AGLI Recortes de Prensa   Martes 22  Septiembre 2015

 Nostra Maxima Culpa
Aleix Vidal-Quadras  www.gaceta.es 22 Septiembre  2015

En la contrita oración cuyas primeras palabras eran “Yo pecador”, que aprendíamos en la escuela cuando la Religión era una asignatura obligatoria y puntuable al mismo nivel que las matemáticas, la literatura o las ciencias naturales, pedíamos perdón por nuestros pecados y nos referíamos a nuestra culpa, nuestra máxima culpa. Un reconocimiento similar de responsabilidad y de pesar por los errores cometidos deberíamos hacer los españoles ante el desastre que se avecina el próximo domingo en Cataluña y que, sea cual sea el resultado, dejará profundamente herida a nuestra multisecular Nación. El hecho dramático de que un cuarenta por ciento de los ciudadanos que emitirán su sufragio el 27 de septiembre se disponga previsiblemente a pronunciarse en favor de opciones que propugnan la separación de Cataluña de España, y que lo hagan a pesar de que semejante proyecto es inviable económicamente, políticamente, jurídicamente y socialmente, no es algo que se haya gestado como fruto de un arrebato reciente. Prescindiendo de antecedentes históricos que se remontan a finales del siglo XIX y al período sombrío del Desastre, y ciñéndonos a los últimos treinta y siete años, es evidente que la hostilidad irracional que casi dos millones de catalanes sienten hoy por su matriz española es el fruto de una cadena ininterrumpida de oportunismos, cobardías, carencias de visón a largo plazo, ambiciones mezquinas, cainismos miserables, frivolidades y corrupciones de las elites políticas de los dos grandes partidos. Teniendo en cuenta que durante un tiempo tan largo estas dos formaciones han acaparado conjuntamente el apoyo de más del ochenta por ciento del electorado, la culpabilidad se extiende como una mancha de aceite a toda la sociedad.

Los padres de la Constitución del 78 no supieron ver que entregar las escuelas, la cultura, poderosos medios públicos de comunicación y amplísimas competencias legislativas y ejecutivas en todos los campos a los nacionalistas era un suicidio que tarde o temprano iba a pasar una factura imposible de pagar. No existen tigres vegetarianos ni nacionalismos de identidad que puedan ser apaciguados con concesiones. Cualquier herramienta que se ponga en sus manos que les permita controlar a la gente, adoctrinarla y encenderla de odio hacia la Nación integradora que les alberga, será utilizada sin piedad y sin pausa. Las alianzas con los nacionalistas han sido el equivalente a meterse en el corral para gobernar a las gallinas acompañados de una zorra insaciable. Una y otra vez se ha ido cediendo en el terreno fiscal, en el educativo, en el lingüístico, en el administrativo, una y otra vez se han cerrado los ojos ante los escandalosos latrocinios de los jerarcas separatistas, una y otra vez se ha permitido que se saltaran a la torera las sentencias de los tribunales, y todo ello con el fin de calmar sus ansias sediciosas. El brillante resultado de esta estrategia está a la vista y en pocos días nos estallará en la cara.

La combinación del amilanamiento permanente frente a la ofensiva secesionista y la venalidad galopante de las dos principales fuerzas de ámbito nacional, sin olvidar la progresiva degradación de la calidad humana, intelectual y moral de los gobernantes a todos los niveles como fruto de un sistema institucional y electoral nefasto, ha alumbrado el monstruo que está a punto de salir de las urnas catalanas. No cabe ninguna duda de que si en lugar del panorama desolador que ofrecen los estratos superiores de las instancias centrales del Estado tuviéramos líderes políticos de la talla requerida, no nos encontraríamos al borde del abismo. La fractura que nos acecha tiene su origen tanto en la maligna contumacia de los dirigentes separatistas como en la debilidad y el desprestigio de la empresa común española a manos de una partitocracia mediocre y codiciosa.

Es doloroso a estas alturas preguntarse si cada uno de nosotros hicimos lo requerido mientras se desarrollaba imparable este proceso de descomposición, si incluso los que veníamos advirtiendo de lo peligroso del camino emprendido no nos conformamos con la denuncia verbal o escrita sin pasar a la acción hasta que ya era demasiado tarde.

Maxima culpa, nostra maxima culpa. Escrito y dicho en latín suena todavía más solemne, más pavoroso, más irremediable.

Rajoy se equivoca y los demás callan
EDITORIAL Libertad Digital 22 Septiembre  2015

Como hemos contado en Libertad Digital, el descontento entre los dirigentes populares sobre la manera en que se han enfocado las elecciones catalanas está cada vez más extendido. En el PP consideran que Rajoy cometió un grave error al no hacer coincidir las elecciones generales con los comicios catalanes, presentados por las fuerzas separatistas como un plebiscito por la independencia.

La coincidencia de las dos elecciones, consideran, hubiera puesto el foco de atención principalmente en asuntos nacionales y habría permitido al partido del Gobierno llevar la iniciativa de la campaña. Además, las elecciones generales despiertan un mayor interés entre los votantes del PP que las autonómicas, otro argumento que esgrimen los críticos contra esta decisión de Mariano Rajoy.

El presidente del Gobierno, en otra muestra de su "magistral manejo de los tiempos", según la prensa obsecuente, prefirió agotar la legislatura por entender que, con los Presupuestos Generales aprobados, el incremento del consumo típico de las fiestas navideñas y la entrega a los funcionarios de la paga extra retenida desde 2012 estaría mucho más cerca su reelección, lo único que parece importarle.

Una vez más, el Partido Popular demuestra ser una organización en la que el debate interno brilla por su ausencia. En lugar de afrontar una discusión seria en torno a la estrategia del principal partido de España en la cita electoral catalana, la más crítica de la historia democrática, los dirigentes populares se han limitado a asumir como un hecho consumado la decisión de Rajoy, sin levantar la voz allí donde podían y debían hacerlo. Ahora se lamentan. Antes incluso de que se cuenten los votos pero, eso sí, escudándose en el anonimato para no perjudicar su carrera dentro de un partido que se luce exhibiendo una falsa imagen de unidad de cara al exterior.

Es posible que Rajoy se haya equivocado, pero de lo que no cabe duda es de que los que podían sacarlo de su error cuando todavía estaban a tiempo pusieron sus intereses particulares por encima de lo que consideraban mejor para el interés nacional. El próximo domingo habrá más elementos de juicio para conocer hasta qué punto la decisión de Rajoy y el silencio de su partido ha perjudicado las expectativas del PP catalán y las de los catalanes que no quieren dejar de ser españoles.

Unas elecciones ilegales
Emilio Campmany Libertad Digital 22 Septiembre  2015

Estas elecciones huelen a ilegalidad. Todos percibimos el tufo, pero nadie se atreve a denunciarlo. Lo que sí dicen muchos es que los independentistas han ganado la primera batalla de estas elecciones al conseguir que sean de facto plebiscitarias. Y tienen razón. Lo demuestra que lo único de lo que se debate es de la independencia de Cataluña y de lo mucho o poco que conviene ésta a los catalanes. Asimismo lo prueba que el ministro de Asuntos Exteriores viaje a Cataluña a discutirlo y el que la izquierda ofrezca una oscura reforma constitucional a cambio de que los independentistas depongan su actitud. Los hay que añaden que Cataluña no será independiente sea cual sea el resultado porque falta el cauce legal. Si fuera verdad, ¿a qué estar discutiendo día y noche la conveniencia y las consecuencias de la independencia? ¿A qué suplicar a los que no la quieren que acudan a votar?

Es patente que lo que de facto se juega en estas elecciones es la independencia de Cataluña. No tanto porque vaya a proclamarse automáticamente si los independentistas las ganan, sino porque es seguro que éstos encontrarán el modo de intentar alcanzarla si vencen. Y, por el solo hecho de ser así las cosas, estas elecciones son ilegales. Lo son porque lo que se pretende que resuelvan, y con ese fin exclusivo han sido convocados los electores a ellas, es algo ilegal, además de diferente de aquello para lo que la ley las prevé. Estamos acostumbrados a que los independentistas hagan siempre su santa voluntad porque quienes tienen la obligación de impedírselo han sostenido que nada podían hacer mientras los sediciosos no cometieran formalmente ninguna ilegalidad. El argumento es falaz. Es verdad que hay muchos actos jurídicos que para ser legales requieren una forma. Pero eso no quiere decir que la única manera de ser ilegales que tienen sea incumplir la forma que las leyes les exigen. Hay otras. Y una de las más obvias es perseguir un fin contrario a la ley. Un contrato de arrendamiento de servicios en el que uno contrata a otro para que asesine a un tercero es nulo por mucho que el contrato reúna todos los requisitos de forma que la ley pudiera exigir a los arrendamientos de servicios. Con estas elecciones ocurre lo mismo. Formalmente han sido convocadas como elecciones autonómicas, pero en la práctica son un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Y, puesto que el fin es ilegal, lo son también las elecciones por mucho que formalmente no tengan tacha.

Naturalmente, los habrá que digan que esto es un disparate y que declararlas ilegales no haría más que incrementar las huestes de los independentistas. También lo vienen diciendo de la aplicación del artículo 155 de la Constitución y ya ven a dónde nos ha traído el exquisito cuidado que se ha tenido en no alimentar el victimismo nacionalista. Al final, Mas y Junqueras declararán la independencia de Cataluña y podrán vanagloriarse de que lo hicieron ateniéndose exquisitamente a la ley porque quienes tenían la obligación de velar por su cumplimiento sólo se preocuparon de que no faltara la firma del presidente al final del decreto que la proclamó. ¡Vaya forma de cumplir el juramento que hicieron!

El discurso perverso de los secesionistas
José Manuel Otero Lastres ABC 22 Septiembre  2015

En un primer momento, como hombre de leyes, me parecería increíble que los secesionistas no se hubieran enterado de que en nuestra Constitución la única soberanía que existe es la del pueblo español en su conjunto, y que, por tanto, no hay tantas soberanías como Comunidades Autónomas. Por eso, me costaba comprender que no retrocedieran ni un milímetro cuando respondíamos con la Constitución en la mano a sus argumentos contrarios a la Ley.

Actualmente ya sé por qué no les interesa en absoluto la Constitución. Y es que si en cuestión de soberanía la única voluntad que cuenta es la mayoritaria del pueblo español, los secesionistas saben que nunca podrán conseguir que la mayoría de los españoles vote a favor de su propuesta independentista.

Por tal razón, han tenido que cambiar su discurso y sustituir el argumento del impero de la ley por otro de tipo democrático, pero tomando como base no la democracia del pueblo español, sino la del catalán. Su argumento es muy claro: como piensan que nunca conseguirán que el pueblo español vote mayoritariamente la independencia de Cataluña, ni que tampoco tendrán mayoría suficiente para modificar la Constitución, el camino es incumplirla y crear –en una especie de ingeniería legal-, una democracia “del pueblo catalán” en la que cierta mayoría, que el 27 de septiembre será de escaños autonómicos, les habilitaría para declarar unilateralmente la independencia.

Si examinamos con atención este argumento, caeremos en la cuenta de que encierra una flagrante perversión. En efecto, la “legitimación” de los secesionistas para incumplir la Constitución Española radica en que nunca conseguirán el voto favorable de la mayoría del pueblo español. O dicho en su lenguaje: tienen que incumplir la Constitución porque se sienten sometidos a una Ley que instaura, según ellos, una especie de “abuso” de la mayoría españolista sobre la minoría catalanista.

Pues bien –y por eso hablo de perversión- ¿no es esto mismo lo que intentan hacer ellos con los catalanes que no voten a favor de la independencia? En efecto, los secesionistas han anunciado por activa y por pasiva que si logran en las elecciones autonómicas del 27 de este mes mayoría de escaños (ni siquiera hablan de mayoría de votos), declararan unilateralmente la independencia. En ese caso, ¿dónde estaría su respeto por la minoría de los catalanes que no hubiese votado lista de los independentistas? Los secesionistas que tan sensibles parecen ser a los “abusos de la mayoría española” ¿no estarían también ellos abusando de su “mayoría autonómica” y haciéndo la misma jugada de imponer su voluntad a esa minoría de catalanes españolistas?

Adviértase, sin embargo, que este abuso de la mayoría secesionista sobre la minoría catalano-españolista se produciría al amparo de unas elecciones autonómicas en un tema tan esencial como es seguir perteneciendo o no a España, con las graves consecuencias (reiteradamente advertidas pero que tampoco quieren oír) inherentes al hecho de tener que abandonar la Unión Europea y las demás Organizaciones Internacionales.

La España en la que puedo creer
Carmelo Jordá Libertad Digital 22 Septiembre  2015

Cuando el fanatismo alcanza la suficiente profundidad en el corazón –o en las entrañas, si ustedes lo prefieren– de la gente resulta muy difícil extraerlo de ahí con razones, borrarlo con argumentos que quizá sí servirían en otra situación, que probablemente harían cambiar –o al menos dudar– a esa misma persona que se muestra inasequible a cualquier discurso racional.

En una parte importante de la sociedad catalana, el grado de profundidad que ha alcanzado el nacionalismo –una de las peores formas del fanatismo– es tan grande que la cuestión escapa ya a todo argumentario racional, y por eso uno tiene la sensación de que todas esas advertencias que se están haciendo en los últimos días –que se quedarían fuera de la UE, que habría un corralito, que a las empresas no les quedaría otro remedio que irse…– son tan ciertas como probablemente inútiles.

A pesar de ello, hay que hacerlas, sí, porque lo que no es aceptable es que se deje todo el terreno de juego para que la mentira campe libremente; pero ahora ya la verdad no parece suficiente, la digan Obama y Merkel o el porquero de Agamenón, y la lástima es que probablemente sí lo habría sido hace unos años, seguramente no muchos.

Pero hoy ya no basta: hay que ir más allá, hay que ofrecer un relato que no patee la razón, como hace el discurso nacionalista, pero que llegue a más sitios, que haga vibrar otras fibras. Porque España puede ser y tiene que ser algo más que un espacio de seguridad y comodidad económica, España debe ser y es algo que atraiga, que emocione. España puede unirnos, es capaz de unirnos, más allá de la cartera; seamos de izquierdas o de derechas; madrileños, catalanes, vascos o de Valladolid; periodistas, políticos, artistas o mediopensionistas.

España, puede ser, tiene que ser y es como nos la propone Libres e Iguales, la España que hemos visto en el acto de este martes en Madrid: culta, abierta, plural, variada, interesante. Un país alejado del fanatismo, una nación de compatriotas y no de enemigos que nos ayude a ser más libres, a ser mejores.

Quizá ahora no les parezca que esta patria nuestra arrasada de sectarismo, partida en dos o en tres o en 17, sea algo que valga la pena, pero yo he visto este martes en Madrid un país en el que soy capaz de creer, un país por el que vale la pena luchar, que no tiene por qué ser una maldición o una condena. España puede ser algo hermoso, depende de nosotros que seamos capaces de hacerla así. Yo creo que merece un esfuerzo, por los catalanes, por todos los demás y porque si no lo logramos… mejor que nos vayamos despidiendo de ella.

UPyD propone una ley nacional que garantice el uso del español en toda España
Herzog propone recuperar topónimos, acabar con los pinganillos en el Senado e impedir la discriminación lingüística en el empleo público
Mariano Alonso Libertad Digital 22 Septiembre  2015

"Es una Ley fundamental, que debería haberse promulgado hace muchísimo tiempo en España". Andrés Herzog ha presentado así la proposición de Ley Orgánica sobre la oficialidad del castellano como lengua común española, una iniciativa que UPyD quiere que se tramite por la vía de urgencia, aunque para ello necesita el apoyo de alguno de los grandes grupos del Congreso de los Diputados. "Lo mismo que se ha presentado la reforma del TC, con la idea de aprobarla esta legislatura de forma urgente y acelerada, pues esto también se podría hacer" ha sentenciado el líder magenta, en una comparecencia junto a la portavoz parlamentaria, Rosa Díez.

La exposición de motivos de la reforma comienza así: "El castellano o español, que en adelante utilizaremos como sinónimos, es una de las más importantes lenguas del mundo: es una lengua que hoy hablan más de 540 millones de personas (como lengua nativa, segunda o extranjera) y la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, tras el chino mandarín. Por lo tanto, vaya por delante que la presente iniciativa legislativa no tiene por objeto potenciar el uso de la citada lengua o aumentar su difusión, ni parte de la errónea concepción, tan extendida en España, de pensar que las lenguas como tales tienen derechos".

Establecido esto, y también que "para algunas administraciones la lengua ha dejado de ser primordialmente un instrumento de comunicación para convertirse en un importante elemento de construcción identitaria, frente al cual es imprescindible garantizar derechos básicos de los ciudadanos" UPyD entra en materia proponiendo medidas muy concretas, muchas de ellas encaminadas a eliminar la discriminación del castellano en los medios públicos, en la administración, en las instituciones y en la escuela.

El primer título de la propuesta de Ley establece el "derecho a elegir el español como lengua vehicular en la enseñanza" el segundo la "utilización del castellano por y entre Administraciones Públicas" y en el punto 3 se especifica: "Las disposiciones, normativas o no normativas, emanadas de cualquier administración con potestades legislativas o reglamentarias, así como de las emitidas por organismos públicos, sean del ámbito que sean, deberán redactarse y publicarse, cuando menos, en castellano".

UPyD pretende también que ningún candidato a un empleo público se vea discriminado por desconocer una lengua cooficial, estableciendo en otro punto de la reforma la imposibilidad de que "la puntuación que se otorgue al conocimiento de estas lenguas pueda bajo ningún concepto significar de facto la exclusión del candidato". En palabras de Herzog "en comunidades como el País Vasco, Cataluña, Galicia o Valencia está pasando. El requisito del conocimiento de la lengua cooficial muchas veces es excluyente, y hace imposible que españoles puedan concurrir en igualdad de condiciones a encontrar un trabajo, algo que es elemental".

Recuperar los topónimos
En cuanto a los topónimos, si saliese adelante la Ley que propone el partido magenta, se tendrían que hacer constar "los topónimos oficiales en castellano en la rotulación de todas las vías urbanas e interurbanas existentes en el territorio nacional" y debería "recuperarse el nombre tradicional español de los diferentes topónimos que hubieren sido erradicados en algunas Comunidades Autónomas que cuentan con lenguas cooficiales de ámbito autonómico". Una situación a la que, a juicio de Herzog, se ha llegado por "la agresiva política lingüística de algunas autonomías".

La proposición de Ley establece también que los diputados y senadores utilicen "siempre el español, en cuanto lengua común y por todos conocida, en sus sesiones y comunicados oficiales". Una disposición que supondría el fin de los polémicos pinganillos de traducción simultánea en el Senado.

Por último, UPyD pretende acabar con medios públicos en los que el castellano está excluido en la práctica, lo que ocurre singularmente en la televisión autonómica de Cataluña, y que los poderes públicos puedan imponer cuotas forzosas a los medios privados "para la utilización de cualquiera de las lenguas cooficiales españolas" como ocurre por ejemplo en la concesión de licencias radiofónicas.

El crimen de nuestra democracia
Gabriel Moris Libertad Digital 22 Septiembre  2015

Supongo que el título de este artículo generará en los lectores algún tipo de curiosidad. A mí no se me ocurre otro titular que refleje tan fielmente la realidad del crimen cometido por algunos y sufrido por las víctimas y la mayoría de los ciudadanos españoles aquel inolvidable once de marzo.

No es mi intención asociar lo ocurrido al régimen de convivencia que nos dimos en 1978, no; pero creo que tampoco podemos disociarlo de él. A lo que no podremos asociarlo nunca es a la dictadura que tuvimos hasta el año 1975. Creo que ningún régimen político puede aceptar que unos autores desconocidos puedan cometer un genocidio y quedar, no ya impunes, sino alejados de cualquier investigación. Más exactamente, protegidos de la misma.

Alguien puede pensar que lo ocurrido el 11-M está investigado, juzgado, sentenciado y ya no hay nada que hacer sobre el mayor crimen perpetrado en España y en Europa en tiempo de paz. No voy a polemizar con los que mantienen esta convicción, ellos tendrán sus razones para pensar así. Sólo les voy a pedir que nos demuestren, a los que pensamos de otra forma, que evidencien con hechos probados y contrastados sus razones para ello.

Mi intención, al iniciar esta reflexión, consiste en invitar a todos los lectores a pensar en el papel que un Estado democrático ha desempeñado y desempeña en el no esclarecimiento del mayor crimen del siglo XXI. Partimos del hecho de que los Atentados de los Trenes de Cercanías fueron planificados contra el pueblo que viajaba en una hora punta de tráfico y tres días antes de unas elecciones generales. La fecha elegida fue el día 11, que invita a asociarlo con los atentados del 11-S. El lugar elegido fue Madrid, la capital del Reino de España. El colectivo de viajeros era originario de más de treinta nacionalidades. No eran políticos profesionales, no era un grupo de privilegiados, eran fundamentalmente trabajadores y profesionales o estudiantes. Nadie podía imputarles la responsabilidad de ninguno de los problemas que sufría o sufre España, Europa o el mundo. La mayoría de las víctimas-reales y potenciales- eran y son los sostenedores del Estado y los votantes de nuestros representantes en las instituciones que calificamos de democráticas.

Por democracia entendemos el régimen político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del mismo a elegir y controlar a sus gobernantes. El artículo 15 de la Constitución recoge los derechos fundamentales de los ciudadanos, entre los que se citan el derecho a la vida y el derecho a la integridad física y moral .

Creo necesario situar en el tiempo la fecha de los Atentados:

Se cometieron veinticinco años después del advenimiento de la democracia. Ya había sobrepasado la mayoría de edad.
La alternancia en el poder de los partidos mayoritarios era algo habitual; casi siempre, con el apoyo de los partidos nacionalistas, por mor de la gobernabilidad.
Las protestas por la guerra de Irak, el Prestige y las conversaciones de Perpiñán fueron hitos que precedieron al genocidio.
ETA simuló o intentó cometer atentados que no materializó y culminó su actuación con la furgoneta de Cañaveras.
El día de autos y siguientes hubo mentiras sobre la naturaleza del explosivo y de la autoría, pruebas falsas, detenciones erróneas -un autor material de 116 detenidos-, desaparición de los trenes, ataques a sedes del PP, pérdida de grabaciones de las estaciones, etc.

Pasados más de once años, España, que dio un ejemplo de solidaridad en la tragedia, no puede exhibir ante el mundo la tan cacareada unidad de los demócratas, ni la profesionalidad de sus fuerzas y cuerpos de seguridad, ni la madurez de sus políticos, ni la independencia y rectitud del poder judicial. Si hoy seguimos sin conocer todos los autores, los móviles y los hechos y circunstancias, creo que sólo podemos imputar el crimen de lesa humanidad a todas y cada una de las instituciones del Estado. Lo más grave es que ninguno de los tres poderes siente la necesidad de investigarlo, más bien se oponen a cualquier petición, sea de las víctimas o de ciudadanos que reclaman sus derechos democráticos.

Después de lo que antecede bien podríamos recordar al 11-M como el crimen de nuestra democracia.


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Artur Mas pone en grave riesgo los ahorros de los catalanes
Editorial La Razon 22 Septiembre  2015

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, número cuatro en la lista separatista de Juntos por el Sí, parece cada día que pasa más fugado de la realidad, sordo a los diagnósticos, muy ponderados, del mundo empresarial y de la banca que, simplemente, advierten de las consecuencias insoslayables de una hipotética independencia catalana. Son avisos que no buscan sembrar el miedo entre los ciudadanos, como afirman los secesionistas, sino que tratan de restablecer la verdad objetiva que, sistemáticamente, ha sido deformada por la asfixiante propaganda de la Generalitat y de sus subvencionados satélites.

Ayer, ante la sensata e informada opinión del gobernador del Banco de España, Luis María Linde, de que una Cataluña independiente, es decir, fuera de la Unión Europea y del euro, podría verse abocada a un «corralito» financiero por falta de financiación exterior, puesto que la comunidad se quedaría sin el acceso a la liquidez del Banco Central Europeo, Artur Mas se limitó a hacer un ataque ad hóminen, obviando el fondo de la cuestión. Con todo, lo más grave es que ni siquiera la constatación de los hechos consigue permear la coraza de quimeras con la que se revisten los separatistas. No es sólo que, una por una, todas las instituciones europeas hayan confirmado que la secesión catalana supone la automática salida de la UE, es que la realidad tozuda respalda a quienes desde la honradez intelectual y la defensa de sus legítimos intereses explican a los ciudadanos cuál es el verdadero estado de la cuestión. Así ocurre, por ejemplo, con los informes de las principales asociaciones empresariales, despachados con simples exabruptos por parte de los dirigentes nacionalistas, aun cuando saben que desde el año 2012 más de dos mil empresas radicadas en Cataluña se han deslocalizado, trasladándose a otras comunidades de España.

Cataluña es la región, con mucha diferencia, que más tejido empresarial ha perdido. Y si bien la voraz política fiscal de la Generalitat y sus trabas a la libre competencia tienen, sin duda, una notable influencia en el problema, lo cierto es que éste viene agravándose a raíz de la inestabilidad política e institucional que inevitablemente acompaña al desafío independentista. Pero frente a los hechos, frente a la constatación de que la región española que más recortes ha hecho en políticas sociales –sobre todo en Educación y Sanidad– y la que mayores tributos impone a sus ciudadanos y a sus empresas es, al mismo tiempo, la que mantiene la deuda pública más alta, sólo se responde con argumentos voluntaristas y expresiones de deseos. Cuando no con amenazas que son imposibles de cumplir, como la última de que la Generalitat se negaría a pagar su deuda pública. Nada de esto tiene, en el fondo, viso alguno de verosimilitud, por cuanto la hipótesis de la secesión sólo se contempla como ejercicio dialéctico. Pero el hecho de que en las próximas elecciones las opciones separatistas obtuvieran un resultado como el que auguran las encuestas, rozando la mayoría absoluta de escaños, supone añadir un factor de inestabilidad institucional y de enfrentamiento político que en nada beneficia a Cataluña y al resto de España y que sólo servirá para poner trabas a la recuperación económica y, en consecuencia, prolongar la agonía del desempleo en la que viven cuatro millones de españoles.

La tontería

José María Albert de Paco Libertad Digital 22 Septiembre  2015

Hay una corriente de analistas que, en el afán de razonar el auge del independentismo en Cataluña, no puede resistirse a la tentación intelectual, esto es, a vincularlo con factores resueltamente complejos, tal que la crisis económica, el agotamiento del Estado de las autonomías o, qué sé yo, la decadencia de Occidente. Sin embargo, y con independencia del rigor con que se expongan esas y otras causas, ninguno de ellas tiene en cuenta lo que, a mi juicio, resulta determinante en el caso catalán: la tontería. La tontería, en efecto, es el estado mental en que viven cientos de miles de catalanes, una suerte de hechizamiento presuntuoso por el que la realidad se cifra en un puñado de sobrentendidos, entre los que destacan, como es fama, "La culpa la tiene Madrit" y "España nos roba".

El principal vector de inoculación de la tontería ha sido TV3, que es, antes que una televisión autonómica, la primera red social de Cataluña. No hay programa que no presente un resquicio para que los televidentes exhiban un fragmento de sus vidas. Joan y su cesta de rovellons, Felip con su nueva equipación del Barça, la familia Planasdemunt al completo bailando la cançó de l'estiu... No se trata, claro está, de una práctica ajena a otras televisiones. Sin embargo, lo que en cualquier canal convencional resulta en un sonrojante cuadro de costumbres, en TV3 asemeja un muro de Facebook que tuviera como titular a Cataluña. Así, y análogamente a las normas de la cadena, que desprecia de forma explícita el uso del castellano, el muro dispone un filtro para quien pretenda asomarse a él. El folclore es un salvoconducto, sí, pero sobre todo hay que parecer estúpidamente feliz; cuanto más bobo, mejor, bien entendido que ese júbilo, por inopinado que sea, también forma parte de la superioridad moral respecto a España, país de cejijuntos de mal café. Estar rodeado de niños igualmente imbéciles es de una gran ayuda. Y tararear alguna de las sintonías de la casa asegura un trato reverencial.

El hecho de que haya tantas similitudes entre las manifestaciones de la Diada y los macrofestivales infantiles del Estadio Olímpico, los maratones navideños o el Día de Sant Jordi tiene que ver, en última instancia, con el libro de estilo que los ha tallado. Y en cuyo frontispicio se lee: "Cataluña será cursi o no será". (Que, de puertas adentro, esos rasgos pasen por inteligentes, refinados y, en suma, europeos sólo evidencia hasta dónde han llegado los sobrentendidos. O, más precisamente, el malentendido).

'Pere Sànchez'
Pablo Molina Libertad Digital 22 Septiembre  2015

Pedro Sánchez ha comparecido en el programa de Ana Rosa, en cuya mano comen todos los líderes políticos desde que, por alguna extraña razón, decidió pasar 24 horas con cada uno de ellos. En ese marco incomparable –e imbatible– de la televisión matutina, Sánchez ha dedicado sus mayores esfuerzos en explicar por qué los catalanes deben votar en masa al PSC. El razonamiento es bien sencillo: los socialistas son los únicos que prometen una cosa y la contraria, de manera que solo ellos garantizan llevar a buen término las aspiraciones de todo el cuerpo electoral.

Así pues, ha habido momentos de la entrevista en que Pedro Sánchez ha dejado de ser un socialista madrileño para convertirse en Pere Sànchez, un progre nacionalista catalán convencido de que hay que buscar un mejor "encaje de Cataluña en el Estado español". Según Pere, el catalán está perseguido en la cultura (¡!) y en la educación (¡¡!!), y eso a pesar de que el modelo de inmersión lingüística de Pujol convierte a los niños en portentos, según trató de explicar a su patidifusa anfitriona. Lo de los padres que quieren que sus hijos estudien en español es, según Pere, un tema que "ya está solucionado salvo cuatro o cinco casos puntuales" (de fachas, le faltó añadir). O sea, todo fenomenal.

Hasta ahí la cuota de peloteo al votante nacionalista, cuyo apoyo viene persiguiendo el PSC desde hace dos décadas con el éxito por todos conocido. A partir de ese momento Pere volvió a ser Pedro, el dirigente socialista que celebra sus mítines al lado de una bandera de España. El líder socialista defendió entonces la unidad nacional –"¡Por supuesto!", exclamó– y la igualdad de todos los españoles, faltaría más. Ahora bien, con mucho diálogo con los separatistas; no como los del PP, que no dialogan ni entienden a los demás ni nada.

Hay quien critica estos bandazos ideológicos de Pedro/Pere Sánchez, pero hay que reconocer que su incoherencia encaja perfectamente con las peculiaridades de la campaña electoral catalana, cuyo hecho diferencial está siendo la competición entre los candidatos separatas y ultraizquierdistas para ver quién hace más el ridículo. Pere, en última instancia, es consecuente con su candidato catalán, Freddy Iceta, que ayer también criticaba el bajísimo nivel del debate en la campaña electoral catalana justo antes de ponerse a bailar la conga con una colaboradora del Wyoming. El resultado este próximo domingo puede ser espectacular.

El descarrilamiento.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 22 Septiembre  2015

No sé por qué hemos de creer que esta vez Mariano Rajoy hará cumplir la Ley ante el desafío secesionista. No lo hizo cuando Artur Mas proclamó su ilegal convocatoria de referéndum, ni tampoco cuando la bufonada con urnas de cartón y este personaje votando recorrió todos los telediarios de España. Y no lo hizo porque nunca ha querido ser señalado como el Presidente de Gobierno que suspendió, aunque sea temporalmente, una autonomía. Tuvo pánico escénico, le temblaron las piernas en un signo evidente de cobardía en el cumplimiento del deber. Esto que en situaciones de campos de batalla es una reacción muy humana y comprensible, aunque se castiga con severidad incluida la pena de muerte, es totalmente inaceptable en aquél cuyo deber reside precisamente en evitar males mayores aplicando con severidad las leyes. Desgraciadamente, esta actitud ha derivado en males mayores cuya resolución se antoja muy difícil.

En cualquier caso la estrategia de Rajoy sigue siendo apoyarse y esconderse bajo las togas del Tribunal Constitucional como recurso de apelación ante la posible declaración del inicio del proceso de independencia. Porque, salvo sorpresa o imposición de la CUP por el apoyo de sus escaños a la causa, la declaración del proceso se va a demorar hasta que el Parlamento español se disuelva por la convocatoria oficial de elecciones generales para el 13 de diciembre. Descarto el 20 por su cercanía a las fechas navideñas. Y no contento solo con mantener esa actitud de pusilanimidad, vuelve a insistir en solicitar una coalición de partidos “constitucionalistas” pese a tener la respuesta de un PSOE con Pedro Sánchez que, como el discípulo San Pedro con Jesús, le ha negado no tres sino muchas más veces formar un frente común.

Es muy dramático el que España no tenga en estos momentos unos líderes de altura y que estén a la altura de las circunstancias para dar una respuesta adecuada y contundente a un proceso secesionista que debió ser sofocado desde el principio. La ambigüedad de unos, la cobardía de otros y la disparidad de criterios a la hora de primeramente imponer la Ley para seguidamente iniciar un proceso de diálogo constructivo, leal, sensato y sosegado, han conducido a esta situación en que ya las palabras no bastan y los gestos han de ser lo suficientemente rotundos e inequívocos capaces de sofocar cualquier conato de resistencia. Los primeros movimientos en este sentido ya se están produciendo con la consigna de “visibilidad” a las FFyCCSE en las calles y el envío de unidades de élite de información.

En paralelo, parece que se van intensificando los mensajes,calificados como del “miedo” por los secesionistas, pero que tratan de hacer ver a los votantes su corresponsabilidad en las consecuencias que pueden haber si vence la opción separatista. Unas admoniciones necesarias ante la campaña de silencio y de desprecio que los líderes del separatismo de Junts pel Sí mantienen incluso haciendo mofa y befa de las declaraciones contrarias a su mensaje de la Arcadia feliz. Y es verdad que estas elecciones están siendo manipuladas por el separatismo catalán, afirmando que son plebiscitarias, pero usando los mecanismos y reglamentos de unas elecciones autonómicas en donde, por la consabida Ley D’Hont, no todos los votos tienen el mismo valor a la hora de elegir a las candidaturas. Un fraude dentro del fraude de Ley por el que los votos adquieren distinto peso y valor en función de las circunscripciones electorales.

Podemos marear la perdiz y enfrascarnos en eternas discusiones sobre si son galgos o podencos, pero eso no hará que dentro de pocos días España y los españoles nos veamos inmersos en una de las mayores crisis sociales y con nefastas consecuencias económicas por culpa de unos incompetentes líderes políticos que solo se mueven por el interés partidista y personal. Va siendo hora de que el Tribunal Constitucional señale no solo la inconstitucionalidad de una determinada actuación, sino la responsabilidad de un Ejecutivo en aplicar lo que la misma Constitución tiene previsto para esos casos.

Mariano Rajoy ha demostrado hasta la saciedad su incapacidad e incompetencia para dirigir los destinos de España como Presidente del Gobierno. Es corresponsable, junto a su partido que gozaba de mayoria absoluta, en haber dejado pudrirse esta situación cuando debió actuar y no ampararse en terceras instancias. Como parte del problema y por su actitud, nunca podrá ser parte de la solución. Su patético y desesperado llamamiento de ayuda al resto de formaciones políticas solo evidencia su extrema debilidad y además llega demasiado tarde.

Lo malo es que a los españoles solo nos queda ser testigos involuntarios de un descarrilamiento que pudo haberse evitado que llevará a España a su destrucción y acabará con el Estado del bienestar de los ciudadanos. Aquí nadie gana y todos perdemos.

¡Visca la llibertat! ¡Viva España!
Vargas Llosa y Federico Jiménez Losantos, entre otros, han protagonizado un acto de Libres e Iguales en defensa de la Nación y la libertad.
Mariano Alonso Libertad Digital 22 Septiembre  2015

A cinco días de unas elecciones históricas en Cataluña, la plataforma Libres e Iguales ha dejado pequeño el Ateneo de Madrid para presentar su manifiesto "Por la responsabilidad civil". El Nobel Mario Vargas Llosa ha dado comienzo al acto tras el mensaje de acogida del presidente del Ateneo. El literato ha hablado del nacionalismo como una "ficción maligna" y ha expresado su deseo de que los catalanes la rechacen el próximo domingo.

"Esperemos que el seny se imponga" ha dicho el autor de Conversación en la Catedral, quien ha augurado que con una Cataluña independiente sufrirían tanto España como Europa, pero mucho más, ha dicho, Cataluña, que quedaría fuera de la UE y del euro y estaría "gobernada por mediocridades". A continuación más de una decena de personalidades del mundo de la política, la cultura y los medios de comunicación han protagonizado un acto de alto contenido político, demostrando cómo la sociedad civil puede tomar la iniciativa, también en una campaña electoral.

Recibido con una ovación, el presidente de Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos, ha hecho un alegato a favor de "la lucha de nuestros compatriotas contra la dictadura blanca que vaticinara Tarradellas". En su discurso, se ha remontado a cuando en los años setenta residió en Cataluña, publicó Lo que queda de España, firmó el manifiesto de los 2.300 e intentó evitar que la candidatura del Partido Socialista de Andalucía fuese regional, para convertirla en nacional. Algo que, ha dicho, "se logró en 2005", una de las varias referencias que ha dedicado a Ciudadanos. "Gracias a ellos se empieza a recordar lo que ha ocurrido estos treinta y cinco años, y lo que hoy le dicen a Albert Rivera es lo mismo que me decían a mi". Para Jiménez Losantos, entonces como ahora lo peor que ha ocurrido es "la traición de la izquierda a la idea nacional" algo, ha aseverado, "que permite hoy payasadas como las de Fernando Trueba".

Jiménez Losantos ha concluido su discurso con un "¡visca la llibertat!" y un "¡viva España!".

Han sido dos de la más de una decena de intervenciones de oradores que iban apareciendo en escena, entre los que se encontraban intelectuales como Fernando Savater, Arcadi Espada, Félix de Azúa, Gabriel Tortella o Carmen Iglesias, periodistas como Carlos Herrera o Santiago González y antiguos políticos y dirigentes como el expresidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, el exalcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, el antiguo líder del PSE Nicolás Redondo Terreros o el exsecretario general de CCOO, José María Fidalgo.
El 'agente' Boadella

En el momento en que González estaba en el uso de la palabra, ha aparecido disfrazado de Mosso d'Esquadra el dramaturgo Albert Boadella, quien ha arrancado las carcajadas del público con un irónico discurso dedicado a explicar por qué él, como catalán "es diferente". Entre las diferencias ha citado la lengua, lamentando "que sea tan similar al castellano que casi parezca un dialecto" y ha llegado a afirmar que "nuestros hechos diferenciales son como las armas químicas de Irak, desconocidas incluso para ellos mismos". En la misma línea, ha agradecido a una serie de personalidades "Ansón, Miguel Herrero de Miñón, nuestro ministro de Exteriores [José Manuel García Margallo], Felipe González y Pedro Sánchez" por haber sabido distinguir lo que diferencia a los catalanes de los españoles, algo que ha provocado un gran aplauso del público congregado en el Ateneo, entre el que se encontraba el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado y el líder de VOX, Santiago Abascal.

Por el camino de la ironía se han introducido también Espada, principal impulsor de Libres e Iguales, con un pequeño poema titulado "Declaración unilateral" y Savater, aludido anteriormente por Jiménez Losantos por "haber luchado por la libertad en el Kursaal, junto a Nicolás Redondo y a Jaime Mayor Oreja" en referencia al acto de las elecciones vascas de 2001, en las que socialistas y populares intentaron derrocar la hegemonía del PNV. El filósofo ha señalado la paradoja de que "normalmente los exiliados se van y dejan a su país atrás, pero en este caso sería el país el que se iría".

Con la luz bajada, y antes de la foto de familia -en la que algunas personas del público echaban a faltar la bandera y el himno de España- la voz de la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo daba lectura en un vídeo al manifiesto "Por la responsabilidad civil". Un texto que apela al votante indeciso para las autonómicas catalanas del domingo y le advierte que no podrá alegar que "no lo sabía".

Eduardo López Doriga: «La escuela catalana es una fábrica de separatistas»
Hace tres años que el Presidente de la Asociación por la Tolerancia se trasladó con su familia a Pamplona. Querían que sus hijos recibieran una educación en castellano y no adoctrinada.
A. Elorza Múgica. Madrid. La Razon 22 Septiembre  2015

– ¿Qué opina del proceso separatista impulsado por Artur Mas?
–Lleva cociéndose décadas. Ya los gobiernos de Pujol empezaron a sembrarlo y es la consecuencia del control que tienen sobre la educación y los medios de comunicación. Es un movimiento muy bien organizado con el que estoy absolutamente en contra porque aparte de decir falsedades nos quieren separar del resto de España.

– Sociedad Civil Catalana denunciaba el pasado jueves una «demonización del discrepante». ¿Ha sentido esto alguna vez?
–Yo he tenido menos derechos que el resto de catalanes. No he podido matricular a mis hijos, ya no en castellano, sino en un sistema bilingüe. Pedí lo que se llama la atención individualizada, un trato vejatorio y discriminizado, para que mis hijos pudieran tener alguna explicación en castellano. Me he sentido discriminado cuando he ido a cualquier administración pública y he mendigado un documento en castellano y alguna vez se me ha negado.

–En «Crónica Global» escribía que su familia se trasladó hace tres años a Pamplona y uno de los motivos que les llevaron a hacerlo fue que sus hijos pudieran estudiar en castellano. ¿Ha visto reflejado en ellos el adoctrinamiento del que se habla?
–Afortunadamente, en casa han recibido una información más veraz y no han sido sometidos a ese adoctrinamiento. Pero los niños asisten a una escuela en la que se les insiste a través de los contenidos en su identidad nacional catalana. Esto es lo que maman desde Infantil, que España es un país diferente. Lo he vivido con mi hija la mayor, que a través de un ejercicio muy ingenuo con dibujitos de niños que decían «yo soy sueco, yo soy senegalés, yo soy finlandés...» tuvo que poner «yo soy catalana». Esto es sólo un ejemplo.

–¿Cree que el Gobierno de Artur Mas está defendiendo otros problemas en favor de la independencia de Cataluña?
–Por supuesto. Es la única prioridad que tienen y todos sus esfuerzos se centran en su monotema: conseguir la secesión.

–Entre tanta campaña propagandística, ¿cree que los ciudadanos catalanes están lo suficientemente informados sobre lo que la secesión significaría como para tomar la decisión correcta?
–Falta mucha información y desde la Generalitat se están diciendo cosas que no son ciertas como la permanencia de Cataluña en la Comunidad Europea. No sé si es que no quieren escuchar a Cameron o Barroso, pero parece que les va bien engañando a sus fieles adeptos, que siguen creyendo que Cataluña es el ombligo del mundo y que Europa no podría vivir sin ellos. Líderes europeos de primera línea ya han dicho que Cataluña se tendría que poner a la cola de los países que quieren entrar en la Unión Europea.

–¿Estaría a favor de que se realizase un referéndum vinculante y dentro de la legalidad sobre el futuro de Cataluña?
–No. El referéndum debería ser a nivel de toda España, ya que nuestra Constitución dice que es todo el pueblo español quien tiene la soberanía. No se puede separar una parte del todo si no es el todo el que decide. Si fuera legal, adelante.

– ¿Cree que el resto de España está concienciada de lo que significaría la secesión de Cataluña?
– Yo creo que no. No sería positivo para el resto de España porque Cataluña es una parte importante y, además de algo muy triste, no sería positivo económicamente. Yo creo que hasta ahora no ha habido conciencia de lo que se vivía en Cataluña, de lo que se estaba sembrando desde hace años con un fin determinado. Desde los gobiernos centrales se les ha permitido actuar de una forma totalmente absoluta con asuntos como el control de la educación, consiguiendo que la escuela sea una fábrica de independentistas. Existe también un hartazgo que puede despertar un «que se vayan ya y acabemos con este tostón». Espero que esa opinión cambie porque en Cataluña vivimos muchas personas que nos sentimos españoles y que somos mayoría, aunque no lo parezca por el ruido que hacen otros. No nos pueden dejar a merced de estos separatistas, necesitamos sentirnos arropados por España.

–En un mundo tan globalizado, ¿cree que tendría cabida una Cataluña independiente?
–No tiene mucho sentido, es ir en contra de los fundamentos que nos rigen hoy en día. La unión hace la fuerza y Europa no está por la labor de disgregar. Además, sería un mal precedente para otros países que tienen conflictos regionales. Ha costado mucho esfuerzo unirnos como para que ahora algunos intenten separarnos de España y Europa.

–¿Cuál es su sentir respecto a Cataluña ahora mismo?
–Me despierta tristeza que haya tanta gente engañada y a la que han sembrado el odio hacia España. Son personas a las que les han inculcado un complejo de superioridad, como si en España fueran unos vagos y chupópteros que viven de los impuestos de Cataluña, lo que es falso.

–¿Qué cree que va a pasar el próximo 27-S?
–Desde Asociación por la Tolerancia estamos poniendo nuestro granito de arena para que la participación sea lo más alta posible. Creemos que así el separatismo no tiene cabida, al menos en esta generación. Soy moderadamente optimista, pero también pesimista de cara al futuro si no conseguimos controlar determinados mecanismos que son los que generan nuevos separatistas. Mientras las escuelas estén en manos de los separatistas, el futuro está en sus manos.

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