AGLI Recortes de Prensa   Jueves 6 Agosto 2015

Rajoy a lo suyo
Juan Laborda www.vozpopuli.com  6 Agosto  2015

Las recientes palabras del ínclito monclovita sobre la marcha de la economía patria constituyen una broma pesada, un chiste absolutamente grotesco que obviamente no tendría cabida en el "Club de la Comedia". No solo no son ciertas, sino que en realidad esconden una huida hacia adelante con el fin de retener el poder. Las consecuencias ya las hemos detallado en este blog, una acumulación de deuda total y externa sin una mejora de nuestro aparato productivo que acabará arruinando todavía más las expectativas y anhelos de mejora de la ciudadanía española.

Pero déjenme empezar por el principio. Ya saben cuál es nuestro diagnóstico sobre la economía española. Nos encontramos ante una recesión de balances. Sin una reestructuración y reforma en profundidad del sistema bancario occidental, y, paralelamente, una quita negociada y ordenada de deuda -privada, pública y externa-, no habrá recuperación sostenible en el tiempo. La probabilidad de entrar en lo que denominamos la Segunda Fase de la Gran Recesión, es altísima. España sería en ese escenario la Grecia del 2010.

Bajo este análisis la dinámica actual de nuestra economía constituye una huida hacia adelante. No hay ninguna mejora de nuestro aparato productivo. No ha habido, hasta ahora, ninguna quita y/o reestructuración del volumen de deuda patrio. No hay ninguna mejora salarial. No hay ningún incremento en la productividad total de los factores productivos. Todo es humo, propagado por una brutal propensión al riesgo en los mercados financieros que ha permitido una expansión del consumo público y privado financiado con más deuda total y externa, hasta alcanzar niveles récord histórico. Sin embargo, los ciclos de aversión al riesgo existen, y cuando aumenten las primas de riesgo globales nuestro país no estará preparado. De nuevo la paradoja de la tranquilidad derivada de la hipótesis de inestabilidad financiera de Hyman Minsky. No aprendemos.

El mercado laboral como síntoma
Las recientes cifras económicas y de nuestro mercado laboral perpetúan el paradigma económico de los últimos treinta años de nuestro país. La primera característica que subyace a este supuesto milagro es que la productividad apenas crece, ya que el empleo y la economía más o menos se incrementan al mismo ritmo. Pero una vez más, cuando se inicia la recuperación, sin cambiar el patrón de crecimiento, la precariedad vuelve a ser la tónica del mercado laboral.

Así la tasa de temporalidad con Rajoy ha aumentado más del 1,5%, hasta situarse por encima del 25%. La duración media de los contratos que se firman es de 54 días, frente a los 78 días en 2008. Ahora es necesario hacer muchos más contratos que los que se hacían antes. El 84% del empleo creado en la última EPA es temporal y responde a las necesidades del sector servicios, lo que sin duda refleja que nada ha cambiado desde hace 25 años. Asimismo, la tasa de contratos a tiempo parcial ha aumentado en más de 3 puntos porcentuales durante la última legislatura. Pero lo que se esconde detrás de estas cifras es que el 63% de estos trabajadores desearían trabajar a tiempo completo, lo que está enmascarando una clara insuficiencia de demanda efectiva, más que un problema contractual o institucional. Las horas trabajadas están muy por debajo de las que regían hace 10 años.

Todo ello se ve aderezado con una brutal devaluación salarial. En concreto el 50% de los contratos que se han firmado entre 2007 y 2013 están por debajo de 978€, algo que no ocurría desde hace más de una década. Por supuesto, todos estos contratos tienen peores condiciones laborales que las que se tenían con anterioridad a 2010, cuando comenzó la ofensiva de la economía de oferta centrada en las bondades de la desregulación del mercado laboral. Esta desregulación ha acabado creando un ejército de reserva de trabajadores pobres en situaciones límite, dispuestos a trabajar más de 4 millones de horas extras de forma gratuita, bajo la amenaza del despido.

Deuda e inversión
La deuda externa, como detallamos en el blog anterior, alcanzó en el primer trimestre de 2015 un nuevo récord histórico, casi 1,2 billones de euros, un 111% del PIB. La vulnerabilidad de unos pasivos tan elevados frente al exterior se pone de manifiesto al ver que cada año España tiene que captar entre 250.000 y 300.000 millones en el exterior para refinanciar la deuda. Cualquier incremento de la aversión al riesgo en los mercados la haría impagable, y no duden que en ese caso los deudores tratarían de imponernos más cicuta -devaluación salarial y austeridad fiscal-. Pero llegado el caso, España debería forzar una unión fiscal y una mutualización de las deudas. Solo espero que el gobierno de turno se atreva. En caso contrario el margen de soberanía nacional será nulo y nos impondrán condiciones miserables.

Pero lo más grave de todo es que dichos flujos de inversión extranjeros se han destinado básicamente a financiar al Tesoro y a las emisiones de bonos corporativos de las grandes empresas. Y el Estado y las empresas apenas han mejorado nuestro aparato productivo. Pero para que haya más crecimiento, más creación de empleo y arcas públicas más saneadas, es condición necesaria la recuperación de la inversión, sobre todo privada, y de la productividad. Si no hay inversión hoy, difícilmente habrá empleo mañana. La inversión productiva se sitúa en menos del 18% del PIB. Las empresas españolas han reducido las inversiones a largo plazo y productivas, como las destinadas a investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), favoreciendo las inversiones a corto plazo. Bajo un análisis kaleckiano, ello es absolutamente insuficiente para mantener unos beneficios futuros que puedan traer consigo la salida de la crisis. Por eso, como detrás del actual proceso de endeudamiento solo hay humo, el futuro no solo es que sea incierto, es lúgubre. Pero Rajoy a lo suyo.

Constitución y Consenso
Aleix Vidal-Quadras Gaceta.es  6 Agosto  2015

En un reciente e interesante artículo, Araceli Mangas reflexiona sobre la necesidad de una reforma constitucional en España con argumentos de gran solidez, pero olvidando un hecho que dificulta enormemente por no decir que imposibilita hoy acometer tal tarea en nuestro país: las distintas partes que deberían forjar un acuerdo para actualizar nuestra Ley de leyes discrepan en temas que afectan a los fundamentos mismos del actual orden constitucional, por lo que un texto que satisficiera o desagradase a todos por igual es materialmente imposible de redactar. La docta profesora de Derecho Internacional acierta cuando afirma que una coincidencia previa y completa sobre la reforma no debe ser un requisito para iniciar su revisión y pone como ejemplo las sucesivas modificaciones de los Tratados europeos. Sin embargo, la obligación de ser aprobadas por todos y cada uno de los Estados Miembros condena al fracaso cualquier intento de avance en la integración que no disfrute de la unanimidad. Por eso naufragó el proyecto de Constitución comunitaria que elaboró la convención presidida por Valéry Giscard d´Estaing al no ser aceptado por Francia y Holanda.

Una Constitución no sólo es un conjunto de reglas de juego o un marco procedimental, contiene conceptos y valores profundos sobre una determinada visión de la sociedad y de la forma correcta de convivir en ella. En toda Carta Magna hay un determinado enfoque ético y una concepción antropológica. Por eso la Constitución de la República Islámica de Irán, por poner un ejemplo notorio, es una monstruosidad contemplada desde una óptica ilustrada, democrática y liberal. Si pretendemos mejorar la Constitución de 1978, obra magna y definitoria de la Transición, con el fin de corregir sus evidentes defectos, que el tiempo ha ido poniendo de relieve, y de adaptarla a los grandes cambios acaecidos en España y en el mundo a lo largo de los últimos cuarenta años, es preciso que las fuerzas políticas que se sienten para emprender este aconsejable trabajo definan un campo común básico sin el cual no vale la pena seguir hablando. En la Transición casi sin excepciones los partidos que participaron en el proceso democratizador aceptaron la Monarquía como forma de Estado, la indivisibilidad de la soberanía del pueblo español, la unidad nacional, la autonomía de las regiones, la separación de poderes, el derecho a la propiedad privada y las libertades civiles y políticas esenciales de la sociedad abierta, por citar algunos puntos cruciales. Es obvio que en el período convulso en que han desembocado las cuatro décadas transcurridas desde entonces semejante plataforma de arranque no existe y en cuestiones clave las posiciones no es que sean distintas, es que son contrapuestas y por tanto incompatibles. La idea de que Pablo Iglesias, Artur Mas, Iñigo Urkullu, Albert Rivera, Alberto Garzón, Pedro Sánchez y Mariano Rajoy podrían articular un ambicioso, leal y constructivo pacto nacional para actualizar la vigente Constitución es o una ingenuidad o una quimera.

La Transición fue un hermoso sueño, una noble ilusión, que la realidad ha acabado liquidando para nuestra desgracia. La única manera de salvar aquel bienintencionado intento de superar nuestros demonios familiares consistiría en que las fuerzas políticas que siguen creyendo en los pilares del orden diseñado entonces, y que son una rotunda mayoría, se uniesen como una piña frente a las que pugnan por destruirlo. Pero eso no sucederá porque faltan la altura de miras, la firmeza de las convicciones, el sentido de Estado y la generosidad requeridas. Basta constatar la estrategia adoptada por el PSOE tras las elecciones municipales de mayo pasado para llegar a la triste conclusión de que los desgarros que descomponen a España como empresa colectiva en este primer cuarto del siglo XXI son ya irreversibles y que solamente una catástrofe como la que sin duda se avecina hará reaccionar a los españoles que, una vez consumado el desastre, deberán reunir los trozos del derrumbe para volver a su enésimo ensayo de vencer sus pulsiones autodestructivas. Nada me complacería más que equivocarme en este sombrío vaticinio, pero los signos de que este es el destino que nos aguarda están ahí y crecen en intensidad cada día que pasa.

Mareas, plebiscitos y el 155

Manuel Muela www.vozpopuli.com  6 Agosto  2015

Las elecciones que vienen, empezando por las catalanas recién convocadas, se plantean sobre bases distintas, porque el caos del sistema, agudizado por la incapacidad manifiesta de los partidos políticos e instituciones del mismo para encarar la crisis española, ha obligado a aquellos que aspiran a encauzar la disconformidad social a echar mano de fórmulas distintas para intentar atraer a los millones de electores que andan a ciegas y que rehúyen seguir apoyando a las organizaciones de siempre, que están sumidas en los problemas derivados de sus corrupciones y de la decrepitud de sus políticas. Desde mi punto de vista, eso puede explicar el surgimiento de las mareas y de los plebiscitos electorales que van inundando la política española, cuyo primer ensayo se produjo el pasado 24 de mayo y que el 27 de septiembre tendrán su gran prueba en Cataluña. Como todo lo novedoso, suscita desconfianza y aprensión; yo mismo experimento dichos sentimientos, pero tenemos la obligación de observar y analizar esos fenómenos, porque son una realidad y porque el porvenir de España, que está por encima del régimen político, se está jugando en cada uno de los escenarios electorales abiertos o por abrir.

La desconfianza en los partidos ha sido causada por sus dirigentes
Los partidos políticos, que son organizaciones protegidas por la Constitución y mimadas por la Ley Electoral, han vivido cómodamente durante décadas con unos órganos directivos escasamente preocupados por civilizar al país y sí preocupados de disuadir a aquellos que, de buena fe, podían pretender alterar la vida y dulzura del reparto de los poderes públicos para administrar los ingentes recursos de que ha dispuesto el Estado español desde los años 80 del siglo pasado. No sólo el PP y el PSOE, también los demás según su dimensión, han surcado las aguas del estanque dorado de la política nacional o autonómica, con la única preocupación de pasar el fielato electoral cada cuatro años, vendiéndole a los españoles la idea de que ellos se bastaban para garantizarles su bienestar y su tranquilidad, además del entretenimiento en las televisiones y estadios de futbol. Lo de construir un país de ciudadanos libres, iguales y exigentes nunca formó parte del guion, cuyo leit motiv no pasaba del viejo pan y circo de los romanos, adaptado a nuestro tiempo.

Era una fórmula de éxito, que se vendía como tal, cuyos protagonistas se hacían lenguas de los aciertos e incluso trataban de vender la patente a países que querían dotarse de instituciones democráticas. Pero dicho invento se basaba en algo que, a la postre, está resultando letal: el mantenimiento de gran parte de la sociedad en un perfil bajo de exigencia cívica y democrática para conservar el poder elección tras elección tiene la consecuencia de que, cuando vienen mal dadas como es ahora el caso de nuestra nación, las reacciones son imprevisibles y la fe, si es que queda alguna, se transforma en descreimiento y en el salga el sol por Antequera. Y vaya usted ahora a explicar a esos millones de adolescentes políticos, fabricados conscientemente durante décadas, que los males son por esto o por aquello, por los mercados, por la globalización o por el Sursum corda. Porque, sin negar que todo ha contribuido a nuestra crisis nacional, lo que hay a la vista de los españoles son unos responsables públicos desacreditados que le han dado un hachazo a su bienestar y seguridad y que han puesto en grave riesgo la continuidad del Estado.

El artículo 155 no habilita para suspender una Comunidad Autónoma
Porque lo de Cataluña es eso, una muestra de la crisis del Estado español, aunque parece que lo que se ventila allí es una disputa administrativa entre el Gobierno de Madrid y el de la Generalidad de Barcelona, y que mientras en Madrid siguen anclados en la negación del problema, los de Barcelona, donde también sus partidos están desacreditados, han montado su propia marea independentista para engatusar a los más renuentes o desesperados con el fin de obtener la mayoría como sea. Es verdad que allí hay otra marea, ligada a Podemos, que puede obtener el segundo puesto y desconocemos qué hará o qué acordará con los independentistas y cómo reaccionaría ante una eventual suspensión de la autonomía catalana. Me imagino que enfatizarán su apuesta constituyente como proyecto de ámbito nacional y la harán valer en las elecciones generales, aunque me temo que no irán en la línea de fortalecer al Estado, que es lo que, en mi opinión, se necesita.

Tiempo habrá de opinar sobre el desarrollo de los acontecimientos, sin descartar la suspensión de las elecciones catalanas, pero me permito anticipar un apunte acerca del traído y llevado artículo 155 de la Constitución: dicho precepto no habilita para suspender una Comunidad Autónoma. Se trata de una cuestión no regulada por la Constitución, como tampoco lo estaba en la Constitución republicana de 1931. Es algo parecido a lo que ocurre con el euro, que no está prevista la expulsión de un miembro. Por eso, en octubre de 1934 hubo que echar mano de la declaración del estado de guerra para, en el seno del mismo, suspender la Generalidad de Cataluña. Después, el 2 de enero de 1935, las Cortes de la República aprobaron una ley que ratificó la decisión adoptada, procediéndose al nombramiento de un Gobernador General civil, D. Manuel Portela Valladares, que sustituyó al militar nombrado el 7 de octubre de 1934.

En virtud de los hechos que se produzcan, desconozco lo que hará el Gobierno español, quizás ni ellos mismos lo sepan; puede que, con el auxilio del PSOE, hagan una interpretación forzada del 155 para evitar la declaración del estado de sitio o puede que terminen cantando la palinodia y preguntar a Berlín qué hacer. De todas manera, lo más peliagudo, como he dicho en otras ocasiones, es gestionar el después, se haga lo que se haga.

En fin, las mareas y los plebiscitos son demostraciones llamativas del caos sistémico que sufre España y de la sequedad de ideas de los partidos tradicionales para responder con presteza y eficacia a las demandas de un pueblo sumido en la orfandad política. Lo que no sé es si estos fenómenos contribuirán a sacarnos de la entropía o, por el contrario, la agudizarán más.

Encuestas hasta hartar.
Vicente A. C. M. Periodista Digital  6 Agosto  2015

Siempre me he preguntado cuál será la metodología de encuestas que usa el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), un organismo que se define como autónomo y que además es dependiente del Ministerio de la Presidencia del Gobierno de España y cuya misión principal es “contribuir al conocimiento científico de la sociedad española”(sic) según reza en su propia definición de la página web. Y allí se explica esa metodología, el diseño de la encuesta: los objetivos, el universo, la muestra y el cuestionario como partes fundamentales. Dependiendo del tipo de encuesta se definen estos parámetros y luego se procede al análisis y lo que algunos llaman “cocina” de los resultados para presentarlos de forma clara y gráfica.

Todos los Gobiernos de España han usado este organismo como contrapeso “oficial” de la pléyade de agencias de opinión privadas que rinden sus servicios a cualquiera que se los solicite dentro del libre mercado y cuyos clientes principales suelen ser los propios partidos políticos, los medios de comunicación y opinión y otros grupos de poder o lobbys. ¿Y qué valor hay que darles a estas encuestas? Pues en mi sincera opinión, ninguno. Por una simple razón, todo es manipulable y maleable, bastando con presentar la imagen desde una perspectiva concreta como si fuera un prisma de infinitas caras. Nunca obtendremos la imagen real sino aquella que nos quieran presentar y que más convenga a los intereses del que hace uso de esa información.

Porque lo queramos o no, lo que importa realmente es la formación de la opinión y no la opinión en sí misma. Se trata de poner el foco en determinados aspectos y agrandar aquellas diferencias que interesan mientras se minimizan aquellas que queremos que pasen desapercibidas e incluso obviarlas. El manejo de gráficos y sus escalas desproporcionadas logarítmicas son solo un burdo modo de falsear una realidad de modo que la imagen que quede en la retina sea la que se pretende. Y trucos de este tipo proliferan como setas en un mundillo cuyo objetivo es convencer y abusar de la credulidad de las gentes que siguen dando credibilidad a tahúres de la información.

Bien es verdad que no hay nada más volátil e inseguro que la “opinión pública” muy dada a ir cual veleta dependiendo de cómo soplen los vientos. Porque la verdad es que esos estudios sociológicos lo que persiguen es aplicar los conocimientos del comportamiento humano que se sabe que sigue una pauta general cuyas excepciones se analizan hasta descubrir el origen de la anomalía. De sobra son conocidas las pruebas de psiquiatría y sociología clínicas para el estudio de posibles alteraciones de la personalidad, esas desviaciones de la normalidad. En este caso entramos en lo que se llama sociología de masas y es la que trata de aprender esos comportamientos pero no individuales sino colectivos.

La única verdad es que quien tiene y controla la información, tiene el poder. Lo que no se conoce es imposible analizarlo de forma objetiva y es ese poder de la información el motor que impulsa a todo aquél que intenta alcanzarlo o mantenerse en él. Es por ello que los dictadores y regímenes autoritarios tienen siempre un férreo control de la información y la usan para sus fines. Así que aconsejo a mis conciudadanos que siempre pongan en cuarentena cualquier información cuyo origen sea tan dependiente, venga de donde venga.

Sé que es difícil obtener una información cristalina y virginal que podamos analizar y contaminar con nuestros propios tics. Lo único que nos queda es confiar en nuestra intuición y al final optar por aquello que consideremos que mejor se acomoda a nuestra forma de pensar actual. Una incógnita para nosotros mismos que seguro que hemos ido evolucionando, espero que para mejor.

MENTIRAS Y FALACIAS PARA SEGUIR GOBERNANDO “LA MEDINA”
Antonio García Fuentes Periodista Digital  6 Agosto  2015

La “medina o el bazar oriental”; es algo tan sorprendente, que a los occidentales (al menos a mí es la impresión que me dejaron) es que “allí todo es posible” y sin embargo no puedes comprender cómo en tal “tipo de desorganización” funciona todo aquel inmenso tinglado… “donde todo se compra y todo se vende”.

La España de hoy me da impresión de algo así, con el agravante de que este “bazar occidental”, está lleno a rebosar de fulleros, ladrones, bandidos, saqueadores y de todo tipo y condición, donde el principal saqueador no es otro que el propio Estado y su máquina recaudatoria, puesto que principalmente a ello se dedica.

El 31 de Julio, salía “al ruedo como un flamenco y afamado torero lo haría”, nuestros poco querido y peor valorado, presidente Mariano Rajoy; el que y como ya es costumbre, sólo habló de lo que según él le beneficia, tratando únicamente de hacerse una propaganda que vitalmente necesita para que lo elijan de nuevo; cosa poco probable y por aquello de que… “gato escaldado con agua fría se quema”; y al tal Rajoy yo creo que ya ni lo creen la mayoría de los de su partido; por tanto a mi entender, “su última faena en el ruedo político” (yo lo considero acabado hace ya mucho tiempo) debió ser algo así dicho en pocas palabras… “Españoles yo me voy puesto que la fosa que tenemos encima y que no sólo yo he cavado, no se soluciona en mucho tiempo y como ya voy para viejo, que sean otros quienes emprendan la regeneración que ineludiblemente necesita esta España ya bastante podrida”.

Pero es claro que para decir algo así y convocar elecciones generales, este político carece de “bemoles” y prefiere “morir matando” y seguir contando mentiras a los arruinados habitantes de esta arruinada “españilla o españistán”.

Días antes de tales “fanfarrias o luces de bengala”, eran los bancos principales, la telefónica y alguna otra potencia monopolista-financiera-especuladora, los que publicaban sus resultados económicos, que son fabulosos en relación al año anterior. Entiendo que son fabulosos para “los que dirigen a estos monstruos”, los que se van a llevar en bonus, planes de pensiones, astronómicos sueldos y todo lo que les dé la gana; puesto que a los accionistas, les darán lo de siempre y si acaso, o sea… “un puñadito de pipas y algún caramelillo para que chupen y se relaman entreteniéndose, mientras la gran tajada, desaparece de las cuentas societarias y vete a saber dónde recale el total de la misma, si aquí en españistán o en los paraísos fiscales donde generalmente ponen sus grandes huevos, los grandes buitres de la especulación financiera y monopolista que nos ha freído a fuego más o menos lento, pero empobrecedor a lo grande”.

Puesto que y hablando en “Español entendible para todos los españoles, incluso los que dicen no serlo”… ¿Qué nos importa o beneficia a nosotros, si los explotadores del teléfono, la electricidad, el petróleo, las patentes bancarias y todo lo demás, ganan montones de dinero, si casi seguro que todo o la mayor parte del mismo nos lo han ido sacando a los indefensos de siempre y sin trabajo alguno; y menos produciendo los puestos de trabajo normalmente remunerado que debieran? Nada, no nos importa nada.

Tampoco nos importa “un güevo” si Rajoy dice que la economía crece un tres o un “más” por ciento; puesto que ese crecimiento y en caso de que sea real (puesto que con los números ocurre como con las albóndigas o las croquetas; se hacen con todo y de todos los tamaños) sus beneficios van a otros bolsillos, a otros malgastos, a enchufados en “la teta nacional”, pero no al común de los indefensos pobladores de este ya esquilmado territorio, que llegó a ser una España próspera, no hace muchas décadas y en la que apenas si pagábamos impuestos… Sí, ello ocurrió desde 1952 en que desaparecieron las cartillas de racionamiento y hasta la muerte del dictador Franco, que se fue por viejo pero nos dejó la despensa llena… “hoy vacía y con deudas impagables”.

¿Qué le importan a los pensionistas que vamos a cobrar, nada menos que el 0,25 % de subida (hasta al rey le suben un uno por ciento); o sea que con lo que te suben al año, en mayoría no tendremos ni para desayuno del día en que cobramos mensualmente. ¿Qué le importa todas esas falacias al que está trabajando lo indecible y cobra un salario “de mierda”? ¿Y al que ya no cobra nada y tiene que ir al comedor de limosna, e incluso mendigar algo del puchero para la cena o para tener en casa algún alimento de reserva precaria?

Eso sí… “su señoría Rajoy y cientos de miles de similares que nos han colocado sobre nuestras costillas para que los mantengamos, esos cobrarán suculentas pagas, tomarán suculentas tapas y bebidas, descansarán “tocándose los güevos” el tiempo que les apetezca, y para mayor inri, nos leerán discursos (como el de Rajoy) que seguro que no ha escrito él ni sabe en realidad explicar de cómo y de donde sale tal engendro. Así es que sí; felices vacaciones a todo aquel que pueda “y se las trabajara de verdad con el sudor de su frente y el ardor de su cerebro… a los demás pues ya se pueden imaginar”; al resto, pues como dicen los estudiantes… ¡Ajo y agua!

“El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”: (Platón). La política nos afecta a todos y por ello no debemos dejarla sólo en manos de los políticos.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Barómetro del CIS
La España sin representación parlamentaria
Los ciudadanos que defienden una organización territorial sin autonomías o se definen como conservadores o liberales no tienen actualmente un partido político que les represente en el Parlamento.
Agustín Benito Alba Gaceta.es  6 Agosto  2015

El 18,2 % de los españoles quiere un Estado sin autonomías

Según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de julio que se ha dado a conocer este miércoles, hay en España un sector de ciudadanos huérfano de representación política, ya que ninguna formación en las instituciones del Estado comparte -ni defiende- su posicionamiento ideológico. ¿Quiénes son?

Por lo que a organización territorial se refiere, el 18,2 % de la sociedad está, según el CIS, de acuerdo con un Estado con un único Gobierno central sin autonomías. Esta consideración ha crecido 3,3 puntos porcentuales en los últimos cinco años -el barómetro del CIS de julio de 2010 señalaba que el porcentaje de encuestados a favor de la eliminación del Estado Autonómico era del 14,9-. Ningún partido con representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados se ha planteado cambiar este modelo. Solo VOX, partido presidido por Santiago Abascal que consiguió 63.345 votos en las pasadas municipales, incluyó en su manifiesto fundacional devolver competencias al Estado y eliminar los Parlamentos autonómicos.

Hay más. Los españoles que se definen como conservadores o liberales (12,4 y 11,4% respectivamente) también pueden sentirse abandonados por las distintas fuerzas políticas con representación parlamentaria. La política antiterrorista del Ejecutivo de Mariano Rajoy, el mantenimiento de las leyes ideológicas de Zapatero como la del aborto o la de Memoria Histórica o las continuas subidas de impuestos sin reducción del gasto público, han hecho que tanto conservadores como liberales se queden huérfanos de partidos. Lo dijo el propio Mariano Rajoy en 2008, cuando, tras el cuestionamiento de la línea del partido por parte de algunos barones por la derrota electoral, el hoy presidente del Gobierno señaló: "si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya".

Ya en el capítulo de la religión, y teniendo en cuenta que, según el CIS el 70,7 % de los españoles se considera católico- tampoco la radiografía política parece coincidir con la realidad española. El "laicismo radical" que las formaciones de extrema izquierda, obviando la realidad sociológica española, están implantando en la geografía española tras el 24-M -propuestas de expropiación a bienes inmuebles inmatriculados por la Iglesia, la supresión de honores civiles u homenajes públicos a imágenes religiosas o la prohibición de funerales institucionales católicos- encuentra su expresión más moderada en otros partidos y un sector del mismísimo PP, el representado por líderes como Cristina Cifuentes, quiere eliminar el concepto de "humanismo cristiano" de la definición ideológica del partido. No en vano, la hoy presidenta de la Comunidad de Madrid decidió prescindir del crucifijo (como PSOE o Podemos) en el acto de juramento de su cargo dejando sin representación política a más de 7 de cada 10 españoles.

La nulidad de las promesas electorales
MANUEL CONTHE El Mundo  6 Agosto  2015

Cuando a principios de los años 70 estudié Derecho, las donaciones entre cónyuges eran nulas, por aplicación de una vieja regla del Derecho Romano de la que nuestro Código Civil sólo exceptuaba "los regalos módicos que los cónyuges se hagan en ocasiones de regocijo para la familia".

Para Ulpiano, esa prohibición evitaba que se pusiera precio al afecto conyugal y que su mutuo amor hiciera que los cónyuges "se expoliaran"; para Cecilio, tales donaciones "podían dar origen a discusiones entre los cónyuges si el más rico no fuera generoso con sus regalos"; y Javaleno aducía un caso concreto de "compra del afecto": la mujer de Mecenas había obtenido valiosos regalos de su esposo bajo amenaza de divorcio.

En otros lugares y tiempos la limitación fue menos estricta. Así, el Fuero Juzgo prohibía las donaciones sólo durante el primer año de matrimonio (quizás porque pensaba que los recién casados seguían encandilados); y en Francia las donaciones no eran nulas, sino tan solo revocables en vida. Pero la prohibición sufrió un golpe mortal en 1973, cuando la Corte Constitucional italiana la anuló porque era discriminatoria contra los casados, lo que llevó a que en 1981, cuando se reformó el Código Civil para adaptarlo a la nueva Constitución, España también la derogara.

Paradójicamente, casi al tiempo, la Constitución española incluyó una limitación de la iniciativa parlamentaria que puso coto a otra "compra del afecto": el del votante por los partidos políticos que aspiran a representarle.

Esa compra del afecto político es, en realidad, más peligrosa, pues los candidatos no empeñarán sus propios recursos, como Mecenas, sino los públicos, lo que les hará más dadivosos; además, en la vida política y en la política presupuestaria hay fuertes barreras informativas y elevados costes de movilización política, lo que favorece la pasividad de los expoliados, como explicó con elogiable claridad el gran sociólogo y economista italiano Vilfredo Pareto en 1897 en su Curso de Economía Política: "La intensidad de las acciones de los hombres no es proporcional a las ganancias y pérdidas que provocan sus acciones. Cien hombres a los que se prive, a cada uno, de un franco no se defenderán con tanto vigor que aquél a quien le mueve el deseo de apropiarse de los cien francos. Hará falta naturalmente un pretexto para esa apropiación, pero si se encuentra uno más o menos plausible, se puede asegurar que no será la resistencia de los expoliados la que haga fracasar la operación" (par. 1046, Libro III).

Para limitar las promesas y dádivas de los candidatos, las grandes democracias limitaron la capacidad de los diputados para proponer gastos. La primera en hacerlo fue Inglaterra cuando en 1713, poco después de la Gloriosa Revolución, el Parlamento estableció que "las únicas enmiendas admisibles son aquéllas dirigidas a reducir las sumas solicitadas [por la Corona]", no a ampliarlas. La regla se amplió luego a las bajadas de impuestos y se extendió por otros países, incluida España, donde llegó en 1918, tuvo reflejo en la Constitución de la República y en las normas franquistas, y quedó plasmada así en el artículo 134.6 de la Constitución:

"Toda proposición o enmienda que suponga un aumento de los créditos o disminución de los ingresos presupuestarios requerirá la conformidad del Gobierno para su tramitación".

La limitación ha suscitado controversia, pues para unos sólo se aplica a iniciativas posteriores a la aprobación de la Ley de Presupuestos, mientras que para otros limita también las enmiendas al propio proyecto de ley de Presupuestos, sensata interpretación que hicieron suya los Reglamentos del Congreso y del Senado. En mi opinión, el artículo 134.6 no sólo debe aplicarse con el mayor rigor a cualquier iniciativa parlamentaria, sino que su espíritu debe también respetarse en otros supuestos extraparlamentarios en los que late el mismo problema de la compra de afectos políticos.

Así, ningún político respetuoso con el espíritu de la Constitución debe lanzar una campaña de recogida de firmas a favor de una bajada de impuestos o en contra de una subida, como hizo Esperanza Aguirre en 2010 cuando el Gobierno subió el IVA para frenar el déficit.

Por parecido motivo, cualquier promesa electoral que entrañe aumento de gastos o bajada de impuestos -esto es, que pueda agravar el déficit público o impedir que se reduzca-, debe considerarse nula, como las donaciones entre cónyuges antes de 1981, o, al menos, revocable si quien las formula alcanza el Gobierno.

En realidad eso ya ocurre, para frustración de muchos ciudadanos ingenuos: así, el presidente Zapatero, tras su conversión paulatina a la sensatez en mayo de 2010, tuvo que desdecirse de muchas medidas anteriores (como los célebres 400 euros por niño); en 2012, el Gobierno de Rajoy incumplió radical, pero acertadamente las promesas de bajadas de impuestos que había hecho durante la campaña electoral; y en Grecia, el señor Tsipras y Syriza han tenido que renunciar a las promesas económicas que les llevaron al poder.

Como señalaba hace unos días un editorial de este periódico, en España ya parece haberse iniciado una nueva "subasta electoral" entre los partidos políticos que concurrirán a las próximas elecciones generales y competirán por el afecto de los electores. En mi opinión, los ciudadanos debemos considerar cualquier promesa electoral que pueda aumentar el déficit o dificultar su reducción como un piadoso deseo, como una mera intención cuyo cumplimiento quedará condicionado a que el nuevo Gobierno, tras estudiarla, la considere viable y autorice su tramitación parlamentaria.

No veamos en esa limitación una imposición de la Unión Europea, de Alemania u otros Estados miembro del euro, o de nuestros acreedores. Es tan solo un sensato mecanismo que, descubierto en Inglaterra en los albores de la democracia, pone coto a la tendencia al déficit presupuestario y a la dadivosidad de los políticos que la competencia electoral genera de forma espontánea en las democracias.

Nada hay de malo, en principio, en que un estado incurra en déficit presupuestario en tiempos de recesión. Pero si ese déficit es permanente y elevado, no nos engañemos: no es que el país esté siguiendo voluntariamente una política fiscal anticíclica o keynesiana, sino que es una democracia fallida cuyos representantes políticos son incapaces de conciliar el deseo de gasto público de aquéllos a quienes beneficia con la disposición a pagar impuestos de aquéllos llamados a sufragarlo.

Manuel Conthe es presidente del Consejo Asesor de Expansión y Actualidad Económica.

El pasado que nos espera
Jesús Laínz Libertad Digital  6 Agosto  2015

El eximio Mark Twain escribió hace un siglo: "Muchas cosas no suceden como debieran, y la mayor parte de ellas ni tan siquiera llegan a suceder. Es tarea del historiador consciente corregir estos defectos".

Si este fenómeno se circunscribiera al ámbito erudito de la historia, suficientemente mala sería la cosa. Pero lo grave es que los más entusiastas correctores de defectos históricos suelen ser los políticos, sobre todo en esta cainita España nuestra, probablemente el país del mundo en el que más se utiliza la historia como arma política.

Hace cuarenta años, el tránsito de un régimen a otro pudo hacerse precisamente gracias a la convicción que tuvo la inmensa mayoría de políticos y ciudadanos sobre la necesidad de hacer borrón y cuenta nueva para no pasarnos la eternidad discutiendo sobre cuáles de nuestros abuelos tuvieron más culpa de la Guerra Civil. Aparentemente el acuerdo funcionó, aunque el paso del tiempo ha ido demostrando que, mientras que la derecha en bloque se lo tomó en serio, buena parte de la izquierda lo asumió a regañadientes. Pues en el fondo de su corazón seguían latiendo la frustración de la derrota y el ansia de revancha, aunque ya imposible en el campo de batalla, todavía alcanzable en los libros, en la historia, en el cine, en eso que tan atinadamente consagró el nefasto Zetapé con la cursilada de la memoria histórica. Aunque para ello haya que condenar a la amnesia histórica a Claudio Sánchez-Albornoz, presidente de la República en el exilio que recordó amargamente a sus compañeros de bando que la izquierda española, con su golpe de octubre del 34, perdió para siempre toda legitimidad para criticar el de julio del 36.
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Y junto a la izquierda, por supuesto, los separatismos, los otros perdedores de la Guerra Civil, aunque en su defensa hay que admitir que desde el principio han sido bastante menos hipócritas que una izquierda que ha ido avivando paulatinamente las brasas del odio según el correr del tiempo nos alejaba de 1939. Paradojas del resentimiento, esa despreciable pasión.

El penúltimo acto del eterno guerracivilismo de la izquierda y los separatistas se está representando ahora con la campaña de eliminación de nombres e imágenes que no encajan en la totalitaria corrección política que ellos encarnan. Notable es el paso adelante que implica añadir a los purgados habituales –Franco y compañía– una nueva categoría, esta vez actual y en ejercicio: la Monarquía. Y lo más divertido del asunto es que con la defenestración de bustos regios pretenden adelantar en lo simbólico lo que desean conseguir próximamente a golpe de urna. Ya que de momento no está a su alcance eliminarlos en persona, al menos se dan el gusto de hacerlo en efigie, como en los buenos viejos tiempos de la Santa Inquisición.

Especialistas en reyes, y por supuesto en guerras civiles –tanto que, no saciados con la de 1939, siguen progresistamente aferrados a la de 1714–, los separatistas catalanes son insuperables en estas lides. Recuérdese, por ejemplo, la ocultación hace un par de años del escudo de armas de Felipe V que presidía desde principios del siglo XVIII una de las puertas de la muralla de la Ciudadela y desde 1869 la fachada del arsenal posteriormente convertido en sede del parlamento catalán. Ya lo había hecho Macià en 1932, y en esta última ocasión han contado con el voto favorable de unos socialistas que, por lo visto, se suman a sus aliados separatistas para borrar parte de la historia del país que aspiran a gobernar. Precisamente Macià y los suyos, discípulos aventajados de Orwell, establecieron en el artículo 115º de su Constitució Provisional de La Habana (1928):

En el término más breve posible, una vez conseguida la independencia, los Ayuntamientos se ocuparán de hacer desaparecer, de los municipios respectivos, todo vestigio público que en fórmula de rótulos, lápidas, estatuas, monumentos, escudos, etc., recuerden actos, personajes, hechos o cosas relacionadas con los tiempos de la opresión española en Cataluña.

En nombre de la Cataluña nacionalista, la Cataluña real ha de desaparecer.

Hablando de reyes, numerosos gobernantes nacionales, regionales y municipales izquierdistas se dedicaron, sobre todo en los añorados años transicionales, a eliminar el yugo y las flechas de no pocos monumentos dedicados a los Reyes Católicos, convencidos de su erección por FET y de las JONS.

Sus extensiones posteriores, como el bolchevique Sindicato de Estudiantes, han continuado la juerga proponiendo, por ejemplo, cambiar el nombre del Colegio 19 de Julio de Bailén por considerarlo exaltador del alzamiento de 1936. ¡Estudiosos estudiantes éstos que no han estudiado que en esa localidad y en esa fecha de 1808 se pegaron algunos tiros!

Y ahora, pasados ochenta años de la Guerra Civil y cuarenta de la muerte de Franco, la izquierda insiste en convencernos de que el progreso, el bienestar y la felicidad se conseguirán cambiando a Vázquez de Mella por Zerolo y a Joaquín Turina por –es un suponer– Joaquín Sabina. En España el tiempo pasa inútilmente: ya advirtió Julio Camba en junio de 1931, recién instaurada la República, que lo que interesaba a algunos no era modernizar unas locomotoras que sólo servían para tostar cacahuetes, sino rebautizarlas eliminando las placas que todavía rezaban "Alfonso XIII".

Lo grave de estas ridiculeces retrohistóricas es que demuestran la torcida consideración que demasiados tienen de la política no como la actividad dirigida a la buena gestión de las cosas públicas por el bien de los ciudadanos, sino a la perpetua agitación del odio para construir un peligroso futuro político sobre los cimientos del imposible deseo de ganar guerras con un siglo de retraso.

La mina de Canuñas, un Katyn republicano en plena Mancha
@Juanerpf Gaceta.es  6 Agosto  2015

En la vieja mina de plata romana de la localidad toledana de Camuñas reposan desde hace más de tres cuartos de siglo los restos de centenares de víctimas de la represión comunista, socialista y anarquista. Situada en la retaguardia profunda, la boca y el pozo de la vieja explotación fueron testigos de los asesinatos y la crueldad de uno de los bandos enfrentados en la Guerra Civil. Bando cuyos herederos hoy reclaman una memoria histórica selectiva que destape unas fosas mientras pretende que se eche tierra sobre las que llenaron de inocentes sus ídolos.

Quien esto escribe pudo participar junto al afamado forense Francisco Etxeberría en los trabajos de individualización y búsqueda de restos. Un trabajo acometido por un equipo de forenses y espeleólogos de la sociedad Aranzadi que tuvieron que trabajar a casi 30 metros de profundidad sobre una sima formada por restos humanos.

Durante los días que permanecí allí pude hablar con los más ancianos del lugar que recordaban perfectamente los hechos. En la mina de Camuñas se asesinaba casi a diario. Primero se aprovechó para llevar a los vecinos, considerados como contrarrevolucionarios, de los pueblos del entorno –Camuñas, Madridejos, Villafranca, Consuegra, Turleque o Villacañas- pero pronto empezaron a llegar camiones conducidos por milicianos de las provincias de alrededor.

En Camuñas, como asegura uno de los vecinos que tenía 12 años cuando empezó la guerra y que a los 86 (era 2010) mantenía intacta la memoria, “se mató durante toda la guerra, a veces venían camiones con gente viva y las fusilaban en la boca del pozo, otras veces los traían ya muertos y los tiraban dentro”. Y eso duró los tres años de guerra ya que la zona se mantuvo hasta el final bajo el control de los revolucionarios del Frente Popular.

Los estudios y las catas realizadas por el equipo dirigido por Etxeberría calcularon que en la sima del interior de la mina no habría menos de 350 cuerpos, pero que podrían ser muchos más. Tras una semana de trabajo se lograron individualizar 40 cuerpos, entre ellos los de tres sacerdotes que la diócesis de Toledo buscaba en el marco de los procesos de beatificación de mártires de la Guerra Civil.

El resto se dejó tal cual estaba ya que la forma en la que se procedió con el exterminio en la mina de Camuñas dificultaba el trabajo que no recibió ningún tipo de financiación como ocurre con las exhumaciones promovidas por las asociaciones de la memoria histórica.

En Camuñas se fusilaba en la boca de la mina para aprovechar la caída de las víctimas hacia el fondo del pozo de casi 30 metros de profundidad. Cuando los cuerpos habían caído, evidentemente sin recibir el tiro de gracia que acortase su agonía, en el mejor de los casos se lanzaba una granada al interior, pero la mayoría de las veces se les dejaba morir lentamente. Algunos de los vecinos con los que se puso en contacto La Gaceta aseguraban que por la mañana, cuando los familiares de las víctimas acudían a buscar información, eran frecuentes los gritos y lamentos desde el fondo de la mina.

Finalmente, cuando la guerra tocaba a su fin, los milicianos incendiaron el interior de la mina lanzando gasolina y prendiendo fuego desde arriba. Después arrojaron toneladas de piedras sobre los restos para evitar que fueran descubiertos. Era inútil, ningún vecino de los pueblos de alrededor podía olvidar el terror que se vivió durante los tres años de guerra en la mina de Camuñas.

Puedes comentar el blog con el autor en @Juanerpf

Presente histórico
ARCADI ESPADA El Mundo  6 Agosto  2015

Una carta en el periódico de ayer informaba de la retirada del nombre de Manuel Aznar y Zubigaray del callejero de la villa de Irún. La carta iba firmada por uno de los biznietos de Aznar y Zubigaray, que reivindicaba los méritos de su familiar. Entre ellos, la dirección del diario El Sol y su importante carrera diplomática. Escribía el biznieto: "Su labor periodística se combinó con una impagable labor diplomática al servicio de España en dos de los frentes más difíciles: el bloqueo norteamericano tras la Guerra Civil, a cuyo fin contribuyó de forma decisiva como ministro plenipotenciario ante EEUU, y el problema colonial, siendo embajador ante Marruecos".

"La izquierda española ha intentado ganar la Guerra Civil de maneras diversas. Ahora, borrando la memoria del franquismo"

La decisión que ha tomado el ayuntamiento, cuyo alcalde pertenece al Psoe, se inscribe en el ya conocido interés de la izquierda española por ganar la Guerra Civil. Como se sabe, lo ha intentado ya de maneras diversas. Primero en el campo de batalla. Luego tratando de derrocar la dictadura. Patrocinando la ruptura durante la transición. Y ahora ya, sin mayores peligros, borrando la memoria del franquismo. Ha sido un procedimiento algo alambicado, pero algo tenían que hacer. De ningún modo las cosas podían quedar así.

Dado ese marco general, la lanzada al moro muerto del ayuntamiento vasco presenta dos singularidades de interés. La primera es el nuevo nombre que ha tomado la antigua calle Embajador Manuel Aznar, que ahora se llama Martxoak 8. He hecho averiguaciones y ésa es la forma vascuence de decir 8 de marzo. Una calle que se llame 8 de marzo (además de la de Irún hay otras diez en España) es una cosa realmente extravagante. Comprendo las razones del laconismo lapidario. Porque en realidad esa placa debía decir 8 de marzo, Día de la mujer trabajadora. Pero dedicar un honor a un honor es una forma de honor, cómo lo diría yo..., algo pleonásmico, tautológico, un poco estomagante. Y eso es lo que ha hecho Irún. No le ha dedicado una calle a la mujer trabajadora sino al día de la mujer trabajadora. Porque para desgracia de los munícipes de Irún y asociados el 8 de marzo no conmemora suceso significativo alguno. Se detecta hasta qué punto lo prioritario era quitar y no poner.

La singularidad segunda está en las razones verdaderas que asoman tras el cambio de nombre. A fe mía que no debe de haber precedentes de que un muerto pague por un vivo y un abuelo por su nieto.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La hipocresía de los nacionalistas
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com  6 Agosto  2015

Escribir a favor de la lengua materna en la enseñanza y rechazar la obligatoriedad de la inmersión lingüística es nadar contra corriente, pero eso no me preocupa. Lo único que me motiva es luchar por la verdad de las cosas, aunque ello implique quedar en el ostracismo. La verdad siempre triunfa. Y vivir conviviendo con la mentira es malversar la existencia, ser esclavo de la incoherencia.

En este artículo voy a demostrar cómo los nacionalistas están haciendo justamente lo contrario de lo que durante su recorrido histórico han predicado.

Hoy, nadie espera que un nacionalista abogue por la lengua materna en el sistema educativo. Todos presuponemos que el modelo que auspician es el de la inmersión en la mal llamada “lengua propia”.

Pues bien. A lo largo de la historia han hecho apología de la lengua materna. Y me dirán ustedes que cómo es posible esto…

Naturalmente lo hacían para convencer sobre la necesidad de que los niños vascohablantes aprendieran en su lengua natural, la familiar. Y yo digo, evidentemente. Eso es postular por encima de todas las cosas el derecho del niño o de la niña, cuya lengua original era el euskera, o el catalán, o la que fuera. Eso es lo natural. Por eso yo estoy a favor de la posición tradicional de los nacionalistas, no con la actual.

Lo que ocurre es que logrado su objetivo de introducir la lengua vascongada en el sistema educativo, como lengua vehicular, acto seguido, se olvidaron de que otros alumnos tenían como lengua materna el castellano, y, por tanto, continuando con la lógica propositiva también los alumnos castellanohablantes tenían el mismo derecho. ¡Cómo no…! Pues nada…, sorprendentemente –¿o acaso no tan sorprendente?- eso no valía para los castellanohablantes que habrían de estudiar en la lengua impuesta.

Realmente, en el debate de la Ley de Normalización del Uso del Euskera, eso quedaba claro, y por ello, derivado de aquella ley se decretaron los tres modelos lingüísticos A, B y D, es decir modelos que se adaptaran a las diferentes realidades lingüísticas, la castellana, la mixta y la euskaldun. Así se cumplía el artículo 16 de dicha Ley que prescribía que las políticas lingüísticas se acomodarían a la realidad social y cultural de cada zona y al deseo de los padres en cada caso, pero siempre poniendo por delante dicha realidad. Pues bien… no se cumple, ni nadie la hace cumplir.

Pero vayamos a la historia.

Solamente voy a poner algunos ejemplos, pues de lo contrario se alargaría en exceso este artículo:
En 1920, coincidiendo con el III Congreso de Estudios Vascos, un nacionalista, Landeta, presentó un “Proyecto de Escuela Primaria Elemental”. Reseño esta cita:

“Enseñanza en la lengua materna de los niños y el aprendizaje progresivo de la segunda lengua, método activo, formación cristiana y patriotismo, currículo vasco (historia, geografía, literatura y cultura vasca) […]”

Este mismo autor, se refería a la Escuela Vasca en los siguientes términos:
“[…] Abogo porque la enseñanza se difunda en esa escuela en la lengua materna, es decir, vasca, si vasca es la lengua de los alumnos; castellana si ésta es la lengua de los asistentes; pero sin que en ambos casos el aprendizaje del euskera o del castellano sea desterrado de ellas”

En el mismo contexto, un tal Oyarbide planteó en la prensa este problema:
“Qué ha de ser la escuela vasca? Y en aquel entonces habré de exponer mi pensamiento acerca de este particular, y recuerdo que, refiriéndome a la lengua en que debía instruirse en la escuela vasca, decía que si la lengua maternal del niño era la vasca, en euskera debía recibir su instrucción primaria y ser educado, sin que, por eso, y a su tiempo, se dejara de enseñarle la lengua castellana; así como también decía que, si la lengua maternal de un niño era la castellana, en castellano debía instruírsele y educarle; pero que la escuela vasca haría funcionar diariamente una clase de euskera, para que, poco a poco, sin prisa alguna, fuera el niño iniciándose en ella”

Y en otro apartado, afirmaba…
“Al maestro más inteligente y abnegado, pero que ignora la lengua de los niños, no le es posible disipar la atmósfera de aburrimiento y de indiferencia que le rodea y, en cambio, en cuanto se les habla su lengua maternal, parece que se despierta el espíritu de esos niños y que la clase se abre a la vida[…]”

Y sigue…
“Lo que nosotros podemos afirmar por haberlo prácticamente comprobado, es que, en general, el niño vasco que entra en la escuela de su aldea sin hablar (que es distinto que conocer) que el suyo maternal, sale de esa escuela sin haber aprendido, cual es debido, su propia lengua, y por ende sin conocer ni comprender tampoco el castellano que le hablaba el maestro, lo cual le coloca en un plano de inferioridad notoria respecto de aquellos otros niños que han sido educados e instruidos en su propia lengua[…]”

Podríamos hacer muchas citas más de próceres nacionalistas, pero para no alargarme me voy a referir a un estudio que realizó la Sociedad de Estudios Vascos en 1931, y que dirigió a las Diputaciones forales a fin de la elaboración del proyecto de Estatuto de Autonomía Vasca llevado a Estella. En aquella propuesta de dicha Sociedad que estaba animada por el entusiasmo nacionalista, se decía lo siguiente…

“Pero siempre sentado el principio fundamental de que el niño ha de adquirir los conocimientos o recibir la enseñanza en el idioma materno. Es también reconocido en dichos congresos y comprobado particularmente por maestros que han aplicado el sistema que preconizamos, que el conocimiento del idioma oficial del Estado adquirido por el niño desde su idioma natural es mucho más perfecto, más sólido, que cuando solo lo utiliza mecánicamente en el aprendizaje de asignaturas.”

Y por ello abogaba por lo siguiente:
“Deben las escuelas rurales vascas clasificarse en dos grupos:
Aquellos en donde toda la enseñanza ha de darse en idioma vasco y,
Aquellas en donde procede usar el castellano como idioma general de enseñanza.

Fundados en la realidad del problema, podemos asegurar que no existe ningún caso que justifique la existencia de un tercer grupo bilingüe.

En el grupo (a) debe constituir el estudio de la lengua castellana materia obligatoria en todos los grados y cursos.
En el grupo (b) debe constituir el estudio de la lengua vasca materia también obligatoria en todos los grados.[…]”

Como es bien conocido, aquella propuesta de Estatuto no llegó a ninguna parte pues el Gobierno Republicano lo abortó, ya que el artículo 4º de la Constitución republicana decía literalmente: “a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de una lengua regional”, y el artículo 50º estipulaba la obligatoriedad de “el estudio de la lengua castellana, y ésta se utilizará también como instrumento de enseñanza en todos los centros de instrucción primaria y secundaria de las regiones autónomas”.

Lo que va a ocurrir en Navarra lo hemos conocido bien los alaveses que tenemos edad sexagenaria. Van a seguir un ritmo, como decía Ibarretxe, a paso de buey pero constante, en el proceso de colonización y aculturación, para cambiar la cosmovisión de la sociedad navarra, empezando por las jóvenes generaciones. Para cuando se den cuenta, como en el caso de la rana que se murió sin enterarse mientras se iba cocinando, ya no habrá vuelta atrás. Bueno… más bien ese proceso ya se inició hace tiempo, con la inepcia o la estupidez de los upenes de turno, que o no se enteraban o les daba igual con tal de mojar el churro.

En fin… las cosas son como son. Otra cuestión es que se quieran cambiar. Pero en tal caso, sería exigible y razonable que se hiciera sin mediar mentiras y engaños. Y los nacionalistas son maestros en la manipulación de las realidades y en el cinismo. Pero en esto tiene gran culpa el electorado. En este caso se incumple el aserto de que “pueden engañarte una, dos, tres veces, pero no siempre”. Parece que quien escribió esta sentencia no conocía bien a los vascos.

¡Patria o muerte. Venceremos!

Crónicas de Verano. El lobby nacionalista vasco de Idaho
Pete Cenarrusa, la marioneta de Ibarretxe (5)

Claudia Martínez Toledo www.latribunadelpaisvasco.com  6 Agosto  2015

Una de las figuras clave del lobby nacionalista vasco de Idaho es el octogenario Pete T. Cenarrusa. Nacido en Carey, Idaho, el 16 de diciembre de 1917, sus padres eran dos inmigrantes vascos, José María Cenarrusabeitia y Ramona Gardoqui, que dedicaron su vida al pastoreo de ovejas.

Pete Cenarrusa realizó sus estudios universitarios en Idaho, obteniendo el graduado en 1940. Su entrada en la política se produce entonces, y lo hace a través del Partido Republicano. Como tantos hijos de inmigrantes, Cenarrusa observa con atención los problemas que afligen la tierra de origen de su familia. Sin embargo, lo hace desde posiciones abiertamente favorables a la secesión de las provincias vascas del resto de España.

En 1950, Cenarrusa logra ser elegido miembro de la Cámara de Representantes del Estado de Idaho, cargo que ocupará durante 16 años consecutivos. En mayo de 1967, el gobernador propone a Cenarrusa para Secretario de Estado, vacante tras la muerte de su anterior inquilino, Edson H. Deal. Tras ser reelegido siete veces consecutivas, Cenarrusa decide, en 2001 no presentarse una vez más. Su sucesor como Secretario de Estado de Idaho será el también republicano Ben Ysursa, considerado como su sucesor político.

Como podemos observar, Pete Cenarrusa es lo que se entiende como un político profesional. Toda su trayectoria laboral se ha desarrollado en los pasillos del Congreso de Idaho, en Boise y se circunscribe al ámbito de la política, sin realizar ninguna inmersión en la empresa o actividad privada. No se puede negar que Cenarrusa ha contado con no pocos apoyos dentro del Partido Republicano de Idaho y de los electores, mas eso no deber ser óbice para señalar que su gestión como Secretario de Estado ha sido más que discutida. Una de las acusaciones más habituales que Cenarrusa recibió fue la de su falta de atención por los problemas de Idaho y el desmesurado interés que mostraba por las actividades del nacionalismo vasco, especialmente durante sus últimos años en la política.

En diciembre de 2001 –poco antes de abandonar su cargo-, Pete Cenarrusa concedió una entrevista al diario Gara –portavoz oficial de la izquierda separatista vasca, afín a ETA- tras haber recibido el premio Sabino Arana que concede la fundación homónima dirigida por el Partido Nacionalista Vasco. En la misma, Cenarrusa explicó que sus últimas actividades como Secretario de Estado estaban encaminadas en el estudio de “cómo educar a EEUU sobre los vascos”. Desde una perspectiva eminentemente nacionalista, por descontado. Incluso, llegó a afirmar que albergaba especial interés en “educar” al propio presidente George W. Bush.

En la misma entrevista, Cenarrusa no dudó, incluso, en presentar a la organización terrorista ETA como un grupo de liberación nacional, obviando sus casi mil asesinatos. En palabras del antiguo Secretario de Estado, “ETA nace, para reivindicar el derecho a hablar en su propia lengua, el derecho a ondear la ikurriña –la bandera del Partido Nacionalista Vasco, adoptada como bandera oficial de la Comunidad Autónoma Vasca- o cualquier expresión relacionada con lo vasco. Los fundadores de ETA tenían una idea en mente, una idea que no puede considerarse mala en ningún lugar del mundo, que es impulsar la continuación de una lengua, posibilitar el aprendizaje de la misma en su país y promover la cultura y las costumbres de los vascos. Entonces no había violencia. Pero después, las actuaciones de la Guardia Civil bajo el régimen de Franco produjeron otra respuesta. Porque la violencia engendra violencia.”

En el desarrollo de la misma, el republicano Cenarrusa aprovechó para cargar contra José María Aznar –presidente de España por aquella fecha y uno de los mayores apoyos internacionales con los que contó el presidente George W. Bush- al que, junto a su gobierno, acusó de “no querer aceptar el derecho de autodeterminación, no querer una solución, la resolución del conflicto.” No es preciso añadir que estas palabras crearon un profundo malestar en el gobierno español, en los partidos políticos vascos no nacionalistas y en la propia Casa Blanca. Cenarrusa demostró con sus palabras un evidente desconocimiento de la realidad política del País Vasco. E, incluso, del propio nacionalismo vasco, pues el antiguo Secretario de Estado no dudó en cerrar su participación en esta entrevista afirmando que “es bien conocida la profunda tradición democrática del Partido Nacionalista Vasco.”

A través de su “Cenarrusa Foundation for Basque Culture”, este político profesional continúa dedicándose al proselitismo y ejercer como parte integrante y vital de un grupo de presión a favor del separatismo vasco. Su fundación recibe onerosas ayudas del gobierno autonómico vasco que ha encontrado en Cenarrusa y en el resto del lobby de Idaho, unos portavoces esenciales para promocionar sus objetivos políticos no sólo en Estados Unidos, sino también en el resto del continente americano.

Su última gran acción política en este sentido fue conseguir que, en marzo de 2002, el Estado de Idaho reconociera el derecho a los vascos a la autodeterminación. A pesar de las palabras de la Secretaria de Estado de Seguridad y colaboradora personal del presidente Bush, Condolezza Rice, y las protestas de la embajada española que consideraba la declaración como una injerencia, el texto salió adelante y fue aprobado. Sin embargo, Pete Cenarrusa no actuaba por su cuenta, sino que lo hacía bajo indicaciones emitidas por el presidente del ejecutivo autonómico, Juan José Ibarretxe. En declaraciones a una cadena de radio española, Cenarrusa no pudo ocultar que el lehendakari vasco había “impulsado y supervisado” la declaración. Quedaba demostrado que Cenarrusa era una marioneta política al servicio de los intereses del Partido Nacionalista Vasco en particular y del separatismo vascongado en general.

Europa, último bastión frente al separatismo
Pablo Planas Libertad Digital  6 Agosto  2015

Como se ha demostrado en el caso griego, Europa es una cosa bastante seria. Podrá gustar más o menos, pero su burocracia es implacable y no está para monsergas. Los eurócratas no estarán dotados de gran legitimidad ni sensibilidad social, pero sus informes, análisis y recomendaciones son órdenes tajantes. Las reglas, los tratados y, sobre todo, las condiciones de los préstamos están para cumplirse al pie de la letra pequeña. Y la hipótesis de una Cataluña independiente ha sido profusamente rechazada por la UE a través de sus portavoces y cargos más cualificados.

No hay un ápice de complicidad entre ningún dirigente europeo, ni siquiera medianejo, y el separatismo catalán. Mas es un apestado. No le contestan las cartas, no le reconocen las embajadas y no le reciben en ningún lado que merezca el nombre de despacho oficial. Mucho antes que en España, los hombres de negro y los que no van de negro también descubrieron que el presidente de la región catalana es tóxico, un antisistema con corbata, alguien que no es de fiar, un misil extraviado, un iluso y un peligro para la convivencia social, la estabilidad institucional y la recuperación económica. Un estorbo, un incordio y un embaucador de ovejas.

Todo esto se sabe en Madrid, Berlín, París, Roma y hasta en Estocolmo, pero no es tan conocido en Cataluña, donde se necesita ser un ciudadano realmente muy bien informado para estar al corriente del ridículo que hace Mas, y por ende el Gobierno de Rajoy, cuando el primero apela a Europa para desembarazarse del resto de España.

El modelo informativo catalán se basa en los argumentarios y consignas de economistas de muy dudosa reputación, gente más acostumbrada a las tertulias que a dar clases o investigar, miembros del star system endogámico de TV3 y Catalunya Ràdio. Tampoco es desdeñable la aportación del Consejo Nacional para la Transición Nacional, que es otra tertulia cuyos mejores momentos forman parte de los planes para la desconexión, más de la realidad que de España.

Entre todos ellos han acordado que los Tratados de la UE no dicen nada sobre las secesiones, que la situación geoestratégica de Cataluña es la órdiga, que el Principado es contribuyente neto y que si la república catalana quisiera estar en la UE debería ser admitida de forma casi inmediata. ¿Cómo rechazar a estas gentes tan simpáticas y laboriosas?

Pero si no les quieren, no problemo. La república catalana, dicen los panfletos, seguirá formando parte "geográficamente" del continente europeo. Igual que Albania. La república catalana también podría mantener el euro, como Andorra, que no es Europa sino el lugar donde está enterrado el tesoro de Pujol. Y en caso de que a la república catalana le interesara mandar Europa al cuerno de África, podría mantener la libre circulación de personas, bienes, mercancías y capitales con todos los países europeos, al igual que Noruega o Islandia.

Esta colección de disparates va a misa en Cataluña, es indiscutible, irrefutable e impepinable, y quienes dicen lo contrario son ninguneados, ridiculizados, señalados, objeto de toda clase de befas y mofas por los columnistas/humoristas del régimen. Pero en Europa, la Europa de la UE, no la de Syriza, el cuento no cuela. El dato es crucial porque no es improbable que la cuestión catalana acabe en el frente de Bruselas, una vez superada la Línea Maginot del PP, del PSOE o del apaño multipartidista que gobierne en España después de las próximas generales.

Cataluña ya es otra Venezuela
Jesús Royo Arpón La Voz Libre  6 Agosto  2015

Lingüista

En esto tan cansino de la independencia hay un detalle que produce sonrojo y vergüenza ajena, y es la alegre invasión del espacio público con símbolos independentistas y con todo el apoyo oficial. A mí se me hace francamente insoportable. Pero no porque yo sea contrario a la independencia, que lo soy, sino porque ellos son contrarios a las reglas de la democracia. Primero hay que ser demócrata, señores, y luego defensor de la idea de cada uno.

A los socialistas nos llenaba de vergüenza la falta de libertad de las dictaduras “socialistas” de la URSS o Cuba. Que se usara el socialismo para recortar la libertad era francamente insufrible. Ya lo vio claro Fernando de los Ríos, enviado del PSOE a la naciente URSS, año 1920, cuando al preguntarle a Lenin cuándo se iba a establecer la libertad en la Unión Soviética revolucionaria, este le contestó "¿Libertad para qué?". “Para ser libres”. dicen que le contestó Ríos. La conclusión es clara: el socialismo no es lo más importante. Es más importante la libertad. La libertad es lo que permite y ampara todas las opciones, entre ellas el socialismo. Si nos cargamos la libertad, nos estamos cargando también el socialismo. Es una variante de aquel adagio antiguo 'Amicus Plato, sed magis amica veritas' ('Soy amigo de Platón, pero más amigo de la Verdad'). Amo el socialismo, pero amo más la libertad. Echo en falta ese sentido democrático en mis colegas independentistas. Se llenan la boca de democracia, pero no les avergüenza el deplorable espectáculo de los pueblos y las calles de Cataluña. Me gustaría que algún 'indepe' se enfrentara a este abuso antidemocrático, que dijera “amo la independencia, pero amo más la democracia”.

¿De qué abuso estoy hablando? De la profusión de banderas y mensajes independentistas en el espacio público, propiciado y pagado por la Administración. El Estado, o sea Autonomías, Diputaciones y Ayuntamientos, deberían ser neutrales para amparar por igual todas las opiniones, y suelen serlo, en general. Pero en Cataluña no. Y sobre el monotema, menos. Nuestras calles están llenas de esteladas: a centenares. En una de ellas, hay 12 esteladas en una acera de 100 metros. Estamos adheridos a la 'Associació de Municipis per la Independència', y así lo proclaman cartelones a las entradas del municipio, emulando aquella nefasta “araña” (el yugo y las flechas falangistas) que jalonaba la entrada y la salida de las poblaciones en la Dictadura. Y nuestro balcón del Ayuntamiento (por cierto, incumpliendo la ley de banderas) luce un contador con los días que faltan para llegar a Ítaca y conseguir ¡por fin! la libertad soñada.

Eso se llama totalitarismo, y lo practican igual en Venezuela, en Cuba y en la antigua URSS, bajo el nombre de democracia popular, bolivariana o lo que sea. El Estado, y en su nombre la Generalitat, ha convocado las elecciones, vale, pero al mismo tiempo paga y fomenta la publicidad de uno de los bandos en liza. Eso se llama juego sucio, coacción, trampa o martingala. El 27S iremos a votar bajo las banderas y las soflamas –y las amenazas- indepes. El mismo que nos convoca para que votemos nos masajea las meninges para que “votemos bien”. Esto, creo yo, sería suficiente para anular este “plebiscito amañado”. ¿Actuará la Fiscalía, o la Junta Electoral? ¿O como suele pasar, nadie verá nada?


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