AGLI Recortes de Prensa   Jueves 13  Agosto 2015

¿Autonomías o Estado centralizado y democrático?
Manuel Muela www.vozpopuli.com 13 Agosto  2015

El Ministro de Justicia ha planteado el debate sobre la reforma constitucional en relación con el sistema autonómico sin precisar su alcance; sin embargo, el jefe del Gobierno ha declarado que ese asunto queda para la próxima legislatura y ha añadido, acertadamente, que, en ningún caso, supondría atender las aspiraciones de los nacionalistas, lo que podría interpretarse como una revisión, en sentido centralizador, del sistema autonómico. Con todas las reservas, lo afirmado por el señor Rajoy estaría abriendo un escenario de autocrítica del modelo vigente, con el propósito de enmendarlo para que España entre en una senda de racionalización de los poderes públicos. A mi juicio, eso significaría poner las instituciones al servicio de los ciudadanos y desechar las prácticas clientelares, trufadas de corrupción, que han pervertido el Estado autonómico creado por la Constitución de 1978. Si fuera así, es obligada la revisión constitucional que, hasta el momento, ha sido negada insistentemente por los grandes partidos españoles que, como es sabido, han sido los máximos beneficiarios del tinglado autonómico. De ahí mis reservas, pero, en todo caso, la apertura del debate, que algunos venimos reclamando insistentemente, es una buena noticia en éste tórrido verano.

El modelo autonómico ha desestabilizado al Estado
La apelación a la ruptura en Cataluña y la confusión reinante en el resto de las regiones autónomas acerca del papel del Estado nos recuerda, como en otras épocas de nuestra historia, las dificultades para estabilizar en España un modelo de Estado, que responda a las necesidades de una sociedad democrática contemporánea. Lo que viene sucediendo es un eslabón más en la cadena de problemas con los que se ha enfrentado el Estado en España desde que los liberales de Cádiz alumbraron la nación política y la dotaron de una Constitución, la de 1812, hace más de doscientos años. El modelo unitario y centralizado que se pretendió entonces apenas ha tenido posibilidades de realizarse en democracia, porque ésta ha sido siempre fugaz en España. Pero, visto lo visto, no debería condenarse al olvido una formulación constitucional, la del Estado centralizado, sobre todo si se considera que lo opuesto, llámese federalismo o autonomismo, ha estimulado siempre el crecimiento de los sentimientos centrífugos, que producen la desigualdad entre los españoles y el debilitamiento del poder público.

Los avatares de la historia reciente, especialmente el franquismo, han conducido a la mistificación de confundir al Estado unitario y centralizado con lo opuesto al orden abierto y democrático. Esa es, en mi opinión, la razón básica de que en las épocas democráticas haya primado la idea de cambiar la estructura del Estado, sin preocuparse demasiado de los contenidos ideológicos del mismo. Con un simplismo muy propio de nuestro carácter nos hemos dejado llevar demasiado por algunas ensoñaciones, cuya realización ha acarreado más problemas de los que perseguía resolver: el federalismo de la segunda mitad del siglo XIX y el autonomismo ensayado en el siglo XX, pueden ilustrarnos sobre cómo políticas aparentemente bien intencionadas conducen las más de las veces a la degradación del poder público y al debilitamiento de su expresión máxima, que es el Estado.

La revisión del modelo es inexcusable para garantizar la igualdad y la libertad
La crisis actual ha puesto de manifiesto que España mantiene importantes déficits sociales y educativos, que están en la base de la poca calidad de nuestra democracia, sin disponer de una sociedad civil suficientemente sólida para suplir tales carencias. Por ello, sigue necesitada de un Estado que impulse su transformación y su modernización, sin despotismo pero con energía. Eso lo consiguieron otros socios europeos que hace más de siglo y medio abrazaron los principios de la revolución burguesa, que requería Estados fuertes para vencer las inercias y las resistencias al cambio político y social, porque sin esa fortaleza solo se podía aspirar a ligeros barnices de modernización, incapaces de alterar las corrientes retardatarias que, con una u otra apariencia, han sido dueñas y señoras de la política española.

La confusión ideológica, estimulada en gran parte por el establishment, ha contribuido a consolidar la idea de que el Estado unitario fuerte es una manifestación autoritaria a la que hay que oponer un modelo distinto, basado en la idea de las parcelaciones territoriales dotadas de poder político propio y autónomo. Con ese modelo, que es el vigente, los individuos quedan en un segundo plano, con cierta indefensión ante un poder cercano, que suele carecer de la neutralidad de la distancia y de la preocupación por el interés general. Esa es en gran parte nuestra experiencia política reciente, cuya maduración arroja frutos de desigualdad para los ciudadanos y de corrupción en el ejercicio del poder público. Sobran los ejemplos y la cuestión catalana es el más sobresaliente de ellos.

Aunque trate de ocultarse, el pueblo español sí parece consciente de que el modelo no marcha. Según las encuestas, alrededor de un 30 por 100 de encuestados aboga por el Estado centralizado, dato significativo teniendo en cuenta el peso de la propaganda oficial y de las inercias institucionales. Son unos pocos más los que opinan a favor del statu quo y muchos menos los que pretenden una disgregación mayor, pero los que carecen de opinión se acercan al 15 por 100. Si ponemos todo eso en contraste con el difícil momento que vivimos parece justificado encarar un problema que tiene difícil arreglo sin cambiar el orden constitucional, tratando de sustituir el derecho a la autonomía de las regiones por formulaciones más cercanas a la descentralización administrativa que al concepto de autonomía.

Se quiera o no, y a los hechos me remito, el derecho a la autonomía deriva en acentuar la debilidad del poder público, cuando no en la deslealtad hacia el propio Estado. Frente a esa realidad incuestionable, vale la pena apelar al Estado centralizado, nutrido y sostenido con los valores de la democracia, que nada tiene que ver con el señuelo del odiado Estado centralista, que ha resultado tan útil para vender a los españoles una mercancía política muy beneficiosa para algunas clases dirigentes, pero menos para los ciudadanos y contribuyentes.

Varapalo de Moody's a Rajoy: la morosidad seguirá alta por el paro y los salarios basura
La agencia de calificación ha echado un jarro de agua fría a la euforia gubernamental sobre la mejoría del consumo. No basta para reducir los impagos mientras el paro siga tan alto y los salarios no suban
Eduardo Segovia El Confidencial 13 Agosto  2015

En el balance triunfal que hizo Rajoy antes de las vacaciones se centró en la recuperación económica: el empleo crece (un millón de puestos de trabajo entre 2014 y 2015); el PIB avanza a un ritmo trimestral anualizado del 4%; el déficit se reduce hasta sacar a España del Procedimiento de Déficit Excesivo (2,8% en 2016) y el sector exterior vuelve a superávit. Todo ello ha conseguido que la confianza del consumidor se dispare hasta su nivel más alto no ya desde antes de la crisis, sino desde 2004.

Sin embargo, esta aparente euforia no es suficiente para que los ciudadanos puedan hacer frente a sus deudas impagadas, es decir, para que se reduzca la morosidad en el crédito al consumo. Así lo asegura un informe de Moody's, según el cual lo que hace falta para que dicha morosidad vuelva a los niveles precrisis (se encuentra cerca del 12%, cuando entonces andaba por el 2%) es que baje el paro y que suban los salarios. Mientras eso no ocurra, la recuperación no llegará a las finanzas de los consumidores.

"Dos factores principales impiden que la confianza del consumidor se traduzca en una mejora del comportamiento de los préstamos", explica el informe. El primero es que "el desempleo se mantiene en niveles máximos y no bajará de forma apreciable en los próximos dos años". Así, la previsión de Moody's para la tasa de paro en España es del 22,9% en 2015, el 22% en 2016 y el 21% en 2017, es decir, un descenso muy limitado.

En este sentido, también hace referencia a los salarios estancados: "Los ingresos estancados de un segmento significativo de hogares continuarán dañando la capacidad de los consumidores para devolver sus deudas", y añade que el mercado español es especialmente sensible a estas variables (el estudio abarca todos los países periféricos del euro).

Pagamos antes la hipoteca
El segundo factor es bien conocido en nuestro país: "Si la capacidad de los consumidores para pagar sus deudas mejora, probablemente darán prioridad a devolver sus hipotecas, no los préstamos al consumo, debido a la naturaleza de deuda con recurso de las primeras" (es decir, de deuda con garantía, en este caso de la vivienda, que perderían en caso de impago).

Estos elementos hacen que no se pueda confiar en que la mejoría de la confianza del consumidor se vaya a traducir en una reducción de la morosidad. Al revés –cuando baja la confianza– esta correlación sí funciona con 12 meses de adelanto, como se puede apreciar en el gráfico adjunto (la línea verde es la confianza del consumidor y la azul es la morosidad del crédito al consumo). Así, la mayor caída de la confianza del consumidor se produjo en verano de 2012, cuando se juntaron el rescate financiero de España, la subida del IVA y la supresión de la paga extra de los funcionarios. Un año después, la morosidad se disparaba.

Cuidado: la situación actual recuerda a 2008
Por el contrario, la euforia de los consumidores registrada a finales de 2008 tras las elecciones generales, justo al comienzo de la crisis financiera y cuando ésta no había llegado al ciudadano, no se tradujo en una recuperación económica, sino en todo lo contrario: en 2009 la recesión estalló con toda su virulencia. Y ahora Moody's afirma que "observamos la misma divergencia, ya que la confianza del consumidor ha subido de forma sostenida desde el tercer trimestre de 2012, mientras los impagos se mantienen elevados", algo que achaca a la elevada tasa de desempleo.

De hecho, el analista de la agencia de calificación Antonio Tena llega incluso a dudar de la fortaleza del consumo actual en España. Aunque la contabilidad nacional muestra que el consumo de los hogares crece más rápido que el PIB (el 3,5% frente al 2,7%), recuerda que la encuesta de presupuestos familiares está mucho más en línea con el pobre comportamiento financiero de los consumidores. Según esta medida, el gasto medio de los hogares en 2014 fue un 0,2% inferior al de 2013 y se situó un 15% por debajo de los niveles previos a la crisis.

El 'Grexit' y los cuatro tableros de Schäuble
MIGUEL OTERO IGLESIAS El Mundo 13 Agosto  2015

¿Es verdad que Wolfgang Schäuble, el ministro de Finanzas alemán, quiere la salida de Grecia del euro, o simplemente ha utilizado esta amenaza como táctica negociadora para asustar a Alexis Tsipras? Para la mayoría de los analistas no hay duda. Schäuble quiere el Grexit. Prueba de ello es que lo lleva diciendo desde hace meses, e incluso se atrevió a plantearlo, por escrito, en el Eurogrupo celebrado los días 11 y 12 de julio que acordó el tercer rescate para Grecia, cuyos detalles están a punto de concretarse estos días. Esto le ha costado enormes críticas. A él y a Alemania.

De nuevo, desde el mundo anglosajón, pero también desde la izquierda europea, se dice que Alemania quiere dominar el continente, esta vez no por la fuerza, pero sí con su poder económico. Muchos alegan incluso que Schäuble ha matado la irreversibilidad del euro. Bajo esta interpretación, la jugada del Grexit le ha salido por la culata. Seguro que un europeísta como él lo último que quiere es que se rompa la zona euro y que le echen la culpa a Alemania.

Sin embargo, esta crónica de los hechos es un tanto simplista. No tiene en cuenta la complejidad de la tragedia griega. Bajo una interpretación alternativa, la estrategia del Grexit de Schäuble ha sido un éxito rotundo. En primer lugar es posible que Schäuble usase la amenaza como estrategia negociadora para asustar a los griegos. Schäuble, como jurista que es, sabe que Grecia no puede salir del euro en contra de la voluntad de su pueblo. Además, también tiene claro que para un Grexit se necesita un consenso en el Consejo, y era sabido desde el principio que Francia y Chipre se iban a oponer.

A mayores, Schäuble sabe que Angela Merkel se opone al Grexit, y por mucho que él tenga un peso enorme en el Gobierno alemán y la CDU, es difícil imaginar que forzase un Grexit sin el consentimiento de su jefa. O sea, cabe la posibilidad de que Schäuble estuviese jugando muy fuerte con los griegos a sabiendas de que la posibilidad de un Grexit era mínima. Si esto fuese así, su estrategia sería maquiavélica, pero genial.

Pero dejémonos de especulaciones y volvamos a la interpretación mayoritaria. Supongamos que Schäuble sí que cree (como dice) que Grecia estaría mejor fuera del euro. Esto iría con su carácter y su visión de una Europa unida. Desde los años 90 lleva diciendo que la mejor manera para conseguir la unión política es que un núcleo duro alrededor de Francia y Alemania avance hacia esa mayor integración. Para pertenecer a ese núcleo se necesita tener un espíritu europeísta, ser una economía competitiva, con cuentas saneadas y con una administración competente. Está claro que hoy por hoy Grecia no reúne estas condiciones.

Aun así, incluso bajo este análisis, Schäuble ha logrado una jugada maestra. Lo primero que hay que entender es que este abuelo de la política alemana y europea no juega sólo en un tablero, sino en cuatro a la vez. El primero se centra en negociar con el Gobierno griego. Aquí ha logrado lo que quería. El acuerdo técnico acordado estos días entre el Gobierno heleno y los acreedores así lo demuestra. La terapia de Grexit de Schäuble ha propiciado lo inimaginable. Ha conseguido que Tsipras haya eliminado a todos aquéllos que querían un Grexit (incluido Varoufakis), que haya aceptado las duras condiciones del tercer rescate -y el memorándum de entendimiento asociado al mismo-, y, quizá lo más importante, que por primera vez la clase política griega haya abandonado los juegos partidistas y se haya unido para salvar a la nación.

Este tercer rescate, el más duro de todos, es el que ha contado con más respaldo en el Parlamento heleno. Esto es muy significativo. Además, según varias encuestas, el 70% de los griegos quiere quedarse en el euro y un porcentaje muy similar está de acuerdo en que sus representantes voten a favor del nuevo rescate. A veces es necesario echar una buena mirada al abismo parar darse cuenta de lo que uno puede dejar atrás si se lanza a lo desconocido. Para Schäuble, la jugada está clara. Grecia tiene una tercera oportunidad para demostrar que está dispuesta a hacer las reformas que se le piden y convertirse en una economía moderna merecedora de estar en el núcleo duro del euro. Si no lo consigue, siempre estará el plan B: el Grexit.

El segundo tablero es la política interna alemana. Hace dos meses todo el mundo sabía que Grecia necesitaba un tercer rescate, pero nadie se atrevía a asegurar que iba a ser aprobado por el Bundestag. La mayoría de los alemanes están cansados de la actitud desafiante de los griegos. Piensan que les están tomando el pelo. No entienden cómo pueden tener la vergüenza de pedir más dinero (sin corbata) y, al mismo tiempo, llamarles opresores, colonialistas, e incluso terroristas. Muchos se oponen a tirar más dinero a un pozo sin fondo.

Pues bien, la actitud dura de Schäuble ha hecho que el Bundestag esté a punto de aprobar un rescate de cerca de 90.000 millones de euros. Ahí es nada. Es más, los alemanes han empezado a aceptar con una mezcla de irritación y resignación que estamos en una unión de transferencias. Saben que buena parte del dinero no volverá, pero entienden que si éste es el precio que hay que pagar para mantener a Europa unida, pues que así sea. Eso sí, si los griegos no hacen los deberes, ya no habrá un cuarto rescate.

El tercer tablero es la relación bilateral entre Alemania y Francia. Muchos han criticado a Schäuble de tensar la cuerda demasiado con su insistencia en el Grexit. Puede ser, pero también aquí Schäuble ha salido ganando. Durante años ha sufrido al ver que Francia no se tomaba la integración europea en serio. En numerosas ocasiones ha propuesto caminar hacia la unión política y la respuesta de París ha sido siempre negativa. Con la terapia de Grexit esto ha cambiado. Milagrosamente, días después del Consejo de julio, el presidente François Hollande propuso la creación de un Gobierno, con su ministro de Finanzas, y un Parlamento de la zona euro. Éstas son palabras que algunos pensaban que nunca iban a escuchar de la boca de un presidente de la Grande Nation.

Finalmente, el último tablero es el de la opinión pública europea, que hasta la tragedia griega casi no existía. Había opiniones nacionales europeizadas, pero una opinión pública como tal, no. La crisis griega ha cambiado algo el contexto. Nunca antes a habido tanta gente informándose y opinando sobre la Unión Europea. Esto es positivo. Una unión política sólo será posible si hay un demos europeo. Con su postura dura y a favor del Grexit, Schäuble ha animado todavía más el debate. Por fin la UE levanta pasiones. Para algunos la actitud dura del centro y este de Europa y los reproches vertidos desde el sur hacia Alemania significan el principio del fin del sueño europeo de la convivencia armoniosa.

Para otros, sin embargo, éste es el primer paso hacia una mayor politización del proceso de integración europea. Como es bien sabido de las democracias nacionales, la política no es un foro donde todo el mundo está de acuerdo. Todo lo contrario, está llena de disputas ideológicas, tensiones partidistas y conflictos de intereses que generan contestación. Schäuble lo sabe bien, lleva 40 años en política, y ha visto y sufrido de todo. Las críticas que ha recibido estas semanas no le afectarán. Sabe que su actitud ha dividido a Europa en un lado más conservador, que le apoya, y otro progresista, que lo odia. Pensará: acepto el papel de villano si a cambio la socialdemocracia se toma de una vez por todas en serio la integración europea. Sólo así conseguiremos la unión política.

Miguel Otero Iglesias es investigador principal del Real Instituto Elcano.

El apaño constitucional
Agapito Maestre Libertad Digital 13 Agosto  2015

Un lío monumental están montado los partidos políticos sobre la reforma constitucional. El asunto ha sido abierto por el Gobierno para responder indirectamente al independentismo catalán, pero lo han secundado inmediatamente el resto de fuerzas políticas. Tengo la sensación de que todo este cúmulo de declaraciones oscurece aún más el pobre panorama político ante el espectáculo independentista de Cataluña. Los políticos hablan del asunto de la reforma constitucional como si no existieran los tiempos políticos y, además, lo hacen de modo deliberadamente turbio. Y, encima, el PP mezcla la reforma constitucional con la financiación autonómica. Salvo los independentistas, que no quieren cambios constitucionales, sencillamente, porque quieren separarse de España, el resto de partidos políticos hablan de reforma de la Constitución sin decir de forma clara y distinta qué quieren exactamente reformar y, sobre todo, qué quieren consensuar con el resto de fuerzas políticas para llevar a cabo la reforma.

Todo es un griterío. Da miedo pensar en la carencia absoluta de un discurso sensato y articulado de los partidos sobre los títulos y artículos concretos de la Constitución que deben reformarse, pero aún provoca más pavor el silencio premeditado de los partidos acerca de si es necesario recentralizar, es decir, devolver al Gobierno de España ciertas competencias que las comunidades autónomas no son capaces de gestionar, o, por el contrario, pretenden blindar los privilegios que tienen algunas comunidades autónomas sobres otras.

El tinglado de la reforma constitucional, farsa vieja de la época de Zapatero, puesta en escena por el Gobierno de Rajoy y los partidos de la oposición es digna de una comedia satírica de Albert Boadella. Toda la palabrería en torno a la Constitución es un poco ridícula, en primer lugar, porque está planteada a destiempo: ¿cómo se llegaría a un acuerdo para la reforma constitucional antes de las elecciones generales, si es, precisamente, el presidente del Gobierno que salga elegido de esas elecciones quien deberá liderar la reforma?, ¿o es que acaso se quieren llegar a unos acuerdos bajo cuerda o de tapadillo para luego imponérselos al partido ganador?, eso, aparte de antidemocrático, sería un ajuste entre las élites políticas al margen de cualquier mecanismo de control democrático.

En fin, si no se tiene intención de reformar ya, aquí y ahora, la Constitución, mejor hubiera sido callarse. Plantear una cosa tan seria para responder, o peor, dar cierta satisfacción a los separatistas, es como arar en el mar. Absurdo. La oscuridad y ambigüedad utilizada por los dirigentes políticos a la hora de hablar sobre qué y cómo se llevaría a cabo esta reforma tampoco ayuda a la clarificación del problema que ellos han ocasionado. Por lo tanto, es menester que todos los partidos se manifiesten con extrema claridad sobre cuál es el asunto clave a reformar o, dicho de otro modo, respóndase a estas tres preguntas: 1) ¿se blindarán los privilegios de algunas comunidades autónomas sobre otras?; 2 ¿se apostará por un federalismo asimétrico que reconozca, como plantearon los socialistas catalanes en época de Maragall, más derechos políticos a Cataluña que al resto de España?; 3) ¿cuáles son los mecanismos a transformar para proteger la igualdad de todos los españoles ante la ley?

Somos de izquierdas, somos buenos y tú malo
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 13 Agosto  2015

Desengañémonos: ni ustedes ni yo vamos a cambiar este país. La política es algo en lo que muy pocos meten baza de verdad, por lo que la mayor parte de quienes nos interesamos por ella no vamos a suponer una diferencia en la administración de los asuntos públicos. El valor de nuestro voto es insignificante, de modo que a efectos prácticos cualquier interés que pongamos en informarnos y hacernos una opinión es un desperdicio del escaso tiempo del que disponemos en este mundo.

¿Por qué lo hacemos, entonces? Hay muchas razones. A mí, sin ir más lejos, me irritaba en mi juventud no tener argumentos para defender mis opiniones, que en aquel entonces no pasaban de meras intuiciones, así que me puse a leer. Pero hay una que se suele repetir, con muy distintos grados de intensidad, en buena parte de los votantes de izquierda. Es la autosatisfacción moral, la idea de que tener ciertas ideas y no otras te hace superior a los demás, a esa basura despreciable que no comparte tu opinión porque odia a los más débiles.

Parece una caricatura, y hasta cierto punto lo es. Pero no tanto. Basta con pasarse un rato por los lodazales de Twitter para darse cuenta de lo extendida que está. Por ejemplo, este miércoles el conocido tuitero Antonio Maestre escribía esta barbaridad, en la que equiparaba ser hombre con ser un asesino:

Pensemos en lo que sería vivir siempre con la posibilidad de que la persona cariñosa y sensible que tienes a tu lado se vuelva tu asesino. Eso es ser mujer.

En su defensa ante las lógicas críticas argumentaba que lo que pretende es que los hombres tengamos empatía y nos pongamos en el lugar de las mujeres; como naturalmente hace él, no el "detritus de machistas y nazis" que le critica.

Manuela Carmena es otro claro ejemplo. Ella y su partido se construyeron una realidad paralela en la que los niños malnutridos alcanzaban en Madrid cifras propias de zonas en guerra ante la indiferencia de las autoridades, que eran de derechas y por lo tanto malas por definición. Luego ha resultado que no, que no eran tantos, y que además sí había un programa para ayudarles, mejor que el que ellos proponían, según ellos mismos reconocieron. Continúan con él, pero ahora lo de Escolar lo llama "el servicio de comida a domicilio de Manuela Carmena". Lo esencial permanece: somos mejores.

La consecuencia natural de pensar que tu ideología te pone del lado de los débiles es asumir que la contraria te tiene que poner del lado de los poderosos. Así, a la gente liberal, conservadora o de derechas en general no le pueden preocupar por definición ni los pobres ni las mujeres maltratadas, o la izquierda a la que perteneces perdería el monopolio de la moralidad y tendrías que pasar a discutir sobre cosas prácticas: incentivos, consecuencias, todo eso que en general se te da tan mal. Para evitarlo se opta por ignorar, de forma más o menos inconsciente, todo aquello que podría llevarnos a pensar que, oye, quizá no sea verdad que la derecha odia a los pobres.

Naturalmente, la derecha también caricaturiza a sus rivales ideológicos, pero menos. Un estudio de 2012 pidió a conservadores y socialistas norteamericanos que respondieran a una serie de preguntas sinceramente, y luego que lo hicieran como creen que respondería un típico representante del otro lado. Los de derechas acertaron mucho más. No saben lo que pensamos porque creen sinceramente que somos mala gente. Así que no consideran que quizá sus políticas puedan ser ineficaces o incluso contraproducentes para esos objetivos que dicen defender; no importa, son simplemente una señal que nos informa a todos de lo buenos que son y lo prístinas que son sus intenciones. Y si las suyas son buenas, las de quienes se las discutimos han de ser malas.

Pero no, los liberales no odiamos a los pobres, aunque sí que queremos hacerlos desaparecer. Porque queremos que se hagan ricos. Por eso apoyamos el libre mercado, la mayor fuerza de reducción de la pobreza que ha conocido el mundo.

PÚNICOS O GIGANTESCOS “CHORIZOS” MADRILEÑOS
Antonio García Fuentes Periodista Digital 13 Agosto  2015

A la nueva “cantera, filón o coto delincuencial” surgido en la Comunidad de Madrid; le han puesto el nombre de “Púnica”; nombre que nada dice salvo que según el diccionario, se refiere a aquellos antiguos habitantes de “la república de Cartago” y que en su tiempo, fuera rival de Roma como “comerciantes y corsarios”; tampoco les va el nombre de “chorizos”, por cuanto este corresponde al delincuente insignificante que así lo califica el argot policial; y en “estos púnicos” ya hay en la trena un posible “chorizón” de un tamaño descomunal por cuanto se le ha averiguado y que ha permitido al juez “enjaularlo sin fianza”, lo que ya es un indicio “mucho más que de choricero”.

A estas alturas a mí ya no me sorprende nada; puesto que se han publicado tantos latrocinios, que lo que sorprendería al más tonto de los mortales, es el por qué no están las cárceles llenas a rebosar de “tanto chichotero o hacedor de embutidos delictivos”; de los que ya debieran haber sido juzgados unos cientos y no tenerlos en ese “limbo de presuntos” y sin que nadie responda de nada, temiéndonos que al final van a ser “santificados con el clásico digo y Diego”.

Tampoco entendemos cómo “las montañas” de dinero sustraído, malversado, robado, sobornado o “sea como sea” pero que se han llevado “hunos y hotros”; no está en su mayor parte ya recuperado y aligerando las enormes cargas con que nos han cargado un ejército de inútiles políticos, que no aptos ni para administrar un quiosco de pipas y caramelos, se les dejó administrar todo el dinero y bienes con que contaba un Estado rico como era España, cuando en 1975 desapareció el anterior régimen y se proclamó la actual monarquía española, que vino a protagonizar la posiblemente época de mayor corrupción política, que ha conocido esta España, casi siempre mal gobernada y con injusticias infinitas, de las que está llena su historia.

De la nueva “serie de estos púnicos”, alguno ha dicho y está grabado con su propia voz, que más o menos… “él hacía lo que le salía de los güevos, o que se había dedicado a la política para no hacer ni el güevo y vivir como los dioles”; o sea lo que muchos otros hicieron y hacen en ese paraíso para irresponsables, cual es el de la política en España y a la que acuden en enjambres, “como las moscas a la miel”.

“Se levanta el secreto del sumario y aparecen una nueva enciclopedia gigante, puesto que se dice son sesenta nuevos tomos judiciales, en los que se reflejan infinidad de hechos, que para los que no sabemos de leyes creemos son más que suficientes, para meter en la cárcel a toda “esta república de púnicos” y de paso embargarle todo tipo de bienes para responder a los desmanes que se les supone, según se desprende de esos resúmenes enciclopédicos y judiciales”.

En ellos aparecen (Ideal 25-07-2015 que le dedica una página, así como el resto de la prensa le dedica muchas más) hasta el asombroso hecho de que un constructor se gasta en una joyería más de siete millones de euros en nueve años; algún otro personaje de tan peculiar república delictiva, se hizo o mandó hacer una cámara acorazada, para guardar en ella, no se sabe bien qué tipos de valores de alto precio o secretos inconfesables; o sea una más de las organizaciones que a la sombra de la política actual, han manejado cientos de millones de euros y al parecer se han llevado hasta “al manso de la manada”; mientras de cara a la galería de los votantes, han aparecido como figuras destacadas o señeras, de una política que a la vista está la pudrición que tiene o se le supone.

Como siempre que ocurren “estas cosas en España”, nadie sabía nada de nada; ni superiores ni inferiores, todo secreto o ignorancia, a lo sumo “un rasgarse las vestiduras en público y un manifestar bochorno por lo que el otro o los otros hicieron”; pero aquí no dimite nadie, aunque se llevasen, todo el Museo del Prado, cimientos incluidos; seguro que no aparecería el autor de los hechos y todo se diluiría, como estamos viendo se va diluyendo todo lo que hay pendiente de juicio y sentencia.

Se sigue por el contrario, con un afán increíble por seguir en el mando y seguir rigiendo en este muladar ya tan podrido, que debiera dar verdadero asco a la mayoría de los que aún quieren seguir en él, para aprovecharse de todos los perfumes que puedan ser rentables a su panza y su bolsillo… ¿Al pueblo? ¡¡Tururuuuuúúúúúúúúúú!!.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Las desdichas de la democracia participativa
Roger Senserrich www.vozpopuli.com 13 Agosto  2015

Avon, Connecticut, es un tranquilo y apacible suburbio de la ciudad de Hartford. Es la clase de municipio que uno se imagina al hablar de Connecticut, en un acogedor valle fluvial cubierto de bosques, pequeñas granjas y casitas de madera rodeando sobrias iglesias con una esbelta torre blanca. Es un lugar próspero (la renta familiar media es de $186.000 anuales), acogedor y agradable; la clase de pueblo donde viven los ejecutivos de las aseguradoras de Hartford para huir del bullicio de la ciudad.

Como casi todos los pueblos tranquilos y apacibles de Nueva Inglaterra, Avon tiene un gobierno local extraordinariamente democrático. El municipio está gestionado por un administrador profesional (city manager), un tecnócrata que maneja el día a día de la administración, hace cumplir las ordenanzas, supervisa la policía local y se encarga de temas de personal y contratación. Este administrador es escogido según criterios profesionales por el consejo municipal, compuesto por los concejales elegidos directamente por los votantes en distritos uninominales. El City Council se encarga de vigilar al administrador y vota ordenanzas y proyectos, pero deja al manager su puesta en práctica.

El 70% del presupuesto de Avon se destina a educación, dado que la educación es competencia municipal. El consejo escolar es independiente y está organizado de forma similar, con sus miembros salidos de unas elecciones y un superintendente profesional que lleva el día a día de las escuelas en el municipio. Los presupuestos son elaborados por otro cuerpo electivo, el consejo financiero, en colaboración con los administradores y los dos consejos municipales, tras meses de reuniones abiertas a los votantes. Es una forma de gobierno abierta, limpia y profesionalizada; como tantos otras ciudades y pueblos de Connecticut, es un sitio bien gobernado, honesto y (para que negarlo) bastante aburrido la mayor parte del año.

Avon, como muchos otros municipios de Nueva Inglaterra, vota sus presupuestos en referéndum cada año. Tras meses de reuniones, negociaciones y trabajo para cuadrar las cuentas, los votantes tienen la opción de pronunciarse sobre los números presentados por el gobierno municipal, y pueden aprobar o rechazar el presupuesto. Cuando lo rechazan, los tres consejos y los administradores profesionales deben volver a sacar las hojas de cálculo, organizar plenos abiertos a la participación ciudadana, revisar las cuentas, y ofrecer otra propuesta, hasta que finalmente los votantes den el visto bueno.

Esta es una idea que suena muy bien en teoría, pero a la práctica no acaba de funcionar como uno se imaginaría. Avon tiene 18.000 habitantes, y el proceso presupuestario no es que salga en las noticias de las seis. El periódico local es el Hartford Courant, que acostumbra a estar más preocupado por la ola de homicidios en Hartford que por otra cosa estos días. La inmensa mayoría de los votantes están demasiado ocupados como para prestar atención al primorosamente abierto e inenarrablemente aburrido proceso legislativo municipal, así que tampoco es que vayan demasiado enterados sobre cuándo toca votar y sobre qué. El resultado, en Avon y en muchos otros municipios del estado, son referéndums con una participación minúscula, a menudo por debajo del 5% del censo.

Una votación así, aparte de no ser demasiado representativa, tiene efectos secundarios curiosos. Dado que hablamos de 350-400 votos en un día bueno, un puñado de votos puede bastar para cambiar el resultado. Esto abre la puerta a que un grupo de votantes motivados y con demasiado tiempo libre puedna organizarse para movilizar 100-150 personas el día del referéndum y tener poco menos que poder de veto sobre las cuentas municipales.

Eso es, precisamente, lo que ocurrió en Avon hace unos años, cuando la Avon Taxpayers Association (ATA, Asociación de Contribuyentes de Avon) empezó su particular campaña contra el gasto público. La ATA es uno de esos grupos salidos de la oleada conservadora de los años ochenta que ha tomado un nuevo impulso en estos días del tea party. Es la agrupación local de una confederación de votantes ligeramente enfurecidos que habita en muchos suburbios de clase media de Connecticut (uno de los lemas en su web: “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”), y que se dedica a participar activamente allá donde pueden, tratando de tumbar subidas de impuestos y reducir el gasto público.

Esto quiere decir que aparte de publicar libritos con la lista de salarios y pensiones de todos los empleados municipales de Avon, a la ATA le gusta meterse a hacer campaña en el referéndum presupuestario de cada año. Como consecuencia, gracias a la baja participación la ATA se las arregló en los duros años presupuestarios de la recesión para tumbar las cuentas municipales repetidamente, movilizando activistas para bloquear cualquier subida de impuestos.

Cuando digo repetidamente, no exagero. En el 2010, con el pueblo en números rojos y las escuelas a punto de despedir decenas de maestros, los presupuestos tuvieron que ser votados más de media docena de veces. Fue necesaria la creación de un grupo alternativo opuesto a la ATA, la Coalición de Ciudadanos por Avon (que acabó organizando manifestaciones pidiendo subidas de impuestos) para montar una campaña en sentido contrario y llevar otros votantes a las urnas. El presupuesto acabó siendo aprobado con un 57% de votos a favor, en un referéndum con casi un 45% de participación.

Dicho en otras palabras: aunque la democracia participativa suena como una idea fantástica, a menudo acaba por ser el gobierno de los que tienen demasiado tiempo libre, no el gobierno de los ciudadanos. Avon, igual que tantos municipios en Connecticut, tiene un proceso político que da el mismo acceso a todos los votantes en teoría, pero que acababa por darle un peso desproporcionado a los activistas anti-gasto público ya que están más organizados. Es la dictadura de la gente con demasiado tiempo libre, que acostumbran a ser los jubilados. Dada que la base del sistema fiscal municipal en Connecticut son los impuestos sobre la propiedad, que son especialmente molestos para jubilados con pensiones fijas, y el principal capítulo de gasto es la educación, algo que no acostumbra a preocupar ya demasiado a abueletes sin hijos, las crisis presupuestarias eran previsibles.

La democracia representativa tiene a menudo mala prensa. Muchos comentaristas hablan de ella como un gobierno de élites que actúan de espaldas a la población, y que sólo presta atención a los votantes una vez cada cuatro años. La realidad, sin embargo, es bastante más prosaica: la democracia representativa es también el sistema que permite a los votantes no tener que estar todo el día preocupados sobre qué narices toca votar hoy, y evitar que los cuatro chiflados supermovilizados colonicen todo el sistema político.

La participación, los referéndums, son útiles en cuestiones muy visibles y donde casi todos los votantes están prestando atención. Una votación sobre un tema polémico, o un debate nacional de alto nivel con alternativas claras mejora la calidad de una democracia. En cuestiones menos visibles, más pequeñas y zafias, sin embargo, lo que sucede es que los canales de participación acaban siendo copados por activistas profesionales, en un día bueno, y por gente que cobra por participar (lobistas, en sumo) en un día malo. El votante medio no tiene ni tiempo ni ganas de estudiarse un plan urbanístico municipal y participar en una comisión ciudadana para alterarlo. El constructor que quiere montar un casino en medio de la playa, sin embargo, puede pagarse un abogado sin problema. En un referéndum sobre el tema, el constructor tiene dinero para hacer campaña y relaciones públicas para hacerle la pelota a los medios. El votante medio ni se va a preocupar en participar.

La realidad es que aunque en el diseño de buenas políticas públicas es imprescindible consultar con la ciudadanía y organizaciones afectadas tanto como sea humanamente posible y buscar al menos un cierto consenso, es necesario ser cauteloso. Quien tiene voz en estos procesos no es necesariamente una muestra representativa del electorado, y la única forma de conseguir esa representación requiere un necesario un esfuerzo enorme por parte de la administración y políticos, no siempre viable.

España necesita una administración más abierta, y un proceso de toma decisiones que esté a la vez menos politizado pero que incluya mucha más participación ciudadana. Es una reforma necesaria, pero como todas las reformas, debemos ser conscientes de que no es una solución mágica: la democracia participativa, sin controles adicionales o un diseño institucional cuidadoso, puede acabar empeorando el proceso de toma de decisiones, no mejorándolo.

Como epílogo, en Avon, tras años de interminables batallas presupuestarias, los políticos se hartaron de que un grupo de jubilados con demasiado tiempo libre les hiciera perder el tiempo y empezaron a tomar medidas. El sistema, en agregado, no ha cambiado demasiado: sigue habiendo tres consejos, montones de debate y un referéndum presupuestario, y los votantes siguen pudiendo rechazar las cuentas municipales. El único cambio, sin embargo, es que un voto negativo sea vinculante, la participación debe superar el 9% del censo, o unos 1.000 votantes.

Dicen las malas lenguas que la ATA tiene algo menos de 500 miembros.

Las calles y sus nombres
Melchor Miralles Republica 13 Agosto  2015

Se están aplicando en el afán por abordar una renovación del callejero madrileño. Al poco de aterrizar, la gente de Podemos que rodea y controla a Manuela Carmena, se ocupó de filtrar a los medios en versión original con subtítulos que el consistorio va a dar el paseíllo a los nombres de algunas calles dedicadas a personas vinculadas con el franquismo. Los penúltimos que quieren ganar la guerra setenta y seis años después de terminada.

La lista de los nombres de las vías que quieren modificar que se filtró era amplia. Dos llamaban especialmente la atención. La de Pedro Muñoz-Seca, fusilado en Paracuellos no por su activismo, sino porque su humor no lo resistían, y la de Santiago Bernabéu, conocido mundialmente al parecer porque era simpatizante de la CEDA. Manda huevos, que diría el embajador Trillo.

Ahora insisten mucho en que uno de los nombres que más les urge modificar es el de la calle Juan Ignacio Luca de Tena, hijo de uno de los fundadores del diario ABC, y calle que alberga la sede del diario monárquico. Me cuentan, pero no me lo creo, que el empeño y la prisa son consecuencia de una portada que le molestó a la alcaldesa, en la que se le recordaba su trabajo en el decanato de los Juzgados de Madrid en relación con los desahucios. Hay mucho iletrado en los Ayuntamientos que no sabe diferenciar entre un franquista y un monárquico. Y hay mucho sectario ahora a braga quitada en el poder.

Vale que hay nombres de calles que debieran cambiarse. Diría más. Nunca debieron tenerlo. Pero de siempre han tenido los responsables municipales una tendencia a la utilización del callejero para honrar a los conmilitones, en vez de aplicar criterios democráticos, neutrales, culturales y no sectarios al nomenclátor del callejero. Estaría bien que de una vez por todas se aborde el asunto en serio, dejando al margen las ideologías y los revanchismos.

Y no es sólo Madrid. Hay lío en muchas otras ciudades. En Zaragoza anuncian que retiran al pabellón el nombre de Príncipe Felipe para homenajear a Abós, entrenador de baloncesto recientemente fallecido. Se viene haciendo mal hace tiempo. Los políticos, enfangados en corruptelas, golferías y corrupciones urbanísticas, limpiaban su conciencia y creían que también el escaparate denominando con nombres de miembros de la Casa o la Familia Real a hospitales, museos, bibliotecas, centros culturales, pabellones deportivos, centros de ancianos o cualquier otro edificio en el que colocar una placa para después dar un vino español al personal enchufado.

Si se hubieran afanado en hacer las cosas como es debido, a los hospitales debieron haberles puesto nombres de científicos o médicos que lo merecieran. A las bibliotecas, de escritores ilustres. A los pabellones, de deportistas con mérito. A los museos, de artistas o mecenas reconocidos. No es tan difícil. Sin sectarismos. Pensando en las próximas generaciones, y no en mamársela al poder o en acreditar el mando en plaza. Pero tenemos lo que tenemos.

PS: Mañana comparece el ministro de Interior, Fernández Díaz, para explicar lo inexplicable. Le ha obligado Rajoy a hacerlo. Pero no esperan nada, que ya adelantó el presidente que no iba a aclarar nada. O sea, más escándalo. Que nos diga el ministro si es verdad que Rato a quien pidió ver es a Rajoy y que Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana le endilgó el corrupto a su ministro. Y vayan preparándose, porque Rato también tiene munición, y no solo ha visto a Fernández Díaz. Ha tenido otras reuniones sabrosonas con gente de nombre del PP. Es lo que tienen la corrupción y las arenas movedizas.

La crisis desangra el sector privado, pero deja casi intacto el público
Desde 2008, han desaparecido 2 millones de asalariados privados y sólo 92.000 públicos, sufriendo más recortes de sueldo y cobrando un 30% menos.
M. Llamas Libertad Digital 13 Agosto 2015

La presunta austeridad pública ha centrado buena parte del debate político y mediático en los últimos años, pero el análisis de los datos desmonta buena parte de las soflamas difundidas al respecto. ¿Qué sector ha sufrido más durante la crisis en términos de sueldo y empleo? ¿El sector público o el privado? Las cifras oficiales que aporta el Ministerio de Hacienda zanjan el debate de forma taxativa, tumbando de paso algunos mitos muy extendidos acerca de quiénes han soportado realmente el estallido de la burbuja crediticia.

Una buena forma de aproximarse a la realidad consiste en observar la evolución que han registrado las bases del IRPF y sus distintos componentes durante la crisis, tanto en número de declarantes como en forma de sueldos, rentas declaradas o recaudación fiscal. El último informe anual de recaudación que ha publicado la Agencia Tributaria, correspondiente al ejercicio 2014, incluye éstas y otras claves importantes a tener en cuenta.

Caen las rentas del trabajo y del capital

Así, el primer dato relevante es el referido a la rentas brutas de los hogares, es decir, los ingresos anuales que han percibido los españoles en forma de sueldos, dividendos o prestaciones públicas de diversa índole antes de pagar el IRPF. La renta total de las familias se desplomó en casi 54.000 millones de euros durante la crisis, al pasar de los 596.000 millones en 2008 a menos de 469.000 en 2014, lo cual supone un descenso acumulado del 9%.

Pero, ¿dónde se concentró esta caída? Las rentas del trabajo (sueldos públicos y privados) bajaron en 29.000 millones (-5,8%), concentrando más de la mitad del descenso, mientras que las rentas del capital (derivadas del ahorro y la inversión) cayeron en otros 20.000 millones (-30,8%), representando casi la otra mitad. El resto de rentas, incluidas las de los autónomos, bajaron en unos 5.000 millones (-14,2%).

Así pues, una primera conclusión es que, si bien los ingresos de los españoles han sufrido en los últimos años, las rentas del capital han experimentado un descenso relativo mayor que las del trabajo.

Ahora bien, dentro de las rentas del trabajo, ¿qué sector ha salido más perjudicado?, ¿el público o el privado? Para obtener respuesta, es preciso analizar la evolución de los distintos tipos de declarante en el IRPF y el sueldo percibido por los mismos, puesto que ambas variables son las que determinan el volumen total de las rentas.

El empleo público sólo baja un 3,6%

Parte de los contribuyentes no están obligados a declarar por no alcanzar los ingresos mínimos que marca Hacienda, de modo que el dato clave a tener en cuenta es el de la población con rentas sujetas a IRPF. Dejando a un lado los pensionistas y los beneficiarios de prestaciones de desempleo, la estadística de Hacienda muestra que el número de asalariados (sin contar País Vasco y Navarra) cayó en 2,1 millones de personas (-14,2%) durante la crisis, pasando de 14,7 millones en 2008 a poco más de 12,6 millones en 2014, al tiempo que desaparecieron unos 47.000 autónomos y profesionales (-1,4%), hasta rondar los 3,3 millones

Sin embargo, la clave es que los asalariados del sector público se mantuvieron casi intactos durante este período, con tan sólo 92.000 trabajadores menos (-3,6%), frente a los 2 millones de empleos perdidos en el sector privado (-16,4%).

Los sueldos públicos son un 28% más altos

Asimismo, en materia de sueldos, Hacienda indica que el salario medio de los españoles bajó un 1,4% desde 2008, hasta rozar los 24.560 euros a cierre del pasado año. Sin embargo, los sueldos públicos se mantuvieron prácticamente intactos en una media 33.500 euros durante la crisis, mientras que los privados cayeron casi un 3%, colocándose por debajo de los 22.400 euros. Además, resulta reseñable observar que los sueldos públicos son de media un 28% más altos que los privados.

La suma de destrucción laboral, reducción salarial y sueldos más bajos hacen del sector privado el gran damnificado de la crisis en comparación con el sector público, el cual, prácticamente, sale indemne en términos globales.

Y la mayor prueba de ello es que, si bien el volumen total de salarios que conforma la base imponible del IRPF cayó en más de 56.000 millones de euros desde 2008 (-15,3%), su evolución es muy dispar según se trate de uno u otro sector, ya que el volumen de sueldos públicos sujetos a retención bajó tan sólo en 3.400 millones, casi un 4% menos, mientras que los privados se hundieron en unos 53.000 millones (-18,8%).

A la vista de los datos, es evidente quién ha pagado la factura de la crisis. Los empleados públicos han mantenido más o menos estable tanto su nivel de empleo como de remuneración desde el estallido de la burbuja crediticia, frente a la intensa sangría que han sufrido los trabajadores del sector privado.

La recaudación de IRPF sube por los 'sablazos'

Y lo más trágico es que, además, son esos mismos trabajadores privados los que han soportado el grueso de las históricas subidas fiscales aprobadas por PSOE y PP en materia de IRPF.

Así, la recaudación de este tributo, si bien ha descendido ligeramente en algunos ejercicios, se ha mantenido bastante constante durante estos años. De hecho, el IRPF recaudó más de 72.600 millones en 2014, unos 1.300 millones más que en 2008 (+1,8%).

Y la razón no es otra que el fuerte castigo fiscal aplicado por PSOE y PP a los contribuyentes mediante constantes y fuertes subidas del IRPF, ya que el tipo medio efectivo aplicado sobre las bases imponibles -una vez descontadas las correspondientes deducciones y bonificaciones fiscales- se ha disparado más de un 20% desde 2008, tras pasar del 10,86% hasta el 12,96% actual.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

La parte significativa
ARCADI ESPADA El Mundo 13 Agosto  2015

Las declaraciones del presidente Rajoy sobre la reforma de la Constitución han sido celebradas por el matutino La Vanguardia en su editorial de ayer. A decir verdad no sé bien lo que el diario celebra, porque tampoco sé lo que Rajoy propone. Pero eso ya es propio de la retórica del juego del teléfono en que se ha convertido el debate constitucional. El texto pertenece a la categoría de editoriales de sofá con que tantas veces nos obsequia el matutino condal. Y en consecuencia pide que Cataluña se siente cómoda. Es evidente que el periódico equivoca ligeramente el mueble que necesita Cataluña, pero eso está inscrito en su legendaria naturaleza comodona. Comodona y con ese puntito de arrogancia que cada vez resulta más patético observar en la opinión editorial de los periódicos: es digno de observación y mérito cómo el editorialista, abotargado después de su melopea conceptual, reúne las últimas fuerzas que le quedan para levantar su dedo índice y decir: "Pero queremos también prevenirle [al Gobierno] de que no es hora de timideces ni remiendos." El puntito de prosa Galinsoga nunca muere.

Como todos los editoriales de su género salonnier el editorial acaba donde debía empezar y pide en la última línea una reforma constitucional que sea aceptada por una parte significativa de los partidos catalanes. "Una parte significativa" no significa nada, y eso que no estábamos ni para timideces ni remiendos. Pero es ahí donde el editorial toca bola sin saberlo y donde se demuestra la inutilidad de una reforma constitucional vinculada a la neutralización del proyecto secesionista. (Inutilidad, por cierto, más preocupante desde que, por vez primera, los dos grandes partidos españoles parecen haber aceptado una reforma en esos términos.) Porque, en efecto, no hay posibilidad ninguna de que una reforma de la Constitución complazca a una parte significativa de los partidos catalanes. Tomando como base el parlamento recién disuelto hay tres partidos independentistas (Convergència, Esquerra y Cup) cuyo objetivo constitucional es declarar el fin de la jurisdicción española tras el 27 de septiembre. Uno más, Iniciativa, partidaria de reservar a los votantes catalanes el derecho a decidir y otro, el Psc, que desde que nació no acaba de decidirse. Es cierto que quedan otros dos, PP y C'S. Pero me cuesta ver que el matutino condal piense en ellos. Así pues, y de no haberse detenido en el momento en que sus empalagosas ficciones iban a vérselas con la amarga verdad, hubiese hecho bien el editorialista en explicar con qué partidos cómplices cuenta para la reforma constitucional.

Pero sobre todo hará bien en decirlo el Gobierno.

Los hijos de Arana y sus relaciones con los nazis
Jon Mirande, el poeta nazi premiado por el Gobierno vasco (4)
Jacobo de Andrés www.latribunadelpaisvasco.com 13 Agosto  2015

El fin de la II Guerra Mundial y la derrota sin paliativos –tanto en lo militar como en lo ideológico- del nacionalsocialismo, hizo oscilar al PNV hacia las democracias vencedoras y, muy especialmente, Estados Unidos.

El propio Lehendakari José Antonio Aguirre fue acogido en su exilio por la nación norteamericana, siendo un protegido del presidente F.D. Roosevelt. Así, el nacionalismo vasco se afanó por ocultar los contactos sostenidos con los alemanes y procuró mostrar una imagen más acorde con los ideales de democracia y libertad que, tradicionalmente, defendían y defienden Estados Unidos y sus aliados. No obstante, algunos nacionalistas vascongados no siguieron por la senda marcada por los dirigentes jeltzales y continuaron con sus pulsiones totalitarias. Uno de ellos fue el escritor vascofrancés Jon Mirande.

Nacido en París en 1925, Mirande está sorprendentemente considerado como uno de los poetas más importantes e influyentes de la literatura en euskera del siglo pasado. Su obra y pensamiento está fuertemente influenciada por Nietzsche, Spengler y el existencialismo alemán. Políticamente, Mirande nunca ocultó su oposición al cristianismo y la democracia, así como su conducta antisemita y un nacionalismo radical, siendo todo ello imbuido bajo el esotérico aura de un paganismo céltico. A lo largo de su obra literaria, Jon Mirande defiende abiertamente el nacionalsocialismo alemán, lo que le ocasiona el rechazo de la intelectualidad vasca no afín al nacionalismo aranista. No puede decirse lo mismo en cuanto a éstos últimos, pues Koldo Mitxelena propuso a Mirande como miembro número de la Euskaltzaindia, aunque esta lo rechazó unánimemente.

El poemario de Mirande fue publicado en diversas revistas francesas y recogidos en dos antologías póstumas: Orhoituz (1976) y Poemak 1950-1966 (1984). Jon Mirande se encuadra en el simbolismo francés, en la línea de poetas como Charles Baudelaire, empleando frecuentemente temáticas provocadoras, como la prostitución o el onanismo. También se introduce en la exaltación del paganismo con poemas como Eresi y Gudu abestia. El vascofrancés aportó su granito de arena publicando poemas abiertamente racistas como Belarrimotzak, en los que se denota la influencia política de Sabino Arana al emplear la terminología xenófoba creada por el Maestro.

Si bien Mirande se suicidó –tras una larga enfermedad psíquica- mediante una sobredosis por barbitúricos en diciembre de 1972, su provocador e infamante legado aún encuentra acomodo entre el nacionalismo. A pesar de su pasado y simpatías filofascistas y su abierta exaltación del racismo, Jon Mirande es, hoy, materia lectiva en las aulas de los colegios de la Comunidad Autónoma Vasca pues, el estudio de su obra, está incluido en el programa educativo confeccionado por la Consejería de Educación. No sólo eso, sino que, en 1982, el ente autonómico vasco otorgó un premio literario que tomó el nombre del poeta vascofrancés.

EN BILBAO
Radicales incendian un monumento a las víctimas del terrorismo
El ataque al monolito ha sido condenado por el PP: "es una lástima comprobar cómo aún persisten tics totalitarios por parte de unos pocos".
Gaceta.es 13 Agosto  2015

El monolito en memoria de todas las víctimas del terrorismo instalado en el principal parque de Bilbao ha sido atacado la madrugada de este miércoles por desconocidos con un artefacto incendiario que lo ha ennegrecido parcialmente.

El Ayuntamiento bilbaíno ha explicado que los servicios de limpieza municipales han hallado junto al monolito restos de un "dispositivo incendiario" y que el monumento, ubicado en el parque de Doña Casilda, luce ya con "normalidad".

El alcalde de la capital vizcaína, Juan María Aburto (PNV), ha condenado "firmemente" el "sabotaje" y, tras expresar su rechazo a este tipo de "comportamientos incívicos", ha destacado que "en Bilbao sobran las personas intolerantes y aquellas que no guardan el debido respeto a las víctimas de cualquier tipo de violencia".

El ataque al monolito ha sido dado a conocer y condenado esta mañana por el PP, cuyo secretario general en Bizkaia, Javier Ruiz, ha dicho que "es una lástima comprobar cómo hoy en día aún persisten tics totalitarios por parte de unos pocos, de los que hemos sido testigos también en fiestas de Vitoria con la aparición de la pancarta con el anagrama de ETA".


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