AGLI Recortes de Prensa   Sábado 18  Abril 2015

¿A quiénes benefició el “no rescate de España”?
LUCIO A. MUÑOZ www.gaceta.es  18 Abril  2015

En España, un país en el que nuestra corrupta y mediocre partitocracia enterró tanto a la meritocracia como a Montesquieu hace más de tres décadas, la casta bipartidista puede llevar a cabo cualquier atrocidad político-económica, y edulcorar la misma mediante mentiras, sin tener que responder por ello política y judicialmente ante los ciudadanos.

El caso del “no rescate global del Reino de España” (debemos diferenciarlo del bochornoso y corrupto rescate financiero), como tantos otros casos, es paradigmático, tanto en cuanto el Gobierno ha convertido el mismo en una de sus principales bazas electorales para tratar de convencer a los españoles de los beneficios que le ha supuesto a España no ser rescatada.

Para ello y evidentemente, el PP está constantemente lanzando un eslogan mediático y político-electoral basado en que España evitó el rescate gracias a las políticas económicas del Gobierno y a la confianza que las mismas aportaron en su momento a los mercados.

Y como no podía ser de otra manera, el Gobierno no ha contado la verdad al respecto y, por supuesto, tampoco se le han exigido responsabilidades de ninguna índole por ello. Al igual que al Gobierno anterior de ZP, que fue el que dejó a España en quiebra.

En relación con lo anterior, la primera mentira del Gobierno de Rajoy es atribuirse la autoría de salvar a España de ser rescatada. Puesto que realmente quien evitó el rescate fue el presidente del BCE, Mario Draghi, adoptando a tal efecto las denominadas “políticas expansivas de barra libre”, cuyas consecuencias, entre otros factores, han llevado a nuestro país a lograr el actual récord de deuda pública, y que tendrán que pagar (o no, por ser impagable), las nuevas generaciones.

Y el segundo engaño por parte del Gobierno del PP consiste en poner en funcionamiento una política de comunicación institucional dirigida a los españoles y basada en el siguiente mensaje: “El rescate de nuestro país hubiera supuesto un empobrecimiento masivo de todos los ciudadanos”.

En este sentido y para desmontar tal argumento, es vital diferenciar a los españoles que les ha favorecido que España se librase del rescate y, por el contrario, a los que les ha perjudicado el no rescate de nuestro país.

Teniendo en cuenta que el principal objetivo que la Troika exigió a España fue transformar nuestro déficit en superávit (de tipo primario, es decir, sin contar los intereses de la deuda), podemos deducir que si el FMI, el BCE y la CE nos hubieran rescatado, habría sido a costa de reducir el tamaño del Estado y, por ende, eliminando el improductivo y corrupto gasto público-político.

Tanto es así, que un rescate de España hubiera supuesto despedir a cientos de miles de parásitos sociales que viven plácida y corruptamente en la Administración, gracias a la deuda pública y a los impuestos del resto de los españoles, y entre los que se encuentran políticos con puestos duplicados e innecesarios, asesores (familiares y amigos) que no asesoran, liberadísimos sindicales, empleados públicos sin oposición y enchufados por los partidos políticos (o con una oposición corruptamente diseñada a medida), etc.

Porque en general, el rescate de España hubiera significado liquidar o, al menos, reducir ostensiblemente las subvencionadas estructuras político-administrativas y clientelares de la “Administración paralela” de cada una de nuestras autonomías y ayuntamientos.

Debido a estos motivos, el rescate de España suponía atentar contra la corrupta partitocracia y todas sus redes clientelares, que son la base sobre la que se sustenta el verdadero poder de los dos principales partidos políticos españoles.

Consecuentemente, y una vez desenmascarados a los beneficiarios del no rescate de España, los auténticos damnificados de que España no fuera rescatada son los parados, los pensionistas, las pymes, los autónomos en todas sus modalidades, los empleados del sector privado y, también, aquellos funcionarios con oposición legalmente ganada que han sufrido los recortes y la reducción de las prestaciones públicas promovidas por los dos últimos gobiernos.

Si España hubiera sido rescatada, estos últimos colectivos probablemente habrían sufrido las mismas calamidades socioeconómicas a corto plazo y en función de los super recortes que la Troika hubiera puesto en marcha. No obstante, a largo plazo y a consecuencia de la reducción drástica de la Administración, provocada por el supuesto rescate, hubieran disfrutado de una menor carga fiscal y, por supuesto, de un nivel adquisitivo y de calidad de vida mucho más alto.

Además, el rescate de España habría reducido tanto nuestro déficit como nuestra deuda y, todo ello, habría acelerado la creación de empleo productivo por parte, sobre todo, de pymes y autónomos.
En definitiva, Rajoy y su gobierno prefirieron endeudar a los españoles de por vida y, paralelamente, adoptar una política fiscal abusiva y confiscatoria, antes que pinchar la búrbuja político-administrativa y clientelar que está arruinando a España a marchas forzadas.

Si verdaderamente el Gobierno de Rajoy evitó el rescate de España, en realidad, a quienes salvó fundamentalmente fue a la casta & asociados. Pero, sin embargo, a millones de españoles los ha hundido en la miseria.

ZP y Rajoy han convertido a España en un país todavía más parasitario de lo que ya era antes de los desgobiernos de estos dos nefastos presidentes (los peores de nuestra antidemocracia), en el que el sector público-político parasita al privado.

Elecciones de castigo e inestabilidad nacional
Pablo Sebastián. Republica.com 18 Abril  2015

Por más que el caso de Rodrigo Rato sea espectacular por notoriedad y trayectoria del personaje, caza mayor o pieza destacada, la reina, en un tablero de ajedrez, los problemas del PSOE con sus dos alfiles, Chaves y Griñán, no son menores sino equiparables y puede que incluso peores porque en el caso de los ERE estamos hablando del atraco público a los fondos del paro de la Junta de Andalucía. El partido de la corrupción está, al día de hoy, empatado entre el PSOE y el PP y apenas falta por ver que dicen los tribunales y si las tres piezas salen definitivamente del tablero.

Lo que sí está claro es que Rato, Chaves y Griñán van a aumentar el voto de castigo al bipartidismo en estas elecciones del 24 de mayo, lo que de confirmarse podría tener consecuencias severas para Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, los que probablemente deberán someterse al refrendo de sus respectivos partidos en meses posteriores. Sánchez por fuerza ante las primarias del PSOE y Rajoy, mal que le pese, por obligación si el batacazo del PP es comparable al desastre reciente de su partido en Andalucía.

Lo grave de esta perspectiva, que empieza a dibujar en el horizonte de las elecciones de mayo con un severo castigo al bipartidismo, es que España desde esos comicios de mayo hasta los generales de fin de año o primeros de 2016, se quedará empantanada y en una situación de interinidad que no será ni mucho menos buena para nadie y peor aún para la recuperación del paro y la economía del país.

Y a no descartar que esa inestabilidad política -por más que al PP aún les queden seis meses de gobierno con mayoría absoluta- se extienda a todo lo largo y ancho del territorio nacional por causa de dificultades notorias a la hora de formar gobierno en una gran mayoría de ayuntamientos y en las 13 autonomías que entran en esta convocatoria electoral de mayo.

Sobre todo si, como parece y lo anuncian las encuestas, ‘el cuarteto’ del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos se confirma en los resultados de mayo, poniendo fin al bipartidismo de la transición. Cosa que, visto lo ocurrido estos días con los grandes casos de corrupción, resulta plausible porque el voto de castigo aumentará contra PP y PSOE y a favor de nuevos partidos como Podemos y Ciudadanos.

Y si el castigo es muy grande ya veremos cual el orden que los cuatro partidos ocuparan, de mayor a menor, porque podría haber sorpresas muy importantes. Sobre todo por el ascenso imparable de Ciudadanos por el centro de la política, mientras los de Podemos parecen algo estancados por su excesiva ambigüedad de Pablo Iglesias y el poderosos despegue de Albert Rivera.

Y esta es la situación al día de hoy en el que no se descartan nuevas y más ruidosas revelaciones de otros llamativos casos de corrupción, si las fuentes ‘ignotas’ que han sacado a flote el caso de Rato, que la Agencia Tributaria guardaba con secreto –al menos hasta después del 24 de mayo-, empiezan a desvelar la lista de los 700 personajes que se acogieron a la amnistía fiscal y están siendo investigados.

De ocurrir algo así lo del voto de castigo se convertiría en un castigo de aluvión contra el PP y el PSOE -dependen de quienes sean los nuevos y notorios encartados- y, en ese caso, el resultado electoral del 24 de mayo podría ser sorprendente y espectacular.

¿Qué se puede hacer? A estas alturas nada o muy poco, pero la guerra de las corrupciones mutuas echadas en cara entre el PSOE y el PP no va a beneficiar a ninguno de los dos, ni al bipartidismo, ni a la estabilidad del país. Pero todo apunta a que, marcado el PP por Ciudadanos y el PSOE por Podemos, Rajoy y Sánchez están jugando al sálvese quien pueda en este naufragio general de la nave bipartidista donde ambos de podrían ahogar.

Francia, víctima de un casamiento forzado…
Renaud Camus Minuto Digital  18 Abril  2015

La situación nacional se parece a una de esas pesadillas de las que uno se despierta agotado para descubrir que no era para nada una pesadilla, que François Hollande es realmente presidente, que la Gran Sustitución se está acelerando, que el islam está ante nuestras puertas o más bien que tenemos un enorme Caballo de Troya en nuestras plazas, calles y avenidas, ante el cual todos hacen reverencias y se arrastran. Somos los troyanos de la Eneida, los romanos del año 475 después de Cristo, o mejor aun: los bizantinos de 1452. Si encendemos la radio o la televisión ¿qué oímos de la mañana a la noche, como si estuviéramos muertos? Islam, mezquitas, terrorismo islámico, Corán, musulmán, velo, burka, conversión, “jóvenes” de “banlieues”, yihad, construcción de mezquitas, nikab, atentado islámico, salafistas, Mohamed, religión de paz y de tolerancia, degollamientos, carne halal, sumisión, imán, terrenos para una nueva mezquita, conversión, sumisión, islam… Europa es como el explorador hipnotizado y paralizado por la boa que lo va a ahogar.

Manuel Valls habla de apartheid (que supuestamente sufren los inmigrantes y demás minorías), para culpabilizar un poco más a los franceses con una acusasión infamante. El término, con sus connotaciones espectaculares, tiene por lo menos la ventaja de nombrar la realidad del enfrentamiento étnico. Aparte de eso, es del todo inadecuado. El apartheid estaba impuesto por el poder y la ley. Lo que se nos impone por el poder y la ley es, al contrario, la “convivencia”. Y si esa “convivencia” mata, así como lo hace a diario, la conclusión a la que llegan los gobernantes es que… ¡hace falta más “convivencia”!

Parece una pesadilla, pero no estamos soñando.

El apartheid de Manuel Valls no era nada todavía. ¡Tres días más tarde vuelve a la carga hablando de política de poblamiento! ¡Hay que acelerar el proceso de mezcla entre los autóctonos y los inmigrantes y demás minorías étnicas y raciales! ¡Y a mí se me reprocha de hablar de colonización! Política de poblamiento es a Gran Sustitución lo que barrios populares a territorios ocupados, un “joven” a un delicuente de origen inmigrante: una palabra en lugar de otra, un eufemismo, un intento de disimular la realidad. El primer ministro no precisa si proyecta deportar a los indígenas franceses para forzarlos a vivir en medio de la población inmigrante o bien si piensa imponer colonos extranjeros en todos los pueblos que sólo desean que nadie se acuerde de ellos, en todos los barrios sin excepción, en todos los inmuebles, en las casas y los apartamentos, en los dormitorios…

El mestizaje es un eugenismo. El casamiento forzado, que todo el mundo lamenta con la boca pequeña, es impuesto alegremente a la nación.

¿Cómo se llama lo contrario de la limpieza étnica? No encuentro un nombre que pueda decir sin causarme problemas.

En el fondo, se trata de aplicar al país entero aquello que tanto éxito ha tenido en la escuela. El poder pedagógico ha logrado en dos generaciones derribar todo el sistema de enseñanza al asegurarse que los niños que pudieran aprender algo fueran estrechamente mezclados con los que se lo iban a impedir. El poder reemplacista (es el mismo) quiere ahora derribar todo sentimiento nacional asegurándose que los autóctonos y asimilados que tuvieran alguna huella de cultura y de civilización francesas sean en todas partes mezclados con sus conquistadores, para los cuales los franceses no son nada, apenas un objeto de odio y de desprecio.

VERDADERA HISTORIA
El terror tiene su historia, aunque olvidada por los progresistas
Pascual Tamburri Bariain www.elsemanaldigital.com 18 Abril  2015

Millones de españoles están olvidando ETA. Sin embargo, la banda existe y sigue chantajeando al Estado, justo porque sus crímenes se están olvidando para demasiados.

QUE NO SE OLVIDE
Javier Marrodán Ciordia (dir.), Gonzalo Araluce Martín, Rocío García de Leániz Moncada, María Jiménez Ramos y Roncesvalles Labiano Juangarcía, <i>Relatos de plomo. Historia del terrorismo en Navarra. 1960-86</i>. Prólogo de María Jiménez. Fotografía de Jorge Nagore. Gobierno de Navarra, Pamplona, 2014. 590 p.. 20,00 €.

DAR VOZ A LOS TORTURADOS
Ofa Bezunartea, Memorias de la violencia. Con la colaboración de Ana Rodríguez Rey y Blanca Sabas. Almuzara, Córdoba, 2013. 344 p.. 21,95 €.

«Relatos de plomo. Historia del terrorismo en Navarra. La sociedad contra ETA» es el tercer volumen del proyecto «Relatos de plomo». Un título algo optimista, porque hubo una parte consistente de la sociedad de Navarra que nunca se levantó contra la dictadura armada de la banda marxista ETA, y ha seguido aplaudiendo o como mucho indiferente hasta hoy. Por eso tiene todo su interés histórico y político el libro de Javier Marrodán, Gonzalo Araluce, Rocío García de Leániz, María Jiménez y Roncesvalles Labiano. Todos los que estaban vivos pudieron ver el dolor de las víctimas y la crueldad de los luchadores por la que ellos llaman libertad; pero no todos quisieron hacerlo entonces o pudieron, y por eso es preciso conservar la memoria, en bien de todos.

No es fácil una Historia del terrorismo en Navarra, y el Gobierno de Navarra la ha impulsado de modo atractivo y lleno de imágenes. En los dos primeros tomos se describió la actividad terrorista de ETA, y en este tercero se tratan cinco asuntos que han marcado el impacto social del terrorismo en Navarra: la extorsión económica, el terrorismo urbano o «kale borroka», la coacción y amenaza a los cargos públicos, la lucha contra el terrorismo desplegada por las fuerzas y cuerpos de seguridad y la resistencia que distintos colectivos con la mayoría de la sociedad civil expresaron contra la extorsión, el atentado y el crimen. Y las imágenes de todo ellos son dolorosas para los que las hemos vivido y sufrido, pero necesarias para que no se pierda su memoria.

La verdad es que es extensa la sombra que ETA ha dejado en las biografías de muchos navarros. Había miedo a ser extorsionado, miedo a no obedecer a ETA, miedo y siempre más miedo, y sólo una delgada línea de servidores públicos separaba a la sociedad del caos y la revolución armada. Ellos pagaron el precio más alto, aunque hoy sea más elegante recordar sólo a jóvenes, niños o paseantes muertos por los criminales. Si los continuadores políticos de Federico Krutwig han de gobernar en Navarra es imprescindible que recuerden a estas víctimas de ellos, y decidan si terminar su exterminio o si pedirles perdón y renunciar a sus planes.

Las cicatrices: que no cierren sin curar
Víctimas son, junto a las demás, los exiliados, los que tuvieron que abandonar su casa para huir de ETA. Ante todo, su exilio es un signo de la impotencia del Estado, obligado a cumplir y hacer cumplir sus leyes pero durante décadas incapacitado para hacerlo. Lo que hace Ofa Bezunartea es reunir los testimonios de esas otras víctimas y convertirlos en un testimonio organizado que permite que quienes no vivieron esta experiencia la comprendan ahora.

El libro nace de la decisión de muchas personas e instituciones para que se recogiera el testimonio de profesionales intelectuales exiliados. En los informes de la Ertzaintza (que se queda corta atendiendo a la Policía Nacional) llegaron a figurar 65 profesores y 326 periodistas, "enemigos del pueblo vasco". Como no pueden reunirse todas las voces, he aquí algunas escogidas que son las de los periodistas José María Calleja, Aurora Intxausti, Carmen Gurrutxaga, Charo y José Antonio Zarzalejos y Pedro Briongos, y las de los profesores de la Universidad del País Vasco Mikel Azurmendi, Mikel Iriondo, Carlos Fernández de Casadevante, Gotzone Mora, Edurne Uriarte, Manu Montero y Francisco Llera. Los testimonios se recogieron cuando ETA aún seguía matando, para que no olvidemos cómo forzaba los exilios.

ETA, como fuerza totalitaria, no aprecia la neutralidad. ETA quiere activistas o, como mucho, sumisos. El simple hecho de exponer argumentos éticos, políticos, históricos, sociológicos o simplemente humanitarios, con la pluma o con la voz, en medios de comunicación, en libros o a través de organizaciones cívicas, convirtió a muchos vascos y navarros en enemigos de la banda y en otras tantas potenciales víctimas. El militante totalitario se apropia de la identidad vasca, de modo que vascos pasan a ser sólo los nacionalistas, y todos los demás, desde pacifistas a patriotas españoles, fueron y son enemigos. Muchos de los imprudentes que dijeron lo que pensaban "acabaron teniendo que optar por el exilio para preservar su vida, por la tranquilidad de su familia, por no tener que arrastrar siempre la sombra de los escoltas o para librarse de un clima irrespirable". Este libro trata sobre exiliados por razones intelectuales, un exilio del que no suele hablarse, y del que el nacionalismo prefiere callar.

El enemigo no fue ni es la violencia: fueron y son los militantes de ETA, dispuestos a matar por su proyecto totalitario, y a truncar por el camino las vidas de todos sus enemigos, fuesen exiliados, mutilados o sencillamente marcados con los estigmas del enemigo. Hemos de aprender de medio siglo muy duro para muchos.

¿POR QUÉ NACIONALISTA?
Nacionalismo contra identidad, Europa contra patriotismo…
Pascual Tamburri Bariain www.elsemanaldigital.com  18 Abril  2015

Ciertos nacionalismos tienen buena reputación "progresista", y también un cierto europeísmo, pero el patriotismo de las viejas Patrias de Europa sigue apestado. ¿Por qué?

EL ALEMÁN ANTIROMÁNTICO
Konrad Adenauer, El fin del nacionalismo. Y otros escritos y discursos sobre la construcción europea. Prólogo de Belén Becerril Atienza. Traducción de Iraia Eizmendi Alonso. Edición de Marta Hernández Ruiz. Encuentro – MAEC – CEU – Konrad Adenauer Stiftung, Madrid, 2014. 224 p.. 12,00 €.

DESCONFIAR DE LA IDENTIDAD
Michael Billig, Nacionalismo banal. Traducción de Ricardo García Pérez. Capitán Swing, Madrid, 2015. 340 p.. 20,00 €.

Una vez más la colección Raíces de Europa, al alimón entre el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo, Ediciones Encuentro y la Fundación Konrad Adenauer trata de acercar al lector español a los que llama "los más relevantes pensadores y promotores de la construcción europea". Además de los siempre recordados Jean Monnet, Robert Schuman y Alcide De Gasperi, el canciller alemán Konrad Adenauer figura en la lista de laicamente beatificados fundadores de la Unión Europea. Y su pensamiento merece, por varias razones, ser conocido y estudiado en la España del siglo XX.

Konrad Adenauer no fue un hombre cualquiera. Católico militante en la Alemania del siglo XX, es uno de los pocos europeos de su tiempo que no combatió en ninguna de las dos Guerras Mundiales de se llevaron por delante generaciones enteras de compatriotas suyos. Fue un activista, un creador, pero un hombre convencido, en el Zentrum y antes de él, y luego en la CDU, de que la idea de nación aplicada a Alemania era causa de males sin fin. Como De Gasperi, amó más su patria chica que su Madre Patria, y lo demostró ampliamente de palabra y de obra. Aquí tenemos sus razones recopiladas de manera comprensible y útil para nuestra época.

Adenauer fue un europeísta de cálculo, no un amante de la identidad europea del mismo modo que no creyó en la nación alemana. En los años anteriores a 1945, y en sus 14 años como Canciller, creyó en la unidad europea como en un camino para evitar que las identidades nacionales se convirtiesen de nuevo en fuente de división y de catástrofe. No fue un patriota –ni de Alemania ni de Europa- sino un buen reconstructor, en términos mercantiles y económicos, de Alemania.

Para Adenauer, y hay que leerle para entender por qué, el nacionalismo no sólo estaba agotado tras un siglo de vida, sino que además su fin era una buena noticia que convenía impulsar. Por eso, pese a ser católico, su visión de las cosas no casó bien con la nacionalista de De Gaulle, ni tampoco con la liberal-pero-identitaria de la tradición británica. Por eso se convirtió en el embajador perfecto de Estados Unidos en Europa, y en el divulgador más exitoso de la cosmovisión individualista y economicista como sustento de la reconstrucción germana y de la fundación europea. Aún queda entender si, además de ser antinacionalista, fue o no patriota, y de qué Patria; y por supuesto su sus ideas nos valen hoy o no, y para qué. Pero para eso hay que leerlo y en la Europa de Merkel es imprescindible hacerlo para tener una opinión fundada, incluyendo a Victoria Martín de la Torre que sin dejar su carné de partido acaba de publicar también en Encuentro una opinión sobre la historia europea que no parece haberlo hecho.

¿Pero qué es el nacionalismo, o los nacionalismos?
Pese a ser británico, el profesor Michael Billig –un experto mundialmente reconocido en teoría política y en análisis de los movimientos políticos- ha sido uno de los marxistas más legitimados en la clase dirigente de las Islas. Y esto puede parecer llamativo si nos quedamos con la imagen que los británicos suelen dar de sí mismos, pero lo cierto es que en el siglo XX abundaron, con grandes y graves consecuencias, sus correligionarios en posiciones de influencia y de poder.

Nacionalismo banal es, para Billig, ese conjunto de elementos que nos transmiten la sensación de una identidad colectiva, todo lo que diariamente nos hace incluso inconscientemente sentir parte de una comunidad nacional. Y esto implica, viniendo de él, un juicio de valor, ya que un marxista puro como un liberal puro rechaza toda idea de comunidad trascendente, toda agrupación que rebase lo progresista, económico, materialista. Billig cree que aunque el nacionalismo ha sido ampliamente descartado como consecuencia del siglo XX y de su interpretación oficialista aún sigue vivo.

¿Y cómo es esto? Ante todo, porque hay nacionalismos abiertamente vivos, aunque no en el corazón de Europa (o quizá sí); y además, porque el nacionalismo está vivo en las sociedades que teóricamente más lo ignoran, y que por tanto lo siguen teniendo como amenaza, cómo no, "para la paz y el progreso". Lo triste no es que en 2015 el nacionalismo sea estudiado, sino que su estudio se base en prejuicios ideológicos sectarios fundados en el siglo XVIII o XIX.

El nacionalismo, guste o no, es un hijo del liberalismo que, al hacerse identitario, se volvió contra él a menudo; y que no es ni puede ser igual cuando trata de naciones objetivamente existentes o de naciones inventadas ad hoc aunque sea falsificando sus elementos objetivos e históricos. El patriotismo, el amor de Patria, es en cambio una realidad humana innegable que no ha podido ser anulado pese a dos siglos de esfuerzos ni por el liberalismo, ni por el marxismo, ni por el mismo nacionalismo cuando ha llegado a ser enfermizo. Toda comunidad histórica europea –verdadera- tiene o ha tenido sus patriotas, aunque al profesor Billig parezca un hecho terrible; y la misma Europa es susceptible de tener sus patriotas y de ser Patria o supra-patria. Pero no será, desde luego, la Europa de intereses y mercadeos de los Spaak, Adenauer, De Gasperi o Schuman. Estamos en el tiempo de volver a comprender esto.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

'Madrid', fábrica de independentistas

MANUEL CRUZ El Confidencial 18 Abril  2015

Por sorprendente que pueda parecer la cosa vista desde fuera, todavía son muchos los que por estas latitudes desde las que escribo continúan repitiendo la salmodia de que la responsabilidad del crecimiento del independentismo catalán la tiene Madrid. Cada vez que habla Rajoy (o Cospedal, o Bono, o Aznar, o incluso Pedro Sánchez o el mismísimo Pablo Iglesias, para qué andar con sutilezas a estas alturas) crece espectacularmente el número de independentistas, no dejan de reiterar. La verdad es que, como observaba Francisco Morente en un artículo reciente (Tristes tópicos, El País, 28/03/2015), lo continúan diciendo incluso cuando, como en los últimos tiempos, dicho número decrece, pero ellos siguen con el guión como si nada, impasible el ademán, fieles al principio de no permitir que la realidad les arruine lo que están convencidos de que es un magnífico eslogan.

Aunque hay que puntualizar que una pequeña parte de razón no les falta, pero no en el sentido que ellos querrían. En efecto, cuando desde Madrid no se hace ni se dice nada, las contradicciones parecen estallar en el seno del bloque secesionista, como quedó claro tras las sucesivas conferencias de Mas y Junqueras y se intentó ocultar deprisa y corriendo con el prematurísimo anuncio de elecciones autonómicas anticipadas. Hay, pues, una parte de verdad en la salmodia, pero que, bien mirada, no constituye novedad política alguna: desde siempre los nacionalismos han necesitado de un robusto enemigo exterior sobre el que poder proyectar todos sus males.

De ahí que, por displicente y desganada que pueda resultar la reacción del gobierno central ante el anuncio de una iniciativa del bloque soberanista, sea recibida por éste como auténtica agua de mayo, en la medida en que parece proporcionar renovada munición para perseverar en el argumento reactivo. Así, la respuesta, de puro aliño, que proporcionaba hace algunos días Mariano Rajoy al ser preguntado por la última hoja de ruta firmada por CDC y ERC fue automáticamente transformada por el portavoz del govern de la Generalitat, Francesc Homs, en el elemento clave que, según él, convertía las elecciones autonómicas del próximo 27-S en plebiscitarias.

El nexo por el que aquella respuesta del presidente del gobierno (a la que, desde el punto de vista del lenguaje corporal, solo le faltaba un bostezo) transformaba automáticamente el carácter de la convocatoria nunca quedó explicado por el mencionado portavoz, es de suponer que porque a este hombre se le aplica aquel principio de Marcel Proust que suele repetir Miguel Ángel Aguilar según el cual hay convicciones que crean evidencias.

Pero el escaso interés de Homs por la lógica y la argumentación coherente no debería constituirse en criterio. Repárese, en primer lugar, en que el reproche de convertir cualquier reacción del adversario en supuesta agresión que justifica el cierre de filas se plantea por parte del soberanismo de tal forma que no admite salida alguna. A Rajoy -o a quien sea que se le decida atribuir la representación de ese fantasmagórico ente denominado Madrid- se le ha reprochado tanto una cosa como su contraria. Si permanecía indolente -lo que, de acuerdo con el dibujante Peridis, parece ser su querencia natural- era porque despreciaba a Cataluña, y si hacía algo, porque -hiciera lo que hiciera, excepto dar por completo la razón a los soberanistas- con toda seguridad estaba agrediendo a los catalanes.

Tal vez de mayor importancia resulte un segundo aspecto del argumento. La prueba más concluyente de que éste no se tiene en pie desde el punto de vista racional se encuentra en el hecho de que no se admite su reversibilidad. Porque, en estricta aplicación del mismo planteamiento, alguien podría señalar que, cada vez que abren la boca Artur Mas, Oriol Junqueras o Carme Forcadell (por no mencionar de nuevo al propio Homs), aumenta en Cataluña de manera exponencial el número de personas dispuestas a votar a Ciutadans. ¿Aceptarían los aludidos que, en consecuencia, lo más adecuado sería cesar en sus propuestas por la evidente reacción en contra que provocan y el crecimiento del apoyo a sus adversarios a que dan lugar?

Sin duda, no. Además, el argumento, en caso de ser extrapolado a otros ámbitos, llevaría a conclusiones disparatadas. Wyoming debería cesar en sus sarcasmos acerca del caso Gürtel porque estaría provocando que los votantes del PP se reafirmaran en sus posiciones, el diario Ara tendría que coquetear con los que ellos mismos llaman "unionistas" para no contribuir a su radicalización, el monárquico ABC consideraría la posibilidad de tender la mano a los republicanos no fuera a ser que volvieran a insistir en cuestionar la forma del Estado, y así sucesivamente.

En realidad, como dejan en evidencia tan absurdas hipótesis, nos encontramos ante las consecuencias de haberse tomado demasiado en serio lo que no pasa de ser un mero recurso retórico, el de fingir que uno le advierte al contrincante acerca de los errores que está cometiendo, e incluso le recomienda aquello que le conviene hacer para obtener el éxito. Pero nadie en su sano juicio atiende los consejos del adversario, que no tiene la menor obligación de velar por el bien de aquel al que está enfrentado. El hecho de que entre nosotros tantas personas anden repitiendo con naturalidad un argumento de tamaña inconsistencia delata hasta qué punto a la sociedad catalana la propaganda le ha calado hasta los huesos.

Mar de fondo
Juan-José López Burniol. La Vanguardia. 18 Abril 2015

Se ha repetido hasta la saciedad que, si bien el conde duque de Olivares ya había aconsejado a Felipe IV castellanizar la monarquía, fueron los Borbones quienes lo hicieron. Felipe V dictó los decretos de Nueva Planta, que ­derogaron el derecho público de la Corona de Aragón, e impulsó el proceso de construcción nacional española con la creación de las reales academias de la Lengua (1713) y de la Historia (1735). Pero fue Carlos III quien acentuó el proceso estableciendo la bandera roja y gualda -que desde 1785 se llamó “nacional” y no “real”-, adoptando la Marcha de Granaderos -futuro himno nacional- para las honras reales, y dando un fuerte impulso a Madrid como capital de España.

La invasión napoleónica acentuó el proceso nacionalizador y la aparición de un nacionalismo español, que fue obra de los liberales y no de la cúpula conservadora, a la que la nación -la nación de todos- le ha importado siempre una higa, salvo como pretexto y salvaguarda de su posición de privilegio. Fue en las Cortes de Cádiz y por impulso liberal, donde los términos reino y monarquía se sustituyeron por nación, pueblo y patria. En consecuencia, el Estado que dibujó la Constitución de 1812 se fundó en la soberanía nacional del ­pueblo español. Pero, también durante la guerra de la Independencia, el clero llano movilizó al pueblo contra los invasores franceses a partir de la identificación de España con el catolicismo y de Francia con el ateísmo y la revolución. No es extraño, por tanto, que durante el trienio liberal de 1820 a 1823 quedase ya claro para mucho tiempo que -como dice Álvarez Junco- “la nación era un mito liberal, al que los ab­solutistas oponían la religión”. Y tampoco es raro que, unos años después, el contemporizador Jaume Balmes elaborase su receta moderada con dos ingredientes: la ­religión católica y la monarquía; fórmula que hizo posible la primera restauración y que, por uno de sus componentes -la monarquía-, aún ha sido útil para la segunda. Lo cual ­resulta sugerente para meditar ­sobre el origen de las “dos Españas”.

“El clero siguió siendo por mucho ­tiempo -en palabras de González Cuevas- el intelectual orgánico de las clases conservadoras, obstaculizando la emergencia de una élite intelectual secular (¿) y blo­queando la aparición de un nacionalismo español secular, que pudiera abarcar bajo su égida al conjunto de su población”. Lo que supuso que, a principios del siglo XX, España, una nación económicamente subdesarrollada, con unas élites mayoritariamente sugestionadas por su decadencia y una unidad nacional aún incipiente, se viese amenazada por la temprana emergencia de movimientos nacionalistas en Catalunya y el País Vasco.

La realidad es que la ­trayectoria doctrinal y ­política del liberalismo ­español se ha caracterizado por su debilidad. Du­rante la primera restauración, la composición oligárquica del Parlamento -consecuencia del sistema caciquil imperante- y un sistema fiscal que permitía a los grandes terratenientes decidir el reparto de la carga fiscal correspondiente a cada provincia y a cada municipio determi­naron una distribución brutalmente desigual de la imposición tributaria, centrada en los que menos tenían. De ahí que el nacionalismo español fuese débil y que no lograse acoger al conjunto de la población española.

Todo esto -este mar de fondo- hay que tenerlo muy presente al constatar la actual situación de debilidad en que se encuentra España como realidad histórica y como proyecto político. Ortega habló de inver­tebración. La situación actual ya no es sólo de invertebración, sino de franca desin­tegración. Quien crea que esta afirmación es exagerada, que piense en este hecho: en España no hay ni un solo partido político que tenga una implantación decisiva sobre todo el territorio nacional. Hasta no hace demasiado tiempo, podía pensarse que el Partido Socialista cumplía -junto con la monarquía- esta función de vertebración política de la nación española. Hoy ya no es así: el PSC, aun con presencia importante en Barcelona y su área, ha desaparecido de forma significativa en buena parte de la Catalunya interior.

¿Adónde quiero ir a parar con este lamento? A que España se encuentra hoy en una situación agónica, sin que parezcan ser conscientes de ello quienes ejercen responsabilidades de primer nivel en todos los ámbitos de su vida colectiva, no ­sólo la política. Parece que aún piensan que estamos ante una crisis más, de las que ­periódicamente se suceden con cadencia fatal. Pero no es así, España se enfrenta a una situación de ser o no ser. Y ante este desafío, no bastan blandas apelaciones al crecimiento económico, que más tienen de feble escapismo que de realista asunción de la realidad. A quien, desde la pre­sidencia del Gobierno, apela día tras día a la virtud omnisanatoria del crecimiento eco­nómico, no le va a quedar tiempo sufi­ciente para reaccionar cuando contemple ante sí, desolado, la situación crítica que su pasividad -grave pecado- ha contribuido a agrava

«Yo veo al nacionalista catalán como a un compatriota, él me considera un colono»
M. J, C. / BARCELONA ABC Cataluña  18 Abril  2015

El abogado Juan Carlos Segura da la réplica al Gobierno de Artur Mas con su libro «El libro negro de la independencia»

“Yo veo al nacionalista catalán como a un compatriota que no comparte el concepto de España; pero el nacionalista me considera a mí como un colono o un botifler. Es imposible llegar a acuerdos. No se puede pactar porque no comparten los valores de solidaridad o igualdad ante la ley, por ejemplo”. Lo dice el abogado y doctor en Derecho Juan Carlos Segura, que acaba de presentar el “Libro negro de la independencia” (Editorial Reseda), un compendio de argumentos en favor de la convivencia y la concordia entre los ciudadanos de Cataluña. El libro también es una respuesta al llamado "libro blanco por la independencia" que ha elaborado el Gobierno de Artur Mas.

El libro fue presentado anoche en la sede de Sociedad Civil Catalana (SCC), entidad contraria a la independencia y en favor de la permanencia en España, tal como defiende también el autor del libro. El presidente de SCC, Josep Ramon Bosch, que asistió al acto, cree que “la independencia de Cataluña no se conseguirá nunca” y que, en este sentido, “una vez pasada esta pantalla, se ha de trabajar para que los catalanes estemos juntos y mejor con el resto de españoles”. También asistieron el vocal de la Junta Directiva Sixto Cadenas; el subdelegado del Gobierno en Barcelona, Emilio Ablanedo; y el doctor en Historia José Miguel Villarroya.

Cadenas recordó “la importancia del cumplimiento del Estado de derecho”, mientras que Ablanedo subrayó que “el nacionalismo ofrece muy pocas soluciones a los problemas mediante la razón y el pacto”. Villarroya mostró su satisfacción por “la bajada del suflé independentista, aunque montarán algún show más… y poco más”.


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