AGLI Recortes de Prensa   Viernes 18  Septiembre 2015

De golpe, el frío
Gabriel Albiac ABC 18 Septiembre  2015

De golpe, llega el frío. Así como –de golpe y sin remedio– la realidad que pospusimos se ríe de nosotros. «Sigo aquí», nos dice. Pasado el tiempo sin tiempo del estío. Y todo vuelve a ser reloj de cuerda disparada: un vértigo de agujas que giran inarmónicas. Es el fin de las fantasías que hicieron nuestra complacencia. Ya nada es indolente. Hay veces, como ahora, hay veces –son muy pocas, por fortuna– en que todo confluye sobre un instante crítico. Después del cual nada será lo mismo; es lo único que sabemos de ese horizonte ciego: que, más allá, sólo hay lo imprevisible. Puede ser que esas sean las únicas encrucijadas fascinantes. Fascinantes para quien pueda verlas en la historia, esto es, en la larga distancia del pasado. Pero, en presente, son los nombres del infierno. ¿Quién hubiera deseado estar en Constantinopla en mayo de 1453? ¿Quién, tener que asistir a la destrucción de su biblioteca? ¿Quién, presenciar la luz de las hogueras que, en las universidades alemanas, hicieron ceniza de Freud, Marx, Koestler, Döblin, Mann, Zweig, en 1933? La epopeya no exalta más que en la distancia. Verla venir sobre nosotros tiene, en tiempo presente, la pegajosa pringue de la mugre.

En Cataluña, todo ha sucedido. Ya. Y esto que viene ahora sólo alza el acta. De un suicidio. Larga y prolijamente consumado. Suicidio de la razón, con evidencia, en el altar de esa deidad oscura del sentimentalismo atroz de sangre y tierra. Suicidio material, también: el de gentes que van a despertar de ese sueño inducido, no en el esplendor arcádico que les prometieron, sino en la soledad marginal que es, en el mundo del siglo XXI, garantía de pobreza. Pero es esto tan duro, tan impensable, que ninguno de nosotros acaba, en el fondo, de aceptar que viene. Ninguno de nosotros. De quienes viven en esa Cataluña que será nada tras su «desconexión» de España y, por tanto, de la UE. Y, no en menor medida, de quienes vivimos en esta España que será confrontada a un dilema con pocos precedentes: renunciar a los dos tercios de su frontera terrestre con Europa o constatar un casus belli de manual. Si se llega ahí, no habrá ya alternativa que no sea pésima.

Pero ¿cómo pudimos llegar a esto? La pregunta ha sido hecha tantas veces en la historia... Tantas cuantas un mundo se vino abajo: lo cual, como el gran Guicciardini supiera en el siglo XVI florentino, no es nada extraordinario, salvo por el molesto detalle de que bajo sus cascotes quedamos nosotros. ¿Que cómo fue posible? Siempre del mismo modo. En las caídas imperiales de Occidente y Oriente, que Gibbon narrara con suprema belleza, como en la hecatombe centroeuropea de hace tres cuartos de siglo. ¿Cómo? Negándonos a verlo. Y soñando con que alargar el pudrimiento de las cosas pueda solucionar algo. Siempre fue así, porque así son los humanos: fugitivos de sí mismos. No íbamos a ser la excepción nosotros.

Quien metió la palabra «nacionalidad» en la Constitución del 78 activó la espoleta. A un largo plazo que, tal vez, se le antojó infinito; nada lo es en las cosas de los hombres. Y el infinito es hoy. «Nacionalidad» no era usada, en rigor, como palabra; palabro, como mucho: jerga. Sin otro contenido que aquel que, quien tuviera medios para hacerlo, quisiera atribuirle. Violar el diccionario es, al final, la corrupción que más cara se paga. Puede que eso nadie lo viera entonces. O no quisiera verlo. El ingenioso artilugio para ir ganando tiempo gestó este monstruo. El tiempo se acabó. Y, tan de golpe, llega el frío.

El motorista de El Pardo.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 18 Septiembre  2015

En la época de la dictadura de Franco, los Ministros de los Gobiernos y el mismísimo Presidente del Gobierno tenían su futuro en el cargo pendiente de la voluntad del dictador. Los nombramientos y los ceses se producían de forma sorpresiva y fulminante y era famoso y temido el llamado “motorista de El Pardo”, un emisario que estaba encargado de hacer la a entrega de la misiva. Hoy en día esta práctica está totalmente abandonada y todos los Presidentes de Gobierno tienen una especial renuencia a hacer cambios en el equipo. La razón es muy simple, hacerlo sería reconocer el propio fracaso. Es por eso que nadie quiere hacer si no es absolutamente inevitable la temida “crisis de Gobierno” y sigue manteniendo a los cargos a pesar de que existan razones objetivas para proceder a su cese y sustitución. Tal es el caso del actual Ministro de Exteriores que hace tiempo “anda por libre” - otros pensamos que teledirigido por Mariano Rajoy- haciendo propuestas de concesiones a los separatistas catalanes inasumibles por el Estado de Derecho.

Muchas están siendo las voces desde el PP y parece ser que desde Moncloa que piden que no se produzca esta intromisión y se le prohíba acudir al cara a cara que ha pactado para la próxima semana en la TV3 pública con uno de los candidatos de la coalición Junts pel Sí, el representante de la formación radical ERC Oriol Junqueras. No hace ni una semana que este metomentodo Ministro lanzó sus propuestas de modificación de la Constitución y un paquete de concesiones de tipo económico, como forma de contentar una vez más las incesantes reclamaciones de los independentistas y lograr una tregua en su intención de proclamar unilateralmente la independencia, en el caso de obtener la mayoría del Parlamento de Cataluña en las próximas elecciones autonómicas.

Lo que no puede hacer el Gobierno de España, en este caso su responsable máximo, el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, es limitarse a filtrar su descontento y dejar que este miembro de su Gabinete consume su felonía. Su deber es desautorizarlo públicamente y proceder a su cese inmediato. Y si es el caso mandarle al motorista para comunicárselo. Lo que no puede permitirse es que cualquiera, y menos un Ministro de España aparezca como interlocutor y delegado plenipotenciario para hacer propuestas de Estado a unos sediciosos y traidores que amenazan con cometer un delito tipificado en el código penal y que igualmente deberá ser evitado con todos los medios que la Ley pone a disposición del Gobierno.Este Ministro solo habla en su propio nombre y no tiene ni capacidad ni autorización para proponer asuntos de la exclusiva competencia del Gobierno de España y del Parlamento español. Si finalmente acudiera a ese programa de televisión, nunca lo debe hacer como Ministro de España.

Esta vez Mariano Rajoy, por mucho que le fastidie y le incomode, deberá actuar y no dejar que se cometa esta comparecencia. No hacerlo será confirmar su implicación personal en algo tan mezquino como el chalaneo con delincuentes sin tener el apoyo de las cámaras, ni siquiera del partido que le sustenta en el Gobierno, ni tampoco el de los ciudadanos que una vez más se sentirán traicionados por este nefasto Presidente que va a superar a su antecesor en el ranking de la infamia como el peor presidente de la democracia española. Es una cuestión de lealtad y de responsabilidad. Y si no se siente capaz de hacerlo, que presente su dimisión y no vuelva a presentarse como candidato. Esto último hubiera sido lo lógico si no se le hubiera impedido su exacerbado egoísmo y prepotencia.

¡Estamos apañados con semejante tropa!

¿Fuerte y unificada?
Emilio Campmany Libertad Digital 18 Septiembre  2015

No hay cosa que irrite más que la cursilería y el papanatismo de quienes aplauden cualquier balido salido de la boca de Obama. Tenemos que tolerar que Cameron y Merkel digan lo que consideren oportuno sobre la secesión de Cataluña porque son representantes de dos países miembros de la Unión Europea y el supuesto les afecta. Pero Obama no debería opinar sobre lo que hagamos los españoles. Que Obama crea que España debe seguir siendo fuerte y estando unificada debería ser para nosotros irrelevante. Que exprese esa opinión en voz alta, insultante. Y que lo haga en presencia del rey de España, intolerable. España será lo que los españoles queramos que sea con independencia de lo que crea o diga Obama. Y, por más que nos pese a algunos, no es precisamente fuertes y unificados lo que hemos demostrado hasta ahora querer ser.

¿Cómo habría reaccionado el propio Obama, John Kerry y todo el Departamento de Estado si Felipe VI hubiera dicho en su discurso que los Estados Unidos de América deben seguir unificados y fuertes? Pues le habrían dicho que los Estados Unidos seguirán siendo lo que los estadounidenses quieran que sigan siendo al margen de lo que le parezca al rey de España. Por eso, el rey de España, educadamente, no se ha permitido expresar ninguna opinión acerca de lo que los Estados Unidos deban ser.

Ya sé que Obama no ha dicho eso porque se le haya ocurrido a él solo. Si así hubiera sido, el secretario de Estado le habría advertido de que esa clase de comentarios pueden ser interpretados como una injerencia en los asuntos internos de un país y no deben hacerse, mucho menos durante la visita oficial del jefe del Estado de ese país. Ya sé que lo ha dicho porque Rajoy, Margallo y Moragas se lo han pedido. Y Obama, en su soberbia, ha caído en la tentación de hacerlo. Se ha debido de dar cuenta de que nuestro presidente y nuestro ministro de Exteriores, y quién sabe si también nuestro rey, al que alguien debería haberle aconsejado no tolerar en su presencia tan flagrante injerencia, son incapaces de mantener a España fuerte y unificada, puesto que ha de ser otro quien nos conmine a seguir siéndolo.

Todo esto prueba varias cosas. Prueba que tenemos un Gobierno débil que no se atreve a decir a los españoles lo que quiere para España y pide a un mandatario extranjero que sea él quien lo haga. Prueba que nuestros medios de comunicación y nuestra opinión pública están en estado de letargia entontecida, de ahí que aplaudieran unánimemente lo que en cualquier otro país hubiera sido considerado una ofensa. Y prueba por último que, sea lo sea hoy España, es obvio que no es fuerte ni está unificada.

'Juntos por el Sí, pero'
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 18 Septiembre  2015

Es imposible entender la charranada de Rajoy a Albiol y al PP de Cataluña, aceptando el capricho de Margallo de suplantar al candidato oficial de su partido en el debate televisivo más importante antes del 27-S, sin asumir dos cosas tan feas como ciertas: la primera, que Margallo tiene los caprichos que le permite Rajoy; la segunda, que la 'margallada' no es más que la prueba de que el presidente del Gobierno se ha desentendido por completo del resultado electoral en Cataluña tras ver en las encuestas que no va a poder siquiera empatar con Ciudadanos. En realidad, de tener el doble de escaños que Rivera pasaría a tener la mitad que Arrimadas.

Lo que intenta Rajoy, creo, y lo único que explica la puñalada a su partido en Cataluña -cuya base electoral verá en la 'margallada' del miércoles que el único "voto útil" españolista es el de los 'naranjitos'- es lo de siempre: sacar provecho personal del naufragio general, rentabilizar el caos que se perfila en Cataluña tras el 27-S para seguir en La Moncloa. Al nombrar portavoz del PP a Margallo, que en la mismísima cara de Albiol dijo hace pocos días que cedería todo el IRPF y los impuestos especiales a la Generalidad y aceptaría el reconocimiento de la "singularidad catalana" en la Constitución Española, Rajoy admite la voladura de los cimientos del Régimen por su base, el Pueblo Español como único depositario de la soberanía nacional, a cambio de un arreglo entre castas políticas, al modo del Antiguo Régimen. O sea, lo que planteó González en 'La Vanguardia' y lo que supone esa candidatura de Unió respaldada por Roca Junyent, el antiguo 'número dos' de Pujol, abogado de la Infanta Cristina y de esos empresarios que han asistido sin hacer nada a la deriva separatista, ocupados en negociar privilegios económicos e impunidades judiciales.

Rajoy, Unió y el PSC dejarían solo a Cs en el campo constitucional y forjarían entre el Puente Aéreo y las bodegas de Godó una enmienda a los de Juntos por el Sí, algo así como "Juntos por el Sí, pero". El 'pero' supondría demoler la Constitución reconociendo la sacratísima diferencia catalana y extender el Cupo Vasco a Cataluña a cambio de que el separatismo real no sea oficial. La traición de Rajoy -y compañía- sólo tiene dos problemas: en Barcelona puede gobernar la extrema izquierda; y en Madrid, también.

El independentismo ya ha perdido
Antonio Robles Libertad Digital 18 Septiembre  2015

El independentismo ya ha perdido. Por fin el Estado y la sociedad han reaccionado. Si se persiste en el enfrentamiento racional, el resultado electoral dejará por primera vez en evidencia la ficción independentista.

La apuesta del nacionalcatalanismo por el independentismo es el origen de su derrota, pues ha puesto fin a la mayor de sus mentiras: la supuesta unanimidad de todos los catalanes bajo el paraguas del catalanismo. Como ficción construida e interesada, no ha dejado espacio para las medias tintas. El juego ha terminado, empieza el miedo a la aventura. La ruptura de Unió con la coalición de CiU es el hecho más evidente, pero no el único.

¿Qué consecuencias puede tener en el cómputo electoral? La aritmética independentista representada por Junts pel Sí y la CUP no podrá contar con todos aquellos votos de izquierdas que se han desmarcado de la independencia unilateral, ni con la derecha pactista. Hasta ahora formaban parte de una omertà nacional parapetada tras el espantajo del derecho a decidir. Ahora todo se ha reducido a estar a favor de la independencia o en contra. Todo lo que no sea lograr ese objetivo será el fracaso de una ilusión al fin mostrada.

La pérdida de votos de Junts pel Sí no se quedará ahí. La CUP ya ha dicho que jamás apoyarán una candidatura a la Generalidad de Artur Mas, pero sí de Romeva. ¿Cuántos votos conservadores de la antigua coalición de CiU huirán como alma que lleva el diablo a la UDC de Duran i Lleida, ante la expectativa de que sean los escaños de la CUP los que pongan un presidente comunista al frente de la Generalidad?

Por si la merma no fuera suficiente, el propio Artur Mas se ha encargado de acentuarla al reducir a Aznar y a Pablo Iglesias a la ultraderecha. Esta agresión a la autoestima de Pablo Iglesias le convertirá en su peor enemigo. La grieta entre la izquierda del cinturón rojo de Barcelona y el nacionalismo independentista de los recortes se acentuará. Y con ella las diferencias reales entre la izquierda y el nacionalismo. Gravísimo error, pues ha sido esa izquierda quien más ha ayudado a consolidar la falsa unanimidad catalanista. El enemigo ya no está fuera, sino dentro. Y encima han empezado a enseñar la patita xenófoba sin decoro: las marchas de antorchas, como las camisas pardas o Amanecer Dorado; el acoso de la comunidad escolar a unos padres y dos niños de P5 en Balaguer (Lérida) para impedir que puedan recibir el 25% de las horas en castellano hasta obligarlos a desistir, la pretensión de convertir los escaños en mayoría suficiente para declarar la independencia unilateral, forman parte de un goteo interminable de este fascismo de parvulario cada vez más empalagoso.

Hasta ahora podían cometer esos y otros muchos errores. Ya no. El Estado y toda una atmósfera intelectual y política tradicionalmente propicia a ser condescendientes con el nacionalismo ha reaccionado al fin. Y empiezan a notarse los resultados. Las cuentas y los cuentos de la independencia comienzan a dar de sí lo que son: un delirio. No hay día, debate o entrevista donde el discurso hegemónico independentista no revele sus vergüenzas. La entrevista de la BBC a Raül Romeva o la rueda de prensa de periodistas extranjeros a Junts pel Sí muestran las limitaciones de todo este proceso en cuanto salen del útero materno de TV3.

Ahora bien, que no sean mayoría no quiere decir que hayan sido vencidos. En Cataluña el problema no es la independencia sino la derrota del pensamiento. Más allá de los resultados, el 27-S dejará una porción inmensa de ciudadanos atrapados en las mentiras que les han contado. Una cosmovisión adobada de emociones e inducción a la frustración. Es fácil cambiar una norma o una ley; muy costoso y largo, racionalizar esas emociones. Sin descartar aquelarres de desobediencia civil a imagen y semejanza de la Marcha Verde, organizados desde el poder, según medida.

Secesión y soberanía individual
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 18 Septiembre  2015

Las elecciones plebiscitarias en Cataluña han abierto el debate acerca de la legitimidad del derecho de secesión. Los contrarios a la independencia de Cataluña arguyen que la soberanía nacional les pertenece a todos los españoles pero indiviso y que, por tanto, los catalanes no pueden alterar por su cuenta los términos de esa soberanía nacional. Muchos de los partidarios de la independencia de Cataluña argumentan, en cambio, que Cataluña es una nación y que, por tanto, su soberanía está siendo aplastada por el resto de españoles al impedirles autodeterminarse en libertad.

Las posiciones se hallan tan enfrentadas que algunas personas han optado por una tercera y aparentemente razonable vía: resulta irrelevante quien posee soberanía, pues basta con que se vote en libertad para decidir. Pero fijémonos en que semejante postura no es admisible: la democracia es un modo de decisión grupal y, por consiguiente, antes de votar en grupo la identidad del grupo debe estar definida. ¿Por qué es democrático que se vote en Cataluña acerca de su independencia pero no lo es que se vote en el barrio de Sarrià o conjuntamente en las comarcas del Montsià (sur de Cataluña) y del Baix Maestrat (Norte de Castellón)?

Por consiguiente, para poder defender el derecho de secesión es imprescindible acotar previamente quién es el sujeto de derecho soberano con legitimidad para separarse políticamente del Estado español. Y, como decíamos, los candidatos que mayoritariamente se seleccionan en el debate en torno a la independencia de Cataluña son dos: la nación española y la nación catalana. Esto es, la cuestión de la independencia de Cataluña gira esencialmente en torno al concepto de soberanía nacional.

Contra la soberanía nacional
Por soberanía entendemos la autoridad suprema dentro de un territorio. Por nación, entendemos típicamente un grupo con un origen, tradición, cultura y lenguaje común. La soberanía nacional asigna, por consiguiente, la autoridad suprema sobre un territorio a aquella comunidad con características étnicas o culturales comunes que lo habita. Para algunos, la nación propia del territorio actualmente administrado por el Estado español es la nación española; para otros, la nación propia del territorio actualmente administrado por la autonomía de Cataluña es la nación catalana. En consecuencia, los primeros aprecian la voluntad de muchos catalanes a independizarse como un ataque a su soberanía mientras que los segundos observan la negativa de muchos españoles a que puedan secesionarse como un ataque a la suya.

Un primer gran problema de fundamentar la soberanía en la nación es que los confines de la nación están altamente indeterminados. De entrada, no hay un listado cerrado de criterios objetivos para determinar qué es y qué no es una nación. Aun aceptando que nación es toda comunidad con tradiciones, cultura o lenguaje común, no queda claro que agrupación humana cumple con semejantes características: ¿es el mundo católico una nación o son múltiples naciones? ¿Es el mundo de habla germana una nación o lo son múltiples? ¿Es el mundo de cultura española una nación o lo son múltiples? ¿Es la comunidad suiza una nación o los son múltiples? ¿Es Gibraltar una nación propia, parte de la nación española o parte de la nación anglosajona? ¿Es el mundo otaku una nación o lo son múltiples? ¿Son el conjunto de liberales o el conjunto de marxistas —cada uno de tales conjuntos con trasfondos culturales, ideológicos y filosóficos similares— una nación o pertenecen a muchas otras? Pero, además, aun cuando pudiéramos ofrecer semejante lista cerrada de elementos que conforman una nación, una persona puede poseer a la vez varios de esos elementos: por ejemplo, un individuo puede ser protestante, hablar español y alemán, haber nacido en Sevilla y haber crecido en París, vivir como un otaku y ser un activista vegano. ¿Cuál de todas esas identidades es la que determina su adscripción a un determinado grupo nacional?

La indeterminación de los confines de la nación constituye un serio problema para la pretendida soberanía nacional, ya que hace imprescindible la existencia de un árbitro soberano con legitimidad para asignar a los distintos individuos a un grupo nacional o a otro. Pero, siendo la nación soberana, ¿quién inviste de autoridad a ese árbitro antes de que la nación soberana haya sido definida? Por definición, nadie tiene autoridad suprema para hacerlo previa a la nación.

El segundo problema vinculado a la idea de la soberanía nacional es el de presuponer que la existencia de un grupo con rasgos culturales comunes otorga autoridad suprema a ese grupo sobre los individuos que lo conforman. En la mayoría de ámbitos de nuestras vidas juzgaríamos inaceptable que la pertenencia a un grupo subordinara nuestras libertades al criterio de ese grupo, sobre todo si no hemos expresado nuestra aquiescencia a integrar ese grupo. Imaginemos que un grupo con una cultura homogénea subyuga militarmente a otro grupo, prohíbe sus tradiciones culturales y su lengua, y les obliga a adoptar y ser educados en la lengua y en la cultura del grupo invasor; si, al cabo de varias generaciones, la población autóctona ha olvidado sus tradiciones originarias y se ha asimilado culturalmente al grupo invasor, ¿acaso perdería por ello cualquier derecho a la autoorganización política? O imaginemos un conjunto de individuos que, dentro de una comunidad nacional organizada, van desarrollado por su cuenta una identidad cultural diferenciada y separada a la del resto. ¿Derivarían sólo por ello el derecho a secesionarse o, en cambio, poseería la comunidad nacional derecho a reprimir esas incipientes expresiones de identidad diferenciada bajo el argumento de que atentan contra su soberanía nacional?

Del hecho de que exista algo así como un grupo nacional no podemos inferir que ese grupo nacional posea soberanía sobre los integrantes de ese grupo. A la postre, la función de los grupos no es otra que la de facilitar la convivencia de sus integrantes (incluyendo su convivencia frente a otros grupos). En ocasiones, la convivencia entre los miembros de un grupo deviene imposible y, en tal caso, resulta preferible romper el grupo a mantener una convivencia forzosa y mutuamente insatisfactoria —por eso los matrimonios se divorcian o unos grupos religiosos se separan de otros—: allá donde la convivencia no es viable, la coexistencia se convierte en la opción mínimamente preferible para todos. Cuando un grupo deja de ser funcional para los individuos que lo integran o cuando un subgrupo dentro de ese grupo considera que está siendo parasitado por el resto y que, por tanto, la mejor opción es separarse, no queda claro qué derecho se están vulnerando por el hecho de que el grupo se rompa: en el primer caso, cuando todos los integrantes quieren romper el grupo, la disolución del mismo no atenta contra los derechos de nadie ni de nada —indicio obvio de que el grupo no es un sujeto de derecho propio y distinto a los individuos que lo conforman (es decir, los grupos importan porque los individuos importan, no al revés). En el segundo caso, cuando un subgrupo dentro del grupo desea separarse por percibir que está siendo parasitado, la disolución del grupo sólo podría atentar contra los derechos del grupo mayoritario a parasitar al subgrupo minoritario: pero, ¿cabe afirmar que existe semejante derecho a parasitar a otras personas? No, si aceptamos la igualdad jurídica de todas ellas.

Y, por último, el tercer problema de la idea de soberanía nacional se refiere a la construcción de una autoridad suprema compartida sobre un territorio. La propiedad se adquiere por ocupación originaria o por transmisión voluntaria: aquello que carece de dueño puede ser apropiado por quien primero lo incorpora a sus planes de acción; aquello que es poseído por un dueño puede ser transferido a otra persona por la voluntad de éste. Los grupos también pueden ser propietarios y, en este sentido, un grupo nacional podría, en principio, apropiarse mancomunadamente de un territorio siguiendo los mismos criterios que en el caso de un individuo: ocupación originaria o transferencia voluntaria. Sin embargo, ninguna nación reclama la soberanía sobre un territorio apelando a que adquirieron su propiedad mediante tales procedimientos; entre otros motivos porque, en general, ninguna porción del territorio cuya soberanía se atribuyen los grupos nacionales ha sido apropiado de tal modo (al contrario, han sido individuos o familias concretas las que, en su caso, han reclamado a título personal esa porción del territorio). El razonamiento de quienes reclaman la soberanía nacional sobre un territorio es tan primario como afirmar que el territorio que habitan los nacionales recae naturalmente bajo la soberanía del grupo: mas si la identidad de la comunidad nacional es difusa y el grupo nacional no posee preponderancia jurídica sobre los individuos que lo componen, tampoco podrá asignarse la soberanía sobre un territorio a la comunidad nacional. Por tanto, la nación carece de autoridad suprema sobre las personas que la integran y, también, sobre el territorio en el que residen tales personas.

A favor de la soberanía individual
Asentar la soberanía en la nación conlleva los flagrantes problemas anteriores: el grupo nacional no está objetivamente predefinido y, aunque lo estuviera, la función del grupo no permitiría justificar que se le otorguen derechos superiores a los individuos que lo conforman. El sujeto de derecho no es el grupo, arbitrariamente definido, sino la persona: son los individuos quienes deben mostrar consentimiento para integrar un grupo, no es el grupo quien puede decidir unilateralmente si integrarlos a la fuerza. En tal caso, y en ausencia de un consentimiento expreso de cada persona a formar parte de un determinado grupo, no puede otorgársele a las estructuras gubernamentales de ese grupo el derecho a integrar forzosamente a los díscolos.

La soberanía no reside ni en la nación catalana ni en la nación española, sino en cada individuo. Por ello, cualquier persona debería disponer de la opción de secesionarse del Estado español y coaligarse voluntariamente con otros individuos para conformar su propia comunidad política independiente. Lo mismo cabe afirmar con respecto a un hipotético Estado catalán independiente: cualquier grupo de individuos debería disponer del derecho a separarse del mismo para conformar su propia comunidad política o para reintegrarse en el Estado español. Contra semejante derecho a la secesión individual pacífica, tampoco podrá oponerse que la separación del Estado español atenta contra el derecho de propiedad del Estado español sobre su territorio: en esencia porque el Estado español —o la nación española— no adquirió en ningún momento una propiedad legítima sobre el territorio y, por tanto, carece de soberanía sobre el mismo. Son las personas y las asociaciones voluntarias de personas quienes poseen propiedades legítimas: y aquellas partes comunes del territorio sin otro propietario determinado que el Estado español deberían distribuirse o según su funcionalidad (una calle les corresponde a los propietarios de los inmuebles que la conforman, no a ciudadanos que jamás han pisado o usado tal vía) o, en su defecto, por partes alícuotas entre los contribuyentes. Los términos del reparto de los activos estatales podrán ser relativamente ambiguos y requerir de una negociación o mediación judicial: pero lo que no tiene sentido es apelar a la indivisibilidad de la pseudopropiedad estatal cuando la misma no fue constituida entre todos los miembros del grupo bajo tales condiciones.

En definitiva, la idea de que un referéndum entre el conjunto de catalanes posee una mayor legitimidad emancipadora que el referéndum efectuado sobre cualquier subgrupo arbitrario de catalanes acarrea los mismos vicios que quienes pretenden oponerse a la separación del Estado español bajo el argumento de que un referéndum entre el conjunto de los españoles posee una mayor legitimidad que el referéndum entre el subconjunto de los catalanes: y ese vicio se llama soberanía nacional. La soberanía para asociarse o desasociarse de un Estado —o de una confesión religiosa, o de un club, o de un partido político, o de un sindicato— le corresponde a cada persona, no al grupo en su conjunto.

Es verdad que, en algunas cuestiones inexorablemente comunes (por ejemplo, la gestión de las calles, del alcantarillado o de ciertas modalidades de seguridad), no queda otro remedio que tomar decisiones grupales: pero tales ámbitos inexorablemente comunes son mucho más reducidos que los actuales Estados e incluso que muchos de los actuales municipios. Por consiguiente, existe un amplísimo margen para la autoorganización política bottom-up de carácter voluntario: ni el Estado español ni el Estado catalán deberían convertirse en un obstáculo para ello.

Los errores de Mas, y los de otros
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 18 Septiembre  2015

A muy pocos días de unas elecciones catalanas singularmente confusas, es interesante preguntarse por las razones que han hecho posible el enorme deterioro de las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Ello supone huir de una doble tentación, la de ignorar el problema de fondo, a la espera de que unos resultados digeribles permitan restaurar un cierto clima de conllevanza, pero también la de considerar que se trata de un conflicto en el que las responsabilidades hayan de considerarse, casi por definición, simétricas, lo que supone adoptar una posición, que es bastante común en cierta izquierda, seguramente para conservar la esperanza de encontrar una fórmula que permita que el conflicto se disuelva de manera más o menos mágica, por ejemplo con ciertas supuestas formas de federalismo, lo que no deja de ser algo así como recomendar irse al cine a quien desea, pero no puede, volar a Nueva Zelanda.

Un problema viejo y extraño
Cualquiera que repase con un mínimo de calma el debate sobre el Estatuto catalán durante la II República, se verá forzado a reconocer dos cosas indiscutibles: la primera, que lo que en aquellos momentos se discutía está muy lejos de los términos en que ahora se plantea el desafío de los secesionistas al orden político existente, a la Constitución y a la Ley, es decir que el catalanismo político ha superado de manera tan llamativa como audaz sus posiciones iniciales; la segunda, que Ortega tenía razón y Azaña se equivocaba, esto es que no hay una solución política a un problema que, por definición, se plantea ignorando las reglas básicas de la política común, y que, por tanto, no puede resolverse en los términos en que se resuelven problemas más, digamos, normales. La supuesta excepcionalidad catalana, es, por tanto, tan indiscutible como molesta, aunque esa cualidad pueda irritar a muchos, si no a todos, los segovianos, madrileños, astures, ilicitanos o naturales de Mondoñedo, por poner cualquier ejemplo, gentes escasamente proclives a admitir la proclamada excepcionalidad de paisanos a los que consideran vulgarmente comunes, y más cuando observan como ese intangible se convierte en un maná inagotable del que se benefician mientras nos propinan a los no excepcionales una inagotable sarta de lindezas e insultos.

Lo que Mas ha descubierto
Lo que está en juego es la pretensión de que una parte de una Nación tenga no ya unas determinadas competencias exclusivas, incluso unos privilegios, que de hecho tiene, sino la capacidad de alterar el marco en el que se definen unos y otros, independientemente de lo que opine, desee y quiera el reto de la comunidad nacional. Eso es lo que se llama el derecho a decidir que, aparte de ser una solemne vaciedad, desde el punto de vista teórico, puesto que cualquier derecho, a decidir o a no hacerlo, sólo puede tener sentido dentro de un marco, significa, en el plano práctico la asunción de hecho de una soberanía que jamás podría proclamarse legítimamente, ni ilegítimamente, de ese modo, ni en Cataluña ni en ninguna otra parte.

Mas ha comprendido muy bien que la naturaleza del proceso en el que ha decidido embarcarse y embarcarnos tiene algo de bautismal, pues posee la capacidad de borrar todos los vicios, errores y pecados del pasado, nada escasos, por otra parte, y que, además, en el caso, nada improbable, de no conseguirse el final supuestamente perseguido, se habrá conseguido mejorar de manera sustancial la propia posición de cara a cualquier negociación posterior. Por mucho menos que esto en Física se gana un Premio Nobel, ahí es nada el descubrimiento del perpetuum mobile obteniendo, además, pingües beneficios de una explotación inagotable.

¿Dónde está la trampa?
Hasta los catalanes más obcecados en su excepcionalidad, y en las muchas rentas que todos los demás deben proporcionarle por eso, saben que no existe el motor de agua, y que, incluso en una disciplina tan creativa y marketiniana como la política, es necesario reconocer unos ciertos límites a la pura voluntad, pues, de lo contrario, no parece razonable que hubieran de conformarse con no ser españoles, teniendo a mano alcanzar condiciones muy mejores, por ejemplo la de rentista suizo.

Uno puede querer lo que quiera, pero eso casi nunca significa eo iso conseguirlo, y, en ocasiones, se puede delinquir intentándolo, como sabe cualquier hijo de vecino. Lo que los separatistas catalanes parecen creer es que están en condiciones de inventarse una violación de la ley vigente sin penalidad alguna, porque cualquier represalia sería vista como una negación del derecho primordial a decidir, de la democracia misma, una especie de supuesto franquismo en estado puro. Pero las cosas no son así y es seguro que ningún gobierno español, ni ningún español de a píe, va a consentir que un grupo, por numeroso que sea, de catalanes se pase por el forro el orden legal y que, encima, pretenda que no haya ni conflictos ni penas en el intento de tránsito, amén de dar por sentado que los no excepcionales habríamos de ser los que pagásemos cualquier cuenta por los platos rotos.

Si quieren tener derecho a decidir, es cosa suya, a lo que no tienen derecho alguno es a que ese invento político se ejerza saltando por encima del orden constitucional, porque esa rebelión significaría, necesariamente, el comienzo de una cierta forma de guerra, ya que rebelarse significa, etimológicamente, volver a la guerra (bellum) civil que se supera con el orden y el respeto de todos a la Ley, que seguramente no están en condiciones de ganar. ¿Es imposible que Cataluña se separe incluso si lo quisieran todos los catalanes, lo que, como espero se vea, no es el caso? Ciertamente no, pero no pueden imponer unilateralmente las reglas aplicables ni violar las establecidas sin introducir un nivel de conflictividad y de violencia en el sistema, sino que han de conseguir que se aprueben, civilizadamente y tomándose el tiempo que convenga, lo que puede no coincidir con la vida, deseablemente larga, de Mas o incluso de Junqueras, las reglas que permitan que eso pueda suceder, y la más sencilla de todas ellas no será, precisamente, hacerlo en un clima de libertad política que, ahora y por desgracia, está fuertemente limitado en Cataluña.

Después de la tormenta
El error de la inmensa mayoría de los políticos españoles ha estado en no hablar con claridad y en consentir un creciente deterioro del nivel del respeto a la ley común que se ha hecho ya insostenible en Cataluña, como lo muestra la falta de respeto a las sentencias judiciales o las políticas de facto que han llevado al absurdo de pagar supuestas embajadas catalanas en el exterior. Cuando se ha optado por mirar para otra parte, en lugar de afrontar en directo el problema, sin miedo a las posibles consecuencias, se ha sembrado una semilla ilusa de insumisión, de beatería política que ha llevado a que políticos sin demasiados escrúpulos hayan progresado en su carrera, fracaso tras fracaso, con el único mérito de hacer mangas y capirotes a la ley vigente, y eso es lo que debiera acabarse en Cataluña, y en el resto de España, cuanto antes, si no queremos encontrarnos con un conflicto que nos rebase y termine por destruir la libertad, el orden político y la capacidad de prosperar en la que confían la inmensa mayoría de los españoles, catalanes o no.

((La izquierda afecta a Chávez, Putin, Irán y los yihadistas))
Cristina Losada Libertad Digital 18 Septiembre  2015

Más de un mes antes de que Jeremy Corbyn fuera elegido líder del laborismo británico, el editor del blog Left Foot Forward publicaba una pieza contra él. Su peculiaridad era que se oponía a aquel auténtico izquierdista desde la izquierda. Lo que movía a James Bloodwarth a sentenciar que ninguna persona de izquierdas debía apoyar al camarada Corbyn no eran sus propuestas económicas, tan vapuleadas por los blairistas, ni otras razones que pudiera esgrimir el Partido Conservador. Su rechazo a Corbyn lo provocaba el alineamiento del candidato con dictadores y autócratas, con antisemitas, negacionistas y perseguidores de homosexuales.

Bloodwarth empezaba contando que en 2011, cuando él era miembro de un grupo trotskista, acudió a una charla de Corbyn sobre la guerra en Libia y se quedó de piedra, igual que otros asistentes, cuando el miembro de la facción izquierdista del Labour se puso a elogiar los "logros" del régimen de Gadafi. Naturalmente, alguien que es capaz de alabar a Gadafi no se queda ahí. En los últimos años, Corbyn mostraría su respaldo expreso o justificaría a elementos del tenor de Hugo Chávez, Fidel Castro, Slobodan Milosevic y Vladimir Putin; y llamaría "amigos" a grupos terroristas como Hezbolá y Hamás. Además, trabajaría para una cadena de televisión iraní que acoge a impenitentes negadores del Holocausto.

¡Vaya sorpresa!, diríamos desde España, pensando en los fundadores de Podemos. No sólo en ellos, sin duda, pero da la casualidad, digámoslo así, de que la nueva izquierda surgida aquí ha elegido prácticamente a esos mismos amigos, ha hecho sus pinitos en la tele de un Irán que cuelga a los homosexuales y oprime a las mujeres, y ha tenido como gran referente a Chávez, al que llegó a asesorar. Tan estrechos son, por cierto, sus lazos con él que uno de los fundadores de Podemos, Juan Carlos Monedero, acaba de defender con uñas y dientes la condena del disidente Leopoldo López. Lo ha hecho a través de una analogía de López con la ETA que tiene delito moral, y que han comentado como se merece Maite Pagazaurtundúa en Libertad Digital e Ibsen Martínez en El País.

Es posible que en España no escandalicen tanto esas amistades y esas vinculaciones de cierta izquierda. Que no escandalicen, quiero decir, en la propia izquierda. Cuando no quedaba en Europa ningún partido de izquierdas relevante que no condenara la dictadura castrista, aquí Fidel seguía contando con sus incondicionales. Aún los tiene, y aún tiene más el chavismo. Y la transigencia con el antisemitismo, recientemente visible a raíz de los chistes del concejal Zapata de Ahora Madrid, alcanza grados que son inimaginables en países de nuestro entorno. Pero ahora han elegido en Gran Bretaña, como líder de un partido histórico como el laborismo, a un hombre que tiene una lista de amistades poco recomendables muy similar, si no idéntica, a la del izquierdismo español más ultramontano.

La diferencia es que allí hay una izquierda, incluso una izquierda a la izquierda del laborismo convencional, que no comulga con esas ruedas de molino y lo proclama abiertamente. Una izquierda que deplora y censura "el giro del pensamiento de izquierdas hacia movimientos que antes hubiera denunciado como racistas, imperialistas y fascistizantes", por decirlo en palabras de Nick Cohen, que anunciaba así en The Spectator que se borra de la izquierda. Y confesaba:

Me he dado cuenta ahora de lo que debería haber sabido hace años. Las causas que más me importan –la secularidad, la libertad de expresión, los derechos humanos universales– no son sus causas.

Por decirlo todo: esa izquierda es minoría. Como reconoce el propio Cohen, los militantes que votaron por Corbyn saben que apoya a dictadores y autócratas, a antisemitas, a perseguidores de gays, a yihadistas y a negadores del Holocausto. Lo saben, pero no les importa. Igual que lo saben los seguidores de Podemos, aunque a éstos, barrunto, les importe todavía menos. La vieja izquierda formada en la tradición ilustrada occidental se bate hoy con una nueva izquierda que por falta de formación, por fanatismo o por ambas cosas, teje alianzas con figuras y movimientos que, hace algunas décadas, un izquierdista hubiera mirado con desprecio y horror. Aunque todo esto ya pudo anticiparse después de los atentados del 11-S, que fue cuando Horacio Vázquez-Rial acuñó el concepto de la izquierda reaccionaria.

Hoy la divisoria en la izquierda europea no está, por más que lo parezca, en las diferencias sobre cómo encarar la crisis económica. Está en su agenda de direcciones. Es ahí donde muestra qué le importa y qué no: cuáles son sus causas y sus valores.

El escritor peruano impulsa la plataforma Libres e Iguales
Vargas Llosa deja el cuché y reaparece en un mitin contra el nacionalismo
José Alejandro Vara www.vozpopuli.com 18 Septiembre  2015

Mario Vargas Llosa lidera la semana próxima un acto de intelectuales contra el nacionalismo y en apoyo del voto responsable en Cataluña. El premio Nobel es uno de los impulsores de la plataforma Libres e Iguales, ariete en el combate contra el secesionismo.

Vargas Llosa retorna a la actividad pública en Madrid en un encuentro promovido por la plataforma Libres e Iguales, un movimiento cívico integrado por intelectuales y creadores de firme beligerancia contra los totalitarismos nacionalistas. Vargas Llosa, protagonista a lo largo de todo el verano por diversas vicisitudes sentimentales y vitales, aparecerá este martes próximo junto a una veintena de destacados intelectuales, políticos y creadores que se han caracterizado por denunciar los excesos opresores del nacionalismo que gobierna en Cataluña.

A cinco días de la cita con las urnas catalanas, Libres e Iguales pretende hacer un llamamiento a la conciencia del electorado y recordar que en estos comicios se elige entre "la convicencia y el caos", entre "la democracia y la negación", entre "la ley y la selva".

Un escritor comprometido
Vargas Llosa es un escritor de los que en tiempos se bautizaban como "comprometidos", es decir, muy activamente implicados en la realidad política. Tanto que incluso fue candidato a la presidencia del Perú, con escaso éxito. Fiero luchador contra los nacionalismos, el autor de "La ciudad y los perros" manifestó este jueves en Salamanca, al ser investido doctor honoris causa por la Universidad de esa localidad, que "en Cataluña ha habido una política en contra de una realidad que no se puede estinguir" y calificó de "mezquina, pequeña y provinciana" la política del nacionalismo que domina las instituciones en aquella comunidad.

Tras un verano de profusa presencia en las revistas del corazón debido a su relación con Isabel Preysler, este martes, en el Ateneo de Madrid, Vargas Llosa se sumará al grito en defensa de las libertades lingüísticas, educativas, sociales y políticas en Cataluña, en apoyo de un voto responsable.

Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del PP e imagen significada de este grupo, ha manifcestado que con esta sesión se persigue animar a los cudadanos catalanes a que "asuman su responsabilidad" y acudan a las urnas en un momento "decisivo" para España.

Libres e Iguales se presentó en sociedad en julio del pasado año y desde entonces ha protagonizado varios encuentros e iniciativas en diversas ciudadaes de España. Desde entonces han pregonado por toda España un potente grito contra toda persecución qu epromueve el nacionalismo catán en el ámbito de la política, la cultura, la educación, la lengua...

La "intelectualidad española"
Vargas Llosa estará compañado por una nutrida representación de los impulsores del movimiento, como Federico Jiménez Losantos, Albert Boadella, José María Fidalgo, Joaquín Leguina, Nicolás Redondo Terreros y otros. Una presencia amplia y de distinta extracción política, unida por el rechazo hacia todo lo que defiende e impulsa el secesionismo instalado ahora en el gobierno catalán.

Son una muestra muy válida de lo mejor de la intelectualidad española", resume Álvarez de Toledo. "Se trata de personas reconocidas por su firme compromiso democrático y su claridad y valentía en defensa de los valores constitucionales de la libertad y la igualdad ante la ley".

Las convocatorias impulsadas por Libres e Iguales por toda España han tenido una amplia respuesta. Esta semana próxima pretenden llevar desde Madrid el aliento hacia todos aquellos que en Cataluña defienden, apoyan y se empeñan en no perder la esperanza de recuperar la libertad.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Economía: Artur Mas confunde la realidad con los sueños

EDITORIAL El Mundo 18 Septiembre  2015

Desde hace muchos meses, Artur Mas intenta convencer a los catalanes de que la independencia significará un incremento de renta de los ciudadanos y unas mejores prestaciones sociales. Anteayer aseguró en un acto en Badalona que las pensiones "están garantizadas" y que "incluso pueden ser mejores", descalificando a quienes están llevando a cabo "una campaña inmoral del miedo".

Nuevamente Mas confunde la realidad con los sueños. Es arriesgado predecir el futuro, pero el hecho es que Cataluña desde que estalló la crisis en 2008 se está beneficiando de la solidaridad el Estado español porque, según datos de los siete primeros meses de este ejercicio, aportó a la caja de la Seguridad Social 7.200 millones de euros y el coste de las pensiones contributivas ascendió a 11.700 millones. Ello supone un déficit de 4.500 millones. Como hace siempre que no le cuadran los datos, Mas recurre a la propaganda para ocultar las cifras.

Casi al mismo tiempo que el presidente de la Generalitat hacía esas manifestaciones, el Círculo de Economía se pronunciaba en contra del proceso soberanista, sumándose a Fomento del Trabajo y la CEOE sobre los elevados riesgos de la escisión.

Es evidente que la separación de Cataluña perjudicaría, en primer lugar, a las empresas catalanas, que el año pasado vendieron al resto de España mercancías por importe de 44.000 millones de euros. Pero España saldría también muy dañada al perder un mercado de casi ocho millones de personas, que representan un 18% del PIB. Aquí no estamos ante un juego de suma cero. La separación no es neutral, provocaría un perjuicio a ambas partes. Y eso Mas no lo quiere asumir.

El líder nacionalista también está haciendo oídos sordos a todos los avisos de bancos de inversión e instituciones financieras, que advierten que la independencia traería como consecuencia inmediata una huida de capitales y una deslocalización de empresas.

Un informe interno del Consejo Asesor para la Transición Nacional, realizado en 2013, reconoce la posibilidad de que, en este escenario y sin la cobertura del BCE, las autoridades catalanas tuvieran que establecer un corralito para impedir ese éxodo. Naturalmente Mas ocultó la existencia de este documento.

Si el líder nacionalista insiste en que Cataluña continuará dentro de la UE pase lo que pase es porque sabe perfectamente que el nuevo Estado no podría pagar sus deudas ni los salarios de los funcionarios ni las prestaciones sociales al quedar fuera del gran paraguas que supone estar dentro de la zona euro.

Cataluña afortunadamente no es una isla y gracias a eso ha podido obtener una muy generosa financiación del Estado español, que va a prestar a la Generalitat este año 10.000 millones de euros a través del FLA. A pesar de ello Mas insiste en el déficit fiscal de Cataluña, otro mito que no resiste un mínimo análisis y que las cifras desmontan.

La independencia sería un desastre para Cataluña y también para España desde el punto de vista económico. Esa es la dolorosa verdad que hay que admitir y que desmonta el discurso nacionalista, carente del más mínimo rigor intelectual.

Bruselas deja en evidencia las mentiras separatistas
Editorial La Razon 18 Septiembre  2015

No hay peor sordo que el que no quiere oír. Los separatistas han sido contumaces en no atender ni darse por aludidos con aquellos mensajes que les incomodaban o que sencillamente desactivaban su discurso oficial. En este sentido, la integración de una supuesta Cataluña independiente en la Unión Europea ha sido paradigmática. Ayer, la Generalitat y los partidos que forman el frente secesionista tuvieron que escuchar de nuevo lo que no desean.

La Comisión Europea refrendó que una Cataluña fuera de España quedaría automáticamente excluida de la Unión y pasaría a ser considerada un tercer país al margen del club comunitario, al que, por supuesto, no se le aplicarían los tratados. Artur Mas, Oriol Junqueras y el resto de independentistas conocen perfectamente la posición oficial de las autoridades comunitarias. De hecho, se ha preservado inalterable desde 2004, cuando se pronunció sobre el fondo del asunto el entonces presidente de la Comisión, Romano Prodi. El propio Jean-Claude Juncker, actual máximo responsable de la institución europea, se expresó en términos idénticos durante la campaña de las elecciones europeas de mayo de 2014.

Por tanto, no hay más dudas que las que los separatistas generan para no tener que admitir lo que es un secreto a voces. Su ridícula actitud llegó ayer al súmmum cuando el candidato de Juntos por el Sí, Raül Romeva, replicó a Bruselas que lo que es indiscutible es que la Cataluña segregrada seguirá en la UE porque, según explicó, «los tratados permiten perfectamente que una parte de un Estado convertida en Estado forme parte de la Unión». Las palabras de Romeva tras el pronunciamiento de la Comisión prueban que el separatismo negará la mayor tantas veces como sean necesarias porque, entienden que el coste electoral de reconocer la verdad sería terminal para sus intereses y, en consecuencia, hay que aferrarse a la versión edulcorada hasta el final.

Lo más grave de esa contumacia en la mentira es la decisión política que hay detrás, la determinación de mantener un engaño colectivo a sabiendas de las consecuencias sin ningún tipo de reparo moral. Hay una falta de respeto por el votante que resultaría intolerable en cualquier comunidad democrática mínimamente crítica. Los responsables de una gran mentira global serían merecedores de una reproche público y ciudadano, que en Cataluña está aún por llegar.

Los separatistas saltan en este vacío europeo con la red que supone saber que nunca llegará el momento en que Cataluña se independice y de que, por tanto, sus falacias sean puestas a prueba. El mensaje de Bruselas representa el enorme aislamiento de los separatistas en el concierto internacional. Además de Bruselas, Barack Obama, Angela Merkel y David Cameron se pronunciaron antes a favor de la unidad de España y advirtieron de los riesgos del proceso y de atropellar la legalidad europea. Un informe de la Fundación Alternativas abundó ayer en que una Cataluña independiente estaría fuera también de la ONU, la OTAN, el FMI, entre otros organismos. Se quedaría sola, marginada. Pese a todo, conviene no olvidar que evaluar las consecuencias de una hipotética secesión es, sobre todo, política ficción, pero ayuda a comprender y a calibrar el rigor y la responsabilidad, mejor dicho, la falta de ellos, de quienes están dispuestos a cualquier cosa –engañar a millones de personas– para que el tenderete separatista no se les venga abajo y sepulte sus ambiciones.

Diálogo de sordos
Santiago González El Mundo 18 Septiembre  2015

Es admirable el trabajo de la diplomacia española para hacer fracasar el sueño de internacionalizar el conflicto de Artur Mas. La intervención de Obama fue la penúltima advertencia. Ayer fue la Comisión Europea: "Si parte de un Estado miembro deviene independiente deja de ser parte de la UE, pasa a ser un tercer estado, y los tratados europeos dejan de serle de aplicación". Y esto es así ya desde que lo dijo Romano Prodi en 2004.

Lo que resulta incomprensible es que sea precisamente el ministro de Exteriores el que se empeñe en deslucir una estrategia brillante y efectiva a la que él mismo no debe de ser ajeno. Su debate con Oriol Junqueras solo servirá para aumentar la estatura de este a los ojos de los suyos. Donde las embajadas han cerrado las puertas a Mas, Margallo se las abre a Junqueras.

¿Para qué? Para un diálogo de sordos. El independentismo no se atiene a la razón, ni a los hechos. Frente a la evidencia seguirá diciendo que la Unión no puede echar a siete millones y medio de catalanes. Para más INRI, cuenta la razón que Junqueras hablará en catalán y el ministro en castellano, otro subrayado simbólico cuando a Margallo le pongan los cascos para la traducción, otra escenificación de extranjería.

La torre de Babel era un casteller más grande.

Los independentistas de Cataluña ponen a la prensa a su favor
Justino Sinova El Mundo 18 Septiembre  2015

Si usted reside en Cataluña y quiere conocer lo que de verdad están haciendo los independentistas para salirse con la suya, le conviene leer este informe titulado "Déficits de calidad democrática en Cataluña" redactado por la Societat Civil Catalana, una asociación formada por ciudadanos de todos los colores contrarios al proceso separatista. Lo que en él se dice no va a encontrarlo fácilmente en los medios catalanes salvo por exclusión, cuando alguno de ellos critica las actividades, los mensajes o los papeles de la Societat. Si usted vive fuera de Cataluña, dispone de más información en los medios, pero también encontrará datos muy valiosos para completar su idea acerca de la locura política secesionista que lidera Artur Mas y sus traumáticos efectos. Es muy fácil obtener el informe, ahora que Internet hace la vida imposible a la censura: basta con pinchar en este enlace.

Si traigo este documento a este rincón bloguero es por dos razones. La primera, porque la principal preocupación que anima a este espacio es la libre circulación de información relevante y veraz, base del ejercicio de la libertad de expresión; esa preocupación se torna en pesadilla cuando el ambiente se trufa de mentiras como las que ponen en circulación los independentistas con inefable cara de corcho. La segunda razón es la utilidad de los datos que el informe recopila para demostrar la sumisión de los medios que consiguen los independentistas, medios públicos (con TV3 en vanguardia) y también privados.

Una maniobra esencial para el control de los medios es la concesión de subvenciones, sobre la que existe escasa y confusa cuando no nula información. Los requisitos de tales subvenciones -se lee en el informe- "han favorecido siempre de un modo claro a los medios que optan por la lengua catalana y a los proyectos orientados al fomento del espacio catalán de comunicación" lo cual pone en evidencia "de nuevo la 'construcción nacional' como prioridad de las políticas públicas". El resultado es "una importante dependencia económica de los medios catalanes con respecto al poder político".

Los autores del informe afirman que "el caso de la publicidad institucional resulta aún más preocupante que el de las subvenciones por dos motivos: por su falta de transparencia (...) y por la fácil instrumentación del mensaje por parte de las instituciones, que hace que con frecuencia se confunda lo que habría de ser un contenido vinculado a la prestación de un servicio público con la propaganda política". Y una de sus conclusiones es la constatación del resultado alcanzado con el abuso: "el proyecto separatista no habría logrado aunar tantos adeptos sin contar con el apoyo de unos medios de comunicación que, de modo claramente orquestado, identifican una y otra vez nación y país con Cataluña frente al Estado español".

Lo que yo pueda reproducir en estas líneas no es más que un breve trazo del relevante informe, en el que también se hace alusión a un reportaje publicado hace un año en El Mundo con datos muy expresivos del control político de la comunicación a través de las subvenciones y socorros públicos, datos que, no está de más repetirlo, escasean en la generalidad de los medios. Esa pieza periodística, titulada "181 millones para los medios en pleno proceso soberanista", se puede consultar aquí.

Pero no nos quedemos en el control de los medios, por muy importante que esa trampa sea para conseguir disfrazar la información. Lo conveniente para catalanes y no catalanes es echar un vistazo a todo el informe, que es una radiografía de la parte más oculta de la realidad de Cataluña convulsionada por la fiebre independentista, desde la actuación de la Generalitat al margen de la ley (primer capítulo) hasta la demonización del discrepante (capítulo final) para concluir en unas conclusiones que esclarecen las "carencias democráticas" de la Cataluña de hoy.

Riesgo país sin país
José T. Raga Libertad Digital 18 Septiembre  2015

Se me va a permitir que, aunque sea momentáneamente, utilice una expresión acuñada en el mundo financiero, riesgo país, si bien tengo que manifestar que por su manipulación me resulta repugnante. Más repugnante todavía cuando se incluye, bajo denominación colectiva países, a la tierra que me vio nacer, a la que amo y de la que me siento parte. Me refiero, como bien puede suponerse, a la denominación de països catalans, incluyendo en ella, entre otros, a mi querida Valencia.

El Gobierno de la Generalidad catalana ha culminado, en vísperas de unas elecciones al Parlamento de aquella comunidad autónoma, uno de los milagros que se suponía inalcanzable al hacer humano. Ha conseguido que, sin ser país, aparezca en las referencias financieras valorado por su nivel de riesgo, como si de un país se tratara; ya sé que ellos dirán que sólo no son Estado, pero que abundan como nación y naturalmente, desde muchos lustros, se sienten país.

El mundo, sin embargo, no se anda con esas florituras lingüísticas y, simple y llanamente, distingue un territorio en función de los poderes de que es titular, o de la pertenencia o dependencia del mismo, respecto de un cuerpo político mayor, en cuyo seno reside el máximo poder de gobierno y de administración de la cosa común.
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No se discutirá que el hecho de que antes de proclamarse República, no se si será Popular, Democrática, Independiente, etc. –de hecho me horroriza que la denominación República lleve apellido–, la deuda pública contraída por el Gobierno catalán cotice al alza en lo que los mercados consensúan con la denominación de riesgo país, es un acontecimiento, históricamente, digno de mención.

No pasemos por alto que el concepto, bien precisado por los mercados financieros, es el de riesgo; término éste que sólo es aplicable a hechos inciertos, tanto incertus an, es decir incertidumbre de si se producirán, como incertus quando o sea que, caso de producirse tampoco puede precisarse el momento en que se producirán, no influyendo demasiado el momento ni la situación presente y conocida.

Pues bien, con todas estas restricciones, que configuran un escenario sólo evaluable por las entidades aseguradoras, la prima de riesgo –riesgo de impago de la deuda catalana, debemos de entender– está creciendo y en pocos días la podríamos ver jugando en el mismo terreno de juego que hoy lo hace la deuda griega, también aquí por inseguridad de intenciones, probabilidades y, en definitiva, riesgos.

¿Son cuestiones menores, instrumentadas por agoreros enemigos de la nación catalana? Uno puede refugiarse donde más le convenga, pero yo no cerraría ojos y oídos a opiniones de quienes nada tienen que ganar o peder en esta cuestión. Cuestiones e informes que alertan también de organismos e instituciones del propio aparato del gobierno que impulsa la idea de proclamar la independencia.

Mientras el mundo trata de ampliar el campo común, hay quien se propone restringir el propio. Es lo erótico de navegar contra corriente.

La Generalidad se suena con lo que Amaiur arranca
Guillermo Dupuy Libertad Digital 18 Septiembre  2015

Es verdad que, en cualquier otra democracia, un diputado que arrancase varias páginas de la Constitución desde la tribuna de oradores del Parlamento, tal y como ha hecho el proetarra Sabino Cuadra, sería fuertemente sancionado. Claro que tampoco me imagino ningún otro Parlamento presidido por alguien como Jesús Posada, que considera que semejante ultraje a aquello que los diputados prometen cumplir y hacer cumplir para poder asumir el cargo no es sancionable sobre la base de que "lo que se dice en estos muros pertenece al Legislativo".

Por otra parte, no hay que olvidar que si los proetarras arrancan páginas de la Constitución en el Congreso es porque el resto de nuestra clase política –incluido el Gobierno– se ha sonado previamente las narices con la Ley de Partidos. ¿Y qué decir de las páginas de nuestra Carta Magna y de las sentencias de nuestros más altos tribunales que el presidente de la Generalidad usa ya no sé si para sonarse las narices o para otros más íntimos menesteres?

Lo que sí se es que por hacerlo el golpista que preside la Generalidad de Cataluña no sólo no ha sido sancionado sino que, por el contrario, ha sido el principal beneficiario de los Fondos de Liquidez Autonómica, así como el destinatario de numerosas ofertas que van desde modificar algunas paginas de nuestra Constitución hasta la cesión a las Administraciones regionales del 100% del IRPF.

Así que, visto lo visto, aunque el proetarra Sabino Cuadra confunda el Parlamento nacional con su apellido, le diría: "No arranque páginas, hombre, limítese a sonarse con ellas". Con suerte, hasta le harán ofertas de diálogo para cambiar las que no les gusten.

Mas ha dilapidado 90 millones en acción exterior sin éxitos
Su mayor logro ha sido una llamada al diálogo del Parlamento de Dinamarca.
Marcos PARDEIRO. Barcelona. La Razon 18 Septiembre  2015

Las prioridades en el gasto público de la Generalitat quedaron al descubierto en la presentación de los últimos presupuestos, los de 2015. Después de cuatro años consecutivos de recortes draconianos, el Govern de Artur Mas presentó unas cuentas ligeramente al alza en políticas sociales (el presupuesto en Salud subió un 1,5 por ciento y el de Educación un 6,9 por ciento), y ampliamente expansivas en acción exterior y embajadas. La primera partida subió un 19 por ciento (de 16,5 millones a 19,7 millones), mientras que la segunda –incluida en la primera– se incrementó un 36,5 por ciento, de los 2,2 millones a los 3 millones de euros.

El presupuesto destinado a las oficinas en el exterior, de hecho, sí que ha aumentado incluso en tiempos de recortes. Un repaso al gasto en la política internacional de la Generalitat lo pone de manifiesto. En 2013 el gasto en el conjunto de la acción exterior del Govern de Mas fue de 26,9 millones –el mismo que el del año 2012 porque las cuentas se prorrogaron–. En 2014 se acometieron importantes restricciones presupuestarias, ya que el dinero para diplomacia pasó de 26,9 millones a 16,5 millones. Sin embargo, el recorte –que afectó principalmente a los recursos destinados a cooperación– no impidió que Mas duplicara la inyección en embajadas.

De 2013 a 2014 el gasto en oficinas en el exterior pasó de 1,1 millones a 2,2 millones. Y de 2014 a 2015 la cuenta alcanzó los 3 millones. Así, el Govern de CiU ha ido ampliando la red de embajadas. De cinco ciudades (Bruselas, París, Londres, Berlín y Nueva York) donde la Generalitat tenía oficina se ha pasado a siete, ya que Roma y Viena se han sumado a la red catalana.

¿Cuáles han sido los resultados de estas oficinas? Es difícil fiscalizar la acción de los «embajadores», ya que la mayoría soberanista ha impedido siempre su presencia en el Parlament para dar explicaciones. Pero lo que es sencillo de comprobar es que sus gestiones no han permitido las complicidades que el independentismo busca más allá de las fronteras catalanas.

Los pronósticos del aparato diplomático de la Generalitat han hecho aguas. Se auguró una ola de simpatías en el caso de que el Gobierno impidiera la consulta soberanista del 9 de noviembre y nadie alzó la voz. Se auguró que países de todo el mundo mostrarían su complicidad con el movimiento soberanista, pero no existen registros de que haya sucedido.

El Govern quiso presentar como un éxito la resolución aprobada por el Parlamento de Dinamarca en favor del diálogo entre Cataluña y el resto de España, pero lo cierto es que el propio Parlament ha aprobado una resolución en el mismo sentido. Ningún líder europeo, ninguna autoridad comunitaria ha alentado el proceso soberanista. Al contrario. Todos ellos intentan mantenerse al margen de lo que consideran un asunto interno de España y cuando han hablado ha sido para decir que Cataluña se juega el adiós a la UE.

Planta cara al separatismo y cuelga una bandera de España
La enseña nacional fue retirada por operarios municipales de Mollet mientras miles de esteladas, bandera que legalmente no representa a nadie, están presentes en multitud de balcones del pueblo.
G. Moreno  www.gaceta.es 18 Septiembre  2015

Mollet del Vallés (Barcelona) es una localidad de 51.000 habitantes en la que gobierna el PSC, que obtuvo 7 concejales en las últimas elecciones municipales, los mismos que los nacionalistas de CM-E. Los separatistas de ERC sacaron 5, Ciudadanos 3, CiU, 2 y el PP 1. La separación entre separatistas y ciudadanos que se consideran a la vez catalanes y españoles es evidente y, analizando los resultados, el pueblo se divide prácticamente en un 50% entre los que apoyan una opción y la contraria.

Pero como sucede en casi toda Cataluña, los ciudadanos que no son nacionalistas se sienten marginados y avasallados por el poder y la influencia del nacionalismo separatista. El castellano cada vez se utiliza menos y hacer gala de españolismo puede acarrear consecuencias graves. Sobre todo a nivel de discriminación por parte de los vecinos que quieren la secesión catalana y no admiten que alguien les lleve la contrario y no se sienta catalán.

A pesar de esta situación, como adelanta http://www.mediterraneodigital.com , un vecino de Mollet del Valles decidió colgar una bandera gigante de España en la calle más comercial de la localidad. Le daba lo mismo que la campaña independentista estuviera en pleno apogeo por la Diada y la proximidad de las elecciones del 27 de septiembre, que el odio hacia lo español sea palpable en cada rincón de Cataluña y que su arriesgada acción le pudiera ocasionar todo tipo de problemas. Él quería que ondeará la bandera de su país en ‘territorio enemigo’ y responder de esta manera a las cientos de miles de esteladas y senyeras que llenan todas las calles de Cataluña. El valeroso ciudadano no tenía miedo y asumió el riesgo con orgullo.

La bandera, ante el asombro de los ciudadanos, apareció ondeando en la calle más comercial de Mollet del Vallés. Los antiespañoles empezaron a quejarse y, como no podía ser de otra manera, la enseña nacional fue retirada por un par de operarios municipales. Mientras tanto, cientos de esteladas, bandera que no tiene carácter oficial y legalmente no representa a nadie, están presentes en cientos de balcones del pueblo. El separatismo vuelve a salirse con la suya y ondear una bandera de España es una localidad española es una provocación que no puede consentida.


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