir los ERE como lo que cualquier ciudadano informado sabe que fueron: un sistema ideado para extraer una cantidad ingente de recursos públicos con los que comprar adhesiones políticas para el partido. Para ese destino se malversaron 855 millones de euros, distribuidos a libre discreción, de los que 141 se repartieron en chanchullos, conseguidores, comisionistas y premios en forma de prejubilaciones para arribistas bien relacionados con el poder. Las cantidades provocan escalofrío, tanto como bochorno causa la condescendencia de Pedro Sánchez y Susana Díaz con quienes ampararon, cuando no promovieron, esas prácticas.

Chaves declaró ayer como imputado en el Supremo porque era el presidente de la Junta de Andalucía cuando se tejió esa red destinada a alimentar las estructuras clientelares endémicas que tanto ayudan a sostener al PSOE al frente del Gobierno autonómico. Su descaro llegó al punto de negar que existiera «ninguna ilegalidad, ni siquiera ninguna irregularidad». Al menos Griñán tuvo la decencia de admitir que los ERE falsos fueron una «barbaridad», aunque rechazase haber tenido el más mínimo conocimiento de ellos cuando era consejero de Hacienda, lo que resulta increíble. Chaves eludió cualquier culpa y efectuó un relato inverosímil, kafkiano, según el cual el Gobierno andaluz sería un agujero negro en el que todo funcionaba bien, en el que no había «descontrol», pero en el que al mismo tiempo los consejeros no informaban a su presidente, ni lo hacían los «200 directores generales», con los que no hablaba, ni los diputados del Parlamento andaluz fueron capaces de detectar nada pese a que bajo sus pies se abría una brecha milmillonaria de la que se beneficiaba toda la flora que parasita la administración pública al servicio del PSOE.

No cabe mayor desfachatez. Es imposible que el presidente de Andalucía y su consejero de Hacienda no estuvieran al tanto de esa completa ausencia de control en la adjudicación de subvenciones que se prolongó durante más de una década y que llegó a provocar un déficit presupuestario de 100 millones de euros al año porque se dio más dinero del que había. Las intervenciones de Chaves y Griñán deben ser la gota que colme el vaso de la paciencia de Sánchez, sin hacer depender sus responsabilidades políticas de su encuadramiento en categorías procesales. El «cambio seguro» que el PSOE aspira a representar tendrá credibilidad o no dependiendo de su respuesta. Mañana se constituye el Parlamento autonómico y ni Podemos ni Ciudadanos van a apoyar a Díaz. Los dos ponen a la estabilidad institucional el razonable precio mínimo que les exigen sus electores: la cabeza de Chaves y Griñán, presupuesto para desterrar de Andalucía la cultura de la corrupción y mirar al futuro con esperanza. El PSOE también debería verlo así.

La desfachatez de Chaves
EDITORIAL Libertad Digital 15 Abril  2015

Un monumental ejercicio de hipocresía. Así puede y debe calificarse la declaración de Manuel Chaves ante el magistrado del Tribunal Supremo que instruye el caso de los ERE, Alberto Jorge Barreiro. Por un lado, el expresidente de la Junta ha cuestionado la existencia misma del monumental fraude: "Si hubo alguna persona que, a nivel individual, utilizó fraudulentamente los fondos, será la Justicia la que lo determine, así como si el fraude fue pequeño o grande", ha dicho. Por otro, ha manifestado que le resulta "muy difícil pesar que en diez años centenares de diputados no vieran nada ilegal".

Para empezar, la existencia de un delito no viene marcada por si ha pasado inadvertido por uno o por cien legisladores. Todo el mundo puede lamentar el largo tiempo en que se perpetró tamaña malversación de fondos públicos sin que nadie viera nada ilegal. Pero más lamentable es la ceguera, presuntamente voluntaria, de quien, como Chaves, era el máximo responsable de que dicha ilegalidad no se produjera, que a día de hoy todavía minimiza o incluso cuestiona la existencia misma del delito.

Por otra parte, conviene recordar que la juez Alaya considera acreditado que el Consejo de Gobierno presidido por Chaves conoció hasta tres informes de la Intervención General de la Junta de Andalucía en los que se alertaba claramente de un mal uso de los fondos públicos en numerosas empresas públicas. A pesar de que Alaya puso fecha a los días en los que se abordaron dichos informes (19 de abril de 2005, el 29 de agosto de 2006 y el 8 de mayo de 2007), Chaves se ha limitado a asegurar que no tuvo conocimiento de los mismos, sin hacer la más mínima consideración sobre por qué cree que se le ocultó tan relevante advertencia o por qué no hizo el menor reproche a sus subordinados por tamaña ocultación.

Resulta difícil de creer que una malversación de fondos que se eleva a centenares de millones de euros, y por la que han resultado imputados cientos de personas, no haya sido planificada ni sea el resultado de una corrupción institucionalizada, tal y como quiso hacer creer la semana pasada José Antonio Griñán durante su declaración ante el Supremo. Pero al menos Griñán no tuvo la desfachatez de cuestionar la existencia de lo que él mismo admitió que era "un gran fraude" y "una barbaridad".

La Justicia dictaminará, ciertamente, las responsabilidades penales de ambos expresidentes de la Junta. Lo que es un hecho es que ninguno de los dos ha asumido ninguna responsabilidad in vigilando. Y esto no lo borrará ninguna sentencia judicial ni ningún resultado electoral.

Narcochavismo
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 15 Abril  2015

Los datos, nombres, apellidos y cargos de los delincuentes venezolanos que blanqueaban dinero para la cúpula chavista en el BPA andorrano permitieron ayer a los lectores de EL MUNDO -la mala costumbre de no citar las exclusivas de otros medios ha impedido que llegue a más gente- asomarse a ese abismo de corrupción que es el gorilato venezolano, régimen que toman como modelo para España los comunistas de Podemos. Es cierto que Podemos ha sido alimentado por el PP para vendernos a Rajoy como único antídoto, pero también ha sido aupado por unos medios empresarialmente arruinados e ideológicamente envilecidos que fingen no saber que las dictaduras comunistas son piélagos de esa corrupción de la que dicen querer sacarnos los podemitas. Lógico: no van a decirlo los que aplauden la rendición de Obama y la UE ante la dictadura de los Castro, los grandes simios que tomaron por modelo los gorilas rojos venezolanos. También para forrarse.

"Dalí diría que la única diferencia de los Castro, Chaves y Maduro con los Pujol es que todos hablan español"

Recordemos que la llamada 'Cuenta del Comandante' en Suiza ha convertido a Fidel -según 'Forbes' y los tesoreros castristas- en uno de los hombres más ricos del mundo. Todo por la revolución, claro, y por si acaso hacen algo los enemigos del régimen, el imperialismo yanqui, etc. Como en Cuba no hay petróleo, el dinero abundante para las aventuras militares en África o simplemente para la vida regalada de los gerifaltes castristas sólo puede provenir del narcotráfico. Y no han faltado teóricos progresistas para justificarlo. En las FARC, protegidas por el castrismo y el chavismo, llegó un momento en que nadie podía negar que vivían del narcotráfico, así que llegaron los politólogos bolivarianos a explicarnos que la coca era un arma sucia pero necesaria contra el imperialismo. Lo que no decían es que los pobres colombianos rechazaban tozudamente el paraíso castrista, de ahí que sus liberadores tuvieran que dedicarse al narcoterrorismo. Recompensa a tanto sacrificio y precio de tanto sacrificado es el derecho revolucionario a una narcocuenta en el extranjero. ¿Y dónde? En Andorra, como los Pujol.

Dalí diría que la única diferencia de los Castro, Chaves y Maduro con Pujol es que todos hablan español. O sea, que no hay diferencia. Y no quiero pensar -aunque si no se explica es difícil no hacerlo- que los 700.000 euros de Monedero para Podemos provengan de ahí. Del narcoahí.

Andalucía
Chaves, el político que no quería 'delincuir'
Pablo Molina Libertad Digital 15 Abril  2015

Manolo Chaves. Un personaje. Desde el clan de la tortilla hasta nuestros días, cuarenta años contemplan al socialista andaluz, la mitad de los cuales los ha pasado dirigiendo su comunidad autónoma con el éxito por todos conocido. Llegar a la presidencia de una región y dejarla 20 años después en el furgón de cola de Europa en todos los indicadores de desarrollo exige una disciplina que no está al alcance de cualquiera. Solo un socialista de la talla de Chaves podía llevar a cabo proeza semejante, y ahora sólo queda por ver si Susana Díaz es capaz de superar a sus maestros en esta empresa de depauperación colectiva que es la Junta de Andalucía, algo que en principio no debemos desechar. Hechuras ha mostrado ya de sobra.

En el ocaso de su vida política, Manuel Chaves se enfrenta a una acusación formal por el caso de los ERE fraudulentos, un sistema para desvalijar las arcas públicas ideado, puesto en marcha y ejecutado cuando él presidía la Junta. 855 millones de euros es una estimación modesta del robo perpetrado por este concepto, a lo que hay que sumar el latrocinio de los fondos europeos para cursos de formación que, como el Gordo de Navidad, ha estado también muy repartido. Ahí ha trincado hasta el Tato, que en Andalucía es afiliado a la Pesoe y militante de la UGT, la manera más fácil de vivir a costa del presupuesto.

A su salida del Tribunal Supremo, Chaves ha vuelto a insistir en que sus gobiernos no cometieron ningún acto ilegal. No ha llegado a repetir aquello de que él no creó una asociación para delincuir, pero se sobreentiende. Conociendo un poco al personaje, después de tantos años en el telediario, es probable que no se haya enterado de que la acusación que pesa sobre él es por haber consentido (como mínimo) que centenares de millones de euros de los fondos públicos fueran repartidos a los amiguetes sin ningún control administrativo. Es decir, lo que siempre ha ocurrido con el socialismo pero a lo bestia, después de treinta años haciendo prácticas en la misma comunidad.
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En cualquier otra institución, el responsable de haber provocado un agujero semejante habría sido destituido de todos sus cargos. Los socialistas, en cambio, esperarán a que haya una condena en firme y entonces, y sólo entonces, pedirán a Chaves educadamente su acta de diputado, no sin antes organizarle el correspondiente homenaje público. Eso si hay condena, que todavía puede salir libre de cargos y los contribuyentes igual acabamos teniendo que indemnizarlo.

Podemos
Además de rojos, cursis
Carmelo Jordá Libertad Digital 15 Abril  2015

Qué habrá sido de aquellos recios obreros dispuestos a partirse la cara –y abrir unas cuantas cabezas, ya de paso– en una huelga o una manifestación; de los revolucionarios capaces de dar su propia vida –y muchas ajenas– por el triunfo de la clase obrera; de los dirigentes que ordenaban sin inmutarse la muerte, ora de un compañero de partido, ora de una molesta población de unos cuantos miles empeñada en estorbar los planes quinquenales.

No, no es que me parezca bien el grado de salvajismo y la violencia extrema con la que la izquierda más radical se ha venido comportando en medio mundo –básicamente, allí donde ha podido– en los últimos 150 años, pero uno casi lo echa de menos al ver el grado de cursilería que es capaz de alcanzar nuestra actual siniestra, que ha cambiado la garrota y el AK-47 por el ripio fácil, la frase hecha y la lagrimita siempre colgando, que es una cosa muy de cocodrilos.

Una faceta de este fenómeno ya la analizó con singular brillantez Santiago González en su espléndido Lágrimas socialdemócratas, la mejor crónica de cómo el "desparrame sentimental" del zapaterismo servía, mal que bien, para ocultar la inanidad ideológica de aquel nuevo PSOE que nos tocó sufrir.

Ahora, como casi todo, el virus ha infectado a la izquierda más allá de los socialistas, y son los líderes de Podemos –no en vano hijos putativos de ZP– los que descuellan especialmente en esto de emocionarnos no sólo con sus libros sino en cada discurso, en todos los párrafos de sus artículos y tuit a tuit.

Al igual que a la hora de hacer informes monetarios y declaraciones de Hacienda, el mejor en esto es Juan Carlos Monedero: el autor del famoso "Orinoco triste paseándose por mis ojos" daba esta semana "voz de acantilado" a un muerto para que hablase con otros muertos, porque además de cursis estos neorrojos son muy necrófilos. El hombre escribe de una forma tan almibarada que le tengo dicho a un amigo diabético que no se le ocurra leerle nada, no sea cosa que le de un jamacuco con tanto azúcar sentimental.

Como a las folclóricas, a estos rojos cursis todo les sale de muy adentro, en cada frase parece que nos regalan un pedazo de su alma y uno les ve vivir con una intensidad que en cualquier momento pueden estallar o simplemente levitar. A mí me dan un poco de pena: debe de ser muy difícil vivir con el peso de tanta preocupación, tanta empatía y tanta solidaridad con todos y cada uno de los miembros de la raza humana… menos los de la casta, claro.

Porque al final yo me malicio que toda esta intensidad es lo que hoy en día se conoce como postureo, y en el fondo Monedero ni tiene un Orinoco en los ojos –qué molesto sería, por cierto–, ni sabe qué voz tiene un acantilado ni es tan distinto de los rojos de la checa de toda la vida; con la diferencia, eso sí, de que si estos se ponen a dar paseíllos, vamos a estar deseando que nos apiolen con tal de dejar de escuchar tanta gilipollez.

SOBERANISMO DE MEZQUITA
IGNACIO CAMACHO. ABC 15 Abril 2015

EN una novela de Vázquez Montálbán publicada a finales de los años noventa aparecía la imaginaria creación de un servicio secreto catalán como un chusco delirio nacionalista. Bien, pues ahí anda ya el embrión perfectamente serio del cuerpo de espías de la Generalitat junto a las embajaditas de la señorita Pepis y otra serie de clones orgánicos que la hoja de ruta soberanista llama «estructuras de Estado». La ingenuidad del constitucionalismo español siempre creyó que la réplica a escala de la Administración estatal aplacaría el ímpetu soberanista sin comprender que se trataba de dejar construido el entramado institucional para, llegado el momento, saltar a la orilla de la independencia de un grácil saltito como el del capitán Sparrow. El tozudo designio de la secesión se ha ido edificando sobre presuntas quimeras tenazmente ejecutadas por un insaciable nacionalismo.

En aquella ficción novelesca, el izquierdista Montalbán mostraba su lúcido agnosticismo frente a la creencia de las patrias mediante burlonas fantasmagorías que han terminado revelándose ciertas en el abracadabrante universo secesionista. Sólo falta la de la pigmentación artificial que permitiese identificar por el color de la piel la diferencialidad catalana. Pero el plan de autosuficiencia rupturista se está cumpliendo en términos que alucinarían, de seguir vivo, al creador del detective Carvalho. Entre ellos la invención de un pasado histórico a medida patente en el discurso de Mas ante el foro ministerial del Mediterráneo, la participación en extravagantes plataformas internacionales y hasta el intento de creación de un proletariado propio. Ésta es la clave de la reciente simbiosis entre los soberanistas radicales y los círculos islámicos: el fomento de una nueva clase inmigrada sin contaminar de españolidad y fácilmente integrable a través de la inmersión lingüística y cultural en la realidad paralela catalana.

El pujolismo desconfió siempre de la inmigración latinoamericana, reacia a aprender el catalán por contar «de serie» con una herramienta común de entendimiento. Sus herederos han detectado en el colectivo musulmán un potencial aliado con el que articular una masa crítica de «nuevos catalanes» susceptibles de incorporarse sin problemas a la soberanía en ciernes. El apostolado independentista no da puntada sin hilo; todo ese coqueteo con la trama asociativa islámica pretende blindar el «proceso» y darle cohesión social mediante la suma de los cuatrocientos mil magrebíes a la nación en marcha. Se trata de la construcción de un tejido soberanista a base de un elemental quid pro quo: integración (ayudas) por apoyo a la causa. Una lógica de consecuencias demenciales que sin embargo encaja en el gran dislate de la emancipación. Veremos a imanes predicando la secesión en las mezquitas. Tampoco se iban a diferenciar mucho de ciertos fundamentalistas autóctonos.

El pacto educativo

Xavier Pericay ABC 15 Abril 2015

Uno ya sabe, para qué engañarse, lo que cabe esperar del cumplimiento de un programa electoral. Pero, aun así, su lectura sigue siendo recomendable, pues permite hacerse una idea más o menos cabal de las inquietudes del electorado al que van dirigidas sus propuestas. En este sentido, cuanto más amplio sea ese electorado, más consistencia deberían tener esas propuestas, aunque sólo fuera porque responden a un sentir mucho más general. Tal vez por ello, en la pasada campaña de las elecciones al Parlamento andaluz me llamó la atención que tanto el Partido Socialista como el Popular –las dos fuerzas que acaparaban por entonces la gran mayoría de los sufragios– coincidieran en reclamar un pacto educativo. Y que lo mismo hicieran dos formaciones aspirantes a entrar en la Cámara autonómica, Ciudadanos y UPyD. Es verdad que ni Izquierda Unida, con representación parlamentaria, ni Podemos, a la que todos los sondeos pronosticaban una importante presencia en el Parlamento futuro, como así ha sido, hablaban de pactos educativos. Pero, si bien se mira, tampoco resultaba sorprendente. Para llegar a acuerdos, o como mínimo para intentarlo, hay que aceptar primero las reglas del juego democrático, y no parece que ninguna de estas dos fuerzas políticas esté por la labor de hacerlo.

Por supuesto, que ello ocurriera en Andalucía tampoco era casual. Según el último informe PISA (2012), esta Comunidad tiene el triste honor de figurar en el furgón de cola español –junto a Extremadura, Murcia y Baleares– en lo que al rendimiento académico de nuestros jóvenes quinceañeros se refiere. Pero una cosa es que la educación fuera una preocupación para quienes aspiraban a gestionar la cosa pública en Andalucía, y otra muy distinta que la solución al problema debiera pasar por un pacto educativo. O, en otras palabras, por un acuerdo entre las partes a fin de enderezar el rumbo de la enseñanza en la Comunidad y superar de una vez por todas la inestabilidad que conllevan los constantes cambios legislativos y las políticas que de ellos se siguen.

Llegados a este punto, conviene precisar un par de aspectos. Cuando hablamos de pacto, y por más que hayamos tomado como ejemplo las recientes autonómicas andaluzas, nos referimos por igual al que puede llegar a establecerse en una Comunidad cualquiera dotada de competencias para legislar –Andalucía en este caso– que a uno que afecte al conjunto del Estado, esto es, a un pacto de Estado. Al fin y al cabo, y por seguir con PISA, el nivel educativo de los jóvenes españoles continúa estando por debajo de la media de la UE y muy por debajo de la OCDE, es decir, de la de los países económicamente desarrollados. Y en cuanto a la tasa de abandono temprano de la educación y la formación, si bien ha ido reduciéndose en los últimos años, permanece a años luz de los estándares europeos –según los indicadores del Ministerio de Educación, en 2013 era de un 23,5%, cuando el límite fijado por la UE para 2020 es de un 10%–. Existen, pues, razones más que suficientes para tratar de ponerle remedio, con pacto de Estado o sin él.

El segundo aspecto que conviene precisar es el de las partes. O sea, qué se entiende por partes cuando hablamos de educación. Antes, la enseñanza, y en particular la pública, era cosa de maestros y profesores. O sea, de enseñantes. Ahora es cosa de la llamada comunidad educativa; a saber: enseñantes, psicopedagogos, equipos directivos, asociaciones de padres de alumnos, sindicatos docentes y estudiantiles, y hasta personal administrativo. Sobra añadir qué clase de acuerdos pueden salir de ese batiburrillo de intereses, capacidades y pareceres. Claro que por encima de esos agentes educativos –así se les llama hoy en día en la jerga del sector– se hallan en teoría nuestros representantes políticos, que son, en definitiva, quienes terminan legislando y velando por el cumplimiento de esa legislación.
Y si esos representantes aspiran a alcanzar algún día un pacto de Estado de Educación deberán resolver ante todo una serie de disyuntivas, por cuanto, de no hacerlo, cualquier intento de acuerdo será baldío. La primera es la que se plantea entre libertad e igualdad o, si lo prefieren, entre calidad y equidad. En las tres últimas décadas el dilema se ha resuelto a favor del segundo de los elementos.

 Admitamos que era necesario, que las condiciones de la enseñanza pública en España después de una larga dictadura y, en especial, tras la prolongación de la escolaridad obligatoria hasta los 16 años así lo requerían. Pero en estos momentos si de algo carece nuestra enseñanza es de calidad. Basta echar una ojeada de nuevo a PISA 2012 para convencerse de ello. Así como en equidad estamos prácticamente en la media de la OCDE, en calidad nos hallamos bastante por debajo de ese mismo promedio. Esa primera disyuntiva, pues, debe solucionarse devolviendo al esfuerzo y al mérito, esto es, al cultivo de la inteligencia, un lugar primordial en la escala de valores de nuestro sistema de enseñanza.

Un segundo dilema que habrá que afrontar es el del profesorado. Habrá que decidir, en efecto, si los maestros y profesores deben seguir teniendo ese papel vicario que les ha sido asignado en el conjunto de la llamada comunidad educativa o si, por el contrario, deben recuperar su función cenital, esa «auctoritas» que jamás deberían haber perdido. Lo que comportaría, por cierto, dotarles de una formación tan adecuada como exigente.

Yla tercera y no por ello menos importante disyuntiva es la que afecta a las competencias educativas. Consiste en decidir si hay que dejarlas, como hasta ahora, en manos de las Comunidades, o si hay que devolverlas al regazo del Estado. Entre otros motivos, por la permanente deslealtad que los gobiernos nacionalistas de algunas Comunidades tienen para con el Estado del que forman parte.
Sin la previa resolución de esas disyuntivas, cualquier intento de pacto de Estado estará condenado al fracaso. No del pacto en sí, que acaso pueda alcanzarse, sino de su objeto: el rescate de la educación en España, y su consiguiente y apremiante mejora.
Xavier Pericay, escritor.

En la muerte de Galeano
Las mentiras abiertas de América Latina
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 15 Abril  2015

Ha fallecido Eduardo Galeano, cuyo ensayo Las venas abiertas de América Latina (Siglo XXI, 1971) fue el libro de cabecera de miles de jóvenes que empuñaron las armas y murieron con la convicción de estar luchando por un mundo mejor, libre de injusticias, cuando en realidad eran los títeres de un tenebroso proyecto totalitario. Galeano sobrevivió a sus prosélitos y siguió empeñado en aumentar, con nuevas cruzadas antisistema, el largo recuento de cadáveres. Ya me ocupé del tema en "Coquetearon con el enemigo" (LD, 6/12/2011).
Intelectuales necrófilos

Con el crudo cinismo característico de los intelectuales necrófilos que se jactan de haber sembrado con sus mentiras las semillas del odio para que otros vayan a matar y morir en nombre de la revolución, confesó, durante un salón literario en Brasilia (El País, 5/5/2014):

No volvería a leer Las venas abiertas de América Latina, porque si lo hiciera me caería desmayado. No tenía los suficientes conocimientos de economía ni de política cuando lo escribí. (…) Para mí esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no la aguantaría. Sería ingresado en el hospital. (…) No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada.

Quienes no superaron la etapa fueron sus lectores muertos, de los que el instigador se desentendía y, para colmo, tanto el libro como su autor han perdurado como guías de dictadores tercermundistas y de militantes alucinados.

En el capítulo final de este libro de Galeano aparece, precisamente, la convocatoria que movilizó a sus compatriotas tupamaros y a otros protagonistas de la subversión continental, que el autor jaleó desde su segura residencia en España:

La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social. Para que América Latina pueda nacer de nuevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país. Se abren tiempos de rebelión y de cambio.

Dato significativo: el libro se abre con una embestida contra los planes de los países desarrollados para divulgar, entre las familias pobres de los subdesarrollados, los métodos de control de la natalidad que son de uso corriente en la clase social a la que pertenecen los Galeano y muchos otros progres habituados a experimentar en cuerpo ajeno. Para ellos, la explosión demográfica, con sus secuelas de miseria y hambre, es el medio apropiado para renovar sus contingentes de carne de cañón a medida que la represión aniquila a los veteranos. Los mecanismos mentales tortuosos de Galeano quedan al descubierto cuando escribe:

Los dispositivos intrauterinos compiten con las bombas y la metralla, en el sudeste asiático, en el esfuerzo por detener el crecimiento de la población de Vietnam. En América Latina resulta más higiénico y eficaz matar a los guerrilleros en los úteros que en las sierras o en las calles.

Su admirado psicópata
Galeano estaba obviamente obsesionado por la exhortación que formuló el Che Guevara en el que sería su testamento político, el "Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental":

¡Crear dos, tres, muchos Vietnam más! ¡Esa es la consigna!

Para exhibir, a continuación, las heces de su pensamiento sádico:
El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de los límites naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar.

Galeano publicó en El País (8/10/1987) un extenso artículo hagiográfico sobre su admirado psicópata, en el que cita la opinión de la madre de este, Celia de la Serna:
Celia, que tanto se le parecía, le tomaba el pelo por intolerante y fanático. Ella me dijo que él actuaba movido por una tremenda necesidad de totalidad y pureza. Así se convirtió en el más puritano de los dirigentes revolucionarios occidentales. En Cuba era el jacobino de la revolución. "Cuidado que viene el Che", advertían los cubanos, bromeando pero en serio. Todo o nada, agotadoras batallas ha de haber librado este refinado intelectual contra su propia conciencia, tentada por la duda; con rigor de monje o de guerrero iba conquistando certidumbres de hierro.

Adulación servil
A la veneración por la figura savonarolesca de aquella eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar, la acompañaba la adulación servil de la dictadura castrista (El País, 20/2/1983):

Yo estuve en Cuba como periodista y escritor; fui jurado del premio Casa de las Américas. Tuve la suerte de ver la revolución en diferentes etapas. El largo viaje de la euforia a la responsabilidad. No comparto en absoluto la actitud de quienes se sienten ahora estafados por la revolución, la cual ha dejado de ser una aventura romántica para convertirse en una cotidiana aventura de desafío a la realidad. (…) Para mí la revolución cubana sigue siendo lo que era: un proceso de cambio, de transformación permanente. La revolución es siempre diferente a sí misma. En el curso de muy pocos años pienso que ha mostrado que la lucha contra la humillación y la pobreza es posible, y que aun en las condiciones más adversas es posible también el milagro de echarse a andar con las propias piernas.

Y tras los fusilamientos del general Arnaldo Ochoa Sánchez, condecorado como Héroe de la Revolución, del coronel Tony de la Guardia y de otros dos oficiales tras una parodia de los juicios estalinistas de Moscú, sentenció Galeano:

Y por lamentables que hayan sido los fusilamientos en Cuba, al fin y al cabo, ¿deja por ello de ser admirable la porfiada valentía de esta isla minúscula, condenada a la soledad, en un mundo donde el servilismo es alta virtud o prueba de talento? ¿Un mundo donde quien no se vende se alquila?

Felizmente insertado en el clan de revolucionarios privilegiados, que disfrutan de cátedras y de imperios multimedia desde donde pueden divulgar sus sofismas, con la recompensa extra de algún premio de postín, Eduardo Germán María Hughes Galeano (su nombre completo) fue un típico representante de la casta que despotrica contra la sociedad abierta al grito de "¡Armémonos y vayan a luchar!".

Cuando los bárbaros están en las puertas de nuestra civilización, no es la hora de escribir necrológicas amables sobre quienes les han allanado el camino.

Hace falta mantener la presión hasta que Irán firme un acuerdo nuclear sin trampas
Editorial El Mundo 15 Abril  2015

España fue ayer el primer país occidental que visita el ministro de Exteriores de Irán tras el histórico preacuerdo nuclear alcanzado con las potencias del 5+1, lideradas por EEUU. Y de Madrid se lleva el respaldo de su homólogo García-Margallo, quien defendió que, si se sella el pacto definitivo de aquí al 30 de junio -fecha límite fijada-, el levantamiento de las sanciones impuestas por la UE y la ONU debe ser "inmediato". España ocupa ahora uno de los puestos no permanentes del Consejo de Seguridad y de ahí la importancia de su posición. Ésta es la gran reivindicación de Teherán y el auténtico escollo, toda vez que el resto de las asperezas se han limado tras dos años de ardua negociación. Porque EEUU mantiene una actitud mucho más cautelosa y quiere condicionar el fin del embargo a que Irán demuestre antes el cumplimiento estricto del plan. Pero el líder supremo persa, Alí Jamenei, fue tajante la semana pasada: "No habrá acuerdo si nada más ser rubricado no se eliminan las sanciones". Obama tiene una patata caliente, ya que la firmeza en este punto de Irán y la postura flexible de la UE dejan a Washington con un margen de maniobra muy limitado.

De hecho, sin esperar siquiera al pacto final, Moscú ya ha empezado a amagar con desvincularse de las sanciones y ayer mismo levantó unilateralmente el veto al suministro de sistemas de misiles antiaéreos S-3000, provocando la indignación de sus socios del 5+1 (EEUU, Francia, Reino Unido, China, Rusia y Alemania) y un gran nerviosismo en Israel, que recela del acuerdo con un país que ni reconoce su derecho a existir como Estado. "Un régimen que se basa en el Apartheid [a los palestinos] necesita ser eliminado", declaró ayer sin empacho Zarif en Madrid, un lenguaje belicista intolerable, máxime en un diplomático.

Lo cierto es que a estas alturas a todas las partes les urge el acuerdo nuclear. Para Obama supondría el mayor logro en política exterior de su mandato y una contribución fundamental al apaciguamiento del avispero de Oriente Próximo. Porque detrás del empeño de la Casa Blanca en un pacto que garantice que Irán no accederá a la tecnología para fabricar la bomba atómica está el objetivo de disuadir a sus principales rivales -sobre todo Arabia Saudí- de que intenten también ingresar en el club atómico. Un Oriente Próximo nuclearizado sería una amenaza incontrolable para la paz y la seguridad mundiales. Pero Teherán, a su vez, no puede desperdiciar esta oportunidad histórica. Las sanciones han estrangulado la economía persa y han limitado a más de la mitad su capacidad exportadora -sobre todo de petróleo-. Dado que la presión internacional está siendo eficaz, cabe esperar que no se produzcan fisuras en el G 5+1 en la antesala de un acuerdo que debe ser inequívoco y ofrecer las máximas garantías a Israel, que tiene lógicos motivos para sentirse amenazado.

Oriente Medio
Cada vez son más los críticos del acuerdo con Irán
Max Boot Libertad Digital 15 Abril  2015

El presidente Obama pretende que todo el que se oponga al acuerdo nuclear que se quiere alcanzar con Irán es un belicista, pues la guerra sería la supuesta consecuencia de no alcanzarlo. Pero es difícil lanzar esa acusación contra algunos críticos que han hecho oír su voz en los últimos días.

En el Wall Street Journal, los exsecretarios de Estado George Shultz (artífice del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio suscrito con la URSS) y Henry Kissinger (artífice del Acuerdo de Limitación de Armas Estratégicas con la URSS y de la apertura a China) han cargadocontra el pacto buscado por Obama. Han advertido de que no sólo va a ser extremadamente difícil ejecutarlo, también de que es altamente improbable que vuelvan a imponerse las sanciones incluso si se pilla a Irán haciendo trampas:

Irán está en condiciones de violar el acuerdo por decisión propia. [Pero] restituir las sanciones más efectivas precisará de una acción internacional coordinada.
La consecuencia de estas negociaciones, advierten, será el fortalecimiento regional de Irán y una carrera nuclear en Oriente Medio:

Para los Estados Unidos, una década de restricción de la capacidad nuclear iraní es un lapso probablemente esperanzador. Para los vecinos de Irán, mediatizados por una rivalidad milenaria, es un anticipo de una cotidianidad aún más peligrosa. Es probable que algunos de los actores principales de Oriente Medio vean a Estados Unidos dispuesto a conceder capacidad nucleares militares a quien consideran su peor amenaza. Muchos de ellos pedirán, cuando menos, capacidades equivalentes. Arabia Saudí ha dicho que se apuntará a esa lista; otros parecen dispuestos a seguir sus pasos. En este sentido, las repercusiones de la negociación son irreversibles.

También en el WSJ, Aaron David Miller (uno de los principales asesores de Bill Clinton en lo relacionado con las negociaciones de paz entre Israel y los palestinos) es aún más duro: "Lo que sabemos ahora", escribe, "sugiere que los mulás se han llevado la mejor parte". "Estados Unidos ha pasado de tratar de desmantelar un supuesto programa nuclear militar a imponer una serie de limitaciones [al mismo]", explica. "Un tanto para los mulás".

Para cuando se llegue a un acuerdo definitivo, el derecho de Irán a enriquecer uranio y a disponer de una infraestructura nuclear podría ser validado por una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Eso sería otra victoria para los mulás.

Por último, Miller apunta:
Es alucinante que el presidente de los Estados Unidos proteste por las tremendas declaraciones del señor Netanyahu sobre los árabes israelíes y no arremeta contra Teherán por sus violaciones de los derechos humanos.

También en el Journal, William Galston (pensador demócrata e igualmente exasistente de Bill Clinton) no se pronuncia totalmente en contra del acuerdo, pero propone reforzarlo en el sentido que defiende el Gobierno israelí, entre otros, y que Obama seguro rechazará. También escribe:

Muchos de nuestros aliados tradicionales en Oriente Medio temen estar siendo sacrificados a la aspiración del Sr. Obama de alcanzar un logro histórico con la República Islámica. Obama debería tranquilizarlos reforzando las garantías americanas de seguridad, prometiendo presencia americana militar de largo plazo y actuando con más firmeza contra la injerencia iraní en los asuntos internos de otros países (…) Y, finalmente, la Administración Obama debería relajar su oposición al posible veto del Congreso a un acuerdo final.

Cuando se le preguntó sobre el artículo de Kissinger y Shultz, lo mejor que pudo hacer la portavocía del Departamento de Estado fue describirlo como "un montón de grandes palabras y grandes pensamientos", como si eso fuera una crítica. (¿Prefiere esta Administración las palabras y los pensamientos pequeños?). ¿Qué piensa la Casa Blanca de Shultz, Kissinger, Miller y Galston? ¿Son también neoconservadores belicistas? ¿O simplemente es posible que sean centristas razonables que tienen graves reservas hacia las inauditas concesiones que está haciendo el presidente a un régimen que tiene por eslogan "Muerte a América"?

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