AGLI Recortes de Prensa   Domingo 6 Septiembre 2015

González vuelve a Godó y Cebrián a Perpiñán
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Septiembre  2015

Sólo seis días le ha durado el ataque de responsabilidad política a Felipe González. Ni una semana ha mantenido su condena al proceso separatista catalán, a la liquidación de las libertades cívicas, al desafío abierto contra España que motivó su carta "A los catalanes" en El País. Seis días después, el padrino de Cebrián ha dejado a la madrina de Prisa, que inauguró el curso político en la SER "agradeciéndole" a González su apoyo al Gobierno y a la Constitución, en el más absoluto de los ridículos.

En La Vanguardia, periódico que ha forjado la alianza de partidos "a los que sólo une el odio a España", según decía él el domingo pasado, González no sólo ha pedido perdón de rodillas al nacionalismo catalán, sino que se une al coro golpista como nueva "monja coadyuvante" de Artur Mas. Esta semana, Tigrekán dice que la Constitución Española tiene que reformarse, incluir que Cataluña "es una nación" y declarar "intocable" la política de apartheid lingüístico que mantiene el separatismo desde Pujol, al que dedica párrafos de encendido afecto. No así a Aznar y a Guerra, que al parecer son los culpables de que, como también afirma en una cantinflada de las suyas, en Cataluña ya no se pueda hablar de política en las familias.
El Puente Aéreo Anticonstitucional

Evidentemente, lo que dice González supondría abolir la soberanía nacional española y crear para Cataluña una especie de maquila o zona libre de impuestos (el Pacto Fiscal), como las de Ciudad Juárez en la tierra de Cantinflas -su demóstenes-, del PRI -su modelo de partido-, y de Carlos Slim -su empleador y arquitecto de su fortuna. Del deshabitado cerebro de Tigrekán II hace mucho que desertaron las ideas y en sus esquinas anidan las arañas del rencor. A Guerra, por los adentros de izquierdas, a Aznar, por las afueras de derechas, a la ingrata España, por no rendirle culto idolátrico.

Si Cataluña es una nación que debería ser reconocida como tal por la Constitución Española estaríamos ante una asombrosa novedad en nuestra historia, porque hace más de dos siglos que en España hay Constituciones, que duran más o menos, pero jamás se le ha ocurrido a nadie reconocer otra nación que la española ni otro titular de la soberanía que el pueblo español. Teniendo en cuenta que Cataluña siempre ha pertenecido a España, desde la monarquía visigoda hasta la actual, pasando por la corona de Aragón en la que estaban sus condados, ¿qué evidencias constitucionales e históricas ha encontrado el Cantinflas de la Bética para cambiar lo que todos, lo que se dice todos los constituyentes españoles, empezando por los catalanes de 1812, consideraban como indiscutible: que la soberanía nacional, con o sin el Rey, reside en el pueblo español, y sólo el pueblo español, es decir, todos los españoles, pueden disponer de ella? González se suma al PSC, Zapatero y a otros socialistas en el reconocimiento, por primera vez en la historia de un partido no regional catalán, de una soberanía que no es la española. ¿Se dan cuenta de lo que eso supone, además de traicionar a su antigua nación?

¿O es que González cree que puede seguir llamándose español, mientras los que como él nacieron en Sevilla, o sus hijos, o sus nietos, se ven privados de derechos cívicos en Cataluña? ¿Qué pasa con los catalanes que se sienten lo que siempre han sido, españoles? ¿Qué nacionalidad van a tener en esa región reconocida? ¿La española, con derecho a seguir a La Roja (siempre que siga siendo otra masía del Barça) como dice Romeva?

¿Qué haría España con los catalanes españoles?
¿Y si se reconoce esa nación, qué nacionalidad querrá dispensar a sus súbditos la Generalidad golpista que ahora respalda González? ¿Sólo la catalana? ¿Y la parte de Cataluña que la quiera española? ¿Qué hará con ella España? Los progres les afearán mucho la conducta, como en TVE a los que pitan a Piqué por respaldar que se pite el himno de España, pero no bajarán de tres millones los que quieran seguir siendo españoles y parte de la Unión Europea, en vez de catalanes soberanísimos pero fuera del euro y de todos los derechos que la pertenencia a la UE confiere a sus miembros. ¿Qué ha pensado González para estos apátridas españoles aún en España?

Evidentemente, nada. Para los socialistas se trata, como siempre, de sacar ventaja de cualquier situación política para alcanzar el Poder. Luego, algo se les ocurrirá. Como con la OTAN, no me extrañaría que González pidiera un referéndum diseñado para el NO para acabar pidiendo el SÍ. Si entonces le torció el brazo al partido y a toda España, ¿por qué no ahora? Y supongo que en eso desembocará la antiguamente llamada "tercera vía" y hoy Gran Vía del Conde de Godó, bajo cuyas alamedas subvencionadas vuelve a pasear feliz, ramoneando en los arbustos, el que fuera durante cuatro legislaturas, cuatro, presidente del Gobierno del Reino de España.

El papel mediático en la participación del 27S
El efecto electoral de este arrepentimiento público de González y su adhesión al nacionalismo catalán –que eso y no otra cosa supone reconocer la nación catalana en detrimento de la secular soberanía nacional española- será muy grande, acaso decisivo. La retractación de González supone una marcha atrás en lo que el Gobierno de Rajoy y Soraya consideraban más que posible: que los medios de Prisa y progres aledaños alertaran a los ciudadanos de Cataluña de la gravedad del envite del 27S para animarlos a votar más de lo que suelen hacerlo en las autonómicas.

Pero si los progres catalanes de la SER ven que hasta González pide el reconocimiento de Cataluña como nación, ¿Cómo no van a favorecer la lista de Romeva, Mas, Junqueras y demás? Como mucho, se pondrán de perfil, desmovilizando al votante, que es lo peor para los partidos que defienden la unidad de España: Ciudadanos y el PP. Al final, salvar de la quiebra a Prisa, presentar elpais.cat y presumir del apoyo de González al Gobierno se saldará, como casi siempre, con la SER poniendo verde al PP, ignorando a Ciudadanos y favoreciendo al separatismo. Enhorabuena, Soraya.

Junto a la ratificación de su alianza podemita por Pedro Sánchez, la vuelta de González –con Cebrián, eterno ideólogo del pacto del PSOE con los separatistas- al sectarismo anti-PP supone también que toda la izquierda oficial, con Prisa y el PSOE a la cabeza, ha vuelto –si es que alguna vez dejó de estar ahí- con los nacionalistas a Perpiñán, al pacto con la ETA y el separatismo, al cordón sanitario contra el PP y los que defienden a España. El bloque golpista del 11M sigue en pie. Y Rajoy, cercado en su sótano de Moncloa como el 13M en Génova, sumido en su fosa ética, políticamente yerto, sigue como en aquellos días atroces: total y absolutamente en Babia.

Si Cataluña se independiza… ?
Juan Vicente Santacreu Periodista Digital 6 Septiembre  2015

La rebeldía es el único refugio digno de la inteligencia frente a la imbecilidad. – Arturo Pérez-Reverte

Nos hemos acostumbrado con demasiada facilidad a escuchar frases como “si Cataluña se independiza saldrá del euro” o “su PIB caerá”, e infinidad de imbecilidades más.

Que quede claro, cualquier extranjero puede opinar sobre el futuro de la región catalana pero ningún español puede plantear un supuesto que es ilegal, inconstitucional y atenta contra la propiedad soberana de todo el territorio español que pertenece a 40 millones de españoles.

Los órdagos lanzados por Merkel, Cameron, etc. contra Arturo Mas y el resto de golpistas sólo se entienden como una intimidación reflexiva ante la inacción de Mariano Rajoy. En lugar de un Presidente de Gobierno con mayoría absoluta parece el conserje de la Moncloa.

Seamos serios, qué pasaría si la Policía se enterara de que en mi casa se está preparando una bomba para atentar el día 27S. ¿La policía entraría en mi casa sin orden judicial y detendría a todos los sospechosos o esperaría al día 27S a ver si hacemos detonar la bomba?

Hay líneas que no se pueden transgredir, y no sólo porque las marque La Constitución, si no porque las dicta el sentido común. La Constitución la pueden cambiar un grupo de hijos de putas interesados, pero el sentido común es imposible cambiarlo. ¿O sí? Quizá con cuarenta años de adoctrinamiento tribal en la Educación se pueda reconvertir a toda una sociedad en zombis para reconvertir en común lo irracional. Véase la normalización de la imbecilidad social a la que estamos asistiendo.

Así lo pienso y así lo digo en español.
Juan Vte. Santcreu – Periodista Digital – Seguir a @JVSantacreu

¦ Quizá te interese leer ? No lo digo yo, la historia se repite; las Autonomías
Este tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros. – Arturo Pérez-Reverte

No lo digo yo, la historia se repite, las Autonomías
Comparte este artículo porque el poder está en tus manos

8 diciembre 2013 - Juan Vte. Santacreu - No lo digo yo, esto que te voy a contar es historia pura y dura de España. Está sacado literalmente del libro de mi hija y posiblemente se te disparen las alarmas.

Por cierto, y no es por "joder", te darás cuenta que el libro está en español, cosa que en la Comunidad Valenciana es imposible aunque elijas la línea en español. No es un truco, lo que ocurre es que mi hija estudia con los hijos de los políticos valencianos, o hijos de puta valencianos, como prefieras, y evidentemente lo estudian todo en inglés, en francés y en español.

Sí, también dan valenciano, 40 minutos a la semana. Lo justito para cumplir con la Constitución que exige conocer el dialecto tribal de la región. Y punto.
No lo digo yo, la historia se repite, las Autonomías

El texto literalmente dice:
El siglo XVII fue un siglo de decadencia para España. Los ideales de equilibrio y armonía renacentistas se fueron perdiendo por las guerras y las derrotas. La Guerra de los Treinta años con los Países Bajos debilitó enormemente a España y la paz de Westfalia, con la que se puso fin a la Guerra, inició el ocaso del Imperio español La debilidad de los reyes, cuyo poder absoluto delegaban en un favorito o valido que gobernaba en su nombre favoreció el despilfarro y la corrupción de los nobles y la subida de los impuestos. -Las Autonomías del siglo XXI-.

El declive de las clases burguesas; el empobrecimiento del pueblo; el descenso demográfico producido por las guerras y por la expulsión de los moros (en cuyas manos estaba el conocimiento de las técnicas agrícolas); el aislacionismo provocado por la Contrarreforma, todo ello desarrolló en España una crisis económica y social que cambió el optimismo renacentista en pesimismo y desengaño.

El Barroco, término con el que se conoce la cultura del siglo XVII, es una época de contrastes. Conviven el lujo de la corte con la pobreza del pueblo; la religiosidad sentida con la sensualidad y el cinismo; el idealismo con una visión descarnada de la realidad, la cual, frente a la euforia y seguridad del Renacimiento, es cambiante e inestable.

Las Autonomías son una armadura medieval, es pesada e impide movilidad -Santacreu-

No lo digo yo, la historia se repite, las Autonomías
Fotografía del libro de texto con el ISBN

Como verás, a los "favoritos" de esa época hoy les podemos llamar "reinonas" regionales que han favorecido la corrupción y la subida de impuestos. En esa época tiramos a los moros con su sabiduría agrícola y hoy los importamos sin conocimiento alguno, es más, hoy estamos tirando a nuestras jóvenes promesas. Del resto, saca las conclusiones que quieras.

Aquel que olvida su historia está condenado a repetirla. Los que queríais memoria histórica, tomad una ración, ¡¡imbéciles!!.
Así lo dice la historia y así te la cuento.

Removiendo el avispero.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Septiembre  2015

El otro día el expresidente del Gobierno Felipe González sorprendió a todos con una epístola dirigida a los catalanes que solo algunos alabaron y aplaudieron. Mucho me temo que no fui uno de ellos y que al contrario, procedí a realizar un análisis crítico de lo dicho por el personaje, cuyo resumen era tan obvio y poco discutible como que la Ley, o sea la Constitución- debe cumplirse. Y ahora resulta que vuelve a intervenir pero esta vez para decir que esa Constitución debe reformarse para que contemple a Cataluña- se supone que otras como El País Vasco o Galicia o Andalucía, también, si vamos a eso- como una nación, ya que se dan los dos componentes esenciales que este sujeto considera importantes, lengua y cultura. Se muestra partidario de que España abandone viejas estructuras decimonónicas- y pone a Francia como ejemplo-, para pasar a ser una estructura moderna del siglo XXI y que hay que ir más allá del reconocimiento de las identidades.

O sea, lo que en realidad vuelve don erre que erre a decir es que quiere una España que sea nación de naciones, o lo que es lo mismo una confederación o federación de naciones. Eso se llama República Federal y se parece mucho a la de los “Lands” de Alemania. Pero la realidad es que el sistema autonómico español supera en transferencias y competencias, desgraciadamente y para fracaso social y económico, al que disponen esos Lands alemanes y mucho más que las de los “reinos” del Reino Unido Gales, Escocia, Irlanda del Norte e Inglaterra. Lo que propugna Felipe González es una fractura de España pues una vez obtenida la independencia y el reconocimiento como Nación, nadie les va a obligar a permanecer bajo una federación. Nada más lejos de las aspiraciones de los secesionistas vascos y catalanes.

Creo sinceramente que la inoportunidad vuelve a ser lo más destacado de una intervención que solo el típico “buenismo” de la izquierda es capaz de soltar para contentar a una parte que considera “sensata y moderada” de ese secesionismo. En este caso el portavoz entusiasta del proceso de secesión, el periódico otrora leal con la Corona y España, La Vanguardia de Barcelona. La intervención de Felipe González entra de lleno en la precampaña electoral y da un balón de oxígeno a las posiciones independentistas mediante los mismos argumentos esgrimidos para sustentar unas reclamaciones de identidad nacional. Eso sí, le ha faltado decir el mantra de que en el actual reparto de solidaridad entre regiones, los secesionistas consideran que España les roba. Sobre eso no se pronuncia el bueno de Felipe González.

Le recomiendo encarecidamente a González que se vuelva a leer la Constitución, sobre todo en aquella parte del Título Preliminar en el que en su artículo 2 dice que “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. “ Y adicionalmente el Título VIII relativo a la Organización Territorial del Estado donde se va exponiendo eso que él ha llamado “viejas estructuras napoleónicas” donde en el artículo 137 y siguientes se dice:

“137.- El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.

138
1.- El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad, consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo, entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular.
2.- Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales.”

Quizás es que Felipe González no está de acuerdo con estos principios de igualdad y solidaridad entre españoles a los quiere distinguir por su “cultura y su lengua regional”. ¡Váyase usted a paseo Señor mío! Ya hemos tenido demasiados "padres de la patria y de la Constitución", no necesitamos que vengan ahora los abuelos cebolleta a revolver el avispero. Y sobre todo, "la Soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado." ¿Lo tiene usted claro o necesita que se lo aclaren?

Ahora soy Felipe, ahora soy González
Editorial Gaceta.es  6 Septiembre  2015

Decía el inmortal Cantinflas que “ahí está el detalle: que no es ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario”, y al sabio aforismo debe de haberse acogido el expresidente del Gobierno, Felipe González, para desdecirse de lo dicho en su artículo de hace unos días en El País. Dijo entonces Felipe que lo del separatismo catalán le parecía muy mal y que Mas había creado una atmósfera semejante a la de los años treinta, o sea, totalitaria. Pero dice ahora González, y lo hace en La Vanguardia, que él no tiene ningún problema en reconocer que Cataluña es una nación. Y una de dos: o bien se han manipulado sus palabras –cosa que no debería extrañar en una prensa acostumbrada a escribir al dictado del poder local-, o bien el ex presidente ha dado una vez más muestras de su capacidad para ser hoy Felipe y mañana González, o viceversa, o ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

Hay que recordar lo esencial. Polémicas doctrinales al margen, y desde el punto de vista de la legalidad constitucional, en España no hay más nación que la española. “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Lo dice el artículo 2 de la Constitución y poco más hay que hablar. O sea que quien quiera abrir el campo a la existencia política de otras naciones dentro de la nuestra debe, ante todo, modificar la Constitución, lo cual, por cierto, sólo puede hacerse con el acuerdo de todos los españoles. Hay ciertamente una identidad catalana. Y otras identidades vasca, valenciana, gallega, castellana, andaluza, etc. Pero todas ellas son identidades españolas y en ningún caso constituyen naciones políticas distintas a la común. Eso es lo que hay. Y Felipe González lo sabe muy bien.

Con frecuencia constatamos que los socialistas españoles no adquieren sentido del Estado hasta que dejan el poder. Lo de la entrevista de Felipe (o de González) en La Vanguardia desmiente incluso ese extremo. ¿Por qué les resultará tan difícil decir “España”?

¿Camina España hacia un modelo confederal?
Mario Conde Gaceta.es 6 Septiembre  2015

El ex presidente González, después de la metedura de pata que cometió en su carta dirigida —según él— a los catalanes, rectifica ahora en otra entrevista concedida a un diario de Barcelona, y además de precisar que se trató de un “malentendido” y que no quería referirse a los fascismos italiano y alemán, aprovecha para decir que la solución del problema catalán pasa por una reforma de la Constitución.

No me queda otra que sonreír porque ya en 1994 insistía yo en este punto, recibiendo por la afirmación de que nuestra Constitución nació vieja y que había que modificarla, entre otras lindezas, el calificativo de antisistema. Pero, en fin, se ve que algunos necesitan veinte años y una presión social de cierta envergadura para ver con claridad la evidencia. Da igual. El tiempo es una categoría flexible sonde las haya. El tiempo político, se entiende.

El periodista que le pregunta le cuestiona si esa reforma implicaría reconocer a Cataluña como nación, a lo que el ex-presidente responde con un “por supuesto”. La cuestión es: ¿qué significado real tiene el significante “nación”?. Dicho en otros términos, ¿qué implicaría el reconocimiento constitucional de ese término aplicado a Cataluña?. Vamos a ver: existe lo que se llama un concepto cultural, sociológico o como se quiera decir de nación. Es la sensación, incluso el sentimiento de pertenencia a un grupo mas o menos homogéneo que dispone de un modo de ser, de sentir o de vivir mas o menos individualizado por diferencia con otros colindantes o lejanos. Es una extensión amplificada de lo que podríamos llamar, para entendernos, la noción tribal de la convivencia humana. Suele estar acompañada esa percepción de un territorio mas o menos definido—aunque no es esencial— y de una lengua diferente, aunque tampoco sea definitivo ni conditio sine qua non.

Decir que Cataluña es nación cultural, situar el significante en este plano, no genera problemática sustancial. Lo mismo puede decirse del País Vasco, de Galicia y de Andalucía, por ejemplo. ¿Acaso en este plano no es Andalucía o no existe en esa parte Sur de España un sentimiento de “ser andaluz”? ¿Acaso ese sentimiento no es, culturalmente hablando, partícipe de la esencia definitoria de la nación? Pues me caben muy pocas dudas. Vamos, ninguna.Pero ¿qué implica la nación en términos político-jurídicos? Si constitucionalizamos el término le concedemos categoría jurídico política, y eso es penetrar en un mundo totalmente diferente.

La nación, armada políticamente, reclama algo tan simple como esto: soberanía. Aspira al autogobierno pleno porque se siente con la legitimidad que le proporciona esa estructura cultural o sociológica de nación. Por tanto, dado que la forma moderna de institucionalizar la soberanía es el Estado, la nación, como categoría política, reclama ser un Estado. ¿Quiere decir González que hay que reconocer a Cataluña como nación política y, por tanto, como Estado?.Veamos. Dentro de un Estado no hay el menor problema de que convivan “naciones culturales”. Hasta aquí no se plantea problema. No hay que constitucionalizar el término. Simplemente la vida diaria constatará las diferencias. Sin más. Sin menos.

Pero claro, la pregunta es: ¿caben diversas naciones políticas dentro de un Estado unitario?. Pues evidentemente no, porque si nación política equivale a Estado, está claro que no cabe un Estado unitario si en su seno hay varios Estados. Siempre, en el mejor de los casos, se tratará de un estado compuesto, en la terminología del profesor Bruno Aguilera. Cada una de esas naciones soberanas organizadas en Estado puede decidir actuar totalmente por libre o “asociarse” con otros Estados, cediendo parte de su soberanía. Pero la cede porque quiere, como un acto voluntario.

Y esa cesión tiene dos formas básicas de instrumentarse: el Estado Federal y el Estado Confederal. Parece lo mismo, pero no lo es. Algunos dirán que se trata de una mera digresión conceptual. Que digan lo que quieran. Quizás no saben que pasó en la guerra americana. Aunque obviamente había algo más, mucho mas, que el debate federal/confederal, porque la economía y la esclavitud jugaron su papel determinante.Bien, pues en eso estamos. ¿Camina España mediante el reconocimiento de “naciones políticas” hacia un Estado confederal? Puede que si. Lo malo es que dudo mucho que cuando dicen esas cosas ciertas personas, sean capaces de comprender el verdadero trasfondo de sus palabras.

La enfermedad y los síntomas
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 6 Septiembre  2015

El cuerpo inerte de un niño depositado por las olas en la playa, los centenares de hombres y mujeres apretujados hasta la asfixia en el vagón de un tren a ninguna parte, la anciana arrastrándose trabajosamente bajo una valla de alambre de espino, imágenes estremecedoras que han conmovido a la opinión pública europea y que han forzado a sus Gobiernos a tomar medidas urgentes para remediar tanto dolor, para paliar tanto sufrimiento, para consolar tanta desesperación. Más allá de la necesidad de salir al paso de un problema sin duda urgente, es obligado preguntarse sobre el origen del fenómeno que nos tiene sumidos en profunda conmoción. La sucesivas oleadas de refugiados sirios e iraquíes que nos invaden huyendo de la muerte, de la tortura o de la esclavitud sexual, han abandonado sus hogares, sus bienes, sus pueblos y ciudades, porque una fuerza maligna y agresiva, organizada y armada, va conquistando territorios a los que somete a su brutal opresión.

No se trata de un enemigo difuso, disperso, clandestino, atomizado en células activas o durmientes repartidas por muchos países al que debemos derrotar gracias a la permanente investigación de los servicios de inteligencia y a la labor paciente de la policía, estamos hablando de un ejército, visible, localizado en una región bien delimitada de Oriente Medio, con su cadena de mando, sus medios de combate, sus bases, su logística y su estrategia de conquista. Por consiguiente, si esta representación del mal químicamente puro se muestra a nuestros ojos con desafiante presencia, ¿por qué no acabamos con ella aplastándola militarmente y cortamos así de raíz la enfermedad en lugar de debatirnos en el marasmo provocado por sus síntomas?

Nadie puede imaginar que ante la amenaza nazi, cuyo objetivo era, tal como ahora pretende el Estado Islámico, liquidar la civilización occidental y sus valores de libertad, igualdad, justicia y democracia, El Reino Unido y los Estados Unidos se hubieran limitado a enviar asesores y ayuda material a la resistencia a las tropas de Hitler y lanzado de vez en cuando un bombardeo aéreo. ¿Dónde estaríamos hoy, qué quedaría de todo aquello que nos permite vivir con dignidad en sociedades abiertas en las que las personas ven respetada su dignidad y garantizados sus derechos fundamentales? Sólo en el ámbito de las películas de terror podemos contemplar un mundo bajo la sombra de la esvástica y su tenebrosa dictadura.

En Vietnam, y para acabar en fiasco, los Estados Unidos movilizaron medio millón de soldados y gastaron billones de dólares; similar esfuerzo se llevó a cabo por las coaliciones internacionales que lucharon en Corea y en la primera guerra de Irak; el esfuerzo dedicado a la segunda guerra de Irak tampoco fue menor, y todas esas causas no ofrecían la claridad en cuanto a su necesidad y su justicia que exhibe el enfrenamiento con el islamismo fanático de las huestes de Abu Bakr al-Baghdadi. ¿Cuál es la razón por la que frente a la horda de forajidos fundamentalistas que matan sin piedad, destruyen sin tasa y nos anuncian que vienen a por nosotros para aniquilarnos, los Gobiernos de las naciones que ocupan los asientos permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, y que disponen conjuntamente de la capacidad de borrar del mapa al Estado Islámico como quien aplasta una mosca, permanecen pasivos mientras este horror crece y se expande cada día?

Si se trata de aprovechar este conflicto para debilitar a los competidores en el escenario global, se incurre en una táctica suicida. Si no se quiere hacer el esfuerzo financiero requerido, el cálculo es erróneo porque más costará el atajar las consecuencias de la prolongación de la crisis humanitaria generada. Y si se teme a la reacción de los votantes cuando empiecen a llegar féretros envueltos en la bandera del teatro de operaciones, es que se carece del liderazgo necesario para galvanizar y cohesionar a la ciudadanía en circunstancias extremas.

El Estado Islámico es nuestro enemigo exterior, nuestra cobardía y nuestra debilidad son los enemigos interiores que ponen en peligro nuestra supervivencia.

Recordemos que así empiezan las guerras
Ramón Pérez-Maura ABC 6 Septiembre  2015

«Incluso cuando llegué, unos dos meses después de la matanza, todavía no se había lavado toda la sangre con las aguas del río Orontes que serpentea a través de la ciudad dándole una distinción que en otro tiempo hizo de Hama la ciudad más bella de Siria (...) A día de hoy nadie sabe cuántos cuerpos estaban enterrados bajo el mar de casas destruidas y capas de hormigón, pero Amnistía Internacional, en su informe de noviembre de 1983 sobre Siria, decía que las estimaciones oscilaban entre 10.000 y 25.000 muertos, en su mayoría civiles; miles más se quedaron sin hogar. El régimen sirio de Hafez al-Assad, responsable de ejecutar la matanza, no se molestó en contestar estas cifras o en arreglar Hama antes de reabrir en mayo de 1982 la autopista que la cruzaba proveniente de Damasco. Estoy convencido de que Assad quería que los sirios vieran Hama en crudo, que escucharan detalladamente su silencio, que reflexionaran sobre su dolor». (From Birut to Jerusalem. Thomas Friedman. Collins. Londres, 1990)

Este Assad fue un aliado de Occidente durante sus treinta años de ejercicio despótico del poder. Baste como prueba la impresionante representación internacional que asistió a los funerales de este asesino en mayo de 2000. Presidentes, jefes de Gobierno... La representación española fue sólo un vicepresidente del Gobierno. Se llamaba Mariano Rajoy. Todavía en marzo de 2011 nuestra ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, hizo una visita al Damasco de Bachir al-Assad. A ocho meses de que estallase la guerra que nos ha llevado a donde estamos hoy, Trini declaraba que ese régimen era un modelo a seguir por sus reformas...

El «modelo» de reformas de Trini ha conseguido que cuatro millones de sirios hayan huido del país en los últimos cuatro años y casi ocho millones más intenten hacerlo ahora. Huyen de una guerra que enfrenta lo que queda del régimen de los Assad –en el que han aguantado casi 45 años– y la creciente amenaza del Daesh (Estado Islámico). Pero lo fabuloso es que vienen a Europa sabiendo que aquí se les dará la atención que precisen. Y asumiendo que pueden imponer sus formas. ABC.es emitía ayer un video espeluznante en el que policías macedonios intentan repartir alimentos a refugiados sirios, pero como las cajas llevan el emblema de la Cruz Roja, lo rechazan al grito de «Allahu akbar!». Y cuando por fin los agentes se retiran con la comida, irrumpen en aplausos. Esos sirios podían haber huido a Arabia Saudí. Allí recibirían comida de la Media Luna Roja, no hubieran tenido ninguna posibilidad de ahogarse por el camino y la renta per cápita del reino saudí es infinitamente más alta que la de Macedonia: según la estimación del FMI de este año, el PIB per cápita de Arabia Saudí es de 53.149 US$, mientras que el de Macedonia es 10.945US$. Y por cierto, el de Alemania es 46.895 US$, bastante menos que Arabia Saudí. Pero claro, se está mejor en la Baviera cristiana que en la Yedah musulmana.

Aceptar a decenas de miles de refugiados tendrá una consecuencia inevitable: el efecto llamada nos obligará, antes o después, a intervenir en Siria e Irak. Porque si seguimos recibiendo a todos los que huyen del horror de la guerra, acabaremos dejando Irak y el Levante a disposición del Daesh –que entonces sí será un verdadero Estado– sin oposición interna y como base desde la que lanzar su yihad contra Occidente, empezando por la Europa del otro lado del Mediterráneo. Ya saben. Así empiezan las guerras (mundiales).

Los cinco avances de la economía española
En los últimos trimestres, se ha consolidado la creación de empleo, aumentó la inversión, mejoró la competitividad y repuntó el crédito.
Libertad Digital 6 Septiembre  2015

España ha registrado importantes avances económicos en los últimos años, liderados por el sector privado, pero todavía presenta grandes debilidades que, llegado el caso, pueden poner en riesgo la recuperación del país.

Así, más allá del intenso desapalancamiento que han protagonizado las familias y empresas durante la crisis, el Círculo de Empresarios destaca otros cinco progresos económicos a tener muy en cuenta.

1. Creación de empleo

Desde mediados de 2013, se observa un positivo cambio de tendencia en la evolución del mercado de trabajo. El número de afiliados a la Seguridad Social ha aumentado en casi un millón de trabajadores, de 16.426.756 afiliados (julio 2013) a 17.315.188 (julio 2015), si bien todavía se sitúa muy por debajo de los niveles de 2007.

Por su parte, el paro, si bien se mantiene muy elevado, se ha reducido en más de un millón de personas en dos años. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), en el segundo trimestre de 2015 había 5,1 millones de desempleados en España, 1,2 millones menos que el máximo alcanzado en el primer trimestre de 2013 (6,3 millones).

2. Competitividad y sector exterior

Las ganancias de competitividad de la economía española vienen explicadas por la caída que han registrado costes laborales unitarios (CLU) desde 2011, invirtiéndose y ampliándose la brecha respecto a Reino Unido, Francia y Alemania, donde éstos han aumentado.

Esta mejora de la competitividad se ha traducido en un importante avance del sector exterior de España, ya que la contribución al PIB de las exportaciones se incrementó del 22,7% en 2009 al 32,6% del PIB en 2014. Según las últimas previsiones de la OCDE, en 2016 se producirá una aceleración del 6,1% en el ritmo de las exportaciones de bienes y servicios españoles, frente al 5,4% de 2015, situándose España como noveno país exportador del mundo.

Además, destaca la diversificación sectorial de las exportaciones en productos de mayor valor añadido. Los principales sectores exportadores son bienes de equipo, el agroalimentario y el sector del automóvil. Este último, ha alcanzado en 2014 (sumando la industria de componentes) su máximo anual del periodo analizado (35.613 millones de euros).

Otro sector que destaca por su competitividad es el turístico. España lidera, por primera vez, el ranking mundial de competitividad turística del Foro Económico Mundial Travel & Tourism Competitiveness Report. Escala ocho puestos desde 2011, explicado, fundamentalmente, por la calidad de sus infraestructuras, su patrimonio cultural y su adaptación a los hábitos de consumo digitales.

3. Inversión nacional

Otro importante avance es que la formación bruta de capital fijo (inversión) retorna a tasas de crecimiento interanual previas a la crisis, "apoyada en la mejoría de los condicionantes financieros y en un contexto de perspectivas favorables de la evolución de la demanda interna, que estimulan la adopción de nuevos proyectos de inversión", según enfatiza el Círculo.

En 2016, España será el cuarto país de la OCDE con mayor crecimiento de la inversión, con un 6,3% interanual, por encima del 5,4% previsto en 2015, tan sólo superada por Islandia (14,5%), Irlanda (9,6%) e India (7,7%).

4. Inversión extranjera

Asimismo, España se sitúa en el puesto doce del mundo en cuando a recepción de inversión extranjera directa (IED), según el ranking del World Investment Report (WIR) 2015. "El principal atractivo que ofrece España al inversor extranjero es su amplio mercado, caracterizado por una demanda sofisticada y con elevada capacidad adquisitiva. Asimismo, ha incrementado paulatinamente la importancia de sectores de alto valor añadido y aporte tecnológico, con un elevado componente de calidad, diferenciación, I+D+i y diseño", añade el informe.

España también se ha posicionado como plataforma de acceso para otros mercados como el latinoamericano y el de la región EMEA (Europa, Oriente Medio y África), "tanto por factores culturales y políticos, como por las oportunidades estratégicas que ofrecen nuestras empresas presentes en los mismos".

Y, por otro lado, España ha consolidado "un modelo de atracción de IED propio de las economías más avanzadas, donde el grueso de la inversión recibida se explica por operaciones de fusión y adquisición". Así, el informe European Attractiveness Survey 2015 (EY) señala a España como el cuarto destino de inversión más atractivo de Europa en 2014, por detrás de Reino Unido, Alemania y Francia.

5. Financiación

Por último, las empresas españolas tienen hoy un mejor acceso a la financiación bancaria, rompiéndose la tendencia de los últimos años. Según el Círculo, "a ello han contribuido el avance hacia la unión bancaria (que reduce las diferencias en el coste de financiación entre países), las medidas del BCE (que reducen el coste y aumentan la disponibilidad del crédito), la reestructuración del sector bancario español (que permite a la banca prestar más y en mejores condiciones) y la recuperación económica (que beneficia a la demanda solvente de crédito)".

Aunque los flujos de crédito continúan reduciéndose, si bien a menor ritmo, la concesión de crédito a nuevas operaciones está aumentando. Además, la dependencia de las empresas españolas, en especial pequeñas y medianas, a la financiación bancaria se está reduciendo, ya que ha pasado de un 80% del total a niveles de casi el 70%, favoreciendo el desarrollo de otras fuentes de financiación (mercados, crowdfunding, capital riesgo...).

 

Las ocho debilidades que pueden truncar la recuperación de España
Nuestro país presenta un déficit y una deuda pública muy elevados, un paro inaceptable y una deficiente estructura empresarial.
Libertad Digital 6 Septiembre  2015

Aunque la economía española ha registrado importantes avances en los últimos años, gracias al desapalancamiento y la mayor competitividad del sector privado, el país sigue presentando graves debilidades estructurales que, en caso de no ser corregidas, ponen en riesgo la recuperación.

El Círculo de Empresarios resume en un informe las principales amenazas para la economía española, así como las posibles reformas para solventar dichos desajustes. A continuación, se detallan las ocho grandes debilidades de la economía nacional.

1. Déficit público

El déficit público continúa siendo un lastre para el crecimiento y la competitividad de la economía española. El déficit máximo previsto es del 4,2% del PIB para 2015, el 2,8% para 2016, el 1,4% para 2017 y el 0,3% para 2018, pero todo apunta a que no se alcanzarán dichos objetivos.

El déficit primario para el conjunto del sector público, que descuenta el servicio de la deuda pública, se situó en el -2,5% del PIB en 2014, con una previsión del +0,35% en 2016, lejos, por tanto, de las recomendaciones de la OCDE, que considera que para acelerar el ritmo de consolidación fiscal es necesario generar de forma estable y continuada un superávit primario de al menos un 1% anual.

2. Deuda pública

Desde el inicio de la crisis, la deuda pública se ha triplicado, hasta alcanzar casi el 98,5% del PIB el pasado junio, lo que supone 1,053 billones de euros, un 4% más interanual. El incremento del endeudamiento público desde 2007 hasta junio de 2015 (669.000 millones de euros) contrasta con el desapalancamiento del sector privado no financiero en 50 puntos del PIB (500.000 millones), siendo el país de la UE que más ha reducido su endeudamiento privado en este periodo.

Entre 2007 y 2014, según el FMI, el volumen de deuda total (pública, familias, empresas y entidades financieras) ha aumentado del 235% al 334% del PIB, esencialmente por el incremento del endeudamiento público.

3. Mercado de trabajo

La tasa de desempleo, a pesar de la creación de más de 400.000 empleos en 2014 y otros 600.000 esperados en 2015, continúa en niveles insostenibles del 22,37% de la población activa. A finales de 2016, el paro continuará triplicando la media de la OCDE (6,5%), situándose ligeramente por debajo del 20%.

Preocupa, muy especialmente, la situación de los jóvenes y de los parados de larga duración. La tasa de paro entre los menores de 25 años se situaba en el 49,2% de la población activa en el segundo trimestre; el 62% de los desempleados (más de 3,2 millones de personas) son parados de larga duración (más de un año sin trabajo) y, de ellos, el 70% son de muy larga duración (más de dos años), con implicaciones negativas sobre su empleabilidad.

4. Seguridad Social

"En una sociedad como la española, caracterizada por una población cada vez más envejecida, el gasto en pensiones aumenta de forma alarmante poniendo en riesgo el Estado del Bienestar", según advierte el Círculo. La ratio de pensionistas respecto al número de cotizantes se ha reducido de forma continua desde el inicio de la crisis de 2,71 a 2,26 en junio en 2015, y la cuantía de la pensión media se ha incrementado año tras año, más de un 30% desde 2008.

El crecimiento del gasto en pensiones y los ingresos insuficientes, obligan a financiar el sistema utilizando recursos del Fondo de Reserva. Desde 2012, se han detraído de éste 37.701 millones de euros para hacer frente al pago de las pensiones. Tras estas disposiciones el saldo se sitúa en 39.520,46 millones (3,71% del PIB). "En caso de continuar con este ritmo de disposición, el Fondo de Reserva se agotará en 2019, si no se toman medidas", aclara el informe.

5. Estructura empresarial

La crisis ha acentuado el reducido tamaño medio del tejido empresarial español, al avanzar el número de microempresas (94,5% en 2014 frente a 93,8% en 2009). Actualmente, el 99,3% de las mismas son micro y pequeñas, con menos de 50 empleados, y el 0,6% son medianas (entre 50 y 250 empleados). Estas cifras contrastan con las de Alemania y Reino Unido, donde las microempresas pierden peso a favor de las pequeñas y medianas.

Esta deficiente estructura empresarial constituye un grave problema económico, ya que las empresas de mayor tamaño contribuyen positivamente al crecimiento y a la estabilidad económica de un país gracias a su mayor productividad, capacidad de innovación e internacionalización y a la menor volatilidad del empleo.

Durante el periodo 2009-2015, los ajustes de plantilla han afectado más a las empresas de menor tamaño, donde el empleo se redujo un 25%, frente al 20% en la mediana y el 6% en grandes empresas. De hecho, "si España hubiera tenido la composición del Reino Unido durante la crisis, se habrían salvado más de 500.000 puestos de trabajo. Además, si España lograra el tamaño medio empresarial de Alemania nuestra productividad agregada aumentaría un 13%, lo que generaría la aparición de 15.000 nuevas empresas (12.000 medianas) y 400.000 nuevos puestos de trabajo", añade el Círculo.

Además, "el tamaño medio reducido de nuestras empresas condiciona la evolución futura del sector exterior, ya que la propensión a exportar está ligada positivamente al tamaño empresarial. En la economía española exportan un 80% de las empresas medianas y un 90% de las grandes, mientras que sólo lo hace un 30% de las empresas de menos de 50 empleados".

En materia de innovación, las empresas grandes también tienen mayor protagonismo, ya que un 41% llevan a cabo actividades de innovación tecnológica, frente al 22,8% de las medianas y el 8,6% de las pequeñas.

6. Investigación y desarrollo

En 2013, tras reducirse durante tres años consecutivos, el gasto total en investigación y desarrollo (I+D) retorna a niveles de 2006, con un 1,24% sobre el PIB, muy por debajo de la media de la UE28 (2,01%).

Las empresas españolas representan un 53,1% del gasto en I+D total, aunque su inversión sobre el PIB (0,66%) sigue siendo la mitad de la media europea (1,28%). Por su parte, el sector público invierte un 18,7% del total y el sector de enseñanza superior el 28%.

7. Educación

"Las deficiencias de nuestro sistema educativo condicionan la evolución de nuestra sociedad y de la economía española", indica el estudio. El problema aquí es que se mantienen la ineficiencia del gasto, la elevada tasa de repetición y abandono escolar, el escaso desarrollo de la formación dual, el desconocimiento de idiomas, la falta de habilidades emprendedoras de los estudiantes y los malos resultados en pruebas de nivel internacionales.

España es líder de la Unión Europea en fracaso escolar, con una tasa del 21,9% de jóvenes entre 18 y 24 años que han abandonado prematuramente el sistema educativo, completando sólo el primer ciclo de secundaria. Este porcentaje duplica la media comunitaria (11,1%) y está todavía muy lejos del objetivo para España de reducir el abandono escolar al 15% de aquí a 2020.

8. Justicia

"La eficiencia de nuestra justicia es insuficiente, ya que se caracteriza por una elevada litigiosidad y lentitud", alerta el Círculo. "Ésta viene explicada por la insuficiencia de medios personales, materiales, procesales, organizativos, informáticos y unas leyes que no se adecúan a los nuevos tiempos. Los países con mayores niveles de competitividad son a su vez los que poseen, entre otras características, un sistema judicial eficiente", concluye.

España no depende de sí misma

Todo ello lleva a una conclusión: España todavía no depende de sí misma. "El mayor impulso y dinamismo de la economía española dependerán en parte de la evolución de los riesgos geopolíticos de la economía internacional".

Entre ellos, el estudio destaca la evolución de las economías emergentes, las incertidumbres políticas en Oriente Medio, Rusia y en ciertos países de América Latina, la implementación del tercer rescate de Grecia y, en última instancia, los posibles pactos postelectorales que se deriven de las próximas elecciones generales.


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Nos toman por besugos filósofos
Pedro J. Ramírez www.elespanol.com 6 Septiembre  2015

Empecemos el curso compartiendo ballena. El Arponero Ingenuo acaba de avistarla pero pesquémosla juntos. La maniobra de aproximación es muy sencilla. Basta teclear www.pp.es/actualidad-noticia/pp-recurre-ley-aborto para toparse de frente con el más desafiante surtidor de desfachatez política.

Hemos entrado en la actualizada página oficial del partido gobernante. Ahí está en la parte superior izquierda el nuevo logo podemizado, con el charrán en el lugar de la gaviota y la expresión “populares” a la derecha. Su problema es que han podido cambiar de emblema pero no borrar sus huellas. Tiempo al tiempo, que pronto habrá un movimiento para que los partidos puedan acogerse al derecho al olvido en Internet.

Acerquémonos entre tanto a las fauces del Leviatán barbado. Lo primero que vemos es una foto que muestra al entonces mano derecha de Rajoy y hoy embajador en Londres, Federico Trillo, marchando apresurado con aire de quien no puede perder ni un minuto para entregar el candente dossier que lleva en la zurda. Le escoltan dos palafreneros de los grupos del Congreso y Senado y un agente de seguridad. Luego avistamos el título -“El PP recurre la Ley del Aborto”- y bien destacada la fecha: 1 de junio de 2010. Ayer como quien dice.


Que los pusilánimes den la vuelta a la chalupa porque ahora toca franquear las fauces del rorcual y adentrarse como Jonás en el corazón de las tinieblas. El río que nos lleva, en medio de una manada de refulgentes peces rosáceos de ojos saltones, es la versión oficial, con estructura de crónica periodística, de la que fue una de las principales iniciativas del PP durante la pasada legislatura. Arponeros, tensad las cuerdas que os sujetan a la quilla. Vais a necesitarlas para dominar vuestras arcadas.

El primer párrafo anuncia la presentación del recurso ante el Tribunal Constitucional y concreta la impugnación de “ocho preceptos” -no uno, ni dos… ¡ocho!- de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo aprobada por el Gobierno de Zapatero. El segundo párrafo especifica que “entre esos preceptos se halla el que prevé la posibilidad de abortar en las catorce primeras semanas por la mera decisión de la madre” porque “la vida del no nacido… queda absolutamente desprotegida”. El tercer párrafo añade que esto “resulta incompatible con el artículo 15 de la Constitución Española que reconoce que todos tienen derecho a la vida”.

Tras un cuarto, quinto y sexto párrafo dedicados a aspectos menos nucleares del conflicto -incluido el derecho de las menores a abortar sin conocimiento de sus padres- llegamos, contened todos el aliento, al tremendo párrafo séptimo en el que la prosa administrativa nos arroja frente al único absoluto de la condición humana: “Una importante novedad es que se solicita que se suspenda la aplicación de los preceptos impugnados hasta que no se resuelva el recurso de inconstitucionalidad cuya tramitación se pide que sea preferente”. ¿Por qué tan drástica demanda? “Porque la aplicación de las normas recurridas generaría perjuicios irreparables evidentes, al tratarse de vidas humanas cuya eliminación sería irremediable”.

Sí, lo han leído bien, aquí no hay eufemismos que valgan: según el PP, es decir según Mariano Rajoy Brey, de lo que se trata no es de la interrupción, obstaculización o resolución de un proceso biológico incompleto sino de la “eliminación” -zis zas, fuera, uno menos, descanse en paz, aquí yace, RIP, los tuyos no te olvidan- de “vidas humanas”. No se habla del nasciturus, ni del feto, ni del óvulo fecundado, ni de ninguna categoría presuntamente intermedia o pretendidamente ambigua. No, no… “vidas” tan “humanas” como la del niño de la isla de Bodrum. Así de claro. Y el plural no se refiere ni a dos, ni a tres, ni a cien, ni a mil… sino a diez decenas de miles al año. Casi medio millón por legislatura. Quinientos mil cadáveres extraídos del mar de nuestro sistema sanitario. O sea que Auschwitz se hizo carne y habitó entre nosotros.

Pido perdón si alguien se siente ofendido, en unas u otras convicciones, por mis expresiones literarias. No banalizo nada. No es mi opinión la que emito. Ni tampoco la que cuenta en este conflicto de suma negativa en el que se elige entre dos males. Sólo me atrevería a decir con Isaiah Berlin que del fuste torcido de la humanidad es difícil que salga nada derecho. Y a lo más que puedo llegar es a la inevitabilidad de legislar de forma ponderada. Pero ni yo ni ninguno de ustedes ganó las elecciones con mayoría absoluta el 20 de noviembre de 2011. La única opinión que a efectos prácticos cuenta es la de quien sí lo hizo. O sea la del susodicho Rajoy Brey. Y ya la conocemos: “eliminación” en masa de “vidas humanas”. Ergo…

Si tan perentorio era que el TC ejerciera de ángel bíblico interponiendo su mano cada vez que el escalpelo del cirujano fuera a acuchillar a uno de esos cientos de miles de desvalidos, sería inexorable que encontráramos en la referencia del primer Consejo de Ministros de diciembre de 2011 la remisión a las Cortes, por el procedimiento de urgencia, de un proyecto de ley que derogara al menos los ocho artículos recurridos. Pero, ¡ah, no!, aquel día no fue posible porque había que subir los impuestos.

Bueno, estará entonces entre los acuerdos del segundo, tercer, cuarto, quinto o sexto Consejo de Ministros de ese omnipotente Gobierno con ideas tan claras… Y resulta que tampoco, tal vez porque al democristiano Arenas le venía mal que se aplicara el programa de su partido cuando estaba en pleno intento de engatusar a los andaluces enarbolando el de sus adversarios.

El vértigo, el “horror vacui”, el estupor maremagno sobrevienen cuando, hoja de calendario tras hoja de calendario, resulta que a Rajoy le pasó con la “eliminación” de “vidas humanas” lo mismo que a Pujol con el dinero negro de su padre y en cuatro años nunca encontró el momento de regularizar la situación. Ni siquiera cuando su ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón le presentó un proyecto de ley que no era una futesa. Al final para todo lo que ha dado de sí la mayoría absoluta del PP es para que, reformilla de tapadillo mediante, las menores de edad sólo puedan contribuir a esa “eliminación” masiva de “vidas humanas” tras comunicarlo a sus progenitores. El sarcasmo no es mío sino del legislador.

El otro día me encontré con Zapatero y le comenté que, si yo fuera él, tan pronto como Rajoy disolviera las Cortes escribiría un artículo titulado “Gracias, Mariano, estás perdonado”. La primera parte incluiría la relación de los controvertidos preceptos legales aprobados durante sus dos mandatos que permanecen intactos o apenas maquillados tras la mayoría absoluta popular. Y la segunda, el catálogo de denuestos que esas iniciativas merecieron por parte de Rajoy y su equipo, empezando, claro, por lo de la “eliminación” masiva de “vidas humanas”. Zapatero me miró perplejo, como si el nefelibata fuera yo, y vino a decirme que la complejidad de la España real se abre camino cuando uno gobierna.

Pongamos que al cinismo universal se le llame ahora así; demos por hecho -de lo contrario sería cómplice consciente de una monstruosidad- que Rajoy ya no piensa que medio millón de abortos, fruto de una ley de plazos, equivalga a la “eliminación” de medio millón de “vidas humanas”; y asumamos que sólo un hombre excepcional, en el extremo opuesto del orden zoológico, sería capaz de rectificar o al menos matizar públicamente categorizaciones tan insoslayables. Pero convengamos también en que el mínimo minimorum de coherencia exigible para no merecer que te arrojen huevos podridos por la calle o te embadurnen con brea y recubran con plumas de gallina, hubiera requerido la discreta retirada del bendito recurso ante el Constitucional.

Porque, al no haber ocurrido ni eso ni lo contrario para que los refulgentes peces rosáceos de ojos saltones no se escabullan ni hacia Vox ni hacia Ciudadanos, llevamos casi cuatro años instalados en la repulsiva contradicción de que el PP de Rajoy pide a los magistrados que detengan urgentemente la matanza de inocentes, mientras el Gobierno de Rajoy se rasca la entrepierna pasmado de que una parte importantísima de sus votantes siga viendo en esos procedimientos quirúrgicos legales la misma matanza de inocentes que ellos veían y describían sólo cinco años atrás. Y no me siento capaz de dictaminar con cuál de los dos Rajoy está la razón ética o la verdad científica, pero de lo que no me cabe duda es de que su coexistencia es desalmadamente obscena.

¿A alguien le sorprende que los magistrados del Tribunal Constitucional sigan aplazando ad calendas graecas la deliberación sobre tan urgentísimo y sanguinoliento recurso, correspondido por sus promotores con cuatro años de antiséptica pasividad en el poder? ¿A alguien le sorprende que tanto los jueces cuyas opiniones coinciden con las de Rajoy en 2010 como los jueces cuyas opiniones coinciden con las de Rajoy en 2015 se sientan instrumentalizados en el altar del más zafio utilitarismo electoralista? ¿A alguien le sorprende que este precedente pese sobre sus togas cuando se dan cuenta de que con la reforma, también urgentísima, de la ley del propio TC, con Albiol ahora en el papel de Trillo, Rajoy pretende repetir la jugada con otra fruslería de nada como la unidad de España?

Si el principio de separación de poderes figura entre las primeras Obsesiones de EL ESPAÑOL no es sólo para proteger su independencia sino principalmente para estimular su responsabilidad. Los jueces juzgan, los parlamentos legislan, los gobiernos gobiernan. Es cierto que a los tribunales les corresponde también ejecutar sus sentencias y que la especial jurisdicción del Constitucional le sitúa en un cierto limbo sin resortes directos de autoridad. Pero el desafío separatista es ante todo político y es al ejecutivo al que le corresponde hacerle frente con su rica panoplia de armas jurídicas y su monopolio legal del uso de la fuerza.

Tras cuatro años cruzado de brazos, esta respuesta de Rajoy al filo de la campana, consistente en que los magistrados puedan multar o suspender a quien les desobedezca, resultaría ridícula si no escondiera mucho más. Alguien empeñado, como dice Guerra, en dar “un golpe de Estado a cámara lenta”, no va a pensárselo dos veces ni por el riesgo de tener que pagar “entre tres mil y treinta mil euros” ni por el de tener que ceder el cargo al siguiente -o más bien al precedente- de la lista.

La destitución de alguien como Mas sólo tendría sentido y eficacia si, en aplicación del artículo 155 de la Constitución, el Gobierno recurriera al Senado para suspender la autonomía catalana y sustituir sus instituciones por otras de carácter interino, tal y como ocurrió en octubre del 34. Algo que ya tenía que haberse hecho cuando el año pasado se llevó a cabo la consulta prohibida por el TC o a la vista de que, como acaba de recordar Rafael Hernández -este dechado de sindéresis que tanto nos hace añorar a su colombroño intelectual Floriández-, la Generalitat sigue costeando el fantasmagórico Consejo para la Transición Nacional, declarado anticonstitucional.

Como en el caso del aborto, el estafermo con mayoría absoluta ha optado, sin embargo, por transferir la responsabilidad de gestionar una situación límite a los magistrados del alto tribunal. Eso le permite justificar su parálisis en la expectativa de una acometida institucional ajena. Y mantener abiertas todas las opciones como el monigote giraldilla que despliega a la vez la maza y el escudo.

Qué más podía querer el aprendiz de golpista que una iniciativa de dudosa constitucionalidad, atufadoramente oportunista y palmariamente divisiva de los partidos no separatistas, para alimentar su desbarre. Ahí le tienen, hablando nada menos que de la Inquisición para camuflar la mangancia organizada del 3%. La torpe cobardía gubernamental le ha permitido así acercar de nuevo el ascua de la falta de calidad democrática de las leyes vigentes a la sardina de su delirio secesionista.

Como entre ballenas y clupeidas cabe algún término medio, la situación recuerda una estampa pintoresca del Bilbao de 1915 -tendremos que volver sobre ese año para hablar de Dato y de Cambó-, recogida en las páginas de El Pueblo Vasco. Sucedió al caer la tarde cuando el guardia urbano Pablo Sáez abordó junto al Cafe del Norte al vendedor de besugos Lorenzo Hernández, conminándole a cesar en su actividad, de acuerdo con “el artículo 31, párrafo tercero, apartado 16 de las ordenanzas municipales que prohíbe terminantemente la expedición de besugos con luz artificial”. El vendedor rehusó obedecer al guardia, dando grandes voces y “manifestando a la autoridad que los besugos se imponían a toda disposición emanada del municipio”. El lance derivó en tumulto y el tumulto en gresca, en medio de “un corro de curiosos y desocupados que no bajaría seguramente de 300 a 400?.

No es tanto el conflicto entre el derecho a decidir de los besugos y un rígido marco legal, reforzado por un precepto arbitrario, lo que llama mi atención, sino la descripción y coda final del gacetillero: “Y mientras se desarrollaban tales acontecimientos los besugos, rígidos, yacentes sobre la banasta, parecían mirar con sus ojos opacos a los actores de este suceso, en el cual se veían envueltos por no haber sido capaces de escapar a las arteras redes de los hombres… Los besugos son siempre unos filósofos”.

Philosophia perennis, que diría Leibnitz. Anteayer Soraya salió en sus teles reprochando al PSOE que utilizara “frases fáciles para problemas difíciles” -¡se refería a la crisis de la inmigración!- y pronto comenzará la pesca milagrosa. Una vez que las “arteras redes” hayan hecho su cosecha el 27-S en Cataluña, asistiremos a su despliegue en toda España y la manada de refulgentes peces rosáceos de ojos saltones será conducida de nuevo hacia el vientre de la bestia. Nada sería tan coherente como que se confirmara la fecha del 20 de diciembre, apuntada por Rajoy para las elecciones generales, pues pocos platos han adquirido la tradición navideña del besugo al horno. Y habrá que tener los “ojos” muy “opacos” o sentirse muy “filósofo” para respaldar a quien pretende hacerte cómplice no ya de un asesinato en masa o de un alarde de truculencia demagógica, sino de ambas cosas a la vez.

La izquierda, la independencia y Vázquez Montalbán
El proceso independentista ha atrapado a parte de la izquierda en un callejón sin salida. Posiblemente, por su incapacidad para armar un discurso sólido. Ha sido más fácil sumarse a la marea nacionalista
Carlos Sánchez El Confidencial 6 Septiembre  2015

La construcción del nacionalismo moderno, desde luego en España y en sus formas actuales, descansa esencialmente en Cataluña. Y, en menor medida, en el País Vasco. El rasgo diferencial entre ambos nacionalismos, sin embargo, es significativo.

Mientras que en Cataluña una minoría más o menos homogénea ha sido capaz de encandilar -en alguna medida mediante técnicas de ingeniería social- a dos millones de catalanes (algo más de las dos terceras partes del censo electoral), en el País Vasco el nacionalismo tiene elementos más complejos derivados de su propia estructura socioeconómica y posición geográfica. No parece razonable pensar que el nacionalismo vasco actual (el gallego es residual) sea únicamente heredero de una minoría amamantada con el proteccionismo industrial, sino que tiene un carácter ciertamente arcaico más allá de que en determinados periodos históricos ambas burguesías se hayan beneficiado de un Estado clientelar.

En Cataluña, por el contrario, las élites son quienes han construido, desde la Transición hasta aquí, un relato maniqueo (España nos roba) que ha prendido en buena parte de la sociedad catalana hasta convertirse en hegemónico por incomparecencia del adversario político. Incluida, parte de la izquierda, secuestrada por la siempre atractiva idea en términos políticos de la construcción de una patria común. Ningún ciudadano puede negarse a colaborar en tan bello espejismo salvo que quiera correr el riesgo de ser considerado un 'antipatriota'.

Lo singular es que lo que comenzó siendo un movimiento autonomista para hacer frente al Estado centralista (Libertad, Amnistía y Estatut de autonomía se coreaba en las calles en los años 70) ha acabado por convertirse en un proceso secesionista de indudable transcendencia. Sin duda, por la extraña alianza entre fuerzas que dicen representar a los asalariados y los dueños de las empresas, incluido, en este sentido, el sector público, catalizador del movimiento independentista a través de sus resortes económicos. Hoy, como sucede en muchas comunidades autónomas, el principal empleador de Cataluña es la Generalitat. Y muchos de los acólitos trabajan para entidades públicas, como las universidades o los centros de investigación

El mito bolivariano
No se trata, desde luego, de un fenómeno singular. El catedrático Carlos Malamud, fino observador de la realidad latinoamericana, recordaba hace unos días, a propósito del conflicto fronterizo entre Colombia y Venezuela, cómo habían saltado por los aires algunos de los mitos bolivarianos. Ya se sabe el viejo ideal del libertador de crear una sola realidad en el subcontinente americano.

Sostenía Malamud que las deportaciones y las demoliciones de casas de miles de colombianos (la inmensa mayoría pobres o muy pobres) se había llevado por delante algunas de las leyendas presentes en el discurso latinoamericano. Entre otros: el mito de la solidaridad bolivariana, estrechamente vinculado a la “patria grande” y a la integración regional. Pero también el mito de que en América Latina se recibe a los inmigrantes con los brazos abiertos, a diferencia de lo que ocurre en otras partes, como la pérfida Europa; y el mito de la pujanza de Unasur y su capacidad para resolver los problemas regionales sin ayudas externas.

El internacionalismo de una parte de la izquierda, por decirlo de una manera directa, ha sucumbido ante el avance nacionalista, ya sea en la Venezuela de Chávez y Maduro o en la Cataluña de Junqueras, Maragall o Joan Herrera, el socio catalán de Podemos, a quien Gregorio López Raimundo, el líder histórico del PSUC, hubiera llevado a un parvulario para estudiar algo de cordura y coherencia ideológica. Incluso, la Grecia de Tsipras tiene un fuerte comportamiento nacional disfrazado de reivindicación del soberanismo, lo que explica, entre otras cosas, que Syriza se aliara para formar Gobierno con un partido ultranacionalista.

Bertolt Brecht identificó con lucidez la capacidad de influencia del nacionalismo, y en Historias de Almanaque imaginaba una fábula sugerente que merece ser recordada. Dice el autor alemán:
-”El protagonista de la obra, el señor K., no consideraba necesario vivir en un país determinado. Y pensaba para sus adentros: 'En cualquier parte puedo morirme de hambre'".

Pero un día en que pasaba por una ciudad ocupada por el enemigo del país en que vivía, se topó con un oficial del enemigo que le obligó a bajar de la acera por la que caminaba. Tras hacer lo que se le ordenaba, el señor K. se dio cuenta de que estaba furioso con aquel hombre, y no sólo con él, sino que lo estaba mucho más con el país al que pertenecía, hasta el punto de que deseaba que un terremoto lo borrase de la faz de la tierra.

-”¿Por qué razón -se preguntó el señor K.- me convertí por un instante en un nacionalista? Porque me topé con un nacionalista. Por eso es preciso extirpar la estupidez, pues vuelve estúpidos a quienes se cruzan con ella”.

La cuestión nacional
Esta capacidad del nacionalismo para extenderse como una mancha de aceite -confundiendo de forma consciente problemas de carácter administrativo o de gestión de los recursos públicos con la 'cuestión nacional'- es, si cabe, más perniciosa en determinados momentos históricos. Y en este sentido, es paradójico, como decía hace unos días en privado un ministro del actual Gobierno, que la gran manifestación de la Diada de 2012 se hiciera, precisamente, en medio de una gran recesión. Justo en el momento en que la economía destruía nada menos que 800.000 empleos en sólo un año, una parte de la sociedad catalana, en particular los sindicalistas involucrados en el proceso, miraba a la luna de Valencia (y no precisamente como reivindicación territorial).

La astucia de Mas fue, sin duda, convertir un problema (su propia gestión como gobernante) en una falsa solución relacionada con la independencia. Contando para ello, incluso, con el respaldo de los sindicatos UGT y CCOO, que al mismo tiempo que criticaban a la Generalitat por los recortes, se entregaban al Gobierno nacionalista catalán llevando el 'derecho a decidir' a las fábricas.

Ni rastro de un catalanismo progresista e ilustrado (qué hubiera pensado Vázquez Montalbán de todo esto) necesariamente enfrentado a la independencia por razones estrictamente ideológicas y de hegemonía cultural. Precisamente, el hecho diferencial de Cataluña respecto del resto de España hasta que el nacionalismo conservador pujolista (transformado en un lobby en Madrid para ahorrar impuestos a las grandes empresas) se quedó con las llaves del proceso político hasta convertirlo en un despropósito.

Ni rastro, tampoco, de debates de mayor calado, como la articulación de nuevas políticas económicas compatibles con el euro o con el reto de las deslocalizaciones industriales. Ni, por supuesto, la posibilidad de armar un proyecto político sólido capaz de enfrentarse a todos los nacionalismos primitivos, no sólo el catalán. Con razón, Vázquez Montalbán sostenía durante una charla con Lluís Llach: “Creo que el nacionalismo tiene un cierto riesgo de derivar hacia una forma de fascismo, según cómo se interprete o se analice”. "Está clarísimo", remachaba el cantante, hoy icono del independentismo.

A Felipe González se le ha criticado con dureza en los últimos día por su alusión a la época nazi a la hora de explicar lo que sucede en Cataluña, pero más allá del momento histórico -es obvio que el momento actual es muy distinto al periodo de entreguerras- lo relevante es que entonces, como ahora, se produjo una inmoral alianza entre los grandes industriales que llevaron a Hitler al poder tras el desastre de la República de Weimar y buena parte de la clase trabajadora, atraída por el irresistible imán del discurso nacionalista. La construcción del ideal patriota como utopía.

La irradiación nacionalista ha sido tan fuerte -hasta el PSOE de Felipe González reclamaba el derecho de autodeterminación de las regiones españolas en el Congreso de Suresnes- que incluso dirigentes como Pablo Iglesias, que bien hubiera podido ocupar el espacio político que le han dejado tanto el PSC como ICV por sus veleidades independentistas, acepta la extravagante idea del derecho a decidir, uno de los instrumentos clásicos de las élites para vertebrar la sociedad según sus intereses.

Hace no mucho tiempo, los vecinos de La Moraleja, uno de barrios más caros de Madrid, querían separarse de Alcobendas (el municipio del que todavía dependen) para pagar menos impuestos, lo cual explica mejor que ninguna otra metáfora por qué el nacionalismo y sus élites buscan crear fronteras. Y por qué Bertolt Brecht aborrecía a los nacionalistas.

Desembarco de hombres de Estado ante el 27-S
LUCÍA MÉNDEZ El Mundo 6 Septiembre  2015

En su última obra publicada, El liderazgo en tiempos de crisis, Felipe González asegura que un verdadero líder -como él- «tiene que ser capaz de cambiar el estado de ánimo de la gente». El ex presidente fue capaz de cambiar el estado de ánimo de los españoles durante muchos años. Y está convencido de que aún conserva su capacidad de seducción política. Como los galanes otoñales que aún intentan conquistar a cualquier muchacha, Felipe se ha dispuesto a seducir «a los catalanes». Nada menos. «Los catalanes» le quisieron y le votaron casi igual que los andaluces cuando era el líder del PSOE. Y quiere reconquistarles para que no se vayan con la independencia.

Empezó enviándoles una misiva de amor desesperada en El País. La carta fue muy bien acogida en las elites del Estado residentes en Madrid -donde su liderazgo es indiscutible-, en su partido y en el Gobierno de la Nación. Pero los «catalanes» no mostraron gran entusiasmo y cientos de ellos le respondieron en las redes sociales que se metiera en sus asuntos. Hasta le insultaron por una referencia suya demasiado pasional al nazismo y el fascismo. El único que le envió una respuesta epistolar por el mismo conducto fue otro galán otoñal: Duran Lleida. Dado que «los catalanes» no entendieron bien su primera carta, Felipe González les mandó una segunda días después en La Vanguardia. Vale, estoy dispuesto a reconoceros vuestra singularidad de Nación para que no os vayáis por el mal camino. Y disculpas si cometí algún exceso.

«Felipe está sinceramente alarmado por la situación en Cataluña, no se resiste a callar y quiere influir en los acontecimientos. Cree que aún tiene fuerza y poder de convicción sobre su partido y sobre la sociedad. Siente que faltan estadistas y que los líderes actuales sólo piensan en buscar votos en el corto plazo», asegura alguien que le conoce bien. El ex presidente -tú sí que eres un hombre de Estado escucha a su alrededor mañana, tarde y noche-, no se resigna a que el Estado que contribuyó a construir se esté deshilachando. Por ello ha ido al fondo del asunto, proponiendo el reconocimiento en la Constitución de la singularidad de Cataluña para frenar las ansias de independencia. El fin del café para todos. La única forma de que los catalanes se queden en España. Una propuesta que tiene poco que ver con el Estado federal que quiere su partido y nada con la doctrina del PP. Si la primera epístola del ex presidente a los catalanes fue acogida con gran regocijo en el Palacio de La Moncloa, la segunda ha producido urticaria. «Ha vuelto al redil», dijo Aznar antes de saber que quiere reformar la Constitución para reconocer a Cataluña como nación y estas palabras fueron auténtico azufre para el ex líder socialista.

Felipe González no es el único estadista que ha irrumpido en la precampaña del 27-S con el ánimo de influir en el estado de ánimo de los catalanes. Mariano Rajoy quiere hacerlo a lo grande, importando líderes auténticos de fuera de España. Angela Merkel y David Cameron han sido los primeros. Tras cambiar impresiones con el presidente del Gobierno español, la canciller alemana y el primer ministro británico han considerado conveniente advertir a los catalanes de que si votan a Junts pel Sí, serán expulsados del paraíso de la UE. Una obviedad que no hará desistir a ningún independentista. Algunos ya lo saben y no les importa, y otros no se lo creen y en paz. Al activar la participación de líderes internacionales, Rajoy asume el relato de Artur Mas. No son unas elecciones autonómicas -como cansina e inútilmente se sostiene en los actos del PP-, sino un plebiscito sobre la independencia de Cataluña.

Coincidiendo con este desembarco de hombres de Estado ante el 27-S, Artur Mas ha sacado a pasear a José María Aznar para utilizarlo como espantajo movilizador. Ya estamos todos. Seguramente el interesado lo ha acogido con gozo y deleite. Aún en las épocas en las que está callado, puede pensar, sus palabras siguen golpeando donde más les duele -«antes se romperá Cataluña que España»- a los secesionistas.

¿Servirá esta inflación de estadistas en la precampaña catalana para influir en el estado de ánimo de los electores? Hay serias dudas. Felipe González y José María Aznar tienen éxito entre las elites madrileñas, pero son nombres que no dicen gran cosa a los catalanes más jóvenes. Y sólo recuerdos de un tiempo pasado para los mayores. Además, sus dos partidos -PSOE y PP- son minoritarios en el Parlament. Ellos solos no pueden parar el proceso independentista en las urnas el 27-S ni sacar de su casa a los catalanes que nunca votan en unas autonómicas. Que, por cierto, es la única forma de detener el «proceso».

Para esta operación de Estado tendrían que haber contado con dos políticos nuevos, Albert Rivera y Pablo Iglesias, cuyas fuerzas políticas -no independentistas- están en auge en Cataluña. Claro que los estadistas creen que ellos solos se bastan.

¿Qué ha pasado en Navarra? Una interpretación metapolítica

Fernando José Vaquero Oroquieta www.latribunadelpaisvasco.com 6 Septiembre  2015

No pocos lo temían. Algunos ya lo sabían. Muchos se resignaban ante lo que se presentaba como inevitable. Y otros tantos ¡por fin! esperaban ansiosos, hasta el revanchismo y la fanfarronería, la ocasión durante décadas perseguida.

Aunque, periódicamente, sonaban las sirenas de alarma, se confiaba en que “ello” no se materializaría: un golpe de suerte, un error demoscópico, una inverosímil recuperación del PSN-PSOE, una inesperada buena cosecha de voto del miedo…

Pero, el 24 de mayo pasado, las listas abertzales sumaron más votos que en ocasiones anteriores, el Parlamento Foral de Navarra se fragmentó todavía más, la irrupción de Podemos dio la puntilla definitiva a la “teoría del quesito” (única estrategia desarrollada por los partidarios de la aproximación UPN-PSOE en torno a intereses políticos comunes de gobierno frente a la progresiva marea independentista)… y el torpedeo mediático a Ciudadanos quemó la última posibilidad –a la desesperada- de un empate que aplazara lo inevitable.

Ya están aquí: una Presidente del Gobierno de Geroa Bai y un alcalde de HB Bildu en Pamplona. Por no hablar de análogos resultados en la mayoría de ayuntamientos navarros que confirman la debacle regionalista y del PSN-PSOE.

Se ha argumentado que, en realidad, los secesionistas sólo habrían ganado unos escasos miles de votos; de modo que el desastre no habría sido tal. Como primer análisis tranquilizador pudiera servir…, pero la realidad es que el nacionalismo vasco se ha instalado en la centralidad del poder político de Navarra; y lo ha hecho con ganas, sin complejos y sin fisuras. Es más, esa profecía que aseguraba, en diversos medios sociales, que los triunfadores difícilmente encontrarían colaboradores cualificados, dispuestos a secundar sus políticas, en los más altos niveles de las administraciones, por lo que se viene publicando, tampoco ha funcionado.

La pregunta que muchos se siguen planteando -tanto fuera como dentro de Navarra- es: ¿cómo ha sido posible este vuelco histórico, aparentemente desastroso, que llega a cuestionar, incluso, la viabilidad de la propia España a medio o largo plazo? De entrada, insistimos, no ha habido tal vuelco: se veía venir. La irrupción de Podemos, el avance electoral de las listas secesionistas, el desgaste de UPN -acaso menor del que mereciera por sus inmensos errores-, el aplanamiento de PSN-PSOE hasta devenir innecesario, el fracaso sin paliativos de PPN y Ciudadanos, el mantenimiento de I-E…, todo ello explica cuantitativamente la remodelación de fuerzas y el recambio en el Gobierno.

Pero, lo que viene produciéndose desde hace décadas, y que sustenta tales resultados políticos, no es otra cosa que una larga y no siempre sorda lucha por la hegemonía cultural y política.

Es una perspectiva ideológica -que apenas ha interesado al centro-derecha- que el comunista italiano Antonio Gramsci reelaboró, en la década de los años 30 del siglo pasado, al servicio de transformaciones culturales y sociales en democracia, plasmadas en profundos cambios de la mentalidad común que precederían –desde esa elaboración doctrinal- todo avance hacia la utopía radical-progresista-comunista.

El gramscismo –muy vivo como estrategia de las izquierdas desde los años 60 y 70 del pasado siglo- pretende modificar la mentalidad común, lo entendido como razonable por la mayoría de la población, en aras de sucesivos contravalores radical-progresistas. Producido el cambio cultural, inevitablemente la hegemonía política cambiará de signo.

A nivel planetario, la confrontación es evidente: la ideología radical-progresista, devenida en lo “políticamente correcto”, frente a las diversas manifestaciones locales y universales de “la reacción”. En Navarra y Vascongadas, la lucha por la hegemonía se estableció también en torno a otro eje: nacionalismos secesionistas “progresistas”, frente españolismos “trasnochados”; olvidémonos de ensoñaciones y sucedáneos “napartarras” y análogos. La confluencia de ambos ejes generó no pocas paradojas: recordemos el papel histórico y la rapidísima evolución ideológica del PNV en su carrera por el liderazgo del conjunto del secesionismo, su ambigüedad –cuando no evidente perversión- ante el terrorismo perpetrado por sus “hijos díscolos”, sus sucesivos pactos políticos con diversos gobiernos españoles. A este doble eje, se ha sumado últimamente, el de “los de abajo” frente a “los de arriba”, catalizado por el marxista-leninista-transformista de Podemos. Tales ejes en confrontación, junto a los evidentes avances electorales de secesionistas e izquierdas radicales, han permitido la conformación de este “nuevo” panorama político navarro; que ofrece ambigüedades inquietantes. Por ejemplo: Podemos, que apoya el “derecho a decidir”, ¿será otra fuerza secesionista más llegado el caso? ¿Y qué pasa con ciertos sectores de I-E?

A lo largo de las últimas décadas, UPN –el centro derecha- y el PSN-PSOE –la socialdemocracia local-, han coronado la hegemonía política; pero renunciando a la batalla por las ideas que -salvo cierta presencia socialista en la UPNA, grupitos de la Iglesia y algunas otras esferas “independientes” de la sociedad civil “clásica”- se desplegaba desde numerosas plataformas político-culturales radical-progresistas y, particularmente, desde las diversas familias secesionistas.

La voz de alarma ante semejante realidad se escuchó en no pocas ocasiones –hace ya bastantes años, incluso- y fue lanzada por personas y entidades que supieron mirar el futuro sin prejuicios; pero cayó en el vacío. Es más, las escasas iniciativas que pretendían contrarrestar esa “marea” en ciernes –recordemos la flamante Sociedad de Estudios Navarros- fracasaron estrepitosamente.

Cualquier navarro o foráneo, buen conocedor de la realidad de la calle, era bien consciente de la movilización social y cultural permanente -hasta el agobio- de esas izquierdas gramscianas, de su presencia abrumadora en los espacios públicos, y de su penetración en sectores cada vez más amplios de la población navarra; además de su permanente y tozuda labor político-institucional. Y no olvidemos la brutalidad terrorista que coadyuvó –y no poco- tales avances.

Una de las primeras medidas de los secesionistas en el poder ha sido la legalización de Euskalerria Irratia, tras muchos años de polémicas legales y administrativas, que, pese a ello, venía emitiendo desde 1988. Los medios de comunicación, especialmente el nuevo Boletín Oficial de Navarra (perdón, me refería al Noticias de Navarra), lo han celebrado con alegría desbordada y sorna. Pero no nos quedemos en tan previsible reacción: lo relevante es que esta empresa cultural, al servicio de un idioma entendido como herramienta de cambio cultural y “construcción nacional”, ha sido punta de lanza incansable de una de tantas “comunidades” de intereses políticos, afectos personales y trabajos culturales que ha agrupado a 11 profesionales, 200 colaboradores y 1.000 suscriptores que apoyan la emisora económicamente mediante Euskalerria Irratia Elkartea. La citada EIE es una de tantas comunidades de trabajo y vida de finalidad metapolítica al servicio de la construcción nacional vasca a caballo de las ideas radical-progresistas en boga: ecologismo, altermundialismo, ideología de género, identidad frente determinadas formas de globalización…

Por el contrario, ¿cuántas iniciativas se han impulsado desde ambientes conservadores e incluso socialdemócratas en Navarra? Por vocación, y acaso por rutina, en tales ambientes lo habitual es volcarse en la vida familiar, la APA, la profesión, el desarrollo espiritual y personal, el confort material, y algunos… en la política institucional. Y no necesariamente los mejores.

La principal fuerza no secesionista, UPN, para regocijo diario de los comentaristas del nuevo B.O.N., no supera su desconcierto y desmoralización. Todos hablan de renovación, de caras nuevas (aunque de momento no se nos hayan mostrado ninguna), de ideas distintas, de retomar la relación con la sociedad civil, de trabajar en las instituciones. El PPN, como si nada, permanece en la insignificancia y la autocomplacencia. Al Ciudadanos, “refundado”, no le dejarán, entre todos, dejarse oír. Y VOX, pero, ¿acaso existe? No obstante, a todos ellos les une una actitud semejante: su absoluto desinterés por la batalla de las ideas, por esa lucha por la hegemonía cultural primero, y, después, política. Y no se hagan falsas expectativas: no por copar las instituciones políticas aflojarán los secesionistas en su lucha cultural y callejera.

Con todo, se ha elaborado, estos últimos días, algún atípico –por infrecuente- análisis de la realidad presente y futura de la Comunidad Foral. Es el caso de Javier Lesaca Esquíroz con su texto “Navarra, mucho más que una batalla identitaria”. Pero es inevitable preguntar: tratándose de un ex-alto cargo de Educación del último Gobierno de UPN, ¿no pudieron hacer más? Su análisis es impecable. Incluso apunta algunas vías de acción y respuesta a la emergencia navarra que precisa no sólo trabajo institucional eficaz, por parte de los maltrechos partidos constitucionalistas, sino de labores sectoriales, núcleos de defensa de la Historia, la legalidad, el pluralismo y la libertad en sus diversas expresiones.

Ahora mismo bullen las redes sociales, denunciando dudosas prácticas de los recién llegados, e incluso se ha editado ya el número 2 de La Resistencia, una pequeña revista elaborada por un grupo de jóvenes sin filiación política que, en sus escritos, ya anticiparon, en su día, mucho de lo que ya está sucediendo: en definitiva, en esos sectores apoltronados, supuestamente a resguardo del poder y habitualmente pasivos, algo se mueve.

En el plano estrictamente político, en los próximos meses, la batalla de UPN será interna: candidatos a la presidencia y órganos directivos, delimitación de facciones, asamblea, campaña electoral nacional con o sin el PP, acaso congreso extraordinario, una o dos elecciones de la presidencia del partido… Un tiempo perdido –me temo- para afrontar esas cuestiones decisivas que ha puesto sobre el tapete el anterior analista. Entonces, y tras lo que resulte de este confuso proceso partidario, el lúcido análisis de Javier Lesaca, ¿será escuchado y entendido por los nuevos líderes, cuadros y militancia de UPN? ¿Diseñarán nuevas tácticas? ¿Aportarán medios y estructuras para tan imperiosas necesidades? ¿Apoyarán e impulsarán a la sociedad civil?

No se trata de una misión imposible: si miramos al vecino francés, sorprende la enorme floración de iniciativas socio-culturales, escuelas de pensamiento y múltiples entidades comunitarias nacidas desde las diversas derechas, que se reclaman como tales, y sin complejos. Todo ello, además, con sus buenos réditos electorales. Y no es caso único.

Y el PSN-PSOE, por su parte: ¿sacará fuerzas para superar su estado catatónico en permanente declive y ausencia de vigor?

No olvidemos un último equívoco. Cuando hablamos de sociedad civil, no todos lo hacemos en el mismo sentido. Para los secesionistas y radical-progresistas de obediencia gramsciana, sociedad civil es la mencionada EIE y similares; pues sirven al cambio cultural que persiguen. Otras entidades, por ejemplo una asociación católica de padres, únicamente sería –para estos budas gramscianos- el residuo de un tiempo pasado a abolir por completo.

Que no nos engañen, también, con palabras envenenadas.
 


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