AGLI Recortes de Prensa    Lunes 6  Julio 2015

Entre la espada del populismo de Syriza y la pared del «Grexit»
Juan Ramón Rallo. La Razon 6  Julio  2015

La victoria del «no» en el referéndum griego traslada la pelota al tejado de los gobiernos europeos. Syriza, y una mayoría electoral de griegos, se oponen a firmar un acuerdo que signifique «dinero a cambio de reformas y ajustes». Al parecer, prefieren la opción de «dinero a cambio de nada». Los gobiernos europeos, pues, se hallan entre la espada del populismo y la pared del «Grexit»: si ceden ante Syriza, el resto de países europeos encumbrarán al poder a plataformas políticas hermanas de Syriza (resultaría irracional no hacerlo) y si se mantienen firmes ante Tsipras, a Grecia no le quedará otro remedio que salir del euro, con la inestabilidad que implica.

En caso de que la troika continúe con la pauta exhibida durante estos últimos años, la cesión se antoja como la hipótesis más verosímil: los políticos europeos no hipotecan su dinero, sino el de sus contribuyentes y, por tanto, resulta mucho más cómodo ceder y no buscarse líos. De ser así, el Gobierno griego no sólo obtendría su ansiada reestructuración de la deuda, sino que, además, lograría cerrarse líneas de crédito para los próximos años, así como un plan de inversiones estatal costeado por la Comisión Europea (es decir, por los contribuyentes europeos). Varufakis siempre ha apostado por esta «opción nuclear»: Europa no dejará que salgamos de la zona euro y nos dará a cambio todo lo que le pidamos.

Sucede que la «opción nuclear» de Varufakis sólo contribuiría a trasladar el foco del problema desde Grecia al resto de la periferia europea: si la amenaza de salir del euro constituye un argumento definitivo para obtener tantas prebendas como se quieran, ¿cómo evitar que se reproduzcan tales peticiones desde Italia, Portugal, Irlanda, España o incluso Francia? Si basta con lanzar el órdago de romper la baraja para que nos entreguen las mejores cartas, entonces lo absurdo será negarnos a lanzarlo. Pero si, como es obvio, los alemanes no van a aceptar órdagos recurrentes para seguir costeando con sus impuestos las canonjías estatistas del resto de Europa, el euro terminará rompiéndose, pero no por el sur, sino por el norte. El riesgo del contagio populista, por tanto, puede que termine socavando la perversa lógica de la opción nuclear de Varufakis: ahora mismo, ceder ante Syriza no es salvar el euro, sino condenarlo a una muerte lenta.

Acaso por ello, el ministro de Economía alemán, Sigmar Gabriel (del SPD), se ha manifestado abiertamente en contra de seguir negociando con Syriza tras el resultado del referéndum. ¿Qué sucederá en caso de que la troika apueste por mantenerse firme y por no ceder ante las peticiones de Syriza? Pues que el acuerdo será imposible: tras el referéndum, Syriza se ha atado las manos para aceptar la última propuesta de la troika (es impensable que pueda dar marcha atrás con un «no» mayoritario), de modo que el Gobierno griego se quedaría sin financiación y, por consiguiente, entraría en default. Bajo ese escenario, el corralito de sus bancos se volvería irreversible y al país no le quedaría otro remedio a medio plazo que abandonar la moneda única y regresar a la dracma.

Más allá del intenso empobrecimiento que semejante decisión acarrearía sobre Grecia, no debemos perder de vista los riesgos que también comportará sobre el resto de la eurozona. La débil recuperación que ahora mismo está experimentado Europa se asienta sobre el presupuesto de que el euro es una divisa irreversible: es decir, que cualquier ahorrador de cualquier parte del planeta puede invertir en cualquier país de la eurozona sin preocuparse por el riesgo de que la divisa nacional se desvincule del euro y se deprecie.

Una vez abramos la caja de Pandora de las salidas del euro, la (falsa) seguridad con la que se volvía a invertir en Europa desaparecerá: y los principales perjudicados seremos los países más débiles del eslabón europeo que estamos lejos de haber corregido todos los desequilibrios que se gestaron durante los años de la burbuja.

En definitiva, el «no» del referéndum no nos traerá buenas noticias en los próximos meses: o bien la troika compra una ficticia calma cediendo ante Syriza y dando alas a los populismos en el resto del continente o bien la troika deja caer a Grecia para que asuman las responsabilidades de sus decisiones soberanas extendiendo un manto de incertidumbre sobre el futuro de nuestra economía. Cualquiera de ambos escenarios nos augura meses –y acaso años– complicados para los europeos pero, justamente por ello, sería absurdo y vergonzoso que la troika optara por sacrificar a los contribuyentes para satisfacer las ansias de gasto infinito de quienes están utilizando el chantaje de hacer estallar la moneda única. Si los griegos quieren salir del euro, son muy soberanos de hacerlo: pero que no esperen contrapartidas frente a tal amenaza. Si son un pueblo soberano, que lo sean también en sus responsabilidades.

Rajoy dispara el déficit para comprar votos
Grecia se ha convertido en un polvorín. Y Rajoy, ahora, dispara el déficit para comprar votos y ni la Comisión ni el BCE dicen nada. Son los verdaderos culpables del disparate
Roberto CentenoEl Confidencial 6  Julio  2015

“Tsipras quiere convertir Grecia en Corea del Norte”. Esta frase, recogida el jueves en el Wall Street Journal de un griego de más de 80 años, resumía el sentir de una buena parte de la población griega, ante el caos provocado por un jefe de gobierno demagogo, ignorante y cobarde, que para llegar al poder prometió al pueblo griego lo que no estaba en su mano conseguir, y en lugar de asumir su responsabilidad y decidir la aceptación o no de la oferta de rescate de la troika, ha hecho recaer sobre el pueblo griego una decisión trascendente cuando la inmensa mayoría no tiene ni idea de las consecuencias que tendrá sobre sus vidas el votar nai ('sí') o el votar oxi ('no'), lo que ha producido una enorme brecha en la sociedad griega que puede tardar generaciones en cerrarse. “Nadie tiene el derecho de dividir Europa”, pero Tsipras sí tiene el derecho a dividir Grecia en dos mitades irreconciliables, e incluso ha ido más lejos: ha sembrado un odio de los griegos hacia Alemania que no se apagará fácilmente.

Por otro lado, la gestión económica de Syriza ha sido un desastre sin paliativos. La gente no paga los impuestos que debe y no hay control de nada; su política populista ha hecho caer la inversión a mínimos; Varoufakis se ha dedicado a recorrer el mundo en plan estrella del rock, mientras la gestión del día a día de la economía helena la ha dejado en manos de los dioses. No sé cómo será como profesor, pero como gestor es un desastre: el PIB de Grecia cayó un 0,2% en el primer trimestre; los sindicatos han recuperado el poder perdido exigiendo todo y produciendo nada; los sindicalistas del puerto del Pireo, los menos productivos del Mediterráneo y donde igual que en las monarquías los hijos heredan los puestos de los padres, son un buen ejemplo de cómo funciona el país. Y el objetivo de Syriza es seguir así, subvencionados indefinidamente por sus socios europeos.

El 90% de los griegos no tiene ni idea de en qué consiste la propuesta sobre la que deben votar y que condicionará su futuro, y menos del 1% se ha leído el documento completo, que básicamente se refiere a subir algunos impuestos –lo que ha hecho Rajoy en España a mucha mayor escala para financiar a oligarcas y corruptos sin que nadie haya rechistado– y elevar la edad de jubilación, porque en Grecia el cachondeo es tal que la gente se jubila mucho antes que en toda Europa, con lo que se pierde casi un tercio de la vida útil de la mayoría de la población activa. Un triunfo del “sí” obligaría a dimitir a Tsipras y sus secuaces, y un nuevo gobierno, bien de unidad nacional o salido de unas nuevas elecciones, podría reconducir sin duda la situación, ya que Europa tendría que ser necesariamente mucho más generosa reestructurando una deuda que es hoy del 180% del PIB.

Si triunfa el “no” Grecia tendrá que salir del euro, la fecha límite será el 20 de julio, cuando vencen 3.500 millones de euros del BCE, un dinero que Grecia no tiene, por lo que el BCE retiraría con toda probabilidad la ayuda a los bancos griegos. A partir de ese momento, como explica The Economist, se “produciría o bien el completo colapso del sistema bancario o el Gobierno tendría que garantizar los depósitos imprimiendo una nueva moneda”, lo que en la práctica supondría una pérdida del orden del 50 del valor de los activos monetarios griegos. “No al chantaje ni a la austeridad”, reza una gigantesca pancarta que el frívolo de Varufakis ha hecho desplegar en su Ministerio. Pues se van a inflar a austeridad si votan no.
Rajoy as usual, entre la insensatez y la chapuza

En el otro extremo del Mediterráneo, otro dirigente igual de irresponsable y mentiroso, a quien solo importa el poder, sube gasto y baja impuestos para comprar votos. Después de haber arruinado el futuro de varias generaciones, endeudándonos en un 52% del PIB en solo tres años y medio, la mayor cifra de toda nuestra Historia; después de haber subido la presión fiscal sobre familias y pymes al nivel más alto de toda la OCDE; después de haber precipitado la insostenibilidad del sistema de pensiones; después de haber realizado una reforma laboral que ha permitido degradar el mercado de trabajo a un nivel tercermundista, y después de haber incrementado las diferencias entre clases sociales al mayor nivel de Europa, ahora, a las puertas de unas elecciones, con unas cuentas que no cuadran, un crecimiento basado en factores transitorios, y una creación de empleo menguante, decide improvisar una compra urgente de votos endeudándonos sin control.

Fuentes cercanas a uno de los ministerios económicos refieren que el lunes pasado y durante unas horas cundió el pánico en las altas esferas económicas porque los inversores empezaron a vender masivamente deuda española, y no había un plan B. Como Mariano, que es un psicópata incapaz de sentir la menor empatía por los problemas de los españoles, ha dicho que ya ha hecho todas las reformas necesarias, nadie se ha molestado en hacer un plan para afrontar una situación de emergencia, que como la del lunes puede suceder en cualquier momento. Solo Draghi, que sí tiene un plan B, y que estaba más interesado aún que estos inútiles que nos gobiernan en que no se produjera bajo ninguna circunstancia un contagio griego, lo que habría tenido consecuencias letales para el euro, lanzó un programa masivo de compra de deuda española que salvó, de momento, la situación.

Tanto si gana el "sí" como si gana el "no", los mercados de bonos y deuda van a ir a peor, los tipos de interés cero se han terminado, y en nuestro caso concreto la deuda a medio y largo plazo tendrá que colocarse a tipos como mínimo dobles de los de hace tres meses, porque en este ir a peor España ostenta el maillot amarillo, en deuda pública, en déficit tanto total como primario, en deuda exterior neta y en sostenibilidad del sistema de pensiones. Evidentemente un “no”, pondría a nuestro país contra las cuerdas y antes de que Mariano pudiera recoger los frutos de su compra de votos con el dinero de las generaciones futuras. Las bolsas de valores subirán significativamente si triunfa el “sí” y lo contrario si es el “no”, y ello a pesar de que los fundamentales de las empresas europeas son realmente buenos, tanto que Goldman Sachs pronostica una subida del 15% en doce meses.

Y así las cosas, el irresponsable de Rajoy, en lugar de sacar las conclusiones lógicas de la crisis griega y anunciar una reducción drástica del gasto político improductivo –¿a qué espera este insensato para acabar con el despilfarro de 32.000 millones de euros anuales por duplicidades entre AA.PP., a qué espera para cerrar la mitad de las empresas públicas que solo sirven para colocar a cientos de miles de parientes y amigos con sueldos muy por encima de los de los funcionarios de verdad y que prometió solemnemente que haría, a qué espera para terminar de una vez con los 350.000 empleados públicos dedicados a inventar, implementar y vigilar el cumplimiento de más de 100.000 leyes y normas autonómicas para fragmentar el mercado único y dividir España; a qué para reducir drásticamente los 20.000 “asesores” inútiles a 80.000 euros la pieza, y eso por no hablar de la Diputaciones o el Senado, cuya utilidad es exactamente cero?– como cacique gallego que es, se lanza a un programa de compra de votos en la mejor tradición del siglo XIX.

Pero es que además sus promesas son otro engaño a los ciudadanos. Cojamos las bajadas de impuestos. Para empezar, se refiere solo al IRPF, no a los demás impuestos, que seguirán igual o subiendo, por no hablar de los autonómicos y locales, que son ya un expolio masivo a los contribuyentes como el escandaloso caso del IBI. Las cifras son estas: desde el aciago día en que Rajoy se hizo cargo del poder incumpliendo todas y cada una de sus promesas electorales, y según las cifras enviadas por el Gobierno a Bruselas los impuestos, fundamentalmente sobre las familias (clases media y trabajadora), se han incrementado en 36.000 millones de euros. La bajada del IRPF supondrá 20 euros de media para una familia y en total, sumando las rebajas anteriores, en 2015 serán 69 euros/año. Rajoy pretende comprar votos a poco más de 30 euros. Es un tramposo y un chapucero que no hay por dónde cogerlo. En conjunto, pagaremos 1.300 millones menos que en 2014, que fue el año de mayor impacto recaudatorio, claro que los impuestos autonómicos y municipales subirán en más de 1.200 millones.

¡Y sube pensiones con un sistema quebrado!
La verdad es que no quedan adjetivos en la rica lengua española para calificar el comportamiento de este desastre llamado Rajoy, el presidente de Gobierno más inculto de Occidente. Hace unos días en el Parlamento, hasta uno de sus más calificados secuaces, el gobernador del BdE, siempre al servicio de lo que diga Moncloa, no tuvo más remedio que confesar lo que todos sabíamos: que el sistema público de pensiones no es sostenible y que, si los actuales y sobre todo futuros pensionistas quieren tener un retiro que les permita mantener un nivel de vida digno, no tienen más remedio que, además de seguir pagando unas cuotas enormes a la Seguridad Social, crearse sus propios planes privados de pensiones. No dijo, aunque lo sabe perfectamente, cuándo las pensiones comenzarán a caer, ni tampoco qué nivel de pensiones es el sostenible a largo plazo.

Pero ambas cifras son fáciles de calcular. El cuándo será desde el momento en que se agote el Fondo de Reserva, e incluso antes, cuando se vea que le queda un año de vida como mucho, y que los desequilibrios entre ingresos y gastos siguen creciendo en lugar de reducirse. ¿Y cuándo sucederá tal cosa? Una forma de calcularlo sería una extrapolación lineal, es decir, si en tres años y medio nos hemos gastado 43.000 millones –37.700 millones de la caja y 5.340 de las mutuas– y ahora quedan solo 39.520, eso daría para 3,2 años. Desgraciadamente, el tema no es lineal, sino que crece casi exponencialmente. La primera vez que el gobierno utilizó la “hucha de las pensiones” fue en 2012, año en que se sacaron 7.003 millones para el mantenimiento de las mismas. En 2013 serían 11.648 millones y 15.300 en 2014. Este año nos dicen que han sacado 3.750 millones para pagar la extra de julio. Nos dicen, porque las cuentas no cuadran. En los cinco primeros meses de este año la ejecución presupuestaria ha empeorado en 2.000 millones respecto a la del año anterior.

Y así las cosas, va Mariano y dice que subirá las pensiones, un disparate tal que hace poner en duda su salud mental, y algo que debería preocupar seriamente a los más de 9 millones de pensionistas y a los millones más que adquirirán esta condición en los próximos años, que van a sufrir mermas de ingresos que según todos los estudios actuales realizados pueden alcanzar un recorte medio del 40%. Pero como no tenemos ni un gobierno ni una oposición responsables, que no solo ni se plantean el cambio de un modelo de Estado económica y políticamente inviable que representa un costo de 100.000 millones anuales más respecto a un Estado descentralizado, es que ni siquiera se plantean recortar el despilfarro político, lo único que pueden hacer los pensionistas actuales y futuros es salir a calle a exigir un recorte drástico del despilfarro político que permita mantener sus pensiones, antes de que, como ocurre en Grecia, sea ya demasiado tarde.

La lección fundamental de esta crisis es clara, y Draghi, que falsificó las cuentas de Grecia para que pudiera entrar en el euro, lo sabe mejor que nadie. Sin el río de dinero prestado en forma absolutamente irresponsable y sin control alguno a los Gobiernos despilfarradores y venales de Europa del Sur, esto jamás hubiera sucedido. Es infame e inmoral obligar a pagar los pueblos la culpa del desastre, aunque ciertamente ellos los votaron y nadie los obligó. Pero Draghi sabía, la Comisión lo sabía y lo sabe y hace como que se creyó los informes falsos que envían estos Gobiernos. Ahora Rajoy dispara el déficit para comprar votos y ni la Comisión ni el BCE dicen nada. Son los verdaderos culpables. Por tanto, o empiezan a controlar a qué dedican los Gobiernos este dinero interviniendo directamente en la gestión de estas economías (los hombres de negro), o el hundimiento solo será aplazado... y ocurre que España es la siguiente en la lista.

¿Más? NO
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo  6  Julio  2015

Más de un tercio de los griegos, el 35%, no votó ayer en el plebiscito que el Gobierno de Syriza convocó, de una semana a otra, para obligar a la UE a dar más dinero a Grecia, pese a que la UE había dicho que, si recurrían a ese truco, no negociarían más con un Gobierno de chantajistas. Del electorado, en torno al 35% ha respaldado el NO que pedía Tsipras y el otro 30% el SÍ que pedía la oposición a Tsipras y al prestigioso liante Varoufakis, ese trilero cum laude que llama terroristas a sus acreedores, pero que no quiere librar a su pueblo del terrorismo, sino pedirle más dinero y hacerlo más rehén de Merkel y esa eurogentuza a la que tanto deben pero a la que piensan seguir pidiendo y debiendo mucho más. Orgullosos que son.

No parece que el respaldo de un tercio de todo el electorado haga invulnerable a Tsipras. De hecho, él y el prestigioso trilero Varuofakis han asegurado -han mentido- que si ganaba el NO, este martes habría acuerdo y dinero fresco en los cajeros, fanfarronada que puede colar en un ambiente de populismo delirante pero no alterar el mecanismo de ese tercer rescate griego que deberían pedir hoy, que tiene ya un formato establecido y que no debería cambiar porque los socios de Podemos lleguen pidiendo más dinero, o exigiéndolo en nombre de ese poco más de un tercio de los griegos que votaron ayer. Como si fuera Grecia el acreedor de Europa y no al revés.

Hollande, con Obama y el FMI detrás, tratarán de hacer desde hoy gestos de generosidad lírica a cuenta del épico fondo de bolsillo alemán. Pero al recurrir a un referéndum como arma de negociación, los comunistas de Syriza han abierto una puerta que deberán atravesar los países de la UE para consultar a su ciudadanía si prestan más dinero a Grecia. Y seguro que su NO será, sin necesidad de improvisaciones, manipulaciones y promesas imposibles de cumplir, muchísimo más abultado que el griego. Dudo de que se abstenga un 35% del electorado.

Si Merkel no nos sale maricomplejines, como suele, hoy mismo Alemania debería darle el portazo del euro a Grecia. A largo plazo, seguro que saldríamos ganando todos los europeos. Por supuesto, a la Grecia populista siempre le quedará una inagotable reserva de orgullo, que es como la divisa del necio. España ya ha perdido 30.000 millones de euros en Grecia. Más, NO.

Un escenario diabólico tras el 'no' de los griegos a la propuesta de la UE
Editorial El Mundo 6  Julio  2015

Nadie se esperaba la rotundidad de la victoria del no en Grecia, que supone un importante triunfo político para el Gobierno de Tsipras y una derrota para los partidos que sustentaban las tesis europeístas. El 'no' abre un escenario diabólico en la medida en que enfrenta a la Unión Europea a un tremendo dilema: o cede ante las presiones de un Tsipras fortalecido por el apoyo popular y busca un acuerdo rápido o se mantiene en una posición de firmeza, sin hacer concesiones, lo que podría llevar a Grecia a salir del euro.

La situación es muy complicada porque, como dijo ayer un portavoz del Gobierno de Atenas, el país necesita la liquidez del Banco Central Europeo (BCE) para que los bancos puedan abrir sus puertas en las próximas horas y ello implica un acercamiento en la negociación que fue interrumpida hace nueve días. El tiempo corre contra el líder de Syriza y, por ello, Atenas quiere un pacto en las próximas 48 horas si puede ser.

Entre otras razones, porque el Gobierno griego ya ha dejado de pagar un crédito de 1.600 millones de euros al FMI y debe devolver al BCE un préstamo de 3.500 millones antes de acabar el mes de julio, lo que coloca al país en una situación de suspensión de pagos.

El Eurogrupo ya ha dejado claro que la no aceptación de la última oferta por parte de Grecia supone que las negociaciones tendrán que volver a comenzar tras haber expirado el plazo legal del segundo rescate. Angela Merkel necesita un nuevo mandato del Bundestag para poder negociar, lo cual puede demorar el eventual acuerdo.

Más allá de cómo y cuándo vuelvan a sentarse a la mesa los ministros del Eurogrupo con los representantes griegos, el amplio margen de más de 20 puntos por el que ha vencido el no, muy superior al esperado, plantea abiertamente la cuestión de la permanencia de Grecia en la zona euro. A la luz de este resultado, ¿no sería más coherente negociar una salida ordenada de la moneda única?

Como ha quedado claro a lo largo de estos últimos meses, el Gobierno de Tsipras no quiere sacar a Grecia del euro, porque sabe que ello sería un desastre, pero tampoco acepta las condiciones que exige la pertenencia a este club.

Yanis Varufakis, titular de Economía, lo expresaba anteayer con meridiana claridad en este periódico: «Lo que está haciendo [el Eurogrupo] con Grecia tiene un nombre: terrorismo». Si Varufakis y Tsipras piensan de esta manera, lo lógico y lo coherente es que Grecia abandone el euro, ya que los Gobiernos de la moneda única no van a aceptar una nueva inyección masiva de fondos si el país heleno no se compromete a un ajuste razonable. Tsipras ha ganado el plebiscito sobre sus políticas y ha reforzado su liderazgo y su popularidad, pero su victoria supone un bofetón a Alemania y al núcleo duro del euro. Éstos difícilmente van a poder conciliar las presiones de la opinión pública, contraria a dar nuevas ayudas a los griegos, con las exigencias del Gobierno de Atenas, que se niega, por ejemplo, a alargar la edad de jubilación a pesar de que el sistema no es sostenible desde el punto de vista financiero.

Habrá que esperar a la reacción de hoy de la Comisión Europea, delBCE y de los jefes de Gobierno, pero no será nada fácil hacer compatibles las líneas rojas que no quieren cruzar las instituciones con el enfado y la decepción de los griegos, que ayer expresaron su rechazo a las políticas que personifica Angela Merkel. Grecia se ha convertido en un problema mayúsculo para la Unión Europea.

Guía para entender el desaguisado griego
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 6  Julio  2015

¿Qué enfrenta a la Troika y a Atenas?
El segundo plan de rescate bajo el que se seguía financiando el Gobierno griego expiró el pasado mes de febrero y, tras un acuerdo in extremis entre "las instituciones" y Atenas, se prolongó hasta el 30 de junio. Llegado el 30 de junio sin un nuevo acuerdo, Grecia no puede emitir deuda en los mercados, de manera que no puede acceder a la financiación que necesita para atender sus pagos. La Troika ofrece al Gobierno griego más dinero de los contribuyentes europeos a cambio de nuevas reformas y ajustes, Syriza quiere el dinero pero sin reformas ni ajustes. Al contrario, reclama una reestructuración del dinero que se le entregó en el pasado.

¿Qué pide la Troika?
Como decimos, la Troika reclama que se prosiga con los ajustes para que el presupuesto griego sea autosuficiente (cuadrar ingresos y gastos), así como con las reformas, para que la economía griega gane impulso y competitividad. El problema de los ajustes de la Troika es que cargan demasiado las tintas sobre las subidas de impuestos, castigando todavía más a la maltrecha economía privada.

¿Qué pide el Gobierno griego?
Atenas tiene dos reivindicaciones esenciales: por un lado, reestructurar la deuda pública, y que se le garantice la financiación para los próximos ejercicios; por otro, que Europa desarrolle una especie de Plan Marshall para Grecia. Ambas reivindicaciones suponen que los contribuyentes europeos deberán transferir mucho más miles de millones de euros a las Administraciones helenas.

¿Es sostenible la deuda griega?
La deuda griega no es técnicamente insostenible. Ahora mismo, Atenas está pagando anualmente por intereses cerca del 4% del PIB. Esta cifra es inferior a la que paga el Gobierno italiano y ligeramente superior a la que paga el Gobierno español. Si la deuda pública griega no es sostenible es, simplemente, porque sus políticos y ciudadanos no quieren pagarla, siguiendo la tradición histórica del país: desde 1832, Grecia ha estado 90 años en default o reestructurando su deuda.

¿Por qué el referéndum abocó al corralito?
La convocatoria de un referéndum a propósito del acuerdo Troika-Atenas dejó la solvencia de la deuda pública griega en suspenso: si la Troika no da más dinero a Atenas, Atenas no puede pagar su deuda. Y si el Gobierno es insolvente, la banca griega está quebrada. Ante la perspectiva de que los bancos griegos no puedan salir adelante, el BCE decidió dejar de incrementar la liquidez extraordinaria que desde hace meses estaba proporcionándoles; y sin liquidez extraordinaria y en plena huida de capitales del país, los bancos se encontraron incapacitados para atender los reembolsos de depósitos. Por eso se limitó la cantidad de efectivo que cada griego podía retirar de sus cuentas corrientes.

¿Qué habría pasado sin corralito?
Si no se hubiese establecido el corralito el pasado domingo, los bancos griegos habrían quebrado y habrían sido liquidados. La gente no habría recuperado su dinero y el sistema bancario del país habría sido laminado.

¿El referéndum permitirá normalizar la situación?
La victoria del no abre más incertidumbres de las que despeja. Ahora la pelota ha pasado al tejado de la Troika, que tiene esencialmente dos opciones: ceder ante las peticiones de Syriza o no hacerlo.

Si la Troika no cede, ¿qué opciones tiene Grecia?
Si la Troika se mantiene firme en su última oferta y no la dulcifica, el acuerdo será imposible, ya que Syriza se ha atado las manos con el referéndum y no puede dar marcha atrás. En tal caso, sólo caben dos opciones: si Grecia quiere seguir dentro del euro, el corralito se volverá irreversible; si Grecia quiere deshacer el corralito, tendrá que salir del euro.

¿Qué implicaría la permanencia en el euro?
Si Grecia sigue dentro del euro, tal como ha prometido el Gobierno de Syriza, y la Troika no le otorga financiación, el corralito no podrá deshacerse: los bancos griegos carecen –y carecerán– de liquidez para reintegrar sus depósitos a los depositantes, de modo que no es improbable que apliquen una quita a sus depositantes (según el Financial Times, la quita podría ser del 30% en los depósitos superiores a 8.000 euros). A su vez, el Gobierno griego tampoco contará con tesorería suficiente como para atender todos sus gastos. En tal caso, la única alternativa será mantener el control de capitales para los pagos al exterior (el Gobierno decide a qué familias y empresas se entregan euros para atender sus compras al extranjero) e introducir una divisa paralela para sus pagos domésticos. Las provincias argentinas ya experimentaron con esto último tras el corralito de 2001: la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, emitió pagarés en pesos (patacones), con los que pagaba a sus funcionarios y proveedores. El Gobierno griego bien podría emitir dracmacones, una nueva divisa que inmediatamente se depreciaría un 30 o un 40% frente al euro.

¿Qué implicaría la salida griega del euro?
Salir del euro supondría restablecer el dracma. Los griegos ya no cobrarían en euros sino en esa nueva divisa inflacionista, que a su vez se depreciaría enormemente frente al euro. La población se empobrecería sustancialmente, sobre todo a la hora de comprar bienes del extranjero (por ejemplo, combustible o medicinas), pero el país se colocaría a precio de saldo para los inversores extranjeros, que harían su agosto comprando pisos, empresas públicas, acciones, etc. De este modo, Grecia volvería por sus fueros históricos, a seguir siendo un país con una nula competitividad y de bajísimos salarios, pero recuperaría algo de impulso empobreciendo a su población depreciando la divisa.

¿Qué implicaría que la Troika cediera?
La otra posibilidad es que la Troika ceda para evitar un Grexit, arrojando una nueva lluvia de miles de millones a la economía helena. En tal caso, los problemas para la Eurozona vendrán a más largo plazo: si la opción racional de cualquier Gobierno europeo es endeudarse masivamente y luego convocar un referéndum para no pagar esa deuda (esto es, para que la paguen los contribuyentes alemanes), será absurdo que el resto de los países no sigamos esa misma dirección. Tan absurdo como que los contribuyentes alemanes lo consientan. En lugar del Grexit, acaso asistiéramos al Germexit.

Reflexiones griegas
Lorenzo Abadía gaceta.es 6  Julio  2015

Con las urnas todavía abiertas y bajo el calor que esta noche de verano nos está brindando a los españoles, me surgen varias reflexiones:

El cuarenta por ciento de los griegos, pese a lo que estaba en juego, ha decidido no decidir nada, lo cual implica que, o bien es muy consciente de que el oráculo de Delfos hace tiempo que fijó el destino griego, o bien no es consciente absolutamente de nada.

Intuyo que el “No”, es decir, la tercera parte de los griegos con posibilidad de votar, ha sido mayoritariamente respaldado por esos estratos sociales que, afortunadamente para ellos, escapan a las trágicas cifras macroeconómicas que describen la situación del país, pero cuyo mantenimiento es precisamente lo que convierte en desafortunados al resto de sus paisanos. Por poner un solo ejemplo, los funcionarios llegaron a constituir en 2007 el 20% de la población activa, sin contar la innumerables empresas públicas y muchos pensionistas que disfrutan, hasta ahora afortunadamente para ellos, de una pensión homologable a las alemanas.

La parte no mayoritaria que ha apoyado el referéndum, intuyo, ha sido víctima de la demagogia de Tsipras, del mismo modo que lo fue del ya dimitido Samaras y del PSOK. Cuando a un pueblo se le prometen imposibles y éstos obviamente no llegan, es natural que sus reacciones no sean racionales. Las decisiones políticas nunca lo son, esto constituye una de las primeras lecciones de la ciencia política, pero en estos casos, la visceralidad se apodera de la voluntad en mucho mayor grado.

Al desdichado pueblo griego le han engañado desde tiempos inmemoriales. Le engañaron para acceder a la zona Euro, ocultándole las verdaderas cifras de su macroeconomía. Le engañaron, permitiendo engordar artificialmente su nivel de vida, prometiéndoles el euromaná sin solución de continuidad. Y les acaban de engañar de nuevo, asegurándoles que si se niegan a aceptar la condiciones impuestas por sus acreedores solucionarán sus problemas.

Se equivoca el pueblo griego al señalar al culpable. Querer cobrar una deuda no es indigno. Y querer cobrarla sin concesiones nunca podrá ser tan indigno como la mentira sistemática a la que viene siendo sometido sin descanso y en silencio, aunque no cómplicemente, pues hay un honroso 40% que ya no se presta a más interpretaciones de su propia tragedia. Si Grecia no se deshace de su clase política pasada y presente, destruyendo el sistema oligárquico que padece, y afronta el futuro con más realismo, no resolverá jamás sus situación.

Veo muy difícil que la UE pueda pasar por alto lo sucedido pues implicaría transigir con el cumplimiento del pago de las deudas por el solo hecho de que el deudor decida, democráticamente, no pagarlas. La falta de proyecto de la Unión, consecuencia de la ausencia de identidad europea, no será suficiente para empañar el prisma con el que los líderes europeos pueden contemplar un futuro preñado de plebiscitos para no devolver el dinero tomado en concepto de préstamo.

Con las urnas todavía abiertas y bajo el calor que esta noche de verano nos está brindando a los españoles, me surgen varias reflexiones:

Como ser humano siento lástima por el pueblo griego. Como politólogo observo que la realpolitik no entiende de lealtades. Obama forzó al FMI a realizar las declaraciones del viernes pasado atendiendo exclusivamente a los intereses geopolíticos que E.E.U.U. tiene en que Grecia no acabe en los brazos de Rusia. Como europeo, desprecio la forma en que estamos construyendo la unión monetaria sin hacer previamente la política. Y como español, temo que el no griego pueda servir para apuntalar las opciones de gobierno del populismo de Podemos. No todo vale con tal de sustituir a la oligarquía actual, pues el precio a pagar puede resultar tan alto como el Olimpo.

Unidos para quitarle lo que es suyo
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital  6  Julio  2015

En una de las manifestaciones alentadas por Podemos en apoyo al partido gobernante en Grecia, Syriza, se veían imágenes con una pancarta al fondo en la que se leía "Unidos contra la austeridad". Expresado correctamente, los portadores de la pancarta lo que estaban diciendo exactamente es: queremos reunir gente suficiente para presionarle a usted de tal modo que no tenga más remedio que entregarnos su propiedad.

Si un vecino, o incluso un familiar, quisiera vivir eternamente con nuestro dinero no se lo permitiríamos. Eso mismo es lo que pretenden los que abominan de la austeridad en el gasto público. Consideran que hay que gastar mucho dinero, obviamente para recibir muchas prestaciones, y por supuesto con unos recursos que aportan otras personas. La austeridad en el uso del dinero ajeno siempre es una virtud, nunca es una maldad.

Eso es en el fondo lo que ocurre en Grecia. Manuel Llamas o Juan Ramón Rallo lo han expresado perfectamente en Libertad Digital. El referéndum es, ni más ni menos, una pregunta a los griegos sobre si desean pagar lo que deben o prefieren que no les molesten los acreedores. Una pregunta así no es un ejercicio democrático, porque no cabe someter a la opinión de nadie si se debe pagar lo que se debe o no. El dinero recibido en préstamo, sencillamente, se devuelve en la fecha acordada. Y si uno no es capaz de devolverlo, trata de alcanzar un nuevo acuerdo con sus acreedores, en lugar de intentar esconderse detrás del voto popular en un referéndum para no pagar. No es, por tanto, "terrorismo" de ninguna clase, como dice Pablo Iglesias, rechazar ese referéndum. Ni es un referéndum sobre las exageradamente calificadas como exigencias europeas. Es una votación sobre si se paga o no se paga. Y recordemos que los fondos tomados en préstamo por Grecia son fondos que pertenecen a millones de personas. No es una élite de poderosos la que arrincona a Grecia. Más bien es el gobierno griego el que amenaza a millones de ciudadanos comunes y corrientes de muchos países del mundo –accionistas de bancos o contribuyentes en sus respectivos estados– con no devolverles el dinero que le prestaron.

Lo que está en juego es muy serio. No es solo Europa, no es solo el euro. Esas son instituciones relativamente recientes. Tampoco es solo la estabilidad financiera lo que está en entredicho, con ser ésta tan importante para la vida de las personas, que no quieren volver a encontrarse en un panorama de crisis.

Lo que están en juego son cuestiones profundas de valores. La primera, el eterno deseo humano de vivir mejor pero que sean otros quienes lo paguen. La segunda, la responsabilidad de un gobierno capaz de derrumbar a un país, y hacerlo en nombre de los buenos sentimientos. La novelista y filósofa Ayn Rand decía que el hombre (o un país entero, en este caso) es libre de evadirse de la realidad, pero no es libre para evitar el abismo que se niega a ver. Eso es lo que no quieren aceptar los Tsipras y Varoufakis de Atenas, ni los Iglesias de España.

No a Europa, sí al populismo
Editorial La Razon 6  Julio  2015

En Grecia ha funcionado la apelación al nacionalismo primario de un pueblo sumido en el desconcierto, pero, también, el atajo victimista de la transferencia de la responsabilidad que, como coartada moral, ha proporcionado el partido en el Gobierno. En suma, el feo rostro del populismo en estado puro que apenas esconde, bajo grandes palabras huecas, lo sustancial de una maniobra de política interna destinada a salvar la posición del primer ministro, Alexis Tsipras, y de su ministro de Economía, Yanis Varufakis, tras el desastre de su proceso negociador con las instituciones europeas y el FMI. Porque, muy lejos del triunfalismo con el que se han saludado los resultados del referéndum entre los partidos radicales de izquierda y los movimientos antieuropeístas, lo cierto es que Grecia depende hoy más que nunca de la voluntad de sus socios en la Unión Europea para poder superar el marasmo económico en el que se encuentra sumida.

Ayer mismo, el Banco Central griego anunciaba que iba a apelar a los mecanismos de préstamos de emergencia del Banco Central Europeo para conseguir «liquidez adicional» con la que hacer frente a sus compromisos. El país está financieramente quebrado; la banca intervenida a todos los efectos prácticos y, de no mediar un tercer rescate, el Gobierno de Atenas no podrá cubrir sus obligaciones salariales ni el pago de las pensiones en menos de dos meses. Grecia vuelve, pues, a la casilla de salida, pero en unas condiciones infinitamente peores que en las que se encontraba cuando el partido Syriza llegó al poder. Cinco meses perdidos por la incompetencia manifiesta de sus dirigentes, que ha provocado un deterioro mayor de la economía griega y que ha abiertoen el país una brecha social de difícil sutura. El Gobierno de Syriza ha conseguido el triunfo buscado en el campo interno, pero ahora afronta unas negociaciones con Bruselas en las que el reloj corre en su contra.

Pese a las promesas que ha hecho Alexis Tsipras de que todo el proceso negociador se resolvería en unos pocos días, no parece que sus contrapartes puedan o quieran abordar una negociación exprés. Entre otras cuestiones, porque no todos los gobiernos de la eurozona mantienen la misma sensibilidad frente a la crisis griega, aunque estén de acuerdo en el punto básico de que la salida de Grecia del euro, el «Grexit», es la última opción a considerar. En definitiva, el Gobierno griego no sólo ha perdido capacidad de maniobra, sino que ha quedado a los pies del Banco Central Europeo, de quien dependen la supervivencia del sistema bancario griego, al menos, durante las próximas semanas. Fuera del rescate, sin haber hecho frente a sus compromisos con el FMI, Alexis Tsipras ha vencido en su demostración de fuerza interna, pero es dudoso que se trate de una victorial real.

El problema para España: la deuda
Ignacio Rodríguez Burgos. La Razon  6  Julio  2015

Grecia quiere capitalizar el NO y en Europa la prioridad es evitar contagios indeseados. Se quiere esquivar un frenazo en la salida de la crisis, en la economía, así como impedir el regreso de las turbulencias a las bolsas y a la deuda pública. Hoy mismo, el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha convocado a la Comisión Delegada para Asuntos Económicos para analizar el resultado del referéndum griego.

Varoufakis ha jugado con el temor de extender la inestabilidad financiera al afirmar: “Europa no se atreverá a echarnos del euro porque les costaría un billón”.

El primer frente se va a dar en el sector bancario. Europa podría dejar caer a plomo a Grecia a partir de hoy mismo no renovando la línea de emergencia a las entidades crediticias helenas. Estas siguen en pie por la respiración asistida que les llega desde Frankfurt vía BCE. Por eso, Varoufakis, ayer mismo, lo primero que hacía es reunirse con los principales directivos de la banca griega mientras Tsipras urgía a retomar el diálogo. Quieren y necesitan poner fin al corralito y que abran mañana los bancos griegos. El día 20 vence un préstamo de 3.600 millones con el BCE. Si Atenas no paga ¿cómo puede justificar Draghi seguir apuntalando a Grecia? Bruselas también sabe que el euro es algo más que un proyecto monetario. Debería haber sido el trampolín que impulsara la unidad política del Viejo Continente. Y ahora ¿cómo pueden frenar Merkel y Hollande el aumento de la incertidumbre?

Los mercados pueden presentar caídas entre el 5% y el 10%, según los analistas de Goldman Sachs y Merryll Lynch. Y eso que las bolsas absorbieron parte del golpe la semana pasada al descender el 5%, que es lo que bajó el Ibex 35 español. El problema más delicado se centra en la deuda pública de España, Irlanda, Italia y Portugal. En el caso de nuestro país, el japonés Nomura estima que el diferencial de los bonos de referencia con los alemanes podría acercarse a los 200 puntos básicos. Es una subida moderada, pero la prima de riesgo es, de nuevo, el principal termómetro de la inestabilidad financiera y política europea. Grecia puede haber iniciado el camino del Grexit y el retorno al dracma, que según el IFO, el Instituto de Economía Alemán, es el plan B que siempre han tenido bajo la mesa el tándem Tsipras-Varoufakis.

La cuestión es el precio que deberán pagar los griegos y el coste que supondrá para la UE. La desconfianza puede extenderse a la divisa europea pues ya no es irreversible una salida de alguno de los socios y la posible vulnerabilidad de cualquier otro ante los ataques contra el euro. La divisa única podría caer por debajo de la paridad con el dólar. A partir de hoy se verá si la arquitectura institucional establecida en estos últimos cinco años en Europa resiste los embates y se analizará al detalle el papel de Berlín y el Bundesbank ante este nuevo escalón de la crisis. Hay menos dudas sobre el BCE y Mario Draghi. Este ya dijo que “haría lo que fuera necesario para defender al euro” y hasta ahora no ha decepcionado. Todos los analistas creen que Draghi incrementará la compra de activos y, si hace falta, pondrá en marcha el programa OMT de adquisición de deuda. Grecia debe quedarse en una excepción, en una singularidad del Mediterráneo Oriental.

Lo ocurrido en Grecia es una novedad en el mundo. Nunca antes había entrado en morosidad un país perteneciente al club más rico del planeta: el comunitario europeo. Ninguna nación de la Unión Europea, salvo el pequeño Chipre, había establecido un control de capitales. Las colas parecen ser una constante de los gobiernos populistas, sean del sur de los Balcanes o de Sudamérica. Grecia, a diferencia de Argentina, carece de recursos naturales y su infraestructura turística se acerca a la saturación. Sus maravillosas islas, su excepcional pasado o sus bellezas pétreas no dan para escapar a la ruina. El reto más acuciante de Grecia no es la deuda, es la falta de crecimiento. La servidumbre de la deuda pública helena es menor que la de otros países europeos. Atenas es incapaz de generar ingresos para financiar su sector público y sus pensiones. Y esto ocurre tras la ayuda quinquenal de 200.000 millones de euros de Europa, 30.000 millones del FMI y 100.000 millones de quitas al sector privado. Grecia quiere reanudar la negociación con la base del informe del FMI que aboga por otras ayudas de 50.000 millones y reestructuración de la deuda. El FMI añade que se ha llegado a esta situación por el deterioro económico durante el gobierno de Syriza. Los dirigentes europeos deben decidir si obvian el referéndum y siguen negociando con sus propuestas, se arrugan y admiten la oferta de Atenas o aceptan el órdago a la grande de Tsipras y que salga el sol por Antequera y Grecia del euro.

Chamberlain ha fracasado en Grecia
Juan Pina vozpopuli.com 6  Julio  2015

El referéndum organizado ayer por Alexis Tsipras y el gobierno que preside, nucleado en torno a la formación política Izquierda Radical (Syriza), ha sido un despropósito desde todos los puntos de vista. Jurídicamente, está viciado por la apresurada reforma de la legislación plebiscitaria una vez convocada la consulta, así como por un proceso de campaña 'exprés' que, como ha denunciado el Consejo de Europa, no alcanza a satisfacer los más elementales estándares internacionales. Tal vez por ello no se haya habilitado la presencia organizada de observadores internacionales. Políticamente, la compleja, extensa y difícilmente comprensible pregunta planteada a los griegos por el poder ejecutivo hacía referencia a la aceptación o rechazo de una propuesta europea ya expirada, pues había desaparecido el martes a las doce de la noche al confirmarse el impago de Atenas.

Lo que hubo ayer en Grecia no fue un referéndum sobre el rescate y sus consecuencias. Fue, sobre todo, un plebiscito sobre Tsipras, Varoufakis y Syriza a los seis meses de su elección. Y con el apoyo de tan dispares y preocupantes aliados como los comunistas, la extrema derecha nazi y los ultranacionalistas conservadores, el órdago de Syriza ha cosechado un gran éxito demostrando que, en realidad, no hay izquierda ni derecha. Lo que hay es una casta estatista convencional (Pasok y Nea Demokratia en Grecia, el PPSOE en España) y una nueva casta más estatista todavía, la de Syriza y sus aliados nacionales e internacionales desde el Frente Nacional francés o el ultra español Saénz de Ynestrillas hasta los restos de la izquierda convencional tipo IU que, a regañadientes, se van subiendo a la grupa de este nuevo caballo ganador, encarnada aquí por Podemos.

Ahora, Europa sólo tiene un camino sensato, y es actuar por fin con la firmeza que le ha faltado desde que Alexis Tsipras jurara su cargo el pasado 26 de enero. Ante el único gobierno neoestalinista de Europa no sirve reproducir los errores de Neville Chamberlain frente a Hitler. La política de apaciguamiento fue un error ante la Alemania nazi, lo está siendo ante la Rusia de Putin y no puede durar un día más ante el chantaje de Syriza a los contribuyentes del resto de Europa. Se suele oponer a este punto de vista el necesario respeto a la decisión democrática de los griegos, pero es que ambas cuestiones son perfectamente compatibles. Los griegos están en su derecho de suicidarse en las urnas, pero no de extorsionar al resto de los europeos. Grecia, que entró con embustes en el euro, debe abandonar ya la eurozona y arrostrar las consecuencias económicas y políticas de sus decisiones, que pueden ser legítimas y democráticas, y a la vez profundamente desacertadas. Los griegos, pese a lo discutible del referéndum, han escogido a sabiendas de lo que podría ocurrir si abofeteaban a sus socios mordiendo la mano que, durante demasiado tiempo, les ha dado de comer a costa de los impuestos de todo un continente.

El resto de Europa debe aislar al paciente cero y contener la infección con un cordón sanitario en torno a Grecia, o mañana tendremos una epidemia. Eso en lo político. Pero, al mismo tiempo, en lo económico, es necesaria una reflexión profunda sobre el papel desastroso del sistema de organismos financieros multilaterales y banca central. Estos entes de planificación centralizada y politizada de la economía, impropios de una sociedad y un mercado realmente libres, estrangulan la actividad manipulando a su conveniencia el valor del dinero, la masa monetaria, el alcance del crédito y el endeudamiento público y privado. El problema no es euro o dracma, euro o peseta, el problema es la calidad y el respaldo de la moneda. El dinero es demasiado importante para dejarlo en manos de políticos y burócratas. Nos hemos acostumbrado a la nefasta práctica keynesiana del endeudamiento insostenible. Pero frente a ello no se puede simplemente impagar y pretender que los mismos sigan financiando eternamente al moroso. El camino sensato ante el exceso de endeudamiento es reducir el gasto estatal para amortizar deuda existente sin incurrir en deuda nueva, y eso, evidentemente, requiere políticas de austeridad que no gustan a los yonquis del dinero ajeno.

Hay que pasar página respecto a Grecia. A medio plazo, su salida del euro y su imposibilidad de financiarse en el exterior tendrán las consecuencias que tengan que tener, incluyendo una posible salida de la Unión Europea y, tal vez, su alianza geopolítica con Rusia. Un escenario así puede gustar más o menos, pero el opuesto es mucho peor. Como Tsipras se salga con la suya y el referéndum de cartón piedra haga temblar a los pusilánimes de Bruselas, el efecto dominó puede ser devastador para buena parte del continente. Por el bien de toda Europa, hay que desterrar de una vez por todas la estrategias Chamberlain, porque ha vuelto a fracasar. Esta vez, en Grecia.

Choque de soberanías
Juan R. Rallo vozpopuli.com

Al parecer, la victoria del 'no' en el referéndum griego sólo cabe entenderla como un triunfo de la democracia. El 62% de los griegos, en su irreprochable soberanía, ha decidido rechazar el acuerdo con la Troika que el 38% sí quería suscribir: la mayoría se impone sobre la minoría a la hora de decidir sobre su forzoso futuro conjunto. Mas, si de vindicar la soberanía se trata, acaso haya otras soberanías que quepa salvaguardar.

De entrada, el referéndum griego sólo ha habilitado al Gobierno de Syriza a que rechace la última propuesta de la Troika y a que remita otra sugerencia de plan de ajuste más laxo a las instituciones comunitarias. Pero que Grecia emita una oferta no significa que el resto de gobiernos europeos deba aceptarla. Siendo coherentes, todos aquellos que han calificado al referéndum griego y a su negativo resultado como el “triunfo de la democracia” deberían estar reclamando ese mismo triunfante proceso para cada uno de los países que componen la Eurozona: si el pueblo griego es soberano para rechazar las ofertas de la Troika, el resto de pueblos europeos también deberían ser soberanos para rechazar las ofertas del Gobierno griego. De esta manera, por ejemplo, el 70% de los alemanes que rechazan nuevas concesiones para Grecia podría expresar soberanamente su voz.

Pero la soberanía que verdaderamente deberíamos tratar de salvaguardar no es la soberanía de un colectivo para desvalijar a las personas que lo conforman con el propósito de transferirle la mordida a burocracias extranjeras necesitadas de combustible presupuestario que dilapidar. No, la soberanía que debería ser defendida es la de cada individuo para decidir en qué términos desea o no desea ayudar a gobiernos extranjeros. Actualmente ya existen canales para ello: el propio Banco Central de Grecia abrió hace años una cuenta corriente para recibir transferencias voluntarias del extranjero con el propósito de amortizar su deuda pública; y desde Londres también se ha iniciado recientemente una campaña de crowdfunding para rescatar al país.

Quien soberanamente considere que el Gobierno de Syriza es merecedor de ayuda debería ser tan libre de auxiliarlo como quien considere que no lo es. Lo que carece de toda lógica es que la soberanía del “pueblo griego” prime no ya sobre la soberanía del “pueblo alemán”, del “pueblo español” o del “pueblo letón”, sino sobre la soberanía de cada alemán, español o letón para gestionar sus propios ahorros de la manera que considere más adecuada.

Por supuesto, en un respeto escrupuloso de su soberanía, el Estado griego no puede ser forzado a pagar su deuda: todo acreedor sabe —o debería saber— que cualquier gobierno puede decidir unilateralmente no pagar sus pasivos en cualquier momento y, por tanto, es un riesgo que cualquier inversor en deuda pública debería interiorizar y debería estar dispuesto a asumir. Ahora bien, tampoco el resto de europeos, en un respeto escrupuloso de su soberanía individual, podemos ser forzados a seguir extendiéndoles crédito a las autoridades helenas. Ya basta del extend and pretend: ni un euro más para Grecia procedente del bolsillo de los contribuyentes europeos. Ellos ya son mayorcitos para tomar sus propias decisiones y nosotros también lo somos para tomar las nuestras: quienes quieran rescatar a Syriza que lo hagan rascándose el bolsillo por los cauces de ayuda voluntaria, no metiendo la mano en el bolsillo del vecino.

En definitiva, esperemos que la vergonzante Troika no siga dilapidando más decenas de miles de millones en el pozo sin fondo de las Administraciones Públicas griegas. Los griegos son soberanos para no pagar y nosotros deberíamos ser soberanos para no seguir prestando. A partir de ahí, que cada cual asuma las consecuencias de sus actos.


La chulería de los de Syriza
José Luis Meilán Gil La Voz

Lo que está pasando en Grecia tiene una relevancia que va más allá de la victoria del no en el referendo de ayer. Su celebración ha sido un reto a la UE y un mensaje para fuerzas políticas de los Estados miembros. Por fin, un Gobierno se levanta contra la troika de la que aquella forma parte. Lo saben los dirigentes de Syriza y lo que es más significativo, no solo no lo ocultan, sino que desde el comienzo de las negociaciones han mostrado una chulería clamorosa. El ya popular Varufakis no ha ahorrado calificativos de mafiosos y nazis a las partes con las que negocia. Cómo es posible una actitud tan prepotente y descalificadora cuando se quiere conseguir una reducción de las obligaciones contraídas por sus antecesores en el Gobierno, cualquiera que sea la valoración. Syriza puede negociar con firmeza esgrimiendo que otro Gobierno reconoció que se había engañado a Bruselas en las cifras suministradas, que la deuda es insostenible como acaba de reconocer su enemigo natural, el FMI, a pesar de los recortes impuestos, paisaje asumido en las novelas de Márkaris y su comisario Jaritos. Todo eso constituía un argumento para negociar, a sabiendas del interés europeo sobre la permanencia de Grecia en el euro y de su importancia geoestratégica. En cambio, se ha permitido chulear a la UE con habilidosas fintas, culminadas con cubrirse bajo el capote democrático del pueblo para presionar, sin pedir disculpas por el agravio que supone para otros Estados. Por qué esa actitud.

Descansa en la convicción de que se ha producido un cambio profundo en la sociedad respecto de los cauces establecidos para su representación política. Los partidos tradicionales, Pasok y Nueva Democracia, se sometieron a los dictados tecnocráticos de Bruselas sin que haya progresado la percepción personal de su beneficio. Sobre esa desesperanza se ha montado Syriza, con un populismo que ventea la ausencia de sensibilidad de los acreedores y la prepotencia de la tecnoestructura comunitaria. Más aún, se atreve a reconvenir a la UE su espíritu fundacional. Se presenta como faro que ha de iluminar a otros Estados. Algo de eso parece adivinarse si se constatan las adhesiones que está recibiendo esa calculada audacia del nuevo David. No es una tesis parcial reconocer la sintonía de Podemos en nuestro país, hasta en la arrogancia con que ha tratado a Izquierda Unida o en la pretensión de liderar las emergentes plataformas políticas.

Syriza se ha aprovechado del sentimiento popular, de errores e incluso deficiencias estructurales del sistema, que han de reconocerse. No le ha importado unirse con la ultraderecha nacionalista y Amanecer Dorado. Como tampoco a su homólogo español pactar con un PSOE al que ningunea.
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Grecia no se librará de recortes, aunque de momento, con la victoria del no, Tsipras salve la cara. En adelante será más difícil ejercer la presión de ahora. Syriza es una alerta no despreciable. Para la sociedad española, que ha hecho ya un largo recorrido, podría servir de preventiva vacuna.

El «no» masivo acerca a Grecia al desastre
Aitor Sáez/ Corresponsal en Grecia. Atenas. La Razon 6  Julio  2015

Los griegos respaldaron ayer en el referéndum las tesis de su primer ministro, Alexis Tsipras, frente a la Troika
Cómo Syriza gestione la victoria marcará la continuidad de Atenas en el euro. Samaras dimite tras la derrota del «sí»

Los griegos votaron. Y escogieron el rechazo masivo a la propuesta de los acreedores. El «No» se impuso con un 61,33% de los votos, frente al 38,67% «Sí» –con el 97% de los votos escrutados– a la firma de un acuerdo inmediato. Pese a la expresión popular en contra de la oferta de las instituciones, el Gobierno griego sabe que necesita cerrar un pacto cuanto antes. Así lo manifestó el primer ministro, Alexis Tsipras, en su discurso tras conocerse los resultados, al comprometerse a «empezar las negociaciones hoy» con la «prioridad» de reabrir los bancos lo antes posible. Eso dependerá del Banco Central Europeo (BCE), al que consideró «comprensible con la situación económica, pero sobre todo con las dificultades humanas» de Grecia. El primer ministro prometió recientemente a los griegos que los bancos abrirán mañana. En un tono mucho más conciliador que en sus últimos discursos a la nación, Tsipras aseguró que van a hacer «todo lo posible» para resucitar al país. Prefirió también abandonar los ataques a los acreedores, que han prevalecido durante esta semana: «El lunes no es un día de lucha en Europa», aunque avisó de que «no hay soluciones fáciles». Asimismo, reiteró el objetivo de su Gobierno de lograr una reestructuración de la deuda –última línea roja– para sellar un pacto y recordó que las instituciones no barajaron esa opción hasta después de la convocatoria de la consulta, cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó un informe sobre la necesidad de aplicar un alivio de deuda al país heleno.

Otro de los pesos pesados del Ejecutivo izquierdista y, según los medios locales, impulsor de la idea del referéndum, el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, también mostró su lado más conciliador, al afirmar que el resultado sirve para «tender una mano de cooperación» para alcanzar un «lugar común». Aunque no se pudo contener de lanzar un nuevo ataque a las instituciones. Según él, «desde el primer momento los acreedores intentaron cerrar los bancos». Asimismo, el titular heleno criticó también a los socios por «rechazar durante cinco meses todo debate sobre la austeridad y la deuda». Los miembros del Gobierno de Syriza se reunieron en Megaro Maximou –la Moncloa helena– para celebrar la victoria.

No obstante, la jornada dejó otro titular: la dimisión del líder de Nueva Democracia, el conservador Antonis Samaras, el gran perdedor de la noche. El ex primer ministro asumió la derrota y envió un mensaje al Gobierno griego para «lograr un pacto sin retraso» y sobre la «responsabilidad de traer un acuerdo que evite que el país se hunda». Además, Samarás abandonó el discurso de campaña y habló en clave de jefe de Estado. «La victoria del ‘‘no’’ algunos la traducirán en Europa como voluntad de salir de la eurozona. Llamo a los socios a ayudar a Grecia a permanecer en el euro», pidió.

En esa línea, justificó las duras medidas que tuvo que tomar su Gobierno «para evitar algo peor» y consideró que su partido debe «jugar un papel importante» en la salida del agujero. Tal y como anunció ayer, su lugar al frente de Nueva Democracia lo ocupará provisionalmente Evangelos Meirmarakis, ex portavoz de la formación en el Parlamento.

La jornada transcurrió sin incidentes a pesar del clima de polarización social en el que se celebró. A su llegada al colegio electoral, Tsipras se mostró «optimista» por enviar un mensaje de que «el pueblo toma las riendas» para «no sólo permanecer, sino para vivir con dignidad en Europa». Esa afirmación iba encaminada a tranquilizar a la sociedad ante la posibilidad de abandonar el euro, como pregonó la oposición durante la frenética campaña, que acabó centrándose en esa discusión. También el titular de Finanzas, Yanis Varufakis, trató de atenuar la preocupación de los griegos, aludiendo que «la moneda única y la democracia pueden coexistir». Más directo fue el líder del socio menor de coalición, el ultranacionalista, Panos Kamenos, quien aseguró que «el pueblo no tiene miedo» a las «mentiras» de algunos análisis sobre supuestas quitas, en referencia al artículo del «Financial Times» el sábado, donde el diario británico especulaba con una posible quita del Gobierno heleno a los depósitos superiores a los 8.000 euros.

La nueva jefa del Pasok, la socialdemócrata Fofi Yenimata, secundó ese argumento al afirmar que «Grecia quiere un acuerdo sostenible, pero que resista a las fuerzas extremistas de Europa». El otro líder de partido favorable al «Sí», el liberal de To Potami, Stavros Theodorakis, también ligó el resultado en la consulta a «la permanencia del país en Europa», según él, «el mayor problema».

¿Y AHORA QUÉ?
El «Grexit» y elecciones anticipadas si la UE no cede

«Hoy no es motivo de celebración para Alexis Tsipras», se escuchaba en los pasillos del centro de prensa instalado ayer en Atenas. ¿Por qué? Porque hoy el primer ministro heleno tendrá que volver a Bruselas y sentarse en la mesa junto a los socios. De nuevo el calvario de las negociaciones. El «no» puede reforzar la postura del Gobierno griego, pero también provocar el efecto contrario. Tsipras llevó el asunto de la deuda al terreno político para lograr un acuerdo a ese nivel, pero ahora los colegas de la eurozona pueden responder a Atenas con la misma moneda.

La última «línea roja» de Atenas es la reestructuración de la deuda. Sin embargo, a tenor de las reacciones de los líderes europeos tras la convocatoria de la consulta, esa concesión no parece que pueda llegar de inmediato. En ese caso, Tsipras puede lanzar un órdago supremo y plantear unas elecciones anticipadas en clave de plebiscito (esta vez real) sobre la continuidad de Grecia en el euro. Los griegos tendrían la última palabra, pero los resultados de la consulta de ayer abren paso a pensar que la sociedad podría incluso apoyar esa ruptura definitiva. El apoyo al abandono del euro ha crecido en los últimos cinco meses debido a la presión de los acreedores.
Acuerdo in extremis para recibir nueva financiación

El Gobierno griego se había comprometido a volver a la mesa de negociaciones hoy mismo. El control de capitales que sufre el país desde la semana pasada ha mermado la paciencia de los griegos, y aunque no se han registrado episodios violentos, el enfado puede estallar en las próximas semanas si el corralito se mantiene y, como apuntan en algunos supermercados, se comienza a padecer un serio desabastecimiento.

El final de este control de capitales lo marcará el Banco Central Europeo (BCE), que mantiene vivo al sistema financiero heleno con una línea de asistencia a la liquidez. Si el organismo europeo decide cortar el grifo a Grecia, las restricciones de retirada de dinero serán todavía mayores. El no de Mario Drhagi también puede conducir a una posible quita de depósitos a largo plazo. Ante esa presión, Tsipras puede optar por aceptar un acuerdo in extremis en breve, aún sin incorporar la cuestión de la reestructuración de la deuda. Aunque esa opción podría precipitar la caída del Gobierno al incumplir su mandato.

El primer ministro griego tiene otra serie de alternativas. La primera, tratar de formar un Ejecutivo de coalición nacional y seguir al frente. También puede dimitir y dejar paso a un nuevo Gobierno de tecnócratas o de consenso. Por último, y como en el supuesto anterior, convocar nuevas elecciones. Esa última solución alargaría la incertidumbre en Grecia al menos tres semanas, el margen para celebrar comicios desde su convocatoria.

Electoralismo barato con el IRPF
Alejandro Inurrieta vozpopuli.com 6  Julio  2015

La desesperación política del Presidente Rajoy le está costando romper todos los moldes lógicos de lo que debería hace un gobierno sensato ante el inminente fin de la legislatura. No es sensato, ni ético que tome decisiones que van a condicionar la política económica del nuevo ejecutivo, si es que fuese diferente al que rige, de forma muy negativa, los designios del país.

Un Rajoy desesperado anuncia una bajada e impuestos antes de vacaciones

La última ocurrencia de Rajoy ha sido la de anunciar, con gran sorpresa por parte del Ministro Montoro, una rebaja fiscal a mitad de año, con una gran complejidad técnica, anunciada a bombo y platillo, cuando aparentemente estaba prevista a principios de 2016.

El anuncio de esta rebaja fiscal, evaluada en 1.500 millones, no advierte a los ciudadanos que el IRPF está parcialmente cedido a las CCAA, un 50%, por lo que la cuantía total de esta bajada dependerá de las decisiones de los nuevos Presidentes y Presidentas de las CCAA. Por tanto, se trataría de un anuncio trampa, sin transparencia y con condiciones que no dependen del propio ejecutivo, algo que debería saber el propio Rajoy.

La medida apenas tendrá impacto si no la corroboran las CCAA

Lo más sorprendente de esta rebaja de impuestos, que por cierto llevan en su programa tanto el PP, como el PSOE y Ciudadanos, es que este momento del ciclo en el que incumplimos los preceptos sobre deuda, déficit y especialmente en materia de bienestar social, parece una medida esencialmente electoral y tendente a contentar a aquellos electores que han abandonado al PP.

Si miramos el impacto medio de esta medida, que supondrá reducir el tramo mínimo del 20% al 19%, y del 47% al 45%, siempre pensando en los tramos estatales, generaría un ahorro de 4€ para un ingreso bruto de 15.000€, 8€ para 20.000€ y 11€ en el caso de 25.000€. Por el lado de las rentas más altas, las que algunos siguen creyendo que han sido los grandes castigados por la subida de la fiscalidad a principios de la legislatura, reciben un regalo equivalente a 685€ si los ingresos son de 500.000€, o 114€ si son de 100.000€. Por tanto, a priori, esta medida no parece destinada a aumentar el consumo, ya que la propensión al consumo es inversamente proporcional a los ingresos recibidos, algo que debería saber el Presidente Rajoy, o si no él, alguno de los escasos asesores que trabajan junto a él. Es por tanto una medida eminentemente política, poco meditada y de difícil implementación práctica, como todo lo que ha hecho Rajoy en esta triste y perdida legislatura.

La bajada es ridícula para rentas bajas y más alta para rentas altas

Pero además, esta medida ahondará la heterogeneidad fiscal entre territorios. No hay que olvidar que Asturias, Andalucía o Cataluña son las CCAA con los tipos marginales de la renta más alto, frente a Madrid y las dos Castillas con los tipos más bajos. Por tanto, ahora tras este recorte de retenciones, los ciudadanos seguirán siendo discriminados en función de dónde habiten, generándose una distorsión en la asignación de recursos y en las decisiones de ahorro e inversión. Con el fin del monopolio del partido único que regía en España hasta 2015, en el que las CCAA eran meras invitadas de cristal a las decisiones del departamento de Montoro, ahora el Ministro tendrá que aparcar la soberbia y la mala educación y tendrá que reunirse con los nuevos Consejeros y negociar para que las CCAA ajusten sus tipos nominales a los estatales y así poder implementar esta reforma electoral.

Los problemas técnicos de incorporar esta ocurrencia a mitad de año va a traducirse en multitud de problemas para empresas, que tienen que retener, y a los ciudadanos que tendrán que hacer su declaración en 2016 con incertidumbre sobre cómo computar gastos e ingresos antes y después de la bajada de retenciones, así como problemas de coordinación y también del cálculo de deducciones.

La implementación técnica será muy complicada por hacerla a mitad de año
Por último, esta bajada de impuestos, a pesar de una mejoría transitoria de los ingresos públicos, en un contexto de fuerte reducción de derechos sociales, con la implantación de copagos en medicinas, en dependencia, ambulancias y prótesis, sin duda va a ser la antesala de nuevos ajustes en gasto social en la próxima legislatura si Rajoy continua gobernado. Por el contrario, nada ha dicho de reducir el IVA, un impuesto que grava el consumo y es profundamente injusto, generando una sociedad cada vez menos inequitativa, verdadero drama de esta maltrecha España.

La inequidad se acrecentará con este regalo electoral
En suma, Rajoy ha anunciado una bajada de impuestos que difícilmente se podrá implementar desde un punto de vista técnico, condicionará el gasto social, supondrá mayor desigualdad entre territorios y cuyas cifras mejoran más la situación de las rentas más altas, curiosamente los electores que más han abandonado al PP, como se ha visto en Madrid. Todo ello, sin que la Comisión se haya pronunciado, después de haber mandado un programa de estabilidad que optaba por un esfuerzo superior de consolidación fiscal. Esperemos que los ciudadanos se den cuenta de que el PP trata de hacer electoralismo anunciando esta medida justo antes de las vacaciones de verano y con la vista puesta en las elecciones generales de noviembre. Qué tristeza de país.

El terrorismo es lo que parece
Santiago Trancón Cronica Global 6  Julio  2015

Al día siguiente de los atentados yihadistas de Francia, Túnez, Kuwait y Somalia, que causaron 116 muertos, Moisés Naím publicó un artículo en El País titulado “El terrorismo no es lo que parece”. No conozco la ideología política del prestigioso analista pero me ha sorprendido mucho el contenido de este artículo.

Empieza afirmando que no hay evidencia de que estos atentados “hayan sido coordinados o que respondan a un plan conjunto”. Teniendo en cuenta que estamos ante el aniversario de la creación del Estado Islámico, que los islamistas son muy fetichistas en esto de celebrar con bombas las fechas señaladas en su particular calendario, y que, según la teoría de probabilidades, es casi imposible esa coincidencia del terror, resulta inquietante que el profesor Naím inicie su artículo con esa premisa.

Si seguimos leyendo nos damos cuenta de que el propósito de este preámbulo es hacer encajar los hechos para presentarlos como una réplica a la teoría del choque de civilizaciones del profesor Huntington, que pone el acento en el enfrentamiento entre identidades, culturas y religiones. La realidad no confirmaría esta teoría porque los conflictos actuales se están dando “más dentro de las civilizaciones que entre ellas”. El choque sería intra, ni ínter. El “conflicto más sangriento del siglo XXI” no sería, como nos dicen los telediarios y “la retórica oficial”, “entre musulmanes radicales y los que no lo son”, sino entre “terroristas islámicos y la mayoría musulmana”. O sea, terrorismo intra. En el otro lado, o sea, EEUU, tampoco los terroristas islámicos son el principal problema, sino los “estadounidenses racistas”. ¿Argumento? Las estadísticas: “las estadísticas son abrumadoras”. Veamos cómo nos abruman.

El 82% de las víctimas por terrorismo en 2013 lo han sido en Oriente Medio, Asia y África, mientras que sólo un 5% en países de la OCDE (34 países). En el Índice de Terrorismo, Francia ocupa, por ejemplo, el puesto 56. Otra estadística sorprendente: dice Naím que en EEUU, desde el 11S los terroristas racistas no musulmanes han matado a 48 personas, mientras que los terroristas musulmanes, sólo a 26. Es evidente que el terrorismo intra es mucho peor que el ínter o venido de fuera. Los números cantan... La conclusión es que en el futuro todo seguirá igual: “las principales víctimas de los terroristas islámicos seguirán siendo sus correligionarios” y “los racistas estadounidenses seguirán siendo una importante amenaza para sus compatriotas”.

Resumamos la teoría intraterrorista del profesor Naïm: en el mundo no hay choque de civilizaciones sino dos tipos de terrorismo importantes: el islamista y el racista. El islamista estadísticamente es insignificante en la mayoría de los países (incluida España, Francia, Inglaterra y EEUU, que han sufrido brutales atentados), mientras que sí lo es en Oriente Medio, Asia y algún país de África. EEUU tiene, por el contrario, un gran problema: el del terrorismo racista interior, cuyo ejemplo más claro es el del joven Dylann Roof que acaba de matar a 9 personas en una iglesia. Conclusión: “el terrorismo no es lo que parece”.

Los errores son tan de bulto, el razonamiento tan poco científico que acaso yo no haya entendido nada de lo que ha querido decirnos. Veamos:

1) No se pueden comparar realidades diferentes. El terrorismo islámico no es lo mismo que el fenómeno de la violencia racista. Los muertos son muertos, la muerte violenta los iguala a todos; pero no son iguales ni los asesinos, ni la organización que los incita, sostiene y ampara, ni los motivos y propósitos por los que asesinan, ni el modo como realizan sus asesinatos. Hacer estas diferencias nada tiene que ver con minimizar o trivializar unos asesinatos frente a otros. Todo es igualmente repugnante, abominable y perseguible. Pero es imprescindible, para ser eficaz en la lucha contra estas amenazas, el saber quiénes matan, por qué, qué persiguen, cómo se organizan unos y otros.

2) Puestos a establecer comparaciones sobre la base estadística de los asesinatos, no se entiende por qué el profesor Naím se fija sólo en la violencia racista de EEUU y no en la violencia machista, la de los psicópatas, la de los suicidas de la carretera, la de los narcotraficantes o la de las guerras tribales de África, estadísticamente mucho más relevante. ¿Y por qué EEUU y no Méjico, Venezuela, Colombia, el Congo o España? ¿Por qué no llamar también a toda esta violencia terrorismo, y sí al racismo?

3) Los números y porcentajes no pueden manipularse ad hoc y utilizarlos parcialmente para defender posiciones previas. El hecho terrible de que el terrorismo yihadista mate a miles de musulmanes inocentes, mucho más que a no musulmanes, no atenúa ni hace menos terrible los atentados de Túnez, Francia, Atocha o el 11-S.

4) No se puede meter en el mismo saco roto a los asesinatos entre musulmanes y los asesinatos de musulmanes contra europeos y occidentales. En el caso del terrorismo islámico hay varios factores a tener en cuenta: el asesinato de infieles por el hecho de serlo, el asesinato de correligionarios que rivalizan entre sí (chiíes contra suníes, Estado Islámico contra Al Quaeda), el asesinato de otras etnias y tribus por el hecho de serlo, etc. Podemos ayudar a erradicar este terrorismo interior, pero la solución a este complejísimo choque de intereses, creencias, sentimientos de pertenencia y fanatismos, no está en nuestras manos (la de los no musulmanes, según la división de Naím), sino en la de los propios musulmanes. Sí está en nuestras manos, en cambio, defendernos y perseguir el terrorismo islámico que se extiende por Europa, Occidente y África, así como combatir la violencia de todo tipo que se produce en nuestras sociedades (racista, machista, etc.).

5) La peligrosidad del terrorismo islámico o yihadista no se mide por ese 5% que esgrime Naím, sino por la capacidad para propagar el terror, por su determinación fanática, por su organización, por la simplicidad y eficacia de sus mensajes, por los efectos paralizantes de las imágenes del horror que propagan, con la seducción patológica y el contagio que produce entre los jóvenes, por el gran número de musulmanes que vive en nuestros países que, lejos de combatir a los terroristas que hablan en su nombre, guardan silencio o aprueban sus actos más o menos abiertamente. Reducir esta amenaza a un asunto cuantitativo comparativo, no cualitativo, y sin tener en cuenta, además, que si el terrorismo islámico no incrementa las estadísticas es porque está siendo combatido con muchos medios y coordinación internacional.

Sigo preguntándome qué ha querido decirnos el analista global con eso de que “el terrorismo no es lo que parece”. Yo no creo en la teoría del choque de civilizaciones ni en su contraria, la de alianza de civilizaciones. Civilización es palabra demasiado omnímoda y omnívora como para utilizarla frívolamente. Seamos más modestos, hablemos de culturas, modos de vida, formas de organización social, etc. La democracia es la mejor defensa que tenemos contra la barbarie terrorista. Pero la democracia se asienta y vive de la información objetiva y la verdad. La democracia necesita que las cosas importantes sean lo que parecen y parezcan lo que son. Una cosa tan seria como el terror y el horror no puede estar sometida a interpretaciones caprichosas, y más cuando se escudan en estadísticas, prestigios intelectuales o influyentes medios de comunicación.

No, desgraciadamente el terrorismo es lo que parece. A europeos y occidentales nos cuesta reconocerlo, precisamente porque en nuestras sociedades el fenómeno de violencia político-religiosa, del fanatismo totalitario, ha sido combatido y derrotado, no sin causar antes millones de muertos. Esta estadística sí que nos abruma. No queremos repetirla, y por eso hemos de tomarnos el terrorismo como lo que es y como lo que parece. No sólo el terrorismo, sino todos los gérmenes patógenos, antidemocráticos y totalitarios que amenazan la convivencia, la paz, la justicia, la libertad y derecho en nuestras sociedades.

Cada fenómeno hay que analizarlo por separado y luego ver qué tiene y no tiene en común con otros. El independentismo, por ejemplo, es un movimiento de raíz totalitaria, intimidatorio y excluyente, pero no es terrorismo. No nos permite esto, sin embargo, decir que “no es lo que parece”. En este error han caído tantos, sobre todo políticos y analistas, que han quedado desarmados para verlo, describirlo, rechazarlo y combatirlo. El independentismo también es lo que parece y parece lo que es: una amenaza para nuestra democracia. Mirar para otro lado o decir que no es lo que parece, cada día resulta más difícil de sostener si no es con mala fe, por cobardía, miedo, conveniencia o puro interés. La democracia se desmorona cuando las cosas evidentes (la corrupción, por ejemplo, o la mentira insultante del “España nos roba”) dejan de ser lo que son y lo que parecen para pasar a ser opinables, conjeturales, interpretables, discutibles... Cuando los expertos, analistas y responsables políticos nos dicen que los abusos y tropelías no son para tanto, porque “no son lo que parecen”... Entonces sí que empezamos a estar verdaderamente preocupados.

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El fuego griego
Editorial gaceta.es 6  Julio  2015

Hace treinta años, el proyecto europeo representaba un horizonte de progreso; hoy, por el contrario, a ojos de muchos europeos se ha convertido en una especie de cárcel regida por una tecnocracia sin alma.

Más del 60% de los griegos ha votado “no” en el referéndum de este fin de semana. ¿A qué decían exactamente “no” los griegos? Sobre el papel, a unas condiciones de negociación con la Unión Europea que ya no estaban vigentes. En realidad, sin embargo, el “no” se dirige a la Unión en general y, en particular, a su cabeza financiera, es decir, el Banco Central Europeo, la Comisión y el Fondo Monetario Internacional. En plata: hemos asistido a un ejercicio de protesta nacional, tan pedestre y primario como se quiera, pero altamente movilizador, contra una burocracia europea percibida como despótica e ilegítima. El hecho de que el gobierno griego se haya subido a esa moto por razones impresentables –no devolver el dinero que debe- no cambia el fondo del asunto.

Es curioso: hace treinta años, el proyecto de unión continental, abusivamente generalizado bajo la etiqueta “Europa”, representaba un horizonte de progreso, prosperidad, libertad, etc.; hoy, por el contrario, a ojos de muchos europeos, empezando por los griegos, “Europa” es una especie de cárcel ominosa regida por una tecnocracia sin alma que conspira contra la libertad de los pueblos. Se podrá objetar que ese cambio de imagen es cosa de marginales de ultraderecha o ultraizquierda. Es verdad, pero lo relevante es que tales “márgenes” están creciendo a velocidad exponencial y todo apunta a que pronto dejarán de ser minoritarios. Probablemente este es el dato más importante de todo cuanto la crisis griega ha sacado a la luz.

¿Y ahora qué hacemos con Grecia? Negociar bajo mayor presión. Eso es todo. Tsipras tenía hasta ahora en su mano una baza mayor que es la posición geoestratégica de Grecia en el dispositivo militar occidental. Ahora tiene otra baza de singular peso que es el refrendo popular contra Bruselas. La Unión puede adoptar políticas de corte tecnocrático sin dar explicaciones, pero no puede permitirse actuar contra unas urnas, precisamente por ese problema de legitimidad democrática que antes describíamos. Tsipras lo sabe, por supuesto. También sabe que ahora habrá que seguir negociando. En ese sentido, son sintomáticas las dos dimisiones de la jornada de ayer: una, la de Samaras, el chico bueno del centro-derecha que había tratado de aplicar las recetas de la troika; la otra, la de Varufakis, el chico malo de la izquierda que había conducido las negociaciones hasta hoy. O sea que la partida vuelve a comenzar; en la misma mesa, pero con otras cartas.

¿Cómo afecta todo esto a España? En lo económico, sólo de forma leve. Si Grecia entra en bancarrota, España perdería 24.800 millones de euros. De ese dinero, 6.700 millones corresponden a préstamos directos y 18.100 a contribuciones de nuestro país al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), que ha sido el instrumento para rescatar a Grecia, Irlanda y Portugal. ¿Es mucho o poco? Según se mire: sólo el rescate de Catalunya Bank, cuyo desembolso el Estado ya da por perdido, nos ha costado a todos los ciudadanos 12.000 millones de euros. El dato sirve para poner las cosas en su sitio. Otra cosa es que la atmósfera de fragilidad creada en torno a Grecia revierta en un alza de nuestra prima de interés, en un ambiente de incertidumbre en los mercados y, por esa vía, en una ralentización de la recuperación económica española. En cuanto a las consecuencias políticas, son una incógnita: el PP tratará de aprovechar el caso griego para inocular en la sociedad española el miedo a la izquierda, mientras Podemos intentará subirse al referéndum de Tsipras para escalar otro peldaño en su ascenso al poder. Ahora habrá que ver si el mito de “Europa” sigue desplegando sobre los españoles el mismo efecto mágico que hasta hoy.

Una de las armas secretas del viejo Bizancio era el “fuego griego”, una mezcla combustible que ardía bajo el agua y hacía estragos en las flotas enemigas. Tsipras tiene su propio fuego griego y ha arrojado un buen chorro sobre el proyecto de Unión Europea tal y como se concibió en Maastricht. Las consecuencias del incendio van mucho más allá de lo económico y afectan al contenido político de la Unión. Hace falta un cuerpo de bomberos que entienda Europa como algo más que un mercado subsidiario del nuevo orden del mundo global

El juez ya identifica la estrategia de tráfico de influencias de los Pujol
Editorial El Mundo 6  Julio  2015

A medida que avanza la investigación en la Audiencia Nacional sobre las actividades del hijo mayor de Jordi Pujol, más claros se van perfilando los contornos de la que parece ser la más escandalosa estrategia de tráfico de influencias institucionalizado en España al menos desde la muerte del dictador. A partir del rastro que han dejado las espléndidas comisiones cobradas por el primogénito a través del burdo método de las asesorías fantasma, descubrimos que tras el gran epítome del nacionalismo catalán se escondía probablemente el mayor farsante de la democracia. Pujol Jr. percibió 8,5 millones de 17 contratistas distintos de la Generalitat entre 2004 y 2012. Una cifra escalofriante que quizá se acabe quedando corta.

Ayer publicamos que el juez José de la Mata ha ordenado rastrear los pagos de 710.000 euros de FCC a una sociedad tapadera de Pujol Ferrusola y, en concreto, averiguar si se trata de una compensación a cambio de su intermediación para conseguir la adjudicación de obras públicas en Cataluña. Hoy añadimos que De la Mata ya constata que los 3,6 millones que la constructora catalana Copisa le abonó eran en realidad «comisiones ilegales» por gestiones realizadas por el hijo mayor «o su entorno más próximo», llamativa adenda con la que el juez sin duda se refiere al clan familiar por la ascendencia que el ex president conserva sobre los principales actores de la vida pública de Cataluña.

Las respuestas habituales que pasan por el victimismo o por envolverse en la bandera no les van a servir esta vez a los Pujol. La Policía ya ha concluido que constituyeron «una red organizada de tipo familiar para el cobro de comisiones» y el Servicio Antiblanqueo del Ministerio de Economía cifra en más de 500 millones el dinero que han movido a través de cuentas opacas en paraísos fiscales. La hora de la verdad está más cerca. La Audiencia tiene pendiente desvelar los detalles que han remitido las autoridades de Andorra sobre las posiciones de Pujol Jr. en la BPA. La Justicia tiene que dar una respuesta a la altura de la magnitud de las sospechas, como hizo con Luis Bárcenas o Francisco Granados, y hacerlo al margen de los tiempos de la política. En nada tiene que influirle el proceso independentista puesto en marcha por los herederos políticos de Jordi Pujol.


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