AGLI Recortes de Prensa   Lunes 3 Agosto 2015

PGE 2016: Los más irreales en 40 años
Roberto Centeno El Confidencial  3 Agosto  2015

La semana pasada me había despedido de ustedes hasta septiembre, pero el asombro que me han causado los Presupuestos 2016 elaborados deprisa y corriendo por orden de Rajoy, y los más irreales en 40 años, hacen obligado el señalar las contradicciones más obvias. Se trata de unos presupuestos destinados exclusivamente a tratar de engañar a un número suficiente de ciudadanos de cara a las elecciones generales para evitar su salida del Gobierno, algo metafísicamente imposible porque, aunque el PP fuera el partido más votado –lo que está por ver a la vista de su cobardía, rayana en la traición ante el desafío soberanista en Cataluña–, ni PSOE ni Ciudadanos apoyarían jamás un gobierno con Rajoy al frente.

Y como era de esperar de unos presupuestos que carecen del menor criterio de política económica y son electoralismo en estado puro, simplemente no hay por dónde cogerlos. Si los PGE han sido desde que comenzó la crisis unos presupuestos de ciencia ficción para convencer a los ciudadanos de que la crisis se había acabado y, en consecuencia, cualquier parecido con la realidad fue siempre mera coincidencia, en los de este año, cuadrados a martillazos, el voluntarismo y la fantasía alcanzan cotas nunca vistas. Para empezar nada mejor que analizar el grado de cumplimiento de los PGE 2015, mucho menos fantasiosos que los actuales, y elaborados en tiempo y forma, y no en 20 días como los actuales.

Los ingresos por cotizaciones sociales se preveía que crecieran al 7%, y lo están haciendo al 1,3% en lo que va de año; la recaudación tributaria debería crecer al 5,4%, y está creciendo al 3,6%. Sólo gracias a la reducción de las prestaciones por desempleo, donde están dejando a cientos de miles de personas tiradas en la cuneta (500.000 más previstas para 2015) en la más absoluta desesperación (algo que a Rajoy y su banda les importa un pimiento) y a los menores intereses pagados gracias al BCE, el déficit no se ha ido a las estrellas. Aunque sí será con toda seguridad superior al de 2014, tanto por los descuadres entre ingresos y gastos de la Seguridad Social, que llevarán el déficit al 1,5% frente al 0,6 % presupuestado, como por las CCAA, de las que 11 de 17 no cumplirán ni de lejos los objetivos previstos, sino que los doblarán o los multiplicarán por tres.

Las desviaciones son tan brutales que se comentan por sí mismas, y ello aunque la economía esté creciendo al 3% oficial y, según Rajoy, hayamos entrado en un círculo virtuoso, una patraña que ha calado en los medios y muchos analistas que prefieren quedarse en la superficie sin molestarse en mirar lo que hay debajo; no en vano, estamos en agosto. Porque ahora resulta que por primera vez en la historia de la economía cuando un país necesita endeudarse en 7,5 euros para crear un euro de riqueza, como ocurrió en 2014 y volverá a ocurrir en 2015, en el que el endeudamiento más que doblará al crecimiento, eso es entrar en círculo virtuoso, algo que no está escrito en los libros, y no en un camino hacia el abismo, que es como estamos en realidad. El tema es tan escandaloso y tan obvio que no sé cómo no se les cae la cara de vergüenza a los heraldos de la recuperación.

Y si vamos al déficit exterior, tres cuartos de lo mismo. Las exportaciones están creciendo, pero menos que las importaciones, por lo que nuestra deuda neta exterior cada vez es mayor y no menor. Además, para los amantes del círculo virtuoso, habría que recordarles que, de nuevo, el déficit exterior sigue siendo un elemento limitativo del crecimiento y no lo contrario que proclaman los que sólo hablan de la exportaciones y se olvidan de las importaciones. Y en cuanto al déficit público, este es simplemente de traca. El Gobierno se ha comprometido con Bruselas a bajarlo al 2,8% frente a más del 5,5% con que acabaremos este año de alegrías de gasto y bajadas de impuestos electoralistas, lejos del 4,2% comprometido. Y resulta que todas y cada una de las medidas anunciadas en los PGE-2016 van en sentido contrario: más gasto social, más inversiones y nuevas rebajas fiscales. O sea, el milagro de los panes y los peces en versión actual. Realmente Rajoy piensa que los españoles somos imbéciles.

Pero si piensa que somos imbéciles, en el caso de los pensionistas el tema bate ya todos los récords de mendacidad. Habla de subir las pensiones cuando el Gobernador del Banco de España acaba de reconocer en el Parlamento que el nivel actual de las pensiones públicas es insostenible, y cuando la Autoridad Fiscal Independiente acaba de cuantificar la afirmación del Gobernador diciendo que para que sean sostenibles las pensiones de viudedad y de orfandad, que suponen el 20% del total con más de 19.000 millones de euros anuales, deben pasar a pagarse con cargo a impuestos porque es imposible seguir asumiéndolas con las cotizaciones sociales. ¿Y de dónde narices van a salir 19.000 millones de euros en impuestos en el país con mayor presión sobre las familias de toda la OCDE? Esto significa que las pensiones tendrán que bajar en España un 20% de media para poder sostenerse, lo que implica que no hay ruindad ni mentira de la que Rajoy no sea capaz con tal de engañar a los pensionistas para que le voten. La insostenibilidad de las pensiones forma parte sin duda del círculo virtuoso.

Y hablando de impuestos. La última memoria de recaudación tributaria que acaba de publicarse pone cifras a lo que todos sabemos: que en España los ricos no pagan impuestos. Se refería concretamente a las empresas del IBEX que en 2013, último año conocido, pagaron de media un mísero 6%, debido a las deducciones, créditos fiscales y beneficios diversos, aunque el tipo nominal es del 30%. Cifra que compara con un 15% para el resto de empresas y las pymes, y un 16,7% de media de retención de los asalariados. De los 44.800 millones ingresados por el Impuesto de Sociedades en 2007 se ha pasado a sólo 18.700 en 2014. Y para 2016, gracias al círculo virtuoso que ha puesto en marcha nuevas rebajas fiscales, el tipo teórico del impuesto pasará del 28% al 25%. Pero como el papel lo aguanta todo, los PGE 2016 subirán los ingresos y se reducirán los gastos, sobre todo de la cobertura del paro, que se reducirá en 5.500 millones de euros. ¡Esos son presupuestos sociales y lo demás son novelas! Porque la mayor parte de esta cantidad provendrá de rebajas en la cobertura, no de un menor paro.

En septiembre analizaré en detalle el cuadro macroeconómico que sustenta esta gran patraña electoralista, pero antes quiero recordar los grandes logros económico-sociales de la legislatura de Rajoy, que sin duda terminará este año. Ha elevado la deuda total (pasivos en circulación) en 590.000 millones de euros, la mayor cifra de nuestra historia en términos de PIB en sólo tres años y medio. Ha conseguido que España tenga la más injusta distribución de la renta y la riqueza de toda la UE, algo que es motivo de grave preocupación en Bruselas. Casi uno de cada tres niños se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. Ha conseguido el mayor nivel de paro juvenil de Europa, y los parados de larga duración –2,5 millones– siguen sin conseguir empleo, como señalaba la última EPA, algo que, salvo excepciones como Ángel Laborda, ningún analista se ha dignado comentar. El empobrecimiento de la clase media y de la clase trabajadora ha sido el mayor en 60 años, y la subida de la presión fiscal sobre ambas, la mayor de nuestra historia.

Y todo esto, no nos olvidemos, lo ha conseguido Rajoy con las condiciones más favorables que se puedan imaginar: tipos de interés cero, petróleo a mitad de precio y dinero ilimitado gratis del BCE. Imaginen el desastre cuando esta situación cambie. Los tipos de interés empezarán a subir en otoño en EEUU y el QE podría terminar en septiembre de 2016. Aparte de su triunfalismo irracional, este es el problema de fondo de los PGE 2016: ignorar totalmente la extrema vulnerabilidad de una economía que necesita captar entre 250.000 y 300.000 millones de euros anuales, cuyos desequilibrios fundamentales crecen en lugar de reducirse y los PGE se quedan al margen de cualquier criterio racional de política económica. Son unos irresponsables totales.

Ignacio Camacho: "Para acabar como Grecia sólo tenemos que seguir la estela de estos vendedores de humo y traficantes de esperanzas"
Alfonso Ussía tilda de "jauría indolente de analfabetos y resentidos" a quienes ocultan bustos que son parte de nuestra cultura
Juan Velarde. Periodista Digital  3 Agosto  2015

Arranca este 3 de agosto de 2015, mes vacacional por antonomasia, con grandes firmas que aún no se han unido a la gran marea que abarrota carreteras, estaciones de buses y trenes y aeropuertos. A falta de pocas semanas para las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015 y, especialmente, de las generales, previstas para finales de noviembre de 2015, este agosto se promete intenso en materia de opinión.

En ABC, por ejemplo, Ignacio Camacho insiste en 'Acabar como Grecia' que España puede acabar como se encuentran ahora mismo los helenos. Asegura que:
No le falta razón a Varufakis: España aún corre peligro de acabar como Grecia. Con ese aire tan pagado de sí mismo, con ese ego cósmico de descubridor de mediterráneos, con su retórica truculenta que habla de tortura fiscal, de terrorismo monetario y de despotismo sádico de la ideología dominante, el célebre exministro de Finanzas, la minerva que hasta Tsipras tuvo que apartar para evitar el descarrilamiento definitivo, no hace sino indicar el camino que conduce al fracaso griego, a la caída en ese vértigo espiral en el que las presuntas soluciones acaban siendo peores que los problemas. Un mesianismo iluminado, una dogmática inspiración redentorista, un hálito de soberbia adánica disfrazada de nacionalismo rebelde: recetas de vendedores de crecepelo, de floridos charlatanes de barraca tras cuya fachada de cimarronería palabrera no hay más soporte que una vieja demagogia populista.

Añade que:
Para acabar como Grecia, los españoles no tenemos más que seguir la estela de esos vendedores de humo, de esos traficantes de esperanzas. Aceptar su soflama nihilista, su seductora teoría de la catástrofe. Comprarles la mercancía averiada de las respuestas sencillas -y a ser posible cortas, para que quepan en un tweet- a desafíos complejos. Creer en la banalidad como estructura intelectual y en el relativismo como principio histórico. Envolvernos en la retórica de la degradación y dejarnos envolver en la sugestión de la ruptura. Perder adrede la memoria de la convivencia, la cultura de la estabilidad y del esfuerzo, y despeñarnos por el barranco del facilismo soñando con la utopía subsidiada de la gratuidad eterna.

Consentir por comodidad o por miedo el triunfo de la política del resentimiento y de la semántica del odio. Confundir la modernidad con el retorno de los rancios brujos de la discordia civil, cuestionar la legitimidad de la más razonable democracia de nuestra historia. Arrastrar estatuas y destruir símbolos como prólogo de nuestra propia tracción hacia el desastre. Exculparnos de toda responsabilidad para determinar que los culpables son siempre otros. Decaer en el compromiso individual y entregar la manija de nuestro destino a los arbitristas y a los demiurgos.

Y remacha:
No es tan complicado: basta con votar a los parientes políticos de Varufakis, o permitir que otros los traigan de la mano. Incluso, con un poco de suerte y de perseverancia, podemos -claro que podemos- llegar a parecer venezolanos.

David Gistau se centra en el inminente cierre del Café Comercial. Rezar a Carmena se titula su artículo de este 3 de agosto de 2015 en ABC:
Me entero por Hughes de que, entre los «post-it» con forma de corazón pegados a la fachada del café Comercial, que son como los candaditos del amor en el puente Milvio, hay también plegarias a la alcaldesa Carmena para que impida el cierre de tan literario establecimiento, ya que de lo del león Cecil no fue advertida a tiempo. Ni tampoco a ella la avisó el sentido arácnido, lo tendría concentrado por completo en la infructuosa búsqueda de niños madrileños con el costillar marcado para su aldea Potemkin de la compasión ideológica.

Asegura que estas peticiones implican el peculiar concepto que tienen del Estado sus ciudadanos:
Que haya gente pidiendo a un edil que impida el cierre de un negocio privado decidido por sus propietarios explica muchas cosas. Desde la estatalización de la mentalidad española, que reza al Estado proveedor -del que se espera que intervenga en todo y lo solucione todo- como antaño a la Providencia para que las cosas le sean dadas. Hasta el ambiente social que está permitiendo el auge de unos seres providenciales, mágicos, que prometen milagros y sanaciones y son creídos. También prometen paseos milicianos alegóricos que han empezado a ejecutarse, pero esa es otra cuestión relacionada con el odio heredado y la venganza, pasión española.

Por fin se habla del 155
EDITORIAL Libertad Digital 3 Agosto  2015

De vez en cuando, los portavoces del secesionismo catalán sacan a pasear el discurso del miedo, del miedo al artículo 155 de la Constitución Española, ese que permite al Gobierno, previo paso por el Senado, "adoptar las medidas necesarias" para obligar a una comunidad autónoma a cumplir “las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España”. Inspirado en la legislación alemana, razones ha habido más que de sobra para aplicarlo, pero siempre se ha entendido como un último recurso, por lo que se ha permitido al nacionalismo catalán violar leyes y atentar contra el interés general, sobre todo en educación, durante décadas.

Pero hete aquí que, por una vez, tras lanzar el guante no ha habido ningún portavoz autorizado que niegue tajantemente la posibilidad de que pueda aplicarse. Es más, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, no ha descartado su uso, aunque ciertamente lo ha colocado como ultimísimo recurso en el supuesto de que todo lo demás haya fallado. Y varios expertos en Derecho han salido a la palestra para defenderlo como casi la única vía si el Gobierno que emerja de las elecciones del 27-S decida lanzar un órdago.

El alcalde de Gerona ya ha amenazado con "una respuesta unánime y contundente" del pueblo catalán si se suspendiera la autonomía, una de las posibles consecuencias de la aplicación de dicho artículo, pero ni mucho menos la única. Como naturalmente los catalanes no pueden ser unánimes en esto como en ninguna otra cosa, parece claro que Carles Puigdemont, como suelen hacer los convergentes al más puro estilo franquista, se arroga en sí mismo la representación y la voluntad de un pueblo. Cataluña es él, y quien no haga lo que quiere, no es catalán.

Aunque pueda parecer menor, el cambio de discurso respecto al artículo 155 es un notable cambio cualitativo. Quienes siempre hemos defendido, generalmente en soledad, la opción de emplearlo como garante de la Constitución y de los derechos y libertades de los que disfrutamos los españoles hemos dejado de ser vistos como unos radicales extremistas. Posiblemente si se hubiera hecho en tiempo y forma ahora no estaríamos ante un desafío secesionista de esta magnitud. Pero bien está que, aunque tarde, parezca que estamos en vías de hacer algo respecto al desafío secesionista catalán. Desgraciadamente, la experiencia nos enseña que este repentino interés por el 155 seguramente sea un espejismo, y Rajoy se limite a hacer lo que sabe: nada.

84 asesinatos para imponer el ‘paraíso comunista’ en España
 Gaceta.es 3 Agosto  2015

Los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), fueron la rama terrorista adscrita al Partido Comunista de España Reconstituido (PCE-r) que empezaron con su macabra “lucha” para la imposición del “paraíso comunista” en los últimos meses de 1975 y que cometieron la mayor parte de sus asesinatos tras la proclamación de la Constitución.

No existe unanimidad en las cifras sobre las víctimas que el GRAPO causó, principalmente entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, funcionarios y empresarios. El estudio más completo fue realizado por la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) que cuantifica en 84 las víctimas mortales, tres secuestros y centenares de heridos de diversa consideración.

El debut asesino de este grupo terrorista de ideología anarquista fue el 2 de agosto de 1975, cuando un comando formado por cuatro terroristas asesinó al agente de la Guardia Civil Casimiro Sánchez García, que recibió nueve disparos de bala, y dejó herido de gravedad su compañero Inocencio Cabezón Sánchez, que recibió tres disparos uno de los cuales quedó alojado en un pulmón.

Dos meses después, el 1 de octubre, se produjo una cadena de cuatro atentados organizados de forma coordinada como respuesta a los fusilamientos, cuatro días antes, de tres terroristas del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) y dos de ETA. Esa acción acabó con la vida de cuatro policías nacionales en cuatro atentados diferentes situados en varias zonas de Madrid. Las víctimas fueron Joaquín Alonso Bajo, Agustín Ginés navarro, Antonio Fernández Ferreiro y Miguel Castilla Martín. Este atentado fue el que dio el nombre al grupo terrorista que cogió la fecha del 1 de octubre como macabro símbolo de la supuesta lucha contra el fascismo.

Tras estos asesinatos la acción policial consiguió neutralizar la acción de los GRAPO que entraron en una espiral de atentados con explosivos y asesinatos a mano armada hasta que a finales de 1976, con una estructura todavía endeble, empezaron con los secuestros para intentar condicionar la vía de cambios políticos que conocemos como la Transición. Así, secuestraron el 11 de diciembre de 1976 al presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol y Urquijo, y poco después, el 24 de enero de 1977, al presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, el general Emilio Villaescusa. Ambos fueron retenidos en el mimo piso, hasta que fueron liberados por la policía el 11 de febrero de 1977.

Los dos años siguientes continuaron con un chorreo de atentados en varios puntos de la geografía española. Dos policías heridos en Vigo, un guardia civil asesinado en Santiago de Compostela y el asesinato del presidente de la Sala sexta del Tribunal Supremo, Miguel Cruz Cuenca. A la vez, se multiplicaron los atracos a entidades bancarias, método elegido por los terroristas del GRAPO para financiar su escalada de asesinatos.

En mayo de 1976 se produjo la mayor matanza de la banda, perpetrada en la cafetería California 47, en la calle Goya, donde murieron nueve personas y 61 resultaron heridas. El ataque, aunque la prensa lo ha silenciado siempre, estaba dirigido contra los militantes del partido Fuerza Nueva, liderado por el notario Blas Piñar y que suponía el único grupo político que mantenía una clara vinculación con el régimen de Franco, de quien se consideraban herederos. La cafetería se encontraba a escasos 50 metros de la sede de Fuerza Nueve y los asesinos comunistas del GRAPO eligieron las siete de la tarde de un sábado para poner la bomba porque tras los actos en la sede, los militantes solían ir a la cafetería.

Tras este atentado, la persecución contra el grupo terrorista aumentó y la banda quedó casi desarticulada. La victoria del PSOE en 1982 llevó a los dirigentes de los GRAPO a ofrecer un alto el fuego al nuevo Gobierno bajo la premisa de que serían entendidos por su proximidad ideológica. Sin embargo, pese a las negociaciones no hubo acuerdo y la banda se reorganizó en 1984. Llevaban 61 asesinatos y estaban dispuestos a seguir matando para implantar el comunismo, a pesar de que el rechazo social era cada vez mayor y su forma de actuar les convertía en un grupo más mafioso que de supuesta reivindicación política, el año 84 se saldó con otros 8 nuevos asesinatos. Alguno de ellos se produjo en intentos de asaltos a bancos, realizados para financiar a los pocos miembros que le quedaban activos.

El 18 de enero de 1985 la banda terrorista quedó prácticamente desarticulada con la detención de 18 personas en varias actuaciones de la Policía Nacional que intervino cinco pisos francos en diversos municipios de España. Los terroristas que escaparon a la operación policial, Manuel Pérez Martínez y Milagros Caballero Carbonell, consiguieron reorganizar un comando en 1988 y volvieron a cometer asesinatos: dos policías nacionales y cuatro guardias civiles entre ese año y el siguiente.

En 1990 asesinaron al médico José Ramón Muñoz en Zaragoza, responsable de haber alimentado por la fuerza a los miembros de la banda terrorista que se habían declarado en huelga de hambre. Ese mismo año asesinaron al coronel Manuel López Muñoz en Valladolid.

Cuando todo apuntaba a que la banda comunista se había disuelto, en el transcurso de un atraco a un furgón blindado asesinaron al vigilante Pedro Manuel Escuder. En el mismo atentado murieron los dos terroristas que manipulaban la bomba: Isabel Santamaría y Pedro Luis Cuadrado. Era el mes de marzo de 1993 y parecía el fin definitivo del grupo que llevaba casi dos décadas sembrando España de muertos. Pero el 25 de junio de 1995 secuestraron al empresario Publio Cordón, cuya desaparición todavía está rodeada de muchas incógnitas, aunque todo apunta a que fue asesinado dos semanas después del secuestro.

Todavía le quedaban balas a los asesinos antes de la disolución y en mayo de 2000 asesinaron a dos vigilantes de seguridad de Prosegur mientras atracaban el furgón que custodiaban. El mismo año asesinaban al Policía Nacional Francisco Javier Sanz Morales. Habría que esperar hasta el año 2006 para una nueva acción de los comunistas del GRAPO, con el asesinato, último hasta hoy, de la empresaria Ana Isabel Herrero Izquierdo.

Tras nueve años de tranquilidad, la izquierda radical española ha vuelto a reivindicar los atentados de los GRAPO, concretamente en la denominada segunda marcha de la dignidad que tuvo lugar en Madrid el pasado 22 de marzo, en el transcurso de la cual un grupo de encapuchados colgó una pancarta en la Plaza de Cibeles con el lema: “Que vuelvan los GRAPO… necesitamos una limpieza de fachas urgente”. Ningún representante de la organización condenó ni mandó retirar este manifiesto caso de enaltecimiento del terrorismo.

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España como agravio

Hace semanas Mas publicó su 'Crónica de una ofensiva premeditada' y el Gobierno aún no le ha respondido
ARCADI ESPADA El Mundo 3 Agosto  2015

El primer párrafo del documento Crónica de una ofensiva premeditada, publicado hace algunas semanas por la Generalidad de Cataluña, es importantísimo. El documento tiene 102 páginas, pero a los que tengan prisa les bastará con esas 96 palabras. Éstas son las primeras del párrafo: «Este documento no debería haber existido, y en su caso, tendría que haber sido más breve». Y éstas son las últimas: «Desgraciadamente el texto que presentamos no es extraño en la historia de las relaciones entre Cataluña y el Estado español, como vemos en El Memorial de Greuges o Memoria en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña (1885) o La Representació[n] o Memorial de Greuges (1760), que presentaron a Carlos III los diputados representantes de las capitales de la extinta Corona de Aragón.»

Formato papel
Empecemos por la primera impostura. Querrían haberlo hecho más breve, pero las injusticias son de tal importancia que ocupan 102 páginas obligatorias. Pues he aquí el apocalíptico agravio que figura en la página 65: «Uso preeminente de medios electrónicos para la tramitación administrativa. El Estado tiene la voluntad de configurar el procedimiento electrónico como único posible, cuestionando la viabilidad del procedimiento en formato papel sin hacer mención al régimen de transición de un modelo a otro y sin atender las posibilidades y particularidades de cada una de las administraciones».

Historicismo
La segunda impostura es aún más interesante y descriptiva del gusto del nacionalismo por la invención de la tradición. Ninguno de esos documentos previos, ni el que se entregó a Carlos III ni el que se entregó a Alfonso XII, se llamó Memorial de Greuges [agravios]. Al de 1760 lo bautizó así el historiador Enric Moreu Rey, en 1968. El de 1885 fue una invención político-periodística, contemporánea a la presentación, aunque se guardaron de llamarlo así oficialmente. Como me explica el historiador Ramon Grau, memorial de agravios es una figura del Derecho medieval. Los estamentos presentaban ante el Rey una relación de los agravios que se habían producido desde la anterior convocatoria de Cortes. El sintagma llevaba implícita la noción de incumplimiento, además de la de ofensa, inclusión que ha desaparecido en su significado actual, más agresivo. Así pues, el apego a la tradición sólo puede justificarse, humorísticamente, en que este documento del Gobierno de Artur Mas tampoco se llama Memorial de Greuges. Aunque es, ciertamente, el que mejor podría reivindicar esa semántica.

La comparación historicista tiene intereses añadidos. El primer memorial es una reivindicación de la reacción y del antiguo régimen frente a la voluntad de organizar un Estado. La pértiga del historicismo permite asociarlo con la reacción nacionalista de hoy frente a la globalización y al proyecto europeo. En cuanto al de 1885 cabe decir que Alfonso XII sólo pudo oírlo, y cuentan que con la mejor disposición, porque murió a los pocos meses. Sería su biznieto Juan Carlos I el que lo pondría negro sobre blanco: Valentín Almirall, que fue su principal promotor y español a fuer de catalán, habría visto sus sueños colmados en la Constitución de 1978.

Ofensiva premeditada
Esta Crónica de una ofensiva premeditada ofende y practica el juicio de intenciones desde el mismo título. Respecto a las decisiones del Gobierno, los nacionalistas tienen el mismo problema intencional que la izquierda frente a la derecha. La izquierda cree que la derecha ha venido a diseminar el mal en el mundo (por el contrario, la derecha cree que las decisiones de la izquierda tienen un déficit de inteligencia antes que de buena fe) y los nacionalistas creen que el principal objetivo del Gobierno del Estado es exterminarlos: laminar la autonomía, como dicen con su habitual lenguaje húmedo. Lo que el título anuncia es el eje moral de ese documento: las decisiones del Gobierno central respecto al Gobierno autónomo no están dictadas por la discrepancia política sino por el afán de liquidación nacional. Es una ofensiva y es premeditada.

El (no) derecho a decidir
El memorial tiene la virtud de exhibir con precisión el imaginario de agravios del nacionalismo catalán en esta hora que, tras la de la dictadura de Franco, es la peor de su historia. Arranca la exposición con el fundamental y más estupefaciente agravio, que es la negación por parte del Estado del derecho a decidir de los catalanes... Lo que corresponde a todos los españoles.

Déficit con trampa
A continuación se instala el capítulo, de un olor viejo y espeso, que trata del déficit. Todas las trampas metodológicas están presentes: la prevalencia del cálculo por flujo monetario frente a la alternativa racional del flujo por beneficio, o las segmentaciones cronológicas ideales para que el déficit muestre su panza más engrosada. Las cifras del déficit catalán son equiparables a las de las otras ricas regiones europeas, asunto naturalísimo si se piensa que el sentido de los impuestos no es devolver su costo en especie al que los paga, sino redistribuir la riqueza; y que son los catalanes, y no Cataluña, los que pagan impuestos, del mismo modo que son las personas, y no los territorios, las que tienen derechos lingüísticos. Pero en el apartado subyace, desde luego, la quiebra solidaria. Los nacionalistas creen que esa redistribución puede y debe darse entre los catalanes, pero la cruda verdad es que no ven razones para compartir su riqueza con el resto de los españoles.

La lengua
Aunque es probable que alguien lo considere un capítulo lisérgico, hay lugar para el agravio lingüístico en el documento. El Gobierno de una comunidad autónoma donde los ciudadanos no pueden educar a sus hijos en la lengua oficial del Estado (plusmarca sólo compartida con Groenlandia y con el régimen de las Islas Feroe, país autónomo del reino de Dinamarca); un Gobierno que sanciona a las empresas privadas si no siguen sus criterios lingüísticos, que ha incumplido con orgullo sentencias judiciales en la materia y un Gobierno, en fin, que a fuerza de transfusiones económicas ha dado a su lengua propia un estatus insólito en su historia, incluye entre sus agravios una ley que intenta darle a la lengua oficial española una presencia educativa que se cifra en un respetuoso, casi servil, 25% de las horas lectivas. Pero la lengua es el agravio diferencial y el que nombra al resto.

El poder español
Algo último, y extendido a lo largo de las 102 páginas: la confusión continua y deliberada entre el Estado y el Gobierno. El presidente de la Generalidad ha cruzado una frontera decisiva: su enemigo es ya cualquier Gobierno español. Los socialdemócratas pueden atender su momento, federal y asimétrico, perfectamente sentados. La crónica rebosa de pruebas empíricas sobre el particular. Las decisiones que el PP ha tomado sobre el IVA cultural o sobre la unificación de criterios para la obtención del carné de artesano figuran entre los agravios. Porque destruyen el sistema cultural ¡catalán! o... protegen la unidad de mercado española. Cualquier decisión gubernamental es susceptible de convertirse en agravio. Una y su contraria: a veces se censura la centralidad porque es un engorro, otras se reclaman esos engorros que la centralidad arrasa. Para el nacionalismo ya no importa el signo del poder español, sino que ese poder exista.

Sin altura, pasión ni verdad
La construcción argumentativa del documento es decepcionante, sea cual sea el punto de vista que se adopte ante el secesionismo. Respecto a los otros memoriales le falta altura, pasión y verdad. Su deficiencia, sin embargo, está lamentablemente justificada.

A un mes de su publicación, el Gobierno de Rajoy aún no ha creído necesario tomarse la molestia de responderlo letra por letra, fiskeándolo, y dejándolo puramente inerme. Un voluntarioso, pero insuficiente, documento del PP catalán ha sido la única respuesta gubernamental.

A veces el presidente Rajoy tiene dificultades para saber qué es hacer política y especialmente qué es hacerla en el caso del secesionismo catalán. Tienen detalladamente expuesto el guión de la mascarada y ni siquiera se han tomado la molestia de leerlo.

La primera condición para hacer política está en el verbo. Hacer. Hay que trabajar. ¡En realidad, sólo se trata de cumplir el último lema electoral! Trabajar. Hacer. Crecer. Eso decía el PP. Pero los únicos que trabajan día y noche en este asunto son los secesionistas. Para ellos quizá no se trate de un trabajo. Es raro que España, dolor, destino, madre, no sea un trabajo.

El desenganche

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO El Mundo 3 Agosto  2015

Nunca antes el Gobierno había sentido tan cerca la amenaza, el peligro y la incertidumbre que genera el tener que hacer frente a un intento de secesión organizado desde dentro de las propias estructuras del Estado.

Ya no estamos ante un simulacro de soberanía, como lo fue el referéndum/farsa del 9-N, sino ante una operación política de gran calado destinada a poner al Gobierno entre la espada y la pared. O acepta lo que «decida el pueblo de Cataluña», o toma medidas que pueden generar un enfrentamiento civil.

Rajoy ha llegado, quizás demasiado tarde, a la misma conclusión que el Rey tras su entrevista con Mas: la determinación del presidente de la Generalitat es «irreconducible». Es decir, que ya no hay margen para el diálogo; que de la dinámica que ha sido una constante desde la Transición (presión/negociación) hemos pasado a fase desenganche/ruptura.

La quiebra de CiU y la confluencia entre Convergencia y Esquerra Republicana de Catalunya suponen un cambio cualitativo sin precedentes que demuestra que una parte importante del 'establishment' y de la burguesía de Cataluña ha optado por romper amarras con España.

El bloque que representa Junts pel Sí es, en efecto, una coalición de extracción burguesa cuyo único programa es la independencia. El riesgo de secesión se acrecienta por el hecho de que la izquierda populista (Catalunya Sí que es Pot) apoya la convocatoria de un referéndum de autodeterminación. Con su respaldo, Mas podrá dar el paso decisivo a la independencia tras el 27-S.

Las alarmas, por tanto, están encendidas. Porque el desenganche ha comenzado ya, caracterizado por dos elementos:

Primero: la puesta en marcha de estructuras de Estado. Una muestra inequívoca de ello ha sido el decreto aprobado el pasado 27 de julio que da las funciones de un banco al Instituto Catalán de Finanzas, que se convertiría, de hecho, en un ICO catalán. La Generalitat aún no ha pedido la ficha bancaria al Banco de España, pero lo hará. Y entonces, el Banco Central y el Ministerio de Economía tendrán que decidir si cierran la puerta a la constitución del pivote financiero de la independencia.

Segundo: la renuncia a la presentación de recursos ante posibles decisiones judiciales y la determinación firme de hacer caso omiso a las resoluciones que adopte el Tribunal Constitucional.

El Gobierno se enfrenta hoy a un primer test de resistencia. Mas podría optar por un decreto tipo de convocatoria electoral para el 27-S. O bien, podría incluir referencias plebiscitarias que carecerían de sustento legal. ¿Se atreverá entonces el Ejecutivo a instar a la Abogacía del Estado a exigir la suspensión de los comicios ante el Constitucional?

El pulso, un pulso histórico, ha comenzado ya. Estamos en la fase del desenganche.
@garcia_abadillo

Cataluña será independiente o no será
Amando de Miguel Libertad Digital 3 Agosto  2015

Remedo la famosa consigna del obispo Torras i Bages, grabada en la fachada de Montserrat: "Cataluña será católica o no será". La frase no es un modelo de redacción, pero cuajó. Lo malo es que la Cataluña actual es una de las regiones más secularizadas de España. Encima alberga cerca de un millón de musulmanes, que se reproducen con alegría. Difícil resulta imaginar la situación de una Cataluña independiente, pero a eso vamos.

Durante el último siglo se han independizado varios países europeos. En casi todos los casos esa decisión se ha proclamado con el 80% o más de la población. Es la condición para que el movimiento sea estable. En Cataluña podríamos tener ahora, a las malas, un 40%. Lo cual significa un profundo tajo en la población. Se arreglaría si los nacionalistas consiguieran el éxodo de Cataluña de un par de millones de empadronados. Al paso que van, no es imposible tal objetivo. En realidad ya ha empezado hace una generación, solo que gota a gota, a la somarda, que dicen los aragoneses. De momento, los empresarios catalanes se mantienen en un imprudente silencio. No saben a qué carta quedarse. Mi consejo es que escapen cuanto antes. Preveo que el éxodo va a suponer un éxito de Zaragoza.

Es inútil entonar el presagio de que la Cataluña independiente tendrá que salir del euro. Volvería a la peseta y santas Pascuas. Después de todo, esa moneda fue un invento de un catalán ilustre, Laureano Figuerola, un liberalote de la revolución de 1868. Cien años después otro Laureano (López Rodó), igualmente catalán, significó el éxito de los planes de desarrollo. Lo fundamental es que la cuestión monetaria no va a arredrar a los independentistas. Pagarán con gusto el precio de un 20% de devaluación de su valuta. El que algo quiere, algo le cuesta.

Mi impresión es que la independencia de Cataluña va a seguir la traza de las republiquitas balcánicas, no la de Noruega o Irlanda, ahora dos países exitosos. Recuerdo otra vez el dato de la minoría musulmana en Cataluña. Ese va a ser el gran problema de integración de la nueva república catalana. La antigua plaza de toros de Barcelona se convertirá en la gran mezquita de Occidente. Su estilo neomudéjar puede ser un aliciente. Por fin, Cataluña será oficialmente bilingüe, ahora con el catalán y el árabe, las dos lenguas propias de la población.

La gran sorpresa histórica es que Moisés (Artur Mas) no podrá entrar en la Tierra Prometida. El independentismo va a estar dirigido por las fuerzas de izquierdas, mucho más aguerridas y alejadas de la vergüenza de la corrupción, por lo menos de momento.

La nueva bandera no es solo la estrellada, a imitación de la de Cuba. Incorpora un triángulo, que es la aportación icónica de Esquerra Republicana, claramente un signo masónico. Ahí se ve lo antiguo que resulta todo. Antiguo pero entrañable.

Para imaginar lo que puede ser la Cataluña independiente no hay más que seguir la estela del Gobierno municipal en Barcelona. No ha hecho más que empezar. Tendrá que cambiar el rótulo de la plaza de Sant Jaume (donde se alza el Ayuntamiento y la Generalidad), pues se trata del patrono de la odiada España. La calle Balmes la veo igualmente condenada. El Corte Inglés tendrá que llamarse "El Tall Britànic". Habrá que prohibir el "pernil" y la "butifarra” por respeto a los islámicos y a la alianza de civilizaciones. El AVE pasará a ser AVC (alta velocidad de Cataluña).

Lo más difícil será contener el ímpetu secesionista del Valle de Arán y quién sabe si no también los de Tarragona o Tortosa. A ver quién es el majo que les priva del "derecho a decidir", el fundamento teológico de la independencia de Cataluña.

Me puedo equivocar, ya lo sé. Pero por imaginar, que no quede.


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