AGLI Recortes de Prensa   Jueves 27 Agosto 2015

La ética de la responsabilidad. ¿Mande?
Amando de Miguel Libertad Digital 27 Agosto  2015

Algunos fieles libertarios me animan a que haga explícitos los principios para que una democracia alcance su verdadera dignidad. Es lo que llamo cultura política (Almond y Verba) o ética de la responsabilidad (Max Weber). Reconozco que los términos son un tanto abstractos, pero trataré de concretarlos.

Es poca cosa instaurar elecciones regulares y pacíficas con partidos políticos. Sería menester un paso más: que cada uno de estos partidos intentara representar a todos los españoles. No sucede. Es más, algunos de los diputados y senadores no se consideran españoles. Eso no es ya tolerancia sino cachondeo.

Hay muchas más condiciones para alcanzar cierta plenitud democrática. Por ejemplo, está feo eso de "un partido, un voto". Se requiere un mínimo grado de libertad para que los diputados o senadores admitan ocasionales discrepancias de sus respectivos partidos a la hora de votar cuestiones de conciencia. Pase que exista una lógica disciplina de voto, pero no absoluta, como es la que rige ahora en España.

Un vicio inveterado de nuestras huestes políticas ha sido el nepotismo: la desproporcionada propensión a colocar parientes en los cargos a dedo. (En latín nepotes eran los hijos y nietos y, por extensión, los sobrinos y otros parientes). El nepotismo, lejos de amainar en los últimos tiempos, se refuerza, y más aún en las filas de la izquierda totalitaria.

El nepotismo es un indicio de un mal mucho más amplio: la turbamulta de asesores y otros cargos a dedo que rodean a los prebostes. Su número es una medida del poder que acumula el que firma tales nombramientos. He aquí la razón por lo que la burocracia pública crece sin parar.

Otro vicio creciente en nuestra práctica democrática, perfectamente admitido por las leyes, es la capacidad de los mandamases para otorgar todo tipo de licencias, dádivas, prebendas, subvenciones, etc., a los amigos personales o políticos. Para ello el poder público se arroga la propiedad del agua, del aire, de las ondas hertzianas, todo lo que parece escaso, y desde luego del erario. Bueno sería empezar con la supresión de las subvenciones a los partidos, sindicatos y patronales. Constituyen una vergüenza.

El principio más general es que la carrera política no debería servir para enriquecerse. Se cumplió en los primeros años de la Transición, pero luego la cosa se desmadró.

Hay todavía principios más generales para la consecución de una sana democracia. Por ejemplo, el futuro de cada súbdito debe poder predecirse perfectamente dentro del marco de la ley. Otrosí, la democracia es el gobierno de la mayoría, pero aún más el respeto a las minorías.

Un último detalle de una verdadera democracia. Se logrará cuando algunos diputados o senadores de una bancada aplaudan al interviniente de la otra bancada que exponga argumentos razonables. Cuando veamos ese espectáculo empezaremos a pensar que vivimos en una democracia.

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Buscar los equilibrios perdidos en Europa
Manuel Muela www.vozpopuli.com 27 Agosto  2015

El letargo de agosto no puede ocultar los rayos de inquietud que están agitando el mundo internacional y nuestra política doméstica. La montaña rusa en la que nos venimos desenvolviendo parece que toma fuerza, alentando de nuevo la desconfianza y la incertidumbre que están en la base de la quiebra de la cohesión social y económica, corroyendo las estructuras de nuestro continente. A pesar de ello, éste continúa siendo tierra de promisión para los refugiados de toda condición. En mi opinión, los problemas europeos son producto del alejamiento de la realidad, de la ejecución de políticas poco estudiadas en sus efectos y de la renuncia a los principios doctrinales y económicos en que se asentaba el marco de convivencia continental, lo que ha originado el desasosiego de los ciudadanos y el descrédito de los responsables políticos, que parecen incapaces de responder a las demandas de aquellos. Por eso, sería muy de agradecer que quienes capitanean o aspiran a capitanear la política pongan los pies en la tierra y reflexionen para restaurar los equilibrios perdidos, después de la larga y vertiginosa excursión por las nubes de las altas finanzas, la mundialización, las especulaciones empresariales y el redescubrimiento de los aspectos más negativos del liberalismo, como demuestra el agolpamiento de las crisis financieras, ahora es China, de los últimos diez años.

Conviene recordar de dónde venimos y cómo se construyó el proyecto común
En momentos como éste, conviene echar la vista atrás para recordar de dónde venimos y cómo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se construyó en Europa un sistema político y económico, cuyo objetivo principal era el bienestar de la sociedad y la protección de los miembros más débiles de la misma. Pero para llegar a ése sistema, que ahora está amenazado, los europeos vivieron primero la versión más tosca e inmisericorde del liberalismo económico, seguida de su propia ruina, que alumbró los movimientos totalitarios comunistas y fascistas que pretendieron ser respuesta a una crisis de grandes proporciones, la de los años 30, y que solo consiguieron llevar al continente el terror de los espíritus y el horror de la guerra.

Después de la Segunda Guerra Mundial, una parte de Europa quedó bajo la influencia soviética sin opción a plantearse otras alternativas; la otra parte, conocida como la Europa Occidental que hoy conforma el núcleo duro la U.E., se afanó en las tareas de reconstrucción económica y política, poniendo en común los mejores valores del liberalismo y el socialismo, que contribuyeron al desarrollo democrático y al establecimiento de políticas públicas para el logro del llamado Estado de bienestar. Ese marco fue el instrumento inestimable para restaurar los equilibrios rotos y hacer posible la puesta en marcha de un proyecto más ambicioso cual era el de la construcción europea. Lógicamente, el desenvolvimiento de ese proyecto de consenso y convivencia europeos durante los treinta años posteriores a la guerra no fue un camino de rosas: los altibajos y algunas crisis nacionales se sucedieron, unas veces por la política de bloques y la guerra fría, y otras veces por los procesos descolonizadores que afectaron a grandes países como Francia y el Reino Unido. Pero ninguno de los accidentes del camino puso en cuestión el modelo económico-social establecido, que sorteó airosamente los diferentes obstáculos hasta los primeros años ochenta.

Tras la crisis de la energía de mediados de los setenta, la influencia de las políticas practicadas en el mundo anglosajón empezó a sembrar dudas acerca de la viabilidad futura del modelo político-social europeo, bajo cuyo manto podían convivir el centro-izquierda italiano, la socialización republicana francesa y los socialistas alemanes y escandinavos. Pero los abultados déficits presupuestarios, que requerían saneamiento, parecían apoyar las tesis sobre el agotamiento del conjunto de políticas imperantes. Y ahí empezó la demolición.

La socialdemocracia arrió sus banderas con efectos demoledores
Los gobiernos europeos, muchos de ellos socialdemócratas, desecharon la opción de sanear las cuentas públicas manteniendo los fundamentos doctrinales que les daban su propia razón de ser. Descubrieron el tótem del mercado y, como conversos de postín, se afanaron en potenciar sus virtudes con el abandono progresivo del andamiaje de contrapesos públicos necesarios para mantener los equilibrios tan costosos de obtener. Al principio, la justificación de los sacrificios se basaba en la necesidad de restablecer la ortodoxia de los presupuestos públicos como medio para garantizar el bienestar futuro. No sin críticas y agitación social tales objetivos se fueron consiguiendo, pero la inquietud aumentó cuando el discurso restrictivo no sólo no parecía tener fin, sino que ahondaba los males que presuntamente se pretendían corregir. La crónica de estos años así lo atestigua.

El descrédito de todo lo público, alentado a veces desde gobiernos tenidos por progresistas, y el ensalzamiento desmesurado de las llamadas políticas liberalizadoras fueron el pórtico para entronizar en la Europa Occidental la ley de hierro del capitalismo financiero, ajena a la tradición continental, que durante dos décadas ha corroído el modelo político-económico de convivencia. Si a ello se añade la falta de respuesta a problemas sociales como el de la seguridad y la inmigración, nos encontramos con que el contrato social entre gobernantes y gobernados está en el umbral de la ruptura, y desde luego no por culpa de los ciudadanos.

Las obras completas son conocidas y hacen temer por la democracia
Las obras completas de las políticas jaleadas en éstos años ya son conocidas: concentraciones de poder empresarial y financiero que sobrepasan a los gobiernos, crisis financieras de países y de empresas emblemáticas, algunas con apariencia de verdaderas estafas, y constante desprecio del capital humano no se sabe en nombre de qué propuesta de mundo mejor. En fin, son algunos polvos que han traído los lodos de inquietud y contestación social incluso en España, donde la conciencia ciudadana es bastante débil.

Las elecciones sucesivas que se celebran en Europa, cada vez son más temidas por el establishment, porque envían mensajes claros de disconformidad con las situaciones existentes. Sin embargo, en vez de atender tales mensajes, se insiste en la práctica de políticas que suscitan el descontento y el hartazgo de las poblaciones, cuando el problema no es de giro a derechas o a izquierdas, frontera muy diluida por mor de los mercados y la nueva economía, sino del rescate de un modelo político-económico puesto en almoneda por una mal entendida modernización de la economía europea. Probablemente, las elecciones, que todavía se convocan no sé hasta cuándo, seguirán mandando mensajes de cambio. Lo que no sé es si el instinto de conservación de los políticos les llevará a asumirlos, visto el cariz que van tomando los acontecimientos, porque, de no ser así, dejaríamos de hablar de elecciones para dar paso a los demonios del autoritarismo en pleno siglo XXI.

Amanece cuando sale el sol
Jaime Trabuchelli Gaceta.es 27 Agosto  2015

La necesidad de democracia interna dentro de los partidos políticos es una cuestión de legalidad, sencillamente. El Artículo 6 de la Constitución dice literalmente: “Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. De este modo, podrá haber el debate que se quiera, pero lo legal es que lo sean. Sin embargo, la cruda realidad es que absolutamente ninguno lo es, ni de lejos.

Por tanto, en origen, todo partido político en nuestra España – permítanme acotar el discurso – lleva incorporado en su proceso fundacional un golpe de estado por parte de la ejecutiva primigenia al supuesto órgano supremo de la formación – la asamblea general -, tomando así el control del partido a través de todo tipo de maniobras que, si bien no llegando a la sangre, le son sistemáticamente tangenciales. Aquello que casi todos critican como vulneración democrática bolivariana – que lo es –, lo llevan a cabo sin excepción en el seno de sus filas.

Esto de ser delegado de la voluntad del conjunto, no parece casar excesivamente con la condición humana. No somos tendentes a la superconducción, más bien tenemos una fuerte querencia a ser el tungsteno de la bombilla, a consumir la energía dada para brillar con luz propia – en el propio interés – ofreciendo una considerable resistencia al paso de la voluntad de los que nos dan su confianza, a través de nuestro precario espíritu de servicio.

Así las cosas, un ciudadano de a pie que se sienta inclinado al servicio público a través de la política, encontrará en el partido al que se afilie una absoluta indiferencia – casi sorna – ante cualquier planteamiento esencialmente democrático y ante cualquier iniciativa impulsada al margen de la bien tejida cadena de amiguetes y aduladores en cuestión. En el caso en que la necesidad sea imperiosa y se vea obligado a ir al excusado de la sede de la formación, no sería de extrañar hallar impreso en el papel higiénico, repetidamente en cada pliego, el citado Artículo 6 de la Constitución Española.

A la sociedad no parece importarle gran cosa este asunto de la democracia interna de los partidos, como si fueran asuntos de familia. Es fastuoso como pasamos por alto tantas y variadas cosas que pagamos con nuestros impuestos. Yo sólo me permito recordar que no hay asuntos internos en los partidos. Todos los asuntos son absolutamente públicos y deben rendir cuentas completas de su funcionamiento a toda la sociedad, puesto que su sostenimiento económico principal es el dinero público que, los que pagamos impuestos, entregamos a tal fin.

Nos preguntamos porqué los políticos van por libre. Porqué no cumplen sus programas electorales, porqué la corrupción se extiende entre sus filas y porqué muestran una aburrida indiferencia en los parlamentos, quedándose dormidos, jugando con la tableta que les pagamos o, simplemente, no yendo. Es sencillo: ellos ya llegaron. Su buen hacer en la red clientelar de su partido, el peloteo afinado, los servicios prestados, les han conducido y elevado a la condición de aprietabotones, tan ansiada como finalmente soporífera y altamente desmotivadora al fin y al cabo. Pocas excepciones a esta norma y no absolutas.

Si de verdad funcionase la mítica democracia interna, los cambios que veríamos serían formidables. La selección de los mejores perfiles, el cumplimiento de la norma por encima del capricho sectario, la profesionalización de la política en el mejor sentido de la palabra, el predominio del criterio de eficiencia, un verdadero debate interno generador de ideas innovadoras y de calidad… El impacto que tendría en nuestra vida política y en la gestión de lo público, a nivel económico, social, intelectual, estratégico, sería de tal calado que estaríamos ante una revolución, un nuevo paradigma. No hay mayor riqueza que el talento, y este sólo florece plenamente en las condiciones de respeto y justicia adecuadas.

Sin embargo, la democracia interna efectiva supone unos valores que aún no hemos logrado hacer prevalecer. La generosidad, la tolerancia, la honradez, el respeto a las normas – que no es más que el respeto a la sociedad en su conjunto – y la superación de la tentación atávica de considerarse un iluminado dentro de un mar de presuntos ineptos.

De modo que en esta apaleada y encarcelada democracia interna, se halla el origen de toda la espuria implementación democrática de la que somos testigos en la actualidad. De aquellos polvos, estos lodos. En la base del quebranto, la diferencia entre lealtad y servilismo; siendo que a la primera le mueve el espíritu de servicio a una sociedad, y a la segunda, la satisfacción del amo en beneficio propio.

En realidad, es bastante obvio: amanece cuando sale el sol, no cuando sitúas las agujas de tu reloj a la hora prevista.

¡No basta condenar!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 27 Agosto  2015

¿Qué tiene que pasar para que vuelva a sensibilizarse la sociedad ante la barbarie de la violencia por razones ideológicas? Parece que pronto se nos ha olvidado el dolor que ETA ha llevado a los españoles durante décadas de atentados con coches bomba, tiros en la nuca a cara descubierta y violencia callejera de sus huestes políticas. Parece mentira el que esos que entonces condenaban esas atrocidades y abogaban por el espíritu de Ermua de unidad ante el terror, ahora callen o se limiten a soltar una muletilla de condena en el mejor de los casos. No deja de ser triste el escaso, por no decir nulo, eco que ha tenido la paliza cobarde de unas alimañas al grito de “fascista” que le han propinado en la puerta de su casa a la Presidenta de VOX en Cuenca, la joven Inma Sequí.

Si ya atacar a una mujer entre varios y golpearla es un acto de cobardía y violencia execrable y que debe ser castigado con toda dureza por la Justicia cuando sean identificados los autores y juzgados, el tema adquiere tintes que recuerdan otros tiempos no tan lejanos cuando en ese cobarde ataque se añaden frases como “a ver si ahora eres tan valiente, fascista” y debe considerarse un agravante extremo para endurecer las penas. Eso no se diferencia del terrorismo que hemos padecido en España por desgracia y que algunos pensaban que estaba vencido. Ni siquiera puede decirse eso de la ETA cuya situación se limita a mantener una especie de “alto el fuego” pero que se niega a disolverse, a entregar las armas bien a recaudo en sus zulos y a colaborar para el esclarecimiento de los cientos de casos de atentados criminales cuyos autores no han podido ser señalados.

El terrorismo no admite categorización en función del daño causado. Un atentado con lesiones médicas calificadas como leves, no es menos condenable que sufrir unas lesiones traumáticas graves como puede ser la pérdida de visión de un ojo por los golpes recibidos o en el caso extremo la pérdida de la vida. La actitud de los medios y de los partidos ha sido vergonzosa y se ha intentado minimizar un suceso que hubiera tenido otro alcance si en vez de ser una dirigente de un partido como VOX hubiera sido algún dirigente del PP, PSOE, IU, PODEMOS, CIUDADANOS o cualquiera con representación en el Congreso de los Diputados. Hipocresía pura y dura secundada por unos medios que solo parecen conmoverse cuando el afectado es ideológicamente afín.

Dice el Ministro de Interior que este episodio es un “atentado incalificable”. No Sr. Díaz, sí es calificable como terrorismo. Añade que se trabajará “con la mayor diligencia” para esclarecer los hechos. Supongo que será así pues Cuenca es una ciudad donde todos se conocen y además yendo a cara descubierta y con las frases pronunciadas, el círculo de posibles sospechosos queda bastante limitado. Por lo pronto, solo espero que los responsables de los partidos políticos que han demostrado tan poca sensibilidad y tibieza en la condena, rectifiquen y hagan un frente común contra esta forma y cualquiera de terrorismo y que no se deje lugar a la duda de que personas de ese cariz violento y cobarde no tienen cabida en esta sociedad y menos en las filas de esos partidos políticos.

No basta condenar, hay que manifestar intransigencia con la violencia sin excepción y sin matizaciones ni categorizaciones. No hacerlo es simplemente cinismo y desvergüenza.

Fuertes sospechas sobre el “compromiso” turco contra el Estado Islámico
www.latribunadelpaisvasco.com 27 Agosto  2015

Un informe acusa a los servicios secretos turcos de colaborar con los grupos islamistas radicales de Siria

Un amplio informe de la web estadounidense McClatchy revela que los servicios secretos turcos advirtieron a los islamistas de Al Qaeda Frente al-Nusra en Siria de las posiciones de ataque de la coalición internacional liderada por Estados Unidos. Aunque el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía ya se ha apresurado a señalar que la información es “una calumnia malintencionada”, el estudio pone de manifiesto hasta qué punto todavía genera muchas dudas el compromiso (o la falta del mismo) del Gobierno de Ankara en su lucha contra las organizaciones terroristas islamistas, encabezadas por el autodenominado Estado Islámico (EI), que combaten en Siria.

La decisión de Turquía de permitir que la coalición militar liderada por Estados Unidos utilice la base de Incirlik para sus ataques contra el EI no ha acabado con las sospechas de colaboración entre la inteligencia turca y los radicales islamistas. De hecho, el secretario norteamericano de Defensa, Ashton Carter, ha mostrado públicamente su convencimiento de que el Gobierno turco tiene que "hacer más" en la lucha contra estos grupos.

La “suavidad” y los ataques menores que el Ejército turco llevó a cabo contra el Estado Islámico (EI) como respuesta al atentado que terroristas en nombre de esta organización cometieron en la localidad de Suruç, en el que murieron 33 personas mientras que 104 resultaron heridas, parece, de hecho, confirmar las sospechas de que el Turquía solamente se unió a la lucha contra el EI como una tapadera para atacar militarmente, y con rotundidad, a los kurdos del PKK. Ataques que se han sucedido en el tiempo y que se han visto acompañados, además, por la puesta en marcha, desde el Gobierno de Ankara, de una activa campaña de difamación contra el Partido Demócrata Popular pro-kurdos (HDP).

El hecho cierto es que Ankara y Washington todavía no están de acuerdo en cuál debe ser el objetivo prioritario en la región. Para los EE.UU. y sus aliados el enemigo es el Estado Islámico, pero hay fuertes sospechas, especialmente en la Administración norteamericana, de que Turquía quiere aprovechar la actual situación militar para unos objetivos bien diferentes: reforzar su poder en la zona, levantarse como una nueva potencia regional y acabar con la oposición kurda.

Bashar al-Assad, presidente de Siria o, al menos, de la parte de este país que aún controla el Gobierno de Damasco, no ha dudado en alimentar los recelos sobre el comportamiento de Turquía. Hace unos días, en unas declaraciones a una televisión libanesa, se expresaba con rotundidad: “Sé que Estados Unidos no se fía de las intenciones de Turquía”.

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Riesgo político

Aleix Vidal-Quadras Gaceta.es 27 Agosto  2015

El panorama económico mundial es poco alentador. El debilitamiento del crecimiento de China con el consiguiente descenso del precio de las materias primas, lo que repercute a su vez seriamente sobre las perspectivas a medio plazo de los países emergentes, los conflictos sin aparente solución en Oriente Medio y en el Cáucaso y las masivas oleadas migratorias que ponen una tremenda presión sobre la Unión Europea, configuran un cuadro de incertidumbre que sin duda es desfavorable para las inversiones, los índice bursátiles y la actividad en general. Sin llegar a las apocalípticas predicciones de algunos analistas que anuncian otra recesión global muy profunda de forma inminente, cuando apenas nos hemos repuesto de la última, no cabe duda de que los motivos de optimismo de cara a los próximos años en términos de creación de empleo y de prosperidad son más bien escasos.

Dentro de este cuadro general, en España estamos amenazados por un factor propio que se suma a los elementos negativos anteriores: el considerable riesgo político que añade aún más dificultades a las abundantes que ya venimos arrostrando a lo largo del último sexenio. Dos citas electorales antes de que acabe 2015 presentan características que las convierten, según sea su resultado, en sendas bombas en el corazón de nuestro sistema productivo o, lo que es lo mismo, de nuestra capacidad de generar riqueza, trabajo y bienestar para el conjunto de los españoles. También es cierto, y esta es la parte buena, que las urnas pueden, si los votantes deciden de manera racional y serena, proporcionar un valor añadido notable a nuestra competitividad en forma de confianza y seguridad, dos parámetros intangibles de relevancia primordial a la hora de mejorar los indicadores económicos de contenido material. Es una evidencia rotunda que nadie con un mínimo de seso discute que una victoria del independentismo en Cataluña el 27 de septiembre y del populismo liberticida en diciembre en los comicios generales provocaría una reacción devastadora en los mercados que nos haría perder cualquier posibilidad de recuperación durante por lo menos una legislatura y que causaría un deterioro tan terrible que una rectificación posterior necesitaría una década larga para reparar los estragos.

Sorprendentemente, los dos principales responsables del auge del independentismo catalán y de la aparición pujante de un chavismo a la española, el PP y el PSOE, no parecen ser conscientes de la gravedad de la situación y continúan empecinados en un enfrentamiento maniqueo, que añadido a la falta de renovación en la cúspide del partido del Gobierno y a una política de alianzas suicida en no pocos ayuntamientos y autonomías del líder de la oposición, apuntan al cumplimiento de los peores vaticinios. Por consiguiente, los únicos que están en condiciones de reconducir el rumbo de la Nación, hoy directamente dirigido a la catástrofe, somos los ciudadanos con nuestra papeleta, primero en las autonómicas catalanas y después en las legislativas. No se trata ahora, por duro que suene, de emitir el sufragio de acuerdo con preferencias ideológicas o de simpatías personales, se trata de una cuestión de supervivencia desde una óptica estrictamente económica. Todo elector que se acerque a los colegios de aquí a final de año, en Cataluña y en España en su totalidad, ha de saber que es esencial para sus intereses más básicos, que consisten ante todo en no verse en la pobreza, que cada voto a Podemos o a la lista de Junts per el sí, le va a vaciar el bolsillo. Con el fin de votar equipado de la información indispensable, este es un punto esencial que debería servir de guía útil a cada integrante del censo en el momento de decidir a quién apoyar. Suele decirse que el instinto de conservación es la garantía de los seres vivientes para salvar ocasiones de extremo peligro. Veremos si esta ley de la naturaleza se cumple en nuestro país en una coyuntura tan crucial como la que atravesamos.

¿Disidencias en el secesionismo catalán?
EDITORIAL Libertad Digital 27 Agosto  2015

El tiempo dirá cuál es el peso y la influencia política del sector crítico que, por lo visto, acaba de surgir en el seno de CDC y que se hace llamar Convergents amb Seny. Por ahora tan sólo son –o mejor dicho, dicen ser– un grupo de simpatizantes, militantes, concejales, alcaldes o cargos del partido que preside Artur Mas que, sin dar la cara, se manifiestan frontalmente contra la línea independentista del presidente de la Generalidad y también contra sus nuevos aliados en la plataforma electoral Junts pel Sí.

Sería lógico que la apuesta radical del líder de CDC no se saldase únicamente con la bien reciente ruptura de la coalición con la UDC de Duran Lleida, sino que provocase disensiones y rupturas en el seno de un partido de derechas que nunca había defendido tan abiertamente la causa separatista y nunca había mantenido alianzas tan ideológicamente contra natura como ahora, en que va de la mano con buena parte de la extrema izquierda local.

Está por ver qué fuerza e influjo tiene esta pretendida corriente crítica; lo que parece claro es que Mas y sus secuaces no se van a bajar del monte secesionista por un alegato colgado en un blog, por muy duro y cargado de razones que luzca.

Por otra parte, cabe recordar que el nacionalismo siempre ha querido exhibir dos caras, una más moderada y otra más radical, que, más que rivalizar, se han complementado a la hora de plantear exigencias y acordar supuestas concesiones. Habrá que ver si esto no es más que una escenificación o si verdaderamente hay mar de fondo. Sea como fuere, una cosa es que haya sectores en el seno de CDC contrarios a la independencia y otra, muy distinta, que estos disidentes sean unos leales defensores de la Constitución y de la unidad de España que no aspiran a nuevas concesiones por parte del Estado central. Que den la cara y detallen más sus intenciones, para que nadie se llame a engaño.

En cualquier caso, el ilegal desafío secesionista planteado por el nacionalismo catalán contra la Nación y el Estado de Derecho debe suponer para sus promotores un claro perjuicio, no sólo electoral sino legal y financiero. A eso debe dedicarse el Gobierno central, no a buscar en el nacionalismo convergente sectores moderados con los que negociar más moderadas concesiones.

CONSECUENCIAS Y MANIFESTACIONES DE LA CRISIS EN ESPAÑA
La sociedad cigarra
María San Gil www.latribunadelpaisvasco.com 27 Agosto  2015

Por su gran interés, reproducimos íntegramente la conferencia que María San Gil pronunció el pasado 28 de abril en la sede de la Fundación Valores y Sociedad.

Muy buenas tardes a todos. Muchísimas gracias por su presencia hoy aquí. Me asombra que un martes por la tarde se tomen ustedes la molestia de venir a escucharnos a Jaime Mayor y a mí. Debe al parecer ser cierta la fórmula que dice que “en Madrid a las 8 de la tarde o das una conferencia o te la dan”.

De la presentación de Jaime no voy a comentar nada, Jaime para mí es más que un compañero de partido, Jaime es un buen amigo, alguien a quien aprecio y admiro. En mi vida política he sido, de verdad, una mujer afortunada, porque he aprendido “la profesión” de los mejores.

Mi primer modelo fue Gregorio Ordoñez cuando en el año 91 empecé a trabajar con él en el ayuntamiento de San Sebastián donde me enseñó con su ejemplo todo lo que la política tiene de responsabilidad, servicio público, defensa de unos principios, coherencia, honestidad y trabajo duro. Cuando el 23 de enero del año 95 Eta asesina a Gregorio en un bar de la Parte Vieja donostiarra, el partido tuvo que buscar al mejor para intentar cubrir el hueco espantoso que había dejado y nadie mejor que Jaime para tomar el testigo.

De Jaime, que también tiene muchas de las virtudes de Gregorio, admiro su visión política, su capacidad de análisis (como Casandra que tenía el don de la profecía pero también la maldición de que nadie le creería), su defensa a ultranza de la verdad y su coherencia personal.

Convendrán conmigo en que no se puede tener mejores modelos políticos y también personales. Por eso, hoy, ¡¡no me conformo con cualquier cosa!!

En este ciclo de conferencias han intervenidos personalidades ilustres para hablarnos de la Crisis: Jaime Mayor y Juan Pablo Fusi con “Las raíces de nuestra crisis”, José Ignacio Munilla y Curro Contreras nos hablaron “del peligro islamista” y por fin Manolo Pizarro de “La crisis institucional de España y las vías de salida”. Con semejante plantel es muy difícil estar a la altura, pero me gustaría compartir con todos ustedes mi reflexión sobre qué creo que está ocurriendo en España, su porqué y la posible solución.

Cuando presenté a Manolo Pizarro comenté que no eran buenos tiempos para el Humanismo Cristiano, estamos dando la espalda a los Principios y Valores que son nuestra raíz histórica y que nos han forjado a los largo de los siglos.

Nuestro modelo de sociedad está inspirado en la cultura cristina, en sus principios y valores. Independientemente de si cada uno de nosotros es creyente o no, es innegable porque es un hecho histórico. La cultura cristiana ha sido quien ha dado forma y consistencia a nuestra sociedad y quien ha llevado a Europa a la vanguardia del mundo civilizado. Estamos padeciendo una clarísima descristianización de la sociedad.

La descristianización de Europa es más que evidente, ya lo vimos al aprobar la Constitución Europea cuando Valéry Giscard d´Estaing, presidente de la Convención que redactó el proyecto de constitución, no quiso que en dicha constitución se reflejara la matriz cristiana de Europa, y la aportación decisiva del cristianismo y la visión cristiana del hombre a la historia y a la cultura de diferentes países, lo cual es una realidad incuestionable de la historia y cultura europeas. Es un error histórico.

En el preámbulo se reconocen herencias culturales, religiosas y humanísticas pero sin mención expresa al cristianismo en un intento de que la ideología oscurezca y oculte la historia cuando la influencia del humanismo cristiano en Europa es un elemento básico de la identidad europea.

Por eso ha resultado inaudito, inusual y gratamente sorprendente ver a David Cameron, primer ministro británico, felicitando la Pascua en un mensaje de dos minutos y medio denunciando la persecución de los Cristianos en Irak y Siria, poniendo en valor la labor social de la Iglesia, reivindicando las raíces cristianas del Reino Unido y ensalzando los “valores reales” del cristianismo: “La responsabilidad, la caridad, la compasión, la humildad, el perdón y el amor”. ¡¡Me hubiera gustado ver a Mariano Rajoy diciendo exactamente lo mismo!! Pero hoy nos acompleja, o incluso nos avergüenza, simplemente el reconocer todo lo que de positivo ha tenido el cristianismo en nuestra historia y todo lo que ha contribuido a hacer de nosotros la sociedad que somos y en muchos casos una sociedad mejor. Queremos obviar unas raíces de las que nos deberíamos sentir orgullosos más allá de las creencias individuales de cada uno. Es nuestra Historia.

Padecemos una brutal expansión de la corriente relativista (relativismo moral no hay bien o mal, depende de las circunstancias) que tiene como objetivo destruir todos los valores que encarnan la cultura cristiana, la familia, el derecho a la vida, el concepto de compromiso y obligación, la idea de nación, las instituciones políticas, es decir todo aquello que nos ha hecho ser lo qué somos a lo largos de los siglos. Y tiene está corriente la capacidad de que aquello que no destruye lo convierte al relativismo (no tienen más que pensar en instituciones, colectivos, partidos,… que antes defendían determinados planteamientos y posturas ahora sin explicaciones ni argumentos se encuentras en posturas diametralmente opuestas).

Nuestra actitud como sociedad y como personas individuales es la perfecta para que el relativismo campe a sus anchas, nuestra actitud de desidia, pasotismo y poca firmeza le deja el camino abierto a esa corriente ideológica que pretende destruir todas las estructuras sociales que están construidas sobre la cultura cristiana.

Vivimos en la cultura del mínimo esfuerzo, del individualismo, del “sálvese quien pueda”, de hacer lo que yo quiero cuando quiero y como quiero, solo queremos derechos pero sin obligaciones ni responsabilidades.

El sociólogo Bauman, autor del concepto “modernidad/sociedad líquida” para definir el estado fluido y volátil de la sociedad actual reflexiona sobre la sociedad sin valores sólidos, una sociedad líquida en la que ser flexible es una virtud.

Pero deberemos ser conscientes de que semejante actitud no sale gratis, termina pasando factura y tiene consecuencias. No es lo mismo una sociedad que se esfuerza, que vive preocupada por el prójimo, que se guía por determinados principios morales que otra que se sumerge en el relativismo y que solo sabe quejarse de la crisis pero sin poner solución.

Y hoy, queridos amigos, nosotros somos esa sociedad cigarra que ha disfrutado, ha cantado y ha bailado y la llegada del severo invierno le ha pillado sin provisiones y sin capacidad para hacerle frente. Y estamos en el crudo invierno, sin brújula moral y desnortados.

Las consecuencias de la corriente relativista son evidentes en lo económico, social y político.

En el ámbito económico, estamos viviendo una situación económica complicada que nos ha llevado al desprestigio internacional, a ser casi intervenidos. Eso ha hecho que el gobierno se ocupe solo de la economía, como si no importara nada más y que durante meses sólo nos hayamos preocupado de la prima de riesgo.

Vivimos hace unos años una etapa de prosperidad económica y nos creímos que iba a ser siempre así, nos acostumbramos a tener dos coches, una segunda residencia y a irnos de vacaciones a países exóticos, se despertó en nosotros un ansia desmedida de bienes materiales y todo eso al margen de si el suelo es suficiente o si va a ser para siempre. Nos hemos olvidado, literalmente, del ahorro y de la austeridad. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, creyendo que la prosperidad era infinita en tiempo y en cantidad y nos hemos puesto a gastar y a derrochar a manos llenas.

Nos hemos convertido en uno de los países más endeudados del Planeta en relación a su riqueza. La deuda pública en España en 2014, que fue de 1.033.857 millones de euros (1 billón de euros, 1 millón de millones y en pesetas 167 billones de pesetas).

Esta cifra supone que la deuda en 2014 alcanzó el 97,70% del PIB de España. Según el último dato publicado, la deuda per cápita en España en 2014, fue de 22.256 euros por habitante (casi 4 millones de pesetas). En mi familia somos 4 y debemos casi 16 millones y ¡mis hijos todavía están en el colegio! Es interesante mirar atrás para ver que en 2004 la deuda por persona era de 9.105 euros.

Fruto del gasto desmedido, de la falta de ahorro y austeridad estamos tan endeudados que el Gobierno ha tenido que hacer una Ley (Ley de Segunda Oportunidad) de apoyo a familias y empresas. El Gobierno esperó aliviar la deuda de particulares y empresas que ya no pueden hacer frente a sus acreedores.

Estoy segura de que saldremos de la crisis económica, pero de lo que no estoy tan segura es que dejemos de ser cigarras para convertirnos en hormigas.

En el ámbito social, el Relativismo (lepra del siglo XXI como lo denomina Jose Manuel de Prada) tiene como objetivo destruir los valores de la Cultura Cristiana por eso el gran enemigo es la Familia. Una sociedad individualista y egoísta, de pensamiento puré/blando y totalmente materialista choca frontalmente con todo lo que significa la familia: tradición, seguridad, respeto, cariño, responsabilidad, sentimiento de pertenencia (somos como los eslabones de una cadena, antes estaban nuestros padres, abuelos y luego vendrán nuestros hijos, nietos), la familia nos da estabilidad.

Por eso hoy en día es atacada por todos los flancos, para empezar nos proponen otras versiones, otros tipos de familia. El anuncio de Coca Cola es un buen ejemplo, para hablarnos de felicidad nos presentan nuevos modelos de familia: familia homosexual, la madre soltera, pero no aparece la familia tradicional. La familia tradicional hoy no vende, ¡¡no es un buen modelo!!

Y eso que gracias a la crisis (algo bueno tenía que tener), la familia se ha revelado como el pilar fundamental para sostener a la sociedad y ha sido el refugio para muchos ciudadanos que se han quedado sin trabajo y sin sustento. ¡Cuántos jóvenes y no tan jóvenes ha tenido que recurrir a sus mayores para que les ayuden en estos momentos de dificultades económicas! La familia protege y recoge a los más afectados por el azote económico.

A pesar de esto el Gobierno ha dejado pasar la oportunidad de hacer una verdadera política de apoyo a la familia, un Plan Integral para avanzar en la protección social, jurídica y económica de las familias. Debe ser que identificarse con el repaldo a la familia es ponerse una etiqueta de antiguo, carca y poco moderno. Lo cual es una pena porque creo que era una de las tareas más importantes de este gobierno, incrementar la calidad de vida de las familias españolas, fomentar la solidaridad intergeneracional, afrontar los retos socio demográficos del envejecimiento de la población y la escasa natalidad (tenemos un verdadero problema demográfico al que Alejandro Macarrón llama Suicidio Demográfico). Apoyar a la familia es la mejor inversión en estos tiempos difíciles.

El número de matrimonios en España se ha reducido a casi la mitad en los últimos 30 años y, en relación con la tasa de divorcios de diferentes países, España tiene el dudoso honor de estar en el 5º puesto con un 61% de rupturas de pareja (nos vuelve a ganar Portugal o Bélgica con más del 65%). Se casan menos parejas y se divorcian muchas más, unos 130.000 divorcios al año (más de 360 personas al día pasan a ser divorciados). Hoy en día es casi milagroso que un matrimonio dure más de 15 años (media para divorciarse).

No voy a decirles nada del número de abortos en nuestro país, todos son demasiados, pero ¿qué dice de nosotros como sociedad y como país el hecho de que podamos llegar a considerar que el aborto es un derecho? Me quedo embarazada, no me viene bien y aborto, no asumo ninguna responsabilidad y no hay pesar. Como ser humano no se pueden pervertir más los valores morales. Ya lo dijo Julián Marías, “La aceptación social del aborto es lo más grave que ha ocurrido, sin excepción, en el siglo XX”.

Este es nuestro modelo social: me caso y me divorcio, da lo mismo el matrimonio heterosexual que el homosexual y da igual ser progenitor A que B o que haya dos o tres progenitores. Me quedo embarazada y aborto (no quiero asumir responsabilidades). Nuestros mayores nos molestan…

Me reconocerán que como modelo social y ejemplo para generaciones venideras dejamos bastante que desear. Sobre todo porque este tipo de actitudes no responden en la inmensa mayoría de españoles a una clara voluntad, sino que dejamos, en muchos casos, que todo esto ocurra por falta de firmeza, de coherencia. No queremos ser intolerantes ni radicales con determinados planteamientos y estamos dejando que nos “construyan” una sociedad en la que, en el fondo, no creemos. Burke, pensador y político irlandés, dijo con razón que “Hay un límite en el que la tolerancia deja de ser una virtud”.

Y, finalmente, en el ámbito político, si antes les comentaba que en el ámbito social la familia es el gran enemigo del relativismo, en el ámbito político podríamos decir que es la Nación por todo lo que representa de solidaridad, legalidad, igualdad, y libertad. Valores que chocan con el relativismo imperante.

En España el desprestigio de la Nación, de España, es evidente, protagonizado, ¡cómo no!, por los nacionalistas catalanes, vascos y por algunos dirigentes de la izquierda como el ex presidente Zapatero con su concepto discutido y discutible de nación.

Somos un país de 47 millones de habitantes y nos tienen en solfa los nacionalistas vascos que no llegan a 600.000 y los nacionalistas catalanes que son 2.100.000 (los que votaron en el referéndum ilegal), que buscan desde siempre la ruptura con el resto de España. No somos capaces de plantar cara con determinación, de defender sin complejos y sin rubor un proyecto propio de una España unida y plural en la que quepamos todos los que queremos sumar y hace del conjunto de España una referencia en Europa.

Pero el Gobierno actual que ha caído también el relativismo, en la falta de rigor, en la carencia de firmeza, contagiado por el gobierno anterior de Zapatero, nos obliga a contemplar el desafío soberanista en forma de referéndum ilegal (tal y como advirtió el Tribunal Constitucional) en el que sólo votaron 2.100.000 catalanes. Y ahora nos amenazan con unas elecciones plebiscitarias para el 27 de septiembre. Hoy Cataluña está a la vanguardia del separatismo, antes estuvo el País Vasco (plan Ibarretxe) pero no nos equivoquemos porque son vasos comunicantes, se contemplan unos en el espejo de los otros, y en ocasiones se dan claramente el relevo para asumir el papel político.

Les voy a poner un ejemplo evidente de lo absurdo de este país, dentro de unos días se juega entre el Barcelona y el Atlético de Bilbao la final de la Copa del Rey. La polémica está en que parte de las aficiones de esos dos equipos no se sienten españoles y van a pitar el himno. ¿Si no se sienten españoles porqué participan es este torneo? ¿Por qué permitimos, los demás, que ofendan un símbolo de la unidad de España y nos ofendan a todos? ¿Es más importante un partido o la imagen de un país? ¿Tenemos que tolerar su “odio” a España pero ellos no deben cumplir la Ley? ¿Y si yo hago cumplir la Ley estoy crispando, provocando, reprimiendo? Es el mundo al revés, pero porque nos dejamos. También en el País Vasco hemos tirado la toalla, hemos abandonado nuestros ideales de defensa de la libertad y derrota del terrorismo. Ahora preferimos caer bien, ser políticamente correctos y ponernos de perfil.

Sin abandonar el terreno político, voy a dirigir mi mirada al País Vasco. ¡Qué les voy a decir de las consecuencias del relativismo en el País Vasco! Durante años en el País Vasco fuimos inflexibles en la defensa de la libertad y la derrota del terrorismo, hoy las tornas han cambiado, nuestros políticos prefieren ser simpáticos, políticamente correctos y sentirse cómodos en una sociedad que tiene síndrome de Estocolmo, y que ha padecido más de 50 años de terrorismo y hegemonía nacionalista.

Los ejemplos son innumerables empezando porque, por mucho que se empeñen, Eta no está derrotada, no ha entregado las armas, no ha pedido perdón y no ha pasado a manos de la justicia. De hecho, para vergüenza y oprobio de nosotros como sociedad y de nuestro Estado de Derecho, hay, todavía hoy, 55 años después del primer asesinato de Eta (Begoña Urroz 27 junio 1960), después de 858 asesinatos, miles de heridos, secuestrados, extorsionados, y años padeciendo el terror y la falta de libertad, hoy todavía hay más de 300 asesinatos sin resolver (magnífico libro de Juanfer F. Calderín, “Agujeros del Sístema: más de 300 asesinatos sin resolver”, COVITE).

Eta ya no mata, pero tampoco le hace falta porque hoy fruto de la desidia y la cobardía, hemos permitido que estén en las instituciones. Se ha legitimado la ideología fanática que ha sustentado el terrorismo. Tienen 1.138 concejales, 123 alcaldes, 6 fiputados, 3 senadores y 21 parlamentarios vascos. Hoy son la segunda fuerza en Euskadi y tienen la suerte de que el resto de partidos ya no quiere ilegalizarles y les traten como si fueran demócratas de pleno derecho y no tuvieran un pasado del que arrepentirse.

Estamos asistiendo en el País Vasco con el beneplácito del resto de España a situaciones que ni en la peor de nuestras pesadillas hubiéramos temido. Tenemos un Lehendakari que se reúne con el colectivo de presos vascos para preocuparse por su situación y no se ha reunido todavía con las asociaciones de Víctimas y su secretario de Paz y Convivencia, antiguo concejal de Batasuna en Tolosa, se reúne en la cárcel con Rafa Diez Usabiaga, ex secretario del sindicato LAB. Hemos asistido a la excarcelación masiva de etarras poniendo como excusa al tribunal europeo. Se fugan los terroristas (De Juana, Ternera, Troitiño y ahora Plazaola). Tenemos un parlamentario vasco de Bildu que ha estado 11 años encarcelado por pertenecer a Eta, y ¡¡hoy es un representante político!! Y tampoco pasa nada cuando el presidente de Sortu y ¡¡cómo no!! también parlamentario de Bildu (son todos lo mismo) habla de dar “jaque mate a la Guardia Civil”. Por no hablar de la simbología etarra, por ejemplo en las fiestas de San Sebastián, o de los carteles de Euskal Herria en las carreteras con las cadenas, símbolo de Navarra.

Somos una sociedad ingrata y miserable que está dando la espalda a las víctimas del terrorismo, a las que han matado por defender a España. Ángeles Pedraza peleando para que en los libros de texto aparezca Eta, pero queremos vivir como si Eta no hubiera existido, y si Eta no ha existido, ¿cómo van a existir las víctimas?

El precio de la paz es la pérdida absoluta de dignidad.
Llevamos tres años poniéndonos de perfil, queriendo ser políticamente correctos, somos el paradigma del relativismo y estas son las consecuencias. En palabras de Burke, “El mal solo triunfa si los buenos dejan de hacer su trabajo”, por lo que parece los buenos han dejado de hacer su trabajo…

La solución
Creo, sinceramente, que la solución a la crisis moral que vivimos, a la pérdida de nuestras referencias del humanismo cristiano, al problema que tenemos pasa por la persona.

Cuando tuve el privilegio de presentar a Manolo Pizarro expliqué que lo que de verdad está en crisis, el verdadero protagonista de la misma, es la persona, el ciudadano. No se trata de una crisis económica, política, jurídica, es una crisis de políticos, empresarios, juristas. Las personas son el núcleo de todo y su crisis personal es la que lleva a las instituciones, entidades, empresas… a la crisis. La persona es el sujeto activo de “casi” todo y por eso el conjunto de la sociedad y todos sus instrumentos están en crisis. Lo que hoy está en crisis no es la política, o la empresa, o la judicatura o la Iglesia son las personas que conforman todos esos ámbitos, somos cada uno de nosotros, somos todos los ciudadanos los que estamos en crisis. La situación es la que es. La persona está en crisis, hemos perdido las referencias morales, los principios… Yo no tengo la solución. No sé qué se puede hacer pero lo que tengo claro es que somos cada uno de nosotros los que tenemos que cambiar a mejor.

La solución pasa por el desarrollo integral de la persona. Y para ello (en mi humilde opinión) hace falta que dimensionemos a la persona en cuatro. La dimensión personal, es decir nuestro compromiso y obligaciones con nosotros mismos, nuestra honestidad y coherencia personal, difícilmente si no somos sinceros y leales con nosotros mismos podremos serlo con el resto.

La dimensión familiar, es lo mismo pero aplicado al ámbito familiar, nuestro compromiso y nuestras obligaciones con la familia.La dimensión profesional y, por último, la dimensión comunitaria.

Cada uno de nosotros se desenvuelve y se desarrolla como persona en estos cuatro ámbitos. ¿Cómo lo hacemos? ¿Son reflejo de nuestros principios y valores? ¿Estamos a la altura de lo que se puede esperar de nosotros? Eso ya son respuestas que tendrán que darse todos ustedes.

Y como posiblemente, ahora en el coloquio, alguno de ustedes me pregunte cómo se hace todo esto, les cuento qué contestó Madre Teresa de Calcuta a un periodista que le preguntó durante una entrevista: ¿Qué es lo primero que tiene que cambiar en la Iglesia para mejorar su presencia en la sociedad? Madre Teresa contestó: Usted y yo.

Muchas gracias.


 


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