AGLI Recortes de Prensa   Domingo 19  Julio 2015

Autonomías y déficit: un problema insoluble
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 19  Julio  2015

El ministro de Hacienda ha encargado a la Autoridad Presupuestaria Independiente un informe sobre la situación financiera de las diecisiete Comunidades Autónomas y sus posibilidades de cumplir los objetivos de déficit fijados para los próximos tres años con vistas a satisfacer los criterios establecidos en la Eurozona respecto al necesario saneamiento de las cuentas públicas. En particular, el ministro quiere saber si es mejor fijar un techo común para todas o si resulta más realista permitir una cierta flexibilidad, de forma que unas Autonomías obedezcan a unas exigencias más severas que otras en cuanto a calendario y reducción sucesiva. Al final, todas han de alcanzar el déficit cero en 2018 y se trata de establecer el camino más efectivo para tal fin. En el pasado se han ensayado los dos métodos, el de los déficits a la carta y el de la uniformidad y ninguno ha funcionado. Sistemáticamente, año tras año, las Comunidades han sido incapaces de ajustarse a sus compromisos, mientras que, en paralelo, la Administración central y los Ayuntamientos sí se han comportado de acuerdo a lo programado. No pocas de ellas, además, han visto como su deuda se hundía en la calificación hasta el ignominioso nivel de bono basura. La consecuencia de este desastre ha sido que la Hacienda estatal se ha convertido en su prestamista a través del Fondo de Liquidez Autonómica y del Fondo para el Pago a Proveedores. La paradoja que surge imparable es que Autonomías dominadas por partidos independentistas claman por separarse de la ubre que las alimenta, un absurdo más de los muchos que impregnan los proyectos secesionistas. Inmersos en esta contradicción, los españoles hemos contemplado asustados como la deuda total del Estado trepaba hasta la irrespirable cota del 100% del PIB.

El motivo por el cual el Estado central y los Ayuntamientos han podido domeñar su gasto y no así las Comunidades Autónomas es fácilmente identificable, aunque nadie se atreve a señalarlo porque es políticamente incorrecto. De hecho, la causa verdadera por la que las Autonomías se estrellan ante la incontrolable diferencia entre sus ingresos y sus dispendios apunta a uno de los dogmas sagrados de la Transición: la bondad y el éxito del Estado de las Autonomías. Las instancias centrales de gobierno y los poderes locales son estratos de la gestión pública que podríamos llamar "naturales" y cuya función se justifica desde un enfoque racional. Las Autonomías, en cambio, representan un añadido artificial que se ha incorporado a la estructura del Estado por razones políticas y no para responder a necesidades auténticas.

Un país del tamaño de España se puede manejar perfectamente mediante un Gobierno central fuerte acompañado de una intensa descentralización administrativa que suministre eficacia y unos municipios de dimensión adecuada que atiendan a los servicios obligadamente más cercanos al ciudadano. Esta es la fórmula que proporciona el máximo de eficiencia y de funcionalidad. Las Autonomías responden a otra óptica, la de satisfacer diferencias culturales y lingüísticas que podrían respetarse igual sin su despilfarradora presencia, la de frenar a unos separatismos por otra parte irrefrenables y a la de proporcionar abundantes puestos, pesebres e instrumentos de influencia a una clase política inflada en número y atribuciones. La imposibilidad de cuadrar las cuentas de las Comunidades Autónomas es pues una cuestión estructural, un defecto profundo de la arquitectura del Estado, que por mucho que se legisle y se ensaye un sistema de financiación autonómica tras otro jamás encontrará solución sencillamente porque tal solución no existe.

Se verifica por tanto una vez más el hecho conocido de que frecuentemente la política no sólo no ayuda a salir de las dificultades, sino que las crea, las mantiene contra la evidencia y las incrementa. Sigamos sufriendo el espectáculo de un presupuesto desbocado no por las demandas del Estado del Bienestar o por los efectos deletéreos de la crisis, sino por el empecinamiento de nuestros partidos en imponernos un modelo territorial disfuncional, carísimo e irracional.

Juego de patriotas
DAVID JIMÉNEZ El Mundo 19  Julio  2015

Irritado ante la imposibilidad de manejar los odios en los Balcanes, el diplomático estadounidense Daniel Fried definió la evolución natural del nacionalismo en tres fases: «Primero te emborracha, después te ciega y, finalmente te mata». La Historia, y la europea más que ninguna, nos recuerda que en nacionalismos está casi todo inventado, desde el victimismo que los alimenta a la manipulación de los sentimientos que los disfrazan, desde la marginación de quienes los rechazan a la fabricación del enemigo para justificarlos. Una vez conseguido todo ello, sólo hace falta un líder lo suficientemente perturbado para que se cumpla la tercera fase a la que hacía referencia Fried.

Cataluña está tan lejos de los Balcanes como de tener algo parecido a un líder, o al menos uno al que tomar en serio, pero cada vez está más sometida a las miserias de ese nacionalismo excluyente que el consejero de Presidencia de la Generalitat, Francesc Homs, define tan bien cuando habla de «los otros» para referirse a quienes no le acompañan en el viaje soberanista.

Los otros nos roban. Los otros no respetan nuestra identidad. Los otros coartan nuestra libertad. Los otros no entienden que queramos salir de España y que el Barça siga jugando la liga española. Independizarnos de un país de la Unión Europea y seguir en la Unión Europea. Utilizar las leyes españolas cuando nos conviene e ignorarlas cuando no es así.

Para el presidente de la Generalitat, Artur Mas, todo esto es un juego político del que probablemente nunca pretendió obtener el premio de la independencia, a lo más su supervivencia política y un rinconcito entre los mártires de la Historia. Y, sin embargo, la gravedad de su herencia se nos va revelando en esos amigos catalanes que han dejado de hablarse o en esas familias que han interiorizado la fractura política y saben que la comida del domingo no llegará a los postres si alguien saca «la cuestión catalana». Mas terminará estrellándose, eso no lo duda casi nadie, pero no sin antes haber causado daños difíciles de reparar en esa sociedad a la que dice querer liberar.

Por eso urge que los catalanes, y me incluyo en caso de que los vigilantes del puritanismo nacional acepten mi origen barcelonés, nos independicemos cuanto antes de una clase política que ha encontrado en España la excusa para mangonear a su antojo y ocultar que no tiene más proyecto que la división: nosotros, los patriotas, contra «los otros» que lo son menos o nada. Incluso para quienes piensan que Cataluña estaría mejor fuera de España, la pregunta es si los que se han apropiado de sus sentimientos nacionalistas representan el país que aspiran a construir. Uno donde unos catalanes lo son más que otros.

La búsqueda permanente de lo que nos separa, simbolizada por la lista única con la que Mas y Junqueras se presentarán a las elecciones, tiene como objetivo convencernos de la falacia de que no hay otra solución para la convivencia entre Cataluña y España que la ruptura. Es un viaje en el que el nacionalismo más intolerante se ha hecho acompañar de historiadores y medios de comunicación, donde se han comprado voluntades a golpe de subvención y en el que las instituciones catalanas han sido puestas al servicio de la causa, como si las pagaran sólo los afines.

Que a pesar de todo ello las últimas encuestas revelen un aumento del número de catalanes contrarios a la independencia, que siguen siendo mayoría, demuestra no sólo una justificada desconfianza hacia ese piloto que se niega a variar el rumbo incluso cuando está a punto de estrellarse, pretendiendo además que el pasaje le acompañe hasta el final. También nos recuerda la existencia de esa Cataluña menos ruidosa -y con menos espacio para expresarse- que sigue creyendo que su futuro pasa por llegar a un gran acuerdo nacional que, garantizando la identidad catalana y un pacto económico justo, nos mantenga unidos dentro del mismo proyecto.

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Rajoy sirve en bandeja la Moncloa al Frente Popular
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19  Julio  2015

La encuesta que publica hoy ABC –primera de las muchas que nos esperan hasta las Generales- puede resultar reconfortante y hasta ligeramente embriagadora para los que temen, con razón, que el hundimiento del PP acarree la llegada al Poder del Frente Popular, tal y como ha sucedido en las elecciones autonómicas y municipales. Leer que la suma de escaños de PP y Ciudadanos sería ligeramente superior a la de PSOE y Podemos, provocará un suspiro de alivio y apenas contenido gozo.

Pero el gozo apenas sobrenadará el fondo del pozo al comprobar que PP y C´s no alcanzarían la mayoría absoluta (131 y 32 escaños), mientras que el PSOE (106) podría agavillar a comunistas (42 de Podemos y dos de IU) y separatistas (suman 38 entre CiU, ERC, Amaiur, PNV, CC, BNG y Geroa Bai) en un Frente Popular cuyo carácter revolucionario viene subrayando el propio ABC desde hace tres días con un supuesto proyecto para derrocar al Rey, que no es más que el nada supuesto proyecto del PSOE desde Zapatero de liquidar el régimen Constitucional del 78. O sea, que es verdad que PP y C´s suman más que PSOE y Podemos, pero menos que PSOE, Podemos y los separatistas, que obtendrían unos 40 escaños. No sabemos, por ejemplo, y la encuesta no lo pregunta, si la unidad de Mas y Junqueras el 27-S se mantendrá en las Generales, mejorando sus opciones. Sólo con ese grupo o harka catalanista PSOE+Podemos supera a PP+C´s.
C´s recoge sólo la mitad del voto perdido de PP y UPyD

En realidad, la encuesta que presenta Narciso Michavila –cercano al PP- muestra un panorama desolador en el voto de centro-derecha: la caída de votos del PP con respecto a las generales de 2001, del 44'6 % al 29'1 %, sería de más de cuatro millones de votos, superando el legendario récord de Rubalcaba que le sirvió en bandeja la mayoría absoluta a Rajoy en 2011. El desastre del PP sería tal que ni con los tres millones de votos de C´s, al que se supone capaz de cazar votos de centro a los que no llega el PP, podría igualar los 11 millones obtenidos por Rajoy en las últimas generales. Nada menos que un millón de votos perdería el centro-derecha, si es que alguna vez logramos saber en qué lado del centro electoral se coloca Ciudadanos.

Por supuesto, pasar de la nada a la treintena de escaños es mucho. Más lo fue en AP pasar de una docena escasa en 1979 a un centenar largo en 1982. Pero de nada sirvieron frente a los 202 del PSOE. Ciudadanos ha frenado la progresión que le llevaba a heredar el voto perdido del PP y el de UPyD, amén del que imantaran los encantos de Rivera. Su empeño –típico de maricomplejienes- en que no se le achaquen ser la marca blanca del PP le ha llevado a convertirse en la marca rosa del PSOE en Andalucía, y en no despegar en Madrid, donde el empeño de zancadillear al PP puede más que el cálculo de compartir caladero electoral. Y si su fotogénica altanería se lo permitiera, Rivera debería meditar sobre un hecho: si UPyD obtuvo 1.140.000 votos (4,9%) en las generales de 2011 y el PP pierde 15 puntos y cuatro millones de votos, Ciudadanos con algo más de tres millones, sólo recoge la mitad de los que pierden la derecha y la izquierda nacional. Es verdad que quedarse en la estimación popular más o menos en el medio, eso que algunos llaman centro, le permite pactar con todos y ser el perejil de todas las salsas, pero todos los platos, salsa incluida, los cocinan otros.
Hacia una catástrofe difícilmente evitable

Es verdad que faltan unos meses para las Generales y que en ellos el PP podría seguir mejorando su intención de voto gracias a la escalofriante gestión de los ayuntamientos de Podemos llevados al poder por el PSOE. Pero en medio tiene tres obstáculos: las elecciones catalanas y la previsible catástrofe del PP, cuyo electorado podría pasarse en bloque a Ciudadanos; el alzamiento de alfombras en ayuntamientos y autonomías y los casos de corrupción -reales o no- que salgan; y el empeño de Rajoy y sus hashisinas en denigrar a viejos líderes del PP, como si mancharlos los limpiara a ellos.

Los dos atropellos más escandalosos son el del acogotado Rato, que ahora dice el juez que podría ser sólo un delito fiscal, y el de Aguirre, que como reveló en esRadio sufrió, sólo durante la campaña electoral, cuatro investigaciones de Hacienda, cuatro -más otras dos posibles-, para explicar minucias diversas de hace décadas, y la filtración de la única declaración de Hacienda que mostraba grandes ingresos y que Montoro y Soraya, con todo descaro, han atribuido directamente a la damnificada. Con un par. Muchos errores ha cometido Aguirre, pero nadie gana elecciones contra su partido.

Sucede que Soraya nunca fue del PP de Aznar –en rigor, nunca fue nada cuando el PP era tanto- y cree labrar su futuro atacando a "la Derecha". Añadamos al empeño delictivo del Gobierno contra el PP, cadáver político que muestra las pruebas de haber muerto de puñalada rajoyana, una idiotez casi artística para diseñar el supuesto cambio de imagen del partido, que ha resumido en esta frase: "¡Fuera corbatas!". A este paso, en Noviembre, sólo va a quedarles una: la de cáñamo. Pero antes de morir nos colgarán a todos.

El riesgo país y la ‘doctrina Cambó’; no es miedo, es precaución
Las grandes sociedades del Ibex han empezado a encapsular los negocios en España con filiales separadas del resto de sus grupos para protegerse ante eventuales riesgos políticos en nuestro país
José Antonio Navas El Confidencial 19  Julio  2015

No hace falta irse muy lejos para comprender el grado de preocupación con que las grandes compañías multinacionales del Ibex observan la deriva de España. Basta con preguntar a los más afamados despachos mercantiles de abogados, donde a diario se reciben consultas de insignes clientes preguntando el modo, coste y manera que supondría el traslado del domicilio fiscal allende los Pirineos, a un lugar alejado de los tentáculos amenazadores de esa pinza que acecha con situar al Estado como máxima instancia reguladora de una economía claramente intervenida. El nuevo leninismo acendrado al servicio de la democracia política y social con que se manejan los Pablo Iglesias de cada día aterroriza a los empresarios mucho más que todos los votos del miedo que pueda disparar Mariano Rajoy en su desesperada caza del lobo rojo.

La situación que se dibuja recuerda a la protagonizada por el ubicuo político catalanista Francesc Cambó con la vieja Compañía Hispano Americana de Electricidad, más conocida por la CHADE, concebida a principio de los años veinte del pasado siglo para evitar que la alemana CATE, principal empresa energética de América Latina, fuera decomisada por los aliados tras la Primera Guerra Mundial. El que fuera ministro con Alfonso XIII y líder de la Lliga Regionalista consiguió españolizar la compañía con el apoyo del marqués de Comillas para años después, una vez desencadenada la Guerra Civil, trasladarse con todos los trastos a Buenos Aires en una huidiza transformación societaria bajo la denominación de la Compañía Argentina de Electricidad (CADE).

Los detalles de esta alambicada y múltiple metamorfosis, fruto de una exhaustiva investigación realizada por el historiador catalán Borja de Riquer, sirven para ilustrar el deseo inconfesable de muchos dirigentes obsesionados con asegurar su margen operativo de actuación al timón de sus poderosos trasatlánticos empresariales. Ni que decir tiene que las pretensiones no se muestran tan diáfanas y descaradas porque en los tiempos inciertos que corren la línea recta ha dejado de ser el camino más corto cuando se trata de emprender una estrategia corporativa especialmente arriesgada en el terreno político. Ahora es mejor empezar el recorrido partiendo con algún rodeo que distraiga la atención, sin adentrarse en atajos de sobra conocidos y que luego terminan conduciendo a un callejón cerrado.

No es tanto una salida por piernas lo que buscan los más precavidos gestores y financieros, sino más bien la reordenación de estructuras organizativas que permitan abrir los adecuados cortafuegos ante la perspectiva de un incendio provocado por las altas temperaturas que irradia la política nacional. El manual de primeros auxilios indica la conveniencia de encapsular los negocios en España mediante un spin off destinado a escindir la filial doméstica de la casa matriz o sociedad holding en la que se toman las decisiones estratégicas con plenos poderes ejecutivos y muy relativa responsabilidad legal. La carencia en el ordenamiento mercantil de una regulación clara sobre el llamado derecho de grupos facilita este divorcio a la española que se está poniendo tan de moda en el seno de los grandes bancos y sociedades cotizadas.

En contra de lo que cabía esperar, ni la nueva Ley de Sociedades de Capital ni el más reciente Código Unificado de Gobierno Corporativo han establecido ningún cordón umbilical que determine una estricta vinculación jurídica entre los consejos de administración de empresas pertenecientes a una misma entidad corporativa. De esta forma, aunque las decisiones procedan siempre de arriba a abajo, cualquier preboste puede luego llamarse a andanas si vienen mal dadas en sus compañías participadas. Esta persistente y graciosa laguna permite a los gestores irse alejando en cascada de la propiedad representada por los accionistas minoritarios, gobernando todos los movimientos de sus distintas subsidiarias con el mando a distancia y desde una torre de marfil protegida de cualquier contingencia legal.

Los casos de Telefónica, Iberdrola y Santander
La filialización por actividades o territorios dentro de un mismo grupo industrial se ha manifestado con especial crudeza en el caso de Endesa, la antigua empresa líder del mercado eléctrico español romanizada bajo el poder del Estado italiano que representa Enel. Algo equivalente puede suceder ahora con Iberia, una vez que terminen en enero los pactos de fusión con British Airways y que el Grupo IAG decida desde Londres el destino final de la aerolínea de bandera en función de lo que más conviene, claro está, a los intereses británicos. Este modelo de separación de negocios se ha insertado igualmente durante los últimos años como pieza clave en la estrategia de diversificación de las grandes multinacionales españolas que han tratado de compensar en el exterior la pérdida de sus viejos monopolios nacionales.

Telefónica fue de las primeras que estableció fronteras para marcar territorio en España, dentro de una estrategia que ha sido imitada con mayor o menor alarde por otras grandes del Ibex. Entre las que han patentado el modelo sin ningún tipo de complejos está Iberdrola, que ha dotado de personalidad jurídica propia a un nuevo subholding doméstico estructurado como pararrayos ante cualquier tormenta regulatoria en el mercado energético. Las reformas del ministro José Manuel Soria han curado de espanto a Ignacio Galán, quien ha comprobado lo duro que puede ser enfrentarse a cara descubierta con el Gobierno de turno. El presidente de la primera eléctrica verdaderamente española se ha cubierto las espaldas, pasando de las palabras a los hechos, no vaya a ser que lo peor esté aún por llegar a un sector acostumbrado durante muchos años a manejar el BOE a su antojo.

En el sector bancario el ejemplo más inmediato de una incipiente división de aguas lo acaba de dar Ana Botín con la creación de una marca específica en España que, en principio, no tendrá naturaleza jurídica pero que funcionará con todas las de la ley como nueva filial del Grupo Santander. La entidad cántabra ha colocado al frente de la operativa en nuestro país a Rodrigo Echenique, sin lugar a dudas el paladín de todo el proceso de transición experimentado por el Banco Santander tras el fallecimiento de Emilio Botín, incluyendo el nombramiento exprés de su hija como presidenta con plenos poderes ejecutivos. El Banco Santander trata así de proyectar un mensaje de confianza en España que no viene nada mal en el actual momento económico y que sirve de paso para alejar la mayor exposición del negocio internacional en países de incierto futuro, como pueda ser principalmente Brasil.

Otro que se ha movilizado con este mismo sentimiento de protección ha sido el Banco Sabadell. La entidad que preside Josep Oliu ha utilizado los servicios de uno de los más ilustres lobistas catalanes con tarjeta de acceso a Moncloa para introducir una enmienda en la Ley Concursal aprobada el pasado mes de mayo y que supone un salvoconducto especial por si algún día empiezan a pasar lista en Cataluña pidiendo que el personal se presente con el carné independentista en la boca. La modificación normativa introduce un pequeño gran matiz en la Ley de Sociedades de Capital para facilitar el cambio de domicilio social dentro de todo el territorio nacional con el mero acuerdo del consejo de administración y sin pasar por la junta general de accionistas.

Hasta ahora este mismo procedimiento estaba limitado a los cambios dentro del propio municipio, lo que evidentemente no resuelve la espantada que algunos empresarios catalanes vienen preparando ante la deriva secesionista de Artur Mas y compañía. Está visto que, sea como fuere, en la España actual cada cual blinda su futuro como mejor le parece. Por distintos aunque no tan lejanos motivos, la ‘doctrina Cambó’ cuenta a día de hoy con infinidad de seguidores que no van a reparar en gastos a la hora de provisionar el riesgo político. Quizá sea pronto para pensar en términos de fuga, pero el temor es soberano y a ver quién es el valiente que además de negar el miedo no actúa con un mínimo instinto de precaución.

La educación y la izquierda
Pedro de Tena Libertad Digital 19  Julio  2015

En una democracia cabal, el voto es individual, libre y secreto y, por tanto, no controlable directamente. Pero en la democracia real, la mayoría de las personas, aunque pueda ser especialista en algo, es lega en todo lo demás. Esto es, a la inmensa mayoría de ciudadanos nos es imposible saber cuáles son los hechos reales, o quién dice la verdad y quién no en casi todas las materias. Por tanto, pueden influir indirectamente en nuestro voto mediante la propaganda ejercida en todos los frentes, muy especialmente desde un sistema educativo que siembra principios, recuerdos, creencias y actitudes. Los hechos apenas tienen importancia porque son oscurecidos o eliminados para promover adictos irracionales.

Para la izquierda en general (y también para alguna derecha), la educación no es un medio para hacer crecer la excelencia profesional y la conciencia crítica en libertad para la búsqueda de verdades. Especialmente, no se trata de que los alumnos conozcan críticamente todo el universo de hechos, ideas y creencias para que decidan sus comportamientos desde los valores que portan y se forjan, sino que se trata de impedir la entrada en la conciencia de los contenidos que no convienen a las izquierdas. Para los marxistas puros, y para los totalitarios en general, la educación es sencillamente adoctrinamiento.

Pondré dos ejemplos. Desde 1982, habrá contados ciudadanos que no conozcan el asesinato de Federico García Lorca y el bombardeo de Guernica por el "franquismo". Pero muchísimos menos saben del asesinato por las milicias republicanas de José María Hinojosa, poeta andaluz de la misma generación que su amigo Federico e introductor del surrealismo en España, con pocos días de diferencia. Muchos menos saben algo del bombardeo de Cabra, bombardeo republicano sobre la población civil egabrense que causó muchos más muertos y heridos que en Guernica. He repasado minuciosamente la Historia de España en el siglo XX de Javier Tusell y no menciona al pobre Hinojosa ni el bombardeo de Cabra, pero destaca el asesinato de Lorca y el bombardeo de Guernica. Fíjense.

Es posible que Zapatero fuera un bobo solemne, pero los bobos son muy peligrosos cuando pueden hacer y deshacer a su antojo. Y además, como es sabido, no descansan. En la conferencia política del PSOE de 2001 en el Círculo de Bellas Artes, dijo textualmente: "La izquierda gana primero la batalla de las ideas y luego la del poder. Y, en consecuencia, la derrota en el terreno de las ideas suele anunciar la derrota en el terreno del poder." Era una síntesis de intenciones. En realidad, no se trata de educar, de hacer crecer en libertad, sino de aleccionar para aumentar el número de votantes de izquierdas. Por ello, donde pueden, las Universidades son penetradas por profesores afines, que no por los mejores, y los Institutos y Escuelas, además de penetrados, son controlados por los aparatos inspectores. Por ello, las leyes educativas que no sean promovidas por la izquierda, son derogadas o boicoteadas una y otra vez sin posibilidad alguna de consenso nacional.

Pero, con ser grave todo esto, el problema es que no hay exigencia ni entusiasmo por una educación crítica y liberal que sea científica y tecnológicamente exigente y que trate todos los hechos y sus posibles interpretaciones sin prejuicios aportando a los alumnos los máximos puntos de vista posibles. Interesa mucho más una policía del pensamiento, que presintió Orwell, que la libertad de pensamiento. Conviene mucho más una web de la "verdad" oficial, que la verdad. El problema es que los ciudadanos españoles que tienen que sostener económica, social y políticamente una democracia parlamentaria y liberal están siendo educados desde 1982 para otra cosa.

Derroches de ayer que pagamos hoy
EDITORIAL El Mundo 19  Julio  2015

El aeropuerto de Ciudad Real es un símbolo de la España del despilfarro que debemos aspirar a recordar como la España de ayer y a superar para no volver a caer en los mismos errores. En su desarrollo y en su desenlace se resumen buena parte de los comportamientos irresponsables y de los problemas de diseño del sistema político y financiero que terminaron arrastrando a nuestro país al borde de la bancarrota y el drama social. Baste decir que la infraestructura, en realidad completamente innecesaria, está a punto de ser adjudicada a un fantasmagórico grupo chino por la ridícula cifra de 10.000 euros, cuando la inversión fue de 450 millones y la deuda del aeropuerto cuando fue liquidado en 2013 era de 300 millones. Una ruina de la que tienen que extraerse enseñanzas.

La previsión de que se convirtiera en una especie de sucursal de Madrid-Barajas nunca estuvo ni siquiera cerca de cumplirse y los 2,5 millones de pasajeros al año proyectados se quedaron en 100.000 en el total de los poco más de tres durante los que operó el aeropuerto.

Sólo la voracidad de una clase política local manirrota, cortoplacista y estrecha de miras explica el derroche, condenado a serlo desde el primer día porque era evidente que la ampliación de Barajas, construida al mismo tiempo a sólo 200 kilómetros, absorbería toda la demanda. Pero eran años de excesos y falsas ilusiones en los que dirigentes megalómanos creían que podían satisfacer su vocación faraónica y comprar el favor de la opinión pública con cargo a la bonanza que vivía el país, que ocultó estas disfunciones durante un tiempo. Por eso no es cierto que la crisis sea consecuencia únicamente de la coyuntura internacional y de la burbuja de la construcción. En el mejor de los casos, existió también una forma de gobernar imprudente que no reparaba en gastos para captar el voto; en el peor, la política se utilizó como el camino más corto para el enriquecimiento ilícito.

El instrumento para financiar todo tipo de insensateces fueron las cajas, auténtica banca pública al servicio de las baronías autonómicas. José Bono y José María Barreda contaron en Castilla-La Mancha con CCM, un perfecto ejemplo de falta de efectividad en los controles y de una política de inversiones ruinosas, en la que se prestaba dinero a espuertas a los amigos y en la que se ponían por encima de todo los intereses de los partidos. La prueba de que no estamos ante un caso aislado sino ante un fallo sistémico la tenemos en que se construyeron aeropuertos fantasma también en Castellón, Murcia, Lérida o Huesca, un centro cultural retrofuturista en Asturias, una pista de esquí en un secarral de Castilla y León o una vía del AVE para transportar a nueve personas al día hasta Albacete. Corresponde al Gobierno del Estado seguir con las reformas que garanticen una contención responsable del gasto público y acometer la supresión de tantas estructuras clientelares improductivas que sobreviven en las comunidades autónomas, vivero desde el que pueden regresar tentaciones malsanas. Porque la factura la pagamos todos.

Cataluña ¿al borde del abismo?
Fernando González Urbaneja www.republica.com 19  Julio  2015

Portavoces de los dos partidos políticos centrales de Cataluña durante el último tercio de siglo, convergencia y PSC, han declarado estos últimos días su percepción de que están al “borde del abismo”; el fracaso o el éxito de la lista integrada por la independencia se interpreta por ambos como determinante para el futuro y principio de todos los males imaginables. El realidad ninguno debe tener razón, ese abismo que pronostican no debe ser en fatal, por inevitable, destino para los catalanes. Con una m irada distante las dos pronósticos implican arrogancia por ambas partes; cuando un político pretende como disyuntiva su proyecto o el desastre, ni uno es tan consistente ni lo otro tan posible.

Las elecciones del 27 de septiembre, anticipadas por segunda vez, son peculiares, unas legislativas presentadas como constituyentes e independentistas. Una propuesta por parte de los nacionalistas de lo más anómalo, que compara mal con cualquier precedente internacional. Sobre todo esto casi todo está dicho. El simple dato de que para elegir algunos altos cargos del gobierno catalán se precisa mayoría, cualificada y pretender que para una decisión tan controvertida como una secesión, la independencia, sirve una mayoría simple de diputados, evidencia el despropósito. Los argumentos consagrados por los canadienses con el principio de “claridad” para procesos de este cariz: referéndum con pregunta clara que solo admite Si o NO y un resultado con una mayoría muy cualificada, carecen de valor para el caso catalán.

A estas alturas los ciudadanos residentes en Cataluña tendrán que ponderar el sentido del “abismo”. La proposición de los independentistas de que solo la secesión permite abordar los problemas de Cataluña carece del más mínimo rigor, pretender que una secesión no complica y aumenta los problemas, al menos durante los primeros años, es como negar que la lluvia moje. Pero esta historia no va de elementos racionales sino emocionales, que esconden la supremacía de algunos dirigentes en algunos partidos que pasan por encima de las realidades.

Las recientes elecciones del Barça (más que un club) son ilustrativas. Aunque todos los candidatos pasaron por el aro de la identidad catalana, es evidente que unos son más secesionistas que otros y los más no han ganado. También es evidente que la presión de los partidarios de la secesión ha intervenido en la campaña electoral del club de fútbol con poco éxito. Indicadores indirectos que se unen a las encuestas para revelar que el debate confronta a la sociedad catalana sin mayoría decantada a pesar de toda la presión desplegada, más de un lado, el soberanista, que del unionista.

La tesis de que las elecciones del 27S colocan a Cataluña ante el abismo es un disparate intelectual, político y sociológico. Hay disparates que marcan la historia, y otros que solo producen rasguños que sanan con el tiempo. Lo que vaya a ocurrir a partir de esa fecha no está determinado, el abismo advertido se desplazará unos kilómetros seguirá la agitadora carrera hacia ese temido desenlace. Y entretanto seguirá el desperdicio de energía en tiempos que requieren otras prioridades.

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Esta ronda (de populismo fiscal) la paga Rajoy

La rebaja de la presión fiscal es el principal cartel electoral del PP. Pero la realidad es que los 300.000 millones que ha crecido la deuda esta legislatura es una especie de subida de impuestos en diferido
Carlos Sánchez El Confidencial 19  Julio  2015

Existe un viejo chiste de economistas que merece ser rescatado. Lo contaba hace unos días, precisamente, un economista en una reunión de economistas.

Un hombre entra en un bar y pide tres copas de whisky. Sin mediar palabra, se las bebe una detrás de otra. Suspira para sus adentros. Pero a continuación, reclama al camarero otras dos copas, y también se las lleva sin titubear al coleto. Como el economista seguía 'sediento', se paga una nueva ronda, pero en esta ocasión se limita a solicitar sólo una copa de whisky que, consecuentemente, acaba en el aparato digestivo. Por último, pide al camarero media copa del espirituoso, y es entonces cuando exclama un tanto perjudicado: “No lo entiendo, cada vez bebo menos y cada vez estoy más borracho”.

A la política española cada vez le pasa algo de eso. Comienza a ser incomprensible. Pero en esta ocasión, incluso, para cualquier observador sobrio.

En Cataluña, se configura una lista única que supone un auténtico fraude de ley al sistema democrático, toda vez que en la sede del palacio de la Generalitat (el poder ejecutivo) se confecciona una candidatura formada con entidades regadas económicamente (¿sociedad civil?) por el propio Gobierno catalán; en el ayuntamiento de Madrid toma carta de naturaleza una especie de verdad oficial que inevitablemente recuerda a los célebres dazibaos de la época de Mao que instaban a denunciar a los enemigos de la revolución cultural; en Podemos, igualmente, se roza el surrealismo.

Su líder, el ‘pequeño Robespierre’, que se iba a comer el mundo, ha dicho que apoya a Syriza en el mayor recorte social que se recuerda desde el primer rescate griego; mientras que Mariano Rajoy está encantando, como pudo comprobarse en la última Conferencia Política del PP, de no haber cambiado las esencias del aparato institucional del Estado, que es la causa última de la extrema intensidad de las recesiones en España en términos de empleo. El PSOE, por último, se muestra feliz y contento tras haber logrado los peores resultados electorales en unas municipales desde 1979.
Los viejos problemas

El resultado, como no puede ser de otra manera, es un país adolescente políticamente incapaz de emprender un proceso de construcción capaz de poner al día los trasnochados resortes institucionales del Estado, lo que explica la reaparición periódica de los viejos problemas: la cuestión territorial (en particular Cataluña), la separación de poderes o la calidad del sistema de representación. Sin mencionar esa vieja asignatura pendiente que es la educación. Viejos problemas que ponen plomo en la recuperación de la economía (más allá de las tasas de crecimiento) tras años de duro ajuste que han expulsado del mercado laboral a más de tres millones de trabajadores.

Este guirigay político sin fundamento -el ruido sigue instalado en la vida pública- recuerda inevitablemente a aquello que decía el profesor Garrido Falla en sus charlas sobre la Administración: “Una de las cosas que llamaba la atención del extranjero que visitaba Madrid era el número excesivo de cafés y la gran concurrencia que los llenaba. La parroquia principal de muchos de estos establecimientos se componía de cesantes; allí se reunían diariamente para hablar mal del Gobierno”.

Hoy los cafés han sido sustituidos por los medios de comunicación, pero en el fondo el espectáculo es el mismo. Cada parroquiano espera la caída el Gobierno rival mientras muestra su incapacidad para entenderse con el adversario político más allá del reparto de los cargos, lo que explica que la política se haya llenado de rumores, sandeces y chismorreos a costa de los asuntos que realmente interesan. El ejemplo más palmario es la última rebaja fiscal del Gobierno a mitad de año, que no ha merecido un debate de fondo sobre si un país que debe casi el 100% del PIB está en condiciones de bajar los impuestos por razones estrictamente electorales.

Es verdad que el recorte de los tipos impositivos (para devolverlos a la situación de partida) era un compromiso del Gobierno, pero tampoco hay que olvidar que en la agenda del Ejecutivo no estaba haber endeudado a este país en cerca de 300.000 millones de euros durante esta legislatura.

¿Qué quiere decir esto? Pues que en realidad se han subido los impuestos en diferido. Serán las próximas generaciones las que paguen el desaguisado, lo cual dice muy poco de la generación actual, que no sólo tiene los mejores salarios y el empleo más estable frente a los jóvenes (la mitad en paro), sino que, además, les transferirá una terrible herencia.

No se trata, desde luego, de un asunto nuevo. El profesor Comín, maestro de historiadores económicos, recordaba en un reciente trabajo sobre la deuda pública en tiempos de la dictadura que los ministros de Franco crearon la ficción de equilibrio presupuestario del Estado. Con ese objetivo, crearon un sistema contable que consistía básicamente en financiar los gastos de forma extrapresupuestaria acudiendo a la emisión de deuda pública que posteriormente sería digerida por la inflación (de ahí las sucesivas devaluaciones de la peseta). No era nada nuevo. Algo parecido hicieron los liberales del siglo XIX y se practicó durante la dictadura de Primo de Rivera.

Populismo fiscal
El populismo fiscal no sólo es temerario, sino, sobre todo, un error en términos de política económica. El nivel de presión fiscal es una de las herramientas clásicas para ajustar los desequilibrios macroeconómicos. Y por eso, precisamente, está universalmente aceptado que la subida o la bajada de impuestos no debe tener carácter procíclico, sino, por el contrario, anticíclico. O, en el mejor de los casos, neutral. Justo lo contrario de lo que se hizo en diciembre de 2011, cuando se subió el IRPF en unos momentos en los que la renta disponible de las familias se desplomaba.

Eso quiere decir que si la economía tiene ahora el viento de cola (por la caída de los tipos de interés, por el desplome del petróleo o por la creación de empleo), parece poco razonable echar más leña a la caldera. Salvo que él único objetivo sea ganar las elecciones. Con razón, tanto la Comisión Europea como el FMI o la OCDE, organismos poco sospechosos de izquierdistas, aconsejan que los excesos de recaudación se destinen a bajar deuda, aunque sólo sea por razones de solidaridad intergeneracional.

El populismo fiscal no sólo es temerario, sino, sobre todo, un error en términos de política económica

El Gobierno no lo ha hecho. Sin duda por esa concepción cortoplacista de la cosa pública. Y que en todo caso es coherente con muchos de los errores de bulto que ha cometido este país desde hace siglos, y que contrastan con otras políticas que han hecho grandes a los países.

El laborista Clement Attlee, un extraordinario primer ministro británico, recordaba en una ocasión en primera persona un hecho singular. “Había sucedido al señor Churchill en el puesto de primer ministro”, decía, “y entonces tuve que acudir a la Conferencia de Potsdam”, donde se pactó qué hacer con Alemania tras la guerra. Lo que le sorprendió a Attlee (que ya había participado en un Gobierno de concentración con el propio Churchill) fue que “el grupo de funcionarios que estaba a mi lado era el mismo que había acompañado a mi predecesor, incluido el secretario privado principal”. A eso se le llama sentido de Estado.

Educación o adoctrinamiento para la desmemoria

Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com 19  Julio  2015

Hace unos días, participé en el curso "Las víctimas del terrorismo y la memoria colectiva", celebrado en el marco de los Cursos de Verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en Santander. A continuación reproduzco, íntegramente, mi ponencia.

Agradezco la oportunidad que se me da de tener el privilegio de intervenir ante ustedes en un lugar tan selecto y predilecto.

Este curso trata sobre la memoria. Evidentemente memoria es no olvidar. Memoria es referenciar hechos en un contexto. La memoria, en este caso, tiene como objeto conocer la historia reciente, la del terrorismo, para no volver a repetir crímenes repudiables desde cualquier punto de vista, o el acoso político y social, o el exterminio del diferente; o impedir el pluralismo político, social o, en su caso, cultural. Y por razones de justicia con las víctimas.

La memoria exige un estado de ánimo, un encuadre en un sistema de valores basado en la compasión, en el análisis inteligente y objetivo, en el sentido de la justicia y en el conocimiento riguroso de la evolución histórica de nuestro país, de España.

En una descontextualización del momento histórico, en una desfiguración de la realidad, en una situación de manipulación ideológica de mentes inmaduras; en definitiva, cuando los procesos educativos se convierten en procesos de adoctrinamiento nacionalista, se está bloqueando, consciente o inconscientemente la memoria; y, en definitiva, la evaluación rigurosa y exacta de las realidades, de la verdad. Se está configurando una cosmovisión que justifique o comprenda el terrorismo o la subversión contra el Estado de Derecho, contra los que no piensan igual, o contra los derechos individuales, subordinándolos a unos mal llamados derechos colectivos.

Es por eso que mi ponencia se llama “Educación o adoctrinamiento para la desmemoria”.

La memoria solo tiene sentido si tiene una proyección en el tiempo, si se lega a las generaciones siguientes. Dicen los historiadores que “quien no conoce la historia tiende a repetirla”. Pero para conocer la historia hay que transmitirla tal cual, como es, como está referenciada según las fuentes y la historiografía académica. Sin adaptaciones o tergiversaciones interesadas en función de proyectos políticos.

He hecho esta introducción con el objeto de llegar a una afirmación. Mi tesis es que el nacionalismo, entendiéndolo en todo su espectro ideológico, ha utilizado la escuela, el sistema educativo, como ámbito esencial para realizar la construcción ideológica, política y social; adoctrinando, no educando.

Para ese adoctrinamiento se han utilizado varios medios:
El más importante de ellos el euskera, como filtro, pues ha sido una criba para incorporar al sistema a cientos de comisarios políticos, conscientes o inconscientes de su papel socializador, depurando al profesorado no asimilable al régimen nacionalista y expulsando de forma sutil a miles de profesionales no ideologizados, que han formado una diáspora que empezó en el primer lustro de los años ochenta.

No hay más que observar la evolución del voto sindical para demostrarlo. En las primeras elecciones sindicales los representantes de sindicatos de corte estatal como fueron ANPE, FETE-UGT y CC.OO formaban la mayoría absoluta de la representación. Hoy los sindicatos nacionalistas que contemporizaron –contemporizan-con el totalitarismo independentista que comandaba ETA antes de entrar en las instituciones, son la mayoría absoluta en la representación del sector. Estos sindicatos son ELA-STV, LAB Y STEE-EILAS. A ninguno de ellos les he oído nunca el más mínimo rechazo a las extorsiones, acosos, atentados o violencia de persecución. Y resulta paradójico y execrable que profesores que pertenecen a LAB, que ha sido parte del aparato social del terrorismo, estén en el sistema. Me gustaría saber qué valores puede transmitir un profesorado que comprendía o, en su caso, apoyaba la violencia terrorista, y la intolerancia con el que piensa diferente. Nunca lo he entendido. No me imagino en Alemania un profesorado que se proclame afín a la ideología nazi. Y sin embargo en Vascongadas, País Vasco, Euskadi, Euskal Herría, o como se llame el lugar donde nací, esto se ve natural. Hasta el punto de haber existido profesorado imputado por pertenencia a la Banda armada. Inexplicable.

Si aún no les sirve como argumento, veamos lo que decía la Confederación de Ikastolas, otro de los instrumentos de adoctrinamiento que, en su día, pretendía ser el vehículo que transitara por la vía de la formación de la Escuela Vasca. La Confederación de Ikastolas proponía el siguiente ideario: “La ikastola tiene como sustancia educativa específica la que se refleja en sus símbolos, mitos y ritos, en sus costumbres, tradiciones e historia, en sus fábulas, canciones y danzas y en su forma de relacionarse con el mundo natural, de comunicarse y organizarse, de interpretar la vida, es decir, que se refleje en el genio y el espíritu del Pueblo Vasco” “El signo de identidad que ha de caracterizar a la Escuela Vasca, -pública o privada- es su condición de euskaldun”.

Esta proclama de intenciones casa perfectamente con el ideario del PNV, que se condensa, en cierta forma, en esta definición: “El mantenimiento y consolidación de nuestra cultura e identidad como nación pasa por una Escuela Vasca que potencie nuestra lengua a través de la euskaldunización; pero, además de la lengua, la cultura vasca se plasma en una historia y una geografía propias, así como en los logros y manifestaciones de toda índole que los vascos han producido a través del devenir histórico”.

Maitane Ostolaza, una autoridad en materia del estudio de la influencia del nacionalismo vasco en la educación y la cultura, dice “Desde Sabino los nacionalistas han visto en la educación (entendida ésta en su acepción más amplia, es decir, comprendiendo los cauces formales-escolares e informales-extraescolares) como el medio más idóneo para despertar a la población y dotarla de conciencia nacional. […] Pero el valor de la educación no sólo residía en su capacidad reveladora. El nacionalismo vasco, en la medida en que pretendía trascender al ámbito político y convertirse en un partido-comunidad, en un movimiento político y social de masas, con vocación totalitaria, encontró en la educación –y también en la cultura entendida como vía educadora- el principal auxiliar para ‘nacionalizar’ a la sociedad vasca”

Habría que añadir que la rama izquierdista del nacionalismo vasco, es decir el abertzalismo más radical con sus impregnaciones en partidos tradicionalmente españolistas como el PSOE o IU, ha hecho suyos los paradigmas de Krutwig, publicados en su libro “Baskonia”, según los cuales ya no será la raza el elemento caracterizador de las esencias vascas, sino la lengua, el euskera, verdadera argamasa para constituir el Estado vasco. El euskera será, por tanto, la argamasa nacionalizadora y todo el sistema educativo deberá tenerlo como lengua vehicular.

El Gobierno de Navarra ordenó hace unos meses la retirada de 22 libros de texto de la asignatura Lengua vasca y literatura de Educación Primaria por tratar de forma "irrespetuosa" a la Comunidad foral, con mapas de Euskal Herria fuera de contexto o con la ikurriña como bandera común de la zona vasco-navarra. No es la primera vez: el gabinete de Yolanda Barcina (UPN) había denunciado ya varios casos en Conocimiento del medio y en Ciencias sociales.

La Consejería navarra de Educación notificó el problema a las editoriales y a los colegios para que sustituyeran esos libros, y mandó inspeccionar a los centros educativos para comprobarlo. El consejero de Educación, José Iribas, denunció que "la izquierda abertzale está haciendo uso de los centros educativos para hacer manipulación política y adoctrinamiento". Los libros corresponden a Primaria. Según el Ejecutivo, los mapas de Euskal Herria y el uso de la bandera vasca incumplen el decreto curricular navarro adaptado a la LOMCE, pero también la Ley de Amejoramiento de la comunidad.

¿Hay que poner más pruebas sobre la mesa?
Porque, en la ideología nacionalista, “Los niños vascos de hoy pueden ser y deben ser los hombres patriotas de mañana. ¿Lo serán? -se preguntaba Sabino Arana- De nosotros depende. Esos niños serán lo que nosotros queramos que sean. La instrucción que reciben y la educación que se les de, determinarán lo que han de ser. Si se les instruye en el conocimiento de la Madre Patria, en el de los deberes que para con ella tienen, si se les educa en el amor a la raza y en sus características, como la lengua, esos niños de hoy serán mañana unos fervientes patriotas, hombres de acción, los salvadores, tal vez, de la patria vasca.”

Más: “Debemos hacer la apuesta por elaborar el curriculum vasco (esto es, el conjunto de contenidos y materiales vascos) en colegios y facultades, haciendo frente para ello a los contenidos castellano y francés. Dentro de esta lucha tenemos que hacer distintas apuestas: imponiendo libros de texto vascos en vez de libros de texto españoles y franceses, recuperando las asignaturas vascas por encima de las asignaturas castellanas y francesas… Tenemos que recuperar los verdaderos colegios vascos, sustituyendo los contenidos, asignaturas, libros de texto o mapas que se dan en castellano y francés, por los que se refieren a Euskal Herria”. “El rebelarse estriba en golpear contra las características, los símbolos o imágenes de la enseñanza extranjera: la rotura de los mapas transformados, quitar las notas internas castellanizadas, llenar los libros de texto españoles y franceses de frases a favor del curriculum vasco. Si dejamos bien instalada la rebelión, es un instrumento inigualable para que surja entre los estudiantes la reflexión y el debate”.

Esto decía hace quince años la organización juvenil del mundo batasuno Ikasle Abertzaleak.

Decía un prestigioso catedrático de Educación de la Universidad de Zaragoza, el Dr. D. Antonio Bernat Montesinos “Aunque no es el más eficaz, el libro de texto puede ser un potente vehículo de modificación de la mente y del repertorio sentimental de los alumnos” […] “Aunque los académicos reconocen prudentemente que su análisis es simplemente curricular y que habría que estudiar las prácticas de aula para poder emitir un juicio más afinado, constatan la tendencia a utilizar la historia para desarrollar en los alumnos ‘sentimientos de identidad’ ” […] “En España hemos pasado de un enfoque histórico homogeneizador a otro centrifugador no sometido a crítica. Este uso programático de la historia es en rigor revisionista, ya que usa estrategias propias de este enfoque y es más programático que científico. Está dirigido a cambiar las mentes de los alumnos y su repertorio sentimental” […] “El problema reside cuando, además de estos dos aspectos, se añaden, entre otros, el control ideológico de los propios centros y de los medios de comunicación coordinados en la misma tarea adoctrinadora. Es entonces cuando el efecto alienante se alcanza con seguridad, cuando se potencia la modificación de los marcos interpretativos y también los sentimientos de los alumnos”

Pasando a los ejemplos que se han producido de forma cotidiana voy a hacer una referencia anecdótica a una experiencia que tuve como padre:

Mi hija, en un examen de Lengua y Literatura en 1º de bachillerato, tuvo que hacer un comentario de textos con este tenor literal:

De José Bergamín:
“VER, OIR… Y NO CALLAR”

El ministro del Interior, o Gobernación, dijo a los guerrilleros de la ETA que si querían guerra la tendrían. Nosotros pensamos perogrullescamente que la tendrían aunque no la quisieran.

El ministro del Exterior, o Relaciones Exteriores, se va siempre fuera de España (como recientemente a Roma), y como a su ministerio de exterioridades le corresponde, también perogrullescamente, a decirles a los europeos (ahora a los romanos) lo que no quiere, o no sabe cómo, o no puede decirnos, dentro de España, a los españoles.

Por último, el ministro de Justicia nos dice, desde Murcia, que él no es carcelero mayor, sino notario mayor del Reino. ¿También perogrullada? Porque podríamos perogrullescamente deducir que su tardía visita a la siniestra prisión de Segovia la hizo ¿por dar fe?, para ‘levantar acta’.

28 de abril de 1976”
Profesorado así ha impartido un currículo oculto, cuando no explícito. Ello ha sido favorecido, cuando no potenciado, por un diseño curricular vasco que tergiversa la realidad histórica de los vascos, que manipula la verdad, mediante omisiones inaceptables de los procesos históricos, creando las bases que conforman una cosmovisión particularista, sesgada y torticera de la realidad de las cosas. Ha adoctrinado políticamente desfigurando la percepción de las cosas, el conocimiento de la realidad histórico-cultural de los vascos. Justo ese caldo de cultivo cognitivo es el propicio para la desmemoria, no tanto para el olvido sino para el cribado de las realidades.

En este asunto tienen especial importancia los contenidos de los libros de texto, contaminados hasta límites incomprensibles por aspectos que son claramente inconstitucionales desde una óptica formal y desde un prisma material. Es la utilización hasta el disparate del término Euskal Herría, que aparece hasta en la sopa, evitando cualquier referencia al espacio constitucional común que es España, y restringiendo el análisis geográfico, histórico y falsamente cultural a los siete herrialdes que invaden la Comunidad de Navarra y de la Aquitania francesa, en un claro intento de orientar el pensamiento de los menores en su proceso de desarrollo a determinados lugares comunes del nacionalismo secesionista.

Victor Klemperer, víctima del régimen Nazi y analista de los mecanismos de dominio mental, nos comenta la importancia de la lengua para configurar mentes irracionales “en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente”. George L. Mosse en su libro “La nacionalización de las masas” analiza el fenómeno sorprendente de los fascismos en el siglo XX de las siguiente forma “[…] desde comienzos del siglo XIX, a través de la utilización de mitos y símbolos nacionales, y del desarrollo de una liturgia que permitiría participar al propio pueblo en dicho culto. El concepto de voluntad general se prestaría a la creación de unos mitos y a la de sus símbolos que dieran expresión concreta a la voluntad general. La caótica multitud que constituía el ‘pueblo’ se convirtió en un movimiento de masas que compartía la creencia en la unidad popular a través de una mística nacional”.

Pues bien. Para que veamos que mi tesis tiene fundamento desde la perspectiva del diseño nacionalista del proceso histórico-político, voy a leer una cita de un tal Luis Eleizalde, prohombre del PNV e ideólogo de ese partido en 1910, heredando y perfeccionando el legado del fundador del partido nacionalista:

“Las etapas que debe recorrer todo nacionalismo normal, y por tanto el nuestro, son tres, y por este mismo orden cronológico: Primeramente, la etapa social y cultural, en la que se va despertando y arraigando la conciencia de la nacionalidad renaciente. Esta es la etapa fundamental, la etapa de las escuelas, de las academias y ateneos, de las publicaciones científicas y literarias, de las cooperativas obreras, de los Congresos de Estudios, de las Semanas Sociales, etc. Viene a continuación, aunque sin cerrar la primera que sigue subsistiendo, la etapa política, durante la cual el Nacionalismo, por medio de sus representaciones parlamentarias y administrativas, trata de incorporar a la vida pública el conjunto de soluciones estudiadas y elaboradas durante la etapa anterior. Esta segunda es la etapa de las elecciones, de los mítines políticos y de todo el movimiento que esta clase de actuación trae consigo. Finalmente y subsistiendo las dos primeras etapas llega la final, la del triunfo completo y pleno dominio”

Este legado programático es el que ha regido la política nacionalista desde 1910, utilizando la escuela como plataforma fundamental. De ahí mi afirmación, rotunda, de que el sistema nacionalista, en el País Vasco y en Cataluña conforma un modelo de adoctrinamiento, que vulnera derechos individuales, y en concreto el Principio II de la Declaración de los derechos del Niño de 1959 proclamada por la Asamblea General de la ONU que decía en su principio II: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño” Y en esta cuestión hay que hacer mención a la imposición de una inmersión lingüística que vulnera principios esenciales de índole pedagógica y muy diversas resoluciones de instancias internacionales sobre el derecho de los menores.

Pero me voy a detener al respecto; el Director General de la UNESCO en una reciente declaración en el Boletín de este Organismo decía así: “Años de investigación han demostrado que los niños que inician su educación en la lengua materna tienen un mejor comienzo y exhiben un mejor desempeño que aquellos que son expuestos a un idioma nuevo al ingresar a la escuela”, recomendando a todas las naciones que respeten la lengua materna de los escolares como vehículo de aprendizaje principal.

Es decir, se están, en definitiva. conculcando fundamentos del derecho como es el postergar como principio invulnerable el “superior interés del niño”, en aras de proyectos de configuración de una cosmovisión colectiva que den lugar a dinámicas excluyentes de tipo ideológico y de reducción a su mínima expresión del pluralismo político, cultural y social

Mientras no recuperemos la escuela para lo que es, es decir para desarrollar las capacidades de los educandos, para hacerlos críticos y autocríticos, para que sean autónomos en sus procesos de pensamiento, aptos para analizar por sí mismos sin condicionamientos, manejando información fiable, etc, no podremos pedir que la memoria se preserve, que la verdad de las cosas se transmita, y que los sujetos dejen de estar alienados y mediatizados; para ser libres en sus juicios y pensamientos, adquiriendo madurez para pensar de forma libre, incondicionada y autónoma.

 


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