AGLI Recortes de Prensa   Viernes 4  Septiembre 2015

En defensa de la ley
Ignacio Varela El Confidencial 4 Septiembre  2015

El Manifiesto Comunista de 1848 comenzaba así: “Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo”.

El peor espectro que se cierne sobre Europa en la segunda década del siglo XXI ya no es el comunismo: es la resurrección simultánea del nacionalismo y del populismo. Dos productos altamente tóxicos y de comprobado poder destructivo que, además, se buscan, se encuentran y se alimentan mutuamente.

Es fácil observar que los nacionalismos exacerbados de Mas y Junqueras, o de Le Pen y Farage, llenan sus discursos de lenguaje populista frecuentemente teñido de xenofobia. (¿O es que “España nos roba”, además de ser una mentira, no es una consigna xenófoba?).

Y también que los nuevos partidos populistas como Podemos y Syriza adquieren tonalidades claramente nacionalistas. Tsipras gana referéndum y elecciones apelando sin cesar al orgullo patrio herido y Pablo Iglesias nunca se olvida de introducir, entre sus valores de referencia, la defensa de la soberanía (muy por encima, por ejemplo, de la igualdad, que sería más propio de un político progresista).

Y esta alianza de populismo y nacionalismo nos está colando de contrabando una idea que, en la medida en que se inocule y sea socialmente asumida, tiene capacidad por sí sola de acabar con la democracia representativa tal como la conocemos:

La voluntad popular está por encima de la ley
Ese es el concepto de fondo sobre el que Artur Mas y sus socios fundamentan hoy su insurrección institucional. Puesto que hay una supuesta “voluntad popular” del pueblo catalán que desea separarse de España y construir un Estado propio, esa voluntad colectiva puede y debe prevalecer sobre cualquier norma legal que pretenda frenarla.

Ni la Constitución Española, ni el Estatuto de Cataluña, ni los Tratados europeos ni la propia Carta de las Naciones Unidas, que define en qué circunstancias puede admitirse la secesión de un Estado miembro: todo ello decae ante la percepción interesada por parte de los dirigentes nacionalistas de una “voluntad popular” por la independencia.

Pues no: ni siquiera con el 100% de los votos y de los escaños del 27-S esa votación legitimaría jurídicamente una declaración unilateral de independencia. Simplemente porque, se pongan como se pongan, no se puede romper un Estado y crear otro a partir de unas elecciones autonómicas convocadas para elegir un parlamento y un gobierno que ejerzan sus competencias en el marco de esas mismas leyes que se pretenden destruir.

¿Pueden los 22 jugadores en un partido de fútbol acordar que en ese partido se pueden meter goles con la mano y no se aplica la norma del fuera de juego? Pueden hacerlo, incluso podrían convencer al árbitro de que haga la vista gorda; pero lo que no pueden pretender es que eso sea considerado un verdadero partido de fútbol y mucho menos que su resultado sea reconocido como válido. Simplemente, porque el reglamento no es discrecional ni depende de la “voluntad popular” de los participantes.

Es también el argumento permanente de los movimientos populistas para poner en cuestión la legitimidad de las instituciones de la democracia. “No nos representan”, “hay que tomar el cielo (quiere decir el poder) por asalto”, “sólo aplicaremos las leyes que nos parezcan justas” (Ada Colau): ¿Qué quiere decir todo esto y, sobre todo, a dónde se quiere llegar con todo esto?

Todos los gobiernos populistas del mundo basan su poder en mantener una relación equívoca con la ley. Esa es justamente la esencia del peronismo (y quizá el secreto de su éxito en una sociedad como la argentina): el accidentalismo jurídico. Consiste en que la ley se cumple y se hace cumplir cuando conviene políticamente pero puede y debe ser orillada cuando es un obstáculo “a la voluntad popular” (léase a la voluntad del que pretende hablar en nombre del pueblo).

Todas las democracias que se han puesto el apellido “popular” han dejado inmediatamente de ser democracias. Por algo será.

La voluntad popular es subjetiva, es plural y es cambiante. Y frecuentemente es confusa. Quien proclama la supremacía de la voluntad popular sobre cualquier norma es que se dispone, primero, a nominarse como intérprete autorizado de esa voluntad popular; y segundo, a convertirla en un todo que ahogue la diversidad. Por eso los nacionalistas hablan siempre en nombre de su Nación y no en nombre propio (Mas: “Cataluña quiere”, “Cataluña exige”...etc); y los populistas hablan en nombre del Pueblo (Pablo Iglesias: “lo que la gente quiere”, “lo que el pueblo exige”…).

De hecho, no creo que haya tal cosa como una verdadera “voluntad popular”. Lo que llamamos así es simplemente una suma de voluntades individuales que, de forma convencional, se cuentan para entregar temporalmente la administración de los asuntos colectivos a quien tenga la mayoría en el marco de leyes y procedimientos previamente acordados.

La ley es objetiva, es clara y es igual para todos. Es la única garantía de los débiles frente a los poderosos. Es lo que nos protege de los abusos. Es lo que da estabilidad a nuestras vidas y a la organización de la sociedad. La ley es el único recipiente válido para que la voluntad popular se haga operativa y se convierta en la base de la convivencia. Cuando se trata de contraponerlas, se está introduciendo una confusión sumamente nociva para la democracia. Cuando se da un paso más y se pretende romper la ley en el nombre de la voluntad popular, directamente se está colocando una bomba de relojería en el casco del barco.

Este Gobierno del PP, con su mayoría parlamentaria, ha aprobado varias leyes que me resultan detestables. Estoy deseando que otra mayoría parlamentaria las cambie. Pero mientras eso ocurre, defenderé su legitimidad. Cuando llegó el momento de ejercer el derecho a decidir, 11 millones de españoles dijeron que querían ver a Mariano Rajoy en la Moncloa. Mientras no digan lo contrario –y espero que sea muy pronto-, no hay “voluntad popular” que supere a esa.

No es buen negocio para la libertad suplantar el imperio de la ley por el de la anomia. Y si la socialdemocracia europea estuviera mínimamente orientada, estaría dando con uñas y dientes esta batalla ideológica que se está perdiendo y que es crucial. Pero como siempre sucede últimamente con las grandes amenazas, mientras nos miramos en el espejo se nos hace tarde para todo.

EDITORIAL EN ABC
Pedro Sánchez alimenta el Pacto del Tinell de Zapatero
" No fueron los nacionalistas catalanes, sino Pasqual Maragall y el PSC, quienes en 2003 abrieron la espita de la reforma estatutaria para que Cataluña fuera reconocida como nación"
Juan Velarde. Periodista Digital 4 Septiembre  2015

El editorial de ABC de este 4 de septiembre de 2015 deja al desnudo al líder de la oposición, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. El diario de Vocento le acusa de abastecer de argumentos a los separatistas catalanes tras su respuesta a la propuesta del Gobierno de Rajoy para que el Tribunal Constitucional pueda sancionar las derivas secesionistas del presidente catalán Artur Mas:

Arranca así:
A tres semanas de las elecciones «plebiscitarias», el nacionalismo catalán se ha encontrado con el regalo de un PSOE que lidera un frente de izquierda y nacionalista contra la reforma legal que pretende dar más poder al Tribunal Constitucional frente a quien desobedezca sus decisiones. Artur Mas debe de estar frotándose los ojos. No contento con encabezar esta coalición negativa, Pedro Sánchez abastece de argumentos a los separatistas, calificando la reforma del TC como «una concesión de Rajoy a la extrema derecha», análisis impropio de quien dirige el primer partido de la oposición. En todo caso, hay que anotar la idea de que a Pedro Sánchez le parece de extrema derecha reforzar la potestad ejecutiva del TC.

Tilda la reacción de los socialistas como desmesurada, pero la entiende en el contexto de la caja de Pandora abierta por el entonces presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero:
Esta reacción desmesurada del PSOE contra el Gobierno es la enésima verificación de que sigue viva la directriz política impulsada por Rodríguez Zapatero con el «Pacto del Tinell», aquel punto y final que el líder socialista impuso a la historia del PSOE como partido inequívocamente nacional para transformarlo en el aliado ideal de los nacionalismos extremistas -BNG, Esquerra Republicana- y en el interlocutor político de ETA. El contexto de esta alianza social-nacionalista no era otro que la impugnación del consenso constituyente de 1978 -la famosa «memoria histórica»- como una herencia del franquismo. El PSOE no halló mejor socio para quebrar los valores de la Transición que todo el nacionalismo separatista, representante de la negación de España como nación, ese concepto que Rodríguez Zapatero calificó como «discutido y discutible». No fueron los nacionalistas catalanes, sino Pasqual Maragall y el PSC, quienes en 2003 abrieron la espita de la reforma estatutaria para que Cataluña fuera reconocida como nación, y de aquellos vientos, estas tormentas. El Estatuto catalán de 2006, confederal y anticonstitucional, fue el resumen de esta conciliación de nacionalistas y socialistas. De aquellos polvos, estos lodos.

Y subraya que las palabras de Pedro Sánchez excluyendo al PP de cualquier pacto revela un duro golpe a la democracia:
Es un sarcasmo que, con estos antecedentes, el PSOE descalifique al PP como «fábrica de nacionalistas», acusación que hace las delicias precisamente de estos, porque les da la excusa perfecta para justificar con victimismo su deslealtad hacia el Estado. La propuesta de reforma federal, tantas veces anunciada como nunca concretada, es la forma elegante de los socialistas de disfrazar su falta de coraje para plantarse ante el nacionalismo y coincidir con el PP en algo tan esencial como la defensa de la unidad de España. También habrá que hacer caso a Pedro Sánchez cuando afirma que pactará con cualquiera, menos con el PP, porque esta exclusión revela una opción, y no la mejor, ante el más grave problema que se le ha planteado a la democracia constitucional española desde el 23-F: un reto separatista que el socialista Alfonso Guerra ha calificado de «golpe de Estado a cámara lenta».

Refundar el PSOE catalán
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 4 Septiembre  2015

Ya he comentado aquí el artículo de González contra Juntos por el Sí, los separatistas arrejuntados por 'La Vanguardia', ahora Antiespañola. Y también dije que sin pedir un frente de partidos políticos, con el PSOE a la cabeza, para frenar el separatismo, me parecía sólo un modo de pedir otra televisión para Cebrián. Más importante es el artículo de Guerra en 'Tiempo', que repite literalmente lo que algunos venimos denunciando hace décadas: "Las autoridades catalanas vienen practicando una suerte de golpe de Estado a cámara lenta, con la complacencia de los partidos políticos, los medios de comunicación, los sindicatos y la patronal y hasta de alguna entidad deportiva".

Lo del "golpe a cámara lenta" confirma que Guerra lee EL MUNDO o 'Libertad Digital'. Pero va más allá, exactamente al punto del que yo partí para escribir 'Lo que queda de España' -¡en 1979!- al decir: "La izquierda tiene también su responsabilidad, pues no se ha atrevido a parar un programa que representa el viejo proyecto de la burguesía catalana. Sobrecoge observar cómo los sindicatos bailan el agua a Artur Mas y sus monjas coadyuvantes". Por decir eso se han hartado de insultarme Guerra, González o Montilla, el presidente de una Generalidad tan nacionalista como ésta, pero que Guerra, como González, no cita.

Pero es verdad: "Estamos ante el anuncio de un verdadero golpe de Estado que desgajaría una parte de la nación, y nuestros políticos e intelectuales están preocupados porque el Gobierno pueda reaccionar a un acto de secesión (...) Los pusilánimes advierten de que no se vaya a aplicar el artículo 155 de la Constitución, pues eso les parece poco democrático (...) La sinrazón de los asustados por la reacción, no por la violación constitucional, alcanza límites de tal despropósito como el de llegar a negar, como un acto impropio, que se puedan aplicar los preceptos de la Constitución a quien pretende romperla".

La izquierda, en efecto, es la responsable del proceso totalitario en Cataluña. Pero fueron Guerra y González los que entregaron la Federación Catalana del PSOE a los señoritos nacionalistas del PSC. Los socialistas -pancatalanistas hoy en Aragón, Valencia y Baleares- han sido y son los cipayos del separatismo catalán. ¿Quieren reparar su crimen? Refunden el PSOE en Cataluña. ¿No? Pues cállense.

Las nuevas líneas rojas de Mas que Rajoy tampoco se atreve a pisar
Guillermo Dupuy Libertad Digital 4 Septiembre  2015

Muchos ignoran aquella máxima atribuida a Lenin del "Tú pincha, y si notas blando, sigue profundizando"; y muchos ya han olvidado la primera entrevista que Mariano Rajoy, tras ser nombrado presidente del Gobierno, mantuvo con Artur Mas a comienzos del 2012. Hubo un periodista que, a la salida del encuentro, preguntó al presidente de la Generalidad si habían tratado la necesidad de modificar el inconstitucional y coactivo modelo de inmersión lingüística, habida cuenta de la reciente y enésima sentencia que, por aquel entonces, había dictaminado nuevamente su ilegalidad. A la pregunta, el presidente catalán contestó que no habían tratado el asunto porque "Rajoy sabe que hay líneas rojas y que es mejor no pisar".

Tiempo después, llegado el momento de preparar su ilegal consulta secesionista, el presidente catalán también se comprometió públicamente a hacer caso omiso a cuantos tribunales impidiesen su celebración; compromiso que reiteró y, finalmente, cumplió tras las dos sentencias del Tribunal Constitucional que teóricamente se lo impedían.

Ni que decir tiene que el Gobierno de Rajoy tampoco se ha atrevido a instar ningún proceso contra las estructuras de Estado que ya se están erigiendo en Cataluña, no sea que algún tribunal reconozca su ilegalidad y a él le toque lidiar con una nueva sentencia de las que no se atreve a hacer cumplir a los gobernantes autonómicos.

Por evitarse el tener que intervenir, y en otro orden de cosas, el Gobierno de Rajoy hasta ha hecho la vista gorda con los clamorosos incumplimientos autonómicos en la contención del déficit y así no tener que aplicar los mecanismos de "sanción e intervención" que contemplaba su propia Ley de Estabilidad Presupuestaria.

Que la secesionista Administración regional catalana haya sido la principal destinataria de los fondos de liquidez autonómica ilustra hasta qué extremo llega la renuencia de Rajoy a la hora de evitar el tener que enfrentarse a los gobernantes nacionalistas. El presidente del Gobierno sabe mejor que nadie que esa ayuda extraordinaria está permitiendo a los gobernantes nacionalistas financiar, de manera indirecta pero decisiva, un proceso secesionista de construcción nacional que cuesta mucho más que los gastos que acarrea una consulta como la del 9-N. Sin embargo, el temor de Rajoy a una suspensión de pagos de una Administración autonómica –suspensión que le obligaría a tener que tomar las riendas de la misma– es mayor que su aversión a que los gobernantes autonómicos destinen fondos públicos a esos ilegales y sediciosos menesteres.

Dejo para otro artículo la no menos involuntaria, pero también decisiva, influencia que la indolencia y pusilanimidad de Rajoy tiene en el hecho de que hayan surgido gobernantes municipales que creen que pueden dejar de pagar parte de la deuda de sus municipios.

Lo que me importa ahora subrayar es que la rocambolesca reforma legislativa, por la que se traslada al Tribunal Constitucional una labor propia del no por nada llamado Poder Ejecutivo, como es el de garantizar que se cumplan las sentencias, no tiene por objetivo más que ocultar ese pecado de omisión que, en términos políticos, es el incumplimiento del deber de hacer cumplir la ley y las sentencias.

De la misma forma que la Ley Wert y su supuesta pretensión de garantizar el derecho a estudiar en castellano no venia a cubrir ningún vacío legal, sino a encubrir la falta de determinación política a la hora de hacer cumplir las sentencias, no otra cosa viene a ocultar la mencionada reforma del Tribunal Constitucional.

Quieren déficit pero no quieren deuda
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital 4 Septiembre  2015

Los políticos de Podemos, con el apoyo socialista, han comenzado a hablar de que la deuda de los ayuntamientos que gobiernan es, según ellos, ilegítima. Al parecer, ellos mismos van a decidir lo que se paga y lo que no. La capital madrileña se ha puesto en la primera línea de este nuevo conato revolucionario de la extrema izquierda española.

Las deudas se pagan. El Ayuntamiento de Madrid tendrá que seguir devolviendo el dinero que el Ayuntamiento de Madrid tomó a préstamo. ¿Quién se cree con derecho a privar de su propiedad a los millones de accionistas de los bancos que han prestado sus fondos a condición de que se les devuelvan en el plazo pactado? Todos esos ayuntamientos de los que ahora se hablan eran y son corporaciones legítimamente constituidas, que pidieron préstamos dentro de la legalidad. Aquí no hay nada ilegítimo, excepto la pretensión de Podemos y su aliado socialista de quedarse con dinero que no es suyo. Y en el caso de Madrid menos aún, ya que Ana Botella hizo un esfuerzo injustamente poco comprendido, pero muy destacable, por reducir la deuda heredada de Ruiz-Gallardón: la bajó de 7.764 millones de euros en 2012 a 5.758 millones en este 2015.

Pero no es eso de lo que quisiera tratar en este artículo, sino de la increíble incompatibilidad entre los argumentos de la extrema izquierda y la política que propugna esa misma extrema izquierda. La izquierda de Podemos y PSOE quiere mucho más gasto público, luego también quiere que haya más deuda pública. O sea, no les gusta la deuda, excepto la que ellos mismos se disponen a multiplicar hasta asfixiar a los ciudadanos que pagan impuestos.

¿Han oído la expresión "austericidio"? Es una de esas palabras que la izquierda inventa para que sus políticos gasten mucho más aún. Si una política no es austera genera fuertes gastos. Si los gastos están por encima de los ingresos se genera déficit. Y el déficit de cada año es deuda para los años posteriores, porque de alguna manera se tiene que financiar ese gasto para el cual no existen fondos disponibles.

La deuda no es buena. El Premio Nobel James Buchanan decía con razón que no se debería permitir a ningún gobernante que tomara deuda a un plazo superior al de su mandato. La deuda que conocemos, y que ahora es equivalente casi al 100% del PIB, es dinero que se gasta ahora para satisfacer demandas de ahora, pero que pagarán las generaciones futuras. Aznar dejó la deuda pública española en el 51,5% del PIB, después de bajarla más de 12 puntos en ocho años. El PSOE de Zapatero, antecedente del actual Podemos, decía que eso era "antisocial", e hizo la muy social tarea de aumentar la deuda en 600.000 millones de euros desde 2008.

Toda esa ingente deuda con la que los españoles del futuro pagarán los disparates de estos años es legítima. Toda ella habrá que pagarla. Pero más nos valdría no tener gobernantes que irresponsablemente se gasten el dinero de los que ahora son unos niños. Así que ahora, cuando en campaña electoral escuchen a un político prometer que va a hacer todavía más gasto en la sanidad o en la educación, piense en sus hijos y no lo aplauda.

Por qué Podemos no puede
 Gaceta.es 4 Septiembre  2015

Todos los análisis sociológicos y demoscópicos coinciden en señalar que Podemos, el fenómeno estrella de la política española en este último año, adelgaza a toda velocidad. Sus expectativas de voto bajan y, lo que aún es peor para el “círculo morado”, su credibilidad social se desvanece. Hace sólo un año, su horizonte de apoyo electoral estaba por encima del 25%; hoy a duras penas lame el 15%. Hace sólo un año, Pablo Iglesias era el hombre de moda; hoy su figura se ha oscurecido por el ruido mediático de los nuevos alcaldes aupados al poder en las listas de la ultraizquierda. Hace sólo un año, las grandes cadenas de televisión, ideológicamente situadas muy a la izquierda pero tributarias todas ellas del favor gubernamental, jaleaban a Podemos y sus líderes; hoy el fenómeno ya cansa tanto como la penúltima aventura de Belén Esteban. Podemos no se hunde, pero se desinfla.

Podemos es un grupo de extrema izquierda. Eso era una obviedad, pero muy pocos lo dijimos en su momento: la mayoría de los medios prefería pensar, engañándose deliberadamente y engañando a los ciudadanos, que estábamos ante una fuerza periférica “limpia” y capaz de regenerar el sistema democrático. El Gobierno del PP, incapaz de proponer contenidos políticos, permitió e incluso estimuló el fenómeno porque le convenía tener un espantajo que azuzara el miedo de su electorado a la izquierda. Muchos españoles avasallados por la crisis, descontentos de la vida pública, asqueados por la corrupción, decepcionados por la traición del PP a sus electores y por la incompetencia del PSOE, pudieron ver en Podemos una alternativa radical y suprema a un orden político putrefacto. Por eso se multiplicó la presencia social del nuevo partido mucho más allá de su peso real. Llegaron las elecciones locales y Podemos compareció envuelto en diversas plataformas de izquierda radical. Los votos propios y la codicia socialista le entregaron suculentas parcelas de poder. Y entonces se vio lo que Podemos daba de sí: un disparate.

“Ay de quien confunda la movilización con la victoria”, podían haber dicho, citando a Spengler, los conspicuos Monedero y Errejón. Porque, en efecto, una cosa es llenar portadas y platós de televisión, lubricados con la admiración babeante de la prensa adicta, y otra muy distinta es tomar el poder, domarlo y gobernar. Para esto último es preciso saber de antemano qué se quiere hacer con el poder. No se trata sólo de poseer la habilidad técnica de la administración y la gestión (tampoco el PSOE la tenía en 1979), sino, más bien, de transmitir al ciudadano la impresión de que uno sabe adónde va. Pero la impresión que el ciudadano recibe es que los alcaldes de Podemos sólo son una amalgama de grupúsculos ultraizquierdistas obsesionados con la revancha histórica, el anticristianismo y la política del rencor. Y esto es fatal, porque es exactamente lo contrario de lo que la estrategia original de Podemos pretendía.

Los estrategas de Podemos saben perfectamente que sólo tienen una vía para ser opción real de poder: convencer a una amplia mayoría de la población descontenta de que ese partido representa algo más que una mera aglomeración de tribus de ultraizquierda. Eso es la famosa “transversalidad”: alcanzar a dar respuesta a las expectativas de sectores muy distintos del electorado. Pero eso, evidentemente, no se hace prohibiendo corridas de toros, quitando calles a escritores sospechosos de “franquismo”, desalojando retratos del rey y, en fin, toda esa panoplia de gestos sectarios tan del gusto de la cerril izquierda carpetovetónica. Al final, lo que ha agostado el crecimiento de Podemos ha sido la incapacidad de su personal para ceñirse a la estrategia. Las manos han sido mucho más torpes que el cerebro.

Podemos se desinfla, en fin, pero eso no significa que el peligro haya desaparecido. Al revés, se hace más visible. Lo que ahora tenemos encima de la mesa es un partido de extrema izquierda bien instalado en un 15% del electorado y que no va a desaparecer de la noche a la mañana. Incluso es posible que la ambición de poder del PSOE -más desnortado que nunca- le otorgue aún mayor peso. Otro regalito que nos deja la legislatura de Rajoy.

El factor sorpresa ha desaparecido y sus gestión ha desmotivado
¿Por qué se hunde Podemos?
La distancia entre reivindicación y gestión ha desenmascarado a Podemos. Pasar de las algaradas callejeras a dirigir gobiernos locales y autonómicos les ha retratado y ha propiciado que las encuestas le den la espalda.
Guillermo Moreno Gaceta.es 4 Septiembre  2015

A finales de 2014, Podemos rondaba el 28% de la intención de voto y superaba en a PP y PSOE. Se hablaba incluso de un asalto a La Moncloa por parte de Pablo Iglesias, que se había convertido en una especie de nuevo mesías para la izquierda y en un auténtico fenómeno social gracias a su presencia continua en los platós de televisión. Ese fue el momento cumbre del partido radical, que se había ganado el voto de la mayoría de la juventud y de gran parte de la población que estaba harta de la corrupción y la crisis.

Han pasado 9 meses y las cosas han dado un giro radical, según se desprende de las últimas encuestas publicadas. Podemos se mueve ahora mismo sobre un 12%, muy lejos del 32% del PP y el 25% del PSOE. ¿Qué ha pasado para que el partido que ilusionaba a tanta gente haya entrado en una caída en barrena que parece no tener fin?

La imagen de Pablo Iglesias ya no impacta ni sorprende a nadie. El carismático líder ha dejado de lado tanta presencia televisiva y cuando se deja ver se aprecia un rictus más serio y tenso, sin la chispa y la sonrisa que mostraba cuando su objetivo era darse a conocer al gran público. Sus asesores le aconsejaron que midiese las apariciones y se dejase ver menos porque podía llegar a saturar y él ha cumplido la orden. Ahora, después de las vacaciones estivales y con el nuevo curso político, Iglesias volverá a la carga con la intención de remontar las encuestas, que desde que empezó el año le están dando la espalda.

Para Román Cendoya, colaborador de Intereconomía y director de varias campañas electorales, la clave está “en la distancia que hay entre la reivindicación y la gestión, que es un mundo. Si Podemos es un partido antisistema, no puede pasar a formar parte de lleno de ese sistema del que reniega. No tiene cuadros ni gente preparada para entrar en un algo muy serio y que desconoce por completo. Además, Pablo Iglesias, al entrar en este sistema recoge lo que ello implica; ya es casta, ya tiene privilegios, ya tiene aforamiento, sueldos públicos, dietas jugosas, grandes hoteles. Cosas que quedan muy lejos del origen antisistema del que procede”.

“Podemos nunca rondó ese 30%, su techo estuvo en un 15%”, aclara Cendoya. “Esas encuestas estaban mal orientadas porque se aplicaba el baremo del voto oculto. La realidad era que sólo el 30% de los encuestados decía que iba a votar. Y de esa cifra, era también un 30% el que señalaba que iba a votar el partido de Pablo Iglesias. Este dato, extrapolado a la realidad, supone un 15%, que fue lo que sacó, redondeando, en las elecciones andaluzas. Lo que fue muy duro para ellos, ya que pensaban que iban a obtener unos resultados mucho más elevados en una comunidad que consideran estratégica.”

El desgaste de Pablo iglesias es otro de los factores clave de este descenso. Según Cendoya “al principio del boom de Podemos la gente decía a los encuestadores con orgullo que iba a votarles y no lo ocultaban. Incluso gente que no tenía pensado apoyarles, por sus atacaban a PP-PSOE como causantes de la crisis y la corrupción, decía que iba a darles su voto. Iglesias estaba de moda gracias a su presencia televisiva, pero eso es un riesgo, ya que la televisión te sube y te baja a la misma velocidad. La tele desgasta y puede llegar a convertirte en una caricatura, e Iglesias llevaba ese camino. Ahora, ha parado y se deja ver menos porque corría ese riesgo”.

El factor sorpresa ha desaparecido y Podemos ya no es ese partido que iba a traer aire fresco y desalojar a la casta de las instituciones. Este discurso caló al principio, pero a estas alturas cuesta creerlo porque muchos de los que hace un año apostaban por Podemos ahora ven que sus ideas se quedan en nada y que ellos mismos, con sus políticas de pactos tras las municipales, donde quedó bien claro que su primer objetivo era tocar poder como sea, se han convertido en un sucedáneo de la mencionada casta que tanto detestan.

Su radicalidad extrema ha ido girando hacia una socialdemocracia nórdica o zapateril en muchos aspectos, pero sólo de cara al exterior y con tintes electoralistas. Podemos quiere ocultar su verdadera ideología por el miedo a decir a las claras que procede del comunismo, del mundo antisistema y que han llegado a asesorar incluso al chavismo les ha hecho girar hacia posturas más equilibras. Pero a pesar de este giro bien estudiado, la población sigue viendo en el partido de Pablo Iglesias a un partido de extrema izquierda. Sus posturas cercanas a Syriza y el apoyo incondicional al Tsipras pese a su fracaso, así como su negativa incluso a apoyar en el senado propuestas del gobierno para apoyar a los presos políticos venezolanos dejan bien a las claras que los supuestos esfuerzos por moderar el partido no cuajan.

Las divisiones internas, con gente de mucho peso dentro del partido como Teresa Rodríguez o Pablo Echenique criticando la forma en que se realizan las primarias, o la salida de Juan Carlos Monedero, fundador y número tres, chocan a unas bases que creían que Podemos era distinto al resto de grupos políticos y ven que no, que tiene las mismas luchas intestinas que los demás.

Su presencia en coalición en comunidades o ayuntamientos después de las últimas municipales del 24 de mayo ha sido desalentadora. Sus políticas populistas, la falta de experiencia, las continuas rectificaciones y su bisoñez ha dejado claro para muchos de los que les dieron su apoyo que Podemos no está capacitada para la gestión de ningún tipo de gobiernos.

El PP insiste en el arriolismo
EDITORIAL Libertad Digital 4 Septiembre  2015

En el transcurso de una entrevista radiofónica, y haciendo chanzas sobre la cuestión, el presidente del Gobierno ha señalado próximo 20 de diciembre como la fecha más probable para las próximas elecciones generales. Nunca habían tenido lugar unos comicios en el mes de diciembre. Este año, gracias a Mariano Rajoy, los españoles tendrán que acudir a votar en vísperas del éxodo habitual que se produce al inicio de las fiestas de Navidad.

Haciendo gala de la visión cortoplacista que caracteriza la estrategia del PP desde los tiempos de Pedro Arriola, Rajoy ha fijado la fecha de las elecciones en un momento muy significativo para los ciudadanos, en la confianza de que irán pocos a votar y, los que lo hagan, entregarán su voto de forma mayoritaria al partido del Gobierno. El ambiente navideño, el optimismo económico generalizado gracias a la paga extraordinaria que muchos españoles reciben en esas fechas o la devolución de los beneficios retenidos en años anteriores a los tres millones y medio de funcionarios deben de parecerles al presidente del Gobierno argumentos de peso para inclinar en su favor la balanza electoral.

En otras circunstancias el razonamiento tendría lógica y podría servir muy bien a los fines previstos por Rajoy. Sin embargo, las condiciones actuales de la política española, la irrupción de nuevos partidos y la evolución reciente del sentido del voto pueden dar al traste con una estrategia de tan cortos vuelos.

El voto de la izquierda está movilizado como no lo ha estado nunca en España, gracias al fenómeno de Podemos, y no es previsible que la proximidad de las fiestas navideñas vaya a desactivar el fervorín de radicalismo que viven las bases de ese partido. Por otra parte, el Partido Popular tiene un serio competidor en Ciudadanos, que va a disputarle el voto de sus votantes tradicionales, como ya fue el caso en las recientes elecciones autonómicas y municipales. Finalmente, nadie puede garantizar que la abstención debida a los desplazamientos navideños no vaya a afectar al PP, al menos, en similar medida que a otras formaciones.

Mariano Rajoy tenía otras posibilidades para agotar la legislatura prácticamente en su totalidad y convocar las elecciones en una fecha neutra. En lugar de actuar con limpieza, Rajoy ha utilizado sus prerrogativas para tratar de aprovechar unas circunstancias que muy bien podrían volverse en su contra. No sería la primera vez que el arriolismo falla estrepitosamente.

La respuesta jurídica al desvarío independentista
Ignacio del Río Republica 4 Septiembre  2015

La política es la suma de una ecuación de racionalidad, oportunidad, audacia, prudencia y teatralidad. En la ecuación hay que acertar en la graduación de las variables y en su explicación. Sin pedagogía y sin estrategia, la mejor iniciativa puede convertirse en un desastre. Y esto es lo que le ha sucedido a la iniciativa del Grupo Popular de dotar al Tribunal Constitucional de capacidad sancionadora ante la desobediencia a sus sentencias. Una iniciativa que se presenta a 25 días de las elecciones catalanes, que se formaliza por el Grupo Parlamentario, no por el Gobierno, que no cuenta con el apoyo de los demás Grupos parlamentarios y que solapa la entrevista Merkel-Rajoy que abría las portadas y las primeras imágenes en las televisiones.

Nadie puede suponer ingenuamente que el Grupo Parlamentario actúa autónomamente. Cuando un partido gobierna, el grupo parlamentario no adopta ninguna iniciativa que no sea decidida por el Gobierno al que apoya. Por tanto, el acierto o el desacierto, en este caso el tanto de culpa, recae directamente sobre el Gobierno.
La competencia gubernamental reside en la Secretaría de Estado de Relaciones con Las Cortes dependiente de la Vicepresidenta del Gobierno que para justificar la proposición explica que va dirigida a los funcionarios públicos. Pobres funcionarios a los que se pretende multar e inhabilitar y que ya tiene normas estatutarias y disciplinarias más que suficientes. Una explicación muy poco creíble.

Cuando se redacta o se valora un proyecto de ley o una proposición de ley, lo primero que se hace es determinar con nitidez cuál es la finalidad, el objetivo de la norma que se quiere tramitar. Es decir, hay que identificar definir la necesidad pública o el interés público que se quiere satisfacer.

En nuestro país hay un problema constante y no resuelto con la Justicia que es lenta y sigue anclada en estructuras materiales y formales propias del siglo pasado. Los sucesivos ministros de Justicia han administrado la situación y han intentado sobrevivir políticamente en el viejo caserón de la calle San Bernardo, en los despachos amueblados con el lúgubre mobiliario castellano que se abren a la galería donde cuelgan los retratos de los próceres que han ocupado su despacho principal.

El Tribunal Constitucional padece una parte de los males que aqueja a la Justicia. La sombra de la politización, la demora en dictar sentencias, el marasmo procedimental y documental y el meta lenguaje jurídico que provoca largas resoluciones nuevamente interpretables se reiteran sin que los sucesivos intentos de reforma solucionen estos problemas.

La Justicia emana del pueblo, pero el pueblo en numerosas ocasiones ni la comprende ni la entiende. El Tribunal Constitucional tiene atribuido como primera función declarar la constitucionalidad o inconstitucionalidad de una norma. Si es inconstitucional, expulsa la norma del Ordenamiento Jurídico y en consecuencia deviene inaplicable. Por tanto, la sentencia declarativa es ejecutiva.

En los recursos de amparo instados por los ciudadanos, si se estima el recurso, se recupera el efecto propio del derecho vulnerado. Así, si se declara no conforme un proceso por vulnerar la tutela judicial se anula la sentencia dictada por el Juez o Tribunal y, además, si se ha producido un daño patrimonial, se genera una indemnización. Y si se trata de una Administración Pública que ha vulnerado un derecho o libertad fundamental, el efecto reparador se produce igualmente.

En los conflictos positivos o negativos de competencia entre el Estado y las Comunidades Autónomas, la sentencia del Tribunal define inexcusablemente la competencia con toda su virtualidad. Es evidente que existe un problema no resuelto en nuestro sistema jurídico que es el de los actos políticos que incurren en inconstitucionalidad. Es decir los aprobados por órganos políticos institucionales, bien sean Plenos de Ayuntamientos, Cámaras legislativas o Gobiernos autonómicos.

En la doctrina jurídica europea hace ya tiempo que se estimó la responsabilidad del Estado legislador por los actos políticos y en el Derecho alemán se elaboró el principio de confianza legítima o previsibilidad del poder público que está reiteradamente reconocido en la jurisprudencia europea y española. Lo que nuestro Derecho no ha previsto, porque en principio ningún Estado lo prevé, es la declaración unilateral de independencia de parte de su territorio. Como en su día hicieron las colonias con la metrópoli.

En la historia, la solución del conflicto se tramitaba como un acto de guerra. La guerra de secesión en la que desembocaban estos procesos, habitualmente precedidos de algún intento fallido de contención mediante la figura penal de la “lesa traición al Estado”. Un delito que servía para encarcelar espías, traidores y conspiradores de los que hay ejemplos numerosos en la literatura política.

Con prudencia, rigor y buscando un acuerdo amplio, al menos con el PSOE y con Ciudadanos, hay que otorgar al Tribunal Constitucional la competencia para anular los actos políticos declarativos, no legislativos, que contradigan frontalmente la estructura constitucional, cuando planteada la impugnación son rechazados previamente por las Cámaras Legislativas en las que reside la soberanía nacional.

Si el Parlamento catalán declara unilateralmente la independencia, el Congreso de los Diputados revisaría dicho acuerdo y podría anular el acuerdo adoptado, de tal manera que ninguna autoridad ni funcionario público podría ampararse en el mismo y al mismo tiempo todos lo pueden desconocer.

El tiempo actual aconseja firmeza, prudencia y moderación. Rajoy está ganando y va a ganar el reto planteado por los independentistas porque, entre otras razones, está apoyado por la UE, Angela Merkel y la Administración Norteamericana que no van a dar ninguna facilidad en un proceso de balcanización de España.

Por el momento, la independencia catalana no ha avanzado un milímetro. Y además siempre se ha transmitido que la Fiscalía del Estado y el Servicio Jurídico del Estado han preparado la respuesta jurídica del Estado a la independencia. Por tanto, hay que evitar los espasmos y practicar la constancia y la perseverancia.

España y Cataluña: El pedregal y la tierra fértil de Artur Mas
Ramiro Grau Morancho. TBN 4 Septiembre  2015

Abogado. Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Dice el señor Mas que “hay que pasar el desfiladero sabiendo que no nos lleva al pedregal (España), sino a la tierra fértil” (una Cataluña independiente).

La verdad es que muchos ya votaríamos a favor de que se vayan y nos dejen en paz. Pagando antes, eso sí, la parte alícuota que les corresponda de la lifara autonómica en que se han convertido los últimos treinta años de la historia de nuestra patria, que no se trata de marcharse sin pagar la fiesta.

Tengo parientes en Cataluña, pero ya hace años que me resulta duro ir a visitarles. Desde la rotulación solo en catalán, como si los castellano hablantes no existiéramos, hasta esa mala educación que tienen muchos catalanes de creerse el ombligo del mundo, hablándote en catalán, a pesar de que tú les contestes en español, o les digas que no les entiendes, lo que supone una auténtica imposición de su idioma. Un gran idioma que es la lengua oficial de un solo país del mundo, Andorra, con una población de treinta mil habitantes…

Los habitantes del resto de España no podemos acceder a empleos públicos en la justicia, sanidad o educación catalana, pues se exige como requisito básico el conocimiento del catalán –y en el caso de la administración de justicia del derecho propio autonómico-, pero ellos si pueden ocupar plazas en todas las zonas de España dónde no hay lengua propia, o sus gobernantes tienen la sensatez de no exigir su conocimiento preceptivo, o sobrevalorar su utilización, como sucede en Cataluña.

En el ámbito de la justicia, que por razones de deformación profesional es el que más conozco, se prima tanto el idioma y el derecho catalán, que prácticamente se ha conseguido “expulsar” a los jueces, fiscales, secretarios y funcionarios no catalanes…, salvo que hayan optado por pasar por el aro, y aprender el idioma. Da igual que no sepan derecho, lo que importa es que sepan catalán. Lo mismo sucede con los médicos forenses. En una determinada plaza para el Valle de Arán, por ejemplo, se valoraba más el catalán que un doctorado en medicina. Claro que el aspirante tenía la ventaja de que los muertos no se quejan nunca del forense que les hace la autopsia.

Esa creencia de considerarse el ombligo del mundo, o simple, lisa y llanamente, mala educación, hace que en ocasiones los asistentes a actos organizados en Cataluña hallamos sentido vergüenza ajena.

Recuerdo un congreso nacional de derecho del trabajo y seguridad social, celebrado en Barcelona sobre los años mil novecientos noventa y tantos. El acto de apertura o de clausura, no recuerdo con exactitud, era presidido por el consejero de trabajo de la Generalidad, creo recordar que un tal señor Fabregat, o apellido similar.

Se celebró en el magnífico salón de actos del Colegio de Abogados de Barcelona, y el consejero comenzó su intervención en catalán, lo que no nos importó, pues eran unas palabras de saludo y presentación del acto, que todos entendimos, y además estábamos en Cataluña. Pero, para nuestra sorpresa, continuó su intervención en catalán, hasta que muchos de los asistentes abandonábamos el salón, en callada señal de protesta, saliendo a la rotonda que circunda el salón, y cuando vio que se estaba quedando sólo, empezó a hablar en castellano, aunque la verdad es que la mayoría no volvimos a entrar, pues no decía más que las típicas chorradas políticas al uso: hablar mucho y no decir nada.

¿Cómo se puede ser tan maleducado de dirigirse a un congreso nacional, dónde los asistentes catalanes escasamente serían un quince por ciento, enteramente en su idioma vernácula, obviando que la mayoría éramos del resto de España, y no entendíamos el catalán…?

Así son muchos catalanes, al menos la clase dirigente. Y así les va. Que no echen a nadie la culpa de sus propios errores.

www.ramirograumorancho.com

El sueño imposible de Cataluña
Germán Gorráiz López www.diariosigloxxi.com 4 Septiembre  2015

Europa atraviesa un período muy convulso pues la crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial) y el estancamiento económico que se está haciendo visible en la locomotora alemana aunado con la aparición de brotes deflacionistas en el seno de la UE ha provocado la aparición de fuerzas centrífugas que podrían provocar la desmembración de la actual Unión Europea. Así, asistimos al auge de movimientos independentistas del que Escocia sería paradigma de dicho movimiento y alumno aventajado tras realizar en octubre del 2014 la consulta sobre la permanencia o no de dicha nación en Gran Bretaña.

El profesor James Mitchell, responsable de la escuela de Gobierno y Política Pública de la Universidad de Strathclyde (Glasgow, Escocia), explica que las razones de un pueblo para querer su independencia "radican en el fracaso de sus respectivos Estados, pues las naciones sub-estatales se sienten ninguneadas". Sin embargo, según la actual doctrina imperante en Bruselas, “un Estado resultante de un movimiento secesionista perdería su condición de miembro de pleno derecho de la zona euro y habría de comenzar el proceso de readmisión”, lo que en la práctica imposibilita la secesión, por lo que Cataluña deberá esperar a la disolución de la actual UE como ente político para que asistamos a la independencia de las actuales naciones subestatales europeas (Escocia, Flandes, Bretaña, Alsacia, Córcega, Cataluña, País Vasco, Galicia, Padania, Tirol del Sur, Irlanda del Norte, Cornualles e Isla de Man) y a la aparición de un nuevo mapa geopolítico europeo.

Así, gracias a la interactividad que proporcionan las redes sociales de Internet (el llamado Quinto Poder que enlaza y ayuda a la formación de las identidades modernas), se estaría rompiendo el endémico aislamiento y pasividad del individuo sumiso y acrítico de las sociedades consumistas occidentales (Hombre unidimensional) y estaría ya surgiendo un nuevo individuo (Individuo Multidimensional) reafirmado en una sólida conciencia crítica, sustentado en valores caídos en desuso pero presentes en nuestro código atávico como la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes y dispuesto a quebrantar las normas y las leyes impuestas por el sistema dominante occidental. Asimismo, el nuevo Individuo Multidimensional será generador de un tsunami popular de denuncia del actual déficit democrático, social y de valores de la actual Europa e instaurador del caos constructivo que terminará por diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica (consumismo compulsivo) tras lo que asistiremos a la reedición del Mayo del 68, al hundimiento del castillo de naipes mercantilista de la actual Unión Europea, al retorno a los compartimentos económicos estancos y al posterior diseño cartográfico de la nueva Europa de los Pueblos en el horizonte del 2.020.
 

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TCE: reforma exprés y secesión exprés
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 4 Septiembre  2015

En medio de una interminable campaña electoral, que durará hasta las elecciones generales de diciembre, no era por desgracia de esperar, como así ha sido, que los partidos de la oposición tuvieran el sentido de Estado de encabezar sus legítimas críticas a la proposición de reforma de la ley orgánica del Tribunal Constitucional (TCE) presentada por el PP con una previa reflexión: la consistente en situarla en el contexto que la explica.

Y es que ni el de Rajoy, ni ningún otro Gobierno imaginable (no hablo, claro, de los inimaginables), hubiera propuesto jamás una reforma de ese estilo de no ser por un hecho tan obvio como insólito: España es la única democracia de Europa occidental donde una autoridad de la importancia del presidente de la Generalitat ha incumplido, con premeditación y alevosía, varias sentencias del TCE prohibiéndole taxativamente la celebración del referendo de autodeterminación que, aunque de un modo tragicómico, tuvo lugar en Cataluña.

Lo políticamente honesto hubiera sido, pues, que la oposición destacase, junto a sus discrepancias con la reforma proyectada, que aquella viene impuesta por una realidad de la que el Gobierno no es culpable: obligado a cumplir con lo ordenado por quien constitucionalmente puede hacerlo, Mas optó por pasarse por el arco del triunfo las resoluciones del TCE declarando inconstitucionales tanto el referendo como aquello que persigue: la secesión de Cataluña.

Solo tras dejar todo ello claro resulta justo criticar una proposición de ley que incluye dos medidas esenciales: una muy ineficaz (que el TCE pueda multar a las autoridades o empleados públicos que incumplan sus sentencias) y otra muy inoportuna (que pueda, en casos extremos, suspenderlas). La ineficacia de una multa para parar a quien está dispuesto a romper ilegalmente un Estado es tan obvia que no necesita explicación. Sobre la inoportunidad de que pueda el TCE suspender a una autoridad autonómica hay que recordar tres cosas: que ese poder es impropio de un órgano cuya función esencial es el control de normas; que en nuestro ordenamiento fija ya un mecanismo a ese respecto (el del 155 de la Constitución); y, en fin, que el Código Penal prevé sanciones para quienes incumplan las sentencias judiciales.

El Gobierno se ha equivocado con esas medidas y más todavía con las formas: una reforma exprés, que presenta el candidato del PP a la Generalitat, que no se ha negociado con los partidos presentes en las Cortes y que pretende aprobarse con la legislatura ya finiquitada. Pero ni ese trágala procedimental, ni los erráticos contenidos de la proposición de ley justifican la falta de lealtad institucional de quienes vuelven a recurrir a la estúpida metáfora del choque de trenes para equiparar a quienes violan la Constitución y a quienes -aun equivocándose- tratan de cumplir con su obligación de defenderla.

¿Quien teme al Tribunal Constitucional?
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 4 Septiembre  2015

Un tribunal ha de tener como elemento esencial y necesario de su actividad y función la capacidad y los instrumentos para dar cumplimiento a sus sentencias. De lo contrario ¿de que sirve?.

El Tribunal Constitucional, el máximo instrumento judicial en cuanto a derechos y deberes constitucionales, no tiene competencias penales, no dicta sentencias de tal tipo, aunque si puede afectarlas si conculcan principios y derechos fundamentales. Sus sentencias ante todo se refieren a leyes y actuaciones de instituciones y personas que puedan vulnerar tales derechos. Sentencias, aunque fueran en su momento tan controvertidas como la legalización de Bildu, que han de ser acatadas. Y lo han sido. Con excepciones flagrantes

Pero ¿que sucede cuando de manera contumaz un gobernante o una institución, se niega a acatar tales sentencias y hace un continuo y deliberado ejercicio de que su propósito es violarlas y destruir precisamente ese marco legal, constitucional, de garantías de derechos y deberes de todos?. Pues que, de no tener los instrumentos precisos para hacer cumplir sus sentencias, queda sin sentido, reducido a un papel mojado, sin capacidad para ejecutar lo que dicta. Es entonces, perentorio, dotarlo de ellos.

Esa, y no otra, y por supuesto aplicable al señor Mas y a los separatistas catalanes y a cuantos otros pretendan transitar por tal camino aprovechando ese vacío legal, es la voluntad, el espíritu y la letra de la reforma planteada, y que hasta ahora no se había visto preciso llenar porque nadie había llegado a tal grado de sedición contra la ley de leyes y establecido una hoja de ruta para destruirla. A nadie se le podía pasar por la cabeza el no acatar las sentencias, y no se le había pasado a nadie, hasta que se ha llegado a tal momento de disparate y pretensión de auténtico golpe contra las leyes, la Constitución y el Estado. Que no lo digo yo, que lo han bautizado así por Europa y como tal lo identifica el presidente socialista Felipe Gonzalez.

Para ello lo que quiere concretarse y legislarse es algo tan simple como dotarlo de los instrumentos necesarios para asegurar el cumplimiento de sus resoluciones y que para ello sea el propio Tribunal quien supervise y controle su cumplimento y poder, en base a ellos, solicitar al poder publico y sus administraciones, comenzando por el propio Gobierno, el auxilio necesario y los medios para hacerlas cumplir de manera preferente. No es su función la penal, en absoluto, pero si ha de tener la capacidad de inhabilitar para un cargo a quien viola precisamente los sus deberes constitucionales, que antes que nadie esta obligado a cumplir y a hacer cumplir, que conculca y viola, en suma, las propias leyes por la que está en ejercicio de tal cargo.

Es algo lógico, obvio y absoluta racionalidad y sentido común que, amen de la pataleta, revoltijo y rasgar de vestiduras de los cínicos que pretenden ciscarse, impunemente, en todo ello, que no ha tardado en salir Pedro Sánchez afirmando que hacerlo es algo de Extrema Derecha. O sea, que defender que el Tribunal Constitucional pueda hacer cumplir sus sentencia y defienda los derechos, deberes y libertades constitucionales es fascista. O sea, ya estamos con el PSOE exactamente en las antípodas de sus principios, ya estamos con ZPedro haciendo y diciendo exactamente lo contrario a lo que con tal claridad exponía González. En suma haciendo el Zapatero, equidistando y al hacerlo ponerse de nuevo al lado de los secesionistas con los que por otro lado corre alborozado a pactar por toda España.

Pedro Sánchez pudo en algún momento ser percibido como una esperanza. Reconozco que, aunque muy desconfiadamente, la tuve. Hoy su sectarismo, su cortedad de miras, su única pretensión de conseguir el poder a cualquier precio y pacto, que cada día resulta más evidente y que ayer volvió a demostrar fehacientemente hace que se comience a percibir como una amenaza a la estabilidad de la nación , en su vertebración, en su economía y en sus propios principios. Su futilidad, su inconsistencia, su falta de valores y del más mínimo sentido de estado y nación lo hacen un Zapatero redivivo y de segundas dadas.

En todo el asunto catalán la responsabilidad del antecesor como gobernante fue de una insensatez absoluta llevando al PSOE a la hecatombe y al PSC a la marginalidad. Ahora Sánchez entiende que ha de proseguir esa senda y que el eje de su campaña en Cataluña es el ataque al Gobierno y a quienes pretenden defender la ley. Le responden muy bien las palabras de González, que tras explicitar su preventiva y lógica crítica a Rajoy, expresaba con contundencia que ello “No puede llevar a una posición de equidistancia entre los que se atienen a la ley y los que tratan de romperla”. Aunque luego ni él se aplique el cuento. Pues eso, que se lo digan por favor a Sánchez..

Porque, aunque con la propaganda y la agitación a la verdad se le puede dar la vuelta como a un calcetín el hecho evidente y fehaciente en este momento es que Sanchez se ha aliado y formado un frente con todo el separatismo y la ultraizquierda intentando impedir ¿el que?: Pues que el Tribunal Constitucional tenga los medios para hacer cumplir las sentencias a quienes se niegan a acatarlas.

La revuelta del paleoencéfalo
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 4 Septiembre  2015

Jean-Claude Piris, ex director general del Servicio Jurídico de la Unión Europea y padre del Tratado de Lisboa (2007), acaba de repetir, por enésima vez (El País, 29/8), lo que todos los altos funcionarios de ese organismo han sentenciado con explícita contundencia y lo que los capitostes del secesionismo ocultan taimadamente a la masa embaucada: "Cataluña independiente quedará fuera de la Unión Europea". Angela Merkel acaba de ratificarlo en presencia de Mariano Rajoy. Cataluña no será expulsada sino que se desvinculará automáticamente si se separa del Estado miembro, que es España. No se reincorporará mediante astucias como las que se jactan de practicar los sediciosos, sino cuando, imitando lo que sucedió en Alemania comunista, se libre de los usurpadores y vuelva a unirse a la patria común.

Mientras el contubernio secesionista sigue empeñado en encandilar a sus seguidores con un discurso que gira exclusivamente en torno de la independencia quimérica, los ciudadanos empiezan a preguntarse cuál será el perfil económico, social y cultural de la sociedad prometida. Temas que algunos privilegiados omiten abordar porque carecen de cualquier proyecto que no sea el de seguir viviendo del cuento, en tanto que otros camaradas se callan porque si revelaran la naturaleza subversiva de sus planes ahuyentarían a la inmensa mayoría de los ciudadanos amantes del orden, la seguridad, la feina ben feta y el derecho de propiedad. El desbarajuste que acompaña la gestión de la alcaldéspota Colau es un presagio de lo que nos reservan estos iluminados.
Soflama irredentista

Sin embargo, la sensación de impunidad que impera en el bando secesionista hace que a algunos de sus jerarcas se les suelte la lengua cuando de lo que hablan es, precisamente, de la lengua. Esto es lo que le sucedió a Germà Gordó, nada menos que consejero de Justicia de la Generalitat y candidato introducido por Artur Mas en la lista Junts pel Sí. Gordó, desdeñando el compromiso con la ecuanimidad inherente a su cargo oficial, articuló una soflama irredentista en la sectaria Universitat Catalana d'Estiu, donde afirmó (LV, 24/8):

"La construcción de un nuevo Estado no nos ha de hacer olvidar la nación completa". En su relato, el conseller incluyó en esa nación a Valencia, las Baleares, la Catalunya Nord y los territorios de la Franja de Aragón.

La justificación del pancatalanismo descansa sobre el hecho de que en tiempos pasados esos territorios compartieron una lengua común, aunque ahora ese nexo ha sido difuminado por la evolución natural de la demografía y la geopolítica. Todas las comunidades por donde los irredentistas pretenden expandirse –utilizando cuando pueden a los infaltables colaboracionistas emboscados en la izquierda esquizofrénica– tienen su propia configuración cultural y política que genera un rechazo mayoritario contra cualquier tentativa de colonización espuria. Con el añadido de que el Rosellón francés es eso, francés, y el socialista Manuel Valls, nacido en Horta, les haría saber manu militari a los aprendices de somatenes que con la integridad de la patria no se juega.

En este contexto se entienden igualmente las medidas de diferenciación lingüística a las que apelan los aragoneses y valencianos cuando se resisten a ser engullidos por los pancatalanistas. Ahora, los colaboracionistas emboscados de la izquierda esquizofrénica se conjuran para derogar esas medidas en Aragón y Valencia. Si España exhibiera la voluntad de anexarse la América panhispánica, los hispanoamericanos también harían hincapié en los matices que diferencian su lengua del español. Los chavales son pibes en Argentina, botijas en Uruguay y pelaos en Colombia.

Complejo reptiliano
El origen del entuerto tiene una explicación científica: el detonante del impulso belicoso que enardece a los ideólogos y militantes nacionalistas reside en la actividad de una zona arcaica de su masa encefálica que, en cambio, está total o parcialmente desconectada en los individuos pacíficos. Esa zona corresponde al paleoencéfalo o complejo reptiliano, que según el neurólogo Paul MacLean conserva en el ser humano las funciones propias del dinosaurio: el comportamiento agresivo y la territorialidad. Ambas funciones, combinadas, forman el núcleo duro del maniqueísmo irracional que comparten todos los nacionalismos identitarios. A partir de ahí, el paleoencéfalo puede elegir la vía más apropiada para encauzar su revuelta. Por ejemplo, la vía del irredentismo lingüístico que Germá Gordò –y la CUP secesionista, antisistema y antieuropea– utilizan como argumento para promover la expansión pancatalanista por tierras ajenas.

El fenómeno tampoco es nuevo. Se le aplica lo que Felipe González escribió, refiriéndose a la totalidad del proceso secesionista, en su reciente epístola "A los catalanes" (El País, 30/8) que, torticeramente interpretada, sacó de quicio a los fariseos:

Es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado.

Entonces era el pangermanismo el que imponía el Anschluss, la anexión de Austria a Alemania. Explica Ian Kershaw en su monumental biografía Hitler (2 vols., Península, 2000):

Hitler estaba convencido, desde sus años de infancia en Linz, de que el futuro de la población de habla alemana de Austria tenía que ser su incorporación al Reich alemán. Había sido partidario, como muchos de los habitantes de aquella zona del país, de las ideas de Georg Schönerer.

Personaje estrafalario
La lectura de los escritos de Schönerer podría ser muy estimulante para el paleoencéfalo de los secesionistas catalanes. En su libro The Occult Roots of Nazism (The Aquarian Press, 1985), Nicholas Goodrick-Clarke brinda abundante información acerca de este personaje estrafalario que fascinó a Hitler y acerca de la evolución del pangermanismo asentado sobre bases paganas y esotéricas. Explica Goodrich-Clarke:

Sin Schönerer (1842-1921), el pangermanismo se habría reducido a una tendencia confusa difundida entre los estudiantes políticamente ingenuos, los militantes völkisch [lo popular enfocado desde un punto de vista romántico] y grupos obreros. Sus ideas, su temperamento y su talento de agitador marcaron el carácter y el destino del pangermanismo austríaco, creando así un movimiento que amalgamó el anticapitalismo populista, el antiliberalismo, el antisemitismo y el nacionalismo alemán favorable a Prusia.

En 1873 Schönerer ganó un escaño en el Reichsrat austríaco, donde se convirtió en el portavoz del movimiento antisemita y exigió, en su programa electoral, la unión política y económica de Austria germanoparlante con el Reich alemán. En 1883 fundó el diario Unverfältsche Deutsche Worte, virulentamente pangermano. Schönerer también supo explotar los conflictos confesionales. Si bien era partidario, personalmente, del paganismo völkisch, optó por apoyar al luteranismo y combatir a la Iglesia católica, cuyo poder veía como una amenaza para su proyecto anexionista. En 1898 lanzó la campaña Los von Rom, o sea, "Ruptura con Roma".
Neuronas retrógradas

Las analogías que existen entre el pangermanismo que Hitler puso en práctica mediante el Anschluss, por un lado, y el pancatalanismo que ilusiona al parlanchín Gordó y seguramente a muchos de sus cofrades más discretos o hipócritas, por otro, no justifican que algunos polemistas cometan el error de comparar el secesionismo catalán con el nazismo. El nazismo fue el mal absoluto y el secesionismo catalán es una anomalía política mediocre que ensombrece un periodo acotado de la historia de España. Una cosa fueron los verdugos y otra muy distinta son los histriones de pacotilla. Joseph Goebbels habría despedido, por su memez, a una periodista que empleara a favor del nazismo las pataletas delirantes que Pilar Rahola vierte en aras del secesionismo.

Sucede que la revuelta del paleoencéfalo se expresa a través de distintos modelos: el nazi, el fascista, el comunista, el anarquista; el fanático religioso, el maltratador de hombres, mujeres y niños, el hooligan deportivo, etcétera. Los catalanes tienen que apechugar, transitoriamente, con la involución generada por las neuronas retrógradas del nacionalismo identitario e irredentista. Habrá que conformarse con aprovechar las lecciones que deja este interregno totalitario para no tropezar dos veces con la misma piedra. O, peor aun, con el mismo paleoencéfalo.

Separatismo e izquierda extremista dispuestos a devolvernos a la crisis
“Una mentira puede dar media vuelta al mundo antes de que la verdad hay empezado siquiera a calzarse la botas” Leyes de Murphy
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 4 Septiembre  2015

El hipopótamo, al contrario de lo que se podría pensar de un animal tan voluminoso y, aparentemente, torpe en sus movimientos, que se alimenta casi exclusivamente de la vegetación; es una bestia sumamente irascible, territorial y muy celoso de su harén de hembras. Sin embargo, tiene una forma curiosa y bastante asquerosa de marcar su territorio que, por otra parte, defiende fieramente cuando otro macho o animal se lo quieren usurpar. Sin el más mínimo pudor esparce, con movimientos rapidísimos de su corta cola, sus heces en el momento en que defeca, de modo que todo su entorno queda cubierto por los restos fecales de su vegetariana dieta.

En política esto de esparcir la carroña, de utilizar el método de pretender cubrir a todo adversario con detritus inmundos es algo habitual y, preferentemente, empleado como arma defensiva por todos aquellos que buscan, con este método, salvar sus carencias, ocultar su incapacidad o intentar apartar la atención sobre sus propias actuaciones, de las que se avergüenzan, para enfocarla hacia otras personas, instituciones o rivales políticos, con el objetivo insidioso de perjudicarlos o escurrir la responsabilidad que le pudiera caber en la concepción, desarrollo o perpetración de los mismos. Estos días de maremagnum electoral, donde los políticos, en vísperas de los comicios, no sólo se dedican a prometer, ofrecer y garantizar la intemerata o, lo que es lo mismo, lo que saben que nunca estarán en condiciones de cumplir pero que, aunque parezca imposible, muchos de los votantes caen, una y otra vez, en la trampa (sin que, al parecer, el tropezar continuamente con la misma piedra acabe por desanimarlos); debido a que en materia de lavado de cerebros se debe reconocer que las izquierdas son verdaderos expertos. Se puede decir que no pasa día sin que se intente ensombrecer al partido gobernante con alguna de estas explosiones mal olientes, sin que, al parecer, los destinatarios sean capaces de distinguir la peste mal oliente del suave olor de un perfume de calidad.

Ahora es el señor Mas, encerrado en el cepo en el que el mismo se ha metido, quien ha intentado, en sus explicaciones en el Parlamento catalán sobre el famoso 3% que recibió CDC de algunas empresas, supuestamente a cambio de concesión de obras municipales, desviar, una vez más, hacia el Gobierno español, lo que no son más que las consecuencias de las actuaciones de la Justicia que ha requerido la inspección de una empresa, Teico e Hijos estrechamente relacionada con CDC y que parece haber sido ampliamente favorecida por diversos contratos públicos. Curiosamente, cuando hacen esta acusación se olvidan de que, el mismo partido del Gobierno, tuvo una peripecia parecida cuando, en el mes de Abril ( un mes antes de las elecciones) fue detenido el señor, ex vicepresidente del anterior gobierno del PP, don R.Rato. Entonces ninguno alegó, en contra dicha detención, en base a la cercanía de las elecciones. La memoria flaquea.

Que el señor Mas se encuentra atrapado en la ratonera del famoso 3%, no es una novedad; que el señor Mas está metido en un callejón sin salida en su empeño de buscar una salida que le permita esquivar lo que se le viene encima el 27S, es algo más que obvio si se tiene en cuenta que: si gana las elecciones, se verá obligado a cumplir su promesa de declarar en el Parlament la independencia de Catalunya, con todas las consecuencias, de toda índole, que ello supone para él y para el resto de catalanes y si, por el contrario, pierde, porque será sin duda alguna el fin de su carrera política y, probablemente, el de su partido CDC, abocado a quedar desprestigiado ante sus antros votantes.

No sabemos lo que puede seguir dando de sí el apelar a este victimismo constante con el que pretende engañar, motivar y encorajinar a sus huestes separatistas; lo cierto es que, el seguir atribuyendo sus problemas de financiación ilegal del proceso soberanista, los suyos personales y los de su partido, insistiendo en que todo es culpa de Madrid, de que el Gobierno lo viene persiguiendo sistemáticamente y que, en España, no se busca más que acabar con los catalanes que,¡pobrecitos!, son los más perjudicados por el Estado, tanto en cuestiones de financiación como en la de infraestructuras; no parece que pueda tener un largo recorrido ya que, cada día son más las informaciones, los datos y las evidencias de que, la financiación irregular del CDC existió, para ayudar a reforzar su desafío separatista.

Lo que es indiscutible es que, España, no puede estar sometida al imperio de los díscolos, separatistas, comunistas bolivarianos y los antisistema, tanto desde dentro de las Cámaras como desde fuera de ellas, ya sea por parte de los gobiernos autonómicos o bien por los gobiernos municipales. Todos aquellos a los que se les llena la boca con la palabra “democracia” son los que, desde la oposición, intentan por todos los medios impedir que el Gobierno de la nación, elegido legalmente por una gran mayoría de votantes, pueda llevar a cabo sus funciones, dictar las leyes que considere oportunas y desempeñar, con libertad de movimientos, (evidentemente controlados por el resto de poderes del Estado), sin el agobio de verse mediatizado, en cualquier cuestión que se proponga hacer, por el resto de la oposición, que ha decidido impedirle la gobernación del país, en unos momentos en los que es preciso la máxima cooperación para ayudarle a mantener la recuperación que estamos empezando a experimentar.

Resulta incomprensible el empeño de presentar una visión pesimista del país, una versión apocalíptica de la situación actual de España, una disparatada valoración de la situación real de nuestra economía y de la estabilidad de nuestra nación, por aquellos partidos de las izquierdas que, o bien como Podemos, sus propuestas no son más que reediciones adulteradas de las viejas y rancias teorías soviéticas, ampliamente superadas por los estados modernos o, como pretende el señor P.Sánchez, vender de nuevo aquellas políticas de subvenciones y mejoras sociales insostenibles que fueron, precisamente, la verdadera causa de que España sucumbiera ante el embate de la crisis económica que, el señor Zapatero, se negó a reconocer que nos afectaría cuando, todavía, se estaba en condiciones de amortiguar el impacto que iba a tener para nuestra economía.

Precisamente se da la circunstancia de que, si en la actualidad hay algo que puede entorpecer, de una manera definitiva, que sigamos en la línea de mejoras, recuperación industrial, reducción del desempleo y perspectivas positivas de desarrollo que hemos iniciado desde hace unos meses; precisamente está enfocado en la posibilidad de que las fuerzas de izquierdas que pretenden alterar por todos los medios, incluso vendiendo en el extranjero una situación de España que en nada se compadece con la realidad, que se centra en una constatable mejora fácilmente detectable solamente saliendo a la calle y recorriendo nuestras ciudades o, simplemente, observando el aumento sorprendente de nuestro turismo interno, que ha mejorado exponencialmente si lo comparamos con ejercicios anteriores. La prosperidad, con todas las reservas que se quieran hacer, ha adquirido carta de naturaleza en nuestro país y sólo aquellos interesados en desacreditarlo, son capaces de afirmar lo contrario.

Resulta vergonzosamente ridículo, mal intencionado y taimado, el empeño de parte de la prensa española y sus televisiones o los mismos sindicatos, de pintar como algo muy negativo un fenómeno que ocurre cada año al finalizar el verano; cuando, en virtud de la finalización de los contratos de temporada, propios del negocio del turismo, se produce un aumento del desempleo, algo típico de cada año y que no desdice en absoluto que de una año al otro el empleo haya mejorado en más de 300.000 personas. Es evidente que para algunos que, curiosamente, fueron los que condujeron a España a una situación que, por poco, nos lleva a la banca rota nacional, sean ahora los visionarios empeñados en negar lo evidente, con la perversa intención de atacar al gobierno de derechas, simplemente porque saben que es el único que, con sus defectos, es capaz de impedir que España se rompa, y no quede en manos de un renacido comunismo que nos pueda reconducir a la situación anterior al 20N del 2.011, cuando se cernía sobre nosotros la sombra del rescate.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos sorprende que, a estas alturas, todavía haya cenizos empeñados en vender desgracias, temores, embustes y anuncios de truculentas calamidades, con el único objetivo de impedir que la derecha, la que ha salvado a España, pueda seguir el verdadero camino que conduce al país a su plena recuperación.

Guerra y Felipe, señales de humo
Antonio Robles Libertad Digital 4 Septiembre  2015

Federico Jiménez Losantos recordaba el pasado domingo las muchas responsabilidades que tuvieron Felipe González y el PSC en la consolidación de la Cataluña secesionista de hoy. Lo recordaba a propósito de la llamada del exdirigente socialista "A los catalanes" contra la secesión. Dos días después lo hacía Alfonso Guerra con otro aún más contundente, "Elecciones trucadas".

Convenía recordarlo. Y Losantos lo podía hacer con conocimiento de causa. Él fue el primer activista damnificado de la Resistencia al nacionalismo, que tanto ayudaron a consolidar estos dos líderes del PSOE.

Bueno es recordarlo, imprescindible ponernos en guardia ante las veladas concesiones que habrá de hacer el Estado para embridar a los separatistas, según Felipe González. Digo "según Felipe González" porque el tono del artículo de Alfonso Guerra es bien distinto al de su colega. A pesar de haber sido él, sobre todo él, el que ayudara a consolidar al PSC a costa de la Federación socialista del PSOE en Cataluña.

La determinación de Guerra de ahora no rehabilita sus errores del pasado, pero puede servir para abrir los ojos a las generaciones actuales ante la deslealtad probada del catalanismo. Sobre todo de su partido. Por tanto, cuando acusa al nacionalismo de estar dando un golpe de Estado a cámara lenta y pide la aplicación del artículo 155 de la Constitución sin complejos para acabar con la sedición pone fin a conllevanzas equidistantes con las que su partido ha enmascarado durante 35 años su complicidad con el nacionalcatalanismo por meros cálculos de poder. Exactamente como el PP.

Es preferible este posicionamiento que la equidistancia o la pleitesía a que nos tiene acostumbrados el PSOE y que sigue exhibiendo el PSC. Ayer, en la comparecencia de Artur Mas en el Parlamento, Iceta demostró una vez más que pertenecen a las mismas familias acomodadas catalanistas que los del Junts pel Sí. ¡Cuántos remilgos ante un sedicioso, un impostor y un presunto ladrón!

En Cataluña necesitamos hoy más que nunca referencias y referentes, de todas las ideologías. Hayan colaborado o no con el sarampión nacionalista de una época de políticos neutralizados por una España acomplejada de ser, y gestionada por los chantajistas de la normalización.

Otra cosa es la inquietante salida de Felipe González: "Eso es lo que necesitamos: reformas pactadas que garanticen los hechos diferenciales sin romper ni la igualdad básica de la ciudadanía ni la soberanía de todos para decidir nuestro futuro común". Vuelta la burra al trigo. Bla, bla, bla; lenguaje de plastilina. Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Si se garantizan hechos diferenciales no se puede garantizar la igualdad. Una mujer es diferente a un hombre, pero ese hecho biológico evidente no puede pretender el reconocimiento de un hecho diferencial que le dé ventajas, pues los dos, siendo diferentes, han de estar regidos por la igualdad de derechos y obligaciones de la ley. Lo explica magistralmente, J. M. Ruiz Soroa en el artículo "Iguales y diferentes". De obligada lectura.

Esa es la cuestión, en Cataluña el PSC da a esas reformas pactadas un contenido lleno de privilegios basadas en el federalismo asimétrico: blindar la inmersión (escola catalana en llengua i continguts), convertir el TSJC en la última instancia judicial en Cataluña, un pacto económico al modo del cupo vasco, garantizar el principio de ordinalidad y reconocer Cataluña como nación. Es decir, todo lo que no se permitió en el Estatuto y todo lo que venía pidiendo el nacionalismo hasta el momento de tirarse al monte.

Al nacionalismo no hay que pasarle la mano por el lomo, hay que deslomarlo, como deslomamos en la Transición al franquismo, sin venganzas pero obligando a todos sus seguidores a respetar la Constitución de un país de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones. Y que se vayan con el cuento de sus derechos históricos al carajo. Como se fue la antigua aristocracia.


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