AGLI Recortes de Prensa   Lunes 14  Septiembre 2015

Cuando dialogar es claudicar
EDITORIAL Libertad Digital 14 Septiembre  2015

El presidente del Gobierno y del Partido Popular, Mariano Rajoy, ha afirmado este domingo en Lérida que está abierto a dialogar sobre un nuevo modelo de financiación si la Generalidad de Cataluña vuelve a la normalidad y la moderación. "Diálogos", no "monólogos", ha pedido el líder popular.

¿Por qué espíritu se ha dejado poseer el presidente del Gobierno, por el del emérito Juan Carlos y su campechano "Hablando se entiende la gente" al entonces líder de ERC Ernest Benach o por el de su Metternich de guardarropía, ese Margallo que el día menos pensado exige que se reconozca la Nación Catalana en preámbulo de la Constitución? En cualquiera de los dos casos se impondría el exorcismo, porque ninguna de las dos alternativas es asumible ni presentable.

Lo que ha de hacerse con el Gobierno regional de Cataluña es obligarle a cumplir con su principal deber, que es el de cumplir y hacer cumplir las leyes del Estado español, del que forma parte y del que obtiene su legitimidad. Eso pasa indefectiblemente por combatir en todos los frentes a quienes no sólo en los hechos están socavando las instituciones catalanas, y por ende también las españolas.

En esta tesitura, con un representante del Estado en abierta rebelión contra el mismo, amenazando con la voladura del régimen constitucional y de la Nación, las apelaciones al diálogo no son síntoma de magnanimidad sino de claudicación e intolerable excusa para no cumplir con las obligaciones contraídas.

Rajoy, sencillamente, no puede dialogar con golpistas. Todo lo contrario: debe frustrar sus planes y llevar la normalidad a las instituciones catalanas. Llevar, no pedir, pues no se trata de una concesión que deba impetrar a nadie.

Corrupción: encuentre las diferencias
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 14 Septiembre  2015

Encontrar diferencias entre la corrupción política catalana y la española recuerda un poco a esos juegos infantiles de "busca las diferencias" entre imágenes que son muy similares salvo en algún detalle muy menor, de manera que sólo con mucha concentración es posible advertirlas. Efectivamente, la corrupción política catalana se parece a la española casi como una gota de agua a otra. De manera que la financiación irregular de CDC es sospechosamente similar a la del PP con su modelo de adjudicaciones de contratos públicos a empresas afines en Administraciones gobernadas por el partido a cambio de comisiones, de las que una parte importante acaba en los bolsillos de los intermediarios, que para eso se arriesgan. Se parecen también asombrosamente en sus tesoreros imputados mantenidos con nómina, despacho y ordenador en las oficinas del partido hasta que alguien lo descubre y se ven obligados a echarles, pero siempre teniendo cuidado de no enfadarles mucho para que aguanten el tirón ("Luis, sé fuerte"). Se parecen también en su voluntad de obstaculizar las investigaciones policiales haciendo desaparecer documentación comprometida, ya sea triturando papeles o destruyendo discos duros. Y qué decir de los respectivos jefes políticos que durante décadas han controlado todo pero lo han ignorado todo, del trasiego de maletines, de las sedes registradas y de las comparecencias en los Parlamentos para dar explicaciones más o menos obligados por la oposición y/o la opinión pública, comparecencias que se convierten en espectáculos no aptos para ciudadanos adultos por el grado de desprecio a la inteligencia que muestran.

El epicentro de la corrupción suele estar también en los ayuntamientos, dado que los controles preventivos administrativos son mucho más débiles en el nivel local y los cargos políticos pueden adjudicar contratos y concesiones con más libertad a quienes les parezca bien. Conviene no olvidar que en muchos municipios es frecuente que los cargos electos formen parte de las mesas de contratación, es decir, de los órganos técnicos que van a decidir las adjudicaciones. La correlación entre corrupción política municipal y debilidad de controles preventivos no es una casualidad, como ha puesto de manifiesto el reciente estudio de la Fundación ¿Hay Derecho? sobre corrupción institucional y controles administrativos preventivos (www.fundacionhayderecho.com).

La resistencia a asumir responsabilidades políticas por escándalos de corrupción es idéntica. Una vez establecido el sacrosanto principio de toda democracia de baja calidad según el cual no hay necesidad de asumir ninguna responsabilidad política hasta que un juez te meta en la cárcel o casi las presiones, lógicamente, se trasladan al ámbito judicial para evitarlo. Aquí tenemos un gran abanico de posibilidades: se pueden poner palos en la rueda de la instrucción judicial -recordemos que los presuntos corruptos institucionales disponen de importantes recursos públicos para su defensa-, cambiar al juez que resulte incómodo, interferir en los nombramientos de órganos colegiados 'sensibles' vía CGPJ o Parlamento autonómico (Sala de lo Penal y Civil de Tribunales Superiores de Justicia, Presidencia Audiencia Provincial, Audiencia Nacional, Tribunal Supremo), regatear recursos humanos y materiales a los juzgados colapsados por los macroprocesos de corrupción, o si nada de lo anterior funciona se puede acortar el plazo de las instrucciones o eliminar la "pena de banquillo". Como última, medida si no se consigue detener la maquinaria judicial -lo que a veces ocurre-, queda siempre la posibilidad de indultar a los corruptos. Se trata de asegurar la impunidad y el 'business as usual'.

En definitiva, las prácticas de la clase política para eludir la responsabilidad penal son idénticas en Cataluña y en el resto de España, con la única salvedad de las respectivas competencias en la materia, dado que el Gobierno catalán todavía no puede indultar a nadie ni modificar la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Pero sin duda son posibilidades muy interesantes para un Estado independiente con una clase política con problemas graves de corrupción.

En cuanto a los empresarios que pagan las comisiones, la verdad es que tampoco se advierten grandes diferencias; gente próxima al partido que sabe cómo funcionan las cosas y que no las cuestiona, dispuesta a callar y a defender su honorabilidad y, de paso, de sus intereses. Gente que dona cantidades muy importantes a los partidos o, mejor todavía, a sus Fundaciones (más resguardadas) por 'patriotismo' o por afinidad ideológica, por pura bondad, vamos. De hecho, algunas empresas particularmente locales han nacido y crecido al amparo del poder político al que le deben todo, aunque en un país donde predomina el capitalismo de amiguetes incluso en grandes empresas cotizadas no resulte sorprendente. Quizá la pequeña diferencia es que los empresarios catalanes parecen más diligentes con la contabilidad de sus mordidas, y se molestan en anotarlas por cada adjudicación pública en un documento guardado en un lugar seguro, no vaya a ser que luego haya problemas a la hora de hacer las cuentas. Una bendición para los investigadores.

Aún así, es posible, si prestamos mucha atención, percibir elementos distintos, que se convierten en ventajas claras a favor de los partidos nacionalistas. Así CDC puede sostener sin ruborizarse que la investigación de su financiación irregular procede del Estado opresor -aunque la denuncia partiese de su actual socio, ERC- mientras que el PP o el PSOE en parecidas circunstancias se tuvieron que conformar con denunciar una "causa general" contra sus respectivos partidos. En todo caso, nuestra clase política tiene claro que hay que intentar convencer al votante de que la culpa de la corrupción propia es del adversario político, o al menos de que el adversario político es todavía más corrupto que uno y que para eso siempre será mejor votar a 'tus' propios corruptos. De nuevo, la ventaja para CDC es que algunos de sus adversarios políticos ya no lo son tanto gracias al prodigio de la lista única: al parecer la cuestión nacional permite dejar aparcada la cuestión de la corrupción, al fin y al cabo siempre será mejor un corrupto de la tierra que uno de fuera.

De la misma forma, otro punto para CDC es que el "pacto de silencio" reinante en Cataluña sobre el cobro generalizado de comisiones ha sido hasta ahora bastante más espeso que en el resto de España: al fin y al cabo Maragall optó por callarse después de su famoso exabrupto inicial mientras que sus compañeros en el Parlamento nacional -aún a riesgo de enseñar sus vergüenzas, especialmente en Andalucía- optaron por una línea más combativa con el PP lo que nos ha proporcionado cumbres dialécticas inefables del "y tú más".

Por último, no hay que olvidar las diferencias en la cobertura de la corrupción por parte de los medios de comunicación. En el resto de España -con honrosas excepciones- los medios tienden a enfatizar la corrupción política de los antagonistas y a minimizar la de los afines, pero lo cierto es que los grandes escándalos de corrupción acaban llegando al público. Los medios catalanes dependen mucho más del favor político por lo que los escándalos de corrupción son más fáciles de acallar. Conviene no olvidar que la excesiva cercanía se traduce en un incremento de la autocensura cuando no de la censura a secas.

Pero, sin duda, donde la clase política catalana nacionalista ha superado con creces a la española es en el hallazgo de evitar la asunción de responsabilidad política incluso cuando hay elecciones. Efectivamente, en la democracia española la única posibilidad real que tienen los electores de depurar responsabilidades políticas a la vista de que nadie dimite y a nadie se le cesa es, sencillamente, votando por otros partidos o por otros políticos. Pues bien, el señor Mas y CDC han conseguido que no haya que responder ni siquiera en unas elecciones de la gestión, de los recortes, del nepotismo, del despilfarro, del 3% y de la corrupción generalizada en las instituciones. Mejor todavía, con un poco de suerte ya no habrá que responder de ningún posible delito ante los jueces y tribunales del Estado español. La impunidad total. El sueño de cualquier caudillo que prefiera responder ante la Historia que ante los ciudadanos.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado, fundadora de Iclaves, editora del blog '¿Hay derecho?' y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Independencias en las interdependencias
José Javaloyes www.republica.com 14 Septiembre  2015

Dentro de un contexto europeo, y éste a su vez en otro más amplio, de porte semiglobal – el de la migración masiva de refugiados que llega en oleadas sobre la Unión Europea, centrifugados por el devastador conflicto multisectorial de Siria -; dentro de un cuadro así, el presidente del Gobierno en una entrevista a la periodista Ana rosa Quintana, en el marco de la tensión que genera la presión de la disidencia nacionalista al aire de las elecciones autonómicas convocadas en Cataluña ha dicho: “ No tengo la culpa de que haya más independentistas”.

Así en el orden temporal y espacial de nuestra propia circunstancia española y en nuestra participada realidad europea – signada por el agobio generado desde el desbordado flujo de esas desventuradas multitudes -, convergen sobre la atención del lector dos solicitaciones que se disputan el interés de éste.

Una y otra cuestión, la del nacionalismo separatista que en Cataluña apremia en sus demandas y la del éxodo generado por la guerra civil a muchas bandas que padece el pueblo árabe de Siria, siendo tan distintas en sus específicos contenidos, parten en su respectiva realidad de dos dinámicas iguales. Cada cual deriva causalmente de un problema originario propio en sus respectivos ámbitos.

El incuestionable crecimiento del separatismo, lo hace desde los errores cometidos en el proceso constituyente, al incluir la contradictoria referencia a las “nacionalidades” en el Título Octavo de nuestra Carta Fundamental y, en el tranco histórico de la Transición, la desventurada asignación a las Autonomías de las competencias estatales en materia tan crítica como la Educación Nacional.

Una cosa y la otra, el “gol” de las Nacionalidades tramado por los “austracistas”, que perdieron la Guerra de Sucesión, y la desafortunada cesión a las Autonomías de la custodia estatal de la Enseñanza, son la fuente del actual independentismo. En ellas se cebó el nacionalismo reinventado en el Siglo XIX al hilo de la nueva eclosión de “patrias europeas”. Nada que imputar o atribuir, por tanto, a la labor política actual presidente del Gobierno ni de ningún otro, hecha la excepción de ZP. De modo que si hubiera que buscar el remedio causal a la metástasis separatista, en teoría habría que reformar la Constitución del 1978 para extirpar lo de las Nacionalidades, y después introducir, por vía de referéndum también, el retorno de la Educación a los poderes del Estado. O sea, misión poco menos que imposible.

Tan imposible e impracticable de momento como la operación política internacional de acabar de una vez por todas la guerra en Siria: la fuente inagotable de la migración oceánica que inunda Europa como un sobrecogedor tsunami demográfico. Generador de problemas no avizorados aun en su mayoría.

¿Estamos ante el fin de Europa, tal y como hoy la conocemos?
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com 14 Septiembre  2015

Es sorprendente el parecido de la caída del Imperio Romano con lo que está ocurriendo en la actualidad en Europa, si entendemos como actualidad un recorrido temporal de dos o tres décadas.

Como cuestiones previas tengo que mencionar la importancia ineludible que tienen las raíces judeocristianas y grecorromanas, con toda la carga de las fuentes filosóficas que han dado lugar a un modo de vida de Europa, y, por extensión de todo Occidente, en la conformación de lo que llamamos “civilización occidental”. Muy significativas son esas claves para entender el valor de nuestra civilización cuando vemos cómo masas de personas abandonadas en su dignidad arriesgan sus vidas para alcanzar el paraíso de nuestro ámbito de civilización, despojados de todos sus derechos e imposibilitados para vivir con un mínimo de respeto en su individualidad.

El elemento fundamental es la consideración de cada sujeto como detentador de valores y protecciones por el solo hecho de su humanidad, de su individualidad. Y esta consideración tiene raíces cristianas. Independientemente de nuestras creencias, esta afirmación es irrefutable y forma parte del abanico cultural que habita en nuestra civilización. El intento de menoscabar, de atacar o de suprimir estas raíces supone una agresión directa a los fundamentos axiológicos de nuestra forma de ser y de existir, y de los elementos constitutivos de nuestras formas de convivencia.

Estamos asistiendo a un fenómeno migratorio sin precedentes, tanto por razones económicas, de búsqueda de un vivir mejor, como por motivaciones políticas, religiosas o de conflictos bélicos, por pura supervivencia. Todos nos sentimos concernidos por las imágenes de familias desesperadas en búsqueda de un mundo donde poder vivir, perseguidos por las bombas, por las ráfagas de balas o por la persecución fanático-religiosa de un mundo islámico exacerbado que no asume los derechos subjetivos de las personas, como tampoco lo hacen los fanatismos nacionalistas exagerados que tenemos demasiado cerca. Yo soy uno más de los que me siento conmovido, profundamente afectado en mis sentimientos de solidaridad humanitaria, y quisiera acoger a todos los que huyen de la guerra o del fanatismo, o de ingenierías sociales para la hegemonía de poder. Pero…

Como decía, hay mareas humanas que pugnan por vencer las puertas de Europa y llegar a la tierra prometida donde existen derechos, donde la asistencia social es un paradigma y donde hay desarrollo económico y social, a pesar de la crisis endémica que nos afecta desde el prisma económico y de valores. Nos vemos abocados a un dilema que hemos de afrontar sin dar pábulo a la demagogia, a la sensiblería populista o interesada ni al cortoplacismo. Este dilema consiste en asumir la adopción de todos los emigrantes que buscan nuestro progreso y bienestar o poner límites en la acogida de dichos emigrantes, sean cuales sean las razones de su huída de los países de origen.

La acogida ilimitada forma parte de nuestra idiosincrasia radicada en las fuentes cristianas de nuestra estructura cognitiva y emocional colectiva, por tanto es una cuestión de coherencia con nuestra lógica colectiva. El poner límites responde a la supervivencia, precisamente, de esa forma de ser, que, por lo visto, es tan envidiada por quienes carecen de los más elementales derechos, por vivir donde no existe esa forma de percibir las relaciones humanas, es decir, donde no existe la tolerancia y el respeto como pilares de la convivencia en comunidad. Hay que elegir entre una u otra, entre el buenismo ingenuo del demagogo y los límites de quienes quieran parar un proceso irremediable.

¿Y cuál es ese proceso irremediable?
Indudablemente, una colonización como la que hicieron los godos en la Roma Imperial, cuando la corrupción, la ausencia de valores, el hedonismo, la atonía, la indefinición…, provocaron el hachazo final tras dos siglos de ocupación progresiva del espacio romano, con, ahora, la islamización de Europa.Recordemos que el Imperio acabó desapareciendo del mapa para abrirnos a un nuevo periodo de las tinieblas: la Edad Media.

Indudablemente, el enfrentamiento entre clases sociales acomodadas que ven peligrar su estatus con los nuevos parias que van a ir reconociendo sus derechos –lógicamente- como ciudadanos de un nuevo mundo que les ha acogido. Para esto se requiere tiempo, pero todo llega.

Indudablemente, la desaparición de los valores que han producido nuestra civilización occidental. También es cuestión de tiempo y de úteros.

Indudablemente, la aparición de movimientos xenófobos y totalitarios, que ya apuntan en Alemania, y que apuestan por la persecución al diferente. Este germen del fascismo estaba contenido o abducido, y brotará con fuerza.

Esto produce una situación de inestabilidad, de riesgo, y de incertidumbre de futuro.

Y… alguien me preguntará… ¿Y cuál es su propuesta de solución?
Pues, en primer lugar, encarcelar a quien ha provocado la situación, bien por intereses de comercio armamentístico, por intereses geoestratégicos o por control de los mercados gasísticos y de hidrocarburos; o por producir inestabilidades regionales para lograr un nuevo orden mundial. No soy tan tonto como para pensar que eso es posible, pues controlan al mundo. Es más probable que el que vaya a la cárcel sea yo mismo.

Ellos son los que han provocado el problema, con falsas primaveras árabes, con el derrocamiento de sátrapas que tenían controlado el Magreb para llevar a esos países al caos y hacerles pasto fácil para una nueva revolución panislámica. Estos son los culpables y deben pagar su responsabilidad.

Por tanto, deducción lógica… ¿solución…? ¿Para qué sirve la OTAN, la ONU y otras organizaciones internacionales que son incapaces de poner racionalidad y orden en el mundo? En consecuencia… deduzcan ustedes mismos la respuesta.

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El derecho a decidir no existe en la nación española

La respuesta al necio desafío de las instituciones catalanas no puede ser más que una: aplicación sin demora del Articulo 155 de la Constitución y del articulado del Código Penal sobre delitos de sedición
R. Centeno / A. García Trevijano El Confidencial 14 Septiembre  2015

Ni el Gobierno, ni los partidos políticos, ni la Corona se han enterado todavía de lo que está en juego. No existe ni un solo antecedente en la historia de los acontecimientos mundiales, como tampoco en la historia de las ideas políticas, que justifique el derecho de autodeterminación o el derecho a decidir dentro de un estado histórico como el español, que encontró su unidad nacional antes de la Revolución francesa. Un acontecimiento capital para entender la razón última y única que justificó el derecho de autodeterminación de los pueblos que no habían realizado la identificación entre nación y estado. Para Marx y todos los grandes pensadores políticos, el derecho de autodeterminación sería absurdo en naciones como Inglaterra (1), España, Portugal y Francia que habían adquirido conciencia de su unidad nacional antes de tan grandioso acontecimiento revolucionario.

Y ahora resulta que un puñado de ambiciosos pretende la secesión sin fuerza real para hacerla efectiva. Dislate que solo se explica porque tienen enfrente a unos pusilánimes que no se atreven a aplicar la ley, que es su obligación política esencial y primordial, lo que les descalifica no solo como gobernantes de España sino de cualquier país civilizado. En una democracia no cabe decidir sobre lo indecidible porque no entra en el terreno de sus competencias. El maestro de Ortega, el pensador e historiador francés Renan, afirmaba que “una nación puede hacer todo menos suicidarse”. Y la separación de Cataluña sería el suicidio de España. Las realidades históricas como España no son proyectos nacionales dependientes de la voluntad de sus ciudadanos en las urnas, solo lo deciden acontecimientos históricos, generalmente bélicos.

¿Cómo se ha podido llegar a esta degradación?
El pasado 17 de julio el Rey Felipe VI recibió a Mas -tres días después de que pusiera en marcha su plan soberanista para deshacer la unidad de España, con 500 años de respaldo histórico- quien, para evitar cualquier clase de dudas le advierte que, como viene haciendo con total impunidad, no piensa cumplir ni con la Constitución ni con la ley. Y todo lo que se le ocurre a Su Majestad es decir una perogrullada como si de algo genial se tratara: que la actitud de Mas era “irreconducible”. Y olvidando sus gravísimos deberes constitucionales de “arbitrar y moderar” el desafío institucional que le ha sido crudamente expuesto por el sedicioso Presidente de la Generalitat, se fue de vacaciones.

¿Acaso hay duda que desde hace décadas se viene agravando la tensión y el conflicto entre los gobiernos de España y la Generalitat? ¿Acaso no ha habido situaciones casi de emergencia nacional en las que el monarca estaba obligado constitucionalmente a moderar y en su caso arbitrar ante los flagrantes incumplimientos de las instituciones catalanas de las sentencias y resoluciones de las máximas instancias jurídicas del Estado? Y la Corona jamás se ha comprometido en defensa de la unidad de España, que es su única función constitucional y la única justificación de su existencia.

Y Rajoy, que a semejanza de Mas ni cumple la ley ni la Constitución, dijo que el gobierno “está estudiando todas las posibilidades legales”, porque después de 37 años de Constitución, tres años de gobierno, con dos ministros de Justicia y 600 asesores, aún no sabe cuáles son, y repitió como novedad que “en España la ley se va a cumplir. Vamos a dar la batalla”. Es decir, Rajoy finge ignorar que la ley no se cumple desde que él gobierna, y que no se dan batallas para hacer cumplir las leyes, única fuerza del Estado de Derecho. Parece convencido de que hay que batallar para que la Generalitat cumpla las leyes, cuando lo único que debe hacer si las leyes del Estado no son obedecidas es ejecutar esas leyes por la fuerza.

La tradicional cobardía de los presidentes de gobierno de la Transición ha hecho creer a los gobernados la barbarie de que las leyes solo se cumplen mediante consenso o acuerdos bilaterales. Esa creencia, fruto del oportunismo y del miedo a ser tachados de franquistas, es algo tan monstruoso que no solo es privativo de esta generación miedosa, sino que lleva directamente a la destrucción absoluta del Estado de Derecho. Según el CIS, la fractura política, social, moral y cultural producida por el gobierno y el parlamento catalán con las demás instituciones es total. No solo no se ha movido un dedo para evitarlo, es que se ha dado todo tipo de facilidades para ello, empezando por la transferencia de las competencias de Educación, con las que han adoctrinado en el odio a España y la mentira histórica a toda una generación.

Pero, además, la ruptura se ha producido desde arriba, es decir, por puras ambiciones de poder y no por una evolución natural de los gobernados. Un 50,3 % de los encuestados por el CIS es contrario a la independencia frente a un 44 % a favor, lo que es una derrota del independentismo. Problema: a través de una asignación de escaños totalmente arbitraria, los independentistas de CiU y ERC más las CUP llegan a la nueva ilegalidad que es interpretar que la mayoría de escaños y no de votos decide la cuestión de la independencia en el Parlamento. ¡Es la locura total! Unos auténticos dementes. Los separatistas revolucionarios de las CUP pueden tener en sus manos el futuro de Cataluña.

Si el CIS acierta, Mas anunciará el comienzo del proceso secesionista en contra de la mayoría de votantes, luego se mofará de una Constitución aprobada en referéndum por la inmensa mayoría del pueblo español -pero sobre todo en Cataluña, donde la votaron más de 86%-, y hacerse una propia donde las exigencias de las CUP, cuyo voto será decisivo, la harán similar a las de Cuba o Corea del Norte. Luego creará una infraestructura de Estado y emprenderá la persecución y marginación de los catalanes españolistas. La declaración unilateral de independencia la hará cuando las Cortes estén disueltas, algo tan infantil que causa sonrojo, aunque el desenlace más probable es el caos, una Cataluña enfrentada e ingobernable que hundirá la región para varias generaciones.

El socialismo inicuo
Además de la perversa dejación de funciones de las principales instituciones del Estado, ordenada por Rajoy, el socialismo, de acuerdo con su tradición demagógica de igualdad, pese a que cuando han gobernado se han producido las mayores diferencias de renta y riqueza de nuestra historia, propone una denominada Tercera Vía, “entre el inmovilismo de Rajoy y el independentismo de Mas”, que aunque no bien definida, porque ni ellos mismos saben lo que quieren y un día afirman una cosa y el siguiente la contraria, supondría conceder una serie de ventajas políticas y fiscales a Cataluña ruinosas para el resto de los españoles.

Hablan de federalismo como papanatas que ignoran que en nuestro Estado autonómico, el más disparatado del planeta, las competencias ya transferidas superan ampliamente las competencias que tendrían en un Estado federal. El gasto descentralizado son ya los dos tercios del gasto público total -excepto Seguridad Social y pago de intereses de la deuda- frente a un 50/50 en los Estados federales. Otros, los más ignorantes, hablan de un pacto fiscal igual al del País Vasco, que supone un robo al resto de los españoles de 11.000 millones de euros anuales, para un PIB que es solo del 6,1% del total nacional. Pero el Nobel a la Estupidez lo ha ganado sin duda Margallo, que propone darles todo el IRPF. ¿Y este insensato es ministro de Exteriores de España? ¿Pero en qué caos se han convertido hoy el PP y el Gobierno?

Si este modelo de cupo, que lo que debe hacerse es suprimirlo porque carece de justificación alguna y es un expolio escandaloso a todos los demás españoles, se trasladara a la totalidad del Estado como piden algunos iletrados dirigentes autonómicos socialistas, Hacienda dejaría de ingresar 180.000 millones de euros, con lo que el Estado tendría un déficit estructural del 22 % del PIB sumando el actual. Es decir, la quiebra absoluta del Estado. En el caso de que se extendiera a Cataluña, el expolio al resto de los españoles se incrementaría en 34.000 millones de euros. El PSOE tendría que explicar a sus millones de votantes no catalanes que para el socialismo son ciudadanos de segunda clase a quienes se puede defraudar.

Ante tan grandes disparates y ante una situación en Cataluña tan incierta, Rajoy no tiene mejor ocurrencia que la de reformar las competencias del Tribunal Constitucional, para que sea este órgano político-administrativo-judicial quien le permita ir a Cataluña con una pistolita de perdigones para asustar a los jactanciosos separatistas, que llevan años vulnerando impunemente la Constitución y el Código Penal de España. La respuesta al necio desafío de las instituciones catalanas no puede ser más que una: aplicación sin demora del Articulo 155 de la Constitución –que no es una amenaza sino el cumplimento de la ley- y del articulado del Código Penal sobre delitos de sedición.

Son las únicas respuestas sensatas y legales al cinismo de los independentistas catalanes, y para que las cumplan no se necesita ni la Guardia Civil ni mucho menos el Ejército. Basta y sobra con la policía autonómica, y en caso de algaradas callejeras, los antidisturbios. Si no lo hacen y el tema se descontrola, Rajoy deberá responder como en cualquier Estado de Derecho ante los tribunales de justicia, y desde luego ya ha de responder ante esta y las futuras generaciones por las consecuencias de su antipatriótica cobardía.

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(1) Marx no hablaba de Reino Unido porque Escocia es fruto de un pacto expreso y voluntario llamado Acta de Unión, firmado en 1707, que incluye el derecho a separarse.

Los nibelungos de Parchís
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 14 Septiembre  2015

Lo peculiar de la aceleración totalitaria del nacionalismo catalán no es su coreografía norcoreana, su sentimiento exacerbado y la dicha ovina con que la masa vive la exaltación de un pueblo unido, sin disidencia, que deberá ser exterminada por el bien de la raza o de la 'nostra gent'. Elías Canetti, en 'Masa y poder', explica cómo esa militarización de la sociedad civil, con los niños como escudos humanos, prueba la voluntad de liquidar a todo el que se oponga al dogma que marque el 'führer', 'duce', caudillo o 'president'. Lo esencial no es saberse la letra sino seguir la música, corear el estribillo del Poder. Nazis, fascistas, falangistas o 'escamots' (el fascio juvenil de ERC) ponían uniforme a los niños y pantalón corto de 'boy scouts' a los mayores, jefes incluidos. El nacionalismo catalán adopta una estética dominguera, de guardería. Nuremberg se disfraza de 'kindergarten'.

Los nibelungos de Junts por el Sí, en fila con su cartoncito de colores, eran wagnerianos del Liceo pasados por la Escola d'Estiu Rosa Sensat. Recordaban al grupo catalán Parchís, creado en 1980, el mismo año en que Pujol llegó al poder y se puso a 'fer' país, a hacer a los buenos catalanes tan obedientes al 'Mestre', Él, como crueles con los malos catalanes, a los que deben denunciar. Y lo hacen. Por eso en Cataluña ya no se habla de política en casa. El totalitarismo rompe la familia en favor del poder político. El buen comunista, nazi, fascista o nacionalista debe denunciar a su padre (Carrillo) o renunciar a madre, religión o moral para servir al Estado -proceso, revolución- en la cheka o en el 'Salón Kitty'.

El gran éxito del grupo era 'Comando G'. Sus miembros ocultaban su nombre y usaban los colores del parchís: Rojo, Verde, Amarillo y Azul, más un Blanco -integrado y mudo- que bailaba. Y decía: "¡Comando G/siempre alerta está!/Son cinco jóvenes y son robots,/cuya misión es la de proteger/a la tierra de los ataques/de seres de otras galaxias./Son cinco jóvenes de gran valor/que tienen una fuerza superior/son inseparables,/son invencibles,/¡Son el Comando G!". Y gritaban "¡Inversión!" ¿O "Secesión"? 'La guerra de los niños', película de Parchís, anuncia el 27-S. Pero 'El Señor de las moscas' muestra que los niños solos en una isla se vuelven criminales. Y el oasis, patio de concentración.

Obertura soberanista
Jose María Carrascal ABC 14 Septiembre  2015

«Si no le gustan mis principios, tengo otros». Así funciona el nacionalismo y así pretenden proclamar la independencia

Bueno, ya tienen su Diada 2015. Ya llenaron la Meridiana hasta los topes y cumplido todos los ritos que requiere el nacionalismo, con su colorido, sonido y ampulosidad litúrgica. Ya ha sonado la obertura soberanista, pues no otra cosa fue esa macromanifestación, destinada a elevar el ánimo de los «sólo catalanes», a intimidar a los catalano-españoles y a asombrar al mundo. En eso no se diferenció de los espectáculos multitudinarios que las dictaduras montan como sustituto de la democracia real, la de los votos, a cosechar el día 27.

O no cosechar, ya que la cosa no está tan clara, pues a poco que escarbemos nos encontramos con que en ese gran espectáculo hay más fanfarria que contenido. Por lo pronto, las cifras. Los organizadores dicen que acudieron dos millones de personas. La delegación del Gobierno, medio millón. Y la guardia municipal, 1.400.000. En casos como este, ¿a quién cree usted? Yo, desde luego, a la guardia municipal, que, además, es de Barcelona. Pues bien, de creerla, asistieron 400.000 menos que a la Diada del año pasado. Claro que, como los habían congregado en un espacio infinitamente más pequeño, parecían muchísimos más. Y a eso hay que añadir que estaban allí todos los independentistas, niños incluidos. Mejor dicho, faltaba uno: el gran jefe, que se reservó para las palabras finales, como es de rigor en este tipo de eventos. Talento para el fraude no les falta a los organizadores.

El escenario queda así listo para la doble estafa: habían convertido ilegalmente estas elecciones autonómicas en plebiscitarias, es decir, en un referéndum sobre la secesión, e incluso habían enarbolado el Sí en su candidatura. Pero al darse cuenta de que son minoría han vuelto a convertir las elecciones en autonómicas, y cuentan escaños, con lo que, en el mejor de los casos, obtienen una mínima mayoría. O sea, lo de Groucho Marx: «Si no le gustan mis principios, tengo otros». Así funciona el nacionalismo y así quieren proclamar nada menos que la independencia.

Hay que reconocerles, sin embargo, una cualidad que les da una inmensa ventaja: mientras que ellos saben lo que quieren y están dispuestos a todo para conseguirlo, enfrente tienen un mal avenido conjunto de formaciones enfrentadas no sólo entre sí, sino con diversidad de criterios dentro de ellas. Incluso en las que parecen más compactas, como el PP, saltan a diario disparidades entre sus dirigentes. Aunque nada comparable a las que se dan en el segundo gran partido, que lleva la palabra «español» en sus siglas, el PSOE, que ni siquiera se aclara en el concepto de España, diciendo una cosa en Madrid y otra en Barcelona, aparte de advertir que, con el PP, ni hasta la esquina. ¿Cómo puede convencerse a los catalanes que aún conservan el sentido común de las bondades de un Estado incapaz de decirles lo que ofrece? Claro que la oferta de los que se proclaman suyos tampoco es como para entusiasmar a nadie: salir de España, de Europa, y continuar con el hijo político de Jordi Pujol al frente. En fin, la solución, si existe, el 27 por la noche.

Cobardes y traidores
RAÚL DEL POZO El Mundo 14 Septiembre  2015

Mariano Rajoy ha estado en un mitin de Lérida y ha prometido que nadie vulnerará la ley. Fue la respuesta a la triunfal Diada del 11 de septiembre. No es un contraataque proporcionado al mosaico humano, asiático, el 'mass game' digno de Pionyang, con gimnastas y carreras circenses. Fue una muchedumbre de españoles contra el pueblo español y sus leyes, una turba pacífica con niños sonrientes. Pero la historia nos repite que las familias que se reúnen en las bodas y en las comuniones y se besan bajo los fuegos artificiales, se matan juntos si el nacionalismo desemboca en limpieza étnica.

No vamos a utilizar las analogías alemanas para no ofender, pero tampoco vamos a negar la apoteosis de la Diada. He visto muchas manifestaciones en mi vida, ninguna tan bien organizada como la de Barcelona. Mientras los constitucionalistas divididos en siglas y en pequeñas pasiones hacían paellas en Tarragona o se reunían en las catacumbas españolistas; los nacionalistas organizaron una película de Samuel Bronston. Albiol critica el bailoteo de los socialistas y Pablo Iglesias, que parece leal, habló en los barrios obreros recordando que hay una Cataluña del Carmel y una Cataluña de Pedralbes. Le faltó decir que, como siempre, a la hora de la verdad, en España, al pelotón de traidores se unen los cobardes, los equidistantes y los que se esconden en Burdeos.

Es de necios regatearles las cifras. En la Diada, nos arrollaron. Había 100 veces más gente que en la toma de la Bastilla, el Palacio de Invierno o la Marcha sobre Washington. Se apoderaron de España entera. La prensa de Barcelona es ya la quinta columna y el nacionalismo ha ganado el primer 'sprint'. Han engañado a la gente no de uno en uno, sino de cien mil en cien mil; lo han hecho desde el aparato del Estado sin jugarse el pescuezo como los criollos americanos. La muchedumbre, capitaneada por los ladrones, sólo se puede comparar, en cantidad, con la de la Plaza de Oriente contra la ONU.

A pesar de la estampida, los independentistas están lejos de la República catalana. Después del magnífico retrato que ha hecho Emilia Landaluce de Raül Romeva, se confirma la idea de unos capullos de peligroso pensamiento débil, 'tolstoianos' de atún rojo. Jordi Sánchez, presidente de la ANC, ama, como Romeva, más a los atunes que a los españoles. Este botarate ha amenazado: "Habrá que recurrir a la desobediencia para culminar la independencia". A ver si tienen huevos. Como me comenta un catalán listísimo, eso es lo que quisiera Madrid. "Si nosotros nos negamos a pagar impuestos, el Estado puede bloquearnos las cuentas corrientes. Podemos hablar mucho, pero hacer poco. El Estado puede poner al frente de los Mossos a uno de su confianza". En lo que tiene razón, quizás, es en que la República catalana no se ganará sólo con la declaración de independencia en el Parlament. En enero habrá que hablar de un Estado plural o de la separación de bienes y de la deuda impagable. A ver qué dice Bruselas.

Lo normal y lo legal.

Vicente A. C. M. Periodista Digital 14 Septiembre  2015

Mariano Rajoy sigue en su actitud suplicante que deja al Gobierno de España en una situación de debilidad extrema ante el desafío secesionista de Artur Mas y sus compañeros de “Junts pel Sí”. No contento con no descalificar las declaraciones de su Ministro de Exteriores Margallo, abunda en su oferta miserable y pide que “se vuelva a la normalidad”, como si algo de lo que ha transcurrido en la comunidad autónoma de Cataluña en los últimos 35 años fuese normal. No se puede volver a un escenario inexistente. Por otra parte la Asociación de militares ha dejado caer como si nada el papel constitucional de las FFAA de España como defensoras de la Unidad de la Nación. Este “ruido de sables” solo puede exacerbar el victimismo de los separatistas con aquello de “los tanques”. Y la verdad es que sinceramente no creo que debamos llegar a ese extremo existiendo otras vías como la propia Constitución y su artículo 155.

Pero aquí tenemos un problema, Mariano Rajoy. Este petimetre de provincias indigno del cargo que ostenta, nunca se va a atrever a tomar una decisión de gobierno legítima y proporcional a la vileza y gravedad del desafío separatista de auténticos desleales y traidores a España. Y ante esta dejación de responsabilidades es inevitable el que surjan voces críticas que exijan a quienes tienen responsabilidades de Gobierno que las asuman. Basta con cumplir la Ley, la misma que Mariano Rajoy junto a su Gobierno y todos los componentes de las Cámaras y cargos públicos juraron o prometieron cumplir y hacer cumplir al tomar posesión de sus cargos, legitimados por los votos de los ciudadanos y por esa Ley que ahora parecen remisos a aplicar con rigor.

No es extraño que ante esta cobardía manifiesta el secesionismo catalán y pronto el de algunos otros, se sienta envalentonado y dispuesto a seguir hasta las últimas consecuencias ante la falta de oposición. Solo faltaba el que además se siembre la duda sobre el futuro y que la UE no haga una manifestación rotunda institucional sobre la no permanencia en la UE ni en la zona Euro de una hipotética nueva nación surgida como escisión unilateral de otro Estado miembro de derecho como es España. Esta declaración debe exigirse oficialmente por el Gobierno de España, antes de que se consume el engaño que las fuerzas separatistas de Junts pel Sí perpetran en esta campaña electoral previa a las elecciones del próximo 27 de este mes. No se puede dar como válidas solo las palabras de dirigentes de algunas naciones como aval irrefutable y vinculante de todos los 27 países de la UE, por muy importantes que estos mandatarios sean.

Así que lo que debería hacer Mariano Rajoy es dejar de marear la perdiz y hacer circunloquios sobre supuestas “vueltas a la normalidad”, “ofertas de diálogo” y su vergonzosa dejación de responsabilidades al pedir que sean los ciudadanos los que decidan con sus votos en unas elecciones autonómicas sobre el futuro de España. ¡Gobierne de una vez y cumpla con su deber! Si no lo hace España se lo demandará y será cómplice de su fractura y desaparición como nación única e indivisible. Como recordatorio y como ejemplo voy a transcribir el juramento que está estipulado en las Fuerzas Armadas del Ejército de Tierra por si existe alguna duda de su alcance:

“¿Juráis por Dios o por vuestro honor y prometéis a España, besando con unción su Bandera, obedecer y respetar al Rey a vuestros Jefes, no abandonarles nunca y derramar, si es preciso, en defensa de la soberanía e independencia de la Patria, de su unidad e integridad territorial y del ordenamiento constitucional, hasta la última gota de vuestra sangre?".

Y ahora el que se le exige a los Cargos del Estado e Instituciones:
“¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo...(el que sea) con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado?".

Ahora es el momento de demostrar que no son unos perjuros ni traicionan a los ciudadanos incumpliendo su juramento o promesa. Lo demás es palabrería hueca de charlatanes de feria.

El mito de las autopistas en Cataluña
José García Domínguez Libertad Digital 14 Septiembre  2015

El independentismo catalán de finales del año 15 del siglo XXI sigue siendo tan perfectamente romántico, identitario, xenófobo, supremacista, atolondrado, sentimental y cursi como hace cien años; exactamente igual. Nada nuevo bajo el Sol (salvo el 3%). Ninguna diferencia estadísticamente significativa se puede encontrar entre la ideología profunda de un Joan Tardà, una Carme Forcadell o un Felip Puig y, pongamos por caso, un Miquel Badia, el legendario caudillo popular de Estat Català cuando la República. Se antojan desconcertantemente idénticos. Para ellos, el paso del tiempo no existe. Aunque, en descargo de los de antes, procede reconocer que eran mucho más honrados en lo intelectual que sus descendientes. Aquellos, al menos, no mentían. Eran cualquier cosa menos hipócritas. De ahí que reconociesen sin disimulos que ansiaban romper España porque la odiaban, la odiaban con todas sus fuerzas, no porque las balanzas fiscales de Lérida con Pontevedra o Albacete ofrecieran tal o cual saldo negativo.

Desempólvese en los fondos de armario de Google cualquier texto canónico del separatismo catalán y podrá el curioso conocer de primera mano ese atávica bilis antiespañola que ahora se esconde al pudoroso modo de las miradas indiscretas bajo mil coartadas economicistas. Por mucho que lo niegue –al menos en público–, Junqueras no es separatista por motivos estrictamente racionales de orden material y crematístico. Junqueras es separatista porque no consigue conciliar el sueño desde que, en su más tierna infancia, tuvo noticia de que unos catalanes errados habían firmado el Compromiso de Caspe durante los estertores de la Edad Media. Léase, si no, lo que el estadista de la Esquerra ha dejado impreso para la posteridad en un libro surgido de su pluma: "Cuando tenía siete años salí a hacer una encuesta por mi pueblo, casa por casa. Estaba convencido de que la mayoría eran independentistas como yo". Siete añitos, siete, contaba la criaturita.

Los argumentos económicos, pues, no suponen más que una excusa de circunstancias. Una excusa, sin embargo, que se ha revelado en extremo eficaz; y mucho más aún, huelga decirlo, desde que estalló la crisis. Así, son contados hoy los catalanes que todavía no se tragan la leyenda de que su territorio sufre una carencia crónica de autopistas gratuitas por culpa de la siniestra maldad de España, que pretendería de ese modo artero discriminarlos frente al resto de los habitantes de la península. Es ridículo, es disparatado, es absurdo, es demencial, pero los medios de comunicación locales lo repiten a diario, constantemente, sin cesar. Y la gente se lo cree. Compleja como suele, la verdad nada tiene que ver con el cuento. Por cierto, ese y otros embustes nacionalistas acaban de ser desenmascarados por Josep Borrell y Joan Llorach en un libro ya imprescindible, Las cuentas y los cuentos de la independencia (Catarata). Sucede que, en efecto, Cataluña –al igual que Galicia y el País Vasco– posee autopistas de peaje que proceden de la dictadura; autopistas construidas por la iniciativa privada cuando el Estado no podía pagarlas por falta de dinero.

Ergo, se trazaron únicamente allí donde fuesen rentables para los promotores privados; para el resto, no hubo nada. Y esa nada incluía al 90% del territorio español. Por cierto, unos constructores que, en el caso de las autopistas catalanas, tenían un nombre muy identitariamente catalán. Se llamaban, y se llaman, Abertis, sociedad propiedad de La Caixa. Los catalanes, pues, pagarían peajes. Pero el resto de los españoles pagarían el pato. Y es que las autopistas privadas catalanas también las han tenido que pagar a escote todos los contribuyentes españoles, algo que jamás se explica. Resulta que la empresa exigió un aval del Estado para cubrir el riesgo de futuras pérdidas derivadas de la devaluación de la peseta ante los créditos multimillonarios que había obtenido en el extranjero –y en dólares– a fin de realizar las obras.

Como de costumbre, la peseta se devaluó al poco. Y como de costumbre, los contribuyentes de Zamora, Córdoba y Teruel acabaron pagando la broma de su bolsillo. Eso no fue culpa, naturalmente, de los catalanes. Pero es la verdad y conviene que se sepa; sobre todo, en Cataluña. Muchos años después, y gracias al maná de los fondos de cohesión europeos, la España meridional dispondría, por fin, de autopistas nuevas y gratuitas; autopistas que no se construyeron en las regiones menos desarrolladas del sur por un capricho arbitrario del Gobierno de España, sino porque así lo exigió la Unión Europea. Eso también conviene que se sepa; sobre todo, en Cataluña. No se trataba de discriminar a Cataluña y a los catalanes. Se trataba de cumplir las normas obligatorias de la política comunitaria de cohesión territorial. Habría que ser un genuino miserable para hacer pasar eso por una oscura conspiración de Madrit contra Cataluña. Pero es que los economistas orgánicos de Junts pel Sí resultan ser unos genuinos miserables. No dejen de leer lo de Borrell.

El secuestro de Cataluña
Teresa Freixes.www.latribunadelpaisvasco.com 14 Septiembre  2015

Profesora de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)

Tengo la sensación de que Cataluña (sic) está culturalmente secuestrada. Como si estuviera en un zulo, tras una puerta cerrada con una cadena y un candado. Imagino una puerta antigua, con fisuras en la madera, reseca, con rendijas por las que sólo pueden emerger efluvios significativamente conformados para que sólo ellos puedan ver la luz. Y digo Cataluña, no una parte de Cataluña, sino toda ella, porque para que esa puerta con cadena y candado únicamente deslice por sus ranuras lo que constituye la cultura oficial del régimen, tal régimen necesariamente ha tenido que haber previamente secuestrado no a la parte sino al todo. De otro modo, no sería posible que la construcción cultural representativa de lo políticamente correcto aquí y ahora, fuera prácticamente lo único que tiene presencia en los foros que, en Cataluña, gozan de proyección (y protección) tanto interna como externa.

Se ha secuestrado a Cataluña con un método aparentemente nada sofisticado. La imagen de la puerta de madera antigua, vieja y con resquicios selectivos, constituye todo un símbolo. Sólo deja pasar lo que puede ser nuevo, creativo y cualitativamente estimulante si no pone en peligro el omnipresente mensaje cultural y político del nacionalismo más letal y conservador, disfrazado, eso sí, de la palabrería pseudomoderna y populista más abyecta hacia las manifestaciones culturales que no responden a esos parámetros y acompañado de la mayor tergiversación conceptual que el mundo civilizado ha sufrido desde que el Congreso de La Haya de 1948 esculpió a cincel la inescindible tríada “Estado de Derecho, democracia y derechos humanos” como friso del mundo libre.

El método utilizado para este secuestro cultural no es simple, pese a su apariencia. Ha venido conformándose espuriamente, utilizando las emociones, sin poso cultural racional, a través de la educación, de los medios de comunicación, del uso indebido de los fondos públicos y del gregarismo asociativo identitario, para intentar hacernos creer que somos un pueblo, diríamos, privilegiado, portador (no diré de valores eternos porque la frase recuerda el infausto relicario del NODO) que tenemos peculiaridades labradas a lo largo de una historia de opresión, casi de exterminio cultural, las cuales ahora emergen cual Marianne liberadora, emulando a Gandhi o Luther King, símbolos utilizados en forma tergiversada por quienes nos (des)gobiernan.

De este modo, los resquicios de la envejecida puerta, dejan fluir los mensajes que van creando una cultura acuñadora de conceptos como el de buenos y malos catalanes, por ejemplo; la mejor consagración institucional de tal definición se hizo pública cuando el actual Presidente de la Generalitat, entonces dirigente del partido político que ganó las siguientes elecciones, calificó como “buenos catalanes” a los que habían asistido a la manifestación contra el Tribunal Constitucional, porque éste se había atrevido a considerar contrarios a la Constitución varios artículos del recientemente adoptado Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006. Si esos eran buenos catalanes, ¿qué éramos los que no habíamos acudido a la manifestación?

La puerta del zulo también permite que por sus hendeduras se deslicen los personajes hegemónicos en la transmisión de conceptos adulterados, a los que se pretende dar carta de legitimidad a fuer de repetirlos machaconamente en tertulias, foros, conferencias, redes sociales… El ejemplo menos ético de todos ellos es la reiterada confrontación que estos héroes mediáticos realizan entre la ley y la voluntad popular, contraponiendo el Estado de Derecho a la democracia sin tener en cuenta que ésta se sostiene únicamente por el imperio de la ley, que es su mejor garantía. No nos dejan votar, dicen. No nos reconocen el derecho a decidir. O, peor, no dejan que Cataluña (sic otra vez) se constituya como el Estado que tiene derecho a ser. ¿Cómo van a justificar ante la sociedad, y ante la Historia, los actos contra la Constitución democráticamente establecida, con la aquiescencia abrumadoramente mayoritaria del electorado catalán en el referéndum que la alumbró, afirmando que saltarse la Constitución es una conducta democrática? ¿Cómo se atreven a insultar, como hacen, llamándonos fascistas y anti demócratas a quienes defendemos que la democracia exige el respeto a las leyes y el uso de los procedimientos legalmente establecidos para cambiarlas? ¿Cómo osan confundir a la ciudadanía creando dogmas falsos sobre el futuro de Cataluña en la Unión Europea, acerca de la bonanza económica como inherente a la hipotética independencia, respecto de una mejor prestación de esos servicios que ellos mismos han recortado innecesariamente detrayendo los recursos a ellos destinados para derivarlos a la propaganda secesionista o en relación, incluso, como ha afirmado una candidata de la coalición independentista, a que las mujeres sólo podremos ser realmente mujeres y desplegar todo nuestro potencial en una Cataluña independiente? ¿Cómo es posible que utilicen nuestro esfuerzo, nuestros impuestos, para financiar una propaganda cuyas técnicas nos recuerdan algo que creíamos periclitado en las sociedades democráticas, manipulando a golpe de talonario o de editoriales conjuntos no propios de la prensa libre?

Fíjense, piensen, y vean, la minucia que los resquicios de la puerta dejan fluir.

Pero detrás de la puerta no está la nada. Está todo aquello que nos había identificado como sociedad abierta, plural y culturalmente avanzada. Está todo aquello que nos impulsó ante el mundo y nos hizo ocupar un lugar destacado en las artes, las letras y las ciencias. Están esos autores y ese mundo editorial que nos permitieron abrir los ojos y que ahora quieren relegar a las cavernas. ¿Por qué ahora no tenemos referentes culturales similares a lo que fueron Marsé, Gil de Biedma, Goytisolo…? ¿Porque escriben en lengua castellana y por ello se los esconde? ¿Por qué ahora nuevos y buenos autores afincados en Cataluña e internacionalmente reconocidos no consiguen emerger y son barridos por el tsunami de la cultureta oficialista? Podríamos seguir con un montón de por qué…

Ayer tuvo lugar la cena de inauguración de curso del flamante Centro Libre de Arte y Cultura (CLAC), con la asistencia de una cuarentena de personas del mundo cultural barcelonés. Me atrevería a situarnos, lo escribo incluyéndome porque yo también estaba ahí, al otro lado de la puerta, buscando inútilmente intersticios en la ajada madera que nos permitieran ser visibles y encontrar un lugar en la sociedad. Pero para ello no bastan los resquicios, no hay manera de colarse entre ellos. Para emerger necesitaríamos abrir la puerta. Y para abrirla queremos romper la cadena y el candado que la cierran. Necesitamos golpear con un cincel y un martillo que hagan saltar en pedazos los roñosos goznes y conseguir que la puerta quede abierta, podamos salir y el secuestro se termine.

El CLAC puede ser la herramienta que necesitamos. Por eso lo hemos creado. Para visibilizar a esa Cataluña abierta, plural e innovadora que queremos, en la que la igualdad de oportunidades se proyecte sobre todos los sectores socioculturales sin ningún tipo de discriminación.
(*) Artículo publicado inicialmente en el blog de la autora

España inmovilizada ante la ofensiva revolucionaria catalana

Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 14 Septiembre  2015

Se les dio la mano y ellos cogieron el brazo. Nunca como en esta ocasión los separatistas se habían esmerado tanto en organizar una diada, nunca la organización había sido tan perfecta y nunca cada grupo de personas, empezando por los grupos de gays y lesbianas y los cientos de miles de personas que vinieron del resto de Catalunya habían tenido previsto un acomodo tan bien indicado como en esta ocasión. Cursores que son empujados por la calle, cientos de miles de papelitos en forma de punta de flecha y banderitas son la muestra de que toda espontaneidad ha sido desterrada de la famosa Diada y que, los líderes de esta manifestación popular, no ahorraron medios ni euros en preparar esta teatral y concurrida muestra del independentismo catalán. Hasta se podría decir que estaban todos o casi todos los que forman esta “lista unida por el sí”.

Lo que les ha costado a los catalanes y a los españoles el que en la Meridiana de Barcelona se reunieran entre 600.000 y 700.000 personas (matemáticamente, según los expertos es imposible que quepan más) gritando a favor de una Catalunya independiente, no lo vamos a saber nunca porque, seguramente, forma parte de una hucha a la que van a parar las donaciones, una parte del dinero que reciben de Madrid y otra importante que seguramente debiera destinarse a pagar proveedores del Ayuntamiento y la Generalitat, que ha sido detraída para ayudar a formar esta entelequia en la que se han emperrado los nacionalistas, consistente en crear estructuras de estado para el momento en que tenga lugar esta ilusoria e imposible amenaza de la independencia de la autonomía catalana.

Una Diada celebrada dentro del periodo electoral claramente favorable a uno de los partidos que concurren a las elecciones del 27S y que, no obstante una Junta Electoral claramente inclinada a la causa del señor Mas, ha permitido que tuviera lugar. Tampoco parece que se hayan contenido un ápice todas las cadenas de TV catalanas o los informativos y radios, lanzados a tumba abierta en defensa de este escandaloso proyecto de separar a un trozo de España del lugar que viene ocupando en el estado español desde los Reyes Católicos con la particularidad de que, históricamente, nunca fue un país independiente pues vino perteneciendo a lo que fue la Corona de Aragón.

Todo sería una simple expansión, como lo han venido siendo las anteriores Diadas en las que, al día siguiente, todo continuaba igual en Catalunya, sin que tuvieran el más mínimo efecto en la vida cotidiana de las ciudadanos, de modo que se podía considerar como una simple anécdota nostálgica mediante la cual, los más catalanistas, pasaban unas horas pensando que se encontraban en una idílica Catalunya, aislada del mundo, en la que, las “butifarras”, pendieran de los árboles; un sueño ilusorio, pero sin que tuvieran la más mínima esperanza de que eso pudiera ocurrir nunca. En esta ocasión, con menos concurrencia que en anteriores diadas, se le ha querido dar por los separatistas un mayor boato, un significado mayor y una especial proyección hacia el exterior intentando lo que ya llevan años probando, conseguir el apoyo de algún país europeo. Un exaltado y descontrolado señor Mas, que ya ha perdido las buenas formas con las que anteriormente argumentaba, para empezar a caer en un paroxismo en el que ya tutea a sus adversarios políticos y habla “ambiciones imperiales” de aquellos que lo único que intentan es que se cumpla la Constitución (mayoritariamente aceptada por los catalanes) y que se respeten las instituciones, junto al mantenimiento de la legalidad; algo que, al parecer, han decidido no hacer aquellos a los que se les llena la boca la expresión “democracia” y que, en la práctica, no hacen otra cosa que pretender imponer a los españoles la voluntad de unos pocos enfrentada a la mayoritaria del resto de los españoles.

Lo verdaderamente inaceptable y lo que constituye uno de los mayores ataques al futuro de los catalanes es el gran engaño que se oculta tras los discursos optimistas de todos los que participan y dirigen esta obsesión separatista. No tienen el menor empacho en mentir cuando le explican al pueblo catalán lo que, según ellos, acontecería en esta región si la secesión de España se consumase. Da pena escuchar al señor Mas intentando convencer de que Europa “no puede vivir sin Catalunya” y que continuarían perteneciendo a la CE, recibiendo ayudas del BCE, del FMI y del BEI, como las han venido gozando hasta ahora, insistiendo en que el comercio que, actualmente, mantienen con el resto del continente lo mantendrían igual aunque estuvieran fuera de la nación española. Para Mas y Junqueras ( éste en el colmo de la estupidez política, sigue afirmando que no existe la norma europea que excluye a los países independizados de uno de los pertenecientes a la UE de su posible pertenencia a la CE), según intentan hacer creer a los que están dispuestos a tragarse el sapo, la posibilidad de que Catalunya pueda sobrevivir fuera de España colaborando, como ha sucedido hasta ahora, con el resto de países europeos es algo innegable, una realidad a la que se debe acoger, sin más averiguaciones, un crédulo y manipulado pueblo catalán.

Lo malo para los que así piensen, lo verdaderamente calamitoso para quienes se crean que tanto Merkel, como Hollande o el señor Cámeron, amén del propio Parlamento europeo, hayan mentido en las numerosas ocasiones en las que, a través de sus portavoces, han reiterado la imposibilidad de aceptar, en la Unión, a un país independizado mientras no exista unanimidad en ser aceptado y, todo ello, tan sólo cuando le tocara el turno en la larga cola de países aspirante a entrar en ella; es que sí, en verdad, existe la legislación comunitaria que avala tales afirmaciones. Lo cierto es que, los sucesivos gobiernos que ha tenido España desde que se instauró la democracia, han sido incapaces de tratar el tema catalán con la energía, la solvencia, la eficacia y la inteligencia que hubieran sido precisas para evitar que estas corrientes separatistas, que apenas hace unos años eran minoritarias, hayan conseguido, gracias a la pasividad del Estado, ir adquiriendo un desarrollo y una virulencia tal, que hayan llegado a constituir una verdadera amenaza para la unidad de España y para los españoles que vienen residiendo en esta comunidad catalana.

Lo peor es que, para enfrentarse a tamaño desafío, no tenemos a la persona adecuada ni tampoco a un ejecutivo verdaderamente dispuesto a asumir las riendas de la situación, obligando, con todos los mecanismos de que dispone el Estado de Derecho, a que se cumplan las leyes, se respete en todos sus aspectos la Constitución y se ponga en su sitio a todos aquellos que intentan destruir la unidad de nuestra nación. Se siguen lanzando cabos, se intenta reconciliarse con aquellos que siguen impertérritos el camino revolucionario; se dan muestras de debilidad y dentro del propio Gobierno de la nación se advierte la presencia de timoratos dispuestos, una vez más, a claudicar ante Mas y sus secuaces.

El resto de instituciones permanece en silencio, menos el poder Judicial que, por una vez y con timidez, ha advertido de que las leyes no pueden ser ignoradas. ¿A qué esperan quienes están obligados a garantizar la unidad de España para intervenir?, ¿acaso piensan que, tranquilamente, cobrando sus sueldos cada mes, ya han proporcionado a esta nación la ayuda que se espera de ellos? Cada día son más los partidarios de reconocer a Catalunya como una “nación”; cada vez aumentan los que se están cansando de oír hablar del “problema catalán” y estarían de acuerdo con que se les diera un régimen especial, con tal de que se callaran y, cada día, las izquierdas (vean a los de Podemos), que saben que tienen una mina que explotar con el tema catalán, ayudando a que se independice primero y, luego, a que quede sometida a un régimen de extrema izquierda que es lo que ocurriría si esta deriva nacionalista tuviera éxito.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vamos viendo como, a medida que se acerca la fecha del 27S, en lugar de que el frente común, en contra de las pretensiones separatistas en Catalunya, se refuerza y adquiera solidez; se va produciendo el efecto contrario, cuando el resto de partidos parecen estar dispuestos a sacrificar Catalunya a sus aspiraciones de convertir a España en un satélite comunista de la América latina. Malas perspectivas para los que queremos seguir siendo españoles y verdaderos demócratas, en España.

Gustavo Bueno: «En España tenemos el cerebro hecho polvo»
hugHes ABC 14 Septiembre  2015

Si algo no tiene el filósofo Gustavo Bueno son pelos en la lengua. Y lucidez es lo que le sobra. A sus 91 años, el autor de «Telebasura y democracia» demuestra en esta entrevista por qué le acompaña siempre la polémica

Gustavo Bueno recibió a ABC Cultural en su residencia de Niembro (Asturias). Acaba de cumplir 91 años y en septiembre se estrena un documental sobre su vida y obra.

Cuando habla, el filósofo suelta las dos manos, vueltas hacia sí, y las deja moverse, apremiantes, al mismo ritmo de su pensamiento. Es un gesto antiguo que no es el del orante ni el del orador y que imitan sus discípulos.

Sin afectación, contra el confusionismo general, Bueno y su materialismo constituyen la actualidad del realismo español.

¿A qué le da vueltas ahora?
Un tema suscitado por un programa que vi en la televisión sobre la cultura. Es una cosa impresionante. Lo que entienden por cultura es sobre todo danza. Llaman a individuos que llevan una guitarra y solo saben rasguear, y danzan y el público también se mueve. La cultura es una de las columnas vertebrales de España hoy en día y cada día tiene más importancia. En El mito de la cultura contaba la anécdota de un alcalde que invitó a una gran orquesta sinfónica, se gastó varios millones y acosado por los periodistas respondió: «¡Pero es que es cultura!» Porque la cultura es sagrada completamente. Antes en la tele escuchabas conciertos sinfónicos, ahora han ido suprimiéndose porque es propio de élites y te ponen una danza que recuerda a los chimpancés, con la gente levantando los brazos. O Bob Dylan. Una cultura macarra. Pero se trata de que la gente vaya y haga algo.

Contra la mayoría, usted ha negado que hubiera una ruptura intelectual en la posguerra.
No la hubo, al menos yo no la noté. Hay una anécdota graciosa. Yo estaba en Salamanca en un colegio mayor que dirigía Lázaro Carreter. Allí estaba rodeado de filólogos, por cierto, que ponían los ojos en blanco cuando leían lo de que «Dios está azul» de Juan Ramón Jiménez, una auténtica idiotez. Ahí también estaban Cela y Tierno, que un día llegó diciendo que en España hacía falta fustigar a la clerigalla y que había un filósofo alemán que vivía en Londres y decía no se qué de que no todas las preguntas tienen respuesta. «¿Te refieres a Wittgenstein?» «¿Cómo, cómo?» «Que si se llama Wittgenstein.» Se lo tuve que escribir. «¡Sí, sí, ese!» «Pues un momentito –dije–, que lo tengo en la habitación.» Y se lo bajé. Luego lo tradujo del inglés, creo que no se enteró mucho. Tenía audacia, Tierno.

Yo venía de estudiar en Zaragoza, donde no había división de letras y ciencias, algo muy importante. Era el año 41 e íbamos a clases de psiquiatría o anatomía. Freud o Darwin no se podían estudiar en la facultad de letras porque allí estaba el clérigo. Nos enseñaba la foto de Darwin, con esa cara de simio, y nos decía: «¡Miren el darwinismo! ¡Él es el que procede del mono, no nosotros!» Esto a mí con dieciocho años me irritaba mucho. Pero en la facultad de medicina sí nos los explicaban, y nos íbamos allí. Así que en el franquismo había de todo. Teníamos un profesor católico y poeta, Frutos Cortés, que nos hacía leer El ser y el tiempo, de Heidegger, y El ser y la nada, de Sartre, en 1943, y en las bibliotecas estaban, para quien las quisiera leer, las obras de Bertrand Russell. Al seminario de Frutos llegó un día un cura catalán, don Ramón Roquer, y nos dio una conferencia sobre el neopositivismo porque había estado en los congresos del Círculo de Viena. ¿Así que donde está la discontinuidad? Esta anécdota la conté yo precisamente en el homenaje a Martín Santos que se hizo en Madrid, en el Liceo Francés, con todo el PSOE presente. Defendí allí que el tiempo de silencio de la novela no era el del franquismo, sino el de la bomba atómica, la teoría de Jaspers, que después de lanzada para qué íbamos a hablar ya, sólo quedaba callarse y esperar la siguiente. Pues menuda bronca se organizó.

Se definió como un católico ateo.
Mi familia era muy católica. Mi tía Ángeles era de la CEDA y he vivido siempre entre curas. En la adolescencia me dio por no ir a misa, y mi madre, que era aragonesa, me decía que hacía el ridículo si no iba. Y tenía razón. Entonces me las arreglé para coger el Tratado teológico-político de Spinoza, que está lleno de latinajos, de un armario cerrado con llave en el que lo guardaba mi padre junto a libros de Voltaire y Anatole France. Lo metí en un devocionario de mi tía y entonces en misa los domingos yo cogía el devocionario y me ponía a leer a Spinoza; y el notario, que estaba a mi lado, me miraba de reojo y le decía a mi padre: «Oye, tu hijo muy bien, va para cura».

Yo siempre vi lo mismo, que la Iglesia heredó el derecho romano y la filosofía griega y les dio un impulso gigantesco que en cierto modo fue lo que hizo la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Esto lo digo yo en un libro con comentarios a unas conferencias de Ratzinger, ¡Dios salve la Razón! Yo a Ratzinger le seguía mucho, era un teólogo que sabía mucho, no como este Papa de ahora, que es otro cantar, pero yo no comparto la teología de Ratzinger, Dios no es racional. Confundirlo con la razón es absurdo. Me dediqué a sacar textos escolásticos donde dicen que Dios no es racional, que Dios no puede hacer silogismos. Dios directamente lo ve todo.

Ahí citaba además una serie de nombres para quienes, tipo Draper, hablaban del conflicto ciencia-Iglesia, de la Iglesia como campeón de la superstición; el krausimo, en una palabra. Para negarlo citaba a Copérnico, que era canónigo y su obra fue apoyada por los papas, porque no veían ninguna contradicción con el pasaje de Josué en que paraba el sol, lo que demostraba que el sol estaba en movimiento.

La enemistad de la Iglesia contra Copérnico y Galileo no fue por geocentrismo, sino por el atomismo, que sí planteaba dificultades para explicar el dogma de la transustanciación.

La Iglesias desvió la atención con la astronomía porque temían mucho más el atomismo y la negación de la Eucaristía, del Corpus Christi, que es la esencia del catolicismo y que aquí por cierto se negó como si tal cosa. Un día el ministro Ordóñez dejó de considerar el Corpus Christi como fiesta obligatoria. Esto es la revolución, pensé, y no se han dado ni cuenta.

Pues además de Copérnico estuvo Mendel con la teoría de la herencia o el abate Lemaître, precursor de la teoría del big bang. Todos curas. ¿Cómo que la iglesia catolica es enemiga de la ciencia? Ahora bien, en el siglo XIX la cosa cambia con el materialismo y el marxismo; ahí la Iglesia perdió francamente posiciones, porque se extendió completamente esta ideología, el darwinismo, la termodinámica, el origen del universo y el fin del mundo.

Ahora todos los teóricos del big bang, Fleischmann, Hawking, empiezan sus libros contando un mito azteca. Que Dios vomitó el mundo y de la vomitina salió el sol y no sé qué. ¿Para qué me lo cuentas? ¿Para que veamos que eres más listo? En el fondo, siguen teniendo esa ideología.

¿Lo dejó Ratzinger por cuestión de fe?
Yo creo que dudaba. Pero sencillamente estaba cansado, razones fisiológicas, y estaba al tanto de los enormes problemas de la Iglesia católica. La Iglesia estuvo bien en el poder, cuando las cruzadas.

Usted se ha aproximado a la religión desde el materialismo.
En El animal divino sostuve la tesis de que la religiones son verdaderas, que los númenes no son meras especulaciones mentales, sino que tienen una realidad. Los identifiqué en las cuevas prehistóricas. El bisonte, el tigre de los dientes de sable, les producían terror y empezaron a adorarlo, cosa que ya dicen los paleontólogos.

Es una vulgaridad completa lo que voy a contar, pero un día, paseando por un camino, vi que se acercaba un perrazo impresionante, y quizás se reanimó en mí un mecanismo del Paleolítico: ¿Voy a tener miedo a este perro? Cuando pasé a su lado no le miré, pero al dar varios pasos me volví y el perro hizo lo mismo y nos quedamos los dos mirándonos. Este es tan listo como yo, pensé.

¿Qué opinión le merece el animalismo?
Totalmente disparatado. Hubo uno del PSOE, Garrido, que presentó la moción para reconocerles derechos. Decir que tienen derechos es un absurdo. Incluso, en el colmo, les quieren extender los derechos humanos. Claro, como nadie sabe lo que son los derechos humanos... Fundamentar los derechos humanos en el hecho mismo de su reconocimiento es como el gesto del barón de Munchausen de sostenerse agarrándose de los pelos.

¿Qué recepción ha tenido el materialismo?
La palabra materialismo es lo que más ha asustado. Por materialismo la gente entiende corporeísmo, el del marxismo propiamente, que lo real son los cuerpos; y es una cosa tan grosera que a cualquiera le espanta. Pero el materialismo no es corporeísmo. La materia no es una sustancia única, que es la tesis de los presocráticos y la de Marx, sino que tiene géneros distintos, y concretamente tres géneros: M1, M2 y M3. M1 es la materia física. M2 es la materia psicológica, el ánimo, la psique, y luego está M3: por ejemplo, la distancia entre dos cuerpos es también material, pero no corpórea.
«Se les llena la boca, pero nadie sabe qué es Europa»

Materialismo es pluralismo, pero sin continuidad entre las partes de la materia. Lo esencial es la discontinuidad, que fue el gran descubrimiento de Platón cuando habló de la symploké. Si todo estuviera ligado con todo (continuidad) sería imposible el conocimiento. «Todo está en todo» es la máxima del racionalismo para muchos, pero entonces no podríamos conocer nada. El principio de symploké implica que si todo estuviese desconectado de todo sería el caos. Platón dice que por tanto hace falta un principio según el cual no todo está ligado con todo o todo separado con todo. Nuestro materialismo es una forma de platonismo. Symploké, en una imagen, es el batallón de hoplitas cuando luchan con espadas y se entrelazan. Ese entrelazamiento.

¿Con Cataluña habrá «symploké»?
Eso es un desastre completamente. Acusan a Rajoy de pasota, pero creo que Rajoy tiene en cuenta el millón de individuos que sacarían a la calle los catalanes.

A mí antes me invitaban a ir allí, ahora nada. Estuve haciendo el servicio militar en el Pirineo en el 47 y no había problemas, pero aquello fue degradándose. Por el 56 formé parte de un tribunal examinador en Mallorca y suspendimos a todos porque no sabían español, solo mallorquín. Tuvimos que salir por la puerta de atrás. En septiembre volvimos a suspenderlos a todos; nos parecía absurdo que fuera bachiller un tipo que no sabía español siendo español.

En estas cosas lo principal no es el dinero, lo fundamental es el afán de ser distintos y el resentimiento. La confusión de ideas además es completa. La Constitución del 78 fue una cosa para salir del paso, hecha por gente que no sabía. El más eminente era Peces-Barba, una nulidad completa en filosofía del derecho. Otro que llegó a asombrarme fue Mayor Zaragoza, un pensamiento blando, malísimo. Estos son ingenuos completos, pero esta ingenuidad es intolerable a esta alturas.

Y la izquierda no sé lo que es. Es un concepto en principio puramente topográfico, de colocación en la Asamblea y antes en el Concilio de Nicea, pero políticamente no se sabe. Hay gente que dice, como Haro Tecglen, que son de izquierdas de toda la vida. Pues peor para ti. O que han mamado la izquierda. ¡Pero qué vas a mamar, si eso no se puede mamar!

En El mito de la derecha trato de demostrar que hay una derecha más a la izquierda que la izquierda. El franquismo tiene instituciones de izquierda: el Estado del Bienestar, la Seguridad Social, por eso las novedades no sé de dónde vienen.

Y luego, la democracia. ¿Pero quién sabe lo que es la democracia? Eso tiene bemoles. La de Pericles, dicen. Pero si era una democracia de esclavos. Descubrió el sistema de urnas y votar con piedras blancas o negras, la democracia procedimental, que yo he llamado muchas veces la democracia del autobús, como los del Imserso. A mitad de carretera se levanta un paisano y dice que en lugar de a Santiago nos vamos a Sevilla. A ver, votos. Pum. Pues todos a Sevilla. Eso está pasando ahora en los ayuntamientos con tanto grupo.

Platón y Aristóteles fueron críticos de la democracia de Pericles. Y modernamente, se cita a Rousseau y Kant como precursores, pero precisamente Rousseau dijo que la democracia está cerca de la tiranía porque tapa a la minoría. Además, ¿qué coño es el pueblo? Habló el pueblo y dijo mu. El pueblo es una fantasía completamente metafísica. El conjunto de los ciudadanos no es el pueblo.

Otro caso típico de confusión es el uso de los derechos humanos. Un ejemplo es lo de Atapuerca, con la mala sombra de usar una terminología contradictoria. Al hombre de Atapuerca le llaman el homo antecessor. ¡Pero si es antecessor entonces no es hombre! Lo dicen ustedes mismos, pero le aplican los derechos humanos y el derecho de ser tratado como tal. O el follón del cráneo del negro de Bañolas, que hubo que devolverlo. Reivindicar los derechos humanos para el tratamiento de unos huesos del Paleolítico obligaría a preguntar qué es el hombre para ellos.

¿Y la socialdemocracia?
Los soviéticos la llamaban el socialfascismo. Después del revisionista Bernstein y del renegado Kautsky, que decía Lenin, el Estado según ellos está en evolución permanente y es progresivo y gradual y no tiene fin. Por eso Lenin les acusaba de socialfascistas. La socialdemocracia eran los nazis. De hecho, los alemanes ayudaron al PSOE de aquí en la Transición. Eran la CIA y los alemanes los que financiaban esto. Y Carrillo vino porque a la URSS no le interesaba otro frente. La Transición fue una continuación del Plan Marhall, como Europa fue una invención del Plan Marshall.

¡Oh, Europa! Se les llena la boca, pero nadie sabe qué es Europa. Europeo soy antes que los alemanes porque cuando los alemanes andaban por las ramas nosotros ya teníamos un Estado, pero yo no tengo nada que ver con el Mercado Común. Europa es una biocenosis y su Historia no deja un solo mes sin una guerra.

Usted va en contra de mitos, supersticiones...
Contra las ideas confusas, para decirlo con Spinoza. Mi actitud es simplemente procurar que las ideas sean claras, pero no cortas, porque hay quien tiene ideas, pero cortas, como Boyer. Yo vi que la cosa iba muy en serio aquí cuando le confiscaron los bienes a Ruiz-Mateos.

¿Conoció a Fernandez Miranda?
Con Torcuato tuve mucha relación. Era muy de la época. Una mentalidad jurídica, había estudiado bastante a los clásicos: Vázquez de Menchaca, Soto...

¿Y Suárez?
No sabía lo que era. Era el jefe del Movimiento y cambió. Se fue a vivir a Puerta de Hierro para tener contacto con políticos. Medrar era su objetivo, lo cual está muy bien; y quería la paz universal, la igualdad. Otro ejemplo de confusión es la transparencia, que la gente no sabe lo que es. Que hay que ser transparente, dicen; ¿pero por qué? La opacidad es una condición necesaria de todos los animales en la lucha por la vida.

¿Qué filósofos hay ahora en España?
Todo el mundo es filósofo ahora. A un hotelero sevillano le preguntaron por su filosofía y dijo que se resumía en tres palabras: jamón, jamón y jamón. Y no niego que allí hubiese filosofía, pero el individuo no sabía lo que decía, porque la importancia a mi juicio del jamón es que elimina a todos los moros. Es una filosofía españolista frente a la yihad, que no come jamón. Ahí sí que hay filosofía.

¿Qué opina de la ideología de género?
Como digas algo te llaman fascista. Eso del género yo creo que tiene mucho recorrido, porque para las mujeres es su modo de sentirse víctimas y agruparse. Se parte seguramente de un complejo de inferioridad de la mujer, que quiere resarcirse inventando cosas raras como esa. Es curioso, en el libro de Lenin Materialismo y empiriocriticismo aparece mucho el machismo, pero como un adjetivo derivado del físico alemán Mach.

«El pueblo es una fantasía completamente metafísica»
En los años 60 se usaba lo de Engels, que las mujeres habían tomado el oficio de los esclavos. Esto se generalizó, porque Engels lo decía de refilón, y entonces dijeron que había una lucha de sexos, que las mujeres eran proletariado y los hombres, explotadores. Y en los 70 andaba por Madrid un grupo que se llamaban Las Tigresas, que iban a violar hombres y a emascularlos. Me acuerdo de que por aquella época me entrevistó Sardà. Hablaban sobre el amor y me preguntó por Abelardo y Eloísa. Opiné que la cosa acabó mal porque a Abelardo le emascularon. Me dijeron que por favor no utilizara palabras filosóficas como emascular.

¿Cuántos años estuvo estudiando escolástica?
Recuerdo la impresión que me produjo en Salamanca ver aquellas filas impresionantes de infolios. Algo dirán estos frailes, pensé, y me tiré once años estudiando escolástica. Ahora se conoce al padre Ceferino porque tiene una calle en Oviedo, y se vive de una filosofía del big bang y el cerebralismo, el cerebro como un ordenador que nos permitirá pensar en todo. Y la gente con eso vive. ¿Qué es pensar? ¿Ponerse como el de Rodin, desnudo? Y sin embargo el de Rodin es el prototipo de pensador, el cogito ergo sum y todo lo que me rodea puede ser falso. Esa es la duda metódica de Descartes. Cada vez entiendo menos que Descartes se haya convertido en el prototipo de los filósofos. A lo mejor es que todo lo que me rodea no existe y lo que existe es el pensamiento, dice, pero luego su pensamiento va y encuentra a Dios. Pues hombre, haber empezado por ahí. En filosofía era un voluntarista radical.

Hablaba antes de Mayor y Peces-Barba, ¿los «homo antecessor» de lo actual?
Se decían los liberales de aquellos años. Que tampoco sabe nadie lo que es liberal. Una palabra que apareció en Sevilla por herencia de la famosa división que venía de Boecio entre las artes liberales y las serviles. Y servilón se llamaba a los de Fernando VII. Servil y liberal, y los liberales eran los médicos, los notarios, las profesiones que no dependían de un sueldo. Los liberales inventaron toda una teoría del ciudadano, eran la burguesía, la que triunfó en la Revolución Francesa. ¿Los derechos humanos? La crítica más firme a los derechos humanos que conozco se la hizo Marx: eran los derechos del burgués. Y luego la crítica de Adorno y la Escuela de Fráncfort al liberalismo y a la Ilustración.

La Ilustración es otro ejemplo. Recuerdo cuando el PSOE sacó a Carlos III y la Ilustración porque la izquierda quería ser la modernidad y la racionalidad, cuando el término era una palabra propagandística de Voltaire y compañía, que decían que era la luz; pero la teoría de la Iluminación era de San Buenaventura. Eso es la luz. ¿Pero qué luz era aquello?

Esto es esencial cuando llegas al bachillerato. Antes se estudiaba en serio la Historia de la filosofía, lo que te daba un criterio para no decir bobadas porque no partías de cero. En España ahora todo el mundo parte de cero, constantemente estamos descubriendo el Mediterráneo con conceptos equívocos, ambiguos. Tenemos el cerebro hecho polvo. No se puede hablar.

Llega a ser difícil entenderse...
Lo de la Diada, por ejemplo, es una cosa bochornosa, cómo te cuentan la historia de Casanova y demás. Pero los catalanes son la gente más ingenua que pueda haber. Los vascos son otra cosa y tienen el convenio por las guerras carlistas, y no se puede eliminar porque partimos siempre de la Historia, no partimos de cero como se creen los de Podemos. En lo de la Puerta del Sol parecía que estábamos en la etapa de los australopitecos y que íbamos a descubrir la asamblea.

Bueno, quizás ellos sí empiezan de cero.
Es la diferencia que encuentro yo con los de IU, que todavía es peor porque se lo creen, es una cosa realmente absurda, porque el marxismo de Cayo Lara no es de Marx, es el catecismo de Marta Harnecker, que es lo que se estudiaba.

Yo tengo la impresión de que actualmente en España la gente se ha degradado de tal modo que tenemos la cabeza totalmente destrozada, no hay ideas generales de establecer una sintaxis entre una cosa y otra, cada uno dice lo que le da la gana y no sabe lo que dice.

Nos faltan herramientas.
La tradición te las da. Uno de los enemigos principales de esto es el psicologismo, los pedagogos. Lo importante no es la psicología, es la Historia.

¿Hubo algún desfallecimiento en su pasión intelectual?
No, realmente no, pero eso es pura fisiología. Cuando cojo un libro de estudiante me acuerdo de cuando lo leía y es exactamente lo mismo. Por eso cuando dicen que hubo un corte en la Historia de España con la Transición, hombre, déjeme de historias. Corte, para el que estaba en la cárcel y acabó en las Cortes, no para mí.

Habrá sufrido una envidia atroz...
Yo más que envidia he visto imbecilidad. Y la sigo viendo.


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