AGLI Recortes de Prensa   Sábado 23  Mayo 2015

O España o Estado de las Autonomías
Jesús Laínz Libertad Digital 23  Mayo  2015

Las evidencias claman al cielo, pero ningún político se enfrenta a ello. Desde hace ya muchos años nadie puede negar que los muros de la patria nuestra, si un tiempo fuertes, hoy yacen desmoronados. Y la grieta por la que empezaron a resquebrajarse, incesantemente agrandada desde dentro, no ha sido otra que el Estado de las Autonomías, aquella ocurrencia diseñada por los constituyentes de 1978 para aplacar el separatismo y que lo único que ha conseguido es agravarlo, extenderlo y afianzarlo.

El hecho de que el Estado de las Autonomías haya servido de trampolín para que los separatistas puedan lanzarse con más fuerza hacia sus objetivos y que, por lo tanto, sea la principal causa de autodestrucción de España basta por sí solo para redactar una nueva Constitución no autonomista. A grandes males, grandes remedios. Y los políticos que, quizá llenos de buenas intenciones, no alcanzan más que a aceptar la posibilidad de corregir los defectos, eliminar los abusos y encauzar debidamente el funcionamiento de las comunidades autónomas lo único que demuestran con ello es su mediocridad y su cobardía.

Pero no es éste el único problema, pues la estructura autonómica es la principal responsable de que hoy haya en España cuatro veces más funcionarios que en 1975 sin que la población se haya multiplicado ¡ni mucho menos! por cuatro. Además, hay que tener en cuenta la tara, ya imposible de ocultar, de que hay muchas competencias solapadas y compartidas por la administración central y las autonómicas. ¡Y en la era de la informática, eso que se supone que, al simplificar y acelerar el trabajo, permite reducir el número de empleados!

A ello hay que añadir, por supuesto, el número de políticos: nada menos que dieciocho poderes legislativos y dieciocho poderes ejecutivos, con sus astronómicos gastos y sueldos. La respuesta que suele darse a esta cuestión es que si se eliminaran las autonomías y, por lo tanto, se adelgazara la cantidad de servidores públicos, las cifras del paro aumentarían enormemente. Pues bien, algún día habrá que coger el toro por los cuernos y empezar a olvidarse de la teta del Estado como medio de subsistencia, terapia de choque que tantos beneficios aportaría a un pueblo español distinguido por ser el más apegado de Europa al Estado del Bienestar, el más aficionado a sacarse un puesto vitalicio de funcionario y el menos interesado en ganarse la vida por su cuenta.

Tampoco puede olvidarse el papel del entramado autonómico en la insoportable corrupción que ha llevado a un porcentaje muy notable de españoles a la indignación general contra el sistema, lo que no le aporta precisamente estabilidad y fortaleza. No nos extrañe que hayan surgido y sigan surgiendo recetas demagógicas y disparatadas. Pues no puede darse la espalda al hecho de que ha sido precisamente el sistema autonómico la principal fuente de corrupción y desprestigio de nuestro Estado. Lejos de acercar la administración al ciudadano, letanía ante la que en 1978 todos debieron guardar respetuoso silencio, lo que se ha conseguido en demasiadas ocasiones es acercar la bolsa del dinero a las manos de políticos derrochadores, corruptos e irresponsables. Ejemplos de ello los hay a cientos: ponga cada uno el que prefiera.

Por si todo esto fuera poco, la fragmentación característica del Estado de las Autonomías ha conseguido que los españoles no seamos iguales ante la ley y que nuestro país, antes racional y ordenado, sea hoy una Babel lingüística, legal y administrativa que entorpece, encarece y obstaculiza la vida de personas y empresas.

Y, para terminar, el Estado de las Autonomías es la principal fuente de vulneración de la ley por parte de los poderes públicos: gobernantes autonómicos organizando secesiones, dinamitando el prestigio nacional en el extranjero, vulnerando leyes, incumpliendo sentencias e incluso anunciándolo y presumiendo de ello en ruedas de prensa, delitos por los que hace ya muchos años que deberían haber sido procesados. Entre todos nuestros políticos han conseguido aniquilar el Estado de Derecho. Y no solamente los gobernantes autonómicos separatistas, sino que los primeros que han violado el juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución que han de prestar al acceder a sus cargos han sido los inquilinos de La Moncloa desde hace cuatro décadas. Sin excepción.

De nada sirve dar la espalda a los problemas y seguir fingiendo que no existen o esperando que se resuelvan solos. Los españoles tenemos que decidir: ¿queremos que España continúe existiendo o la liquidamos?

Ajuste de cuentas general
JOSé ANTONIO ZARZALEJOS El Confidencial 23  Mayo  2015

Las elecciones de este domingo deben entenderse como un mandato ciudadano para cambiar desde la base de las administraciones. No deberían suponer el ofrecer carta de naturaleza a la indecencia

Corre por la red la viñeta de El Roto en El País de ayer en la que un oscuro ciudadano reflexiona: “¡Cómo expresar en un voto toda mi frustración, toda mi ira y toda mi esperanza!”. Como tantas otras veces este analista a través de la viñeta consigue llegar al estado de ánimo colectivo de una sociedad española a la que la que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) acaba de situar como como la tercera más desigual de los países europeos, sólo por detrás de Portugal y Grecia.

Como consecuencia de lo cual, España tiene a un 18% de su población por debajo del nivel de la pobreza, y son jóvenes quienes más lo son. En nuestro país el 10% de los hogares más desfavorecidos perdieron un 13% anual de sus ingresos entre 2007 y 2011, mientras que el 10% de los que más tenían solo mermaron sus ganancias en 1,5% anual. Semejante impacto de la desigualdad es el más brutal de entre todos los países avanzados.

Por si fuera poco, y al mismo tiempo que se conocía el informe 'In it together' de la OCDE, Eurostat publicaba otro estudio según el cual trece comunidades españolas estaban entre las más pobres de Europa, es decir, disponen de un PIB medio por habitante inferior a la media comunitaria, manteniéndose las más desfavorecidas las comunidades de Extremadura, Andalucía y Melilla. El FMI ya nos alertó hace tiempo: la economía española ha pasado de ser la novena del mundo a la decimocuarta. Nuestra posición en el ranking de desempleo en Europa es igualmente escandalosa y sólo comparable con la de Grecia.

La devaluación de las rentas salariales (hasta del 40% en los años de la crisis), el paro, la desigualdad y el fenómeno de la corrupción –la rapiña de los recursos públicos– componen un cuadro que ha llevado a una indignación generalizada porque el modelo de supuesta salida de la crisis –sí en lo macroeconómico pero con un reparto inequitativo– está siendo estadístico pero no redistributivo. En este desequilibrio extraordinario consiste la crisis social por la que atravesamos.

Y en ese contexto soportar la ocultación gubernamental de la crisis político-institucional que nos aqueja, el esfuerzo fiscal brutal de las clases medias sobre las que ha recaído la nefasta política recaudatoria, los dos millones de parados que no perciben ningún subsidio y la ausencia de expectativas para los jóvenes, conduce necesariamente a que, en mayor o menor medida, mañana en las urnas, los ciudadanos deseen ajustar cuentas con la clase dirigente.

Las políticas económicas que se han impuesto son las llamadas neoliberales. En la presentación del 'IV informe sobre el estado de la Unión Europea' elaborado por las fundaciones Alternativas y la Friedrich Ebert el pasado 11 de mayo en Madrid y a la que asistí, se podía comprobar la profunda frustración de la izquierda, no sólo por el hecho de que su modelo de solución no prospera en prácticamente ningún país del mundo (curiosamente, se alabó el manejo de la crisis por el presidente Obama) sino por la resignación aparente de los electorados y la desmovilización de las organizaciones sindicales. El desafío de la Unión Europea, pero especialmente el de España, es el de superar la crisis sin consolidar ni hacer estructural la desigualdad, la pobreza y la falta de expectativas que ahora se ha instalado en nuestro país.

Las buenas noticias sobre el crecimiento económico deben acogerse con cautela porque se basan en variables que no están bajo control de nuestro panel de mandos (precio de los hidrocarburos, inyección de liquidez del BCE, paridad euro-dólar), pero aún en el supuesto de que fueran tan prometedoras como se dice, seguirá pendiente la gran operación de decencia política, de saneamiento moral.

No es cierto que la corrupción no sea sistémica y no sea endógena. Como trato de argüir en ‘Mañana será tarde’ (editorial Planeta) que el próximo martes estará en las librerías, la corrupción en nuestro país se ha incardinado en el sistema con unos factores criminógenos que no se han combatido ni, por lo tanto, extirpado: 1) el ejercicio delictivo de las competencias municipales en materia de urbanismo, 2) la manipulación interesada en los procedimientos de contratación pública, 3) la expulsión del funcionariado técnico del control de sistema de adjudicación en el nivel municipal y autonómico, 4) la financiación de los partidos y 5) la falta de transparencia.

Todas estas circunstancias que afectan directamente al presente de millones de ciudadanos y al futuro de la mayoría inducen a pensar que la sociedad, constituida en cuerpo electoral, ajustará mañana en las urnas las cuentas y obligará con su voto a estimular cambios en la gestión de los intereses públicos en España. El sistema de partidos, los modos de gobierno, las actitudes políticas, el respeto a los fondos públicos, la probidad de los cargos políticos, la austeridad en el manejo del dinero de los ciudadanos, la equidad y el principio de igualdad de oportunidades, el mantenimiento de las políticas públicas básicas (sanidad, educación, servicios sociales), los debe imponer el electorado dando y quitando, poniendo y retirando.

Si el mensaje del 24-M en las urnas no es contundente permaneceremos en el invierno democrático en el que estamos instalados y, sobre todo, como ha ocurrido durante largo tiempo en algunos países, daríamos carta de naturaleza a la indecencia como un comportamiento asumible y tolerable. Entraríamos, en definitiva, en un proceso de enquistamiento estructural de las peores prácticas públicas. De ahí que el ajuste de cuentas deba ser un mandato para cambiar y para hacerlo desde la base de las administraciones: la municipal y la autonómica. Prolegómeno del gran cambio en las generales del último trimestre del año.

Este planteamiento es pre ideológico y concierne, por una parte, a la ética de las convicciones, y, por otra, a la ética de las responsabilidades (Max Weber). Si desvinculamos la política de la moralidad, naufragamos en la arbitrariedad y la injusticia. Hay que esperar que –como El Roto reflexionaba– el voto pueda expresar, sobre todo, la esperanza de que las cosas no serán como han venido siendo.

Candidatos/as en las urnas, déspotas en su cargo electo
Parece que muchos dirigentes políticos siguen sin entender cuáles son sus verdaderas funciones y obligaciones al convertirse en representantes legales de los ciudadanos y ciudadanas
Luis Díaz Villaverde El Confidencial  23  Mayo  2015

Afirmaba Erich Fromm que “El egoísmo que genera el sistema hace que los gobernantes antepongan su éxito personal a su responsabilidad social”. Por cuestiones obvias, la acusación de Fromm no hacía referencia a la situación actual de España: su dedo índice señalaba a los responsables políticos de su época, no de la nuestra, pero ese dedo índice sigue levantado, señalando vehementemente a aquellos y aquellas que no están cumpliendo, sino más bien rompiendo, con las responsabilidades sociales que les han sido encomendadas a través de las urnas.

Se puede discutir qué faceta del individuo en cuestión conlleva la actitud a la que hace referencia Fromm, si es el egoísmo, el ansia de poder o el narcicismo, por hacer referencia a algunos aspectos humanos deplorables; igualmente se puede estar en acuerdo o en desacuerdo en culpar al sistema de este tipo de conductas que lamentablemente son exclusivas del comportamiento humano.

Una victoria en las urnas no es un cheque en blanco para convertirse en la 'jefa' de una comunidad autonómica ni para creerse un cacique

Lo que no se puede poner en duda, y así se demuestra día tras día, es que lamentablemente muchos cargos electos siguen sin entender cuáles son sus verdaderas funciones y obligaciones al convertirse en representantes legales de los ciudadanos y ciudadanas. Se les nombra alcalde o alcaldesa, presidente o presidenta de una comunidad autónoma o hasta presidente** de un estado sin que entiendan el significado real y constitucional de ese acto democrático.

Andalucía: 80 alcaldes imputados, Aragón: 3, Asturias: 9, Canarias: 26, Cantabria: 3, Castilla-La Mancha: 13, Castilla y León: 18, Cataluña: 19, Extremadura: 7, Galicia: 41, La Rioja: 1, Baleares: 6, Madrid: 25, Murcia: 13, Navarra: 1, País Vasco: 5 y Comunidad Valencia: 40. Esto son datos, no interpretaciones respecto al motivo personal por el cual estos señores y señoras han violado, sí, digo violado, la confianza de aquellos que los votaron y de los que no lo hicieron y gracias a los cuales ocupan un cargo público legitimado por las urnas.

Una victoria en las urnas no es un cheque en blanco para convertirse en la “jefa” de una comunidad autonómica ni para creerse cacique lanzando al aire afirmaciones como “este pueblo es mío y hago lo que quiero con él”. Decía Louis Dumur que “La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”. Señores y señoras que ocupan un cargo político a nivel local, autonómico o estatal: si tanto ansían el poder y sienten la imperiosa necesidad de ejercer su voluntad personal sobre los demás, por favor abandonen el llamado mundo de la política y sirvan a otros intereses que les permitan atragantarse con su despotismo.

*Luis Díaz Villaverde es expresidente de la Asociación Profesional de Agentes Medioambientales de Castilla-La Mancha (APAM-CLM) y de la Asociación Española de Agentes Forestales y Medio Ambientales (AEAFMA)
** No hago una distinción de género en este caso al no haber nunca ocupado una mujer el cargo de presidenta en España.

La chapuza del escrutinio en España anula el principio de 'una persona, un voto'
El principio no está garantizado en España, como ha acabado reconociendo la propia Junta Electoral Central después de las elecciones andaluzas del pasado 22 de marzo
Javier Caraballo El Confidencial 23  Mayo  2015

El principio de universal de “una persona, un voto”, sustento primero de todo sistema democrático, no está garantizado en España, como ha acabado reconociendo la propia Junta Electoral Central después de las elecciones andaluzas del pasado 22 de marzo, en el que el recurso de un partido político en la provincia de Sevilla acabó destapando los ‘agujeros negros’ del sistema electoral español y la chapuza, que se ha convertido en norma, a la hora de contar los votos y verificar la autenticidad de los recuentos oficiales.

El recurso que destapa las irregularidades del sistema electoral español lo presentó Vox y podría haberse perdido entre los cientos de impugnaciones menores que se producen tras todas las elecciones, pero en este caso el asunto llegó hasta la Junta Electoral Central, que de forma excepcional, ordenó por primera vez que se comprobaran, mesa a mesa, todos los votos emitidos. Y el resultado fue asombroso: sólo en la provincia de Sevilla se habían dado como válidos 4.656 que no existían. ¡Casi cinco mil votantes fantasmas, de que los nadie supo dar explicación! En un censo electoral, como el de la provincia de Sevilla, de más de un millón de votantes, podría entenderse que una incidencia de esa naturaleza no afecta, en realidad, al resultado global de las elecciones. Eso es, justamente, lo que pensaban los jueces de Sevilla, los jueces de toda España, que conforman las distintas juntas electorales y es lo que ha permitido que se haya convertido en costumbre incumplir sistemáticamente lo dispuesto por la ley electoral para garantizar la pureza del escrutinio. La chapuza se había convertido en sistema hasta que, hace un mes, la Junta Electoral Central mandó parar.
Pinche aquí para ver el documento completo. http://www.ecestaticos.com/file/b7be1716d6190033153f9c78886676c7/1432373959.pdf

Para entender los ‘agujeros negros’ del sistema electoral español conviene repasar lo que sucede en las 48 horas siguientes al cierre de las urnas en los colegios electorales. Cuando se han cerrado los colegios, los miembros de cada mesa electoral, en presencia de interventores de los distintos partidos, efectúan el recuento de votos y el resultado se plasma en un acta oficial, que se introduce en un sobre, con la firma de cada uno de ellos, y se envía a la Junta Electoral junto con otros dos sobres que contienen el acta de constitución de la mesa y otros documentos complementarios. Pero el resultado de la votación está en ese sobre, el ‘sobre número 1’ que se envía al juzgado. Una vez certificada ese acta, se ordena la destrucción de los votos.

El escrutinio que conocemos va por otro camino. Cuando concluye el recuento, el presidente de la mesa comunica los datos de la votación a un representante de la administración que los transmite a la central de datos. No es un funcionario público, sino un trabajador externo, contratado para que introduzca los datos de la mesa en un sistema informático que es el que va ofreciendo los datos de las elecciones durante las horas siguientes al cierre de los colegios. Normalmente la empresa que contrata la administración para este proceso es Indra; ocurrió así en las elecciones andaluzas y ocurrirá así en estas elecciones municipales y autonómicas. ¿Pero alguien comprueba, posteriormente, que los datos que el personal de Indra ha introducido en el sistema informático se corresponde con los datos reales del acta de la votación? Esa es la cuestión, que nadie lo hace. Y esa fue la reclamación que hizo Vox.

Lo que dicta la Ley Electoral es que los jueces que componen las distintas juntas electorales tienen que revisar en los días siguientes al escrutinio la veracidad de los datos volcados en el sistema informático, contrastándolos con lo que figura en el ‘sobre número uno’ de cada mesa que han recibido. Cuando Vox reclamó y exigió el recuento, tal y como exige la ley, lo que le contestó la Junta Electoral de Sevilla es que tenía razón, que eso era lo dispuesto, pero como se trata de un asunto prolijo, nadie lo hacía en España. “Es evidente que existe, al menos formalmente, una irregularidad procedimental en el escrutinio, que esta Junta Electoral Provincial no tiene inconveniente en reconocer (…) pero que sólo puede ser considerada, en el peor de los casos, como una irregularidad inocua, sin trascendencia invalidante”, decían los jueces de la junta electoral sevillana en el auto en el que desestimaban el recurso de Vox. Añadían que esta forma de actuar de dar por buenos los resultados sin comprobarlos era la costumbre general, “inveterada”, en cada proceso electoral celebrado en España.

Vox decidió recurrir el auto de la Junta Electoral de Sevilla que con tanto desahogo reconocía el incumplimiento inveterado de la Ley Electoral en España y es, entonces, cuando llega la resolución definitiva de la Junta Electoral Central, firmada por Carlos Granados como presidente. Y lo que resuelve, en primer lugar, es que el hecho de que se trate de una práctica generalizada en España, no le resta gravedad al incumplimiento meridiano de la Ley Electoral. Y en segundo lugar, que aunque el recuento, uno a uno, de todos los ‘sobres números 1’ de las votaciones, sea una actividad tediosa y prolija, para eso la Ley Electoral le concede tres días a los jueces de las juntas electorales. Aunque quizá lo fundamental es lo último que recuerda la Junta Electoral Central, que se le está dando carta de naturaleza en España a lo que certifica una empresa privada contratada por el gobierno que convoca las elecciones, sin que haya la menor supervisión por parte de la Administración electoral. “Debe tenerse en cuenta que los resultados provisionales facilitados el día de la votación por la administración convocante del proceso electoral carecen de toda vigilancia o supervisión por parte de la administración electoral”, sostiene la Junta Electoral Central.

Cuando, tras esta resolución, se realizó la comprobación de los datos de las votaciones el resultado fue sorprendente, además de desconcertante. Se detectaron 116 irregularidades y sólo en una de ellas, la que afectaba a la asignación de votos, se encontraron que había 4.656 votantes de más, votantes fantasmas que nadie supo explicar. Y eso era sólo en una de las 116 irregularidades; el resto, que afectaban a defectos formales en las actas, no se contabilizaron en cuanto a su incendia en las votaciones. Un caso concreto, para explicarlo mejor. Una de las irregularidades consistía en que el acta de una de las mesas señalaba que se habían depositado 65 votos a favor de Vox y 0 a favor del PSOE. Como quiera que al llegar al sistema central informático alguien entendió, con razón, que se trataba de un error del informático que trasmitió los datos a pie de mesa electoral, los corrigió sobre la marcha. Lo hizo y, al modificarlo, dejo al descubierto la vulnerabilidad del sistema porque nadie, con posterioridad, comprueba qué ocurrió realmente, contrastando ese dato con el que figura en el acta de la votación, el famoso ‘sobre número uno’.

En el caso del segundo recuento de Sevilla, los 4.656 votos fantasmas, no afectaron de forma significativa al escrutinio, ni alteraron en nada el reparto de escaños, porque la asignación fantasma de votos afectaba a casi todos los partidos y la mayoría lograda por el PSOE era muy sólida, pero lo esencial es que deja abierta la enorme duda sobre el proceso electoral en España. ¿Cuántas veces, después de unas elecciones, se ha afirmado que tal o cual partido se ha adjudicado un escaño por un puñado de votos? ¿O que un partido ha perdido la mayoría absoluta y el gobierno de una ciudad o de una comunidad autónoma por unos cientos de papeletas? ¿Los votantes fantasmas, al influir en el porcentaje de participación, pueden afectar a la asignación de los restos, como marca la Ley D’Hont? Ante todas estas dudas, existe un antes y un después de lo ocurrido en las elecciones andaluzas. Presumimos que no ha existido ninguna adulteración consciente de las elecciones en España en estos años; confiamos en la limpieza de cada escrutinio, a pesar de que puedan existir equivocaciones en el recuento. Pero como dice la Junta Electoral Central, no se puede afirmar con rigor porque la administración electoral no lo ha comprobado. Lo único que sí sabemos ya es que el principio elemental de toda democracia, “una persona, un voto”, no se cumple en España. Aunque no haya pucherazos.

Menos reflexión y más información
EDITORIAL Libertad Digital 23  Mayo  2015

Las restricciones que impone la legislación nacional al derecho fundamental de información en las jornadas previas a la celebración de unas elecciones, y, muy especialmente, el día antes, durante la manida "jornada de reflexión", constituyen uno de los ejemplos más sangrantes del absurdo y muy paternalista intervencionismo estatal que, por desgracia, tanto impera en España.

Así, a la retrógrada prohibición de publicar y difundir sondeos electorales la semana antes de la cita con las urnas, se suma la imposibilidad de realizar cualquier tipo de propaganda política o petición directa de voto 24 horas antes del inicio de la jornada y durante el transcurso de la misma. Y ello, bajo la surrealista excusa de no influir a los electores a la hora de depositar su papeleta. En un país tan politizado como España, en el que los partidos protagonizan una eterna y constante guerra mediática por conquistar o mantener el poder, el hecho de suspender momentáneamente ese cansino bombardeo propagandístico es del todo incoherente y contradictorio. Pero lo grave es que, además, también resulta perverso y contraproducente.

La información y la transparencia, siendo importantes en todos los ámbitos de la vida, representan un valor esencial para el correcto funcionamiento de la democracia. Los partidos deberían poder pugnar por cada voto hasta el último momento, intentando convencer a los electores de que la alternativa que representan es la mejor para sus intereses, sin inútiles cortapisas, más propias del siglo XIX que del XXI, al igual que los ciudadanos deberían contar con toda la información posible sobre las distintas propuestas y las posibilidades de victoria que ostentan los candidatos mediante encuestas de opinión. El hecho de votar implica el poder cambiar de opción en cualquier momento y por la razón que sea, bien porque un partido ha logrado cautivarle a pie de urna, bien para evitar que el resultado de un sondeo llegue o no a materializarse.
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Los límites legales a esa fundamental labor de información pervierten el espíritu democrático y, lo que es aún peor, dejan entrever a las claras que el Estado y sus políticos aún tratan a los españoles como menores de edad, incapaces de tomar decisiones por sí mismos, y, por tanto, necesitados del amparo que otorgan los poderes públicos. Ya es hora de que España abandone esos arcaicos y pueriles mecanismos de proteccionismo y buenismo político para abrazar la democracia en un sentido amplio, tal y como sucede en otros muchos países, como Estados Unidos o Reino Unido, donde estas restricciones brillan por su ausencia. Es necesario apostar por una mayor y mejor información política en lugar de la inútil "reflexión" de postín.

Unas flexiones
ARCADI ESPADA El Mundo 23  Mayo  2015

Querido J:
Como sabes soy un gran partidario del día de reflexión. Una de las bellas cosas inútiles que la gente de bien habría de proteger. No entiendo, además, como dándose los días de la guerra de las galaxias, el día del vestir de rojo o el día del retrete la masa abomine de este suave día de nadie. Aunque el único que no debería reflexionar mañana en España eres tú, que te pasas todos los días haciéndolo, no quiero privarme de la vanidad que supone hacerte partícipe de la reflexión mía. El orden de aparición no implica importancia.

Yo votaría a:

1. Un partido que fuera vulgar en lo económico, cuyas propuestas hubieran sido probadas en escenarios diversos y obediente hasta la reverencia con las consignas europeas.

2. Un partido que pusiera detrás de cada palabra una cosa.
3. Un partido con la ciudad como tema, que reconociera que el campo solo es su jardín comestible.

4. Un partido que tuviera en cuenta que el pueblo es infalible pero que los ciudadanos pueden equivocarse y se equivocan.
5. Un partido que fuera mejor que sus votantes.

6. Un partido que considerara que la regeneración se acomete al modo como crece la hierba.
7. Un partido que se encarara con los conflictos políticos más incómodos y no dejara su presunta solución en manos del tiempo. O sea: que no contrajera deudas morales que los próximos hubieran de pagar.

8. Un partido que no hiciera de los vicios privados virtudes públicas: liberado de la toxicidad de la nación y de la religión.
9. Un partido que entendiera el adanismo como la suprema forma de la pereza.

10. Un partido que supiera que el Estado tiene el monopolio de la violencia y la gestión casi exclusiva del heroísmo.
11. Un partido que reconociera que el sistema mediático es ya una firme amenaza para la calidad de la democracia y que no vacilara en idear leyes para la protección de la verdad, por más que desde el negocio lo intimidaran llamándole chavista o convocando a Orwell.

12. Un partido que dijera en cuatro lenguas que solo hay una lengua española.
13. Un partido para el que la política fuera un desafío intelectual y la justicia la solución de compromiso para los problemas momentáneamente irresolubles.

14. Un partido que no quisiera cambiar el modelo productivo de España.
15. Un partido que se abstuviera de poner la mano en la caja y en el cogote de los ciudadanos.

16. Un partido nacionalista español, es decir, de la Constitución de 1978.
17. Un partido que supiera que solo hay una civilización y que debe defenderse en todos los lugares.

18. Un partido que no tuteara a nadie.
19. Un partido donde la ideología se admitiera como el inexorable fracaso de la ciencia; un partido pedante que denunciara la falacia de la falacia naturalista.

20. Un partido convencido de que la verdad no es una opinión.
21. Un partido consciente de la evidencia de que los ideológicamente iguales pueden llegar a odiarse con desmoralizadora facilidad.

22. Un partido que tuviera en lo alto a un hombre como aquel canadiense, capaz de decir: «Just watch me».
23. Un partido que cuando ganara advirtiera lo que Montaigne a los que acababan de elegirle alcalde de Burdeos: «Prometo tomar vuestros asuntos entre mis manos, pero no esperéis que con ellos me aplaste el corazón ni me ahogue los pulmones».

24. Un partido cuyo principal principio fuera el de la realidad.
25. Un partido que no convirtiera cada conflicto en una negociación constitucional.

26. Un partido que no fuera como un sofá y que, en consecuencia, no tomara la forma del último culo que lo okupó. (Churchill, probably).
27. Un partido que dijera, ¡y cobrara!, lo mismo en toda España.

28. Un partido que supiera que los sentimientos existen y deciden, y pudiera así plantarles cara.
29. Un partido que considerase a Europa su primer asunto interno.

30. Un partido que constatara que las campañas electorales han muerto sustituidas por la campaña electoral permanente.
31. Un partido que devolviera las monjas enamoradas a sus conventos.

32. Un partido de profesionales, bien formados, bien pagados, que no pudiera ser humillado intelectualmente por las corporaciones ni buscara luego lamerse vanamente sus heridas entre los muchos infelices.
33. Un partido de cristal de roca.

34. Un partido que no tratara de ganar con la policía lo que no ha sabido defender con la política.
35. Un partido que, como entrenamiento, empezara por coaligarse consigo mismo.

36. Un partido cuya relación polémica con las ideas y los hombres fuera la que diseñó (más o menos) Mario Bunge: vaciarse de odio en la idea para que el odio no alcance al que la lleva.
37. Un partido que distinguiera entre derrotar y destruir a sus adversarios.

38. Un partido contra las cuotas, incluidas las de pantalla.
39. Un partido que presente soluciones para el tráfico: de drogas, de personas y de dossieres.

40. Un partido estrictamente afecto al grito de España, mañana, será republicana.
41. Un partido que no dijera nunca: «hay que limpiar».

42. Un partido político.
Sigue con salud

Votar, ¿para qué?
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 23  Mayo  2015

Votar está muy sobrevalorado. Hay gente, mucha, que cree que su voto servirá para algo, que contribuirá a hacer que este gane o aquel pierda. Y contribuir contribuye, pero de una manera tan microscópica que no compensa el esfuerzo de acercarse hasta el colegio, mirar la lista, caminar hasta la mesa, hacer la cola correspondiente delante de la urna y ver de cerca el careto de vinagre de los interventores con sus listas, su boli del merchandising de la campaña, sus chapas en el pecho y su boquita lista para amarrarse a la teta del Estado conforme ganen los suyos. Eso siempre que el que recuenta no haya hecho trampa, que, como decía Stalin, lo importante no es quien vota, sino quien cuenta esos votos. En España en esto somos serios, el fraude no está en el escrutinio, sino en todo lo que viene antes, empezando por la ley electoral misma.

Un voto en Madrid, por ejemplo, no vale lo mismo que un voto en Soria, vale bastante menos. ¿Le parece justo que los madrileños, los barceloneses o los valencianos estén peor representados que los turolenses? ¿Son menos españoles? ¿Pagan menos impuestos? Le doy el dato para que no piense que exagero. Soria envía un diputado a las Cortes por cada 45.000 habitantes, Madrid por cada 180.000. La excusa de que Soria está poco poblada no satisface más que a los tontos. Si está poco poblada que hagan la circunscripción más grande y asunto arreglado. Luego sucede que, dependiendo de la cantidad de votos que obtenga cada lista, el precio del escaño difiere sustancialmente. A los partidos grandes les sale tirado, a los pequeños les cuesta un triunfo arañar un diputado. Para esto también tienen coartada. Dicen que así se da estabilidad al sistema. Y la estabilidad, ya se sabe, es tranquilidad, pero solo para ellos. La tranquilidad de un grupo parlamentario calcificado que luego vote en el Congreso al modo fuenteovejunesco.

La representatividad como tal no existe. Con nuestro sistema el elector vota una lista cerrada que el secretario de organización del partido ha confeccionado a capricho de los que gobiernan la nave, es decir, de los del aparato, puestos ahí por congresos internos cuyos compromisarios suelen serlo por llevarse bien con el mismo aparato al que luego van a elevar a los altares. El Partido Comunista de la Unión Soviética funcionaba de un modo parecido. La nomenklatura nutría al congreso del partido, éste al Comité Central y el Comité Central al Politburó, que era quien ponía ahí al capo di tutti capi, alias secretario general. A grandes rasgos el PP funciona internamente de la misma manera. La Pesoe también, aunque estos a veces disimulan y montan unas primarias para que el hipsterío se empalme y las chicas de la cuota se sientan empoderadas a tope. Los novísimos tipo Podemos, que nacieron con lo de las asambleas y el poder ciudadano, ya son pirámides de Keops como cualquier otro partido.

Creo que no hay un solo español que sepa a ciencia cierta quien es el diputado que le representa. En Ávila quizá porque hay tres, pero ni este trío solitario se ve obligado a representar a nadie más que al baranda de su propio partido. Vayamos a los hechos. Bárcenas, más conocido Génova adentro como Luis el cabrón, onubense de nacimiento, madrileño de residencia y helvético de vocación, fue senador por Cantabria durante seis años sin que se le conociese relación alguna con aquella bella provincia. Tan triste es lo nuestro que los diputados ni siquiera se representan a sí mismos, son parte de una maquinaria que mueve a discreción el jefe de la bancada, por lo general un ceporro –o ceporra– engreído que se sabe cortador de bacalao al por mayor.

Bien podrían votarse las siglas y que, una vez realizado el recuento, éstas estuviesen representadas en la cámara por un solo diputado cuyo voto valiese más o menos en función de los sufragios obtenidos en las elecciones. En lugar de mantener a 350 carpantas solo mantendríamos a 13, uno por cada partido que consiguió sacar escaños en 2011. El diputado popular dispondría de 186 votos mientras que el de Compromís tendría que apañarse solo con uno. Total, da lo mismo tener a 186 votando siempre lo mismo que tener a uno votando por todos. Bueno, en rigor no da lo mismo, uno sale más barato que 186 y como la política es el mal absoluto cuantos menos políticos circulen por la calle mejor para todos. Habría casi los mismos diputados que ministros, 25 en total. No haría falta ni hemiciclo, las sesiones podrían celebrarse en una salita del hotel que hay enfrente de las Cortes, con proyector, catering y un par de azafatas jamonas, para que luego no piensen que les hacemos de menos.

Piénselo serenamente, si votamos una lista adosada a un programa lo suyo es que solo haya un representante, en el que luego podamos cagarnos a placer cuando empiece a desdecirse de lo prometido. Con nuestro sistema las traiciones al votante se diluyen en un magma viscoso llamado partido. Luego vienen los llantos, la ropa hecha jirones y la barba de tres días como en los entierros gitanos. En realidad la culpa es nuestra por participar en un juego en el que ellos ponen las reglas y, claro, siempre ganan. Jamás permitiríamos que nuestros rivales en el mus fijasen las normas, ¿por qué lo admitimos con esta gentuza a la que, para colmo, damos de comer?

Si nuestro voto es un andrajo que apenas cuenta y, además, la representatividad es nula, ¿para qué perder nuestro preciado tiempo en esto y en estos? Bastante hacemos con entregarles, religiosamente y sin rechistar, la mitad de lo que producimos cada año. Más no nos pueden pedir.

El robo de la furia española
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 23  Mayo  2015

Si había algo que los españoles nos habíamos ganado a pulso era la furia. Si había algo que hace apenas un mes considerábamos legítimamente nuestro quienes hasta ahora hemos votado ingenuamente a los políticos nacionales era la furia. Tras 40 años de dictadura franquista y 40 años de pseudo-democracia, los españoles por fin habíamos reaccionado con una rabia hasta ahora desconocida, que había servido como nexo de unión entre los partidarios de todas las tendencias políticas. Pero al iniciarse la campaña de las elecciones municipales del 24 de mayo, los políticos –¡precisamente los causantes de la indignación!– se han apropiado de nuestra furia, dejándonos desprovistos de ese sentimiento legítimo que a menudo va acompañado de una extraordinaria lucidez.

La pintoresca headhunter
Desconcertados ante ese expolio de nuestra indignación, resignados de nuevo a nuestro papel de ovejas trasquiladas, estamos soportando con un estoicismo una campaña por momentos ridícula y que ha conseguido desviar la atención del protagonista más siniestro de estas elecciones: la corrupción. Pero repasemos lo que esconde algunos candidatos tras su furibunda palabrería electorera. Esperanza Aguirre, candidata a la alcaldía de Madrid por el Partido Popular, tiene un programa que va desde la bajada de impuestos hasta la promesa de llenar de árboles la Puerta del Sol. Acaba de saberse que su sueldo como headhunter en la empresa Seeliger & Conde es de 369.000 euros anuales. Lo que cabe preguntarse es cómo una líder política que formó lo que podríamos llamar el “Equipo A de la Corrupción” en la Comunidad de Madrid ha sido contratada con un sueldo astronómico por su ojo clínico para cazar talentos.

Empleo, prosperidad y naumaquias
Antonio Miguel Carmona, que promete empleo, prosperidad y naumaquias en el estanque del Retiro, aseguraba en abril de este año que los socialistas españoles son los padres de la honradez y la dignidad, porque siempre han logrado poner a la pobreza y la iniquidad de rodillas. Desde Filesa hasta los EREs, el PSOE ha protagonizado decenas de casos de corrupción con miles de millones de euros desaparecidos. Manuela Carmena, que se presenta por la marca Ahora Madrid en coalición con Podemos, cuyo programa incluye el impago general de deuda pública, hipotecas, facturas y alquileres, fue abogada laboralista durante años, pero no socorrió a los empleados de su marido Eduardo Leira, que dejó de pagarles en 2010, declarándose insolvente mientras ponía todos sus bienes a nombre de su esposa, dueña entre otras cosas de una vivienda valorada en un millón de euros y varias fincas en el municipio segoviano de El Espinar. Begoña Villacís, abogada que se presenta a la alcaldía de la capital por Ciudadanos, promete apoyar a los autónomos, fomentar el autoempleo, asegurar un sistema de ingresos mínimos y establecer un límite máximo de habitabilidad. A sus 37 años no tiene sombras en el currículum, aunque su partido haya tenido que deshacerse de algunos candidatos sospechosos.

Un país indignado en las encuestas
Fiel a su excentricidad antológica, España ha aguantado durante casi cuatro décadas sin castigar en las urnas la corrupción. La indignación –que en un principio abanderaron unos pocos miles de jóvenes acampados en esa Puerta del Sol que Aguirre quiere llenar de árboles– ya no pertenece a la juventud española de uno u otro signo político, sino a la gran mayoría del país, al menos en las encuestas. El descrédito de la política, generalizado en Occidente, azota con fuerza a los partidos tradicionales españoles. Nos enfrentamos este año a la difícil sustitución de un sistema ya finiquitado. Resultaría cómico si no fuese trágico que candidatos como Aguirre y Carmona, tan próximos en ideología y programa a los políticos corruptos de sus respectivos partidos, pretendan librarse a golpe de frases ocurrentes del currículum defectuoso que arrastran ambos.

Se admiten apuestas
Mientras en toda España están quitando el polvo a esas urnas donde hasta ahora se ha votado a los partidos corruptos, la incógnita del resultado persiste, hasta tal punto que Paf, una casa de apuestas abierta desde 1966 en Aland, Finlandia ofrece un abanico diverso de apuestas sobre las elecciones municipales y autonómicas en España.

Para la alcaldía de Madrid la candidata favorita es Aguirre, cuya victoria se pagará a 1,33 el euro apostado. En segundo lugar, aunque varios sondeos le relegan a un tercer puesto en la capital, está el socialista Antonio Carmona que, en caso de gobernar (pactando previsiblemente con la plataforma Ahora Madrid), haría ganar a los apostantes 3 euros por cada euro jugado. Igualada con él va de momento Manuela Carmena, cuya victoria está también en 3 a 1. Los últimos puestos serían para David Ortega de UPyD, cuyo triunfo se pagaría a 8 euros el euro jugado y para Begoña Villacís de Ciudadanos, a mucha distancia por debajo de él. En caso de salir elegida, la Ciudadana haría ganar dinero a sus partidarios, pues cotiza a 26 euros por cada euro jugado. En la Comunidad de Madrid la favorita es Cristina Cifuentes (PP). Si gana, sus apostantes ganarán apenas 1,16 euros por cada euro jugado, 17 céntimos menos que la victoria de Aguirre en la capital. El segundo puesto es para el socialista Ángel Gabilondo, tasado en 4,50 euros por euro jugado. Por debajo de él están José Manuel López de Podemos a 6 euros, Ignacio Aguado de Ciudadanos a 8 euros, Luis García Montero de IU a 31 euros y Ramón Marcos de UPyD, que haría ganar 51 eurazos por cada euro apostado.

¿Castigará España por fin a la corrupción?
Estas elecciones nos han devuelto la fe en la democracia a quienes la habíamos perdido en España. La furia silenciosa que hemos sentido durante tantos años ha estallado en 2015 como un sentimiento común a muchos miles de españoles. El siguiente paso lógico es el de un contundente castigo a la corrupción. De nosotros depende –y no podemos dejar pasar esta ocasión histórica– que España llegue a ser por fin una verdadera democracia.
Imagen: La batallas de Valdepeñas (1808)

Acabar con Syriza es muy sencillo
Manuel Llamas Libertad Digital 23  Mayo  2015

El populismo, al igual que las mentiras, tiene las patas muy cortas. Basta que los salvapatrias de nuevo cuño empiecen a poner en macha su particular recetario estatista para que la población, tarde o temprano, acabe despertando de ese nefasto hechizo político, tras descubrir, entre una mezcla de horror y desesperanza, que las promesas utópicas de su amado líder se traducen en más ruina y caos social, así como una flagrante violación de derechos y libertades fundamentales.

El reciente ascenso de Syriza al poder en Grecia no escapa a esta trágica realidad. Tras siete largos años de profunda crisis, la sociedad helena presentaba el caldo de cultivo idóneo para el auge del populismo, tal y como ha sucedido en otros países de la periferia europea, aunque en menor medida, como es el caso de Podemos en España, Movimiento Cinco Estrellas en Italia o el Frente Nacional en Francia.

El ejemplo griego, sin embargo, es el más grave, ya que el extremismo político campa a sus anchas en su arco parlamentario, con nazis, comunistas y todo un elenco de formaciones ubicadas en la izquierda radical bajo el paraguas de Syriza. Los principales culpables de esta situación son, sin duda, los partidos tradicionales, Pasok y Nueva Democracia, puesto que, debido a su desidia y necedad, han retrasado y dificultado hasta el extremo la aplicación de las reformas y ajustes que precisaba el país para garantizar la solvencia estatal y salir de su profunda crisis económica. No en vano, Irlanda y las economías bálticas superaron su particular situación de quiebra técnica mediante un drástico y firme plan de austeridad pública y flexibilidad económica, cuyo resultado está siendo todo un éxito en materia de crecimiento, creación de empleo y equilibrio presupuestario.

La irresponsable inacción que, por el contrario, mostró el tradicional bipartidismo griego desde el estallido de la crisis hasta 2012 apuntaló la insolvencia estatal y prolongó la agonía económica, exacerbando así una indignación popular que, por desgracia, abrió de par en par las puertas del poder al nuevo salvador, Alexis Tsipras.

El líder de Syriza supo aprovechar muy hábilmente la desesperación de los griegos para prometer un futuro de vino y rosas a base de repetir hasta la saciedad los mismos errores que causaron la completa ruina del país durante la pasada década: más gasto público, más intervencionismo estatal y más impuestos. Su proyecto consiste, básicamente, en reinflar la insostenible burbuja estatal que asoló Grecia en el pasado, solo que ahora, ante la imposibilidad de financiarse en los mercados, Atenas pretende engordar su elefantiásico sector público a costa del resto de contribuyentes europeos, impagando lo que debe, logrando un tercer rescate y abandonando por completo todo atisbo de austeridad pública y flexibilidad económica.

Por ello, el lema electoral de Syriza se centró en decir "no" al pago de la deuda, "no" a las condiciones del rescate y "no" a la supervisión exterior de la troika. Desde que llegó al poder, toda su estrategia ha consistido en suavizar al máximo o, directamente, incumplir los ajustes acordados con los socios europeos, mientras ganaba tiempo para negociar un nuevo plan de asistencia que le garantizara financiación extra para poder gastar e invertir a raudales con el ilusorio fin de impulsar el crecimiento del PIB.


El chantaje de Tsipras
Pero, ¿cómo convencer a la troika de ese disparatado plan? Muy sencillo. Blandiendo la amenaza de la ruptura del euro. El mensaje de Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, al resto de socios europeos ha sido el siguiente: "O cedéis a mis exigencias o impago y abandono la Unión... Vosotros veréis. Si Grecia sale del euro, otros países vendrán detrás".

Efectivamente, Syriza es muy consciente de que, una vez fuera, el mito de que el euro es irreversible estallaría en pedazos, desatando con ello una nueva tormenta financiera en la que los inversores comenzarían a barajar el próximo país en salir. Atenas piensa que, ante ese riesgo, tanto la eurozona como el BCE acabarán tragando, de una u otra forma.

Sin embargo, existe un factor muy importante que la actual cúpula de Syriza no ha tenido en cuenta: el tiempo. Cuanto más se prolongue la negociación sobre el rescate, más se deteriora el Gobierno de Tsipras. Y Alemania lo sabe, cosa distinta es si aguantará el embate hasta el final, con todas las consecuencias. Por el momento, lo único que se ha acordado es la extensión del programa de asistencia hasta junio, pero sin desembolsar el último tramo previsto (unos 7.200 millones de euros), ya que Tsipras se niega a cumplir los ajustes pactados.

Como resultado, Grecia avanza de nuevo hacia la recesión y la destrucción de empleo, al tiempo que sufre una gravísima crisis de liquidez bancaria y estatal que, en última instancia, amenaza con desatar un corralito e impagar sueldos y pensiones públicas. ¿A quién perjudica esta situación? Desde luego, no a la troika. El apoyo de los griegos a la estrategia negociadora de Syriza se ha desplomado a la mitad, desde el 72% obtenido en febrero a tan sólo el 35% actual.
Apoyo a la estrategia de Syriza | Berenberg

"La ausencia de una alternativa creíble mantiene a Syriza a la cabeza de las encuestas en intención de voto, pero es probable que ese apoyo se desmorone" conforme se prolongue la actual situación, tal y como indican los analistas de la entidad germana Berenberg. Y, puesto que la mayoría de griegos está a favor de mantenerse en el euro, dicha firma considera, con una probabilidad del 70%, que "Grecia hará, finalmente, lo que sea necesario para permanecer en la moneda única". Es decir, Syriza acabará cediendo.

Pero para que este escenario se produzca, se necesitan dos requisitos: en primer lugar, que la troika, con Berlín a la cabeza, se mantenga firme y no desembolse ni un solo euro hasta que Atenas cumpla todas las condiciones del memorando; y, en segundo término, que el BCE desenchufe por completo a la banca helena, tal y como reclama el Bundesbank, suspendiendo el mecanismo de financiación extraordinaria (ELA) del que depende su supervivencia, con el consiguiente corralito bancario.

La clave aquí es que Tsipras y Varufakis tan sólo contemplan dos alternativas: o rescate indiscriminado o salida del euro. Pero, en realidad, existe una tercera opción: quiebra y corralito, sí, pero dentro del euro. Si el Eurogrupo no desbloquea el rescate y el BCE desenchufa a los bancos helenos, Tsipras no podrá pagar a funcionarios, pensionistas ni proveedores, y los griegos tampoco podrán retirar sus depósitos en euros.

Atenas tendrá que emitir pagarés devaluados, una especie de moneda paralela, para evitar el colapso total del país. La recesión y la caída de la recaudación se están traduciendo en un menor superávit fiscal primario (descontando el pago de intereses), lo cual deja al Estado griego sin margen para poder cubrir su elevado gasto público. ¿Resultado? Tsipras se vería obligado a aplicar drásticos recortes de gasto y fuertes subidas de impuestos que, junto con la circulación de moneda devaluada (alta inflación), configuraría un cóctel explosivo a nivel político.

Al no existir mecanismos legales para expulsar a un estado miembro del euro, ésa decisión quedaría en manos de los griegos y, puesto que éstos no quieren abandonar la Unión, Syriza se encontraría entre la espada y la pared: o cede ante la troika o cae su Gobierno, o ambas cosas a la vez. "En vez de forzar la salida de Grecia, la UE podría dejarla atrapada dentro de la zona del euro y privarla de dinero, para luego sentarse a esperar y ver cómo se desploma el apoyo político interno al gobierno de Tsipras [...] En cuanto Tsipras se dé cuenta de que las reglas del juego entre Grecia y Europa han cambiado, su rendición será simplemente una cuestión de tiempo", tal y como advierte el analista Anatole Kaletsky.

Acabar con el populismo que gobierna hoy Grecia es muy sencillo, basta con que los acreedores se mantenga firmes en su posición para que la población helena pruebe en sus carnes las verdaderas mieles del programa de Tsipras y descubra, con sorpresa, que bajo la troika se vivía mejor. La única duda al respecto es si Bruselas, BCE y FMI tendrán la valentía y responsabilidad suficientes para hacerlo. Varufakis cree firmemente que no... Veremos.

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Sin elección

Teresa González Cortés www.vozpopuli.com 23  Mayo  2015

Da ganas de reír ante la fanfarria y la cantidad de tonterías que se inventan los candidatos, convertidos en período electoral en vendedores de humos. Unos, todo por ayudar a los parados, claro, quieren acabar con las fiestas de toros (Aitziber Ibaibarriaga: EH Bildu). Otros desean implantar, con tal de impulsar la prosperidad vecinal, ferias de mercaderías, canjeables por horas de trabajo y moneda catalana (Ada Colau: Podemos). Y si algunos exigen, en busca de un grandísimo mundo feliz, la independencia de, incluso, los pueblos que componen la Franja de Aragón (Oriol Junqueras: ERC), otros apoyan limpiar la ciudad, no se sabe muy bien si de corrupción o emigración (García Albiol: PP), y cuando no, en pos de la utopía matemática, establecer mapamundis domésticos con el número exacto de personas en cada dormitorio del hogar (Antonio Espinosa: Ciudadanos).

Esta enorme casquería de piñones fantasiosos es consecuencia, lo cree Colin Crouch, de esta Posdemocracia en la que vivimos. Yo más bien considero que los partidos democráticos, de izquierda y derecha, vacíos de ideario y, por tanto, de ideas, carecen de programas verdaderamente elaborados y… andan a golpe de imaginación y de rap luchando por convertir al votante en parroquiano de productos políticos y, así, esconder su gran ineptitud en el manejo y gobierno de la cosa pública. De ahí, la exuberancia de enunciados populistas que día sí, día también, lanzan al aire. Y mientras una aspirante al Estado autonómico, Manuela Carmena, sale a la palestra afirmando que “la autoridad, en general, no le interesa nada”, Antonio M. Carmona ofrece combates navales, los líderes de Guanyar Alicante asocian su programa de campaña con el éxtasis del punto G, y el Frente Popular de Judea en Canarias resuelve ilegalizar hasta los calamares a la romana.

Servicios a la carta
Que los centros de poder se han convertido en cajas de resonancia del mercado electoral queda probado en el hecho de que los partidos políticos no se han resistido a transformarse en empresas abastecedoras de productos para votantes. Y con un consumismo de derechos y servicios ad infinitum, cultura política “de la satisfacción” la llamaba Galbraith, la hipertrofia de demandas está entrañando no pocos peligros. P. e., que líderes y acólitos patrocinen toda clase de ideas desde el menosprecio a los costes económicos que conlleva poner en marcha sus proyectos, y desde el desprecio a la pobreza que generan dichos proyectos sobre los miembros de la sociedad, en su práctica mayoría.

Sobre esta huida hacia adelante, sobre este descontrol ha reflexionado Roger Scruton. Este filósofo británico, en Los usos del pesimismo y el peligro de la falsa esperanza (2010), tilda a personas y élites políticas de “optimistas sin escrúpulos", por ser gente peligrosa y arrogante que cree tener la razón siempre de su parte, que no lidia por la idea de bien general, que se aferra a su solución “ideal” y no admite ni críticas ajenas ni acepta sus propios errores de cálculo.

Naturalmente, si dentro de la clase política pululan demasiados “engañadores”, en el electorado hay, mal que pese, no pocos embaucados que pujan por un dirigente ante la posibilidad de disfrutar (o continuar disfrutando) de ventajas. A esas personas que, en calidad de votantes, son seducidas con falacias y enredos, les digo que es posible que nos quedemos sin democracia al no ser capaces de resistir a los señuelos de quienes poseen o van a poseer el poder. Y es que con tanto barullo y tanto desconcierto resulta que el mito del votante racional es sólo eso, una ficción que no se ajusta a la realidad, habida cuenta de que aquí y acullá existe un electorado cautivo que durante lustros ha elegido, los datos hablan, a coaliciones políticas corruptas.

La política de la insostenibilidad o de gasto infinito, esa nueva arcadia de nuestro tiempo, me hace recordar algo que fue escrito 2.500 años atrás. Con la lucidez que siempre le caracterizó, Aristófanes describía, muerta la inteligencia, los manejos electorales y revelaba: “solo hay que hacer lo de siempre. Confundirlo todo, como si se preparase un picadillo y hacérselo tragar a la gente a la fuerza, igual que se introduce la masa en la tripa de embutir. Luego se añade un poco de dulce, que es la palabrería de la cocina y así se hace la mezcla más grata al paladar. Lo demás de la sustancia demagógica ya lo tienes […] para la administración del Estado”.[1]

¿En dónde queda, con estas maniobras, el sentido común?, eso es otra historia que parece importar solo a unos cuantos.

Sin elección
Dicen que la democracia constituye el mecanismo que autoriza sucesivos cambios de poder. Dicen así mismo que las elecciones están pensadas no para favorecer y elegir al mejor, sino para someter a los gobernantes a un examen periódico que permita evacuar al que lo haga mal. Quizá por este motivo es por lo que estamos frente a unos comicios de infarto en los que, al menos en teoría, llega la hora de nuevas coaliciones al tiempo que cabe que desaparezca de la escena política el bipartidismo.

No obstante, y después de observar cómo improvisan nuestros políticos, reparo en que numerosas coaliciones, veteranas y emergentes, no tienen propuestas suficientemente nítidas sobre el bien general. Tampoco veo que estén por la labor de optimizar los mecanismos legales de vigilancia que la democracia lleva incorporados, o que muestren intención de instaurar el sistema de listas abiertas y… luchar por que los límites de nuestros representantes públicos sean jurídica y éticamente idénticos a los que se exige al común de la ciudadanía, y eso sin hablar de la necesidad de controlar el suicidio o descontrol financiero en que incurren nuestros nominados que, además, habitan en un estado de gracia, de excepcionalidad por disfrutar de fueros propios y exclusivos.

No dudo de que en este 24 de marzo todo, absolutamente todo puede pasar. Pero eso es muy poco, dado el escaso margen de elección. Y de solución a los problemas, inmensos, de déficit democrático que nos ahoga.

[1] Aristófanes (444 a. C.-385 a. C), Los jinetes, en Comedias, Ediciones Clásicas, Madrid, 2004, p. 127.
Imagen: Sacrificio a Baco (Massimo Stanzione, 1634)

El PSOE, más radical que sus votantes

Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 23  Mayo  2015

El PSOE tiene una militancia mucho más radical y extremista que sus votantes. Lo vimos en el debate entre los tres candidatos a la Secretaría General: Estado federal, aceptación del derecho de autodeterminación en Cataluña, concesión de la nacionalidad a los supuestos descendientes de los moriscos, supresión de la educación concertada, reforzamiento de la ideología de género…

Muchos atribuyen este sentimiento a los años de Zapatero, secretario general desde 2000, pero la realidad es que el PSOE reflotado en los años 70 por la socialdemocracia alemana y los servicios secretos del régimen franquista tenía unas carencias ideológicas que lo alejaban del SPD alemán o el Labour británico que los jóvenes alzados por el dinero de la Fundación Ebert y los agentes de los militares colmaban con enardecimiento, consignas y adanismo.

Un repaso a los programas, las declaraciones y los comportamientos de los socialistas de entonces muestra una gran similitud con las propuestas de Podemos y explica la buena relación de parte de la antigua cúpula del PSOE con los Iglesias y Errejón.

Insultos a los israelíes en Suresnes
Entre las resoluciones del Congreso de Suresnes, celebrado en 1974, encontramos este punto en el apartado sobre Nacionalidades y Regiones.

El PSOE se pronuncia por la constitución de una República Federal de las nacionalidades que integran el Estado español por considerar que esta estructura estatal permite el pleno reconocimiento de las peculiaridades de cada nacionalidad y su autogobierno a la vez que salvaguarda la unidad de la clase trabajadora de los diversos pueblos que integran el Estado español.

En ese Congreso, muchos delegados estaban más cerca de formar una turba antisemita que la dirigencia de un partido socialdemócrata europeo, según este testimonio de Pablo Castellano (Yo sí me acuerdo):

La OLP, los sandinistas y el Frente Polisario merecían más aplausos que el propio Mitterrand, Olof Palme, Nenni o Michael Foot. Es más, la aparición del representante del Partido Laborista israelí en la tribuna fue destacada con una sonora pitada proveniente de las huestes del futuro número uno (Felipe González), en concordancia con la posición posteriormente adoptada en un Congreso de las Juventudes Socialistas, de las que era secretario general un estrecho colaborador de don Alfonso Guerra; a dicho Congreso se invitó al delegado de las Juventudes Socialistas israelíes, pero cuando lo tuvieron allí le rogaron que se fuera para evitar que fuera expulsado (¡!).

Para acompañar tan hospitalario gesto, las escaleras de acceso al local se habían llenado de pintadas en las que se equiparaba la estrella de David con el anagrama de las SS.

El primer congreso que los socialistas celebraron en España después de la guerra, en noviembre de 1976, definió así al partido en su resolución política:

El PSOE, se define como socialista, porque su programa y su acción van encaminados a la superación del modo de producción capitalista, mediante la toma del poder político y económico y la socialización de los medios de producción: distribución y cambio por la clase trabajadora.

Somos un partido de clase, en cuanto aprendemos y luchamos por el proyecto histórico de la Clase Obrera: la desaparición de la explotación del hombre por el hombre y la construcción de una sociedad sin clases.

El columnista de ABC Ignacio Ruiz Quintano dice que a él Pablo Iglesias nunca le ha asustado, porque en la Complutense del 76 había al menos media docena de Iglesias por aula: más leídos (entonces todavía se leía) y con más coleta (entonces todavía había mili).

Y además Felipe González anunciaba la revolución: Pablito Iglesias es la versión siglo veintiuno de Felipe González, aunque González soltaba muletillas revolucionarias más terribles y se ponía un gorro de oso para viajar a Moscú con Guerra, Boyer y el Guti para ver a Breznev, que luego no los recibía.

'Autocrítica' a Boyer por repudiar el marxismo
Sobre economía, el PSOE que se afilaba las uñas para abandonar los cien años de honradez se declaraba autogestionario:

Declaramos que la sociedad socialista que preconizamos tendrá que ser autogestionaria. Las Nacionalizaciones y la Planificación no suponen necesariamente el socialismo.

Miguel Boyer, uno de los escasos cerebros que tenía el PSOE, salió del XXVII Congreso elegido secretario de la Ejecutiva Federal para el área económica, pero estuvo tan en desacuerdo con el documento sobre economía que dimitió y renunció a su carné del PSOE; se afilió al partido socialdemócrata de Francisco Fernández Ordóñez.

Pasados seis meses, regresó al PSOE. Su biógrafo, José Luis Gutiérrez (Miguel Boyer. El hombre que sabía demasiado), cuenta que pasó una autocrítica. Tuvo que pedir la admisión a la agrupación de Chamartín (Madrid), cuyos miembros debatieron sobre la conveniencia o no de perdonarle, con él delante.

Boyer asistió mundo, sin intervenir, a un debate en el que personas como Juan Manuel Kindelán o Carlota Bustelo defendieron sus posturas frente a los sectores más radicales del partido, que le echaron en cara sus pronunciamientos sobre el marxismo (…) El largo y duro debate, en el que tuvo enfrente a los sectores más radicales de la agrupación, gente procedente de las Juventudes Socialistas y de la UGT, se coronó con una votación en la que Boyer obtuvo 170 votos frente a los 100 que se manifestaron contrarios a su readmisión.

¿'Nafarroa Euskadi da'? ¡Qué más da!
En 1978, durante el debate de la Constitución, los socialistas vascos y navarros participaron en la manifestación del Aberri Eguna, junto con el PNV, la extrema izquierda y toda la constelación de fuerzas abertzales. Al frente, una pancarta con el siguiente lema: "Autodeterminación en la Constitución. Aberri Eguna 1978. Estatuto de Autonomía Nacional". Y uno de los que la sujetaba era José María Benegas.

En esos años siniestros, los socialistas no sólo celebraban el Aberri Eguna, fiesta inventada por los abertzales, sino que pedían la autodeterminación y eran partidarios de la inclusión de Navarra en la naciente Euskadi. El PSOE de Navarra se fundó en junio de 1982, cuando la agrupación socialista navarra, hasta entonces incluida en el Partido Socialista de Euskadi, se segregó de éste.

La causa no fue un debate ideológico o histórico, ni la reclamación de las bases navarras, sino el simple cálculo electoral. Para ganar las elecciones en una provincia donde la UCD había sido superada por una escisión, UPN, que arrollaba con su discurso navarrista y antiabertzale, los dirigentes socialistas Gabriel Urralburu (luego encarcelado por corrupción), Víctor Manuel Arbeloa y Carlos Solchaga decidieron ser navarristas, como antes habían sido vasquistas. En 2015, si para gobernar es necesario volverse vasquistas, ¿alguien duda de que lo harán?

Felipe nos iba a sacar de la OTAN
El paradigma de la radicalidad y, a la vez, del oportunismo ideológico del PSOE es su postura sobre el ingreso de España en la OTAN. En 1976 el partido se declaraba por la neutralidad absoluta (de la que había sacado a España el régimen franquista mediante los acuerdos con EEUU, luego renovados por el Gobierno de González), el desmantelamiento de todas las bases militares en suelo español (o sea, las de la OTAN) y por superar el enfrentamiento entre bloques.

En un mitin multitudinario celebrado en la Complutense en 1981, cuando el Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo preparaba el ingreso en la organización de defensa militar de Occidente, Felipe González fue presentado así:

Él será quien próximamente, y que sea muy pronto, nos saque de la OTAN.
Menos de cinco años después, una vez en el poder, González hizo campaña a favor del sí para la permanencia de España en la OTAN. En una entrevista en El País, González reconoció que no sabía nada de la OTAN antes de ser presidente del Gobierno.

Me tomé dos años, 1983 y 1984, y después de dos años de conocer la Alianza, de estudiar los problemas por dentro, propuse una política de defensa, el llamado decálogo. Creo que los intereses de España se defienden mejor permaneciendo en la Alianza. Nuestra anterior valoración sobre la Alianza y sobre su funcionamiento no era correcta.

Lo misma da carne que pescado, OTAN, de entrada no que En interés de España, OTAN sí, mientras mandemos.

Éste es el elogiado por los despistados desde los años de la Restauración posibilismo del PSOE. El único principio inmutable de los socialistas es el acceso al poder.

En el último minuto de legislatura
Bildu se despide de la Diputación Foral de Guipúzcoa despilfarrando otros 500.000 euros en ruinosos proyectos culturales en euskera

Editorial La Tribuna www.latribunadelpaisvasco.com 23  Mayo  2015

Si durante sus cuatro años de gestión en la Diputación Foral de Guipúzcoa Bildu ha utilizado todos los resortes legales a su disposición para engrasar económicamente con decenas de millones de euros sus obsesiones ideológicas y políticas (imposición del euskera, ruralismo, ecologismo radical, feminismo, internacionalización socialista, antitecnologismo, antioccidentalismo y memoria histórica proetarra, entre otras muchas), el gobierno de Martin Garitano se despide ahora de los órganos de poder territoriales despilfarrando otros 500.000 euros en subvenciones concedidas, en el último minuto de la legislatura, a una larga serie de proyectos culturales en euskera que, sin la intervención de las instituciones públicas, resultarían absolutamente ruinosos para sus impulsores.

De este modo, y tal y como puede comprobarse en los documentos adjuntos, la edición y publicación de libros en euskera, la difusión de productos culturales infantiles en este idioma que apenas habla habitualmente el 10% de los ciudadanos vascos y la puesta en marcha de proyectos audiovisuales que también han de presentarse en vascuence, han recibido, por parte de la Diputación guipuzcoana en manos de Bildu, algo más de 500.000 euros.

Empresas, organizaciones, personas individuales y diferentes entidades, muchas de ellas ligadas a la autodenominada izquierda abertzale y todas ellas estrechamente unidas a la puesta en marcha de proyectos destinados a imponer la utilización del euskera desde los ámbitos públicos de actuación, son las receptoras de este dinero.

La guinda del despilfarro: 15.000 euros de subvención a un pretendido “Foro Feminista” para la elaboración de una “Memoria Feminista de San Sebastián”.
 


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