AGLI Recortes de Prensa   Viernes 25  Septiembre 2015

A España le falta grandeza
Editorial  www.gaceta.es  25 Septiembre  2015

“Se ha acabado la broma”, decía muy vehemente García Albiol, el candidato del PP, para glosar el incidente de las banderas en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona. ¿La broma? La broma lleva durando aproximadamente treinta y siete años, desde que el poder constituido y constituyente –que fue ambas cosas a la vez- decidió entregar a los nacionalistas el rango de interlocutor político exclusivo en sus respectivos territorios. Aquel día se firmó la sentencia de muerte o, si se prefiere, se prescribió la eutanasia de España como agente histórico. Desde aquel día quedó instituido un sistema enfermo: en nombre de la pluralidad de España –pluralidad bien real- se cedía el poder a quienes aspiraban a romper cualquier pluralidad en sus regiones. Ayer, en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, lo que inflamó los ánimos del “respetable” no fue la exhibición de la bandera separatista, sino la de la bandera española. Fue también ésta la que provocó la inmediata respuesta de las autoridades. El patriotismo español, en España, es algo subversivo. Puro esperpento.

Junto a eso, que es ya un estado de hecho en Cataluña y en otras regiones de España –pruebe usted a saca una bandera en Pamplona y ya verá qué risa-, se añade el debilitamiento atroz del sentimiento nacional en prácticamente todo el país. ¿Se nos olvida que ha hecho falta una serie de éxitos deportivos continuados en los últimos años para que sea posible exhibir una rojigualda por la calle sin despertar sospechas? El Estado, es decir, el aparato político de la nación de todos, ha renunciado desde hace más de tres decenios a crear una conciencia de comunidad nacional. Con ello ha dejado el campo libre a quienes, por unas razones u otras, aspiraban a deshacer el tejido de España. Hoy son ellos quienes han ganado.

La mejor demostración ha sido, sin duda, el perfil de los argumentos esgrimidos en esta campaña catalana para oponerse al separatismo. Hemos asistido a una auténtica catarata de argumentos económicos, administrativos y jurídicos, así como a la permanente invocación de “Europa”, pero apenas nadie ha hablado de España. ¿Por qué? Porque tampoco nuestra clase política tiene una idea trascendente de España, más allá de cuatro banalidades sobre la Constitución y la convivencia. El sentimiento patriótico está mucho más vivo en el pueblo que en la elite. Como en otros momentos de nuestra Historia.

La España del 78 ha sido finalmente una España en zapatillas, doméstica, mezquina, pequeñita, envuelta en aquel olor a berza que tanto desagradaba a nuestros escritores sociales de los años 50. Una España incapaz de explicar a los españoles que había un futuro juntos. “Ha faltado un proyecto colectivo”, dicen algunos. No, es peor que eso. Claro que ha habido un proyecto: por arriba, la disolución del horizonte nacional en el magma económico y geopolítico de la Unión Europea y la OTAN; por abajo, la fragmentación del poder en la red de neofeudalidades autonómicas con sus correspondientes cacicazgos económicos, políticos, mediáticos, etc. Esas dos han sido las constantes de la política española durante casi cuarenta años. Un tiempo en el que el poder se ha olvidado de lo fundamental: la comunidad política y su necesidad de supervivencia, porque sin comunidad política no sólo no hay democracia posible, sino que ni siquiera hay futuro viable para la nación. Nada ha habido más expresivo de esa ausencia de horizonte que el rostro del presidente Rajoy ante la pregunta de un periodista sobre la eventual pérdida de la nacionalidad española. Lo terrible no es que Rajoy no conociera la reglamentación técnica de esas cosas; lo verdaderamente terrible es que no supiera contestar con un simple “España no se rompe”.

Falta grandeza. Falta sentido del Estado. Falta sentido de la Historia. Faltan en el gobierno de Rajoy y han faltado en todos los gobiernos anteriores. Es exactamente eso lo que hay que recuperar. Y no, no es demasiado tarde. Nunca es demasiado tarde.

Así vemos el mundo en Gaceta.es. Todos nuestros editoriales aquí

Elecciones catalanas: espectáculo patético
Mario Conde  www.gaceta.es  25 Septiembre  2015

Da pena, por decir algo, además de rabia, el espectáculo que nos han montado con las elecciones del domingo que viene en Cataluña. Años perdidos dejando en manos de los independentistas la manipulación histórica y el control de los medios para estimular un sentimentalismo edificado sobre la pura y dura mentira y muchas medias verdades. Una renuncia a hacer lo que debieron hacer y algo tan sencillo como no permitir que esas elecciones se celebraran. ¿Acaso no existía otra solución diferente a la barbaridad que quieren hacer con el Constitucional? Dicen, claro, que esa ley es contraria a la Constitución, pero ¿quién va a decir que es inconstitucional? ¿El propio Tribunal Constitucional sobre sí mismo?. Es que, de verdad….

¿Por qué no han declarado ilegales a los partidos políticos que propugnen la independencia? No es tan extraño ni repugna que eso pueda suceder, pero si alguien tiene escrúpulos, ¿por qué no declarar ilegales a los partidos o a las coaliciones electorales que propugnen la secesión o la independencia por métodos contrarios a la Constitución? Con esto la coalición Juntos Por el Si tendría que acudir a la sala 61 del Tribunal Supremo y asunto concluido. Y a seguir

Y ahora, en unos quince días desplegando todos los esfuerzos de líderes europeos opinando mal, tergiversando declaraciones de Juncker, diciendo a la banca que opine —nada mas contraproducente– un gobernador del Banco de España enloquecido que dice que va a existir un corralito, y luego dice que no dijo lo que dijo, un presidente del Gobierno que vacila ante la nacionalidad de los catalanes españoles, confundiendo nacionalidad y ciudadanía, representantes de la cultura que dicen ahora, dos días antes, no se qué de no se cuánto, un ministro de exteriores debatiendo sobre independencia antes de la votación, concediendo carta naturaleza a que se vota sobre independencia/no independencia...…En fin, que en las filas del independentismo comprueban el desconcierto, el caos, el no saber qué hacer, la inoperancia, la estupidez en las filas de los no independentistas liderados por el Gobierno y su terminal de hoy el diario de Prisa que no para de intentar desmantelar a los independentista sin querer darse cuenta de que no solo ya no es ni la sombra de lo que fue sino que sus admoniciones en contra se transforman automáticamente en a favor de aquellos a quienes atacan. Todo un cuadro realmente patético.

Ahora resulta que se dan cuenta y quieren razonar lo que algunos venimos diciendo desde hace tiempo: que estas elecciones son fraudulentas, que es un referéndum trucado, que no debieron celebrarse, que en todo caso no aportan legitimidad para declarar la independencia…Que si, señores, que sí, que lo sabemos, pero ¿es que lo han entendido ustedes ahora? ¿Es que ahora caen en la cuenta? Pues si en un asunto como la independencia se percatan de la realidad tan tarde, no se yo que barbaridades harán en los asuntos mas ordinarios.

Están perdidos. Los independentistas siguen su hoja de ruta, la que algunos sabemos y denunciamos ya hace años, y nos tomaban por visionarios. Pues ahí tienen la visión. Si ganan, como parece, van a la Declaración Unilateral de Independencia. Van a iniciar un proceso con total y absoluta seguridad. Y ¿qué proceso iniciará el Gobierno? ¿Qué va a hacer? De momento nada. En el mejor de los casos expedir literatura barata. Patético.

La tenaz construcción de la discordia
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  25 Septiembre  2015

Recordaba ayer el pintor Eduardo Arroyo en un diario de Madrid una sabrosa anécdota que vale más que muchos análisis sesudos (y sesgados) sobre la supuesta complejidad del llamado problema catalán. En una ocasión, cuenta Arroyo, los Pujol (los papás de los hermanos Dalton, por supuesto) transmitieron al galerista del pintor un comentario («Creo que expone usted artistas españoles») del que aquel no tardó en extraer las oportunas consecuencias: Arroyo hace más de una década que no expone en Cataluña.

Otra anécdota protagonizada por el honorable expresidente, que de honorable no tiene más que el título, certifica el origen del drama que se vive en Cataluña. Un día me dijo Pujol, cuenta Borrell: «Usted no es catalán, usted ha nacido en Cataluña», y yo le contesté, «¿Y usted quién carajo es para repartir carnés de catalanidad?». Josep Borrell Fontelles, quien no es catalán según Pujol, nació en Puebla del Segur (Lérida) y ni sus apellidos ni su acento permiten albergar sobre su origen duda alguna. Pero Borrell, ¡ay!, no es nacionalista, lo que quiere decir que para los nacionalistas ha perdido por ello su condición de catalán.

Si todos los catalanes fueran nacionalistas (o, lo que para estos es lo mismo, buenos catalanes), el desafío independentista sería un simple enfrentamiento entre España y Cataluña, que es como, pese a la tozuda realidad, al secesionismo le obsesiona presentarlo. Y es que el nacionalismo es minoritario en Cataluña (el 41 % se declaran nacionalistas frente a un 57 % que afirman no serlo según la última encuesta realizada por el CIS), lo que ha dado lugar a que la minoría activa que impulsa la marcha hacia el abismo separatista presione sin tregua a la mayoría no nacionalista, ya durante años socialmente amedrentada, para que se una y se despeñe con ella si no quiere pasar por traidora a su país.
Publicidad

El próximo domingo sabremos cuál es el resultado final de esa innoble presión, que se ha hecho ahora insoportable, pero que forma parte del proceso de construcción nacional (fer país, en su versión más edulcorada) en el que el nacionalismo catalán, haciendo gala de una deslealtad constitucional realmente pavorosa, se embarcó desde el momento mismo en que tuvo en sus manos el instrumento para hacerlo: el inmenso poder que le dio la autonomía.

En todo caso, y aunque en las elecciones autonómicas fracasaran los independentistas, ese indesmayable proceso de construcción de la discordia civil dejará para muchos años una huella en la sociedad catalana muy difícil de borrar. Tal será, a la postre, la trágica herencia de Artur Mas: un país profundamente dividido, en el que los mutuos recelos (cuando no el odio abierto) entre vecinos, amigos e incluso familiares se ha instalado con la misma potencia que tiene la carcoma para devastar, silenciosamente, todo lo que toca.

Kosovo, pasado y presente
Vicente Baquero  www.gaceta.es  25 Septiembre  2015

Habría que destacar ciertos antecedentes y circunstancias que de alguna manera deberían servir de aviso y recomendar suma prudencia a la hora de emitir opiniones o emitir juicios precipitados a la hora de pontificar a favor o en contra de determinadas naciones. Es necesario ser ecuánimes y prudentes a la hora de valorar o incluso intentar juzgar a sus habitantes o sus conductas ante ciertos desafíos demográficos.

Los Balcanes y zonas adyacentes siempre han sido regiones muy conflictivas, lugares donde se han sucedido guerras, invasiones y atropellos sin tasa sobre sus habitantes. Regiones en donde la pertenencia a un determinado grupo religioso adquiere unas dimensiones de identidad ciudadana que cualquier ataque a esa esencia cultural, despierta reacciones incalculables dada la sensibilidad de la cuestión, puesto que lo que se pone en juego es la propia supervivencia del grupo.

Un ejemplo típico de la insensibilidad de Europa Occidental, fue y es el tratamiento que se ha dado al tema de la independencia de Kosovo. Un abuso y una ofensa sin paliativos a los serbios. Es cierto que los serbios estaban practicando unas “limpiezas étnicas”- masacres de bosnios musulmanes – a las que había que poner fin, pero eso no justifica el que haya que darle la independencia a una provincia que fue serbia desde tiempos inmemoriales y que dentro de su mitología nacionalista constituye uno de sus raíces más significativas.

Kosovo es una región donde se hallan monumentos: monasterios y lugares relacionados con la nación Serbia y sus héroes nacionales desde el siglo VII hasta su derrota final frente a los islámicos en 1389, precisamente en el “campo de los Mirlos” en el corazón de Kosovo, donde pereció la flor y nata de su pueblo y parte de, de los búlgaros, ante el alud del ejercito de Murad, y que a partir de ese momento tuvieron que sufrir el vasallaje y la opresión del poder Otomano quinientos años. Un calvario en el que se vieron humillados sin tasa, durante generaciones, forzados a luchar en sus ejércitos, sus hijos raptados para servir al sultán y sangrados a impuestos, requisas y expolios constantes. A pesar de ello sobrevivieron sin rendirse. Los bosnios y albaneses se rindieron y convirtieron al Islam siendo los privilegiados política y económicamente de los Balcanes mientras duró la hegemonía otomana. Es preciso insistir en que nos referimos al Imperio Otomano y no turco, pues estos constituían una minoría dirigente y dominante, el resto eran de orígenes diferentes cuyo único lazo en común era la religión musulmana. De ahí el odio atávico hacia lo islámico en esa parte del mundo. Es verdad que todo esto parece estar muy lejos de la realidad contemporánea y constituye ese material de que están hechos los mitos y leyendas, pero no hay que negar que esas cuestiones pesan en el inconsciente colectivo de un pueblo y que es preciso respetar para no ofender. Mucho más si hablamos de fronteras, que esas si son actuales. Las ideas, los sentimientos y las emociones cuentan, aunque sean antiguas creencias o irracionales, más aún cuando tienen una base objetiva histórica. Si así no fuera, nadie se jugaría la vida por sus ideas y eso es una realidad innegable. Por eso pretender arrebatarle a Serbia la región de Kosovo, emocionalmente, fue un tremendo error, y ese error fue en gran medida lo que encendió el odio que les condujo a las matanzas de albanesas.

Con la Yugoeslavia comunista de Tito, daba igual, pues todos estaban sometidos a la dictadura del partido, y esas diferencias estaban sumergidas por la fuerza del régimen. Pero en la Albania comunista, había una dictadura tan feroz, la de Enver Hoxca, que sus habitantes huían en gran número hacia la más benévola dictadura de Tito, donde este les permitió asentarse. Mientras duró la dictadura no hubo problemas, al menos importantes, pero cuando esta se acabó, resulta que el número de albaneses musulmanes en Kosovo era lo suficientemente grande como para que una parte de esa población foránea reclamase una cuasi soberanía albanesa sobre Kosovo. Ahí fue donde la minoría restante serbia decidió emprender la terrible y brutal eliminación de grandes sectores de la población albanesa. Es lógico evitar la matanza, Europa no supo ver ni resolver el problema, y tuvieron que intervenir los EE.UU.

Una vez finalizado el conflicto, la Unión Europea, que fue incapaz de resolverlo por sí sola, cometió un error garrafal que fue reconocer a Kosovo como nación independiente. ¡Para colmo una nación independiente de corte musulmán de nuevo establecido en su territorio, por la simple razón de que eran mayoría y se habían ido refugiando en su territorio a lo largo de los años! España por cierto por razones evidentes nunca reconoció tal derecho nacional, pero eso, a la dirección de la UE, no les importo, fueron adelante dejando semejante precedente explosivo en el corazón de Europa.

¿Podemos extrañarnos de que las poblaciones de ciertos países y sus legítimos gobiernos se nieguen a dar asilo a masas de población musulmana provenientes del este? ¿Acusarles de falta de solidaridad cuando hace pocos años la propia UE impuso la ocupación de Serbia por albaneses en base a criterios “democráticos” puro recuento de votos…?


Después de las últimas dos guerras creo que los países del este, en general, no se fían demasiado de la palabra o promesas de protección de las naciones que hoy ejercen la dirección de la UE. Al menos cuando están en juego cosas tan esenciales como su forma de vida. No es que la UE no pueda funcionar, es que es necesario que las poderosas naciones occidentales tengan memoria y practiquen un ejercicio de comprensión hacia sensibilidades peculiares del devenir histórico de estos europeos, porque lo son, tanto o más que los que les acusan.

¿Ciudadanos liberales? (V)
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com  25 Septiembre  2015

Ciudadanos ya ha presentado hasta la fecha sus propuestas económicas para luchar contra la crisis, para promover la empresa y la innovación, para cambiar la fiscalidad y para reformar la educación. Hace unos días, la formación política publicó sus recetas para enfrentarse a la corrupción y al capitalismo de amiguetes. Junto al de educación, se trata de su documento más detallado y completo, repleto de propuestas bastante específicas para reformar el entramado institucional español.

A la postre, Ciudadanos reconoce desde el comienzo que las instituciones son la clave para la prosperidad económica de cualquier sociedad: las instituciones inclusivas que respetan las libertades de las personas y que no privilegian a ningún grupo humano favorecen el desarrollo económico y, en cambio, las instituciones extractivas que habilitan la coacción y el parasitismo de unos individuos sobre otros lo erosionan.

En este sentido, Ciudadanos defiende la instauración de un "buen gobierno" que sea transparente, ecuánime y previsible, que ofrezca servicios públicos de manera eficiente y que favorezca el dinamismo económico: un "buen gobierno" que no sufra ni de corrupción interna (captura del Estado por la burocracia) ni de corrupción externa (captura del Estado por lobbies).

Para lograr esta regeneración institucional, la formación política pretende generar un cambio de valores entre la población (protección de los delatores que denuncien la corrupción, supresión del aforamiento, responsabilidad patrimonial de los corrupción, mayor transparencia de las administraciones, limitación de las puertas giratorias y potenciación de una sociedad civil independiente de la financiación pública) y una reforma de las principales estructuras del Estado (democratización y auditoría continua de los partidos políticos, prohibición de la libre designación de cargos públicos, restricción de la discrecionalidad municipal en la asignación de contratos púbicos, regulación de los lobbies, garantía de la profesionalidad e independencia de los organismos supervisores y creación de nuevas autoridades reguladoras de los sectores oligopolísticos y de los productos financieros complejos).

Un amplio paquete de reformas con las que se compromete a transformar las instituciones para que constituyan un marco imparcial de convivencia y no un mecanismo para ocultar la captura coercitiva de rentas y de prebendas.

El mejor gobierno, el menor gobierno
El establecimiento de un marco normativo que vertebre las bases comunes de la convivencia es un propósito que entronca perfectamente con el liberalismo. No en vano, el liberalismo parte de la igualdad jurídica de las personas: de su simétrica libertad para desarrollar su proyecto vital y de la inexistencia de un derecho natural de algunas personas a que gobiernen (y exploten) a otras. Dicho de otro modo, el liberalismo busca una convivencia basada en el imperio de la ley y no en el imperio de los hombres: no en el mandato arbitrario de unas personas sobre otras, sino en normas universales que, buscando maximizar la autonomía de cada individuo, habiliten y limiten las interacciones de todas las personas por igual.

Por consiguiente, muchas de las reformas que propone Ciudadanos para facilitar el control interno y externo de los abusos gubernamentales concuerdan bastante bien con los principios del liberalismo. Toda reforma dirigida a impedir la arbitrariedad del poder político (o de aquellos grupos que teledirigen al poder político) y a fiscalizar el ejercicio de su potestad discrecional favorece el imperio de la ley por encima del imperio de los hombres. Sin embargo, una de las idea políticas centrales del liberalismo con respecto a la interdicción de los abusos gubernamentales de poder se halla del todo ausente en el documento marco de Ciudadanos: a saber, que la mejor manera de controlar el abuso de poder es limitando el poder y que, por tanto, el mejor gobierno es el menor gobierno. La razón para ello es doble y afecta tanto a la forma en la que se materializa el poder cuanto al fondo por el que se despliega.

En cuanto a la forma: para que el poder político sea formalmente fácil de controlar por parte de la ciudadanía (control externo) es necesario que sea un poder simple. Cuanto más compleja y burocratizada se vuelve la organización del poder, más opaco, ininteligible e inabarcable resulta para la población. Y para que un poder sea simple, debe contar con muy pocas atribuciones, dado que a mayores funciones, más compleja deberá ser su estructura. Dado que Ciudadanos no promueve ninguna reducción significativa del poder político, la mayor parte de sus propuestas para controlar los abusos de poder pivotan sobre la autotutela, esto es, sobre el control interno: Ciudadanos aspira a incrementar el número de organismos, comisiones, agencias, oficinas, tribunales e interventores burocráticos que fiscalicen al Estado desde dentro del propio Estado. Los pesos y contrapesos se construyen en el interior de la bestia, confiando en que los intereses del controlado y el controlador no se alineen y coaliguen para instrumentar a esa bestia en su propio beneficio mancomunado y en contra del resto de la ciudadanía.

Pero las dificultades para que el Estado se autotutele son más que evidentes. Primero porque, en última instancia, el nombramiento de la dirección de tales organismos fiscalizadores dependerá de los políticos a los que se pretende fiscalizar: y éstos evidentemente tendrán un fuerte incentivo a torcer en su propio provecho los procedimientos pretendidamente imparciales para nombrarla. Segundo porque, en tanto se mantenga el poder político, los beneficiarios del mismo intentarán monetizarlo sorteando a aquellos órganos internos fiscalizadores por muy independientes que sean. Y tercero, porque tales organismos fiscalizadores también pueden corromperse al igual que se corrompen los propios políticos.

Por ejemplo, Ciudadanos muestra su preocupación por las puertas giratorias, dado que son una forma de corrupción diferida: un político favorece regulatoriamente a una empresa y ésta lo recompensa con un suculento puesto en el Consejo de Administración. Para luchar contra las puertas giratorias, Ciudadanos propone crear una Oficina de Conflicto de Intereses que elabore informes públicos sobre posibles incompatibilidades, así como prohibir que un político regulador trabaje para la empresa regulada durante un período prudencial lo suficientemente largo. No obstante, es bastante evidente que una Oficina de Conflicto de Intereses cuyo presidente esté nombrado por el Congreso podrá seguir tomada por "la casta" que controle el Congreso; y también es bastante evidente que existen muchas formas directas e indirectas de recompensar a los políticos que van más allá de ofrecerles un puesto en el consejo de administración. En realidad, la mejor forma de acabar con las puertas giratorias es disminuir, hasta el punto de eliminar, la potestad política para regular tales sectores económicos (esto es, la potestad para que un político asigne beneficios y pérdidas en un sector económico al margen del mercado).

En cuanto al fondo: el poder político no es sólo arbitrario cuando el gobernante instrumenta al Estado en su privativo provecho (o en el de la burocracia o en el de los lobbies), sino también cuando se instrumenta en favor de las mayorías electorales. El imperio de los hombres también puede prevalecer por encima del imperio de las leyes cuando algunos hombres (aunque sean mayoritarios) instrumentan las leyes en su beneficio. El liberalismo no sólo pretende proteger a las personas de la tiranía de los políticos, de los grupos de presión o de los burócratas, sino también de la tiranía de las mayorías. No sólo las élites son extractivas: también las plebes pueden serlo. Si aspiramos a un marco normativo verdaderamente universal e imparcial, la potestad intervencionista del Estado para alterar ese marco al que el propio Estado y las mayores deben someterse habrá de reducirse a su mínima e imprescindible expresión.

Por ejemplo, que un político decida otorgarle un monopolio a una empresa privada porque espera que ésta le termine recompensando con cuantiosas rentas futuras es rechazable porque un grupo de personas (accionistas y resto de stakeholders de la compañía privilegiada) está obteniendo privilegios parasitarios sobre el resto. Pero que un político decida otorgarle un monopolio a una empresa privada porque así se lo ordene una mayoría de ciudadanos también es rechazable porque ese mismo grupo de personas siguen obteniendo privilegios parasitarios sobre el resto. Que la mayoría esté a favor del parasitismo (ya sea por convencimiento, manipulación, seducción o soborno) no legitima el parasitismo y no convierte en menos extractivas a las instituciones resultantes.

Ciudadanos ha promovido una reforma institucional cuyo propósito es que el mandato de las mayorías ciudadanas a sus representantes no se vea distorsionado por el ruido ni de la burocracia ni de los lobbies, pero no se ha preocupado en absoluto por evitar que el Estado destruya el marco imparcial de convivencia con la connivencia de coaliciones electorales mayoritarias.

Una omisión consciente
Acaso pueda pensarse que, si bien el documento presentado por Ciudadanos no tiene objetivos tan ambiciosos como los anteriores, ello no equivale a que su filosofía de fondo sea incompatible con la aquí expuesta. Básicamente, uno podría aducir que Ciudadanos persigue a medio plazo objetivos realistas y moderados que no afectan a los más radicales objetivos de largo plazo que persigue el liberalismo: mejor gobierno por ahora, menor gobierno más tarde.

Sin embargo, Ciudadanos es bastante contundente en su promoción de un gran Gobierno sometido a la arbitraria voluntad de la mayoría: "En el núcleo del problema del mal Gobierno español está la falta de imparcialidad de los gobernantes: en gran medida se dedicaron a defender sus intereses en detrimento de los de la gran mayoría". La imparcialidad normativa que defiende Ciudadanos no es la de un marco universal y general que no promueva los intereses de nadie en particular a expensas de los del resto —un marco normativo al que incluso la mayoría deba someterse—, sino la parcialidad normativa de las mayorías electorales. No el imperio de la ley, sino el imperio de la mayoría de hombres.

Por eso, además, la defensa de una economía de mercado no es principial, sino instrumental. El mercado no es legítimo porque sea el marco económico voluntario, sino porque es el mejor mecanismo para crear riqueza dirigida a ser redistribuida por el Estado: “no es posible preservar e incluso ampliar el Estado del Bienestar, una aspiración que todos compartimos, sin una economía de mercado pujante, basada en la iniciativa privada, en la competencia y en el esfuerzo individual de empresarios y trabajadores”. Pero bajo semejante prisma, también será legítimo quebrantar el mercado —esto es, la libertad de las personas en su esfera económica— siempre que una mayoría de votantes así lo reclame. Que el político abuse de su poder porque una minoría (por ejemplo, un lobby) se lo exija debe ser impedido; que un político abuse de su poder porque una mayoría ser lo exija debe ser protegido.

Conclusión
Como en ocasiones anteriores, no se trata de que muchas de las propuestas planteadas por Ciudadanos no puedan resultarles atractivas a los liberales: probablemente, también en esta rúbrica, sean las recetas más atractivas de entre todas las grandes formaciones políticas. Pero, de nuevo, no son reformas que entronquen con la tradición de pensamiento liberal. Ciudadanos renuncia explícitamente a luchar contra la corrupción de la manera más eficaz y liberal en que puede lucharse: reduciendo el poder del Estado y, por tanto, la existencia de estructuras de poder socialmente legitimadas para parasitar y extraer rentas a unos ciudadanos en beneficio de otros (ninguna otra institución posee hoy en Occidente suficiente legitimidad social para comportarse de ese modo y, por tanto, la pervivencia de un gran gobierno constituye el mejor mecanismo para legalizar socialmente la corrupción). Su receta consiste en promover la autotutela del Estado para garantizar que el mandato de los electores no se vea desvirtuado: pero ello deja abierta la puerta no sólo a que el Estado no se autotutele, sino a que el mandato de los electores sea un vehículo para la macrocorrupción institucional.

Ciudadanos, por consiguiente, se consolida como una opción socialdemócrata moderna: una que pretende combinar una economía de mercado medianamente funcional con un Estado fuertemente intervencionista a la hora de redistribuir la renta pero no a la hora de interferir torpemente en su creación originaria. Una socialdemocracia que huye del mercantilismo y que, al hacerlo, guarda puntos en común con el liberalismo pero sin ser propiamente liberalismo.

Nota: Esta semana se ha publicado #Ciudadanos. Deconstruyendo a Albert Rivera, donde se analiza el fenómeno de este partido político desde la perspectiva de diversos analistas entre los que tengo el placer de figurar.

Cataluña, caput Hispaniae
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com  25 Septiembre  2015

Apuntar que el empeño de miles de catalanes en dejar de ser españoles es un rasgo inconfundiblemente español, es algo más que una paradoja, díganme, si no, en qué otro lugar de Europa, o del universo mundo, se podría encontrar un fenómeno similar, gente que razona sobre la base de que “no se siente” española y de que, además, no le conviene seguir siendo española porque “España les roba”. Ese empecinamiento en una falsedad que a nada conduce lo que puede considerarse genuinamente hispánico, y no para presumir. La ley no cuenta, la realidad no existe, sólo importa el deseo y el propio gusto, a los demás que les zurzan.

Fernando Trueba, catalán ad honorem
El mismo razonamiento, pretendidamente irónico y humorístico, con el que se despachó Trueba a la hora de recibir un premio nacional, que, como todos los de su especie, es tan inane como arbitrario, produjo la esperpéntica justicia de dar un premio genuinamente español a un español que prototípicamente manifiesta no haberse sentido español ni por cinco minutos. Ese desprecio suficiente y arrogante por lo que nos une es nuestra mayor desgracia, nuestra peor irresponsabilidad, y la raíz de tantos disparates como hemos de soportar a diario.

Pues bien, esta surrealista reconciliación de la España oficial con los oficialmente no españoles es lo que nos piden los que quieren hacer una nación extranjera repleta de españoles de nacionalidad, por lo que pueda tronar, pero, de la misma manera que Trueba se llevó unas decenas de miles de euritos, llevándose el ajuar, la despensa y olvidándose de las facturas pendientes, que son tan discutibles como la unidad de la Nación. Tanto con Trueba como con Junqueras, y su pareja de baile, García-Margallo, esa especie de ministro Don Cicuta que se aprestó a discutir con el separatista, como si hubiese algún argumento pendiente, se produce la petición de principio de considerar tontos a los espectadores, que en ocasiones, hasta aplauden el insólito espectáculo de quien se burla de ellos de manera tan escasamente valiente como ayuna de cualquier ingenio memorable.

Un, dos, tres, repita otra vez
Detrás de la forma en que se han planteado las elecciones del próximo domingo, abundan los que esperan que se pueda repetir cuantas veces sea necesario este espectáculo de enfrentamiento, falsa reconciliación y extorsión renovada. Y es a eso a lo que debiéramos decir que no, porque no se puede volver a premiar la deslealtad, la insolidaridad y el desprecio de las reglas del juego para seguir obteniendo beneficios. Lo que ocurre en Cataluña es una muestra especialmente hiriente de lo que nos pasa a todos, una clase política que se maneja de manera absolutista con vestimentas democráticas, que se ocupa, casi exclusivamente de sus cosas, y que trae al país, que tontamente les ríe las gracias, por la calle de la amargura, en plena ignorancia de lo que le cuestan todos los festines oficiales, todos los aeropuertos sin tráfico, todos los AVES que no llevan pasajeros y no van a ninguna parte, todos los Museos de arte contemporáneo, vacíos de obra y de público, todas las universidades y hospitales fuera de lugar, porque entre nosotros se ha desarrollado de manera absolutamente ejemplar ese ideal del despotismo ilustrado, del populismo aparentemente responsable y civilizado, que ensalza las necesidades y los deseos del pueblo pero resuelve siempre a favor de los que están en el ajo.

Sin solución
El problema catalán no tiene solución en los términos reales en los que se plantea, su tratamiento dentro de las mismas coordenadas, no puede ser menos ambiguo que el supuesto debate entre Junqueras y García-Margallo, un debate entre colegas y pícaros en el que nada podía sustanciarse.

Nuestra única solución está en algo que apenas se lleva, en la democracia, y eso no puede ser otra cosa que el respeto a la ley, a sus formas, a sus plazos, a sus principios, sin que ser catalán o no sentirse español pueda eximir de nada. Si optásemos por ese camino, que es el único con un horizonte de libertad y de convivencia sin falsas salidas, tendremos que revisar muchas cosas, pero habrá que hacerlo sin poner en riesgo las más esenciales, las pocas mínimamente sólidas que tenemos, los fundamentos de la Constitución. Cabrá, pues, debiera de caber, una consulta a los catalanes, o a los de Vitigudino, sobre sus deseos más o menos emancipatorios, porque lo que no puede ser es que se consagre una independencia de facto sobre la base de que aquí no ha pasado nada y hemos logrado un pacto con los queridos nacionalistas catalanes, con el colega Junqueras y el saltimbanqui Mas, o el que pongan en su sitio. El ejemplo de lo que se ha hecho en Canadá con los separatistas quebequenses debiera ser suficientemente elocuente para acabar de una vez por todas con la pejiguera separatista de la clase política catalana, y de paso con algunas otras más emboscadas.

España, sin suerte
En un momento histórico en que habría que poner a pleno rendimiento los resortes republicanos de una democracia en serio, que puede ser razonablemente compatible con la forma histórica de la Monarquía española, si la Monarquía supiere estar, como sería lógico, a la altura de sus exigencias y posibilidades y renunciase al borboneo, los españoles estamos teniendo la mala ventura de un rebrote de populismos mesiánicos, de gente que promete el Paraíso por tres pesetas. Si los electores supieran librarnos de ese estúpido mal, cabría esperar que la clase política optase por afeitarse las barbas a tiempo, como lo hizo, sin duda, en la Transición, y supiese dar un paso firme hacia una democracia más exigente y más madura, con independencia de poderes, con trasparencia fiscal, con juego limpio y haciendo que los partidos no sean meros juguetes de los líderes de ocasión, porque de tal modo dejan de servirnos a los ciudadanos.

La forma en que se han liquidado las posibilidades de una UPyD que parecía ser una de las vías de reforma del sistema, debiera enseñar a los nuevos líderes cuáles son los límites que no deben traspasar en su proceso de endiosamiento, pero no está claro que la suerte vaya a acompañarnos en este proceso de mejora a partir de la experiencia, especialmente si los ciudadanos, por miedo o por comodidad, persisten en dejar, exclusivamente y sin ninguna clase de control, en las manos de quienes nos gobiernan como representantes nuestros algo que, sin duda, ha de ser responsabilidad de todos. Decía Baroja, creo que con acierto, que lo que había que explicar no es que los españoles hayamos perdido un Imperio, sino el que hayamos podido conservar los pantalones, y ese seguirá siendo el caso mientras los ciudadanos continúen apostando por la absoluta pasividad y el desentendimiento en las tareas que hacen grande, o empequeñecen, a una Nación, de forma que es mucho lo que todos nos jugamos el día 27, pero más todavía cada día de los que han de venir después.

La felicidad que da estar en la UE
A
RACELI MANGAS MARTÍN El Mundo  25 Septiembre  2015

La Constitución de Cádiz de 1812 proclamaba, siguiendo la estela de la época de la Revolución francesa, que «el objeto del Gobierno es la felicidad de la nación». Desde luego, catalanes y resto de españoles de las demás Españas no podemos decir que nuestra contentura sea plena en estos años, ya sea por la crisis económica (amén de la corregible corrupción), ya sea de tribulación por la amenaza del nacionalismo populista a la convivencia y bienestar de todos.

La integración de España en la Unión Europea supuso lograr una meta colectiva de «felicidad» en el sentido del más alto grado de bienestar e igualdad que nunca tuvimos en nuestra Historia. Para los ciudadanos de los estados miembros, para más de 500 millones de seres humanos, la UE ha sido la red de salvación que ha logrado nuestra felicidad colectiva en la historia presente y futura.

Lo saben bien tanto los catalanes como sus líderes. Por ello, los dirigentes independentistas catalanes siguen lanzando conscientemente falsos mensajes para que los ciudadanos catalanes no conozcan las consecuencias fatales de la independencia en su estatuto europeo.

"La ciudadanía que vive en Cataluña merece conocer la verdad cuando elige una lista electoral y su programa"

'Manca finezza' en el entorno independentista. Les falta finura jurídica y ética cuando mienten histéricamente con el mantenimiento de Cataluña dentro de la UE y que se encontrará una solución a un «problema político». Ocultan que la aplicación de los tratados se regula por el Derecho internacional, que no es una mera cuestión política. Es Derecho, el imperio del Derecho.

Sobre las lagunas del Derecho. No se puede seguir mintiendo a los catalanes diciendo que los Tratados de la UE no regulan ni prohíben la secesión de un territorio. No es competencia de la UE regular el incremento o disminución del territorio de los Estados miembros, entre otras cosas porque la UE no tiene territorio sino un ámbito territorial de aplicación -movible- de sus tratados. Una cosa es que nunca haya habido una secesión dentro del territorio metropolitano de un Estado miembro de la UE y otra cosa (la mentira) que no haya reglas claras aplicables.

Los Tratados, como normas de Derecho internacional, regulan dónde se aplican las reglas de la UE con todos sus beneficios y obligaciones: el art. 52 TUE enumera por su nombre a cada Estado miembro, España junto a 27 Estados más; los Tratados sólo se aplicarán en el territorio que tiene (o tenga) España y permite, además, modulaciones en territorios bajo soberanía (art. 355 TFUE). En consecuencia, las normas de la integración no se aplican a estados terceros (todos los estados existentes o por nacer que no están en esa lista), ni a los territorios que dejan de ser de soberanía de un Estado miembro. Desde el entrañable Derecho Romano al Convenio de Viena sobre el Derecho de los Tratados (art. 34), los tratados ni obligan ni benefician a los terceros ('pacta tertiis nec nocent nec prosunt'). No hay lagunas.

Por ello, también, con carácter general todos los tratados constitutivos de organizaciones internacionales de los que es parte España (ONU, OMC, OIT, OTAN, FMI, OMS, FAO...) dejarían de aplicarse en una hipotética Cataluña independiente. Y toda la red de tratados bi o multilaterales.

Los Tratados de la UE se aplican en el territorio de los estados miembros, tanto se aumente (unificación alemana) como se reduzca. El denominado principio de movilidad de los tratados (se «mueven» con la evolución del territorio de cada Estado parte) es una norma objetiva de Derecho internacional aplicable en el marco del Derecho de la UE. Aunque cada organización internacional establece sus propias reglas de ingreso de todo nuevo Estado, con carácter general no se admite que el Estado sucesor o nuevo herede los derechos del Estado matriz o predecesor. Es de manual. Los caudillos independentistas ¿no tienen quien les asesore en Derecho internacional con conocimiento de causa o no se dejan asesorar?

"Todos los tratados constitutivos de organizaciones internacionales de los que es parte España dejarían de aplicarse en una hipotética Cataluña independiente"

No hay un precepto en los Tratados que regulen los efectos de una secesión para la UE, claro, porque se regula por el Derecho internacional general -consuetudinario- y el Derecho de la UE es un subsistema subordinado a aquél. Si un Estado pierde territorio, en el territorio escindido se dejan de aplicar los Tratados, todos los tratados. No es nada nuevo al calor de las elecciones del 27-S; ya estuve entre los primeros en decirlo públicamente en una Tribuna en este mismo periódico (15 de octubre de 2012) y poco después en paralelo con el caso escocés (20 de febrero de 2013) y con más detalle en revistas científicas.

Sobre la expulsión. Manipulan con desparpajo la realidad normativa cuando dicen que la Unión Europea no puede expulsarles endosando a la UE una acción que ellos mismos producen (endosar a otro los propios actos, uno de los 11 principios de la propaganda del nazi Goebbels). Claro que no, nadie les expulsa ni de España ni de la UE; de entrada, la UE no está facultada para expulsar a los Estados. Ante todo, Cataluña no es un Estado miembro, luego es cierto que no puede ser expulsada por que ni está como entidad soberana separada ni se le espera. Todavía estos días hablaban de que no se les puede negar el «reingreso». Nunca ha ingresado Cataluña; ingresó España. No tendrá opciones de ingresar un territorio de un Estado miembro que se escinde en violación de la identidad constitucional del Estado del que forma parte y sin el amparo o fundamento del Derecho internacional.

Simplemente, lo que sucede en la hipótesis de una independencia consumada es que dejaría de aplicarse en su territorio el Tratado (movilidad al restringir su ámbito territorial) todo el sistema de integración, desde la libre circulación y residencia de personas, de mercancías libres de arancel, los sistemas de subvenciones y financiación de las políticas o el euro y la liquidez del Banco Central al estatuto de ciudadano de la UE en los territorios escindidos de los estados miembros. Y sólo son ciudadanos de la UE los que tienen la nacionalidad de un Estado miembro -lo dice expresamente el Tratado-. La UE no expulsa ni les priva de la ciudadanía de la UE: se produce ipso iure al perder la nacionalidad de un Estado miembro, ya sean uno o siete millones. Otra vez, es el Derecho.

Su desprecio por el Derecho internacional y europeo demuestra ignorancia enciclopédica del valor del Derecho en la integración europea, además de mala fe y demagogia que prende bien en una parte de la opinión pública fanatizada por el aparato de propaganda oficial del Govern, digno de Goebbels y sus famosos 11 principios que siguen fervorosamente (adoptar una idea única y un único enemigo; el método de contagio; trasponer a los otros los propios errores -ellos roban a los catalanes/espanya ens roba-; exagerar; repetir la mentiras; silenciar a los adversarios; excitar actitudes primitivas a partir de una mitología nacional basada en un complejo de odios y prejuicios...). Algo de razón tenía el ex presidente González cuando veía en el nacionalismo independentista un resurgimiento del totalitarismo del pasado siglo. No llegarán a la parafernalia ni brutalidad de entonces pero su esencia es la misma: no compartir procesos políticos con quienes tienen una lengua, cultura o tradiciones distintas, imponen un pensamiento único y exaltan hasta el paroxismo su fanatismo patriótico en el sistema educativo o en las manifestaciones callejeras o deportivas. Déjà vu.

La ciudadanía que vive en Cataluña merece conocer la verdad cuando elige una lista electoral y su programa. Los catalanes tienen el derecho a la felicidad de seguir compartiendo un proyecto solidario en la Unión Europea que, pese a sus carencias y defectos, nos hace a todos, españoles y europeos más libres e iguales.

Araceli Mangas Martín es Catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales (Universidad Complutense). De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Sobre el futuro de Cataluña
MANUEL CONTHE El Mundo  25 Septiembre  2015

Es probable que el carácter plebiscitario de las elecciones catalanas del próximo domingo y el decidido apoyo del presidente Mas y de su partido a la principal candidatura independentista escondan, como dicen sus críticos, objetivos inconfesables (por ejemplo, ocultar los casos de corrupción y evitar un juicio sobre su gestión). Pero no me detendré aquí en esas motivaciones patológicas, sino que intentaré sopesar, con brevedad, los principales argumentos que animan probablemente a los muchos ciudadanos honestos que defienden posiciones contrapuestas.

Los partidarios de la independencia sostienen que si Cataluña pudiera, como Estado independiente, ser miembro de la Unión Europea, sería un país tan viable como otros muchos de tamaño similar (Bélgica, Portugal, Suecia, Eslovenia...). Tienen razón, pues como defiende desde hace años el economista italiano Alberto Alesina, la integración económica y comercial en la Unión Europea ha hecho viables y prósperos a Estados pequeños, cuyas empresas y mercados ya no se ven limitadas por fronteras nacionales arancelarias, económicas o monetarias, como antaño.

Además, señalan, Cataluña es una nación de larga historia y si, como parte de Aragón, no llegó a ser un Estado independiente fue por circunstancias históricas contingentes. No soy historiador, pero también esta idea me parece fundada y la suelo expresar diciendo que Cataluña, como entidad histórica y política, está probablemente más cerca de Portugal que de Murcia. Es cierto que toda nación es, hasta cierto punto, una creación artificial. Pero también que las constituciones y el Derecho tienen que partir, como tantas veces ha señalado Miguel Herrero de Miñón, de realidades sociales pre-jurídicas.

Para un nacionalista catalán tampoco la marca España es sello distintivo de pertenencia a un Estado influyente o de gran prestigio internacional -como Estados Unidos, Alemania o Suecia- que abra a quien lo exhiba oportunidades empresariales fuera de la Unión Europea o permita, de puertas adentro, disfrutar de instituciones públicas (Tribunal Constitucional, Cortes, Universidad...) de una calidad impensable en una idílica Cataluña independiente. Para un catalán independentista de vocación internacional y con dominio del inglés, la marca España tiene un valor añadido limitado. Y en la medida en que sepa conservar el dominio del castellano, su desvinculación de España tampoco les cortaría por completo los lazos con América Latina.

Finalmente, para muchos votantes nacionalistas Cataluña ha venido aportado al resto de España, en términos fiscales, más de lo que recibe y ese esfuerzo de solidaridad nunca ha sido reconocido: antes al contrario, ha facilitado que otras comunidades se beneficiaran de él y se consideraran con derecho a seguir políticas presupuestarias, fiscales y económicas (p.ej. PER) menos rigurosas que las de Cataluña. No entraré en la compleja polémica sobre las balanzas fiscales y en las ventajas de una caja única para las pensiones, pero no creo que la expresión España nos roba, incluso aunque sea injustificada, deba escandalizarnos a muchos españoles, incluidos bastantes profesionales madrileños de ideología conservadora, a quienes se la he oído decir muchas veces en castellano (con el término metonímico Montoro o Hacienda, en vez de España).

Los partidarios de que Cataluña siga siendo parte indisoluble de España han esgrimido un argumento muy poderoso jurídica y económicamente, pero débil en el terreno afectivo: España y el conjunto de sus ciudadanos tenemos derecho absoluto de veto sobre la independencia de Cataluña, pues sería contraria a la Constitución española y, además, ni el Derecho internacional ni el europeo reconocen el derecho de secesión. Los más versados en Derecho recuerdan que Cataluña, a diferencia de Escocia, nunca gozó de soberanía de origen. A ese irrebatible argumento jurídico le añaden otra certera consideración política: ningún otro Estado miembro de la Unión Europea querría abrir la caja de Pandora de la potencial independencia unilateral de otras regiones europeas.

El argumento del veto español y europeo me parece incontestable: la idea de una Cataluña independiente dentro de la Unión Europea es mera ciencia-ficción. Por eso, que una eventual declaración unilateral de independencia pudiera provocar un corralito o llevar a la deslocalización de grandes empresas no me parece una amenaza, sino el mero corolario lógico de la situación hipotética real en que desembocaría el independentismo. Reconozcamos, no obstante, que el argumento del veto tendría mucha menos fuerza moral si los catalanes partidarios de la independencia fueran una mayoría abrumadora, pues las invocaciones a las leyes vigentes no son, al menos desde tiempos de Antígona, políticamente persuasivas para quienes las consideran injustas.

Por eso, bastantes defensores de la unidad de España añaden a ese argumento jurídico otro moral y constitucional, heredero de la Revolución francesa: el de la igualdad de los españoles, principio que esgrimen no solo frente al independentismo, sino también frente al eventual reconocimiento de cualquier privilegio o ventaja a Cataluña. Esta concepción afloró en los albores de nuestra democracia en Andalucía, cuyos líderes políticos lograron diluir la diferencia efectiva entre las dos vías de acceso a la autonomía que había previsto en la Constitución, imponer el célebre café para todos y difuminar el concepto constitucional de nacionalidades o comunidades históricas. Tuvo un curioso reflejo en 2006 en la enmienda Camps del nuevo Estatuto valenciano, que, a modo de cláusula de la comunidad autónoma más favorecida, obliga a esa comunidad a reclamar para sí cualquier nueva competencia que obtenga otra. Pero el principio de igualdad sigue teniendo hoy su más firme valedora en la actual presidenta de la comunidad andaluza, que lo invoca siempre que puede.

En mi opinión, ese igualitarismo a ultranza o fundamentalismo igualitario, sin matices, tiene gran fuerza política, pero es poco congruente con nuestra Constitución, pues ésta cohonestó el principio de igualdad ante la Ley (art.14) con la admisión de potenciales diferencias en las competencias de las comunidades autónomas, lo que, en la práctica, puede provocar diferencias entre ciudadanos (de forma parecida, la Constitución, al tiempo que consagraba la igualdad entre hombres y mujeres, otorgó preferencia al varón sobre la mujer en el orden sucesorio a la Corona). El igualitarismo a ultranza es también incongruente con el proyecto europeo de integración política: ya en tiempos de Felipe González los Tratados acogieron el concepto de "ciudadanía europea" y ojalá la Unión Europea siga dando pasos decididos hacia una genuina unión política. Pero seamos realistas: esa integración política entrañará la igualdad de los ciudadanos europeos a ciertos efectos (por ejemplo, protección diplomática en el extranjero, no discriminación o igualdad ante la Ley), pero, al menos en el futuro previsible, no entrañará igualdad a otros muchos efectos (IRPF, pensiones públicas, sanidad...).

En mi opinión, ese fundamentalismo igualitario que profesan con vehemencia tantos españoles y partidos políticos será en el futuro uno de los principales obstáculos para que se introduzcan reformas que den satisfacción a ese amplio abanico de catalanes que, sin ser secesionistas, se consideran mal tratados por el resto de España.

No sé lo que ocurrirá en las elecciones del domingo ni en los meses posteriores. Pero no tengo en cambio dudas de que, dentro de varios años:

1. Cataluña seguirá siendo parte de España; y ésta y Portugal los únicos Estados europeos de la Península Ibérica.

2. La Constitución española se habrá reformado, para, entre otras cosas, otorgar un especial reconocimiento a Cataluña, así como para consagrar la irrevocable pertenencia de España a la Unión Europea.

3. Confío, también, en que España se habrá regenerado políticamente y todas sus instituciones públicas -incluidos los partidos políticos- habrán recuperado el prestigio que muchas han perdido. Esa regeneración de España será indispensable para restar atractivo al separatismo.

La integración económica y monetaria en Europa ha creado en algunos movimientos separatistas -como el catalán- el espejismo de que la secesión resultaba ahora más fácil. La realidad es la contraria: satisfacer la abrumadora vocación europeísta de los catalanes solo será posible como parte de España. Los catalanes y el resto de españoles estamos, pues, condenados a entendernos dentro de España, como Estado miembro de la Unión Europea. Con los nacionalistas catalanes radicales será imposible. Lo esencial será que los defensores de la igualdad a ultranza entre españoles no impidan que una amplia mayoría de catalanes, sin renunciar a la identidad o identidades que consideren suyas, puedan sentirse a gusto como parte de España.

Manuel Conthe es es ex presidente de la CNMV y presidente del Consejo Asesor de Expansión y Actualidad Económica.

Entrevista al filósofo Gustavo Bueno
'Trueba nos recuerda la famosa sentencia de Hegel'
Gustavo Bueno analiza con Gaceta.es la actualidad con la misma lucidez, claridad y contundencia de siempre: Cataluña y el independentismo, el ISIS, la inmigración siria y el fenómeno Podemos.
Alejandro Nolasco  www.gaceta.es  25 Septiembre  2015

El Profesor Gustavo Bueno responde a las preguntas de La Gaceta. A sus 91 años, Bueno hace un análisis de la actualidad con la misma lucidez, claridad y contundencia de siempre. Hablamos de Cataluña y el independentismo, del Estado Islámico, el Islam, la inmigración siria y el fenómeno “Podemos”

-Es casi inexorable, por lo que dicen los sondeos, que la coalición independentista serála ganadora en los comicios catalanes.
Las fuentes de las que se alimentan los movimientos secesionistas catalanes (o vascos, o gallegos, o andaluces…) habría que buscarla en la misma Constitución de 1978, sin perjuicio de reconocer la conveniencia y aún la necesidad de algunas reformas circunstanciales.

Los redactores de la Constitución del 78 tenían un horizonte político muy limitado, a saber la “dictadura franquista”. En función de ella tendían, por pura reacción, a subrayar la democracia y a los derechos humanos como la meta suprema de la nueva Constitución. Pero no estaba claro lo que se entendía entonces por democracia y por derechos humanos. Coincidían casi todos en que la nueva constitución debía atenerse al dibujo de un estado de derecho, y además a un estado social del derecho. Daban por supuesto que la dictadura franquista no tenía nada que ver con el estado de derecho ni con el “estado social”, ni tampoco nada que ver con la democracia. Y en esto, a mi entender, se equivocaban.

En todo caso, la democracia como liberación de la dictadura franquista no era el horizonte histórico adecuado para constituir un nuevo estado fuerte y duradero. ¿Acaso Inglaterra había alcanzado su fortaleza imperial por vía democrático-parlamentaria? Desde su horizonte coyuntural antifranquista era imposible trazar un horizonte de un radio mayor capaz de envolver a las circunstancias coyunturales. Y esto ya lo habían entendido lo mismos catalanes soberanistas por boca de Prat de la Riva. Ningún estado soberano que desee redactar una constitución política ( no meta-política o metafísica) puede refugiarse en el horizonte de los derechos humanos o de “la Humanidad”. Porque la Humanidad o el hombre no es un sujeto positivo de derecho.

En realidad, los redactores de la Constitución del 78 carecían de una doctrina definida del Estado y se guiaban sobre todo por ideales “evangélicos”, como los derechos humanos y el pacifismo, y esto tanto los socialdemócratas como los democristianos que, por cierto, bebían en las fuentes comunes del pre-Concilio, en el diálogo marxismo-cristianismo.

Los redactores carecían también de doctrina filosófica firme sobre la nación, sobre la religión, sobre la lengua, sobre la cultura. Se conformaban con reivindicar la “Ilustración “de Carlos III , para suponer un origen independiente del marxismo. De algún modo cabría afirmar que aquello que unía a los redactores de la Constitución del 78 era la ignorancia. La ignorancia de los elementos imprescindibles de una doctrina del estado y de sus relaciones con la nación, con la religión, con la lengua y con la cultura. Solo asíse explica que los “padres de la patria”aceptasen la introducción en el título primero de la Constitución, del término “nacionalidad”como contra distinto del termino “nación”. Ignoraban la más elemental taxonomía de las especies históricas de la idea de nación –la nación biológica, o la nación étnica, o la nación política, y sus relaciones con los estados imperialistas- y consideraban que las diferencias entre las ideas de nación política y de nacionalidad eran “meramente semánticas”( conviene recordar que en los años 70 la lingüística moderna de Saussure, Bühler, Hjemslew, Martinet, Chomsky…había producido la impresión en un amplio círculo de gentes semi-cultas de que lo importante era distinguir la semántica de la pragmática ). Y asítambién , la Constitución de 1978 , cuando habla de la cultura flota en una atmósfera genérica, en una nebulosa lixológica. Sólo dice ( artículo 44 , punto1 ) que los poderes públicos procurarán “el acceso a la cultura”de los ciudadanos, pero sin especificar ( morfológicamente) si esa cultura podía ser la cultura cretense , la azteca, la hitita, o la euskérica.

Tampoco concretaba nada morfológicamente la Constitución del 78 referente a la lengua española (a la que se le asigna como referente la lengua castellana), sin duda para sugerir que las lenguas vernáculas peninsulares ( catalán , gallego, aranés, bable, panocho, castúo ) no fueran españolas. Desde este punto de vista, las “Ideas”expuestas en el discurso del pasado sábado que pronuncióFernando Trueba al recoger el Premio Nacional de Cine, delante del Ministro de Educación ( que escuchósus palabras en actitud diplomática y aún contraponiendo sus propios sentimientos españolistas a los del agraciado, es decir, sin llegar a mayores, sin retirar ipso facto el premio nacional al presuntuoso y cuasi analfabeto director de cine) pueden ser consideradas como una quintaesencia de la ideología de la libertad que se incubóen los días de las transición de 1978. Fernando Trueba dijo, seguramente acordándose de “la Ilustración”, que hubiera preferido que Francia ganase la Guerra de la Independencia , y que el no se había sentido español ni un solo minuto de su vida. Al parecer proclama una “sociedad civil”en la que ningún Estado pueda imponer sus normas, capaces de comprometer la libertad del artista. Escuchando a Trueba nos acordábamos de la famosa sentencia de Hegel : “Imposible es meter el espíritu en un perro dándole a mascar libros”.

-¿Quéhay detrás de la retórica independentista catalana?
En mi opinión, no tanto intereses económicos propios de empresarios de tejidos o de banqueros, cuanto miopía política, es decir, ignorancia. Ignorancia que se prueba simplemente por el hecho de que los redactores de la Constitución no establecieron como obligatoria , en la totalidad del estado español, la enseñanza de la lengua española ( sin perjuicio de reconocer también la conveniencia de la enseñanza de las lenguas vernáculas). O bien en el hecho de descuidar totalmente la redacción de una Historia de España común a todas las Comunidades Autónomas del Estado. Y no dar libertad para que desde cada autonomía, se pudiera escribir la historia de España a su modo, llegando incluso los vascos a hablar de Juan Zuría y la batalla de Arrigorriaga, o de Breogán en Galicia.

-Muchas veces usted ha dicho en sus conferencias que política y ética son dos conceptos que deben ir separados. No se puede gobernar con la ética, sino con la política, y que, a fuerza de simple y pura ética podemos cometer graves errores e injusticias. La llegada masiva de refugiados sirios ha abierto el debate en cuanto a los pros y contras que puede generar este fenómeno. ¿Son, a su juicio, más apropiadas las medidas que estátomando Hungría, de cerramiento de sus fronteras, que las que se propugnan desde Francia, España o Alemania, entre otros?

Por influjo de Kant (principalmente) suele entenderse por ética algo asícomo el conjunto de normas inspiradas por el “imperativo categórico”generado por la conciencia de cada individuo. Los imperativos éticos emanan, según Kant, de la autonomía de las conciencias individuales inmanentes. Y se distinguen de los imperativos hipotéticos ( morales o políticos ) en que estos se fundan no en su autonomía, sino en la heteronomía de las normas que reciben la presión coactiva de las costumbres ( mores ) o de las leyes.

Sin embargo este criterio de distinción entre ética y moral ( o política) adolece de un psicologismo inadmisible que nos remite a la metafísica del cogito ergo sum cartesiano o al no menos metafísico imperativo categórico kantiano. Un iluminado puede escuchar la voz de su conciencia cuando le inspire asesinar a todos los vecinos negros que le salgan al paso en la calle.

Por ello, el criterio de distinción entre la ética y la política ( o de la moral ) no lo ponemos en la supuesta génesis de las normas respectivas sino en los objetivos de todas esas normas. De estemodo las normas éticas serán entonces aquellas normas , procedan de donde procedan, orientadas a conformar a los individuos en su fortaleza, en su firmeza o en su generosidad. Las normas morales o políticas se caracterizarán por estar ordenadas a la constitución y fortaleza de la vida de los grupos humanos o de las sociedades políticas.

Por ello, las normas éticas y las normas morales o políticas no siempre son compatibles, a pesar de que sean inseparables o indisociables. Hay sin embargo una gran resistencia, en nombre de un armonismo panfilista, a reconocer la incompatibilidad entre las normas éticas y las normas morales o políticas. Desde un punto de vista no panfilista habráque reconocer que las normas éticas tienen un juego y alcance distinto del que conviene a las normas morales o políticas. Las normas éticas exigen acoger a los refugiados de los que usted habla, pero el acogimiento puede tener sus límites políticos y morales porque con el acogimiento doméstico ( que ingenuamente ofrecen muchos vecinos o incluso municipios ) no resuelve los problemas reales de integración en la sociedad política, sino que más bien pone en peligro el propio sistema laboral de las sociedades acogedoras que tengan un paro interno superior al 20%. Según esto cada estado ( Alemania, Hungría, España…) tiene que ajustar prudencialmente el alcance de sus normas éticas y de sus normas políticas y sociales. La casuística es aquídecisiva y por ello no cabe declarar en general como absolutamente inadmisibles los cierres de fronteras de un estado a los refugiados y echando la culpa siempre a las corrientes o limitaciones de la voracidad de las clases dirigentes.

-Hay opiniones encontradas en cuanto al tema de la inmigración islámica. Unos defienden que el Islam es una religión de paz y que son unos pocos- los yihadistas o radicales- los que interpretan erróneamente el Corán. Otros, por el contrario, opinan que el germen del terrorismo y de la yihad estáinserto y es implícito al propio Corán y al Islam, por lo que la inmigración específica de musulmanes es altamente dañina para Occidente. ¿Con cuál de estos dos grupos se identificaría usted más?

El Islam, como el cristianismo ( en cuanto religiones proselitistas ) tienen un componente conflictivo con otras religiones y entre sí, y pueden llevar a la formación de una Yihad. En este sentido, la guerra estáimplicada en muchas religiones históricas, según la época de su evolución, Dicho de otro modo, las guerras religiosas no surgen únicamente de componentes sobreañadidos a la religión. Ni tampoco pueden ser explicados a partir de la barbarie, o del salvajismo, de una religión dada. El tratamiento del Yihad de Averroes no estáescrito por un salvaje, sino por un aristotélico muy refinado, Y la tolerancia entre las religiones no es tanto el efecto de una “reflexión ética”sino del mismo enfrentamiento religioso que , en un mismo campo social, ha alcanzado poder político suficiente para tener que suavizar las relación con otras religiones. En cualquier caso la tolerancia, en principio, no fue considerada como una virtud sino como un vicio.

-¿Qué solución ve al problema del autoproclamado Estado Islámico? ¿Es partidario de la intervención bélica directa y total por parte de países europeos o de los propios Estados Unidos?
No le veo solución general alguna, es una cuestión prudencial que debe tener en cuenta que las guerras no se dividen en justas e injustas sino en prudentes e imprudentes. Si las acciones yihadistas traspasan un cierto límite ( que habráde ser apreciado por los estado responsables que se sientan en la Asamblea General de la ONU), seráprudente la más estricta intolerancia bélica. La dificultad reside en el cálculo del margen que pueda atribuirse a esta prudencia.

-Hace unos años publicóusted el libro “Zapatero y el pensamiento Alicia”que trataba de analizar el discurso del presidente socialista; un discurso adornado en la forma, vacío de contenido, simplista, indeterminado y lleno de soflamas populistas con el único propósito de captar votos. ¿Piensa que el discurso del partido Podemos- y aledaños- también podría encuadrarse dentro de este pensamiento Alicia: buenista y demagógico?
El “Pensamiento Alicia “es sin duda panfilista, o armonista. Se comprenderámi preferencia, dado mi apellido, por el término tradicional panfilismo en lugar del término hoy día muy generalizado de “buenismo”. Pero los movimientos “Podemos”y aledaños, aunque sean panfilistas ( cuando piensan en el futuro ) carecen del componente socialdemócrata propio del pensamiento Alicia.

-¿A quécree que se debe la rápida multiplicación de partidos políticos homólogos a este por toda Europa?
Probablemente al desmembramiento de la Unión Soviética y a la inspiración anarquista del democratismo que nos invade por todos los lados

-Por último, ¿Ha notado, con el paso de los años, una decadencia del pensamiento crítico, lógico y razonado en los argumentos que esgrime la mayoría de la población a la hora de votar? ¿Es necesario instruir más a la gente sobre quées la Filosofía y su importancia?
Desde luego, he notado este proceso de degradación sobre todo en el terreno de la llamada cultura popular ( en el proceso de identificación de la música tradicional con la danza macarra ) y en el terreno de la filosofía académica por culpa de planes de estudio inspirados por sociólogos, psicólogos y pedagos.

Pero esta degradación no creo que deba confundirse con el proceso de la, en tiempos, llamada “muerte de la filosofía “, ni menos aún con el llamado “proceso de la realización de la filosofía”de inspiración marxista. Lo que se ha degradado, a mi juicio, es la filosofía espontánea de los científicos, de los futbolistas, de los cocineros, de los artistas .La filosofía mundana en auge sorprende porque en nuestros días todo el mundo tiene ya su propia filosofía. El político : “La filosofía de nuestro partido consiste en lograr la victoria ante la oposición o aliarnos con ella para mantenernos en el poder”. El futbolista : “La filosofía de nuestro club se condensa en la estructura de sus alineaciones, en nuestro caso ( 1,2,3,5)”. El cocinero : “La filosofía de mi negocio es esta : lunes , miércoles y viernes, carne; martes y jueves, pescado; domingo, huevos rotos.”

La “filosofía espontánea “del político, del futbolista, del científico o del empresario transforma a este político, futbolista, o cocinero en un majadero que considera superfluo dedicar una parte del presupuesto a sostener cátedras por proyectos de filosofía sistemática académica, pretendiendo, sin embargo, adornarse con el prestigio heredado del nombre de Filosofía.

La viuda de una víctima de ETA se encara con Uxue Barkos
europa press | pamplona El Correo  25 Septiembre  2015

"Me pregunto cómo es posible que personas que no llaman al terrorismo por su nombre pretendan honrar la memoria de una víctima. Me pregunto qué pensaría Carlos si viese que quienes desacreditan el trabajo de sus compañeros vienen hoy al sitio donde lo mataron por ser, precisamente, un guardia civil. Me pregunto cómo alguien que se apoya en quienes justifican a ETA para presidir un Gobierno puede venir a un homenaje a un asesinado". Con esas palabras iniciaba su discurso María José Rama, viuda del guardia civil Juan Carlos Beiro, en el XIII aniversario de su asesinato a manos de la banda terrorista ETA.

Rama se pronunciaba así en un acto en que han estado presentes la presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, y la consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales, Ana Ollo, que han asistido este jueves a los actos organizados en Leitza para recordar a Juan Carlos Beiro, de 32 años y natural de Asturias, que fue asesinado el 24 de septiembre de 2002 como consecuencia de la explosión de una 'bomba-trampa' oculta tras una pancarta que el agente, junto a otros compañeros que resultaron heridos, se disponían a retirar en Leitza. El atentado tuvo lugar a las 12.50 horas en el puerto de Urto, en la carretera NA-1.320, que une Leitza con la localidad guipuzcoana de Berastegui, en un punto situado a menos de un centenar de metros del límite interprovincial.

Hoy, los actos en homenaje al cabo de la Guardia Civil han dado comienzo a las 13.00 horas con una misa en la iglesia de San Miguel de Leitza y a continuación se ha realizado una ofrenda floral en el lugar del atentado, en la carretera de Leitza a Berastegi.

Durante su discurso, Rama ha afirmado que "si mis hijos me preguntan el por qué de todo esto, solo podré decirles que se trata de un ejercicio de cinismo". "Sólo les diré que las personas que deben ser su ejemplo en la vida son las coherentes con sus valores. Su padre lo era. Y yo lo seguiré siendo por mis hijos y por él", ha manifestado, y ha señalado que "por eso estoy hoy aquí, para ser coherente, para decir alto y claro a quienes ahora quieren recordar a Carlos que primero tienen que limpiar su conciencia".

La viuda de Beiro ha señalado asimismo que es "una carga muy dolorosa" ver "pasar el tiempo y nada se sabe sobre quien o quienes le quitaron la vida" a su marido. "La falta de noticias, avances y la sensación que a veces sentimos las víctimas de que existe poco interés por seguir investigando me lleva a perder la fe en todo, y sobre todo en la justicia, hasta el punto de que llego a sentirme mal por exigir lo que por ley nos pertenece", ha dicho.

Según ha expuesto Rama, "es por todo esto que el año pasado decidí no venir más al homenaje que os agradezco que sigáis haciendo; pero como veis un año más y ya son 13 no he encontrado otro lugar que no sea este para compartir con todos vosotros este momento que aunque doloroso, siempre está lleno de gratitud, buena gente y mejores palabras que siempre tenéis para mi familia, y todo ello pese al sacrificio que me consta que hacéis en esta tierra por estar hoy aquí".


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Podemos y el separatismo
F.JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo  25 Septiembre  2015

Para frenar su caída en las encuestas, Pablo Iglesias ha encontrado dos vías: hacer el indio y unirse al separatismo de Esquerra Republicana. Hablando en apache del tebeo, le han vuelto a sacar en las televisiones, que ya no se acordaban de él más que para desconvocarlo. Y en una jugada de bolchevismo de manual, eficaz siempre que el bolchevique esté rodeado de kerenskis, Iglesias se ha unido al carro de Junts por el Sí, o sea, Unidos por el odio a España y lo ha hecho de forma inteligente: pide que ERC, PSC CUP, ICV y el monjío xenófobo voten a su candidato, Franco Rabell, para encabezar la revolución que Cataluña necesita, España sueña y Grecia olvidó. Pero al unir su suerte a toda la izquierda separatista, sabiendo que ERC tendrá más votos que su Potem, Guanyarem o Farem l'apache, lo que hace Iglesias es ofrecer sus votos a Junqueras para proclamar la República Catalana, punto de partida de esa revolución que, con base en los soviets municipales que le regaló el PSOE, le permitiría proclamar la II República Bis en Madrid. Porque Iglesias no quiere una República Española, como la I, sino la del Gobierno de la Checa de Fomento, con capital en Paracuellos.

En realidad, Podemos no hace nada nuevo -siempre copia- y, en este caso, repite el mismo papel del PSOE en 1934, que, tras perder las elecciones en 1933, perpetró el golpe de Estado contra la República en toda España, no sólo Asturias, y que en Cataluña tomó la forma del golpe de Estado separatista de Companys. El Conde de Godó está reeditando el mismo cambio de liderazgo nacionalista; ayer, de la Lliga de Cambó a la ERC de Maciá y Companys; hoy, del «¡Mori Cambó! ¡Visca Maciá!» (el delicado seny català), al «¡Adéu Mas! ¡Benvingut Junqueras!».

Y a esa bienvenida al golpe contra la Constitución se suma Iglesias, como en 1934 el PSOE de Prieto y Largo Caballero, a pesar de Besteiro, se sumó al golpe de Companys contra la República. Su esperanza es pasar del PSOE bolchevizado de 1934 a la CNT de 1936, la de Durruti y los Ascaso que pusieron a Companys a su servicio. Por entonces, Cambó, el de «¿Monarquía? ¿República? ¡Cataluña!» estaba con toda la Lliga en Burgos, pidiendo de rodillas a Franco que salvara la Pasta Patria. Pujol ya tiene la suya en Suiza, así que Pablo Iglesias sólo viene a cerrar una caja vacía.

Los nacionalistas manipulan las emociones para soslayar el debate
EDITORIAL El Mundo  25 Septiembre  2015

EL DEBATE del miércoles por la noche entre el ministro García Margallo y el líder de ERC, Oriol Junqueras, sirve para ejemplificar el desarrollo de una campaña que, lejos de clarificar las consecuencias de una declaración unilateral de independencia, ha propiciado una mayor confusión entre los catalanes.

Y ello es así tanto porque los partidos que defienden la Constitución han tenido muchas dificultades para hacer llegar sus mensajes como por la habilidad de los nacionalistas, que han basado su propaganda en factores emocionales que apelaban a los sentimientos de su clientela. Junts pel Sí ha presentado todas las críticas a su discurso como ataques a Cataluña, lo que ha impedido un debate mínimamente racional.

Esta fue la táctica de Oriol Junqueras, que defendió que los catalanes no perderían la nacionalidad española en caso de proclamarse la independencia y que, por tanto, no podrían ser expulsados de la UE. Un argumento peregrino que reivindica el derecho a marcharse de España y romper su Constitución conservando las ventajas de la ciudadanía española.

Los nacionalistas han venido manteniendo a lo largo de las últimas semanas el sofisma de que un hipotético Estado catalán, proclamado unilateralmente, sólo podría ser expulsado por decisión de la mayoría de socios de la UE. Una falsedad que desmienten los Tratados y lo que han dicho Juncker, Merkel y Cameron.

Igualmente los partidarios de Mas y Junqueras han minimizado las consecuencias económicas de la segregación sin que ninguna voz autorizada del Gobierno haya sido capaz de desmantelar la propaganda nacionalista, una mezcla de tópicos y mentiras sin ningún sustento en la realidad.

Otro éxito de los nacionalistas ha sido centrar el debate en la viabilidad de la independencia, obviando la nefasta gestión del Gobierno de Mas, que ha despilfarrado el dinero de todos en la construcción nacional, ha recortado los servicios públicos y ha sido incapaz de sanear sus cuentas. Una labor desastrosa, trufada por los continuos escándalos de corrupción que afectan a Convergència.

Mas y Junqueras se han envuelto en la bandera para que no se hablara de los abusos y las arbitrariedades del nacionalismo, pero lo que no han conseguido es disipar las incógnitas sobre quién va a gobernar a partir del próximo 28 de septiembre si ellos ganan las elecciones.

Junts pel Sí es una lista heterogénea de partidos, personas y movimientos sociales que carecen de un programa común. Ni siquiera están de acuerdo en la hoja de ruta hacia la independencia, ya que Junqueras y Raül Romeva, el número uno por Barcelona, quieren una proclamación inmediata.

La CUP, formación de extrema izquierda, ya ha dicho que ellos sólo están dispuestos a apoyar un Gobierno presidido por Romeva, lo que implicaría dejar a Artur Mas en una posición marginal. ¿Aceptarían las bases de Convergència un acuerdo de esta naturaleza?

Muchas son las preguntas sin repuesta a tan sólo 48 horas de las elecciones del domingo, marcadas por la incertidumbre y una escalada de la tensión, como quedó patente ayer en el Ayuntamiento de Barcelona. Ni la suerte está echada ni hay nada decidido porque el futuro está en manos de todos los catalanes.

No será necesario declarar el estado de sitio…

Eligio Hernánde www.vozpopuli.com  25 Septiembre  2015

Albert Einstein dijo que “el nacionalismo es una enfermedad infantil, el sarampión de la humanidad”, y Carlos Marx que es “un invento de la burguesía para dividir al proletariado”. Toynbee, considerado como uno de los más importantes filósofos de la historia, sostuvo en toda su obra que el nacionalismo es uno de los mayores enemigos de cualquier civilización de la Historia. Comparto la tesis de Don José Ortega y Gasset expuesta en su discurso sobre el Estatuto de Cataluña en la sesión de las Cortes de 23 de mayo de 1932: ”El problema catalán es un problema que no puede resolverse. Ha existido antes de la unidad peninsular, y seguirá siendo mientras España subsista, por lo que sólo puede conllevarse. No presentéis vuestro afán en términos de soberanía, sino de autonomía, porque entonces no nos entenderemos”. Creo también, con Ortega, que “un Estado en decadencia fomenta los nacionalismos, y que un Estado en buena ventura los desnutre y reabsorbe”, y que “el nacionalismo es el hambre de poder templada por el autoengaño”.Todo nacionalismo es genéticamente excluyente e insolidario, por mucho que pongan su buena voluntad en ser incluyentes y solidarios.

El derechoa la autodeterminación externa, esto es, a la secesión o a la independencia, no tiene cabida en el marco constitucional. El art. 2 de la Constitución de 1978, la fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles, al igual que el art. 40 del proyecto de Constitución Federal de la 1ª República española del socialista catalán Pi y Margall, que sólo consideraba a España como Nación. La Comisión Constitucional en la que se discutió el Título VIII de la Constitución rechazó por todos sus miembros la enmienda que pretendía la introducción en dicho Título del derecho de cualquier Comunidad Autónoma a la autodeterminación entendida como secesión, propuesta por Letamendía, diputado de HB, con la excepción del diputado del PNV Marcos Vizcaya, que defendió su voto afirmativo "como tal derecho retórico", pero que no deseaba que tal derecho se incluyese en la Constitución. Ninguna Constitución democrática, ni siquiera la bicentenaria Constitución Federal de los Estados Unidos, ni la de la Confederación Helvética reformada en 1947, reconocen el derecho a la autodeterminación externa o secesión. Tampoco tiene cabida la autodeterminación de Cataluña en los Tratados de la Unión Europea, como ha demostrado el catedrático de Derecho Internacional Manuel Medina Ortega en su reciente libro “El derecho de Secesión en la Unión Europea”, ni en el derecho internacional, que sólo la ha contemplado en los procesos de descolonización al amparo de las Declaraciones de la ONU sobre la Concesión de Independencia a los Países y Pueblos Coloniales de 1960, con los Pactos Internacionales de 1966. En el caso de que se llegara a producir la independencia de una parte del territorio de uno de los Estados miembros de la Unión Europea, ésta se vería obligada a seguir el procedimiento de admisión previsto en los Tratados que requiere la unanimidad de los Estados miembros, incluido el voto del Estado matriz.

El de Más es el quinto intento, que será frustrado como los anteriores, de proclamar unilateralmente el Estado Catalán, sin olvidar la traición, con la misma finalidad, de la Generalitat a la II República enfrentada al fascismo internacional durante la guerra, de la que se lamentaron profundamente Azaña y Negrín.

El independentismo catalán fue una de las causas del fracaso de la primera República que terminó con el golpe de estado de Pavía, del fracaso de la II República, que terminó con la insurrección militar de Franco, de la perdida de la guerra civil, que dio paso a 40 años de dictadura, y ahora está poniendo en peligro la etapa de mayor estabilidad política y progreso de la España contemporánea. La debilidad de los gobiernos de la primera y segunda república, que cometió el error de indultar a los rebeldes independentistas catalanes, no supieron responder a ese desafío intolerable.

Confío que ahora no sea necesario -ni siquiera en el caso rebelión constitutiva del delito del art. 472.5º del C. Penal, competencia de la Jurisdicción Ordinaria-, acudir a la declaración del estado de sitio para impedir la declaración unilateral de la independencia de Cataluña, ya que si esta se produjera, como Más ha decidido, el Gobierno de España la impugnaría ante el Tribunal Constitucional, que suspenderá dicho acuerdo (art. 160.2 de la Constitución), o bien, con aprobación de la mayoría absoluta del Senado, en el caso de que no sea atendido el requerimiento previo por el presidente de Cataluña, el Gobierno adoptaría las medidas necesarias para obligar a Cataluña al cumplimiento forzoso de las obligaciones que la Constitución y las leyes le imponen, para cuya ejecución puede dar instrucciones a todas las autoridades catalanas, de acuerdo con lo dispuesto en el art. 155 de la Constitución.

En este caso, el Gobierno de España está obligado a tomar todas las medidas que la Constitución establece para impedir con firmeza que se materialice la declaración unilateral de independencia, que daría lugar a otras declaraciones unilaterales en cadena de los nacionalismos regionales, retrocediendo de nuevo al ¡Viva Cartagena!. En el caso de que se llegue a producir condenas de los Tribunales competentes a los líderes secesionistas por no acatar pacíficamente dichas medidas, no se debe cometer el error de indultarles, como hizo el gobierno de la II República, pues no se puede consentir que el nacionalismo catalán vuelva a poner piedras en las curvas ilusionadas de nuestra historia.

Creo difícil el diálogo con los nacionalistas catalanes con el fin de encontrar un modelo de encaje en la Constitución, o en su reforma, para satisfacer sus pretensiones independentistas, ni siquiera el Estado Federal, propuesto por el PSOE, del que son acérrimos enemigos. No nos engañemos, los nacionalistas catalanes nunca aceptarán más vías que la de la independencia. El nacionalismo es como un avión, si se para, se cae. Aunque hipotéticamente logren la independencia, seguirían responsabilizando al Estado Español de sus fracasos políticos para encubrir, como ahora, la corrupción y la ineficacia de su política económica. Con independencia o sin ella, el nacionalismo necesita un enemigo exterior para sobrevivir.

*Eligio Hernández es exfiscal general del Estado y vicepresidente de la Fundación Juan Negrín.

La «estelada» no es oficial y sobra en un espacio público
Editorial La Razon  25 Septiembre  2015

El Estado de Derecho en Cataluña ha sufrido demasiados embates de un régimen poco escrupuloso con el respeto a las normas como para conservarse firme y sin mácula. Los poderes separatistas han mantenido una crónica actitud de desobediencia e insumisión respecto de aquello que incomodaba o entorpecía sus planes, incluidos, claro está, los símbolos españoles que tanto aborrecen, pero que representan y en los que se siente representada una mayoría de ciudadanos del territorio.

La decadencia de los equilibrios institucionales ha sido y es visible para cualquier observador mínimamente sensato y objetivo. El perjuicio ha sido enorme. Se ha asumido como normal e inevitable el incumplimiento de los fallos judiciales, la abierta deslealtad con el Estado o la institucionalización de la mentira en la vida pública catalana por parte de los poderes independentistas. Existe una apropiación del todo por una parte concreta de Cataluña, una identificación de aspiraciones y deseos minoritarios con la voluntad de la gente, y se actúa en consecuencia. Hay demasiados ejemplos de este corrosivo comportamiento de evidentes rasgos que no encajan con la democracia.

Lo ocurrido ayer en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona con motivo de la celebración de las fiestas de La Mercè fue, en este sentido, otro episodio deleznable de ese estado de excepción política e institucional en el que está sumido el devenir catalán. El líder de ERC en el Ayuntamiento, Alfred Bosch, colgó una «estelada» con el consentimiento de la alcaldesa, Ada Colau, que se negó a retirarla. Frente a la provocación y la complicidad de la primera edil, la respuesta del popular Alberto Fernández Díaz fue desplegar una enseña española, pese a que el primer teniente de alcalde y reconocido secesionista, Gerardo Pisarello, intentó impedírselo sin éxito, lo que dio lugar a un pequeño forcejeo. Finalmente, ambas se quitaron. Ada Colau lamentó el uso «electoralista» del balcón consistorial con las banderas, pero la secuencia de los hechos y las valoraciones de la alcaldesa retratan a la perfección cuán retorcida y distorsionada está hoy la realidad catalana. Todo se desvirtúa cuando las autoridades locales ponen en pie de igualdad un símbolo constitucional como la bandera de España con otro emblema no oficial y desprovisto de cualquier encaje legal como es el símbolo de una parte muy concreta de la sociedad catalana. O cuando el Ayuntamiento colabora como cómplice necesario en el esperpento provocado por un extremista que busca su minuto de gloria y publicidad. O cuando Pisarello se despacha con un patético y matón comportamiento, impropio de un responsable público, que le deja en evidencia de nuevo como un personaje oscuro, sectario y poco amigo de la libertad.

Por el contrario, es de justicia ponderar la actitud resistente de Alberto Fernández Díaz, que actuó como debía y que sólo respondió ante la dejadez de una alcaldesa que puso el balcón del Ayuntamiento al servicio de los extremistas de la independencia en un día de fiesta para todos los vecinos de Barcelona. «Un día se promueve un escarnio a la Corona, otro se exhiben banderas independentistas y, mientras, los demás a callar. Pues se ha acabado la broma». Las palabras de Fernández Díaz responden a la imprescindible actitud que se resume en no plegarse a la intransigencia, el fanatismo y la injusticia. Es un deber ciudadano en democracia.

 


 


Recortes de Prensa   Página Inicial