AGLI Recortes de Prensa   Lunes 4  Mayo 2015

Rajoy, líder de Europa en impuestos y desigualdad
ROBERTO CENTENO El Confidencial  4  Mayo  2015

Jamás en la historia fiscal ni de España ni del mundo desarrollado los impuestos habían subido tanto en tan poco tiempo. La UE ha expresado su “grave preocupación por la enorme desigualdad en España"

Antes de hablar de impuestos y desigualdad, creo necesario comentar el último gran engaño de Rajoy y su corte de aplaudidores y corruptos. Un Rajoy que, ante el previsible desastre del 24-M, ha perdido el sentido de la realidad, y no tiene empacho en prometer empleos a millones, nivelar las cuentas públicas y crecimiento sin fin, pero eso sí, todo sin tocar el tamaño del gigantesco Estado clientelar en que se asienta su poder –“eso ni se toca”, dijo–, una estructura de país que no hay quien la soporte e inexistente en el mundo, ni los privilegios de los monopolistas del IBEX. El Plan de Estabilidad 2015-2018 deja en pañales las fantasías de ZP: su grado de mendacidad y voluntarismo superan lo imaginable.

El próximo lunes 18 demostraré con cifras la falsedad de esas previsiones. De momento, hasta el BdE no tiene más remedio que reconocer que no hay recuperación estructural alguna, y que los ganadores de este efímero crecimiento financiado con ríos de deuda son los oligarcas y los dos millones de enchufados públicos, y los perdedores todos los demás, a los cuales la recuperación no solo no llega, sino que se verán aplastados con nuevos impuestos, particularmente la clase media. Además, la mitad de ocupados tiene sueldos de miseria, entre los 600 y los 1.000 euros. La remuneración total de los asalariados ha caído un 7% con Rajoy.

Y el aval a esta patraña viene de la mano del BdE y el INE, siempre al servicio del poder, que muestran solo la parte de la realidad que conviene al Gobierno: el PIB a precios constantes creció un 0,9% en el 1T afirman, pero no dicen que esa cifra no significa nada, porque no tiene en cuenta la caída de precios. Como estos bajaron un 1,0 % en el 1T, la riqueza creada ha sido 0,9% -1% o sea un -0,1%, una pérdida de 1.050 millones de euros, que es justo lo contrario de lo que afirman, porque el valor se obtiene multiplicando lo producido por los precios a que ha sido realmente vendido, no a precios de 2010, como hacen el INE y el BdE.

Y lo más importante, la inasumible burbuja de deuda se ha incrementado en 17.000 millones de euros, algo que arruinará el futuro de nuestros hijos. Una deuda empleada en financiar gasto corriente, en contratar 29.000 enchufados inútiles y en obra pública innecesaria pagada a precio de oro. En el colmo de la ignominia, España es el único país donde ha subido la electricidad mientras ha bajado en el resto de Europa, y todo para enriquecer a los especuladores de las renovables amigos del poder, “asesorados” por altos cargos como Trillo o Pujalte. La casta política parasitaria y corrupta se reparte el botín mientras nos arruina.

Después de ganar las elecciones y obtener la mayor cuota de poder desde la Transición, algo irrepetible y que este insensato ha tirado por la borda, Rajoy mintió como un bellaco a los españoles. Primero dijo que habían encontrado un “déficit inesperado”, cuando lo conocían de sobra. Segundo, que como consecuencia no tenía más remedio que subir los impuestos, porque no habían encontrado ni un solo sitio, ni uno, de un presupuesto de 450.000 millones de donde recortar nada. Sus promesas de recortar gasto quedarían olvidadas.

A partir de ese momento empezaría una escalada brutal de impuestos. Jamás en la historia fiscal ni de España ni del mundo desarrollado (OCDE) los impuestos han subido tanto y en tan poco tiempo. Rajoy ha llevado la fiscalidad a niveles claramente expropiatorios. Han subido o creado 85 figuras tributarias, algo insólito en los anales del mundo civilizado. Expolian todo lo expoliable para mantener intacto el despilfarro público. Y en contra del engaño de la “reducción” de impuestos, en su informe a Bruselas de diciembre, el Gobierno detallaba como la presión fiscal subirá en 2015, 16 y 17.

La cifra que utilizan para “demostrar” que los impuestos no son excesivos es la presión fiscal, o el total de impuestos dividido por el PIB, que nos sitúa en una posición media. Esta cifra no sirve para nada. Primero, porque las cifras de PIB oficiales están sobrevaloradas en torno al 20%, debido a la manipulación sistemática de las mismas desde 2008. Si suponemos el PIB oficial de 2007 igual a 100, el PIB de 2014 fue casi 100, es decir, no ha habido ninguna crisis. Sin embargo, las bases imponibles, que como es lógico siguen una tendencia paralela al PIB, se hundirían, pasando de 100 a 83, algo que no ha sucedido en ningún otro país.

Pero el PIB real (como no puede ser de otra manera, ya que hay 3,3 millones de parados más que en 2007, cientos de miles de pymes y autónomos han desaparecido y la renta disponible de las familias se ha desplomado un 14%) ha caído a un ritmo similar al de las bases imponibles. El PIB real de España está en torno a los 850.000 millones de euros, algo que demuestran además todos los análisis independientes. Y la segunda es que la presión fiscal es una media, y si las rentas más altas están exentas de la mayoría de impuestos a través de las sicavs, y si las grandes empresas apenas pagan nada, el resultado es el expolio de las clases trabajadoras. ¿A qué espera Eurostat para auditar nuestra Contabilidad Nacional?

La única forma de valorar nuestra posición es a través de comparaciones de lo que pagan las familias o las empresas individuales. Según la Tax Foundation, una organización líder en análisis de impuestos, en 2014 y de los 34 países de la OCDE España ocupa el lugar número 31 en cuanto al nivel de impuestos personales. Eso en una media, pero cuando el cálculo se hace sobre la fiscalidad soportada por las clases media y trabajadora, España es el país con la fiscalidad más alta. Es la misma conclusión a la que llega la propia OCDE.

La presión fiscal media sobre los salarios es la más alta de toda la Organización y en todas las categorías de hogares. La pareja española con hijos paga de media un 34,8 % mientras que la media de los países desarrollados es de un 26,4%. Desde que gobierna Rajoy, las familias españolas con hijos a su cargo ha sido el grupo más castigado por las subidas de impuestos, y cuanto menor es la renta peor es la situación relativa. Una familia con dos hijos y con una renta que no llegue al 70% del salario medio –el 67% de las familias– paga el doble de impuestos que la media del mundo desarrollado, un 30,3% como media, mientras que la de la OCDE es de un 17,2%.

En palabras del BdE, durante 2008-2013, el impuesto de sociedades solo contribuyó un 2% del PIB, los impuestos indirectos –socialmente regresivos– aportaron el 4,8%, mientras que el IRPF se mantuvo en un 6,6%. Blanco y en botella: los asalariados perciben un trozo cada vez más pequeño del pastel pero continúan aportando como siempre, mientras que el capital incrementa sus ingresos y contribuye cada vez menos. Uno de los resultados del “escaqueo de las rentas de capital” es el incremento del déficit fiscal, que se enjuga con emisiones de deuda pública, la cual supera ya el billón de euros. Esta es la misma cantidad acumulada en solo una década por el 10% de hogares más ricos, y sus intereses, una de las principales partidas del gasto, se han convertido en una vía de negocio esencial para la banca. Un expolio “producto de decisiones políticas impulsadas por las élites en su propio beneficio”.

Ha tenido que ser Bruselas, no el BdE ni los servicios de estudio de los oligarcas del IBEX, la que haya expresado su “grave preocupación por la enorme desigualdad de la distribución de la renta y la riqueza en España, y que sigue creciendo sin pausa”. Bruselas es también extremadamente crítica con el Gobierno de Rajoy por “la falta de medidas contra el inaceptable nivel de pobreza infantil”. La política impositiva y de recortes sociales del Gobierno se ha cebado con las rentas más bajas y ha incrementado significativamente la desigualdad territorial. Los más de 100.000 millones del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) se han repartido con criterios políticos, nunca con equidad.

Oxfam Intermón denuncia que España es “el segundo país más desigual de Europa, tan solo por detrás de Letonia”, “el 1% de la población española concentra más riqueza que el 70% más pobre”, y denuncia que las políticas del Gobierno de Rajoy “refuerzan esta concentración de riqueza en manos de unos pocos”. Para la OCDE, el incremento de la desigualdad en nuestro país está básicamente determinado por cambios en la distribución de los salarios que representan el 75% de la renta de las familias. Los salarios del 10% de trabajadores mejor pagados ha aumentado mucho, mientras que los del 50% de los peor pagados ha descendido en picado.

En un análisis publicado ayer por el diario El País titulado "La brecha salarial se profundiza", explica cómo en 2014, mientras “los sueldos de consejeros y altos directivos crecieron a una tasa del 17,56%, la remuneración de los empleados siguió cayendo (-0,64 %) ”. “En 2014 la desigualdad se disparó hasta las 104 veces el sueldo medio”, algo que constituye un auténtico escándalo, porque además el IBEX solo se revalorizaría en un 3,6%, pero es que no es solo el sueldo: 78 ejecutivos del IBEX tienen 500 millones en pensiones. Pero tranquilos, De Guindos afirma que los salarios subirán de media un ¡1,5% entre 2016 y 2018!, así que ya saben: ¡voten al PP! Además, el proceso de expansión monetaria, el QE de Draghi, solo conseguirá “hacer a los ricos más ricos” (Joseph Stiglitz).

Aunque el BdE oculta esta realidad en sus declaraciones públicas, no tiene más remedio que reconocer, porque son publicaciones que no puede suprimir, la dramática distribución de la renta y la riqueza. Esto dice su último informe de marzo 2015: “En 1975 (con el denostado general Franco) los asalariados recibían el 72% de la renta nacional (y la brecha salarial en grandes bancos y empresas era de 1 a 20), a mediados de los 90 (con el régimen oligárquico de partidos impuesto a los españoles) el 65%; en 2007 –después de una década de crecimiento– solo llegaba al 62,2%, y en 2013 habían descendido hasta el 60,3%”. “A pesar del deterioro de los ingresos de los trabajadores, la recaudación de impuestos recae esencialmente sobre sus hombros”. ¿Por qué no explica esto a los españoles, Sr. Gobernador del BdE, en lugar de mentirles?

Con la política laboral de Rajoy 8,8 millones de trabajadores del sector privado –el 60%– gana entre 600 y 1.000 euros, cifra que no se compara con la media de los empleados públicos (incluidos cargos políticos y los 22.000 asesores, todos con sueldos de lujo), que se sitúa en 4.000 euros (121.000 millones de masa salarial dividido por 2,96 millones de empleados públicos). Según el último informe FOESSA/ Cáritas, en la España de la recuperación la desigualdad va a peor. Solo el 34,3% de los españoles vive con normalidad, sin estar afectados por carestías esenciales, mientras que un 40,6% se va hundiendo en la precariedad y 11,7 millones de españoles se encuentran en situación de exclusión social, mientras que muchos ricos solo se han hecho más ricos.

En 2014 las personas atendidas por Cáritas han pasado de 1,9 a 2,5 millones. Uno de cada tres niños se encuentra en riesgo de exclusión social. Cáritas y Unicef cuantifican en 9.800 millones el coste anual de sacar a estos niños de la pobreza, y no hay dinero para ello pero sí para pagar a los oligarcas y monopolistas del IBEX 48.000 millones de euros anuales de más por los bienes y servicios que suministran a las AAPP, es decir, en corrupción. En 2014 la alcaldesa del PP de Valencia, que pretende ser reelegida, dejó sin becas comedor a 56 niños porque sus padres no habían podido pagar el IBI. ¿Cabe acaso un mayor grado de maldad? Dicho en corto, Rajoy y su Gobierno son un hatajo de desalmados. ¿Pero cómo alguien en su sano juicio y no atado al pesebre puede votar a este Gobierno de ineptos, despilfarradores y corruptos, que carecen totalmente de empatía?

(1) Los conductores de los coches oficiales de los concejales del Ayuntamiento de Madrid, una prebenda inaudita que no existe en ningún país del mundo civilizado, ganan esa cifra de media.

El gigantesco impacto de la corrupción en la economía española
Pablo Pardo El Mundo 4  Mayo  2015

Hay mucha gente que dice que España ha sido llevada a la ruina por la corrupción. Otros dicen que eso es una barbaridad y que, aunque la corrupción (ponga aquí el lector los nombres que desee) nos haya costado una barbaridad, no es la causa de nuestros males. O, al menos, de todos nuestros males.

Ahora, el borrador de un 'paper' de cuatro economistas parece indicar que sí: la corrupción, literalmente, hizo que desde 1995 hasta 2007 pasáramos por una docena de años perdida. El presunto milagro español de aquellos años podría haber sido una ocasión desperdiciado.Súmese a ello la actual década perdida y nos salen 22 años tirados a la basura, que incluyen la expansión más larga en cien años y la peor crisis en cincuenta (el artículo está aquí).

La tesis de los investigadores es simple: durante los Gobiernos de Aznar y Zapatero la productividad española descendió. Eso es bien sabido, y no se corresponde ni a lo sucedido en Europa ni en Estados Unidos. Hasta ahora, la culpa de esa dinámica se echaba al hecho de que la expansión de España se basaba más y más en la construcción, que es un sector en el que la productividad crece poco, porque el avance tecnológico es muy bajoy no hacen falta trabajadores formados.

Pero el documento apunta a otra posibilidad: la productividad cayó porque la corrupción dio incentivos para colocar el capital-o sea, la inversión-y el trabajo en los sitios erróneos. Y ¿qué es lo que incentivó esas decisiones de inversión? Según el borrador, hay "evidencias empíricas" de "la influencia del sector público como una fuente potencial" de la caída de la productividad.

Eso podría indicar que no es la corrupción, sino el intervencionismo de las Administraciones Públicas. Pero hay una frase en el artículo que lleva las cosas más lejos: "Hemos encontrado que los sectores en los que la influencia del sector público es mayor (por ejemplo, mediante licencias o regulaciones) experimentaron errores en la asignación [de capital y trabajo] significativamente mayores". Y a día de hoy sabemos que el sistema de licitaciones y permisos ha sido fundamental para mantener nuestro sistema de corrupción.

Una última observación del estudio: las empresas de reciente creación y las pymes han sido las más dañadas por esta situación. Una situación que se resume en una frase: doce años en los que los agentes económicos españoles tomaron decisiones basándose en criterios políticos.

El legado de Rajoy: una mordida de 2.000 euros por familia
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 4  Mayo  2015

El pasado jueves el Gobierno aprobó el Programa de Estabilidad para el Reino de España, 2015-2018. Los más diversos parabienes rodearon su presentación, ya que recoge un crecimiento del 3% del PIB durante los próximos años que muy pocos (tampoco un servidor) habían anticipado. La favorable coyuntura exterior –tipos de interés en mínimos históricos, bajo precio del petróleo, depreciación del euro– está confiriendo un impulso que de momento está permitiendo al Ejecutivo exhibir unas cifras macroeconómicas aparentemente buenas.

Pero la presunta bondad de estas cifras económicas palidece al lado de la tenebrosa realidad del expolio fiscal que sigue perpetrando el PP. A pesar de hallarnos en plena expansión económica –es decir, en una coyuntura que en 2011 llevó al PP a prometer ser capaz de reducir el déficit sin disparar los impuestos–, los impuestos no van a bajar en España sino que van a consolidarse en los niveles más altos de nuestra historia. No crean al PP cuando intenta engañarnos en campaña electoral: créanlo (aunque tampoco demasiado) cuando adopta compromisos numéricos con Bruselas.

Así, resulta, que en el propio bienaventurado Programa de Estabilidad remitido a Bruselas el pasado jueves, el Gobierno reconoce que en 2015 los españoles pagaremos casi 36.000 millones de euros más que cuando alcanzó el poder. Sí, 36.000 millones de euros más que en 2011. O por traducirlo a magnitudes más cercanas: en 2015 cada familia española pagará de media 2.000 euros más en impuestos que cuando el liberal ultraneosalvaje Rajoy llegó a La Moncloa.

El siguiente cuadro, que simplemente cuantifica en miles de millones de euros las propias cifras del Gobierno remitidas a Bruselas (página 37), recoge cuánto han aumentado los ingresos fiscales con respecto a 2011 como consecuencia de los cambios en la normativa tributaria. Se incluye, por tanto, el impacto de las rebajas fiscales prometidas por el Gobierno para 2015 y 2016.

Impacto recaudatorio de los cambio de la normativa tributaria con respecto al año 2011
(en millones de euros)



El saldo final es devastador. No sólo porque en 2015 paguemos 36.000 millones de euros más en impuestos que en 2011, sino porque no existe propósito de enmienda alguno, ni siquiera con las muy optimistas perspectivas actuales: en 2016 la mordida montoriana caerá hasta los 33.700 millones de euros, pero en 2017 volverá a repuntar hasta los 35.600. Incluso en IRPF, el tributo que más dice estar mimando el Ejecutivo, los españoles pagaremos 2.500 millones de euros más que en 2011. Es decir, los planes del Ejecutivo pasan por consolidar el actual infierno fiscal que él mismo engendró.

Nótese, además, que el grueso de la responsabilidad de esta exacción no recaerá sobre los virreyes regionales del PP y de otros partidos socialdemócratas afines: los tributos que el Ejecutivo central controla directamente (IRPF, Sociedades, Especiales y Seguridad Social) recaudarán en 2015 25.200 millones de euros más que en 2011; cifra que apenas descenderá hasta los 23.000 millones en 2017.

Como ya reconociera Cospedal, el PP ha trabajado muy duro por saquear España. Y lo peor es que no parecen tener la más mínima intención en dejar de hacerlo.

Las modas políticas que vienen y se van
Santiago Abascal Libertad Digital 4  Mayo  2015

La volatilidad política española alumbró el año pasado el bienio de las encuestas que aún persiste. Nunca durante toda la democracia las empresas demoscópicas debieron de ganar tanto dinero como hoy lo hacen, ni mandar tanto, porque saben que sus predicciones les dan un gran poder condicionante del voto. Ya saben, muchos son los que votan a caballo ganador, y ese caballo deseado lo pintan, entre otros, las encuestas.

Parece que este bienio será también recordado como el de las modas políticas más fugaces: Podemos, de la nada al todo, incluyendo acariciar en el imaginario colectivo la posibilidad de gobernar, y del todo –de las encuestas– otra vez a la nada y a la crisis. Del radicalismo bolivariano y filoiraní al moderantismo socialdemócrata finlandés, de las enseñas republicanas a las nacionales, del republicanismo maleducado al juego de tronos, no menos maleducado. Pero en todo caso, para lo que toca, moda son y moda habrán sido.

Le ha tomado el relevo el amabilísimo, incoloro, inodoro e indoloro Ciudadanos, que a nadie molesta salvo a Rajoy y a Hernando. También son moda. También inundan nuestra sopa como antes lo hiciera Iglesias. Las encuestas les sonríen, las urnas se les llenan y los auditorios se les desbordan. Crecen como una riada; expopulares, exsocialistas y exupeideros se les suman. Todo cabe en Ciudadanos porque así es la moda. Por eso Albert Rivera ha cambiado de referentes políticos en solo un año. Antes era Felipe González su referencia públicamente reconocida. Ahora amplían sus horizontes y colocan entre sus próceres, junto a Felipe González, a Aznar y a Suárez. Así lo proclamó en el Teatro Goya. Porque todos caben. Todos valen para el bulto. Todos suman para una opción que se ha convertido en el consenso por el consenso. En el consenso puro. Incluso en Cataluña, donde tanto mérito han tenido, ahora los de Ciudadanos quieren someter a referéndum los derechos lingüísticos de los hispanohablantes, como si las libertades fueran algo susceptible de votarse en una sociedad adocenada como la catalana. Y nos dicen que el derecho a la herencia lesiona la igualdad de oportunidades. Y que las diputaciones son culpables y merecen la guillotina mientras indultan a las ruinosas autonomías. Y ponen en tela de juicio la educación concertada cuando no les gusta el modelo educativo que eligen los padres. Y les parece que querellarse contra Artur Mas crispa aún más. Y creen que se puede aplicar un decálogo anticorrupción a los maestros de la corrupción en España, como si a la mafia se la pudiera combatir con decálogos.

En fin. Así son las modas políticas en España. A veces visten al gato de liebre, y aunque se desnuden en los carteles nos lo ocultan casi todo sobre sus ideas. Si no lo creen, rasquen y vean. Para empezar, la moda ciudadana va camino de convertirse en muleta socialista en Andalucía y después en muleta popular donde toque. Para dar sólo un retoque a los que en realidad merecen un estoque.

Muchos creemos que nada cambiará de verdad si hacemos la política movidos por las modas basadas en bonitas músicas y confusas letras. Porque las modas vienen y van. Nada más. Pero al final todo volverá a su cauce y cada uno votará a los suyos, a los que acuden a la política para defender sus principios, sus ideas y valores. Y no consensos. Pero para eso ha de descarrilar el consenso perverso de 1978 basado, en la corrupción y en el latrocinio del erario, en el asalto a las clases medias, en la destrucción paulatina de la unidad de España, en la cobardía y en la indefinición y en la confusión ideológicas, consenso del que ahora Ciudadanos quiere ser muleta.

Santiago Abascal, presidente de Vox.

Ciudadanos, ¿Isco o Chicharito?
Luis Herrero Libertad Digital 4  Mayo  2015

A Ciudadanos se le ha acabado el chollo de crecer a costa de los errores ajenos. PP y PSOE, campeones de la alternancia en todo –en el poder, en el fango, en la endogamia y en lo rancio–, habían abonado el terreno de juego para que emergiera un grito social de hartazgo y demanda de renovación. Sus propios errores crearon las condiciones para la floración de una especie política diferente.

Pero entiéndase bien que la demanda social era de una especie política diferente, no de ejemplares distintos del mismo género, por muy pintorescos, vistosos o perfumados que resultaran. Por eso UPyD no podía ser, por sí solo, el partido que protagonizara la revolución emergente. Después de todo no dejaba de ser una escisión del Antiguo Régimen, un individuo disidente –aunque mucho más aseado, eso sí– de la misma colonia de individuos que la sociedad repudia después de tantos años de decepciones consecutivas. De ahí que al rechazar la invitación de Rivera a cambiarse de grupo, a injertarse en la especie del cambio, Rosa Díez cavara su propia fosa y colocara a Albert Rivera en disposición de disputarle a Podemos el liderazgo de la verdadera transformación de la topografía política.

Pablo Iglesias era, hasta ese momento, el único representante de la nueva especie política que había salido a escena, sin reminiscencias del pasado, con un discurso renovador. Renovador pero demasiado radical. Ciudadanos también supo beneficiarse de eso. Su apuesta por el cambio razonable, en contraposición al cambio extremista que postulaba Podemos antes de su tardío giro al centro, le dio alas para encaramarse al pódium de la competición, que es donde ahora le sitúan todas las encuestas.

Si los errores de PP y PSOE sembraron la semilla de Ciudadanos, el error de UPyD la abonó y el de Podemos la hizo crecer a velocidades vertiginosas. Más que por méritos propios, el partido de Rivera ha llegado a estar donde está por deméritos ajenos. Pero el chollo se le ha terminado. Ahora tiene que gestionar su éxito y eso pasa, con carácter inmediato, por decidir si facilita o no la investidura de Susana Díaz como presidenta andaluza. La decisión que tome marcará la evolución de su futuro a corto plazo.

El reto no es fácil porque, dicho a lo bruto, se mueve sólo entre dos opciones: o ser cómplice de que el PSOE siga donde lleva cuarenta años haciendo de su capa un sayo o inhibirse del problema y dejar que lo resuelvan otros, proyectando la imagen de que la alta competición le viene grande. O se convierte en Chicharito, alguien con quien nadie contaba pero capaz de marcar goles decisivos, o en Isco, el chico de la filigrana y la inanidad.

Si se abstiene en la votación de investidura habrá puesto sus credenciales de partido nuevo, limpio y razonable al servicio de la continuidad de lo viejo, lo sucio y lo emocional. Si vota en contra y deja que Podemos e Izquierda Unida esgriman ante la sociedad que han sido ellos los que han hincado de hinojos al PSOE en el reclinatorio del pacto anticorrupción asumirá el papel de convidado de piedra. Es decir, palo si bogas, palo si no bogas.

Suele ser en esas circunstancias cuando más se equivocan los seres humanos, habitualmente urgidos por la tentación del corto plazo, del primum vívere, de lo urgente en detrimento de lo importante. Y a mí me parece, humildemente, que es en esas circunstancias cuando más necesario resulta dejarse guiar por la brújula de los principios, enemigos habituales de las necesidades perentorias.

Dado el resultado electoral andaluz, inequívoca y desgraciadamente favorable a dejar que el PSOE siga una legislatura más en San Telmo, sobre la base de arrancar de Díaz el compromiso firmado –que naturalmente ella incumplirá antes o después– de apostatar de la corrupción, con el firme propósito de no pisar moqueta a cambio de la ayuda prestada, y teniendo en cuenta que renunciando a la repetición de las elecciones Ciudadanos abjura de lo que más le beneficia, mi consejo a Rivera es que se abstenga en la última votación y deje que pase lo que en todo caso va a pasar con su ayuda o sin ella. Cualquier cosa honrada menos la insignificancia, Albert.

Mi segundo y último consejo a Ciudadanos es que, en caso de aceptar el primero, se ponga el impermeable para protegerse de la lluvia ácida que le caerá, indefectiblemente, si me hace caso. Nadie dijo que fuera fácil.

Podemos no es tal como éramos
Pedro de Tena Libertad Digital 4  Mayo  2015

Algunos más bien pocos de los sesentones que aún poblamos esta desgraciada nación –desgraciada porque no se quiere a sí misma–, que es España, tuvimos una juventud no sé si romántica o estulta en la que nos propusimos cambiar el mundo, la vida y España. Eran los tiempos del final de la dictadura y la pequeña oposición al régimen franquista estaba influida intelectualmente por el marxismo de bolsillo y por la Iglesia y sus reinterpretaciones del anarquismo pacifista –de donde surgió la CNT que, como saben, ha sido aniquilada conscientemente por los herederos de Lenin– y del personalismo de Mounier. Ciertamente Podemos desciende en línea directa de aquellos comunistas descarriados que se desgajaban del barco del PCE, PCI, PTE, Joven Guardia Roja, OMLE, etc... cuya diferencia con el útero materno es que querían mandar ellos y en exclusiva. Como Podemos ha hecho con IU. Nada nuevo bajo el sol. Toda la parafernalia del discurso de "las bases", ahora círculos, no es más que la reedición, mucho más breve, del asambleísmo que convenía a unos comunistas expertos en manipular las reuniones masivas. De hecho, en menos de dos años, casi los han liquidado a todos.

Pero hubo otra juventud, situada en las antípodas del marxismo leninismo, si bien buena conocedora de sus doctrinas, que bebió intelectual y, sobre todo, moralmente del libertarismo pacifista más puro, muy alejado de la FAI (versión anarquista del totalitarismo) y de la interpretación cristiana del socialismo en general. Hasta Niezsche sabía que el socialismo no era otra cosa que un cristianismo laico. Tenía un fundamento kantiano, esto es, liberal en origen, defensor de cada ser humano como fin en sí mismo y no meramente como un medio. Trataba de aliviar la situación de "los pobres", he ahí lo cristiano, una categoría en la que entraba naturalmente "la clase obrera", mediante una organización social diferente y participativa en la que todos y cada uno de los dependientes (hay unos que tienen, otros que no tienen y los que no tienen trabajan para los que tienen) pudieran participar con su trabajo y sus decisiones. Frente a quienes proclamaban la conquista del poder político para establecer una dictadura con el Estado como único propietario y guardián, se trataba de hacer ascender un poder legítimo condicionante de los demás poderes reales y fácticos, gradualmente desde la propia asociación de los trabajadores –ahorro, consumo, salud, trabajo...– con el debido respeto a la esencia individual y personal de la base. Esto es, a los pobres había que promocionarlos, no que manipularlos y siempre desde la ejemplaridad personal, la moralidad.

Ha llovido mucho, sobre todo en contra de esta ingenua utopía, pero una cosa está clara. Podemos no tiene nada que ver con esta segunda juventud rebelde nacida en la clandestinidad y aniquilada en la transición. Se dirá que muchos de aquellos jóvenes éramos imbéciles en el peor sentido de la palabra imbécil, bobos, ignorantes, lo que se quiera. Pero no éramos malos ni perversos ni aprendices de dictadores. Quizá lo que se perseguía era imposible y quizá lo que algunos en las élites políticas deseaban era frenar como fuese el terremoto comunista que muchos temían entonces. Recuerdo, por poner un ejemplo relevante, que en la empresa en la que trabajé seis años, González Byass, las decisiones sobre huelgas o convenios se votaban individualmente en urnas de manera secreta. Donde dominaba el sindicalismo comunista o socialista, la mano alzada vencía con el estruendo de la piquetería organizada.

Lo cierto es que para nosotros el Primero de Mayo era una conmemoración de la rebelión de los trabajadores por los tres ochos derivada de una tragedia ocurrida en Chicago en 1886 y los excesos de la industrialización: ocho horas de descanso, ocho de educación y familia y ocho de descanso. ¿Cómo se ha podido llegar a una celebración del Primero de Mayo donde nadie ha recordado nada de lo importante? Porque las organizaciones sindicales derivadas del marxismo han cumplido su papel de anestésico social, de poner su potencia al servicio de los partidos de la izquierda y se han corrompido en el intento vía subvenciones. Ni en esto Podemos es tal como éramos. Si se repasa su estructura y su composición, no hay trabajadores, obreros, en su dirección. Han pasado directamente de la manipulación de millones de legítimos indignados a la nomenclatura sin control que apagará lo que no interese que siga encendido. Como decía un viejo profesor, son el precipitado de unas ideologías frías, a veces, gélidas hasta la muerte.



LA VISIÓN MÁS RADICAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA
El PP también claudica ante el nacionalismo catalán y su 'memoria'
Juan E. Pflüger www.gaceta.es 4  Mayo  2015

Amparándose en la Ley de Memoria Histórica, los separatistas catalanes, pretenden deslegitimar a la Monarquía obligándola a responsabilizarse del internamiento de prisioneros republicanos en campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El pasado miércoles el diputado de ERC, Joan Tardà, pedía en el Pleno del Congreso de los Diputados que se exigiera al Rey Felipe VI una petición oficial de perdón a los republicanos españoles que fueron despojados de su nacionalidad tras ingresar en campos de concentración nazis. Para forzar la presentación de esta iniciativa, ERC ha incluido esta solicitud en la moción que ha presentado y que será votada en la Cámara Baja el próximo 12 de mayo.

La justificación de los separatistas catalanes para presentar esta solicitud es que, de esta manera, se contribuye al fortalecimiento de la democracia. En la línea mantenida por la izquierda más radical ha asegurado también que el actual régimen en España es la continuación del régimen franquista: "No nos vengan diciendo que el Estado actual no puede hacerlo porque esta democracia no tiene nada que ver con el Estado franquista porque eso es una aberración jurídica", señaló Tardà.

La sorpresa llegó desde las filas del Partido Popular que, lejos de defender a las altas instituciones del Estado, se sumó a la solicitud asegurando, a través del ministro de Educación José Ignacio Wert, explicando que el Gobierno se encuentra “de acuerdo con el espíritu” de lo que estaba solicitando el partido de Tardà.

No contento con permitir que se considere responsable al actual Estado Español de las actuaciones del régimen nacionalsocialista alemán, ha mostrado su acuerdo con la Ley de Memoria Histórica, aprobada por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en 2007, que deslegitima la actual forma monárquica del Estado. En esta línea el ministro Wert ha asegurado que: "En la medida en que los mecanismos de la ley permitan que se produzca ese triple reconocimiento jurídico, moral y económico de las víctimas, va a tener con toda certeza el apoyo del Gobierno y del PP".

No contento con explicar que desde el Gobierno aceptarían una posible iniciativa que obligase al Rey a pedir perdón, el ministro de Educación ensalzó el papel de los republicanos en el exilio señalando que se debe trabajar para que las nuevas generaciones conozcan “las grandes aportaciones de los republicanos”.

Lo blanco es negro y lo negro es blanco: Un mundo enloquecido en el que los peores se arrogan el papel de “buenos”
Alberto Ramos Minuto Digital 4  Mayo  2015

La inversión de la realidad es una acrobacia mental que cada día está más de actualidad en los grandes medios. Ya no es una moda, se ha convertido en una regla de expresión. Se toma uno o varios hechos: ya no se trata de desnaturalizarlos, como ya era costumbre desde hace tiempo, ahora se les da la vuelta completa fabricando el exacto contrario: el agua de mar es dulce, Santiago Carrillo no tuvo nada que ver con Paracuellos, Adolfo Suarez es el Restaurador de la Democracia, el Rey de España es un trabajador infatigable y Rajoy es un hombre. Esto sólo por quedarnos en casa.

Estas afirmaciones idiotas nos hacen reir. Sin embargo, es el tipo de cosas que oímos todos los días tanto en política doméstica como en materia de geopolítica internacional. Ayer fue Milosevic que sembraba el terror en nombre de la Gran Serbia, cuando en realidad siempre se opuso a ella, o Sadam Hussein, que amenazaba al mundo con unas armas de destrucción masiva que nunca existieron, o Gadafi, que arrasaba su país que había transformado en realidad en la nación más próspera de África. Hoy es Bashar Al-Assad, que supuestamente masacra a su pueblo cuando lo que está haciendo es protegerlo de los grupos terroristas como Al-Qaeda, el Estado Islámico y otros similares, o es Putin, que ha restablecido, nos dicen, una dictadura en una Rusia que ha levantado espectacularmente de la pésima situación en la que se encontraba hace poco más de una década.

Ya que hablamos de Putin… Es el nuevo demonio. Está en el origen de todas los crímenes. Este es el relato oficial de sus fechorias recientes: ha machacado salvajemente a los patriotas chechenos (pacificando y reconstruyendo la república caucásica). Ha atacado a Georgia (cuando fue agredido por Saakashvili). Es un peligro para los EEUU (que han rodeado a Rusia con sus bases militares). Aterroriza a Polonia (que ha instalado bases de misiles US a las puertas de Rusia). Y sobro todo, se inmiscuye en Ucrania apropiándose de Crimea (un territorio… que es ruso). Pocas veces hemos asistido a un recital igual de mentiras, y tergiversaciones repetidas a diario por personas que niegan la evidencia y caminan cabeza abajo.

En Kosovo, estos mentirosos han fabricado un Estado mafioso arrancando una provinca a Serbia; es decir, que se han borrado las fronteras de un país soberano, pero de pronto se acuerdan de la existencia de fronteras en Ucrania para tratar de impedir que Rusia recupere un trozo de su territorio histórico. Estos proclaman el fin de la era de las ingerencias justo en el momento en que tratan de derrocar un gobierno en Damasco y han puesto una camarilla fantoche en Kiev. Condenan sin cesar la transgresión de la legalidad internacional y el no acatamiento de la autoridad de las Naciones Unidas, cuando en realidad no hacen otra cosa desde hace décadas en decenas de países minados por subversiones organizadas, revoluciones de color o invasiones armadas.

Hemos visto recientemente en la crisis ucraniana y en la tragedia siria lo más increible: jefes de Estado y de gobiernos europeos, occidentales y similares, ponerse del lado de la subversión y del extremismo, tomar partido por la violencia y la violación del derecho internacional y los derechos humanos, dar respaldo económico y diplomático a bandas armadas dirigidas por criminales sanguinarios y revoltosos golpistas… Y todo ello con la mejor de las conciencias y la mayor sangre fría ante la tragedia y el infortunio de pueblos enteros, que si no supieran en nombre de qué son objeto de los criminales manejos de sus torturadores. No ignoran el nombre de sus verdugos: Obama, Cameron, Hollande, Merkel, Netanyahu, Erdogan…

Éste es un mundo enloquecido en manos de los peores, que se arrogan el papel de los “buenos”. ¿Hasta cuando seguiremos soportando esto?

José Manuel Otero Novas: «Hicimos un Estado federal, pero nunca están conformes»
Juan Beltrán. La Razon 4  Mayo  2015

A principios de los 70 nacieron una serie de colectivos sociales que apostaron por una salida democrática al régimen de Franco. Especialmente significativo fue el Grupo Tácito, de ideas democristianas, verdadero semillero político del que salieron un buen número de dirigentes de UCD, ganadora de las primeras elecciones democráticas. Uno de sus miembros fue José Manuel Otero Novas, mano derecha de Suárez como ministro de la Presidencia y de Educación, quien presentó en la Universidad San Pablo CEU «Lo que yo viví. Memorias políticas y reflexiones» (Ed. Prensa Ibérica) acompañado de Carlos Romero, Alfonso Osorio –ex vicepresidente del Gobierno– y la periodista Ana Samboal. Un libro en el que explica grandes momentos de la Transición junto a tramas menos conocidas y reflexiona sobre los procesos de reforma política en España hasta el día de hoy.

–¿Cuál era su cometido en el Grupo Tácito?
–Como ahora, que estoy al margen de la política, pero participando en proyectos de futuro que sirvan para el bien común desde los principios cristianos. Hago trabajos políticos, planes, ayudo a buscar soluciones... Y en Tácito fue lo mismo. Su éxito fue el marcado protagonismo que tuvo en los gobiernos de la Transición. Yo sólo entré en política después de morir Franco.

–Fue germen de muchos de los políticos que protagonizaron la Transición.
–La UCD tenía componentes muy diversos: los azules, que venían de Falange, algunos de gran valía como el propio Suárez y Martín Villa; socialdemócratas y liberales, pocos. La gran mayoría eran democristianos del Grupo Tácito, que era un proyecto para el futuro y que, una vez que se entró en política, desapareció.

–¿Se ha mitificado la Transición?
–El balance global ha sido fantástico, aunque digo en el libro que también tuvo notables defectos. Hay cosas que se hicieron mal, como el Estado de las Autonomías o como aceptar un proceso constituyente de año y medio sometidos a presiones y exigencias, cuando con tres meses hubiese bastado.

–Considera la Ley de Reforma Política más importante que la Constitución.
–Fue el instrumento esencial de la Transición y de todo lo que ocurrió después. Fue una obra del Gobierno y la oposición participó muy poco. Suárez quería el apoyo de todos, pero la izquierda no se adhería porque no era su obra. Con la Constitución sí se sintieron llamados. La grandeza de Suárez fue quitarse protagonismo personal y dárselo a todo el Parlamento.

–¿Por qué cedieron los jerarcas del régimen?
–Todo el mundo creía, en España y fuera, que al morir Franco nos enfrentaríamos y no fue así. Históricamente, los cambios políticos se hicieron con guerras y revoluciones, pero hay excepciones que se produjeron por agotamiento de los regímenes. Sus dirigentes son conscientes de los problemas, pero no pueden con ellos. Si alguien con ideas los convence de que es mejor cambiar que la revolución, puede hacerse pacíficamente. Suárez fue capaz de convencerlos de que sería mejor una nueva vida con el Rey a la cabeza. Con su respaldo se la jugó, pero pudo haber acabado delante de un pelotón de fusilamiento.

–En 1989 volvió al Parlamento con el PP, ¿por qué lo hizo?
–Volví porque me lo pidió Fraga, uno de los personajes más importantes de España en el siglo pasado. Me propuso entrar en el partido para hacer un centro derecha fuerte y le dije que sí. Por él volví al Parlamento.

–Y en 1996 dejó la política definitivamente. ¿Perdió las ilusiones?
–Yo siempre tuve otros proyectos y es difícil permanecer en un partido si tienes otra vida alternativa. Mi idea de la política es hacer un servicio y marcharte. Además, debes soportar en tu mismo partido a compañeros que están permanentemente poniéndote la zancadilla y estaba harto. Los ataques de adversarios te vienen de tus propias filas, así que preferí irme antes que enfadarme y acabar como enemigos.

–¿Qué opina de los que hacen de la política su profesión?
–La profesionalización tiene algunas ventajas, como la estabilidad, pero unos inconvenientes inmensos. Si desde joven estás en el partido sin trabajar, te falta experiencia y cultura de la vida. Y si vives de la política, siempre dirás «sí, jefe», porque es la única manera de subir. Así se representa al jefe, no al pueblo, y eso provoca sumisión y caudillismo. Algo fatal que pervierte la democracia.

–¿Una asignatura pendiente de nuestra democracia es no haber consensuado una ley de educación?
–Distingo dos planos: uno es el de los planes de enseñanza, que para mí son secundarios; como ministro me propuse no tocarlos y respetar lo que había. Otro es el ideológico, que es la clave. Yo me lo propuse, aunque no pudo ser. Pretendía establecer una igualdad a la que no hemos llegado. Cuando se trata de escuela pública o privada, hay ayudas a unos y otros, hay ideario... El consenso es dificilísimo.

–¿Qué opina de la actual deriva nacionalista?
–Yo soy uno de los principales responsables del Estado de las Autonomías. Desde los 80 están reivindicando más de lo que la Constitución les da y los gobiernos han cedido. Yo creo que el apaciguamiento es una de las causas de guerras. La cesión calma las cosas quince días, pero no en el futuro. Esto pasó en la II República y se la cargaron. Cuanto más cedes, más difícil es volver atrás. Con Franco estaba a cero y la ETA quería el 100. Nosotros dimos el 50. Hicimos un Estado federal y nunca están conformes. Si cedes el 95 o el 100, después vendrán los demás reclamando lo mismo y eso se carga el sistema. Hasta ahora, la cuestión territorial siempre terminó con guerras.

–¿Cómo ve la actualidad política? ¿Qué es peor, la crisis o la falta de ética?
–La corrupción es lo peor. De la crisis, tarde o temprano se sale, pero lo otro corrompe la fe en el sistema. Se quitaron las medidas de control y cuando tienes todos los días la posibilidad, algunos ceden a la tentación.

¿Puede Francia morir en el siglo XXI?
Guillaume Faye Minuto Digital 4  Mayo  2015

Los países son como un organismo: nacimiento y niñez, adolescencia y juventud, edad madura, vejez y muerte. Cuatro fases, siempre, como las estaciones. Esto vale para los individuos, los pueblos, las civilizaciones, y también para todas las organizaciones.

Francia nació progresivamente durante la alta Edad Media sobre las ruinas de la Galia romana, las invasiones germánicas y el primer cristianismo. Primer rey mítico franco: Clovis, consul romanus, pagano converso, de nombre verdadero Chlodoveigh. Pero las raíces de Francia son mucho más antiguas que las de su Estado franco naciente. Comenzando sus Memorias, De Gaulle escribe: “Francia viene del fondo de los siglos, Francia vive”. El problema es que hoy, bajo sus sucesores, puede morir. La fórmula de De Gaulle significa que el sustrato humano, antropológico de Francia no había cambiado mucho en el curso de los siglos. Muchos otros países europeos están en la misma situación.

1. Francia cambia de rostro. ¿Desfiguración?
Francia puede morir progresivamente al inicio del siglo XXI, y lo puede hacer mucho más rápido de lo que tardó en nacer. Hay que restablecer una verdad incesantemente escarnecida: el territorio francés de las Galias no conoció hasta la mitad del siglo XX ninguna inmigración de importancia y las únicas inmigraciones provenían de poblaciones europeas emparentadas. Siempre se había preservado una homogeneidad étnica. Ahora la ruptura se ha producido, como en otras partes de Europa occidental durante las décadas catastróficas de los 60 y los 70, cuando comenzó un flujo migratorio ininterrumpido y masivo (algo nunca visto en la historia desde hacía milenios) junto con un descenso dramático de la natalidad de los franceses y europeos de pura cepa. Esa inmigración trajo consigo el milenario islam, totalmente incompatible con la civilización europea y en conflicto con ella desde el siglo VII. Frente a ese fenómeno invasor, las élites francesas y europeas no sólo se han mostrado pasivos, sino que lo han favorecido. Las élites europeas colaboran con la invasión. Esto es absolutamente incomprensible para un chino, un japonés, incluso un africano.

Vean las películas y las fotos de la Francia de los años 60. El paísaje humano ha cambiado. Y el proceso está en sus inicios. Un fotógrafo amigo mío ha hecho una broma: ha montado una exposición sobre la vida diaria en África ecuatorial y en el Magreb. En realidad, las fotos fueron tomadas en la región parisina.

En numerosas zonas ya no se trata de “minorías” sino de una mayoría. Si nada cambia, demográficamente, serán los franceses autóctonos (es decir de origen europeo) los que pueden convertirse en minoritarios. Ya lo estamos viendo: con el fracaso de la integración, son los autóctonos los que deben adaptarse, Eso se va a agravar. Los síntomas clínicos de la desaparición de la identidad francesa europea, es decir de la misma Francia, ya están presentes.

Asistimos al empequeñecimiento del sustrato humano de los franceses de pura cepa, de aquellos que se sienten étnica, histórica y afectivamente franceses y europeos. El sistema educativo ya no enseña la historia del país como hacía antaño la “educación republicana”. Está en acción un movimiento general de “desfrancización”, tanto étnico como cultural. Los que protestan contra la americanización se equivocan totalmente. El problema real es la sumisión a las culturas de los nuevos inmigrantes, musulmanes, africanos…

Salvo excepciones y minorías, no se ve ninguna señal de integración a la nacion francesa entre las masas de los jóvenes de las nuevas poblaciones inmigradas. Por el contrario, se nota un rechazo masivo, asociado a una secesión, a un principio de reacciones insurreccionales, bajo todos los pretextos. El islam es el principal carburante de este fenómeno. Se trata de un proceso de destrucción viral del organismo, desde el interior antes que del exterior. No hay integración ni asimilación, luego no hay aculturación de las minorías a la mayoría, ya que esas minorías se están convirtiendo en mayorías, y son más jóvenes que los autóctonos. Son éstos últimos los que se aculturan. Es el movimiento inverso el que tiene lugar. Los que se quieren integrar y se sienten franceses no representan más que una minoría, apenas el 5%. Los demás: los indiferentes (asiáticos y otros, inmigración económica) y los hostiles, que son una gran mayoría, para los cuales el islam es el motor central de la revancha y la conquista.

La nueva Francia, Franciarabia, ¿será una simple prolongación del mundo arabomusulmán al término de un proceso invasivo por abajo? El cambio de idioma, de religión, de cultura está en marcha y las élites se tapan los ojos. La verdad es demasiado simple para ser entendida por el espíritu intelectual que prefiere la complicación de la escolástica y su sabia organización de mentiras y de errores. El intelectual es incapaz de adivinar el futuro. Además, una ideología presentista, que niega el enraízamiento, es incapaz de prever el futuro.

2-Etnopolítica e idea de la Nación
Esto concierne a Francia, pero más ampliamente al conjunto de nuestros primos europeos. Un país está hecho de hombres y no de ideas. La causa principal de la muerte probable de Francia es la inmigración masiva de poblamiento de personas extraeuropeas que es como un cambio, un reemplazo de población, como consecuencia de las implacables leyes demográficas. La mayoría de estos inmigrantes, de fecha reciente o de dos o tres generaciones, no se siente para nada francesa y no le importa absolutamente nada Francia. Siguen vinculados a su patria de origen. Asistimos objetivamente a un proceso de invasión “por abajo”. Nada de eso se ha producido nunca con los inmigrantes que han poblado a los EEUU: adoptaban espontáneamente un patriotismo norteamericano, superando sus antiguos orígenes. Todos eran de filiación europea. El “melting pot” norteamericano se limitaba al principio al origen europeo de los inmigrantes. Eso nunca funcionó con otros inmigrantes de origen no europeo.

Defiendo la tesis de la etnopolítica, según la cual la identidad, la personalidad, la esencia de un pueblo, de una nación, de un país, dependen de una base humana y étnica. Las intituciones, la economía, la cultura, las mentalidades son el fruto directo de las raíces. Si estas son cortadas, arrancadas, modificadas, el país desaparece objetivamente, aunque conserve el nombre. Un país vive siempre, aunque no sea políticamente independiente: siempre puede recuperar su soberanía o recuperarse de una ocupación militar. Miremos el ejemplo de Polonia, durante largo tiempo absorbida por el Imperio Ruso, después brevemente incorporado al Tercer Reich, y después parte del protectorado soviético. En cambio, un país desaparece si su sustrato étnico, es decir antropológico y cultural es trastocado. Eso es lo que nos está pasando. Es por eso que la demografía es, de entre todas las ciencias humanas, la más importante.

No es de la Unión Europea supranacional, que restringe y carcome su soberanía, que Francia puede morir, sino de la transformación étnica de su población, es decir a la vez en los terrenos antropológicos, culturales y religiosos. Quizás siempre se llame Francia, pero ya no será más que un envoltorio, una Francia simulada. Como una botella que lleva la etiqueta “burdeos” pero contiene otro tipo de vino.

No son las crisis económicas ni las derrotas militares que derriban a un país, sino el debilitamiento y la fragmentación de su germen, de su colunma vertebral antropológica. O sea las raíces del árbol. ¿Nos imaginamos un Japón poblado a 50% de africanos “niponizados”? Incluso Israel está más amenazado por el crecimiento de los árabes en su territorio que por un peligro militar. Esto vale para todos los países.

Una Francia que no sólo estaría masivamente islamizada, sino que además una parte creciente de la población no fuera de estirpe europea, simplemente ya no sería Francia. ¡Ni siquiera sería su heredera! Al igual que el Egipto actual no es heredera de las de los faraones, ni el Perú de hoy es el heredero del de los incas.

3. La impostura de la ideología republicana francesa
El gran error de la ideología republicana, compartida por todos los partidos, ha sido creer que la esencia de Francia (o de cualquiero otro país) es intelectual, es decir únicamente fundada en la ahesión a unas ideas, a unos valores, a un proyecto. Esto sólo es verdad en parte. La esencia de un país es ante todo su cohesión “física”, “carnal”, es decir el parentesco étnico que es una cosa concreta y no una abstracción. Aristóteles hablaba de philia (amistad intraétnica de los ciudadanos de un mismo origen) indispensable a la existencia estable de una polis. De Gaulle, de manera muy contraria a la ideología republicana oficial, explicó en su dia el fondo de su pensamiento: “Francia es un país de raza blanca, de religión cristiana y de cultura grecorromana y no puede acoger más que pequeñas minorías de otros orígenes.” Esta posición de sentido común es hoy rechazada por todos los “republicanos”, incluídos los seudo gaullistas de la UMP, para quienes Francia es un “melting pot” (un crisol) que debería ser milagrosamente cimentado con la idea casí metafísica de República. Este concepto es peligrosamente idealista y nunca funcionará.

En un artículo de Le Figaro, “La República contra la Nación”, Jean Raspail explicaba que la ideología republicana francesa estaba en confllicto con la idea nacional en el sentido étnico, por su universalismo desatado. Preveía que al final habrá una guerra civil étnica, que consideraba perdida de antemano (lo que no es mi opinión, como veremos más adelante). La República se impone como una ideología (cuando sólo debiera representar una forma de gobierno) contra la patria y Francia. Esta abstracción no es sostenible.

Como admirador de Aristóteles que soy, no me opongo,, claro está, a la república como forma de gobierno ni a la democracia como principio, pero sí a la ideología republicana francesa que desvía el sentimiento popular de la etnicidad, fundamento de la democracia. Al desviar la idea de república, el republicanismo actual se acerca a la ideología soviética que consideraba a los hombres como ladrillos indiferenciados, provenientes de todos los orígenes pero federados por el dogma marxista-leninista del materialismo dialéctico.

Nacida en una época en la que no había inmigración de poblamiento, la ideología republicana podía repetir gratuitamente todos los eslóganes más estúpidos: “Todos los hombres tienen dos patrias: la suya y Francia”. O bien adherir a la idea idiota de Renan: Francia como una idea, como un proyecto opuesto a Alemania, basada ésta sobre la etnicidad. En realidad, todas las naciones, todos los pueblos, todos los países, aunque lo nieguen por ideología, tienen como fundamento la etnicidad, sobre el parentesco étnico. De otra manera, la cosa acaba por explotar.

Además, esta ideología republicana o seudo republicana no mantiene la soberanía del Estado defensor, sino solamente su peso como Estado providencia (o Estado del bienestar), protector en primer lugar de los extranjeros, incluidos los clandestinos e ilegales. Lo sorprendente, desde los años 80, y que es una señal inquietante de la descomposición de Francia (como en los momentos de la caída del Imperio Romano) es el debilitamiento del Estado, en todos los terrenos que son prerrogativas del Estado: laxismo judicial, fuerzas del orden paralizadas, impotencia creciente frente a la criminalidad, legislación ya sea impuesta por Bruselas, ya sea redundante, inextricable, inaplicable, retrocesos constantes frente a las corporaciones sindicales y otras, impotencia completa frente a la inmigación clandestina, ausencia total de control de las fronteras, etc… En definitiva, el declive de la autoridad pública. Pero paradójicamente, este Estado impotente en el terreno de sus funciones exclusivas demuestra ser un paquidermo invasor en los terrenos reglamentario, burocrático y fiscal. Eso es exactamente lo que ocurrió en el siglo IV. El Estado romano brillaba con los últimos fuegos de su grandeza antes de derrumbarse estrepitosamente.

4. El mal fontanero y el mal médico
El problema principal, tanto francés como europeo (sin incluir a Rusia) es la mediocridad general de la clase política, tantos los representantes como los gobernantes, salvo excepciones, muy acentuada desde la muerte de Georges Pompidou. Globalmente, no se preocupan de la cuestión fundamental, atronadora, de la colonización migratoria y la islamización que nade detiene y que nadie trata de resolver más que con “remedios de la abuela”, sin dejar de mentir descaradamente al pueblo autóctono, todavía mayoritario (por ahora) sobre lo que le espera. El mal fontanero propone, no de cortar el agua para arreglar la fuga, y después solucionar la inundación, sino de hacer unas chapuzas con los tubos y utilizar la bayeta. El mal médico teme revelar a su paciente la amplitud de su mal. Si lo ignora, le prescribe medicamentos caros pero inoperantes, o bien niega el mal y le prescribe ansiolíticos para calmar temporalmente sus dolores. El problema central sigue sin resolverse. La agravación del mal es ineluctable. La clase política es así: no piensa más que a muy corto plazo. La idea de “patria” queda muy lejos de sus preocupaciones. La patria es a la vez torpedeada por la ideología dominante y paralizada por sus ventajas económicas, la “corrupción legal”. Pero aún: aunque esté todavía apegada a la idea de Francia, no la entiende más que en un sentido limitado, intelectual y no entrañable, de manera abstracta y no concreta.

Al margen de toda polémica, hay que reconocer que De Gaulle (único oponente de derecha desde 1940 al Tercer Reich mientras que los colaboradores de Vichy provenían de la izquierda en un 80%) defendió una visión etnicista de Francia. Es por eso que quiso la descolonización y la independencia de Argelia. De Gaulle consideraba que la convivencia entre europeos y musulmanes era imposible y se oponía a toda inmigración norteafricana hacia Francia. Evidentemente no se imaginó nunca lo que ocurriría después de él. Hoy, el FN, que parece acercarse del gaullismo después de haberlo combatido durante mucho tiempo, se acuerda de unas de las bases fundamentales del gaullismo: la identidad étnica, llamada “nacional”, que tiene exactamente el mismo origen etimológico.

5. Dirigentes asustados o cínicos
Los dirigentes políticos, periodísticos, intelectuales, económicos, hacen como si nada estuviera ocurriendo. El nivel del agua sube en el Titanic, pero se reacciona como si nada grave estuviese ocurriendo. La orquesta sigue tocando. ¡Champaña! Siempre se prefiere el corto término al porvenir. El falso optimismo (“no, no, no estamos hundiéndonos, todo va bien, vamos a salir de ésta por la integración republicana”) compite con la mentira de los cobardes y los idiotas útiles (“la inmigración, una oportunidad para Francia”) y al cinismo de aquellos que quieren claramente la desaparición de Francia (y de EUropa) en su identidad histórica porque están motivados por un sentimiento turbio, a la vez masoquista, lleno de odio y xenófilo.

Señalemos los razonamientos sesgados de las élites, basados en la negación de la realidad y sobre diagnósticos falsificados:
1. La inmigración de poblamiento o bien no es tal, o bien constituye una oportunidad y una ventaja. En cuanto al islam, éste sería un enriquecimiento, y el islamismo, un fenómeno limitado y bajo control.
2. Gracias a la “integración” o a la “convivencia” sin integración, la nueva Francia será más rica en su “diversidad” (palabra fetiche). ¿Por qué esta falsificación de la realidad por las élites?

a) A causa de la ideología humanitarista, antirracista, antietnista (sólo para los europeos) y de una visión falsificada de la nación por un republicanismo delirante que escarnece los intereses y la opinión del pueblo autóctono. Este último es despreciado y acusado de dejarse halagar por los “populismos”. Una desagradable contradicción aparece aquí: más allá de un cierto umbral, si esto sigue así, en el transcurso de este siglo la Francia multicolor y en vía de islamización no será para nada una república democrática, pero se parecerá al Líbano, al Magreb y a sus regímenes.

b) El miedo, para los políticos, de las nuevas poblaciones, juzgadas peligrosas sin que se atrevan a decirlo abiertamente, miedo acompañado de reflejos electoralistas.
c) La necesidad de tranquilizarse, de cegarse a sí mismo, de mentirse a sí mismo
d) El terrible espíritu colaboracionista de sumisión que es desgraciadamente recurrente en la historia de Francia.

6. ¿Carrera hacia el abismo o simple enfermedad?
Por supuesto, Francia tiene todavía enormes posibilidades: dinamismo de los emprendedores (a pesar de una fiscalidad delirante), éxito de las multinacionales (que crean, sobre todo, empleo en el extranjero), alto nivel de formación, riqueza del patrimonio. ¿Pero acaso no se trata de restos de nuestra pasada grandeza? ¿Algunos árboles vivos no esconde acaso un bosque que se está muriendo?

La situación económica y financiera catastrófica de Francia, provocada por la gestión socialista, agrava todavía más las cosas. Mencionemos por ejemplo la fuga de cerebros, los jóvenes diplomados autóctonos reemplazados por analfabetos llegados de fuera: las fuerzas vivas que emigran y otras “fuerzas” que inmigran… El estado de la enseñanza nacional tampoco prepara un porvenir sonriente para las generaciones futuras. Francia tiene todavía recursos (investigación científica, sectores competitivos, etc), pero todo esto se está erosionando. Como un hermoso cuadro que no es restaurado y pierde su brillo poco a poco. Sin embargo, una crisis económica explosiva podría tener un efecto imprevisto positivo, revolucionario, que podría darle vueltas a la situación. Como ya lo he dicho en un artículo precedente, la cuenta atrás de acontecimientos insurreccionales muy graves probablemente ya ha comenzado, preludio de una posible guerra civil étnica. Esta última, aparejada a una depresión económica, puede inaugurar un ciclo revolucionario del cual todo puede salir.

Las nuevas poblaciones no quieren saber nada de Francia ni de su historia. Con la complicidad y/o la ceguera de una parte de las élites, la colonización de poblamiento y la gran sustitución ya están avanzadas. La matemática demográfica ya está en camino, implacable. Se puede integrar minorías, es decir, absorberlas, pero no a masas que se convierten poco a poco en mayoritarias en zonas cada vez más numerosas y que imponen objetivamente sus costumbres. Los cambios de idioma, de religión, de cultura, están en marcha. La historia ofrece muchos ejemplos de esto. ¿Por qué Francia y Europa escaparían a esa deriva? Los que nos cuenta, tanto desde la izquierda como de la derecha, que la integración funciona o debe absolutamente funcionar son unos miopes o unos mentirosos. Al contrario, lo que funciona es la separación y el odio de Francia (lo mismo para nuestros vecinos). Todos los acontecimientos recientes lo demuestran. Errare humanum est, act perseverare diabolicum, equivocarse es humano, pero perseverar en el error es diábolico.

El islam es un factor relacionado y agravante. Contrariamente a la mentira de Estado, el islam no ha sido nunca parte de la historia de Francia. Incluso es lo contrario por esencia, antes y después de 1789. La hostilidad del islam a los valores europeos, ya sean cristianos o laicos, es un hecho histórico constante y estructurante. La voluntad universalista del islam de conquista (y de revancha) es una constatación objetiva. La criminalización de “la islamofobia” por la jurisprudencia es una clara señal de sumisión (y de permiso) enviada a los agentes de la islamización en Francia. Cuando los musulmanes hacen sus oraciones en plena calle, eso quiere decir, muy claramente: ahí donde están los musulmanes, ésa es tierra de islam. Cuando reafirmamos la identidad nacional, somos acusados de racismo. La palabra “islamofobia” se ha convertido en un medio de asimilar toda crítica del islam al racismo. En cambio, nadie habla de cristianofobia.

La catástrofe militar de 1940, que no ha sido la primera en la larga y pesada historia del país, fue una picadura de avispa en comparación de lo que nos está ocurriendo actualmente, es decir, la destrucción progresiva de nuestras raíces y de nuestra identidad francesa y europea, de manera quizás irreversible. El ejemplo de Japón es elocuente: aplastado en 1945, como nunca ningún país lo fue, único en haber padecido en la historia el fuego nuclear, el Imperio del Sol Naciente se ha levantado y persiste. ¿Por qué? Porque se ha protegido de toda inmigración extranjera, porque sus valores ancestrales, históricos, espirituales, nacionales y étnicos, han prevalecido y eso a pesar de la sociedad de consumo y del materialismo. Japón ha hallado en su alma ancestral la fuerza de seguir siendo él mismo, ha tenido la inteligencia de no compensar erróneamente su desnatalidad con una inmigración extranjera que hubiera desnaturalizado su sustancia, su germen. El ejemplo del Japón invalida el argumento repetido según el cual las sociedades “cerradas” serían improductivas. Al contrario, son las sociedades demasiado abiertas quienes lo son, ya que están amenazadas de explosión. Los japoneses han tenido la lúcida inteligencia de comprender que a pesar de su desnatalidad, la inmigración no era la buena solución. Manifiestamente, los japoneses han sido más inteligentes que nosotros.

¿Inmigrantes ilegales hoy, islamistas mañana?
Clément Martin Minuto Digital 4  Mayo  2015

dirigente de Génération identitaire y miembro de Nissa Rebela, grupo identitario de la región de Niza

Hace pocas fechas, 800 inmigrantes clandestinos han muerto en el Mediterráneo mientras trataban de llegar a Italia. A consecuencia de este hecho se ha desatado una tormenta mediática contra la “Europa fortaleza”, responsable, al parecer, de la muerte de todos los que quieren entrar en ella ilegalmente. Europa, es cierto, “sólo” acoge a 300.000 ilegales al año. Es como si una nueva Niza se instalara en Europa cada año, enteramente poblada de inmigrantes ilegales. Para algunos eso todavía es poco, y quieren ir más allá: ¡legalizar la inmigración ilegal! ¡Para acabar con la inmigración ilegal, simplemente hay que autorizarla! ¡Para acabar con el tráfico ilegal de drogas, simplemente hay que legalizar el tráfico de drogas! Teníamos la solución al alcance de la mano y no nos dábamos cuenta.

La realidad es muy distinta: si las fronteras de Europa se abren todavía más, las muertes se van a multiplicar. A menos, claro, que la Unión Europea mande sus barcos a las costas africanas para recoger en los puertos del otro lado del mar a los candidatos a la inmigración hacia nuestros países. ¿Y si cavamos un túnel? Así como ya tenemos el Eurotúnel bajo el canal de la Mancha, podríamos tener el Áfricatúnel bajo el canal de Sicilia: la vía soñada hacia el Eldorado europeo, donde esperan las ayudas sociales, las becas escolares, el cheque por maternidad, la casa de bajo alquiler, sanidad gratis, dinero por respirar…

Diariamente, una flotilla de embarcaciones llenas de ilegales llegan a nuestras costas, bajo la atenta mirada de los guardacostas, cuya única misión es la de asegurarse de que los invasores llegan sanos y salvos a tierra firme. Estos invasores, que no podemos enviar a sus países, pueden instalarse tranquilamente en nuestra casa, traspasar las fronteras y hacer venir más tarde a sus mujeres y sus hijos. Una vez las familias reunidas a cargo de los contribuyentes, nuestra administración anima la “renovación de la población”, o sea la sustitución de los europeos autóctonos. A esos mismos europeos autóctonos se les pide que soporten todo tipo de tráficos, inseguridad y africanización de su sociedad, y que encima acepten sin rechistar vivir con esos nuevos vecinos.

“¿Cuántos terroristas llegan en esos barcos?”, se preguntaba Marine Le Pen después de los atentados de enero. Como ocurre a menudo, los patriotas teníamos razón. Recordemos la caída de Gadafi, cuando las cárceles fueron abiertas y los antiguos detenidos tomaron el camino de Europa. Desde entonces, el flujo no ha dejado de crecer. Además el Estado Islámico ha amenazado a Europa con submergirla bajo oleadas migratorias compuestas en parte por sus combatientes. Las oleadas migratorias ya son un hecho. Y los islamistas están en camino.

Frente a estas oleadas, la firmeza es la única solución en estos tiempos peligrosos. “El Campamento de los Santos” de Jean Raspail no era una fantasía, sino una profecía, que está teniendo lugar ante nuestra vista, hoy mismo. Ya es hora que los europeos se unan para luchar juntos contra este gran reemplazo y por su identidad. El problema no es “económico”, ni “social”, sino simplemente civilizacional: unos pueblos están invadiendo Europa y debemos vencer o perecer. La única política migratoria válida es la que disuade y rechaza a los ilegales. Australia ha seguido ese camino: la inmigración ha sido reducida de manera drástica y las tentativas de entrada ilegal son tan escasas que en 2015 no se contabilizado ningún muerto tratando de llegar a la isla continente.

Los naufragios en el Mediterráneo son dramas, pero existe otro drama al que asistimos todos los días: el de la sustitución de las poblaciones europeas por otras, llegadas principalmente de África. Y sólo un cambio radical de perpección del mundo y de consciencia política podrá salvarnos de esta caída. Éste es el deber de todos los hombres dotados de una verdadera consciencia identitaria: debemos defender una civilización amenazada por la desaparición. ¡Debemos actuar como si cada uno de nosotros fuera el último europeo! Toda otra postura frente al peligro que se cierne sobre nuestras patrias debe ser percibida como una traición.

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Lo que puede deparar el demencial desafío secesionista
EDITORIAL Libertad Digital 4  Mayo  2015

La encuesta que publicaba este fin de semana el diario La Vanguardia sobre intención de voto en las próximas elecciones autonómicas catalanas arroja bastantes datos de interés. El primero de ellos es el formidable batacazo de la CiU de Artur Mas, que perdería nada menos que 15 de los 50 escaños que obtuvo en 2012, que a su vez eran 12 menos de los que cosechó en 2010. El nefasto mandatario regional puede, pues, conseguir la proeza de demediar miserablemente su partido, que en 2010 consiguió el 38% de los sufragios y ahora rondaría el 22.

Mas y CiU son dos auténticas calamidades para Cataluña, así que tal castigo ya no es que fuera justo, es que de hecho sería insuficiente: sencillamente no merecen ser los vencedores de las próximas elecciones.

El otro gran desplome lo protagoniza el Partido Popular, que perdería 10 de sus 19 diputados y pasaría de ser la cuarta a la sexta fuerza en la Cámara autonómica, sólo por delante de Iniciativa per Catalunya (ICV). Estos bochornosos resultados resaltan aún más si se tiene en cuenta la subida espectacular de Ciudadanos, que pasaría de 9 a 26 escaños y podría incluso ser la segunda lista más votada. Jamás se ha acercado siquiera el PPC a unos resultados así, ni en porcentaje de votos (el récord popular data de 1995, con el 13% que obtuvo Vidal-Quadras; la encuesta de La Vanguardia da a los de Albert Rivera un 19% de respaldos) ni en escaños (los actuales 19 de Alicia Sánchez Camacho).

Como era de prever, Ciudadanos está sacando petróleo no sólo del PPC, también del zombi PSC, al que el sondeo otorga entre 12 y 13 escaños, siete menos de los que tiene ahora, que ya representan un mínimo histórico para un partido que llegó a disponer, con Maragall y en 1999, de 52.

Como también era de prever, el PSC se está desangrando por ese flanco y por el que ocupa Podemos, que irrumpiría en la Cámara regional con entre 6 y 8 escaños, una cifra notable para una formación de nuevo cuño pero muy inferior a la registrada en sondeos precedentes (14).

Completarían el próximo Parlamento autonómico ERC, con entre 5 y 6 escaños más de los 21 que tiene ahora, ICV (-5) y la batasunesca CUP (+7 u 8).

Así las cosas, Cataluña tendría de nuevo un Parlamento atomizado, con fuerte presencia ultraizquierdista (ERC, CUP, Podemos, ICV) y de mayoría soberanista; una mayoría aún más radicalizada pero estancada –incluso podría perder hasta cuatro escaños– y que, para serlo, precisaría del concurso de la CUP antisistema.

Estos son los frutos del demencial proceso auspiciado por las fuerzas secesionistas: atomización, radicalización, colapso del partido timonel y estancamiento pútrido que puede degenerar en graves tensiones, como las derivadas de la existencia de una Cámara en manos secesionistas en una sociedad en la que el no a una hipotética independencia es mayoritario. La responsabilidad de todos los que han contribuido a la conformación de este fangal, empezando por Artur Mas (acción) y Mariano Rajoy (omisión), es tremenda.

Otra claudicación del PP: la memoria histórica
 www.gaceta.es 4  Mayo  2015

El PP parece no tener límite en su descabellada estrategia de claudicación ante las imposiciones ideológicas de la izquierda.

El Gobierno del PP ha aceptado una proposición de Esquerra Republicana de Cataluña para que la Corona pida oficialmente perdón a “los republicanos españoles que fueron despojados de su nacionalidad tras ingresar en campos de concentración nazis”. Sorprende que un partido declaradamente antiespañol como Esquerra reivindique la nacionalidad española. Pero aún sorprende más que el Gobierno, por boca de su ministro Wert, se haya sumado a esta moción, que deberá votarse el próximo día 12.

La propuesta de Esquerra puede discutirse, ciertamente, aunque parece bastante intempestiva a estas alturas. Menos aceptable resulta que su petición se incluya dentro de una condena implícita a la Corona. Pero lo realmente llamativo es la actitud del PP, que parece no tener límite en su descabellada estrategia de claudicación ante las imposiciones ideológicas de la izquierda. Desde la mayoría absoluta más inútil de todos los tiempos, el PP ha claudicado ante la ley del aborto de Zapatero, ante la ley de matrimonios homosexuales de Zapatero, ante la política de excarcelaciones de etarras de Zapatero, ante las leyes “de género” de Zapatero y, por supuesto, también ante la Ley de Memoria Histórica de Zapatero. Suicida.

La ley de memoria histórica es una aberración. Es una aberración jurídica porque otorga a los poderes públicos potestad para dictar una verdad científica –en este caso, histórica-, cosa que sería ridícula en cualquier campo del conocimiento. ¿Imagina alguien una ley que obligue a los ciudadanos a aceptar que el agua se congele a cinco bajo cero, por ejemplo? Es también una aberración política porque divide formalmente a los ciudadanos en buenos y malos en función de su linaje o su orientación política, división expresamente dirigida a deslegitimar a la derecha social, a la corona y, aún más, a la propia continuidad institucional del Estado. Y sobre todo es una aberración histórica porque consagra por ley, y con todo el aparato coercitivo del Estado, una interpretación palmariamente falsa de los acontecimientos que España padeció entre 1931 y 1939.

La ley de memoria histórica se parece mucho a aquel Ministerio de la Verdad que Orwell imaginó en 1984: el poder decide consagrar la mentira como verdad oficial y los ciudadanos deben aceptarlo a pies juntillas. Que el PP haya terminando cantando este “trágala” es el más claro síntoma de la orfandad de la derecha española.

Envolverse en la bandera no servirá para eludir la sospecha de nepotismo
EDITORIAL El Mundo 4  Mayo  2015

El discurso irracional de los partidos nacionalistas catalanes, con su constante apelación al simbolismo y a las emociones, se está revelando aceleradamente como una estrategia de encubrimiento del comportamiento indecente de unas élites extractivas encaramadas al poder político durante décadas. Detrás de la senyera no estaba la Arcadia, sino la corrupción. Para esta táctica, el establishment empresarial y periodístico constituido en torno a CiU ha tenido muchas veces como cómplice a una parte de la oposición democrática. Es tan significativa la ambigüedad con la que Esquerra responde a los escándalos que afectan a sus socios, y contrasta de manera tan flagrante con la actitud contundente que están mostrando los nuevos partidos en otras comunidades, que se diría que lo que ocurre es que Oriol Junqueras está expectante de ocupar algún día el Govern y prefiere ser colaborador por omisión antes que agrietar la unidad del soberanismo.

Este periódico publica hoy un doble caso muy elocuente de la manera en que funcionan las cosas en Cataluña. Un pequeño grupo empresarial de Vic aumentó un 40% su facturación inmediatamente después de incorporar a su plantilla a un cuñado de Artur Mas, coincidiendo con la llegada de éste a la Presidencia de la Generalitat en 2010. El Servicio Antiblanqueo, en un informe al que ha accedido EL MUNDO, subraya que observa un «incremento particularmente anómalo» de sus contratos con la administración autonómica, por haberse producido durante la crisis y contrastar con su escasa actividad en años anteriores. Seidor, que durante la mayor parte de su existencia apenas alcanzó dos adjudicaciones anuales, se disparó hasta 14 por 52 millones en 2012. Por si fuera poco, otra sociedad de la que entró a formar parte una sobrina de Mas en 2009 vio crecer su facturación en un 30% a partir del año siguiente, precisamente también desde que el tío Artur fue investido. La administración benefactora fue para ambos principalmente el Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información de la Generalitat.

El nepotismo es una práctica de corrupción propia de las democracias de baja calidad. Desde que Pasqual Maragall denunció en el Parlament ese «problema» que tenía CiU con el 3% -como supimos por la investigación del caso Palau, era el 4%-, hemos descubierto que el oasis catalán era un espejismo. Poco a poco, vamos confirmando que se trataba más bien de una ciénaga en la que el hijo de Jordi Pujol tenía el descaro de abrir una cuenta en Suiza para ocultar su inmensa fortuna -cuyo origen podemos imaginar- y poner como dirección la del Palau donde trabajaba su padre al supuesto servicio de todos los catalanes, pero en realidad de sí mismo. En las próximas horas veremos con toda probabilidad a Mas envolverse en la bandera para evitar ofrecer explicaciones. La oposición tiene que volcarse en exigir transparencia para aclarar qué hay detrás de ese sospechoso crecimiento empresarial de sus familiares. La reacción de Esquerra nos dará la medida de cuál es el verdadero objetivo del proceso independentista que le une con CiU.

Lo que la ley de lenguas es y lo que no es
Juan Claudio de Ramón Cronica Global 4  Mayo  2015

Quiero agradecer a Crónica Global la posibilidad de terciar en el debate sobre la Ley de Lenguas que desde sectores contrarios al soberanismo se está proponiendo y entre cuyos promotores y defensores me encuentro. Para ello, no tengo más títulos que el de un ciudadano concernido que ha dado muchas (muchísimas) vueltas a la cuestión, ayudado por la experiencia de vivir en Canadá, un país donde rige el bilingüismo oficial en el nivel federal. Recientemente he publicado junto a Mercè Vilarrubias dos artículos en El País sobre el tema ("Blindar la convivencia, no las lenguas" y "Todas las lenguas de España"). Anteriormente había publicado en solitario "Por una Ley de Lenguas, de una maldita vez". Los amigos de Federalistes d’Esquerres también tuvieron la amabilidad de hacerme una entrevista muy completa y panorámica. Los artículos contrarios de Antonio Robles, Marita Rodríguez, Carmen Leal y Francisco Oya me permiten incidir en algunas nociones y deshacer equívocos. Como se verá, me sitúo en la línea favorable que en este mismo periódico, además de Mercè Vilarrubias, han mostrado Rafael Arenas, Ángel Puertas, y Francesc Moreno.

Los nacionalistas aprovechan la inhibición del Estado central para empujar su programa monolingüista
En primer lugar me gustaría pedir que ninguno de nosotros, partidarios o detractores de la Ley, cayéramos en el vicio dialéctico que todos hemos padecido en nuestros debates con nacionalistas: refutar aquello que no se ha dicho. Estaría bueno que después de haber sufrido hasta el desquiciamiento los paranoicos juicios de intenciones a los que nos someten los independentistas (“dices que quieres bilingüismo, pero en el fondo lo que quieres es que el catalán desaparezca”) empezáramos ahora también nosotros a hacer trampas del estilo. Y los detractores de la ley también habrían de considerar que todos los que la proponemos no somos menos contrarios al nacionalismo que ellos. De modo que propongo cosernos a las palabras del otro, e interpretarlas siempre a la mejor luz posible. Si se hace, estoy convencido de que la Ley que presentamos aparecerá como algo razonable e incluso útil a muchos de los que mantienen sus dudas.

En todo caso, asumo que una cierta perplejidad es comprensible. Desde el primer momento los que hemos lanzado este debate supimos que debíamos hilar muy fino y no dar pie a que nuestra propuesta quedara desfigurara, interesada o involuntariamente. Concedo al sector crítico que la Ley de lenguas es una operación delicada. Sostengo al mismo tiempo que la empresa es necesaria y yo diría que imprescindible. Por eso es nuestra obligación explicarnos muy bien. Tan importante es dejar claro lo que la Ley es como lo que no es. Merece la pena empezar por esto último.

Lo que la Ley no es, es esto:
No es una cesión a los nacionalistas. Por una razón muy sencilla: ningún nacionalista la ha pedido y ninguno la quiere. Saben que si pierden el monopolio de la gestión de las lenguas su discurso quedará muy debilitado. Por otro lado, al contrario que otras medidas que se discuten, como el llamado blindaje de la lengua, nuestra propuesta no otorga ni un centímetro más de poder competencial a los nacionalistas. Y tampoco se trata de complacerles, como nos acusa de hacer Robles. Creemos que la medida es justa en sus propios términos y puede ser del agrado de muchos españoles no independentistas cuya lengua primera no es el castellano.

No es un galimatías ni un laberinto. Como hemos dicho desde el principio, no se trata de multiplicarlo todo por cuatro. La Ley solo afectaría a algunos órganos del Estado, los de mayor solera e importancia simbólica. Las autonomías y los órganos que de ellas dependan seguirán las directrices lingüísticas marcadas en sus estatutos. Más abajo repasaremos las medidas concretas que se avanzan, para ver si acaso alguna de ellas parece irrazonable.

No es un menoscabo de la lengua común. El español seguiría siendo la ley de trabajo de la mayoría de las administraciones. Seguiría, socialmente, siendo sentida por la vasta mayoría de los españoles, como el instrumento de comunicación privilegiado

Pasemos ahora a examinar algunos hechos. En primer lugar, hay que llamar la atención sobre una curiosa circunstancia: España es el único país donde se hablan varias lenguas –lenguas con gran arraigo– que no tiene una Ley de Lenguas Oficiales. Creemos que ese vacío legal es el origen de mil acerbas disputas que desgastan nuestra convivencia a diario. Bien, en países como el nuestro, con un patrimonio lingüístico similar, existen dos caminos: el bilingüismo territorializado o la gestión federal de lenguas. Hasta ahora, España ha seguido el primer sistema. El problema es que ese bilingüismo territorializado, cuando se combina con la fuerte implantación de fuerzas nacionalistas en territorios bilingües, resulta letal para la cohesión del Estado y para los derechos de los usuarios. Los nacionalistas aprovechan la inhibición del Estado central para empujar su programa monolingüista. Eso es lo que ha pasado y por eso proponemos que el Estado central recupere el iniciativa: porque lo hará mejor y en beneficio de todos.

Por otro lado, ruego a los lectores consideren lo siguiente: En España ya existe un acervo normativo sobre lenguas. Pero se trata de un amasijo informe de órdenes circulares, reglamentos, y –sobre todo- alambica jurisprudencia. ¿De veras alguien cree que dar sentido y coherencia a esta masa heterogénea de normas puede resultar negativo? El coste de la no-ley, ya lo tenemos a la vista: una bronca permanente. Una observación que corre en paralelo es la de que el catalán ya es, de manera implícita, una lengua co-oficial en el ámbito estatal en varios aspectos. Los documentos expedidos las terminales del Estado en Cataluña, como DNI, pasaportes o libros de familia, son bilingües. El Estado sufraga una radio y una televisión en catalán y subvenciona las industrias culturales en catalán, reconociendo el mérito de sus creadores. El Instituto Cervantes da cursos de catalán y en esa lengua habla el Rey en sus visitas a Cataluña. La administración periférica del Estado presta –o debería prestar– sus servicios en catalán tanto como en español (Orden Ministerial de 20 de julio de 1990, sobre conocimiento de las lenguas oficiales de las CCAA en la provisión de puestos de trabajo en al Administración Periférica del Estado). El BOE se traduce al catalán. Todo esto ocurre y me gustaría preguntar al Sr. Robles si acaso considera que, dado que los ejemplos mencionados son ominosos signos de la co-oficialidad estatal del catalán y de cesión al nacionalismo, deberíamos deshacer lo andado. Seguramente no lo crea. Pero a su vez, el Sr. Robles y los críticos podrían muy legítimamente preguntarme a mí: “Si es verdad lo que usted dice, si el Estado ya reconoce y usa el catalán en gran medida, ¿dónde está el problema, por qué ir más allá?”

Por dos razones:
En primer lugar, porque la gente desconoce esta labor de Estado. Y la Ley sería la perfecta ocasión de poner en valor esta faceta desconocida del Estado. Y el Estado, nuestro Estado, necesita imperiosamente hacer valer sus méritos y mejorar la percepción que en Cataluña y el País Vasco (en menor medida en Navarra, Galicia y las Islas Baleares) se tiene de él, sobre todo enfrente de fuertes movimientos nacionalistas que de manera inobjetada se afanan en desprestigiarlo. Les pongo un ejemplo. Hace un par de años, el diputado de ERC, Alfred Bosch, dirigió una pregunta parlamentaria al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación preguntando cuántas actividades en promoción de la cultura catalana había realizado el Instituto Cervantes en el último curso. El diputado esperaba sin duda pillar al gobierno en un renuncio y poder exaltar su victimismo. Cuál no sería su sorpresa cuando el Gobierno respondió con un robusto informe con más de cien actividades. ¿Hemos de esperar que sea el Sr. Bosch quien dé publicidad de esa buena labor del Estado en desarrollo del artículo 3 de la Constitución? Ese informe no existía hasta que el Sr. Bosch preguntó. Esa falta de garbo en el Estado para hacer valer sus méritos es un problema. Y se soluciona con una Ley que pida al Instituto elevar y publicar cada año un anuario con las actividades realizadas en lengua catalana o en beneficio de creadores catalanes (lo mismo vascos y gallegos).

En segundo lugar, la Ley es necesaria porque hay lagunas e insuficiencias en el reconocimiento del plurilingüismo. Estas se aprecian sobre todo en la administración de justicia, que se sigue impartiendo esencialmente en castellano, y donde por tanto, el consenso sobre bilingüismo territorializado no se cumple. Aquí, un pequeño empuje en la dirección de concienciación de los funcionarios (a los que no propongo penalizar por el desconocimiento de las lenguas co-oficiales, sino darles facilidades para aprenderlas a su llegada a Comunidades bilingües), y sobre todo, del uso de las cada vez más perfeccionadas herramientas electrónicas de traducción e interpretación debería bastar.

Otro aspecto deficitario es el de la enseñanza en la España dónde únicamente se habla castellano. Hay que ofrecer a nuestros alumnos la posibilidad de tener nociones básicas sobre el resto de las lenguas y literaturas de España. ¿Por qué? Porque son españoles y solo así tendrán un conocimiento cabal de la cultura de su país, lo que no parece una mala idea.

Pero aun reconociendo que en el plano administrativo el Estado cumple, aun quedaría por colmar todo el aspecto simbólico. Nos equivocamos si pensamos que el Estado es sólo un organizador racional; también satisface necesidades de orden simbólico y se manifiesta en todo tipo de liturgias civiles que obedecen al propósito de reforzar la noción de comunidad. El Estado no nos habla con unos y ceros, nos habla con lenguas humanas, y los ciudadanos albergan sentimientos en relación a sus lenguas. Esto no es ser nacionalista. Esto es ser realista y pagar tributo a la realidad de nuestra época. Por tanto, en esas ocasiones solemnes y más visibles, el Estado también debe hablar en las cuatro lenguas. Eso se consigue de varios modos. Cosas tan sencillas como que los ministros lean parte de sus alocuciones en las lenguas co-oficiales, que la rotulación de los edificios más emblemáticos sean cuatrilingües, o que los catálogos de los museos estatales estén en las cuatro lenguas principales. Cualquiera que haya pasado por Suiza ha comprobado que tal cosa es posible.

Todo esto se puede ridiculizar. Se puede parodiar diciendo que lo que queremos es que un guipuzcoano pueda exigir ser atendido en eusquera en un hospital de Zamora o que los funcionarios estatales hablen en cuatro lenguas. Exagerar la tesis del contrario es una de las clásicas estratagemas en el arte de tener siempre razón, que diría Schopenhauer. Pero mi papel aquí no es responder a las simplificaciones grotescas sino a las observaciones razonables.

Este debate es polifacético y muy rico en matices. Hay al menos dos temas que todavía no he comentado: qué posición adoptar en torno a la inmersión lingüística obligatoria y algunas consideraciones sobre la diversidad cultural y la comunidad política. No entraré ahora en ellos para no hacer este artículo demasiado largo. Los artículos de Arcadi Espada ("Algo hay que hablar") y de Tsevan Rabtan ("Lenguas y sentimentalismo") me invitan a continuar en otro momento el debate. Me conformo por ahora con una pincelada. Como decía más arriba, es un error concebir el Estado como un mero organizador racional. Nos guste o no, ha de contar también con dónde ponen los afectos los ciudadanos. Con independencia de su carácter de instrumento, las lenguas tienen una carga afectiva con una dimensión política. Me abstengo de valorar este hecho y me limito a constatarlo. En Canadá se dieron cuenta a tiempo. Estoy convencido de que si el gobierno de Ottawa no hubiera implantado a tiempo el bilingüismo federal, los independentistas de Quebec habrían ganado sus referendos de independencia. La medida, por cierto, también fue impopular al principio. Tengo por aquí una encuesta de Gallup hecha en los años setenta en que el bilingüismo federal cosechaba únicamente un 22% de aprobación ciudadana. Hoy nadie lo discute. Las pequeñas disfunciones e ineficiencias que genera el bilingüismo federal, que no son tantas, son un precio pequeño para mantener intacto el potencial de un país unido y diverso. En España, de manera semejante, tenemos un conflicto de lenguas que corroe la convivencia. Hay que arreglarlo. Sé que la ley que propongo contiene aspectos llamativos. Pero el coste de la no-ley empieza a ser demasiado gravoso para los españoles, bastante más oneroso que los gastos –que intuyo más modestos de lo que se pregona– en los que incurríamos para poner en planta el tipo de legislación que, en mi opinión, es requerida por la realidad española.

PS. Termino de escribir este artículo el día en que Antonio Robles vuelve a criticar con dureza nuestra propuesta, calificándola de disparate, en Libertad Digital. La posición que el Sr. Robles mantiene contra la Ley de Lenguas es respetable. Ahora bien, debería ser prudente en algunas de sus afirmaciones. Es particularmente afrentoso, y de todo punto injusto, que acuse a Mercè Vilarrubias de acometer “un envite etnolingüístico”. Mercè ha dado sobradas pruebas de su compromiso con el bilingüismo en Cataluña y con los derechos de los castellano hablantes. Ha criticado y sigue criticando, con lucidez y agudeza, los excesos de la inmersión lingüística obligatoria y ha escrito un valioso libro sobre la cuestión (Sumar y no restar, Editorial Montesinos). Todo eso lo ha hecho con coste personal, porque ya sabemos cómo se las gastan los que sí son nacionalistas. No hay en ninguno de sus planteamientos un sólo gramo de etnicismo. Su compromiso contra el nacionalismo es neto. Insinuar lo contrario es chapucero e indigno. Huelga decir que Mercè no me ha pedido que la defienda. Le sobra coraje para hacerlo ella sola, pero en agradecimiento a su tarea, quería hacerlo.

Tortura de la gota de agua, china o medieval o las estalagtitas regional nacionalistas
Nota del Editor 4  Mayo  2015

Esto del bilingüismo es como la tortura de la gota de agua, china o medieval o la incansable naturaleza  fabricando gota a gota una estalagtita-estalagmita. Asi que tendrá que rendirse y dejar que el cuerno bilingüe aparezca en su frente y herederos. No se atreva a esgrimir razón alguna, deje que la gota siga percutiendo su frente hasta que logren su transformación en converso regional hablante.

C. VALENCIANA / EL DESAFÍO SOBERANISTA
Denuncian el uso de material docente de la Generalitat de Cataluña en un instituto de Valencia
A. CAPARRÓS/ D. MARTÍNEZ ABC Comunidad valenciana  4  Mayo  2015

Las fichas para hacer los deberes son las que edita el departamento de Educación catalán

Un grupo de padres ha presentado una queja ante el director del Instituto de Educación Secundaria (IES) Benimàmet, de Valencia, por el uso de material docente editado por la Generalitat de Cataluña en sus clases. Según la queja, recogida por la asociación Círcul Cívic Valencià, «los contenidos educativos que se están impartiendo en las aulas de este instituto de educación media son directamente los publicados por la Generalitat catalana, como se puede observar en las fichas entregadas al alumnado».

En este sentido, en las imágenes que acompañan a la queja –tomadas por el padre de una alumna del centro– se puede observar cómo las citadas fichas presentan el escudo de la Generalitat de Cataluña, acompañado por el logo del Departamento de Educación del Gobierno de la región vecina. «Los profesores ni siquiera han tenido la precaución de ocultar la procedencia de los textos utilizados», critica la citada asociación.

En las fichas de vocabulario facilitadas a los alumnos del IES Benimàmet, según se observa en las imágenes tomadas por el padre de la alumna, figuran varias palabras del léxico propio del catalán, que cuentan con una equivalencia diferenciada en el valenciano normativo. Es el caso de «noi» y «noia», cuyos términos correctos en valenciano normativo son «xic» y «xica».

La entidad que ha denunciado los hechos, a los que califica de «injerencias educativas y políticas», lamenta que se utilicen materiales directamente suministrados por la Generalitat de Cataluña, por lo que «podríamos ahorrarnos el gasto público de tener una Conselleria de Educación» en la Comunidad. Asimismo, advierten al director del centro educativo que, al permitir que se utilicen dichos materiales en las clases, «está vulnerando varios artículos de la Ley de Señas de Identidad» aprobada recientemente por las Cortes Valencianas.

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