AGLI Recortes de Prensa   Lunes 27  Julio 2015

¿Quién mató al apóstol Santiago?
 Gaceta.es 27  Julio  2015

España ha celebrado este fin de semana la festividad de Santiago Apóstol, patrón histórico de España. Mejor dicho: España no ha celebrado a Santiago, reducido cada vez más a una mera festividad local. Hasta hace poco, al menos la presencia física de la Corona guardaba las formas. Hoy, ni eso. Incluso el alcalde de Santiago de Compostela ha decidido ausentarse de los actos oficiales con la excusa de laicismo. No es una anécdota. La condena al ostracismo del patrón jacobeo es el más elocuente ejemplo del peor error de la cultura política española actual, a saber: la marginación deliberada de la historia nacional, es decir, de todo aquello que nos une. Las consecuencias están bien a la vista.

El apóstol Santiago es el patrón oficial de España desde el año 1630, pero su patronazgo real se remonta al menos nueve siglos más atrás, desde el famoso himno de Beato de Liébana: “Oh, Santiago, cabeza refulgente de España”. No había terminado el siglo VIII, aún no había aparecido la tumba del apóstol, y Santiago ya era la referencia espiritual de una España cristiana sometida a la invasión islámica. Después, el hallazgo de la tumba hizo nacer un foco de peregrinación que extendió su influjo a toda Europa. Santiago es la España que permanece por encima de los siglos. Ese es su significado en nuestro contexto histórico y político. Santiago es el nombre de España entendida como nación histórica.

¿Qué quiere decir "nación histórica"? Hay un concepto de nación que es la nación política tal y como se entiende en los sistemas modernos: el pueblo, constituido en comunidad política, reivindica la soberanía nacional y plasma eso en una Constitución. Esa es la idea de nación que corresponde al mundo actual, la que da razón de las libertades públicas y la que justifica la presencia del Estado. Pero la nación política moderna no es algo que aparezca de la nada por arte de magia, por un acto de la voluntad o por mero compromiso legislativo. Además de la nación política moderna, además de esa nación constitucional, hay unanación histórica que es la que explica la existencia de la otra. La nación histórica es la sustancia de la nación política: si hoy tenemos una España constitucional es porque antes, y durante muchos siglos, ha existido una España histórica que ha fundido comunidades, que ha trazado una vida colectiva, que ha construido una conciencia de pertenencia común sobre un territorio concreto, que ha creado una determinada manera de ver la vida política y también una memoria compartida.

Esa nación histórica es, también, la que marca el límite de la nación política: por poner un ejemplo, ningún consenso legislativo podría determinar la anexión de Portugal, por muy legítimas que sean unas cortes constituyentes convocadas al efecto, y del mismo modo, ningún consenso legislativo podría decidir la separación de una región, por mucho que vote una parte del pueblo. Existen realidades que están más allá del voto. Pero no son realidades eternas. Pueden destruirse mediante la desaparición y el olvido. La unidad histórica de España puede borrarse si los españoles pierden de vista sus fundamentos. Por ejemplo, si olvidan qué representa Santiago Apóstol.

Ahora, cuando el desafío separatista ha llegado más lejos que nunca, con procesos de secesión abiertos en varias regiones, es urgente reflexionar sobre ese gigantesco error de la España constitucional: haber olvidado que la nación política descansa sobre una nación histórica, y que el desdén hacia la nación histórica vuelve extraordinariamente frágil la salud de la nación política. Ese es el delito de quienes decidieron matar a Santiago Apóstol.

Podemos y el fracaso de la democracia participativa
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 27  Julio  2015

Si alguna idea ha caracterizado a Podemos desde su irrupción como partido político ha sido la de redemocratizar las instituciones políticas españolas. En su programa para las elecciones europeas de 2014 se defendía la necesidad de convertir la participación ciudadana en "un elemento central de la construcción europea" y en su programa marco para los últimos comicios autonómicos propugnaban articular legislativamente "instrumentos de democracia directa". Su mensaje de fondo siempre ha sido que había que rescatar a la democracia de la casta que la había gobernado y que para ello había que perder el miedo con darle voz al pueblo sobre muy distintos asuntos. La democracia participativa debía ser el eje sobre el que girara la vida política, económica y social de España.

En realidad, la democracia es un mal sistema para coordinar la mayor parte de las interacciones sociales: como explico en mi último libro, Contra la renta básica, la democracia tiene problemas irresolubles en materia de información (el votante es incapaz de conocer en profundidad todos los asuntos sobre los que está emitiendo su sufragio), sesgos individuales (el votante deja llevar por sus impulsos, corazonadas y percepciones torcidas sobre la realidad), agregabilidad de voluntades (un mismo conjunto de votos con distintas reglas electorales dan lugar a resultados dispares en unos comicios, y no existe ninguna regla electoral que sea objetivamente superior a otras) e incentivos.

Este último problema de la democracia, el de los incentivos, fue sistematizado en 1957 por Anthony Downs -en su libro, Una teoría económica de la democracia-. Básicamente, Downs expone que la racionalidad de todo votante debería llevarle a no votar: el coste de votar medianamente informado es alto, pero los beneficios que obtiene por votar son cuasi nulos -la influencia marginal de un voto sobre el resulta electoral es totalmente insignificante-. La conclusión de Downs, por tanto, es que los incentivos de racionalidad individual llevarían a la gente o a no votar o a votar desinformadamente -por modas ideológicas-.

Evidentemente, cualquiera que defienda extender la democracia a todos los ámbitos imaginables -economía, medios de comunicación, educación, sanidad, etc.- debería plantearse cómo solventar tan descoordinadores problemas. Otros, en cambio, somos conscientes de que tales problemas no tiene solución y que, por tanto, el imperialismo democrático es un error: la forma de articular una sociedad cooperativa, coordinadora y donde las personas puedan promover sus distintos proyectos vitales no es mediante la extensión de la democracia a todos los ámbitos sociales, sino mediante la estructura de libertades que propugna el liberalismo. No más Estado -tampoco democrático-, sino más sociedad y mercado.

Desde Podemos, sin embargo, no parece que hayan apostado por multiplicar las esferas de libertades de los ciudadanos con el propósito de permitirles vivir sus vidas de manera autónoma y no tutelada ni por élites extractivas ni por plebes extractivas. Al contrario, y como ya hemos visto, siguen defendiendo un imperialismo democrático consistente en someter porciones crecientes de nuestras vidas a la voluntad arbitraria de las mayorías electorales. De ahí que uno esperara que, al menos, los dirigentes de Podemos contaran con algún mecanismo para solventar los anteriores problemas consustanciales a toda democracia.

Mas, al parecer, tampoco ellos han dado con la fórmula mágica para, por ejemplo, remediar el problema de los incentivos a no votar: según han expuesto desde la cúpula del partido, la bajísima participación en sus primarias se debe a que a lo largo de este año ya se han efectuado muchas votaciones y que, además, estas últimas han tenido lugar en pleno verano. Anthony Downs en estado puro: la gente se cansa de votar porque votar conlleva altos costes y muy pocos beneficios. Pero si este es un vicio consustancial al procedimiento democrático, ¿cómo seguir sacralizando la democratización de la vida social española como la llave para solventar todos sus problemas? ¿Cómo extender la democracia a la economía cuando los ciudadanos no tienen el más mínimo interés en votar e informarse continuamente sobre todos los asuntos? ¿Acaso el desafecto popular hacia la borrachera electoral no terminaría dando lugar a un proceso de captura democrática por parte de aquellas oligarquías políticas que supieran manejar y orientar un suficiente número de votos -partidos, lobbies, demagogos, populistas, etc.-?

Podemos ha demostrado en su propias carnes por qué no debemos exigir más estatismo democrático sino más libertad frente al Estado: el objetivo final no debería ser que una mayoría social desinformada, desincentivada, sesgada y manipulable decidiera sobre mi vida, sino que yo mismo decidiera sobre mi vida con autonomía frente a esa mayoría social desinformada, desincentivada, sesgada y manipulable. Decía Churchill que el mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio: pero, en verdad, el mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el dirigente medio de Podemos.

Un Estado deudor
Gabriel Moris Libertad Digital 27  Julio  2015

Actualmente vivimos acuciados por la frenética velocidad con que se desarrollan los acontecimientos noticiables. La prensa o cuarto poder se convierte en juez y árbitro de lo que es importante y urgente para los
ciudadanos. Por desgracia, no siempre hay coincidencia entre ambas cosas. Los lectores, a veces, nos vemos envueltos en un marasmo de información difícil de digerir. Por ello, los titulares y las encuestas se convierten con frecuencia en los faros que guían nuestras vidas. Las informaciones veraces y contrastadas- y los pensamientos-elaborados con criterio-son una rara avis en nuestras formas de vivir y relacionarnos.

Un Estado de Derecho que se precie de tal debe ser garante de las vidas, los derechos y las haciendas de todos sus ciudadanos. Nuestra Constitución así lo recoge y el Estado lo debe garantizar. Recuerdo que al comienzo de nuestra actual democracia se hablaba con frecuencia del respeto a las minorías. Aquello sonaba muy bien pero ya ha caído en desuso la frase, incluso la realidad. También recuerdo cuando se decía España va bien y nadie osaba decir lo contrario. Igual ocurría con aquella frase de España es un gran país. Algunos años después tuvimos que oír que España es un concepto discutido y discutible y que estábamos económicamente en la "Champion's league" pero, poco después, estuvimos al borde del rescate. Desde el año 2011, sólo la economía es la razón y el objetivo de nuestro quehacer como país. Aun así la deuda externa alcanza valores próximos al 100% con tasas de paro inusuales en la Unión Europea. No obstante es una evidencia que, hasta hoy, parece alejado el fantasma del rescate y parece consolidarse el crecimiento del empleo, entre otros indicadores económicos.

En el ámbito político, la corrupción, los incumplimientos de las promesas electorales, la inoperancia de una justicia sometida a los poderes políticos y fácticos, son algunos de los elementos que nos identifican como país. Todo ello arropado por unos medios de comunicación que, a cambio de ayudas, están al servicio de los distintos grupos políticos, sin distinción de credo o cuotas de poder. Las personas, siendo los pagadores del servicio, poco contamos en este escenario.

Al margen de lo expuesto anteriormente, sin lugar a dudas, el hecho más grave y más influyente en nuestro país en lo que va de siglo, ha sido el genocidio del 11-M. Once años después de aquel sangriento atentado, ni los gobiernos salidos del mismo, ni los grupos opositores, ni los políticos autonómicos, ni los nuevos partidos que pretenden vendernos la regeneración de la vida pública, llevan en sus principios -si los tienen- o en sus programas una alusión explícita de regeneración a través del esclarecimiento y ajusticiamiento de todos los autores del 11-M, ya sea por acción, omisión o complicidad.

España, país con centurias de vida en común, madre de una veintena de naciones, pueblo capaz de expulsar de su suelo al ejército más poderoso del siglo XIX desoyendo a los mandatarios más felones que hemos padecido. Pueblo que después de soportar tres años de guerra fratricida supo sellar un pacto de vida en común plasmado en la Constitución de 1978. ¿No vamos a ser capaces de vivir con dignidad en el seno de la Unión Europea? Yo me inclino por dar una respuesta afirmativa. Hemos de reconocer que disponemos del elemento fundamental: el pueblo español.

A propósito del Dos de Mayo, el poeta Bernardo López escribió "que no
puede esclavo ser, pueblo que sabe morir", y el pueblo lo ha demostrado en muchas ocasiones, incluido el 11-M.

Sólo falta que nuestro Estado se limite a cumplir los deberes que la Constitución le consagra:

Reparar las vidas del 11-M (política, social y judicialmente).
Corregir la deuda generada frente a los superávit anteriores.

Mientras ello no ocurra debemos saber que tenemos un Estado deudor.

El PP no avanza y retrocede Podemos
Pablo Sebastián Republica 27  Julio  2015

Una cierta apatía y cansancio de la política está inundando al conjunto de la ciudadanía, después de los ruidos de las elecciones andaluzas, las municipales y autonómicas de mayo, las catalanas que se acercan en medio de las provocaciones de Mas y Junqueras y del espectáculo que ofrecen las alcaldías de Podemos con la ayuda de sus aliados ‘comunes, mareas y ahoras’, con sus tuits, y cambio de fotos, bustos, banderas y los nombres de las calles en vez aprender a gestionar la vida pública. Lo que está provocando decepción y la fuga de sus votantes del 24-M, reflejan las encuestas electorales.

La última de Demoscopia en el diario El País anuncia en primer lugar que el PP no levanta cabeza y ha perdido casi el 50% de los votos que logró en 2011 para pasar del 44,6% al 23,1 %. Un descalabro del que no logran salir por más que anuncien mejoras del paro y crecimiento. Entre otras cosas por el inmovilismo de Rajoy que él espera compensar con apariciones en público, lo que no está claro que le beneficie porque el rechazo que provoca es, como suele decir él: ‘muy importante’.

Para Rajoy todo es ‘muy importante’, pero más importante son para el desprestigio y el desdoro del PP los nuevos datos de la ‘red Púnica’ que se ve acompañada por idas y venidas de Rodrigo Rato de los tribunales a los yates y las intermitentes irrupciones de Bárcenas en los medios.

En cuanto a Cataluña Rajoy, como cuando la Consulta del 9N, no sabe qué hacer y no quiere hacer nada. A estas alturas no tiene candidato del PP catalán siguiendo su estrategia de aplazar todo hasta el final lo que condujo a Arias Cañete y Aguirre a unas campañas enloquecidas en la UE y en Madrid que acabaron rematadamente mal.

El PSOE, de la mano de Pedro Sánchez, ha mejorado según el sondeo de Demoscopia y llega al 23,5 %, pero no consigue alcanzar la pésima cota de Rubalcaba en las elecciones de 2011 con el 28,7 %. Pero la ruta que anuncia el sondeo revela una cierta tendencia a la mejora, gracias a los disparates de Podemos, y a la mejora inesperada de IU como respuesta al desprecio que les hizo Pablo Iglesias, duramente contestado por los intelectuales y artistas de la izquierda que lideró parte de la transición.

Quizás la caída de Podemos en el sondeo, al 18,1% -con respecto a los anteriores- y la subida de Ciudadanos a 16% sea lo más notorio de la encuesta. Porque si Albert Rivera -que se está llevando a los jóvenes del centro decepcionados por Podemos- supera a Pablo Iglesias la crisis de Podemos empezará a ser una realidad. Máxime si se recupera IU a los que el sondeo sitúa en un 5,6%, dándole la razón a Alberto Garzón en su propuesta de ‘Unidad Popular’, rechazada por Iglesias.

Se dice que el bipartidismo recupera un poco del terreno perdido y que los nuevos partidos o se desinflan poco a poco, como Podemos, o no acaban de romper el cristal, por la leve subida de Ciudadanos. Pero al día de hoy en el horizonte español no se adivina un gobierno estable y fácil de constituir y esa es la gran cuestión que en un futuro habrá que negociar. Y en la que desde luego y no se vislumbra una presidencia de Mariano Rajoy.

Un acuerdo a favor de Irán y contra Occidente
EDITORIAL Libertad Digital 27  Julio  2015

El pacto de Teherán con los seis poderes mundiales (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania) es, sin ninguna duda, un éxito clamoroso para el régimen de los ayatolás. Tras numerosas dilaciones y una intensa batalla de propaganda por parte de la República Islámica, las dos partes alcanzaron un entendimiento semanas después de que hubiera acabado el plazo fijado para llegar a un acuerdo. La laxitud en los compromisos que asume Teherán sobre su programa nuclear y el levantamiento inmediato de las sanciones internacionales son los dos argumentos principales que convierten este acuerdo en un triunfo para el régimen iraní, uno de los principales exportadores y financiadores del terrorismo a escala planetaria.

A pesar de que los defensores del pacto pretenden que se trata de un compromiso para neutralizar la amenaza de un Irán con armamento atómico, lo cierto es que el acuerdo simplemente retrasaría una década esa posibilidad. Y eso en el mejor de los casos, porque la negativa de Irán a permitir las inspecciones internacionales en las instalaciones más críticas de su programa atómico y las facilidades que los poderes occidentales le otorgan para llevar a cabo esos controles permitirán a la República Islámica seguir ocultando al resto del mundo la parte más sensible de su proyecto para convertirse en una potencia nuclear. Exactamente como ha venido haciendo hasta ahora.

Con la desaparición de las sanciones internacionales, Teherán vuelve a tener acceso a sus depósitos bancarios y bienes patrimoniales depositados en el exterior, facilitando su inveterada costumbre de financiar el terrorismo de Hezbolá y Hamás. Además, la inversión extranjera ya puede acudir de nuevo a Irán sin trabas y el régimen está facultado para comerciar con su producción de petróleo, la principal industria del país. Todas estas circunstancias van a hacer que la economía iraní, en situación terminal antes de la firma del acuerdo, se recupere con fuerza y desactive el descontento creciente de la población hacia los dirigentes de la dictadura jomeinista. La única contrapartida es un compromiso –con escasa disposición para ser verificado– de limitar la producción de uranio enriquecido y la construcción de nuevas centrifugadoras nucleares. No puede extrañar que la noticia de la firma del acuerdo levantara oleadas de entusiasmo mal disimulado entre los dirigentes iraníes.

El acuerdo con Irán ha sido un empeño personal de Barack Obama que, de esta forma, pretende dejar en Oriente Medio la impronta de su mandato. En realidad, lo que ha hecho el presidente norteamericano es poner en manos de la teocracia jomeinista la estabilidad de toda la región. Las reacciones de cólera mal contenida de Arabia Saudí y Egipto, las dos principales potencias suníes de la zona –tradicionales aliados de EEUU para mayor oprobio–, y el profundo temor de Israel a una escalada de tensión sin precedentes con su vecino chií, son el mejor indicador para saber quién ha ganado y quién ha perdido en este acuerdo, saludado en Occidente con tanto entusiasmo como ingenuidad.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

La gran batalla del otoño
Artur Mas se ha envuelto en la bandera catalana y se ha lanzado por la senda soberanista, alentado por la inacción y la cobardía de un presidente de Gobierno y la pasividad de Felipe VI
Roberto Centeno El Confidencial 27  Julio  2015

En este año turístico récord –lo único que parece ir bien en este desgraciado país–, los ciudadanos informados y responsables se van de vacaciones con el corazón en un puño, porque saben que a la vuelta de las mismas se juega el destino de España. Un Mas que, para no ser imputado por la corrupción de CiU, de los Sumarroca y de los Pujol –de los que era su hombre de confianza–, se ha envuelto en la bandera catalana y se ha lanzado por la senda soberanista, alentado por la inacción y la cobardía de un presidente de Gobierno. Este se pone de perfil y, además, le financia. El jefe del Estado que está “muy preocupado” pero que no hace absolutamente nada y sabe que es ahora o nunca. No hay ley que no vulnere ni delito que no cometa y, además, se jacta de ello sin que las instituciones que han jurado guardar y hacer guardar la Constitución muevan un dedo contra este separatista de opereta que en cualquier otro país estaría en la cárcel o en el psiquiátrico.

Ni el rey ni Rajoy cumplen el deber constitucional
En este momento histórico transcendental con el peor Gobierno y un monarca a juego, Antonio García Trevijano, el más importante pensador político de los últimos 60 años, cuyas obras de Teoría Política son las únicas de un europeo actual existentes en la biblioteca del Congreso de los EEUU, resume así la situación. “La Constitución atribuye al Rey funciones de arbitraje y de moderación entre las instituciones del Estado. Y eso no es un cuento romántico, sino la obligación más importante del monarca. Para que haya necesidad de arbitrar tiene que existir un conflicto grave entre las instituciones (Generalitat y Gobierno de España) y esto implica la necesidad de una decisión del monarca de carácter vinculante resolviendo el conflicto mediante un pronunciamiento que explicite quién incumple la Ley y qué medidas debe tomar el Gobierno del Estado para resolver la situación. Igual que lo que sucede con los jueces, la ignorancia del Rey sobre la Ley y sus atribuciones no excusan su cumplimiento”.

“Moderación significa templanza entre distintas instituciones del Estado consideradas desorbitadas. En este caso, la moderación del Rey consiste en templar el ánimo existente en alguna institución cuando este dañe evidentemente a los derechos y el prestigio de todos los demás. Y para que no haya dudas al respecto, y dicho en lenguaje llano, el Rey está obligado a resolver el conflicto creado entre las instituciones del Estado, mediante la anulación inmediata en términos de nulidad radical de la institución que ha invadido esferas de competencia exclusivas del Estado español. La moderación, lo que en derecho se llama buena componenda, es algo que tampoco ha hecho. Las palabras arbitraje y moderación expresan conceptos previos a todo conflicto jurídico declarado”.

“Si el Rey no cambia radicalmente su inacción en los próximos días/semanas, y no parece que vaya a hacerlo, aplaudido por lacayos e ignorantes que ni se han leído la Constitución y afirman como papanatas que está cumpliendo a la perfección su papel constitucional (¿de qué cumplimiento hablan estos indocumentados?), está incumpliendo gravemente la más sagrada de sus obligaciones: la defensa de la unidad de España. Si no es capaz de actuar y en lugar de ello se limita a decir que el tema Mas es irreconducible y se va de vacaciones, para decir obviedades y no mover un dedo, los españoles no necesitamos de ningún monarca”.

Un monarca que felicitaba a Ada Colau por su nombramiento mientras era humillado por esta impresentable –“una okupa que es ahora la Excma. Alcaldesa de Barcelona”, diría el WSJ con asombro tino– que ha ordenado retirar el busto de Don Juan Carlos de la sala de plenos, y Don Felipe tragando para escarnio y estupor de los ciudadanos. Este es el Rey actual que “cumple su papel a la perfección”, hijo de otro Rey que es quien ha permitido todo lo que le está sucediendo a la Corona.

“En el caso de Rajoy su crimen (el peor que puede cometer un jefe de Gobierno) es no impedir la consumación de un delito de sedición o de rebelión perfectamente conocido, y que está siendo perpetrado a luz pública, permitiendo el incumplimiento sistemático de la Ley y de los derechos humanos, y dando su consentimiento tácito al empleo de la sede de la Generalitat, que es un edificio del Estado, para planificar y dirigir desde ella con el dinero de todos los españoles la ruptura de España. O protegiendo a los monopolistas catalanes que están expoliando a los españoles mientras alientan la secesión. Esto sería inconcebible en cualquier otro país europeo. Hay motivos racionales suficientes para procesar a Rajoy como autor de un delito de promoción de sedición y rebelión, algo que es obligación grave e inexcusable del ministerio fiscal –que está a punto de incurrir en una dejación gravísima que lo desprestigiará para siempre– y donde el Tribunal Supremo no tendría más remedio que admitir a trámite la querella”.

Según la reciente encuesta de Metroscopia, los ciudadanos suspenden masivamente a Rajoy por su gestión de la crisis. Y respecto a los secesionistas, “según los artículos 544 y siguientes del Código Penal, el delito de sedición aunque no se consume, tiene penas de cárcel de 8 a 10 años, y de 10 a 15 si fueran personas constituidas en autoridad. Según la jurisprudencia del Tribunal Supremo, para que el delito esté consumado no es necesario que haya logrado los fines propuestos, porque es un delito de tendencia y de mera actividad. La mera provocación, conspiración o proposición para la sedición es ya un delito” (art. 548). Rajoy y su Gobierno han permitido que se consume el delito, es decir, no han hecho nada para impedir la sedición de Cataluña aunque no haya sido consumada. Y ahora ni siquiera es capaz de adelantar las elecciones generales al 27-S por razones de interés exclusivamente personal, para permitir que el voto de todos los españoles destruya al secesionismo. Pero su ansia desmedida de poder y falta de sentido del Estado tendrán su justo castigo: no volverá a ser presidente del Gobierno.

Dicho esto, la hipótesis más probable es que lista secesionista no gane las elecciones catalanas, y aunque el resultado electoral del PP será desastroso, Ciudadanos de un lado y las formaciones de izquierda de otro impedirán la victoria separatista, pero a costa de cesiones inaceptables. Bloomberg acaba de advertir de que las reformas que los partidos políticos están preparando para encontrar “un encaje de Cataluña en España” van a conducir a la desintegración del Estado español. Y todo ello porque un monarca indigno y un jefe de Gobierno cobarde no están dispuestos a hacer cumplir la Ley ni la Constitución. La encuesta de ayer de El Pais muestra que el PSOE sería hoy el partido más votado, aunque necesitara una coalición para gobernar, pero aun si la situación se da la vuelta y el PP fuera la lista más votada, PSOE o C´s impondrían una condición sine qua non: Rajoy no será en ningún caso jefe del Gobierno.

Desequilibrios insostenibles y “camareros”
El discurso central de Rajoy y su banda –en feliz expresión de Albert Rivera– es el de la recuperación. Es imposible una falsedad mayor y, sin embargo, la mayoría de medios y analistas, bien por ignorancia, bien por estar atados al pesebre o bien por necesidad, repiten la misma patraña. Pero es incluso peor que una patraña: es un ejemplo de la gestión más desastrosa que cabe imaginar. A pesar de que el entorno exterior es absolutamente inmejorable e irrepetible –tipos de interés cero, petróleo a la mitad de precio y un río de dinero gratis sin control alguno del QE de Draghi–, los desequilibrios esenciales de la economía española, deuda pública, deuda externa, déficit de las Administraciones Públicas y sostenibilidad del sistema de pensiones han empeorado tan gravemente que ya no tienen solución.

En una discusión con Rafael Hernando, gran escudero de Rajoy como portavoz del PP en el Congreso y que sostenía lo insostenible, le desafié a un debate público sobre el tema donde quisiera y cuando quisiera. Finalmente no aceptó, lo que deja de manifiesto lo indefendible de sus posiciones cuando las enfrentan con la realidad objetiva. Y mucho peor que la situación económica es la situación social, con la distribución de la renta y la riqueza más desigual de la OCDE, con más de cinco millones de parados, la mitad sin prestación alguna, con un tercio de los niños en situación de pobreza y con el empobrecimiento generalizado de las familias. No es de extrañar que el PP suscite hoy el mayor nivel de rechazo que cualquier otro partido. Según la encuesta de Metroscopia que ayer publicaba El País, un 52% de ciudadanos no le votaría en ningún caso.

A día de hoy, España tiene que obtener en los mercados internacionales entre 250 y 300.000 millones de euros anuales para refinanciar la nuestra impagable deuda y cubrir las necesidades de deuda nueva. Y unas necesidades de financiación anuales equivalentes al 25% del PIB representan una vulnerabilidad estructural de tal magnitud que es obvio que es imposible de mantener. Cuando los mercados perciban con claridad que, además de nuestro caos político, nuestros principales desequilibrios no hacen más que empeorar, pueden retirarnos su confianza, exclusivamente basada en el QE de Draghi, y llevarnos a la necesidad de un rescate en cuestión de semanas.

El principal desequilibrio es el déficit de las AAPP, y más en concreto el de las CCAA, donde 11 de 17 no cumplirán ni de lejos los objetivos. Y el de la Seguridad Social, que de una previsión del -0,6% del PIB en 2015 nos iremos al -1,5% a fin de año. De hecho, la Autoridad Fiscal Independiente ve como única posibilidad de mantener las pensiones que las de orfandad y viudedad o 19.200 millones pasen a financiarse con cargo a impuestos por el Estado o bajar el conjunto de pensiones en un 20%. El siguiente es la deuda, un 138% del PIB la deuda total; o un 128% la deuda computable más los 330.000 millones que Bruselas estima como deuda oculta. Una deuda que España ya no la puede devolver –Draghi acaba de reconocer que Grecia jamás podrá devolver su deuda– por lo que antes o después necesitará un rescate, que sí implica un recorte drástico del despilfarro público; bienvenido sea, aunque los políticos preferirán subir impuestos y bajar pensiones. Como dice Rajoy, “eso (el gasto político) no se toca”.

El tercero es la deuda externa bruta que, según lo publicado, hace unos días por el Banco de España , asciende ya al 230% del PIB y, de ellos, la deuda neta asciende al 94% del PIB, siempre que hagamos como que nos creemos que el PIB oficial es verdad y no el 20% menos, como es en realidad. Y si finalmente vamos al empleo, cuando los resultados de la EPA se analizan correctamente y no con la mendacidad y el triunfalismo estúpido del Gobierno y sus terminales mediáticos, tenemos una imagen correcta de la verdadera realidad del mercado de trabajo: Rajoy y su banda no están creando empleo, están creando como señalaba ayer Carlos Sánchez un país de “camareros” (1,5 millones), y ni siquiera han sido capaces de alcanzar el nivel de ocupados existentes cuando llegaron al gobierno. Aún hay 287.000 ocupados menos a pesar de la falsedad de la afirmación de Rajoy de que ya hay más ocupación. ¿Cómo puede un presidente de Gobierno mentir tan descaradamente sobre una cifra que está publicada? Y es que a este tramposo le da lo mismo.

Pero el tema es mucho peor que las mentiras: lo peor son los hechos que subyacen a las cifra de la EPA; por ejemplo, que aunque la mayoría de los empleos creados lo son a tiempo completo, el 83% son contratos temporales y con unas remuneraciones de miseria, es decir, un modelo laboral típicamente tercermundista. Y aparte de ello, la creación de este empelo basura se está desacelerando del +2,96 % sobre igual trimestre del año anterior al +2,36% respecto al trimestre anterior. Este será el gran legado de Rajoy: desequilibrios ya insostenibles que nos llevarán a la quiebra y un modelo de país de camareros y enchufados públicos.

¡Feliz verano a todos!


Recortes de Prensa   Página Inicial