AGLI Recortes de Prensa   Martes 15  Septiembre 2015

La ignorancia de la historia no exime de responsabilidades
Vicente Baquero  www.gaceta.es 15 Septiembre  2015

Las consecuencias de nuestras decisiones, medidas o actuaciones de todo tipo: políticas, económicas, sociales la mayoría de las veces solo pueden verse al cabo del tiempo y algunas mucho tiempo después, mucho más de lo que tarda la vida de una persona. Con el agravante de que nuestras propias decisiones, aun tomando en consideración los plazos y el ritmo de evolución general del contexto, se inscriben dentro de unos ciclos o tendencias regulares, en plazos de larga duración. Tendencias que intentamos neutralizar poniendo nuestra máxima capacidad de comprensión y voluntad para paliar sus efectos potencialmente negativos. Vivimos entre corrientes que a su vez se mueven en el seno de otras corriente

Al igual que si vemos, al cabo del tiempo, las consecuencias de unas desafortunadas decisiones, habrá que pensar que quienes las tomaron no contemplaron sus efectos a largo plazo, y: o fueron unos frívolos optimistas (en el mejor de los casos) que se precipitaron por unas conveniencias a corto plazo que les obnubilaron la mente o que realmente ese precisamente era el objetivo perseguido.

Esto que resulta obvio, incluso parece una estupidez el recordarlo, no parece que nuestras clases dirigentes lo tengan tan claro. Cuando un legislador, un político o un estadista toman decisiones, parece que últimamente solo están pensando en las consecuencias a muy corto plazo. De hecho el período parece coincidir con los “ciclos electorales”. El problema separatista español, no solo catalán o vasco, no hay que olvidar que el fenómeno de las taifas no es de antes de ayer, era algo perfectamente previsible, dada la telúrica insolidaridad y tendencia tribal de los pueblos, y ese problema, que había quedado aparcado y resuelto de cara a una posterior unión de mayor calado como era la Unión Europea, reaparece con saña y virulencia inusitada al cabo de cuarenta años por la conveniencia de un grupo, de no se sabe, si agentes interesados en no acabar en la cárcel, o unos románticos trasnochados deseosos de volver a una edad media idílica que no existió jamás.

Estamos pagando ahora la falta de rigor y de previsión de nuestras clases políticas, sobre todo las de hace años, no solo las presentes, que al fin y al cabo son herederas de una situación casi insoluble con las actuales cartas en la mano y el ambiente de indiferencia y desilusión nacional fomentado durante los últimos años. Es evidente que los nacionalistas han jugado sus cartas bien, jugando con plazos que el gobierno central no tuvo en consideración, ellos sí que sabían que hay que programar pensando en el futuro con la educación y los medios de comunicación, ayudados por algún que otro muerto para dar miedo y secuestrar anímicamente a sus poblaciones, le han dado la vuelta al sentimiento, que es básico en todo este conflicto.

Por ello, creo necesario, aunque estoy convencido de que no se hará, pues todo pueblo y clase política necesita sus mitos y aborrece empañarlos, y pagaremos tristemente por ello las consecuencias de este nuevo error al no analizar las verdaderas causas de esta crisis de identidad y desintegración nacional. Es preciso desmitificar, sobre todo los errores garrafales cometidos, unos por buena fe y otros por mala, durante el período constituyente del 78 y poner a cada uno en su sitio dentro de las consecuencias de lo que pueda ocurrir en un futuro.

Pero esto, aun dando un golpe de timón inmediato, tardaría años en corregir el curso de los acontecimientos, probablemente se requerirían el mismo número de años que los que se han empleado para crear la escisión. Ha sido y es una grave responsabilidad de los gobernantes que nos han abocado a un conflicto de consecuencias imprevisibles por no haber sabido actuar a tiempo, ignorando los tiempos de maduración de las ideas entre la población de una nación. Se tarda mucho, muchas generaciones, en crear la mentalidad necesaria para que los pueblos instintivamente respondan a los estímulos de una idea.

No nos engañemos estamos hablando de ideas. La batalla de las “ideas” tan olímpicamente olvidada por unas fuerzas tradicionales acomplejadas, y defendidas hoy en día por boca de todos los nuevos teóricos de una izquierda disolvente. A la hora de la verdad, son las ideas, a veces para nuestra desgracia, las que mueven al mundo (el hombre es también un ser emocional) y estas ideas tardan en nacer, crecer y multiplicarse. Lo mismo podríamos referirnos al actual auge del Islam como a la expansión del cristianismo, del budismo o del propio comunismo… No es posible, me decía el otro día mi amigo Oquendo, crear una civilización o enfrentarse a otra, sin la apoyatura de una idea más trascendental que nos de solidez y nos de fuerzas para crear una sociedad coherente o para oponerse a un empuje ajeno a nuestra tradición. Desgraciadamente Occidente ha dilapidado en gran parte su herencia cultural y se ha desarmado frente a las nuevas barbaries, nuevos bárbaros que sí tienen una fe y unos objetivos. Aunque no nos gusten.

Lo mismo pasa ahora en España, al faltar una idea aglutinante, nos invade la descomposición, y no parece que tengamos a mano la apoyatura de una filosofía vital y una ilusión que nos empuje a oponernos a la nueva invasión irracional de los nacionalismos excluyentes o a los nuevos bárbaros de más allá de nuestras fronteras.

Independencia

Valentín Carrera www.elsemanaldigital.com  15 Septiembre  2015

Sí¸definitivamente sí, con toda claridad y sin matices estoy rotundamente a favor de la independencia. Sabemos los equívocos semánticos y las limitaciones de esa palabra-trampa (o palabra-bomba atómica que diría el ministro Margallo, metiendo las narices exteriores en la cuestión doméstica). Digámoslo pronto: la independencia no existe, es una quimera; pero aceptemos a efectos dialécticos que los Estados (otra cosa distinta son los pueblos que los habitan, no confundamos) aspiran, declaran y proclaman su independencia con más desvergüenza y desparpajo que un concursante de Gran Hermano.

Oficiada por tiros y troyanos la ceremonia de la confusión, yo también me apunto a la independencia: pero la que de verdad me gustaría, y por la que estoy dispuesto a derramar ni una sola gota de sangre, de la sangre fenicia, romana, sueva y mora que corre por mis venas, es la independencia de España.

El Estado español no tiene independencia económica ni jurídica ni política ni energética ni ecológica ni alimenticia ni mucho menos militar. En todas esas cuestiones vitales somos un país dependiente, invadido, usurpado, colonizado.

Somos dependientes militarmente de la OTAN que decide qué, cómo y cuándo se gasta, y cómo y dónde se invade: ¿acaso podría España decidir "unilateralmente" (ahora que está de moda la palabreja) invadir Gibraltar o recuperar un solo centímetro del sagrado territorio nacional? Ni de coña.

No nos autoabastecemos en alimentos ni en energía, pero sobre todo somos drogodependientes en nuevas tecnologías: las divinas multinacionales gobiernan nuestras vidas cotidianas, del PC al smartphone y del cine al macdonalds, pasando por el 90% de los youtubes que ven nuestros adolescentes 24horas al día.

En economía y finanzas, España tiene menos competencias que Arizona o cualquier otro estado federal USA, con competencias plenas para decidir su IVA, su IRPF o si aplica o no la pena de muerte. España, sometida a la legislación europea, y al rígido rescate ordenado en el MoU (Memorandum of Understanding, la soga del ahorcado que firmó Rajoy) ni siquiera puede modificar el IVA cultural. La soberanía monetaria hace tiempo que la ventiló el Banco Europeo; en cuanto a la financiera, todo cuanto se dice de Cataluña si le cortan los grifos del mercado es aplicable a nuestro decrépito Estado, enchufado a la manguera del dinero internacional como un moribundo a su máscara de oxígeno. Baste decir que la deuda bruta externa, según datos del Banco de España, está en 2,48 billones de euros [la más alta de nuestra historia, gracias a Rajoy], lo que representa un 235% del PIB. Con esta hipoteca, que no podrán pagar nuestros nietos, ¿alguien sostiene que somos un país independiente?

Las principales decisiones que afectan a nuestras vidas, a las de nuestros hijos, a nuestra convivencia y futuro, no se toman en Moncloa, donde sobrevive un simulacro de Gobierno de Plasma: el gobierno real son los G7, G20, la UE, la Eurozona, el IBEX35 y la Bolsa de London. Dragui Rex. Merkel dura lex, sed lex.
¿Dónde está la independencia que no la veo por parte alguna? La "libertad de un Estado que no es tributario ni depende de otro", dice la RAE, y henos aquí al Estado español tributario de la gran banca mundial, de la UE, de USA y CHINA, y de los grandes acreedores financieros de los expresos internacionales.

No discutiré nuestro glorioso pasado ni lo buenos que somos como país, paisaje y paisanaje, los primeros en trasplantes y en fútbol, líderes en toros y procesiones; nuestra autoestima individual y colectiva no está en discusión; pero como Estado somos una mierdecilla invadida de facto por el capital extranjero, colonizada cultural y tecnológicamente por productos, subproductos y marcas de multinacionales, y en política tenemos un Gobierno servicial y sumiso, arrodillado a los pies de quien de verdad manda.

Por todo esto, de verdad me gustaría que España fuera algún día un Estado independiente. A ver si arreglan lo suyo los escoceses y los catalanes y consiguen emanciparse –no de Reino Unido ni de España, sino de todo lo demás–, y seguimos su ejemplo.

Otra opción es que apartemos esa quimera y comencemos a hablar todos y todas de cómo organizar de un modo más justo, equitativo y solidario la interdependencia, el mestizaje, la economía del bien común y la convivencia en la Hermana Tierra.

¿Debe la escuela pública ayudar a reforzar la identidad nacional?
¿El sistema educativo debe fomentar el patriotismo o el universalismo? El autor propone un debate sobre un asunto crucial
José Antonio Marina El Confidencial 15 Septiembre  2015

Ha comenzado el curso sin escándalo, pero con desconcierto. La LOMCE se ha puesto en marcha con doce Comunidades en contra y las revisiones curriculares de algunas de ellas se están publicando estos días, comenzado el curso. Hay un baile de asignaturas que produce desajustes entre las distintas Comunidades, lo que hace complicado que un alumno pueda trasladarse de una a otra. Nadie sabe cómo se van a poner en marcha los cursos de orientación. En definitiva, hay un sentimiento generalizado de precariedad y de provisionalidad que no es bueno. Además, padecemos puntillismos asertivos que resultan ridículos. Todo el que tiene autoridad quiere cambiar algo. El responsable de una editorial me ha dicho que habían tenido que hacer 17 libros de texto de Matemáticas diferentes. Como saben, las Comunidades puede decidir el 45 o el 35% del currículo, según tengan lengua propia o no. ¿Qué estamos haciendo mal?

La descentralización de la educación es buena. Muchas de las naciones punteras tienen municipalizadas las escuelas pero incluso una nación tan defensora de la descentralización como el Reino Unido impuso un Currículo Nacional, aunque luego dejara a los centros libertad para ponerlo en práctica. La transferencia educativa a las Comunidades ha tenido un aspecto beneficioso: ha demostrado la importancia de la gestión. Con una misma ley, la calidad educativa de las comunidades cambia mucho. Algunas de ellas –Castilla-León, La Rioja, Madrid, Navarra...–, sacan muy buenas puntuaciones en las evaluaciones internacionales, mientras que otras se desploman. Pero ha producido algunas disfunciones de origen ideológico. A veces parece que están jugando con los alumnos.

El orgullo patriótico es moralmente peligroso. En última instancia subvierte alguno de los objetivos más dignos que el patriotismo pretende alcanzar

La proximidad de las elecciones catalanas ha relacionado la fragmentación educativa con el auge del nacionalismo. Y esto debe hacernos reflexionar sobre un tema importante: ¿forma parte de los objetivos de la escuela pública reforzar la identidad nacional? La respuesta no es tan sencilla como parece. Durante mi infancia, recibí una educación nacionalista tenaz y sistemática. La ley de reforma de la Enseñanza Media del ministro Sinz Rodríguez (BOE 3.9.1938) decía lo siguiente:

"La formación clásica y humanística ha de ser acompañada por un contenido eminentemente católico y patriótico.(…) La revalorización de lo español, la definitiva extirpación del pesimismo antihispánico y extranjerizante, hijo de la apostasía y de la odiosa y mendaz leyenda negra, se ha de conseguir mediante la enseñanza de la Historia Universal (acompañada de la Geografía), principalmente en sus relaciones con la de España. Se trata así de poner de manifiesto la pureza moral de la nacionalidad española; la categoría superior, universalista, de nuestro espíritu imperial, de la Hispanidad, según concepto felicísimo de Ramiro de Maeztu, defensora y misionera de la verdadera civilización, que es la Cristiandad".

Con esta experiencia a cuestas, comprenderán mis recelos ante cualquier utilización de la escuela para fomentar idearios nacionales, sean los que sean. Los ilustrados tenían razón al defender que la escuela debía transmitir solamente lo universal. Por eso, Condorcet en sus Cinq mémoires sur l’instruction publique rechazaba incluso hablar de “educación nacional”, porque pensaba que la idea de nación podía convertir la educación en adoctrinamiento, y prefería hablar de “educación pública”. Este planteamiento afecta también a la enseñanza de la religión en la escuela.
¿Sentimiento local o cosmopolita?

El tema es, sin embargo, más complejo y de gran actualidad. En la novela de Tagore The Home and the World, la joven Bimala, enardecida partidaria del movimiento Swadeshi, cuyo lema es “viva la patria”, no consigue contagiar su fervor patriótico a su esposo Nikhil. “Estoy dispuesto –decía este– a servir a mi país; pero mi veneración la reservo para un derecho que es mucho mayor que él. Venerar a mi país como si fuera un dios es lanzar sobre él una maldición”. La gran Marta Nussbaum, premio príncipe de Asturias, escribe en un libro colectivo que les recomiendo, titulado Los límites del patriotismo: “El orgullo patriótico es moralmente peligroso. En última instancia subvierte alguno de los objetivos más dignos que el patriotismo pretende alcanzar, el de la unidad nacional en la lealtad a los ideales morales de justicia e igualdad”. El ideal cosmopolita se adecúa mejor a esa pretensión. Sin embargo, otros participantes en ese libro defienden la importancia de mantener el sentimiento patrio. Consideran que el ideal cosmopolita no provoca una identificación con la humanidad, sino un desarraigo absoluto.

Enfocar las identidades no en términos de orgullo, de enfrentamiento o de afirmación, sino de responsabilidades aclara mucho las cosas

Entonces, ¿el sistema educativo debe fomentar el patriotismo o el universalismo? ¿Lo local o lo cosmopolita? El estudio de cómo funciona nuestra inteligencia nos da una pista: el sentimiento sin razón es ciego, la razón sin sentimiento es paralítica. Apelar sólo a la emoción es entregarse en manos de fuerza imprecisas y muy poderosas. Hace años, invitado por el presidente Pujol, y delante de un nutrido grupo de miembros de su partido, defendí la idea de que debíamos cambiar desde un “nacionalismo identitario de la reclamación” a un “nacionalismo de la responsabilidad”. Cada uno de nosotros tenemos en nuestra vida personal responsabilidades que sintonizan muy bien con nuestros fervores. En primer lugar, nuestra familia, las personas a las que queremos. Ampliando el círculo, los vecinos, aquellos con los que convivimos, la ciudad. ¿Y después? Los círculos se amplían hasta acoger a la humanidad entera. El peligro ético estriba en clausurarse en un círculo primario (que puedo ser yo, los míos, mi clan, mi raza, mi cultura). La ética es la que prohíbe ese cierre prematuro.

Me parecía, y aún me parece, que enfocar las identidades no en términos de orgullo, de enfrentamiento o afirmación, sino de responsabilidades (¿de quien soy yo responsable, y en qué orden?) aclara mucho las cosas. Es una visión universal que protege simultáneamente lo cercano. Una difícil cuadratura del círculo. Pero, al fin y al cabo, la vida es realizar esta contradictoria pretensión.

En esta sección estoy haciendo un experimento. ¿Es posible el diálogo? Esta palabra tiene una preciosa etimología: Pensar entre dos. Me he propuesto responder a sus opiniones, con la intención de aprender. Hoy les planteo un tema: ¿Creen que el fomento de la identidad nacional es un objetivo educativo aceptable?

La Ley Campoamor.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 15 Septiembre  2015

Creo que a estas alturas ya nadie puede poner en duda el pensamiento retrógrado, bolchevique, sectario, perverso y deshumanizado de un personaje de la catadura de Juan Carlos Monedero. Lo que hay que preguntarse es ¿Qué es lo que lleva a un cerebro humano a desarrollar una estructura analítica tan alejada de la lógica y deformar la percepción de la realidad? Se dice que para gustos están los colores y según la llamada “Ley Campoamor”, “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”. Lo absoluto no existe y la verdad es inalcanzable. Pero pese a todo lo anterior, existe una serie de verdades objetivas, de pensamientos homogéneos para distinguir lo que es el bien del mal, la ética, algo que el señor Monedero debería volver a beber de las fuentes de los grandes filósofos.

Resulta sorprendente la percepción que el Sr. Monedero tiene de sí mismo, de su alta autoestima y su nula capacidad para el análisis objetivo. Resulta irritante comprobar su actitud irracional en defensa de regímenes totalitarios como expresión máxima de la voluntad y libertad de los pueblos. Resulta vergonzosa su equiparación entre el terrorismo asesino y la defensa de la libertad democrática y pacífica en manifestaciones violentadas y reventadas desde el poder en tácticas bolcheviques. Resulta cínico defender la violencia de los escraches, los asaltos a y ocupación de la propiedad privada y el desprecio por las creencias de los demás justificando la violación de recintos de culto, mientras se pretende justificar actos del estilo de los asesinatos de ETA de “camellos” de la droga, porque se les acusaba de ser parte de la acción policial contra su lucha.

No deja de ser curioso el que los medios de comunicación sigan siendo los principales altavoces y difusores del pensamiento nada edificante de este sujeto, recogiendo con asiduidad sus declaraciones. Quiero suponer el que algunos de ellos intentan hacer ver a su público la verdadera cara del principal ideólogo de PODEMOS dedicado, entre otros menesteres académicos, a la asesoría personal de dictadores reconocidos como Chávez y Maduro en Venezuela para afianzar el poder del régimen pretendidamente comunista y bolivariano y sin embargo expoliador de la riqueza de Venezuela y de sus ciudadanos a los que ha llevado a la más absoluta ruina y pobreza. Un régimen que se inventa términos tan democráticos como “conmoción nacional” para retrasar unas elecciones generales. Me gustaría conocer lo que declararía el Sr. Monedero si esta decisión la tomase el Gobierno de Mariano Rajoy ante la perspectiva del desafío secesionista de Artur Mas.

Estas son las verdaderas fuentes en las que se ha basado el pensamiento ideológico de PODEMOS, que por puro cálculo estratégico electoral ha decidido esconder y dejar en la mochila para no espantar al personal. Su viraje hacia la social democracia no resulta creíble y ha sido puesto en evidencia en solo unos pocos meses en los que PODEMOS se ha visto con poder y manejo de presupuesto. Y como no, su primera acción fue dejar a un lado a su ideólogo sin renunciar al discurso, pero practicando un ominoso silencio ante cualquier cuestión que pudiera entrar en conflicto entre su verdadero pensamiento y el mensaje que deben transmitir para convencer a un electorado nada radicalizado.

Quizás sea eso lo único positivo en la divulgación de las declaraciones de Juan Carlos Monedero, pero su efecto solo es parcial y limitado, ya que hay muchos ciudadanos cuya percepción del personaje no va más allá de tomarlo como un “friki” revolucionario con aspecto de comunista intelectualoide de otra época. Lo malo es que ese discurso sigue convenciendo a un extenso grupo que no tiene nada que perder y que piensan que tienen mucho que ganar, los anti sistema, los reaccionarios, los anarquistas y todos aquellos cuya ética es bastante laxa, por no decir inexistente.

Por si acaso, soy de los que opinan que la divulgación del mal es mucho más fácil que propagar el bien. Debe ser una rémora de nuestro pasado genético.

Y… ¿POR QUÉ ELLOS NO?
Antonio García Fuentes Periodista Digital 15 Septiembre  2015

En un mundo siempre gobernado por la mentira (sentencia de François Revel) y en relación a este “brutal movimiento internacional” en pro y favor de los millones que están siendo obligados a huir de sus países de origen, principalmente musulmanes todos ellos; me empieza a llegar “un tufillo de una nueva estrategia para logros que ni sabemos (pero imaginamos) de quienes queriendo dominar a cuantos más mejor, han movido el tablero para llegar a los fines que persigan”. No es explicable este contagio solidario de un mundo siempre hostil hacia un determinado objetivo; de ahí mi titular tan contundente, puesto que “ellos son los siguientes”.

Arabia Saudí, Kuwait, Irán, Emiratos Árabes, Catar, Brunei, Nigeria, Indonesia, Pakistán, Egipto, Turquía y otros, son países ricos o muy ricos, en general “el petróleo es musulmán” y en conjunto dominan muy extensos territorios donde aún caben muchos millones de habitantes.

Entonces y es la solución más lógica… ¿por qué entre todos ellos no acogen a esas masas de correligionarios que huyen buscando nuevos asentamientos para seguir su vida musulmana? ¿Alguien entiende esto? ¡Yo no… en absoluto! Sólo Arabia Saudí, gasta en armamentos, cantidades fabulosas y con parte de ellas, tendría de sobras para instalar en la inmensa Arabia a todos esos correligionarios, a los que el Islam, impone la obligación de visitar La Meca al menos una vez; es la ocasión de acercar a nuevos millones de ellos a los lugares santos que señalara el profeta Mahoma… ¿o nó?

Por todo ello yo entiendo las posturas de esos varios países, europeos que rotundamente han dicho no a la acogida de gentes que sin haber sido llamados a los mismos, les llegan por oleadas y además pretenden quedarse muchos de ellos, como casos extremos de que no los dejen llegar a los países más ricos en que quieren asentarse por causas obvias; puesto que lo que es claro y meridiano es que vienen a beneficiarse de todo lo que los europeos lograron a través de los siglos y para lo que hubo que… “guillotinar, cortar cabezas y llevar a la horca a muchos tiranos similares a los que ahora obligan a escapar a estos nuevos desgraciados”… puesto que piense el que no piensa, que… “Lo que hoy disfrutamos los europeos costaron muchos siglos, mucha sangre, mucha esclavitud y eliminar a muchos tiranos”.

Hasta ahora los inútiles políticos, no se han acordado de fomentar la natalidad en la población nativa europea y arguyen como “listísimos que son”, el que esta invasión enriquecería y paliaría en envejecimiento europeo; cosa que hace muchos años debieron ir previniendo, simplemente dotando a los matrimonios con incentivos suficientes como para “no tener tanto miedo” a tener hijos, como han llegado a tener, aparte de mediante propagandas lógicas y veraces, llevarlos a la responsabilidad natural, de que hay que “pagar la deuda que debemos a la naturaleza”, cosa que por mi parte y consciente de ello, ya lo practiqué yo, puesto que dejo tres hijos y siete nietos… pudo haber más, pero por esa ley natural, no llegaron a buen fin… pero reitero… “naturalmente”.

No entiendo en absoluto, el que por ejemplo (y nombro a mi tierra madre en primer lugar, pero entendiendo igualmente lo que puedan argüir en otras y por los motivos que crean oportunos) en Andalucía, que junto a Extremadura, son las regiones más pobres o empobrecidas de toda Europa, donde el paro obrero llega a cifras ya “temibles”, donde igualmente la pobreza avanza preocupantemente y hay ya cantidades enormes de niños sumidos en la pobreza, traten de que aquí vengan nuevas gentes a integrarse… ¿Integrarse en qué, en la pobreza que ya aquí existe? ¿Qué piensan esos inútiles políticos que como en el caso de mi ciudad, han endeudado al municipio hasta llevarlo a la quiebra, y que sin embargo, “cumpliendo consignas de ni sabemos quiénes”, salen a la palestra pública y pomposamente ofrecen dinero que no tienen más trabajo y vivienda a quienes son en sus países donde tienen la obligación de dárselo?

Por todo ello, yo cada vez me afianzo en que “aquí hay más que gatos… tigres encerrados” y cuyos dirigentes tigrales, nos están llevando a situaciones que no serán fáciles de resolver, puesto que no son lo lógicas que nos quieren hacer tragar… usted que lee este artículo, piénselo en profundidad y opine.

Y nadie me señale en otro sentido que el del muy lógico y viejo axioma de… “Arregla tu casa primero y deja al vecino que arregle la suya”.
“El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”: (Platón). La política nos afecta a todos y por ello no debemos dejarla sólo en manos de los políticos.
Hobbes dejó escrito, que si una realidad no se encara puede tener perturbadoras consecuencias. "Las obligaciones del súbdito con el Estado duran lo que dura la capacidad de éste para protegerle. Ni un minuto más", sugería el filósofo inglés.

POLÍTICA Y JUSTICIA: "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.)

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Podemos e IU compiten en miseria moral
EDITORIAL Libertad Digital 15 Septiembre  2015

La condena a 13 años de cárcel a Leopoldo López nos ha servido para constatar, una vez más, el grado de miseria moral de una parte importante de la izquierda española, y muy especialmente de aquélla que se supone ha venido a renovar y moralizar la política.

El crimen de Leopoldo López fue convocar una manifestación pacífica; sin embargo, la tiranía bolivariana y sus mamporreros españoles le culpan de las decenas de muertos que el propio régimen causó en las protestas posteriores, exacerbadas en parte por la propia detención del líder opositor.

Aventar semejante patraña es una auténtica infamia; pero la izquierda radical española ni tiene vergüenza ni decoro y, sobre todo, sabe que cuenta con carta blanca para este tipo de desmanes en la mayoría de los medios de comunicación.

Especial mención merecen personajes como el eurodiputado Javier Couso, un personaje indeseable que ha construido su mediocre carrera política sobre la trágica muerte de su hermano y que ha acusado a López de golpista y de ser responsable de 43 muertes, o Juan Carlos Monedero, que se ha despachado con un artículo de una extraordinaria vileza, en el que llega a llamar a López terrorista y compara las protestas en Venezuela, donde los sicarios del régimen al que gustosamente sirvió asesinan impunemente en plena calle a jóvenes manifestantes, con el terrorismo callejero padecido en el País Vasco.

Que estos personajes marquen las líneas por las que se mueve buena parte de la izquierda española es bastante preocupante; sobre todo si se tiene en cuenta que son las que predominan en los Gobiernos ultras de ciudades como Madrid y Barcelona, y que quizá se instalen en el Gobierno central, de la mano de los compañeros de viaje de un insensato y oportunista Pedro Sánchez con posibilidades de impedir la reelección de Rajoy.

La izquierda ultra es una amenaza al régimen de libertades que debe ser repudiada como merece, por su infecta catadura moral.

Los nacionalistas siempre ganan
Cayetano González Libertad Digital 15 Septiembre  2015

Dar satisfacción a los nacionalistas para que se sientan cómodos en España. En estas doce palabras se resume lo que ha sido la equivocada y errática pauta de conducta de los diferentes gobiernos de la Nación desde la transición política. Pasados treinta y siete años desde la aprobación de la Constitución, el balance no puede ser más desolador: en Cataluña, el desafío independentista está en su punto culminante; en el País Vasco, el PNV, con elecciones autonómicas el año que viene y con la presión de Bildu, se encuentran a la espera de lo que pase en Cataluña y en Navarra el proceso de integración en la Comunidad Autónoma Vasca es cuestión de tiempo, una vez que los partidarios de esa integración han llegado al gobierno de la Comunidad Foral. Y veremos lo que pasa en Galicia, Baleares o Comunidad Valenciana si la cosa se anima.

Los nacionalistas son insaciables: cuanto más se les da, es decir, cuanto más cede el Estado, más piden y más quieren. Nunca se conforman con lo que tienen. Son insolidarios, egoístas y desleales. ¿Cuesta tanto entender que los nacionalistas no quieren formar parte de ese proyecto común que se llama España, y que si han aguantado dentro desde la Transición ha sido por un puro cálculo político?

Por eso, tras recordar estas verdades de Perogrullo, se entiende muy mal que una y otra vez los llamados partidos nacionales caigan en el error de ofrecer a los nacionalistas, en estos últimos tiempos a los catalanes, una reforma de la Constitución; para buscar, dicen, en este último caso, un encaje mejor de Cataluña en España.

Que ese ofrecimiento lo haga el PSOE no es de extrañar. Salvo en momentos muy determinados, y con excepción de dirigentes que se cuentan con los dedos de una mano, los socialistas nunca han tenido claro qué quieren hacer con España. Del federalismo a secas se pasó a adjetivarlo al asimétrico, tontearon con el derecho a decidir y ahora están en la tercera vía. Todo ese recorrido lo han hecho sin explicar, porque es muy difícil hacerlo, qué es lo que quiere un partido que teóricamente tendría que defender la E de España que lleva en sus siglas y la igualdad de todos los españoles, independientemente del lugar en el que han nacido o en el que viven.

Pero que a ese juego de la reforma constitucional para dar satisfacción a los nacionalistas entre el actual PP sólo se puede entender dentro de la falta de criterio y de liderazgo político que caracteriza al partido presidido por Rajoy. No se puede un día decir que la reforma constitucional es algo que no figurará en su programa electoral y al día siguiente, nada más y nada menos que el ministro de Asuntos Exteriores, hablar de esa posible reforma para que buscar un mejor encaje de Cataluña en España.

Aunque casi es peor la explicación que se da desde Moncloa y desde la calle Génova para justificar esa declaración del lenguaraz y frívolo García Margallo: "Es una margallada" y "Es una opinión personal", se dice. No es la primera vez, y me temo que no será la última, que el ministro de Asuntos Exteriores habla sobre Cataluña en términos profundamente equivocados. Y en cuanto a lo de la “opinión personal”, tengo para mí que no es así, que Margallo dice eso porque sabe que a su jefe y amigo Mariano le viene bien; de esa manera presentan dos caras en Cataluña: la más dura, encarnada por García Albiol, y una más condescendiente, que está dispuesta a sentarse a hablar y a sumarse al proceso de la segunda transición, que impulsarán sin duda el PSOE, Podemos y los nacionalistas de todo signo, formen o no gobierno después de las elecciones generales de diciembre.

A todo esto, los nacionalistas/independentistas se parten de risa ante el espectáculo dado por los partidos denominados constitucionalistas en su carrera para ver quién les apacigua más y mejor. Los nacionalistas son unos expertos en oler y detectar la debilidad política del contrario, y cuando lo hacen son implacables. Abusan y tiran de la cuerda sin importarles que se rompa. Eso es lo que todavía no han aprendido los partidos nacionales de nuestra historia reciente. Parece mentira.

Repito, que eso lo haga el PSOE no es de extrañar, pero que el PP caiga en esa profunda equivocación es como para llegar a la conclusión de que el partido de Rajoy se tiene bien merecido el calvario que va a pasar si el próximo día 27 los de Juntos por el Sí y la CUP tienen mayoría de escaños en el Parlamento de Cataluña. Y después en las generales, donde muchos de sus votantes se podrán plantear esta pregunta: ¿vamos a votar a un partido que, aunque no lleve en su programa la reforma constitucional, todo apunta a que se sentará en la mesa a negociarla al día siguiente de las elecciones con la izquierda y con los nacionalistas? Para eso, que gobiernen directamente estos, pueden pensar algunos de los votantes populares. Y no les faltará razón.

Los verdaderos héroes catalanes
Javier Benegas www.vozpopuli.com 15 Septiembre  2015

Coincidí con ella en un programa de radio por pura casualidad. Ángeles Ribes Duarte, 47, es de familia catalana, pero nacida en Jaca. En ella llama la atención su mirada directa y la capaciad para responder sin titubeos a cualquier pregunta, sin enredarse en explicaciones almibaradas ni clichés, como si en cualquier momento fuera a emular a Margaret Thatcher, diciendo aquello de “éstas son mi fe y mi visión, y creo en ellas apasionadamente. Si tú también crees, sígueme”.

Esta forma de ser directa es impensable en un político, y más aún en la Cataluña de hoy. Los políticos catalanes, y muy especialmente los que defienden la insumisión hacia el gobierno central, siempre intentan dulcificar sus palabras con promesas de “beneficios sociales”. Porque saben bien que no solo de emociones viven los votantes catalanes, quieren además, como los del resto de España, más y mejores servicios, más y mejores retornos de rentas. De hecho, diríase que la única república a la que parece aspirar no ya el independentista catalán, sino casi cualquier otro español, resida en Lérida o en Socuéllamos, es la República del Estado de bienestar incontinente. Cosa distinta es que luego a todos les tomen el pelo, o que, motu proprio, se lo dejen tomar.

Lo que está en juego en Cataluña es la libertad
Sea como fuere, así es como venden el paño de la secesión los oligarcas locales, asegurando que con la independencia los catalanes tocarán a más euros por cabeza en bienestar social. Olvídense, pues, de modelos políticos más o menos clarividentes, de sesudas regeneraciones democráticas, de grandes hazañas y logros republicanos y, por supuesto, de la unidad de destino común. Es el reparto, el puto reparto. Quizá por eso España no solo se diluye en Cataluña, sino en todas partes, amenazada por tribus y grupos de presión que denuncian presuntos agravios y exigen una compensación. Unos lo hacen enarbolando banderas, otros, desenterrando viejas ideologías, y el resto, agrupándose en infinidad de acrónimos pedigüeños. Es el juego del pilla pilla presupuestario travestido de dignidad, que, después del fútbol, es el gran deporte nacional.

Pero Ángeles lo tiene claro, ahora lo que está en juego en Cataluña es la libertad. Por eso no se pierde en discursos edulcorados, ni pastelea con el presupuesto: con las cosas de comer no se juega. Al pan, pan, y al vino, vino. Desde luego no es una catalana convencional. Quizá porque cuando fue al colegio aún no había arrancado la maquinaria de la inmersión lingüística y cultural. Se libró por los pelos. Aunque se ahorró el adoctrinamiento que vendría después, ya entonces tuvo que estudiar Lengua y literatura catalana. Y como no se aplicaba lo suficiente en la asignatura, un día su profesora la reprendió diciendo: "senyoreta, vosté no serà res a la vida" (señorita, usted no será nada en la vida). Ángeles, que tenía solo 11 años, se sintió fatal. Sin embargo, hoy no duda en reconocer la capacidad profética de su maestra, porque, de haberse aplicado convenientemente en Lengua y literatura catalana, bien podría haber terminado en las filas CiU y prosperado muchísimo más: “No lo hice, y ya ven”, apostilla medio en broma, medio en serio.

A la pregunta de cómo terminó metida hasta las trancas en política, responde que antes era una chica normal, que no hablaba de política salvo en discusiones ocasionales a la hora del café o para despotricar de cuando en cuando frente al televisor. Tenía hecha su vida en el sector privado. Y, por tanto, veía la actividad del político como algo lejano, extraño y poco atrayente. Sin embargo, el progresivo abandono al que se vieron abocados los catalanes no nacionalistas por parte del gobierno central y de los dos grandes partidos estatales, PP y PSOE (PSC) le hizo recapacitar. Y cuando definitivamente España abdicó de su responsabilidad, dejándoles solos y abandonados a su suerte, la irrupción en escena de Albert Rivera, que decía en voz alta lo que muchos catalanes pensaban, la llevó a afiliarse a Ciudadanos. Después vinieron años de “picar piedra” (sic), de insultos a pie de calle y en las redes sociales. Hoy es portavoz municipal en el Ayuntamiento de Lérida y diputada provincial, y, por añadidura, permanente dolor de muelas para los secesionistas de esa provincia.

Al pie del cañón
Su jornada de trabajo no baja de las 10 horas, también durante el mes de agosto. Es el precio que ha de pagar para neutralizar las constantes acometidas secesionistas en 18 comisiones. Hay que estar muy vigilante para que las partidas presupuestarias ordinarias no enmascaren en cualquier forma ayudas a las organizaciones y asociaciones afines al nacionalismo, que son extraordinariamente numerosas para una provincia de apenas 360.000 habitantes. Porque ya no es que existan partidas específicas de dinero público que con todo descaro subvencionan la causa de la independencia, es que, más allá del famoso 3%, cualquier dotación ordinaria puede ser instrumentalizada en favor de quienes defienden el independentismo. Y es que el "sentiment” está muy bien, pero el nacionalismo funciona mucho mejor si a la buena disposición se le añade un justiprecio.

Recientemente, tras evitar que el Ayuntamiento de Lérida se incorporara a la asociación de municipios por la independencia, y conseguir que se revisara el reglamento de usos lingüísticos, a Ángeles le montaron la primera manifa y el acoso en las redes se recrudeció. Reflejos de una incipiente cultura del odio hacia quien se opone al “prusés”: lo normal en el que, dice Joan Reñé (CiU), va a ser el Nou país...

Después, en el arranque de la campaña electoral del 27S, durante la tradicional pegada de carteles, un grupo de jóvenes la increpó al grito de “¡Fascista!”. Y ese mismo día, ya de vuelta en casa, se enteró de que la familia que pedía el 25% de enseñanza en castellano para sus hijos no había podido aguantar la presión y retiraba su petición. Entonces, Ángeles envió el siguiente mensaje a Jordi Cañas: “¿Alabama 1963? El gobierno no tiene pelotas”. Esa noche, mientras intentaba conciliar el sueño, se dijo a sí misma: “Mañana intentaremos convencer a la ciudadanía para que vaya a votar y nos alejemos de la locura...”. Y así sigue, al pie del cañón.

La antorcha de la razón
Como escribía Juan M. Blanco en un espléndido artículo aparecido en este mismo medio, los verdaderos héroes, aquellos que merecen la admiración, el respeto y el reconocimiento de todos los españoles son estos catalanes no nacionalistas que, abandonados a su suerte por los sucesivos gobiernos de España, han osado levantar la voz, resistido la manipulación, la interesada presión de oligarcas y caciques, preservando las ideas que inspiraron la Ilustración, hoy denostadas y pisoteadas. Ellos levantan la antorcha de la razón allí donde su ausencia produce auténticos monstruos.

Mi gratitud y reconocimiento a todos ellos... qué menos.

El balance de los últimos 35 años en Cataluña: cuanto más nacionalismo menos prosperidad
La economía catalana era un 35% más grande que la madrileña en 1980, pero Madrid superará a Cataluña este año por primera vez en la historia.
  Libertad Digital

Uno de los principales argumentos que emplean los nacionalistas para vender las bondades del independentismo es que si Cataluña lograse separarse del resto de España sería mucho más rica y próspera.

Es imposible conocer el futuro. Nadie puede saber con seguridad qué ocurriría en caso de independencia. Aunque la más que previsible salida de la UE y el euro apuntan a un desplome del PIB catalán a corto/medio plazo y a una pérdida de algunos de sus principales mercados.

Es cierto que esto es futuro y nadie puede anticiparlo. Pero hay datos del pasado que sí nos pueden ayudar a saber lo que ocurriría en la Cataluña post-independentista. El nacionalismo vende que sus problemas económicos se deben a que tienen las manos atadas. Siguiendo esta narrativa, los políticos catalanes serían mucho más eficaces en la gestión de los intereses de su comunidad que los españoles, por lo que sólo habría que darles más poder para que las cosas les fueran mucho mejor.

El problema es que los datos no acompañan. En 1980, tras décadas de "centralismo opresor", Cataluña era una de las regiones más ricas de España (junto con el País Vasco) y mucho más próspera que Madrid. Desde entonces, mientras los políticos nacionalistas acumulaban poder, competencias y recursos, su región se empobrecía en términos relativos respecto al resto de España. Tras más de tres décadas de nacionalismo, la economía catalana ha sufrido un importante deterioro si se compara con la Comunidad de Madrid.

Menos rica

Así, en 1980, Cataluña era, de lejos, la autonomía de régimen común más rica de España en términos absolutos: según los datos del INE su PIB total rozaba los 5,5 billones de las antiguas pesetas, un 35% más que el de Madrid. Su economía representaba entonces el 19,1% del conjunto de la riqueza nacional frente al 14,1% de Madrid; y su renta per cápita rondaba las 938.000 pesetas anuales, de modo que los catalanes ganaban de media un 6% más que los madrileños. Y todo ello con una diferencia poblacional de 1,3 millones de personas a favor de Cataluña.

INE

Desde entonces, las diferencias económicas entre ambas regiones se han ido estrechando de forma progresiva, hasta el punto de que, hoy por hoy, Madrid ha sustituido a Cataluña como el principal motor económico del país y hace mucho que le superó en términos per cápita.

En 1995, el PIB catalán, próximo a los 86.000 millones de euros, tan sólo superaba al de Madrid en 9.600 millones (un 12,5% más). Mientras, en 2007, en el punto álgido de la burbuja crediticia, la distancia entre una y otra ya se había reducido a menos de la mitad (un 5% más a favor de Cataluña). Durante la crisis, y en pleno órdago secesionista, este particular proceso de convergencia ha continuado su curso, de modo que a cierre de 2014, el PIB catalán tan sólo superaba en unos 2.000 millones al madrileño, un 0,5% más... aunque Cataluña tiene un millón de habitantes más.

Como resultado, el peso de ambas regiones en la riqueza nacional también ha cambiado de forma paulatina: en el año 2000, Cataluña representaba el 18,9% del PIB de España, mientras que el de Madrid ya ascendía al 17,7%; en 2007, la primera seguía estancada en el 18,8% frente al 18% de la segunda; mientras que en 2014 esta diferencia se reducía a sólo dos décimas porcentuales, con un 18,9% y un 18,7% del PIB nacional, respectivamente.

INE

El 'sorpasso'

Y la cuestión es que todo apunta a que el PIB de Madrid superará, por primera vez en la historia, al de Cataluña a cierre de 2015. La región madrileña está creciendo este año a un ritmo del 3,2% anual, algo superior al de Cataluña, de modo que en el segundo trimestre ya se situaba a sólo 1.700 millones de euros del PIB catalán.

Además, dado que la incertidumbre que se deriva del proceso secesionista se está traduciendo en menos inversión o atracción de capitales foráneos y un repunte en la salida de empresas, la economía catalana se resentirá, con lo que su PIB se podría situar por debajo del madrileño a finales de año, pese a contar con un millón de habitantes más.

Todo ello se ha traducido, igualmente, en una diferente evolución de los ingresos per cápita durante las últimas décadas. En 1980 los catalanes ganaban un 6% más que los madrileños; a lo largo de la década de los noventa se produjo el sorpasso. Así, los madrileños ya ingresaban un 7% más en el año 2000, algo más de un 12% en 2007, y casi un 15% más que los catalanes el pasado año. De nuevo, más competencias para los políticos nacionalistas equivale a peores datos económicos para sus ciudadanos.

PIB per cápita de Cataluña y Madrid | datosmacro.com

Y lo mismo sucede en materia de cuentas públicas. El déficit de Madrid se ha mantenido muy por debajo del catalán en las últimas décadas, demostrando así una mayor responsabilidad fiscal, especialmente durante la crisis.

Déficit de Cataluña y Madrid | datosmacro.com

No es de extrañar, por tanto, que la deuda pública catalana se haya más que triplicado desde 2007, hasta superar el 32% del PIB regional en 2014 frente al 12,5% de Madrid. Y eso que Madrid contribuye al sistema de financiación autonómica bastante más que Cataluña. Cada madrileño aporta a la caja común tres veces más de media que cada catalán. Algo lógico, en cierto sentido: como son más ricos, ganan más y pagan impu

Deuda de Cataluña y Madrid | datosmacro.com

En la actualidad, la deuda regional se traduce en una factura de más de 8.700 euros por cada catalán frente a los 3.780 de cada madrileño.

Deuda per cápita de Cataluña y Madrid | datosmacro.com

¿Emprendedores?

El resumen es que los nacionalistas han provocado que Cataluña pierda pie en cuanto al crecimiento económico. Y su gobernantes no pueden aducir que ha sido porque se hayan tenido que plegar a una supuesta austeridad impuesta desde Madrid. En realidad, como vemos, la deuda pública catalana es la más elevada de España en términos absolutos y la tercera si se mide en relación su el PIB de cada región. Es decir: ni crecimiento ni cuentas públicas equilibradas.

Pero los problemas no acaban aquí. Cataluña siempre ha presumido de ser la región más emprendedora de España. Muchas de las empresas españolas más importantes de los últimos 150 años nacieron allí y, al menos hasta mediados de los 80, muchas de las grandes empresas extranjeras que habrían sucursal en España escogían Barcelona antes que Madrid.

Pues bien, esto está cambiando. Según los datos del INE de Sociedades Mercantiles constituidas, en los años 90 (la estadística comienza en 1995) en Cataluña se creaban más empresas que en Madrid: 99.684 frente a 94.438 entre 1995 y 1999. Son datos que tienen sentido, teniendo en cuenta que hay más de un millón de habitantes de diferencia entre una y otra.

INE

Sin embargo, también aquí Cataluña ha sido adelantada hace mucho tiempo. Como puede verse en la anterior tabla, a partir del año 2000, el número de sociedades creadas en Madrid es muy superior al de Cataluña. De nuevo, más competencias, más ingresos vía impuestos, menos centralismo y más poder para el nacionalismo catalán se traduce en menos generación de riqueza.

Artur Mas asegura que si le dan todo el poder, la tendencia cambiará y Cataluña se convertirá en la Holanda del sur de Europa. Eso sí, hasta ahora la dirección ha sido la contraria: a más poder para el nacionalismo, peor le ha ido a los catalanes.

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El efecto contagio de Cataluña
Enrique Arias Vega www.elsemanaldigital.com 15 Septiembre  2015

La eventual pérdida del 20% del PIB español en caso de la hipotética secesión de Cataluña no resultaría tan devastadora. Sin él, España aún continuaría siendo el quinto país europeo más rico de Europa, muy por delante de Polonia. Pero existen otros posibles efectos más peligrosos: el principal de ellos, el efecto contagio sobre otras regiones europeas, desde Groenlandia hasta Córcega, espoleadas por la impunidad del incumplimiento de las leyes y la gratuidad de la ruptura institucional.

Dentro de nuestro país, la situación aun podría ser más complicada: ¿quién disuadiría, en ese caso, de la conveniencia de la separación de facto a los independentistas que agitan otras regiones españolas, desde Euskadi hasta Galicia? De hecho, antes de haberse consumado el llamado proceso catalán éste ya está perturbando a las regiones vecinas. El Conseller de Justicia del Principado, Germà Gordó, ha prometido la presunta nacionalidad catalana post-independentista al colectivo lingüístico formado por las islas Baleares, la Comunidad Valenciana, el Rosellón y la llamada Franja del Ponent aragonesa.

Aunque a algunos pueda parecerles ridículo, este pancatalanismo resulta contagiosamente turbulento. En las Baleares, donde aumenta día a día el independentismo radical, no digamos. Pero también sucede en la Comunidad Valenciana, bastión aparentemente inexpugnable del PP hasta hace bien poco. Allí, el alcalde de Puzol, Enric Esteve, ya ha modificado la letra del himno regional, para que la Comunidad deje de "ofrendar nuevas glorias a España", como reza la letra de la canción institucional.

Esta acción ha sido salpimentada por otras más, desde la retirada de alguna enseña nacional hasta el recorte simbólico de actos españolistas. Para echar más leña al fuego, el Conseller de Educación valenciano, Vicent Marzà, acaba de programar la inmersión escolar en la lengua vernácula, mientras que el alcalde de Valencia, Joan Ribó, ha anunciado el uso prioritario del valenciano en la comunicación municipal.

Así están las cosas. Y esto no ha hecho más que empezar. ¿Tan seguro está el Gobierno de Mariano Rajoy de que no llegará a producirse la independencia unilateral de Cataluña? ¿Tiene algún as en la manga para impedirla? ¿Cómo piensa convencernos a los ciudadanos de que no nos hallamos ante un proceso contagiosamente irreversible? Ardo en deseos de saberlo.

Ante la declaración de independencia de los nacionalistas
Guillermo Dupuy Libertad Digital 15 Septiembre  2015

Es verdad que el futuro nunca está escrito, pero, desde luego, las razones que esgrimen algunos para asegurarnos que tras las elecciones autonómicas no va a producirse una declaración de independencia en Cataluña no me pueden resultar más ridículas. Hay algunos que basan su cándida esperanza en que los partidarios de la secesión no logren la mayoría absoluta; lo que no deja de ser una clamorosa ceguera voluntaria ante las encuestas que pronostican, por unanimidad, que los partidarios de la secesión obtendrán una holgadísima mayoría absoluta. Y eso que me limito a los escaños que sumen la CUP y la plataforma Junts pel Sí, sin incluir los de la plataforma Catalunya Sí que es Pot, que, si bien es contraria a dar un carácter plebiscitario a estas elecciones, es partidaria del ejercicio del mal llamado derecho de autodeterminación mediante un referéndum.

Otros niegan, no menos ilusamente, la posibilidad de la declaración de independencia basándose en su carácter ilegal, lo que no deja de ser una aun más criticable miopía ante el hecho de que el sedicioso de Artur Mas, desde que fue investido presidente de la Generalidad, no tiene otra cosa como programa de gobierno que saltarse a la torera nuestro ordenamiento jurídico.

Pero quizá la más patética razón que alegan los que se niegan a ver lo inminente es que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dicho que no lo va a permitir; hecho que para mí es, por el contrario, la razón más poderosa para dar por descontada esa declaración de independencia.

Nuestro infausto presidente ha dado innumerables muestras de que, por eludir su deber de hacer cumplir la ley, es capaz de negar todas las ilegalidades que, desde hace años, se perpetran en Cataluña. Mucho se ridiculizó, y desde los lugares más insospechados, la ilegal consulta secesionista del 9-N, consulta que Rajoy también dijo que no se iba a celebrar. Pero lo auténticamente patético y ridículo era ver a una clase política y mediática española tratando de ridiculizar lo que no había sido capaz de impedir.

Así, con lo del butifarréndum se pretendía ridiculizar a los nacionalistas, pero en realidad lo que se hacía era quitar gravedad a un cúmulo de delitos, tales como los de desobediencia, prevaricación, usurpación de atribuciones o la propia malversación de caudales, que, hasta la fecha, sólo le han costado el cargo al fiscal general del Estado que se atrevió a denunciarlo. Eso sí que era y sigue siendo patético.

Aunque Rajoy diga que no se va a producir, y aunque el botarate de Margallo lo haya considerado una "bomba atómica", estén ustedes seguros de que, llegada la ilegal y subversiva declaración de independencia, no faltarán quienes, jugando a ridiculizar a los nacionalistas, le quitarán importancia como simple "bombeta" o mero "brindis al sol". Pero una ilegalidad que ni se reconoce ni se castiga como tal es el peor reconocimiento de soberanía e independencia que cabe conceder al que la perpetra.

Podrán entonces burlarse de los nacionalistas como se burlan ahora de sus pretensiones de seguir formando parte de la Unión Europea; pero lo verdaderamente patético seguirá siendo la pretensión de que Europa expulse de su seno lo que España no haya sido capaz de retener en el suyo.

Para los que consideramos una vergüenza y un anticipo de derrota ver la defensa de la unidad de España reducida a imperativo europeo, no queremos ver una frontera ni, menos aun, un arancel, que separe aun más a Cataluña del resto de España.
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