AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 19 Agosto 2015

Asalto y muerte al Estado de derecho
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com 19 Agosto  2015

El principal problema que España tiene no es la crisis económica ni el paro. Esos son la consecuencia, no la causa de la disolución del Estado de bienestar.

El problema raíz es la demolición del Estado de derecho, la falta de respeto a las reglas de juego, para que la convivencia entre españoles funcione, que es el respeto a la ley y la subordinación de ésta al interés general. Sin eso, el caos, la desvertebración política y social, y la anomia están servidos.

Cuando escribo estas líneas se reúnen los consejeros de educación de las comunidades autónomas con el Ministro de Educación. Doce de ellos ya han anunciado que no van a permitir la aplicación de la LOMCE en sus respectivas comunidades.

Hay que recordar que la LOMCE, como todas las leyes ordenadoras de la educación en España, es una ley orgánica, y por tanto forma parte del entramado básico legislativo en el Estado español, y es de obligado cumplimiento. Esta rebelión contra la LOMCE no es de recibo por muchas discrepancias que se puedan tener con la ley, las cuales tienen que ver, esencialmente, con la idiosincrasia feudal que se ha instalado en España.

Mi tesis doctoral versaba sobre las resistencias a la formación del Estado liberal, del Estado nacional, sobre la base del tronco común educativo, de la configuración de un sistema educativo nacional como columna vertebral de un Estado nacional moderno durante el siglo XIX, al igual que los que se formaron a partir de las revoluciones liberales en Inglaterra, y en Francia en el siglo XVIII, que superaron el Antiguo Régimen con los ideales de la Ilustración francesa como referencia. No sé si la expulsión de los franceses en España fue buena o no, lo que sí sé es que ello posibilitó la coronación del felón Fernando VII que nos dejó una herencia de atraso económico, político y social, y los pilares para la instalación de estructuras políticas e ideológicas que impidieron el salto a la modernidad y la superación de las resistencias feudales para la construcción de un sistema unitario democrático; en definitiva de un corpus que diera lugar a un Estado como forma de vertebración del liberalismo; como expresión democrática de organización política. Fruto de aquella vuelta al pasado fue el carlismo con dos (algunos historiadores dicen que tres) guerras que debilitaron a España y posibilitaron la descomposición de las esferas de ultramar y el peso internacional de nuestro país, con la caída en picado de nuestra influencia en el mundo y la destrucción de las bases de la riqueza. En ello tuvo un peso esencial la ausencia de un verdadero sistema nacional de educación, y así seguimos, si bien no solamente no corregimos el entuerto sino que vamos en dirección contraria a la superación de ese lastre histórico, a pesar de que todos los indicadores objetivos nos dicen que tenemos unos resultados educativos penosos que nos ponen a la cola de la OCDE.

Curiosamente, quienes deberían –por lo que es el imaginario colectivo- ser los baluartes de esa configuración moderna basada en un sistema educativo fuerte, unitario y vertebrador, son los que más trabas ponen a los consensos básicos para lograrlo, es decir, los socialistas y con ellos toda la izquierda que va en sentido contrario al legado transmitido por, a modo de ejemplo, la Institución Libre de la Enseñanza y sus expresiones más paradigmáticas. Por no decir los nacionalismos periféricos que, como todo el mundo sabe, persiguen la destrucción del Estado español y la disolución mediante mitos y mentiras históricas de 500 años de historia desde la constitución por los Reyes Católicos de la España al modo renacentista.

La izquierda, ayudada de forma muy efectiva por los nacionalistas, persiste en los principales errores educativos de la legislación que ha permanecido en sus rasgos esenciales durante estos más de treinta años últimos. Estos errores son, en lo esencial, los siguientes:

No considerar como meta educativa el lograr individuos maduros, capaces de llevar adelante su propia vida y la de su familia, es decir adaptados a las duras condiciones de una sociedad muy competitiva y globalizada. En definitiva. Lo que se decía hasta hace no mucho y se ha olvidado, es que la escuela está para que las personas sean capaces de adaptarse a la vida tal como es, y fortalecerles para que no se derrumben al primer soplo de aire. Eso supone personas autoafirmadas, con una identidad fuerte lograda a base del sacrificio y el esfuerzo, con un sistema de valores bien afianzado, y con capacidad para proponerse retos de superación personal. Lo políticamente correcto va en dirección contraria a esta finalidad.

Entre los aspectos más importantes de la educación está el desarrollo del lenguaje y del pensamiento que tiene su fuente en él. Lejos de centrar los esfuerzos en aquellas lenguas comunes e imperantes en el mundo, como es la mayoritaria entre los españoles –el español- y el inglés, perdemos las energías en inmersiones lingüísticas localistas que hacen retrasar los rendimientos de aprendizaje, lo que obliga a su vez a una bajada escalonada de los niveles y egresos educativos para justificar el objetivo de generalizar las lenguas regionales entre los escolares. Es decir, la vuelta a la Edad Media. El objetivo ya se sabe cual es: la construcción nacionalista. Una consecuencia es que los alumnos no tienen una lectura comprensiva y son incapaces de asimilar textos que tengan cierta complejidad y unos registros cultos.

El desprecio a la formación y selección de un profesorado cribado con criterios de excelencia. Hoy todo el mundo admite que la base de que en Finlandia, Singapur, Corea del Sur o Taiwan la educación esté en cabeza de los sistemas educativos es el profesorado, seleccionado con mucho cuidado y muy formado, y también muy acreditado ante su propia sociedad que respalda y colabora con dicho profesorado.

El no valorar que la llamada “nueva pedagogía” ha fracasado. Las teorías de Rousseau y sus seguidores de la llamada “Escuela nueva”, se han mostrado ineficaces para el mundo en el que vivimos. El buenismo aplicado a la escuela es demoledor. Según éste el niño ha de ser feliz, aprender jugando; y no se le debe exigir nada. Con lo cual las palabras disciplina y esfuerzo han sido desplazadas del recinto escolar, y todo el mundo obvia que nada se aprende sin esfuerzo y sin disciplina. Las aulas son lugares donde no existe un ambiente propicio para el aprendizaje y domina el ruido.

El igualitarismo es el paradigma que da lugar a la llamada “educación comprensiva” que es, en síntesis, igualar a todo el mundo por debajo, desaprovechando a los más capaces, que tienen que llevar durante su escolaridad la rémora de los que van más despacio. En lugar de habilitar aulas para posibilitar que cada grupo de alumnos aprenda en función de sus capacidades los sacrificados son aquellos alumnos más dotados. Eso es un desaprovechamiento que en un país como España, cuyo factor de riqueza económica es el humano, pues no tenemos materias primas, es un disparate. Lo mismo ocurre con la falta de itinerarios formativos a una edad temprana, lo que provoca un fenómeno llamado de “objetores escolares” que hacen lo del perro del hortelano, ni comer ni dejar comer. La naturaleza nos hace diferentes, y cada cual necesita un tratamiento específico en función de sus potencialidades.

La pedagogía constructivista se presenta como la verdad científica. Y ha servido para deslegitimar otras formas de acción pedagógica. En síntesis, consiste en que el método usurpa el lugar de los saberes tradicionales y convierte a los alumnos en egoístas cognitivos. Para estos alumnos sus ideas son el centro del universo y han llegado a ellas por casualidad. No existe para ellos la transmisión cultural, el conocimiento ahormado a lo largo de los siglos, la acumulación de la sabiduría y su perfeccionamiento por el tiempo. Los profesores son, de esta guisa, simples organizadores de “situaciones” de aprendizaje. El rechazo al conocimiento es el paradigma de este enfoque. Y desconocen otras teorías como la de la Escuela pedagógica de Vigostki que establece que la capacidad de pensar se fundamenta en sucesivos logros cognitivos y en el entramado de conceptos que los auspician.

Una prueba evidente de todo ello es que pese a haberse bajado a límites sonrrojantes los niveles educativos, los índices del fracaso escolar y del abandono no han mejorado sino todo lo contrario. Pese a lo cual sus precursores persisten pertinazmente en el empeño de ahondar el desastre. ¿Qué intereses –aparte de la ignorancia profunda que suele motivar este tipo de políticas- existen en sus autores?

La destrucción de la cultura, entendida ésta en su acepción más amplia.
El relativismo absoluto que da píe al nihilismo. Todo vale y nada existe.
Por este camino y sin que haya quienes aboguen por un pacto educativo basado en el análisis inteligente, no hay remedio.

Sin ninguna duda.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 19 Agosto  2015

Nuestra bisoñez política fruto de 40 años de dictadura tras un breve paso por la democracia, parece ser la causa de que veamos como algo anormal y temible lo que en otros países, por ejemplo Italia, viene sucediendo desde prácticamente su Constitución como País. Me refiero al famoso asunto mencionado por Mariano Rajoy de los pactos poselectorales, que nada tienen que ver con los preelectorales tipo coalición como el que se ha producido entre formaciones secesionistas catalanas y su “Junts pel sí”. Tampoco tiene nada que ver con el controvertido “cordón sanitario” por el que diferentes grupos políticos se conjuran para no pactar nunca con otro partido político, algo que el PP sí que ha sufrido a lo largo de su corta historia.

Pues bien, Mariano Rajoy parece que “no tiene ninguna duda de que el PSOE pactará con PODEMOS tras las elecciones generales”. No sé si haber disfrutado brevemente de unas merecidas vacaciones en su tierra le ha servido para “cargar las pilas” y darle una clarividencia que al resto de los mortales desde hace tiempo se nos aparecía como evidencia irrefutable. Que el PSOE esté dispuesto a pactar hasta con “el diablo que quiere asaltar el cielo” no puede extrañarle a nadie que se haya molestado en escuchar los discursos de este joven líder de una izquierda perdida en su propia incoherencia y descolocación, forzada a escorarse hacia la radicalidad. Solo hay que ver los pactos poselectorales de las últimas elecciones municipales y autonómicas y los ejemplos de Madrid capital.

Desgraciadamente el PSOE siempre ha antepuesto sus intereses partidistas y revanchismo para alcanzar pactos con otras fuerzas políticas fueran del signo que fueran, incluso las de corte separatista, para “desbancar” al PP y asaltar el poder. Así que existe una confluencia de intereses en que el improvisado y joven líder Pedro Sánchez, actúa como aquellos suplentes que creen llegada su oportunidad para ser titulares tras la lesión del que ostenta ese puesto en el equipo. De hecho este PSOE con la excusa de su carácter eminentemente “federalista”, ofrece un discurso adaptable al tipo de auditorio al que va dirigido, pudiendo defender con el mismo entusiasmo la Unidad de España y el “derecho a decidir de los pueblos su futuro”.
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Pues si ha sido ahora cuando Mariano Rajoy se ha dado cuenta de la que se avecina con esos pactos que él no tiene asegurados con ningún otro grupo, pues llega demasiado tarde. Basta recordar lo dicho por CIUDADANOS sobre su compromiso de no pactar con el PP si Mariano Rajoy es el candidato a Presidente del Gobierno y ya sabemos lo que opina el propio Rajoy sobre su candidatura incuestionable e incuestionada por nadie en su partido. Así que la alternativa nada probable es la de que el PP logre revalidar su mayoría absoluta, no bastando con ser la opción más votada que requiera pactos de gobierno como ha sucedido en las pasadas elecciones autonómicas y municipales.

No creo que Mariano Rajoy sea tan crédulo como para pensar que su apocalíptica advertencia sobre el gran pacto de la izquierda, conmueva a un electorado y le haga cambiar su voto devolviendo la confianza a quien la ha defraudado con aquello de “lo pasado, pasado está” referido al incumplimiento total de sus promesas electorales. Lo de que “viene el lobo” no surte efecto y la triste realidad es que no existe en el PP ninguna corriente crítica que haya desafiado al poder absoluto de Mariano Rajoy con su actual Ejecutiva. Ya es demasiado tarde y su papel quedará limitado a ver cómo son desplazados como consecuencia de su prepotencia y desprecio por los ciudadanos. Su condena será desaparecer como principal referencia de un centro derecha utópico que se avergonzó de ser de derechas y defender valores fundamentales como el derecho a la vida, la honestidad y la firmeza en la lucha contra la corrupción y el terrorismo.

Sr. Rajoy, ya que parece haber visto la luz del futuro que le aguarda a usted y a su partido, le pido solo que se mire en el espejo y vea la realidad que se ha querido ocultar a sí mismo desde que decidió convertirse en lo que hoy es ante los ojos de los ciudadanos. Pregúntese si puede soportarlo.

Las vacaciones de Carmena y la moral de izquierda
Pablo Planas Libertad Digital 19 Agosto  2015

La imagen de la alcaldesa de Madrid en pareo casi es tan ofensiva como la de Rato tirándose al mar desde un yate pistonudo. La diferencia radica en que el segundo está imputado y la primera aún no. Concurre también la circunstancia de que Manuela era juez antes de ser parte de Madrid. Con el sudor de su frente se habrá ganado pasarse una o dos semanas, lo que sea, a la bartola en una casa de lujo de Zahara de los Atunes, provincia de Cádiz. No debería dar explicaciones, salvo en lo concerniente a los días de asueto de más que se habría tomado en atención a que no lleva más de tres meses en el cargo. Pero Carmena ha entrado al trapo. Excusatio non petita, accusatio manifesta. Se ha sentido obligada a informar de lo que hace en su tiempo libre. ¿Mala conciencia? Lo que sea, pero ha pretendido convertir un casoplón de 4.000 euros a la semana en una humilde morada de 3.800, un piso patera con ocho familiares dentro, que a escote convierten el estipendio en, según ella, 600 euros por cabeza. No cuadra. A ese precio salen por 475 la barba. Da igual.

La alcaldesa podría haberse ido perfectamente una semana a Katmandú, que seguro que es más caro, pero ha preferido las vistas atlánticas y el atún semicrudo. No habría problema si no fuera porque Carmena es alcaldesa dado que encarna el ejemplo de austeridad, rigor y compromiso de una líder con un pueblo sobre el que pende la amenaza del desempleo perpetuo o tal vez el aviso de un lanzamiento inminente, una ejecución hipotecaria o el hambre de los niños abandonados de Ana Botella. La exjueza, como la alcaldesa Colau, puede hacer lo que le plazca, faltaría más, pero en calidad de cargo público y electo estaría obligada por una determinada moral que no se cumple en absoluto. Es la intemporal disquisición entre la izquierda, la riqueza y su reparto. ¿Se puede ser rico y de izquierdas? Por supuesto. Los millones de Roures, Wyoming o el separata de la Trinca en la lista de Mas (Gran Hermano, Operación Triunfo) son producto de la libre competencia, del mercado, de las audiencias y del boom inmobiliario, porque no todo es entretenimiento en la izquierda.

Se puede ser rico, pero no se debería hacer ostentación. Y más cuando no sólo se perora sobre el bien común, sino que se promete a espuertas. Carmena y Colau son las alcaldesas maternales que iban a acabar con los desahucios. El techo es una necesidad primaria. Ojo a lo que dice la Constitución Española al respecto: Título I, de los derechos y deberes fundamentales, capítulo tercero, de los principios rectores de la política social y económica, artículo 47:

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

Mucho se habla del Título VIII, de la organización territorial del Estado, capítulo tercero, de las Comunidades Autónomas y artículo 155, aquel que dice que si alguien hace un Mas se le da un aviso para se calme. Incluso se discurre sobre el artículo 8 del Título Preliminar: "Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional". A la contra, lo de la vivienda "digna y adecuada" pasa inadvertido y se refiere al problema de las hipotecas burbuja, que afecta a miles de personas en España y que habría impulsado, junto al sueldo por respirar, hasta la poltrona a las alcaldesas podemitas.

La Carta Magna no se ha cumplido jamás, ni el título primero, ni el octavo ni el preliminar. Eso es una obviedad, como la felicidad y la libertad en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos del 4 de julio de 1776. Se trata de oraciones subordinadas a la moral, la ética, el bien común y la bondad. Los españoles tienen derecho a una chabola y los estadounidenses a la felicidad. Se olvida con frecuencia, por cierto, que antes de la felicidad figuraba la libertad en un país que importaba esclavos a la hora de redactar aquellas líneas.

De vuelta a las vacaciones de Carmena, la alcaldesa de Madrid ha pisado un charco hondo y hediondo. Es rica, más rica que Monedero, tanto como Romeva, mucho más que Iglesias si no se tuerce lo de Pablo. No debería haber el más mínimo problema. Ocurre que le han votado para colectivizar las vacaciones en Zahara, no para alternar con los pijoprogres de Madrid en los mejores restaurantes de la zona. Matiz.

España y Estados Unidos

Agapito Maestre Libertad Digital 19 Agosto  2015

La semana pasada mantuve en esta columna que el debate sobre la reforma constitucional estaba mal planteado, porque ocultaba lo esencial: su incapacidad para responder a los separatistas catalanes. Un buen amigo, editor, leyó mi razonamiento con anuencia y, más tarde, me hizo algunos comentarios sobre el personal secesionista y la impericia de los políticos del Gobierno de España para resolver el problema. La conversación fue jugosa; especialmente, es digna de ser recordada la analogía histórica que trazó entre España y EEUU. Mi amigo me advirtió con sagacidad que era necesario mandar a todos nuestros políticos a leer a Lincoln, cuando decía al final de la guerra de secesión: que una cosa era consentir que Jefferson Davies y sus principales colaboradores confederados abandonaran Estados Unidos y otra, muy distinta, era perdonarles la traición a la Constitución y a la soberanía del pueblo americano por la que habían causado la ruina de su país y la muerte de centenares de miles de jóvenes en los campos de batalla. Traición y guerra son palabras que nadie emplea en el debate soberanista catalán porque nadie, ni en Cataluña, ni en el resto de España, se toma en serio que la secesión que proponen los soberanistas pueda llamarse traición, quizá sea una actitud más perversa y llena de ruindad, y la guerra es impensable porque solo estalla en lugares donde el odio lleva acumulados millones de crímenes debajo de las banderas de cada facción... Y eso no pasa..., ni pasará en Cataluña. Por eso, precisamente, es tan vergonzosa esta pantomima de debate soberanista que, al final, acabará, previa reforma ad hoc de la Constitución, con un concierto fiscal para Cataluña que deje al Gobierno de España sin el control recaudatorio del 20 % de su PIB. Así que consensuarán, o sea harán un apaño, una pequeña traición de todos, para evitar un peligro de guerra inexistente. ¡Un precio muy elevado para un chantaje tan poco coactivo! Se admiten apuestas sobre esta profecía.

Pero, más allá del final de esta pesadilla nacionalista, creo que puede aprenderse mucho de la comparación entre la cobarde secesión catalana y la Guerra de Secesión americana. Los confederados apostaron por la secesión, porque lo que estaba en juego era su modelo de sociedad basado en una economía esclavista que el pacto confederal del reparto de territorio esclavistas y abolicionistas les garantizaba desde 1825. El equilibrio se rompió con la creación de nuevos estados esclavistas hacia el Sur y el Oeste. Por eso, precisamente, Lincoln no tuvo más remedio que ir a la guerra con el solo apoyo, en la Cámara de Representantes, de su partido, el republicano, y de un reducido grupo de congresistas y senadores demócratas. Ellos entendieron que la tolerancia con la esclavitud generaría, de facto, dos naciones y la perpetuación de un Estado incompatible con la dignidad humana y con la evolución de la historia. No pactaron componendas, ni antes ni durante la guerra, para lograr con la victoria un renovado Estado que hoy representa, mejor que nadie pese a sus muchas contradicciones, los valores de la democracia en el mundo.

En España, la burguesía catalana, desde el inicio del siglo XIX hasta hoy, ha logrado la protección del Estado español para favorecer inversiones públicas que incentivaran sus negocios, y aranceles proteccionistas para evitar competencias internas y externas. Incluso el invicto Caudillo, garante de la unidad de España, les aseguró estas prebendas económicas. Ahora, cuando la entrada en la Unión Europea ha impedido el proteccionismo del Estado y la reciente crisis económica de España ha agudizado la debilidad de la economía catalana, los soberanistas catalanes, burgueses y proletarios –estos últimos deberían avergonzarse de esa alianza contra natura–, han incrementado la presión para lograr nuevos privilegios de orden fiscal, o de lo contrario, amenazan con la secesión agitada como un espantapájaros para avecillas atontadas. La respuesta de la clase política española (las avecillas atontadas) es la de la componenda por miedo, o la de descargar en la letra de las leyes el peso de las decisiones políticas que no se toman con esas mismas leyes.

En fin, concluía mi amigo su reflexión, para completar el aserto de que "los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla", también es necesario saber algo de historia comparada para aprender lo que representa la inteligencia y la dignidad política de un tipo alto con chistera que consiguió que el patriotismo en su país dejara de ser el refugio exclusivo de los demagogos y los canallas. Lincoln era un gigante (no solo en estatura), pero entre todos estos atontaos y administradores solo hay pigmeos. La madre que los parió...

El tercer rescate a Grecia retrata a la izquierda
EDITORIAL Libertad Digital 19 Agosto  2015

El tiempo dirá si el tercer rescate a Grecia sirve para lo mismo que los dos anteriores o, por el contrario, para que Atenas acometa de una vez las reformas estructurales que ese país necesita para tener un Estado sostenible y capaz de responder a tantas deudas contraídas. Lo que ya se puede señalar, sin embargo, es la gran paradoja que supondría que Alexis Tsipras se convirtiese en el mejor y más fiel aliado de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), como así sería en caso de que el primer ministro griego cumpliera las nuevas condiciones acordadas en este tercer rescate.

Como bien recuerda Manuel Llamas, el líder de la coalición de extrema izquierda Syriza llegó al poder en enero con un programa electoral centrado en tres grandes objetivos: rechazar el rescate, revertir los recortes de gasto y las medidas de liberalización económica que pedía la Troika e impagar la deuda pública. Es decir, justo lo contrario que se ha comprometido a hacer a cambio del rescate.

Es evidente que una cosa es predicar y otra, muy distinta, dar trigo. Por eso el Gobierno español ha hecho muy bien en someter a votación parlamentaria nuestra participación en el tercer rescate a Grecia, al que deberemos aportar unos 10.150 millones de euros. La propuesta ha sido aprobada con el apoyo de la mayoría de los grupos y el rechazo de la Izquierda Plural y otros partidos de izquierda integrados en el Grupo Mixto. La toma pública de posición de cada partido es especialmente conveniente en este asunto tan sensible a la demagogia de oposición. Frente a las tentaciones que tienen los socialistas para competir en populismo con la extrema izquierda, el PSOE tendrá que asumir su respaldo a un plan de rescate que, entre otras cosas, exige al Gobierno griego reformar el sistema público de pensiones (elevación de la edad de jubilación a los 67 años, recorte de prestaciones y limitación de prejubilaciones), eliminar los subsidios a los agricultores, implantar un estricto calendario de privatizaciones de empresas y activos públicos, subir el IVA, flexibilizar el mercado laboral y liberalizar el sector de los servicios.

Ni que decir tiene que la oposición a la participación española en el rescate griego de la Izquierda Plural y otros partidos de izquierda no radica en su desconfianza en el Gobierno griego, sino en su disconformidad a que esta ayuda financiera se brinde precisamente con condiciones y con intereses. Está visto que la izquierda más insensata no tiene la menor intención de aprender la lección griega.

Solidaridad y responsabilidad con Grecia frente a veleidades populistas
EDITORIAL El Mundo 19 Agosto  2015

Antes incluso de que se cerrara la ardua negociación entre el Gobierno griego y las instituciones europeas, Mariano Rajoy anunció que el Congreso español tendría que pronunciarse, por primera vez, sobre el rescate. Y eso fue justo lo que ocurrió ayer, en una sesión extraordinaria en la que los principales partidos de la oposición, salvo Izquierda Unida, sumaron sus votos a los del PP para dar luz verde al tercer programa de auxilio al país heleno -hoy debe hacerlo el Bundestag alemán-. Pese a que el Gobierno no estaba obligado a someter este asunto a respaldo parlamentario, cabe decir antes que nada que fue una hábil y acertada decisión. Porque se ha hecho tanta demagogia estos meses y se ha abusado tanto de esta cuestión como arma política arrojadiza, que resultaba imprescindible que todos los partidos se retrataran.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, acusó a Syriza de haber llevado a Grecia a "una situación límite", que le ha obligado a tener que aceptar condiciones mucho más duras de las que se negociaban en un principio. Y advirtió que "los populismos acaban generando únicamente espejismos y sólo dejan promesas incumplidas, frustración y descontento social". Una clara alusión a Podemos, que ha visto estas últimas semanas precisamente cómo lo sucedido en Grecia le ha provocado un gran desgaste electoral, según todas las encuestas. Ayer mismo, el número dos de la formación, Íñigo Errejón, insistió en el discurso de que el único interés de Europa frente a Grecia era "doblarle el brazo al Gobierno" de Tsipras.

Pero lo cierto es que, como los mismos simpatizantes de Podemos saben, el tercer rescate era la única tabla de salvación posible para Atenas. Por ello, es plausible el pragmatismo y rigor con el que se ha comportado el PSOE, respaldando al Gobierno y votando ayer a favor de la inyección económica a Grecia, que recibirá en los próximos tres años 86.000 millones de euros, de ellos 10.150 de España. Es un ejercicio de coherencia imprescindible que responde a los principios fundacionales de cohesión y solidaridad entre estados en los que se sustenta la UE. La retórica populista dispara, irresponsable, con pólvora del rey. Pero la realidad es mucho más compleja y exigente. Y Atenas necesitaba imperiosamente el primer tramo del rescate que le permitirá mañana mismo hacer frente a los vencimientos de deuda con el BCE, evitando un impago que habría tenido consecuencias indeseables no sólo para el país heleno, sino para toda la Eurozona.

De no haberse llegado al acuerdo, la temida salida del euro de Grecia habría tenido graves efectos para España, que, de entrada, habría visto disparada su prima de riesgo y padecería ataques especulativos difíciles de soportar ahora que nuestra economía inicia la senda del crecimiento tras la peor recesión en décadas. Por el contrario, la estabilidad helena redunda en un claro beneficio, como el de tener en estos momentos un acceso a la financiación muy favorable.

Atenas deberá realizar un exigente programa de ajustes y, como hemos señalado otras veces, es cierto que nada garantiza que este tercer rescate sea suficiente. De hecho, el FMI se resiste a participar hasta que en otoño se aborde la espinosa cuestión de la quita de deuda. Pero hoy era imprescindible el respaldo al Gobierno heleno. Y en la Europa de la solidaridad -España se ha beneficiado de ella muchos años, siendo hasta hace bien poco un Estado miembro receptor neto de ayudas-, la obligación de todos los países era no dejar caer a Atenas al abismo.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

 


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