AGLI Recortes de Prensa   Sábado 12  Septiembre 2015

Psicopatología del nacionalismo
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 12 Septiembre  2015

Artur Mas continúa, no ceja en su proceso hacia la independencia acompañado de esa oligarquía de políticos, empresarios e "intelectuales" que vislumbran un horizonte con más poder, favores, mercados cautivos, prebendas e impunidad. Myores ventajas a costa de los crédulos. Más difícil resulta comprender los motivos que llevan a muchos ciudadanos corrientes a sucumbir ante esos cantos de sirena, a comulgar con ruedas de molino, a emprender la marcha, obnubilados por la melodía del nuevo flautista de Hamelín, a caminar por una senda peligrosa para la convivencia, la libertad y el pluralismo político. ¿Cómo puede explicarse este fenómeno?

En The Psychology of Nationalism, Joshua Searle-White señala que la potenciación de la identidad y la autoconfianza, en un mundo de dudas e inseguridades interiores, es el mecanismo psicológico que alimenta el nacionalismo. Identificarse con una nación, inventada o imaginada, permite al individuo ganar autoestima, atribuirse las cualidades, nunca defectos, que el discurso nacionalista asigna a esa idealizada colectividad. Para ello es necesario crear un enemigo contra el que definirse, alguien a quien traspasar todos los males, vicios, defectos y, por supuesto, la culpa.

No intenten discutir, aportar datos objetivos. Como conjunto de ideas fanáticas, cerradas en sí mismas, el nacionalismo se muestra refractario a argumentos razonados. Sus conceptos no van dirigidos al intelecto, a la parte racional de los individuos, sino a las vísceras, a los impulsos más básicos, a esa parte primitiva, impulsiva e irracional que todos llevamos dentro. Pertenece al grupo de doctrinas que recurren a retorcidas técnicas de propaganda, tergiversan la educación, la historia, manipulan las emociones de la masa fomentando odio, desprecio, transferencia de culpa hacia otros.

Una creencia mesiánica
Como nueva religión laica, como creencia mesiánica, el nacionalismo hace creer a la gente que goza de cualidades excelsas, superiores, tan sólo por pertenecer al grupo. El paraíso se encuentra a la vuelta de la esquina, solo a falta de liberarse del yugo de los opresores. Profesar la nueva fe constituye un atajo, una vía muy cómoda, exenta de esfuerzo, para sentirse justo, cabal, repleto de razón. Para considerarse víctima, adquiriendo enorme superioridad moral y derecho a un trato de favor. No es necesario esforzarse, emprender el largo y costoso camino de la auténtica superación personal. Basta con convertirse, identificarse, ser, comulgar con la tribu, con sus jefes, para recibir instantáneamente los dones del Espíritu Santo.

Lauren Langman, en The Social Psychology of Nationalism sostiene que "el nacionalismo presenta una visión torticera de las relaciones entre grupos, distorsiona las intenciones de los otros y promueve una elevada visión del ‘nosotros’ frente a un deshumanizado, psicopatológicamente peligroso ‘ellos’, con el fin último de lograr una adhesión total a sus líderes. Los dirigentes nacionalistas, a través del control de los medios, tratan de manipular al público presentando a los ‘otros’ como un peligro inminente para ‘el pueblo’, su bienestar, honor y dignidad. Cuando el nacionalismo cae en el ‘pensamiento de grupo’, se vuelve impermeable a la razón."

Muchos pensarán que, con tan burdos argumentos, el nacionalismo sólo podría manipular a patanes, necios e ignorantes. Pero no es así. También atrapa a muchas personas inteligentes y cultas porque no se trata de una mentira cualquiera sino de una fábula que contiene todo el delicado material con que se tejen las fantasías, los sueños, el miedo, la angustia, las dudas sobre la propia identidad. Ese cuento de hadas que todo niño desea escuchar. Un enfoque maniqueo, de buenos y malos, que arrincona la responsabilidad individual, diluyéndola en la dinámica de grupos.

Los auténticos héroes
El nacionalismo no se limita a alentar una identidad colectiva, a crear en el individuo una afinidad hacia sus cercanos, una identificación con la comunidad en la que vive. Si todo quedase ahí, sería hasta loable. El peligro surge cuando la identidad que promueve es excluyente, cuando no sirve para cohesionar la sociedad sino para dividirla en mitades irreconciliables. Es nocivo, extremadamente dañino, cuando difunde una distorsionada imagen del "otro", inventa viejos agravios, fomenta la enemistad, el enfrentamiento. Cuando inocula en las gentes maldad, odio, menosprecio del vecino, conduciendo a la discriminación, a la xenofobia, a una quiebra de la convivencia. Una conducta que sería perseguida como grave delito en cualquier país menos acomplejado y pusilánime que el nuestro.

Pero el Régimen de la Transición creó el caldo de cultivo perfecto para la difusión de estas creencias. El pacto entre oligarquías corruptas otorgó a los nacionalistas manga ancha para actuar a voluntad en sus territorios... siempre que guardaran las formas, la apariencia de legalidad. Mientras, la ideología nacionalista quedaría blindada contra la crítica por un terrible tabú, el único, de los muchos establecidos, que todavía permanece en pie. Y se beneficiaría de la extendida impunidad de los poderosos, la de quienes pertenecen a un importante grupo de presión. Con su llamada a la independencia, Artur Mas no ha vulnerado exactamente el fondo, pues en la práctica puede hacer lo que le viene en gana, con independencia de lo que señalen las leyes. Pero sí las formas, la apariencia, ese decorado de cartón piedra en que se basó el Régimen. Nuestros miopes y acomplejados gobernantes se apestarán a negociar para que las aguas regresen al acostumbrado cauce, para que la independencia se produzca de tapadillo, por la vía de los hechos, de facto pero no de iure.

Mas y sus adláteres no pretenden sólo el poder: también la gloria. Pasar a la historia como héroes, titanes de un nuevo mito fundacional. Pero su comportamiento muestra poco heroísmo o valentía; más bien egoísmo, abuso, mezquindad y, sobre todo, falta de escrúpulos. Los verdaderos héroes, aquellos que merecen admiración, respeto y reconocimiento de todos los españoles son esos catalanes no nacionalistas que, abandonados a su suerte por los sucesivos gobiernos de España, han osado levantar la voz, resistido la manipulación, la interesada presión de oligarcas y caciques, preservando las ideas que inspiraron la Ilustración, hoy denostadas y pisoteadas. Han levantado la antorcha de la razón allí donde su ausencia produce auténticos monstruos.

Cataluña, estación de término
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 12 Septiembre  2015

Han pasado algo más de 35 años desde la aprobación del primer estatuto de autonomía de Cataluña, el segundo si contamos el de la República, aunque ese queda un poco lejos y no pesa demasiado en la Cataluña actual. En aquel entonces se pensaba que con esto y algo de buena voluntad bastaría para apaciguar al entonces incipiente nacionalismo catalán que tanta guerra había dado en los años del tardofranquismo. Los políticos catalanes de aquella época, la mayor parte de ellos un hatajo de trincones, vieron en el cuento del nacionalismo un medio muy lucrativo de vida. Si sabían dosificar las reclamaciones habría pastel para todos durante mucho tiempo. Y así fue. La Cataluña de Pujol, el célebre oasis, fue lo más parecido a Jauja que un político pueda imaginar. Nadie cuestionaba nada ya que todo se hacía en nombre de la construcción nacional, empresa colectiva que, como es sabido, justifica cualquier tipo de sacrificio individual por muy disparatado que sea.

Pujol, con todas las pegas que le queramos poner, que son muchas, supo que eso de “fer país” había que tomárselo con calma sin más aspavientos que los estrictamente necesarios y siempre dirigidos al público de casa. La Cataluña de 1978 no era independentista y el hoy vilipendiado abuelo del catalanismo lo sabía a la perfección. Se trataba de ir poco a poco, con paciencia de cartujo, convirtiendo lo que había sido una región española más, con las peculiaridades que todas y cada una de las regiones tienen, en una nación aparte, dizque oprimida que despierta tras una sumisión de siglos al invasor castellano. Es delirante, lo sé, pero precisamente las ideas delirantes son las que más fuerza toman cuando se ha ganado el número suficiente de adeptos para tirar de ellas. Tomó al asalto la educación, toda, desde el parvulario hasta las escuelas de posgrado, y los medios de comunicación. Una estrategia ganadora desde el principio. Con la educación se modela la conciencia a largo plazo, con la televisión, la radio y los periódicos a corto. Es la clásica bicicleta gramsciana que sigue y seguirá funcionando por los siglos de los siglos.

En estas tres décadas largas la Cataluña oficial ha ido separándose y, a la vez, dando forma a la Cataluña real. No hay cuerpo social que aguante incólume treinta años de matraca continua, de monotema, de invención sistemática de la historia, de danzas regionales y de promoción de los muchos agravios que hoy muchos catalanes sienten como un arañazo en la espalda desnuda. A este glorioso desfile se apuntó entusiasta la práctica totalidad de la influyente burguesía local y una parte considerable del resto de la sociedad. A fin de cuentas, vivimos en una sociedad de víctimas, qué mejor que sentirse víctima de una afrenta por muy imaginaria que esta sea para demandar luego las reparaciones pertinentes. Salvo contadas excepciones (Losantos, Espada y cuatro más), durante los primeros veinte años nadie dijo esta boca es mía. De nada servía denunciar los excesos que se estaban cometiendo en nombre de esa Cataluña milenaria (y de nunca jamás) que intentaba recuperar su lugar en la historia tras incontables siglos de forzado silencio. En Madrid se quería creer que no era para tanto. Los bienpensantes hacían como que no pasaba nada empeñándose en ver la foto fija del 77 cuando, razonables y contenidos, los catalanes pedían en las plazas del Principado la descentralización del poder y que se pudiese enseñar catalán en las escuelas.

Pero a esas alturas la máquina llevaba demasiado impulso, ya era virtualmente imposible de detener. Tampoco hubo voluntad de hacerlo. Pujol, que terminó constituyéndose como la opción del catalanismo moderado, fue criando a sus propios radicales. Ahí tienen la resurrección de entre los muertos de Esquerra Republicana de hace quince años o el contagio que sufrieron las cúpulas del PSOE catalán y de IU, que ni siquiera llegó a llamarse así en Cataluña aunque luego los votos los extrajese del cinturón industrial de Barcelona, castellanohablante y poco dado en principio a las exaltaciones patrióticas. La reacción llegó tarde y no fue unánime. El PSOE y el PP siguen a la gresca con este tema haciendo un brindis al sol tras otro incapaces de adoptar una posición conjunta como la que cualquier partido europeo tomaría en el caso de un desafío semejante. En realidad, y visto con la perspectiva que da el tiempo, el catalanismo, especialmente el pujolista, convenía a ambos para garantizarse legislaturas tranquilas cuando era preciso. De hecho, hasta hoy mismo los esfuerzos de los dos principales partidos han ido más enfocados a devolver a CiU al redil que a plantarse ante lo que podría suponer el mayor trauma para España desde la Guerra Civil.

Al final ha sucedido lo que tenía que suceder, el tren que partió hace treinta años ha alcanzado la estación de término. Los políticos nacionalistas han hecho lo que se esperaba de ellos. Cuando se pone en marcha una idea que no encuentra oposición –o una oposición débil y fragmentada– no hay quien la detenga hasta que ésta alcanza su objetivo final. En el caso del nacionalismo catalán es la independencia, así sin más, que mirado desde fuera tampoco tiene tanta importancia, pero visto desde dentro es un escenario para que todos, catalanes, castellanos, andaluces, canarios, gallegos, asturianos y mediopensionistas nos echemos a temblar. Quizá ahora, con Aníbal en las puertas de la ciudad, empiecen a tomárselo en serio. La política es de natural cortoplacista y esto es de hoy para mañana. Conociendo el paño no sé yo si estarán a la altura.

La 'Educación para la Ciudadanía' francesa
Izquierda e Islam, la extraña pareja
Lo que une a la izquierda y el Islam es el odio a un enemigo común: las raíces cristianas de Occidente. Para los musulmanes la izquierda europea es un magnífico caballo de Troya...
Carlos Esteban  www.gaceta.es 12 Septiembre  2015

El pasado martes, una joven activista de Femen, desnuda salvo por unas bragas teñidas parcialmente de rojo en lo que parecía sugerir sangre, irrumpió en el Senado al grito de "¡Libertad para abortar!".

La misma semana, en un instituto de Missouri, en Estados Unidos, doscientas niñas iniciaban una protesta contra la decisión del centro, en cumplimiento de la ley, de permitir a un chico de 17 años que alega ser transexual -sin haberse sometido a operación o tratamiento hormonal alguno- el uso del baño de mujeres.

Mientras, coincidiendo con la avalancha de refugiados procedentes, en su mayoría, de Siria, las autoridades de un colegio bávaro han enviado a los padres de las alumnas una carta en la que "recomiendan" que las chicas eviten minifaldas y otras prendas provocativas "para no ofender" a los migrantes acogidos en el gimnasio del centro.

La extraña alianza antinatura entre la izquierda y el Islam en Occidente es uno de los fenómenos más asombrosos de nuestro tiempo. Cualquiera que repase los dogmas de la progresía y sus particulares obsesiones sin conocer otra cosa concluirá que no puede existir un colectivo más contrario, más minuciosamente opuesto a este cúmulo de ideas que el Islam: laicismo agresivo frente a visión teocrática del Estado, minusvaloración de la mujer frente a feminismo a ultranza, puritanismo sexual y estricta separación de sexos frente a ideología de género, certeza impuesta frente a relativismo filosófico... Apenas puede escogerse asunto alguno en que los principios de la izquierda no se opongan frontalmente a la visión musulmana.

Y, sin embargo, la alianza táctica, al menos, es real, visible y omnipresente, con la izquierda negando o ninguneando los aspectos conflictivos y fomentando en lo posible la llegada de contingentes masivos de inmigrantes procedentes de países islámicos. Por su parte, los líderes islámicos aceptan esta alianza política sin comprometer un ápice sus creencias, apoyando electoralmente partidos de izquierdas. Lo que les une es solo el odio a un enemigo común: las raíces cristianas de Occidente.

Choque de trenes
Naturalmente, el choque de trenes es inevitable y promete ser épico. La izquierda confía en servirse de los nuevos europeos para hacer la deseada tabula rasa con lo que queda de la herencia cristiana y, después, asimilarlos, con ese incorregible desprecio por las creencias religiosas y esa apenas disimulada arrogancia con que miran a las culturas ajenas que jalean en público.

Por su parte, los musulmanes ven en la izquierda europea un magnífico caballo de Troya para penetrar en las sociedades occidentales y ganar cuantos privilegios puedan, fiando en que el tiempo y la demografía, así como una fe guerrera e inasaltable, les acabarán dando la victoria. La llegada masiva de migrantes de Oriente Medio, unida a fenómenos ya difíciles de disimular como la intransigencia en asuntos de costumbres y sexuales impuesta en zonas cada vez más amplias de Suecia, en ciudades dormitorio de Francia o en barrios de Inglaterra, parece acercar a marchas forzadas este duelo al sol entre la Europa sesentayochista y los austeros recién llegados y al menos Francia, la madre del laicismo moderno, empieza a acumular arsenal para contrarrestar la influencia de los incómodos aliados.

Así, a comienzo de este curso los niños franceses se encontrarán una nueva asignatura en el colegio: Enseñanza Moral y Cívica, presentada por la ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem, de origen marroquí. Viene a ser una versión corregida y aumentada de nuestra zapateril Educación para la Ciudadanía.

Se enseña en ella el mismo relativismo moral que ya aprendemos todos en todos los medios y formas de comunicación posibles, y se acompaña en su inicio con una Carta de la Laicidad que los padres tienen que suscribir y que expone los mandamientos del laicismo escolar: separación de Iglesia y Estado, prohibición de signos ostentosos religiosos (el velo, por ejemplo) y libertad de creer o no creer, entre otros. Es decir, un no para oponerse a un sí, un vacío que contraponer a una forma de ver el mundo. Sería la primera vez en la historia que gana el vacío.

La nueva asignatura ha sido acogida con la esperable oposición de la derecha tradicional pero también, y esto es lo más novedoso, con cierto recelo por parte de una izquierda acostumbrada a reaccionar a la palabra moral como un vampiro a una ristra de ajos.

De Ferdinand Buisson hasta hoy
Sin embargo, la iniciativa tiene una larga tradición en Francia, primer país en tratar de vertebrar una moral pública al margen de la religión. Durante la Revolución de 1789 circularon numerosos catecismos republicanos.

El intento más exitoso y duradero fue el emprendido a finales del siglo XIX por Ferdinand Buisson, masón e inspirador del ministro de Educación y luego primer ministro Jules Ferry, que veía en el laicismo no un fenómeno neutral sino una verdadera arma en la lucha contra las religiones. De hecho, Ferry trataba de crear una verdadera religión laica alternativa, consciente de que, en palabras de Danton, "solo se destruye lo que se sustituye".

La asignatura se mantuvo, con las oportunas modificaciones y adaptaciones, hasta que la algarada de mayo del 68 hizo odiosa toda referencia a la moral y toda alusión al patriotismo. En la escuela concebida por Jules Ferry a inspiración de Buisson -el hombre que prometía "la abolición de la guerra mediante la educación"- la moral era base de la enseñanza, una moral universal que, sin embargo, tomaba de los populares catecismos republicanos anteriores un estridente patriotismo muy poco del gusto actual, con máximas tales como: "Quien insulta a tu patria, insulta a tu madre", una frase que solo entre nacionalistas catalanes podría pronunciarse hoy sin suscitar sonrisas sarcásticas.

Pero el regreso de la tolerancia por decreto está lleno de perplejidades, no siendo la menor el hecho de que quienes más se resisten a aceptar el moderno Je Suis Charlie -momento el de este atentado que decidió la creación de la asignatura que ahora entra en vigor- no son ya los católicos, sino los musulmanes. Y contra ellos, para lograr su aceptación de la mitología nacional, parece dirigirse la nueva asignatura.

¿Legistimistas cristianos?
Naturalmente, no se puede reconocer públicamente. Todos en este teatrillo tienen que fingir que las virtudes republicanas se reexplican en la escuela "contra cualquier intolerancia", como si cada mes cayera un francés víctima de un atentado por un grupo de legitimistas cristianos y los barrios con alta presencia católica ardieran regularmente en violentas protestas. Pero el laicismo es originalmente cristiano, el cristianismo la primera religión en "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", por tortuosa y torcidamente que se hayan interpretado esas palabras a lo largo de la historia.

Ferry y Buisson querían hacer de cada niño francés un "buen republicano" más incluso que enseñarle a leer, escribir o hacer cuentas. Pero entonces había un 'algo', una sustancia con que competir con las propuestas de la religión; estos ínclitos masones enseñaban "la moral de nuestros padres" y un ardiente patriotismo, no una ideología de género pergeñada ayer mismo y un masoquismo nacional y civilizacional que impregna cada proclamación de nuestros estamentos culturales.

Auguramos escaso éxito a esta iniciativa que pretende imponer una ideología vacía y sin genealogía histórica, cambiante a ritmo de las modas, porque los sarmientos que se separan de la vida no tardan en quedar secos y muertos.

Unión de sirios en el extranjero
'La OTAN debe terminar con la guerra en Siria'
Desde esta asociación piden a Occidente que actúe "por fin" en el conflicto y devuelva su hogar a los miles de refugiados en Europa.
Arturo García  www.gaceta.es 12 Septiembre  2015

Los ciudadanos sirios que viven en España ven como horror como día tras día sus compatriotas tienen que huir del país en busca de un futuro mejor. Nasser Oumer, presidente en España de la Unión de Sirios en el Extranjero, pide a los europeos que acojan a los sirios "de mejor forma posible" y desea que entiendan la situación que viven en su país, asediados por una guerra a tres bandas entre los partidarios de Bashar al-Asad, la oposición y el autoproclamado califato del Estado Islámico.

Oumer, que conoce muy de cerca el drama de muchos de los refugiados, reclama a occidente, más concretamente a la OTAN, que pongan fin a la guerra de Siria. "La única solución a este conflicto es eliminar el problema de raíz, terminar con aquellos que quieren someter a la población y liberar la zona", explica.

Y es que desde la Unión de Sirios en el Extranjero creen el flujo de refugiados hacia Europa "sólo terminará cuando se produzca una intervención armada sobre el terreno". Un camino que parece que han empezado a tomar las principales potencias, concienciadas ante el drama humanitario que se vive en las fronteras de Europa oriental, y cuyo precursor fue el primer ministro húngaro, Viktor Orban.

Además: La penúltima matanza del Estado Islámico
Preguntado sobre cuál de las facciones deben ser eliminadas, Oumer asegura que "todas ellas, pues son las culpables de la situación que vive Siria desde hace muchos años". Por ello reclama a los europeos que no den la espalda a los refugiados "pues únicamente están huyendo de la guerra y del terror del Estado Islámico".

Un argumento recurrente
Durante las últimas semanas, muchos sirios han coincidido en blandir los mismos argumentos a su llegada aEuropa: "No queremos ayuda o limosna, queremos que la guerra termine y poder regresar a nuestras casas". Es el caso de Kinan Masalmeh, un niño sirio de tan solo 13 años que ya sabe lo que es huir de un país para salvar su vida.

Además: 'No queremos más ayuda, sólo volver a casa'
Él salió de su Siria natal y, en su intento de llegar a Hungría, fue entrevistado por un grupo de periodistas de la cadena Al Jazeera. Tras relatar su dura travesía, y preguntado por qué mensaje mandaría a los europeos, el pequeño Malsalmeh lo tiene claro: ¿Mi mensaje? "Siria necesita ayuda ya. Simplemente, paren la guerra. Paren la guerra y no querremos venir a Europa. Paren la guerra ya".

¿Reunión a tres bandas?
Tras meses de inacción ante la barbarie del Estado Islámico y la guerra civil siria, parece que por fin David Cameron, Françoise Hollande y Angela Merkel se han puesto de acuerdo en la necesidad de una intervención armada. Sin embargo, ahora parece complicado determinar cuál es el principal enemigo de occidente y, especialmente, poner de acuerdo a estas tres grandes potencias para actuar de la forma más rápida posible

El premier británico admitió la semana pasada que su Gobierno había autorizado ataques con drones en suelo sirio ara acabar con la vida de dos combatientes del Estado Islámico. El ministro de Defensa, Michael Fallón, sostuvo que se trata de un "acto perfectamente legal" y de "autodefensa", a pesar de que la Cámara de los Comunes negó en agosto de 2013 el permiso al Ejecutivo para lanzar una operación militar en Siria.

Además: Europa comienza a despertar ante la barbarie del Estado Islámico
"En algún momento el nuevo Parlamento tendrá que repensar el absurdo de que seamos capaces de actuar contra el ISIS en Irak, pero no ser capaces de atacar los centros de mando y control de los yihadistas, en el noreste de Siria", sentenció.

Desde Francia, el presidente Hollande esgrimió una vez más los argumentos de su país para no enviar tropas rumbo a Siria: la caída del Estado Islámico beneficiaría al régimen de Al Asad, responsable del inicio del conflicto violento en 2011. Sin embargo, algo sí ha cambiado en el Elíseo y es el deseo del gobierno de enviar aviones propios para bombardear a los yihadistas.

Por su parte, Merkel no ha desvelado las intenciones del ejecutivo alemán pero sí ha anunciado su intención de reunirse con los principales líderes europeos para valorar la situación, aunque por el momento no se ha fijado una fecha concreta.

¿Y España?
El ministro de Exterior, José Manuel García-Margallo, reconoció hace unos días que había llegado el momento de "entablar negociaciones" con el régimen sirio de Bashar al-Asad para evitar que la guerra "siga creando un vacío que será aprovechado por el Estado Islámico para seguir avanzando en sus posiciones".

Esa negociación también evitaría que el conflicto sirio -que se prolonga más de cuatro años y que ha causado más de 250.000 muertos y once millones de desplazados- siga provocando tragedias como las olas de refugiados. Según Margallo: "BaShar al Asad, nos guste o no, es el Gobierno que se sienta en la Asamblea General de la ONU. Es el Gobierno que tiene la legitimidad internacional desde el punto de vista de la interlocución".

"Si queremos que la tragedia acabe y que el terrorismo yihadista no siga avanzando hay que llegar a un entendimiento que propicie la reconciliación nacional, el cambio constitucional y elecciones democráticas", sentenció el titular de Exteriores.

Leopoldo López y los amigos españoles del chavismo
EDITORIAL Libertad Digital 12 Septiembre  2015

La condena del opositor venezolano Leopoldo López a casi 14 años de prisión ha provocado la indignación de las organizaciones internacionales. La Unión Europea ha rechazado también esta flagrante muestra de autoritarismo contra un opositor demócrata, en la que se ha hecho uso de los resortes de una Justicia convertida en un poder bastardo al servicio de la dictadura socialista de Nicolás Maduro. En España, cuyos lazos con Hispanoamérica son una de nuestras señas de identidad, el Gobierno y el principal partido de la oposición han sido unánimes en la condena tajante a este abuso judicial contra un preso político.

López estaba encarcelado desde el pasado mes de febrero, acusado falsamente de instigar a la violencia en una marcha de protesta contra Nicolás Maduro. En realidad fueron las hordas chavistas las que abrieron fuego contra los ciudadanos que se manifestaban pacíficamente, pero el suceso fue utilizado por el régimen bolivariano para librarse de una figura molesta por su creciente apoyo popular.

La Justicia venezolana ha mostrado su carácter más grotesco en esta condena, dictada por una juez provisional, nombrada para sustituir a una magistrada incómoda con el chavismo, que aterrada por las consecuencias de contrariar al régimen ha condenado a un inocente a pasar trece años, nueve meses y siete días en prisión por un delito que no solo no cometió, sino del que pudo ser víctima, como le ocurrió a muchos compatriotas que se manifestaron junto a él.

La operación de la dictadura socialista venezolana contra Leopoldo López es un escándalo ante el que necesariamente tienen que pronunciarse las fuerzas políticas verdaderamente democráticas. En el caso español se esperaba con interés el pronunciamiento de Podemos, el partido emergente de extrema izquierda que tanto debe al régimen venezolano desde sus inicios en todos los sentidos, también en el económico. Pues bien, su líder hegemónico, Pablo Iglesias, ha saldado este atentado contra la democracia con un tímido reproche genérico a los abusos judiciales. Su deuda moral y logística con lo peor del chavismo y sus simpatías hacia los totalitarismos más siniestros le impiden actuar como se exige a un político realmente demócrata y defensor de los derechos humanos.

Sólo el trabajo incansable de algunos medios de comunicación para blanquear la imagen de Podemos permite a este movimiento de ultraizquierda seguir contando en el panorama político español, en lugar de permanecer en los arrabales extrademocráticos a los que pertenece por su tendencia claramente totalitaria. Los líderes de Podemos están con los dictadores, siempre que sean de izquierdas, especialmente si han jugado un papel importante en la gestación de este partido como ocurre con el régimen chavista, el más nefasto que jamás ha sufrido un país sudamericano.

Las organizaciones internacionales deben presionar para que los comicios parlamentarios de Venezuela del próximo 6 de diciembre, en los que se vaticina una derrota histórica para el régimen criminal de Maduro, puedan celebrarse y hacerlo con unas mínimas garantías democráticas. En nuestro país, pocos días después tendrán lugar unas elecciones generales en las que, es de esperar, los partidos amigos de esas dictaduras grotescas corran el mismo destino.


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Margalladas a media tarde.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 12 Septiembre  2015

Por si éramos pocos, parió la abuela. En este caso tras las inoportunas e inadmisibles propuestas de Felipe González y Pedro Sánchez sobre la revisión de la Constitución y el reconocimiento expreso de la “identidad nacional” de Cataluña, se suma ahora de forma sorpresiva, el Ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, que lanza, en plena precampaña horas antes del inicio formal, su propuesta para revisar la Constitución y reconocer “el hecho catalán”. Y no contento con eso, cual charlatán de feria, añade el plus de transferir la gestión completa del IRPF y la parte correspondiente de los impuestos sobre el tabaco y el alcohol. O sea, un goloso caramelo económico como pago inicial para lograr el “encaje” de Cataluña y suspender, temporalmente, la declaración de independencia. ¿Y eso cómo les suena? ¿Y qué opinarán el resto de autonomías con pedigrí histórico y cultural de más tronío que Cataluña como Aragón, Andalucía, Castilla y León, etc.? ¿Se acabó la defensa de la Constitución por el PP y lo de la igualdad?

Ya sabemos que García-Margallo no habla nada que Mariano Rajoy no conozca en detalle, haya dado su permiso y ordenado sondear. No es la primera vez que este personaje actúa de lanzador de globos sonda y de puente en unas relaciones entre el Gobierno de España y el Gobierno de la Generalidad. Y la oferta no puede ser más clara, generosa y directa. Supongo además que esa es la letra gruesa y que por otro lado existirá una letra pequeña, siempre la hay como las actas con ETA, en la que se concedan otros aspectos de entidad como la gestión Fiscal independiente, federaciones deportivas diferenciadas y otros flecos que puedan calmar a la fiera insaciable y corrupta del secesionismo catalán.

En lo que tiene razón Margallo es que tras las elecciones no habrá una declaración del inicio del proceso de independencia. Se va a esperar a que el fruto esté maduro y Mariano Rajoy convoque oficialmente las elecciones generales cuando decida si se hacen el 13 o el 20 de diciembre y se disuelvan las Cámaras, quedando de facto inoperativas para la toma de decisiones de entidad como sería la aplicación del artículo 155 de la Constitución para suspender la Autonomía de Cataluña. Si algo han demostrado los secesionistas es haber sido pacientes, tenaces y concienzudos en la planificación de sus movimientos y en la certera evaluación de las debilidades, torpeza y laxitud de las respuestas de un Ejecutivo nada dado al enfrentamiento directo y con pánico escénico.

Así que no me extraña el que se ponga precipitadamente sobre la mesa una oferta de alcance como base de un acuerdo mucho mayor para lograr un tiempo precioso que Mariano Rajoy no dispone, ya que cuando se produjera el supuesto delito de sedición, ya no tendrá posibilidades materiales para buscar amparo legal y legitimar sus actuaciones. Creo que esta vergonzosa y cobarde oferta va a tener una respuesta inmediata por parte de los Presidentes y Parlamentos de las Autonomías claramente perjudicadas en caso de que el Gobierno y el PSOE pacten la reforma de la Constitución para ceder al chantaje secesionista. Eso sin contar que otras como El País Vasco y los bilutarras de Navarra vean su oportunidad para dar un paso decisivo hacia el mismo objetivo de la integración e independencia. No puede haber sido mayor la torpeza y peor el momento elegido para mostrar esta debilidad y cobardía.

Expreso mi mayor desprecio por la grave traición que el PP intenta perpetrar sin importarle las consecuencias para España de esta cesión inaceptable ante el chantaje secesionista. Claro que no es la primera vez que el PP traiciona a los españoles y sigue una línea de actuación vergonzosa como la de la suelta indiscriminada de etarras, asesinos y violadores, o la excarcelación por razones humanitarias de elementos como de Juana Chaos o Bolinaga.

Retomando el lema de aquellas manifestaciones por la dignidad de las víctimas de ETA, diré aquello de ¡EN MI NOMBRE NO!

La Diada: ignorancia y odio
Jesús Laínz Libertad Digital 12 Septiembre  2015

Nos ha tocado vivir en la era de las masas, ¡qué le vamos a hacer!, así que estamos condenados a que sean éstas las que tomen las decisiones políticas, hasta las más complejas y merecedoras de reflexión. Pero las masas no piensan; embisten. Algunos pensadores más dignos de atención que este humilde juntaletras ya lo dejaron claro hace mucho.

Por eso los ingenieros ideológicos separatistas, sabedores del papel decisorio de las masas, han dedicado sus esfuerzos desde hace décadas a prepararlas para que, llegado el momento oportuno, embistan en la dirección adecuada. Y para ello, nada mejor que comenzar desde chiquitos, que luego crecen y la cosa se pone más difícil.

Ya a comienzos de siglo varias voces muy autorizadas del propio catalanismo empezaron a denunciar las semillas de odio que estaban sembrando sus hasta entonces compañeros de viaje y que comenzaban a dar sus primeros frutos. Víctor Balaguer, figura central de la Renaixença, renegó del catalanismo político en su discurso de los Juegos Florales del año 1900 al expresar con contundencia:

Franca y explícitamente declaro que no soy catalanista, aunque sí catalán ferviente y convencido de corazón y raza, como quien más lo sea y pueda serlo. No pertenezco al bando de los catalanistas, ni habito en sus falansterios, ni comulgo con ellos, ni acepto el programa de Manresa, ni creo en el himno de Els Segadors.

Y concluyó deplorando los ideales catalanistas y sus "voces de odio y venganza".

Lo mismo, y por las mismas fechas, le sucedió nada menos que al inventor del catalanismo político, Valentí Almirall. En 1902 preparó la primera edición en castellano de Lo catalanisme, para la cual escribió un prólogo en el que renegó de "esta generación de catalanistas que a fuerza de exageraciones patrioteras ha llegado a descubrir que ha de declarar bárbaros a los no catalanes, y aun a los que no piensan, hablan y rezan como ellos, aunque hayan nacido en Cataluña"; y dejó constancia de que

nada tenemos de común con el catalanismo o regionalismo al uso, que pretende sintetizar sus deseos y aspiraciones en un canto de odio y fanatismo (...) En hora buena que los separatistas, por odio y malquerencia, sigan los procedimientos que crean que mejor les llevan a su objetivo, pero no finjan, ni mientan, ni pretendan engañarnos. El odio y el fanatismo sólo pueden dar frutos de destrucción y tiranía; jamás de unión y concordia (…) Jamás hemos entonado ni entonaremos Els Segadors, ni usaremos el insulto ni el desprecio para los hijos de ninguna de las regiones de España.

Pero lleguémonos hasta el 11 de septiembre, esa fecha tan sabiamente utilizada por los catalanistas para envenenar a los catalanes. No gastaremos inútilmente energías en explicar lo que explicó inmejorablemente otro egregio catalanista –aunque posteriormente se sumara al 18 de julio, ¡miserias de la condición humana!–: el escritor Josep María de Sagarra. Pues en 1922 explicó:

La mayoría de los catalanes que celebran la fiesta del Once de Septiembre seguro que no se habrán preocupado de estudiar o comprender las causas y los hechos de aquella guerra dinástica, profundamente antipática a nuestro criterio nacionalista de hoy.

Pero por ignorantes que fueran las masas nacionalistas, lo importante era que todos "habían oído hablar vagamente de Felipe V, del Archiduque, de Casanova, de la Coronela y de la entrada de las tropas" y que lo que quedaba de todo ello era "una idea heroica y legendaria de lucha y opresión". Y concluyó sus reflexiones sobre la implicación de las masas en la celebración casanovista señalando:

A todos los que mañana llevarán coronas no les vayáis con filigranas históricas de ningún tipo; si les preguntáis a dónde van, aunque algunos no sepan contestaros de un modo preciso, en el fondo de las miradas leeréis la misma respuesta: Vamos a hacer un acto de protesta. Pero no un acto de protesta fría o desesperada, sino una protesta en la que el odio va perfumado por las flores y el incienso que se quema ante las tumbas.

Atinó Sagarra aun queriendo alabarlo: ignorancia y odio. No hay nada más que decir

La izquierda y su idolatría revisable
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 12 Septiembre  2015

El rifirrafe entre Felipe González y Enric Juliana a propósito de la entrevista que el expresidente socialista concedió a La Vanguardia –con sendos desmentidos de ambos y una onda expansiva de largo alcance–, ha servido para constatar en directo la toxicidad de la política española amañada durante cuatro décadas por los partidos tradicionales, con ayuda de la prensa veterana. La manipulación de nuestro idioma es tal que Felipe González se ha tenido que tragar el sapo de una entrevista maquillada en la que supuestamente daba su beneplácito a una reforma para reconocer a “Catalunya como nación”. En el posterior debate se han llegado a manejar cinco expresiones para referirse al estatus especial de la autonomía catalana: “realidad nacional”, “identidad nacional”, “nación de naciones”, “comunidad nacional” y “nación política”.

La feroz izquierda europea
Gracias a los partidos emergentes, a muchos españoles se les ha caído la venda de los ojos, por lo que ahora ven claramente –con un sentimiento entre el horror y la furia– el montaje que han estado refrendando con su voto una y otra vez, desde el inicio de nuestra democracia. Tal vez sean los militantes de izquierdas quienes se sienten más estafados, en la medida en que el igualitarismo que les han vendido ha resultado ser el “Todos somos iguales, pero unos más que otros” de Orwell. En esto España se homologa con Europa y en concreto con Francia, donde el presidente socialista François Hollande es ya el hazmerreir nacional, con un 80% del país en contra, según las últimas encuestas. Lastrado por una izquierda tan poderosa y feroz como la española, el país galo lleva años luchando –en vano– por restablecer su posición hegemónica en Europa.

Francia, el modelo del PSOE
Buena parte de los economistas internacionales coinciden en señalar que Francia perdió hace tiempo el derecho a considerarse un país europeo serio como Reino Unido o Alemania. Convertido en el eslabón más débil entre los países europeos de primera categoría y los de segunda, sobrelleva un gasto público desaforado, ha batido su récord de deuda y no logra reducir el 10% de desempleo desde hace quince años. Francia conserva su puesto como quinta economía mundial, pero Hollande parece haber dilapidado la labor de Sarkozy, con la estatización y el gasto público como ejes de su política económica.

Podemos ficha a Piketty
El gurú económico del partido socialista francés ha sido Thomas Piketty, el experto en desigualdad para quien la progresiva acumulación de capital en manos de los más ricos genera un “capitalismo patrimonial” solo frenable con impuestos progresivos y, en concreto, con un gravamen especial para los más adinerados. Piketty pretende ahora desgajarse del desastre económico francés, alegando que su reforma fiscal no se ha llevado a cabo, pero su libro “El capital en el siglo XXI” ha calado hondo en los líderes de Podemos. Esta semana Pablo Iglesias ha anunciado la incorporación de Piketty a un Comité Internacional de Expertos que va a asesorar a su partido en cuestiones económicas.

Vive la France?
Pese a la pérdida de prestigio de Francia, la izquierda española parece mantener incólume su admiración por el país vecino. Tanto el primer ministro francés Manuel Valls como la alcaldesa de París Anne Hidalgo –franceses nacidos en España (Cataluña y Cádiz, respectivamente)– suelen mandar mensajes de apoyo a España. Estos amables gestos parecen nimios, sin embargo, en comparación con la veneración intelectual que siente la progresía española por todo lo relativo al país vecino, desde mayo del 68 hasta la excepción cultural, pasando por el Festival de Cannes y la moda parisina. Por su parte, el presidente Hollande alertaba a principios de año sobre el posible carácter radical de Podemos. Y Sarkozy empleó el socialismo español como argumento electoral negativo, alertando de que Hollande sería un Zapatero a la francesa en caso de salir elegido, augurio cumplido solo en parte, porque el actual presidente francés parece un venerable estadista al lado de nuestro presidente antisistema.

Coherencia política
La decepción que ha producido Hollande es tal que muchos podrían querer quitarse la frustración volviendo a votar a Sarkozy, con quien Francia recuperó la visibilidad internacional. Su firme alianza con Merkel contribuyó a la estabilidad de la Zona Euro, imprescindible hoy más que nunca dada la prolongada debacle griega. Además, es un político coherente, que se atrevería a afrontar la crisis de los refugiados sin melindres buenistas. Entre tanto, España resiste sola en su idolatría gala, asombrando a propios y extraños con su cerril perseverancia en la elección del ídolo equivocado.

Los independentistas convierten la Diada en el día del partido
EDITORIAL El Mundo 12 Septiembre  2015

No hay la menor duda de que el nacionalismo catalán es insuperable en el arte de la manipulación de las masas. Ayer la Diada se convirtió en un gran mitin electoral que concluyó con una petición expresa de voto para las listas independentistas por parte de la oradora que se dirigió a la multitud al término de la marcha por las calles de la ciudad.

En su alocución, la joven portavoz aludió en repetidas ocasiones a la "república independiente catalana" que nacerá para crear "un país nuevo, mejor y más justo" tras la victoria de los nacionalistas el próximo 27 de septiembre.

Por la mañana, Artur Mas, que no acudió a la manifestación, había asegurado que si los nacionalistas logran 68 escaños, el Parlamento catalán proclamará la independencia, aunque el porcentaje de votos sea inferior al 50% y al margen del nivel de participación. Lo que no dijo es si dimitirá si no alcanzan ese listón.

Lo que sucedió ayer en Barcelona corrobora que Artur Mas y los nacionalistas se han apropiado de los símbolos de Cataluña y los han asimilado como un patrimonio partidista, de suerte que la Diada ha dejado de ser la fiesta de todos los catalanes para convertirse en día del partido o, si se prefiere, en un gran mitin electoral.

Como subrayaba ayer la plataforma Libres e Iguales, Mas ha erigido un enorme muro de exclusión, que deja fuera de la condición de ciudadanos a quienes no se sienten nacionalistas en Cataluña y no asumen las señas de identidad del separatismo.

La iconografía del acto no pudo ser más reveladora de los propósitos del nacionalismo, que identificó ayer los ideales de la solidaridad, la democracia, la igualdad y la diversidad con los colores que portaban los manifestantes. ¿Es que acaso quienes no voten la lista de Junts pel Sí son insensibles a esos valores? Su apropiación demuestra la falta de respeto y la voluntad de exclusión de quienes no piensan como ellos.

La Diada se convirtió ayer en un gigantesco acto de propaganda, digno de los Estados totalitarios, con el altavoz entusiasta de TV3, cuyos comentarios provocaban sonrojo. La cadena no sólo ha perdido el más elemental sentido de la neutralidad sino que ha pasado a ofender la inteligencia de quienes observan con distancia lo que está sucediendo en Cataluña.

En realidad, sus gobernantes han convertido esta comunidad en un inmenso decorado donde escenifican sus fantasías y sus pasiones, sin el más mínimo respeto para quienes no comparten su proyecto. Será imposible para las fuerzas no nacionalistas competir en igualdad de condiciones en la campaña que acaba de comenzar con este penoso espectáculo.

Si algo quedó claro ayer es que los nacionalistas han emprendido una huida hacia adelante que no tiene marcha atrás. El 27 de septiembre se juega mucho en las urnas, por lo que los partidos que defienden la Constitución tienen que volcarse en las dos semanas que restan hasta los comicios para movilizar a esa Cataluña silenciosa, cuya voz ha sido acallada por el griterío de los secesionistas.

La faena de la prensa catalana
Pedro J. Ramírez www.elespanol.com 12 Septiembre  2015

Siempre hemos seguido a Felipe González por lo bien que se explica. Así cuando prometió un referéndum para sacar a España de la OTAN y lo celebró para mantenerla. O cuando lo de “no hay pruebas ni las habrá” -cadáveres en cal viva aparte-, pero que conste que “al Estado se le defiende también en las alcantarillas”.

No me extraña pues que siga siendo el gran referente intelectual del PAIDECLA -Partido de las Ideas Claras-, vulgo PSOE. A esa claridad de luminaria acaba de contribuir con sus centelleantes idas, venidas y revenidas sobre la actual encrucijada catalana. Ya sabemos que cuando escribió que la situación creada por Mas “es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado” no se refería en absoluto a “que haya una intención fascistizante o conducente al fascismo hoy en Catalunya”, o sea a que se convoquen multitudinarias manifestaciones de adhesión al régimen, compartimentando a los ciudadanos provistos de cartulinas de distintos colores por demarcaciones, gremios e incluso preferencias sexuales. ¡Qué va! Se refería probablemente al súbito incremento de las ventas de las películas de Cinecittá, los textos de Marinetti y las canciones de Alfredo Clerici entre los barceloneses.

Y sobre todo ya sabemos que Glez, como le llamaba Umbral, está “absolutamente” a favor de que la Constitución reconozca “la identidad nacional de Cataluña” pero “absolutamente” en contra de que la Constitución reconozca a “Cataluña como nación”, lo que le ha hecho merecedor del aplauso sucesivo de toda la plana mayor del PAIDECLA. Nada nuevo bajo el PSOE.

Quien sí ha aportado diferencia a la polémica ha sido su brillante entrevistador Enric Juliana al presentar pruebas documentales de que si bien le preguntó por el reconocimiento de la “identidad nacional de Cataluña” y luego alteró la transcripción haciendo creer que le había preguntado por el reconocimiento de “Cataluña como nación”, la “oficina” del ex presidente -o sea su veterano jefe de prensa Joaquín Tagar- dio por bueno el “resumen” y añadió: “Nada que objetar”.

La clave está pues en el “resumen”. Había que resumir: “identidad nacional de Cataluña” tiene cuatro palabras y “Cataluña como nación” sólo tres. ¿Pero por qué no escribió Juliana “identidad catalana” que son dos palabras y nos habrían dejado a todos tan contentos? Pues porque esto del soberanismo de la puta y la Ramoneta es como quien juega a las siete y media obsesionado con no quedarse corto. Por eso Maciá proclamó en el 31 la “Republica Federada Catalana dentro de la República Española” y Companys en el 34 el “Estado Catalán dentro de la República Federal Española”. Uno y otro se pasaron de listos, sencillamente porque el contenedor en el que situaban su continente no existía.

Y no existía porque las Cortes, con rotunda mayoría de centro izquierda, asumieron la tesis del presidente de su Comisión Constitucional, el socialista Luis Jiménez de Asúa, y proclamaron que “La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones”. Asúa lo explicó en el debate de totalidad en términos que parece entender mejor Susana Díaz que Pedro Sánchez: “No hablamos de un Estado federal porque federar es reunir. Se han federado aquellos Estados que vivieron dispersos y quisieron reunirse en colectividad”. Asúa anhelaba con sentido visionario una “federación de Europa” y “precisamente eso -añadía- es lo que nos ha hecho pensar en el Estado integral y no en el Estado federal”. ¿Qué pasa, paisano Luena? ¿Es que en Ferraz nadie lee a sus clásicos?

A propósito de los años 30, siempre he tenido la sensación de que, más que en el de Pla, Juliana intenta mirarse en el espejo de William L. Shirer y busca sobresaltos troglodíticos, con ahínco digno de mejor suerte, en el Madrid cloroformizado por el Estafermo. Su triquiñuela para sacar a Glez de su apócope mental y hacerle decir un poco más de lo que dijo sería irrelevante fuera del circo de los sintagmas en el que trapecistas y payasos entretienen a los catalanes. Pero es definitoria en su cotidiana nimiedad del papel esencial asignado a la prensa por los impulsores del soberanismo como portavoz de una agenda política irredentista, atizador de un clima social de agravio y gota malaya de un insomnio colectivo permanente.

También me ha llamado la atención que este colega considere una práctica “habitual” enviar el texto de una entrevista al entrevistado para que pueda corregirla antes de su publicación. No digo que no haya veces en que esté justificado, o que yo mismo no lo haya hecho en casos concretos -de hecho el Código Ético de EL ESPAÑOL no lo excluye taxativamente como proponían algunos compañeros- pero de ahí a considerarlo poco menos que una fase del proceso editorial, hay un trecho. El trecho de la condescendencia al final del cual resulta que “la mejor entrevista a Pujol” fue, según Pujol, una en la que Pujol no sólo puso las respuestas de Pujol sino también las preguntas a Pujol. Adivinen quién y cómo la publicó.

Podrán leerlo mañana en la tercera entrega de la impactante serie de investigación de Jordi Pérez Colomé El libro negro del periodismo en Cataluña. Tras entrevistar a más de ochenta redactores, directores, editores y personajes de toda laya de la galaxia mediática, Pérez Colomé nos obliga a preguntarnos, de episodio sórdido en episodio sórdido, por qué “ante casos flagrantes de corrupción la prensa catalana no ha clamado; ante casos dudosos, no ha insistido; ante casos ignorados, no ha rebuscado”.

Es decir por qué desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante, empezando por el escándalo de Banca Catalana, siguiendo con el 3% denunciado por Maragall hace ya diez años y desembocando en el “todos eran mis hijos” de la seudoconfesión del patriarca, fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán. Y por qué aun hoy tienen que ser periodistas “foráneos” como Esteban Urreiztieta y Daniel Montero quienes descubran en un medio nonato como EL ESPAÑOL que las comisiones de los Pujol eran del 5% y que su monto les permitió trenzar una trama transcontinental de evasión y blanqueo que unía Andorra con Delaware, Londres con Gabón y los proyectos de ferrocarriles en Turquía con los de las granjas de cerdos en Brasil.

La respuesta es que durante estas cuatro décadas de democracia la casi totalidad de los medios catalanes han hecho suyas las tesis del llamado “nuevo orden informativo internacional”, impulsado en los 70 y 80 por el director general de la UNESCO, el senegalés Amadou Mahtar M’Bow, según el cual en los países del Tercer Mundo debía anteponerse el “proceso de construcción nacional” a los valores del “periodismo occidental”. O sea que la autocensura en sus modalidades más groseras o sutiles debía proteger el “Procés” porque lo que era bueno para los Pujol, sus aliados y amigos era bueno para Cataluña.

En otras ínsulas de la España autonómica han ocurrido fenómenos similares -los aupados por cada hecho diferencial siempre se abalanzaban sobre las cajas de ahorros y la prensa-, pero su alcance e intensidad han sido mucho menores. El caudal de dinero invertido por las instituciones controladas por los nacionalistas en el empeño de uniformar a la prensa no tiene precedente en el mundo democrático.

En la práctica en Cataluña no han existido sino medios públicos como TV3, medios concedidos como las emisoras de radio más furibundas y medios concertados como los periódicos cuya cuenta de resultados depende de millonarias subvenciones. En ese escenario no es de extrañar que la cómoda tentación de la servidumbre voluntaria, “la adherencia emocional a la causa catalana” según Pérez Colomé, haya tenido su complemento perfecto en “el temor a un poder total con un sinfín de maneras de imponerse”.

Claro que han existido y existen las excepciones individuales de quienes nadan contra corriente -y conste mi homenaje al equipo de El Mundo de Cataluña en su veinte aniversario-, pero en su conjunto el periodismo catalán, en lugar de ejercer de contrapoder y perro guardián de la democracia, ha sido cómplice activo de la manipulación nacionalista y, junto con el estamento docente, es el gran culpable de que entre mentiras mil veces repetidas y verdades mil veces ocultadas, hayamos llegado a la situación actual con media Cataluña enfrentada civilmente a la otra media. Si la prensa hubiera cumplido allí con su obligación, como algunos lo hicimos por ejemplo en Baleares, Convergencia habría quedado hace tiempo reducida a la misma condición de asociación para delinquir con que se recuerda ahora a Unió Mallorquina, sus líderes habrían merecido una suerte equivalente a la de Munar y compañía y el manantial del que brotaba el dinero con el que se ha narcotizado y envenenado a la sociedad catalana habría sido confiado a guardianes más honrados y leales.

Por mucho que ahora traten de distanciarse de la purulenta figura que la Justicia y la qué-coño-es-la-UDEF están empezando a iluminar, todos los agrupados para decir “No” a la España constitucional mediante su orwelliano “juntos por el Sí”, e incluso los zapatófilos de la CUP, no son sino el producto del modelo totalizador y reduccionista, impulsado por Pujol desde la Generalitat, en paralelo al saqueo de Cataluña. Todo un ejemplo de ingeniería social a caballo entre el fanatismo público y la rapiña privada. De ahí que Javier Muñoz y yo hayamos querido hoy remedar la histórica portada del 2 de enero de 1902 con que se presentó en sociedad el ¡Cu-Cut!, primera revista satírica en catalán que alcanzó tiradas masivas.

Su protagonista, el payés con barretina y pañuelo con lazada que daba nombre al semanario y que sin duda inspiró a los padres de Pujol cuando lo engendraron rellenando el molde, aparecía manejando un tórculo o prensa para estampar grabados, bajo un titular en catalán arcaico: “La feyna de la prempsa catalana”. ¿Y en qué consistía esa “feina”, esa tarea, ese trabajo? Pues, tal y como mostraba el dibujo, en aplastar y estrujar a una serie de individuos variopintos de forma que su sangre se vertiera en una palangana y de ella brotaran jubilosos espermatozoides con barretina, a modo de réplicas de su creador. Una parodia de la famosa cita de Tertuliano sobre los mártires y los primeros cristianos rubricaba la página: “Sanguis cacicarum, semen catalanistarum”.

En relación a esta exhumación hemerográfica vienen hoy a cuento dos precisiones diferenciales. La primera que el periodismo lligaire -vinculado a la Lliga Regionalista de Prat de la Riba y Cambó- que practicaba el ¡Cu-Cut! era entonces una meritoria actividad de riesgo y por eso en 1905 la redacción fue arrasada por un grupo de militares iracundos, ofendidos en su honor por una viñeta más bien inocua sobre las derrotas del 98. La segunda es que lo certero sería darle ahora la vuelta a la parodia para decir “Sanguis catalanistarum, semen cacicarum” porque en definitiva son los catalanes de a pie los que han sido estrujados y expoliados de una parte de su identidad y de sus dineros para inseminar y expandir el cacicazgo nacionalista.

Nada de eso hubiera sido posible sin la complicidad servil de sus tórculos mediáticos. Sin esa presión cotidiana sobre el cerebelo colectivo, el independentismo en una democracia integrada en la Unión Europea, en la era de la globalización, sólo sería motivo de risa o de lástima. Pero Pujol se puso manos a la obra porque sabía que querer no es poder, que, en palabras de Salvat Papasseit, divulgadas por el mejor Serrat, “tenir un propòsit no és fer feina”. El “propòsit” habitaba en él, faltaba la “feina”. Y esa “feina” es la faena que nos ha hecho a todos la prensa catalana.


 


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