AGLI Recortes de Prensa    Jueves 16 Julio 2015

Acaba de publicar el Martin Prosperity Institute su estudio plurianual 'Global Creativity Index' o GCI. Las ediciones anteriores datan de 2004 y 2011.

El propio organismo lo define así:

Es decir, estamos ante un análisis comparado de desarrollo económico y prosperidad en 139 estados distintos con base en las tres 'T' que, en opinión de la institución, las determinan en el mundo contemporáneo, a saber: tecnología, talento y tolerancia. La primera se mide en términos de porcentaje del PIB destinado a I+D+i y patentes registradas. El segundo por virtudes académicas y profesionales de la población. Y la tercera, más etérea, por la apertura a minorías étnicas o religiosas y aceptación de los homosexuales (sic).

Tras años elaborando el informe, sus autores han llegado a la conclusión de que, a mejor posición en el GCI, más productividad, competitividad, capacidad de emprender y bienestar en un país, así como mayor igualdad entre sus ciudadanos. Sin embargo, siendo verdad la conexión positiva del GCI con el resto de los factores, la correlación no se cumple por lo que a la desigualdad se refiere. La dispersión de la muestra es enorme y resulta difícil establecer una recta de regresión.

Sólo se puede entender su inclusión desde la óptica liberal de quien promueve el documento, empeñado en justificar los valores del nuevo capitalismo. Y lo dice uno poco sospechoso.

Pues bien, hecha esta digresión, ¿qué posición ocupa España?

Como se ve, España se acerca al primer decil, situándose en el puesto 19 de casi 140 países. No se despeña en ninguna de las tres categorías, ocupando un meritorio duodécimo lugar por lo que a la 'tolerancia' se refiere (gracias a la medalla de bronce en aceptación de la condición sexual) y posicionándose razonablemente bien en el 'talento' debido al prestigio de nuestras escuelas de negocio. Sólo pinchamos en 'tecnología'. En el agregado, por detrás de nosotros quedan naciones como Japón, Luxemburgo, Italia o Portugal.

Reflejada esta clasificación en forma de mapa mundial, quedaría así:

Desde ese punto de vista, y si damos por buena la premisa de la que parten los patronos del Martin Prosperity Institute de que...

... avanzamos de un modelo industrial de capitalismo a otro basado en la creatividad y el conocimiento, en tal caso, no iríamos como estado tan mal desencaminados. España sería un lugar idóneo para trabajar, con mano de obra disponible de cualquier cualificación a coste asequible, con buenas infraestructuras y baja obsolescencia productiva e inmobiliaria y, por si fuera poco, preparación e imaginación para sacarle partido a cualquier situación (19 de 140, recuerden).

Pena que este Perú se joda siempre por lo mismo: la Administración, ¿no creen?

Incapaz de sentar las bases para potenciar la inmigración de calidad, liberalizar el mercado de trabajo, crear hubs empresariales, fomentar la innovación o dar uso al ingente parque de viviendas y terciario existente, se pierde más tiempo –especialmente a nivel local y regional– en poner trabas que en crear riqueza, en obstaculizar el desarrollo que en impulsarlo, en proteger su parcela de poder que en descentralizar.

Y así nos va.

Menos mal que la esperanza es lo último que se pierde..


******************* Sección "bilingüe" ***********************

La extrema izquierda se alía con los independentismos periféricos y lanza un órdago a la democracia española
Editorial La Tribuna del País Vasco 16  Julio  2015

La extrema izquierda española, que desde las pasadas elecciones locales y tras los acuerdos de gobierno municipal firmados por el PSOE y Podemos, incluye también a los socialistas, se encuentra en estos momentos agrupando sus fuerzas, revisando sus recursos y diseñando múltiples y desafiantes estrategias de agit-prop de cara a lo que consideran su última y gran batalla: la toma de La Moncloa y la conquista del poder empleando todos los medios posibles para expulsar al Partido Popular del mismo.

Ciertamente, la puesta en marcha por los partidos políticos de diferentes tácticas para alcanzar una mayoría parlamentaria eficaz es algo absolutamente normal dentro del juego democrático habitual en las sociedades occidentales.

El gran desafío surge cuando una parte importante de esos actores políticos, representados por un numeroso elenco de formaciones, asociaciones, agrupaciones, foros, mareas y movimientos, que se sitúan fundamentalmente en el ámbito ideológico del comunismo y del anarquismo más trasnochado, ignorante y radical, pero también alrededor de las marcas independentistas y nacionalistas más extremistas y, en no pocos casos, próximas a diferentes organizaciones terroristas (ETA o Resistencia Galega, fundamentalmente), plantean como su principal objetivo no solamente la alternancia en el Gobierno de las instituciones sino, sobre todo, la superación del actual marco democrático para caminar hacia un nuevo régimen, todavía difuso y poco concreto en su configuración, pero demasiado parecido a los modelos “populares” representados por Nicolás Maduro en Venezuela, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina o Vladimir Putin en Rusia.

Para la extrema izquierda española, categoría en la que el PSOE de Pedro Sánchez se ha encuadrado con empeño, la expulsión del Partido Popular del control de las instituciones democráticas solamente es una primera batalla a ganar, importante, pero no definitiva, en el marco de la gran guerra que mantiene contra la democracia parlamentaria como marco político de convivencia, contra el capitalismo como disciplina económica, contra el liberalismo como doctrina social y contra el individualismo como base sociológica de nuestras colectividades.

La extrema izquierda española, que se alimenta de los mitos ideológicos más rancios y caducos del marxismo-leninismo internacional, que afianza las raíces de su odio en un sistema educativo en manos de un nutrido grupo de fanáticos e iletrados, bien engrasada con todo tipo de subvenciones públicas y que ha cambiado cualquier atisbo de raciocinio o argumentación por la soflama incendiaria, el juego de palabras vacuo o la pancarta acusadora, poco a poco, pero incansablemente, va carcomiendo los pilares centrales de nuestra convivencia.

Para ello, y apoyándose en el silencio cómplice de algunos de los medios de comunicación más iletrados, sumisos y subvencionados de Europa, manipula nuestra más reciente historia y la convierte en un guiñapo banderizo con el que despertar el fantasma de las “dos Españas”; se alía con las formaciones nacionalistas y los movimientos independentistas más obtusos y ariscos para multiplicar el efecto corrosivo de éstos sobre el Estado democrático; disgrega el valor del idioma español como elemento de cohesión democrática mientras eleva cualquier jerga regional a la categoría de lengua imprescindible; apela, a través de manifiestos, manifestaciones, concentraciones o “mareas”, a la puesta en marcha de movimientos de masas incendiarios, desde el 15M hasta las “acciones” “Rodea el Congreso”, pasando por acampadas populares, marchas sindicales, huelgas sectoriales o convocatorias de protesta “espontáneas” a través de las redes sociales; y, sobre todo, y como puede contemplarse ya en los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Cádiz, Santiago de Compostela o Pamplona, coloca en puestos institucionales claves a los personajes más sectarios y excluyentes, siempre prestos a servir a los proyectos ideológicos más reaccionarios, populistas y totalitarios.

La extrema izquierda, en alianza con los independentismos periféricos, ha lanzado su gran órdago a la democracia española, un envite que, además, tiene mucho de ataque frontal a los elementos básicos que han convertido a la civilización occidental en el motor del desarrollo, del progreso y del bienestar de los seres humanos. Este ataque frontal a Occidente, uno más entre varios, que alimentado desde Venezuela, Rusia o Irán, ha fracasado en su primera fase en Grecia a través de la Syriza de Alexis Tsipras o de Yanis Varoufakis, se desplazará en los próximos meses, y hasta la fecha de las próximas elecciones generales, a España.

Y, por ello, debemos estar alerta. Si no logramos hacer frente a quienes abogan por suprimir la libertad en aras de una siempre inexistente igualdad, si no conseguimos vencer a quienes desean imponer nuevas y ficticias fronteras dentro de las que levantar nuevos territorios que domeñar a su gusto, si no somos capaces de que miserables a sueldo de países totalitarios como Venezuela, Irán o Rusia dejen de mancillar nuestras instituciones o si no alcanzamos pactos y acuerdos efectivos que logren detener esta humillante y peligrosísima escalada de la chusma éticamente despreciable y radical a nuestros principales órganos de poder, las consecuencias serán crueles y dramáticas para todos. Y por varias generaciones.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial