AGLI Recortes de Prensa    Martes 30  Junio 2015

Draghi no salva Europa si Europa no quiere
Es importante que todos entendamos que un banco central no es Papá Noel. Y los que piensan que lo es, entenderán que un riesgo se puede maquillar un tiempo, pero al final se destapa la realidad
Daniel Lacalle El Confidencial 30  Junio  2015

"I told you once I told you twice, but you never listen to my advice"
Steve Perry, Neal Schon

Una de las frases más oídas ayer es "el Banco Central Europeo lo arreglará".

Hemos dotado de cualidades mágicas a los bancos centrales como si fueran Reyes Magos que solucionan cualquier problema en un periquete.

Yo he tenido la suerte de conocer a cuatro presidentes de bancos centrales, Greenspan, Bernanke, Trichet y Draghi, y dialogar con ellos. Y todos repiten siempre lo mismo. Con distintas palabras, lo que comentaba Bernanke: "Algún día el gobierno tendrá que hacer algo más".

Hay errores que deben aclararse:
- Aumentar liquidez no garantiza crecimiento ni reduce los desequilibrios. Los enmascara.

- Si la economía depende del banco central imprimiendo para exportar más y ser competitiva, está condenada a caer en el mismo agujero cuando la acción de dicho banco central se ralentice o se pare.

- Una economía que no crece por desequilibrios estructurales no mejora por aumentar la masa monetaria. Que se lo digan a Japón.

- Alta liquidez y tipos bajos no garantizan que se invierta. En EEUU o Reino Unido la inversión real con respecto al PIB está a niveles de 1960 a pesar de billones de estímulos.

- El banco central no crea empleo. Si las condiciones para invertir y los impuestos van contra el crecimiento, no se mejora el empleo. En EEUU se ha bajado el paro gracias al sector petrolero (2,7 millones de empleos creados), pero hundiendo la participación laboral a niveles de 1978... y no es por cuestiones "demográficas" ya que dicha participación laboral ha caído en todos los segmentos.

- El banco central no reduce la deuda. Solo prolonga el periodo de déficits bajando el coste. Hace confortable el gasto estructural.

En resumen, el banco central compra tiempo y, desafortunadamente, no evita burbujas. Pero no soluciona desequilibrios estructurales.

El Banco Central Europeo ha podido comprar tiempo para los países que han hecho reformas.
Pero el BCE no va a salvar a nadie si ponemos el cartel de "no invierta aquí" en Europa.

La liquidez no mantiene las primas de riesgo bajas eternamente si no hay reformas y entorno inversor adecuado.

La liquidez del BCE es oferta, pero no demanda. Estos días hemos visto como las compras del BCE no han evitado la subida de primas de riesgo. Ni esa liquidez va a hacer que construyan una planta industrial a las afueras de Atenas.

Al final olvidamos que un banco central no es Papá Noel. Y los que piensan que lo es, entenderán que un riesgo se puede maquillar un tiempo, pero al final se destapa la realidad.

La realidad es que, ante un escenario de ruptura de reformas, partidos con políticas mágicas de "préstame, que no te voy a pagar, pero baratito" y cuentos varios, el capital se esfuma.
Luego, cuando dejan el erial de bajo crecimiento, altos impuestos y alta deuda se atreven a clamar que "el banco central no está cumpliendo su mandato de inflación".

Cuando los gobiernos hacen imposible que nadie consuma o invierta a base de impuestazos y políticas intervencionistas, no es que no haya inflación. Es que la matan. No es que haya bajo crecimiento. Es que lo hunden. No es que haya poca inversión. Es que la espantan.

Draghi no va a salvar a Grecia ni a Europa. Si un estado decide pegarse un tiro en la sien, tener el gas de la risa monetario solo va a servir para morir con una sonrisa.

Grecia se hunde, Podemos la defiende
Miguel Ángel Rodríguez Caveda El Semanal Digital  30  Junio  2015

Hay momentos en política en los que un partido se ve retratado públicamente… Situaciones en las que, generalmente por falta de otra solución, se muestra ante la sociedad bajo su verdadero color aún a sabiendas de que le pueda costar votos y apoyos. Más aún cuando se encuentra en plena carrera electoral.

Es lo que le ha sucedido este lunes a Podemos, que por pura vergüenza torera (por muy antitaurinos que sean) se ha visto obligado a defender en un comunicado oficial la gestión de Tsipras en Grecia, afirmando además que Syriza no es responsable de la situación actual del país y que la actuación del Ejecutivo griego es absolutamente “ejemplar”. Casi nada.

Hay que destacar que estas afirmaciones las hace Podemos refiriéndose a un país que vive desde el lunes en un “corralito” financiero, que está arrastrando a negativos a las bolsas de toda Europa y cuya continuidad en la UE pende de un hilo cada vez más fino. Un espejo en el que mirarse, vamos.

El presidente de la Comisión Europea ha sido claro explicando que la puerta sigue abierta para Grecia, pero que cada vez queda menos tiempo. Juncker ha pedido el ‘sí’ de los griegos a las medidas propuestas en el referéndum del próximo día 5, para evitar “el suicidio” del país. “Si los griegos votan a favor de las propuestas, el mensaje será que Grecia quiere seguir en Europa”. A Podemos, sin embargo, lo único que le importa es que los griegos voten “en condiciones de libertad y normalidad”. Para hacérselo mirar. Pedir normalidad a un país que agoniza es mucho pedir, por muy populista y comunista que quieras parecer de cara al exterior.

¿Es esto es lo que quiere Podemos para España si gana en las generales? Lo propone en su programa, entre otras brillantes medidas, de eso no hay duda. No pagar deudas y someter todo a referéndum como está haciendo Grecia es parte del guión. Y a la vista está lo bien que les está funcionando ese sistema a nuestros amigos helenos. Bravo.

Durante la campaña previa a las municipales y autonómicas, Pablo Iglesias y los suyos se disfrazaron con pieles de cordero para atraer un mayor número de votos. Y les fue muy bien. Defender ahora la gestión de un país que está a punto de la quiebra les deja totalmente retratados. ¿Es eso lo que Podemos considera un modelo a seguir, algo positivo? ¿Es bueno que un país se arruine y su población no tenga acceso ni a su propio dinero, simplemente porque lo han decidido por referéndum? La incongruencia de la izquierda radical no tiene límites. Pero hay líneas que, por propia cordura, no se deberían cruzar. Hay mucho más que política en juego.

@rodriguezcaveda
www.miguelangelrodriguez.net

¿Efecto de un impago griego? Solo político: los bancos acreedores ya han dejado el país
Sigue siendo Grecia. Y sigue siendo la Eurozona. Pero entre la situación actual y la de 2010 hay matices que atenúan el impacto financiero de la crisis... y acentúan el riesgo institucional y político
Pedro Calvo El Confidencial  30  Junio  2015

La música es de sobra conocida. No es para menos, porque la crisis de Grecia lleva sonando desde la primavera de 2010. Ahora bien, la partitura no es la de entonces. En cinco años ha dado tiempo de sobra para introducir cambios. Y se han producido. Para empezar, porque los principales acreedores helenos ya no son privados, sino públicos. Y para continuar, porque la Eurozona se encuentra más equipada que entonces para soportar el descalabro financiero heleno. Eso sí, hay algo que permanece inalterable: lo que verdaderamente está en juego es el armazón político e institucional de esta Europa del euro.

La primera de esas distinciones arrojará hoy una evidencia para la historia. Este martes, Grecia no devolverá al Fondo Monetario Internacional (FMI) los 1.600 millones de euros que le debía desembolsar este mes. Este impago -por el momento, provisional, a la espera de que el FMI le otorgue carácter oficial pasado un mes- no desembocará en un default técnico, como sí hubiera ocurrido en 2010 si hubiera dejado de pagar la deuda con un acreedor privado.

Pero es que desde abril de 2010, que fue cuando Atenas solicitó el primer rescate, la deuda griega ha cambiado de manos. Los bancos se han batido en retirada y los acreedores son eminentemente organismos e instituciones públicos: el FMI, los países europeos y el Banco Central Europeo (BCE). "Si en vez de estar en 2015 y en vez de no pagar al FMI, nos encontráramos en 2010 y Grecia no pagara una deuda a Deutsche Bank, el terremoto en los mercados sería extraordinario", manifiesta con claridad un experto de renta fija.

Ya no es así, y esta mutación aplaca los temores. Según los datos del Banco Internacional de Pagos (BIS), en marzo de 2010, la exposición de la banca mundial a la deuda griega -en todas sus manifestaciones: pública, privada y derivados- ascendía a 223.735 millones de dólares, de los que 177.649 millones estaban en manos de las entidades europeas. Las cifras son ahora muy diferentes. La exposición bancaria global se ha reducido en un 70%, hasta los 66.679 millones que computaba el BIS a finales de 2014, de los que 50.353 millones sigue en manos europeas.

La mayor exposición sigue correspondiendo a la banca alemana, aunque ha descendido de los 44.219 millones a los 28.360 millones, con un tijeretazo del 36%. En el caso de la banca española, el descenso ha sido mucho mayor, del 71%, hasta los 377 millones de dólares. Pero es los bancos austriacos, belgas, franceses, portugueses o italianos han bajado su exposición a la deuda helena al completo o por encima de un 90%.

O lo que es lo mismo, de toda la deuda griega, y tras años liberando sus balances del riesgo heleno y tras la importante quita ejecutada en 2012 -en la que los inversores privados perdieron casi un 80%-, apenas el 12% está en manos de los acreedores privados -fundamentalmente bancos- y el resto está en el bolsillo de los acreedores públicos. Y este matiz no es nada menor. "La situación es muy distinta a la de 2012 en que el impago hubiera tenido un efecto muy negativo sobre el sistema bancario europeo", subrayan desde Banca March.

Draghi, el 'dique'
El cambio de manos de los riesgos es uno de los motivos que se expone para justificar que la situación actual no es tan peligrosa como la de 2010 o 2012. Pero no es la única novedad que se expone para llegar a esa conclusión. Se menciona, en especial, el papel más activo del BCE, de su presidente, Mario Draghi, y de todo el arsenal que tiene en marcha, como el programa de compra de deuda (QE) y su programa de compras directas de deuda (OMT), así como la barra libre de financiación que mantiene abierta para la banca.

Es decir, Draghi emerge como el gran guardián de la estabilidad. Y con armas que no tiene que diseñar, sino que ya están presentadas y en activo. "El BCE ya está inmerso en un programa de QE y tiene a su disposición la herramienta OMT, diseñada específicamente para este tipo de situación", valora Salman Ahmed, Estratega Global de Lombard Odier IM.

"No existen razones para el pánico. La Eurozona se encuentra en mejor situación que hace cuatro años para una crisis de esta magnitud, con una exposición relativamente bajo a los activos griegos por parte de inversores internacionales", coincide Giordano Lombardo, director de inversiones de Pioneer Investments. Y remacha: "Además, las institucionales europeas, el Banco Central Europeo ante todo, suavizará en lo posible la excesiva volatilidad".

Junto a estas herramientas de corte heterodoxo, Draghi tiene en su mano otra con la que también está llego al filo de mandato: el mantenimiento del acceso de la banca griega a la Provisión Urgente de Liquidez (ELA). Es el único resquicio que les queda a las entidades helenas para financiarse y el último vínculo que queda entre la Eurozona y Grecia. Cortarlo sería, por tanto, fatal.

Por el momento, Draghi convenció el domingo al Consejo de Gobierno del BCE para mantenerlo, y todo indica que lo dejará como está al menos hasta que se celebre el referéndum. Hacerlo antes acentuaría la volatilidad en los mercados y sería interpretado como una injerencia política por parte de una entidad de corte técnico.
La irrevocabilidad del euro

Con los bancos y los inversores menos expuestos, con los riesgos concentrados en unos -pocos- acreedores públicos con los que se puede volver a negociar y con Draghi ejerciendo de escudo protector, la sensación es que, aunque los mercados pueden sufrir sacudidas como la vista este lunes, la amenaza financiera del nuevo coletazo de la crisis griega es más contenida esta vez.

Como matiza el experto financiero Juan Ignacio Crespo, no es que se esté cayendo de nuevo en el síndrome de Esta vez es diferente, sino que lo que ocurre es que "no siempre es igual". La situación actual "no es la misma que la vigente en 2010, 2011 o 2012, es mucho más controlada", sostiene.

Ahora bien, que la Eurozona se encuentra más y mejor equipada que en los inicios de la crisis periférica no equivale a que no haya riesgos. Existen, aunque sobresale uno: que la irrevocabilidad del euro, una cualidad sin la que su futuro se cuestionaría, esté en peligro. "Poner en duda la irreversibilidad del euro causaría un fuerte impacto en la confianza de los inversores a largo plazo. Es necesario transmitir a los mercados que con el euro no hay marcha atrás", subraya Pablo Guijarro, de AFI.

Esta amenaza constata que, en la actualidad, el principal riesgo derivado de la crisis griega no es financiero, sino institucional y político. Como apinta Salman Ahmed, "en esencia, la situación actual trata más sobre la credibilidad política de la zona euro que sobre las consecuencias financieras directas de un default griego".

Platón ya no vive aquí
“Cuando es hermoso creer en la luz es de noche”. También lo dijo Platón. De Grecia, de esta crisis apocalíptica, habrá que extraer lecciones que sirvan para construir una Europa más fuerte
Javier Caraballo El Confidencial 30  Junio  2015

Lo que tiene la crisis de Grecia de simbólico es que es Europa misma la que se ve reflejada en ese charco. La decadencia europea, descolocada desde hace años ante la globalización y los mercados emergentes, se contempla en el estado terminal de un país que fue el centro del mundo hace dos mil quinientos años, el primer gran imperio que conoció la humanidad, y que ahora cuenta sus horas con sobresaltos de caos, angustia de quiebras y vértigos de miseria, sin más consuelo que lo que fue y sólo quedan ruinas.

Nada más recurrente en todos estos días, en un sinfín de comentarios y discursos políticos, que recordar aquel tiempo en el que Grecia construyó los pilares de la civilización que todavía nos sustenta. Y desde la nostalgia histórica del esplendor que tuvo un día, buscar argumentos que sirvan ahora para levantar el orgullo del pueblo griego en este pozo de incertidumbre en el que no hay palabra más repetida que el abismo. “No queremos que Platón juegue en Segunda División”, dijo ayer el propio Juncker en un giro a lo Monty Python de la crisis griega que se convirtió al instante en trending topic. Y en el otro extremo, gentes como Julio Llamazares, el amigo de Zapatero: “Vale que Grecia debe no sé cuántos miles de millones, pero ¿cuánto le debe Europa a los griegos? ¿Nadie se ha parado a pensar en la deuda que los europeos tenemos con Grecia desde tiempo inmemorial y sin saldar?”

Mucho se habla de Platón, pero es precisamente la ausencia de Platón la que ha conducido a Grecia a la situación en la que se encuentra. Cualquiera de los consejos que Platón ofrecía a los suyos podría explicar ahora la degradación de la vida pública en Grecia, hasta la llegar a la situación insostenible en la que se encuentra. El repetido mito de la caverna serviría para aplicárselo a una clase dirigente y a un pueblo que, desde que ingresaron en la Unión Europea, no han hecho más que falsificar balances y adulterar la realidad. No era la verdad aquello que se mostraba y el estallido abrupto de la crisis económica internacional ha arrasado el país cuando ha dejado al descubierto la debilidad que se ocultaba con mentiras. Por eso, porque nadie puede olvidar cuál es el origen de la crisis griega, para el conjunto de la Unión Europea será fundamental que todo se resuelva sin cesiones que hagan tambalear la solidez de todo el sistema.

Está bien que Tsipras haya convocado un referéndum para consultar al pueblo griego. Y estará bien que, en consecuencia, acate aquello que decidan los griegos. Pero la soberanía que los griegos reclaman se limita a Grecia; nadie puede pensar que la democracia en Europa se pone en cuestión si no se acepta una negativa de Grecia al pago de la deuda. ¿No fue Platón quien dijo que cuando una multitud ejerce la autoridad es más cruel aún que los tiranos? Pues eso.

Es evidente, porque así lo reconoce casi todo el mundo, que el final de la crisis griega será, necesariamente, la quita de una parte importante de la deuda actual. Porque existen precedentes, en la propia Europa, de otros países, como Polonia tras la caída del régimen soviético, a los que se le condonó más del 50 por ciento de la deuda, y porque es impensable el horizonte de un país condenado a pagar eternamente un dos o un tres por ciento de su PIB para saldar sus deudas.

A toda Europa le conviene que Grecia salga del marasmo en el que se encuentra y, para que ello sea posible, en algún momento se planteará formalmente la condonación de parte de la deuda. Pero lo que a nadie le conviene, empezando por los propios griegos, es que la reestructuración de la deuda llegue antes de que el país entero se comprometa con algunas reformas estructurales en su economía. Si Tsipras gana esa batalla, si consiguiera la quita de la deuda antes de comprometerse con los ajustes que se exigen, el resultado para Europa sería peor que el de una eventual salida de Grecia del euro, por el contagio de populismo que se extendería al resto de países miembros. Ese es el pulso de la actualidad, un pulso por el control de los tiempos, que será fundamental y determinará el futuro de la Unión Europea.

“Cuando es hermoso creer en la luz es de noche”. También lo dijo Platón. De Grecia, de esta crisis apocalíptica, habrá que extraer lecciones que sirvan para construir una Europa más fuerte. Por eso es fundamental que en Grecia triunfe el rigor y salga derrotado el populismo. Compromiso de reformas, compromiso de pago y, a partir de ahí, cuando se compruebe el cumplimiento de los acuerdos, reducción progresiva de la deuda mediante acuerdos con los acreedores, muchos de ellos países de la propia UE, para que Grecia pueda salir del agujero.

En el Parnaso, una vieja sacerdotisa masticaba hojas de laurel y bebía agua de la fuente sagrada cuando alguien se acercaba a pedir consejo al oráculo de Delfos. Tan sabio era el oráculo que jamás se atrevía a pronosticar qué podía ocurrir en el futuro, sino que se limitaba a dar buenos consejos. Eran consejos sencillos, humildes, directos. “Conócete a ti mismo”, que cautivó a Sócrates, y otros muchos del mismo tenor: “Aprende a aprender”, “habla cuando sepas”, “sométete a la Justicia”, “piensa en lo útil”, “cuídate del engaño”… ¿Quién dice que no? Lo que tiene de simbólico la crisis de Grecia es la terrible desazón que se provoca cuando se mira hacia atrás, como sugieren todos muchos discursos, y se contemplan sólo las ruinas de aquel esplendor de sabiduría. Platón, por desgracia, ya no vive aquí.

Una tragedia griega
Carlos Fuertes lavozlibre.es 30  Junio  2015

Abogado

En los momentos actuales, Europa está sumida en la convulsión de la situación de Grecia. Las posturas entre los acreedores, esto es, los países de la Unión y organismos financieros frente al estado deudor han alcanzado ya un punto cercano al de “no retorno”.

En Derecho, deuda y responsabilidad son cara y cruz de la misma moneda. No resulta venturoso decir que toda obligación jurídica conlleva, en alguna medida, una responsabilidad; o en el sentido contrario, que toda responsabilidad nace del incumplimiento de un deber jurídico. En este caso, acudiendo a los más elementales fundamentos de las obligaciones, Grecia se presenta como la parte deudora en esta relación crediticia. Esa es la premisa que parece obviarse, en una pretendida posición de igualdad entre las partes que no es real.

Cuando un país lleva a cabo actos de ocultación de la deuda ante sus acreedores, falsea cuentas y perpetúa un régimen fiscal y de gasto público absolutamente inadmisible y delirante, no tiene cabida posible en la Unión Europea. Muchas de las prácticas desarrolladas, y que cada día vamos conociendo, responden al más bochornoso ejercicio de latrocinio de los fondos comunitarios, que Grecia ha empleado durante años para vivir en un sistema clientelar, de corrupción asombrosamente institucionalizada, y donde hay datos que hablan por sí mismos. Desde un hospital disponía de 47 jardineros para 4 macetas, a un país donde 1 de cada 4 griegos no pagaba nada a Hacienda, entre otros desmanes. Si un particular, no un Estado, realizare una conducta de tal magnitud para incumplir sus obligaciones crediticias, estaría procesado por un alzamiento de bienes.

En ese marco, en el de un deudor díscolo, dolosamente incumplidor, embebido de derechos que carece, los representantes del gobierno de Tsipras, con Varoufakis a la cabeza, se presentan ante Lagarde -tras llamar al FMI banda criminal- y ante los demás socios comunitarios a negociar. Mal empezamos.

En ese mismo tono, tal y como hemos conocido, la actitud desarrollada ha sido, simplemente, psicodélica. En un entorno de personas con un nivel cultural alto, seguir soltando las mismas sandeces que a una masa enfebrecida, tiene escaso recorrido. Frente a esa realidad ensoñada por Varoufakis, que acude a la reunión con un ejercicio de absoluto cinismo e irresponsabilidad, los demás miembros asisten perplejos a ver el descalabro y el suicidio financiero de los griegos. Sus postulados son claros: tenemos derecho a negociar la deuda. La respuesta es clara también: quien debe solo tiene un derecho esencial, el de pagar. Si no se acometen medidas de control del gasto, y se acude a formulas que den garantías de afrontar futuras obligaciones, no se puede prestar un solo euro.

Una “negociación” como esta debe ser enmarcada en una idea clave. Grecia está con el trasero al aire, por su propia gestión, y por la política desarrollada años. Como ocurrió en Marbella con el caso Malaya, nadie veía nada raro, ¿verdad? Grecia ha sido un foco de hemorragia económica de la Unión, y países serios –de verdad- como Alemania, Dinamarca o Países Bajos no están por la labor de llevar a cabo políticas contentivas, y tener que apretar sus dientes, para permitir una bacanal en el sur de Europa a su costa. En ese contexto, difícilmente un acreedor puede aceptar que aquel que te debe encima te ponga condiciones para pagarte. Eso en castellano se suele llevar al procaz dicho de “encima de puta, pon la cama”.

Imagino la cara de gente como Schäuble, advirtiendo lecciones de Grecia, con medidas y propuestas económicas dan verdadero sonrojo, lecciones económicas de mitin electoral. Ello, unido encima a una dosis de chulería “empoderada social” de los representantes helenos, cuales mocosos a los que sus padres piden cuentas tras destrozar la casa en una fiesta. Esa imagen bien merecería una foto.

Frente a la cruda verdad, la incómoda, la políticamente complicada que supondría reconocer el fracaso de las medidas de gasto público irrefrenado, Tsipras lanza un mensaje de desafío, de romántica insumisión a los terribles recortes y de salvación nacional. Cómo explicar a tu pueblo que las vacas flacas se acabaron ya hace tiempo, y que también la paciencia de las subvenciones llega a su fin. Una nación soberana tiene independencia económica, y sino, no es verdaderamente soberana. Vivir a costa de la caridad comunitaria tiene un límite, y el gobierno de Syriza va camino de comprobar dónde se encuentra aquél.

El chantaje en algunas latitudes, en España por ejemplo, funciona de maravilla. En Europa, no va a haber más margen para quienes intenten atentar contra los basamentos de la Unión y el rigor en los compromisos.

No habrá más negociación, todo queda en manos de los griegos
EDITORIAL El Mundo 30  Junio  2015

No habrá nuevas negociaciones antes de la consulta del domingo. Así lo dejo claro ayer Angela Merkel, que aseguró que la última oferta del Eurogrupo era "generosa" y que no habrá prórroga del rescate. Dicho con otras palabras, los griegos tendrán que decidir en las urnas si aceptan o no el documento que rechazaron el pasado sábado. Un ultimátum de la canciller, que no ocultó su enfado por el gesto del Gobierno de Atenas de levantarse de la mesa de negociación el fin de semana.

En el mismo sentido, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, se dirigió en una comparecencia ante los medios en Bruselas a los ciudadanos griegos, a los que pidió que voten sí para seguir en el euro y mantener los lazos con sus socios. "Un no sería un desastre. Por eso pido que voten sí. Los griegos no leen el BOE de su país, no saben lo que se les va a pedir que voten", aseguró Juncker.

"Nuestra oferta no es un estúpido paquete de austeridad. No rebaja los salarios ni las pensiones. Eso hay que dejarlo claro", afirmó el presidente de la Comisión, subrayando que un no en la consulta sólo puede ser interpretado como un deseo de Grecia de "alejarse de Europa y de la zona euro".

La salida de Grecia de la moneda única implicaría una suspensión de pagos del país, la salida masiva de capitales y una devaluación competitiva, que provocaría un drástico aumento de la inflación. De hecho, ayer empezaron a aplicarse las medidas de control de capitales que impiden a cada depositante sacar más de 60 euros al día en los cajeros.

Las encuestas que se han realizado en las últimas semanas en el país heleno revelan que hay una mayoría a favor de permanecer en el euro. Pero el Gobierno de Tsipras ha empezado a hacer propaganda por el no, invocando "el orgullo nacional" para rechazar las condiciones de Bruselas. Todo indica que estamos ante una campaña de solo cinco días que puede ser dramática. Syriza, aliada con la extrema derecha de Amanecer Dorado, tendrá como oponentes a Nueva Democracia, el partido de Samaras, y a los socialistas, favorables a seguir en el euro.

Si triunfa el no, Tsipras no tendrá otro remedio que sacar a Grecia del euro si quiere ser coherente con sus planteamientos. Si gana el sí, no le quedaría al líder de Syriza otra alternativa que dimitir y convocar probablemente otras elecciones. Ninguno de los dos escenarios es bueno para Grecia, aunque la victoria del no sería mucho peor porque supondría la ruptura con la UE.

El debate sobre el país heleno dominó ayer la vida política nacional. Mariano Rajoy apeló a la tranquilidad de los españoles, argumentado que las reformas realizadas por su Gobierno colocan a España fuera de las turbulencias que puede provocar esta crisis.

Por el contrario, Podemos hizo público un comunicado en el que habla de "chantaje de los acreedores" y asegura que existe un intento de «amedrentar y coaccionar» a los ciudadanos griegos en una operación que apunta a «derrocar a un Gobierno democráticamente elegido para demostrar que no hay alternativa». Difícil decir más tonterías en menos espacio, entre otras cosas, porque la UE no tiene la culpa de la desastrosa gestión de la economía griega ni del despilfarro de sus recursos.

Debido a la irresponsabilidad de Tsipras, los griegos tienen que tomar el domingo una decisión que afectará no sólo a su país sino al futuro de la Unión Europea. Lo deseable es que Grecia continúe dentro del euro, pero lo que no es posible aceptar es que esa permanencia se produzca mediante privilegios que generen nuevos agravios comparativos de otros socios.

El Podemos griego y el efecto dominó
EDITORIAL Libertad Digital 30  Junio  2015

La formación populista ultraizquierdista Syriza sólo ha necesitado seis meses para llevar a Grecia a la bancarrota. El rechazo de Atenas a seguir negociando con las autoridades internacionales aboca a los griegos a sufrir un corralito financiero, ante la imposibilidad de su Gobierno de seguir financiándose en el exterior y la alta probabilidad de una fuga aún más masiva de capitales.

Syriza ha cumplido hasta el momento con su programa económico, cuya aplicación suponía tarde o temprano el colapso del país. La elefantiasis del Estado griego, el aumento incesante del gasto público (exacerbado tras la llegada al poder de Alexis Tsipras y compañía) y la negativa de Atenas a introducir mecanismos de disciplina presupuestaria para reducir la descomunal deuda pública han llevado a Grecia a un callejón sin salida.

No contento con esta catástrofe económica, que va a castigar a las capas más débiles de la sociedad, el Podemos griego ha decidido convocar un referéndum demencial para poner al pueblo ante una disyuntiva letal, que no existiría si Grecia tuviera un Gobierno conformado por políticos responsables.

Tsipras y Varufakis han tensado la cuerda al máximo para no traicionar las promesas imposibles con que Syriza ganó las elecciones. Ambos confiaban en que la UE no dejaría caer a Grecia, pero hasta la paciencia de la muy asustadiza clase política comunitaria tiene un límite, que estos demagogos insensatos han colmado con creces.

Harán mal los gobernantes europeos, especialmente los del sur de la Unión, si reducen esta crisis al ámbito griego, como de hecho ya han empezado a hacer para tranquilizar a sus conciudadanos y a los mercados financieros. Lo ocurrido en el país heleno puede trasladarse perfectamente a Italia o a España, donde la presencia de partidos de extrema izquierda como Syriza supone una amenaza de primer nivel.

En el caso español, Podemos reproduce al milímetro las recetas suicidas de sus hermanos griegos. El apoyo de Pablo Iglesias y compañía a las medidas incalificables de Tsipras es el enésimo aviso a navegantes acerca de lo que puede suceder aquí si los liberticidas se hacen con el poder. De momento ya gobiernan -es un decir- Madrid y Barcelona, donde no hay día que no hagan o digan algo que provoque indignación o una poderosa vergüenza ajena. Su incompetencia sólo es equiparable a su capacidad para utilizar la más burda demagogia a fin de llegar al poder, cueste lo que cueste.

Por eso resulta estéril conjurar el riesgo más que evidente de contagio aludiendo a la recuperación de la economía española, que puede frustrarse en cuanto el Podemos griego genere un efecto dominó que hunda la confianza internacional en aquélla.

Con la presencia cada vez más importante del ultraizquierdismo bolivariano en las instituciones democráticas, el riesgo de que España acabe como Grecia es mucho más serio de lo que Rajoy y sus ministros pretenden hacer creer.

Detrás vamos nosotros
Santiago González El Mundo 30  Junio  2015

Avisé en su día de que había que guardar esta foto, en la que el secretario general de Podemos apoya al secretario general de Syriza la víspera del día en que este se iba a convertir en el primer ministro griego.

En esos días y aun en los meses siguientes, Pablo Iglesias consideraba a Syriza un modelo para España:

"2015 será el año del cambio en España y en Europa. Empezaremos en Grecia. Vamos Alexis!! Vamos @syriza_gr !!"

Cuando aún faltan cinco meses para las elecciones legislativas en España ya se empieza a ver con claridad hacia dónde lleva el modelo griego, inevitablemente al corralito. Uno no es partidario de los apocalipsis, aunque solo sea por razones prácticas, pero se veía venir desde hace meses. No se entiende, en consecuencia, que la señora Lagarde se sienta 'decepcionada'. ¿Por qué, buena mujer?¿Qué esperaba usted?

Estos tipos que gobiernan Grecia se han mostrado en todo momento tan coherentes, tan fieles a sí mismos que no hay lugar para la decepción. Tenían que llegar a esto que pasa hoy: el cierre de los bancos y de la bolsa para evitar que el pánico financiero produzca el colapso total. Es de temer que que no sea un solo día.

¿Recuerdan Venezuela? La revolución bolivariana a la que los dirigentes de Podemos asesoraron, a la que copiaron el propio nombre del partido y su estructura en círculos, de donde Iglesias copió una onomatopeya, tic-tac, tic-tac, que hizo famosa Hugo Chávez, el empoderamiento, el exprópiese, etc.

Cualquier empresa privada, a la hora de contratar a un directivo examina su currículo y las cuentas de resultados que contribuyó a cerrar con su colaboración. Bueno, pues la Venezuela chavista presenta en 2015 una inflación superior al 65%, la más alta del mundo, una caída del PIB del 7% y una tasa de criminalidad que es la segunda del mundo, solo superada por Honduras, según la Organización Mundial de la Salud y la ong Observatorio Venezolano de la Violencia.

Grecia muestra el camino. Esto no lo dicen estrictamente los dirigentes de Podemos. Jordi Évole, un periodista estrella, ha escrito un eslogan en favor del ministro griego de Economía: "Varoufakis ha demostrado que se pueden hacer las cosas de otra manera". Efectivamente.

Todavía hoy hay gentes empeñadas en discutir sobre la necesidad de un acuerdo entre Grecia y la UE. La cuestión no es que la Grexit suponga un revés y un daño grave para toda la Europa del euro. El problema es que incluso la condonación de la deuda sería irrelevante para encontrar una salida. Salvo que toda Europa concluya que la mejor solución es ceder al chantaje de Tsipras y seguir financiando in aeternum a una economía disparatada cuyos agentes desconocen el concepto de austeridad. Esa sí sería una circunstancia que tal vez ayudara a Podemos a ganar las legislativas de noviembre.Yo mismo les votaría.

De momento, ha llegado la hora del heroísmo para Podemos, sus dirigentes, Izquierda Unida y los suyos, los que sostienen la idea de que España debe olvidarse de los 26.000 millones que prestó a Grecia, Zapatero que dijo que aquello era un negocio y que España ganaría 110 millones al año, Évole y todos los amantes del día de la cigarra: Comprad deuda griega, hijos míos.

¿Y la soberanía de los acreedores de Grecia?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 30  Junio  2015

Mucho se está criticando, y con razón, a Zapatero por asegurar en su día que los contribuyentes españoles íbamos a ganar 110 millones anuales con los préstamos concedidos al Gobierno griego en 2010. Ahora bien: tampoco debería ser de recibo que ese ruinoso negocio que han sido siempre los préstamos al país heleno se nos presente ahora como un acto de encomiable generosidad, tal y como ha hecho el ministro de Hacienda, Luis de Guindos, al asegurar que los 26.000 millones de euros prestados a Grecia fueron "solidaridad, pura y dura". Pues no. Ni una cosa ni otra: ni hemos hecho negocio con los griegos ni hemos sido solidarios con ellos. Y eso por la sencilla razón de que el dinero ha salido del bolsillo de un forzado contribuyente al que se ha privado de la soberanía para decidir si quiere –o no– ser acreedor –o solidario– de unos gobernantes empecinados en sostener un sector público que sus ciudadanos no se pueden permitir.

Valga esta observación para decir que a mí lo que me resulta escandaloso no es que el Parlamento griego haya aprobado someter a consulta popular las nuevas y más laxas condiciones que la Unión Europea reclama al Gobierno de Tsipras para seguir transfiriéndole dinero del resto de los europeos. A mí lo que me resulta indecente es que la Unión Europea, el BCE y el FMI sigan dispuestos a transferir dinero a unos gobernantes pródigos a los que nadie en su sano juicio daría un solo euro de su propio dinero, ni como préstamo ni como muestra de solidaridad.

Desde que Grecia ingresó en el euro mediante la falsificación de sus estadísticas macroeconómicas, sus gobernantes no han hecho otra cosa que comportarse de manera irresponsable, y no ha habido una sola irresponsabilidad que no haya sido irresponsablemente financiada por esos organismos, supuestos adalides de la ortodoxia y de la austeridad, que componen la troika.

Todos nos reímos con la conocida máxima de Groucho Marx en la que decía que se negaría a pertenecer a un club que lo admitiese como socio. Pero nos empecinamos, como si de una muestra de sensatez se tratara, en mantener a Grecia en el club del euro a costa de socavar las reglas que hacen posible la existencia y el prestigio de la moneda única. Que Varufakis y compañía recurran al miedo de lo que supondría el Grexit tiene toda su lógica, habida cuenta de que tratan de seguir viviendo a costa del dinero y del miedo de los demás. Sin embargo, no son los únicos en creer o, por lo menos, hacernos creer que la credibilidad del euro no se reforzaría sino que se debilitaría con la salida de Grecia.

Así las cosas, y habida cuenta de que en ningún país acreedor se nos va a consultar si estamos dispuestos a seguir prestando dinero a Grecia, ojalá los griegos voten y lo hagan en contra de la última propuesta de la UE. Será su suicidio, pero también la única forma de evitar que sigan viviendo a costa de los demás.

Grecia crecía al 5,5% en 2006
Entre lo malo y lo peor
El desastre de la economía helena no era inevitable ni algo históricamente anunciado
Lo ocurrido se debe en gran medida a una larga serie de errores en Atenas y Bruselas. Grecia era viable en 2008
ENRIC GONZÁLEZ El Mundo 30  Junio  2015

El desastre de la economía griega tiende a verse como algo históricamente anunciado y prácticamente inevitable. Ambas cosas son falsas. Lo que ha ocurrido se debe en gran medida a una larga serie de errores en Atenas y Bruselas. Grecia, pese a todos sus problemas, era viable en 2008, cuando estalló la gran crisis. Ahora sólo puede elegir entre lo malo y lo peor.

Se olvida que entre 1950 y 1973, inicio del shock petrolero, Grecia fue un prodigio de crecimiento. El PIB aumentó a un ritmo cercano al 10% anual, muy por encima de Corea del Sur y, por supuesto, de España. Las cosas empezaron a torcerse en 1974, con la caída de la dictadura de los coroneles y la restauración democrática. La democracia griega resultó muy corrupta y muy cara. La integración de los sindicatos y de la izquierda en el nuevo régimen se realizó aumentando la nómina de funcionarios y estableciendo sistemas clientelares. Cada partido se ocupaba de tener contentos a los suyos con subvenciones y regalías. Imperaban las dinastías Karamanlis (derecha nacionalista) y Papandreu (socialistas). Empezó a instaurarse un consenso tácito: las élites robaban y los ciudadanos, en contrapartida, procuraban no pagar impuestos.

Aún así, Grecia iba tirando. Tenía, y tiene, la mayor flota mercante del mundo. Uno de cada cuatro petroleros es propiedad de una empresa griega. El turismo, la industria textil, las cementeras y la agricultura constituyen los otros pilares económicos. Los gobiernos del bipartidismo, conservadores y socialistas, trucaron las estadísticas nacionales para cumplir más o menos los requisitos de integración en la moneda única, en 1999. Camuflaron deuda y déficit gracias al uso de swaps financieros (pagos diferidos) con el asesoramiento de bancos como Goldman Sachs, cosa que también hizo profusamente Italia. Igual que ocurrió en otros países de la periferia europea, entre ellos España, los griegos utilizaron los bajos tipos de interés y el acceso a los mercados internacionales para contraer una alta deuda privada y seguir engordando la deuda pública. Con todo, los índices no resultaban alarmantes. La deuda pública era, en proporción, inferior a la italiana o la belga. Y en 2006 la economía crecía aún a un ritmo anual del 5,5%.

El estallido de la crisis provocó un rápido aumento de la deuda pública en el conjunto de la UE. También en Grecia. El momento crítico, sin embargo, llegó en febrero de 2010. El nuevo gobierno de centroizquierda, presidido por George Papandreu, anunció a las autoridades comunitarias que la contabilidad oficial era errónea. El déficit presupuestario en 2009 no había sido del 6% sino, como se averiguó tras una auditoría, del 15,7%. La deuda pública no suponía el 113% del PIB, sino el 130%. Eso envenenó las relaciones entre Bruselas y Atenas y provocó el pánico en los bancos acreedores. Los tipos de interés que se exigían a Grecia para refinanciar su deuda se dispararon hasta niveles insostenibles.

El rescate organizado por las instituciones europeas y el FMI se vio muy influido por el miedo de los bancos a no recuperar su dinero. Por un lado, las instituciones (la Troika) compraron deuda a los bancos con un descuento, para que éstos se vieran menos expuestos ante una hipotética suspensión de pagos. Es decir, la deuda a bancos privados se convirtió, en gran medida, en deuda a gobiernos e instituciones públicas. Por otro lado, se impuso a Grecia un programa de austeridad que hoy se reconoce excesivo.

La economía griega sufrió una contracción brutal. El desempleo, que antes de la crisis no superaba el 7%, subió hasta el 25%. El nivel real de paro resulta hoy superior a lo que indica ese índice: hay 3,5 millones de griegos que trabajan, pero hay 3,3 millones en condiciones de trabajar que no lo hacen.

Los sucesivos rescates de la Troika (un rescate es un préstamo con intereses y, además, con contrapartidas políticas como la reducción de pensiones y de gasto social) llevaron la deuda hasta el actual 180% del PIB. No hay que espantarse por la cifra. Japón tiene una deuda nacional que supone casi el 250% del PIB. Ocurre que en Japón esa deuda está en manos de los ahorradores japoneses y se refinancia con facilidad. La deuda griega, en cambio, está en manos de instituciones internacionales. Eso supone una gran diferencia.

Falló la Troika y fallaron los sucesivos gobiernos griegos de Papandreu (socialista), Samaras (conservador) y Tsipras (neocomunista). No se combatieron eficazmente el fraude fiscal y la economía sumergida, que supone en torno al 25% del total; no se logró repatriar el capital oculto en bancos suizos, estimado en 80.000 millones; no se acabó con la corrupción; los recortes en gasto social no fueron acompañados por una reforma en la administración ni en los monopolios. Grecia va de recesión en recesión. Y así ha llegado al borde del abismo.

Populismo de libro.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 30  Junio  2015

Anda José María Aznar bastante revoltoso en estos últimos días concediendo entrevistas que han subido el tono de las críticas hasta transformarse en serias reconvenciones a Mariano Rajoy con sus palmeros. Una actitud que dista mucho de la tibieza y melifluidad de los cuatro años anteriores de legislatura donde ya debió haber emprendido una campaña severa contra las actuaciones suicidas de un Gobierno y su Presidente que traicionó la confianza de millones de españoles incluidos millones de propios correligionarios y votantes naturales. Llega tarde, demasiado tarde para que de existir un drástico cambio de rumbo y toma de decisiones, no sean interpretados como un desesperado intento de “salvar los muebles” y populismo descarado.

Está claro que la torpeza o la mala intención de algunos con sus filtraciones, han dejado al descubierto una estrategia de medidas planificadas con el único objetivo de doblar voluntades, siendo una de ellas la devolución de la famosa paga confiscada a los funcionarios públicos o la subida de las pensiones y rebaja del IRPF. Lo que se ha denominado “un contrato de gobierno” para el primer año de la siguiente legislatura que iría en el bloque de los Presupuestos Generales del Estado para el 2016. Algo que se convertiría en papel mojado en cuanto el PP fuera incapaz de conseguir obtener los apoyos suficientes para un gobierno estable. Las encuestas dicen precisamente lo contrario y es por eso que el pánico escénico por fin ha hecho aparición , sobre todo en aquellos que ven como José María Aznar que su logro de creación de un partido fuerte, cohesionado y líder, ha saltado en mil pedazos ante su pasividad e incredulidad.

El PP ha sucumbido a sus propios errores y nada ni nadie, ni siquiera Aznar va a poder alzarse como el eficaz contratista encargado para la reconstrucción desde las ruinas que ha dejado Rajoy. Son demasiados los cascotes, los hierros retorcidos y se requiere un tiempo del que no dispone para limpiar el solar y comenzar a edificar el nuevo proyecto. Porque eso es lo que se precisa, un nuevo proyecto que devuelva la confianza, que acabe con los graves errores del pasado y re afiance la ideología liberal, conservadora y abierta al diálogo de forma reconocible para un amplio espectro de ciudadanos que ahora además de sentirnos defraudados y engañados, nos hemos quedado sin referencias y nos vemos abocados a una abstención no deseada antes de dar nuestro voto a otras formaciones de dudosa credibilidad y firmeza ideológica como el pretendido centro sensato que lidera Albert Rivera.

Como en el año 1992 del centenario del descubrimiento y la faraónica inversión de la Expo en Sevilla, es aplicable aquella cantinela que se hizo famosa en su día ante la típica y tópica “chapuza nacional” con lo de “no les va a dar tiempo…”. Si las elecciones autonómicas y municipales han dejado un mosaico de asaltacapillas, escracheadores profesionales, revolucionarios involucionistas y demás fauna incompetente, sectaria y revanchista, las elecciones generales pueden resultar en un guirigay similar o peor que hagan ingobernable un sistema que de podrido y apestado, hace tiempo que se debería haberse certificado su óbito y enterrarlo definitivamente.

Tarde llega José María Aznar con su llamada a arrebato. Lo mejor es que ante lo inevitable siga como Lot su huida y no mire hacia atrás para no convertirse en estatua de sal.

El largo viaje del Estado Islámico
Javier Benegas vozpopuli.com 30  Junio  2015

Sucedió durante la inauguración de una planta potabilizadora de agua, en el barrio de Yarmouk de Bagdad. Una multitud de niños asediaba a un grupo de soldados estadounidenses que repartía caramelos, cuando un coche giró bruscamente y se dirigió hacia ellos a gran velocidad. Inmediatamente después se produjo la primera explosión. Aún flotaban en el aire los ecos del estampido cuando otro vehículo siguió el mismo camino, y una segunda explosión, aún más violenta que la anterior, sacudió las casas adyacentes como si fueran de papel. Cuando el humo se disipó, los niños habían desaparecido. En su lugar un número indeterminado de diminutos zapatos, sandalias y restos humanos aparecieron esparcidos por el suelo en un radio de varias decenas de metros. A dos calles de distancia fue encontrada la cabeza de uno de los terroristas, sorprendentemente intacta. Pertenecía al hijo de una acomodada familia saudí.

El desencadenante
Fue a partir del otoño de 2004 cuando los terroristas empezaron a llegar en masa a Irak. Lo hacían desde Siria, siguiendo el serpenteante curso del río Éufrates hasta Faluya, al oeste de Bagdad. Una ruta que los norteamericanos bautizaron como la Línea de las ratas. El procedimiento para entrar en Irak era sencillo. Bastaba con viajar a Siria y, una vez allí, declarar como destino final Turquía. Así se obtenía el visado de tránsito. Luego solo había que tomar un autobús hasta la frontera y vestir y comportarse como un occidental para entrar en el país.

En cuestión de pocas semanas, la situación empeoró drásticamente para las tropas estadounidenses y, sobre todo, para la población civil iraquí, la cual, en su inmensa mayoría no se había dejado seducir por las incendiarias soflamas de las diversas facciones insurgentes. Muy al contrario, los iraquíes habían confiado en que, desaparecido Saddam Hussein y reducido el partido Baath a la mínima expresión, la prometida reconstrucción del país, regada generosamente con dólares americanos, traería consigo la prosperidad y, sobre todo, la paz. A fin de cuentas, lo que los habitantes de Irak anhelaban, como los de cualquier otra parte del mundo, era seguridad y un horizonte de futuro. Dentro de este esquema, la democracia era algo secundario; una palabra extraña cuyo significado casi nadie alcanzaba a entender.

Pero Irak era un Estado arrasado, donde las infraestructuras y los organismos oficiales se habían volatilizado tras los intensos bombardeos previos a la invasión. Y lo poco que había quedado en pie, incluidos los registros civiles, los censos y los historiales médicos, había sucumbido a los saqueos posteriores ante la inexplicable pasividad y desidia de las tropas invasoras. Nada funcionaba. En la inmensa mayoría del país no había electricidad ni agua corriente. El Ejército y la policía habían sido disueltos y cualquier signo de autoridad o presencia del Estado había desaparecido. En definitiva, el caos era absoluto.

Un error sobre otro
Para terminar de complicar las cosas, en Irak los grandes núcleos urbanos son escasos. Y los municipios menores, de unas pocas decenas de miles de habitantes, están dispersos y rodeados por infinidad de pequeñas aldeas que era imposible controlar, lo cual hacía que garantizar la seguridad y los suministros se convirtiera en un problema logístico sin solución. Así, mientras en el interior de poblaciones medias como Balad, de mayoría chiíta, asegurar la paz era relativamente sencillo, bastaba con alejarse unos centenares de metros más allá de sus límites para experimentar en carne propia la violencia de la insurgencia sunita, de Al Qaeda o de cualquier partida de saqueadores.

Fue en ese terreno de nadie donde proliferó la insurgencia, haciendo que las escasas vías de comunicación se volvieran cada vez más peligrosas e intransitables. El abastecimiento y el movimiento de tropas se complicó extraordinariamente, los pequeños municipios poco a poco dejaron de ser seguros y los cuerpos de seguridad locales, creados a la carrera por los estadounidenses, comenzaron a disolverse. Finalmente, los insurgentes se infiltraron en las poblaciones y se adueñaron poco a poco de sus calles, propagando el terror.

El país entero se sumió en la violencia, y todos los que tenían la piel sospechosamente pálida empezaron a sentir el aliento de la muerte en su nuca. Los políticos, diplomáticos, agregados comerciales, contratistas, analistas, periodistas y hasta los espías tuvieron que recluirse en la llamada Zona verde (Green Zone), un complejo laberinto de muros y fortificaciones que rodeaba algunos edificios oficiales en las afueras de Bagdad. Más allá de ese lugar Irak se había convertido en un territorio hostil donde la seguridad era una abstracción. En consecuencia, quienes debían administrar la reconstrucción del país y negociar la transición, perdieron todo contacto con la realidad.

Dejando al margen los controvertidos motivos que dieron lugar a la invasión de Irak en 2003, a los innumerables errores de cometidos por los políticos de Washington se sumó la tenaz oposición de los diferentes actores con intereses en la zona y sus sucursales violentas, cada cual con su propia hoja de ruta, pero con un común denominador: el odio a todo lo occidental.

Pero aún faltaba la guinda del pastel. Y a los errores de la invasión de Irak y la ausencia de un plan de reconstrucción y viabilidad del Estado iraquí perpetrados por la administración Bush, Barak Obama sumó un tercero que a la postre ha sido el decisivo: la retirada de las tropas norteamericanas, consumada el 18 de diciembre de 2012. Un vació que tuvo que llenar el nuevo ejército iraquí, que resultó ser, tal y como recientemente se ha podido comprobar, el paradigma de la incompetencia y la corrupción.

Hoy, el terrorismo yihadista se extiende con fuerza por Oriente Próximo y golpea en Oriente Medio, Asia, África y Europa de manera regular. Quién lo hubiera imaginado hace tan solo un par de décadas, cuando la caída del régimen soviético pareció vaticinar un mundo occidentalizado y mucho más seguro que el del turbulento siglo XX.

El espejismo de la occidentalización
En efecto, hasta hace pocos años el triunfo de Occidente parecía una obviedad; su cultura y economía se propagaban por todo el mundo, llegando a florecer incluso en aquellos lugares más refractarios a las sociedades abiertas. ¿Cómo resistirse a esa visión del mundo en la que, además de que el individuo tenía reconocido el derecho a prosperar económicamente, el Estado le proporcionaba seguridad y servicios básicos inimaginables en la mayoría de países?

En apenas dos décadas, el influjo de Occidente llegó a todas partes. Desde Afganistán, pasando por la nueva y titubeante Federación Rusa, hasta llegar a la China del partido único comunista. Su música, su literatura, sus productos, su forma de vestir y, en general, su estilo de vida se propagaban sin apenas resistencia. Las grandes transnacionales occidentales se enseñoreaban de Moscú, reproduciendo sus atractivas logomarcas en los lugares más emblemáticos, Mozart fluía a través del hilo musical de los centros comerciales de Pekín, incluso los habitantes de las aldeas remotas de la provincia de Kunar, en el inhóspito Afganistán, compraban televisores que conectaban a grupos electrógenos para ver los partidos del mundial de fútbol. Sin embargo, aquel inicial optimismo fue dando paso a la progresiva pérdida de influencia de Occidente y a una creciente inquietud, hasta que en 2008 la crisis financiera global marcó un punto de inflexión.

Hasta entonces no se le había dado excesiva importancia, pero lo cierto es que cada país había adaptado de forma peculiar la influencia occidental. Ahí está, por ejemplo, el paradigma de China, donde el espectacular desarrollo económico y social se ha producido en ausencia de una democracia formal, pues el gobierno y las instituciones, pretendidamente neutrales, están controlados por burócratas que no son elegidos democráticamente. Todo un órdago a la idea de que el progreso y la prosperidad dependen en buena medida no solo de la libertad económica sino también de la libertad política. Otro caso significativo es el de la Federación Rusa, donde el crecimiento económico no ha seguido la senda triunfal de China, y si bien, y al contrario que ésta, acometió reformas democratizadoras, más parece un régimen personalista que una democracia formal. También es obligado referirse a los países emergentes, como Brasil, la India o México, donde el auge económico ha sido formidable, pero que hoy o bien están abocados a una profunda recesión, o bien sus sistemas institucionales están seriamente comprometidos por la corrupción.

El siglo XXI ya tiene su utopía totalitaria: la nación-Estado suní
Pero de todas las regiones del mundo, es en Oriente Medio donde la influencia occidental ha sido más controvertida. Las élites de la región siempre han considerado lo occidental una amenaza a su poder secular. Por lo tanto, solo han adquirido de Occidente el gusto por el exceso y el lujo. Ni siquiera, como sí ha sucedido en China, han facilitado a sus súbditos el acceso a la economía. Ejemplos de esta resistencia a la apertura económica hay muchos, pero resulta especialmente ilustratvo lo sucedido en el Valle de Korangal 2009, cuando la construcción de una carretera y el pretendido establecimiento de una línea regular de autobuses desencadenó violentos combates entre talibanes y tropas norteamericanas. La razón de aquel repunte de la hostilidades poco tuvo que ver con con argumentos religiosos, ni siquiera soberanos. La realidad es que si aquel proyecto se llevaba a cabo los jóvenes de Korengal podrían ir y venir libremente y encontrar trabajo fuera de sus aldeas, liberándose así de la explotación a la que eran sometidos por los miembros de las shuras.

Esta lógica es lo que ha convertido al Islam en un recurso. Hoy el fundamentalismo religioso ha mutado hasta convertirse en una ideología. De hecho, tal y como sostiene Loretta Napoleoni (Roma, 1955), lo que hace que musulmanes de toda condición y procedencia –también los nacidos y educados en Occidente– se incorporen al Estado Islámico es la utopía musulmana de la creación de la primera nación-Estado suní, utopía que es sobre todo y por encima de todo política. Lo que convierte al yihadismo del siglo XXI en algo mucho más peligroso que el simple terrorismo.

En conclusión, un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín la creencia de que la era de la utopías totalitarias había llegado a su fin se desvanece. Lamentablemente, parece que Occidente solo ha conseguido inocular en el resto del mundo un estilo de vida que cada sociedad asimila a su manera, de forma facultativa. Y tal vez la civilización occidental lejos de haber ganado la partida está a punto de perderla.

Homenaje al idioma español sin un diccionario histórico
madrid ABC 30  Junio  2015

El congreso de los diputados acogió ayer el acto de clausura en el que intervino su presidente, Jesús Posada
Homenaje al idioma español sin un diccionario histórico

El congreso de los diputados acogió ayer el acto de clausura del primer homenaje al idioma español de la historia. En el acto intervinieron: Jesús Posada, presidente del Congreso de los Diputados; Ignacio Buqueras, presidente del comité ejecutivo del homenaje y de la Fundación Independiente, promotora de la conmemoración; Luis Martí Mingarro, presidente de la Unión Iberoamericana de Colegios de Abogados; María Rey, representante de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; José Antonio Pascual, Vicedirector de las Real Academia Española; y Benita Ferrero-Waldner, presidenta de la Fundación Euroamericana. El homenaje se viene celebrando desde 2014 con varios actos previos y con él colaboran 36 instituciones entre las que destacan la RAE, el Instituto Cervantes, la Fundación Vocento, la Confederación de Rectores de Universidades Española, o la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Buqueras recordó como la Fundación Independiente tiene el objetivo del fortalecer la sociedad civil española, una de las más débiles de Europa. La fundación acordó el homenaje al español en 2004, un largo proyecto que se justifica en la creciente relevancia del idioma español, así como en la importancia estratégica que nuestro idioma tiene para nuestra sociedad. Recalcó que la lengua española es la segunda del mundo por hablantes nativos, con 470 millones de hispanohablantes. Una cifra que se eleva hasta 559 millones si contamos a aquellas personas que la hablan como segunda lengua. Una lengua que estudian 21 millones de personas en todo el mundo y que representa al 7% de la población mundial. Actualmente, México es el país con más hispanohablantes con sus 121 millones de habitantes, pero se estima que para el 2050 será Estados Unidos el país con más hablantes de la lengua de Cervantes.

Por su parte, José Antonio Pascual manifestó su preocupación por la falta de un diccionario histórico del español, «instrumento imprescindible para la enseñanza de un idioma y del que no carecen otros países y lenguas». Unas deficiencias en la protección del idioma que María Rey extendió al mundo del periodismo al denunciar que habían sido las industrias de la comunicación anglosajonas las que han creado grandes medios internacionales que abarcan a toda la población hispanohablante.

El gran error de la troika con Grecia: aquí comenzó todo
El Confidencial  30  Junio  2015

La intervención de Grecia en 2010 ha dado más problemas que soluciones. Años de ajuste y endeudamiento no han impedido el colapso de la economía. Los problemas se han enquistado

Grecia no es Sísifo, pero el mito del eterno sufrimiento, como al héroe de la mitología helena, le acompaña. Al menos, desde mayo de 2010, cuando la troika –y ante el colapso de la economía helena tras la Gran Recesión– materializó un préstamo de 110.000 millones de euros.

Ese primer préstamo, con el tiempo, se ha transformado en la pesada piedra que arrastraba el pobre Sisifo, condenado por los dioses tras desvelar un secreto a Asopo. Pero si la piedra de Sísifo rodaba nada más coronar la cima de la montaña sin alterar su volumen –cruel metáfora del trabajo inútil y sin esperanza, como lo describió Albert Camus–, en Grecia la pesada carga es cada vez mayor.

Cuando el país comenzó a entrar en barrera tras años de expansión, en 2007, la deuda pública representaba el 103% del PIB, apenas cinco puntos más que la España actual, pero hoy, según las estimaciones del propio Ejecutivo heleno, es probable que supere el 180% del PIB (sin contar la quita de 2012). La progresión no sería tan extraordinaria si, en paralelo, no se hubiera producido un durísimo ajuste de su economía helena que ha llevado al desempleo al 27%. El endeudamiento público, en todo caso, ha crecido bastante más en España: del 35% en 2007 al 98% en 2015. Es decir, casi el triple.

El aumento de la deuda se suele achacar a que el país se ha negado a recortar el gasto público. Pero Eurostat no dice exactamente eso. Aunque cueste creerlo, Grecia es el país de Europa que más lo ha recortado (del 54% al 49% del PB), incluso en términos estructurales (eliminando factores asociados al ciclo económico). España, en ese mismo periodo, ha pasado del 45,4% al 43,6%, lo que supone menos de la mitad que Atenas.

Grecia, de hecho, registró en 2014 un déficit equivalente al 3,5% del PIB (frente al 5,8% de España). Y ya en 2015 tendrá superávit primario (sin contabilizar el pago del servicio de la deuda). Sus ingresos, frente a lo que suele creerse (existe el mito de que el país no recauda), representan el 45,8% del PIB, frente al 37,8% de España.

Y es que Grecia, como España, ha recortado el gasto público, ha despedido a funcionarios, ha subido impuestos y ha endurecido el sistema de desempleo, además de otros ajustes en sanidad, educación u otro tipo de prestaciones sociales. Pero con una diferencia. Una especie de pecado original que desde entonces Grecia arrastra, como el mito de Sísifo.

Las instituciones (BCE, Comisión Europea y FMI) entraron a saco en la economía griega desde la intervención, y eso explica que –además de otros factores como la escasa intensidad de algunas reformas o la escasa competitividad de su economía– el PIB en términos nominales haya caído un 14% en Grecia entre 2011 y 2014, frente al 1,6% de España, aunque en términos reales el descenso de la riqueza nacional es todavía mayor (un 25% frente a un 7%).

Grietas de la economía
Un auténtico recorte de la riqueza que esconde la cruda realidad de la deuda: a medida que el PIB se achica, la ratio, lógicamente, empeora. Y eso obliga, como en el mito Sísifo, a empezar de nuevo. La recesión aumenta automáticamente la deuda aunque no se gaste más.

A menudo se esgrime que una de las grietas de la economía griega es el gasto militar. Y sin duda que lo es para un país situado en una zona estratégica, a caballo entre Oriente y Occidente. Pero de acuerdo con el Instituto de Investigación de la Paz de Estocolmo (SIPRI), un instituto independiente que se centra en cuestiones de seguridad global, Grecia tuvo un gasto militar de 7.600 millones de euros en 2009, pero cayó a 4.000 mil millones el año pasado, lo que supone una reducción de 47%. El gasto militar, en todo caso, no es una cuestión irrelevante para el Gobierno de Tsipras.

Una de las razones por las que Tsipras eligió para formar una coalición con el partido nacionalista Griegos Independientes es que esto, en teoría, fortalece la relación del gobierno con las fuerzas armadas y la policía, con gran peso en el país. No es casualidad que el líder de Griegos Independientes, Panos Kammenos, fuera nombrado ministro de Defensa

 

No es la única diferencia. El diseño de la intervención se hizo con arreglo a la ortodoxia aplicada en otras zonas del planeta (principalmente en Latinoamérica) donde no existe un banco central. En Europa, sin embargo, nació a finales de los años 90, pero el BCE –al contrario que la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra– sólo ha actuado como prestamista de última instancia (comprando títulos públicos directamente en el mercado) en los últimos meses (y, paradójicamente, a quien más compra es a Alemania, ya que su peso en el banco central es el mayor).

Es decir, la troika, en lugar de asegurar la liquidez (la gran lección de la crisis del 29), lo que acabó provocando fue la expulsión de Grecia de los mercados financieros (y casi lo logra con España), endeudando al país, al mismo tiempo, hasta límites impagables.

La troika estuvo a punto de empujar a España al mismo error –la prima de riesgo rozó los 650 puntos básicos–, pero las célebres palabras de Draghi ("haré todo lo necesario para salvar al euro") y una reunión de los ministros de Economía de España, Italia, Francia y Alemania, en el aeropuerto de París, evitaron el desastre. Y es que España nunca podía haber sido intervenida, como lo fue Grecia. Simplemente por su tamaño. Gracias a que no hubo ese modelo de intervención (y a las reformas y a los ajustes), España pudo esquivar el infierno.

El peso de la deuda
El caso de Irlanda es distinto porque la intervención se hizo para evitar su salida del euro después de que Dublín, en contra del resto de socios, garantizase el 100% de los depósitos bancarios. La naturaleza del rescate de Portugal también fue distinta porque allí no se impuso ni un tecnócrata –Lukas Papademos– ni un Gobierno de salvación nacional que al final arrastró al sistema político y facilitó el auge de Syriza.

La troika estuvo a punto de empujar a España al mismo error, pero las célebres palabras de Draghi y una reunión entre ministros evitaron el desastre

La troika, por el contrario, endeudó al país comprando los bonos que la banca europea (principalmente la alemana y francesa) había adquirido al Estado griego a unos precios exorbitantes (cuando las rentabilidades estaban disparadas al haberse cerrado los mercados y la primera de riesgo subía con fuerza). Esa partida pesa hoy como una losa sobre Grecia, que debe 393.000 millones de euros repartidos de la siguiente manera:

Casi 131.000 millones se adeudan a la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (EFSF por sus siglas en inglés); unos 53.000 millones de préstamos bilaterales, 25.000 millones en bonos, unos 85.000 millones de la ELA (los préstamos que hace el BCE en la ventanilla de emergencia) y 99.000 millones del Target2. En total, casi 400. 000 millones, de los que unos 26.000 millones corresponden a España (las tres cuartas partes son avales y no se han dispuesto formalmente). De ahí, como dicen algunos analistas, que sea más barato un mal acuerdo con Grecia que una buena salida del euro, en caso de que exista esa posibilidad.

El problema de Grecia, con todo, no es la deuda. De hecho, en el documento que hizo público la Comisión Europea sobre la última propuesta de la troika, este asunto es irrelevante. Entre otras cosas, porque apenas representa poco más del 2% del PIB gracias a que los tipos interés son muy bajos y los vencimientos son a muy largo plazo.

El problema es, por lo tanto, el modelo de intervención, y ese es el debate de fondo. Y como consecuencia de ello, como sostiene Mohamed El-Erian, antiguo alto cargo del FMI y exjefe ejecutivo de Pacific Investment. “Grecia se encamina a una gran contracción económica” y es “probable” que sea forzado a salir de la zona euro. Sobre todo si un país eminentemente turístico (representa el 17% del PIB) no es capaz de garantizar su sistema de pagos. Y lo que es más importante, su solvencia como país diciendo Tsipras a los ciudadanos las verdades del barquero. Es, como decía Camus, el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra.

Grecia, la troika y la “teoría de los juegos”
El Confidencia 30  Junio  2015

La partida de póquer entre los dirigentes griegos y la troika continúa. Tras los últimos días, Varufakis y su equipo están llevando al límite a los negociadores de la troika (EU, BCE y FMI)

Foto: Préstamos del BCE a los bancos griegos (ELA, MRO y LTRO) (Fuente:BCE y Deutsche Bank).

Préstamos del BCE a los bancos griegos (ELA, MRO y LTRO) (Fuente:BCE y Deutsche Bank)

 

La partida de póquer entre los dirigentes griegos y la troika continúa. Varufakis, un profesor universitario especialista en la “teoría de los juegos”, está aplicando al máximo las teorías por las cuales tú tomas una decisión pensando en la que van a tomar tus contrincantes. Es una teoría aplicada en economía pero especialmente trata sobre el arte de la negociación y la psicología en la toma de decisiones.

Varufakis y su equipo están llevando al límite a los negociadores de la troika (EU, BCE y FMI). Buscan quizás el agotamiento de los primeros ministros y ministros de finanzas de 18 países de la Eurozona, con continuos cambios de opinión que solo puede realizar quien tiene la fuerza de la negociación. Tratan de aprovechar la desunión y debilidad europeas. De hecho, de no ser por los alemanes, los franceses e italianos ya habrían cedido en exceso a las exigencias griegas, como hicieron en los primeros días poselecciones griegas, reforzando aún más la posición negociadora helena. España no está ni se la espera. No os perdáis en este enlace una conversación entre Rajoy y Merkel en Bruselas del pasado 25 junio sobre Grecia. Rajoy balbucea en inglés "is very complicated”. Y Merkel, riéndose, contesta “yeah… you’re right". Luego Rajoy intenta continuar en inglés pero se queda en un “Guindos...” y abre los brazos como quien quiere soltar una frase y no sabe cuál

Grecia está negociando desde la posición de fuerza que le dan los aproximadamente 400.000 millones que debe a sus acreedores, es decir, la troika, en más del 90% del total. Los aproximadamente 315.000 mill. en préstamos están en manos de los países europeos (ver aquí el reparto de cada uno) y por otro lado el sistema bancario griego es totalmente zombi y ha aguantado las salidas de unos 100.000 mill. en los últimos años, con la línea de liquidez (técnicamente llamado ELA o Emergency Liquidity Assistance) aportada por el BCE. El ELA es una línea de carácter excepcional, pero con Grecia ya se está convirtiendo en ordinaria. Entre el ELA y las líneas MRO y LTRO, el BCE tiene un riesgo con los bancos griegos de unos 110.000 mill.

¿Dónde va el dinero que aporta el BCE a los bancos griegos? En los últimos meses todo el dinero que el BCE presta a los bancos como línea de emergencia de liquidez acaba en billetes de euros guardados debajo del colchón (ver el gráfico de salida de depósitos y aumento de billetes en circulación). Además, el sistema bancario griego está roto, con un 25% de morosidad.

Grecia negocia con la fuerza de saber que debe tanto dinero que no puede devolverlo y que, si cae su sistema bancario, el gran perdedor serán sus acreedores ya que perderían de golpe la posibilidad de recuperarlo. Es lo que ocurre cuando el enfermo se les muere. Porque, nadie sabe qué impacto tendría si el BCE pierde los casi 110.000 mill. prestados a los bancos griegos. Si fuesen pérdidas de los bancos privados sería gravísimo, pero siendo el banco central... es una situación que nadie sabe qué impacto tendría en el sistema. Tampoco nadie sabemos qué ocurrirá si Grecia sale del euro, con el sistema de pagos TARGET2 en el que debe a otros países europeos algo más de 100.000 mill. El TARGET2 es un sistema de pagos entre países que nunca se liquida y se acumula, con lo que es otra gran incógnita.

Balance en el sistema TARGET2 entre países de la Eurozona. En positivo acreedores y en negativo deudores (fuente: Euromonitor).

Claramente el gran error fue en 2010 cuando la troika decidió en apenas una horas, en una reunión de madrugada, aumentar el riesgo con Grecia desde los algo más de 100.000 mill. de entonces a los 300.000 mill. a 400.000 mill. actuales, solo para ganar tiempo. La troika decidió dar más dinero a un país quebrado a cambio que aumentase los impuestos. Todo dependía de una hoja Excel que decía que la economía griega crecería y por tanto de forma mágica podría recaudar más y devolver sus deudas. Obviamente, con la subida de impuestos, la economía ya muy débil se hundió empeorando su situación financiera. Cuesta comprender como aquella estúpida decisión de los dirigentes políticos europeos fue secundada por el BCE y el FMI. La troika está totalmente en manos de los griegos, se han convertido en su rehén de la “teoría de juegos griega”.

Lo grave es que el plan nuevamente propuesto por la troika y rechazado esta semana por Grecia volvía a ser aumentar nuevamente los impuestos a cambio de recibir 16.000 mill. adicionales para pagar sus deudas. Otra vez la receta desastrosa de 2010, en lugar de reducir la orgía de gastos excesivos y fraudulentos acumulados por los distintos Gobiernos griegos estos años.

Aunque es obvio que Grecia es el gran irresponsable, quien ha malgastado el dinero perdido, al gastar más dinero del ingresado en los últimos 26 años consecutivamente (igual que Francia y Portugal). Además, este déficit público ha sido superior al 3% anual en todos los años desde que está en la Eurozona, incumpliendo una de las normas iniciales básicas de pertenencia a la Eurozona.

Según cita Aleix Sarri, gracias a su experiencia en Bruselas, en su libro La Unió Europea en perill, la mitad de los profesionales liberales griegos, médicos, abogados, ingenieros, etc. que trabajan como autónomos declaran menos de 5.000 € anuales. Con 8.500 griegos que cobran una pensión siendo mayores de 100 años, cuando las estadísticas reflejan que los griegos mayores de 100 años en Grecia son 2.665. O el ejemplo de la isla de Zakynthos, donde un 1,9% de sus habitantes cobran una pensión por ceguera, cifra difícilmente creíble, especialmente al existir casos como el de un taxista y un cazador de pájaros entre ellos.

El fundador de Naturhouse, Félix Revuelta, explica en una interesante entrevista su experiencia en Grecia donde abrieron su negocio y cerraron inmediatamente. Primero descubrieron que ellos pagaban la electricidad de todo el edificio en Atenas, ya que todos se habían conectado a su contador. Luego descubrió que su gerente cobraba de Naturhouse pero no trabajaba realmente para ellos, con lo que decidieron irse del país.

Aunque el mayor problema sigue siendo que los políticos europeos continúan sin querer reconocer que esta deuda es impagable. La propuesta de la troika no tiene ningún futuro, más que volver a “ganar tiempo” aunque yo más bien diría “perder tiempo” sin encontrar una solución sostenible. Quizás como no hay otra solución que reestructurar la deuda griega y aplicar quitas, debería expulsársela de la Eurozona. No veo cómo podría quedarse dentro, habiéndose aplicado una quita de más de tres cuartas partes y continuar como si nada. Lo más probable es que todo acabe con Grecia fuera del euro, pero quien cree que tras el grave conflicto de este fin de semana, ya está todo finiquitado, se equivoca. El ultimátum europeo tras el referéndum de Tsipras, son jugadas de póquer de una compleja negociación. Volveremos a ver a ambas partes sentadas negociando otra vez.

* Este post se reproduce del blog Investors Conundrum 

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Las lenguas de España

Rafael Núñez Huesca gaceta.es 30  Junio  2015

Juan Claudio de Ramón es un joven diplomático y ensayista que se ha dado a conocer recientemente a través de las páginas de El País. De su pluma han salido algunos de los artículos más afinados e inteligentes sobre el proceso independentista catalán. El último de ellos -“A la sombra de la bandera”-, de hace sólo unos días, es el texto corto más esclarecedor que sobre la idea de España en la izquierda se ha escrito en los últimos años. Habría de reproducirse masivamente y repartirse, como el 20 minutos, en la puerta de las sedes de PSOE, Podemos e Izquierda Unida.

De Ramón aborda en sus escritos diferentes aspectos de la llamada cuestión nacional. En todos resulta brillante excepto en lo relativo a la cuestión lingüística, donde yerra estrepitosamente, en tanto apunta la necesidad de extender la oficialidad de catalán, euskera y gallego a toda España. En varios textos. Con insistencia. Concretó hace algunos meses en el artículo “Todas las lenguas de España”, escrito al alimón con la catedrática Mercè Vilarrubias, cómo y por qué el Estado debía “completar” el proceso de reconocimiento del plurilingüismo. Proponen “facilitar su uso (de catalán, gallego y vascuence) de manera visible y progresiva”.

“En realidad el Estado nunca se ha pensado a sí mismo como plurilingüe. Sus élites entienden que hay una lengua común, que es en la única en la que debe operar la Administración central. (…) En nuestra opinión, éste sería precisamente el gran reto a largo plazo para el Gobierno: el lograr cambiar esta actitud y ser capaz de sentar las bases de una política lingüística desde el Estado que fomentara y valorara el plurilingüismo en todo el país y lo hiciera posible en la práctica. Por su parte, las comunidades bilingües se comprometerían a modificar sus programas de máximos y a respetar el bilingüismo de sus territorios”.

Proponen, en definitiva, una nueva concesión, quizá la de mayor calado en 35 años, a cambio de que el nacionalismo renuncie a su programa de máximos y respete el bilingüismo. Esto es, perseverar en la lógica que nos ha llevado al actual estado de cosas. Concederle a las élites nacionalistas el status de interlocutor fiable y leal.

La propuesta, tan bienintencionada como equivocada, parece sumar apoyos. El historiador y vicepresidente de Societat Civil Catalana Joaquim Coll apoyaba el pasado domingo la propuesta desde las páginas de El Periódico. Y lo hacía con el mismo objetivo: que “el Estado tome la iniciativa”, pues así “hablaría en nombre del catalán, lo representaría (también internacionalmente) y establecería una relación de complicidad con sus hablantes”.

Coll es un valiente intelectual de izquierdas que viene haciendo un enorme y valiosísimo trabajo por romper el marco mental nacionalista. Y lo hace, como Vilarrubias, en Cataluña. Donde más difícil es hacerlo. Pero se equivocan con esto. Yerran con esta lectura. No se puede contentar a quien no se quiere contentar. Es imposible integrar a quien no se quiere integrar. De nada ha servido vaciar de competencias el Estado hacia las autonomías; entregar la Sanidad, la Educación y los medios de comunicación. Ha sido inútil ceder impuestos, tramos del IRPF o mirar para otro lado cuando se incumplía la ley o se robaba a manos llenas. Peor: han sido precisamente estas medidas las que han alimentado la voracidad nacionalista al tiempo que se dotaba a sus élites de las herramientas necesarias para alcanzar el fin último.

Así las cosas, una reforma constitucional (no de otra forma podría llevarse a cabo) que hiciera oficial el euskera en Sevilla o el gallego en Palma de Mallorca, no sólo sería inaplicable desde un punto de vista operativo, también resultaría contraproducente por los motivos arriba señalados. El estabilshment nacionalista no iba a renunciar, al contrario de lo que prevén, “al dogmatismo y posiciones maximalistas”.

Contemporizar sencillamente no ha dado resultados. Al Estado, digo. Al nacionalismo, todos. Insistir en esa vía es suicida. La solución no reside en que los estudiantes manchegos aprendan catalán, tampoco en que TVE oferte contenido en catalán, gallego y euskera, ni en comprar pinganillos también para el Congreso. Ningún independentista abjuraría de sus postulados por escuchar en catalán los “actos de Estado, y en particular los más solemnes”. Ni por ver los edificios estatales rotulados “en las cuatro lenguas oficiales”. Excluyendo, por cierto, el valenciano. Por no hablar de otras lenguas igualmente españolas como el aranés, el asturleonés –bable-, o el aragonés o “fabla”, nuevos damnificados de una Ley de Lenguas Oficiales que enmarañaría la administración hasta el absurdo y cuya aplicación supondría el abandono de facto del castellano como vehículo de comunicación común entre españoles.

 


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