AGLI Recortes de Prensa   Domingo 31  Mayo 2015

El soviet de Karmenagrado y el Club de la Tragedia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 31  Mayo  2015

Sólo ha pasado una semana desde las elecciones municipales y autonómicas y el terremoto político es ya muchísimo mayor que el de las europeas de hace un año. De aquellas, salió herido gravísimamente el bipartidismo; de éstas, ha salido cadáver, aún insepulto, el Partido Popular. En ambos casos, el triunfo es el de un partido que resume lo más abyecto del crimen totalitario y del fracaso comunista del siglo XX, el golpismo a plazos del gorilato venezolano y la Nueva Política Económica de Lenin, la NEP, que demostró cómo los bolcheviques podían hacer lo contrario que Kautsky: un paso atrás –temporal- en la colectivización agraria para tomar impulso y dar dos pasos adelante: la koljosización de la agricultura y el exterminio económico, social y físico –millones de muertos- del mujik, el campesino ruso y ucraniano, partidario ancestral de la propiedad privada.

El PP de Mariano Kerenski
Perdonen los conocedores de la sangrienta raíz de toda la Historia Contemporánea que insista en contarla a los más jóvenes y sobre todo a la gente del PP que, con Mariano Kerenski a la cabeza, no tienen la menor idea de quiénes fueron Dherzinski, creador de la Vétcheka, luego Cheka, o Münzenberg, el genio de la propaganda de la Komintern o III Internacional, la Comunista, enfrentada a muerte, aunque Pdr Snchz no lo sepa, con la II, la Socialdemócrata de Bernstein y Kautsky. Soraya, Cospedal y Arenas no saben cómo Lenin y los suyos pudieron crear un Estado comunista en una sociedad que lo rechazaba; la Pandi Crush sólo sabe forrarse, engañar al electorado y reírse de la Derecha sociológica. Pero Iglesias, Errejón y los comunistas que, por el hundimiento del PP de los Kerenskis, están a cinco meses del Palacio de Invierno de la Moncloa, sí lo saben. Expliquémoslo.

Que en la campesina Rusia los marxistas comenzaran la revolución proletaria liquidando a los campesinos y convirtiéndolos en una inmensa fuerza de trabajo industrial al servicio del Estado tenía lógica. Criminal, pero lógica. La dictadura del proletariado no revestía mayor problema: la ejercería el partido del proletariado, el POSDR (Bolchevique) rebautizado Comunista. La dificultad estaba en que ese proletariado apenas existía en San Petersburgo, Moscú o los puertos del Mar Negro. Rusia, todas las Rusias, eran campesinas. Y los campesinos no han sido nunca comunistas.

Pero Lenin, de cuya llegada al Poder en 1917 se cumplirá pronto un siglo, demostró haber aprendido de la Revolución Francesa que el poder puede sostenerse, al menos por un tiempo, sobre dos pilares: el Terror y la Propaganda. Pero era tan consciente de ir contra-reloj que creó la III Internacional y dedicó el dinero que no había para el pan de la "famélica legión" a frenar la intervención extranjera en la guerra civil rusa. ¿Cómo? Financiando partidos comunistas revolucionarios que distrajeran la fuerza de los Estados que podían aniquilar la naciente URSS. Los partidos comunistas, con la excepción de Alemania, eran parodias tan grotescas del PCUS que en 1931, al proclamarse la II República en España, el PCE de Bullejos, luego de Díaz y La Pasionaria, pintaron en la Plaza de Oriente: "¡Todo el poder para los soviets!". Y nadie sabía qué era un soviet.

El jurisoviet de Karmenagrado
Como son poquísimos en la derecha y escasos en el PSOE los que saben la historia del socialismo y del comunismo en general y del español en particular, difícilmente entenderán que la táctica de Podemos, como la de Lenin, se basa en la ceguera de gobernantes como Kerenski, que, desde la revolución democrática de Febrero a la comunista de Octubre, no hizo nada contra el partido de Lenin, cuyo plan golpista era un secreto a voces. Los bolcheviques, y los comunistas desde entonces, se basaron en negar la legitimidad del Estado, subvertir la legalidad e imponerse por la fuerza, entendiendo por fuerza las armas, la violencia callejera y la propaganda. Y la base de la propaganda totalitaria, vaciada en el molde leninista, se base siempre en lo mismo: negar la realidad o "interpretarla políticamente", de forma que todo lo que es, no sea, y lo que parece, parezca lo contrario.

Por eso se ha tomado a broma, despiste e incluso –por el Decano de los jueces- a "casualidad" que Manuela Carmena actúe como ganadora de las elecciones tras haberlas perdido. Pero Lenin se proclamó mayoritario (bolchevique) pese a ser minoritario, frente a los que llamó minoritarios (mencheviques) que, en realidad, eran mayoría aplastante en el POSDR. Y lo primero que ha hecho es anunciar que "ya ha hablado" con el Presidente del TSJM y el Decano de los jueces porque, dice "están desesperados" por tener que aplicar la ley de deshaucios y ella acabará con esa desesperación.

¿Cómo? Evidentemente, llevándolos a prevaricar masivamente, porque si un juez no aplica la Ley por interés o prejuicio ideológico está prevaricando, o sea, perpetrando el peor de los delitos. Pero lo que pretende la segunda candidata más votada en Madrid es crear una situación de hecho en la que un Consejo (soviet) Judicial dicte sistemáticamente sentencias contrarias a la ley que obedezcan al programa totalitario de Podemos. El decano de los jueces, hombre de tanto prestigio como ingenuidad, ya ha negado tal reunión en el programa de Luis Herrero. Dice que se encontró con Carmena por casualidad. Él, seguro que sí; ella, seguro que no; basta ver lo rápido que acudió a los medios a anunciar como predisposición de todos los jueces lo que es sólo un alarde particular de ilegalidad golpista.

Pero los medios, donde hay ya una aplastante mayoría de periodistas favorables a Podemos, presentaron la manipulación de Carmena como la inminente creación del Jurisoviet de Karmenagrado. De hecho, si cuajase esa legalidad paralela, empezando por la abolición a manos de los jueces de la ley antideshaucios (que ha permitido que los pisos de alquiler pasen del 7% al 25%, abaratándolos sustancialmente) podría decirse que la legalidad constitucional habría empezado a desaparecer en todo el ámbito municipal. Teniendo en cuenta que la gran mayoría de la población española vive en ciudades, la capacidad subversiva de esta situación de facto sería terrible.

El Club de la Tragedia
Mariano Kerenski, más "bobo solemne" que el padre putativo de Podemos, que es Zapatero, se quejaba ayer de que "les han hecho mucho daño los casos de corrupción según los han dado los medios". Serán "sus medios", los que pastorea Soraya: los de Cebrián, Atresmedia y demás favorecidos por las adjudicaciones audiovisuales del PP. Rajoy entregó las televisiones –manteniendo la descarada amputación publicitaria de TVE por Zapatero en favor del duopolio- a las dos facciones de la Izquierda, la de Prisa y la de la Sexta. A una la salvó Soraya de la quiebra; y a la otra, también, permitiendo su absorción por A3. Y lo hizo legalizando en Agosto lo que declaró ilegal en Julio, con un par. ¡Pero se siente traicionado por Cebrián y García Farreras. ¡Si son los que lo encerraron en Génova 13 el 13M de 2008! ¿Cómo puede asombrarse de que el jefe de informativos de la SER y su Consejero Delegado, con sus tres capas de calzoncillos, le den jaque mate? ¡Él, que ha machacado implacablemente a los medios críticos de Derecha, se asombra de que en las televisiones manden las izquierdas!

Podemos está otra vez -por demérito de Marianenski, no por mérito del Leninín- en condiciones de alcanzar la Moncloa y poner en marcha el proceso revolucionario que acabará con el Estado Constitucional y nuestras libertades. Y lo conseguirá por algo que no es fácil describir pero que se entiende muy bien comparando dos vídeos: el de Pablo Iglesias de hace un año llamando "tonto" y "subnormal" a Carmona y el de Soraya hace mes y medio, en las andaluzas –no cito, por rubor, el del baile calentón de la feria- explicando cómo ellos, los del PP, se desloman construyendo el edificio del empleo mientras los mirones, los vagos, ponen peros a los albañiles.

La Paz Padilla de Marianenski
En su vídeo, el comunista Pablo Iglesias actúa como un Wyoming en serio pero en la clave del Club de la Comedia, tan exageradamente acertado en su odio a lo convenidamente odioso, o sea, la Derecha según los progres de PRISA y de la Sexta, que no puede ser verdad, aunque… quién sabe. Su eficacia es mostrar la destrucción del régimen constitucional como un acto simpático y democrático, tras el cual, eliminada la derecha, todo quedará arreglado para siempre jamás amén. Iglesias está en un permanente "stand up", enhebrando chistes y gracietas progres, feroces, con apariencia de broma pero muy en serio. Vende la dictadura como algo que sólo puede pasarles a los demás, el resbalón que afecta al gordo, al rico, a la vieja, al otro, siempre al otro. Y, claro, a su lado, el vídeo dizque cistoso de Soraya resulta ridículo, por no decir repulsivo. La creadora y administradora de esa pesadilla mediática para el PP de la que ahora se queja su Jorge Javier es la suplente desagradable, la Paz Padilla del Club de la Tragedia. La que nos espera.

Herencia sin testamento (o qué fue del 15-M)
Acabaron las elecciones que impregnó el 15-M. Ha llegado la hora de la verdad (y de la mentira, por supuesto): de exigir responsabilidad (a otros) a hacerse responsables (de las propias acciones)
Manuel Cruz El Confidencial 31  Mayo  2015

Hace ya una temporada, los especialistas en mercadotecnia campan por sus respetos en el terreno de la política. Saben bien que lo importante es conseguir imponer una idea por el camino que sea (la reiteración es el más habitual, aunque no cabe desdeñar ningún otro). Alcanzado ese objetivo, la idea consolidada se transforma en presunta evidencia indiscutible, que ya nadie osa poner en cuestión. No se trata de un mecanismo nuevo, ciertamente, pero hay que reconocer que, de un tiempo a esta parte, funciona a toda máquina, con una inusitada potencia.

Tanto es así que proponer que la partida se detenga por un instante, que cese momentáneamente el cruce de reproches y la esgrima verbal que ocupan por completo y de manera permanente el espacio público para, en su lugar, volver la vista atrás y comprobar qué fue lo que de hecho ocurrió hace como aquel que dice cuatro días (esto es, cuatro años) se ha convertido en una propuesta no ya solo improcedente sino directamente intempestiva.

En concreto: apenas unas pocas voces se han alzado en las últimas semanas, cuando se conmemoró el cuarto aniversario del 15-M, para cuestionar las nuevas verdades oficiales, esas que determinan no solo que aquel movimiento tuvo determinados protagonistas (cuando uno de los rasgos del mismo era precisamente la feroz resistencia a tenerlos), sino que, además, dejó un testamento en el que designaba a sus indiscutibles e incluso legítimos herederos.

Digámoslo con una cierta verticalidad para ahorrarle al lector excesivas idas y venidas por los meandros del matiz: sale gratis arrogarse el título de heredero de todo aquello. Basta con reiterarlo en público y, sobre todo, con difundir el mensaje de la manera más eficaz desde el punto de vista de la comunicación mediática. El que pierda esa batalla ha perdido la guerra. No otra cosa le ha sucedido en definitiva a Izquierda Unida, fuerza que ha pagado en las urnas no conseguir que se le asociara en el imaginario político actual al mencionado movimiento, por más que sus militantes y simpatizantes participaran en él y sus propuestas mostraran una absoluta coincidencia con las que se debatían en todas las plazas de España.

Da lo mismo, a nadie se le reclaman pruebas de si efectivamente participó en todo aquello, el grado de implicación que mantuvo o la real trascendencia de su participación: hace tiempo que los platós de televisión dictaron sentencia y determinaron que estuvo allí, definiendo el signo de cuanto iba ocurriendo, aquel que tiene un cierto curriculum emergente, no cesa de repetirlo y, por añadidura, tiene el aspecto adecuado, según determinados estándares de imagen y/o verbales.

Nada habría que objetar a la sentencia televisiva si no mostrara un desacuerdo tan profundo con la realidad de los hechos. Yendo a lo que importa: el no nos representan de aquellas semanas constituía una severa crítica a la forma en la que los políticos de este país habían llevado a cabo la tarea que la ciudadanía les había asignado, no un rechazo del mecanismo de la representación en cuanto tal. No en vano aquel masivo clamor en ningún momento aceptó la existencia de líderes (por más que los reporteros encargados de cubrir la información en las plazas buscaran denodadamente alguno): nunca se trató de ese obsceno quítame tú que me pongo yo en el que parece haberse transformado finalmente la cosa, sino de que los que había (u otros: eso nunca estuvo en primer plano) transformaran efectivamente lo existente.

No son pocos los que, desde hace ya unos meses, tienen la sensación de que estamos asistiendo a una auténtica apropiación indebida por parte de algunos de lo que, en realidad, fue en su momento una explosión de indignación popular que si de algo presumía era precisamente de su condición espontánea y anónima. Sin embargo, muchos de los que comparten dicha sensación todavía no se atreven a extraer de la misma la conclusión abiertamente crítica que se desprendería desde un punto de vista lógico, y prefieren acogerse a expresiones tibias, contemporizadoras y prudentes del tipo "al menos se han removido las aguas", "ha servido para que los que estaban demasiado apalancados espabilaran", "ha representado un soplo de aire fresco" y similares, tal vez para no tener que reconocer que la sensación que experimentan si a algo se parece en realidad es a la de haber sido objeto de un profundo engaño.

Dar por descontado que con el paso del tiempo el balance acabará siendo positivo tal vez tenga más de piadoso deseo que de fundamentada predicción. Hay sólidos motivos para temer que el futuro también nos pueda deparar un balance de signo exactamente opuesto. Porque la valoración que finalmente se lleve a cabo de lo sucedido en estos últimos años tomará como inevitable referencia los resultados obtenidos, los logros alcanzados. Y como resulte que a lo que terminamos asistiendo al final de este ruidoso proceso sea a un relevo más -obligado por la biología- en el seno de las élites o a un cambio de personas meramente cosmético (aunque las diferencias en el look puedan ser muy aparatosas) el cual, tras una estruendosa pirotecnia retórica, no impugne en lo más mínimo el orden existente, no habrá otro remedio que concluir que habríamos hecho un pan con unas tortas, limitándonos a aceptar que unos rostros nuevos ocuparan los lugares de siempre.

Se habría malbaratado de esta manera una oportunidad histórica, una energía que convocaba a un proyecto de otro tipo, que alimentaba una calidad de sueños de naturaleza radicalmente diferente, para ponerla al servicio del tacticismo más alicorto, del oportunismo ideológico más descarado, orientado en exclusiva a alcanzar un poder político que, a mayor abundamiento, se habría concebido como un auténtico fin en sí mismo (el cielo por alcanzar). Y si quienes, cuando el viento parecía soplar a favor, se atribuían todos los méritos, inclusive aquellos que no estaba claro que les correspondieran, por el mismo argumento en el momento en el que todo se torciera deberían hacerse cargo de la responsabilidad por la posible frustración.

No me cuesta imaginar la posible sorpresa de algún lector ante las afirmaciones precedentes. Una semana después de las elecciones, habrá quien piense que éste o aquel resultado electoral ha dado la razón a ciertas formaciones, haciendo buenas sus propuestas y que, por tanto, no procede el menor pesimismo. Sin embargo, me parecería una afirmación de todo punto inadecuada. El voto a quien nunca ha gobernado no puede ser, por definición, la sanción de nada (puesto que nada ha habido), sino la expresión de una confianza o de una ilusión. De momento, lo único que se puede afirmar es que en un determinado sentido el escenario ha cambiado a este respecto. Conforme pasen las semanas, los únicos juicios hasta ahora posibles en relación a determinadas fuerzas, los juicios de intenciones, mutarán en valoración concreta de lo que vayan haciendo. Habremos pasado del sí se puede al qué se puede. Del exigir responsabilidad (a otros) a hacerse responsables (de las propias acciones). En definitiva: habrá llegado la hora de la verdad. Y la de la mentira, por supuesto.

La mueca de la cobardía.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 31  Mayo  2015

Ayer en la final de la Copa del Rey del fútbol español entre los equipos Barça y Athletic de Bilbao asistimos en Barcelona en el Camp Nou sede del F.C. Barcelona al bochornoso y vergonzoso espectáculo de ver como se injuriaba al pueblo español con una sonora pitada al Himno nacional. Y lo peor, con la presencia de S.M. el rey D. Felipe VI que presidia por primera vez ese evento deportivo. No es la primera vez que se producen actos de injuria contra los símbolos de España, porque tanto en El País Vasco como en Cataluña hemos visto repetidas veces como se quema la bandera y se desprecia cumplir la ley para que la bandera de España figure en un lugar de preeminencia en todos los edificios oficiales como Ayuntamientos, Diputaciones, Parlamentos, Despachos oficiales, etc.

Una afrenta que todos preveían pero que nadie hizo nada para tomar medidas drásticas que transmitan firmemente la idea a esos secesionistas que no se va a transigir de ninguna manera con injurias a los símbolos de España y de todos los españoles que además de su bandera y su himno estaban representados por D. Felipe VI. Y no dirán los responsables del Gobierno de España, ni el legislativo que no han tenido tiempo para tomar esas medidas. Ha imperado una falsa serenidad y la excusa de no provocar males mayores, cuando lo que realmente es un acto de absoluta cobardía y dejación de funciones. Como español me siento injuriado y traicionado por mi Gobierno.

Es triste comprobar que en España nadie, ni siquiera el rey, parece conceder la importancia que tiene a los actos de desprecio e injurias cometidos por la mayoría de las aficiones del Barça y del Athletic de Bilbao, clubes de fútbol que desde la transición se han convertido como dice el lema del Barça, en “más que un club” y se usan como armas propagandísticas del secesionismo nacionalista. El lema del Athletic de “jo ta ke, irabazi arte” (dale duro hasta la victoria) es un eslogan ampliamente usado por el mundo cercano a ETA y por la misma ETA. Así que no tiene nada de “inocente” el que se haya convertido en el grito de guerra de “los leones”. Dicho lema apareció extendido en la grada atlética en dimensiones gigantescas, del mismo modo que en el Camp Nou estamos hartos de ver pancartas con el lema de “Catalonia is not Spain”. Y todo ello consentido de forma cómplice y cínica por las directivas de ambos clubes de fútbol.
Publicidad

Tengo que decir que siento vergüenza y tristeza por ver el desinterés y la falta de patriotismo que impera entre los españoles. Desde la transición, se han hecho incontables intentos por anular y despreciar el orgullo de sentirse español. Por el contrario se ha estado potenciando la diversidad y el sentimiento de pertenencia a diferentes grupos con políticas nacionalistas excluyentes, anteponiendo el segundo apellido regional al primero y universal de español. Se habla sin rodeos del pueblo vasco, del pueblo catalán, del pueblo gallego, del pueblo andaluz, como si fueran unicidades distinguibles dentro de la suprema definición del pueblo español. Y eso se lo debemos a esta casta política, incluidas las nuevas fuerzas emergentes, que aceptan sin rubor el inexistente derecho de esos inventados “pueblos” a la autodeterminación e independencia.

La desgracia es que en otros países como Francia, Gran Bretaña, USA, la Confederación de Rusia, a pesar de la mescolanza y diversidad de sus gentes, el respeto por su país y a sus símbolos es tal que no se consentirían actos de injurias como los realizados ayer y serían perseguidos con toda la fuerza de la ley. Sin embargo, en España, los primeros que miran para otro lado y “aguantan estoicamente” el insulto y el desprecio de masas cegadas por el odio y el sentimiento anti español, son aquellos cuya responsabilidad es velar por la defensa de la ley de los valores de la nación, patria de todos los españoles. Ayer, sin dudar tras los avisos oportunos la reacción debió de ser la de dar por suspendido el acto, el abandono del recinto del Rey D. Felipe VI y autoridades e iniciar los trámites para imponer las sanciones económicas y deportivas más severas a los responsables subsidiarios, los clubes de futbol Barcelona y Athletic de Bilbao. La nueva celebración del evento sería a puerta cerrada en otra sede de la Federación de Fútbol y fecha a determinar. Pero nada de eso se ha hecho y hemos de soportar haber sido testigos del triunfo de la ignominia y la cobardía de nuestros dirigentes a la hora de defender no solo a España sino a su propia dignidad como españoles y como representantes nuestros.

Ya saben todos los que me conceden su tiempo para leer mis escritos que no me he ocultado para reivindicarme públicamente como liberal de derechas y republicano de corazón. Creo que ayer D. Felipe VI perdió la oportunidad de actuar con dignidad en vez de con estoicismo y pragmatismo. El trono de España hay que ganárselo y esa actitud y otras que ahora no vienen al caso ligadas a la corrupción, no contribuyen a ello. Por mi parte estaría encantado en que de una vez por todas dejara de eludirse la pregunta a los ciudadanos si queremos este sistema de Monarquía parlamentaria o una República, aunque sea como la de Francia donde sí se respeta la Unidad y sus símbolos nacionales.

Yo juré defender a España sobre su bandera y me siento agredido y ultrajado por el vergonzoso espectáculo de ayer y la nula reacción de mis gobernantes.

Acomplejados
Luis del Pino Libertad Digital 31  Mayo  2015

Resulta curioso cómo el nacionalismo ha transformado Cataluña, en solo 30 años, en una encarnación de la negatividad.

Hasta el advenimiento de la democracia, Cataluña era la región más próspera de España, más avanzada culturalmente y más abierta. Ser catalán era un motivo de orgullo y muchos españoles miraban a la Barcelona de los años 70 como un faro de europeísmo y modernidad dentro de una España a la que se percibía gris y pacata.

Y sin embargo, poco a poco, treinta años de nacionalismo han conseguido conducir a Cataluña a la quiebra económica, opacarla en el terreno cultural y encerrarla en sí misma.

Pero lo peor es la transformación del sentimiento de catalanidad, que ha pasado de encarnar algo positivo (es decir, valioso en sí mismo), a ser algo definido únicamente como negativo (es decir, como reflejo invertido) de otra cosa, en este caso del sentimiento de españolidad.

Así, por ejemplo, el idioma catalán no es ya algo de lo que se presume, sino que simplemente se esgrime como lo contrario del español. Y por eso se impone, en lugar de dejar que sea voluntariamente demandado.

En lugar de estudiar con orgullo una Historia de España en la que Cataluña ha sido vanguardia tantas veces y en la que los catalanes han protagonizado tantos momentos gloriosos, se falsifica la Historia para transformarla en una supuesta lucha milenaria contra España.

Aunque es en el terreno simbólico donde mejor se percibe ese tránsito hacia la negatividad. El nacionalista catalán ha dejado incluso de presumir de su bandera, la señera, sustituyéndola por otra, la estelada, que se esgrime como lo contrario (el negativo) de España y de su Constitución.

Y, como ayer mismo pudimos comprobar, las huestes nacionalistas ya no encuentran placer en cantar su himno, sino en silbar el ajeno.

Como esos pobres tarados que solo encuentran la razón de su existencia en el acoso sistemático a algún cantante o actor famoso, el nacionalismo catalán ha dejado de encontrar en "lo catalán" un motivo de orgullo o de satisfacción, y solo cifra ya la razón de su existencia en el acoso a "lo español". Supongo que no son conscientes de la imagen patética que eso proyecta de sí mismos: quien no sabe definirse más que como reflejo negativo de otro, tiene un grave problema de autoestima.

Solo hay algo que odien más que lo español, y es a esa otra gran mayoría de catalanes que no tienen problemas de autoafirmación y que, por tanto, no ven ninguna incompatibilidad entre su ser catalán y su ser español. Catalanes que ayer se sentían avergonzados viendo la imagen friki, casi psiquiátrica, de Cataluña que muchos seguidores del Barça transmitieron.

Esos catalanes les recuerdan a los nacionalistas, día tras día, lo que podrían ser y no son. Y no hay nada que odie más un fracasado que ver a otro parecido a él llevando una vida normal y plena.

...Y Rajoy se quedó pasmado
LUCÍA MÉNDEZ El Mundo 31  Mayo  2015

Dirigentes históricos creen que el PP corre el riesgo de descomposición tras las generales
Los barones se quedaron estupefactos cuando su presidente les dijo que habían ganado
Ha pasado del 'no haré nada' al 'voy a hacer', y al 'lo estoy pensando'
Las elecciones catalanas son la incógnita que más preocupa a Rajoy
Ha pasado del 'no haré nada' al 'voy a hacer', y al 'lo estoy pensando'
La exigencia de cambio de caras y de políticas es unánime en el PP

«Esa muchedumbre extraviada anuncia: somos la triste opacidad de nuestros futuros espectros». Por un momento pareció que el verso de la Oración Fúnebre de Mallarmé podía aplicarse a la victoriosa derrota del PP en las elecciones del 24-M. Por un momento dio la impresión de que el Comité Ejecutivo postelectoral había sido, en efecto, una reunión de espectros. Pero en las horas siguientes comenzó la convulsión interna que en cinco días ha dejado pasmado a Mariano Rajoy y al PP, convertido en una organización desnortada, confundida y con un futuro lleno de incertidumbres.

Ese lunes 25 de mayo Rajoy se levantó tranquilo para pronunciar un discurso rutinario ante el Comité Ejecutivo del PP. Es costumbre que la dirección del partido se reúna un día después de las elecciones. Y las tradiciones se cumplen. En la mano llevaba los folios escritos con su plantilla habitual. No ha pasado nada, hemos ganado las elecciones y todo va bien. El líder del PP no hizo nada que no hubiera hecho antes. Desde que fuera elegido presidente del partido, todos sus discursos postelectorales han sido idénticos. No cayó en la cuenta de que este 25 de mayo todo era distinto. A lo mejor no para él, pero sí para los demás. El público al que se dirigía estaba compuesto por las víctimas de aquella victoria: un puñado de poderosos compañeros suyos que ya habían empezado a empaquetar sus pertenencias para desalojar el despacho, tras perder la mayoría absoluta.

Los barones regionales y los alcaldes del PP escucharon estupefactos cómo su líder les decía que tenían que estar contentos porque el PP había ganado las elecciones. ¿Pero qué dice este hombre? Un murmullo interior se extendió por todo el partido. «Los discursos de Rajoy y Floriano eran insostenibles, había un enfado generalizado cuando acabó la reunión y después de escuchar la rueda de prensa del presidente. Era como si no hubieran entendido nada», asegura un dirigente regional.

Lejos de allí, los cientos de alcaldes y concejales que perderán su puesto pensaron lo mismo, o peor. Aunque por un momento llegó la tarde y pareció que se habían resignado. Rajoy regresó a La Moncloa tan tranquilo como siempre.

Pero los ánimos internos se fueron caldeando de abajo a arriba y a la mañana siguiente empezó la rebelión. Abrió el fuego Juan Vicente Herrera en Onda Cero, pidiéndole a Mariano Rajoy que se mirara al espejo para preguntarse si era el mejor candidato para las generales y echando por tierra el relato de la recuperación económica al recordar a los parados. Acto seguido, sucedió lo que nunca había imaginado ni Rajoy ni nadie.

Tres presidentes regionales, José Ramón Bauzá, Alberto Fabra y Luisa Fernanda Rudi, anunciaron casi a la vez su retirada. Por un momento, pareció una operación concertada para poner contra las cuerdas al líder del partido. Las fuentes consultadas aseguran, sin embargo, que no hablaron antes entre ellos y que la coincidencia en el anuncio de sus renuncias fue casual, fruto de la reflexión personal de cada uno. «Confíen en mí, les irá bien», les había dicho el presidente del PP en un desayuno madrileño, hace poco. Confiaron en él y han perdido el poder.
Comunicación externa e interna

Un dirigente apunta que lo sucedido en el Comité Ejecutivo es una prueba de que en el PP falla tanto la comunicación externa como la interna; tanto la empatía de Rajoy con los ciudadanos como con su partido. El líder del PP fue incapaz aquella mañana de ponerse en la piel de sus barones territoriales que, por cierto, fueron quienes le auparon a la Presidencia en 2008 tras perder las generales, cuando desde los salones de Madrid le quisieron apear del sillón.

El miércoles Mariano Rajoy llegó al Congreso para someterse a la sesión de control con cara de no entender lo que pasaba. Durante los últimos meses, todos y cada uno de los dirigentes del PP le habían trasladado la necesidad de hacer cambios en el partido y en el Gobierno. Con esa presión en la cabeza, Rajoy rectificó públicamente su planteamiento del lunes y anunció que sí pensaba en hacer cambios. Una vez que el presidente quitó el tapón, el agua del cambio empezó a fluir de forma descontrolada, de la misma forma que salieron a la luz los agravios acumulados en el PP durante tres años contra los ministros del Gobierno: «Algunos se han llegado a creer que están en el puesto por méritos propios, ni siquiera nos cogían el teléfono». El ministro Soria fue el blanco elegido por Castilla y León para apuntar a la soberbia gubernamental. Pero todos los barones tienen alguna cuenta pendiente con varios ministros. En particular con el de Hacienda, Cristóbal Montoro, látigo de las comunidades en esta legislatura. Decenas de alcaldes que han viajado a Madrid a pedir ayuda a los ministros se han encontrado con la misma respuesta. «Aquí estamos para gestionar, no para hacer política».

El viento del cambio empezó a soplar sobre los ministros menos populares y llegó con mucha fuerza hasta la secretaria general del PP. María Dolores de Cospedal apareció en todos los medios como la primera en la lista de la renovación pendiente. Ella, que el domingo por la noche se sintió como si la hubiera atropellado un tren, ha ido recomponiéndose con el paso de los días y ahora parece que está dispuesta a continuar como número dos, una vez que se sustancie la casi segura investidura de su sucesor al frente de Castilla-La Mancha: Emiliano García-Page.

Colaboradores del presidente aseguran que si Cospedal se empeña, Rajoy no la obligará a dejar su puesto, pero también añaden que «su autoridad es nula dentro del partido» y que «no está en disposición de encarar las difíciles campañas electorales que aguardan este año». La secretaria general ha sacado a pasear estos días con sus íntimos el orgullo herido de quien se siente una víctima. De las circunstancias, de Rajoy, de los socialistas, de Podemos y de sus adversarios dentro del partido.

Estupefacto con unos acontecimientos que ni figuraban en la plantilla de sus discursos, Rajoy ha pedido un tiempo muerto para tomar decisiones. Mientras, cada uno tiene sus propios criterios sobre lo que le ha pasado y lo que le pasa al PP, incluso sobre lo que le puede pasar en el futuro. «Un cambio de caras no servirá de nada. El PP necesita un rearme ideológico potente, necesita hacerlo público, incluso plasmarlo en documentos. Un rearme programático que incluya la reforma de la Constitución, de la ley electoral, determinaciones claras para levantar la bandera de la regeneración y la mejora de la calidad democrática. Si no lo hacemos podremos aspirar sólo a 110 diputados en el mejor de los casos. Volveremos al año 89 con menos del 30%, cuando ni siquiera éramos una alternativa de gobierno». Son palabras de un dirigente territorial.
¿Un futuro de derrota?

¿Está a tiempo el PP de evitar un futuro de derrota? En este punto existen opiniones encontradas. La mayoría de los consultados asegura que la incorporación de dirigentes jóvenes daría un nuevo aire al partido y el cese de algunos ministros refrescaría la imagen del Gobierno, con lo que el PP tendría la oportunidad de animarse internamente y de hacerse perdonar por parte de los votantes que le han abandonado. Mientras que los más veteranos son pesimistas y creen que ya es tarde.

«Perderemos las elecciones porque no nos perdonan cómo hemos gestionado la crisis. Como no se lo perdonaron a Zapatero. Querían castigar al PSOE y ahora quieren castigarnos a nosotros. Hemos entrado en el camino de la derrota. Sufriremos un castigo severo, con Rajoy o sin Rajoy. Pero eso no es lo peor. El verdadero peligro es que desaparezcamos como proyecto para España. Que nos quedemos sólo con los votos de la derecha radical de AP. Los españoles no nos mandarán a la oposición, nos mandarán a la descomposición», asegura un histórico del PP.

Las elecciones catalanas son la incógnita que más preocupa al presidente del PP. Rajoy tiene la esperanza de que Artur Mas renuncie a convocarlas. Fuentes populares admiten que esta convocatoria «lo condiciona todo» y que no es descartable a día de hoy que Rajoy adelante las generales para hacer coincidir ambos comicios. Los más pesimistas piensan en el difícil calendario electoral al que se enfrenta el partido en otoño.

«El escenario puede ser catastrófico. El 24-M ha emergido una mayoría alternativa de izquierda que tiene líderes y un buen relato. A nosotros nos pilla descolocados, sin discurso y sin relato. Si Mas convoca las catalanas en septiembre estamos perdidos. El PP desaparecerá del mapa catalán, Albert Rivera hará su paseo triunfal quitándonos la bandera de la defensa de España y llegará a las generales en disposición de disputarnos con éxito el espacio electoral de centro. Iremos directos al hoyo», pronostica otro veterano.

El calendario apremia pues a Rajoy para tomar decisiones y para nadie es un secreto que el presidente se siente incómodo bajo la presión ambiental. Con el paso de los días, el líder del PP siente la reacción de los barones como una «brutal deslealtad» y las declaraciones de Herrera, casi como una traición, según sus colaboradores. En estos días de confusión ha intentado tranquilizar a sus interlocutores en el partido anunciándoles que los datos de empleo del próximo martes serán muy buenos y que habrá más de 200.000 afiliados a la Seguridad Social. Pero los castigados dirigentes del PP ya no se engañan. El discurso macroeconómico es el que ha sido derrotado en las urnas el 24-M. «La noticia de la bajada del paro durará seis horas y seguiremos teniendo el mismo problema. Con los números ya no basta para recuperar a los votantes que hemos perdido».

Un buen conocedor del alma del partido dice que en este momento hay dos PP: «el que pisa el suelo y el que no». En el primero se encuentran los dirigentes de las provincias. En el segundo, los ministros y los altos cargos del Gobierno. «Burócratas de despacho», los llaman a éstos últimos. Y relata como ejemplo de esta realidad la pregunta que hace unos días le hizo un alto responsable gubernamental: «¿Por qué la prensa de hoy pone el acento en el índice de pobreza, y no en el índice de competitividad? Vamos los primeros». La mayoría de los barones, y también la cúpula del PP, tienen claro que los ciudadanos saben que detrás de la desigualdad y la pobreza hay personas, mientras que es imposible explicar lo que hay detrás del índice de competitividad. «No hemos sido capaces de poner en pie una política social. Muchos españoles no nos quieren por eso».

Error de concepto
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 31  Mayo  2015

En la retórica de casi todos los partidos en estos días de gestación de pactos se encuentra como cuestión monótonamente repetida la preservación del Estado del bienestar y sus correspondientes políticas sociales. Evitar los desahucios, obligar a los bancos a alquilar sus pisos vacíos a precios muy bajos, parar las privatizaciones, acabar con la pobreza energética, castigar fiscalmente a las viviendas vacías, implantar una renta mínima con carácter general, crear más empleo público, destinar más recursos a educación, sanidad y atención a la dependencia, y así sucesivamente. Los recién elegidos concejales y diputados autonómicos de Podemos, del PSOE y de otras fuerzas de izquierda insisten en destinar un mayor esfuerzo financiero a redistribuir el producto interior bruto de tal forma que las capas de la población que generan valor añadido y riqueza se vean progresivamente privadas del fruto de su trabajo o de sus activos mobiliarios e inmobiliarios para destinarlo a los más débiles y desfavorecidos. Sin duda, esta filosofía presenta aspectos loables por su naturaleza solidaria, pero encierra un serio inconveniente: sólo pone el acento en el gasto y no dice una palabra sobre los mecanismos de producción de los excedentes que permitan satisfacer tantas necesidades.

Aunque es lógico que las distintas opciones políticas, sobre todo las de orientación socialista, insistan en las medidas a tomar para corregir las desigualdades de renta, no deja de ser alarmante que en su discurso no aparezca para nada alguna alusión a asuntos como la mejora de la competitividad, el incremento de la productividad o el estímulo al ahorro y a la inversión. Por bolivariano que sea un proyecto, España está inserta en el marco de la Unión Europea y de la Constitución del 78, lo que implica que principios tales como la libertad de empresa, el derecho de propiedad, una tributación no confiscatoria y la economía de mercado, son referentes inevitables y, por tanto, una gestión pública exclusivamente centrada en dar y repartir, olvidando la imprescindible tarea de procurar que los beneficios empresariales permitan a través de los impuestos la generosidad del Estado, está condenada a la frustración y al fracaso. Es más, se puede caer en la paradoja de que el resultado final de políticas destinadas a apoyar y dignificar a los estratos más vulnerables de la sociedad sea extender e intensificar su precariedad.

Esta verdad evidente ha sido objeto de abundante estudio por la ciencia económica y existe ya una dilatada experiencia acumulada sobre las nefastas consecuencias de muñir con entusiasmo a la vaca presupuestaria sin proporcionarle al mismo tiempo el pienso que garantice su supervivencia. Este flagrante error de enfoque en gentes a las que se supone por sus biografías suficientemente formadas y dotadas de la capacidad de análisis adecuada para administrar municipios y Comunidades Autónomas, despierta alarma e incluso pánico en determinadas elites. Por otra parte se ha dicho, y me parece acertado, que los dirigentes de Podemos experimentarán en los próximos meses un baño de realidad y que comprobarán que una cosa es elucubrar en los conciliábulos teóricos de un departamento de ciencia política y otra tomar decisiones con efectos tangibles. Este proceso de aprendizaje calmará sus ánimos rupturistas y diluirá sus utopías, añaden los optimistas, y terminarán siendo una socialdemocracia que por mucha coleta y camisa arremangada que exhiba, se integrará pacíficamente en el sistema. Ojalá esta perspectiva consoladora sea correcta y la domesticación intelectual de los líderes surgidos de las tumultuosas asambleas del 15-M no nos salga demasiado cara.

¿Por qué lo llaman democracia cuando quieren decir 'por mis cojones'?
Antonio Robles Cronica Global 31  Mayo  2015

Falta lucidez para apreciar la ruina democrática a la que nos está abocando el entramado de falacias argumentativas del proceso de construcción nacional. Falta lucidez y sobran palanganeros. Falta lucidez y escrúpulos democráticos. Ni siquiera medimos los riesgos. Preferimos seguir haciendo mosaicos en el Camp Nou o tensando la cuerda sin haber reparado en sus consecuencias. Seguramente porque lo obvio no puede apreciarlo quien más cerca está del proceso. Como el pez que es incapaz de apreciar su propia humedad, los nacionalistas no visualizan su propio sectarismo, porque en uno y otro caso, el medio forma parte de su naturaleza.

Artur Mas: "La democracia está por encima del Estado de derecho". Ada Colau: "Estamos dispuestos a desobedecer leyes injustas porque el derecho a decidir del pueblo de Cataluña es un principio democrático irrenunciable".

Disparates jurídicos contra el Estado democrático de derecho que no se perciben como tales por la ciudadanía. Excesiva exposición al nacionalismo mediático. Es más, si tales disparates los calificáramos de lo que en realidad son, puras coces contra la civilización democrática, el vendaval de improperios caería como una plaga de langostas sobre el atrevimiento y el atrevido. No lo afirman ciudadanos anónimos y sin influencia social, sino la más alta personalidad institucional en Cataluña y la que lo será de Barcelona.

Cataluña tiene un grave problema. Una sociedad que se va acostumbrando a tales desvaríos fascistoides sin apreciar su ponzoña ni percibir el huevo de la serpiente que incuban, es una sociedad enferma, y peligrosa para sí misma y para los demás.

¿Por qué la afirmación de Artur Mas destila tanto tufo totalitario?
Porque nos retrotrae a la legitimidad de las monarquías absolutas del Antiguo Régimen contra el que nació la noción de Estado liberal de derecho. El concepto de Estado de derecho implica que el poder del Estado está limitado por el derecho. Todos, desde el más insignificante ciudadano hasta los más altos cargos de la Administración del Estado y sus acciones, están limitados por el derecho. Ese detalle, y la separación de poderes, fueron el gozne sobre el que se erigió la legitimidad democrática contra la mentalidad totalitaria de las monarquías absolutas, y es el gozne sobre el que giran todas las formas democráticas de los Estados democráticos de derecho en la actualidad. Pretender preestablecer o suplantar ese Estado de derecho por supersticiones populistas organizadas en uves dispuestas en formación por el alto mando mediático de TV3 es un atentado contra la democracia misma, por mucho que se empeñe Artur Mas en dar nombre de democracia a lo que sólo es la voluntad menor o mayor de la subjetividad de una colectividad. Toda manifestación es símbolo de la libertad en un Estado de derecho, pero ninguna de ellas, independientemente de su número, puede suplantarlo.

Artur Mas no ha entendido que no es la opinión subjetiva de una colectividad lo que otorga legalidad. Si así fuera, la ley no serviría para nada, los más fuertes, los más numerosos, los más ricos, los que dispusieran de más medios, podrían imponer su voluntad sin más limitación que los límites de su capacidad para imponerla al resto. La razón legítima no la da mi subjetividad, sino el respeto a las reglas democráticas que entre todos nos hemos dado persuadidos por unos valores que desde 1948 giran alrededor de los Derechos humanos. Y este es otro hecho que no ha entendido Artur Mas: la democracia no nos garantiza la verdad, ni siquiera nos asegura la justicia. Aunque su empeño sea hacerlo. La democracia sólo es un sistema para no matarnos, y a ser posible, garantizarnos la propiedad, la libertad, la seguridad y el bien común. La democracia no nos garantiza la verdad, porque si lo hiciera, en ese instante sería sustituida por una aristocracia de sabios. La democracia no tiene nada que ver con el conocimiento. Podríamos votar que la ley de la gravedad no existe, pero me temo que el primero que quisiera comprobarlo, se estamparía contra el suelo. Tampoco nos garantiza la legitimidad subjetiva de cada cual. Precisamente porque cada cual tiene en sus convicciones el sentido legitimo de la justicia, ha de limitarse al derecho, a las leyes, a la Constitución para no acabar a hostias con la legitimad de quienes no participan de la misma subjetiva legitimidad. Precisamente en la confrontación de ideas irreconciliables nació la necesidad de reducir cada una de las posiciones particulares a un pacto común, a unas reglas colectivas a las que todos nos comprometeríamos. Es el principio de cualquier juego, de cualquier contrato o pacto. Sin criterios y honestidad para mantenerlos, las sociedades serían carnicerías.

Y aquí entra la ignorancia reaccionaria de Ada Colau. Dice la señora, convencida de su superioridad moral por el mero hecho de luchar por los intereses de quienes ella considera más desfavorecidos y por ende más justos, que está dispuesta a incumplir leyes "injustas". Reparen que toma lo que está en cuestión, "su" justicia, como el pilar desde donde habla la verdad. Ella impone el orden del discurso en lugar de la ley, nos suplanta a todos, se considera más digna, superior al resto. Por eso puede considerar a su visión de la justicia, la justicia. Nada que objetar si la consecuencia de sus actos los asume. Yo puedo considerar que la sentencia de 30 años para el violador y asesino de mi hija es poca pena y tomar la justicia por mi cuenta. Es humano, pero no es legal; podrá ser legítimo para mí, nunca para el Estado que es quien detenta la violencia legítima. Tengo derecho en última instancia a comportarme así. Sí, pero habré de asumir las consecuencias: seré un delincuente y como tal no podré pretender salir indemne de la venganza.

Vuelvo al pez, Ada Colau es incapaz de apreciar su propia humedad. Cree que porque ella considera justa su causa, la causa está por encima de la ley. No ha entendido ni una palabra de la democracia. Si así fuera, cualquiera estaría legitimado por sus valores subjetivos o su sentido de la justicia a cumplir o a incumplir las leyes. Pero si cualquiera lo pudiera hacer, ¿qué diferencia habría entre la ley de la selva y esa idílica democracia de Ada Colau y Artur Mas?

Puestos ya a regazarnos, debo recordarles que en la ley de la selva solo ganan los más fuertes. Precisamente todas las teorías contractualistas que fundamentaron los Estados liberales de derecho, fundamento de los Estados sociales y democráticos de derecho actuales, nacieron para acabar con ella e instituir un pacto donde la paz, la seguridad, la propiedad y la libertad fueran garantizadas por el Estado. Volvemos al punto de partida, cuestionar las reglas de juego, saltarse los criterios, en definitiva, incumplir las leyes de un Estado de derecho, es justificar al más fuerte. Y este siempre es un déspota. Aunque el déspota en un momento determinado les parezca maravilloso a muchos. Es paradójico que hable de incumplir las leyes, quien acaba de afirmar indignada que sería "un fraude de ley" si no le permitieran ser la próxima alcaldesa de Barcelona, precisamente en una cuestión que no sería ilegal.

Y por último. La señora Colau extiende el incumplimiento de las leyes al derecho a decidir: "Estamos dispuestos a desobedecer leyes injustas porque el derecho a decidir del pueblo de Cataluña es un principio democrático irrenunciable". Como en el resto, desprecia cuanto ignora. ¿Desde cuándo puedes decidir fuera del derecho? No olvidemos que no estamos en una sociedad predemocrática donde el marco legal no es legítimo, sino fruto del despotismo o el abuso de pocos sobre todos, sino en un Estado de derecho. Desde este punto de vista, ¿por qué la falacia del derecho a decidir está por encima del propio Estado de derecho que lo garantiza y regula? ¿Se puede decidir todo? ¡NO! ¿Sabe la señora Colau, el presidente Mas o todos esos cantamañanas nacionalistas que recitan el mantra como las madrazas el Corán, que nuestra Constitución, como cualquier Constitución democrática tiene unos principios fundamentales, unos axiomas transcendentales, previos a la democracia y fundamento de ésta?

Esos derechos "previos a la ley" como la dignidad de toda persona, recogidos en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 son incuestionables, y no están sujetos a votación alguna. Por ejemplo, ni el señor Mas ni la señora Colau, ni ninguno de los ciudadanos españoles pueden exigir el derecho a decidir si las mujeres tienen o no derecho al voto, o si los negros son o no iguales en derechos a los blancos. ¿Por qué? Porque son axiomas de la forma de la democracia misma, son fundamentos a priori que nos hemos dado y que nadie puede cuestionar. Por tanto, el derecho a decidir no es infinito.

Pero sin llegar a los derechos transcendentales, hay otros muchos derechos que tampoco están sujetos al derecho a decidir de cualquiera, porque tales derechos dependen de las competencias democráticas disponibles para ejercerlos. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Barcelona no tiene capacidad, es decir, soberanía, para declararle la guerra a Francia, pero sí el Congreso de Diputados; Olot tiene derecho a imponer tasas municipales o gestionar la recogida de basuras porque tiene las competencias para ello, pero carece por completo de ellas para decidir si quiere seguir formando parte de Cataluña o ser un Estado independiente de España. ¿Por qué? Por dos razones. La razón formal y legal: porque las competencias para ello residen en el Congreso de los Diputados, en la soberanía del pueblo español, y no en Olot, en una Comunidad Autónoma o en los clubs de alterne. Y la filosófica, porque la parte nunca puede decidir lo que depende de la voluntad y propiedad del todo. Tienen tanto derecho a opinar sobre la independencia de Olot los ciudadanos de Barcelona, Teruel o Cádiz como el conjunto de ciudadanos de Olot empeñados en formar una V con el 29,89% de su población para demostrarnos que son el sujeto jurídico de su pueblo.

¿Se puede cambiar ese marco formal de nuestra Constitución para que Cataluña pueda realizar un referéndum de independencia? Sí, el Título X, artículo 168 lo recoge. Solo hay que lograr el apoyo democrático suficiente para ello. Y si no se tiene y aún así se quiere, habrán de armarse de paciencia, como cualquier otro español que carece de mayorías para ejercer su derecho a decidir cómo regir su ayuntamiento, su Comunidad o la nación entera. Ahora bien, si ante la imposibilidad de poder ejercerlo, violentan la ley, por favor, dejen de llamar democracia a lo que solo es un golpe institucional, una revolución o, la soflama tan hispana de "por mis cojones". Como Franco. Pero eso, señores nacionalistas, no es democrático.

P.D.: Habremos de empezar a llamarles por su nombre. En toda Europa, los movimientos nacionalistas son considerados reaccionarios, algunos directamente de ultraderecha sin que se les permita ejercer de ello. Aquí ejercen todos los días (echen una mirada a TV3, midan el racismo cultural y lingüístico, reparen en la pedagogía del odio contra todo lo español o sopesen el acoso a todo quien ose disentir de su identidad) y, sin embargo, nos dan lecciones de democracia y sacan a pasear todos los días a Gandhi, Luther King o Mandela envueltos en la estelada.

P.D. 2: Aún estando en un Estado de derecho, el derecho individual a rebelarse contra el poder, ha de ser posible. Es la válvula de escape del sistema. La dignidad individual del ser humano ha de quedar siempre a salvo. Y a veces se necesitan Luther Kings para recordárnoslo, y sobran todos los que se quieren envolver en su lucha por la dignidad para vender la mercancía podrida de identidades excluyentes.

La “inestabilidad económica”, señor Sánchez, viene del auge de su progresismo de izquierdas
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 31  Mayo  2015

Para Donso Cortés (1.809-1853) el “progresismo” significaba “ una opción que proclamando la libertad había renunciado al orden al proponer como núcleo básico un ´terrible Leviatán´, el pueblo" y añadía que este principio no podía dar lugar más que a “un sistema reaccionario que, si bien se mira, no está en contradicción con el despotismo porque le combate, sino porque le traslada, viniendo a reclamar estos modernos absolutistas para la muchedumbre la misma omnipotencia social y los mismos derechos imprescriptibles, que los absolutistas de otros tiempos reclamaban en nombre de Dios para los reyes”. En efecto el político, filósofo, parlamentario y diplomático liberal, fue hombre de confianza de la reina regente, doña María Cristina, y supo ver con claridad los efectos desestabilizadores que el progresismo, como conculcador del orden establecido, se aplica en convertir a las masas en las detentadoras del poder, conducidas por agitadores profesionales que acaban por transmutarse en los verdugos del propio pueblo al que decían favorecer o librar de la opresión de sus gobernantes.

Apenas hace unos días que se celebraron las elecciones municipales y este país se ha convertido en un hervidero político en el que, aquellos que se han proclamado vencedores, aunque las cifras de votos obtenidas no avalen, en absoluto, tan eufóricas manifestaciones, intentan demostrar haber conseguido la gobernación de toda la nación, pretendiendo hacer pasar por las orcas caudinas al resto de españoles que, en forma mayoritaria, han votado a favor de la estabilidad garantizada por la derecha. Dejemos las cosas en su sitio y, aún admitiendo que, en general, las fuerzas de la izquierda, con programas y planteamientos distintos unos partidos de los otros, si se agrupan (algo que aún está por ver dados los distintos proyectos y estrategias de cada una de ellas, con vistas a las legislativas del mes de noviembre próximo) podrán conseguir gobernar en una parte importante de los municipios españoles y en las autonomías.

Lo que no se puede admitir es que posibles ocupantes de las alcaldías, como es el caso de la señora Ada Colau, en Barcelona o la señora Manuela Carmena en Madrid o el mismo señor Joan Ribo, de Compromís, en Valencia; interpreten su previsible elección para ocupar sus respectivas alcaldía, como una especie de bula, de patente de corso o de bendición papal para hacer de su capa un sayo y pasarse por el Arco del Triunfo el Estado de Derecho, la Constitución, y la vigente legislación española, para convertir sus respectivos feudos en una especie de estados soberanos, de modo que puedan imponer a sus ciudadanos sus ideas progresistas, sus ambiciones partidistas o sus opiniones personales, violando los legítimos derechos reconocidos a los españoles por la Carta Magna, convirtiéndose en legisladores de su propia parcela de poder.

Claro que esto es lo que sucede cuando se les da poder a una serie de advenedizos, cuyo único currículo, como ocurre en el caso de la catalana Colau, son unos estudios sin terminar de filosofía y una impresionante carrera, desde el 2002, de agitadora profesional, conocida en varios países de nuestro entorno en los que ha participado en algaradas, mítines y protestas, como ha ocurrido en España, oponiéndose al orden establecido, incumpliendo las leyes y las sentencias judiciales, en una curiosa forma de entender los derechos democráticos y su cumplimiento que, por lo visto, se han de ajustar, para ser justos, a su particular manera de entender lo que le conviene al pueblo; despreciando la legitimidad otorgada por las urnas.

El caso de Podemos y de su extraordinaria popularidad, todavía resulta menos comprensible cuando, como se ha demostrado y no lo han ocultado, son unos comisionados del señor Maduro con la misión de desestabilizar al país, ahora en vías de recuperación y con posibilidades de tener un progreso económico doble que el resto de los países de la UE y que, sin embargo, nadie tiene interés en reconocer; aún más, todos los partidos de izquierdas lo ocultan y sólo fijan sus ataques en los casos de corrupción que aparecen en el PP. Habría que ver lo que sucedería si, en España, hubiese unas cuantas jueces Alaya más que investigaran con el mismo ahínco, interés y acoso mediático, con el que los jueces españoles y los fiscales se están cebando con la derecha, actuando con idéntica diligencia con el PSOE u otros partidos como, por ejemplo, Podemos. No queremos que la corrupción quede impune, ni que los políticos dejen de responder de sus actos delictivos, pero deberemos reconocer que los dosificados y oportunamente sacados a la luz, descubrimientos de corrupción dentro del PP, en unos momentos especialmente delicados para el partido; tienen un cierto tufillo de estar organizados para conseguir acabar de desacreditar al partido en el gobierno.

Y, señores, cuando aparece el señor Pedro Sánchez, ante un Circulo de Empresarios decididos a tragarse todo lo que les digan y con la habitual actitud servil ante el poder que caracteriza a este gremio, en el que lo único que cuenta es el dinero, y con toda la cara dura del mundo se atreve a decir que el señor Rajoy es quien crea “inestabilidad económica” en el país; entonces ya podremos romper la baraja y declarar que este país ha tocado fondo y que estamos en manos de una serie de engañabobos, ineptos y embusteros, incapaces de llevar a una nación a otra situación que no sea su ruina total. Recordemos al señor Sánchez que el 20 N del 2011, con el país en manos de PSOE, España estaba al borde de la quiebra y si alguien levantó a la nación, recobró la confianza de los inversores y la de Europa es el señor Rajoy que, en otros aspectos se le puede criticar, pero en éste, es una vileza negarle los méritos de haber sacado al país del abismo en el que lo recibió.

Pero no tardaremos demasiado en comprobar lo que nos sucederá en manos de esta pandilla de progresistas que, ante el asombro general, han conseguido hacerse con el poder autonómico y municipal en España. Veamos alguna muestra de los primeros efectos producidos por los resultados del día 24/5, que no han sido ninguna sorpresa porque ya se esperaban. Por ejemplo, los inversores han sacado de España 19.400 millones de euros en el pasado mes de marzo; cuando en el mismo mes del 2014 sólo fueron 900 millones y 800 millones los que se llevaron un mes antes. ¿Qué esperan que van a pensar de nosotros cuando sepan que, tanto Podemos como la señora Colau, en Barcelona o la señora Carmena en Madrid, piensan obligar, como ya hizo Maduro en Venezuela ( actualmente ha desaparecido, prácticamente el mercado de alquiler de viviendas), a alquilar las viviendas vacías de particulares e impedir los desahucios, tanto los de tipo hipotecario como los por falta de pago de alquileres, recuperación o derribo; amenazando expropiar los de propietarios que se negaran a ello?.Desde el mercado inmobiliario español ya se advierte que: una medida semejante supondría la desaparición del mercado de alquiler de viviendas en España.

Afortunadamente, el TC ya ha advertido de la imposibilidad legal, por falta de competencia para ello, de expropiaciones acometidas por los ayuntamientos. En Venezuela, como dato complementario e interesante, porque sabemos que Podemos se inspira en lo que se aplica en aquel país, los tribunales siguen dictando sentencias de desahucio, pero nadie llega a poder ejecutarlas y sólo se consigue levantar la paralización si, el Estado, le proporciona una nueva vivienda al expropiado, algo que puede tardar años en que suceda; en el caso contrario, el inquilino puede seguir viviendo, sin pagar, en el mismo piso sin que el propietario pueda hacer nada para impedirlo.

O así es señores como, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a pensar que, lo que está sucediendo en España, es un mal sueño y sólo confiamos en que, un día, despertemos de él libres de semejantes pesadillas.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Los Mossos no son una policía estatal

EDITORIAL El Mundo 31  Mayo  2015

El informe de la Policía que publicamos hoy sobre las pretensiones de los Mossos d'Esquadra de ampliar sus competencias autonómicas para erigirse como un cuerpo de seguridad del Estado es una prueba más, si es que aún se necesitaban otras, de que el proyecto independentista para Cataluña alentado por el presidente de la Generalitat no es sólo retórica, sino un auténtico desafío a la legalidad constituida. A pesar de su obligación de guardar fidelidad a la Constitución española, Artur Mas lleva años creando instituciones y construyendo estructuras paralelas para formar el embrión de un hipotético Estado independiente.

A la proliferación de delegaciones territoriales catalanas instaladas en varios países -con las que el Govern intenta asumir funciones diplomáticas que corresponden exclusivamente al Gobierno de la nación- y a su histórica pretensión de crear una Hacienda propia, se une ahora la aspiración de contar con un cuerpo policial que sustituya en la práctica a la Policía Nacional y a la Guardia Civil. Los pasos dados en esa dirección son inequívocos y han puesto en alerta al Cuerpo Nacional de Policía en Cataluña, que ve amenazada su capacidad operativa con los riesgos que eso supone para la seguridad colectiva. Siguiendo las directrices marcadas por el Gobierno catalán, ya se ha creado un Servicio de Inteligencia propio para recabar y canalizar toda la información referida al orden y la seguridad, servicio que se encuentra activo y que incluso ha reclutado agentes a los que se ha dotado de doble identidad con un DNI falso para que puedan operar clandestinamente.

Además, se están destinando recursos para entablar relación directa con Europol e Interpol con la finalidad de que los Mossos sean reconocidos internacionalmente como una policía de Estado. Para éste propósito, el Gobierno de Artur Mas no tiene reparos en usar los puestos fronterizos, en los que se presenta ante los efectivos europeos como la «única policía integral» de Cataluña. También, la Academia de Policía de Cataluña destinada a la formación se ha convertido en una plataforma para conseguir intercambios con policías de otros países. Y peor aún, por el peligro que ello conlleva, la Generalitat utiliza el terrorismo yihadista, la principal amenaza para la seguridad española y europea, como «coartada» para entablar contacto inmediato con el resto de las policías vecinas y retener en Cataluña la información recabada. En más de una ocasión, la Guardia Civil y la Policía Nacional han lamentado la escasa colaboración que reciben de la policía autonómica, que siempre que puede se desmarca de ellos para escenificar una relación entre iguales.

La de la Generalitat es una ofensiva total que, utilizando los recursos económicos de todos los españoles, pretende actuar al margen de los cuerpos que garantizan nuestra seguridad. Sería necesario señalar, recordando lo que publicó nuestro periódico, que, aunque la gestión corresponde al Ejecutivo autonómico, los sueldos de los agentes proceden directamente del presupuesto del Ministerio del Interior y que, por tanto, supone una desfachatez a la que habría que poner coto. Porque los ciudadanos no entenderían que el Gobierno esté sufragando un cuerpo policial cuyas declaradas intenciones son las de trabajar por la independencia de Cataluña, aun a costa de los intereses y la seguridad de todos los españoles.

TV3, una cueva de traidores
Sergio Fidalgo Cronica Global 31  Mayo  2015

En TV3 dan informaciones sobre Ciudadanos sin resaltar que son unos falangistas (¡Gracias Ferreres por iluminarnos y decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad!), franquistas, fascistas, unionistas, españolistas y lerrouxistas. ¡Vergüenza!

En TV3 dan informaciones sobre el PP sin recordar que este partido se fundó un 20 de noviembre en el Valle de los Caídos, con una ouija sobre la tumba de Francisco Franco. Ni siquiera sobre la de Primo de Rivera, que era demasiado rojeras para estos del PP. ¡Vergüenza!

En TV3 dan informaciones sobre el PSC sin dejar claro que son unos traidores, vendepatrias, vendidos, quintacolumnistas, acomplejados, poco catalanes, inapetentes sexuales, amantes del cocido madrileño y lectores de las obras completas de Alfonso Guerra. ¡Vergüenza!

En TV3 dan informaciones sobre el Real Madrid sin contar la realidad: que han de ser ejecutados, descuartizados e incinerados tanto sus jugadores, como directivos y seguidores por oponerse, sobre el terreno de juego, a que el único equipo que merece ganar títulos (incluidos los de la opresora España) lo consiga siempre: el ejército desarmado de la futura República catalana, el orgullo de la Moreneta, el Barça. ¡Vergüenza! Como del Espanyol apenas hablan, no se lo ponemos en su debe. Pero estaremos vigilantes.

En TV3 hay tertulias que atacan la pureza de nuestro espíritu, al poner entre los doce tertulianos uno que no es afecto a la causa que asombra al mundo y que nos situará entre las naciones más avanzadas de la Vía Láctea. ¡Ni un unionista en la tele! ¡Sus puestos para los de Súmate! De lo contrario, solo podremos gritar: "¡Vergüenza!".

En TV3 aún hay programas no dedicados a las bondades de la lengua catalana, de los paisajes catalanes, de las aldeas y pueblecitos catalanes, de los vecinos catalanes, del vigor sexual catalán, de las razas autóctonas vacunas y porcinas catalanas, de los cultivos catalanes, de la música catalana, de los autores catalanes, los virus catalanes y las rocas metamórficas catalanas. ¡Vergüenza!

En TV3 aún aparece el mapa de la opresora España a la hora de dar la información meteorológica. ¡Antes el tiempo de Alfa-Centauro que el de Madrid! ¡Vergüenza!

Por suerte aún estamos a tiempo de redimir a esa cueva de traidores llamada TV3. En breve reclutaremos cinco mil nuevos periodistas para que la programación sea lo que el pueblo catalán merece y necesita. ¡Visca Catalunya lliure!

La pitada al himno en la Copa ratifica que el independentismo se basa en el odio a España
Miles de aficionados dedican una estruendosa pitada al himno nacional de España y al Rey Felipe VI. Se desmonta el discurso de algunos dirigentes independentistas, como Artur Mas y Oriol Junqueras, cuando una y otra vez aseguran que sus planes rupturistas no van "contra España". La pedagogía del odio a España viene de lejos.
Redacción Cronica Global 31  Mayo  2015

Miles de aficionados -la inmensa mayoría de los asistentes al Camp Nou- han dedicado este sábado una estruendosa pitada al himno nacional de España y al Rey Felipe VI en los momentos previos a la final de la Copa del Rey disputada entre el F.C. Barcelona y el Athletic Club de Bilbao.

De esta forma se ratifica que el proyecto secesionista que promueven los partidos independentistas catalanes y vascos no es tan respetuoso como quieren hacer ver sino que se basa fundamentalmente en el odio a España.

Cae el discurso de que el independentismo no va "contra España"
La casi unánime pitada y los numerosos gestos ofensivos hacia los símbolos de España realizados este sábado en el Camp Nou desmienten de forma contundente los discursos de algunos dirigentes independentistas, como el presidente de la Generalidad y de CiU, Artur Mas, y el líder de ERC, Oriol Junqueras, cuando una y otra vez aseguran que sus planes rupturistas no van "contra España".

De hecho, como se puede ver en las imágenes, el propio Mas -situado junto al Rey- no ha podido evitar esbozar una ligera sonrisa durante la pitada. Ni han faltado las risas y los comentarios jocosos de los comentaristas que realizaban la transmisión para TV3. También se han coreado gritos de "independencia" en el minuto 17.14.

De nada han servido los llamamientos al respeto a los símbolos -por muy ajenos que puedan sentirse- realizados por múltiples personalidades y entidades de la sociedad civil, como SCC, o por diferentes deportistas españoles (incluido Pau Gasol). Tampoco han hecho efecto las advertencias de la Comisión Antiviolencia ni del Consejo Superior de Deportes, alertando de posibles sanciones. El independentismo y el nacionalismo ha mostrado, de nuevo, cuál es su verdadero rostro.

El "corte de mangas" de Homs al himno de España
Esta es la tercera vez en los últimos años en que nacionalistas catalanes y vascos dedican una descomunal pitada al himno de España durante una final de Copa.

La anterior ocasión ocurrió en el estadio Vicente Calderón, en Madrid, en el año 2012. Y previamente, en 2009, durante la final disputada en el estadio de Mestalla, en Valencia, se produjo un espectáculo similar.

En esa oportunidad, además, entre los que más énfasis pusieron en demostrar su odio a los símbolos de España se encontraban el actual eurodiputado de CDC, Ramon Tremosa, y el portavoz de la Generalidad y consejero de la Presidencia autonómica, Francesc Homs. Según recogió en su momento El Periódico, Homs "homenajeó al himno con un corte de mangas".

La pitada de este sábado, en cambio, ha contado con el aval previo de la futura alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, quien esta misma semana justificaba la ofensa apelando a "la libertad de expresión".

Reparto de silbatos para pitar al himno y al Rey
Por otra parte, el boicot a los símbolos de España de este sábado no ha sido una acción espontánea. Diversas entidades independentistas han repartido miles de silbatos a las puertas del estadio y han difundido un manifiesto titulado "Por la pitada al himno español y a Felipe de Borbón".

El texto, que insta a "dejar de ser súbditos" de España porque "nos quiere humillar", ha sido suscrito, entre otros, por Catalunya Acció, Sobirania i Progrés, el CADCI, la Plataforma pel Dret a Decidir, International Comission of European Citizens, la Fundació President Macià, Ara o Mai y Catalunya diu Prou.

Desde Catalunya Acció, la entidad presidida por Santiago Espot, han dejado claro cuáles son sus pretensiones. "De España no queremos nada, ni el aire que hemos de respirar", señalan en un comunicado, en el que instan a pitar "hasta que les rebienten las orejas".

Una pedagogía del odio a España que viene de lejos
En cualquier caso, la pedagogía del odio a España cultivada por el nacionalismo y el independentismo catalán es habitual y viene de lejos. Los ejemplos son numerosos. Basta con recordar el simposio 'España contra Cataluña: una mirada histórica', organizado en diciembre de 2013 por Instituto de Estudios Catalanes (IEC) con el aval de la Generalidad.

En febrero pasado, el Ayuntamiento de Solsona -en manos de ERC- organizó un carnaval que se convirtió en un alegato violento contra "los españoles" y en una apología del independentismo más radical, incluyendo una inaudita retransmisión a través de la red de televisiones locales de Cataluña.

En abril, durante un acto organizado por la ANC, Òmnium Cultural y la AMI en el Palau Sant Jordi, se lanzaron vivas a la organización terrorista independentista Terra Lliure desde el escenario.

TV3 equipara a España con un maltratador
TV3 constituye un capítulo aparte. En un reciente documental, la televisión de la Generalidad no dudó en equiparar a España con un maltratador para promocionar el proyecto secesionista de Mas y Junqueras.

La televisión autonómica también ha equiparado a Rajoy con Hitler, y a varios ministros con dirigentes nazis. Eso sí, siempre en tono jocoso. En ninguno de los dos casos el CAC estimó que TV3 se hubiese ultrapasado en sus funciones como televisión pública.

"Muera España" y quema de banderas de España
En enero del año pasado, el Ayuntamiento de Barcelona dedicó una plaza al creador de la estelada, Vicenç Albert Ballester Camps. Ballester firmaba sus escritos con el acrónimo VICIME, que significaba: "Viva la independencia de Cataluña y muera España". La decisión de homenajear a Ballester recibió el apoyo de CiU, ICV-EUIA y ERC.

También hay que destacar que es costumbre quemar banderas de España en las manifestaciones de los grupos independentistas más radicales en la Diada del 11 de septiembre y en otras celebraciones (1, 2, 3, 4, 5 y 6)

Adoctrinamiento a menores en el odio a España
Pero el odio a España también se inculca en la escuela, como se pudo comprobar en el polémico reportaje realizado en 2012 una escuela en Deltebre (Tarragona), donde los menores eran adoctrinados en el independentismo.

Años antes, en 2006, la Plataforma Pro Seleccions Esportives Catalanes, entidad generosamente subvencionada por la Generalidad, lanzó un spot en el que un niño con la camiseta de la selección española obligaba a otro a quitarse la camiseta de la selección autonómica de Cataluña si quería jugar con ellos. La justicia sentenció que el anuncio -que había recibido el aval del CAC- incitaba a la discriminación.

Tras la clamorosa pitada contra el himno de España de este sábado, solo cabe esperar para ver si la Generalidad -aficionada a llevar a los tribunales manifestaciones de supuesto odio "por motivos de nacionalidad"- o el Síndic de Greuges -dedicado últimamente a denunciar ante la Fiscalía los nombres ofensivos que ponen a los caballos en Ciudad Real- también actúan de oficio contra esta flagrante incitación al odio.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial