AGLI Recortes de Prensa   Viernes 5 Junio 2015

Por qué Europa no debe ceder ante Grecia
EDITORIAL Libertad Digital 5  Junio  2015

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, comparecerá ante el Parlamento heleno este viernes para dar cuenta de las últimas negociaciones sobre el rescate internacional de su país, el mismo día en el que Atenas deberá amortizar otros 300 millones de euros del préstamo concedido por el Fondo Monetario Internacional. A pesar de que Grecia, por un lado, y los acreedores, por el otro, insisten machaconamente en que el acuerdo está cerca, lo cierto es que apenas se han producido avances desde que el pasado febrero Tsipras aceptó extender el actual plan de rescate otros cuatro meses.

El tiempo, poco a poco, se acaba y son muchas las voces que exigen una cesión por parte de las instituciones europeas para evitar el temido escenario de la quiebra o la salida del euro de Grecia. Sin embargo, esa opción no solo sería profundamente injusta e inmoral, sino muy contraproducente, tanto para Grecia como para el futuro de la moneda única. Los acreedores del Estado griego, con los socios de la Zona Euro en primer lugar, no deben ceder un ápice ante las irresponsables reivindicaciones de Syriza.

En primer lugar, porque supondría un incumplimiento intolerable de las condiciones acordadas en el programa de rescate. Grecia ha recibido hasta el momento cerca de 240.000 millones de euros a través de diversos programas de asistencia, una cuantía superior al tamaño total de su PIB, e incluso se le ha concedido una sustancial quita del 50% sobre la deuda que acumulaban sus acreedores privados. Lo mínimo que se le puede exigir a Atenas tras semejante ayuda internacional es una serie de reformas estructurales y ajustes presupuestarios para garantizar su sostenibilidad financiera.
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En segundo lugar, porque la austeridad y la mejora de la competitividad es el único camino viable para que Grecia evite la quiebra y, en última instancia, pueda salir del atolladero de la crisis. Los ajustes que tanto rechazan los griegos son los ingredientes de la impopular, aunque imprescindible, receta que han puesto en marcha otros países europeos para superar sus graves dificultades económicas, como Irlanda, Letonia, Lituania, Estonia y, en mucha menor medida, Portugal y España. Si Syriza revierte esa senda, Grecia no sólo será incapaz de devolver su deuda, sino que, además, sumergirá a la población en una crisis aún más profunda y larga.

En tercer lugar, porque ceder ante Tsipras alentará las expectativas electorales de otros partidos populistas en el sur de Europa, como Podemos en España y el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, países cuyo tamaño e importancia sí es crucial para el futuro de la moneda única y de la UE. Y eso sin contar que torcer el brazo ante Grecia reforzará, igualmente, a las emergentes formaciones euroescépticas del norte del continente, azuzando el lógico rechazo de los votantes al rescate indiscriminado de Gobiernos irresponsables con el dinero de todos los europeos.

Ahora que el plazo de la negociación está llegando a su fin, Bruselas, el Eurogrupo, el BCE y el FMI deben mantenerse firmes y rechazar de plano el mezquino chantaje de Syriza, cuyo único objetivo es mantener un Estado sobredimensionado, ineficiente e insostenible a costa del bolsillo de los contribuyentes de la UE bajo la amenaza de la ruptura del euro. El proyecto de la moneda única, del que se forma parte voluntariamente, posee unas reglas básicas muy claras para garantizar su funcionamiento. Si Grecia no quiere cumplirlas es muy libre de abrir la puerta e irse.

Vísperas de nada
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 5  Junio  2015

Los españoles asisten estos días, entre atónitos y aburridos, a una representación de la política en la que la política está rotundamente ausente. Es posible que nos merezcamos tamaño castigo al apostar por un cambio que, más allá del lógico cabreo general, se ha pretendido basar más en vaguedades que en cuestiones de alguna enjundia. La prensa nos ha hablado, y los repetidores han insistido hasta la saciedad, de la crisis del bipartidismo, de manera que nos hemos puesto a contemplar ese tránsito, y resulta que lo que se nos ofrece es una especie de vodevil de escaso seso, repleto de confusiones infantiles y pellizcos de monja.

La promesa del paraíso
En estas elecciones se han enfrentado dos representantes del realismo sucio, el PP desustanciado de Mariano Rajoy y el PSOE invertebrado de Pedro Sánchez, a dos formaciones que, cada una a su manera, prometían el cielo, porque los partiditos de la señorita Pepis han sido arrumbados de manera inmisericorde.

Los de Podemos han repetido hasta la saciedad que no se conformarían con su presencia en las instituciones, que nos van a llevar hasta el paraíso del proletariado, aunque con una terminología levemente distinta, hasta la tierra en la que manan la leche y la miel, pero, por alguna razón, la gente no acaba de entregarse sin recelos a un porvenir tan brillante, y se han quedado, digamos, a mitad de la mitad del camino, perdidos en oscuras maniobras y juegos de tronos para dar la sensación de que siguen en su marcha triunfal, aunque no sepan ni siquiera cómo van a cenar la semana que viene. Los de Ciudadanos han querido llevar a cabo el milagro de la simplicidad, la reducción de la política a un par de eslóganes y a la sonrisa inmaculada de su líder, todo ello con un toque social, no vaya a ser. Estos se han quedado todavía en menos, pero aseguran que el futuro es de los que prometen las primarias, aunque Rivera se apresure, tanto como lo hizo Iglesias, a controlar los incipientes aparatos provinciales, no sea que peligre el secreto de su éxito.

Un resultado provisional, confuso y agónico
Ante un panorama tan insulso como escasamente prometedor, y dado el específico horror vacui que domina en la política, la palabra pacto se ha convertido en el mantra de moda, pese a que vivamos en la confusión más absoluta sobre cualquiera de las dimensiones que definen un pacto, sobre el qué, el con quién y el para qué. Tal estado de cosas está dando lugar a fenómenos más dignos de la parapsicología que de la política. Por ejemplo, la voluntariosa Cristina Cifuentes ha reprochado a Ciudadanos que olviden que ella representa un proyecto distinto de PP, además de que se opone frontalmente a la corrupción, hay que suponer que refiriéndose a que no la enfrenta de manera oblicua, como hacen otros en su partido: se trata de proyectos políticos bajo palabra de honor, que, no se olvide, es el nombre de un tipo de vestido exquisitamente femenino.

Esta estrategia de acoso y derribo a las maneras del viejo PP, con el que la Cifuentes parece no tener nada que ver, ha obtenido la dimisión de dos consejeros en funciones por arcanos asuntos de unos miles de eurillos, mientras que el presidente de un partido en el que el tesorero ha arracimado en Suiza unas cuantas decenas de millones sigue mirando hacia otra parte, y no de frente como Cristina. Ya lo dice el líder de Ciudadanos, algo está cambiando en el clima político. En fin, todo sea por las investiduras, pero los nuevos protagonistas están mostrando una falta de tino y de ideas claras sobre lo que hay que hacer que nada tienen que envidiar a las explicaciones de Rajoy sobre la prosperidad económica, o al empeño de Sánchez en subrayar la centralidad del PSOE, ahora que ha sido prácticamente desalojado a gorrazos de las cinco mayores capitales de España.

Podemos a por todas
En plan de dolida confidencia, Monedero ha hecho saber que le asaltan dudas sobre si Podemos tendrá el músculo suficiente para cambiar la sociedad española, se ve que es un chico reflexivo. De todos modos, cabría reprochar al príncipe destronado de Podemos su escasa perspicacia al analizar lo que pasa: un partido que es capaz de apoyar a una activista que dice que va a poner freno al turismo en Barcelona, que es como que un cardenal confesase que en el Vaticano están de más las monjas, los curas y las estatuas de santos, y, de promover al tiempo, a la señora Carmena, que se ha ido a visitar cortésmente al señor Goirigolzarri, a ver si le saca unas viviendillas de esas que le sobran para hacer política social, no puede ser acusado de falta de imaginación, y Monedero debiera de saber mejor que nadie que es la imaginación la que todo lo resuelve

Claro es que la duda entre merendarse lo que queda del PSOE o hacer la cama redonda con Sánchez es de las que pueden confundir a cualquiera. Pero no teman, en Podemos hay gente muy leída y pueden aplicar a cualquier cosa la misma terapia que emplean para convertir las imputaciones de la señorita Tania en maléficas invenciones de la casta, de esas gentes con las que ni siquiera sería capaz de pactar un tonto como Carmona, por emplear la manera coloquial con la que Pablo Iglesias se ha referido en alguna ocasión al exitoso candidato del PSOE a la alcaldía madrileña.

El margen de Rajoy
En el PP parece prosperar la idea, un tanto voluntarista, pero menos da una piedra, de que Rajoy puede tener el margen de un par de semanas para salvarse, ante todo, de sí mismo. Abundan las hipótesis técnicas sobre cómo habría que obrar el milagro de que Rajoy consiga salvar los restos del naufragio actual, aprovechando la circunstancia, nada menor, de que el rival directo está como bajo los efectos de un estado de privación sensorial y política, que le han llevado a convertir las derrotas en restallantes victorias, y que los aspirantes al trono apenas han logrado superar el peso de un ligero para pelear con éxito en el ring de los pesos pesados. Sé que habrá quien no lo crea, pero hay quienes esperan que detrás del plasma habitual se pueda estar maquinando una rotunda sorpresa.

El PP de Rajoy ha muerto, viva el PP, podría ser el grito capaz de movilizar una campaña que ha de ser portentosa, o no será nada. Se trata de apostar por que el presidente del Gobierno y del PP tenga el arrojo y la clarividencia necesaria para tomar las medidas que permitan al partido que fue del centro y la derecha levantarse de sus casi cenizas. Quienes así piensan, parten de que Rajoy tiene los medios y las entendederas suficientes para urdir una auténtica revolución en el gobierno y el partido, para hacer algo que permita a los electores del PP, que es el auténtico capital de ese partido, dejar de lacerarse con las imágenes dolientes de una dirección mendicante y un gobierno perdido, y que con ello se consiga plantear una batalla incierta en las próximas elecciones generales. Nunca es fácil adivinar lo que la cabeza y el corazón de alguien tan peculiar como Rajoy pueda dar de sí, pero no cabe descartar que pretenda hacer lo que se haya de hacer para que su imagen futura no se parezca demasiado a la de alguien que destruyó un partido en relativa forma y perdió de forma enteramente inhabitual y escasamente comprensible la solidísima mayoría absoluta con la que accedió a la cumbre. No es un problema de personas: se trata de política, esa cosa que se parece tan poco a los juegos florales y los acertijos que estamos padeciendo en estas extrañas vísperas de nada.

Incertidumbre estatista
Adrià Pérez Martí www.vozpopuli.com 5  Junio  2015

Hemos cargado con Zapatero, con Rajoy y Montoro. Ahora toca Podemos. Cuando parece que el modelo productivo está orientándose en la buena dirección, la economía debe cargar, una vez más, con otra amenaza que algunos están empezando a vislumbrar en el horizonte: la incertidumbre política. Especialmente tras el resultado electoral que confirma la deriva estatista de la política española iniciada en los últimos años.

Se ha dicho que la necesidad de llegar a pactos y la dificultad de garantizar la "gobernabilidad" están incrementando la incertidumbre. Como si la dificultad de los partidos de repartirse los centros de Poder, o el no conocer qué partidos gobernarán finalmente, sea la fuente de incertidumbre. El propio Rajoy no ha cesado de repetir penosamente que se necesita estabilidad política (la que él ofrece, claro) para garantizar la recuperación.

Sin embargo, la estabilidad de los Gobiernos no es, a mi juicio, el elemento fundamental del problema. Cuba ha gozado de una gran estabilidad política en los últimos tiempos y mantiene una economía de miseria, por no hablar de Corea del Norte. Lo verdaderamente relevante es la clase de políticas que protagonizan esa estabilidad, y eso es lo que supondrá mayor o menor incertidumbre. Desde esta perspectiva, el auge de Podemos, y su fuerza tractora sobre el resto de formaciones, tiene un papel fundamental.

Incertidumbre sobre el régimen: la deriva estatista
La inversión desde un punto de vista global puede ser muy sensible a la política económica. El coste más importante puede significar un efecto depresivo sobre la inversión. Y es esta esencialmente (y no tanto el consumo) lo que impulsará el tan manido cambio de modelo productivo que acabe con el drama del paro.

Un ejemplo lo tenemos en la Gran Depresión americana que asoló EEUU en la década de los 30. De acuerdo con la tesis defendida por el economista Robert Higgs, la razón por la que la profunda depresión se extendiera durante tanto tiempo se explica en gran parte por el timorato comportamiento de la inversión privada. Una extraña evolución causada, según el economista americano, por los continuos ataques contra el sistema económico protagonizados por el Presidente Franklin D. Roosevelt, a través de sus múltiples medidas liberticidas: el New Deal y el intervencionismo económico con su política fiscal (de creación de impuestos y subidas fiscales y de recaudación), regulatoria, nacionalizaciones, leyes anti-trust, las políticas igualitarias de rentas, la limitación de los derechos de propiedad, y un largo etcétera.

Medidas que tuvieron un enorme impacto en la economía, como protestaría el economista Benjamin Anderson, y que, además, causaron un mal mayor: los agentes económicos comenzaron a temer al propio régimen político y económico y su deriva hacia el socialismo. Los inversores dudaban de que pudieran llegar a obtener el fruto de sus esfuerzos, deteriorándose de ese modo la actividad económica. Esa incertidumbre sobre el régimen capitaneada por aquellos políticos y burócratas fue, en opinión de Higgs, lo que impactó enormemente sobre la inversión, lastrándola, retrasándola y alargando la depresión económica de EEUU.

Un régimen más estatista
El camino que sigue España es similar, sólo diferenciándose en cuestión de grados. Si todavía la incertidumbre no es tan relevante (como en Grecia, por ejemplo), lo puede llegar a ser en la medida en que las políticas que se adopten sean contrarias a la propiedad privada y apuesten por la colectivización de la actividad vital de los ciudadanos. La reciente publicación de un artículo de Pablo Iglesias en la New Left Review, y que ha inquietado bastante a algunos inversores institucionales, es un ejemplo de una piedra más en la mochila que debe soportar la economía y la sociedad que, de momento, está aplaudiendo mayoritariamente este inoportuno cargamento.

El proceso de repartición del Poder no es tan importante cuanto el propio Poder resultante. Que Carmena, Colau u Oltra pretendan plagar de huertos las grandes urbes españolas no es sino algo distractor. Son más importantes sus medidas sobre el mercado del alquiler y la deuda, porque distorsionan nuestras expectativas y el sistema de precios. Y, fundamentalmente, su efecto arrastre sobre el resto de partidos con opciones de gobierno: ¿hay alguno que defienda la propiedad privada y que los políticos dejen en paz a los ciudadanos?

El ideario colectivista en auge en la política española es el que puede disparar la incertidumbre en función de lo que llegue a percibirse que inevitablemente se aplicará, para el cual la propiedad privada y la iniciativa autónoma de cooperación individual estarán siempre sometidas al "interés general" del Pueblo, del Estado. No en vano, uno de los gurús de Podemos y sobre el que, en parte, elaboran su visión y estrategia política es el neomarxista Ernesto Laclau, un autor que reivindicó el populismo y esa estrategia de alcanzar el Poder a través de la construcción de un ser colectivo, "el pueblo", que sustituya a las élites. Esa es la latinoamericanización que defienden, pero no con las ideas liberales de Vargas Llosa y Octavio Paz o el libertarismo de Jorge Luis Borges, sino con su colectivismo, que no es exclusivo del Sur sino también del Norte, y que en su día sufrieron los estadounidenses durante la Gran Depresión.

La incertidumbre y sus efectos sobre la economía no sólo proviene de la crisis del régimen, sino de su rumbo: mayor colectivización y politización de nuestra vida privada, y mayor concentración del Poder en las viejas y nuevas élites.

Conclusión
La economía española ha terminado asumiendo, a la fuerza y por la gracia de quienes nos gobiernan, enormes losas: mayores impuestos y un enorme aparato Estatal prácticamente intacto... Y aun así, hemos logrado empezar a caminar por la otimista senda de la recuperación. Lamentablemente, ahora puede que tengamos que enfrentarnos a la incertidumbre que los viejos y nuevos partidos traen consigo.

No es sólo que los grandes inversores estén preocupándose con las aportaciones de Pablo Iglesias en la New Left Review o su éxito electoral, sino que nosotros mismos podemos vernos obligados a paralizar nuestra actividad económica en la medida en que el resultado de lo que hemos elegido en las urnas aplique medidas más estatistas y liberticidas, como ya ocurriera en la Gran Depresión americana.

El lodazal miserable en el que se revuelcan los políticos en busca de poder
“En este mundo el poder es un capital que hay que manejar con cuidado” L.Tolstoi
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 5  Junio  2015

Si hay un espectáculo difícil de digerir seguramente es este que nos están sirviendo los distintos partidos políticos, administrando los escasos votos con los que se han hecho durante las pasadas elecciones como si, en realidad, todos ellos hubieran salido vencedores en lugar de que, como la triste realidad del resultado electoral demuestra, ninguno haya vencido y todos hayan salido trasquilados. La verdad es que, aunque nadie parezca querer reconocerlo, la ciudadanía ha querido demostrar, quizá sin darse cuenta, que no se fía de ninguno, que no quiere darle a ninguna formación política el poder de decidir y que prefiere crear un interregno de incertidumbre, de caos político y de reparto de inseguridades, en lo que van a ser los próximos meses, hasta la celebración de las legislativa de finales de año.

Sin duda alguna no va a ser sólo el PP, del señor Rajoy, el que vaya a salir vapuleado por sus antiguos votantes, disgustados por su forma a la gallega de gobernar y por su equívoco sistema de tratar el tema del independentismo catalán; van a haber otros partidos que puede que paguen caro la forma en la que están intentado arrimar el ascua a su sardina, la veleidad con la que intentan realizar pactos contra natura y la falta de sentido común de quienes tienen encomendado llegar a acuerdos de gobernabilidad con formaciones de nuevo cuño que llevan intrínseco, en su propio ADN estructural e ideario político, el sello del fracaso en un mundo en progreso, tan pronto como pongan en práctica sus políticas sociales, económicas y financieras disparatadas en un entorno europeo en el que, todas estas propuestas de tipo marxista o bakunianas, obsoletas y carentes de porvenir alguno, no tienen cabida, como se viene demostrando con el tema griego que, sin tener las característica de excesiva pluralidad de proyectos como ocurre en el panorama político actual español, han pretendido plantar una pica en Flandes, en este caso en Bruselas, intentando que la CE trague sapos aceptando el régimen comunistoide griego, plegándose a las exigencias de Syriza.

Hasta ahora, en el periodo preelectoral, les ha resultado fácil a los aspirantes, que nunca habían tenido oportunidad de gobernar aplicando sus recetas teóricas, aquellas en las que la igualdad, la dirección en manos del Estado, la economía socializada, las mejoras sociales a cargo del Estado, los tributos elevados y los impuestos sobredimensionados, los elevados gravámenes sobre las grandes fortunas y el control de las empresas privadas por los sindicatos, junto a una legislación restrictiva, tipo Ada Colau, en la que la propiedad quede restringida y los inquilinos no puedan ser desahuciados si antes el Estado no les ha proporcionado otra vivienda de tipo social; el convencer e ilusionar a aquellos que han sufrido la peor parte en la crisis o los ignorantes fáciles de engañar e incluso a aquellas personas de buena fe horrorizadas por los casos de corrupción de políticos y gobernantes que han conseguido escandalizar a propios y extraños durante los últimos años; el hacer adeptos entre descontentos e indignados..

Pero ahora, señores, ha llegado el tiempo de mojarse, ya no caben prórrogas o dilaciones que les permitan darles la vuelta a sus propuestas, camuflarlas o intentar suavizarlas, porque estamos en el momento en que los señores de Podemos se destapen, concierten acuerdos con otras formaciones y demuestren si siguen conservando aquella aureola de honradez que vendieron a quienes quisieron escucharles; cuando se promocionaban en las televisiones. Es posible que el tiempo y sus propias manifestaciones hayan aclarado lo que hay en la trastienda, quedando a la vista lo que, en el fondo, han pretendido desde el primer momento: convertir a España en una segunda Venezuela ( nación a la que contribuyeron con sus consejos a Chavez y Maduro a convertir lo que ahora es: una país en la miseria, sin comida, sin oposición, encarcelada por los sicarios del poder, y sin el menor crédito internacional, al borde del colapso y en un verdadero régimen dictatorial). El resultado que aquella mayoría que pretendían conseguir ha quedado reducida a un buen resultado, a una posición que les permite actuar de bisagra en muchos pueblos y ciudades; y a aspirar a un resultado digno en las próximas legislativas.

No obstante, aquí vamos a tener que jugar con las variables que nos van a proporcionar los pactos que, cada partido, deberá aceptar si quiere su cuota de poder. Esto va a suponer, en muchos casos, ya que el PP ha conseguido ser el partido más votado en muchas autonomía y municipio, el que los que quieran destronarle del poder deban concertar alianzas con “compañeros de viaje” que les puedan resultar incómodos y, a la postre, puedan significar una rémora para la valoración que los ciudadanos puedan hacer de su labor municipal, en la que, sin duda alguna, van a hacer mella las concesiones que se vean obligados a hacer a sus partenaires, en muchos casos contrarias a sus propios proyectos. La decepción de los votantes, como sucedió en el caso del Tripartit catalán o del Exapartido balear, puede tener una importante repercusión en lo que van a ser los resultados de las elecciones generales de noviembre o diciembre.

Puede que el señor P.Sánchez, del PSOE, se haya crecido al comprobar que la izquierda ha conseguido un buen resultado y se vea con posibilidades de llegar a acuerdos con otros partidos que, con toda seguridad, va a considerar fáciles de manejar. En todo caso su postura de cara a las primarias es posible que se debilite y es obvio que la señora Díaz no ha dicho su última palabra respecto a sus propias aspiraciones políticas. Es evidente que Susana Diaz no atinó al convocar anticipadamente elecciones para Andalucía, pero el verdadero problema lo tiene ahora a los dos meses de las elecciones y todavía sigue sin haber conseguido el quórum para ser elegida para la presidencia de la comunidad andaluza. En otro artículo manifesté mi opinión de que el PP hubiera actuado con sagacidad si se abstuviera y permitiera que la elección tuviera lugar, lo que descolocaría al señor Sánchez y dejaría en una situación desairada tanto a Podemos como a Ciudadanos.

El señor Ribera por su parte se halla en una encrucijada. Se calcula que, unos 600.000 votos de los que antes votaban al PP, se fueron a Ciudadanos. Es evidente que muchos de ellos se debieron al enfado con el señor Rajoy por su falta de energía, sus cesiones ante una oposición, en principio débil, y por el incumplimiento de una parte importante de su programa electoral. Si Ribera se alía con Podemos o el PSOE es lógico que muchos de los de derechas o centro que lo votaron volverán, una vez pasado el enfado, a su partido de origen. Sin embargo, parece que durante los últimos meses, después de la celebración de los comicios, el señor Ribera ha perdido una parte del impulso que lo caracterizaba, quizá porque esperaba unos resultados más concluyentes que le hubieran proporcionado un mayor número de ediles o representantes en las distintas cámaras regionales. Los votos prestados (y esto lo ha comprobado, en estas votaciones, el PP) no son votos fieles y vuelan con la misma facilidad con la que se consiguen.

Es posible que de las actuaciones de los ayuntamientos, resultantes de los pactos, durante el medio año que queda, se produzcan nuevos cambios en la intención de voto, que contribuyan a fijar un nuevo panorama político para las generales, que contrarrestara los efectos de este viraje a la izquierda, como resultado de la irrupción de Podemos y del cordón sanitario que se le está haciendo al partido en el Gobierno. Mucho nos tememos que todo va a depender de lo que ocurra en el PP, de los cambios que se hagan y de la confianza que despierten los relevos en aquellos que desertaron del partido por alejarse de sus objetivos y principios que le eran propios. El PSOE creemos que ha errado en su viraje a la extrema izquierda y es posible que sus votantes más centristas no vean a bien este posible matrimonio con Pablo Iglesias y los suyos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos planteamos un panorama político tan inestable para España, que sentimos como se tambalean las perspectivas halagüeñas que nos van llegando desde Europa, que confía en que seguiremos con nuestra actual política económica.

El cadáver de España
Javier Orrico Periodista Digital 5  Junio  2015

España es un cadáver de la Historia al que hace años mandamos al tanatorio para no velarlo en nuestra casa. Eso lo sabemos todos, pero vivimos como esos deudos que siguen hablando con sus muertos y ponen la cristalería completa para sentarse a cenar. También sabemos todos que su muerte comenzó el día que decidimos deshacer un proceso de casi 170 años, desde Cádiz, por el que habíamos intentado incorporarnos de nuevo a la cabeza de la Historia y construir una nación moderna, liberal, de ciudadanos libres e iguales ante la ley.

Un proceso voluntarista, dirigido por lo mejor de nosotros, y frustrado siempre por lo peor, ese Fernando VII -y todas sus reencarnaciones- que nos enfangó en una guerra civil eterna y presente aún bajo ‘cordones sanitarios’ y aquelarres simbólicos contra el enemigo. En Cádiz soñamos una nación donde ya no contaran los reinos medievales, los feudos, los condados, los estamentos, las sangres. Hoy somos, empobrecidos y decepcionados, aun sin el hambre de Goya o de Galdós, la muestra patente de nuestro fracaso.

La España que se quiso democrática, la de 1978, cavó en ese mismo instante su tumba, el mausoleo autonómico sobre cuya podredumbre pactamos hoy. Lo ocurrido en el estadio del F.C. Barcelona, sede y escaparate del separatismo desde hace ya tantos años, no fue sino la constatación, la prueba forense del fallecimiento.

Lo que nos llamó la atención fue la variante que suponía con relación a lo que entendemos por funeral. Usualmente, en los entierros se respeta al difunto y se le honra. España es la eterna anomalía, el primer ataúd pitado de que tenemos noticia. La caja a la que le enseñan el culo sus descendientes, mientras el heredero, adolescente, permanece impertérrito junto a los chacales sonrientes que van a devorar el cadáver.

El artificio independentista

Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 5  Junio  2015

El llamado “problema catalán” ha generado mucha literatura a lo largo de los últimos ciento veinte años y este aluvión de páginas impresas sobre cuestión tan espinosa se ha intensificado desde que el malhadado tripartito decidiera impulsar un nuevo Estatuto de Autonomía con la inestimable y docta colaboración de José Luis Rodríguez Zapatero. La ofensiva separatista protagonizada por el Muy Mediocre Artur Mas, a la vez que salían a la luz los abundantes latrocinios del Muy Imputable Jordi Pujol y sus retoños, ha dado todavía más alas a este afán escrutador de la relación Cataluña-España, como si se tratase de dos entes distintos y no de lo que en realidad son, una parte integrada en un todo. En el amplio conjunto de libros que abordan el tema desde distintas perspectivas, la histórica, la económica, la cultural, la lingüística y la política, destaca una obra vibrante, fresca y rompedora que firma la periodista Anna Grau. La autora, catalana, española y cosmopolita, ha conseguido algo muy difícil y meritorio, tratar un asunto que tiende inevitablemente al dramatismo con un distanciamiento humorístico que, sin perder para nada el rigor conceptual y la precisión informativa, sitúa a los protagonistas de esta tragicomedia en su verdadera dimensión, la de políticos embaucadores que manipulan sin escrúpulos sentimientos y que fabrican agravios al servicio de una épica provinciana y de un electoralismo ramplón.

Anna Grau escribe muy bien en español y en catalán y, tal como nos sucede a muchos catalanes, dota a su gramaticalmente impecable castellano de una estructura mental catalana, lo que produce un metalenguaje híbrido que reúne lo mejor de ambos mundos semánticos combinando de manera magistral, tal como señaló Josep Ferrater Mora en su disección del alma catalana, el seny y la ironía. Anna domina tan a fondo el arte de la metáfora que consigue imágenes de brillante originalidad que sumen en el ridículo a los personajillos secesionistas con los que conversa, pero en un tono de respeto compasivo que aún los hunde más en su pequeñez aldeana. El título de su largo ensayo-reportaje es ¿Los españoles son de Marte y los catalanes de Venus?, interrogante que anuncia el enfoque general del contenido, un recorrido galopante y desenfadado por los vericuetos de la cuestión catalana desde la Renaixença hasta hoy, con especial énfasis en la fase estrictamente contemporánea del culebrón. Al libro se asoman numerosas figuras de la vida pública española y de la catalana en particular cubriendo ámbitos muy diversos, a las que Anna Grau somete a sus preguntas, manejadas como inmisericordes escalpelos que viviseccionan contradicciones, cobardías, falsedades, oportunismos e hipocresías sin perdonar ni juzgar, dejando que sea el lector que extraiga sus propias conclusiones.

Al final, tras disfrutar de las más de doscientas páginas de ¿Los españoles son de Marte y los catalanes de Venus?, que se hacen cortas por su ingeniosa amenidad, emerge una verdad que resplandece atravesando la tupida maraña de bajas pasiones, miserias e inventos de los separatistas: el problema catalán es un artificio político, alimentado por políticos con fines específicamente políticos y los catalanes vivirían mucho mejor y su salud mental sería más completa si se desprendieran de este fardo insufrible e integraran su triple condición catalana, española y europea sin tensiones ni desgarros. Es de esperar que se vendan miles de ejemplares de este conseguido producto de la experiencia, la sagacidad y el talento de una auténtica catalana que, como tal, no está para monsergas lacrimosas que sólo conducen a la frustración y al fracaso.

¿Dónde está el punto limpio en España?
Vicente A. C. M. Periodista Digital 5  Junio  2015

Doy por supuesto que todo el mundo es consciente de la nueva cultura ciudadana que se ha implantado, sobre todo en las grandes urbes, en cuanto a la protección medio ambiental y uno de los principales aspectos que son los residuos no orgánicos. Son muy numerosos los contenedores dispuestos en las calles para el vertido ordenado de cartón, envases de plástico, tetrabricks de aluminio, vidrio etc, así como la existencia en determinadas zonas de los llamados “puntos limpios” con contenedores para otros residuos más heterogéneos como enseres, electrónica y aparatos eléctricos en general, madera, pilas, metales e incluso ropa usada. La cultura del reciclaje y aprovechamiento razonable de residuos de una sociedad consumista que genera millones de toneladas de basuras y desechos que de otro modo irían a parar a los clásicos vertederos urbanos, inmensos basureros alejados de la vista de los ciudadanos.

España políticamente hablando se ha transformado en un inmenso basurero urbano con los servicios de limpieza en huelga y desaparecidos, donde el olor a podredumbre está contaminando y poniendo a prueba la paciencia y la convivencia ciudadana. El hedor es ya insoportable y la sociedad está respondiendo tímidamente organizándose con movimientos de fuerzas que se presentan como la marea blanca de limpieza con uniformes resplandecientes que en muchos casos intentan ocultar la podredumbre que también les ha salpicado, aunque lo intenten disimular. Estos movimientos no han llegado a obtener el apoyo cívico y los resultados que preveían y se ven obligados a una política de pactos y acuerdos con quienes han acusado de actuar como contaminadores sin escrúpulos. Y el mayor dilema surge entre ser partícipes obligados y colaboradores en la futura gestión abandonando parcial o totalmente sus aspiraciones regeneracionistas o se abstienen y provocan la repetición de las elecciones esperando un más que dudoso cambio en la opinión de los ciudadanos que les conceda mayor representatividad y poder de decisión.
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Hay mucho en juego en la política local y regional, pero la gran batalla del poder se centra a escasos cinco meses cuando se celebren las elecciones generales. Los apoyos y poder de hoy pueden ser causa determinante del fracaso de mañana. Porque quien maneja la suciedad y la basura, más temprano que tarde acaba por contaminarse y mancharse. España necesita delimitar, aislar el vertedero y llevar toda la basura de forma ordenada al punto limpio. Pero lo primero de todo es crearlo ya que no existe. Una actuación esencial y urgente es eliminar también la basura de todos los estamentos del Estado contaminados. Se ha de crear un punto limpio en la Justicia con el nombramiento de Salas independientes con jueces dispuestos a descontaminar aplicando la Ley sin injerencias externas.

Esas deberían ser las “líneas rojas” marcadas como mínimos para sentarse en una mesa de negociación. Está en juego la credibilidad de los que prometen limpiar todo y no ayudan nada los titubeos, los encuentros “discretos” y sin publicidad de lo hablado, que solo dan la sensación de que quien se esconde es que tiene algo que ocultar. La palabra dada carece de valor si no va seguida de actuaciones que la avalen. En una habitación a oscuras uno puede entrar impoluto y salir a la luz totalmente manchado.

Rivera y la desconfianza
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo  5  Junio  2015

En sólo 10 días, Albert Rivera ha perdido muchas de las simpatías conseguidas durante 10 años. Incluso durante los cuatro últimos, cuando su alianza con Libertas y la presentación de Miguel Durán como candidato -todo un referente ético- provocaron una crisis brutal que se saldó con la salida de dos de los tres diputados -Robles y Domingo-, el despegue de UPyD y el descrédito del propio Albert Rivera. Éste logró recomponer su liderazgo y su partido tras pedir humildemente perdón, aprovechar la salida de los intelectuales progres y de la resistencia de izquierdas al nacionalismo agrupada en la Asociación para la Tolerancia -los dos grupos creadores de C's- para fletar un nuevo grupo dirigente en el Parlamento catalán y ante la opinión pública -Jordi Cañas, Inés Arrimadas, Juan Carlos Girauta, Carina Mejías- y una nueva organización en torno a Villegas, que pasó de ser el hombre de José Domingo contra Rivera al hombre de Rivera para todo.

"Usando la corrupción como los trileros la bolita, Rivera ha sembrado en 10 días la desconfianza en el elector de centroderecha"

Pero esta hazaña de reorganización o resurrección de C's en torno a Rivera no hubiera supuesto la conversión de un pequeño partido de Barcelona, admirable pero testimonial, en una verdadera fuerza nacional sin la negativa de Rosa Díez a pactar con Rivera y sin la habilidad de Rivera para demostrar que la culpa de no pactar la tenía sólo Rosa Díez. Tras este episodio se conjugaron tres elementos: la irrupción de Podemos, el juicio moscovita a Sosa Wagner en UPyD y el hundimiento del PP. Gracias a esos tres factores y al indudable encanto de su líder, C's se ha convertido en un partido útil para acabar con el bipartidismo corrupto y conquistar la Moncloa. En el centroderecha, la distancia entre el voto útil y el testimonial es la que hay entre Ciudadanos y Vox. Y en el centroizquierda, la que hay entre la aparición de C's y la desaparición de UPyD.

Rivera se perfilaba como el candidato del centroderecha que, a diferencia de Rajoy, podía vencer a un Pablo Iglesias piafante que tras liquidar a IU -ayer anunció su disolución podemita- ha devorado al PSOE, entregado Pamplona a la ETA y pastelea con los separatistas. Sin embargo, en 10 días, usando la corrupción como los trileros la bolita y jugando con el PSOE y el PP, Rivera ha sembrado una desconfianza en el electorado de centroderecha que, ni pactando con Cifuentes, le será fácil disipar.

A buenas horas
Nota del Editor 5  Junio  2015

Eso de tirar de los hilos de las marionetas podria estar muy bien si el marionetista tuviese el control de todas las cuerdas, pero resulta que sólo tiene unos pocos hilos que bailar y las gruesas cuerdas permaneces inmóviles. Las gruesas cuerdas del PP y PSOE no han estado nunca al alcance del marionetista y ahí está el problema. Con los hilos, sólo paños calientes para la grave enfermedad que aqueja a España. Tiró de los hilos para apoyar a UPyD, se quiso convertir en hacedor máximo de cooperativas, intentanto mezclar el aceite de UPyD y el vinagre de Ciudadanos, y como no lo consiguió, dejó de tocar los hilos de UPyD. No es que UPyD fuera algo maravilloso, yo personalmente abandoné el barco en su primera singladura, pero al menos tenía algunos tics nacionales, cosa que Ciudadanos carece. UPyD tuvo la desgracia de elegir a los malos, porque si alguien de UPyD pensaba que debía unirse con Ciudadanos, debería haber pedido silenciosamente la baja en UPyD y al cabo de unos años de contricción, pasarse al partido de sus sueños; pero no, lanzaron torpedos a la línea de flotación para hundirla, apoyados por el maroinetista, que tampoco movió demasiado los hilos de Vox.

Estamos pasando de PP y PSOE con CiU a PP y PSOE con CiUdadanos, y no olviden que CiUdadanos es en las regiones donde el español es lengua impropia, "CiUtadans".

Ah, y estoy harto de que quienes se consideran comentaristas políticos no se dediquen  a comentar la política que es la gestión del estado y por el contrario, parezca que compiten en comentar los asuntos que exclusivamente interesan a los profesionales de la política.

Si son de Pablemos no son imputados
Pablo Molina Libertad Digital 5  Junio  2015

Escuchar la perorata cansina y absurdamente presuntuosa de Pablemos cuando lo sacan por la tele es un sacrificio que cada vez se hace más insoportable. El tener que aguantar los ladrillos de este personaje debería llevar aparejado un plus de penosidad en el salario, y las autoridades sanitarias tendrían que comenzar a plantearse si los efectos sobre la salud de sus monsergas han de ser incluidos en las tablas de enfermedades profesionales. Pero mientras llega este reconocimiento elemental, lo cierto es que el líder supremo de la cosa podemita no deja de asombrarnos con su capacidad para actuar como la castuza en cuanto se le brinda la ocasión.

Este jueves estuvo en el programa de Ana Rosa. Después de muchos meses de insistencia, de llevar a la tertulia hasta al último podemita de medio pelo a decir sus tonterías y de fichar a su exnovia para que anuncie que 12 millones de españoles están a punto de morir de hambre, por fin el mesías de los indignados se dignó a sentarse junto a la reina de las mañanas de Telecinco. Ana Rosa Quintana, periodista curtida en todas las lides televisivas, estaba más emocionada que una quinceañera en presencia de Cristiano Ronaldo. En fin, este es el nivel.

Lo más pedagógico de esta intervención de Pablemos fue su doctrina sobre la imputación judicial como elemento para decidir sobre los apoyos políticos. El líder supremo defiende no sólo a su ex, cosa que podríamos entender por una cuestión sentimental, también al alcalde comunista de Rivas, ambos imputadísimos por ciertos trinques familiares. Y así va a seguir siendo hasta que los jueces dicten sentencia. En cambio, cualquier otro partido que tenga un imputado ya no podrá postrarse de hinojos ante los alternativos podemitas para impetrar su apoyo en tal o cual ayuntamiento o comunidad autónoma con la burda excusa de ser la lista más votada.
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La cuestión central es que en España hay magistrados que se atreven a investigar a los ungidos de la extrema izquierda. Pablemos se debe de estar preguntando a estas alturas lo que en su día Felipe González: "¿Es que no hay nadie en España que diga a los jueces lo que deben hacer?". Sí. Manuela Carmena. Ha empezado por explicarles cómo deben actuar ante los desahucios. En cuanto eso lo tengan claro, será cuestión de hacerles ver que a un líder de progreso no se le debe investigar, puesto que, como dejó dicho Garzón el Chico, si es de izquierdas seguro que no roba.

Total, que los imputados sólo son los demás. Los de Pablemos, según ha dejado dicho en líder en lo de Ana Rosa, son víctimas de una persecución política. ¿Se puede ser más castuzo? "Sí se puede". Pero habría que entrenar mucho.

Huertos urbanos
Antonio Robles Libertad Digital 5  Junio  2015

La andanada contra los huertos urbanos propinada por Federico la semana pasada a cargo, o por culpa, de las ocurrencias de la alcaldable de Madrid Manuela Carmena me sorprendió. ¡Cáspita!, si Federico es de pueblo, ¿por qué tanto desdén a esos pequeños paraísos de nuestra infancia llamados huertos?

Afortunadamente, los huertos urbanos no los han inventado Carmena ni Podemos, forman parte de la economía de subsistencia de los arrabales de las ciudades nacidas de la revolución industrial, donde las riadas de obreros llegados del campo encontraban un modo de subsistir. A falta de suministros, volvió a ser un recurso de supervivencia durante las dos grandes guerras civiles europeas. A partir de los años cincuenta sirvieron de sustento a familias enteras llegadas en oleadas a la prosperidad de las grandes ciudades de España, con Madrid y Barcelona a la cabeza. El chabolismo de esos años corría parejo a esas economías familiares autárquicas como salida a la miseria circunstancial de tantos. Nada nuevo ni distinto, como técnica agrícola milenaria, a los huertos de nuestros pueblos. El huerto familiar, con la estampa del cigüeñal árabe junto al pozo artesano y la pila de piedra, era el paisaje general de todos los pueblos de España. Aún hoy lo es en los sitios menos mecanizados, aunque sea el motor de agua y las canalizaciones lo que ha ido borrando esa imagen idílica.

Es a partir de los años noventa cuando empiezan a proliferar los huertos urbanos como espacios de complicidades y ocio, educación medioambiental y esparcimiento terapéutico. Hoy, en ciudades como Barcelona, nuestros mayores recuperan la infancia y la pulsión de la vida en estos pequeños oasis naturales. Plantan, escarban, quitan las malas hierbas, riegan y ven crecer hortalizas y verduras, se sienten útiles, enseñan a sus nietos; en una palabra, se entretienen con una actividad vital, la que más les conecta con su infancia, pues la mayoría la pasaron en el pueblo. Es una forma sencilla y maravillosa de darle sentido a esa muerte silenciosa de las residencias de ancianos.
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La moda se ha extendido a ciudades y pueblos más pequeños, donde los ayuntamientos han habilitado espacios, unos comunes, privados otros, todos para amortiguar el ruido y las aristas muertas de las ciudades. Y, de paso, hacerse la ilusión de comer sano.

Una de sus funciones más útiles es la educación medioambiental en centros educativos y rincones urbanos, donde maestros y niños transmiten y aprenden a sentir el pulso de la vida natural. No hay nada tan maravilloso como la mirada de un niño implicado en la plantación, el cuidado, el crecimiento y maduración de hortalizas, verduras, legumbres, flores y plantas frutales. Es educativo, toman conciencia ambiental, se divierten y sienten que el fruto de su esfuerzo forma parte de su propia alimentación. Las escuelas han incorporado masivamente pequeños huertos urbanos en sus recintos como laboratorios naturales. Esa extraña concurrencia entre trabajo físico e intelectual que tan caro es de apreciar en otras áreas educativas.

Últimamente se ha incorporado el concepto de jardines comestibles a la combinación de flores y verduras. Demasiado repipi el apelativo, pudiendo recurrirse a la hermosa palabra huerto.

Los huertos urbanos no son patrimonio de ninguna ideología, son un recurso de la inteligencia para acercar la naturaleza a miles de ciudadanos que no tienen pueblo o medios para intercalar la semana entre el campo y la ciudad.

Hombre, Federico, tú eres de pueblo, lo deberías saber mejor que nadie. No se trata de poner un huerto urbano en la Puerta del Sol, pero hay muchos espacios en Madrid para que la capital no olvide el populacho que fue.

Ahora bien, pretender vender esta medida como modelo municipal es ridículo. Son pequeños recursos para el entretenimiento. Los problemas de verdad de la capital son otros. Otra cosa es que una comunista de ciudad confunda la ocurrencia con la emancipación obrera. Eso es lo que tiene no ser de pueblo.

Entre pitos y gaitas
Santiago Trancón Pérez Cronica Global 5  Junio  2015

Los que nos oponemos al independentismo por antidemocrático y totalitario, tenemos un reto muy difícil: defender nuestras ideas con claridad y determinación y sin perder los nervios. Las provocaciones son constantes y elevan el tono cada día. Luchamos contra un enemigo que ha ido conquistando todos los ámbitos de poder e influencia, desde la escuela a los medios de comunicación, del deporte y la cultura a las instituciones del Estado. No hay espacio social y político en el que no hayan impuesto su doctrina, su dominio, su norma de conducta y sus sentimientos. Donde más eficaces han sido es en el control del orden simbólico y el desprecio a las leyes y principios democráticos. Han construido, con incansable obstinación, una imagen de Cataluña, de su historia y de su identidad, simbólica y emocionalmente irreconciliable con la idea de España y su Estado constitucional, al que deslegitiman como antidemocrático y cuyas leyes consideran injustas. Despreciarlas y no cumplirlas es señal, por lo mismo, de dignidad, valentía y atrevimiento.

Después de más de cuarenta años de control y propaganda, los independentistas ya se sienten lo suficientemente fuertes como para intentar dar el salto definitivo: la ruptura institucional con España, cuyo primer paso se concibe como una proclamación unilateral light de independencia que acabará creando una situación irreversible. Se equivocan todos los que hacen cábalas con que si baja el souflé o retrocede el procés: la situación está peor que nunca, porque a la ola esquerro-convergente se ha unido ahora un conglomerado de izquierdas capitaneado por Colau y Podemos. Con el PP en claro desmoronamiento, con un PSOE tocando la flauta travesera del federalismo y un Podemos partidario de la autodeterminación, sólo nos queda Ciudadanos como tabla de resistencia, más que de salvación. Cierta tibieza ideológica y una peligrosa indefinición en el modelo de Estado, sin embargo, puede hacerle perder a Ciudadanos el apoyo que una mayoría de españoles le quisiera dar, algo que Rosa Díez tenía mucho más claro y que debiera asumir sin titubeos el partido de Rivera. Los admirables esfuerzos de muchas asociaciones cívicas, carentes la mayoría de apoyo económico e institucional, son insuficientes para contrarrestar el entramado omnipresente de organizaciones y medios independentistas a los que sigue yendo a parar gran parte del dinero que la Generalidad recibe del Estado.

¿Cómo ha logrado el independentismo avanzar tanto? ¿Cuál es su secreto? Lo diré claramente: su principal victoria ha sido la derrota psicológica, ideológica y moral de los demócratas. El independentismo ha sabido dominar psicológica y mentalmente a una minoría determinante, las élites de los partidos, los sindicatos, los intelectuales, los jueces, los periodistas, los empresarios y hasta las monjas. Dentro y fuera de Cataluña. Los catalanistas-nacionalistas-independentistas (todos se han ido corriendo hacia donde ahora están) han tenido suficiente habilidad e inteligencia para llevar a cabo este procés con total impunidad, con el consentimiento de esa minoría que ha sido, a su vez, la encargada de aplastar a todos los disidentes que han ido apareciendo entre sus filas. En esta maniobra de embaucamiento, dominación y colaboración ha caído tanto la derecha como la izquierda, mostrando por igual una ceguera responsable y un entreguismo suicida. Todos. Desde Suárez a Rajoy, pasando por Felipe González, Aznar y Zapatero, no han sabido nunca dónde establecer los límites democráticos, no han tenido ni ideas ni determinación ni valentía para frenar las imposiciones del independentismo. Curiosa, y alarmantemente, este proceso ha corrido paralelo (mezclado y superpuesto) al de la corrupción, ante el que se ha actuado del mismo modo contemporizador y con las mismas consecuencias demoledoras para el Estado y la democracia.

Hablo de límites democráticos, porque eso es esencialmente la democracia, la imposición de límites. Límites sobre lo que se puede decidir y no decidir, hacer y no hacer, decir y no decir, enseñar y no enseñar, propagar y no propagar. Y todo ello se establece a través de leyes y normas. Libertad, democracia y leyes son inseparables. Allí donde se conculcan las leyes, la democracia y la libertad se atropellan.

La democracia no puede permitir la propagación de la mentira, el desprecio a la verdad sobre hechos históricos fundamentales, el insulto, el incumplimiento de las leyes, la destrucción y burla de los símbolos comunes, la exhibición y manifestación pública de sentimientos de odio, la imposición de una lengua, el adoctrinamiento ideológico separatista en la enseñanza, la utilización del dinero y las instituciones públicas para intereses y fines disgregadores, particulares y partidistas, la creación de estructuras paralelas de estado (policía, embajadas, oficinas tributarias...), etc. Todo esto está ocurriendo hoy en Cataluña con el consentimiento de los poderes del Estado y los responsables políticos, algo democráticamente repugnante. Todos los países de nuestro entorno europeo tienen muy claros los límites democráticos y no los confunden ni con la libertad ni con la tolerancia. Resultaría inimaginable que en Francia, por ejemplo, el presidente Hollande recibiera pasivamente pitos e insultos de una masa que gritara “franceses... hijos de puta” mientras sonara la Marsellesa, y que a su lado el presidente del Languedoc sonriera satisfecho y engreído. ¿Qué pasa en nuestro país? ¿Somos más demócratas que Francia, Alemania o Italia por consentir y minimizar estos hechos con argumentos de conveniencia, templando gaitas y poniendo paños calientes?

No se puede llamar a la cobardía cautela, a la claudicación apaciguamiento, a la dejación astucia, moderación a la debilidad. No denunciar la deriva antidemocrática y totalitaria del independentismo, no combatirlo con todos los medios y renunciar a imponer y defender la ley es convertirse en responsable y cómplice activo de la destrucción del Estado y la democracia, causando un daño inmenso a todos los españoles. No se puede banalizar ni el mal ni el daño que han causado y están provocando los actuales responsables políticos con su entreguismo y consentimiento. No se puede ser demócrata y renunciar a defender la democracia, la libertad y la ley. Todo esto no es normalidad ni prudencia política, sino miseria ideológica, psicológica y moral.

Desde hace más de treinta y cinco años, sobre todo cuando Pujol llegó al poder, hemos ido asistiendo a una progresiva degradación del sentido de la democracia (recuerden Banca Catalana) que ha ido penetrando en todos los ámbitos hasta volver a muchos, ciegos e insensibles. El desarme ideológico y psicológico se ha basado en la constante amenaza y chantaje del victimismo, la segregación y la destrucción de los opositores, las trampas lingüísticas, el doble lenguaje, la falsificación de la historia, la intimidación emocional, la manipulación de los sentimientos de pertenencia, la explotación de los miedos y complejos de la clase política, la creación de poderosas redes de corrupción, la compra de los medios de comunicación, etc. Muchos españoles han interiorizado ya la derrota, empezando por los partidos políticos hasta ahora mayoritarios, pero también los otros poderes e instituciones del Estado, incluida la monarquía. ¿Como es posible que el Rey, que es el Jefe del Estado, haya soportado resignadamente los abucheos en el final de la Copa que lleva su nombre, gritos, gestos y pitidos que directamente insultan y ofenden a todos los españoles y también a su persona y la institución que representa? ¿Qué consejeros tiene? ¿No está entre sus poderes y atribuciones constitucionales el no consentir ni soportar semejante humillación y desprecio? ¿No podría haber abandonado el estadio y dar así un ejemplo de dignidad, mostrando que no es una figura meramente decorativa? ¿Habría actuado así un Presidente de la República? Ha sido patética la reacción de Pedro Sánchez llamándole para mostrarle su apoyo... ¿Pero qué patochada y qué cinismo es éste? ¿Que el Rey necesita llamadas de apoyo y consuelo, pobrecito, cuando es incapaz, él, el gobierno y la oposición, de defender e imponer la ley, ignorando el sentimiento de agravio y ofensa de la mayoría de españoles, incluida una mayoría de catalanes? ¿Con qué estúpida arrogancia se puede despreciar este sentimiento de indignación generalizado y justificado? ¿Tan poco importa este sentimiento y sí, en cambio, el no provocar a los independentistas?

Es deplorable la reacción de los políticos y los medios de comunicación, síntoma cegador de la degeneración mental y psicológica a la que han llegado. Libertad de expresión, repiten unos. Gamberrada, falta de respeto y mala educación, cacarean otros. Triste, lamentable, declaran los más duros. Y luego viene ese paripé de la Comisión contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte, a la que le sobra todo el nombre y le falta simplemente determinación, para sacar un melifluo comunicado no se sabe si de condena o de disculpa. Se repite lo del 9N. Y Mas y los independentistas creciéndose y culpando al Gobierno por provocar y amenazar... Hasta se atreven a decir que “el Rey ha estado muy discreto y en su lugar, como le toca”. Le marcan al Rey lo que le toca y no le toca, por si acaso. ¡Eso sí que es tocarle (y tocarnos) los cataplines!

Oigo a los expertos, los prudentes, los irenistas, los arriolas: ¡No es para tanto! Si fuera un suceso aislado, aceptaría la llamada a la contención. Pero este acto forma parte de una cadena de hechos que refuerzan la impunidad y el envalentonamiento con que actúa cada día, y con más descaro, el independentismo. Se trata de un acto masivo de hostilidad, de provocación, de insulto público, orquestado, jaleado y promovido por instituciones públicas y organizaciones subvencionadas. Un acto premeditado de agresión y desprecio, que contribuye a propagar el odio y los enfrentamientos, y que aprovecha una competición transmitida a millones de espectadores. Todo esto califica y amplía el delito. Si abuchear a un futbolista negro es acto racista que conlleva sanciones, ¿qué es un pitido masivo, estruendoso, seguido de insultos y gestos contra los españoles, el Rey y el himno nacional? Y esa gigantesca pancarta con el lema Jota ke irabazi arte (Dale duro hasta vencer), la misma que han usado los terroristas de ETA, ¿qué pasa, que era una llamada a la convivencia pacífica, y por eso no se ha enterado esa rimbombante Comisión, a la que, por cierto, acuden dos altos cargos policiales uniformados y llenos de medallas? ¿Qué pintan ahí y qué defienden? ¡También aparecía otro militar lleno de medallones detrás del Rey en el palco del Barcelona!

A Felipe VI empiezan a llamarle el Rey Prudente. A lo mejor tenemos que recuperar aquello del Rey Pasmado o quizás Abducido. Todavía me queman en la retina esas imágenes donde se le ve al volante riéndose con Mas, su copiloto. ¿Metáfora de España? Claro, que no podemos echarle a él una culpa que es de casi todos, incluidos muchos ciudadanos. Una vez me comentó un ex-jefe de la Casa Real que el propio Juan Carlos ya había asumido que un día u otro Cataluña se independizaría. Es el que dijo aquello de “Tranquil, Jordi, tranquil”. Si ya ha llegado el derrotismo y la interiorización del fracaso de España como Estado democrático a la cúspide de tan alta torre, no es de extrañar el sentimiento de indefensión de gran número de ciudadanos. Yo, ante semejante futuro, me la jugaba con un gesto de valentía. Si me pidiera consejo, yo le daría una hoja de ruta que le llevaría, infaliblemente, o a la de derrota final, o al asentamiento de una de verdadera democracia, no sólo en Cataluña, sino en toda España. Cualquier cosa menos continuar templando gaitas (gallegas) mientras otros soplan pitos.

¿Qué derechos lingüísticos? Hablemos
Jesús Royo Arpón www.lavozlibre.com 5  Junio  2015

Lingüista

La propuesta de “ley de lenguas” de la bilingüista SCC pretende que las cuatro lenguas españolas (castellano, catalán, gallego y vasco) sean oficiales del Estado, por igual. De esa manera se cortocircuitaría el uso de las lenguas como muleta y excusa del separatismo: el mejor defesor de “las otras lenguas españolas” sería el propio Estado español. La propuesta es bienintencionada, sin duda, y plausible, porque no es inédita en el mundo. Algunos estados han resuelto el pleito lingüístico de esa guisa: Bélgica, Canadá. Pero el truco está en que la situación de las “otras lenguas españolas” respecto al castellano es totalmente diferente del francés respecto al inglés en Canadá y del neerlandés respecto al francés en Bélgica. Las “otras lenguas españolas” se parecen más (hablo en general) al occitano o al bretón en Francia, al sardo en Italia o al galés en el Reino Unido. Ni tampoco es lo mismo España, que data como estado unitario desde los visigodos, siglo IV, que Bélgica (1830) o Canadá (1867). Otro tanto si nos comparamos con Suiza, el estado alpino, hijo de su abrupta geografía, que hizo que fuera un país pobre y caro de defender, algo parecido a nuestra Andorra. Supo jugar bien sus cartas en Augsburgo (1648) y finalmente en Viena (1830). Lingüísticamente, la política suiza ha sido “unionista”: el suizoalemán podía haber sido perfectamente una lengua diferente, como el holandés, pero prefirieron adoptar el alemán oficial, dejando el “suizo” como habla local, y practicando la diglosia como “mejor estrategia”. Lo mismo en la suiza italiana: la lengua era el lombardo. La adopción del toscano fue paralela a su adopción por el Rissorgimento italiano del siglo XIX. La teórica oficialidad de la lengua autóctona, el romanche, oficial en toda la Confederación, no impide que, incluso en el “territorio romanche” no haya ninguna escuela que lo tenga como lengua vehicular.

Sinceramente, ponernos en el nivel de esos estados sería un despropósito, un error de buenistas acomplejados. Es lo típico de matar moscas a cañonazos: creas más problemas que los que resuelves. En España, como en Francia, Alemania, el Reino Unido, Rusia o la propia Italia,ya tenemos una lengua común a todo el estado, y esa unidad es preferible a la multiplicidad de Canadá, Bélgica o Suiza. Los estados plurilingües tienden a cierta unidad, aunque sea a nivel diglósico, y en España ya la tenemos establecida. Considerar eso como un defecto es sencillamente de locos. Considerarlo como un abuso de derecho o una ofensa a las minorías es una solemne tontería.

El error está en aplicar el concepto de derecho a las lenguas, como si fueran personas, sujetos de derecho. Las lenguas no son “iguales” como lo somos las personas. Las lenguas son cosas, artefactos como el tenedor, el coche de caballos o el sistema decimal. Herramientas. Y las herramientas se miden por su utilidad: si un cuchillo no corta, la gente tiende a deshacerse de él. Si consideramos la lengua como algo esencial de la persona, casi equivalente a la persona misma, es por error, atribuible al proceso de aprendizaje de la lengua materna, en la primera infancia, antes de los primeros recuerdos: la lengua que hemos mamado. Todo lo que somos lo recordamos en una sola lengua, la nuestra, la materna.

Pero eso no transfiere a las lenguas la cualidad de sujeto jurídico. Hasta el siglo XIX, cuando Cataluña era popularmente monolingüe, el derecho a la lengua se entendía como “derecho a la lengua culta”, sea el latín o el español, la lengua en que se hacían negocios y se vehiculaban los conocimientos. Y la discusión era si el acceso al español debía hacerse desde el catalán (Pau Ballot) o directamente en castellano, al estilo de la inmersión actual. En Italia, aunque aprecian y cultivan los “dialetti” –que son verdaderas lenguas-, a nadie se le ocurre que el habla particular sea vehicular en la escuela, y menos en la universidad. Viven y aceptan la diglosia como una ventaja. Aquí hemos pasado por Herder, que nos vendió que la lengua es el alma del pueblo –aunque Herder solo consideraba lengua al “alemán de Lutero”, no a los variadísimos “dialectos” alemanes. Y eso nos ha traído hasta aquí. La Constitución no reconoce derechos lingüísticos. La Constitución solo habla de lengua oficial: del estado en su conjunto, el castellano, y de las “otras lenguas españolas”, cooficiales en su territorio. La oficialidad de las “lenguas propias” está referida al territorio, mientras la oficialidad del castellano no. El rey solo debería hablar en catalán cuando está en Cataluña, no cuando actúa de jefe del Estado. Otra cosa es que felicite la navidad en las cuatro lenguas. Eso es así, y creo que es sabio y equilibrado, y por supuesto, tan justo como cualquier otra fórmula. Seguiremos.

En los túneles de Hamás
Elías Cohen Libertad Digital 5  Junio  2015

Cuando este verano el ejército de Israel inició la fase terrestre de la operación Margen Protector, uno de los objetivos principales de la misión era acabar con los denominados "túneles del terror". En un principio, apenas habíamos visto en los medios imágenes de los túneles, y nos explicaron vagamente para qué servían. Pero lo que posteriormente se supo de ellos fue tremendo.

En primer lugar (hola, Unicef y ONG que velan por los derechos del niño), Hamás empleó menores en su construcción; al menos 160 fallecieron, según el Instituto para Estudios Palestinos (luego, cuando Netanyahu aludió a esa cifra, el Instituto se retractó y dijo que era el número total de muertes registradas). De acuerdo con el Ejército israelí, el coste de cada túnel podía llegar a los 3 millones de dólares. La mayoría de la financiación venía de Qatar, como informa Paul Alster. Además, Hamás se sirvió de material enviado a la Franja por Israel y de material de la UNRWA.

Se calcula que Hamás había construido una red de más de 30 túneles interconectados a lo largo de la frontera entre Gaza e Israel para llevar a cabo ataques simultáneos contra poblaciones y bases militares isrelíes cercanas a la Franja, así como para secuestrar israelíes, con el objetivo de reeditar un intercambio como el de Guilad Shalit. En lo de atacar militares tuvieron éxito. Los objetivos de Hamás fueron publicados por el Washington Post:

La guerra de túneles es una de las tácticas militares más importantes y peligrosas para enfrentarse al Ejército israelí (…) [Se trata de] sorprender al enemigo y atacar con un golpe mortal que no permita una oportunidad para la supervivencia o la escapada.

Hamás lleva utilizando túneles en la Franja al menos desde 2006. De hecho, se sirvió de uno de ellos en el secuestro de Guilad Shalit, cerca del paso fronterizo de Keren Shalom. Hay túneles excavados en la frontera con Israel y túneles excavados en la frontera con Egipto. Después de que Al Sisi derrocara a Morsi y tomara el poder en El Cairo, el Ejército egipcio bombardeó más de 1.600 túneles y demolió más de 1.500 casas. En 2009 Mubarak había levantado un muro de acero en la frontera.

Hace dos semanas tuve la oportunidad de entrar en uno de los túneles de Hamás, el descubierto antes de la operación Margen Protector y que pretendía llegar a las cercanías del kibutz de Ein Hashlosha. La humedad y la estrechez no impedían percatarse de la sofisticación con que estaba construido: excavado a unos 20 metros de la superficie, se extendía a lo largo de casi 6 kilómetros; un largo pasillo con arcos de cemento, sostenidos a su vez por larguísimas vías de acero. Solo anduve unos metros en dirección a Gaza, ya que los militares que lo custodian no me permitieron avanzar mucho más, y además no es muy agradable para los que tenemos un punto de claustrofobia. La entrada desde Gaza está en el hogar de un vecino de Jan Yunis, que fue forzado a ello por las Brigadas al Qasam, el brazo armado de Hamás.

Ya no es que en su construcción se utilizara hormigón destinado a la construcción de viviendas civiles: es que se construyeron bajo viviendas civiles, sobre todo en las densamente pobladas Jan Yunis y en Shijaiyah; también bajo edificios que, en principio, están protegidos bajo la ley internacional relativa a los conflictos armados, como el hospital Al Wafa.

Intenté que los militares me dieran alguna novedad sobre si se están descubriendo o construyendo más túneles, pero no me dijeron nada que no se supiera: Hamás ha pisado el acelerador en la reconstrucción de los túneles destruidos en la frontera con Israel; reconstrucción a la que, de acuerdo con el Sunday Telegraph, Irán ha aportado "decenas de millones de dólares". Si vuelven a utilizar los túneles, estaremos ante otra escalada de violencia que llevará inexorablemente a otra operación militar israelí.

Los túneles son un formidable desafío para un Estado de Derecho como Israel, que combate en una guerra de tercera generación (Estado vs. actor no estatal), donde el enemigo no se sujeta a ninguna ley de conflictos armados, se parapeta entre la población civil y prima los objetivos civiles sobre los militares.

Los túneles son también el baremo perfecto para medir la voluntad de Hamás de convivir con Israel. Hamás utiliza sus recursos para construir túneles y desarrollar una estructura de lanzamiento de cohetes desde zonas densamente pobladas con el objetivo de provocar una respuesta de un ejército superior que produzca cuantiosos daños materiales y víctimas civiles entre los suyos.

Ante mi pregunta de qué solución hay al problema de los túneles, no encontré respuesta alguna. Hamás está empeñada en seguir la guerra contra Israel. En la Segunda Intifada eran hombres bomba; después, cohetes y proyectiles indiscriminados sobre ciudades; ahora, túneles para infiltrarse en territorio israelí. Los túneles son la negación de la resolución del conflicto.

© Revista El Medio

Campaña de SCC para denunciar el adoctrinamiento nacionalista en las escuelas
Redacción Cronica Global  5  Junio  2015

La entidad europeísta considera que el "el afán del nacionalismo catalán por controlar las instituciones de enseñanza" atenta contra lo debe ser una "escuela democrática y respetuosa" con la pluralidad ideológica. Ofrecen una lista de "malas prácticas" para que los afectados pueden denunciar los casos de adoctrinamiento.

La entidad Sociedad Civil Catalana ha puesto en marcha una campaña para denunciar el "adoctriniamiento nacionalista" que, a su juicio, existe en las aulas catalanas desde que se inició el llamado "proceso secesionista" promovido por el Gobierno de la Generalidad.

La entidad europeísta considera que el "el afán del nacionalismo catalán por controlar las instituciones de enseñanza" atenta contra lo debe ser una "escuela democrática y respetuosa" con la pluralidad ideológica de los alumnos y ciudadanos de Cataluña.

"La Cataluña del proceso secesionista trata de convertir la escuela catalana en un instrumento más para adoctrinar a los alumnos con lecciones de tendenciosidad política, incompatibles con una escuela democrática y respetuosa de nuestra pluralidad", reza el comunicado que ha enviado la entidad.

Trabajar para una enseñanza "en positivo"
Sociedad Civil Catalana se muestra "partidaria de erradicar esas malas prácticas pedagógicas y aboga por unos centros educativos neutrales políticamente" y, añade que, "para lograrlo" es imprescindible "conocer lo que está pasando".

La entidad, recientemente galardonada por el Parlamento Europeo por su labor de integración y convivencia, pide trabajar por "una enseñanza en positivo, que respete la pluralidad, la diversidad y que fomente el espíritu crítico entre los alumnos". Es por ello que declaran que es "imprescindible" la colaboración de la ciudadanía para conseguirlo, y aportan una cuenta de correo (escuelaneutral@societatcivilcatalana.cat) para poder hacer llegar de forma documentada las malas prácticas en los centros educativos.

Erradicar las malas prácticas
La entidad ya denunció en una campaña anterior la utilización de símbolos partidistas y excluyentes, como la bandera estelada de los edificios públicos, al considerar que vulneraba el principio de neutralidad que debe regir las instituciones públicos financiadas con los impuestos de todos los ciudadanos.

En esta nueva campaña quieren "obtener pruebas de lo que acontece en algunos centros educativos de Cataluña" y ofrecen una serie de ejemplos de malas prácticas para que los afectados puedan denunciarlo. Entre estas, se encuentra:

Presencia en los centros de símbolos partidistas y de emblemas políticos como esteladas, pancartas y carteles de asociaciones como Som Escola.
Proyectos educativos que atenten contra el respeto a los derechos lingüísticos de los alumnos (proyectos lingüísticos, horarios, prohibición de utilización de alguna de las lenguas oficiales, rotulación monolingüe de los centros….).

Ejemplos de libros de texto que manipulen la realidad histórica o política.
Celebración de actividades extraescolares (fiestas, teatros, canciones…) con contenidos contrarios a lo español o exaltación de la ideología independentista

Por qué es inevitable que la economía española se vuelva a hundir
El problema de la economía no era de pérdida de competitividad, como nos han querido hacer creer, ni tampoco de deuda pública, sino de deuda externa
El Confidencial 5 Junio 2015

La recuperación está basada solo en la colocación de deuda a inversores especulativos extranjeros

En esta columna ya he denunciado en multitud de ocasiones la debilidad extrema en que se basa la recuperación económica española, y cómo el discurso del Gobierno de que se han hecho dolorosos ajustes y que esta es la recompensa es radicalmente falso. Todo parte de una incorrecta interpretación de las causas de la crisis, que persiste a pesar de los años transcurridos. Continúa el discurso de que lo vivido entre desde 1995 hasta 2007 es lo normal y que solo circunstancias ajenas a nosotros nos han impedido volver a esa normalidad, cuando la realidad es que durante esos doce años vivimos de prestado y para ello hipotecamos nuestro futuro. Todo impulsado por un entramado de bancos, políticos y empresas de la construcción que se estaban lucrando hasta extremos impensables con la burbuja inmobiliaria. Y cuando se ha vivido de prestado y a uno le dejan de prestar, lo que queda es mucho peor que lo de antes, porque encima hay que pagar la deuda. A no ser que se declare la quiebra, pero eso será tema para otra columna.

No ha habido tampoco una pérdida de competitividad sustancial, ya que las exportaciones antes de la crisis se comportaron muy bien, aumentando siempre más o menos al ritmo de las alemanas, y mucho mejor que las francesas o italianas. Por lo tanto, el problema no era de pérdida de competitividad, como nos han querido hacer creer, ni tampoco de deuda pública, sino de deuda externa. De hecho, este era el único parámetro de las finanzas de la economía española que se había ido totalmente de madre cuando se hundió primero la actividad económica en 2008.

¿Y qué es lo que estamos viendo ahora? Pues exactamente la misma tendencia. Como destaca el Mº de Economía en una reciente publicación, la deuda exterior del país se incrementó en nada menos que 85.500 millones en 2014, después de que en 2013 lo hiciera en 50.600 millones. En 2012, 2011 y 2010 asistimos a una reducción de la deuda, solo ligera, en porcentaje del PIB. En estos momentos la deuda externa ha superado en porcentaje del PIB el récord de Zapatero, llegando a 31 de diciembre al 106,3% del PIB. Este es el parámetro crítico, ya que no pasaría nada si se aumentara la deuda externa pero mucho más el PIB, ya que significaría que el dinero que se pide prestado se gasta correctamente. Pero cuando sucede lo contrario, que es lo que vimos durante la burbuja y lo que vemos ahora, es que el dinero que se pide se gasta o invierte de forma no productiva. En 2014 hemos aumentado en 9.300 millones el PIB, es decir, que para cada euro de PIB adicional generado hemos tenido que endeudarnos con el exterior en nueve. Este es el camino seguro al desastre.

Podría pensarse, como hacen algunos, que se está invirtiendo mucho pero que estas inversiones aún no están teniendo el retorno esperado. Sin embargo, hay dos datos que desmienten esta pretensión. El primero es la evolución de las exportaciones, que según publicó hace poco Eurostat nos sitúa, en cuanto a su crecimiento, en el furgón de cola en el primer trimestre del año y muy por detrás de Alemania, Francia e Italia.

El segundo es que, si así fuera, deberíamos ver un enorme incremento en la inversión en equipo, y no es así, como se puede observar en el gráfico. Se ha producido un cierto aumento, pero sumamente modesto. Es decir, solo una pequeñísima proporción de esa deuda externa está yendo a inversiones productivas.

Y, yendo a lo concreto, ¿de dónde está saliendo ese dinero? La respuesta nos la da el Tesoro Público, que en su última estadística de abril sitúa la deuda del Tesoro en manos de extranjeros en récords históricos tanto en valores absolutos como en porcentaje. El incremento en los últimos doce meses ha sido de 109.589 millones. El año 2014 cerró con un aumento de 64.356 millones, lo que da cuenta del grueso del incremento de la deuda externa. El aumento de la velocidad en la colocación de deuda a extranjeros (en la que a todas luces no deben estar incluidas las compras del BCE, ya que quedan en el balance del Banco de España), nos está indicando también una incremento en la velocidad del endeudamiento exterior global y explica la mejora de la demanda interna en la primera parte del año. 

Pero, como cualquiera puede entender, la situación es insostenible no ya a largo, sino a medio plazo. Estos últimos días ya hemos tenido un primer susto cuando el bono español a 10 años ha superado el 2,2%. Aún es poco, pero todos los grandes finales tienen pequeños comienzos. En el momento en que los inversores extranjeros, dinero caliente a más no poder, dejen de comprar deuda española y se empiecen a salir de esta, la “recuperación” de la economía se disolverá como un azucarillo y nos encontraremos a los políticos echándole la culpa a cualquiera menos a quienes la tienen de verdad: ellos mismos.


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El extraño caso de la izquierda española
Emilio Campmany Libertad Digital 5  Junio  2015

Es posible que España no sea tan diferente como a veces se dice, pero nuestra izquierda sí que lo es. La primera cosa rara que tiene es su disposición a aliarse con los nacionalistas. Se supone que la izquierda ha de ser internacionalista, convencida de que la nación es una superestructura inventada por la burguesía para engañar al proletariado y que éste defienda intereses supuestamente nacionales que en realidad no son más que intereses de clase. Puede entenderse que la izquierda esté inclinada a unirse a partidos nacionalistas de extrema izquierda, aunque la mera existencia de éstos es de por sí algo muy raro. Pero lo que no hay forma de comprender es su abierta inclinación a coligarse con partidos de derecha nacionalista, que, aparte de su nacionalismo, suelen ser más rancios y reaccionarios que sus homólogos de ámbito nacional.

Tampoco se entiende su constante negación de legitimidad democrática a la derecha para gobernar. Lo estamos viendo estos días en los que Pedro Sánchez ha puesto al PP a la misma altura que Bildu y se ha propuesto desalojarlo por encima de cualquier otra consideración. Para lograrlo está dispuesto a aliarse con Podemos, un partido cuyo fin último precisamente es fagocitar al PSOE. Y al parecer, según las encuestas, se trata de una alianza que está bien vista por la mayoría de sus electores. Lo justifica alegando los muchos recortes que ha hecho el Gobierno del PP, cuando lo único realmente radical de lo que es responsable Rajoy es de haber subido los impuestos hasta un punto al que el PSOE jamás hubiera llegado. Se empeña además en ignorar que los electores han dado la espalda al PP no por hacer política de derechas, sino por hacerla de izquierdas.

Hablan de la derecha española como de una desgracia para nuestro país, unas veces por su franquismo latente, otras por su ultraliberalismo rampante y algunas por su clericalismo sumiso. Muy franquista no puede ser un PP que tolera sin apenas protestas que se pite impunemente el himno nacional. Tampoco parece una política muy liberal subir los impuestos del modo que lo ha hecho el PP. Mucho menos clerical puede ser un Gobierno que permite que el aborto y el matrimonio homosexual sigan regulados tal y como los dejó Zapatero. No sólo, sino que el PP es el que con más vehemencia defiende una Constitución que no sólo ampara sino que abiertamente promueve para nuestro país una estructura económica muy socializada. En España además no hay ningún partido con representación que, como los hay en Europa, sea contrario a la inmigración, tenga rasgos xenófobos, se muestre euroescéptico o quiera prohibir la construcción de mezquitas.
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Así que, ciñéndose sobre nuestras cabezas la posibilidad de que unos comunistas próximos a Bildu se hagan con el Gobierno de la nación, para los socialistas el peligro es que siga gobernando esta derecha cuyo mayor pecado es su tibieza a la hora de ser derecha. ¿En qué otro sitio pasa una cosa así?

Podemos huele a odio
 www.gaceta.es 5  Junio  2015

Con frecuencia ocurre en la Historia que los movimientos de odio adoptan el disfraz de justiciero. Cuando además concurren circunstancias de injusticia objetiva, entonces el odio crece al calor de la confusión.

Dice Pablo Iglesias que quienes le critican por pactar con Bildu son unos sinvergüenzas. Incluye, por supuesto, a las víctimas de ETA en su reproche. Dice Monedero que la “dirigencia” del PP y la del PSOE son iguales, pero los militantes, no, los militantes del PSOE son mucho mejores que los del PP. Buenos y malos según su ideología, vaya, Dice Ada Colau que su grupo desobedecerá aquellas leyes que considere injustas. Pero si esta mujer llega a la alcaldía, ¿aceptaría que alguien desobedeciera su autoridad por considerarla “injusta”?

La de Ada Colau, Monedero y Pablo Iglesias es la típica actitud del nihilista envuelto en complejo de superioridad moral. El complejo se manifiesta en esa petulancia con la que se reserva el derecho de decidir qué es justo y qué no, quién es bueno y quién no; el nihilismo, en su afán puramente destructivo. Debajo de Podemos y sus diversas marcas hay, en efecto, un inquietante aliento nihilista. Eso explica que los mismos personajes voten sí a la independencia de Cataluña y compadreen con los filoetarras pero, al mismo tiempo, digan que no son separatistas ni filoterroristas. Lo que podría parecer una contradicción se resuelve si lo enfocamos desde la perspectiva del nihilista: su finalidad, lo que de verdad les importa, es simplemente la ruptura, la destrucción. Es el mismo motor que animaba hace un tiempo a un concejal de Carmena, Jorge García Castaño, a decir que “ha llegado la hora de empalar a Toni Cantó”. El mismo que empuja a toda esta gente a aplaudir la profanación de capillas o a justificar la agresión a los símbolos nacionales.

Podríamos multiplicar los efectos, pero no es necesario porque son bien conocidos. Detrás de todos esos comportamientos no hay un proyecto de construcción, sino un designio de destrucción. En buena medida son el legado del zapaterismo, alimentado por muchos años de guerra ideológica en la escuela y en los medios y, al mismo tiempo, por el vacío de principios del “desorden establecido”. El vacío moral genera desamparo y agresividad, que se convierte rápidamente en odio, en rencor; una cobertura ideológica apropiada puede hacer que el odio se travista de justa indignación. Con frecuencia ocurre en la Historia que los movimientos de odio adoptan el disfraz de justiciero. Cuando además concurren circunstancias de injusticia objetiva, entonces el odio crece al calor de la confusión. En buena medida, eso es lo que está pasando hoy en España. Eso es Podemos.

SUBLIME Y VIL
Un mundo gobernado por Podemos o el apocalipsis del charme
Beatriz Rojo www.gaceta.es 5  Junio  2015

España. Año 2017. Pablo Iglesias es Presidente del Gobierno, Carrillo ha sido nombrado hijo predilecto de la ciudad de Gijón e ir a misa se considera reunión clandestina.

El himno de España se sustituye por la sintonía de la Marcha Imperial y en Cataluña en lugar de Els Segadors se entona el run run de Ada Colau.

Eva Hache es la nueva directora de Informativos de TVE. En Telecinco el Wyoming conduce Sálvame y Beatriz Montañez es la renovada princesa del pueblo.

En las checas se hace contrabando con números antiguos del ¡Hola! y en la portada de Vogue una Femen destetada y ensangrentada, nueva ministra de Igualdad, explica el proyecto de ley que obligará a todas las mujeres a amamantar a los retoños de las camaradas deluxe.

En los colegios Juego de tronos ha reemplazado a las clases de religión que, junto con Educación para la ciudadanía, es la herramienta para adoctrinar a los jóvenes que perpetuarán el “cambio”. Los hijos del régimen se educan en Harvard. El ambiente está cargado de tragedia y apocalipsis.

Esto no tendría mayor importancia si estuviera envuelto del halo de sofisticación peronista de Evita, pero ¡cómo pedirle a Tania Sánchez, primera dama del Soviet, que se enfunde en un Balenciaga vintage!

Para ser it girl hay que haber profanado varias capillas y ya no sólo se está obligado a compartir vivienda entre 3 o 4 familias si no que los secadores y las planchas GHD han pasado a ser comunitarias. La calle es un camino minado en el que en cualquier esquina puede encontrarse a un inspector capilar que denuncie a toda mujer que ose llevar menos de 4 centímetros de raíz de las mechas. El uniforme que la saca a una de cualquier sospecha de traición es una melena larga, negra, lacia y brillante, como si de una peluca con raya al medio se tratara.

El domingo es declarado día oficial del torticampismo y en el chalet de arriba del Club de campo antiguas princesas del Viso que en su día votaron a Podemos aran la tierra para mantener el huerto urbano creado por Carmena.

Se instituyen juicios populares en los que cualquiera puede ser acusado de haber pirateado en streaming canales como Fox, Divinity o Cosmopolitan, terminantemente prohibidos por la censura. Como los bolsos Vuitton, las camisas Polo Ralph Lauren, los náuticos, los colegios privados, los trajes de chaqueta y las corbatas. Las acciones de Kukutxumusu suben como la espuma.

El reality de moda ya no se sitúa en una isla del Caribe si no que se trata de ver cómo sobreviven Tamara Falcó y Carmen Lomana en un fingido 15M en la Puerta del Sol. Una de las cosas que más molesta a las jerifaltes podemitas -y qué podio difícil, porque todo les molesta- son las estilosas. Los puestos del Rastro se trasladan a la calle Serrano. Comillas, Pollensa, Marbella y Sotogrande se convierten en gulags y los herederos de Stalin asientan sus residencias oficiales en La Finca.

Mientras, en el exilio en París, Villar Mir emula a los rusos blancos y brinda con champagne a la par que llora el destino de sus compatriotas y Esperanza Aguirre, reconvertida en princesa de Park Avenue, adormece el devenir de España a base de Lexatines.

Aragón denuncia a la Generalitat por desobediencia y apropiación indebida
r. pérez/d. morán / zaragoza/barcelona ABC Cataluña 5  Junio  2015

Exige también al Estado que envíe a las fuerzas de seguridad al Museo de Lérida para incautar los «bienes de la Franja»
Aragón denuncia a la Generalitat por desobediencia y apropiación indebida

Los ayuntamientos oscenses de Peralta de Alcofea y Berbegal van a denunciar ante la Fiscalía al consejero de Cultura de la Generalitat, Ferrán Mascarell, por los presuntos delitos de desobediencia a la autoridad judicial y de apropiación indebida.

Así lo ha avanzado el abogado Jorge Español, que lleva años defendiendo los intereses de esas localidades oscenses en el litigio de las obras aragonesas de arte sacro retenidas en el Museo de Lérida, gestionado entre la Generalitat, el Obispado ilerdense, el Ayuntamiento de Lérida y la Diputación de esa provincia. El litigio afecta a más de cien piezas: el grueso, 110, son los conocidos como «bienes de la Franja», a los que se añaden el frontal del altar de la iglesia de Berbegal y la tabla de San pedro y la Crucifixión, de Peralta de Alcofea.

Según ha explicado a ABC Jorge Español, la denuncia ante la Fiscalía se sustenta en el comunicado hecho público este jueves por la Consejería catalana de Cultura. Una nota de prensa que, a juicio de este abogado, es «una declaración expresa de desobediencia» al indicar la «voluntad» de la Generalitat a no devolver las obras de arte a sus legítimos propietarios, las parroquias aragonesas de la Diócesis de Barbastro-Monzón.

En su comunicado, la Generalitat se escuda en que las sentencias dictadas por el Tribunal Supremo (TS) no ordenan la devolución de esas obras de arte. Al respecto, Jorge Español ha explicado que no lo hace porque no era esa la cuestión juzgada, entre otras cosas porque «esa cuestión nuclear, la devolución de las piezas a sus legítimos propietarios, ya quedó juzgada y sentenciada en firme en el año 2005, sentencia que la parte catalana no ha cumplido escudándose en que eran bienes que estaban catalogados como parte del Patrimonio Cultural Catalán». «Y es justo esta excusa la que ahora se juzgaba y queda tumbada por estas sentencias del Supremo, por lo que a partir de este momento todo lo que no sea devolver las piezas, cumplir con lo sentenciado en firme en 2005, entra en el terreno de la presunta apropiación indebida y la desobediencia».

El caso de los Papeles de Salamanca
Una actitud por parte de la Generalitat que contrasta con la vehemencia con la que el responsable catalán de Cultura ha exigido en repetidas ocasiones y amparándose precisamente en el cumplimiento de la ley el retorno de los Papeles de Salamanca.

De hecho, en un conflicto que dura ya más de dos décadas, cada pequeño gesto cuenta, por lo que los sucesivos responsables de Cultura de la Generalitat siempre han querido marcar terreno a cuenta del arte de la Franja. Así, mientras que el consejero del tripartito, Joan Manuel Tresserras, llegó a asegurar las que las resoluciones del Vaticano no le obligaban a nada, en referencia, el actual responsable del departamento, Ferran Mascarell, fijó su postura en 2013 al asegurar que «el tema de la propiedad no es discutible» y apuntar que el retorno del arte a Aragón «no forma parte de lo posible».

En su comunicado emitido este jueves, un día después de conocerse las sentencias del TS, la Consejería catalana de Cultura indica textualmente que «reafirma su voluntad de protección de estos bienes como parte del Patrimonio Cultural de Cataluña», reitera su «absoluta convicción respecto a la permanencia de las obras en su ubicación actual» e, ignorando lo sentenciado por el Supremo, sigue dando por bueno que esas obras de arte siguen siendo «bienes catalogados del Patrimonio Cultural de Cataluña».
El director del Museo se une a Mascarell

En la misma línea se ha manifestado el director del Museo de Lérida, Josep Giralt, quien ha subrayado que la sentencia no supondrá ningún movimiento de las obras ya que, ha dicho, la resolución sólo constata que las piezas pueden estar catalogadas también por Aragón.

La realidad, como ha recordado el letrado Jorge Español, es que esto no puede ser jurídicamente así, ya que un bien no puede estar catalogado a la vez como propio de dos patrimonios distintos, menos aún cuando quien no es propietario pretende esgrimirlo como excusa para impedir que ese bien le sea devuelto a su legítimo dueño.

Ante esta posición oficial hecha pública por la Consejería catalana de Cultura, el abogado Jorge Español ha anunciado que no solo se va a denunciar a Ferrán Mascarell ante la Fiscalía, sino que se va a exigir al Estado que intervenga, enviando a las fuerzas de seguridad para proceder «al secuestro de estos bienes y a su entrega a los propietarios aragoneses». El letrado subraya que la legislación mandata al Ministerio de Cultura a actuar de esta forma en los casos de «presunto hurto, apropiación indebida o expoliación de un bien cultural español, expoliación que se produce cuando se niega la devolución a su legítimo propietario, y más cuando quien no las devuelve ha sido vencido en sentencia firme».


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