AGLI Recortes de Prensa   Martes 1 Septiembre 2015

Una novedad
ARCADI ESPADA El Mundo 1 Septiembre  2015

La carta del expresidente González a los catalanes no está libre de los tópicos insolventes sobre el nacionalismo. El principal gira en torno al reconocimiento de Cataluña. Al parecer hay un inefable hecho diferencial que las escrituras democráticas no tienen en cuenta y del que se derivan los problemas. Pero lo cierto es que el único hecho diferencial catalán, que ni la Constitución ni la realidad reconocen, es la escalada de deslealtad a la democracia y a sus instituciones emprendida por el Gobierno de la Generalidad. Y González sabe que no tiene respuesta pactada posible.

Ni el pacto de la transición ni la letra ni el espíritu de la Constitución son responsables, ni por activa ni por pasiva, del secesionismo. La principal responsabilidad corresponde, obviamente, a los desleales. Pero de inmediato hay que señalar a la obstinada política de los grandes partidos españoles. Es decir, y en gran parte, a la política del propio González. De esa política se dice que ha sido contemporizadora con los nacionalistas en un sentido un poco pueril: como si el constitucionalismo hubiese malcriado a los nacionalistas para evitar sus lloriqueos y levantamientos; para evitar, ¡precisamente!, que llegaran al actual punto de fisión. Si esa hubiese sido su intención el fracaso sería enorme; pero aun así se trataría de una explicación parcial. Los grandes partidos españoles han hecho algo peor que el apaciguamiento: han utilizado a los nacionalistas para luchar entre sí y para asegurarse, en sus momentos de fragilidad, la hegemonía política. Y algo más: han importado, frecuentemente, la obscena ética nacionalista en las comunidades autónomas donde han gobernado.

De ahí que sea interesante el párrafo de la carta de González donde desprecia la equidistancia con la que la izquierda se comporta frente a los presidentes Rajoy y Mas, uno con la ley y el otro contra ella. El párrafo supone también una severa advertencia a muchos socialistas, empezando por Pedro Sánchez y acabando por Miquel Iceta. Es verdad que el artículo es deudor del tópico y que sus vacilaciones llegan hasta el mismo borde de sus palabras sobre la equidistancia. Pero se trata, con todo, de una novedad. De una actitud hasta ahora solo reservada a disidentes como Leguina o Redondo. No es seguro que el conflicto nacionalista se hubiese atenuado de darse en el pasado esa voluntad de encuentro. Pero al menos los viejos líderes de los dos partidos podrían observar hoy la deslealtad nacionalista con la cabeza alta.

Una carta napoleónica
RAÚL DEL POZO El Mundo 1 Septiembre  2015

Un otoño incierto, un otoño importante, prologado por una tormenta que arrancaba los árboles donde se habían escondido los pájaros. Las tormentas -según Bradbury- también somos nosotros y las que se aproximan llegan con el vértigo del rencor que nos profesamos las comunidades, las clases, los partidos.

Este otoño va a ser una fiesta de gatos porque no logramos que desaparezca aquel odio celtíbero llamado africano que nos achacaron los catones y escipiones, confundiéndonos con los feroces cartagineses (Carthago delenda est). Las algaradas de las calles y las cacerías de las redes sociales, las maldiciones que nos dedican los señoritos descamisados de Cataluña, muestran que no hemos cambiado mucho desde que Ortega y Gasset analizó el odio como la morada íntima de la mala leche ibérica. "Los españoles ofrecemos a la vida un corazón blindado de rencor", escribió. Me lo comenta esta mañana un viejo amigo de los que oyen el tantán de la tribu con la oreja en el suelo: "A Felipe lo están poniendo de chupa de dómine por su carta napoleónica".

Es que la ideología sigue siendo una forma de odio y la libertad de expresión una licencia para poner a cada cual como hoja de perejil o como chupa de dómine, que según Camilo, es cómo se pusieron entre sí, en el Concilio de Toledo, San Elipando y el Beato de Liébana. El vocablo chupa denominaba la sotana que llevaban los religiosos pobres como Dómine Cabra, que retrata Quevedo de forma portentosa: "Largo sólo en el talle", "dormía sólo de un lado para no gastar las sábanas", "tenía los ojos avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos". Los dómines como tenedores, con gaznates de avestruz, gastaban sotanas, chupas sucias y rotas y su imagen barroca ha pervivido en los insultos. A los que más caña se les da es a los de Podemos, han llegado a amenazar a Pablo Iglesias con tiros en la nuca; ahora, ya no le echan en cara su radicalismo, sino todo lo contrario: que hayas pasado de basilisco revolucionario a cangrejo rojo socialdemócrata. También los de Podemos amenazan en las redes y en los escraches y tampoco se libra Mariano Rajoy de la chupa. En sus paseos por las ciudades le dijeron mentiroso y ladrón. "Tictac: te queda poco", le gritaron recientemente en Palma de Mallorca. La turba inepta llama "pandilla de sinvergüenzas" a los que luego votan.

Nunca ha sido Felipe González santo de mi devoción, pero resulta raro que lo estén poniendo como chupa de dómine los que no quieren que Cataluña se vaya de España. Que los secesionistas le machaquen tiene lógica, porque el ex ha escrito una carta de Estado, mayestática, contra el delirio ilegal de esa pandilla de guindas, pero que es del género tonto que lo injurien los constitucionalistas, dejándose llevar por el patriotismo de siglas. Cuando mi viejo amigo habla de napoleónico, no se refiere al bonapartismo de Napoleón el pequeño, sino al corso y a su sentido de la Historia. "Con su carta napoleónica apunta alto -me dice-. Está sentando las bases de la gran coalición en sintonía con Mariano Rajoy".

Ucronías
Melchor Miralles Republica 1 Septiembre  2015

Sí. La política española está llena de discursos repletos de ucronías. O sea, de afirmaciones y discursos que parten de una reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuesto acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder. Hay muchos ejemplos, pero el más palmario lo tenemos en Cataluña, en los alegatos, diatribas, homilías, disertaciones, mítines y sermones que desde hace años, y con mayor intensidad los últimos meses, nos lanzan cada poco los arúspices del independentismo.

Vaya por delante que no me dan miedo ni la independencia ni los independentistas. Respeto y defiendo el derecho de cada quien a defender cualquier posición política, por opuesta que sea a mis convicciones. Y hay independentistas con solera que saben que es verdad lo que digo. Lo que no me parece respetable es la ucronía. No me gusta la gente que vende mulas ciegas, mercancías averiadas, y discursos basados en premisas falsas y en futuros imaginados que nunca llegarán. Y menos aún en materia tan sensible y en momento tan delicado.

Cuando hay que recurrir a la historia e inventarse sucedidos que nunca ocurrieron, pero que ayudan a conformar un discurso que cala gracias a los miles de millones de dinero de todos empleados en la propaganda la ucronía se convierte en una canallada, en las acepciones primera y tercera de la palabra según la Real Academia de la Lengua Española (1. Genta baja, ruin y 3. Persona de malos procederes).

Se acercan unas elecciones convocadas por el ucrónico Artur Mas un domingo festivo en Barcelona. No es casualidad. Una vez articulado el discurso e inoculado durante años con la propaganda, convoca a las urnas buscando que vote cuanta menos gente mejor allí donde más votos pueden obtener quienes no están dispuestos a seguirle en su locura. Allí donde históricamente hay más catalanes que se sienten catalanes pero que no quieren poner en marcha un proceso de consecuencias sociales, políticas y económicas previsiblemente nefastas.

Lo que pase en Cataluña tendrá enorme influencia en las generales de diciembre, aún sin fecha, pendientes de que decida Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana cuando le interesa, que probablemente sea el 20, otra fecha fetén, sin duda. Por eso se ha lanzado a la portada de ‘El País’ el domingo Felipe González con su alegato desmemoriado sobre Cataluña.

El artículo de González tenía algo de ucrónico, pero más de insoportablemente olvidadizo. Me hizo también revivir un artículo majestuoso sobre González en el que describía “la conmovedora sinceridad con la que miente”. Es evidente que desde la ilegalidad nada se puede hablar ni negociar. Pero escribir una portada de El País para citar a Rajoy sin mencionarle es feo. Como horrendo es ni mencionar hablando de Cataluña sus propias responsabilidades en la creación del monstruo, y su silencio cómplice cuando su PSOE pactaba con el independentismo y el nacionalismo sobrevenido en soberanismo, en permanente violación de la legalidad ante la pasividad de los gobiernos de su partido.

Y qué decir respecto a que González no mencionara la corrupción catalana, la de Pujol y la familia, cocida a fuego lento desde su época, ante la que siempre miró para otro lado, entre otras cosas porque su PSOE estaba hasta el cuello de corrupción y crímenes de Estado. Sin ucronías.

Crisis migratoria: las verdades del barquero
  Gaceta.es 1 Septiembre  2015

La descabellada estrategia en Oriente Próximo de los Estados Unidos y sus aliados árabes y europeos, especialmente Gran Bretaña y Francia, ha creado una caótica situación cuya consecuencia más palpable es el éxodo de decenas de miles de refugiados sirios. Esos refugiados, que huyen tanto de la guerra provocada por Occidente y los países árabes como de la barbarie del Estado Islámico, no buscan cobijo en los países árabes ricos –Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, los Emiratos-, donde su tragedia no suscita la menor inquietud, ni en los Estados Unidos, que quedan demasiado lejos, sino que ponen rumbo a Europa. La riada humana así generada viene a engrosar otro tráfico humano nunca interrumpido y que ahora, aprovechando el paisaje de inestabilidad general, se intensifica: el de la inmigración ilegal procedente del África negra. La cual, por cierto, también se beneficia del desmantelamiento de las estructuras estatales que Occidente ha ejecutado en puntos sensibles como Libia. La confluencia de todos estos procesos ha provocado la mayor presión migratoria jamás conocida en Europa. Los mismos medios de comunicación que ayer estimulaban la guerra contra Libia o Siria y las “primaveras árabes”, lloran ahora ante las imágenes de los refugiados en las fronteras europeas. Típico ejemplo de cómo elevar tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias, por utilizar la conocida fórmula de Donoso Cortés.

La pregunta, evidentemente, es qué hacer, y pocas veces ha habido una respuesta más difícil. No podemos dejar morir a los desterrados, ciertamente, pero todo el mundo sabe –aunque muchos se nieguen a reconocerlo- que una acogida indiscriminada multiplicaría el problema hasta convertirlo en tragedia: estimularía el “efecto llamada”, provocaría la llegada de contingentes aún mayores a los que ya no sería posible acoger, ocasionaría en Europa desequilibrios sociales y culturales de consecuencias imprevisibles, acentuaría la depauperación de las sociedades africanas… Europa está atrapada entre la obligación de salvar vidas –algo, por cierto, que sólo los europeos, por cristianos, nos planteamos- y la evidencia de que no podemos integrar a todos los que llaman a la puerta. Inevitablemente hay que escribir con tinta fina. Y aunque, seguramente, cualquier decisión ocasionará injusticias, ante todo hay que fijarse el objetivo de evitar una injusticia aún mayor.

Para empezar, habría que diferenciar claramente entre los refugiados políticos, es decir, las victimas de las guerras propiciadas por Occidente en Siria y Libia, y los demás inmigrantes. A los primeros es de justicia acogerlos; no así a los segundos, cuyo éxodo obedece a razones de otro tipo. En cuanto a los primeros, una cosa es paliar su situación de desamparo, algo que Europa está perfectamente en condiciones de hacer, y otra muy distinta es convertirlos en ciudadanos europeos. Como recientemente decía el papa Francisco, “Europa tiene derecho a proteger su identidad cultural”. Es posible pensar en centros específicos de protección en suelo europeo hasta que los refugiados puedan regresar a su país.

Respecto a los otros inmigrantes, los que llegan desde África a través de las mafias del tráfico humano, alguna vez habrá que plantear sin moralinas la responsabilidad de unos gobiernos africanos que llevan más de medio siglo beneficiándose de créditos, ayudas y fondos europeos de todo tipo, con escasísimo efecto en su propia población. Porque, además, el principal perjudicado por la inmigración subsahariana no es Europa, sino las propias sociedades africanas. Según los datos del FMI y de la ONU, entre 2000 y 2010 el PIB de África creció a un ritmo del 5,7% anual, es decir, más del doble que en el decenio anterior y por encima de Europa e Iberoamérica. Las previsiones para los próximos años son aún mejores. ¿Se ha preguntado alguien qué efecto tiene sobre estas previsiones el éxodo continuado de mano de obra? ¿Ha reparado alguien en que facilitar la inmigración africana significa torpedear el desarrollo africano?

En cuanto a las causas generales del problema, también conviene hablar claro. En último análisis, todo cuanto hoy estamos viendo es consecuencia de un proyecto ideológico: el empeño occidental, liderado por Washington, de crear un mundo homogéneo en torno a un mercado global y unas instituciones semejantes por todas partes. Eso viene a ser, al cabo, el famoso “Nuevo orden del mundo”, cuya premisa implícita es que todo el planeta debe someterse a la forma de vida impuesta por Occidente y, más específicamente, por los Estados Unidos, potencia hegemónica, si no única, del nuevo escenario. Este proyecto se justifica en nombre de la libertad, la prosperidad y la paz, pero sus consecuencias reales –en las fronteras de Europa han estallado con particular virulencia- son unas guerras sin final previsible, con su corolario de sufrimiento, y un desbarajuste económico y político que veta a las naciones el control de sus propios recursos. Europa es, desde los antiguos griegos, el mundo de la razón. Y lo que la razón hoy exige es la rectificación inmediata de ese proyecto “neo-occidental” que está convirtiendo el mundo en un lugar sofocante.

Felipe González, a la altura de Rajoy
Guillermo Dupuy Libertad Digital 1 Septiembre  2015

Dice Felipe González que los separatistas catalanes "no conseguirán, rompiendo la legalidad, sentar a una mesa de negociación a nadie que tenga el deber de respetarla y hacerla cumplir". Bueno, teniendo presente que los Gobiernos de España han negociado hasta con la ETA, podemos pensar que a los gobernantes nacionalistas les bastaría hacer público un propósito de enmienda respecto de sus ilegales pretensiones secesionistas para que les llovieran privilegiadas ofertas de negociación.

De hecho, Artur Mas no ha tenido siquiera necesidad de bajarse del monte secesionista para comprobarlo: tras contemplar que la vista gorda ante los incumplimientos de la Generalidad respecto de los topes de déficit o las sentencias del Tribunal Supremo en materia lingüística, por no hablar de una financiación extraordinaria a cargo de los Fondos de Liquidez Autonómica, no eran suficientes para calmar lo que meses antes había calificado de simple "algarabía", Rajoy ofreció en enero de 2013 a los gobernantes separatistas, a través del PP catalán, un pacto fiscal con Hacienda propia.

Aquel "nuevo y singular modelo de financiación para Cataluña" propuesto por el PP incluía un nuevo incremento de los impuestos cedidos y una mayor participación de la Generalidad en los impuestos estatales, y hablaba en términos bilaterales, de igual a igual, cuando se refería a las fórmulas de colaboración entre la llamada "Agencia Tributaria de Cataluña" y la "Agencia Estatal de la Administración Tributaria". Que a la postre tampoco esta oferta fuera bastante para que Mas se bajara del monte sólo demuestra, una vez más, que Julián Marías llevaba razón al advertir: "No se debe intentar contentar a los que no se van a contentar".

Por otra parte, ¿cómo va a negociar el Gobierno de Mas su acatamiento de la legalidad si previamente no la vulnera o desafía? La cuestión es que, en una auténtica democracia y en un auténtico Estado de Derecho, ningún desafío o vulneración de la legalidad se salda con "diálogo" o con "reformas pactadas".

Sigo pensando que un tipo como Artur Mas no se hubiera atrevido jamás con Felipe González a tanto como se ha atrevido con un Rajoy con mayoría absoluta. Sin embargo, en su artículo el expresidente socialista se muestra tan claudicante como el actual, al mostrar su disposición a "unas reformas pactadas que garanticen los hechos diferenciales". ¿De cuándo acá los "hechos diferenciales" han de tener rango de ley? Una cosa es el derecho a la diversidad, cuyo titular es el individuo, y que la Constitución ya garantiza, y otra cosa es la diversidad de derechos en función del ámbito territorial.

Aquí el único hecho diferencial a tener en consideración, pero para erradicarlo de una vez, es el que ha otorgado y sigue otorgando impunidad a los gobernantes nacionalistas para saltarse la ley a la torera. Está visto que, por mucho que violen su promesa de cumplir y hacer cumplir la ley, los nacionalistas no tienen nada que perder con gobernantes como Rajoy o como González. Lo más que pueden temer es que el presidente del Gobierno, con el respaldo del principal partido de la oposición, se siente a negociar un cambio "asumible y moderado" de nuestro ordenamiento jurídico.

Si esta es la pena por su delito, ¿cómo van a tener los gobernantes nacionalistas miedo a colocarse al margen de la ley?

Demos la bienvenida a la nueva crisis
Enrique Navarro Libertad Digital 1 Septiembre  2015

No sólo las crisis son momentos de grandes oportunidades, sino que también sirven de correctivo; son como las enfermedades que acaban haciendo al cuerpo más fuerte y con más defensas, lo que no excluye que a veces los antibióticos son necesarios, pero administrados en sus dosis correctas. Esta crisis es una enfermedad global, pero que nos va a traer mejoras sustanciales en el futuro económico a medio plazo y largo, y este efecto temporal es precisamente el correctivo que necesita la economía global para tratar algunas enfermedades que viene arrastrando y poner las cosas en su sitio.

Pero tratemos de abordar este golpe financiero y económico con un cuestionario que ayude a describir lo qué está pasando y lo qué es previsible qué ocurra.
¿Crisis financiera o algo más profundo?

Todas las crisis afloran por el lugar más débil y éste siempre es el mercado financiero, el del crédito y el de las acciones, que es el más sujeto a las volatilidades de los mercados. Pero éstos son como la fiebre, el síntoma de la crisis, pero no la causa ni en si es la enfermedad. Las bolsas asiáticas están muy lejos de su realidad económica. Apenas un seis por ciento de los chinos tiene acciones, frente al 50% de los americanos. Las bolsas asiáticas, excluida la japonesa, tienen unos volúmenes de negocio y capitalización que están muy lejos de los mercados europeos y norteamericanos.

Pero es claro que estamos ante una crisis más profunda, es la crisis del modelo de las economías emergentes mono productivas y poco flexibles que se ha generado a partir del fenómeno chino, en Asia, África y América Latina. Su crecimiento ha sido tan espectacular desde el comienzo de esta década comparado con la situación de las economías occidentales, que su impacto es mucho más global que lo que fue el tequilazo o la crisis del Brasil, el efecto samba en los noventa.
Síntomas de la crisis

La recesión arranca en la crisis financiera de las economías occidentales y en su larga duración. La contracción de la demanda a consecuencia de la restricción del crédito; las altas tasas de paro y la caída de los salarios reales que desde 2008 imperan en las grandes economías europeas y norteamericana. China y las economías emergentes asiáticas mantuvieron sus altas tasas de crecimiento en medio de la recesión occidental sobre elementos cada vez más artificiales. Mientras que su producción real caía y los estímulos a la inversión se sustituían por estímulos al consumo, se producía una gran burbuja inmobiliaria animada por una falta de regulación y una condiciones de mercado muy poco transparentes. La crisis de la economía real china comenzó en 2008, pero sus síntomas se ocultaron con la burbuja y la expansión de las bolsas en las que muchos chinos se convirtieron en multimillonarios gracias al uso de información privilegiada y a la propia dinámica del mercado. Una vez más, el crédito se desvió de la economía real a la compra de viviendas y de acciones, y para satisfacer esa demanda de liquidez se acudió a los mercados occidentales, al dólar y al Euro, y ahora con sus monedas en caída libre este endeudamiento traerá grandes quiebras de muchas compañías chinas, coreanas y de los demás tigres asiáticos.

Si el incremento de los precios de las materias primas tenían como fundamento el crecimiento de la demanda en China y los países vecinos; desde 2009, se ha hecho evidente que la economía china compraba cada vez menos. Hoy en día existe una sobreoferta de materias primas que han llevado los precios a un descalabro desconocido.

Para los países productores que han basado su economía y su crecimiento en el alza de precios de las materias primas, el golpe es brutal. El petróleo ha pasado de 130 dólares a 40 dólares; la soja de 620 dólares la tonelada a 300. Países como Rusia, Malasia, Kazajstán, Venezuela, Argentina y otros, han visto reducciones del valor de sus exportaciones del 50% en los dos últimos años. De ese desequilibrio comercial se ha derivado la devaluación de las monedas. El Rublo ha pasado de 35 a 80 rublos por Euro; El Bolívar que todavía tenía hace un año un cambio oficial de 12 y en el mercado negro de 40, ahora cotiza a 300 con el dólar; el peso argentino, el colombiano, el ringgit malasio y el tenge Kazako, por decir varios casos tienen caídas en su valor en los últimos meses superiores al 20% y la tendencia es todavía a peor.

Todos los países dependientes de este monocultivo productor verán muy importantes contracciones de sus economías; Oriente Medio y los países productores africanos verán contracciones superiores al 5% para este año y el que viene; Rusia podría caer todavía más hasta el 10% y la economía argentina y venezolana entrarán en colapso para finales de año. Brasil y México con una mayor diversificación aguantarán mejor el tirón, pero la crisis política en Brasil abre un nuevo frente de incertidumbre.
¿Por dónde ha aflorado el virus de la crisis?

Como siempre por la bolsa, el único mercado que actúa en tiempo real. La caída de las bolsas asiáticas se asemeja al modelo del crack financiero del 29, y parece previsible que sus consecuencias para dichos países serán similares. El efecto sobre las bolsas europeas y americanas es producto de la globalización, pero no existen tantos vasos comunicantes entre China y las economías occidentales como para hablar de un efecto mariposa. Con el paso de los días y a medida que las bolsas asiáticas caen, las europeas y Nueva York verán importantes subidas ya que va a producirse un desplazamiento de muchos inversores que estaban haciendo grandes negocios en Asia a economías más estables. Debemos esperar un final de año con fuertes subidas en las bolsas europeas a medida que las bolsas asiáticas continuarán su caída. Es el crack de 1929 justo al revés en cuanto a su localización y efectos.
Causas y los efectos de la crisis de materias primas

Las causas son muy evidentes. La caída de la demanda, especialmente de China que ha sido el gran tirón en estos años. Lo que evidencia esta caída en el consumo de materias primas en Asia es que el gigante había entrado en recesión ya hace años. Es muy probable que el gigante chino esté realmente en una situación de contracción del PIB, lo que no significa que vaya a reconocerse ni que vaya a ser publicado, pero todos los modelos evidencian crecimientos muy inferiores a los publicados por las autoridades chinas; y estamos hablando de la segunda economía global. En términos corrientes el PIB chino caerá en los próximos años de una forma muy significativa.

También ha influido mucho el contexto político energético. El fracking y el incremento de la producción de petróleo en Estados Unidos el primer consumidor mundial, ha reducido su demanda exterior de manera muy significativa; quizás en un 30% respecto a hace cinco años; lo que supone un 10% de la producción mundial. La situación política en los países productores y las ansias políticas expansionistas de los gobernantes de algunos de estos países han llevado a incrementar la producción en lugar de recortarla para volver a precios mas altos. Hoy en día Angola, Nigeria, Rusia están en niveles récord de producción. La alternativa a la caída de precios está siendo producir más y este es un bucle muy peligroso para sus economías.

Los efectos mas perniciosos serán macroeconómicos y sociales. Para muchos de estos países los ingresos derivados de la producción de sus riquezas naturales ha servido para desarrollo económicos espectaculares como Rusia, con 35 millones de turistas saliendo al extranjero; Angola con Luanda como la ciudad más cara del mundo; Nigeria, los países del Golfo comprando empresas en todos los mercados etc. Ahora la crisis va a producir un incremento notable del desempleo y los desequilibrios sociales que pueden derivarse serán muy peligrosos para la estabilidad política. Solo en China, el número de desempleados puede crecer en varias decenas de millones en los próximos años.

Otra consecuencia será que la reducción de la pobreza en muchos de estos países que más necesitaban crecer se va a detener y se generarán mayores diferencias entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo. Esta es una de más graves consecuencias de esta crisis de implicaciones estratégicas, migratorias etc.
¿Cómo va a afectar a las economías emergentes?

Dos modelos van a tener que desaparecer si quieren que sus países tengan un futuro próspero después de esta recesión. Por una parte, los populismos, especialmente en América Latina, que no sólo no han hecho las reformas necesarias sino que realizaron una contra reforma que les ha puesto en una callejón sin salida. Se han aprovechado los altos precios de las materias primas para políticas de marcado carácter popular sin impacto en el crecimiento real de la economía. Argentina, Bolivia, Ecuador y sobre todo Venezuela sufrirán grandes convulsiones económicas y sociales impredecibles ya que las reformas requeridas serán mucho más dolorosas.

El modelo chino es el que seguramente no sobrevivirá a la crisis. Los desastres medioambientales, la desregulación laboral, el descontrol generalizado, la corrupción y el rígido sistema político comunista han creado una mezcla sin solución. China deberá transitar hacia el liberalismo en lo económico y sobre todo en lo político. Una economía como la china no puede sobrevivir con un régimen comunista como el que gobierna en el país y la apertura será un requerimiento esencial para emprender las reformas que pongan a la segunda economía global en el marco y ambiente de las grandes economías liberales mundiales.

Los países africanos deberán también cambiar de modelos autocráticos a sistemas más democráticos y requerirán de ayuda financiera para convertir su modelo económico hacia otros sectores. No obstante la mayoría de los países que no viven del petróleo en la región sufrirán bien poco la crisis.

Otros llevan tiempo quemando las naves para evitar las reformas y el desastre, y es posible que se queden sin gasolina que quemar antes de emprender las reformas. Arabia Saudí desde comienzos de año ha utilizado 62.000 millones de dólares de su reserva de divisas extranjeras y ha recurrido a la financiación bancaria por primera vez en su historia. Pero estas medidas por sí solas no están permitiendo cuadrar las cuentas, por lo que las autoridades se preparan para acudir a los mercados de deuda, por primera vez desde 2007.

Otras naciones del Golfo Pérsico encaran problemas similares, como Qatar, el mayor exportador mundial de gas natural licuado. Según estimaciones del FMI, la nación podría registrar un déficit fiscal en 2016, ya que el 90% de sus ingresos presupuestarios dependen de actividades vinculadas al sector energético.

Rusia también afronta un difícil escenario económico lastrado por la caída del crudo. Actualmente, el gas y el petróleo representa cerca de la mitad de los ingresos del Estado, por lo que el desplome de los precios amenaza con agravar el déficit del país, forzando a Moscú a buscar vías alternativas de financiación, en un momento en el que su deuda corre el riesgo de ser rebajada hasta "bono basura". El rublo es un claro reflejo de esta realidad y cae un 50% en los últimos 12 meses. Esta es la peor evolución de las 170 divisas cubiertas por Bloomberg.

En América, los principales productores de petróleo también se están viendo perjudicados por el desplome de los precios. El país más perjudicado de la región es Venezuela, ya que el crudo representa el 96% de sus ingresos por exportaciones, lo que supone una pérdida cercana a los 40.000 millones de dólares. Brasil también se ha visto perjudicado por la caída de los precios: el beneficio de Petrobras cerró el segundo trimestre con una caída del 90%.
Cómo va a afectar a las economías occidentales

La bajada de los precios de las materias primas, y en especial del petróleo, la fortaleza de sus divisas frente a los países emergentes y unos tipos de interés que continuarán bajos en los próximos años incentivarán tanto la inversión en el exterior, especialmente en los países emergentes y acelerará el consumo. Los déficits presupuestarios deberían desaparecer y en estas circunstancias se producirá una situación deflacionaria muy profunda de oferta, lo que va acelerar el crecimiento que ayudará a reducir el peso gigantesco de al deuda.

También habrá beneficiados indirectos como India, que seguramente después de esta crisis superará a China como poder económico, basado en un sistema político y económico más eficiente.

Las tomas de posiciones de las compañías occidentales en los baratos países emergentes permitirá un rápido crecimiento de las grandes empresas en estos mercados que se beneficiarán si hacen las reformas oportunas de este incremento inversor.

En Europa el principal damnificado es Noruega. El desempleo alcanzó en mayo el 4,3%, su nivel más alto de los últimos 11 años. Esta presión podría llevar al país nórdico a echar mano de su fondo soberano, valorado en 875.000 millones de euros, lo que representaría un paso histórico.

Ni siquiera Canadá está esquivando el impacto de la caída de los precios. De hecho, en mayo registró el segundo mayor déficit de fiscal de su historia, ejerciendo presión sobre el Banco de Canadá para rebajar los tipos de interés.

Por el contrario, Estados Unidos se perfila como el mayor beneficiario de esta situación. El uso extensivo de la polémica técnica del fracking ha permitido a Washington recortar drásticamente su dependencia energética. Hasta el punto, de que desde 2011 los productos petrolíferos han pasado de representar más del 60% del déficit comercial a reducirse por debajo de la barrera del 20%. Sin embargo la debilidad económica en Canadá y el mantenimiento de bajas tasas en Europa llevan a pensar que la Reserva Federal tardará un poco en subir los tipos de interés y optará por otras medidas de reducción de estímulos a corto plazo ya que la economía no está recalentada y el dólar se mantiene fuerte.
¿Va a afectar esta crisis a nuestra recuperación?

Muy al contrario, dada nuestra dependencia energética del exterior, la bajada de las materias primas pondrá en circulación una gran cantidad de recursos monetarios; la deflación permitirá controlar los precios mientras que los sueldos recuperan poder adquisitivo sin tener por ello que incrementarse de forma significativa.

Como nuestras exportaciones son principalmente a países desarrollados, su crecimiento también nos beneficiará. Además teniendo en cuenta nuestra escasa presencia empresarial en Asia, nos veremos menos afectados que otros países europeos como Reino Unido y Francia por la coyuntura económica de los gigantes asiáticos. También Japón se beneficiará de estas mismas condiciones lo que provocará un ciclo económico más pujante en la adormilada economía japonesa.
Consecuencias a medio y largo plazo

Dependerá mucho de las medidas y reformas que los países adopten.

Si los países más afectados liberalizan sus sistemas políticos y económicos, permiten la entrada de capital extranjero, diversifican sus economías, se aprovecharán de la debilidad de sus monedas para volver al crecimiento, que será más saludable y estable, pero a costa de políticas rigurosas y lejos de los desmanes de estos años.

Los países desarrollados no deben perder esta oportunidad para ordenar sus economías, acelerar el regreso a los superávits presupuestarios, al ahorro y a la reducción de la deuda. Intentar aprovechar este ciclo para más mejoras sociales sería lo peor que podríamos hacer, ya que cuando las economías se recuperen nosotros estaríamos en una situación mucho peor para poder competir.

Se va a producir un equilibrio nuevo estratégico. China y Rusia con sus economías en recesión durante años, seguramente deberán cambiar sus modelos para poder seguir siendo agentes activos en la esfera internacional. El peligro es que sus gobernantes opten por enrocarse y optar por la amenaza y la agresión militar como vía de escape ante la crisis. Este es sin duda el mayor riesgo que presenta este panorama.

China, Corea, y los demás países asiáticos podrían optar por la solución de la crisis del 29, es decir el rearme en medio del caos económico y la búsqueda del conflicto. Para evitarlo es esencial que Occidente no deje caer a estos países en una situación semejante y debe ser flexible en el apoyo económico mientras que incrementa la dureza en el aspecto de la seguridad.
Que debería hacer el gobierno español

Primero, ahorrar, y mucho, para acelerar la desaparición de déficit y la reducción de la deuda. Con la liquidez que va a inyectar en el mercado la caída del petróleo no va a necesitar medidas de incentivo fiscal en los próximos años.
Lo segundo, prepararse para la siguiente crisis, buscando mayor independencia energética y avanzando en un modelo económico más intensivo en capital y tecnología y sostenible.
Lo tercero avanzar en la integración política y económica de Europa.

Finalmente ¿ Cuanto va a durar esta crisis?
Va a depender de la rapidez en ejecutar las reformas; de lo que tarden los regímenes autocráticos y populistas en caer y del crecimiento económico de los países desarrollados.

El crecimiento de los países europeos en un entorno de deflación no será muy alto ni sostenido, por lo que no parece que por un incremento de la demanda venga la salida de la crisis para las economías emergentes. Los cambios pueden dilatarse en el tiempo mientras que los gobiernos buscan excusas y justificaciones para no cambiar y por supuesto culpables y las reformas dependerán de los cambios políticos. Tranquilamente podemos apostar por al menos cuatro años de crisis para China y los países del monocultivo que supondrá recesión, devaluaciones masivas y gran desempleo.

Las economías occidentales pronto se recuperarán y en unas semanas asistiremos a una aceleración. Pero hay que poner la alerta, si España y otros países del sur de Europa no adoptan medidas urgentes de ahorro y de cambio de modelo, pueden verse atraídas por el remolino de los emergentes.

Con la caída de precios, el turismo hacia los países emergentes será muy barato y de calidad, y la inversión europea en los países emergentes retraerá la formación de capital en los países más endeudados como España e Italia. Este es el mayor riesgo que tenemos. En este entorno, un cambio de modelo en España hacia el populismo o la socialdemocracia, será muy apetecible, pero las consecuencias podrían ser catastróficas.

'JAMÁS RECONOCERÁN BANDERAS O AL REY COMO SUYOS'
'Son generaciones de jóvenes educadas en el odio a España'
 Gaceta.es 1 Septiembre  2015

Siempre polémico y sin miedo a decir las cosas claras, Boadella asegura que en Cataluña viven 'en la ficción de que tienen la bota de los españoles pisándoles la nuca'.

Siempre diciendo las cosas claras y sin ningún miedo a la repercusión que sus palabras pueden tener, Albert Boadella, asegura que Cataluña "declarará su independencia", pero espera que si así ocurre el Estado no frene la sedición "con los tanques" porque eso provocaría allí "un orgasmo general y no hay que darle esos placeres", asegura el director de los teatros del Canal

Cataluña "no tiene salida", asegura Boadella (Barcelona, 1943), porque quienes promueven su independencia "han cortado todas las salidas y no pueden dar marcha atrás. Pujol hacía el doble juego del chantaje y la coacción pero el nefasto Mas no tiene ninguna otra opción".

Y no hay salida posible, precisa, porque son "generaciones educadas en el odio a España, que jamás reconocerán banderas o al Rey como algo suyo. Después unos desalmados han aprovechado ese sentimiento natural de defensa del terruño elevándolo a objetivo militar".

"El nivel de engaño a la ciudadanía ha sido tan alto que viven en la ficción de que tienen la bota de los españoles pisándoles la nuca. Han perdido el sentido de la realidad y no quieren creer que la independencia significa jugarse la permanencia en la UE. Por otro lado han logrado que mucha gente piense 'que se marchen de una puta vez'", clama.

Desde su casa en Gerona, y recién llegado de Buenos Aires, donde ha estado un mes dirigiendo "El pimiento Verdi", subraya que "todo" lo que ve es "de una mediocridad y una bajeza moral" inauditas, "una epidemia a la que cada vez más gente se engancha" y que él ya vaticinó hace más de 25 años en un artículo periodístico que tituló "El virus".

Por eso, señala, ya no tiene amigos en su tierra y toda su vida social la desarrolla en Madrid, donde dirige los Teatros del Canal desde hace siete años y para los que acaba de renovar por otra temporada más.

"Esto es un espectáculo cómico. Cuando veo las cosas que dicen, cómo se pelean entre ellos lo que noto es que tengo sentimiento de apego alguno", revela.

En ese contexto, apostilla, la convocatoria de elecciones del 27 de septiembre no es más que "una huida hacia adelante de los dirigentes de ese caos".

"Llegará un momento en el que el enfrentamiento sea directo, es decir en los márgenes de la legalidad. Hay que ver entonces si España aplica la legalidad o mira para otra parte", apunta.

Ante una declaración "unilateral" de independencia, recuerda, "y en aplicación de artículos en la Constitución que no lo permiten, llega un enfrentamiento directo que implica destituciones".

Lo que tiene muy claro es que la respuesta no debe ser con tanques, que hay que hacerlo "más inteligentemente, con una acción importante".

"Los independentistas no tienen otra salida que tirar hacia delante porque no hay una mayoría activa, aunque sí la pueda haber silenciosa, capaz de frenarles el paso".

Pero España, insiste, no puede "dejarle un lastre así a la UE y la respuesta tiene que ir por no ceder en las cosas económicas, porque la igualdad de los españoles no puede estar en juego y ha de haber unidad fiscal", sugiere.

El mundo, afirma, "va por otros derroteros y Europa tiene problemas mas acuciantes y, sobre todo, reales". "Ellos todavía están con Felipe V, en una cosa tan baja, tan reaccionaria, de la ultraderecha más pura. No hay diferencias con Le Pen y el populismo de sainete".

Habrá una generación, vaticina, que les hará un auténtico juicio de Nuremberg "por haber sometido a un territorio agradable y bello, a esta bajeza moral e indignidad". "Serán juzgados por un auténtico delito moral.. El juicio de Nuremberg-Ripoll", propone irónico

La incomoda verdad acerca del Estado Islámico
Shimshon Zamir Periodista Digital 1 Septiembre  2015

El articulo de esta semana ha sido escrito por Federico Gaon y la fuente es Infobae.com del 10 de Julio del 2015.

"Sea por miedo o por recaudo a no estigmatizar a las comunidades musulmanas, es común que en los debates acerca del fenómeno del yihadismo suelan evadirse términos que son indispensables para comprender mejor la realidad, y que a lo sumo se los reemplace con eufemismos más en sintonía con el discurso políticamente correcto que con la búsqueda de la verdad. El signo más recurrente es la tendencia a evitar hablar de “terrorismo islámico” y, en cambio, aducir que grupos como el Estado Islámico (ISIS), Boko Haram, o Al Qaeda representan a una minoría que secuestra la religión que profesa una mayoría tolerante y pacífica. Esto es, por ejemplo, lo que hizo el presidente estadounidense Barack Obama durante un discurso algunos meses atrás. Ahora bien, ¿es esta una posición responsable ante la amenaza del extremismo religioso homicida?

De un modo u otro, ya sea para calmar ansiedades o para desalentar perjuicios, cuando se insiste directa o indirectamente en que los terroristas en cuestión no son musulmanes, al final de cuentas los yihadistas salen ganando y los valores democráticos salen perdiendo. Si bien desde ya es evidente que la mayoría de los musulmanes no son asesinos en potencia, existen muchísimos fieles que profesan versiones de la fe que no se correlacionan con la contemporaneidad y con la reflexión multiculturalista. Políticos, periodistas e intelectuales ponen axiomáticamente al islam en igualdad de condiciones con otras religiones, como si todos los individuos fuéramos criados con los mismos valores. El problema es que no se toman mucho tiempo para estudiar acerca de religión y política antes de emitir opinión.

En todo caso, no importa tanto lo que las fuentes religiosas tengan para decir, sino más bien cómo la gente fue interpretando tales mandatos divinos a lo largo del tiempo, en distintos lugares y contextos. Si hoy el catolicismo merece a un pontífice condescendiente como Francisco es porque la curia romana atravesó un profundo cisma, y porque transitó por siglos de conflicto con toda autoridad o doctrina que se reservara el derecho a pensar diferente.

Descripto a grandes rasgos, si el mundo islámico experimenta tales niveles de extremismo y violencia fratricida es porque no sufrió transformaciones que a la larga se hayan plasmado en una verídica revolución racionalista. En este aspecto, distinto a la experiencia de las otras dos grandes religiones monoteístas, la interpretación racional de las fuentes no echó raíces y la influencia de lo piadoso nunca logró separarse decididamente del poder político. Este trasfondo permite explicar por qué al día de hoy, en cifras de varios analistas, entre un 5 % y un 10 % de los musulmanes tiene opiniones que bordan un fanatismo belicoso. Esto no significa que uno de cada diez creyentes sea terrorista, mas sí que tenga una inclinación a justificar el accionar de los terroristas en nombre de Dios.

Aun suponiendo que la cifra es exagerada y que solamente el 1 % de los 1,6 mil millones de musulmanes que hay en el mundo es militante, estaríamos hablando de 16 millones de extremistas potenciales. Sin dudas, la xenofobia es una condición real que ensucia a las sociedades occidentales, pero parecería ser que muchos autodenominados progresistas escogen ignorar que la discriminación y el prejuicio también operan en sentido contrario.

Existen múltiples encuestas que asientan que el terrorismo islámico no será erradicado en tanto los propios musulmanes no fomenten abiertamente la reflexión hacia una fe que pueda convivir con los principios de la vida secular y la deliberación democrática. Es en este sentido que minimizar el rol de las causas endógenas del terrorismo islámico es prestar un gran deservicio a todo lo que la democracia representa. Minimizar la actitud extremista de grandes contingentes de musulmanes para con su propio credo resulta irresponsable y lleva a desvirtuar nuestra percepción sobre la influencia real de la religión.

Para compartir algunos datos críticos, una encuesta realizada por Ipsos Mori en 2011 muestra que el 94 % de las personas que viven en países mayoritariamente musulmanes cree que la religión es una parte importante de sus vidas, contra un 66 % en países de mayoría cristiana que opina lo mismo. No obstante, puertas adentro de los países musulmanes y las comunidades islámicas dentro de Occidente existe una tendencia alarmante. Un reporte publicado por el Pew Research Center en 2013 muestra que en los países donde el islam es la religión favorecida u oficial, la mayoría de los musulmanes considera que la sharia -la ley islámica- debería ser la ley estatal.

Entre otros, en Afganistán la cifra alcanza a un 99 % de la población, en Irak a un 91 %, en los territorios Palestinos a un 89 % y en Egipto a un 74 %. Las cifras también se correlacionan en países asiáticos. En Malasia un 86 % de los musulmanes apoyaría un proyecto por islamizar la ley del Estado; en Bangladesh avalaría un 82 % y en Indonesia un 72 %. Sobre la pregunta acerca de si las cortes religiosas deberían tener poder sobre el Estado para decidir sobre disputas de familia y propiedad los resultados arrojados fueron similares.

Luego de estudiar por cinco años a las comunidades de inmigrantes marroquíes y turcos en Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Holanda y Suecia, el centro WZB de Berlín concluyó en 2013 que dos tercios de los musulmanes entrevistados -o sea el 65 %- piensa que la ley religiosa es más importante que la ley estatal del país europeo en el que viven. A esto,tres cuartos -el 75 %- opina que solo hay una interpretación legitima del Corán y que esta debería aplicar a todos los musulmanes por igual. Luego, por poner otro dato, una encuesta realizada por Leger Marketing este año, que fue difundida por el Vancouver Sun, mostró que el 42 % de los musulmanes canadienses cree que las sociedades islámicas son irreconciliables con sus contrapartes occidentales. Estos datos podrían adelantar una respuesta a las miles de personas que se preguntan incrédulas qué explica que jóvenes musulmanes de Londres o París dejen todo atrás para pelear una salvaje “guerra santa” en el desierto a miles de kilómetros de distancia.

A esta altura debería quedar en claro que existe un choque cultural en el seno de las sociedades libres y que reconocer este problema no es lo mismo que islamofobia. Esta es una carta con la que frecuentemente se busca silenciar a los comentaristas -este autor incluido-, bajo argumentos cínicos que tildan toda crítica como intolerancia o aprensión ante los musulmanes. Lo cierto, sin embargo, es que los únicos que tienen la potestad de incentivar un cambio verdadero para reinventar la fe y adaptarla al siglo XXI son los líderes religiosos en el islam.
Quizás el primer paso para marcar el camino hacia la introspección sea la reivindicación, por parte de creyentes, del sentido del humor en la religión, avasallantemente vedado en el mundo islámico. El humor consiste en saber reírse de las propias desgracias, y así como lo notaba Sigmund Freud, es la venganza segura que imparten los débiles sobre los poderosos. Uno puede reírse de Moisés o de Jesús, pero ¡cuidado con mofarse de Mahoma! En este simple y no obstante importante carácter del ser, el mundo islámico corre con siglos de letargo y desventaja, pues difícilmente hoy en día haya algún judío o cristiano que salga a matar porque a alguien se le ocurrió dibujar al vaticinador de sus creencias.

Concretamente, al denunciar islamofobia o campañas de difamación, los líderes religiosos suelen hacer la vista gorda al problema de trasfondo, arremetiendo en cambio contra una supuesta sociedad prejuiciosa que es intolerante con quien es diferente. Como resultado, se dicen barrabasadas como que el ISIS “no es islámico” y que el terrorismo islámico es una exageración de la prensa. Una encuesta reciente realizada por Al Jazeera revela lo contrario. Esta pregunta a una audiencia árabe si apoya las victorias del ISIS en la región, a lo que un 81 % de 56.881 encuestados contestó que sí.

Aunque ninguna encuesta pretende ser exacta o científica, y mucho menos si se realiza en línea como aquella recién mencionada, el hecho está en que como instrumentos a nuestra disposición estas cumplen un propósito como termómetros sobre la percepción humana. Y al respecto, los elevados porcentajes que proyectan los estudios realizados por distintos encuestadores atinan en que hay elevadas proporciones de musulmanes que opinan que debería haber más islam en la vida; y menos orden terrenal, menos contenido secular.

Llamo a este paradigma la verdad incómoda del islam. Tratarla es controversial y doloroso, pero es la única esperanza que tiene el grueso de la comunidad islámica global para poner fin al extremismo. Así como lo expresó el periodista libanés Eyad Abu Shakra a razón de la última ola de atentados en Francia, Kuwait, Siria, Somalia y Túnez: “los musulmanes tienen ahora que tomar una decisión: o ignoran la amarga verdad y permiten que la enfermedad se esparza hasta que mate, o escogen reconocer su existencia mientras que se preparan a enfrentarla”.

Esto es precisamente lo que argumentaba Andrés Cisneros en su columna del 29 de junio. En suma, como lo expresa el politólogo: “la única manera de acabar con los fanáticos de cualquier naturaleza es que los propios fieles de la religión que ellos invocan cesen de mirar para otro lado”. Es a este tipo de fieles, a estos valientes agentes de cambio y no a los cínicos que explican al ISIS en las desaventuras de Estados Unidos y la economía mundial capitalista, a quienes debemos apoyar y dar legitimidad. Tampoco ayudan los líderes que para quedar bien con sus audiencias musulmanas expresan que los yihadistas no representan al islam. La yihad no será uno de los cinco pilares del islam, pero de no combatirla, los musulmanes ponen en riesgo que esta pase a dilucidarse en la práctica como el sexto pilar para miles de creyentes alrededor del globo. No se la combate ignorándola o disminuyéndola como islámica. Empero, se la derrotará reconociéndola como el bagaje de una tradición islámica ahistórica con el presente.

Al cumplirse un año desde la puesta en escena del ISIS, el Ramadán brinda la perfecta oportunidad para reflexionar sobre el futuro que los musulmanes heredarán si no comienzan a tomar un rol activo para imbuir a su religión con una esencia verídicamente pluralista, renunciando a la búsqueda por impartir materialmente la sharia, y abrazando la separación entre lo piadoso y lo secular.

Esta es la difícil lección que Occidente aprendió tras un tortuoso y sangriento devenir, y los expertos (tanto musulmanes como no musulmanes) coinciden en que, teológicamente hablando, no existe nada en el islam que lo inhiba para siempre de la democracia. Como lo notaran grandes pensadores islámicos como Muhammad ‘Abduh y Ali Abd al Raziq a principios del siglo pasado, no hay razón para suponer que el islam no tenga el potencial de adaptarse a las circunstancias y que los musulmanes no puedan integrarse plenamente a la sociedad global".

P.D: Existen muchos 'interesados" en explicar el fenomeno en tonos 'suaves'. El evitar relacionarse a el con seriedad no acabara con el...al tiempo que tampoco impedira que siga "creciendo".


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El sueño imposible: Catalunya es ya la Grecia de España
S. McCoy El Confidencial 1 Septiembre  2015

"Por su interés, hoy les reproduzco esta entrada de 15 de enero de 2013, que se ha probado extraordinariamente premonitoria, por más que entonces resultara muy criticada. Sobre este tema volvimos a escribir hace bien poco, al calor del resultado del referéndum griego, con un post, cierto es, mucho más ligero. A las similitudes en origen se añade un desenlace potencialmente similar: con el tiempo quedará probado que, como ha sufrido en sus carnes el propio Tsipras, no se puede aspirar a romper el statu quo territorial desde una posición tan deudora como la de los catalanes. Menos, en un estado de derecho. El impago unilateral no es una opción dado el estigma que le acompaña. De ahí que la aspiración independentista tenga imposible pasar financieramente de las musas al teatro. Y de ahí también que la ensoñación colectiva que la acompaña tenga todas las papeletas de terminar en un fiasco doloroso. Veremos".

Antes de que alguno se me tire a la yugular al calor del encabezamiento de este post, les recomiendo una lectura pausada del mismo. Como conocedor somero de la realidad catalana, mi aproximación es intuitiva, basada más en hechos externos que en realidades internas. Ya me perdonarán. Del mismo modo, buena parte de las analogías ‘nacionales’ entre Catalunya y Grecia encuentran su causa en fundamentos radicalmente distintos, lo que no quita para que los efectos sean bastante similares. No hay más intención que poner negro sobre blanco una deriva objetivamente alarmante que participa de una serie de paralelismos sorprendentes no se sabe aún si con la Cenicienta o la Madrastra de Europa.

Así, desde el punto de vista meramente identitario, nos encontramos con una situación crítica en ambos ‘estados’, financieramente hablando, hasta el punto de que tal realidad provoca que se encuentren en la tesitura de poder salir de sus respectivos territorios ‘supranacionales’. En ambos casos, buena parte de la culpa se deriva de la gestión de sus dirigentes, de los excesos cometidos en el pasado y de su falta de capacidad para gobernar adecuadamente la actual coyuntura. Es verdad que, en el caso griego, las dudas son de sus socios comunitarios, cosa que no ocurre en Catalunya, donde la iniciativa secesionista es propia. Pero no es menos cierto, en este último caso, que el debate sólo se plantea cuando la asfixia financiera local es palmaria, y no antes. A la nación por la presión de la pela o, mejor dicho, de la falta de ella.

Ocurre, además, que la evolución política es extraordinariamente similar, con unos procesos de fragmentación parlamentaria que son el resultado de la pérdida de reconocimiento ciudadano entre los partidos dominadores en los últimos años. El desapego de los votantes hacia lo que se entiende como una élite extractiva incapaz lleva a la incorporación o consolidación en el arco legislativo de nuevas o ya señeras formaciones de carácter extremista, cuyos votos se convierten, sin embargo, en imprescindibles para la gobernabilidad dentro de sus particulares fronteras. Con un problema adicional: históricamente ha quedado probado que cualquier cesión a las reivindicaciones nacionalistas, peaje a pagar en la nueva coalición de gobierno, es un camino solo de ida. Vaya que sí.

Resulta interesante observar también las similitudes en las acusaciones de corrupción contra la oligarquía gobernante en uno y otro ‘país’. Como telón de fondo de este escenario de ruindad, esa unidad de destino en lo universalmente B que es Suiza. Cierto es que existe una guerra, no sólo dialéctica sino también informativa, sobre si los Oriol Ferrusola y otros ilustres catalanes han percibido o no ingresos sospechosos a cambio de favores. Pero casi da igual. En pocas sedes parlamentarias se ha hablado tan explícitamente de 3% -comisión que el tiempo ha probado singularmente alejado de la realidad… por defecto- como en la que tiene su sede en Barcelona (ciudad, por cierto, saneada en sus cuentas). Cuando el río suena de esa manera tan estruendosa, Palau pa arriba, Pallerols pa abajo...

Entre las reclamaciones de carácter histórico incluye Catalunya el déficit en las infraestructuras realizadas por la Administración Central o, en compensación, la no percepción de fondos comprometidos por el Estado a lo largo de estos años. En términos absolutos, los segundos no dejan de ser una gota en el mar de un endeudamiento disparatado asumido por la Generalitat en el último quinquenio. Asociar los problemas financieros de su 'hacienda' a tal hecho suena casi a chiste. Por lo que respecta a las primeras, ha quedado suficientemente acreditado que, si bien la apelación al agravio podría tener algún fundamento en los dos o tres últimos años, la serie temporal de largo plazo demuestra que no hay razón estructural para tal afirmación, sino más bien para lo contrario Igualmente ocurre en el caso griego con los fondos comunitarios, sin los cuales, para bien o para mal, el país distaría mucho de ser lo que es ahora.

Frente a Grecia, la reivindicación se extiende hasta la ruptura del principio de solidaridad autonómica, por inconveniente para esta comunidad autónoma como aportante neto a las arcas del Estado. Sin embargo, como en el caso griego, existen dos objeciones que el tiempo ha puesto de manifiesto: son esas regiones, especialmente Andalucía, los principales socios comerciales de buena parte de las empresas catalanas, por lo que tal desembolso excesivo se revierte vía tributos indirectamente a su Administración –por no hablar de la mano de obra secularmente aportada-; no solo eso, está por ver en qué acaba esta broma del FLA y hasta qué punto el tapar la grieta en la línea financiera de flotación de la Generalitat, a través de la entrega de liquidez remunerada, no llega a compensar, a pesar de su coste, buena parte de ese ‘sacrificio’. Hay que ver los ciclos completos. En cualquier caso, será la mayor perceptora de estos fondos, como ha ocurrido en la Eurozona con ese otro estado llamado… ¡bingo!

No deja de ser sorprendente que el principal símbolo en ambos casos de abandono de una nave cuya deriva es incierta haya sido Coca-Cola. Mientras que en el país heleno la embotelladora ha decidido poner los pies en la propia Suiza, con el fin de evitar cualquier tentación confiscatoria por parte del gobierno local, en España ha ocurrido otro tanto de lo mismo sobre la base formal de una operación de fusión entre distintos distribuidores a nivel nacional. Que la respuesta sea, frente a la libertad de mercado, imponer una tasa a las bebidas refrescantes sitúa el intervencionismo al nivel de algunas de las más censuradas repúblicas bananeras. Este movimiento de los Daurella se podría interpretar sin mucho riesgo de equivocarse como punta de iceberg de lo que podría pasar si el proceso separatista se consolidara. Muchos callan por precaución. Pero ni mucho menos otorgan. Al tiempo.

Alguno podrá decir que, a diferencia de la primera nación intervenida en la Eurozona, Catalunya cuenta con el factor de credibilidad que aporta alguien como Andreu Mas-Colell. Nunca más si nos atenemos al sainete de la adjudicación de Aguas del Ter-Llobregat a Acciona, aprobada por el Ejecutivo regional y revocada tres días más tarde por uno de sus organismos. Por si fuera poco, y en el paroxismo del absurdo, nos encontramos con un recurso del Gobierno contra sí mismo sobre la base de una resolución que ni siquiera identifica correctamente al adjudicatario, que se encuentra con que los fondos entregados ‘a cuenta’ ya han sido gastados en nóminas y demás dispendios corrientes y que, además, puede llevar a que compute como más déficit los 1.000 millones de ingresos ciertos (y ya no tanto) vinculados a la operación. Un disparate completo que afecta a la seguridad jurídica de unos inversores ya de por sí susceptibles.

Es verdad que Catalunya está marcando el paso a España en términos de lo que debe ser el ajuste del estado del bienestar a una realidad económica y financiera precaria, especialmente en el caso sanitario. No es difícil evocar aquí también a Grecia en las consecuencias sociales de determinadas medidas. Pero no es menos cierto que buena parte del dolor ha sido causado por el placer anterior al estallido de la situación actual y que tal ajuste de los servicios ciudadanos apenas viene acompañado de una racionalización de una Administración sumida en el onanismo de un futuro independiente. Si la dicotomía elefantiasis pública vs. sacrificio privado está generalizada a lo largo y ancho de la geografía nacional, una vez que crece el segundo, se hace más insoportable la primera. Especialmente para los sufridos espectadores...

Tanto por evolución de la situación política, como por cómo se están desarrollando las cosas a nivel macro y microeconómico, son numerosas las similitudes entre el recorrido presente y futuro de Catalunya y el de Grecia. No se pueden cerrar los ojos a la realidad. La posible separación de los entornos geográficos actuales, uno por acción, el otro por omisión, es un punto identitario de partida sustancial. A partir de ahí, las coincidencias asustan. Quizá los votantes de los de aquí debieran meter en sus particulares ecuaciones estos alarmantes factores y reconocer que su grandeza histórica y su riqueza territorial están en riesgo no por culpa de terceros, sino de sus propios representantes. Vamos, sin ánimo de molestar.

Porque, ya saben, las más de las veces los dioses del Olimpo castigan a los hombres con sus deseos…

El PSOE y el separatismo
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 1 Septiembre  2015

Felipe González, en una memorable carta publicada el domingo en El País, llama al voto y al combate ideológico contra la secesión, por la Constitución y por la España democrática. Pedro Sanchez ese mismo día afirma que lo único que promete es no pactar con el PP y hacerlo con “otros”. Y en efecto pacta con otros. Ha corrido como un jovenzuelo alborozado hacia los brazos de la ultraizquierda y de cuanto separatista se los ha abierto. Y esa es su hoja de ruta para alcanzar Moncloa. En Cataluña el 40% de los ayuntamientos gobernados por los socialistas se han adherido a la plataforma secesionista Municipios por la Independencia. En la Comunidad Valenciana Ximo Puig es una marioneta entregada a podemitas, Compromis y el pancatalanismo que exhibe con descaro sus intenciones y a quienes ya ha entregado todo y mas para comenzar el adoctrinamiento desde la infancia. A imagen y semejanza del pujolismo. En Baleares un paso más, aquí añadidos al puzzle los de Mes, quienes avanzan y repiten la doctrina, proclamando el presidente de Consell de Mallorca, con el voto socialista, claro, el capitulo primero del manual de consignas: España nos roba. Ni Arthur Más lo declama mejor, oiga.

En su escrito el ex presidente Gonzalez critica políticamente al actual gobierno para manifestar de inmediato que ello no quiere decir bajo ningun concepto que exista equidistancia y que no puede haberla jamás entre quienes pretenden violar la ley y la Constitución y quienes no solo la defienden sino que tienen el deber de hacerla cumplir. Pedro Sanchez, por su parte, vendajes preventivos de banderas aparte, no solo se instala en la sistemática equidistancia sino, y sin que le aprienten ni un poquito, manifiesta que en el fondo la culpa de que haya tanto separatista viene a ser de este Gobierno, de Rajoy para ser más exactos. O sea, el rancio mantra de separadores y separatistas, el infame cuento, jaleado por quienes no se rectan de explicitar a cada momento el odio que les alienta hacia todo lo que sea comun, de lengua a historia pasando por económica, de que quienes no quieren que España se haga trizas, los defensores de su unidad, son los culpables de su ruptura. Pues en ello, en el manido discursito, es en lo que anda Sánchez que ya ha solemnizado que si el hubiera estado en el Gobierno de España esto lo hubiera arreglado con dos palabritas. Vamos, que verle en Moncloa y convenciditos.

Lo dicho y afirmado por González son las palabras de alguien que fue presidente de España durante 13 años y que supo serlo. Mira con honda preocupación lo que sucede y lo que puede acaecer y actúa con responsabilidad de Estado. Tanto él, como luego Aznar, cometieron al respecto, por interés partidista o engañados por la doblez nacionalista que entonces decía buscar mejor encaje en España, o por las dos cosas, errores garrafales que han derivado en estas funestas consecuencias. Pero en lo sustancial actuaron con lealtad a España, con sentido de Nación y entendiendo que, ante todo, eran los garantes, como sus presidentes, de cumplir con las leyes democráticas a las que se debían.

Zapatero no lo hizo. Al contrario. Como poco actúo con una insensatez suicida o peor, con una deslealtad tracionera a la propia nación que gobernaba a la que considero “discutible” y a cuya soberanía, la de todos los ciudadanos españoles, se manifestó dispuesto a trocear y malbaratar en almoneda. Esa, esta que ahora afrontamos, es la peor de las herencias, la mas catastrófica de cuantas nos ha dejado el inefable ZP, el sonriente aprendiz de brujo que hizo estallar todas las calderas y reventar la alquimia entera de España.

Y ZP redivivo, encantado de sí mismo y de sus obras, reaparece euforizado en un futuro donde se ve reivindicado y enaltecido. El mismo con su misma mismidad, pero ademas trasmutado en ZPedro. Porque Sanchez es ahora mas de aquello mismo. La reencarnación de su milonga. Porque sus hechos, y los del PSOE que dirige, son exacta y meridianamente lo contrario a lo que ha expuesto negro sobre blanco Felipe González. Son todo menos principios, claridad, responsabilidad y sentido de Estado. Porque él por llegar a Moncloa, ya lo ha dicho, y lo está haciendo, pactara con todos menos con el PP. Con separatistas, con la extrema izquierda y si hace falta hasta con Bildu, que ya estuvo en ensayo en Vitoria. ¿Y en Cataluña?. Si les sale pues un tripartito o a cuatro o a cinco, que uno mas que importa. Si suma poder, que demonios importa España. Solo importa la Moncloa.

30 años del Manifiesto de los 2300
CÓMO PRISA Y EL FELIPISMO AMPARARON AL PUJOLISMO
La historia olvidada que se esconde detrás del feroz ataque de Losantos a Cebrián y González
Lo recuerdan Pablo Planas y José Alejandro Vara en su muy recomendable biografía de Albert Rivera
Luis Balcarce Periodista Digital 1 Septiembre  2015

El demoledor artículo con el que Federico Jiménez Losantos dejó con las vergüenzas al aire al expresidente socialista Felipe González por su 'carta a los catalanes' en El País tiene un intrahistoria que provoca escalofríos. --"Estaba pidiendo un canal de televisión para Cebrián para que luego lo disfrute la gentuza de la secta y de Cuatro"--

Se esconde detrás de esta pregunta que Losantos se hacía y él mismo respondía en la pieza publicada en Libertad Digital:

"¿Quién atacó ferozmente a los que nos oponíamos al proceso separatista catalán, desde el Manifiesto de los 2.300? Cebrián. ¿Quién lo apoyó siempre? González."

Porque aunque a Losantos no le suele gustar (y con razón) traer a la memoria el miserable atentado terrorista que sufrió el 21 de mayo 1981 a manos de Terra Lliure por ser uno de los impulsores de ese manifiesto es inevitable pensar que no haya recordado ni por un segundo la cobertura que hizo del mismo El País encargada al periodista Enric Canals, que con el tiempo llegaría a ser director de TV3.

No llegó a la mendacidad de El Periódico de Catalunya --que tituló ‘un piernecidio'-- pero da pavor ver cómo el diario que dirigía Cebrián calificaba a los terroristas de ‘agresores' y a Terra Lliure de ‘grupo armado' en un alarde de "neolengua catalanista" como recuerdan Pablo Planas y José Alejandro Vara en su muy recomendable biografía de Albert Rivera ['Entre bambalinas'. Editorial Stella Maris, 2015].

Así arrancaba el artículo de Canals titulado 'El profesor Jiménez Losantos, herido en un atentado' publicado en El País el 22 de mayo de 1981:
El profesor Federico Jiménez Losantos fue agredido en la madrugada de ayer por dos individuos que le dispararon un tiro de pistola en una pierna, tras atarle y amordazarle en un descampado de Esplugues de Llobregat (Barcelona). Jiménez Losantos es uno de los promotores de la elaboración del llamado Manifiesto de los dos mil trescientos, en el que se denunciaban supuestas discriminaciones de la lengua castellana en Cataluña.

Los agresores, antes de herir al citado profesor, hicieron referencia a este hecho, al tiempo que le manifestaron que por esta vez se trataba únicamente de una advertencia y que le iban «a dejar un recuerdo». El atentado fue reivindicado por Terra Lliure, grupo armado que se autodefine como independentista y ecologista. Este grupo, del que se tienen escasas referencias, se ha declarado autor de diversos atentados contra instalaciones de diversas compañías eléctricas.

Volvamos a la pregunta que se hacía Losantos: "¿Quién atacó ferozmente a los que nos oponíamos al proceso separatista catalán, desde el Manifiesto de los 2.300?".
Respuesta: El País en un editorial titulado ‘Recelos anticatalanes' del 5 de mayo de 1981 en el que despreciaba "a los señores del manifiesto" del querer "restaurar una libertad y tolerancia que domina en las dictaduras". --Lea el editorial 'Recelos anticatalanes'--

Los firmantes que se atreven a pedir la restauración de una situación que a tantos españoles, catalanes y, no catalanes, nos mantuvo en el exilio o en la desesperación, y que buscan oídos fáciles en Madrid, es que se obstinan en cerrar los ojos al mundo en que, gústeles o no, tienen que vivir.

Así despreciaba el polanquismo en los años ochenta a quienes se atrevían a firmar --como recuerdan Planas y Vara-- "un texto profético que fue el banderín de enganche de quienes se negaron a callar durante la larga travesía del corrupto pujolismo".

La mayoría de los firmantes lo pagaron con el exilio y Felipe González, el protector de Jordi Pujol en el caso Banca Catalana, jamás dedicó una carta para ellos.

La construcción nacional catalana realizada a costa del rigor histórico
La traición al catalanismo
Fernando García de Cortázar Periodista Digital 1 Septiembre  2015

"En las grandes crisis -y en España atravesamos una crisis profunda, que hemos creado los españoles- es cuando se han iniciado los grandes momentos del resurgir de los pueblos; no han sido en momentos normales cuando ha surgido la llama del patriotismo afirmativo, que destruye los gérmenes de la discordia, que crea un patrimonio común, que permite que haya un diccionario ideológico y sentimental con que hablen todos los habitantes de un país, un campo muy extenso en que todos puedan colaborar y que las diferencias queden reducidas a lo que en realidad son, si no nos empeñamos nosotros en agrandarlas artificialmente."

En la sesión del 5 de noviembre de 1934, Francesc Cambó se dirigía así a unas Cortes que debatían el asalto a las instituciones de la nación provocado por las dos revoluciones de octubre: la de Asturias y la de Cataluña.

Hablaba en nombre del partido catalanista que había obtenido más representantes en las últimas elecciones generales. Y, por tanto, podía llamar a la concordia y el entendimiento de los españoles ante el desafío de una crisis inmensa y el atropello de quienes habían abandonado la legalidad en cuanto perdieron su dominio de las instituciones republicanas.

Pocos días antes, Ventosa, otro representante de la Lliga, había conseguido que diputados de todas las tendencias políticas se levantaran de sus asientos al grito de ¡viva Cataluña! cuando en nombre de los catalanes y de su voluntad de mantener la integridad de la nación española condenó los hechos del infortunado 6 de octubre de 1934. Era la forma que tenían de agradecerle la dura reprobación que, como catalanista precisamente, había dirigido contra la movilización secesionista de elementos incapaces de digerir la derrota de la izquierda en las urnas .

He querido recordar las palabras de estos dos mandamases del más antiguo de los partidos catalanistas para destacar hasta qué punto el actual separatismo catalán vulnera, entre otras muchas cosas, la propia tradición política de la que proclama ser el más leal heredero. Además de quebrantar el orden constitucional, de romper compromisos profundos con la estabilidad institucional de España, de utilizar estructuras del Estado para desafiar el mismo sistema que les permite gobernar, los actuales gestores de la movilización independentista han traicionado al catalanismo.

A millones de ciudadanos les han ofrecido una versión deformada de la historia, incluyendo aquellos acontecimientos que quienes tenemos más edad recordamos con precisión justiciera. No solo han trastornado hasta el ridículo lo sucedido en una disputa dinástica a comienzos del siglo XVIII, sino que han falseado la verdadera trayectoria contemporánea de la sociedad catalana y, en especial, las posiciones políticas, las ideas sobre la cohesión nacional española y el reconocimiento pragmático de una Cataluña plural de buena parte del catalanismo desde sus primeros días.

Poco debería sorprendernos. Porque es hábito y necesidad de cualquier proyecto nacionalista filtrar el pasado real con el cedazo simbólico del apetito de una identidad hambrienta, que nunca podría alimentarse del conocimiento histórico riguroso y desapasionado. Esa forma perversa de religión, que es el nacionalismo, precisa renunciar a la verdad para exaltar una relación emocional con una tradición fabricada a exigencias del secesionismo.

Víctima de sus manejos Cataluña ha dejado de ser, en gran medida, una comunidad política reunida en torno a valores cívicos y, sobre todo, al rechazo a la construcción de una nación basada en el enfrentamiento entre quienes sienten con autenticidad su pertenencia a la patria y los que, huérfanos de esa legitimación afectiva, han quedado reducidos a pasajeros de segunda clase o indeseables polizones en la radiante peregrinación hacia la independencia. Mucho más que el lugar en el que se están vulnerando los acuerdos fundamentales de la Constitución, la Cataluña actual aparece como la región de España en la que los ciudadanos dejan de serlo, para convertirse en individuos separados por un principio de radical desigualdad.

Esta construcción nacional catalana realizada a costa del rigor histórico y la aceptación de su pluralidad real, se ha entregado al saqueo implacable de una tradición que no es propiedad del ideario nacionalista, sino del conjunto de los habitantes de Cataluña y patrimonio, de hecho, de la civilización.

A manos del nacionalismo, precisamente a manos de quienes dicen amar la tradición catalana, de quienes proclaman su esmerada custodia del pasado y de quienes sacan pecho como defensores insobornables de una identidad se está produciendo la expropiación del saber común que ahora serviría para aleccionar sobre el fracaso o el éxito de España al afrontar nuestras discrepancias.

Un ejemplo formidable de responsabilidad histórica fue el catalanismo forjado en la crisis de fines del siglo XIX. Ese catalanismo que compartió las ansias modernizadoras, europeístas y regeneracionistas de una amplia y serena voluntad española. Sobre el desánimo del noventa y ocho, una nueva conciencia nacional exigió el compromiso de aquella sociedad con la construcción de un país moderno, libre y plural.

La afirmación de la unidad no fue un reflejo defensivo, sino un gesto de audacia. El catalanismo siempre se presentó como parte de un gran proyecto español, en el que Cataluña debía cumplir el papel de motor intelectual, social y económico. Eso era, en las palabras de Cambó, el "patriotismo positivo", que no se limitaba a la lealtad institucional, sino que proponía, con la estrategia política más atinada, la regeneración de la comunidad nacional.

Bastaría un simple repaso del siglo XX para observar la fecundidad de estos principios unitarios y el doloroso coste que han tenido las opciones separadoras o separatistas. Unas y otras llevaron nuestros conflictos internos a un antagonismo irresoluble, que solo podía tratarse con la violencia y el rencor, en el peor de los casos, o con la imposición y la aceptación resignada, en el mejor. Las llamadas a la concordia realizadas por el regeneracionismo español, incluido el catalán, a comienzos del siglo pasado, se tradujeron al espléndido mensaje de las movilizaciones de la transición, que siempre entendieron sus demandas como una lucha por la mejor integración de una Cataluña democrática en una España democrática. De una Cataluña estatutaria en una España constitucional. Esa es la auténtica tradición del catalanismo, no la que intentan colarnos los independentistas .

Lo que interesa al separatismo no es la recuperación de esa vitalidad histórica, de ese empuje admirable y centenario. Lo que le interesa es acumular sobre la conciencia de los ciudadanos la idea de un permanente fracaso de nuestra comunidad, el pesimismo atroz fruto de la permanente reinvención de la historia. La débil nacionalización de los españoles, el flaco empeño en construir una conciencia colectiva, ha acabado por entregar ese espacio vacío a quienes, a falta de capacidad para encarar el futuro, tienen sobrada fuerza para falsificar el pasado.

De colores nada, negro zaino.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 1 Septiembre  2015

Artur Mas por fin parece estar viéndole las orejas al lobo. Las actuaciones policiales contra la sede de CDC y el registro de Ayuntamientos, ha puesto de los nervios a mucha gente en ese partido y puede que no sea tan descabellado pensar que el Gobierno tenga preparada una orden de detención de este delincuente que sigue envolviéndose en una bandera secesionista y escondiéndose en una lista electoral. Así más que un mundo multicolor como dice que las van a ver, lo que se le presenta es un fondo monocolor bastante negro.

Ayer en la epístola a los catalanes del expresidente del Gobierno Felipe González, se lanzó un mensaje tanto en clave interna al PSOE y al PSC como de “aviso a navegantes”. Puede que el miedo a un supuesto “y tu más” por aquello de que si se agitan las ramas podían caerse todos los nidos dicho por Pujol, ya no tenga ningún efecto ante el desafío secesionista suicida llevado a cabo por el nacionalismo radical catalán.

Es evidente que desde la época de Felipe González los diferentes gobiernos del PSOE y en menor medida el de José María Aznar del PP, se dedicaron a cortejar al nacionalismo catalán y vasco cediendo al insaciable apetito por transferencia de competencias y el mal llamado “auto gobierno”, cuyo fin era llegar a presentar, como así se hizo tanto por el PNV como por el PSC unos Estatutos que eran de facto lo más parecido a una declaración preliminar de independencia. En el primer caso el Estatuto vasco fue rechazado por las Cámaras y en el segundo, el PP hubo de denunciarlo por contener aspectos totalmente inconstitucionales.

Artur Mas sabe perfectamente que su andadura llega a su final, a esa famosa “vía muerta” aludida en la epístola de Felipe González. Sabe que aunque consiguiera la mayoría parlamentaria simple el Gobierno de España está obligado a actuar contra cualquier acto de sedición, existiendo fórmulas para garantizar que la Ley se cumpla sin grandes alardes que pudieran aducirse en el típico victimismo. No se dará la oportunidad de ese “orgasmo” que Albert Boadella anuncia que sentirían en Cataluña, porque no verán ninguna “Brunete” desplegada por las calles de Barcelona, aunque sí que es posible que vean actuar a los Mossos, Policía Nacional y Guardia Civil llegado el caso y en casos muy determinados para devolver la legalidad a la Comunidad Autónoma.

Espero que la sensatez vuelva a una sociedad que lleva décadas engañada por un nacionalismo corrupto y corruptor y que los ciudadanos en Cataluña, como parte fundamental de España, ayuden a restañar las heridas y la grave fractura social creada por el odio a España y todo lo que significa ser español, incluido el idioma común de los españoles. Cada ciudadano con derecho a voto en las elecciones autonómicas tiene la oportunidad de decidir si el sentido de su voto seguirá apoyando a quienes solo han buscado su propio beneficio acudiendo al sentimiento identitario diferenciador, solo existente en su discurso de embaucadores y no en el sentimiento de una gente indiferenciable en lo esencial del resto de gentes de España, con las que además a muchos les unen lazos de sangre. El peor engaño es querer hacer creer que esa diferencia es real.

Artur Mas y sus socios de sedición se han lanzado de forma delictiva a un desafío cuyo final será el mismo que el que ellos obtendrán si llevan a término sus amenazas, su neutralización. Ni mundo multicolor ni canciones celestiales, la negrura de una prisión y el ruido de las puertas metálicas de la celda al cerrarse cada noche de su larga condena.

¡Ha dicho nazi!
JORGE BUSTOS El Mundo 1 Septiembre  2015

Numerosos analistas que comparten el propósito y los argumentos de Felipe González en su primera epístola a los catalanes discrepan en cambio de su analogía entre el golpe de Estado posmoderno o en diferido que programa Artur Mas y "la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado". González sabe que esa analogía siempre emite un destello demasiado intenso, cegador, que opaca irremediablemente el tono gris apropiado a una argumentación madura. Podría haberla evitado. Y sin embargo sólo se limitó a matizarla añadiendo una adversativa estrictamente formal: "Pero nos cuesta expresarlo así por respeto a la tradición de convivencia de Cataluña".

¿Por qué no se ahorró la analogía totalitaria? Entre las muchas razones que podemos aducir -la conocida facundia del personaje, su irresistible condición de ornato chino, el mero descuido tropical-, no cabe descartar la obvia: comparó el nacionalismo catalán con aquel nacionalismo alemán o italiano porque, objetivamente, presentan elementos comunes: una identidad territorial fuerte, una propaganda ubicua y pública, un líder providencial, una aspiración segregacionista, una concepción excluyente de la cultura propia y, finalmente, un lebensraum de Països Catalans que incluye pedazos homologables de Francia, Aragón, Valencia o Baleares; doctrina del espacio vital que ha sido formulada recientemente por un conseller de Justicia. No tienen en común las juventudes armadas ni las cámaras de gas, por supuesto; pero ya Aristóteles definió la analogía como predicado "en parte igual y en parte diferente".

Sucede que en la opinión pública se ha instaurado la llamada Ley de Godwin, cuyo enunciado reza: "A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno". Basta invocar a Godwin para cercenar un debate perfectamente pertinente, explotando la vergüenza del hallado reo de analogía hitleriana.

Claro que se puede comparar el nazismo con lo que de nazi tengan ciertas derivas políticas contemporáneas. El nazismo no vino de Marte sino del seno del corazón humano, cuyo catálogo de obsesiones es limitado y recurrente. Lo que importa es afinar bien el término de comparación para, efectivamente, no contribuir a la banalización del Holocausto. Pero me temo que no habrá peor banalidad, peor repetición de la tragedia como farsa que el flatulento mutis con que Mas abandonará la escena.

El 3% y el octavo pasajero
Pablo Planas Libertad Digital 1 Septiembre  2015

Es más que probable que la banda del 3% logre engañar a un porcentaje mucho mayor de ciudadanos con la especie de que los registros en la sede del partido, su fundación y los ayuntamientos de su órbita son una artimaña contra el proceso separatista y su líder, Artur Mas, un ejemplo más del juego sucio del Estado, el tricornio frente al derecho a decidir y la mandanga indepe de siempre. Tres décadas de escuela nacionalista, martilleo mediático, incumplimiento de las leyes y chuflas identitarias tienen efectos secundarios muy agudos sobre la percepción de la realidad. De entrada, cientos de miles de catalanes están absolutamente convencidos de que España les roba y tanto les da que les muestren las pruebas que indican lo contrario. El ladrón es otro y está en casa. Ni caso.

España es mala, vaga, pobre y rencorosa. Esa es la imagen que se ha grabado a fuego en la mente de generaciones enteras, al tiempo que los nacionalistas, con el evasor Pujol a la cabeza, eran tratados como hombres de Estado, gente seria y responsable que contribuía a la gobernabilidad de la nación. No fue gratis ni por patriotismo precisamente. Más bien se trató de una cortina de humo para enterrar el caso Banca Catalana y mangar a sus anchas en su cortijo, la Generalidad y lo que cuelga mientras se inoculaba en los niños la doctrina del odio, el victimismo y el cálculo sesgado de balanzas fiscales.

Entre medias, el saqueo de Cataluña, el 3%, precio de amigo, porque los Sumarroca eran socios fundadores. Otros empresarios tenían que pagar más y abultar el sobrecoste. Tras la adjudicación de una obra, la donación a CatDem, nombre de la fundación convergente que hacía de puente de plata entre las empresas y el partido. Todo el mundo pasaba por caja, fuera en el Palau de la Música o en el de la Generalidad, en la sede del partido, en una estación de servicio, en el mas del Ampurdán, el refugio de la Cerdaña, el apartamento de Andorra, en una cuenta o cuneta de Suiza.

El jefe, Artur Mas, se ha dado prisa y maña en camuflar su propio partido tras ERC y los grupos separatistas cívicos. ¿Convergencia? Ya no existe, como las cajas de ahorro. Se ha diluido en la marca Juntos por el Sí. El mentón de Mas asoma entre Romeva y Junqueras. Llevan al octavo pasajero alojado en las tripas de Mas. Y lo saben. Juntos con el 3%, encerrados con el Alien.

Cuestiones previas I
JOSEBA ARREGI El Mundo 1 Septiembre  2015

Desde el momento en el que el PP parece haber asumido la necesidad y la posibilidad de la reforma de la Constitución -aunque últimas voces parecen restringir dicha posibilidad- , todo apunta a que en la próxima legislatura los partidos políticos presentes en la cámara de los diputados van a tratar de buscar los acuerdos necesarios para iniciar el proceso de alguna reforma constitucional. Pero la imperiosa necesidad de reforma, que para muchos es evidente, viene acompañada de la distancia insuperable que parece existir entre las distintas propuestas de reforma que se manejan en los distintos partidos. Y pudiera ser que el fruto de tanto debate al final no sea otro que el de una nueva frustración colectiva, algo que debiera evitarse a toda costa.

Para ello no estará de menos analizar y tratar de aclarar algunas cuestiones previas, pues si no se hace, el fracaso será aún más inevitable. La primera cuestión previa es la de rememorar en qué consiste la constitución de una comunidad política o nación política. Es evidente que no estamos en el momento de la Transición en el que se trataba de constituir la comunidad política española tras la muerte de Franco. Pero son demasiadas las voces que dan a entender que aunque, en estos momentos España sea una comunidad política, una nación política perfectamente constituida, en realidad sí es necesario a una especie de reconstitución de la nación política que es España.

Por eso es necesario rememorar en qué consiste la constitución de una comunidad política. La constitución de una comunidad política, de una nación política, consiste en transformar lo que es una realidad histórica contingente y particular, por medio del sometimiento al imperio del derecho, en una comunidad política, superadora de contingencias e identidades culturales particulares, y por ello tendencialmente universal. Es decir, la constitución de una comunidad política consiste en tratar de resolver la contradicción a la que apunta Habermas entre la universalidad del derecho y la ley, el Estado, y la particularidad de las naciones etnoculturales de la historia y su contingencia geográfica.

Esta transformación no se produce en el vacío de la historia, sino a partir de realidades históricas y geográficas existentes. Ellas son los sujetos constituyentes que han de someterse al imperio del derecho para pasar a ser comunidades políticas constituidas y potencialmente universales: comunidades que se basan en la afirmación de que todos los seres humanos son potencialmente ciudadanos y conciudadanos. Quienes quieran romper una nación política así constituida asumen la obligación y la responsabilidad de mostrar fehacientemente que en dicha nación política no se respetan los derechos humanos universales y el buen gobierno basado en ellos. En caso contrario están destruyendo una comunidad legítima, un bien público garantía de libertad y de paz.

La nación política se caracteriza por la capacidad de asumir, respetar, garantizar y gestionar el pluralismo, es decir la libertad de ser diferentes sin poner en peligro la libertad de los demás. El pluralismo es social y puede ser también territorial. El pluralismo territorial no anula el pluralismo social interno a ese territorio, y además, en la mayoría de los casos, implica un pluralismo lingüístico, cultural y de sentimientos de pertenencia apenas territorializable en su interior. La capacidad citada de asumir, respetar, garantizar y gestionar el pluralismo sin que se rompa o desintegre la sociedad se debe al acuerdo básico entre los ciudadanos que constituyen la comunidad política, la nación política sobre los derechos y libertades fundamentales y sobre las reglas, normas y procesos que los garantizan. Todos los que participan en ese acuerdo son acreedores a la misma legitimidad democrática.

En el caso de España la segunda de las cuestiones previas para que cualquier proceso de reforma de la Constitución pueda tener visos de éxito es poner en práctica lo dicho en la última frase del párrafo anterior: todos los que participan en el acuerdo básico constituyente son acreedores a la misma legitimidad democrática. No tiene sentido proceder a una reforma de la Constitución, a consolidar la nación política ya constituida, si uno de los partidos básicos del sistema desconfía radicalmente de la fidelidad constitucional del otro partido básico, y si éste cae permanentemente en la tentación de negar legitimidad democrática al primero.

Es imprescindible que la cuestión previa apuntada sea abordada cuanto antes, independientemente de que estemos ante las próximas elecciones generales: el PP y el PSOE deben establecer contactos para alcanzar la complicidad política mínima que implica el concederse mutuamente toda la legitimidad democrática requerida por el acuerdo constitucional compartido. De lo contrario, la reforma está inevitablemente abocada al fracaso. Los partidos emergentes no pueden caer en la tentación de fundamentar su propia legitimidad en constituirse en árbitros que juzgan la legitimidad constitucional de los demás partidos.

Tercera cuestión previa: es preciso deslindar lo que debe entrar en el proceso de reforma y lo que no, y tener muy claro lo que implica que una determinada cuestión entre o no entre en la reforma. No estaría mal recurrir a las dos limitaciones de la soberanía que define Ferrajoli: lo que el Estado nunca puede hacer, y lo que el Estado no puede dejar de hacer. En el primer caso se establecen límites infranqueables a la actividad del Estado. Son prohibiciones que afectan a lo que el Estado puede hacer. En el segundo caso la referencia es a actos positivos que el Estado no puede dejar de hacer, sobre todo para garantizar que a las libertades formales les correspondan mínimos materiales que no las invaliden de hecho.

Los límites y las prohibiciones son notorios en la medida en que la ética negativa es clara al establecer precisamente límites, prohibiciones y no indicar elementos definidos positivamente -establecen derechos y libertades fundamentales-, mientras que los segundos se mantienen siempre abiertos al debate: la libertad de conciencia es inviolable, mientras que el derecho de ciudadanía no puede depender de confesar una determinada identidad, de evidenciar un determinado sentimiento de pertenencia, y en esto no puede haber graduaciones, son límites absolutos. El mínimo de seguridad material para poder ejercer efectivamente las libertades formales puede estar siempre abierto a debate: ¿debe existir una renta mínima de garantía para todos? ¿A cuánto debe ascender dicha renta mínima de garantía? Las definiciones de contenido positivo pueden estar siempre abiertas a debate, como no lo están los límites y las prohibiciones referidas a derechos y libertades fundamentales.

Teniendo claro que una Constitución es, por definición, política, pues es el fundamento de la comunidad, de la nación política, se halla, sin embargo, fuera del debate político diario. Si se elevan a categoría de principios constitucionales cuestiones de contenido positivo debatibles, la consecuencia puede ser doble: que la Constitución misma se vuelva contradictoria, pues establece límites a la libertad ideológica o de proyecto político más allá de los límites propios de los derechos y libertades fundamentales al elevar a categoría constitucional determinados contenidos de proyectos políticos concretos. Y en segundo lugar: el debate político queda devaluado, pues todo lo que tiene alguna importancia está constitucionalizado y, por lo tanto, extraído del debate político ordinario.

Existe en España la obsesión de resolver el problema del incumplimiento de las leyes por medio de la promulgación de nuevas leyes. A esta obsesión parece que se le está añadiendo una nueva: resolver problemas de cultura política por medio de previsiones constitucionales o paraconstitucionales. La sumisión del poder judicial es un problema de primer orden para la democracia española. El problema del que deriva no es principalmente una cuestión de leyes, y menos de preceptos constitucionales, sino un problema de cultura democrática, que no nace de las leyes. Debe ser algo previo. Debe nacer del convencimiento de los partidos políticos de que es bueno incluso para ellos mismos que la justicia, el poder judicial, sea lo más independiente posible. Un convencimiento que debe nacer de la fortaleza del propio proyecto político, del respeto a la legitimidad democrática del resto de actores políticos, de la confianza en la inteligencia de los electores.

Uno no puede más que desear que la disposición al acuerdo de los partidos políticos para llevar a buen puerto la reforma de la constitución esté a la altura de la necesidad tan proclamada de dicha reforma.

Joseba Arregi fue consejero del Gobierno vasco y es ensayista y presidentre de Aldaketa.

¿ Pluralismo lingüístico ?
Nota del Editor 1 Septiembre  2015

El pluralismo lingüístico significa que los que se empeñan en que los demás asuman su lengua regional van a seguir expulsándonos de la sociedad que ellos pretenden imponer.

Eso del pluralismo linguístico o territorial o de cualquier otra índole no seja de ser un disparate de quienes pretenden tener más derechos que los demás.

Algunos piensan que escribiendo largos panfletos van a conseguir dorar la píldora que pretenden hacernos tragar.

La constitución española es un ejemplo de irracionalidad, engaño, incumplimiento, tergiversación. Si somos cuarenta millones de ciudadanos, es imposible que podamos ponernos de acuerdo ni en lo más elemental: lengua española única oficial en España y España una con todos los ciudadanos sometidos a las mismas obligaciones y gozándo de los mismos derechos, por tanto desmontaje del tinglado autonómico.

¿Es Cataluña un 3% más decadente?
Xavier SalvadorCronica Global 1 Septiembre  2015

El 24 de febrero de 2005, El Periódico de Catalunya, entonces dirigido por el periodista Antonio Franco, publicó un enigmático editorial a propósito de la sesión del Parlament que iba a tratar ese día sobre las responsabilidades en las obras de ampliación de la línea 9 del metro en El Carmel.

Aquel artículo periodístico incorporaba un párrafo que rezaba así:
“Llega la hora de investigar, por ejemplo, si todo lo que se dice en Cataluña sobre el destino del 3% del dinero de las obras públicas adjudicadas años atrás ha acabado influyendo en el grosor de los encofrados o en el número de catas en El Carmel. También es la hora de lamentar que la nueva Administración catalana [en referencia al tripartito gobernante] esté tardando tanto tiempo en sentar, de una vez, unas nuevas reglas de juego en las adjudicaciones”.

Ya en el hemiciclo, Artur Mas apretó a Pasqual Maragall por las obras y el accidente vivido y, en plena tensión, el ex presidente socialista le atizó aquel contundente y parlamentario: “Ustedes tienen un problema y se llama 3%”.

Mas, astuto como siempre, le reclamó una rectificación inmediata por aquellas palabras. Lo contrario significaría la ruptura institucional y hacer saltar por los aires el proyecto de Estatuto que se incubaba. Maragall, posibilista, se tragó el sapo. Al cabo de un mes, la Cataluña silenciosa y cómplice se olvidó.

Hoy, justo 10 años después, la Guardia Civil y la Fiscalía Anticorrupción siguen investigando las comisiones de financiación de CDC del famoso 3%. Es cierto que irrumpen en la precampaña electoral del 27S con fines políticos, pero también que ha transcurrido un decenio en el que Cataluña se ha demostrado incapaz de resolver sus miserias.

El problema de fondo es persistente. La última evidencia documental que halló la policía en el registro de la constructora Teyco, de los convergentes Sumarroca, tiene fecha de marzo de 2014. Es cierto que no hay sentencia sobre el asunto, pero da asco en cualquier caso. Tanto tiempo transcurrido y nada resuelto es una prueba incuestionable del origen de la decadencia catalana: el desnortamiento personal e intelectual de sus élites dirigentes políticas y económicas. Ahí, y no en otro sitio, radica el problema.

De forma recurrente se habla de la decadencia de Cataluña en las últimas décadas. Quienes sienten la pulsión independentista, especialmente su intelectualidad orgánica (una especie de corte de estómagos agradecidos), buscan las razones en la caspa española, en los gobiernos inmovilistas de la derecha, en el victimismo o en la crisis institucional, política y económica española.

Los argentinos, que son unos expertos en la montaña rusa de la decadencia, lo han teorizado mejor que nosotros. Giuseppe Ingegnieri, un escritor italo-argentino de finales del XIX y principios del XX, lo describió con claridad: “Los hombres y los pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y los pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van”. Una distinción necesaria.

España será lo que convengamos, pero Cataluña es a principios del siglo XXI un espacio en el que las miserias de la política y el clientelismo de huella franquista no han sido marginados, ni tan siquiera afrontados. Empequeñecidos, endogámicos y enloquecidos, los catalanes somos hoy más decadentes que hace diez años. No un 3% más decadentes, mucho más. Con los medios de comunicación incluidos en esta descripción, of course.

En ese marco, el 3% no es un guarismo cualquiera: es el símbolo menos discutible de cómo un estado de cosas puede perdurar sin resolverse, envolverse con un trapo o llevarnos por alejamiento de la realidad al éxtasis sentimental y populista.

Es improbable que el 27S resuelva, sea cual sea el resultado, esta decadencia estructural que nos acompaña. Nuestras élites permanecen en otros festejos de discutible utilidad.

En cualquier caso, les animo a que tomen asiento para ver este curso que comienza y que nos mantendrá entretenidos. ¡Sean bienvenidos a esta Zona Franca que se promete distraída!

La nueva Pamplona de EH Bildu: 'Gara' y 'Berria' en las bibliotecas públicas
Están disponibles desde mañana martes. La decisión la ha anunciado este lunes el ayuntamiento.
Libertad Digital 1 Septiembre  2015

Las nueve bibliotecas públicas de Pamplona recibirán a partir de este martes, 1 de septiembre, un ejemplar de los periódicos Gara y Berria entre la prensa diaria. Estos dos diarios son altavoces habituales de los comunicados de la organización terrorista ETA y uno de los puntos fundamentales de su línea ideológica es el apoyo a los terroristas de la banda que cumplen condena en centros penitenciarios.

Hasta ahora, los usuarios de las bibliotecas tenían a su disposición como prensa local Diario de Navarra y Diario de Noticias y como medios nacionales disponían de ejemplares de los periódicos El País y El Mundo, según ha informado el Ayuntamiento en un comunicado que ha recogido la agencia de noticias Europa Press.

El Ayuntamiento de Pamplona, gobernado por partidos constitucionalistas desde el año 1979 (PSN-PSOE, CDN y UPN), está regido desde el pasado mes de mayo por EH Bildu, la coalición electoral creada para acoger y dar soporte legal al brazo político de ETA antes de la ilegalización de Sortu, pese a que UPN volvió a ser con diferencia la fuerza más votada en las elecciones municipales.

Pamplona cuenta con bibliotecas públicas en Echavacóiz, Iturrama, Mendillorri, San Francisco, San Jorge, San Pedro, Yamaguchi, Chantrea y Milagrosa. Hasta mediados de septiembre continuarán con el horario de verano iniciado el 15 de junio y que es de lunes a viernes de 8.30 a 14.30 horas. La Biblioteca Pública de San Francisco también está abierta los sábados por la mañana, de 10 a 14 horas.

POR ENALTECIMIENTO DEL TERRORISMO
APAVT denuncia el acto por la amnistía de los presos etarras
Gaceta.es 1 Septiembre  2015

En el comunicado leído se afirmaba que los presos de ETA “no son terroristas” porque “han dado lo mejor para hacer frente a esos monstruos”, en alusión a los Estados español y francés.

La Asociación Plataforma de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo (APAVT) ha presentado la mañana de este lunes ante el Juzgado Central de Instrucción de la Audiencia Nacional una denuncia por enaltecimiento del terrorismo a raíz de los acontecimientos que tuvieron lugar el pasado sábado en la concentración organizada en Bilbao por el colectivo AMNISTIA TA ASKATASUNA con el objetivo de reivindicar la amnistía para los presos de la banda terrorista de ultraizquierda ETA.

APAVT, que ya pidió sin éxito a la Audiencia Nacional la prohibición de la manifestación por su carácter ensalzador del terrorismo, considera que los actos acaecidos en la jornada del sábado confirman sus sospechas de que tras la concentración por la amnistía de los presos se escondía un claro propósito de enaltecimiento de las actividades terroristas de los presos etarras.

En ese sentido, APAVT destaca en su denuncia el contenido del comunicado leído durante la concentración en el que, entre otras cosas, se afirmaba que los presos de ETA “no son terroristas” porque “han dado lo mejor de sí mismos para hacer frente a esos monstruos”, en alusión a los Estados español y francés, que “se alimentan de la sangre de Euskal Herrria”.


A juicio de APAVT, esas declaraciones constituyen un claro ejemplo de ensalzamiento de la actuación terrorista “puesto que alaban a ETA y a sus miembros y enaltece a las personas condenadas por actividades terroristas”. Según la Asociación Plataforma de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo este tipo de expresiones, en virtud de la doctrina fijada por el Tribunal Supremo en diferentes sentencias, “no pueden tener cobijo bajo el derecho a la libertad de expresión pues son expresiones que suponen alabanza a los terroristas”.

APAVT, que también solicita en la denuncia que se dirijan oficios a la Guardia Civil y la Policía Nacional a fin de que identifiquen a los intervinientes en la concentración, ha presentado en las últimas semanas cuatro escritos para impedir la celebración de diferentes actos de apoyo a los presos de ETA.

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