AGLI Recortes de Prensa   Lunes 31 Agosto 2015

Cataluña: qué tarde algunos, y qué vergüenza
EDITORIAL Libertad Digital 31 Agosto  2015

Cataluña está viviendo una época calamitosa. Una época caracterizada por el desgobierno y la ruptura de los consensos básicos para el normal funcionamiento de una sociedad moderna. Y protagonizada por una clase política tan insensata como incompetente en todo aquello que no sea robar a manos llenas, socavar las instituciones y envenenar la convivencia.

Cataluña ha llegado a esta situación oprobiosa por la acción del movimiento nacionalista, que ha manejado todos los resortes del poder en el Principado desde la instauración de la democracia, y por la inacción del Estado central, que ha mirado para otro lado y de esta manera consentido los desmanes del nacionalismo liberticida, que ha acabado por convertir esa región en una suerte de pseudo Estado fallido y canalla en el que el Poder es el que más y más gravemente perturba el orden y quebranta la legalidad.

Desde la instauración del pujolismo, no han sido pocas las voces, dentro y fuera de Cataluña, que han denunciado los atropellos del régimen nacionalista y vaticinado lo que ya está pasando. Pero se las ha ridiculizado, silenciado o directamente vilipendiado. Dentro y fuera de Cataluña.

Ahora, algunas de esas voces ponen el grito en el cielo, denuncian con contundencia todos y cada uno de esos males que estaban ahí hace décadas, cuando ellas los negaban o los encubrían, o cuando acallaban a las que dieron las primeras señales de alarma.

Qué tarde y qué vergüenza, que se pongan ahora en medio de la plaza a proclamar la solución sin antes confesar que han sido parte fundamental de este tremendo problema. Tengan al menos la decencia de, encima, no ponerse ni, menos aún, reclamar medalla alguna.

Alegato y olvidos de González sobre Cataluña
Pablo Sebastián Republica 31 Agosto  2015

PP y PSOE saben lo mucho que hay en juego para España y también para ambos partidos en las elecciones catalanas del próximo 27 de septiembre. Y aunque comparten el objetivo de librar batalla por la unidad de España y desenmascarar las falsedades y victimismos que inundan el discurso independentista, ambos partidos caminan por vías paralelas temerosos que la unidad de acción dañe sus expectativas electorales.

Sobre todo si se presentan como frente españolista y eso da alas a los independentistas y les hace sucumbir hasta posiciones minoritarias en el Parlamento catalán que, por primera vez en muchos años, contará con hasta ocho grupos políticos lo que hará complicada o imposible la gobernabilidad. Asimismo, PP y PSOE tienen a finales de año unas elecciones generales donde está en juego el Gobierno de la nación y donde el bipartidismo sufrirá el embate de las fuerzas emergentes del centro y la izquierda, Ciudadanos y Podemos, lo que obligará a futuros pactos de Gobierno sobre los que ahora nadie quiere hablar por temor a desmovilizar su propio electorado.

Pero así las cosas la campaña electoral catalana está en marcha y desde uno y otro lado del arco político español se empieza a tomar posiciones y a lanzar proclamas e iniciativas, porque los comicios del 27-S no solo son catalanes sino también españoles porque se pretende soslayar la soberanía nacional en menoscabo de la unidad de España.

Es, en esa especial contingencia política, en la que se inscribe el texto del artículo de Felipe González publicado en el diario El País, su carta a los catalanes, a los que pide su voto a favor de España al tiempo que denuncia las falsedades del proceso secesionista y advierte del riesgo de la secesión que convertiría Cataluña en una nueva Albania europea. A la vez, y con críticas al inmovilismo del PP de Mariano Rajoy, Felipe González pide diálogo y reformas, aunque avisa que desde fuera de la legalidad nada se puede hablar ni negociar.

Está bien lo que dice González, pero él y el PSOE son parte de la crisis y el problemas catalán porque, si bien es cierto que el inmovilismo del PP tensó las relaciones con el nacionalismo catalán, no es menos cierto que los temerarios acuerdos de Maragall, Montilla y Zapatero -el que llegó a decir que la nación española era ‘discutida y discutible’- con el independentismo radical de ERC legitimaron su discurso secesionista y provocaron varias crisis internas en el PSC. Hasta incluso asumir, en su nombre y por lo tanto en el del PSOE, el derecho de autodeterminación que niega la soberanía nacional española, lo que ahora y muy tarde los del PSC acaban de rectificar mientras siguen sus coqueteos con ERC.

¿Qué dijo en su día González de todo esto, o de los abusos en contra del uso del idioma español en Cataluña, o sobre las violaciones constantes de la legalidad, o sobre la Consulta de 9N en la que el PSC se puso de perfil? Nada o casi nada. Como tampoco ha dicho nada en su artículo a propósito de la corrupción y el abuso de poder de Convergencia –así se lo han recriminado desde Podemos y Ciudadanos- quizás porque sabe que él tiene en su particular bagaje político ‘las espaldas de cristal’.

Errores a parte del PSOE y del PP, lo que está ocurriendo en Cataluña, al margen de la verdad y de la ley –que ya se ha conculcado en varias ocasiones por el Gobierno de Artur Mas- no se soluciona con ofertas de mas regalos y concesiones al nacionalismo a cambio de una retirada que ya es imposible de su proceso secesionista. Y menos aún para premiar a quienes amenazan la unidad nacional, porque semejante premio al disidente cundiría como mal ejemplo y haría el mismo mal que provoca la violación de la ley y del marco constitucional.

La soberanía nacional es innegociable, aunque es cierto que existe el problema catalán de sentimientos y desconfianzas mutuas con España. Pero sobre todo basado en la gran mentira del ‘España nos roba’ en plena crisis internacional. Una falacia que todavía no se ha conseguido desmontar con claridad por más que las corrupciones de Convergencia y los Puyol indican el lugar exacto donde está la cueva de Alí Babá.

En primer lugar hay que ganar las elecciones al independentismo y en segundo lugar hay que garantizar sin complejos el cumplimiento de la legalidad. Y luego si se recupera la normalidad se podrá hablar de otras cosas pero siempre en condiciones de igual con el resto de las regiones de España y no como premio al chantaje y la arbitrariedad. González ha dicho cosas sensatas, pero ha olvidado otras en las que el PSOE tiene su parte de responsabilidad.

El desconcierto de la concertina
Amando de Miguel Libertad Digital 31 Agosto  2015

Estamos asistiendo en Europa al movimiento de masas más ingente desde la II Guerra Mundial. Millones de asiáticos y africanos se aprestan a asaltar pacíficamente las fronteras de la Unión Europea. No van a poder ser detenidos, por muchas alambradas de espino que se levanten y por más que los espinos sean ahora refinadas concertinas. No se pueden poner puertas al campo.

Contrariamente a lo que se dice o parece, las interminables columnas de inmigrantes o de refugiados no son los más pobres de sus respectivos países de origen. Los verdaderamente desasistidos permanecen en sus miserables poblados de nación, resignados al apocalipsis de la guerra, el hambre y la peste.

Resulta estupefaciente la historia del africano que se atrevió a recorrer a pie el túnel del Canal de la Mancha. Al final se le detuvo por "obstruir el tráfico". Se habla de las mafias que trafican con el traslado de los inmigrantes o refugiados. No se sabe de ningún mafioso que haya sido condenado por tan horrendo crimen.

Al construirse la Unión Europea se prescindió de cualquier mención a la herencia cristiana como fundamento específico de la personalidad de nuestro continente. Justo castigo a tamaña estupidez. En menos de una generación los habitantes de la UE contendrán una elevada y creciente proporción de musulmanes. Realizan pacíficamente el viejo sueño de los árabes detenidos en España o de los turcos en Austria. Estos nuevos musulmanes son prolíficos y fanáticos. No todos los musulmanes son terroristas, pero todos los terroristas son musulmanes. En los países islámicos hace ya tiempo que no se erigen iglesias cristianas, pero en la Unión Europea se levantan centenares de grandes mezquitas.

Obsérvese que el éxodo asiático y africano no se dirige a Rusia, China o Japón. Se orientan decididamente por la Unión Europea por una potísima razón. Aquí disfrutan del llamado Estado de Bienestar en su grado más afluente. A diferencia de otras corrientes migratorias masivas, esta de ahora no busca trabajo sino asistencia, ayudas humanitarias. En España un político socialista ha dicho que hay que dar "sanidad universal". ¿Y por qué no vivienda universal, educación universal, etc.? Nada más plausible, pero ¿cómo se paga? Se adivina el desconcierto.

Es de temer la reacción xenófoba europea. No hace falta llegar a las tropelías de los grupos racistas. Todos los partidos se llaman andana a la hora de hacerse cargo del problema. Resulta ridículo el paripé de los jefes de Gobierno que se niegan a hacerse cargo de las simbólicas cuotas de refugiados. ¿Qué se hizo de aquel plan para interceptar o incluso hundir los barcos de los mafiosos? Entonces eran solo unos miles los refugiados o inmigrantes. Ahora son cientos de miles. Pueden llegar a ser millones. Ojo a la xenofobia de baja intensidad.

A los europeos se nos ha olvidado que hace más de cien años salían anualmente del continente para América u Oceanía millones de emigrantes. Ahora nos toca recibirlos. Habrá que hacerlo con dignidad. No puede ser que se beneficien los fabricantes de concertina.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Refugiados: La consternación de los fariseos
Javier Arias Borque Libertad Digital 31 Agosto  2015

Portadas de periódicos, aperturas en los informativos de televisión, enviados especiales a Grecia, Macedonia, Hungría o Italia... Europa está siendo el escenario en los últimos meses de una crisis humanitaria sin precedentes. Ninguna organización internacional es capaz de cuantificar con exactitud el número de personas que se están jugando la vida para llegar al paraíso europeo. No se recuerda nada similar desde la Segunda Guerra Mundial.

La consternación es unánime. Nadie con un poco de empatía es capaz de mirar hacia otro lado ante las imágenes de cadáveres flotando en el Mar Mediterráneo, las de decenas de miles de personas agolpadas con sus pocas pertenencias a cuestas en la frontera de Macedonia, los campos de refugiados improvisados en que se están convirtiendo las estaciones de trenes de media Serbia y media Hungría... O el drama de casi un centenar de muertos por asfixia en un camión en mitad de Austria.

Los editoriales, los artículos de opinión y las conversaciones de bar tienen una conclusión casi unánime: hay que hacer algo para ayudar a esta gente, esta situación no puede continuar. Algún análisis profundiza en las causas que han provocado este drama: el régimen de terror que Estado Islámico está provocando en los territorios que están bajo su control en Siria, Irak e, incluso, Libia, una país en descomposición con dos gobiernos enfrentados donde los yihadistas han encontrado un excelente caldo de cultivo para sus aspiraciones expansionistas.

Sin embargo, es en este último punto, en el análisis de las causas de esta crisis humanitaria, donde se frena cualquier tipo de análisis. Hasta ahí es hasta donde llega la consternación de los fariseos. Analizar seriamente cómo se puede poner punto y final a esta crisis humanitaria significa plantearse la necesidad de tomarse en serio de una vez por todas la existencia de Estado Islámico, significa tomarse en serio la necesidad de acabar con el califato de la locura. Y eso tiene unas implicaciones que el ciudadano medio europeo, perfectamente cómodo en el sofá de su casa, no quiere hacer.

Acabar con Estado Islámico de forma efectiva pasa por hacer mucho más de lo que se está haciendo. Destruir el micro-estado yihadista supone dar un paso adelante y superar la actual misión internacional de bombardeos selectivos y de formación del ejército iraquí, que se está demostrando poco eficaz y con la que se podría tardar demasiados años en acabar con el problema. Supondría, casi con toda probabilidad, que la comunidad internacional tuviese que apostar por una invasión terrestre, en la que los países musulmanes que participan en la alianza tendrían que tener un protagonismo especial para evitar que los yihadistas lo pudiesen vender como una nueva cruzada.

Y al ciudadano medio europeo, el mismo que pide ayudar a los refugiados y clama al cielo por la 'injusticia' que supone tener que huir de tu casa para tener un futuro mejor, eso de apoyar una guerra nunca le viene bien. Y no le viene no porque no sea lo suficientemente lejana, sino porque entonces se podría sentir culpable por los muertos que cause cuando los vea por televisión.

O incluso peor, porque entonces la amenaza terrorista en su país aumentaría varios escalones en su percepción (pese a que el nivel de alerta de España está ya en el 4 de los 5 que hay) y entonces es cuando entra el miedo. El miedo a sufrir en tu país una masacre indiscriminada. El miedo a sufrir ataques selectivos como los últimos ocurridos en Francia. El miedo a que la fácil vida europea cambie drásticamente. Y es entonces cuando la solidaridad se acaba y el miedo pone el freno al análisis y a la disposición a hacer algo real para frenar el drama humanitario.
 

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Cifras y hechos ocultados en Cataluña
Roberto Centeno El Confidencial 31 Agosto  2015

Falta menos de un mes para las elecciones catalanas, convertidas en un plebiscito sobre la independencia ante la dejación inaudita del presidente del Gobierno y, de este modo, colaborador necesario de la secesión. Rajoy ha permitido el incumplimiento sistemático de la ley por los sediciosos, la violación permanente de los derechos humanos de los no separatistas, así como la utilización de edificios públicos y entregado fondos del Estado para la preparación de la ruptura política de España. Igual que el monarca, que ha incumplido su principal obligación de “arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones (Estado y Generalitat en este caso), algo que esta a la vista de todos.

El rey ha jurado “hacer guardar las Constitución”, que “se fundamenta en la indisoluble unión de la Nación española”, aparte de “hacer cumplir las Leyes” y “proteger los derechos humanos de los ciudadanos, su cultura y su lengua”, todo ello ignorado y objeto de mofa por parte de toda la autoridad autonómica catalana. Desconozco si el monarca ha leído la Constitución; Rajoy desde luego no porque solo lee el Marca, pero la ignorancia de la ley no exime su cumplimiento. Nada de esto podría suceder en un Estado de Derecho, pero como España no lo es porque no existe separación de poderes y el cortoplacismo político pasa por encima de todo desde la Transición, pues resulta que sucede por increíble que parezca.

No es de extrañar que ante tal derroche de cobardía e irresponsabilidad los sediciosos hayan dado un paso más para la anexión de Aragón, Valencia y Baleares ofreciéndoles la “nacionalidad catalana”, y donde la izquierda, desde el pancatalanista Puig -que siempre ha defendido la anexión de Valencia-, a la ambigüedad del PSOE y de Podemos, están ayudando a Mas a extremar su independentismo. Ahora todo queda en manos de los catalanes, a los que se ha engañado masivamente sobre la ruina económica y social que supondría la secesión. ¿Cómo es posible que el jefe del Estado y el jefe de Gobierno hayan permitido degradarse la situación hasta este punto y jugarse todo a la carta de unas elecciones tan ilegítimas como inciertas?
La experiencia de otros procesos de secesión

En los últimos procesos de separación de territorios en Europa, todos relacionados con el final de la Guerra Fría, aunque jamás de naciones como España -una de las unidades históricas más antiguas del mundo-, se han dado siempre dos hechos económicos trascendentales: el primero, es que el comercio entre los territorios escindidos se ha desplomado. Desde un máximo del 90%, cuando la separación ha sido “por las malas”, (casos de la antigua Yugoslavia) a un mínimo del 70% cuando ha sido “por las buenas” (caso de Checoslovaquia). Y, segundo, la deuda pública se ha repartido religiosamente en proporción a su PIB.

Estos dos hechos encuadran sí o sí las consecuencias económicas de la secesión de Cataluña, que ya no depende de la cobardía y de la inacción del jefe del Estado y del jefe del Gobierno, sino de conductas económicas básicas y de reglas de juego internacionales. A ello se une otro hecho trascendental como es la salida de Cataluña tanto de la Eurozona como de la UE y su aislamiento internacional. Para comprender y cuantificar lo que esto puede representar para el bolsillo de los catalanes de a pié, empecemos analizando las balanzas esenciales de la economía.

El efecto sobre las balanzas esenciales
Respecto a la primera, balanza fiscal, que es la única que los separatistas manejan para defender la patraña del “España nos roba”, supone que los 11.000 millones de euros que aportan a la Hacienda común ya no lo harían, pero, a cambio, tendrían que financiar gastos que hoy corren a cargo del Estado, ¿se ha molestado alguien en hacer el cálculo? Para nada. Y resulta que el coste de las nuevas obligaciones supera ampliamente su aportación neta actual. Pero, sobre todo, en el caso de las pensiones y las prestaciones por desempleo, las cifras son dramáticas. Los jubilados y los parados catalanes verían recortados sus ingresos entre un 25 y un 30% y cifras similares del desempleo ¿Alguien se lo ha explicado?

Respecto a la segunda, balanza comercial, tomemos el ejemplo de la secesión de Checoslovaquia, dos años después el comercio entre Chequia y Eslovaquia había caído en un 70%, y eso teniendo en cuenta que ambos forma parte de la UE, y que la secesión fue pactada, lo que no sería el caso de Cataluña. Una caída del comercio Cataluña-España sería más cercano a lo ocurrido en la antigua Yugoslavia, por ejemplo entre Serbia y Croacia, que se ha reducido en un 90%. Y dado que el superávit comercial de Cataluña con el resto de España es de unos 17.500 millones de euros anuales, este quedaría reducido a 1.750 millones, una pérdida que no podría compensar en ningún lado. Si quieren sobrevivir las empresas catalanas tendrán que sacar sus producciones y sus sedes sociales de Cataluña, es decir, el sistema productivo ya fuertemente dañado, se hundirá definitivamente.

Finalmente queda la balanza de ahorro-inversión. Se trata del hecho de que los bancos catalanes, La Caixa y el Sabadell fundamentalmente, tienen una amplia red de oficinas en toda España donde captan el ahorro de millones. Pues bien, ocurre que el 70% de las inversiones realizadas en Cataluña son financiadas con el ahorro captado fuera de Cataluña, algo que desaparecería totalmente en caso de secesión. El Banco de Sabadell ya ha anunciado que sacará su sede social de Cataluña, mientras que La Caixa que si hubiera querido habría frenado este proceso desde el principio, tendrá que hacer lo mismo o salir del resto de España.

La deuda de Cataluña
Y finalmente la deuda. Mas y sus secuaces afirman que no la pagaran, no sé si son tan ignorantes que se lo creen o sólo unos mentirosos, pero eso da igual porque la deuda la asumirán íntegra o quedarán fuera de los circuitos financieros internacionales, aparte que los acreedores incautarán los activos catalanes tanto en España como en el resto del mundo. Esta deuda tiene dos partes: la proporcional a su PIB o el 18,7 % de la deuda pública nacional total o pasivos en circulación, no solo la computable, 289.800 millones de euros; y la deuda directamente debida por la Generalitat, 64.800 millones, un total de 354.600 millones o el 178 % del PIB, la misma que ha obligado a pedir el rescate a Grecia, solo que aquí nadie va a rescatarles.

Cataluña tiene cerrado el acceso a los mercados de capitales y sólo se financia gracias al río de dinero a interés cero que le regala el irresponsable de Rajoy con el FLA. La suspensión de pagos sería inevitable. Y en cuanto al sector exterior del que tanto alardean, Cataluña tiene un déficit comercial de 12.277 millones , el -6,37 % de su PIB frente al -2,3 % el conjunto de España-. Sin Cataluña, el déficit comercial de España bajaría a la mitad. Y eso sin contar con que las grandes industrias exportadoras, multinacionales de farmacia, alimentación y automoción, tendrían que cambiarían la localización o reducir drásticamente sus producciones, porque aunque exportan mucho sin las ventas al mercado español no sobrevivirían.

Finalmente Cataluña tendrá que imprimir su propia moneda porque saldrá del euro y además incumple todos los criterios de entrada. Y una nueva moneda en un país con desequilibrios esenciales, perdería el 50% de su valor en dos años, la ruina para los ahorros monetarios de las familias. Nuestro mejor estadístico y uno de los grandes de Europa, el profesor Alcaide, estimaba que una Cataluña separada estaría condenada a la irrelevancia internacional y su renta per cápita reducida al nivel de Portugal.

Esto es lo que Mas y sus secuaces, están ocultando a los catalanes, que en vez de solucionar sus problemas se han dejado meter en un callejón sin salida, fundamentalmente la burguesía catalana que ha apoyado y financiado con una irresponsabilidad suicida el proceso secesionista. En una cena el año pasado de Mas-Collel con empresarios valencianos, a la que asistió una persona muy allegada a mí, cuando le mencionaron el desastre que supondría la secesión respondió: “Lo sé perfectamente, pero esto no es un problema económico es un problema político”. ¿Quieren política? ¡Pues se van a hartar!

Y se van a hartar porque lo probable es que los independentistas pierdan el 27-S, y el resultado sea un caos ingobernable con nueve grupos diferentes, y donde populistas y radicales, cuya ignorancia e incompetencia solo es superada por su sectarismo ciego, pueden tener la llave de la gobernación de Cataluña, un cóctel explosivo independentistas, pero con mayoría de ERC –¿se han olvidado los insensatos de CiU lo que hicieron con sus abuelos y con sus bienes y haciendas, los escamots (los pistoleros de ERC) en 1936? ¿O creen que desde ahora unidos para siempre?- e izquierdistas radicales. O sea el empezose del acabose: hundirán económicamente Cataluña para varias generaciones, algo que importa una higa a los secesionistas por que según Mas que está tan loco que se ha autoproclamado “mártir”: “La independencia es más importante que las personas”.

Los oligarcas del Ibex, sobre todo los catalanes más ciegos aún que los radicales, han aconsejado a Rajoy no hacer nada, algo innecesario pues es lo que viene haciendo desde que gobierna. Y lo de permitir no cumplir ni la ley ni la Constitución, que no se respeten las decisiones judiciales ni los derechos humanos, es justo lo que hay que hacer para no enfadar a los nacionalistas. Es absolutamente abyecto el comportamiento y el desprecio por el Estado de Derecho y de la libertad que tienen los grandes monopolistas de este país, mientras nos expolian sin límite (1) ante la indiferencia del Gobierno de Rajoy.

Pero si los separatistas ganasen, el gravísimo delito de omisión por parte del monarca y de Rajoy sería tan descomunal que ni siquiera el Código Penal tiene previsto algo de tal magnitud. Sus consecuencias serían tan impredecibles, que hoy no existen suficientes elementos de juicio sobre la dimensión y el alcance de la reacción que pueda producirse. Como denuncia el maestro de Teoría Constitucional García Trevijano, “un Estado cuyas máximas autoridades, basan la permanencia de sus cargos en el incumplimiento de la Constitución que es la Ley de Leyes, ha dejado de ser y consistir en un Estado de Derecho, y priva de legitimidad tanto a la Jefatura del Estado como la del Gobierno. Es algo que no tiene precedentes ni en España ni en Europa”.

(1) Quiero ilustrar el expolio con un hecho de hoy mismo. En los últimos 30 días las gasolinas han bajado un 23 % -de 551 euros/t fob Med el 28 Jul a 425 euros /t el 28 Ag– y un 16% el gasóleo, lo que incluye crudo, refino y transporte, mientras que el precio al público en ha caído solo un 5% de media en las gasolinas y un 6% los gasóleos, cuando debería haber bajado un 11,5% y un 8% respectivamente, porque la mitad del precio son impuestos fijos. Sábado 29, Operación Retorno, en la parte andaluza de la N-VI controlada casi en su totalidad por Repsol, algo tan inaudito que debería obligarse a Repsol a vender la mitad de sus estaciones de servicio, el precio de la gasolina 95 era de 1,229 e/l , los independientes 1,14 e/l la 95, pero estos nunca obtienen permisos para instalarse en las autovías.

Caso Madrid, estación de servicio Repsol Bravo Murillo/ Rios Rosas, Gna 95 1,179 ; gasoil 1,109. Estación de servicio Saras Bravo Murillo/Plaza Castilla, Gna 95 1,136; gasoil 1,046. Unas diferencias escandalosas ¡Y Saras tiene la refinería en Cerdeña y Repsol en Puertollano desde donde recibe los productos por tubería muchísimo más barato que el buque tanque!. Por cosas así la gente va la cárcel en un Estado de Derecho. Que algunos analistas nieguen lo evidente no se comprende: o no tienen ni idea de cómo fijan precios en Repsol y Cepsa -yo he sido testigo de ello y una indigna Directora de la Energía del PP me diría que ella “no podía aceptar” que Repsol y Cepsa pactaran precios, hoy esta inútil ha sido pagada con un puestazo o están mintiendo conscientemente, ellos sabrán a cambio de qué.

Felipe González se acuerda ahora de Cataluña

Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 31 Agosto  2015

El expresidente del Gobierno con más años –y delitos- en su haber, casi catorce, ha publicado hoy en El País un extraordinario artículo sobre el separatismo catalán. Tiene un pequeño problema: que llega treinta años tarde. Y otro mayor: que se titula "A los catalanes", cuando, para ser eficaz y creíble, debería titularse "A los socialistas de Cataluña". Porque, incluso escrito con tres décadas de retraso, Felipe González tiene en su debe como gobernante la responsabilidad pasiva o activísima, a través de la actuación estrepitosamente prevaricadora de los magistrados socialistas del Tribunal Constitucional, de la implantación de la dictadura nacionalista, que siempre ha tenido como ariete la persecución de los derechos lingüísticos y cívicos de los habitantes de Cataluña que no comulgaban con el trágala de Pujol y sus monaguillos del PSC, que aún es el partido de González en Cataluña.

No hay nada, absolutamente nada, en el proceso separatista dirigido por Pujol y CiU que no haya sido respaldado fervorosamente por el PSC. Nada que los gobiernos de Pujol hayan hecho contra España, el español y los derechos de los que en Cataluña se niegan a dejar de ser españoles –la mitad al menos de la población, sometida a un escandaloso apartheid mediático- ha sido corregido o mitigado por el PSC cuando alcanzó la presidencia de la Generalidad. Al contrario, no sólo arreció la persecución contra los que se atrevían a rotular en español sus modestos establecimientos o a reclamar el derecho a la educación también en español, sino que desde el Tripartito, o, para ser precisos, desde el pacto de Carod Rovira con la ETA en Perpiñán, el PSC contribuyó a diseñar la estrategia de liquidación del régimen constitucional del 78. Esta estrategia, conviene repetirlo, tiene en la secesión catalana –con la anexión de Valencia, Baleares, parte de Aragón y de Francia para crear los Països Catalans– una pieza clave, no la única, en la destrucción del Estado nacional español, eso que desde hace muchos siglos venimos llamando España.

El proceso disgregador partió del PSOE
Las otras piezas de ese Proceso, del que el Procés es sólo una parte, son la independencia del País Vasco, previa anexión de Navarra y suelta de presos etarras, la eliminación de la base simbólica del régimen democrático mediante una Ley de Memoria Histórica que proscriba a la media España que no perdió la Guerra Civil y una etapa constituyente que supondría la apertura de un proceso de disgregación del Estado mediante la legalización de la autodeterminación de las partes de España que quieran abandonarla, es decir, destruirla. Para ello, naturalmente, hay que eliminar a quienes en la política y los medios de comunicación nos hemos opuesto siempre a ese proceso que los socialistas suelen llamar federalismo pero que en Cataluña y las regiones donde se han aliado siempre con los separatistas y contra el PP han llamado, sin temor al ridículo, asimétrico (Maragall, en el mismo periódico y la misma página de González) y, a menudo, derecho a decidir.

¿Y quién ha encabezado la lucha contra los que, dentro y fuera del PSOE, se han opuesto al separatismo, sea en el País Vasco, en Cataluña, en Galicia, en la Comunidad Valenciana, en Baleares o en Canarias? Ni más ni menos que Felipe Gonzalez, siempre, como seguramente hoy, con Juan Luis Cebrián como escriba asentado y gran maestre de esa instalación del PSOE y la izquierda en general en el perpetuo "cordón sanitario" contra el PP, en esa ideología guerracivilista asumida por Zapatero, actualizada por Podemos y Pedro Sánchez, y que, día a día, hora a hora, minuto a minuto, la SER, todas las televisiones que ha tenido y tendrá PRISA y, por supuesto, El País, han instilado en toda la Izquierda, fuerza política que, hoy como hace décadas, es la clave de que triunfe o fracase esa liquidación de la Libertad y la Nación Española en la que el 27S es sólo un paso más.

Porque González escribe hoy su gran artículo en el diario de Cebrián y seguramente a medias con él, como en su libro "El futuro no es lo que era", título injusto, porque el futuro de España empieza a ser precisamente el que ellos buscaban. Y hay que reconocerles constancia y eficacia en esa tarea. ¿Quién escribió "El discurso del método" instando a romper la alianza del PSE de Redondo Terreros con el PP de Mayor Oreja en el País Vasco? Cebrián. ¿Quién lo apoyó? González. ¿Quién atacó ferozmente a los que nos oponíamos al proceso separatista catalán, desde el Manifiesto de los 2.300? Cebrián. ¿Quién lo apoyó siempre? González. ¿Quién forjó con Godó y otros editores un frente desinformativo, sectario, siempre favorable a Pujol –su casero- y al apartheid de los no nacionalistas en Cataluña? Cebrián. ¿Y quién lo ha apoyado siempre o criticado nunca? González.

Pero sobre su responsabilidad directa –mano a mano con Cebrián y el imperio prisaico que él creó- en el gueracivilismo del PSOE, nacido en sus dos últimos mandatos presidenciales, González hizo algo que hoy podría empezar a deshacer: el PSC como partido distinto y opuesto al suyo, que es el PSOE. González y Guerra entregaron a los señoritos nacionalistas del irrelevante PSC (Congrés) –Raventós, Maragall, Obiols, Narcís Serra–, la base electoral, inmensa entonces y considerable ahora, de la Federación Catalana del PSOE, dirigida por Triginer. Con ello, convirtió a su partido, junto con el PSUC –supuestamente hermano del PCE, pero siempre ajeno– en la punta de lanza del separatismo. Si la Izquierda catalana, con el PSC a la cabeza, no hubiera asumido el separatismo como horizonte político, hoy no estaríamos donde estamos. Y me atrevo a decir que si González hubiera asumido hoy la responsabilidad de rehacer un partido socialista español en Cataluña, no podrían llegar los separatistas hasta donde hoy pueden llegar.

Una solución para dos caprichosos
En realidad, bastaría que González y Cebrián volvieran a convocar el Pacto de los Editores de comienzos de los 90 para proteger de sus enemigos del PP y la Prensa –la había– al felipismo, al pujolismo y a la argamasa de ambos regímenes: el polanquismo. Los curiosos pueden leer al respecto mi libro La dictadura silenciosa, desde cuya publicación González me llama en sus mítines "Jiménez Losdemonios". Ese Procés separatista que hoy asusta al que fuera durante cuatro legislaturas Presidente del Gobierno, está realmente dirigido por uno de sus cuates de entonces: el Conde de Godó, el urdidor de la candidatura de Mas, Junqueras y el intrépido Romeva, el que denunció en el Parlamento Europeo a España por tratar de aterrorizar con los atronadores vuelos de sus aviones de combate la voluntad separatista de los catalanes. Porque no se puede ser catalán si no eres nacionalista; y a eso se ha llegado gracias a González y a su hoy casero Cebrián. Pero con decir que el PSC ha incumplido su tarea histórica y que, además de votar el 27S a Ciudadanos –nacido de esa deserción española y democrática del PSC–, hay que reconstruir un PSOE democrático y español en Cataluña, todo lo que hoy parece preocupar a González estaría en vías de solución. Tal vez incluso el propio González, cuya herencia histórica hoy tanto le espanta.

¿A qué viene el aspaviento de González, que, se supone, es también el de Cebrián y elpais.cat? ¿A que PRISA levanta acta de su poder a cambio de más licencias de televisión? ¿A que son otros –los separatistas– los que han roto el juguete que durante tanto tiempo González y Cebrián han disfrutado casi a solas? ¿A que temen que otros arreglen lo que ellos –porque son dos– tanto han contribuido a desarreglar? ¿A que la Izquierda en España se siente con derecho a hacer y deshacer cuanto se le antoje? ¿A que sus antojos han ido demasiado lejos y ahora se les antoja cambiarlos?

Obras son amores y no buenas razones, dice el refrán. Y otro, que parece de encargo para escarmentados de las buenas intenciones de la izquierda, nos permite añadir: a otro perro con ese hueso.

Epístola preconciliar de González a los catalanes.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 31 Agosto  2015

Las cartas abiertas son una forma de comunicación practicada desde la antigüedad para dirigirse a un determinado colectivo. De sobra son conocidas las llamadas epístolas de los apóstoles de Jesús de Nazaret o de convertidos como San Pablo a los Corintios y de las que se hacen extractos en las misas de los católicos. Pues héteme aquí que siguiendo esa estela de la admonición y el adoctrinamiento, el expresidente del Gobierno Felipe González ha decidido intervenir de forma activa en la campaña electoral de las elecciones autonómicas, para algunos plenamente plebiscitarias, en Cataluña del próximo 27 de septiembre. Y como no podía ser de otra manera, su posición es que LA LEY debe ser respetada.

Sorprende la claridad, rotundidad y dureza con la que González arremete contra Artur Mas al que le acusa de aventurero (“El desgarro en la convivencia que provoca la aventura de Mas afectará a nuestro futuro”); de irresponsable (“En realidad tratan de llevaros, ciudadanos de Cataluña, a la verdadera “vía muerta” de la que habla Mas, en un extraño “acto fallido”.”); de mentiroso (“El señor Mas engaña a los independentistas y a los que han creído que el derecho a decidir sobre el espacio público que compartimos como Estado nación se puede fraccionar arbitraria e ilegalmente…”); de liquidador de la convivencia (“No necesitamos más liquidacionistas en nuestra historia que propongan romper la convivencia y las reglas de juego con planteamientos falsamente democráticos.”) y finalmente de perjuro, por incumplir su promesa de defender y hacer cumplir la ley al ser nombrado Presidente de la Generalidad y de delincuente (“Se coloca fuera de la legalidad, renuncia a representar a todos los catalanes y pierde la legitimidad democrática en el ejercicio de sus funciones.”).

Inmediatamente González, como buen abogado, pasa a desmontar la legitimidad que Artur Mas quiere dar a una posible mayoría parlamentaria simple (mitad más uno de los diputados del Parlamento de Cataluña) lejos de la cualificada que el mismo Estatuto prevé para asuntos de entidad. Claro que Artur Mas respondería que para él y sus sediciosos socios les basta esa representatividad ya que no reconocen ni la Constitución ni el Estatuto que amparado en esta Ley de leyes sustentaba a su extinto Gobierno en funciones, al disuelto Parlamento de Cataluña y a él mismo.

Acto seguido Felipe González se muestra partidario del diálogo y acusa al Gobierno del PP de “inmovilismo” quejándose del estrecho margen existente para ese diálogo. Olvida que Artur Mas y sus socios, los que yo decía que cabalgan juntos, no quieren dialogar salvo la forma en que Cataluña “desconectará de España”, un eufemismo que quiere obtener todas las ventajas de una desconexión solo parcial ya que intentan mantenerse dentro de la UE y las ventajosas relaciones comerciales con España y el resto del mundo. para eso han invertido en "embajadas". Y al igual que dos no discuten si uno no quiere, en un diálogo las líneas rojas deben estar lo suficientemente claras desde el principio para que nadie espere sacar rédito a posturas de fuerza, hechos consumados, etc.La línea roja principal es la Constitución de España de 1978.

Lo que no dice Felipe González en su epístola a los catalanes es cuál es su propuesta para garantizar su afirmación de que España no va a romperse. ¿Tan seguro está de que el frente secesionista de “Junts pel Sí” no se atreverán a hacer lo que dicen que harán? ¿Cómo haría él para evitarlo sin obligarles a deponer su actitud ilegal y tomar el control del Estado en Cataluña? Dar consejos cuando no se tienen responsabilidades de Gobierno es como criticar la faena del torero desde la seguridad de la barrera. La única forma es aplicar la ley y exigir las responsabilidades penales a los que delincan.

La próxima epístola sería de agradecer que concluyera con una propuesta realista y no plena de la demagogia y buenismo que la izquierda equidistante quiere mantener en asuntos tan esenciales para la convivencia entre españoles.


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