AGLI Recortes de Prensa   Sábado 15  Agosto 2015

La trágica realidad de Syriza
EDITORIAL Libertad Digital 15 Agosto  2015

Tras casi ocho meses de parálisis política y económica, el Parlamento de Grecia acaba de aprobar el tercer programa de rescate internacional, cuya aceptación implica el cumplimiento de estrictas condiciones económicas y fiscales a lo largo de los próximos años. Syriza, la izquierda radical griega en la que se refleja Podemos, llegó al poder el pasado enero blandiendo un discurso cargado de demagogia política, utopía comunista y un deleznable populismo antieuropeo que, entre otras muchas soflamas, prometía sacar a los griegos de su profunda crisis y abandonar las impopulares medidas de austeridad y reformas que, como es lógico, implica todo rescate.

Hoy, el discurso de Alexis Tsipras no sólo es humo, sino que se ha convertido en una auténtica pesadilla para los griegos. En primer lugar, cabe destacar el rotundo fracaso político que ha cosechado el primer ministro griego. Así, lejos de abandonar los rescates y lograr una nueva quita sobre la deuda, la triste realidad es que Atenas acaba de firmar su tercer programa de ayuda, con una cuantía próxima a 90.000 millones de euros y una duración de, al menos, tres años, cuyas condiciones son, si cabe, mucho más duras que los planes anteriores. Tsipras ha cruzado todas y cada una de las líneas rojas a las que se había comprometido con sus electores, ya que el Gobierno griego tendrá que aplicar drásticos recortes de gasto, reducir las pensiones, subir los impuestos, liberalizar su economía y vender activos públicos, cediendo así, una vez más, su soberanía económica y presupuestaria a la troika. Si Syriza no quería rescate, acaba de obtener dos tazas.

Lo trágico, sin embargo, es que la desastrosa y fallida estrategia liderada por Tsipras se ha traducido en una brutal caída de la economía helena, justo en el momento en el que los griegos empezaban a levantar cabeza. Según las últimas previsiones elaboradas por las autoridades comunitarias, el PIB de Grecia se contraerá, como mínimo, un 2,3% este año y otro 1,3% el próximo, frente al crecimiento del 3% que avanzaban los analistas antes de la llegada de Syriza al poder. Así pues, la tasa de paro, la más alta de toda Europa, volverá a subir, mientras que el déficit y la deuda crecerán nuevamente con fuerza. Pese a ello, lo peor de todo es que, bajo el mandato de la izquierda radical, la desconfianza de los griegos ha regresado a máximos históricos, tras un traumático corralito cuyos negativos efectos son aún imprevisibles.

Tsipras ha estado a punto de provocar la salida del euro de Grecia, con el consiguiente caos económico y social que ello supondría, y, aunque por el momento se ha evitado el peor de los escenarios, aún es pronto para descartar por completo ese fatídico final. La aprobación del tercer rescate ha intensificado el cisma interno que existe en Syriza, hasta el punto de poner en riesgo la estabilidad parlamentaria del actual Gobierno. Como consecuencia, Tsipras se someterá a una crucial moción de confianza a finales de agosto, de cuyo resultado dependerá no sólo su continuidad en el cargo, sino la celebración o no de unas nuevas elecciones generales antes de que acabe el año. Este nuevo contexto de inestabilidad política agrava aún más la crítica situación de crisis e incertidumbre que sufre el pueblo griego. Las promesas utópicas de la izquierda radical pueden cautivar ingenuamente a muchos votantes, tal y como ha sucedido en Grecia y en otros mucho países anteriormente, pero el resultado de sus políticas siempre es idéntico: pobreza, miseria y caos a nivel económico, político y social.

El fénix español
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 15 Agosto  2015

Ahora que se empieza a llamar a Mario Vargas Llosa “el novio de la Preysler” y habiendo oído decir a alguna periodista del corazón (Pilar Eyre, creo) que la celebrity filipina –famosa por ser famosa, como Kim Kardashian– es tan magnánima como para compartir la popularidad con sus amores, cosa que al parecer no duda en hacer con el escritor –Premio Nobel de Literatura, el autor vivo con más prestigio del Boom Hispanoamericano y con un corpus traducido a 30 idiomas– he querido recordar quién es Mario Vargas Llosa, que en 2010 recibió el galardón literario más importante del mundo.

La politización de la cultura occidental
En España nos quejamos de la politización de la cultura, pero el retraso con que concedieron el Nobel a Vargas Llosa ?habiéndoselo dado en 1982 a su némesis Gabriel García Márquez? demuestra hasta qué punto en la mentalidad occidental es importante el revés de la trama. Quienes nos deslumbramos por primera vez con La ciudad y los perros ya habíamos perdido la esperanza, pues tuvieron que pasar tres largas décadas para que los miembros de la Academia sueca, asiduos a los escritores cuyo compromiso político consideran meritorio, se decidieran a premiar el itinerario creativo y cívico de Vargas Llosa. El autor llevaba décadas escribiendo libros de la talla de Conversación en La Catedral y La guerra del fin del mundo, pero también denunciando públicamente las dictaduras de cualquier signo, el terrorismo, la violencia, el autoritarismo, el nacionalismo, el servilismo y las violaciones de los derechos humanos.

Temprana huida del nacionalismo
Todo esto le hizo abandonar un Perú que a principios de los noventa intentaría salvar como candidato a la presidencia, sin que la mayoría de la población peruana lograra comprender sus intenciones. La inquietud ya lo había llevado en 1958 a una Barcelona que le cautivó y donde trató a los brillantes catalanes de entonces, entre los que estaba su agente literaria Carmen Balcells. Huyó de la ciudad en los setenta, adelantándose a tantos otros, porque la deriva nacionalista le parecía provinciana. Tras vivir en París durante años el escritor se instaló en Madrid, ciudad que hoy día alterna con Londres y Nueva York.

España ante el Nobel
En su país de adopción, esa España a la que Vargas Llosa dice agradecer que le salvara de “ser un paria”, las reacciones ante el Nobel fueron variadas. Mientras la escritora Rosa Regàs ponía el dedo en la llaga al nombrar la envidia española que tanto asombra a los extranjeros, los políticos del PP recalcaban el compromiso político presente en la mayoría de sus obras y los del PSOE elogiaban la calidad de su prosa (no en vano está publicado en la editorial Alfaguara, entonces todavía en manos del Grupo Prisa). El actor Willy Toledo le llamaba “derechista peligroso” y el director estadounidense Oliver Stone aprovechaba para avivar la promoción española de su película Wall Street: El dinero nunca duerme con un “¿A quién le importa lo que escriba Vargas?”

Reconocimiento del español
¿Y qué dijo el propio Vargas Llosa? Con la naturalidad que le define, confesaba estar tan atónito como todos. Pero su amplitud de miras quedó de manifiesto cuando en la primera declaración pública definió el premio como un reconocimiento del español “que hablamos cientos de millones de personas en el mundo, procedentes de tradiciones y lugares distintos, unidos por un idioma dinámico, creativo y lleno de energía”. En abril de este año reiteraba esta misma idea en el ‘Foro Internacional del Español 2.0’ celebrado en Madrid, añadiendo que “la difusión del idioma es un fenómeno que surge de manera espontánea, pasando por la prueba de su propia existencia”.

La paradoja española
En esa España cuyo idioma Vargas Llosa ama, un buen número de políticos hablan públicamente en idiomas autonómicos subtitulados. Miles de ciudadanos de esa España que ama Vargas Llosa no se atreven a hablar español por la calle, por miedo a las amenazas nacionalistas. Miles de empresarios han tenido que retirar de sus comercios los carteles en español, por coacciones separatistas del mismo tipo. Miles de padres saben que sus hijos solo hablan en casa ese español en el que escribe el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Y al que el escritor se refiere con el mismo nombre que emplean todos los hispanohablantes y todos los habitantes del mundo: español, Spanish, espagnol, Spanisch, spagnolo, Spaans, espanhol. Mientras tanto, en España los hay que se niegan o no se atreven a hablarlo. Porque el español es un gran idioma secuestrado en su propio país, un idioma superviviente que se propaga imparable por el mundo y al que podríamos llamar el fénix de los idiomas.

Andrés Herzog explica que no quiere "dispersar el voto" constitucionalista
La verdadera razón por la que UPyD renuncia a presentarse a las catalanas
Periodista Digital 15 Agosto  2015

Unión Progreso y Democracia (UPyD) ha decidido no presentarse a las elecciones catalanas del próximo 27 de septiembre y, a falta de listas propias, pedirá el voto para los partidos constitucionalistas que "inequívocamente defiendan la unión de España y el respeto a nuestro ordenamiento jurídico".

La razón que esgrime es que no quiere "dispersar el voto" constitucionalista.

En un comunicado dado a conocer este 14 de agosto de 2015, UPyD avisa de que, aunque ahora no presente candidaturas, no va a renunciar a hacer política en Cataluña (Ciudadanos insta a PSC y PP a a que le apoyen y formar Gobierno en Cataluña tras el 27-S).

En las elecciones de 2012, con Ramón de Veciana de cabeza de cartel, UPyD cosechó menos de 15.000 votos frente a las casi 275.000 papeletas y nueve escaños que logró Ciudadanos, entonces con Albert Rivera como candidato a la Generalitat.

El partido magenta recuerda que en su día ofreció un pacto a los restantes partidos constitucionalistas con presencia en Cataluña a fin de presentarse con un programa común y defender juntos la Ley y la democracia frente al desafío secesionista. Aquella oferta, señalan, no ha hallado respuesta.

"Desgraciadamente, no hemos encontrado voluntad por parte de los partidos nacionales que creen en la Constitución en articular una respuesta conjunta frente a dicho desafío".

En ese contexto, la nueva dirección de UPyD que ahora encabeza Andrés Herzog ha decidido no presentar listas el 27S "en aras de no dispersar el voto".

SUS VOTOS, PARA QUIEN DEFIENDA LA UNIDAD Y LA LEY
Eso sí, UPyD apelará a "la participación masiva de todos aquellos ciudadanos que no quieran que se levanten muros en Cataluña" y que pedirán el voto "para las fuerzas que inequívocamente defiendan la unión de España y el respeto al ordenamiento jurídico".

En todo caso, el partido magenta indica que la decisión de no concurrir a las próximas elecciones autonómicas catalanas no significa que renuncien a hacer política en Cataluña y por esa razón seguirá apelando a la necesidad de unión por parte de los partidos constitucionalistas en Cataluña.

"El desafío independentista requiere, por encima de cálculos electorales o intereses partidistas, generosidad y altura de miras de los partidos que creemos en el pluralismo y la convivencia -aseguran-. Cataluña necesita un Gobierno que se centre en los problemas de los catalanes y no en delirios identitarios".

Además, prometen seguir trabajando "en Cataluña y en el resto de España" por un proyecto para las elecciones generales que sirva de instrumento para acometer "una reforma constitucional que garantice la igualdad real de todos los españoles, sin derechos 'históricos', estatus especiales ni privilegios de unas Comunidades frente a otras".

Maoísmo
miquel porta perales ABC Cataluña 15 Agosto  2015

Hay algo de maoísmo de baja intensidad –con los matices que quieran- en el llamado “proceso de transición nacional de Cataluña”. Sí, maoísmo. En primer lugar, conviene señalar qué podemos entender por maoísmo para, después, aplicar la caracterización al caso catalán. En pocas palabras: el maoísmo implica lucha contra el imperialismo, democracia de masas, exaltación de la nobleza campesina, insurrección, construcción de un frente unido, revolución cultural, afirmación nacional como vía hacia la construcción de una nueva sociedad. La teoría y la práctica del maoísmo traducida al caso catalán: la España expoliadora de la cual hay que liberarse, el “derecho a decidir” como expresión de la democracia verdadera, el nacionalista sincero de comarcas frente al escéptico ciudadano metropolitano a quien hay que convencer –ahí está Súmate, remedo del comité popular chino- de las bondades del “proceso”, la deslealtad constitucional del nacionalismo catalán, la lista única como materialización del frentismo nacionalista, una revolución ideológica que active los mecanismos y resortes emocionales del entramado nacionalista, la ficción de una Cataluña independiente que –por real decreto soberanista- estaría limpia de polvo y paja.

En la República Popular China -después de la desaparición de Mao-, se abrió un proceso de reflexión y valoración de lo que supuso el maoísmo. Resumo: el maoísmo o una modalidad de fanatismo que no toleró la disidencia y causó estragos de difícil reparación. Más: “culto a la personalidad”, “errores de valoración”, “abuso de poder” y “desviación”. Posteriormente, la República Popular China abrió un proceso de “reforma y apertura”. En los próximos meses o años –tras el correspondiente ejercicio de catarsis y reflexión sobre lo que fue y representó el “proceso”- veremos en qué queda la analogía estructural formulada entre el soberanismo catalán y el maoísmo. Concluyo –como no podía ser de otra manera- citando a Mao: “habrá que aprender de los errores”.


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Se cierra la pinza

Eduardo Goligorsky Libertad Digital 15 Agosto  2015

Confieso que me equivoqué. Pero puedo alegar en mi defensa que la rapidez con que se pudre el proceso secesionista impide prever las alteraciones que se producen en los tejemanejes de las fuerzas fingidamente aliadas y en el reparto de las puñaladas traperas que estas intercambian. El observador que aborda el intríngulis del 27-S como si fuera una campaña cívica ceñida a la normalidad institucional está condenado a meter la pata. Debe pertrecharse, previamente, para explorar un mundo tenebroso donde están proscriptas las leyes que rigen en las sociedades democráticas.

Apetito carnívoro
En mi artículo "La peronización del proceso" (LD, 10/7) atribuí a Artur Mas la astucia necesaria para imitar las maniobras taimadas con que Perón se desembarazaba preventivamente de sus posibles competidores dentro del movimiento, incluidos aquellos que más habían contribuido a encumbrarlo y lo habían rescatado de trances que podrían haber truncado definitivamente su carrera hacia el poder absoluto. Lo escribí cuando todo parecía indicar que "la lista del presidente" sería la nave elegida para encabezar la cruzada marina hacia la ficticia Ítaca. Pero omití considerar la magnitud del apetito carnívoro de los tiburones que lo acompañaban en la accidentada travesía. Para ellos, el burgués políglota egresado de una escuela para privilegiados sólo podía ser un cachalote pintoresco pero jamás un escualo de pura raza.

Una mirada retrospectiva me habría ahorrado la torpeza de tragar ese cebo ensartado para pescar seguidores crédulos en las concentraciones de masas. Al fin y al cabo, el pretendiente cargaba con el estigma de ser el heredero oficial del nunca honorable proscripto; había sido la dócil marioneta de un tosco titiritero que se hacía pasar por jefe de la oposición; había obrado el milagro de perder votos a espuertas en cada elección que él mismo había convocado innecesariamente; había exacerbado el odio cainita contra los conciudadanos españoles; había envenenado el tradicional clima de convivencia de la sociedad catalana; y había fragmentado su propio partido. Sólo un enemigo infiltrado podía haberlo propuesto como cabeza de lista. Aunque el comunista impenitente que ahora ocupa ese lugar es mucho más peligroso para la sociedad abierta que el pelele desplazado. El secesionismo consolida su matriz totalitaria.

También debería haber recordado, para no dejarme engatusar, un episodio estrafalario que cité muchas veces. Cuando La Vanguardia le pidió a Mas, como a otros políticos catalanes, que se fotografiara durante los Carnavales con el disfraz que mejor reflejara su personalidad, el resultado fue un ensoberbecido y estrambótico Sant Jordi, enfundado en una cota de malla de 25 kilos, lanza en ristre, pisoteando un ridículo híbrido de lagartija y dragón de utilería (LV, suplemento Vivir, 25/2/2001).Y aquello no fue un desliz de novato. Muchos años más tarde, Francesc de Carreras descalificó a aquel Sant Jordi de pacotilla con un diagnóstico alarmante que hoy conserva toda su validez, ratificado por el desarrollo de los acontecimientos (LV, 12/10/2012):

Nos encontramos ante un tipo de personaje, muy estudiado por los psicólogos, que me causa un especial pavor: estamos ante un iluminado, una persona que ha escogido ser el instrumento de un misterioso destino que está decidido a asumir pase lo que pase, tanto a él como a su país (…) ¡Dios mío! ¿En manos de quién estamos? (…) Tenso el mentón, la mirada en el horizonte, aires de jefe de Estado. Este es el Artur Mas de las últimas semanas. Me da miedo.

Vicios compartidos
Rectifico, pues. Artur Mas no es otro Perón, aunque comparte con él algunos vicios: la táctica de intoxicar a las masas con soflamas contra enemigos imaginarios internos y externos, la ambición desmedida de poder y el empleo de métodos torticeros para conquistar ese poder con un soberano desprecio por el imperio de la ley. Precisamente, el otrora lúcido humanista liberal Josep Ramoneda arremete explícitamente, sin una pizca de pudor, contra el imperio de la ley, en su prolijo manual de instrucciones para el golpe de Estado secesionista ("El día después", El País, 18/7):

Vuelve una expresión que tiene una sonoridad que, en este país, todavía pone los pelos de punta: el imperio de la ley. Cada vez que alguien apela a la soberanía popular para promover reformas que afecten al reparto de poder, se nos recuerda que toda soberanía ha de ser limitada y sometida al control externo de autoridades encargadas de hacer cumplir la ley.

Los gurús del peronismo o de cualquier otro totalitarismo populista no podrían haberlo expresado con más cinismo: el imperio de la ley les pone los pelos de punta.

Pero la diferencia entre Artur Mas y Perón sigue en pie: el caudillo argentino jamás habría permitido que le crezcan los enanos del circo como le han crecido a su émulo catalán. Enanos transformados en tiburones.

La pinza se ha cerrado sobre Artur Mas y su descalabrado y embargado equipo. El burgués que pretendía embaucar a los de su clase prometiéndoles quiméricas clonaciones con Dinamarca y Holanda, se ha rendido a una panda de descamisados antisistema que, si vivieran en cualquiera de esos dos reinos ejemplares, descolgarían insolentemente los retratos de sus monarcas para sustituirlos, como en Cádiz, por el de algún ácrata decimonónico, o por los de sátrapas depredadores de repúblicas fallidas como Venezuela o Argentina. Las hordas totalitarias aborrecen a repúblicas como Estados Unidos, Alemania y Francia, que marcan el rumbo al mundo civilizado.

Los comunistas y esquerranos que copan la lista Junts pel Sí ya no ocultan los lazos que los unen a los comunistas y podemitas que integran Catalunya Sí que es Pot, y viceversa. Lluís Rabell, vástago del PORE trotskista y cabeza de lista de Catalunya Sí que es Pot, que luce en su pedigrí el haber votado sí-sí en el referéndum fraudulento del 9-N, tomó la iniciativa (LV, 9/8):

Tendió la mano "desde ahora mismo" a ERC y la CUP para propiciar una "mayoría que haga bascular el Parlament hacia la izquierda y abra un nuevo horizonte de justicia social, pero también hacia un proceso de autodeterminación".

Más claro, imposible. Mientras tanto, Raül Romeva repasa en los textos clásicos del leninismo cuál es la táctica para alcanzar el poder con un burgués como mascarón de proa, para descartarlo finalmente como un kleenex usado. Lenin se desprendió así de Alexader Kerenski en Rusia, Klement Gottwald de Edvard Benes y del misteriosamente suicidado Jan Masaryk en Checoslovaquia, y Fidel Castro de Manuel Urrutia y del también suicidado Osvaldo Dorticós en Cuba. Catalunya Sí que es pot, la CUP y otros revolucionarios de andar por casa piden la cabeza del burgués relegado al cuarto lugar de la lista y no será la vanguardia del proletariado la que se resista a entregarla.

Olla podrida
Josep Duran Lleida, que conoce a fondo los ingredientes de esta olla podrida por haber sido uno de los cocineros, descargó todo el rencor acumulado como consecuencia de su humillación y profetizó (LV, 8/8):

"Los ciudadanos que den su respaldo a la lista Junts pel Sí apostarán mucho más por un gobierno de izquierdas que por la independencia", advierte después de la invitación realizada esta misma semana por ERC a la CUP y a Catalunya Sí que es Pot a tener un papel activo en el Govern que se formará tras el 27-S si Junts pel Sí obtiene la mayoría. "Alguien se quedará con un palmo de narices cuando vea que lo que ha hecho es contribuir a que haya el mismo color político a los dos lados de la plaza Sant Jaume".

Sí, es bueno recordar que la alcaldéspota de Barcelona, Ada Colau, también tiene reservado un papel en este desbarajuste.

La composición del bloque minoritario secesionista que se constituirá en el Parlament a partir del 27-S obliga a evocar la imagen de la olla podrida. De entrada, los diputados convergentes serán puestos en cuarentena por sus colegas de izquierda, que los tratarán como apestados. Sobre ellos recaerá la sombra del clan Pujol, más la del Palau y otros chanchullos. A su vez, los izquierdistas se especializan, desde sus tempranos orígenes en el siglo XIX, en formar pequeñas sectas que se disputan la ortodoxia y se dividen en facciones irreconciliables. La historia rocambolesca del caduco PSUC y sus ramificaciones, así como los reproches recíprocos por los pactos tripartitos y de gobernabilidad que corrompieron recientemente a las variopintas izquierdas, les darán pretextos de sobra para tirarse los trastos a la cabeza entre ellas.

Si el nuevo Parlament pariera una república, esta nacería plagada de pústulas anárquicas, con fecha de caducidad próxima. Tranquiliza pensar que existe en la sociedad catalana una reserva mayoritaria de racionalidad y sensatez que neutralizará el proceso disolvente. Exhorta Francesc de Carreras (El País, 5/8):

Son elecciones autonómicas, no plebiscitarias, un oxímoron imposible. Pero los contrarios a la independencia deben ser conscientes de que no son unas elecciones cualquiera, que su resultado será interpretado en clave de plebiscito y que se juegan mucho. Para ello hay que ir a votar: para dejar claro cuál es la mayoría y cuál la minoría. Abstenerse sería el mayor error.

Ir a votar. Sin caer en los sectarismos crónicos que afortunadamente desquician a la izquierda y a los secesionistas. Votar a Xavier García Albiol o a Inés Arrimadas, según las convicciones de cada cual. Y acoger con benevolencia a los socialistas y democristianos que renieguen de pasadas compañías malsanas. La suma de sus escaños levantará el cordón sanitario contra el caos que fermenta en la olla podrida.

La Cataluña cañí
Francesc Moreno Cronica Global 15 Agosto  2015

El movimiento nacional, en su intento de perpetuarse en el poder, ha entrado en una pendiente de degradación que parece no tenir fin. No tiene suficiente con convertir los medios públicos en un NoDo permenente. Ni con la utilización partidista de las insitituciones públicas sin el menor recato. Ni con la utilización sectaria del 11 de septiembre. Ahora pretende presentarse como un movimiento apartidista y cuasi apolítico, y para ello no duda en utilizar a folclóricas, cantantes y cineastas oficiales del régimen, deportistas, famosillos y apesebredos de toda índole para reforzar el flanco populista de su oferta.

Tenemos a las chicas de la sección femenina, a la monja con gorrita de Ferrari jugando al tenis, a la tertuliana de tele-basura, a payasetes enriquecidos al socaire del poder político, a entrenadores de fútbol, en definitiva, a todo aquel que por devoción o por interés se presta a la charlotada. Triste, muy triste, sobre todo para los que ya tuvimos que sufrir la España cañí.

Dicen que quieren construir un país nuevo. Si lo consiguiesen, ya se vislumbra cómo sería ese país. Si ahora actuan así sin tener todo el poder, si llegan a tenerlo, utilizarán los problemas que ellos habrán creado para, amparados en el discurso del enemigo exterior e interior, convertir Cataluña en una versión propia de república bananera.

Algún independentista me dice que esto ya se arreglará cuando Cataluña sea independiente. Pero lo de que el fin justifica los medios ya sabemos que además de inmoral acaba convirtiendo los medios en el fin en sí mismo. Y si a alguien de buena fe no le gusta, ya le purgarán. Terrible.

Pero lo más terrible es que la reacción en Cataluña, aunque crece cada día, es todavía muy débil. Sólo hace falta ver que los más combativos con la deriva populista y las falsas promesas de que la independencia nos llevaría a un paraíso en la tierra estén siendo los de Unió. Con todo, mantengo la esperanza de que el virus todavía no haya contaminado a la mayoría de catalanes.


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