AGLI Recortes de Prensa   Jueves 24  Septiembre 2015

A vueltas con la nacionalidad
Emilio Campmany Libertad Digital  24 Septiembre  2015

Hay políticos torpes. Los hay también torpísimos. Luego, no hay nadie. Y finalmente están Rajoy y Margallo disputándose la primacía. ¿Cómo puede el presidente del Gobierno contestar "no sé" a la pregunta de si, declarada la independencia, perderían o no los catalanes la nacionalidad española? ¿Cómo se puede comparar el caso de Cataluña con el de la independización de una excolonia francesa? Y eso precisamente cuando los independentistas justifican su deseo alegando que España ha tratado a Cataluña como a una colonia. Naturalmente, la alegación es falsa, pero podría ser que el señor ministro de Asuntos Exteriores esté en condiciones de convencernos de que la relación de Cataluña con España es la misma que tuvo Argelia con Francia. Y dicen ambos estas sandeces precisamente cuando los nacionalistas están en máximos históricos de gansadas por minuto.

Insisten por ejemplo en algo tan absurdo como que los nacionales de una Cataluña independiente seguirían siendo a todos los efectos españoles porque la Constitución dice en su artículo 11.2 que ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad. Y ni Rajoy ni Margallo les dicen, seguramente porque no lo saben ni se han preocupado de enterarse, que hay que distinguir entre privación, que ocurre contra la voluntad del sujeto a modo de sanción, y pérdida, que se produce por voluntad del sujeto o a consecuencia de determinados actos tolerados por él que conllevan la pérdida de la nacionalidad. El caso paradigmático es la adquisición de otra nacionalidad. La pérdida es automática cuando esa adquisición va acompañada llegar una Cataluña independiente es a dar a sus ciudadanos la nacionalidad catalana sin obligarles a renunciar a la española.de la renuncia a la que ya se tiene. De hecho, la renuncia es un requisito habitual en los trámites de adquisición de cualquier nacionalidad, salvo que haya tratado de doble nacionalidad. Si la Constitución estuviera queriendo decir, como han entendido los cacasenos de Esquerra Republicana, que no hay forma de perder la nacionalidad española haga uno lo que haga, no tendrían sentido ninguno de los tratados de doble nacionalidad que hemos suscrito con algunos países. La razón de ser de esos tratados es precisamente evitar lo que ocurre en todas partes de forma natural, esto es, que la adquisición de una nueva nacionalidad implica la pérdida de la que se tiene.

Para que las cosas sean así y sea posible verlas claramente así, no es necesario comparar a Cataluña con Argelia ni meterse en complicadas disquisiciones jurídicas. Basta darle un par de vueltas a los textos legales y echarle un vistazo a los comentarios existentes a los mismos. Naturalmente, estudiado en profundidad, se descubren complicaciones que, sin embargo, no afectan a la esencia de la cuestión, que es poco más o menos como aquí ha quedado expuesta. Y estas dos alhajas, siendo como son miembros del Gobierno, tienen la obligación de enterarse. Ya se ve que, si va a depender de la habilidad y diligencia de ellos el que España continúe unida, podemos darla por rota. Y estaremos de suerte si sólo nos rompemos en dos pedazos.

La 'independencia' que nadie quiere discutir
Guillermo Dupuy Libertad Digital  24 Septiembre  2015

En algo coinciden los secesionistas y la inoperante clase política española: mejor discutir sobre las consecuencias de lo que no va a ocurrir –el reconocimiento por parte de España y de Europa de un nuevo Estado denominado República de Cataluña– que hacerlo sobre las consecuencias de algo, por el contrario, muy probable que suceda, como es la ilegal declaración de independencia por parte de la sediciosa Administración autonómica catalana.

Este surrealista comportamiento permite a los dos bandos, supuestamente enfrentados, no tener que admitir una realidad incómoda para ambos: la enorme y lamentable independencia contraria a Derecho que España ha consentido de facto en Cataluña. Una secesión de facto que, desde hace ya mucho tiempo, permite que suceda, como ocurre con la liberticida política lingüística, mucho de lo que sucedería –mejor dicho, seguiría sucediendo– con la existencia de iure de un Estado catalán.

No ha sido ni será necesario que España reconozca de iure la independencia de Cataluña para lograr que el no sentirse español forme parte de los objetivos de la enseñanza catalana. No ha sido ni será necesario que Cataluña tenga embajadas, aunque en cierto sentido ya las tenga, para que el Gobierno catalán brinde a las sentencias y a las leyes de España el mismo caso omiso que brinda a las de Nigeria. No ha sido ni es necesario que Cataluña tenga un Estado propio para que sea el ministro de Asuntos Exteriores el que aborde los asuntos catalanes como si extranjeros se trataran.

Reconocer esta independencia de facto, esta ya consumada fractura de la nación entendida como Estado de Derecho, esta confluencia del querer violar la ley y del no atreverse a hacerla cumplir, incomoda al victimismo nacionalista tanto como a un Gobierno español que estafa a sus ciudadanos haciéndose pasar por garante del imperio de la ley y de la unidad de España.

Por eso prefieren hablar de cualquier otra cosa menos de lo que probablemente vaya a suceder, que no es otra cosa que una nueva ilegalidad perpetrada por el Gobierno catalán, al que otorgará impunidad el Gobierno de España.

Cambio o paripé con Cataluña
Manuel Muela www.vozpopuli.com  24 Septiembre  2015

Ante lo que sucede en Cataluña, que ha abierto una gran vía de agua en el paquebote de la Transición, mi previsión es que habrá paripé, entre otras razones porque ninguno de los agentes políticos de allí y de aquí se plantea el cambio verdadero del estado de cosas en España. Para eso, se requeriría contar con proyectos de alcance político y económico para pedir la confianza del pueblo español con objeto de gestionar un proceso constituyente que reconstruya el Estado sobre la base de los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad. Y es exigir demasiado esfuerzo a los que viven cómodamente instalados en las inercias o a los “nuevos” que aspiran a un buen pasar en la nómina de los instalados. Por ello, tranquilícense los que vaticinan grandes cataclismos o episodios traumáticos: en Cataluña seguirán al mando los independentistas, cuyo objetivo principal será marcar la agenda de las nuevas Cortes y del Gobierno que surja de ellas no para fundar un Estado independiente al estilo tradicional, sino para obtener de facto la independencia económica y fiscal, el modelo vasco corregido y aumentado, bajo la sombrilla de España. Creo que es lo que subyace en las declaraciones de unos y de otros, adornadas con excesos semánticos, porque lo que hay es un ajuste de cuentas entre los grandes protagonistas y beneficiarios de la Transición, que se pretende resolver con ventaja indudable para Cataluña, cuya víctima principal será el pueblo español. En mi opinión, esa es la única certeza en éste campo de Agramante.

Un modelo que ha deshilachado al Estado
Siempre he sostenido que el modelo de distribución del poder público en España, las famosas autonomías, ha devenido en una disgregación incompatible con el buen gobierno y el uso eficaz de los recursos públicos. Los Gobiernos nacionales han ido decayendo en capacidad en la misma medida en que el Estado se iba deshilachando por mor de las ambiciones regionales que, aprovechando las riadas de dineros llegados de la Unión Europea y los ingresos provenientes del esfuerzo fiscal de los españoles, encauzaron para sí la parte del león del gasto público, sin adquirir responsabilidades significativas en materia recaudatoria e impositiva. Gastar sí, pero el dinero que lo recaude otro: el mejor de los mundos, que empezó a resquebrajarse con el estallido de las burbujas, lo que espoleó el sentimiento independentista de una región rica como Cataluña, cuyos dirigentes han decidido que les resulta más provechoso construir su propio estado dentro de España. Sería un subproducto singular y privilegiado dentro del Estado español.

Lógicamente, para plantear una pretensión de esa naturaleza hay que contar con el soporte social y político adecuado. Durante decenios, la política catalana ha trabajado en pos de ese objetivo y hoy se puede afirmar que lo han conseguido: el universo nacionalista es avasallador hasta el punto de que las organizaciones sociales y políticas discrepantes se han ido reduciendo a la mínima expresión y, sin descartar algún rebote puntual, no es previsible que el mando político en la Generalidad pase a otras manos. Si a ello se añade que la economía y las finanzas, los mercados y la globalización, prescinden cada vez más de los Estados y de los Gobiernos siempre que se mantengan dentro de las pautas del catecismo financiero imperante, véase Grecia, no parece que por ahí vaya a haber problemas significativos. Desde mi punto de vista, los problemas principales serán para los españoles si, por la vía de hecho, aunque sea de forma pacífica y concordada, se les amputa una parte relevante, alrededor de un 18%, de la tarta fiscal.

Las Cortes buscarán otro producto de éxito un poco más pobre
En el caso de una empresa que, por la razón que sea, se ve privada de una parte sensible de su negocio, lo normal es acometer una reestructuración de costes junto con una política de marketing agresiva para recuperar cuota de mercado. Salvando las distancias, es lo que conviene ir pensando en España si, como es de temer, se termina consumando el paripé sobre la cuestión catalana: sus consecuencias económicas y fiscales convertirán en misión imposible mantener la estructura territorial actual. Se impondrá, como mínimo, una reconversión de las regiones autónomas, con la desaparición de la mayoría de ellas, si no de todas, y que el Estado resultante asuma el papel, que nunca debió perder, de asegurar la cohesión social y el funcionamiento de los servicios públicos, bajo los principios de la libertad y de la solidaridad.

El análisis y el seguimiento de los acontecimientos deben servir para hacer un poco de prospectiva. Por eso, sean cuales sean los resultados del 27S, creo que vamos a asistir a una legislatura contaminada por la cuestión catalana, que pesará sobre el ánimo de las Cortes Generales cuyos integrantes, que serán los de siempre con algunas añadiduras que parecen traer poco nuevo, se afanarán en fabricar un producto, la Transición 2, para superar el trance en el corto plazo. Así, cuando pasen los fervores electorales y se acallen los slogans de brocha gorda, tan faltos de inteligencia como dañinos para la nación, los padres de la patria tendrán que fabricar el nuevo producto de corte lampedusiano para tratar de oxigenar un modelo político aquejado de aluminosis y venderle a los españoles otra fórmula de éxito, aunque con plomo en las alas.

Para quienes conservamos la fe en España y deseamos que alcance su plenitud democrática, el sentimiento de amargura y de indignación es inevitable, pero no encuentro elementos que lo varíen. Por supuesto, el escenario descrito no es rígido, porque los procesos políticos y sociales no son mecanicistas y nada puede garantizar que operen en direcciones desconocidas, pero, con los agentes políticos que operan en el solar español y con la sociedad actual, es bastante previsible que se materialice en paz y concordia aparentes. Sin embargo, será difícil evitar que en algunos sectores del pueblo español aniden sentimientos de humillación y de pérdida que, probablemente, engordarán cuando se vayan conociendo las consecuencias económicas y sociales de semejante paripé. Y entonces, dentro de tres o cinco años, surgirán las voces airadas y las exigencias de responsabilidades a quienes, por acción u omisión, quebrantaron la Patria. Pero ya no habrá vuelta atrás.

Se ríen, nos manipulan y juegan con nosotros
Juan Laborda www.vozpopuli.com  24 Septiembre  2015

La dejadez, la desidia, las mentiras, el trilerismo de nuestros gobernantes nos han abocado a un muy serio problema el 28 de septiembre de 2015. Cómo es posible que permitiéramos que el cálculo de las balanzas fiscales corriera a cargo de ciertos economistas que han desvirtuado y falsificado las conclusiones para favorecer una gran mentira, “España roba a Cataluña”. Cómo es posible que estos mismos economistas, todos ellos neoclásicos, no detallen el brutal superávit comercial de Cataluña con el resto de España que, por cierto, se disolvería como un azucarillo al día siguiente de su hipotética independencia, con una destrucción sin parangón del tejido industrial catalán. Cómo es posible que ciertos políticos en Madrid hayan jugado con este tema para sacar votos en el resto de España permitiendo que todo se pudra sin haber aplicado la ley en su momento. En realidad juegan al despiste porque quieren ocultarnos aquello de lo que realmente todos ellos son culpables, y que les debería preocupar, el empobrecimiento masivo de la mayoría de la ciudadanía de Cataluña y del resto de España.

Se trata de un ejemplo más, el enésimo, de cómo las élites mienten, se ríen de nosotros los ciudadanos, y nos utilizan para mantener el instinto de clase. Permítanme enlazar esta gran mentira de la realidad catalana inventada por los nacionalistas, con otra inmensa falacia vociferada por el director ejecutivo de JP Morgan, Jamie Dimon. Según este individuo los Estados Unidos se encuentran mejor que nunca. Obviamente confunde su realidad personal con la del resto de ciudadanos estadounidenses.

¡Es la deuda!
Pere hete aquí que cada tres años, la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) publica una encuesta sobre las finanzas de las familias norteamericanas. La encuesta referente a 2013 confirma lo obvio, las intervenciones en política monetaria de la Reserva Federal sin duda han impulsado los precios de los activos y el único logro real ha sido una ampliación de la brecha de riqueza entre el 10% de los individuos más ricos, que tienen sus dólares invertidos en los mercados financieros, y el resto de la ciudadanía. La política monetaria ha fracasado a la hora de aumentar la renta de los estadounidenses y no ha podido lograr un aumento en la producción que fomente mayores niveles de actividad económica. La realidad es que el crecimiento económico se mantendrá estancado en niveles muy bajos porque los ahorros no se destinan a la inversión productiva sino al pago de la deuda. Y este es el quid de la cuestión, porque no solo afecta a Estados Unidos sino al resto de occidente, y cada día más a escala global. Después de cinco años de intervenciones monetarias excesivas, los niveles de deuda globales no solo no se han resuelto sino que han aumentado. Todo esto aparece en dicho informe, no es un economista desde la heterodoxia quien lo denuncia. Y esa es la realidad, la gran mentira de la deuda de occidente de los últimos 30 años, y ante esa realidad las diferentes tribus que copan el poder buscan perpetuarse.

Mientras que los medios de comunicación continúan tratando de vendernos allá y aquí que la economía se está recuperando, dicha encuesta de la FED sugiere lo contrario, exactamente lo mismo que pasa por estos lares. Pero déjenme aportar algunos datos de dicho estudio. Desde el año 2007, el valor medio de los activos financieros de las familias ha disminuido, con la excepción del decil superior, que incluye a gente como a Jamie Dimon. Cuando se divide en grupos de edad la historia se vuelve todavía más inquietante. Mientras el patrimonio neto de las personas entre 65 y 74 años apenas ha caído desde 2007, las personas que se acercan a la jubilación, entre 55 y 64 años, han visto como se ha producido una caída neta en su patrimonio de casi un 50% durante el mismo periodo de tiempo. Literalmente no podrán jubilarse.

No se pueden jubilar
La historia de "recuperación económica" es también mentira cuando se analizan los ingresos medios. Según la encuesta de la FED, los ingresos antes de impuestos del hogar promedio han caído desde una cifra cercana a los 52.000 dólares al año a los 47.000 actuales. Una vez más, la historia se vuelve más dramática cuando se analiza por grupos de edad. Curiosamente, el único grupo de edad donde los ingresos han mejorado es para aquellos entre las edades de 65-74. Ello sugiere que la caída la tasa de participación en el mercado laboral no es una función de la edad de jubilación ya que aquellos que tiene que jubilarse no lo están haciendo, siguen trabajando en sus años de jubilación, no por el deseo de trabajar, sino por necesidad.

La creciente brecha de renta y riqueza es evidente desde todos los puntos de vista. Han sido las políticas ortodoxas las que han fomentado una mayor desigualdad. Nos referimos a la mezcla de una política monetaria expansiva, junto a una devaluación salarial y una política fiscal diseñada exclusivamente para rescatar a quienes causaron la crisis. Mientras que las intervenciones en curso por parte de la Reserva Federal o el Banco Central Europeo impulsaron los precios de activos y alimentaron una mayor demanda de activos de riesgo, la mayoría de las familias estadounidenses o españolas se quedaron atrás. Los datos, en definitiva, muestran por qué muchos estadounidenses o españoles, incluidos los catalanes, creen que la economía va en la dirección equivocada. Pero nos siguen distrayendo con temas y propuestas ya no solo irrelevantes, sino peligrosos. En definitiva, se ríen de todos nosotros.

Al asalto de un poder sin límites
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital  24 Septiembre  2015

Lo que el domingo se vota en Cataluña es lo que la Ley, democráticamente aprobada, decidió que se debía votar: qué candidatos son elegidos para formar parte del Parlamento de Cataluña y ejercer los poderes que la Ley le atribuye. Pretender hacer cualquier otra cosa diferente a esta con el voto de los catalanes es dinamitar su Libertad, porque sería saltarse la Ley. La cuestión no es el "derecho a decidir", como pretenden los independentistas, sino quién protege a cualquier catalán, aunque fuera uno solo, de la tiranía de quienes pretenden imponerle sus decisiones sin Ley que les dé autoridad para ello.

Estos días escuchamos debates delirantes. ¿Cómo va a haber protección constitucional o legal de la nacionalidad española de los catalanes, si lo que previamente se hubiera dejado sin tal protección es la propia España?

No se trata de un debate legal. Ni tampoco es una competición de afectos y de halagos. Ni mucho menos es un asunto de dinero (es imposible que el Gobierno catalán obtenga más dinero con menos esfuerzo y menos responsabilidad por su parte).

Es una cuestión de principios básicos, de valores elementales en una sociedad compuesta por personas libres. La Constitución y las leyes son el producto de la libre voluntad de las personas. Y por tanto dejar sin efecto la Constitución y las leyes es dejar sin protección la libertad de cada español, viva o no en Cataluña, pero especialmente si vive en Cataluña.

Quienes pretenden obtener la independencia de Cataluña tendrían que dejar sin efecto, de la manera más rotunda y brutal, la vigencia de la Constitución y las leyes. Y a partir de ese momento dejan de existir límites. El que ha echado abajo la puerta grande también echará abajo cada obstáculo que encuentre para lo que en realidad busca, que no es la independencia en sí, sino el poder.

Estamos ante un intento de asaltar el poder, todo el poder, disfrazado de reivindicación de la independencia. Un poder sin límites. Sin jueces que juzguen el saqueo del presupuesto. Sin prensa libre que sea capaz de articular otra cosa que editoriales conjuntos en auxilio del poder.

Poder para quedarse con el dinero de la gente, para decidir quién "es de aquí" y quién "no es de aquí". Poder, en fin, para que la gente solo sea libre de decidir a qué altura de la manifestación se va a colocar, porque de quedarse en casa ya hace tiempo que dejó de ser libre.

Los políticos independentistas catalanes no son nuevos ni desconocidos. Siempre han querido poder, y es esa búsqueda la que les ha conducido a exigir la independencia. No para que Cataluña sea libre, sino para ellos poder reducir aún más la libertad y la propiedad de los catalanes.

LA POLÍTICA NO CAMBIA ES UN GRAN NEGOCIO
Antonio García Fuentes Periodista Digital  24 Septiembre  2015

SE VA A VIVIR DE LA POLÍTICA NO A SERVIR AL PUEBLO Y A LA VISTA ESTÁ

Quienes siguen mis artículos pueden comprobar que así lo dije desde que se inició el nuevo movimiento del… “quítate tú que me ponga yo”; o sea que los políticos nuevos eran similares a los que queríamos echar, o sea lo que significa la frase ya dicha (“quítate tú que me ponga yo”); y salvando las excepciones que pueda haber y que no se notan mucho, es la tónica que han seguido y siguen, confirmando todo ello lo publicado en un diario que espulgueo y les dejo la dirección para que lean el resto, que es mucho más completo: veamos:
“Nacional - 23.08.2015: Subidas de sueldo y enchufes: los nuevos políticos siguen en lo mismo http://vozpopuli.com/actualidad/67088-subidas-de-sueldo-y-enchufes-los-nuevos-politicos-siguen-en-lo-mismo

La polémica sigue sobrevolando a los ejecutivos regionales: subidas de sueldo, asesores sin experiencia, cargos sospechosos de corrupción, amiguismo, gente de dudosa capacidad para asesorar o enchufismo de compañeros sin cargo… la historia de nunca acabar.

A punto de cumplirse los tres meses de las elecciones del 24-M, que dieran entrada a la ‘nueva política’ en los ayuntamientos de todo el país, las cosas parece que no han calado en algunos sitios. En estos tres meses de nuevas caras, las viejas costumbres que tanto logran enfadar a los votantes siguen a la orden del día. Y es que la polémica sigue sobrevolando los ayuntamientos: subidas de sueldo, dedazos, amiguismo y clientelismo político, asesores sin experiencia o de dudosa capacidad para el cargo... Pese a que alguno pudiera pensar que las pasadas elecciones cohibirían a los partícipes de la 'vieja política', nada más lejos de la realidad, siguen al pie del cañón. Y es que no se libra nadie, desde los afianzados alcaldes del bipartidismo que copan la mayoría de los casos, hasta los aislados, pero existentes, desmadres de algunos representantes de la nueva política. Algo para lo que no han esperado demasiado. Desde el primer pleno tras su investidura, muchos alcaldes han hecho una declaración de intenciones directa: subirse el sueldo. Incremento salarial

Hasta la fecha, según las informaciones que se han ido publicando en los diarios de todo el país, hay al menos 40 ayuntamientos cuyos regidores se han subido el sueldo, en los que los incrementos van desde los 2.000 euros al año en el caso del primer edil de Benejúzar (5.000 habitantes), a los 22.000 euros -se embolsará un total de 67.000 euros al año- del alcalde del PNV en Az koitia, Javier Zubizarreta; un 15.000 más que el tope fijado por la ley de racionalización municipal, según detallaba el diario El País.

Las formaciones que más casos de alcaldes que se suben su sueldo contabilizan son el PP con 15 y el PSOE con 11
La media de la subida de sueldo entre los primeros ediles está en torno a los 10.000 euros anuales, siendo algunos casos estas subidas de algo más de 200 euros al mes en 14 pagas, y, en algunos casos, de más de 20.000 euros anuales, lo que supone más de 1.000 euros al mes de subida en el salario. Las formaciones que más casos de subida de sueldo tienen son el PP con 15, el PSOE con 11, en algunos casos gracias a los apoyos de Coalición Canaria e Izquierda Unida, que también se benefician de las subidas, y PNV, con 5 casos de alcaldes que se suben el sueldo.

Entre los casos más destacados está la subida de sueldo de los alcaldes de PNV de 20.000, 10.000 y 22.000 euros en Arrigorriaga, Beasain yAzkoitia, que se subían el sueldo por la "singularidad vasca" entre gritos, en el caso de Arrigorriaga, de "sinvergüenza" y "chorizo" por parte de los vecinos. También está el caso del alcalde de Brunete, que se ha subido el sueldo un 33%, hasta los 37.900 euros brutos anuales, pese a estar imputado por intentar sobornar a una concejal de UPyD, alegando que su salario "está por debajo de la media". Otro caso es el del alcalde popular de Pelayos de la Presa, Antonio Sin, que pese que este diario indicó que había subido su sueldo en más de 38.000 euros, la subida total no supera los 15.000 respecto a 2011, tal y como ha comunicado un vecino de la localidad, y el incremento de 38.595 euros se destina al total de gastos de representación del municipio. Además, otro caso a destacar es el del socialista de Baena, que se subió 9.000 euros el sueldo nada más llegar al cargo, excusándose al decir que dicho salario está dentro del límite impuesto por el Gobierno de Rajoy”. (Resto del texto, pulsar y verlo en la red)

Aumentemos a todo ello “la nueva plaga de nepotes que en conjunto van a colocar los nuevos que llegan hambrientos a la política”; el que nadie se señala para despedir a la infinidad que otros colocaron en el dinero público desde el principio hasta ayer mismo, puesto que ¿quién es el guapo que pide eliminar parásitos en cualquier mesa llena de políticos y que cada cual tiene que guardar sus compromisos? Nadie. Así lo que nos espera es un aumento de la ruina espantosa que ya tenemos encima, puesto que el esquilmado habitante (que no ciudadano, grado al que nunca hemos llegado en España) de este territorio, ya apenas nos quedan dineros para pagar impuestos y por tanto no puede haber creación de nueva riqueza “desde abajo”… que es desde donde de verdad se crea la que dura y se multiplica; así es que el porvenir y digan lo que digan estos irresponsables, seguirá siendo negro o negro “negrísimo”.

“El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”: (Platón). La política nos afecta a todos y por ello no debemos dejarla sólo en manos de los políticos.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo) www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)




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A los emigrantes andaluces. Mentiras catalanas (y III)

Conviene desarmar algunos tópicos del independentismo. Porque se puede ser emigrante andaluz y defender la independencia; lo que no se puede es mentir y sobre esa mentira justificar un voto
Javier Caraballo El Confidencial  24 Septiembre  2015

[A principios de la década de los setenta del siglo pasado, en Cataluña vivían 840.000 personas nacidas en Andalucía, fruto del que, quizás, ha sido el mayor flujo de emigración vivido en España. En la etapa de la Transición democrática, la población andaluza en Cataluña superaba el millón de habitantes. Tan importante ha sido, y es, la influencia de la emigración andaluza en Cataluña que en aquellos años se la conocía como “la novena provincia andaluza”. En el llamado ‘procés’ de independencia, las referencias despectivas hacia Andalucía han sido continuas. Conviene, por tanto, en esta campaña electoral del 27-S, desarmar algunos tópicos del independentismo catalán. Porque se puede ser emigrante andaluz y defender la independencia de Cataluña; lo que no se puede es mentir y sobre esa mentira justificar un voto. Ningún emigrante andaluz debe sentirse acomplejado por mentiras sobre su origen]

Sobre Cataluña, su identidad y sus anhelos de pueblo, existe una gran verdad, tantas veces ignorada en el resto de España, y muchas falsedades construidas a partir de esa realidad para legitimar privilegios o maquillar fracasos políticos. La verdad que tantas veces se le niega a Cataluña es que sus anhelos de pueblo son muy superiores a los que, históricamente, han expresado otras regiones de España. Lo han admitido y proclamado así muchos historiadores, políticos e intelectuales pero, acaso por el sentido de este artículo dirigido a los emigrantes andaluces, fijémonos en lo que acaba de decir aquí mismo un nacionalista histórico como Alejandro Rojas Marcos, fundador del único partido nacionalista, el Partido Andalucista, que ha tenido representación en dos parlamentos autonómicos, el andaluz y el catalán en los primeros años de la autonomía. Sostiene Rojas Marcos: “Cataluña, su identidad, su conciencia de pueblo… El poder catalán que existe en España es enorme. Cataluña es un cañón como pueblo, y va a más. Yo quisiera para Andalucía el grado de conciencia de pueblo que tiene Cataluña”.

Esto lo dice ahora Rojas Marcos y si esa apreciación tiene un gran valor político es porque, como queda dicho, esta verdad se ignora con mucha frecuencia en el resto de España, por una mezcla de antipatía y de hartazgo, pero, sobre todo, porque nos conduce directamente al origen del conflicto que se vive en la actualidad: la insatisfacción de Cataluña con el Estado autonómico actual. Y ahí es donde empiezan las mentiras. La actual ‘oleada independentista’ de Cataluña es la última expresión de rechazo, la más extrema, a un modelo de descentralización territorial que se considera humillante para las aspiraciones catalanas: el ‘café para todos’.

Cuando, tras el referendo andaluz del 28 de febrero de 1980, se rompieron los pactos constitucionales que existían para dotar de autonomía plena solo a Cataluña y al País Vasco, los nacionalistas catalanes comenzaron a sentirse agredidos, humillados. Eso de que La Rioja o Murcia, que son las regiones que suelen citar siempre los irritados catalanistas, tuvieran derecho a una autonomía similar a la de Cataluña no lo han podido superar jamás. Y es cierto, vamos a repetirlo una vez más, que la voluntad de pueblo que se palpa en Cataluña no existe en la inmensa mayoría de las regiones de España, pero qué daño le provoca a Cataluña, en qué la limita, el hecho de que murcianos y riojanos tengan también autonomía. ¿Puede explicarlo alguien? ¿Ese es el problema de fondo cuando se habla del ‘encaje de Cataluña’ en España, que no se soporta la similitud con sus vecinos? ¿Aun gozando la autonomía catalana de un nivel competencial superior a las demás, al igual que el País Vasco, es necesario privar de autonomía a las demás regiones para satisfacer la ‘singularidad’ catalana?

La cuestión es que, en todos estos años, tras ese malestar inicial del independentismo por el sistema autonómico del ‘café para todos’, se han ido acuñando, como si fueran verdades absolutas, los términos de ‘desapego’ y ‘problemas de encaje’ para definir la relación de Cataluña con el resto de España. Pero se trata solo de los eufemismos que se han utilizado para ocultar las verdaderas razones de la oposición del catalanismo al sistema autonómico español.

Porque ni el centralismo ha perjudicado a Cataluña en la historia reciente más que a otras regiones de España -más bien ha sido al contrario-, ni durante la democracia el sistema de financiación autonómica ha castigado a los catalanes, porque durante muchas legislaturas también ha sido lo contrario. De hecho, el pactismo de la clase política catalana ha exprimido durante cuatro décadas la desafección, con amenazas constantes que tampoco son nuevas en la historia ni en las Cortes españolas. Como dijo Ortega y Gasset en el Congreso de los Diputados, en mayo de 1932, en un debate sobre el estatuto catalán, se trata de amagar para obtener. Ortega lo hizo citando a Unamuno, un pájaro de la pampa argentina y unos versos de Martín Fierro: los nacionalistas catalanes “hacen como los teros. / Para esconder sus niditos, / en un lado pegan los gritos / y en otro tienen los huevos.”

Cuando el pactismo anual, en los Presupuestos del Estado, ha sido insuficiente para tapar el desastre de gestión del Gobierno autonómico catalán, acuciado por la crisis económica, es cuando ha sobrevenido el órdago independentista de estos días. Los problemas de los catalanes, se dice ahora, se deben a que Cataluña ha estado atada de pies y manos por el Estado español. Por eso, la independencia resolverá todos los problemas. Y muchos emigrantes andaluces, y muchos de sus hijos y nietos, acaban creyéndose el discurso de la desafección, como aquellos que se presentaron, hace un par de años, en un vídeo de la Asamblea Nacional Catalana, a compás de flamenco, y que sirven de exponente de la profundidad de calado de la propaganda independentista.

Un reconocido historiador catalán, Jaume Vicens Vives, reflejó en su libro ‘Noticia de Cataluña’ la peculiar forma que tenían los catalanes de rebelarse contra los problemas. Decía así: “Cuando la realidad nos disgusta, surgen la añoranza y el vapuleo. La añoranza es echar de menos algo que nos ha cautivado. Vapulear es dar la espalda a todo lo que ocupa nuestra existencia, sean acertadas las razones esgrimidas o no. La añoranza y el vapuleo llevan hacia la ruptura, fase precursora de la rauxa. (…) Cuando nos hemos cerrado en banda, no ha sido posible avanzar ni retroceder. Nos hemos obcecado y nos hemos preparado para dar las coces de la rauxa. Esto ha sido un mal a lo largo de nuestra vida colectiva, porque ha sido una actitud contraria a nuestra tradición pactista y ha preparado el advenimiento del todo o nada”.

Por eso, a los emigrantes andaluces en Cataluña, una sola certeza: el momento histórico de ruptura que se vive en Cataluña ni es nuevo ni se debe a ninguna opresión del Estado español en democracia. Eso es mentira. Cataluña ha gozado en estos 30 años del mayor autogobierno de toda su historia. Y para tapar la realidad de una mala gestión del autogobierno, se agitan la “desafección” y los “problemas de encaje”. Es la frase de antes de Vicens Vives en forma de bucle: “Cuando la realidad nos disgusta, surgen la añoranza y el vapuleo”.

Un voto para no entrar en la ratonera nacionalista

Manuel Romero www.lavozlibre.com  24 Septiembre  2015

Periodista y director de La Voz Libre

El domingo 27 de Septiembre los electores catalanes deciden la composición de su parlamento autonómico, aquel que emana de la Constitución española, que ha proporcionado el mayor y más largo periodo de estabilidad política en España.

Obsesivamente, algunos dirigentes catalanes ha ido forjando a lo largo de un siglo un argumentario simplista que se fundamente en que viven bajo el yugo del Estado y que su liberación les proporcionará todo tipo de beneficios: más trabajo, las salud, más dinero y hasta más amor confraternal. Este cuento lo han sembrado en las escuelas y universidades, donde no han dudado en poner patas arriba la Historia, borrar pasajes de nuestro tronco común peninsular y fomentar enfrentamientos, odios y rivalidades… además de dividir en dos mitades a la ciudadanía catalana. Para ello han contado con el propio dinero que le proporcionaba el Estado autonómico, que previamente había cedido funciones tan importantes como la Educación.

Toda la labor de los separatistas ha ido encaminada a destacar diferencias, a eliminar coincidencias y a manipular la Historia y los cálculos para el futuro. Han construido la ilusión de un país de jauja en el que todo mejorará si ellos se hacen con el control total del territorio. No les importa saltarse las leyes comúnmente aceptadas, ni incumplir sentencias que les obliga a permitir la lengua común española en los ámbitos docentes o sanitarios.

Entre tanto, esos mismos dirigentes que denunciaban que España robaba a Cataluña, se embolsaban suculentas comisiones y permitían que la Generalitat de Cataluña entrara en bancarrota por su propia incapacidad y por destinar recursos a representaciones en el extranjero y no a pagar a los farmacéuticos, por ejemplo.

Los nacionalistas nos han llevado en estos últimos 40 años a un callejón sin salida. Más bien han conducido a los catalanes a un precipicio del que es difícil la vuelta atrás si no es con sensatez o por la misma rebelión de los ciudadanos, que están avisados de que una Cataluña fuera de España, fuera de Europa y hasta fuera de la OTAN (por descontado en que en ONU sólo encontrarían el apoyo de algún errático Estado pirata), no tiene ningún futuro.

Esa rebelión ha de sustanciarse este domingo votando por opciones que creen que no son tiempos de divisiones, más bien de unión para avanzar con proyectos que nos igualen a los de nuestros conciudadanos europeos. Grecia también creyó en lo salva patrias… y han tenido que ser los propios salva patrias los que ahora han se han visto arrastrados a cambiar el recetario de soluciones porque la realidad es la que es y no admite milagros redentores.

Cataluña no debe tomar la senda del aislamiento y de la inestabilidad. Su propia identidad ha estado unida desde los orígenes de la Historia a la esencia de España. Políticos, empresarios, pensadores, escritores y artistas son comprendidos y tienen sentido y éxito por su pertenencia a España. Y España es un proyecto viable porque Cataluña está en su médula. No caben amputaciones traumáticas. Por ello, quienes la fomentan incluso podrán ser mayoría en las urnas, pero la realidad devolverá el sentido común a aquellos que han jugado con la estabilidad y el progreso de muchas familias, empresas y proyectos. No hay duda. El domingo hay que frenar a los separadores con la seguridad de que la razón está con nosotros. Porque creemos en la Libertad y no en la imposición; en los valores comunes y no en el sectarismo étnico; en las tierras abiertas y no en las fronteras, en nuestra unión y no en pequeños condados en los que el caciquismo echa raíces.

Cuando usted, ciudadano catalán, vaya el domingo a votar, piense en la sangre derramada en este solar peninsular a lo largo de siglos por construir una casa común en el que todos podamos vivir sin discriminaciones ni diferencias. Piense en la comodidad de poder realizar una llamada telefónica sin marcar prefijo entre Barcelona y Sevilla, de disfrutar un Real Madrid-Barcelona, en las ventajas de compartir los beneficios sanitarios de pertenecer a España y a la Unión Europea, en viajar sin controles aduaneros por miles de kilómetros… En fin piense en el sol del cielo abierto o en la ratonera a la que quieren conducirle los nacionalistas.

Cataluña: las cosas por su nombre
JOSEBA ARREGI El Mundo  24 Septiembre  2015

EL PROBLEMA CATALÁN y español, español y catalán, no tiene solución ni siquiera mediante el tan conjurado diálogo si en el debate político sigue instalado el tic posmoderno de subjetivizar hasta el significado de las palabras que se utilizan. No se trata de pretender alcanzar una objetividad científica, cuantitativa, del significado de los términos que usamos al debatir problemas políticos. Pero sin el esfuerzo por aceptar lo que los términos han significado históricamente y lo que en la literatura jurídica y de ciencias sociales y políticas se les atribuye hoy todo termina en un diálogo de besugos, que es en lo que actualmente estamos.

En algunos momentos parece que la solución del problema español y catalán, y viceversa, radica en que se reconozca constitucionalmente que Cataluña es una nación. Me imagino que cuando los que opinan afirman algo parecido se están refiriendo a Cataluña como nación etnocultural, pues las referencias básicas son las de la lengua catalana, la identidad catalana, el sentimiento de pertenencia a la nación catalana y la cultura tradicional catalana. Es precisamente la afirmación de la existencia de esta nación catalana básicamente uniforme y homogénea la que sirve de base al argumento del derecho a un Estado propio. De la nación etnocultural a la nación política: ese ha sido el camino trazado por todos los nacionalismos en la historia moderna, aunque la historia diga que el camino fue, en todo caso, inverso, de la nación política a la nación etnocultural. Pero sólo en los casos en que se dio históricamente ese camino -fundamentalmente- en Francia.

Es evidente que existe la nación catalana desde el momento en que existen miles, cientos de miles de personas que se sienten pertenecientes a ella. Se trata de algo indiscutible. Pero tan indiscutible es que en Cataluña existen distintos sentimientos de pertenencia, en la mayoría de los casos dos sentimientos de pertenencia, a la nación catalana y a la española, compatibles entre sí sin problemas. Esto obliga a diferenciar entre la existencia indiscutible de la nación catalana como una cuestión de hecho, y la pretensión de que Cataluña sea una nación única, que no lo es si no se niega la realidad incontrovertible de la pluralidad de sentimientos de pertenencia en su seno, su plurinacionalidad interna. Si España es plurinacional, más lo son, más estructuralmente lo son, Cataluña y Euskadi. Y sólo la doble afirmación es verdad. De otra manera se convierte en mentira peligrosa.

Se conjura el diálogo para solucionar el problema español-catalán. Pero si alguien habla en chino y otro habla en polaco, el diálogo no es posible porque no comparten ni una gramática común ni un vocabulario común.

Para que exista diálogo se necesita al menos un traductor en el que ambas lenguas encuentran la posibilidad de intercambiar normas. La norma de lenguaje en un Estado constitucional está en la Constitución. Fuera de ella no existe posibilidad alguna de diálogo. Reclamar diálogo negando las bases del mismo es irracional. Mentar el diálogo no produce el milagro del diálogo real. Nominalia non sunt realia. Lo que no quiere decir que las lenguas, las normas lingüísticas sean sarcófagos que encierran cadáveres. Aunque algunos expertos no estén de acuerdo, el ejemplo canadiense con su Ley de la Claridad muestra el camino, dentro del lenguaje común de la Constitución canadiense, que permite, desde el control de todo el proceso por parte de órganos que representan al conjunto de la nación política, dar salida a problemas como el catalán-español fijando, además, que para comenzar la negociación de salida siempre es necesaria una mayoría cualificada, por ejemplo, la mayoría del censo electoral.

Pero ni siquiera los que proclaman una reforma constitucional como tercera vía y como solución al problema español-catalán se han dignado debatir la propuesta de José María Ruiz Soroa de aprobar una ley en el Parlamento español recogiendo las enseñanzas del caso canadiense -en Joseba Arregi (coordinador), La Secesión de España-. En su lugar quieren trasladar el no diálogo en el que se asienta el problema catalán al interior de la propia Constitución, sembrando en ella la semilla de la desintegración -o abriendo la espita a una nueva frustración porque no pueden resolver nada con la presunta solución, al menos nada que interese a los que constituyen el problema-.

No siempre existen las terceras vías por mucho que se desee su existencia. Reconocer la singularidad: ¿en qué consiste esa singularidad? Ya hoy están reconocidas la singularidad lingüística -en la práctica más allá de lo que es posible en derecho-, la del derecho civil propio, la de la policía autonómica y otras más. ¿Cuál más hay que reconocer? Competencia exclusiva en educación y en política lingüística nos dicen, la primera en función de la segunda. Pero en una sociedad bilingüe poseer la competencia exclusiva sobre la lengua específica, que no propia, implica ejercerla también sobre la lengua franca, lo que no tiene mucho sentido. Alguien añadirá: un pacto fiscal que incluya una agencia tributaria propia. Ya que en estas cuestiones tanto se usa el ejemplo de Alemania, no estará de sobra recordar las condiciones jurídico-constitucionales en las que existen las Agencias Tributarias alemanas, una por cada Land: fijación en la propia Constitución alemana de los porcentajes de reparto de los impuestos más importantes, competencia compartida en cuestiones fiscales entre la cámara baja, el Bundestag y la cámara alta, el Bundesrat, cámara que goza de la posibilidad de vetar las leyes fiscales aprobadas por la otra cámara. Y el Bundesrat está constituido directamente por miembros de los gobiernos de los Länder. Ambas cámaras representan al conjunto del estado federal. Otra condición es la lealtad federal, la lealtad constitucional. El gobierno federal participa en la regulación de las Agencias Tributarias de los Länder. Participa también en el nombramiento de cada presidente de Agencia Tributaria. En el contexto de estas condiciones no habría problema en reconocer a las autonomías españolas que quisieran la capacidad de contar con una Agencia Tributaria propia. Sólo que ahora sería bueno que se les pidiera a todas las autonomías que la quisieran introducir en sus estatutos lo que dice el preámbulo la Constitución del Land Norte del Rhin y Westfalia: «Nosotros, hombres y mujeres del Norte del Rhin y Westfalia, en unión con todos los alemanes, nos damos la siguiente constitución...».

EL PROBLEMA BÁSICO del recurso al diálogo es que sólo ponen de manifiesto lo que hay que ceder al nacionalismo catalán, a los catalanes, sin que nunca se articule explícitamente lo que se pide, se exige o, al menos, se espera de ellos: lealtad federal, lealtad constitucional, aceptación del Estado de Derecho que es España, reconocimiento que lo que plantean no se debe, en absoluto, a la falta de democracia en España como Estado de Derecho, única razón que en el derecho internacional abre la puerta al derecho de autodeterminación.

También es conveniente llamar a las cosas por su nombre en el debate sobre las responsabilidades en la situación actual. Quien firma estas líneas fue testigo en los meses previos a los JJOO de Barcelona cómo parlamentarios del Parlamento de Cataluña en representación de CiU hablaban abiertamente de que el bilingüismo no era más que un vericueto para llegar a lo que deseaban: el monolingüismo en catalán. También pudo escuchar hace muchos años, antes de cualquier planteamiento de reforma del Estatuto catalán por Pascual Maragall, a quien es hoy coordinador de Convergència afirmar, con ocasión de unos cursos de la Universidad de Extremadura en el monasterio de Yuste, que para los convergentes integración no significaba que de la suma de A+B surgiera C, sino que se debía derivar de nuevo A, es decir, asimimilación. Todo esto antes de los agravios a los que recurre ahora el nacionalismo.

Duran Lleida, tan celebrado por comentaristas españoles importantes como gran estadista, lo ha dicho claramente: lo que busca es una España confederada, que es lo mismo que buscaba Maragall, y también es lo mismo que busca el nacionalismo vasco. Pero la Confederación es tan o más enemiga de la Federación que el centralismo. Todas las confederaciones que se han dado en la historia han terminado en desintegración estatal o en transformación en Federación: ahí están los ejemplos de EEUU y de Suiza.

¿De verdad creemos que sin llamar a las cosas por su nombre encontraremos alguna solución?

Joseba Arregi fue consejero del Gobierno vasco y es ensayista y presidente de Aldaketa.

La irresponsable indiferencia de los sindicatos en Cataluña
Editorial El Mundo  24 Septiembre  2015

El silencio institucional que mantienen los dos sindicatos mayoritarios en Cataluña ante el desafío soberanista es tan atronador que sólo puede calificarse de irresponsable. Salvo ellos, el resto de agentes sociales y políticos se han movilizado para explicar a los electores las nefastas consecuencias económicas que tendría secundar la locura independentista. Banqueros, empresarios, patronales, partidos políticos de ámbito nacional y el Gobierno están advirtiendo sobre las mentiras que se esconden detrás de un discurso mitológico más propio del romanticismo del siglo XIX que de un mundo globalizado en el que no caben pretendidos derechos históricos de ningún territorio. No es de extrañar que los principales líderes internacionales hayan advertido a Mas del aislamiento al que sometería a los ciudadanos de Cataluña, que dejarían de disfrutar de las ventajas que supone pertenecer a la Unión Europea.

Sin embargo, a CCOOy UGT de Cataluña no les debe parecer tan trascendental la cita del 27-S. No sólo han evitado posicionarse sobre las pretensiones de Artur Mas, sino que han faltado al deber que tienen de informar sobre las consecuencias que una hipotética secesión tendría, por ejemplo, sobre el sistema de pensiones o sobre el marco de relaciones laborales. No hay que olvidar que nuestra Constitución otorga a los sindicatos la importante función de velar por la defensa de los intereses económicos de todos los trabajadores.

Por eso, su silencio sólo puede ser interpretado de dos formas: bien como un apoyo implícito al proyecto soberanista; bien porque entienden que de producirse, la independencia de Cataluña tendría una incidencia mínima sobre la seguridad laboral y el bienestar de los trabajadores. En cualquiera de los dos casos, estarían haciendo un flaco favor a quienes dicen servir, porque tanto los trabajadores como los empresarios catalanes y españoles saldrían irremediablemente perjudicados.

Son ya pocos los que dudan de que una supuesta Cataluña independiente no podría mantener el actual sistema de pensiones del que disfrutan sus ciudadanos gracias a la solidaridad del resto del Estado, ya que, desde 2008, el coste de las pensiones contributivas es mayor que lo aportado a la caja de la Seguridad Social. De la misma forma, la inevitable salida del euro provocaría que muchas empresas se plantearan la posibilidad de deslocalizar sus centros de producción y los inversores internacionales huirían. Menos compañías y menos inversiones equivale a pérdida de puestos de trabajo y las centrales sindicales deberían haberlo explicarlo así.

De todo esto, sin embargo, los sindicatos no dicen nada. En unas declaraciones no demasiado entusiastas, Toxo y Méndez se han mostrado contrarios a la independencia, porque no traería "ninguna ventaja" para los trabajadores, sino "todo lo contrario". Pero sus representantes en Cataluña no comparten ese criterio. Hace años que vienen respaldando las iniciativas de la Generalitat. Ambos sindicatos apoyaron el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, por lo cual fueron premiados con la Cruz de Sant Jordi por su contribución a la "construcción nacional"; ambos se manifestaron cuando el TC anuló algunos artículos del 'Estatut'; y ambos reciben unos siete millones anuales en subvenciones de la Administración autonómica. CCOO y UGT han mirado para otro lado para no perder las ventajas que les garantiza su connivencia con el nacionalismo.

Con los catalanes que resisten a la coacción separatista
Editorial La Razon  24 Septiembre  2015

No debería la sociedad catalana restar importancia a lo ocurrido el pasado martes en Reus, cuando un grupo de separatistas embargados por el odio y la intolerancia aconsejaron a los responsables de la seguridad del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, finalizar antes de lo previsto su paseo electoral por las calles de la localidad tarraconense. Porque ni siquiera desde el sectarismo político, que aparece como una segunda naturaleza en el nacionalismo radical, es posible justificar la campaña de coacciones y violencia de baja intensidad, por utilizar un término comúnmente aceptado, que sufren desde hace años quienes en su doble condición de catalanes y españoles se atreven a rechazar públicamente la idea de una Cataluña independiente y una España rota, como hacen con gallardía, no exenta de valor físico, los afiliados y simpatizantes del Partido Popular. Años en los que los poderes públicos del Principado han preferido mirar para otro lado, cuando no han tratado de cargar vergonzantemente la responsabilidad sobre los propios agredidos.

A la ausencia de una respuesta contundente por parte de la Consejería de Interior de la Generalitat frente a la larga lista de ataques a sedes del PP, insultos públicos, tanto en las calles como en las redes sociales, escraches y sabotajes de los mítines electorales o reuniones de la familia popular, hay que unir el cómplice silencio institucional y político. Tal es así, que el hecho de que un presidente de Gobierno de una nación democrática se vea insultado por un grupo de energúmenos en un acto de apoyo a su candidato a las elecciones autonómicas, Xavier García Albiol –acción de acoso repetida ayer mismo en Gerona–, no ha recibido el menor reproche público por parte de la Generalitat, del resto de las formaciones en liza o de unos medios de comunicación oficiales que han olvidado que se deben a toda la ciudadanía y no sólo a una parte. Salvo el tímido «lo lamento» del cabeza de lista de Unió, Ramon Espadaler, hemos asistido al silencio de quienes más ventean su condición de demócratas. La táctica de demonizar al adversario, despojándole de su condición de sujeto político con los mismos derechos que los demás a defender sus ideas, no es nueva.

La historia está llena de ejemplos y, lo que es peor, de las consecuencias que este tipo de conductas totalitarias ha traído a los pueblos que han tenido la desgracia de sufrirlas. Ante esta situación es preciso que todos los ciudadanos en el resto de España se vuelquen con los catalanes que resisten a la coacción separatista, con independencia del partido político de su elección. En el caso del PP de Cataluña, este apoyo se va a canalizar desde la dirección general del partido, que, como hoy publica LA RAZÓN, ha decidido convocar a todos sus cargos electos nacionales para que participen personalmente en las elecciones autonómicas del próximo domingo, desempeñando funciones de apoderados en las mesas que no puedan cubrirse con los afiliados locales. La dirección del PP es consciente de lo mucho que está en juego en Cataluña en esta cita electoral y de la importancia de garantizar el desarrollo correcto del proceso de votación y del recuento de los sufragios, pero, también, de conseguir la mayor participación posible para sacar a la luz el voto oculto de muchos que rechazan el separatismo.


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