AGLI Recortes de Prensa   Lunes 15   Junio 2015

¿Cuándo va a enterarse el FMI de algo?
Algo muy grave ocurre en la estructura interna del Fondo Monetario Internacional. Es incapaz de adelantarse a los acontecimientos económicos y no se molesta en analizar las causas de nada
Roberto Centeno El Confidencial  15  Junio  2015

Cuando un organismo internacional ha tenido como presidentes a personajes de la catadura moral e intelectual de Rato y Strauss-Kahn, es obvio que algo muy muy grave ocurre en su estructura interna. No es de extrañar que no dé una a derechas en sus previsiones macro, que sea incapaz de adelantarse a los acontecimientos como la crisis financiera de 2008, que simplemente ni la olió, lo que no les impide seguir pontificando sobre lo que hay o no hay que hacer para salir de una crisis sobre la que han demostrado desconocerlo todo. Cuando hace recomendaciones a países, a España en concreto, no tienen ni la menor idea de nuestros verdaderos problemas, algo inaceptable en un organismo internacional con legiones de economistas y analistas, y les importa una higa el drama social y el sufrimiento inimaginable que sus medidas suponen.

Para empezar, esta banda de ineptos e irresponsables de lujo, los Ratos y los Strauss-Kahn actuales, se deshace en elogios sobre el crecimiento de España, algo que de inmediato Rajoy y su banda se han apresurado a difundir y a magnificar. Unos elogios que ignoran de plano la realidad global de la economía española para fijarse en un solo aspecto, que además está mal medido porque hace abstracción del efecto de la caída de precios sobre la creación de riqueza real, algo que no es de recibo en una institución como el FMI. Pero sobre todo supone un diagnóstico totalmente erróneo sobre hacia dónde se dirige la nación española, que no es hacia la recuperación, sino hacia la quiebra.

Porque cuando un país, por cada euro de riqueza creada, necesita endeudarse en siete (considerando solo la parte de deuda según el Protocolo de Déficit Excesivo), o en dieciocho considerando la deuda total (pasivos en circulación), es evidente que ese país va directo al abismo. Si a eso se le suma que los intereses pagados en las nuevas emisiones de deuda se han doblado, e irán a más conforme pasen los meses por el doble efecto de la creciente aversión al riesgo en los mercados de bonos y la subida de tipos en EEUU, y que los resultados electorales han llevado al frenazo brusco de la inversión, el panorama descrito por el FMI es justo el opuesto a la realidad.

El FMI ignora el despilfarro y pide más impuestos
Pero donde el análisis del FMI adquiere el carácter de esperpento es en sus recomendaciones para “consolidar la recuperación”. Más impuestos, menos prestaciones por desempleo, copago en sanidad y educación, menores pensiones y mayor facilidad para despedir a la gente. Uno se queda mudo de asombro ante tanta ignorancia y tanto desprecio por el sufrimiento de los españoles. El FMI, como Rajoy y su banda, carecen de piedad.

¿Cómo es que una institución con unos medios de análisis que están entre los mejores del mundo puede pasar por alto que el gasto político improductivo y la corrupción suponen un despilfarro equivalente al 10% del PIB anualmente? ¿Cómo pueden ignorar que las duplicidades entre AAPP suponen un gasto inútil de 34.000 millones de euros anuales? ¿Cómo pueden ignorar que hay 3.500 empresas públicas perfectamente inútiles creadas exclusivamente para enchufar a más de 400.000 parientes amigos y correligionarios sin tener que dar cuentas a nadie, y para ocultar deuda? Y este gigantesco disparate, que supone un derroche inútil 7 veces mayor que los recortes sociales que proponen, ni siquiera lo mencionan.

¿Cómo puede el FMI desconocer que la falta de competencia en los bienes y servicios comprados por las AAPP lleva a pagar 48.000 millones de euros anuales de más a los oligarcas del Ibex? ¿Cómo osan pedir nuevos recortes de salarios para así mejorar la competitividad, mientras que ni siquiera mencionan que, como consecuencia del abuso de posición dominante por las empresas monopolistas que controlan los sectores esenciales de la economía, tenemos los costos energéticos, financieros o de telecomunicaciones más elevados de Europa, que juntos y sumados tienen un mayor efector sobre la competitividad que los costes laborales?

¿Cómo tienen la desvergüenza y el cinismo de pedir más subidas de impuestos cuando España es el país con mayores cargas fiscales sobre las familias y sobre las pymes de toda la OCDE? ¿O qué decir de su canallesca petición de reducir las prestaciones por desempleo o las pensiones, lo que llevaría no ya a la miseria, sino al hambre a millones, mientras ni mencionan los 20.000 asesores que no asesoran con sueldos de lujo, ni que España tenga más coches oficiales que los EEUU, o los dos millones de empleados públicos inútiles nombrados a dedo con salarios medios que doblan los del sector privado?

Pero ¿a qué se dedican las misiones del FMI que vienen a España?, ¿con quién hablan? ¿Cómo se informan? ¿Con un BdE al servicio más abyecto de un gobierno de ineptos y corruptos, que dice exactamente lo mismo que ellos, con el agravante que ellos están en España y conocen perfectamente qué hay que hacer y de dónde hay que recortar, y en consecuencia mienten conscientemente? ¿Con el equipo económico de Moncloa, para quien el paro en España es consecuencia de que las prestaciones por desempleo son demasiado altas, y en consecuencia la gente prefiere cobrar el paro en lugar de trabajar?

¿O acaso del ministro de Economía, Luis de Guindos, el hombre de Lehman Brothers en España que arruinó a miles de inversores vendiéndoles basura estructurada y empaquetada como si fuera oro molido, que ha endeudado salvajemente a varias generaciones de españoles para devolver hasta el último euro a las cajas alemanas que con absoluta insensatez se los prestaron a los políticos corruptos que dirigían las cajas españolas, algo que no ha sucedido en ningún lugar del planeta donde los acreedores han experimentado sin excepción pérdidas a juego con su insensatez?

No se han molestado en comprobar nada, no se han molestado en analizar las causas de nada. Han ignorado el insultante proceso de concentración de riqueza, las sangrantes diferencias en la distribución de la renta, la peor de toda Europa. Han hecho caso omiso de la destrucción de la clase media, un tercio de la cual ha sido aniquilada desde que comenzó la crisis; se han limitado a las recetas neoclásicas que ni funcionaron el pasado ni van a funcionar ahora, y si ello supone hambre y miseria a ellos les trae completamente sin cuidado, todas sus políticas no llevan a la salida de la crisis, sino a una mayor concentración aún de la renta y la riqueza en manos de las élites financieras y monopolistas.

De la gigantesca burbuja de deuda ni siquiera hablan. De preguntarse que esa deuda haya crecido en 590.000 millones de euros en tres años –o el 56% del PIB–, la mayor de la historia de España y de Europa, ya ni siquiera se asombran ni se escandalizan, y ni siquiera se molestan en analizar dónde narices ha ido esa gigantesca suma de dinero. Que seguir hinchándola con el QE del BCE que se está despilfarrando sin control alguno es el camino seguro al desastre ni lo mencionan, porque lo importante es recortar en sanidad y en educación, no el despilfarro en gasto político y en rescatar a los oligarcas del Ibex, el único índice bursátil del mundo donde todas las empresas menos una (Inditex) dependen en sus resultados del BOE, no de su competitividad ni de su gestión empresarial.

Todas las recomendaciones del FMI, toda su política, ha ido dirigida en un único sentido: conseguir que los culpables de la crisis salgan no solo indemnes, sino mucho más ricos de lo que eran, y que los inocentes hayan pagado por ellos. Una política que coincide punto por punto con la de Zapatero y la de Rajoy. Este ha sido el verdadero efecto útil de las políticas del Fondo. Y lo que es peor, siguen insistiendo sin inmutarse en las mismas políticas que nos han llevado al desastre, haciéndonos pasar de la burbuja inmobiliaria a la burbuja de deuda, a una crisis sistémica en el sector bancario y a un empobrecimiento generalizado de la clase media y de la clase trabajadora. El FMI jamás ha reconocido haberse equivocado de medio a medio ni ha explicado la razón de la sinrazón de tamaños despropósitos. Antes al contrario, han seguido pontificando y dando las mismas recetas fracasadas como si no hubiera pasado nada.

Linde se sube el sueldo y pide moderación salarial
El BdE, que suscribe punto por punto todos los disparates y sinsentidos que propone el FMI, ha perdido el 70% de sus funciones y en consecuencia debería haber reducido su personal y su sueldo en un 70% de acuerdo con sus modestas y reducidas funciones, siendo así que el personal del BdE es el mejor pagado de todo el sector público con diferencia. Pues nada parecido. El gobernador Linde y el subgobernador, en un alarde de desvergüenza y miseria moral sin precedentes, se suben el sueldo un 5,8% (en torno a los 200.000 euros anuales) mientras afirman sin sonrojarse que las “subidas salariales en torno al 0%, son manifiestamente excesivas, porque frenarán las ganancias de competitividad de la economía española en los últimos años”. No solo es su insensibilidad moral la que se pone de manifiesto, sino su ofensivo cinismo equivalente al menosprecio público y a lo público.

Y estos inmorales, siempre al servicio del gobierno de turno y de la élites económicas y financieras, son los “guardianes” de la ortodoxia económica, que al igual que el FMI pasa por mantener íntegro el despilfarro público, mientras exigen subidas del IVA, de los impuestos especiales, de los medioambientales, un camelo para elevar más aún los impuestos indirectos que gravan desproporcionadamente a las rentas más bajas; exigen reducciones de la cobertura del paro, el copago en sanidad y educación, pero no exigen cerrar los miles de empresas públicas inútiles; no exigen acabar con las duplicidades entre AAPP; no exigen recortar los miles de asesores ni los cientos de miles de enchufados ni acabar con los monopolios, y así terminar de raíz con los escandalosos sobreprecios que cargan a los ciudadanos y a las AAPP que también pagamos los ciudadanos.

Al igual que MAFO –quien no solo ignoró el informe de los inspectores sobre el desastre que se avecinaba sobre el descontrol y la irresponsabilidad absolutas en la concesión de créditos, algo que era 100% de su responsabilidad, y mintió sin rubor a los españoles negando la existencia de una burbuja inmobiliaria animándoles a endeudarse porque los pisos nunca podían bajar de precios, y ocultó la crisis durante años permitiendo a bancos y cajas mentir sistemáticamente sobre la realidad de sus balances, algo por lo debería haber sido procesado–, Linde está ocultando la realidad de la deuda, la realidad de que es inasumible, la realidad de que no vamos a la recuperación sino a la quiebra, la realidad de que el sistema pensiones no se sostiene y que deberán ser recortadas drásticamente en cuanto se agote la caja de las mismas. Espero que algún día se audite el proceder de los gestores del BdE y respondan por todo el daño que por acción u omisión están haciendo a la nación española.

Spa constitucional
Luis Ventoso ABC 15  Junio  2015

Relax en el TC: ocho meses para concluir que el referéndum de Mas era ilegal

«Ante todo, mucha calma», proclamaba el lema de Siniestro Total, aquellos agudos anarquistas vigueses. El Tribunal Constitucional se lo aplica. El 29 de septiembre del 2014 la Abogacía del Estado recurrió ante el TC la consulta separatista que Artur Mas iba a celebrar en noviembre. Por fin esta semana, cuando la pantomima ya se ha celebrado y queda lejos, nuestro alto tribunal ha concluido por unanimidad que aquella peligrosa patochada del gran Artur era inconstitucional. Qué ojo clínico el de nuestros doce magistrados: se han percatado de que la consulta muy legal no era, y además, solo les ha llevado ocho meses llegar a una conclusión que se podría haber tomado en una tarde, pues era una evidencia palmaria que Mas estaba pisoteando lo establecido en la Carta Magna.

Lo que hizo Mas era tal vez ridículo, pero para nada anecdótico. Una autoridad del Estado, el presidente de una comunidad autónoma, utilizó los resortes de la misma para intentar organizar una consulta ilegal, cuyo fin último no era otro que ir desmontando el propio Estado. Si eso no es un golpe civil se le parece bastante. Pero el TC va a su ritmo, que viene siendo el del McLaren de Alonso. Tenían por delante todo el mes de octubre para trabajar y frenar por anticipado el desafío. En cualquier orden de la vida profesional, cuando surge una emergencia se actúa en consecuencia y se le da prioridad: se celebran reuniones de urgencia, se trabaja más para ofrecer una solución rápida, sin mirar al reloj, con la dedicación que haga falta. ¿Qué impedía al presidente del Constitucional reunir de inmediato a sus magistrados, retirarse a deliberar un par de días y tomar una decisión inmediata ante un asunto que era clarísimo? Pero las cosas no funcionan así en el Spa TC. ¿Cuál es el método de trabajo en esa serenísima casa? ¿Cómo puede ser que un tribunal tan relevante no haya sido capaz en cinco años de tomar una decisión sobre el recurso del PP contra la ley del Aborto?

A veces me imagino al presidente del TC telefoneando a sus magistrados:
–Oye, perdona que te moleste, pero es que nos ha entrado una cosilla de la Abogacía del Estado por lo de referéndum de Mas. ¿Qué os parece si nos reunimos?
–Pero Paco, hombre, es que esta semana tengo una primera comunión y la que viene, me voy a la ópera al Covent Garden. Además ando con bastante lío en el curro.
–Naa, pues tranqui, que tampoco urge. Tú vete echándole un ojo al escrito cuando tengas un ratillo y en un par de meses a ver si nos vemos todos.

Trabajen más, por favor. Pónganse un poco colorados y aplíquense. Y sino, renuncien y que vengan otros más diligentes, porque sus tiempos no van acordes con las demandas de los envites que sufre el país. Por supuesto esgrimirán una batería de enrevesadas excusas jurídicas pretextando que es imposible ir más rápido. Pero esa parsimonia cuando están intentando descuajaringar las cuadernas de España resulta ofensiva y bastante inadmisible. Si el agresor va en moto, los que deben pararlo no pueden ir en patinete.

Entre la nueva izquierda y la vieja derecha
José García Domínguez Libertad Digital 15  Junio  2015

Esto solo es el principio. Y es que no están de paso, han venido para quedarse. La nueva izquierda acaba de tocar poder institucional y ya no lo va a soltar. Conviene saberlo. Más que nada porque subirse a un barril de cerveza para imitar el gruñido del cerdo no hará que las cosas cambien. Por lo demás, lo en verdad extraño no es que haya ocurrido, sino que haya tardado tanto en ocurrir. España, como acostumbra, hasta en eso, en la fractura de los cimientos del establishment político, encarnó hasta el sábado pasado una rara excepción en el contexto europeo. Ahora, al fin, somos normales, al menos en el estricto significado estadístico del término.

En el Norte y en el Sur, en todas partes, la herrumbrosa atalaya del plácido nadir intelectual do moran socialdemócratas y liberal-conservadores está viéndose acosada sin tregua. En el Norte, por la irrupción de esas variantes xenófobas de una extrema derecha con tintes libertarios en lo económico (excepción hecha del Frente Nacional en Francia, incapaz, también él, de desprenderse de la tradición colbertiana del país). En el Sur, por el reagrupamiento de los escombros del poscomunismo en un proyecto a la contra aún en mantillas teóricas. En cualquier caso, ni los unos ni los otros están llamados a constituir flor de un día. Aquí todavía hay quien confía en que el retorno al crecimiento nos devolverá a los buenos viejos tiempos del duopolio turnante. Pierdan toda esperanza.

Si volviese, que está por ver, nada sustancial cambiaría. Al cabo, la genuina amenaza que hipoteca el futuro del Estado del Bienestar en el Sur no son los recortes sino esos miles de puestos de trabajo baratos, los empleos de nueva creación que con tanto alborozo celebra la prensa española cada vez que se publica otra EPA. Cuantas más nóminas de camareros y dependientes de comercio genere nuestra economía, más inviable resultará financiar los actuales servicios públicos a medio plazo. Olvídenlo, el recurrente sueño del crecimiento tampoco iba a sacarle las castañas del fuego a nuestro aturdido establishment. Les plazca o no, lo que viene, amén del Estado del Malestar, es un escenario permanente a cuatro. Permanente, sí, permanente.

Al igual que tantos socialistas con Podemos, la derecha con mando en plaza fantasea con que Ciudadanos les sirva de sigla-kleenex para ir encauzando la irritación de parte de su público hasta que pase la tormenta. Ellos y sus creadores de opinión barruntan que no les costará nada fagocitar a los de Rivera una vez llegado el momento procesal oportuno. Continúan sin enterarse de nada, los pobres. Que sigan así. Entre los extremos que ya definen la nueva izquierda y la vieja derecha, Podemos y el PP, el espacio franco presto a ser ocupado por el regeneracionismo reformista no cesa de ensancharse cada día que pasa. Lo dicho, esto solo es el principio. Aún no hemos visto nada.

¿Tercera España abierta o Tercera República totalitaria?
Pedro de Tena Libertad Digital 15  Junio  2015

Esta es la disyuntiva que todos tenemos que resolver, sobre todo los demócratas españoles, porque nos va el futuro, y quién sabe qué más, en ello. Los numerosos errores cometidos por el PSOE, el PP e incluso Izquierda Unida, que volvió del eurocomunismo al nuevo estalinismo bolivariano sin darse cuenta hasta que ha sido devorada por sus cachorros, nos han conducido a esta situación inesperada tras casi 40 años de democracia, imperfecta y viciada, pero democracia generalizada. La democracia ha existido realmente salvo en Cataluña (lo de Pujol nunca fue una democracia sana sino un autoritarismo nacionalista consentido por muchos), País Vasco (¿cómo iba a haber democracia pulcra cuando se asesinaba a ciudadanos por su opinión política?) y el amplio Sur (Extremadura, Castilla-La Mancha y, sobre todo, Andalucía), donde se implantaron regímenes que, más que gobernar, ocuparon la sociedad civil, la educación y la cultura, la administración y la comunicación, impidiendo la alternancia política durante décadas.

El PSOE sufre la enfermedad congénita de la refundación de Suresnes y no ha sido capaz de curarse. En vez de haber transitado, como el socialismo francés, o el alemán, o el británico, hacia la socialdemocracia de manera decidida y clara, quedó anclado en la ambigüedad de Felipe González en el famoso congreso de "hay que ser socialistas antes que marxistas", que no significó nada salvo que él, personalmente, pudo hacerse con el control del partido. Pero ideológicamente el problema no se resolvió. Dentro de la formación quedaron cepas intactas de guerracivilismo, de frentismo, del viejo totalitarismo largocaballerista, de la vieja concepción despectiva hacia la "democracia formal" (como si hubiera otra) y el propósito de la exclusión sistemática del adversario político. La victoria de Pedro Sánchez, que parece incluso peor que la del propio Zapatero, está arrastrando a la parte moderada y realmente demócrata del PSOE, que la hay, aunque desalavazada y afónica, a un callejón sin salida. Fue el PSOE, desde 2004, tras aquel bochornoso espectáculo de culpar al gobierno de España del atentado del 11-M, quien comenzó este camino que ahora retoma la extrema izquierda comunista tiznada de trotskismo barato y untada de castrismo a la venezolana.

El PP, que representó en la España de los 90 una regeneración democrática e institucional de la España viciada por la corrupción, sólo tardó unos años en demostrar que las reformas expuestas en los libros de José María Aznar no sólo no se iban a aprobar, sino que se iban a desacreditar y a olvidar. Desde la estructuración de un poder judicial independiente de los políticos hasta una reinvención del gobierno donde la sociedad civil tomara el mando que nunca debió perder, todo fue sepultado por la metástasis del autoritarismo impreso desde su fundación, su absurda lejanía de lo realmente popular y de la ausencia de crítica que impregna su vida interna. En sólo tres años, con el mayor poder institucional y territorial tenido nunca por partido alguno desde 1978, ha logrado lo que parecía imposible: la victoria electoral más amarga de la democracia. Ha puesto las bases de una recuperación económica pero sin reformar de raíz los problemas reales sino, sobre todo, cociendo a impuestos a su electorado esencial, triturando a las clases medias y, finalmente, por menospreciar la batalla ideológica, dando alas a quienes ponen en cuestión, no ya sólo su gobierno, sino la Constitución y la democracia misma.

Tras el barullo de los pactos derivados de los resultados del 24-M ha quedado más claro que nunca que España puede dirigirse a dos futuros: la tercera España, estructurada sobre una sociedad abierta y liberal, instruida y educada, creativa y productiva, tolerante pero beligerante defensora de los valores que la hacen posible, con sensibilidad social instituida y una justicia al margen de la corrupción y los partidos, o la tercera república frentista, neocomunista y antieuropea, cuya patita ya se ve tras la gatera. Si los demócratas no hacemos nada, es lo que sobrevendrá. Ya está sobreviniendo y seguimos sin hacer nada. O mejor dicho, haciendo y diciendo tonterías para obtener un cachito de poder. Pues nada. Adelante con los faroles.

¿Y ahora, qué?
Luis Herrero Libertad Digital 15  Junio  2015

El poder ha cambiado de pareja de baile. Es un espectáculo fascinante que se repite con liturgia democrática cada cuatro años y que a veces afecta a unos pocos alcaldes y otras, como vimos el sábado pasado, a la inmensa mayoría. Las caras de los que se van son siempre igual de taciturnas. Los rostros advenedizos refulgen como soles de mayo. La izquierda ha puesto en retirada a la derecha. Doblan las campanas de un tiempo nuevo. Los más viejos del lugar entornan los ojos con gesto retrospectivo y evocan el festejo del 79, cuando socialistas y comunistas tomaron las principales plazas del país.

Los conservadores, en muchos casos parientes del franquismo, caminaban entonces hacia un exilio de varios lustros desconcertados por la dolorosa experiencia de haber perdido algo que consideraban patrimonialmente suyo. Los progres, con barbas pobladas y pantalones de pana, alzaban como trofeos las varas de mando recién conquistadas en medio de un rugido atronador de ilusión ciudadana. El tumulto, jubilar para la izquierda y apocalíptico para la derecha, sonaba como el himno de la marcha multitudinaria hacia el futuro de una España nueva, y probablemente mejor, que se tradujo al poco tiempo en la aplastante victoria felipista de 1982.

Pero yo refuto la comparación. Ni los rostros de estos días reflejan aquellas emociones de hace 35 años, ni la izquierda triunfante está en condiciones de repetir el desembarco masivo del 82, ni el júbilo de la calle destila los mismos timbres de entonces. Lo único que es más o menos parecido, igual de hosco y cejijunto, es el semblante de la derecha derrotada. También hoy se sienten despojados de algo a lo que creían tener derecho vitalicio. También piensan que los electores se han equivocado al despreciar su valía y apostar por la pandilla del caos que se ha hecho fuerte frente a un enemigo común.

La derecha, sí, se derrumba como lo hizo en aquella ocasión víctima de la misma altivez, el mismo complejo de superioridad, la misma antipatía y el mismo empeño en ponerle trabas a una nueva manera de interpretar la acción política. Pero la izquierda que empuja por detrás no es en absoluto la misma. Socialistas y comunistas, para empezar, compartían en aquella época un proyecto complementario. Venían de trabajar juntos en el diseño de la Constitución del 78. Aspiraban a consolidar un proyecto democrático. El PSOE recibía votos a espuertas y estaba en vísperas de cosechar la mayoría absoluta más rotunda, en términos porcentuales, jamás vista en la historia política española. Felipe González era un líder a quien nadie tosía, fuerte como un bisonte.

Hoy, socialistas y comunistas apenas se dirigen la palabra, miran con recelo la Constitución del 78, dan por periclitado el proyecto democrático que ayudaron a construir y obtienen las peores cosechas electorales de su historia. El PSOE sigue perforando su propio suelo y el PC, revenido hace años en Izquierda Unida, yace de cuerpo presente en la sala de autopsias de la morgue. Pedro Sánchez es un líder amenazado, débil como un gorrión. Si la aritmética electoral hubiera sido distinta, sólo un poco distinta –apenas un punto menor la caída del PP y un punto mayor la subida de Ciudadanos–, los socialistas estarían a estas horas camino del camposanto y el cadáver de Sánchez yacería igual de rígido junto al de Cayo Lara.

Pero la política es así. El PSOE, a la grupa de Podemos, cabalga sobre un proyecto que no es el suyo en dirección a un destino incierto donde lo normal es que acabe devorado por su propia cabalgadura. En el 82 era el garante de un cambio hacia la homologación con Europa, el desmantelamiento de los reductos franquistas y la moderación de las disidencias ideológicas. Hoy es todo lo contrario. No algo distinto, antagónico: cómplice del populismo antieuropeo, compañero de viaje del chavismo liberticida y altavoz de la radicalidad política. ¿Alguien me puede decir en qué se parece este cambio de guardia en los ayuntamientos españoles al que se produjo en 1979? ¿Dónde está la ilusión de la gente? En la España de hoy hay más miedo que esperanza, más orfandad que sentimiento de protección y más dudas que respuestas cuando se otea el futuro. Entonces sabíamos adónde íbamos y confiábamos en quién nos gobernaba. Hoy no se dan ninguna de esas dos circunstancias, así que los nostálgicos de aquel subidón de la izquierda que barrió del mapa a la derecha harían bien, a mi juicio, en no establecer comparaciones odiosas. Al hacerlo desvirtúan la grandeza de su pasado. Aquello fue una gesta; esto, una mamarrachada forzada por la casualidad, el oportunismo y la crisis interna de su proyecto. El poder ha cambiado de pareja de baile, sí. ¿Y ahora, qué?

De manzanas, cestos, pactos y regeneracion local
Elisa de la Nuez www.vozpopuli.com 15  Junio  2015

Constituidos los Ayuntamientos este sábado pasado, en un proceso no exento de dificultades y con sorpresas de última hora, los sufridos ciudadanos podemos preguntarnos si de verdad estos pactos van a servir para la urgente regeneración de la vida local. El dato de que la Administración local es la Administración en España que tiene mayores problemas de corrupción ha sido apuntado por muchos estudios, el último el que hemos hecho en la Fundación ¿Hay Derecho? Por otro lado, basta con leer los periódicos para darse cuenta de que las grandes tramas de corrupción política suelen surgir en el nivel local desde el que se extienden al autonómico y a veces al estatal y que los principales imputados y detenidos suelen ser alcaldes, concejales o presidentes de diputaciones provinciales.

La explicación a mi juicio es muy sencilla: la Administración local es la que ha desactivado con más éxito los controles preventivos fundamentales para garantizar la legalidad en la toma de decisiones, algunas tan importantes como las que afectan a la contratación pública, el urbanismo o las subvenciones, por citar los ámbitos en los que, siempre según nuestro estudio, la corrupción penalmente punible (concretada en los delitos de prevaricación, tráfico de influencias, cohecho y malversación de fondos públicos) es más frecuente. Estos controles estaban básicamente en manos de los funcionarios con habilitación nacional (Interventores, Secretarios y tesoreros) que durante muchos años han estado sometidos a los mismos cargos públicos a los que debían controlar. Un sistema absurdo en que el controlador depende del controlado en lo que se refiere a su puesto de trabajo, sueldo, posibilidades de ascenso, sanciones disciplinarias, traslados o incluso tranquilidad profesional y personal. Y sin contar con ningún amparo institucional como contrapeso: estos funcionarios han estado y siguen estando “solos ante el peligro” aunque ciertamente las cosas han mejorado algo tras la entrada en vigor de la todavía muy insuficiente Ley para la racionalización y sostenibilidad de la Administración Local de 27 de diciembre de 2013.

No es de extrañar que la labor de los funcionarios encargados de velar por la legalidad de las decisiones de los cargos municipales se haya tornado heroica. Y tampoco que algunos no hayan estado a la altura, aunque afortunadamente han sido los menos. Entre otras cosas porque simplemente muchos cargos políticos han optado por dejar sus plazas vacantes, prescindir de sus informes, o mejor todavía, por sustituirles por personas de su confianza, a través de nombramientos para cubrir de forma interina plazas teóricamente reservados a los funcionarios de habilitación local. Para más información sobre este tipo de prácticas, pueden acudir a la web de COSITAL, Consejo General de Secretarios, Interventores y Tesoreros de la Administración local.

Así las cosas, el diagnóstico para luchar contra la corrupción local es bastante claro: urge despolitizar la gestión municipal, profesionalizarla y devolver a los funcionarios y técnicos municipales su capacidad para defender los intereses generales, permitiendo que ejerciten sus funciones con neutralidad e independencia. Desde la Fundación ¿Hay Derecho? hemos propuesto en una iniciativa conjunta con COSITAL una serie de medidas de regeneración local a todos los partidos políticos. Por ahora, hemos conseguido el apoyo y la adhesión (entre los grandes partidos) de partidos políticos como Podemos. Esperamos que la respuesta del resto de los partidos todavía pendiente sea también positiva.

En definitiva, frente a la tesis, tan cara a nuestra clase política, de que la corrupción es un fenómeno aislado y puntual (las cuatro manzanas podridas) nuestro estudio avala la tsis contraria: la corrupción es institucional y tiene que ver con la falta de controles y la impunidad. Por tanto, es urgente regenerar unos cuantos cestos antes de volver a poner las manzanas dentro. Si no, corremos el riesgo cierto de que las nuevas manzanas se pudran igual que las anteriores. Al fin y al cabo, todos somos seres humanos y nos movemos por los mismos incentivos. Casos extremos como el del Ayuntamiento de Marbella hace unos años son ejemplos perfectos. Con una estructura institucional totalmente corroída por la corrupción da exactamente igual de qué partido sean alcaldes o concejales. Por el contrario, si el tejido institucional está sano un regidor o un concejal corrupto será detectado y expulsado del cesto sin problemas.

Lo que nos trae de vuelta a los recientes pactos en los Ayuntamientos. De los que se ha hablado mucho en términos de derechas, izquierdas, gobernabilidad o ingobernabilidad, cambio o recambio, estabilidad e inestabilidad…, sin excluir el inevitable cotilleo sobre los perfiles de las personas. Pero tratándose de Entidades locales creo que es esencial para los ciudadanos empezar a hablar de gestión municipal profesional, de transparencia y de la participación ciudadana, la rendición de cuentas y, por supuesto, de lucha contra la corrupción. Por supuesto que habrá políticas públicas municipales diferenciadas en los distintos Ayuntamientos. Pero lo importante es que se aborden con rigor, transparencia, profesionalidad y que se rinda cuentas. El estilo de gobierno en el que los ciudadanos son sujetos pasivos y sujetos paganos de las ocurrencias de turno, y los empleados públicos y los técnicos meros comparsas mudos y ciegos ha pasado, afortunadamente, a mejor vida. De la misma forma vamos a ser muy exigentes en términos de responsabilidad política: no basta con que los nuevos alcaldes y concejales no sean corruptos. Si despilfarran nuestro dinero o cometen errores de bulto -ya sea directamente o a través de sus subordinados- tendrán que asumir las correspondientes responsabilidades. Conviene recordar que, por no haberlo entendido así, hay candidatos que han provocado un gran rechazo en su propio electorado que, en algunos casos, les ha costado la alcaldía. El caso de Esperanza Aguirre en Madrid ha sido paradigmático.

Si equiparamos la abdicación del Rey Juan Carlos I hace un año con el pistoletazo de salida que supuso la muerte de Franco podemos considerar que con el 24-M ha muerto una forma determinada de hacer política que fue la dominante durante su reinado. Se abre un camino muy interesante y novedoso que muchos esperamos que nos conduzca hacia una democracia de mayor calidad. Para conseguirlo conviene ser muy exigentes con los nuevos cargos electos, especialmente con los que nos son más afines, que es siempre lo más difícil.

Escalofrío
Santiago Abascal Libertad Digital 15  Junio  2015

Tal vez sea esa la palabra que mejor defina la sensación de muchos al contemplar los nuevos gobiernos locales.

La dejadez de unos y las políticas de pactos de otros han puesto al mando de nuestros ayuntamientos, y de parte de nuestros destinos, a personas con escasa o nula capacidad de gestión y, lo que es peor, en algunos casos de nula catadura moral, con comentarios e ideas irreproducibles contra judíos, víctimas de ETA y niñas violadas, como en el caso del nuevo concejal de cultura (sic) de Podemos en Madrid, cuya inmediata dimisión espera cualquier español de bien.

Pero ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo puede pasar un país de estar gobernado por una gran mayoría absoluta a ceder buena parte del poder a los extremismos hasta producirnos semejante escalofrío?

Es el momento de preguntarnos cuánto se parecen las huestes y las ideas de Pablo Iglesias a las de Hugo Chávez, que han llevado a la ruina y al colapso a Venezuela. Sí, es el momento. Pero es también la hora de preguntarnos cuánto se parece la España corrupta de Zapatero, Rajoy y Mas a la Venezuela corrupta previa a Chávez; la de Carlos Andrés Pérez y compañía. Porque lo que Podemos ofrece es demencial, por supuesto. Pero es la consecuencia de la degradación moral. El padre de Pablo Iglesias es la corrupción y su madre la destrucción de las clases medias. El sirviente de Zapatero, Rajoy, nos ha traído el virus y ahora nos mete miedo y se ofrece como salvador. Pero el antídoto lo tenemos otros; los que nos atrevemos a dar la batalla de las ideas a la izquierda, al relativismo, al populismo y al totalitarismo podemita.

Será, por otra parte, el tiempo el que juzgará duramente no sólo lo que lleguen a hacer de nuestra España los nuevos dirigentes, sino a los causantes de su venida, con políticas acomplejadas que han enfadado a su electorado de toda la vida, o maltratado a unas clases medias empujadas cada vez más hacia una verdadera pobreza.

¡Cuántas veces habremos levantado la voz –tantos– diciendo que el rumbo era equivocado! Que no se podía pretender apalear a los tuyos y que te siguieran votando de cualquier manera, con la nariz tapada.

Esta es la realidad, pero no hay que ceder al desánimo: toda realidad puede cambiarse.

Estamos en un país que ha sabido llegar a lo mejor, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Es la hora de los valientes, de los decentes, de los que van de frente, de la media España que no se resigna a morir políticamente, de todos aquellos que aún quieren un futuro mejor para ellos, para sus hijos o sus nietos.

Tal vez se haya cedido el poder local, pero apostando a nivel nacional por opciones coherentes y sin complejos, que no tengan miedo a defender y gestionar con eficacia lo que tanto nos ha costado conseguir, llevaremos aún el barco a buen puerto.

Lo sabe bien esa marea de personas que se nos acerca ahora cada día con la firme esperanza de cambiar las cosas; antiguos votantes de otros partidos, simpatizantes desengañados ya con las nuevas formaciones que se han convertido en sostenes de la vieja política, ya sea en Andalucía o Madrid, o gente que nunca antes había tenido interés por la política y ahora ve el momento y asume la responsabilidad de apoyar a su país frente a la deriva actual.

A todos ellos, y a tantos otros, les animamos a no ceder al desánimo, a tomar con nosotros el timón de nuestro futuro y cambiar el rumbo de las cosas.

Porque en Vox somos los tuyos. Los de siempre. Sin complejos.
Santiago Abascal, presidente de Vox.

La dignidad
Almudena Negro www.gaceta.es 15  Junio  2015

Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcaser (sic) para que no vaya Irene Villa a por repuestos”. Guillermo Zapata, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid gracias a los votos del PSOE de Antonio Miguel Carmona, quien dice representar la moderación.

Dicen los seguidores de la extrema izquierda en las redes sociales que hoy la dignidad ha “vuelto” al ayuntamiento de Madrid. Como si Madrid hubiera tenido corporaciones indignas hasta el advenimiento de ellos. Y así ha sido, según ellos, porque quien no ha ganado las elecciones administrativas celebradas el pasado 24 de marzo, se ha alzado con el cetro de mando del Consistorio más importante de España, gobernado desde hace décadas por un PP que nadie niega está más que necesitado de regeneración. Manuela Carmena, icono de Podemos pese a decir que ella no tiene nada que ver con el sonriente Pablo Iglesias, quien la aplaudía desde la tribuna de invitados de Cibeles, va a ser de aquí a noviembre la imagen del chavismo en España. Tendrá cuidado y moderación hasta entonces, porque el verdadero objetivo es un todos contra el PP después de las Generales, al cual parece se ha apuntado ya Pedro Sánchez, empeñado en liquidar lo que queda del PSOE. Porque el poder que alcance hoy será poder que pierda mañana, fagocitado por los círculos de Podemos.

Carmena es mucho más peligrosa para las libertades individuales que Colau, quien se encarga en persona de decir las barbaridades. La ex magistrada, fan del uso alternativo del Derecho, o sea, de la destrucción de la Ley y su sustitución por el despojo legal, cuida las formas y maneras, pretende aparentar ser una simpática abuelita preocupada por todos. Mano de hierro en guante de seda. Basta ver quién la acompaña en su aventura. Desde Rita Maestre, la asaltacapillas, hasta este tal Zapata, a quien como premio a sus chistes antisemitas, su negacionismo del holocausto y el reírse de niñas mutiladas en atentados terroristas o salvajemente torturadas y violadas, ha ascendido a concejal de Cultura. Debemos temernos lo peor.

El perdón sólo se conjuga dimitiendo
EDITORIAL El Mundo 15  Junio  2015

LA BAJEZA moral de una serie de tuits xenófobos, insultantes y de mal gusto del nuevo concejal de Cultura de Madrid, Guillermo Zapata, es de tal gravedad que ha abierto la primera crisis en el Ayuntamiento de la capital y obliga a Manuela Carmena a prescindir de él de manera inminente. Anoche, la alcaldesa de Madrid en una entrevista en La Sexta declaró que no descarta destituirlo, pero decidió postergar la decisión a una nueva conversación con el concejal. El PSOE, sin embargo, debe llevar hasta sus últimas consecuencias la petición de dimisión de Zapata y dejar claro que no permitirá que los miembros de la nueva corporación, a la que ha dado su apoyo de investidura, se desvíen de los principios democráticos de tolerancia y respeto exigibles a todo cargo público.

En los tuits, que datan de 2011, Zapata realizó comentarios antisemitas, a su juicio jocosos, y mofándose de Irene Villa, víctima de un atentado de ETA. Guionista de profesión, defendió sus insultos intentando contextualizarlos «dentro del debate sobre los límites del humor en las redes sociales». Alguien debería recordarle al nuevo edil de Cultura que el humor y las redes requieren de inteligencia para su buen uso. Y él ha pecado de incauto. Pero no sólo son injustificables sus palabras, por muchas disculpas que haya intentando esgrimir, sino también el burdo empeño de miembros de su partido y medios afines de ligar la polémica a una presunta campaña orquestada contra Ahora Madrid.

Zapata es, junto a Pablo Soto -defensor en el pasado de la lucha armada- uno de los concejales más radicales que acaban de aterrizar en el consistorio. Vinculado a actuaciones okupas, fue uno de los artífices del 15-M. De hecho, pertenece a Ganemos, el núcleo fundacional de Ahora Madrid y la rama más populista del partido que tiene su origen en Municipalia y las acampadas del movimiento de indignados. A diferencia de entonces, ahora sí que tiene que rendir cuentas de todos sus actos. Y como dijo Juan Carlos Monedero en una ocasión: «En política, el perdón sólo se conjuga dimitiendo. Lo contrario es confundir el Estado con el salón de tu casa, el país con tu cortijo».

Tanto el PSOE, como el PP y Ciudadanos han exigido su destitución. En breve asistiremos al desenlace de esta polémica. El resultado mostrará si el PSOE realmente tendrá peso en las decisiones de la marca blanca de Podemos, a la que le ha brindado su apoyo, o si sólo ha sido utilizado como compañero de viaje para lograr su acceso al poder.

Zapata y la Cultura
Elías Cohen Libertad Digital 15  Junio  2015

Una vez más, la banalización del Holocausto domina la agenda mediática en España, aunque sea un par de días. Entre los casos más recientes de los últimos años recordamos el de Llamazares, cuando se negó a acudir al acto de recuerdo de las víctimas del Holocausto en 2003; o el de Nacho Vigalondo, que se hizo el gracioso diciendo que el Holocausto era "un montaje". Ahora es el ya concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata, quien se dedicó en 2011, en aparente implicación en el debate sobre los límites del humor a raíz de las bromas de Vigalondo, a hacer chistes sobre la Shoá, Marta del Castillo e Irene Villa. En su disculpa, Zapata viene a decir que el uso de Twitter descontextualiza el mensaje. A veces, el mensaje es el medio, y prestarse a debatir sobre la mofa de un tema tan profundo e importante en el imaginario colectivo europeo en un foro como Twitter demuestra, cuanto menos, que el cargo le viene grande, muy grande.

Es cierto que al único que no le salió gratis reírse del mayor crimen de la historia de la Humanidad fue a Vigalondo –para que luego digan que las empresas no tienen sentido de la ética–. En toda Europa –no digamos ya en EEUU–, lo que hizo Llamazares y los tuits que Zapata publicó en su día, hermanos ideológicos sobre todo en eso de la protesta selectiva –a ver si se atreven con algo de Siria, o de Daesh–, supondría la muerte política de ambos. Porque en el Viejo Continente, en países como Alemania, Polonia, Austria u Holanda, saben que lo que pasó hace 70 años –anteayer en términos históricos– no es carne de bromas ni banalizaciones. Al menos no para los representantes públicos, que entre otras misiones tienen la de evitar que algo así vuelva a suceder.

Los representantes políticos de cualquier país serio saben, además, que el Holocausto no fue un problema, o patrimonio exclusivo, de los judíos. El Holocausto fue, y es, un problema humano: no sólo seis millones de judíos, ajenos al conflicto armado, fueron exterminados; también un millón de gitanos, homosexuales y disidentes políticos fueron víctimas de los designios de un movimiento que hizo de la eliminación física del diferente objetivo político. Elie Wiesel lo definió claramente: "En el Holocausto (...) no sólo murieron judíos, también murió la condición humana".

Zapata puede decir en su casa, o de cervezas con sus amigos, lo que quiera. Sin embargo, ahora le pagamos todos, nos representa –nos guste o no– y se va a encargar de algo tan importante como la Cultura de la capital de nuestro país. En la definición de cultura de Goudenough (aquello que realmente necesitamos saber o creer en una determinada sociedad de manera que podamos proceder de una forma que sea aceptable para los miembros de esa sociedad), es inaceptable. Al decir de la concejala socialista María del Mar Espinar, no es aceptable debatir sobre la cultura del odio, porque el odio no es cultura.

En definitiva, los tuits de Zapata, que tampoco se olvida de mofarse de Marta del Castillo o de Irene Villa, dan asco, como dice Antonio Muñoz Molina. Y miedo. El debate no reside, pues, en perdonarle a Zapata sus tuits; la cuestión de fondo es, también, la valía del sujeto para el cargo: alguien que, según su disculpa, sólo quería entrar en el debate sobre los límites del humor en referencia al Holocausto no es apto para ser concejal de Cultura de un país europeo.

Guillermo, vete a casa a seguir tuiteando.

ENERGÍA SOLAR
El gobierno pone freno a una fuente energética en expansión
Con su decreto anti Tesla, el Gobierno actúa contra el autoconsumo y contra una fuente energética, la solar, cada vez más competitiva.
Gaceta.es 15  Junio  2015

A mediados de los años 70’, en plena crisis del petróleo, creció el interés por otras fuentes de energía, y muchos recalaron en la que procede directamente del sol. Es la principal fuente de energía de la Tierra, y al igual que las plantas la convierten en vida, si nosotros podemos convertirla en calor y electricidad podremos solucionar varios problemas a un mismo tiempo. Tiene una fuente inagotable, distribuida por todo el territorio y constante. Se puede generar en el mismo sitio en el que se necesita, sin ni siquiera exigir que quien la consuma se enganche a una infraestructura común de transmisión de energía.

Pero todas sus ventajas no son suficientes para su principal reto: el precio de la generación de la energía. Captar energía del sol es gratis, pero transformarla en electricidad, no. En 1977, en los años en que se miraba al sol con mayor interés como fuente energética, producir un watio costaba 76,67 dólares. Sólo dos años más tarde se situaba en los 40 dólares, 20 en el 83 y 10 en 1987. Es una carrera muy acelerada para la reducción de costes, pero aún superaba en decenas de veces el coste de obtener electricidad por otros medios.

A finales de los años 80’, y hasta 2008, en unos años en los que el precio del petróleo estuvo en niveles históricamente moderados o incluso bajos, como fue el caso de la década de los 90’, esa carrera hacia la energía solar barata se detuvo. Pero la gran recesión ha convivido, hasta muy recientemente, con la vuelta del falso titular del fin del petróleo barato a los medios de comunicación. De nuevo los altos precios del crudo han disparado el interés por la energía fotovoltaica, y a la inversión en tecnología le ha seguido una nueva rebaja en el precio. Y estamos en la actualidad por debajo del dólar por watio.

British Petrolium acaba de publicar su última edición del informe anual Energy Outlook. En ella señala el coste de la energía solar en el entorno de los 125 dólares por megawatio/hora. Está todavía por encima de otras fuentes energéticas, como la eólica, el gas o el carbón. En la contabilización no tiene en cuenta las primas e incentivos, y en el caso del gas y del carbón, suma el coste de las emisiones. Pero en 2035 las energías eólicas y solar estarán en costes muy parecidos, cercanos a los 50 dólares por megawatio/hora, y por debajo del gas y del carbón.

El informe Renewables2014 saca conclusiones parecidas por lo que se refiere al coste de la energía solar respecto de otras fuentes. Y el Annual Energy Outlook 2015 de la Agencia Internacional de la Energía señala a la solar, junto con la eólica y, en menor medida, la biomasa, como la que más crecerá dentro de las energías renovables hasta 2040. En definitiva, según el informe de British Petrolium, las energías “solar y eólica parecen seguir curvas muy establecidas, con los costes cayendo rápidamente, a medida que la producción aumenta”, y en el futuro competirá en nuevos nichos ahora vedados.

La energía solar está llamada a sumarse al mix energético y jugar un papel importante. No como sustituta de otras fuentes, sino como complemento, especialmente para algunas zonas en las que el autoconsumo es una opción razonable.

Pero esta prometedora fuente de energía necesita de un complemento necesario, que es el almacenamiento de la energía. Las baterías son un problema tecnológico de primer orden, una frontera para la aplicación de otras tecnologías de uso masivo, desde los teléfonos móviles a los coches. Tesla, la empresa de coches eléctricos que es en realidad una empresa de baterías, está empezando a romper esas fronteras, y establecer otras más prometedoras, y que acogen un sinfín de posibilidades. Una de ellas es el autoconsumo energético con energía solar fotovoltaica.

Más allá del discurso de fomento de las energías renovables, ésta puede suponer una amenaza para las grandes compañías eléctricas. El motivo es que la inversión necesaria para instalarla está al alcance de los bolsillos de los hogares, o de las empresas. La caída de los costes de generación, junto con la introducción de la batería Tesla, supone un reto que las grandes empresas no han querido solventar siendo más competitivas.

La mano de las eléctricas en la regulación ya se vió con el decreto 1699/2011, que prohibía que se intercalase una batería entre el equipo de medida y la instalación de generación. La industria solventó esta cuestión ofreciendo paneles que incorporan baterías y que salvaban esta traba regulatoria.

El Gobierno vuelve a cargar contra el autoconsumo, en esta ocasión con un instrumento que no se salva por el avance tecnológico, y que de hecho parece concebido para ir en contra de él: Crea un gravamen sobre el uso de baterías o sistemas de almacenamiento; bien sobre las que incorporen las placas solares, bien sobre otras baterías, como la desarrollada por Tesla.

El decreto impide a los hogares obtener una retribución económica por volcar a la red la energía excedentaria, y con el cerco a las baterías tampoco les resultará rentable guardarla para las horas sin luz. Sin embargo, sí permite a las empresas revender esa energía que no utilicen y que proceda de las placas solares.

Alemania, con menos sol que España, pero con una legislación menos contraria a la energía solar, supera a nuestro país en este aspecto. El Gobierno cercena el desarrollo en nuestro país de una energía que, según todos los informes, está creciendo aceleradamente, y que de la mano de la tecnología puede crecer aún más en el futuro.

Energía libre, sociedad libre
Juan Pina www.vozpopuli.com 15  Junio  2015

Si los viejos marxistas afirmaban que “sin electrificación no hay socialismo”, hoy parece claro, al menos para FAES, que tampoco hay conservadurismo sin una red eléctrica centralizada y sometida al control estatal. El lamentable informe contra el autoconsumo publicado hace unos meses por el think tank de Aznar apenas lograba esconder su intención de blindar al poderoso y privilegiado oligopolio de las empresas energéticas —convertido, como el sector financiero, en un mero apéndice del poder político—. FAES arremetía entonces contra la producción doméstica de energía y trataba de asustarnos con los males terribles que descenderán sobre nosotros cuando las baterías Tesla y sus futuros competidores nos hagan por fin independientes de las macroempresas energéticas. Unos meses después, el autoconsumo vuelve a ser noticia por la salvaje vuelta de tuerca que, en forma de real decreto, le acaba de asestar el gobierno del Partido Popular. Parece claro que Mariano Rajoy, cumplido ya sobradamente su anhelo de superar a Rodríguez Zapatero como el presidente más nefasto de la España democrática, se esfuerza ahora por asegurar que los últimos coletazos de su gobierno, ya en tiempo de descuento, arrasen las pocas parcelas de libertad que aún no se ha anexionado Cristóbal Montoro.

A los ministros los nombra el presidente, pero con frecuencia los escoge la camarilla correspondiente. Si Ángeles González-Sinde fue la ministra de las entidades de gestión y martillo de internautas, José Manuel Soria ha sido el ministro de las eléctricas y terror de autoconsumidores. Y lo ha sido en tan gran medida que sólo queda saber si obtendrá su premio por el camino tradicional (la puerta giratoria) o por vericuetos más imaginativos. Lo que es incuestionable es que el decreto perjudica gravemente el desarrollo del autoconsumo para beneficio de las empresas del cártel y de una hacienda pública voraz, que tiene en las facturas energéticas una de sus más depuradas herramientas de saqueo al contribuyente indefenso. A Rajoy y a Soria no les importa que su decreto choque frontalmente con la tendencia del resto de Europa y con las normas de Bruselas. Total, para lo que les queda, bien pueden cumplir con los jerifaltes de un sector tan “estratégico”… para los intereses de los políticos. No en vano, en una lengua tan pragmática como es la inglesa, la misma palabra, power, significa tanto “poder” como “energía”.

Es sorprendente que aún haya tanta gente que se deja llevar por las diferencias, ya sólo cosméticas, entre PP y PSOE, entre conservadores y socialistas. Cuánta razón tenía el Nobel de Economía Friedrich von Hayek cuando afirmaba, ante las bocas abiertas y las cejas enarcadas de sus contemporáneos, que ambos son más o menos lo mismo. La verdadera diferencia entre concepciones de la sociedad y de su organización política y económica ya no se encuentra en supuestas antítesis como izquierda-derecha o socialista-conservador, sino entre la difusa y emergente facción de la Libertad —impulsada entre otros factores por el cambio tecnológico— y la del estatismo basado en el temor a la espontaneidad, un temor inducido por sus beneficiarios.

Para la primera facción, es una gran noticia que Elon Musk —tal vez uno de los mayores benefactores vivos de la humanidad— esté ya a punto de librarnos del cautiverio energético al enfrentarse resueltamente a los poderes fácticos para ofrecernos baterías capaces de contener todo el consumo eléctrico de nuestros hogares durante un mes o un año. Para la facción estatista, en cambio, toda transición desde redes centralizadas hacia redes distribuidas —basadas en la independencia de cada nodo, de cada persona o empresa— es una noticia pésima porque lamina su poder. Y esto es aplicable por igual a la generación y consumo de energía, a los flujos de información y opinión, a la producción y evolución cultural, a la transición desde la moneda fiduciaria estatal a las cibermonedas como Bitcoin, o a cualquier otra red. El nuevo parteaguas ideológico es el que separa a los centralizadores pro-Estado de los descentralizadores pro-Persona. Y los conservadores, empezando por FAES y siguiendo por Soria y Rajoy, son tan pro-Estado como cualquier marxista. Algunas veces, más. Y su obsesión por el orden y el control les lleva a inventarse injustas regulaciones mercantilistas y por tanto anticapitalistas, tanto como lo haría cualquier socialista. Algunas veces, más. Y por lo tanto, para los amantes de la Libertad los conservadores son el enemigo tanto como lo pueda ser cualquier otro tipo de colectivista. Algunas veces, más.

“Uno de los rasgos fundamentales del conservador es su actitud de temor al cambio y desconfianza frente a lo nuevo”, escribió Hayek en su deliciosa obra Por qué no soy conservador, y eso que no había leído ninguno de los panfletos que FAES publica con las generosas subvenciones que le pagamos entre todos, ni tampoco los decretos liberticidas de este gobierno fracasado. Hoy resulta crucial combatir cualquier falsa hibridación entre el conservadurismo y las ideas liberales o libertarias, y colocar al primero en el cajón que le corresponde: el mismo de la socialdemocracia que aún padecemos, terminal pero aún insidiosa, cuyo fin se ve felizmente acelerado por avances aparentemente ajenos al debate de las ideas, como las baterías Tesla.

Que sigan los Rajoy de este mundo tapando el sol con el dedo, porque nunca superarán la determinación de millones de personas prestas a zafarse de la dependencia energética que aún les impone el Estado a través de sus oligopolios protegidos. La generación y acumulación fácil y barata de energía es muy esperanzadora: puede ser un hito decisivo en el camino hacia una sociedad y un mercado realmente libres.

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Los escribas de la porra
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 15  Junio  2015

Para algunos, la toma de posesión podemita de los ayuntamientos más importantes de España, convertida en actos de expropiación al estilo venezolano, con injurias y atropellos a los rivales políticos, puede suponer un pequeño contratiempo. Porque la mayoría de los medios han ocultado sistemáticamente, antes y durante la campaña del 24M, la condición totalitaria y violenta de los que al llegar al poder han demostrado lo que son: enemigos de la libertad, simpatizantes de la violencia e incompatibles con la democracia, esa que según los publicistas del comunismo podemita, venían a limpiar. Zapata, concejal de Cultura de Carmena, hace chistes con las víctimas del terrorismo, del Holocausto y las niñas de Alcàsser. ¿Cuántos chistes sobre los Castro hace en La Habana, donde es guionista? Soto, otro concejal carmenita: «Yo no puedo aseguraros que por torturar y matar a Gallardón se vaya a cambiar toda esta historia, pero por probar no perdemos nada». En Barcelona, una concejal toma posesión al grito de «¡Visca Terra Lliure!». Iglesias, que cobra de Irán por Fort Apache y de Maduro vía Monedero, entrega Pamplona a la ETA (según el Supremo eso es Bildu). En Madrid, Valencia y Barcelona los elegidos por el PSOE y los medios -no por los votos- insultan a la Nación y a la Constitución. ¡Toma cambio!

A los concejales de Ciudadanos en Madrid los injurian ferozmente los escracheros podemitas -si lo hizo el jefe en la Complu con Rosa Díez, qué no hará la banda- y Begoña Villacís, que, como Soraya y Villar Mir, elogiaba a Carmena (esa millonaria abuelita simpa que no paga a sus empleados, falsos autónomos, arquitectos camuflados como técnicos en dibujo, escandalazo ocultado o negado por los escribas de la porra y casi todos los demás) está anonadada: «Ha sido la primera vez que he sentido la violencia totalitaria, a la salida del grupo de Ciudadanos del Ayuntamiento, gritos, amenazas». ¡La primera vez! Es que los publicistas empoderados han ocultado lo que los de C's no querían ver: que Podemos es el chavismo, un régimen que tiene en la cárcel a sus opositores políticos y le pegó un tiro en la cabeza a un muchacho de 14 años en una manifa estudiantil. Nos han vendido como vegetarianos a unos carnívoros con vocación caníbal. Y ahora dirán que la culpa de que la izquierda sea así la tiene la derecha.

El 'Programa 2000'
La máquina de catalanización de Pujol, 25 años después
El profesorado ha jugado un papel clave en el proceso de adoctrinamiento social. Cualquier ciudadano puede ignorar la televisión, la radio o la prensa, pero pasará necesariamente catorce años en un colegio.
Rafael Núñez Huesca www.gaceta.es 15  Junio  2015

El 28 de octubre de 1990 El País hacía público un documento interno de CIU en el que se proyectaba “la infiltración nacionalista en todos los ámbitos sociales”. El responsable de la exclusiva y luego director de La Vanguardia José Antich denunciaba “la obsesión por inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad catalana, propiciando un férreo control en casi todos sus ámbitos”. Él mismo sería, por cierto, años después, víctima de tal obsesión.

El llamado Programa 2000 resultó ser una obra coral: Pujol (quién si no) trazó las líneas maestras y Roca y los consellers de Economía, Educación y Sanidad acabaron de darle forma. Corría el verano de 1989.

El informe pivotaba en torno a “la infiltración de elementos nacionalistas en puestos clave de los medios de comunicación y de los sistemas financiero y educativo”. Para ello diseñaron filtros "en la composición de los tribunales de oposición" para el profesorado y una suerte de cuerpo de detectives educativos “que vigilarán la correcta cumplimentación de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza". Pura ingeniería social cuyos resultados, veinticinco años después, han superado con creces todos los objetivos marcados. Hoy el idioma español ha sido completamente erradicado de la educación. El gobierno autonómico ha ignorado cuantos fallos judiciales exigían el restablecimiento del castellano como lengua vehicular en la enseñanza. El último, de hace sólo unas semanas, solicitaba que un 25% de las asignaturas se impartieran en la lengua común. Artur Mas respondió acusando al gobierno de ser “los verdugos de Cataluña y el catalán”, y periodistas orgánicos como Rahola tacharon al ministro de Educación de “colonizador” y de pretender “destruir la identidad catalana”. Francesc-Marc Álvaro, también desde La Vanguardia, fue más allá: “necesitan romper la columna vertebral del catalán para tratar de provocar el conflicto civil. Es –soy preciso- un acto de guerra”.

El profesorado ha jugado un papel clave en el proceso de adoctrinamiento social. Cualquier ciudadano puede ignorar la televisión, la radio o la prensa, pero pasará necesariamente catorce años en un colegio. Lo vio el muy honorable y muy acaudalado Jordi Pujol en los ochenta y desde entonces ningún consejero de Educación lo ha perdido de vista. La actual, Irene Rigau, reconocía que “sólo a través de la escuela podremos catalanizar, hacer miembros de pleno derecho, tener sentimiento de pertenencia a nuestro país”.

Hablantes obligatorios
El llamado proceso de normalización dio su pistoletazo de salida, según el profesor Antonio Robles, con la salida precipitada de 15.000 profesores de Cataluña en el año 1983. Las nuevas leyes lingüísticas les impidieron continuar ejerciendo la docencia. El horizonte quedaba así despejado. Si hasta entonces se había procurado responder al derecho de muchos hablantes a emplear su lengua, a partir de ese momento el objetivo sería velar por el presunto derecho de una lengua a crearse hablantes obligatorios.

El catalán no sería ya sino un elemento reforzador de la identidad nacional catalana, cuando no directamente un vehículo del separatismo.

La pedagoga sueca Inger Enkvist viene denunciando hace años la situación: “Cataluña es ejemplo de que la educación se puede utilizar para fines perversos, para el adoctrinamiento” nacionalista. Durante un tiempo, sólo la Convivencia Cívica Catalana de Francisco Caja se atrevió a discrepar. Hoy, el recrudecimiento de la ofensiva nacionalista ha movilizado a diferentes sectores sociales contrarios a las tesis hegemónicas, no sólo del ámbito lingüístico-educativo, también del empresarial, político, cívico o cultural.

El Programa 2000 preveía "incidir en las asociaciones de padres de alumnos" y a tal efecto se crearon nuevos consejos escolares que les reservaban un papel protagonista. Los papás nacionalistas se alistaron masivamente copando los nuevos órganos. Hoy actúan como comisarios políticos, impulsando el dogma oficial y haciendo de muchos colegios públicos centros de transmisión propagandística. Cuelgan de las paredes carteles del tipo “L’escola en català, ni un pas enrere” y se distribuyen folletos de Òmnium Cultural animando a votar en el referéndum del 9 de noviembre: “És normal que responguem quan per fi ens pregunten”. Rollo Universidad Complutense, pero a lo heavy: con niños.

Tarradellas profetizó que Pujol llevaría a Cataluña a una situación de dictadura blanca donde el disidente sería colocado extramuros del sistema y sometido a una suerte de apartheid ideológico. Y tal cual. Personalidades tan diferentes como Albert Boadella, Xavier Pericay, Loquillo, Jiménez Losantos o Félix de Azúa hicieron, todos por el mismo motivo, las maletas.

Puro Orwell
El proyecto descubierto por El País recogía la necesidad de "incidir en la formación de los periodistas y de los técnicos de comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana". Esto es, un lavado de celebro masivo que facilitara la creación del futuro aparato de propagada. Hoy la Generalitat controla, directa o indirectamente, la totalidad de los medios de comunicación ubicados en Cataluña. A los públicos, directamente; a los privados, vía millonarias subvenciones y publicidad institucional.

Hazañas como el célebre editorial único –algo inédito en un régimen de libertades- son sólo las muestras más estridentes del “férreo control” del que hablaba Antich en 1990.

Hace unos días a la televisión pública volvió a írsele la mano: celebró un importante debate de análisis político cuyos únicos partidos invitados fueron Convergència, Esquerra y las CUP. El programa recibió airadas críticas en las redes sociales, incluso de los sectores nacionalistas por creerlo contraproducente para la causa.

Mas el adoctrinamiento mediático no sólo se hace presente en espacios políticos o informativos: impregna todos los contenidos. Veladamente a veces, brutalmente cuando, por ejemplo, aquél programa de humor en el que se disparaba sobre una figura del Rey Juan Carlos. Desde los programas infantiles hasta las series de ficción, nada escapa al pensamiento orgánico. Puro Orwell.

Hoy el nacionalismo tiene carácter orgánico y casi ambiental, tal y como aspiraban los Pujol y Roca hace veinticinco años. Buscaban “incidir sobre la administración de justicia con criterios nacionales” y la fragmentación autonómica de la justicia lo hizo posible. Buscaban la promoción de "fiestas y tradiciones de trasfondo mítico" y en 2014 se conmemoró, con infinidad de actos, los tres siglos de “la pérdida de las libertades catalanas”. Buscaban “penetrar las organizaciones patronales y sindicales catalanas” y hoy gozan de la complicidad de UGT y CCOO y la sumisión silente de Foment del Treball.

Se trata, en definitiva, de un proyecto cuidadosamente planificado hace un cuarto de siglo, presentado como espontáneo y popular, y que ha calado como lluvia fina en el imaginario colectivo.

Un proyecto que, tal y como se previó, ha acabado por contaminarlo todo. Desde el deporte al nombre de las calles y las plazas, los museos (ya todos nacionales) o las asociaciones cívicas.

La inversión, directa a Madrid
La profusión normativa, el papel omnipresente de la administración pública en la vida civil, el adoctrinamiento permanente y la tupida red clientelar tejida durante tres décadas ha frenado el dinamismo de la que fue una de las sociedades más industriosas y avanzadas de España y Europa. Veinticinco años después, Cataluña está sumida en una profunda inestabilidad institucional, la expulsión de facto del idioma español ha supuesto un dramático empobrecimiento cultural y las inversiones internacionales prefieren ahora Madrid. Una parte importante de la sociedad, profundamente ideologizada, cree sinceramente vivir oprimida por un poder central despótico y antidemocrático, y lo que es peor: recela, en el mejor de los casos, de algunos de sus vecinos de barrio, calle o ascensor. La tristemente célebre fractura social.

El nacionalismo ha hecho de Cataluña una tierra en estado de tensión política continua. Un lugar próspero de la Europa Occidental en el que la sociedad vive permanentemente movilizada, como en un parque de bomberos. El Govern puede hacer sonar las alarmas en cualquier momento y llamar a filas a millones de catalanes que abandonarán sus quehaceres y, estelada en mano, saldrán pitando a la cadena humana más cercana.

¡La que se avecina!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 15  Junio  2015

Los líderes de PODEMOS demostraron ayer su indignidad y su nulo talante democrático al hacer estentóreas manifestaciones durante el discurso de la candidata a la Alcaldía de Madrid que obtuvo el mayor número de votos en las elecciones y que si no ha logrado acceder al cargo ha sido por el oportunismo y mezquindad del PSM de Antonio Miguel Carmona. Pero eso no nos puede extrañar de unos sujetos que llevan años haciendo escraches y boicoteando de modo anti democrático a sus oponentes, a los que consideran enemigos a batir. Y tampoco el que tras haber renegado Manuela Carmena de tener nada que ver con esa formación ultra izquierdista de PODEMOS, se haga ahora evidente su mentira, su cinismo y su mezquindad al ocultar a los ciudadanos esa relación de marca entre Ahora Madrid y PODEMOS. Una estrategia que no es nueva y ha sido ampliamente usada como forma de camuflaje por organizaciones y formaciones del brazo político de ETA, como es BILDU.

Esperanza Aguirre no logró su objetivo de alcanzar una mayoría simple, ni tampoco ofrecer al PSM la oportunidad de gobernar con su apoyo. Estos de Carmona han preferido aliarse con el extremismo y el populismo antes que permitir que el PP gobernase o hacerlo ellos usándoles como bastón de apoyo. Porque sus 9 concejales, son una minoría ridícula que solo han servido para engañar a su electorado con pactos que habían negado durante toda la campaña. El valor de la palabra de Antonio Miguel Carmona es inexistente y solo espero que la presión de sus propios correligionarios del PSM, donde ya aparecen voces discrepantes, le ponga en su sitio, fuera de cualquier representación pública.

Lo que realmente importa de este y otros cambalaches en los que el PSOE ha participado para desplazar al PP de aquellas plazas donde había sido la fuerza más votada, solo se puede calificar de miserable. Pero allá cada uno con sus actos, pues los ciudadanos en pocos meses, quizás en menos de los que muchos se suponen, acudirán a votar en las elecciones generales. Y en estas ya no valen veleidades ni visceralidades, porque lo que está en juego es nada menos que el Gobierno de España y el éxito de la salida de la crisis. Y desde luego que la situación, a pesar de la evidente mejora de los datos macroeconómicos y el pequeño repunte del empleo, no está para jugar a la ruleta rusa de dejarlo en manos de unos sectarios extremistas dispuestos a “dar alegría” a costa del dinero de todos.

No sé si Esperanza Aguirre decidirá abandonar de forma definitiva a quienes solo la toleraron mientras pensaban que podría llegar a salvar los muebles en la capital. La campaña ha sido para enmarcarla en un despropósito continuado plagado de “fuego amigo” y una persecución tipo jauría desde la izquierda radical y la teóricamente social demócrata cuyo miserable “cordón sanitario” contra el PP y especialmente contra Esperanza Aguirre ha terminado por imponerse aún a pesar de haber empeñado la palabra en unas líneas rojas de no hacerlo con el populismo ni con los secesionistas.

Lo de ayer fue solo una muestra de lo que espera a los ciudadanos de Madrid y de otras capitales de España donde el frente popular se ha alzado con el poder. Veremos lo que tardan en declararse insumisos y aplicar su especial doctrina de no acatar leyes injustas, endeudarse de forma radical con la excusa de acciones sociales, subvencionar a formaciones afines, etc. Si ya lo hacían estando fuera del poder, ¿qué no serán capaces de hacer manejando esas inmensas cantidades de fondos públicos y mandando sobre millones de ciudadanos? Me espero lo peor.

Fumata roja: ¡Habemus Frente Popular!
“Nosotros os lo enseñaremos todo, tan solamente debéis dejaros conducir de la mano. Os enseñaremos a levantar los muros de las prisiones y a forjar cadenas y a trenzar nudos de knout” T.Shevtchenko
Miguel Massanetwww.diariosigloxxi.com 15  Junio  2015

Por mucho que los españoles nos veíamos venir lo que ha sucedido o por mucho que nos temiéramos que el pueblo español estuviera contaminado por un izquierdismo creciente y un afán redivivo de revolverse contra el orden constitucional y los poderes fácticos del país; nunca, nunca señores, hubiéramos podido imaginar que una nación como España pudiera llegar a perder con tanta facilidad, con tan poco raciocinio y con tan disminuido sentido práctico de la vida, su sensatez y sentido común, de modo que fuera capaz de entregarse en manos de la izquierda más extrema. Es posible que algunos no viéramos claro el relevo en la secretaría general de PSOE por un “guaperas”, jugador de baloncesto y economista, en sus ratos libres, el señor Pedro Sánchez. No obstante, hubo un tiempo en que nos pareció una persona sensata, negociadora, en ningún caso extremista y dispuesto a devolver a su partido a su puesto natural en el arco político, que era y ha sido, sin duda, en el centro izquierda moderado del país.

Por supuesto estuvimos equivocados y no nos queda más remedio que, a la vista de su comportamiento en cuanto a los pactos de gobierno con otros partidos, concertados después de su derrota en las urnas ( en lo que él ha pretendido calificar de triunfo), en los que se ha apoyado sin ambages, de forma inconsciente y seguramente guiado por un sentimiento enfermizo de rechazo a la derecha española, lo que le ha permitido ocupar cuotas de poder autonómico y municipal, sin tener en cuenta que el valerse de tales alianzas le puede pasar una importante factura a la hora de enfrentarse al PP para disputarle el gobierno de la nación. En esta ocasión han concurrido a las elecciones formaciones en forma de franquicias o marcas blancas de un nuevo partido, de cariz comunista y raíces bolivarianas, conocido como Podemos, que no se ha atrevido a enfrentarse, bajo sus siglas, a un resultado malo o mediocre y que ha preferido apoyar a grupos populistas que, bajo su consejo y dirección e incluyendo a simpatizantes de su misma raíz política, han conseguido importantes resultados que les van a permitir, con apoyo de otras formaciones, como el propio PSOE, o gobernar por ellos mismos, como son los casos de Barcelona y Madrid, o colaborar con el PSOE, para que consiga hacerse con parcelas de poder en lugares donde, el PP, había conseguido ganar en cantidad de votos, pero no con mayoría absoluta.

Todos sabemos que, si se les da poder y medios a estos partidos de las izquierdas comunistoides, de forma que puedan hacer un frente contra la derechas, van a conseguir acabar con la incipiente recuperación de la economía española, la seguridad ciudadana, la propiedad privada y, en definitiva, la mayoría de los derechos individuales que la Constitución nos otorga pero que, para estos partidos de corte totalitario, no son más que impedimentos que les estorban para conseguir el fin último de su proyecto de gobierno: aplicar la dictadura del proletariado en España o lo que se puede considerar lo mismo: la resurrección del Frente Popular, surgido de las votaciones de febrero de 1.936, aquel mismo que desató la locura criminal en toda la España republicana y llevó a la tumba a cientos de miles de personas que no comulgaban con sus ideas anarquistas y anticlericales, propugnadas por sindicatos como la CNT, la FAI y posteriormente la propia UGT.

Lo cierto es que, sea por fas o por nefas (recuerden que, en Roma, los días se dividían en: fastos y nefastos), aunque podamos lamentarnos como consolación, lo ocurrido es que, después del 24 de mayo, el panorama político de España ha dado un espectacular vuelco a las izquierdas y, todavía peor, a las más extremistas. Si el PP obtuvo una pírrica victoria en cuanto a número de votos, lo evidente es que partidos como Podemos y sus marcas blancas, como ha sucedido en Madrid, con M.Carmena, en Barcelona, con A.Colau o en Valencia con J.Ribó, en Andalucía con S. Díaz o en Vitoria con Bildu, han conseguido hacerse con una gran parte del mapa autonómico y de los 8.000 municipios, pactando entre sí o con el PSOE para dejar reducido al PP a algunas autonomías como la de Madrid, en la que gobernará Cifuentes con el apoyo de Ciudadanos y otras ciudades, como Santander, en las que consiguieron mayoría absoluta. El panorama preocupante que, para los españoles, representa este cambio, no lo duden, lo iremos conociendo en las próximas fechas, aunque lo que se rumorea basta para erizar el vello a los más templados.

Y en este caos mental en el que hemos quedado sumidos después del chock de los pasados comicios, los ciudadanos nos preguntamos ¿cómo es posible que, ante unos resultados que más o menos se intuían, el señor Rajoy haya permanecido hasta los últimos días, ignorando lo que se le venía encima, manteniendo su postura inmovilista, permitiendo que estas nuevas formaciones o incluso, las no tan nuevas, se le comieran el terreno? Este ha sido el caso de Ciudadanos del señor Ribera, con los que, en lugar de pactar candidaturas conjuntas o, al menos, mantener una postura de respeto, lo que se hizo fue descalificarlos, ridiculizarlos y atacarlos como si fueran sus adversarios naturales y no unos posibles aliados en contra de partidos como el PSOE o Podemos.

Ahora, nos guste o no, el panorama de España no puede ser más inestable, con gobiernos de autonomías y alcaldías de izquierdas, que van a poner la carne en el asador para ponérselo negro al PP, que se ve ante la tesitura de tenerse que enfrentar a una legislativas, casi sin tiempo para reaccionar, con acusaciones serias de ser un partido en el que abunda la corrupción, con una parte importante de votantes que están disgustados por no cumplir sus promesas electorales y, aunque en el aspecto económico consiguieron grandes progresos, es evidente que no lo han sabido vender a los ciudadanos así como no han sabido explicar bien y en su momento oportuno, la verdadera situación de España cuando Zapatero dejó el gobierno.

La incógnita está en si, en los meses que quedan, Rajoy es capaz de hacer cambios importantes en su gobierno y si, las personas nuevas que ponga, tengan el carisma suficiente para que los votantes que abandonaron el partido y lo castigaron con su voto, se decidan a volver al redil, ante el pavoroso panorama de un frente de izquierdas, que amenaza con desestabilizar a toda la nación con sus propuestas imposibles e insostenibles, sus tics totalitarios, sus obsoletos prejuicios contra la propiedad privada y su obsesión por hacer que, el Estado, controle la economía en perjuicio de la libertad de iniciativa privada y de la libertad de mercado; algo imprescindible si queremos que, desde Europa, se nos siga considerando como una nación que inspira confianza, que no aplica políticas intervencionistas o que se ajusta a los principios por los que se viene rigiendo la CE y el Parlamento Europeo.

Una España con municipios y autonomías divididos entre izquierdas y derechas podría subsistir si, en el gobierno central salido de las urnas a finales de año, se mantiene un ejecutivo de tintes conservadores, si el Estado sigue llevando a cabo las políticas que se nos exigen desde Bruselas y si, el tema de las autonomías, no viene lastrado por pretensiones absurdas, como es el caso catalán, de aspiraciones separatistas o por actuaciones rebeldes en cuanto a adaptarse al déficit público y porcentaje de deuda pública que determine el Estado.

O, así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, mucho nos tememos que estos nuevos gobernantes, de cariz izquierdista, no quieran aceptar la realidad de que somos una nación que intenta recuperarse de una grave crisis y parecen decididos a tirar la casa por la ventana, ignorando que dependemos de la UE y de la confianza de nuestros inversores foráneos, impidiendo que las reformas sigan y las ayudas crediticias a las industrias, se mantengan e incrementen como una prioridad inaplazable. Lo contrario nos llevaría a caos y la ruina. De ellos depende y de que todos acepen las reglas del juego.
 

Precisiones sobre el asesinato de Pardines Arcay a manos de ETA
Mikel Buesa Libertad Digital 15  Junio  2015

Pedro Fernández Barbadillo ha escrito este último fin de semana en Libertad Digital acerca del asesinato a manos de ETA, en 1968, del guardia civil José Antonio Pardines Arcay. Su artículo recoge una versión de los acontecimientos que es incompleta y que, por ello, creo que merece la pena precisar. Fernández Barbadillo arranca su trabajo aceptando que, después de lo señalado por Ernest Lluch sobre la niña Begoña Urroz, Pardines no es ya la primera víctima de ETA. Sin embargo, como destaqué hace sólo unos meses en estas mismas páginas, siguiendo los resultados de la investigación que realizó Alfredo Hedroso, bajo mi dirección, para obtener su título de máster en estudios sobre terrorismo por la UNIR, Begoña Urroz fue asesinada por militantes del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación, una organización terrorista que nada tenía que ver con ETA. Ello no quita ni añade mérito a estas dos víctimas del terrorismo, pero restaura la verdad de los acontecimientos, por mucho que oficialmente éstos no quieran ser reconocidos.

Pero, más allá de que Pardines haya sido la primera víctima mortal de ETA, lo que debe precisarse con claridad es que su asesino no fue sólo Txabi Echebarrieta –como señala Fernández Barbadillo, siguiendo la estela del relato de Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey en Vidas rotas–, sino que también disparó sobre él Iñaki Sarasqueta –al que, supongo que por error, Fernández Barbadillo cambia su nombre por el de Antón–. Sarasqueta, aunque negó la autoría del asesinato en la conocida entrevista que concedió a Lourdes Garzón tres décadas después de los acontecimientos, fue ejecutor directo de Pardines, lo mismo que Echebarrieta.

En su investigación, Alfredo Hedroso trae a colación cuatro pruebas indiscutibles de lo que acabo de señalar, pruebas todas ellas que fueron apreciadas por el Consejo de Guerra que condenó a muerte a Sarasqueta. La primera es que se encontraron en el lugar de los hechos "cinco vainas percutidas, tres del calibre 9 mm y dos del calibre 7,65 mm, además de dos proyectiles del primer calibre y dos del segundo hallados bajo el cuerpo del muerto que a su vez presentaba cinco heridas de disparo de arma de fuego, de las cuales cuatro tenían orificio de entrada y salida". Esto último se corrobora en la segunda prueba: el informe de la autopsia practicada al guardia asesinado, en la que se precisa que éste presentaba "cinco disparos de arma de fuego; uno en la región subclavilar derecha; dos en la región precordial y otros dos en el hipocondrio izquierdo". Se colige de ello que fueron dos las armas utilizadas en el crimen. Y para precisar que fueron también dos sus ejecutores hay una tercera prueba: a Txabi Echebarrieta, antes de ser trasladado al hospital en que murió, le fue ocupada una pistola Astra del calibre 9 mm Parabellum con el número 56669; y a Iñaki Sarasqueta, al ser detenido un día más tarde, una pistola Astra Falcon del calibre 7,65 mm con el número 946089.

Pero queda una cuarta prueba de la participación de Echebarrieta y Sarasqueta en el asesinato de Pardines. No es otra que el testimonio de Fermín Garcés Hualde, el camionero que se paró detrás de los etarras y vio su ataque al guardia civil. En 2013, Alfredo Hedroso se entrevistó con Garcés, quien le dijo lo siguiente:

A la entrada de Villabona, a la altura de una yesería, otro guardia civil había parado un Seat Coupé blanco. De repente oigo un disparo, pero en un principio yo creía que era el ruido de la rotura de un buje de alguna ballesta del camión y miré hacia atrás, comprobando que la carga estaba bien. Al volver la vista hacia adelante veo al guardia civil caído en el suelo y que dos individuos están disparando contra él. Me bajo del camión y les grito: "¡Quietos, asesinos, quietos!". Y agarro a uno por el hombro, al Sarasqueta, pero el otro, el Echebarrieta, me apunta con su pistola y tengo que soltarlo. A continuación el Echevarrieta tira al suelo la moto del guardia y los dos huyen en el coche en dirección a Villabona.

En esa misma entrevista con Alfredo Hedroso, Fermín Garcés da más detalles del asunto y relata cómo identificó a Sarasqueta en la Comandancia de San Sebastián. Pero lo más impactante de su testimonio es el final, cuando cuenta: "Fue entonces cuando decidí ingresar en la Guardia Civil (…) y así se lo hice saber a los jefes de la Comandancia, (…) y así, el primero de septiembre de ese mismo año ingresé en el Cuerpo". Todo un ejemplo cuando se compara con la cobardía con la que, en general, se ha reaccionado en el País Vasco frente al terrorismo.

Una última precisión. Fernández Barbadillo señala en su artículo que Echebarrieta y Sarasqueta estaban preparando un atentado contra Melitón Manzanas, aunque no indica que el viaje en el que toparon con el guardia civil Pardines tuviera algo que ver con ese atentado. A este respecto, Alfredo Hedroso, recogiendo textualmente el contenido de un documento que se incautó en 1993 a José María Dorronsoro, dirigente del aparato político de ETA, señala:

El 7 de junio Iñaki Sarasketa y Txabi Etxebarrieta iban desde Donostia en un coche robado, un Seat 850 de matrícula falsa Z-73.956, a una cita que habían concertado en Beasain, en el monumento a San Martín de Loinaz, con Jokin Gorostidi, quien a su vez se desplazaba desde Éibar. El objeto del contacto era que Gorostidi debía entregar a Txabi cierta cantidad de explosivo para ser utilizado en algunas acciones en Guipúzcoa.

La hipótesis de la preparación del atentado contra Melitón Manzanas por Echebarrieta y Sarasqueta me parece poco plausible. Eduardo (Teo) Uriarte escribe en Mirando atrás, su libro de memorias:

La muerte de Txabi constituyó un mazazo. Era el más intelectual de todos, el menos dado al activismo, quizás el más consciente de dónde estaba metido. Y prácticamente se dejó matar. A los demás, conscientes y asustados a la vez, nos roían las ganas de venganza (…) Hubo proyectos de atentados, muchos y de todo tipo (…) De las muchas propuestas de acciones sólo se llevó una a cabo: el asesinato del jefe de la Brigada Político Social de San Sebastián, Melitón Manzanas, el 2 de agosto de 1968. El resto fracasó.

Eduardo Uriarte añade unas páginas más adelante, tras relatar su detención y de otros importantes militantes de ETA, incluyendo las torturas a las que fueron sometidos: "Nadie declaró abiertamente quién había sido el que mató a Manzanas"; comenta a continuación que este es "el secreto mejor guardado de ETA"; un secreto que Uriarte explica así:

Sospecho que no hubo nadie que declarara quién fue el que mató a Manzanas porque nos daba vergüenza matar, porque no lo teníamos asumido (…) En nuestra mente perduraba el "No matarás", (…) el asesinato no era, como ahora, una práctica que garantizara la pureza y pervivencia de la causa vasca. Hoy sus autores alardean de ser asesinos, porque la muerte está en el centro de su ideario.


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