AGLI Recortes de Prensa   Viernes 28 Agosto 2015

Cosas que nadie quiere saber
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 28 Agosto  2015

Una de las verdades que circula con mayor dificultad es la que advierte de que cada día es más amplia la distancia que separa la creciente complejidad de los fenómenos sociales de nuestra capacidad para entenderlos. Estamos muy lejos de tener algo que pueda tomarse como teoría correcta y suficiente, y si eso ocurre incluso en el caso de quienes se supone tienen la mejor información y la preparación adecuada, imagínese lo que ocurrirá en el más común, lo que pueden llegar a valer las opiniones corrientes sobre fenómenos harto difíciles de categorizar, como las crisis económicas, los cambios políticos o las novedades tecnológicas de alcance global. Pese a ello, hemos de esforzarnos por entender cuanto ocurre, aunque sólo sea por el hecho de que nuestras acciones influirán de algún modo en lo que pueda pasar, y debiéramos conservar el derecho a decidir sobre nuestro futuro, en cuanto nos sea posible.

Los consensos esenciales
La solución más común, pero no, desde luego, la más inteligente, frente a esta clase de dificultades es la simplificación ideológica, el prejuicio interesado, la caricatura. Sobre esta base, se comprende que muchas personas puedan acabar luchando en contra de sus intereses, pretendiendo hacer lo contrario. La politización se basa, demasiado habitualmente, en la administración masiva y acrítica de esta clase de falsas soluciones, en la creencia ciega en ciertas supuestas verdades que nadie osa poner en cuestión. El abuso de la fórmula da en el slogan, en la bobería pretenciosa, y, para bajar de lo general a lo concreto, me bastará un ejemplo: finalizado el debate, insulso y retórico, de presupuestos, Pedro Sánchez resumió la situación diciendo que Rajoy hablaba del pasado, y además con rencor, mientras que él se preocupaba por el futuro. Pues qué bien.

Una imagen borrosa e ilusa del gasto público
Vivimos en una sociedad cuyo rasgo más destacable es la vejez, tanto desde un punto de vista demográfico como histórico, y esa condición nos ha hecho ser enormemente conformistas, tanto para ensalzar el orden presente como para cuestionarlo, supuestamente. La consecuencia es que nuestro debate público, por llamarlo de algún modo, es muy repetitivo, la derecha siempre dice estar virando al centro, y la izquierda no se cansa de prometer el cambio cuando está en la oposición, y, trata de hacerlo cuando manda (a diferencia de la derecha rajoyana que se ha limitado a seguir el programa de sus adversarios nominales), empezando la casa por el tejado, con nuevas leyes, nuevos derechos, que encocoran a una derecha asustadiza, pero sin nada que afecte realmente al funcionamiento efectivo de las cosas. El resultado de ambos impulsos, tras casi cuatro décadas de alternancia política, dista mucho de ser envidiable, pero nos cuesta trabajo analizar las razones por las que las esperanzas y expectativas con que se recibió la democracia están ahora sometidas a un severo escepticismo.

Esta resistencia al cuestionamiento es la otra cara del consenso ideológico reinante, la admisión de un Estado de Bienestar cuyo funcionamiento efectivo es tan criticable como desconocidos son sus efectos prácticos, el mantra universalmente admitido sobre la bondad indiscutible de las llamadas políticas sociales, sin que nadie repare en lo muy conveniente que sería medir sus consecuencias y la pregonada bondad de sus efectos, sencillamente porque eso supondría poner en duda el otro dogma político imperante: la bondad absoluta del gasto público, que es la inagotable mercancía que venden los políticos en sus tenderetes, a hora y a deshora, de manera que sus disputas se reducen a acusarse de gastar menos de lo debido, y no se crea que exagero, porque los del PP han acusado frecuentemente a los socialistas andaluces de haber educido el gasto en sanidad o en educación, infame pecado que, entérense todos, no sólo cometen a escondidas los perversos políticos de la derecha sino incluso alguno de los socialistas más vocingleros, aunque sea mirando para otra parte.

No hay ninguna contabilidad analítica
En un estado tan nebuloso nadie se pregunta si el gasto ha producido efectivamente los bienes que se le atribuyen, si ha contribuido a reducir la desigualdad, por ejemplo, o no lo ha hecho, como creo es el caso, si ha producido mejoras efectivas de bienestar o, simplemente, más burocracia y gasto consuntivo, más empleo público ineficiente y clientelar, porque, en definitiva, el gasto ha alcanzado el cenit de la bondad absoluta, y por eso la derecha de Rajoy ha seguido elevando la deuda española de forma que hará palidecer al dadivoso Zapatero. En este escenario es realmente gracioso que se siga empleando el calificativo de populista con intención peyorativa.

No existe ningún debate político
Enganchados a ese sublime principio de que cuanto hacen es siempre para bien, los políticos no tienen nada que discutir, ni son nunca responsables de nada, desde luego, no de sus fracasos. El PP insiste ahora en la maldad absoluta de Podemos, en el riesgo mortal de que llegue al Gobierno, sin reparar en la obviedad de que los votos que consigan apartar de tan perversa compañía difícilmente irían a parar a sus papeletas en lugar de engrosar los resultados de Pedro Sánchez, de forma que parecen empeñados en llevarle a la Moncloa añadiendo a sus méritos propios la renta de utilidad derivada de convertirle en el más firme obstáculo para evitar que Iglesias y Errejón lleguen a cumplir sus siempre desinteresados sueños. En Madrid se cuenta, además, con la voluntad de Esperanza Aguirre, dispuesta, al parecer, a echar a Carmena del sillón, aunque sea al precio de un cordón sanitario inverso, que tampoco tendrá otro efecto que convertir a su adversario socialista tradicional en el epítome de la moderación, cosa nada difícil porque casi nadie está dispuesto a imaginar a un ministro, o a un concejal, socialista dispuesto a rascarnos los bolsillos con mayor saña que la de Montoro. Parece como si en la pura acción política del PP tampoco contasen para nada los efectos de lo que se dice, lo que ciertamente dista bastante de cualquier definición mínimamente clara de lo que es la política.

Lo que les falta a los partidos
Que la democracia interna es un ideal no exento de paradojas es obvio, pero seguramente habrá que procurar que exista algo más y algo distinto a que los partidos se limiten a ser conjuntos de palmeros que aplauden a rabiar la última ocurrencia de sus líderes, como que Rajoy decida que hay que debatir sobre la Constitución para decir quince días después que ya no toca. Los partidos no simplemente imitan la pobreza del debate social, sino que la inducen, han descubierto que con esa simplicidad ideológica que gastan pueden seguir en lo suyo, y eso es algo que no puede sino ir a peor (para nosotros, naturalmente). En una situación de tan extrema escasez de argumentos, de tal anorexia política, debiera surgir de los medios de comunicación y de la sociedad civil un revulsivo, un empeño en hablar de lo que no se habla y en pensar sobre lo que no se piensa, porque aunque los políticos se esfuercen en negarlo, es nuestro porvenir el que está en juego, con una sociedad anestesiada, con una evolución demográfica que asusta, en una nación cuya unidad amenaza quiebra, internacionalmente casi insignificante, pese a nuestro volumen relativo, endeudada hasta mucho más allá de lo razonable y sometida, por tanto, a contingencias que pueden ocasionar una catástrofe en cualquier momento, mientras los partidos siguen dándole irresponsablemente a la manivela del gasto porque saben que todavía no nos hemos dado cuenta de que ese dinero que derrochan es el nuestro.

El expolio del tercer rescate griego
Juan Francisco Martín Seco Republica 28 Agosto  2015

El pasado día 18 se debatió en el Congreso el tercer rescate de Grecia, una pantomima sin relevancia alguna, ya que el resultado de la votación no era vinculante y, tal como se afirmó desde la oposición, contrastaba con el hecho de que el rescate español se adoptara en su día sin someterlo antes al debate de las Cortes. En cierto modo, la sesión del día 18 constituyó una trampa que el Gobierno tendió a los distintos grupos parlamentarios, que se vieron en la tesitura de o bien pronunciarse en contra, lo que podía entenderse como un acto de insolidaridad con Grecia negándoles la ayuda precisa, o bien votar a favor, lo que cabria interpretar como apoyo al acuerdo del Eurogrupo y bendición de un memorándum ignominioso, injusto y antidemocrático. Otra cosa muy distinta sería que la discusión se hubiese producido con anterioridad a las negociaciones y dedicado a fijar la postura del Gobierno en ellas.

Es una evidencia que este tercer rescate va a servir para todo menos para sacar a Grecia de la ruina en la que se debate. Si en 2010 la situación de este país era mala, ahora es mucho peor, y peor será según vaya avanzando la implantación de las medidas incluidas en el memorándum. Grecia es el caso más dramático, pero algo parecido se podría afirmar de los demás países que han sido rescatados: Portugal, Irlanda y España. A pesar de la propaganda que los pone como ejemplo, lo cierto es que la situación económica de sus ciudadanos, la real, es peor que la de 2010. Y si entonces los mercados los pusieron contra las cuerdas fue tan solo porque no contaron con un banco central que los respaldase. La presión duró (excluyendo a Grecia) hasta que el BCE y Merkel quisieron, y cesó tan pronto como creyeron que la situación se volvía peligrosa para toda la Eurozona y que los países deudores habían adoptado la disciplina que convenía a los acreedores.

El único fin de los rescates, tanto en el caso de Grecia (el más dramático) como en el resto, es asegurar que los acreedores (la mayoría, bancos alemanes) recuperen sus préstamos. Sin duda, Alemania lo ha conseguido transfiriendo las deudas a todos los contribuyentes europeos. En contra de esa idea tan extendida de que es este país el que pone el dinero, hay que decir que, muy al contrario, es el principal receptor de fondos. En los rescates de Grecia, por ejemplo, Alemania, en porcentaje, no aporta un euro más que el resto de los países miembros, pero, eso sí, ha recobrado en buena medida las deudas que sus bancos habían contraído de forma temeraria y cuya recuperación corría peligro.

Pero es que, además, Alemania se está lucrando con la situación por otros procedimientos más indirectos, o menos conocidos. Según informaba hace unos días EFE, el Instituto alemán para el estudio de la economía, Halle, perteneciente a la asociación Leibniz, ha publicado un análisis en el que apunta que el equilibrio presupuestario del país germánico se debe en buena parte al pago de menores intereses, fruto de la crisis de la deuda europea y en particular de los problemas de Grecia. Este estudio cifraba el ahorro desde 2010 hasta 2015 en 100.000 millones de euros, cantidad que compensaría con creces la pérdida que Alemania tendría que afrontar, aun cuando Grecia no pudiese pagar su deuda. A lo que habría que añadir que el diferencial en el tipo de interés (algo que no debería existir en una unión monetaria bien diseñada) coloca a las empresas alemanas en una situación de privilegio frente a las de otros países.

Pero el mayor beneficio que obtiene el país germánico se encuentra en otro ámbito que pasa más desapercibido, su excedente comercial. El mantenimiento de una moneda única y la imposibilidad de devaluar de los otros países miembros está permitiendo que durante bastantes años Alemania mantenga un superávit de balanza por cuenta corriente del 6 o 7% del PIB, cifra insólita que debilita la economía del resto de los países miembros e incluso crea un grave problema a la economía mundial (véase a este particular mi artículo de la semana pasada). De no existir el euro, el tipo de cambio de las distintas divisas se habría reordenado de manera que el país germánico habría perdido su ventaja comparativa. La Unión Monetaria se constituyó de manera tan chapucera que ni siquiera se estipuló en los tratados la obligación de los países excedentarios de corregir, al llegar a un determinado límite, su superávit comercial, más dañino para el equilibrio de la unión que los déficits públicos.

Poco van a ver los griegos de los 86.000 millones de euros aprobados como tercer rescate. La mayor parte de esa cantidad se va a destinar a pagar intereses, devolver préstamos y recapitalizar a los bancos, que es otra forma de garantizar los préstamos a los acreedores. Buen ejemplo de ello lo constituye el primer tramo del rescate por importe de 23.000 millones, de los cuales 10.000 van destinados a la banca. De los 13.000 millones restantes, el Gobierno griego deberá dedicar 3.500 a pagar intereses y principal en la amortización de bonos al BCE y 7.160 a cancelar el crédito puente que en julio le fue concedido por las instituciones comunitarias con la finalidad también de que Grecia hiciese frente a sus compromisos con el BCE y el FMI. Se puede deducir, que poco dinero queda para el pueblo heleno.

Los ciudadanos griegos, sin embargo, serán los paganos de toda esta operación. Cualquiera que lea el memorándum se dará cuenta de hasta qué grado de expolio y de intervención va a estar sometida la sociedad griega. La pérdida de soberanía es total, de manera que alguien puede ver como una farsa la celebración de las próximas elecciones en Grecia. Gane quien gane, será la Troika la que gobierne, ya que se llega al extremo de que no se podrá aprobar una ley en el país sin que antes haya sido supervisada por las autoridades de la Unión, que es lo mismo que decir por Merkel.

Prueba evidente de que quien manda en Grecia no es el Gobierno la constituye una información que hace pocos días apareció en la prensa: el acuerdo con el Eurogrupo no fue posible hasta que Tsipras contrató como asesor de Grecia a Glenn Kim, ex directivo de Lehman Brothers, y le encomendó un papel importante en las negociaciones del rescate. Él, entre otros cometidos, diseñó el proyecto del fondo de privatizaciones griego, sin duda uno de los aspectos más humillantes e ignominiosos del memorándum. Resulta curioso observar el elevado número de ex Lehman Brothers que, tras la crisis de este banco, se encuentran ocupando cargos importantísimos en la Eurozona.

El expolio al que se somete a Grecia no solo es de soberanía, sino también, como no podía ser de otro modo, económico, y es que quizás aquel vaya sobre todo orientado a este. Con el fondo de privatizaciones, cuya gestión se pone en manos ajenas a Grecia, se pretende malvender todo lo que tenga algún valor, despojando al sector público de bienes estratégicos, como puertos y aeropuertos. Catorce aeropuertos regionales han pasado ya a poder de Fraport, empresa alemana con participación pública, se supone que en condiciones ventajosas.

Bien es verdad que en esto de malvender aeropuertos también sabemos mucho en España. AENA, tras su privatización parcial, ha experimentado en pocos meses una subida en bolsa del 80%, señal inequívoca del bajo precio fijado en la venta y de que supuso un regalo para los inversores. El colmo del cinismo es que los altos cargos del Ministerio de Fomento intenten justificar la subida en bolsa amparándose en la buena gestión. Se supone que desde febrero (que fue cuando comenzó a cotizar), en apenas medio año, taumatúrgicamente la gestión cambió de tal modo que la empresa casi ha doblado el valor. Es de risa. ¿Y cómo se gestionaba antes? En fin, he aquí el verdadero objetivo de las privatizaciones y de los rescates.

www.martinseco.es

Riesgo político
Aleix Vidal-Quadras Gaceta.es 28 Agosto  2015

El panorama económico mundial es poco alentador. El debilitamiento del crecimiento de China con el consiguiente descenso del precio de las materias primas, lo que repercute a su vez seriamente sobre las perspectivas a medio plazo de los países emergentes, los conflictos sin aparente solución en Oriente Medio y en el Cáucaso y las masivas oleadas migratorias que ponen una tremenda presión sobre la Unión Europea, configuran un cuadro de incertidumbre que sin duda es desfavorable para las inversiones, los índice bursátiles y la actividad en general. Sin llegar a las apocalípticas predicciones de algunos analistas que anuncian otra recesión global muy profunda de forma inminente, cuando apenas nos hemos repuesto de la última, no cabe duda de que los motivos de optimismo de cara a los próximos años en términos de creación de empleo y de prosperidad son más bien escasos.

Dentro de este cuadro general, en España estamos amenazados por un factor propio que se suma a los elementos negativos anteriores: el considerable riesgo político que añade aún más dificultades a las abundantes que ya venimos arrostrando a lo largo del último sexenio. Dos citas electorales antes de que acabe 2015 presentan características que las convierten, según sea su resultado, en sendas bombas en el corazón de nuestro sistema productivo o, lo que es lo mismo, de nuestra capacidad de generar riqueza, trabajo y bienestar para el conjunto de los españoles. También es cierto, y esta es la parte buena, que las urnas pueden, si los votantes deciden de manera racional y serena, proporcionar un valor añadido notable a nuestra competitividad en forma de confianza y seguridad, dos parámetros intangibles de relevancia primordial a la hora de mejorar los indicadores económicos de contenido material. Es una evidencia rotunda que nadie con un mínimo de seso discute que una victoria del independentismo en Cataluña el 27 de septiembre y del populismo liberticida en diciembre en los comicios generales provocaría una reacción devastadora en los mercados que nos haría perder cualquier posibilidad de recuperación durante por lo menos una legislatura y que causaría un deterioro tan terrible que una rectificación posterior necesitaría una década larga para reparar los estragos.

Sorprendentemente, los dos principales responsables del auge del independentismo catalán y de la aparición pujante de un chavismo a la española, el PP y el PSOE, no parecen ser conscientes de la gravedad de la situación y continúan empecinados en un enfrentamiento maniqueo, que añadido a la falta de renovación en la cúspide del partido del Gobierno y a una política de alianzas suicida en no pocos ayuntamientos y autonomías del líder de la oposición, apuntan al cumplimiento de los peores vaticinios. Por consiguiente, los únicos que están en condiciones de reconducir el rumbo de la Nación, hoy directamente dirigido a la catástrofe, somos los ciudadanos con nuestra papeleta, primero en las autonómicas catalanas y después en las legislativas. No se trata ahora, por duro que suene, de emitir el sufragio de acuerdo con preferencias ideológicas o de simpatías personales, se trata de una cuestión de supervivencia desde una óptica estrictamente económica. Todo elector que se acerque a los colegios de aquí a final de año, en Cataluña y en España en su totalidad, ha de saber que es esencial para sus intereses más básicos, que consisten ante todo en no verse en la pobreza, que cada voto a Podemos o a la lista de Junts per el sí, le va a vaciar el bolsillo. Con el fin de votar equipado de la información indispensable, este es un punto esencial que debería servir de guía útil a cada integrante del censo en el momento de decidir a quién apoyar. Suele decirse que el instinto de conservación es la garantía de los seres vivientes para salvar ocasiones de extremo peligro. Veremos si esta ley de la naturaleza se cumple en nuestro país en una coyuntura tan crucial como la que atravesamos.

Huérfano de ideas, el PSOE vuelve a sus clásicos
Luis Ventoso ABC 28 Agosto  2015

Me temo que la descripción más certera de la relación de los españoles actuales con Franco la proporcionó Nuno Silva, aquel ignoto futbolista portugués que se presentó ante la hinchada del Jaén ataviado con una camiseta estampada con el rostro del dictador. En su inmensa berza, el veinteañero Silva tomó a Franco, a quien no conocía, por alguna suerte de icono pop a lo Warhol y se enfundó el niki tan pancho, ajeno al jaleo que podía armar.

Nuno hizo gala de una incultura tamaño futbolista, pero lo suyo no es tan raro: Franco murió hace 40 años y han pasado 76 desde el final de la Guerra Civil. Mi único abuelo que se vio forzado a combatir en el 36 falleció hace ya un par de décadas. Era un marinero sin letras, que veía aquello como una vivencia triste y desgraciada, de la que no le gustaba hablar. Algo así como si el tren de la historia hubiese atropellado su biografía. Cuando yo era niño, alguna vez el abuelo les decía a mis padres con apremio: «Luisiño quiere pulpo». Frase mendaz, con la que me tomaba de pretexto y rehén para entregarse a su pantagruélica gula cefalopodera. Me cogía de su mano tipo guante de béisbol y me llevaba a comer «pulpo a feria» por casetas portuarias frente al mar de fiordo que ilumina Vigo. En alguna de aquellas incursiones le pregunté por su paso por la guerra, que mi imaginación infantil barruntaba heroico. Siempre despejaba raudo y con la misma frase piadosa: «Me la pasé toda pelando patatas».

Para la mayoría de los integrantes de la generación del «baby boom», la más nutrida y la que hoy manda, nuestro recuerdo más llamativo asociado a Franco es que la mañana en que murió el bus del cole dio la vuelta y nos vimos con la inesperada y especular propina de una semana de vacaciones. Los chavales que este año entrarán en la universidad han nacido 22 años después de su muerte y su visión es todavía más fría: es algo que estudiaron en el colegio, ajeno a su agenda de preocupaciones, que pasa mayormente por no engrosar nuestras vergonzosas tasas de paro juvenil. Hace mucho tiempo, tal vez incluso años, que Franco o la Guerra Civil no surgen como gran tema de conversación en una de mis comidas amicales o familiares. No está en el debate cotidiano. Ni siquiera se escuchan chistes sobre él (y algunos constituían la disección más sagaz de una época). Ese olvido social atiende a un enorme éxito: el brillantísimo ejercicio de concordia que fue el pacto de la Transición, del que cualquier país sin el germen del auto odio alardearía con legítimo orgullo. Franco y la Guerra deben quedar hoy para el balance erudito y ecuánime de los historiadores (en España, por cierto cada vez mejores, incluso con más amenidad y mejor prosa).

El PSOE, huérfano de ideas, sin una sola aportación original alternativa en economía, que es el meollo del bienestar, volvió ayer a su comodín: pide desenterrar a Franco y volver a las exhumaciones de las víctimas de la guerra. Sánchez tenía tres años cuando murió el dictador. A su segundo, Luena, le faltaban cinco para existir. ¿Qué rencor raro, estéril y artificioso los lleva a abominar del perdón mutuo de la Transición para echar sal en las heridas de sus abuelos y bisabuelos?

Esa arma llamada Historia
Emilio Campmany Libertad Digital 28 Agosto  2015

Coinciden esta semana dos grandes medios de comunicación anglosajones en denunciar el intento de Xi Jinping de aprovechar el gran desfile militar que conmemorará la victoria de China sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial para reescribir la Historia. La principal falsedad que el dirigente chino quiere divulgar es que fueron los comunistas quienes derrotaron a los japoneses. No fue así. Quien los venció fue el Kuomintang del odiado Chang Kai Shek. Claro que con la inestimable ayuda de los norteamericanos. Luego, eso sí, los comunistas ganaron la guerra civil que desató su revolución. La idea del partido es presentar la China comunista como el vigía siempre atento que defenderá hoy a toda Asia del renovado expansionismo imperialista japonés como ya lo hizo anteriormente. Ni que decir tiene que si en Extremo Oriente hay hoy algún imperialismo expansionista que constituya una amenaza, ése es el chino, no el nipón.

También aquí la Historia se emplea como arma. Lo que trata de venderse por medio de la falsificación es que nuestro actual régimen, con ser más o menos democrático, es heredero del franquismo. Por serlo, la derecha que habita en él no es democrática, sino de uno u otro modo franquista, como prueba el que se niegue a condenar los crímenes del régimen de Franco. En cambio, la izquierda desciende directamente de la democracia que encarna la II República, abatida por unos militares con un golpe de Estado que desembocó en una guerra civil en la que las fuerzas democráticas fueron derrotadas por los fascistas. Por eso, el régimen se legitima cuando gobierna la izquierda y se deslegitima cuando lo hace la derecha o, mejor dicho, cuando lo hace esta derecha.

Y todo parte de una falsedad, que la II República fue un régimen democrático contra el que se levantaron los fascistas. Es posible que en sus inicios fuera o intentara ser democrática, aunque las primeras quemas de iglesias y conventos se produjeron en mayo de 1931, antes de que el nuevo régimen cumpliera un mes. De lo que no cabe duda es de que, a partir de las elecciones de febrero de 1936, dejó de serlo para convertirse en un régimen revolucionario de izquierdas que, hasta que Stalin le dio una dirección, no sabía muy bien dónde iba. Aunque sí sabía perfectamente hacia dónde no iba. Y hacia donde de ninguna manera iba era hacia la democracia. Contra él se levantaron no sólo los fascistas, sino toda la derecha. Y media España se enfrentó a la otra media. Y si en algo se parecieron fue en que ambas habían dejado de creer en la democracia.

Y luego esta izquierda tan democrática que tacha de fascistas a sus adversarios por no condenar el régimen de Franco le levanta un monumento a Largo Caballero, el Lenin español. Este socialista fue al menos tan responsable de la guerra civil como pudiera serlo Franco y, por supuesto, no era más demócrata que él. Con estos referentes son con los que la izquierda española se permite dar y negar marchamos de demócrata a los demás.

En Siria e Irak
El Estado Islámico (EI) mantiene a miles de prisioneros en centros secretos de detención
www.latribunadelpaisvasco.com 28 Agosto  2015

La organización terrorista autodenominada Estado Islámico (EI) controla grandes zonas de Siria e Irak, y se cree que retiene a cientos, si no miles, de prisioneros, muchos de ellos en centros de detención secreta. Algunos de los recluidos son sospechosos de robo u otros delitos; otros están acusados de "delitos" contra el Islam, como fumar cigarrillos, o del delito de zina (mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio). Otros parecen haber sido detenidos a causa de su labor como activistas políticos o de derechos humanos, como trabajadores humanitarios o como periodistas. El El también ha capturado y detenido a numerosos combatientes de grupos armados rivales, a muchos de los cuales ha ejecutado después sumariamente. Las denuncias de tortura contra las personas a las que captura o detiene son habituales. Un activista – que desea permanecer en el anonimato – describe a Amnistía Internacional su detención y tortura a manos del autodenominado Estado Islámico.

Este es su relato
“Aparte de la tortura física, las amenazas y el terrorismo psicológico eran abundantes. A todos nos amenazaban a diario con llevarnos al 'carnicero' [el verdugo]”.

“Durante mis primeros 20 días de encarcelamiento [en manos del EI], estuve recluido en un calabozo subterráneo. Dependiendo del día, en el calabozo había entre 50 y 90 prisioneros más. Los hombres recluidos allí procedían de entornos diferentes; algunos eran combatientes de grupos como Yabhat al Nusra, Ahrar al Sham o el Ejército Sirio Libre. Otros eran civiles a los que se acusaba de ser simpatizantes del régimen o espías. Además, había otro activista recluido con nosotros".

“Las condiciones generales no eran demasiado malas. Vives el día a día con relativa normalidad, pero con un terror extremo a causa de las amenazas constantes que llegan a tus oídos, y por lo que otros te cuentan de la tortura que han soportado. Por ejemplo, había varios hombres con los brazos totalmente paralizados por haber sido colgados por el ballanco [una postura en tensión en la que a la víctima la cuelgan por las muñecas, atadas a la espalda]. Estos hombres habían permanecido colgados durante seis o siete horas hasta que los brazos se les habían paralizado".

“Esta tortura normalmente se lleva a cabo en otra sala, pero oíamos los gritos. La gente, cuando vuelve al calabozo, suele describir lo que le han hecho".

“Las torturas peores se las infligían a civiles acusados de ser simpatizantes del régimen. A uno de los hombres que tenía los brazos paralizados a consecuencia de la tortura lo detuvieron únicamente porque alguien lo oyó gritar: '¿Cómo puedes hacer esto a tus propios simpatizantes, Bashar?’ después de que su casa fuera bombardeada. A los acusados de ser miembros de Yabhat al Nusra y a otros combatientes los trataban mejor que a los civiles".

“Las condiciones en el interior del calabozo no eran malas: estaba limpio, y la comida era buena. Pero, durante los interrogatorios, las condiciones eran indescriptibles. Totalmente indescriptibles. Mi primera semana de interrogatorio fue espantosa. Luego descubrieron que no tenía vínculos con ningún grupo armado y que mis actividades no eran políticas, así que, después de la primera semana, la tortura se redujo. Aún tengo cicatrices en el cuerpo de los primeros tres días de tortura. Me colgaron por el ballanco durante 15 minutos. Durante esos 15 minutos de dolor, estaba dispuesto a 'confesar' cualquier cosa que [mi torturador] quisiera".

“Aparte de la tortura física, las amenazas y el terrorismo psicológico eran abundantes. A todos nos amenazaban a diario con llevarnos al 'carnicero' [el verdugo]".

“Después de esos 20 días, me llevaron a otro lugar. Allí, el investigador quería obtener de mí otra 'confesión' porque las acusaciones previas contra mí no se sostenían. Me encerraron en régimen de aislamiento durante 24 horas y me dijeron: 'O cambias tu historia, o te ejecutamos'. No cambié mi historia; no tenía ninguna otra historia que contar".

“Al día siguiente, vinieron. Yo estaba sentado en el suelo con los ojos vendados, y oí cómo cargaban un arma –quizá algún tipo de pistola– cerca de mi cabeza: otra forma de terror. El investigador dijo a los otros hombres: 'Llévenselo y ejecútenlo'. Me sacaron de la sala con los ojos vendados. Dios me dio fuerzas en aquellos momentos. Los hombres que me llevaban hablaban de cómo ejecutarme; uno le decía al otro: 'no uses una pistola, usa un rifle, es mejor'. Luego abrieron la puerta y me metieron en otra sala".

“Cuando abrí los ojos, descubrí que se habían limitado a llevarme de vuelta a mi calabozo. Toda la historia de la ejecución era una manera de aterrorizarme, de hacer que me desmoronara y 'confesara' lo que ellos quisieran."

“Estuve recluido en manos del Estado Islámico durante varias semanas más, y luego me dejaron en libertad. Poco después huí de Siria. Como activista, allí no iba a estar seguro durante demasiado tiempo”.

Cambio de modelo productivo: esperanzas y riesgos (II)
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 28 Agosto  2015

La publicación de los datos de Contabilidad Nacional del segundo trimestre de 2015 nos permite actualizar nuestros análisis a propósito del ritmo de reajuste que está siguiendo la economía española. Como sabemos, el país experimentó una fortísima distorsión de su aparato productivo entre 2001 y 2008 (sobredimensión del ladrillo), de modo que parte de la superación de la crisis requiere de su recomposición. Entre 2008 y 2013, la reestructuración económica fue esencialmente inexistente, en 2014 comenzó a materializarse y en 2015 emprendió una visible aceleración.

Baste comparar el valor añadido bruto generado por cada sector de la economía española en el segundo trimestre de 2015 con el generado en el segundo trimestre de 2008 (antes de pinchar la burbuja y entrar en la crisis económica). Es fácil observar en el siguiente gráfico que en agricultura, industria, construcción, información y comunicaciones y actividades financieras todavía estamos generando hoy menor valor que en 2008. Por el contrario, en comercio, transporte y hostelería, actividades inmobiliarias, administración pública y otros servicios ya estamos generando más (y en actividades profesionales estamos al mismo nivel de 2008).

Fuente INE

Dicho de otro modo, en el segundo trimestre de 2015 estamos generando en agricultura, industria, construcción, información y comunicaciones y actividades financieras alrededor de 23.500 millones de euros en bienes y servicios menos que en el segundo trimestre de 2008. Por el contrario, en comercio, transporte y hostelería, actividades inmobiliarias, administraciones públicas, sanidad y educación, y otros servicios estamos generando casi 14.000 millones de euros más.

Sin embargo, y como ya hemos expuesto en otras ocasiones, la rúbrica de actividades inmobiliarias es un mero artificio contable (computa, en esencia, el valor imputado de disfrutar de una vivienda habitual en propiedad); a su vez, la rúbrica de la administración pública tampoco deberíamos contarla como parte del cambio en el modelo productivo, ya que vive de los impuestos que arrebata al sector privado productivo. Así las cosas, en realidad el aumento de la actividad privada con respecto al segundo trimestre de 2008 es sólo de 4.500 millones de euros, por lo que todavía faltarían 19.000 millones de reajuste productivo pendientes.

Al ritmo actual podría completarse el reajuste de la estructura productiva en unos dos-tres años

¿Son muchos 19.000 millones de reajuste en actividad económica? Pues alrededor del 11% del PIB de este trimestre (excluyendo actividades inmobiliarias y administración pública). Acaso parezca mucho, pero en el segundo trimestre de 2014 faltaban casi 26.000 millones de euros (el equivalente al 15,5% del PIB de ese trimestre). En otras palabras, al ritmo actual podría completarse el reajuste de la estructura productiva en unos dos-tres años.

Lo anterior no significa, empero, que en el plazo de tres años habremos alcanzado el nivel de empleo de 2008: por fortuna, la creación de empleo se está desplegando en la mayoría de sectores con incrementos de la productividad, de manera que se necesita un menor número de empleados para generar el mismo valor añadido que en 2008. En el siguiente gráfico podemos observar cómo la productividad en 2015 era superior a la de 2008 en todos los sectores salvo información y comunicaciones y actividades financieras (e incluso superior a la de 2014 salvo, además, en la construcción).

Fuente INE

Dado que en el segundo trimestre de 2008 se trabajaron 7.600 millones de horas (excluyendo actividades inmobiliarias y administración pública) y en el segundo trimestre de 2015 fueron 6.200 millones, quedan alrededor de 1.400 millones de horas de trabajo pendientes de emerger. En el último año, las horas trabajadas aumentaron en 200 millones, por lo que todavía necesitaríamos siete años (hasta 2022) para recuperar el nivel de ocupación de 2008… en caso de mantener el ritmo de creación de empleo actual.

La completa digestión de la burbuja inmobiliaria, por consiguiente, todavía tomará entre tres y siete años. Se trata de un período muy considerable (no en vano, en la actualidad llevamos siete años de crisis, de forma que restarían otros tantos) en el que, por desgracia, nada nos garantiza que no se puedan torcer las cosas. Ahora mismo, los riesgos a medio plazo siguen siendo los siguientes:

  • Riesgos financieros: La economía española está tremendamente endeudada con respecto al exterior. La deuda neta con el resto del mundo ascendió a finales de marzo de 2015 a 1,042 billones de euros (el nivel más elevado de toda la serie reelaborada por el Banco de España y que arranca a finales de 2012). Si cerramos el año con un PIB de 1,09 billones de euros, eso significará que nuestra deuda exterior neta oscilará el 96% del PIB. De esos 96 puntos del PIB de deuda —y esto es lo especialmente preocupante— cerca de 63 puntos se corresponden con "inversiones en cartera", esto es, financiación especialmente volátil que podríamos perder con rapidez en caso de que estallara una nueva crisis financiera global.
  • Riesgo de nuevas burbujas: De momento, el Banco Central Europeo está inyectando amplia liquidez en los mercados como para que no nos hallemos expuestos al riesgo de un cierre de la financiación exterior. Pero la contrapartida de la flexibilización cuantitativa de los bancos centrales —sobre todo cuando son especialmente prolongadas en el tiempo— es la generación de burbujas interiores y exteriores. De momento, España parece estar creciendo sobre bases más sanas y sostenibles que las que experimentamos durante los años de la burbuja inmobiliaria, pero no hay garantía de que no podamos volver a las malas prácticas pasadas si el crédito laxo del BCE se mantiene. Y si no se mantiene, el riesgo financiero se volverá mucho más intenso.
  • Riesgo de insuficiencia de financiación agregada: Si el BCE retira los estímulos monetarios y la refinanciación exterior se vuelve más complicada, no nos quedará otro remedio que destinar a amortizar deuda externa parte del ahorro interno que ahora dedicamos a transformar el aparato productivo. El porcentaje del PIB no destinado al consumo interior (y, por tanto, que podemos destinar o a la inversión o a la amortización de deuda exterior) fue del 22,4% en el segundo trimestre. Dado que la depreciación del capital se suele ubicar en torno al 17,5% del PIB, nos quedarían apenas cinco puntos del PIB para distribuir entre amortización de deuda exterior y nueva inversión neta. Peligrosamente insuficiente, sobre todo si el sector público sigue absorbiendo mediante sus déficits buena parte del mismo.
  • Riesgos políticos: Por último, el ahorro interior sólo se materializará en nueva inversión interior y el ahorro exterior sólo aceptará refinanciar los vencimientos de deuda siempre que aprecien suficiente estabilidad institucional como para que sus retornos no peligren gravemente. Desgraciadamente, a lo largo del próximo lustro, las amenazas interiores y exteriores al sosiego institucional no son precisamente insignificantes.

En suma, como ya afirmáramos en el primer trimestre de 2015, el cambio de modelo productivo sigue su curso a un ritmo que, sin ser espectacular, podría ser notablemente más bajo. Sin embargo, la magnitud de los reajustes necesarios es tan gigantesca que constituiría un ejercicio de ceguera voluntariosa e irresponsable el negarse a considerarlos: sobre todo porque deberíamos estar aprovechando la coyuntura para blindarnos tanto como sea posible frente a tales riesgos.

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Lengua y Estado, el gran timo del secesionismo
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  28 Agosto  2015

La polvareda levantada hace unos días por el conseller de Justicia de la Generalitat de Cataluña con su abierto irrendentismo sobre «la Cataluña Norte, el País Valenciano, la Franja y Baleares» -ese invento político chiflado que los nacionalistas denominan els països catalans-, solo ha sorprendido a los que desconocen la estrambótica visión de la lengua que, como elemento definidor de lo que ellos mismos califican como naciones sin Estado, comparten en España los nacionalismos periféricos. «Cataluña no se olvida del resto de territorios de habla catalana», proclama el conseller Gordó, insistiendo en el papel decisivo del catalán como factor unificador del nuevo Estado con el que sueñan (más bien deliran) los secesionistas.

Y es que Gordó, y con él cientos de miles de independentistas en Cataluña, Galicia o el País Vasco, comparten la berroqueña convicción de que tener una lengua vernácula (lo que, sentando un precedente tan grave como errático, varios estatutos llamaron en su día «lengua propia») constituye la clave de arco sobre la que convergen los restantes elementos de la reivindicación secesionista. Por eso Gordó ha subrayado que «la construcción de un Estado no debe hacer olvidar a la nación entera», es decir, la que viene delimitada por una lengua compartida.

Siendo ello así resulta absolutamente sorprendente, incluso chusco, que, en lógica consecuencia con tal forma de pensar, la condición estatalizadora que se otorga al catalán, al gallego o al euskera se le niegue, sin más y sin dar ni una sola explicación, al castellano, que se habla en toda España y en alguno de sus territorios (el País Vasco) de una forma muy mayoritaria.

Para entendernos: según los nacionalistas, el catalán es la madre nutricia de una nación que, sin embargo, forman territorios que no han constituido una unidad política jamás y cuyos habitantes se sienten muy mayoritariamente de sus comunidades y de la nación realmente existente -España-, de la que todas ellas forman parte. Pero, al mismo tiempo, según esos mismos nacionalistas, ¡hale hop!, la lengua que se habla en toda España no sirve, sino todo lo contrario, para conformar una entidad unificada, que, en contraste con las que ellos se inventan o imaginan, lleva existiendo medio milenio como Estado (uno de los más antiguos de nuestro continente) y está poblada por millones de personas que a lo largo de centurias han dado muestras más que sobradas no solo de su conciencia de formar parte de una nación sino también de su clara voluntad de mantenerla.

Tal pensamiento, construido sobre un sofisma absurdo y, por ello, insostenible, resulta tan estrafalario que llama la atención que gentes muy diversas -incluso no nacionalistas- le concedan más importancia que la que merece una falsedad que no por repetirse una y mil veces adquiere el rango de verdad.

Del separatismo al pancatalanismo
Antonio Robles Libertad Digital 28 Agosto  2015

Catalanismo, nacionalismo, independentismo y finalmente, pancatalanismo. Este es el recorrido de un delirio que empezó con una reivindicación cultural y lingüística en el siglo XIX y ha degenerado en racismo cultural con ínfulas expansionistas cada vez más evidentes.

Estos últimos días amodorrados de agosto por los efluvios opiáceos del 27-S nos han deparado unas cuantas ventosidades que nos advierten de la insaciable voracidad del catalanismo. Como una mosquita muerta, poco a poco, mantequilla por aquí, lloriqueo por allá, y sin casi darnos cuenta, han convencido a millones de españoles de que la ruptura con España es inevitable.

Siento decepcionar a todos esos españoles comodones que sueltan ante la lata catalanista, "pues que se vayan de una puta vez y nos dejen tranquilos". Con la separación de Cataluña de España no se habrían acabado los problemas. En realidad, empezarían en ese momento. Y ya no serían sólo un problema de soberanía y legitimidad jurídica, como trata de hacernos creer Rajoy, sino militar. Constituido en Estado catalán, el siguiente paso sería la adhesión de els Països Catalans, un concepto popularizado por el escritor pancatalanista valenciano Joan Fuster en 1962, de carácter cultural y lingüístico, que el nacionalismo ha convertido en territorial. Es el sueño de esta generación de pujolistas amamantados en la inmersión doctrinal de la escola catalana de unir en una sola nación los territorios donde tiene alguna presencia la lengua catalana. Ya saben, una lengua, una nación, aunque haya que hacer limpieza lingüística. Hasta Wikipedia le da extensa cobertura:

En España comprendería los territorios de Cataluña, Islas Baleares, la Comunidad Valenciana –que también incluirían áreas castellanoparlantes históricamente monolingües–, donde la lengua recibe el nombre de valenciano, la Franja de Aragón y la pedanía el Carche compuesta por 600 habitantes. Fuera de España englobaría a todo el Principado de Andorra (donde el catalán es la lengua oficial), el Rosellón francés y la ciudad italiana de Alguer (en el noroeste de la isla de Cerdeña).

La extrañeza y repulsa de buena parte de la prensa nacional ante las palabras pancatalanistas del consejero de Justicia del Gobierno catalán, Germà Gordò, cuando soltó "La construcción de un Estado no debe hacer olvidar la nación entera" y se atrevió a ofrecer pasaporte catalán a los ciudadanos de Valencia, Baleares, la Franja de Aragón etc., es el resultado de la dejación de Gobiernos, periodistas, historiadores e intelectuales españoles desde la Transición. El catalanismo ha dejado infinitas minas en el camino durante estas cuatro últimas décadas, que el resto de españoles han considerado migas. Extravagancias de ayer, son hoy derechos adquiridos; no duden que la ambición expansionista es el siguiente paso después de la independencia. Si se diera. Y no estarían solos. Juega a su favor esa maldita decadencia posmoderna de tantos dirigentes políticos criados contra el PP, pero acríticos o directamente encamados con el nacionalismo, a los que sólo se les ocurre decir lo siguiente ante el disparate:

Los independentistas y el Gobierno de Rajoy se retroalimentan en una especie de ruleta rusa, a la que están abocando a la sociedad española.

Este lumbreras es Ximo Puig, secretario general del PSPV-PSOE y presidente de la Generalidad valenciana. Pero quizás lo peor lo dijo cuando calificó las palabras del consejero de Artur Mas: "Son absurdas, insensatas, inoportunas y muy irresponsables". De todos los calificativos me quedo con inoportunas. ¿Inoportunas? ¿Qué quiere decir Puig, que en otras circunstancias podrían ser oportunas? A estos nacionalistas se les entiende todo, casi siempre. Como se le empieza a entender todo a Pablo Iglesias, de Podemos, cuando se zafa del problema: "Algunos quieren que el debate en Cataluña sea distinto, sobre los Països Catalans o la inquebrantable unidad de España, pero no nos van a llevar a ese terreno". ¡Ya!

Muy gallito con el Estado de Derecho, pero modosito y sumiso con el Estado golpista de la casta nacionalista.

La 'abuela de Fuerteventura' y el 'Molt Honorable' de Cataluña
Guillermo Dupuy Libertad Digital 28 Agosto  2015

Supongo que el Gobierno de Rajoy no dejará que pase el Consejo de Ministros de este viernes sin indultar a quien ya se conoce como "la abuela de Fuerteventura", una pobre señora de 63 años que fue declarada culpable de un delito contra el medio ambiente por haber construido su casa en un paraje protegido, en el Parque Rural de Betancuria, y condenada a seis meses de cárcel, 700 euros de multa y el derribo de su vivienda, considerada ilegal.

Doña Josefa Hernández pagó en su día la multa, pero no demolió la casa porque no tenía ni tiene otro lugar al que irse a vivir con los cinco familiares que dependen de ella: un hijo en paro, una hija discapacitada y tres nietos menores de edad. Esta desobediencia es la que ha sido esgrimida por el juzgado de Puerto del Rosario para exigir el cumplimiento de una pena de prisión que inicialmente había quedado en suspenso pero que llevó finalmente a la anciana a la cárcel de Tahíche el pasado lunes.

Aunque la anciana salga hoy mismo en libertad, su caso ilustra de manera dramática hasta qué punto hay en nuestro sistema de administración de Justicia una doble vara de medir y hasta qué punto es lamentablemente falso eso de que todos somos iguales ante la Ley. Mas aun si comparamos el desacato de esta pobre señora con la mucho más clamorosa y grave desobediencia perpetrada por el presidente de la Generalidad al negarse a cumplir reiteradas resoluciones de nuestros más altos tribunales que le prohibieron taxativamente la celebración de su ilegal consulta secesionista del 9-N.

Hasta la fecha nada se ha sabido de la querella presentada contra Artur Mas por los delitos de desobediencia, usurpación de funciones, malversación de caudales públicos y prevaricación, salvo la dimisión del fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, poco tiempo después de atreverse a presentarla. Y eso que me limitó a la ilegal consulta secesionista, porque también podríamos sacar a colación la todavía más lejana, grave y permanente desobediencia respecto de las resoluciones judiciales contrarias a la inmersión lingüística, o la más reciente, pero no menos grave, edificación de estructuras de Estado que la Generalidad ya ha iniciado y contra las que nuestras élites judiciales, políticas e incluso mediáticas apenas dicen nada.

Lo que se está edificando en Cataluña contra nuestra nación y nuestro ordenamiento jurídico es infinitamente más grave que las ilegales obras de ampliación de vivienda que doña Josefa Hernández se vio forzada a hacer por razones familiares en un paraje protegido. La diferencia está en que al presidente de la Generalidad, gracias a Rajoy y a sus fondos de liquidez autonómica, no le está faltando dinero para acometer las obras de construcción nacional, mientras que a la anciana canaria la construcción de su vivienda le ha costado el pago de una multa y una estancia –esperemos que breve– en prisión.

Claro que Artur Mas no deja de ser el molt honorable presidente de la Generalidad, mientras que Dña. Josefa Hernández no pasa de ser "la abuela de Fuerteventura".

¿Votará Pujol a Romeva?
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 28 Agosto  2015

El 20 de marzo de 1980 se celebraron las primeras elecciones autonómicas catalanas de la Transición. CiU obtuvo el 28% de los votos, el PSC el 22, el PSUC el 19, UCD el 11 y ERC el 9. El nacionalista conservador Jordi Pujol fue elegido presidente de la Generalitat con el apoyo de CiU, ERC y UCD y con el beneplácito del Gobierno de Adolfo Suárez. Pujol era la barrera contra el peligro de una entente de socialistas y comunistas que podría haberse encarnado en la figura del tibio y nada carismático socialista Joan Reventós en la presidencia y los del PSUC en puestos clave.

Paradójicamente, aquella calamidad política tempranamente neutralizada podría resucitar, treinta y cinco años más tarde, esta vez con la colaboración activa del patriarca caído y sus herederos. ¿También el nacionalista conservador Pujol irá a votar personalmente, en compañía de això és una dona, al comunista Raül Romeva? ¿Y el comunista Romeva ambiciona el voto del nacionalista conservador Pujol y de los pujolistas que todavía existen y hacen su agosto a la sombra de la agonizante CDC y de la despilfarradora Generalitat… que no paga a los farmacéuticos? La olla podrida se cuece a fuego lento.
El trabajo sucio

Lo que está sucediendo es, aunque parezca contradictorio, el fruto del proceso que inició, premeditadamente, el mismo Pujol. Cuando este confesó sus fechorías y quienes habían sido sus herederos y catecúmenos lo destronaron escribí ("Los pecados del patriarca caído", LD, 30/7/2014):

Este chanchullo es peccata minuta si se lo compara con el añejo plan secesionista del venerado oráculo, plan que desemboca en una sociedad catalana fragmentada por tensiones cainitas, donde la idealización de mitologías rancias y rencores artificialmente alimentados está acompañada por la demonización de las raíces históricas y culturales compartidas con el resto de los españoles. La educación coactivamente monolingüe, el sometimiento de los medios de comunicación a las obsesiones identitarias y al espíritu del Volkgeist, sumados a la sustitución de los comicios parlamentarios por referéndums incontrolados y movilizaciones de masas regimentadas, nos aproximan peligrosamente a la matriz del totalitarismo. La salida de la Unión Europea y de todos los organismos internacionales está irrevocablemente asegurada si la herencia que nos deja el expresidente de la Generalitat se materializa, con el consiguiente desbarajuste económico y la fatídica desprotección frente al terrorismo subversivo, el yihadismo islámico y las mafias internacionales. Este es el pecado mortal que convierte, repito, en peccata minuta la defraudación de unos milloncetes.

Lo que no imaginé, entonces, era que los secesionistas, sin renunciar a sus objetivos, dejarían el trabajo sucio en manos de quienes habían sido, con sobrada razón, las bestias negras de las clases medias, productivas y pensantes de la sociedad catalana: los comunistas, los esquerranos y las pandas antisistema. Un conglomerado para el cual la utópica república independiente que prometen los variopintos figurones de Junts pel Sí no es más que un instrumento desechable que les servirá para tomar por asalto el poder hegemónico, aliándose con sus camaradas de Catalunya Sí que es Pot y la CUP. Romeva y Junqueras se jactan de ello sin el menor recato.

Una Maruja cándida
El predicador incansable Francesc-Marc Álvaro ha convertido en protagonista de sus sermones a una Maruja ficticia, cándida y maleable, sorda a los argumentos razonados. La mujer ideal para los abusadores políticos. En "La señora Pérez y el 27-S" (LV, 23/7) la presenta como "una votante de CiU poco ideológica" que "votará la lista unitaria encabezada por Raül Romeva. Lo tiene muy claro". La confesión de Pujol la disgustó, pero la ruptura de CiU no le quitó el sueño. Ella, erre que erre, vota a Romeva.

Asalariada de las que se levanta muy temprano, integrante de una clase media empobrecida por la crisis y poco amiga de discursos radicales, la señora Pérez forma parte (sin saberlo) de una revolución tranquila y democrática que, afortunadamente, tiene poco que ver con las fantasías de los revolucionarios de salón, incluidos los que quieren ser griegos a ratos.

Lo que oculta la fábula sectaria del adoctrinador Álvaro es que si la señora Pérez fuera un personaje de carne y hueso su comportamiento disciplinado tendría una explicación poco edificante: se habría dejado cooptar (sin saberlo) por los que en el entramado ideológico de Junts pel Sí, Catalunya Sí que es Pot y la CUP pronuncian discursos radicales y, emulando a los griegos, optan, en las calles y no en el salón, por fantasías revolucionarias que distan mucho de ser tranquilas y democráticas. Una columnista tan poco propensa a los exabruptos polémicos como Remei Margarit lo resume así ("Dudas razonables", LV, 22/8):

Y después del 27 de septiembre, con el improbable supuesto de que gane esta lista unitaria, ¿quién mandará el día 28, y cómo? Porque los programas de esta coalición son muy diferentes y no creo que ninguno de los que ahora se propongan por cabeza de lista y sus militantes quieran estar bajo las órdenes de Artur Mas –condición sine qua non para formar parte de ella– con el programa neoliberal que ha estado imponiendo hasta ahora.

¡Sorpresa! En la vida real, la señora Pérez es mucho más lista de lo que el militante Álvaro nos quiere hacer creer. El experto en demoscopia Carles Castro anuncia (LV, 24/8) que mientras el 45% de los catalanes (jamás el 51%) piensa que la única salida es plantear la independencia, sólo el 32% de las catalanas comulga con esa alucinación.

Desprenderse del indeseable
La señora Pérez de carne y hueso ha tenido el tino de estudiar la papeleta que reparte el reclutador Álvaro y ha comprobado que la lista no la representa. Una verdad como la copa de un pino, aunque el habitualmente ecuánime Juan Antonio Zarzalejos intente refutarla con tergiversaciones y ocultamientos en un panfleto contra Xavier García Albiol ("Charnegos, inmigrantes, y García Albiol", El Confidencial, 25/8). Informa Libertad Digital (21/8), remitiendo a una denuncia de Sociedad Civil Catalana:

La mayoría de los candidatos lucen apellidos de incuestionable origen lingüístico catalán, lo que ha provocado un mensaje de SCC en las redes sociales en el que afirma: "Esta lista no representa a Cataluña. ¿Dónde están los García, Martínez, López, Pérez? Una lista nacionalista". La organización se refiere de esta manera al hecho de que los apellidos más comunes en Cataluña brillan por su práctica ausencia en la candidatura de Mas.

Según la última estadística, de 2014, García es el apellido catalán más común y el que lucen 170.614 personas, más de veintidós de cada mil habitantes. El segundo apellido en este listado es Martínez, con 119.026 personas. El tercer lugar es para López, con 114.232 casos. Sánchez ocupa el cuarto puesto (102.896); Rodríguez, el quinto (99.982); Fernández, el sexto (97.425); Pérez, el séptimo (92.821); González, el octavo (91.457). Hay que ir hasta el vigésimo sexto lugar en el registro para encontrar un apellido genuinamente catalán, el de Vila (Ciudad), que identifica a 18.021 personas.

Discrepo en un solo punto con esta información. La candidatura es de Raül Romeva, que encabeza la lista, y no de Mas, quien al bajar al cuarto puesto ha perdido su condición de Líder, de Mesías. Hoy son mayoría en su entorno de secesionistas, comunistas y antisistema quienes lo consideran un indeseable, como su padrino Jordi Pujol. Un indeseable del que hay que desprenderse sin contemplaciones.

Por eso repito la pregunta que formulé al comienzo: ¿Pujol votará al comunista Romeva, a pesar de que inicialmente lo instalaron en la presidencia de la Generalitat para frenar a las izquierdas? Y, lo que es más importante, ¿votarán a Romeva los nacionalistas medianamente sensatos que siempre apoyaban a Pujol pensando que así evitarían que los precursores del comunista exhumado pusieran patas arriba la sociedad catalana? De la respuesta a esta pregunta depende el futuro de los democristianos, humillados y excluidos por la embestida retrógrada de la que durante demasiado tiempo fueron laboriosos cómplices, hasta que tardíamente resolvieron apartarse, hartos de las malas compañías.

Los que mantenemos firme nuestro compromiso con la sociedad abierta, fraternal y solidaria que se gestó durante la Transición democrática, tenemos claro a quiénes debemos votar –Xavier García Albiol o Inés Arrimadas– y a quiénes urge expulsar del escenario porque son los sediciosos portadores del caos y la avanzadilla de un experimento totalitario.

La Guardia Civil abre una operación contra CDC por las comisiones del 3%
Xavier Salvador / Cristina FarrésCronica Global 28 Agosto  2015

A primera hora de esta mañana, efectivos de la Guardia Civil y de la Fiscalía Anticorrupción de la Audiencia Nacional han abierto una operación contra la corrupción en Catalunya y más en concreto sobre las comisiones de financiación ilegal de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC).

El famoso 3% denunciado por el ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall en sede parlamentaria ha sido indiciariamente descubierto en el transcurso de unas investigaciones que han llevado a registrar la sede de la Fundació Catdem; el domicilio de Daniel Osacar (antiguo tesorero del partido); y las instalaciones de cuatro ayuntamientos catalanes, según ha podido saber Crónica Global.

La investigación ha sido posible tras el desembarco en Barcelona de efectivos especializados de la Benemérita y de la propia fiscalía para garantizar la calidad de los registros que se llevarán a cabo durante el día de hoy.

Teyco, de los Sumarroca, la factoría
En las pesquisas policiales se ha seguido el rastro al pago de comisiones por la adjudicación de obras por parte de la constructora Teyco, de la familia Sumarroca, a CDC mediante la intermediación de la fundación Catdem.

Las actuaciones policiales se producen tras los registros que la Guardia Civil realizó en el domicilio de Jordi Sumarroca, hombre fuerte de la constructora Teyco, y de la propia revisión de la sede social de la compañía. Sumarroca, que se mantiene en prisión por un asunto vinculado a financiación irregular en la localidad tarraconense de Torredembarra.

Anotaciones a bolígrafo halladas en las cajas fuertes
En el transcurso de las investigaciones se habrían descubierto en sendas cajas fuertes de Teyco y de los Sumarroca documentación que avalaría que la constructora de la familia abonaba comisiones equivalentes al 3% del precio de las obras adjudicadas al partido. Contratos, manuscritos, incluso garabateados con bolígrafo, atestiguan que del precio de adjudicación se extraía ese porcentaje de dinero que era trasladado posteriormente a CDC a través del instrumento que se mantenía a tal efecto, la fundación Catdem, antes llamada Fundación Trias Fargas.

Los hechos analizados por las fuerzas policiales se remontan a 2009, aunque en las investigaciones se han encontrado operaciones datadas en marzo de 2014, según las fuentes consultadas por Crónica Global.

Prosigue la búsqueda
Los mismos medios de la investigación aseguran que el registro de la sede de CDC puede producirse también de manera inminente con el objeto de obtener más documentación que permita apuntalar el caso ante los tribunales.

Daniel Osacar fue tesorero de CDC durante un largo periodo de tiempo. En la actualidad quedó libre de una presunta imputación por su supuesta participación en el llamado caso Palau, también de financiación irregular del partido fundado por Jordi Pujol y Carles Sumarroca (padre del propietario de Teyco), y la posesión de una cuenta en Suiza.

El nuevo rumbo de la investigación podría provocar, según las mismas fuentes, que Osacar fuera nuevamente imputado.

Entrada en Lloret
Entre los ayuntamientos catalanes que van a ser registrados ha trascendido sólo el nombre de Lloret como uno de los afectados por las pesquisas policiales. Su alcalde, durante el tiempo en el que se centran las investigaciones, fue Xavier Crespo. El primer edil ejerció el cargo entre 2003 y 2011, pero además después fue diputado por CiU. Crespo está acusado de haberse lucrado de una red mafiosa de origen ruso que operó en la localidad costera hasta resultar desarticulada por la policía.

Fruto del análisis de la documentación a la que han accedido los cuerpos policiales, la investigación se ha centrado en Teyco, a la que se considera uno de los ejes en el pago de comisiones al partido nacionalista procedentes de obras públicas concedidas por el ejecutivo de la Generalitat en la etapa en la que fue presidida por Jordi Pujol y luego, años después, por Artur Mas.


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