AGLI Recortes de Prensa   Domingo 13  Septiembre 2015

Cataluña y el país del ideal
DAVID JIMÉNEZ El Mundo 13 Septiembre  2015

Tanto habla Artur Mas del país del que quiere separarse que apenas sabemos nada del que quiere construir: qué sistema judicial vigilaría a sus políticos, teniendo en cuenta que sería creado por una casta que ha institucionalizado la corrupción; qué medios de comunicación garantizarían la pluralidad, si ha convertido TV3 en un órgano de propaganda que sería la envidia de dictaduras bananeras; qué voluntad tendría de gobernar para todos, si desde hace años margina en la cultura o la universidad a quienes disienten; y cuál sería la calidad de su Estado de Derecho, si ha demostrado su disposición a seguir sólo aquellas leyes que le convienen.

En el país del ideal que propone Mas, "nuevo, mejor y más justo", qué importancia tendría la legitimidad democrática si su líder asegura estar dispuesto a declarar la independencia aunque su lista soberanista no alcance el 50% de los votos; qué garantías habría de que la Historia no sería manipulada cuando conviniese, si se ha hecho sin disimulo hasta ahora; qué sentido de la responsabilidad hacia las nuevas generaciones, cuando la educación ha sido puesta al servicio del adoctrinamiento nacionalista.

No parece arriesgado prever que en ese país habría subvenciones de sobra para quienes se alineen con el pensamiento único y una larga travesía en el desierto para cualquiera con espíritu crítico; que se crearían fantasías adicionales con las que seguir justificando gestiones incompetentes y corruptelas; que se mantendría la capacidad de manipulación de una clase dirigente que no ha tenido el coraje de enfrentar a su potencial electorado ante las verdaderas consecuencias de su desafío, empezando por su salida de la Unión Europea o el coste económico de su aventura.

En el país del ideal de Mas, si atendemos a la Historia reciente, el empresariado viviría intimidado e incapaz de articular un mensaje propio por miedo a represalias; el chantaje del 3% seguiría financiando un sistema político putrefacto; y unos catalanes lo serían más que otros, con personas tan poco sospechosas de anticatalanismo como Josep Borrell entre los relegados a segunda categoría. "Usted no es catalán, usted ha nacido en Cataluña", le dijo en una ocasión Jordi Pujol al ex ministro, según nos contaba en una entrevista que publicamos el viernes. Porque al parecer, en esa Cataluña independiente, construida alrededor del resentimiento y la exclusión, los carnés de catalanidad y las lecciones de moralidad serían repartidas por quienes tienen cuentas en Suiza.

Mas promete la independencia y a cambio sólo pide a los catalanes que sacrifiquen la tolerancia que siempre ha sido parte de su identidad, que den la espalda a su historia y asuman la falacia de que no pueden convivir dentro de España. Tiene razón Borrell, aunque no pueda exponerla en TV3, cuando dice que los independentistas cuentan con la ventaja de tener un himno al que vitorear y otro al que pitar. Mas ha rodeado su quimera del romanticismo de las luchas de los pueblos oprimidos, creando un ambiente en el que negar las fantasías independentistas es una traición a los tuyos. Y, sin embargo, basta quitarles el disfraz de héroes de la patria a muchos de los promotores de la secesión para que se revelen tal como los describía ayer Enric González: "Corruptos que se han envuelto en la bandera catalana".

Sólo en un ambiente en el que la realidad ha sido aplastada por las emociones pueden los mismos líderes que han establecido la mordida permanente del 3% ponerse al frente de los que gritan que España les roba. Sólo en un lugar donde la narrativa nacionalista ha monopolizado el mensaje pueden dirigentes que acallan voces discordantes presentarse como víctimas de la falta de libertad, cuando disfrutan de tanta que pueden saltarse las leyes sin consecuencias. Sólo bajo el encantamiento de una gran mentira, al servicio de la cual se ha puesto el dinero público de todos los catalanes, podría un proyecto que promete una Cataluña más aislada, dividida y sometida a las ambiciones personales de unos pocos ser el país ideal.

@DavidJimenezTW

Una Cataluña norcoreana en una España vietnamizada
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 13 Septiembre  2015

Ha hecho fortuna el término "norcoreana" para referirse a las militarizadas movilizaciones, típicamente totalitarias, de la masa patrióticamente ovina del separatismo catalán, el movimiento más genuinamente totalitario de Europa con la propaganda más nazificada desde la caída de Berlín. Pero ni Goebbels ni Willi Münzenberg, el maestro de la propaganda comunista, en la que han abrevado desde el III Reich al gorilato venezolano –gracias al que Podemos puede presumir de presos políticos propios: Leopoldo López- tenían esas películas para niños y memos que ayer glosaba Arcadi Espada.

Y es que cientos de miles de racistas pintarrajeados, alineados como escolares, por números y colores, a las órdenes de unos caudillejos lloricas es algo que no veía el mundo desde los funerales del último Kim de Corea del Norte. El año que viene, si siguen sin atreverse a proclamar la república el 27S, deberían salir uniformaditos y llorando sobre enormes pañuelos blancos por la derrota de la Casa de Austria en la Guerra Civil –catalana y española- de 1714. ¡The Catawalking Dead gimiendo por los Habsburgo!
Madrid, tan abandonada como Saigón

Frente a la mamarrachada nacionalista, no por matonesca y grotesca menos menguante, un Estado europeo moderno, basado en una de la naciones más antiguas del mundo, España, tendría fácil pasar de la burla al contraataque. Teniendo en cuenta que más de la mitad de la población catalana se declara anti-separatista, ¿cómo es posible que todas las cadenas de televisión lo sean? ¿Cómo es posible que la Junta Electoral Central, la de Madrid, en una calzonazada apoteósica, permita el mítin de siete horas en TV3 a los partidos separatistas –clamorosamente ilegal- y lo compense, como los árbitros cobardes, aconsejando a la cadena pública que les dé las mismas horas a los no separatistas algún día de fiesta, de puente o de acueducto? ¿Cómo es posible que el duopolio italiano concesión del Gobierno Central, en sus ocho canales, compita en obsequiosidad con los separatistas? ¿Cómo es posible que la propia TVE acate, con sordina, los mantras antiespañoles?

Pues todo esto, que la Cataluña antiseparatista no tenga cadenas de televisión ni de radio que la defiendan activamente las 24 horas del día, es posible porque los Gobiernos de España, en los últimos treinta años, han preferido pactar con la casta política más ladrona de Europa a cambio de que les voten anualmente los Presupuestos en las Cortes dizque Españolas. Y no contentos con permitirles robar a mansalva les han entregado todos los medios de formación de la opinión pública, desde la educación a todos los niveles, pasando por todos los periódicos y radios, a toda la televisión. Apenas algún programa de alguna radio de frecuencia estatal no prohibido por el CAC -tribunal de represión informativa en el que participan PP y PSC- y alguna tertulia alborotadora en la que, dentro de la mayoría progre y, en general, antiespañola, dejan que se oigan voces contra el separatismo.

El único partido nítidamente antinacionalista, Ciudadanos -segunda fuerza en las encuestas- no tiene un solo periódico, radio o televisión que le apoye. No la tiene tampoco el PP, pero el Gobierno del PP es el que quita y pone a los directores de La Vanguardia y el que apoya financieramente a la SER. Tiene lo que merece. En cuanto al PSC es el señorito separatista segundón o la chacha que le bailotea. No hay ningún Estado, región, comarca o cubil en Europa con tan escandalosa desigualdad en los medios de comunicación, que, de una u otra forma, crean la opinión pública y decanta las elecciones.
Balcanización y vietnamización

Madrid, capital de esa España finlandizada, como querían a toda Europa los soviéticos, no actúa ante ninguna de las afrentas del separatismo. La nación, con sus autoridades legítimas a la cabeza, está neutralizada, como no lo ha estado desde mayo de 1808, cuando la Corona, la aristocracia, la Iglesia y buena parte del Ejército, se sometieron villanamente a Napoleón. La Moncloa es como la embajada americana de Saigón poco antes de que los USA abandonaran a su negra suerte Vietnam del Sur, Laos y Camboya. Aún nadie se encarama a los helicópteros, pero nadie piensa ya en resistir.

Y es que al problema tradicional de la España de las Autonomías, que es el de la balcanización, se ha añadido la vietnamización, fruto de la entrada en juego de una partido comunista, Podemos, íntimamente ligado a la ETA y que con el apoyo estratégico del PSOE ha creado en España lo que el Che Guevara predicaba para cada país: "crear un dos, tres, muchos Viet-nam". En casi todas las grandes ciudades y casi todas las autonomías, el PSOE ha propiciado la unión de esos dos fenómenos, el centrípeto y el antisistema, el balcanizante y el comunistizante, mediáticamente poderosísimos.

Hay muchas especulaciones, unas más verosímiles que otras, sobre el cambio mediático en marcha, cuya clave a largo plazo es el desplazamiento en la creación de opinión de la prensa de papel a la de Internet. Pero a dos semanas de las catalanas y a tres meses de las Generales, la Izquierda y los separatistas, o sea, la alianza ya vigente en casi toda España del PSOE con Podemos y los nacionalistas, tiene una mayoría mediática aplastante.

El cambiante panorama mediático
Repasemos: además del clásico Comando Rubalcaba, con la SER, Cuatro y El País (que deja el sorayismo), Podemos cuenta con la Sexta y Tele5 y ha tomado posiciones en algunos medios que, como El Mundo, hace sólo dos años parecían invulnerables. Ninguno lo es en un periodismo muy joven, muy barato, muy radical, muy frívolo y muy encanallado. Se dice que la ruina financiera de PRISA es inminente, lo que estaría llevando a Soraya a crear un grupo formado por La Sexta, Onda Cero, La Razón y El Mundo. Frente a él, la Moncloa –Moragas y demás- sólo tendrían seguros el ABC, la COPE y 13TV, porque con TVE se cuenta muy poco. En cuanto a Ciudadanos, tiene el apoyo o cuenta con la neutralidad de los periódicos nativos de Internet, esRadio y algunos programas sueltos en otros medios. Pero tanto los favorables al PP como a Ciudadanos son muy inferiores en número y alcance a los que se alinean con la Izquierda y los nacionalistas.

En estas condiciones, la movilización de la opinión pública para que el Gobierno, las instituciones y los partidos que se dicen nacionales actúen en serio contra el separatismo catalán, su secuela vasca y navarra, además del posible pacto de Gobierno del PSOE de Sánchez con Podemos es poco más que una quimera. Los medios liberales, conservadores y socialistas con una idea nacional (los que sigue parte del PSOE, UPyD y C´s) tenemos, sin duda, una influencia cada vez mayor en Internet, pero escasa en el conjunto de las televisiones y limitada en las cadenas de radio. Y sin una cobertura mediática adecuada, puede mantenerse el oficialismo por temor al cambio, el tran-tran del PP, pero difícilmente lograremos que la sociedad reaccione no sólo contra los totalitarios comunistas y separatistas sino contra una clase política que hace tiempo que dejó de sentir y servir a nuestra Nación. Viet-Nam no se perdió, se abandonó. Y con España está pasando lo mismo.

NO DA SOLUCIONES ANTE UNA VICTORIA rupturista
Rajoy vuelve a ignorar su responsabilidad en la cuestión separatista
Gaceta.es 13 Septiembre  2015

El presidente del Gobierno olvida su cargo y asegura que la "responsabilidad" ante la encrucijada que vive Cataluña la tienen los votantes.

El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, ha pedido un voto masivo a los catalanes en las elecciones de 27 de septiembre para que triunfe la moderación y "caiga el radicalismo" que cree que representan tanto Artur Mas como el líder del PSOE, Pedro Sánchez, al haber pactado con independentistas en Cataluña.

Rajoy ha hecho esta llamada a acudir a las urnas en su intervención en el acto celebrado en Lleida en apoyo de su candidato a la Presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol, y que ha sido su primera participación en la campaña de su partido para las elecciones del 27 de septiembre.

El jefe del Ejecutivo ha recalcado que estos comicios son los más importantes a los que se enfrenta Cataluña en muchos años y deben servir "para que triunfe la moderación, caiga el radicalismo y haya diálogo y no monólogo" y para que se erradique el "disparate" al que está abocando el presidente de la Generalitat, Artur Mas.

Rajoy ha repartido sus críticas entre Mas y Pedro Sánchez, y en referencia al primero ha considerado "sorprendente" que en este siglo se plantee una apuesta secesionista que sólo provoca perjuicios.

"Hay que ser conscientes de lo que se está jugando", ha recalcado antes de reiterar la advertencia que realizó esta misma semana de que si no se acude a las urnas, "otros votarán por ti".

En consecuencia, ha defendido el lema de la campaña de García Albiol, Plantem Cara (Plantemos Cara), para hacer frente en las urnas a la apuesta independentista.

Rajoy ha lamentado que la política de Mas de convocar tres elecciones autonómicas en cinco años y generar un debate alejándose de los problemas reales sólo haya servido para dividir a la sociedad catalana, generar incertidumbre, restar fuerzas a la recuperación, romper la coalición con Unió y pedir a los votantes de Convergencia que apoyen una lista encabezada por "un comunista" (en alusión Raül Romeva) y varias personas de ERC.

San Agustín celebra su 450 aniversario
Episodio de hispanofobia en el aniversario de la ciudad más antigua de los EEUU
La ciudad más antigua de los EEUU celebra su efeméride con centenares de banderas rojigualdas. El contrapunto lo han puesto un grupo de activistas que acusaban a España de genocidio.
Rafael Núñez Huesca  www.gaceta.es 13 Septiembre  2015

El próximo día 15 de septiembre los Reyes viajarán a los Estados Unidos. Una visita que incluye una entrevista con Barak Obama, un encuentro con el Senado y una visita a San Agustín (Saint Agustine, en inglés), en el Estado de Florida, la primera ciudad de los EEUU, fundada hace 450 años por los conquistadores españoles. Sólo San Juan de Puerto Rico, en la zona insular caribeña y con un estatus especial de soberanía, antecede en su fundación a San Agustín. Tuvo que transcurrir más de medio siglo para que se erigiera Jamestown, la primera colonia inglesa.

Los doce mil vecinos de la ciudad, y otros muchos venidos de diferentes lugares del Estado y del país, celebran estos días el llamado “Founder’s day” (el Día del Fundador) en honor del almirante español Pedro Menéndez de Avilés. La pequeña ciudad se ha engalanado con los colores de la bandera española, omnipresente en calles y balcones. También la vieja bandera española con la Cruz de San Andrés luce en multitud de edificios públicos. Los fastos han incluido incluso una vívida recreación histórica de un desembarco con decenas de soldados ataviados con uniformes del siglo XVI. La escena, a esta parte del Atlántico, parece un monumento a la incorrección política: el adelantado de la Florida se acerca en una barca, fabricada ex profeso para la ocasión. Pisa tierra y besa la cruz que le ofrece un sacerdote; acto seguido toma posesión de las tierras en nombre del Rey de España y se escuchan multitud de emocionados vivas a España. El cardenal encargado de la homilía ensalza el heroísmo de los españoles, “que dieron su vida por la misión que Cristo y la Iglesia les encomendó”. Aplausos y más vivas a España.

Mas la representación no se produjo tal y como la diseñaron los promotores. Steven T. Newcomb, un conocido activista de la tribu Shawnee, que ocupaba la actual Tennesee, parte de Carolina de Sur, Ohio y Pensilvania, ya advirtió antes de la celebración que los españoles “destruyeron tierras, recursos y lenguas” sin “devolver nada”. Según refleja la crónica de ABC, un grupo barcas neumáticas procuró cerrar el paso al actor que encarnaba al adelantado de Florida. Griterío, empujones; la guardia costera se ve obligada a intervenir. En tierra firme algunas activistas vociferan “genocide, genocide!”.

“Sobre la Leyenda Negra”
Un incidente que ha llamado la atención de Iván Vélez, alumno aventajado del filósofo Gustavo Bueno y autor del libro Sobre la Leyenda Negra: “es curioso porque el proceso que se está dando es precisamente el contrario: se aprecia una creciente hispanización de los Estados Unidos y un renovado interés por la lengua y la cultura españolas”. Vélez pone como ejemplo el acercamiento de las instituciones norteamericanas por Fray Junípero Serra, “padre de California” y el único español con su propia estatua en Salón Nacional de las Estatuas situado en el Capitolio o Bernaldo de Gálvez, héroe español de la Guerra de la Independencia y al que recientemente se le concedió la ciudadanía honorífica. El discípulo de Bueno emplea la teoría de su maestro para subrayar las diferencias entre los procesos colonizadores español e inglés: el primero tuvo carácter generador, y depredador el segundo. “Basta con observar el paisaje humano de Hispanoamérica y de América del Norte para darse cuenta”, apunta. Y señala lo peligroso de discursos como el del candidato republicano Donald Trump, “de carácter hispanófobo y con un probable trasfondo racista”.

La hispanofobia en el mundo anglosajón alcanzó su máximo apogeo a final del siglo XIX, cuando España y los EEUU se enfrentaron militarmente en Cuba y nuestro país perdió sus últimas posesiones ultramarinas. Fueron días en los que, según recuerda Iván Vélez, “se reimprimió de nuevo la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas y se desenterró la Leyenda Negra”. Sea como fuere, al autor entiende el incidente de San Agustín como un acto preocupante pero aislado, y abunda en el proceso de hispanización irreversible que se está dando en los EEUU.
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La pesadilla catalana
Luis Herrero Libertad Digital 13 Septiembre  2015

El otro día tuve una pesadilla que me mantuvo insomne durante varias horas. El 27-S perdían los independentistas. Mas se retiraba a su casa. El proceso catalán de desconexión de España se iba al garete. Se disipaba el peligro inminente de secesión. Los partidos nacionales brindaban con champán. Los catalanistas se abrían metafóricamente las venas. Las esteladas dejaban de decorar los balcones de la avenida Meridiana. La integridad nacional, después de superar el match ball de las elecciones plebiscitarias, quedaba aparentemente a salvo.

Cuando me desperté, empapado en sudor frío, le di gracias al cielo por el hecho de que todo hubiera sido un mal sueño. Recordé las encuestas que se han publicado hasta ahora para reconfortar mi ánimo: las cuatro últimas, afortunadamente, coincidían en que la lista de Juntos por el Sí alcanzará con la ayuda de las CUP uno o dos escaños más de los necesarios para controlar la mayoría absoluta del Parlament. Me tranquilicé. Todo va a ir según lo previsto: el mismo día en que los nuevos diputados tomen posesión de sus escaños realizarán una "proclamación solemne" para anunciar el inicio de la creación del "Estado catalán". La primera decisión del nuevo gobierno consistirá en "abrir las negociaciones con el Estado español para hacer efectivo el mandato de las urnas". Las embajadas de la Generalitat se lo comunicarán a la UE y a los líderes internacionales y los intelectuales de la causa empezarán a redactar, de manera participativa, la nueva constitución catalana, que finalmente será sometida a referéndum en las cuatro provincias 18 meses después. Confié en que esta vez los demóscopos no se equivocaran en el pronóstico y me volví a dormir, esta vez con placidez beatífica.

La razón por la que el fracaso de los independentistas sería una pésima noticia para quienes defendemos la idea de España como proyecto nacional es sencilla: si se produce no hay ninguna duda de que volveremos al chantaje habitual de los perdedores, a la cesión insensata de los vencedores, al abandono a su suerte de los catalanes que quieren seguir siendo españoles y a la consolidación de un panorama de derrota segura. El fracaso de los independentistas sólo serviría, me temo, para prolongar el plazo de esa especie de rendición diferida en que andamos metidos desde hace más de tres décadas.

Lo primero que ocurrirá es que Ciudadanos, en su calidad de partido nacional más votado, ofrecerá un pacto de colaboración al resto de las formaciones no independentistas para mandar a la oposición a los que llevan cuarenta años en el Gobierno. Pero, para desánimo general de la mayoría, pinchará en hueso.

Podemos dirá que con la derecha no va ni a la vuelta de la esquina y se ofrecerá voluntario para subir al monte sagrado donde los sumos sacerdotes de Convergencia han levantado el santuario de adoración a los ídolos de la República Catalana. Dirá que sube para convencerles de que abandonen el paganismo. Y, naturalmente, fracasará. Le pasará lo mismo que le pasó al PNV cuando subió a Estella para bajar del monte a Batasuna. Como ya sabemos, allí siguen ambos, hasta la fecha, haciéndose mutua compañía.

El PSC dirá lo mismo: que con la derecha no va ni a coger setas, y menos con la derecha españolista y rancia que representan Arrimadas y Albiol. Sacará de su viejo baúl el discurso del federalismo asimétrico, de la nación de naciones, del derecho a decidir, y regresará a las posiciones que le hicieron despeñarse, fracasado el tripartito que abanderó Maragall, por el abismo de la nada. A Iceta ya se le vio el plumero cuando saludó con entusiasmo las presuntas declaraciones de Felipe González en La Vanguardia pidiendo para Cataluña el estatus de Nación.

El PP dirá que en vista de la nula capacidad de convocatoria demostrada por Rivera, la obligación de Ciudadanos es hacerse a un lado y dejar que sea el PP de Rajoy el catalizador de la unidad de España.

Total: que los ciudadanos asistiremos una vez más, atónitos y despagados, al espectáculo de ver cómo los partidos que se autoproclaman españoles se tiran los trastos a la cabeza mientras la idea que dicen defender se queda indefensa.

Lo segundo que ocurrirá si fracasan los independentistas es que el Gobierno, tal y como ya adelantó el ministro Margallo hace unos días, volverá a abrir el tenderete del alpiste (el copyright es de Más) para saciar la voracidad reivindicativa del nacionalismo separatista, con el estúpido convencimiento de que esta vez su hambre de independencia quedará ahíta para siempre. No bastan 30 años de contumacia en el error para darse cuenta de que ninguna transferencia, dádiva, reforma legal o cesión de competencias que no suponga la definitiva separación de España servirá para otra cosa que no sea debilitar al Estado y hacer más fuerte –y más hambriento aún– al causante de su debilidad.

El movimiento independentista nunca renunciará a conseguir el todo de su demanda. Nunca se conformará con una parte de él, porque su todo no es divisible. La independencia territorial, a diferencia de la autonomía, no es un concepto graduable. O existe o no. Por eso no hay negociación posible.

Lo tercero que ocurrirá si fracasan los independentistas es que no admitirán su derrota. Dirán que aceptan el resultado, degollarán a Mas en la pira sacrificial, agacharán la cabeza durante una temporada y luego, más pronto que tarde, comenzarán a reclamar nuevas concesiones a cambio de no volver a izar la bandera estelada desde el balcón de la Generalitat. Es decir, que volveremos al chantaje de siempre. Conseguirán el reconocimiento nacional que les medio prometió González –y que el resto de la izquierda defiende sin ambages– y se harán fuertes en ese nuevo estatus, que les otorgaría la condición de ser sujeto de soberanía, para preparar un nuevo asalto al Estado a medio plazo, pero esta vez con más potencia de fuego: la que les otorgue el nuevo ropaje jurídico de la prometida reforma constitucional y el proselitismo cultural de un sistema educativo conectado desde hace lustros al influjo de lo anti español.

Mientras tanto, los líderes políticos de PP y PSOE pasearán satisfechos ante su electorado la derrota de la Vía Lliure, aliviados por el hecho de no haber tenido que comerse el marrón de plantarle cara a un Parlament de mayoría independentista. Nunca sabremos hasta dónde hubieran estado dispuestos a llegar para evitar la ruptura de España. Nos quedaremos con la duda de lo que hubiera pasado. Y, en cualquier caso, ganarán el tiempo suficiente para no pasar a la historia como los pardillos que mandaron a paseo quinientos años de razonable historia en común. Magro consuelo. Pan para hoy y hambre para mañana. Sólo un triste alivio a corto plazo. El proceso que se ha puesto en marcha no se detendrá por un posible traspié electoral el 27 de septiembre. Al contrario: se irá haciendo más poderoso a medida que crezca el avituallamiento del Estado. Y poco a poco se irá convirtiendo en un proceso imbatible.

¿Qué pasará entonces? Sólo se me ocurren dos respuestas a esa pregunta, y ninguna me parece especialmente buena. O bien la partida se acaba por muerte dulce, es decir, o la independencia llega como un paso más en el trayecto natural en que nos encontramos, sin que el Estado ofrezca mayor resistencia, o bien desemboca en una confrontación de fuerzas. Pero si eso es lo que tiene que pasar, ¿no sería mejor enfrentarse al adversario aquí y ahora, cuando su fortaleza es batible y su mayoría exigüa? ¿No es más razonable afrontar un desafío independentista refrendado sólo por poco más del cuarenta por ciento de los votos que esperar a que alcance el cincuenta o el sesenta? ¿Por qué aplazar la batalla a un momento más adverso, cuando sin duda será bastante más difícil de ganar? Ya que tenerla parece inevitable, salvo en caso de rendición o de derrota previa, mejor ahora que más adelante. Y luego, a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga.

Juntos por la deshonestidad
josé garcía domínguez ABC Cataluña 13 Septiembre  2015

El testaferro Romeva, como es sabido, acaba de hacer el ridículo ante las cámaras de la BBC con su cómico empeño por explicar a los británicos cómo funcionan las normas de admisión de socios en ese muy exclusivo club que responde por Unión Europea. Un pecadillo venial si bien se mira. A fin de cuentas, el testaferro Romeva no es más que un político profesional, oficio que obliga a cuantos de él viven a tratar de vender burras ciegas ante los más dispares auditorios con periódica frecuencia. Así las cosas, carece de importancia mayor, todos lo sabemos, que el testaferro Romeva jure que la Tierra es plana, prometa que en la República Dominicana llueve café en el campo o sentencie que Cataluña no se vería fuera de Europa en caso de producirse la anunciada secesión de España. Pillerías propias de su gremio. Apenas eso.

Asunto bien distinto, sin embargo, es que catedráticos universitarios, académicos de los que habría que suponer la más elemental honestidad intelectual a la hora de emitir juicios públicos sobre la materia en que son peritos, obren con idéntica desfachatez, si no más aún, que el testaferro. He ahí, sin ir más lejos, las obscenas, descaradas, groseras mentiras a cuenta del déficit fiscal catalán que viene pronunciado algún renombrado candidato de Junts pel Sí. Tras toda ese ristra de trolas habrá que exigir un juramento hipocrático para los economistas. Mientras tanto, en fin, recordemos al testaferro lo que ocurrió, en 1966, cuando cierta región francesa llamada Argelia decidió volar por su cuenta. En concreto, recordémosle la pregunta de la eurodiputada galesa Eluned Morgan a la Comisión, inquietud formulada en sede parlamentaria allá por 2004. Éste fue su enunciado textual: "¿Si un Estado miembro se dividiera, por haber alcanzado una región la independencia democráticamente, sería de aplicación el precedente sentado por Argelia?". Lacónica, la respuesta de Romano Prodi, el entonces presidente, se puede resumir en una muy escueta palabra: sí. Punto y final. Ah, la deshonestidad.

El dislate independentista de Mas lastra la economía española
Editorial La Razon 13 Septiembre  2015

Cualquiera que analice serenamente el devenir de España en la larga lucha contra la crisis coincidirá en la apreciación de que uno de los instrumentos fundamentales que han hecho posible la salida de la recesión económica ha sido la estabilidad política, encarnada en un Gobierno respaldado por una amplia mayoría parlamentaria. No hay que irse muy lejos para valorar en su justa medida este hecho, pues basta con recordar que Italia tuvo que designar a un primer ministro, Enrico Letta, sin pasar por las urnas, en una medida anómala en un sistema democrático pero que se entendió como inevitable para que el país afrontara el proceso de reformas y ajustes que exigía su deteriorada economía. Hoy, España ha vuelto a la senda del crecimiento –de hecho es el socio de la Unión Europea que más ha incrementado su PIB–, ha estabilizado su sector bancario, ganado competitividad internacional y cumple con el programa de reducción de la deuda pública. Pero como vienen advirtiendo los distintos portavoces gubernamentales y reflejan, también, los analistas financieros, ni puede darse por sentada la recuperación ni la economía española está exenta de riesgos, más aún cuando los mercados internacionales acusan el retroceso de grandes como China o Brasil.

No cabe duda, pues, de que el desafío separatista impulsado por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, puede convertirse en un lastre mayor para las expectativas del conjunto de España, como ya lo está siendo para la propia Cataluña, independientemente de que sus posibilidades de éxito sean nulas. Como se vio en el caso del referéndum escocés, incluso cuando las encuestas de opinión daban ya franca ventaja a los partidarios de mantener la unión con Inglaterra, la libra esterlina perdía un 6 por ciento de su valor frente al dólar, el interés del bono a 10 años se encareció cinco puntos básicos y las acciones de las principales firmas con intereses en Escocia llegaron a perder hasta cinco mil millones de euros en la bolsa.

En Cataluña, tras casi cuatro años de un Gobierno autónomo que ha renunciado a ejercer las funciones para las que fue elegido por los ciudadanos, el dislate nacionalista ha provocado la deslocalización a otros puntos de España de casi un millar de empresas – 246 de ellas se han radicado en Madrid–, una caída de la inversión extranjera del 15,8 por ciento, cuando en el resto de España se ha incrementado un 9,8 por ciento, y que el bono catalán, que respalda parte de la deuda de 60.000 millones de euros del Principado –la más alta de todas las comunidades autónomas–, tenga una prima de riesgo de 365 puntos básicos. Las consecuencias, como no podía ser de otra forma, también afectan negativamente al conjunto de la economía española, que, sin las tensiones provocadas por los separatistas catalanes, tendría, según los expertos consultados por LA RAZÓN, una prima de riesgo similar a la de Italia –100 puntos básicos– y no 40 puntos superior como ocurre ahora. Lo mismo reza para la inversiones de capital: el Banco de España avisa de que 21.700 millones de euros han salido de España en el mes de junio. De ahí que sea absolutamente conveniente que el Gobierno intensifique la línea de información seguida hasta ahora entre los mercados financieros y los principales gobiernos del mundo, trasladando la certeza y la convicción de que no habrá en ningún caso independencia de Cataluña, porque no es legal y, además, la mayoría de los catalanes la rechazan.

Margallo y el pozo sin fondo catalán
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 13 Septiembre  2015

El ministro de Asuntos Exteriores, cuya enorme capacidad de trabajo le deja tiempo para ocuparse también de los interiores más polémicos, ha afirmado en Cataluña en presencia del candidato de su partido a la presidencia de la Generalitat que la solución a la cuestión catalana pasaría por el reconocimiento de la singularidad de Cataluña en la Constitución y por un sistema de financiación que cediese a las Comunidades Autónomas la totalidad del IRPF y de los impuestos especiales. También ha abogado por la posibilidad de enseñar las cuatro lenguas habladas en España en todo el territorio nacional. Como es lógico, una propuesta tan provocadora en la apertura de la campaña electoral del 27-S sin haber consultado previamente a sus correligionarios catalanes ha levantado una considerable polvareda y le han llovido desautorizaciones tanto desde la dirección del PP catalán como desde Génova 13. Las misteriosas razones que han llevado al ministro a pegar una patada al avispero sin encomendarse a Dios ni al diablo pueden ser adivinadas, pero difícilmente comprendidas.

En primer lugar, lo que quieren los nacionalistas, como ya le explicó en su día Artur Mas a Mariano Rajoy, es el sistema de cupo a la vasca, yo lo recaudo todo y después devuelvo unas migajillas para cubrir los servicios comunes. Un Estado dividido en propiedad horizontal, para entendernos. Por tanto, la idea de Margallo no arreglaría nada. Incluso su apaño, el de ampliar la cesión actual al 100% del IRPF y de los impuestos al alcohol y al tabaco, no podría ser aplicado sólo a Cataluña y su generalización dejaría en mantillas a un Estado ya bastante debilitado por un sistema de organización territorial disfuncional, carísimo, ineficiente y políticamente inmanejable. La original sugerencia de enseñar catalán y vasco en Andalucía, Castilla, Murcia y Extremadura, mientras en Cataluña no se permite escolarizar a un niño en la lengua oficial del Estado, es de una generosidad asombrosa que revela el tierno corazón del ministro, pero que parece dudoso que fuera acogida con entusiasmo en Valladolid, Zamora, Jaén y Logroño.

Si el ministro de Exteriores cree en el método científico, sabrá que las teorías no validadas por la experiencia no sirven. Durante treinta y cinco años se han ido ampliando sucesivamente las competencias, el reconocimiento simbólico y los recursos financieros transferidos a la Generalitat hasta prácticamente reventar las costuras de la Constitución y el resultado ha sido una ofensiva separatista de una virulencia desatada. La insistencia en el mismo método es o una muestra de masoquismo o una incapacidad alarmante de entender la realidad.

Los políticos que en Cataluña impulsan el disparate secesionista, que carece de justificación política, económica y lógica, actúan guiados por una parte por su necesidad de tapar sus latrocinios con el flamear de las banderas y por otra por su deseo narcisista de pavonearse como líderes heroicos de una nacioncilla irrelevante en vez de formar parte lealmente de un gran proyecto democrático y solidario. La sociedad catalana, obnubilada por tres décadas de adoctrinamiento en las aulas, subvenciones y masajeo emocional con bombardeo diario de falsedades en TV3 y demás medios cautivos, y abandonada a su suerte por Gobiernos centrales cortoplacistas y oportunistas, se encuentra indefensa frente a los que la arrastran hacia la catástrofe.

Las reivindicaciones nacionalistas son un pozo sin fondo por lo que el intento del ministro de llenarlo con unos cuantos cubos adicionales de descentralización es tan ingenuo como patético y únicamente contribuye a envalentonar a los votantes de las listas independentistas. Se ha dicho que la política es el arte de lo posible, pero hay días que más bien consiste en un concurso de torpezas.

Impagos y chollos escandalosos en la Generalitat
Gonzalo Baratech Cronica Global 13 Septiembre  2015

El Gobierno catalán ha vuelto a dejar a las farmacias colgadas de la brocha. A primeros de septiembre debía abonar la factura de los medicamentos dispensados en julio, por importe de 121 millones. No lo hizo, debido a su acuciante falta de numerario. Tal retraso se acumula a la factura del mes de junio, cifrada en 115 millones, que tampoco se abonó.

Estos crónicos impagos se arrastran nada menos que desde 2011. No solo han colocado a muchas boticas en una situación de asfixia financiera, sino que varias de ellas han tenido que instar suspensión de pagos.

Otras varias, hartas de la morosidad recalcitrante del Govern, han acudido a la justicia para reclamar los intereses de demora. Ocurre que las farmacias han pasado a ser, mal que les pese, financiadoras forzadas de los múltiples socavones de la Generalitat.

Los reiterados incumplimientos del inefable Artur Mas no se circunscriben a las oficinas de farmacia, sino que constituyen un fenómeno común. Así lo revelan las quejas que de un tiempo a esta parte airean los proveedores de todos los departamentos.

Por no pagar, Mas ni siquiera atiende ya los vencimientos de deuda. Estos los viene cubriendo de forma periódica el Ministerio de Economía con los recursos del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). Así, en el trienio 2012-2014, el salvífico FLA aportó a las exhaustas arcas de la Generalitat un promedio de más de mil millones de euros al mes.

Este formidable guarismo equivale a que cada día del año, incluidos fines de semana y festivos, saliese de Madrid en dirección a Barcelona un imaginario furgón blindado cargado con 34 millones de euros. Gracias a estos recursos, las finanzas de la Generalitat no se han desplomado como un castillo de naipes. Entre otras cosas, el FLA ha permitido pagar las nóminas de sus más de 300.000 funcionarios.

Ante tal desbarajuste, resulta estupefaciente para los ciudadanos que 239 altos cargos de Artur Mas cobren unos sueldos muy superiores a los 78.000 euros que los presupuestos fijan para el presidente del Gobierno Mariano Rajoy. En dicho grupo de privilegiados, que deben su designación al consabido procedimiento “digital”, se incluyen Mas, sus 12 consejeros, 32 secretarios y 110 directores generales, entre otros muchos.

Pedrea de prebendas
De ahí la impresión general de que los políticos catalanes observen la insana costumbre de atar los perros con longaniza. Artur Mas, por ejemplo, devenga una retribución de 136.835 euros, es decir, un 75% más que Rajoy. Sus consejeros ingresan 103.176 euros, o sea, un 50% por encima de la paga de los ministros. El sueldo de los secretarios de la Generalitat supera en un 25% al de los secretarios de Estado.

Suma y sigue. La nómina de un alto cargo catalán asciende en promedio a 83.421 euros, casi un 50% más que sus homólogos del Gobierno central.

Todos estos datos son chocantes, pero hay otro que todavía resulta más ilustrativo sobre la forma de proceder de nuestros amadísimos representantes. Se refiere a dos personajes que lucen el palmito como líderes indiscutibles en materia de mamandurrias: el máximo responsable de la obra pública y el jefe del aparato de agitación y propaganda de la Generalitat.

El primero de ellos es Joan Lluís Quer, líder de Infraestructures, quien ingresa la friolera de 150.549 euros anuales. El segundo, Brauli Duart, es el gran timonel de TV3 y Catalunya Ràdio. Por su trabajo recibe 144.000 euros. Su ingrata labor al frente de los medios públicos explica cabalmente que Artur Mas lo retribuya con esplendidez sin igual. En verdad, no resulta nada atractivo el desempeño de supremo jerarca de una especie de No-Do franquista en versión vernácula.

La lista de los prebostes que ingresan más de 100.000 euros anuales es extensa. Incluye, entre otros, a Carles Viver Pi-Suñer, que fue ni más ni menos que magistrado del Tribunal Constitucional y ahora está enchufado a la ubre catalana con un cargo vacío de sustancia, el de “Comisionado para la Transición Nacional”.

Otros miembros de esta elite acaparadora son Joan Iglesias, director del programa de definición del modelo de administración tributaria de Cataluña; Albert Lamarca, presidente de la comisión jurídica asesora; Margarida Gil, directora del gabinete jurídico de la Generalitat; Jordi Baiget, secretario del Govern; y Jordi Vilajoana, secretario general de la Presidencia.

Pero no acaba aquí la cosa. Hasta los secretarios de los ex presidentes Pasqual Maragall y José Montilla se embolsan pagas que rondan los 100.000 euros.
En resumen, la ralea política protagoniza un bochornoso espectáculo de abusos salariales sin cuento. Así se comprende que, por nuestros andurriales, hasta los legítimos cobros de las farmacias estén en el alero.
 


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