AGLI Recortes de Prensa   Lunes 28  Septiembre 2015

¿Querían un plebiscito? Ya lo tienen
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 28 Septiembre 2015

Violando los más elementales principios democráticos, el independentismo catalán planteó las elecciones autonómicas como un plebiscito sobre la secesión, lo que obligó a las fuerzas no independentistas a entrar en ese juego fraudulento, que habrían perdido a buen seguro si se hubieran empeñado en que solo hablaran de la llamada desconexión con España los que están a favor de tal dislate.

Ayer asistimos de hecho, por tanto, a un plebiscito que, emboscado bajo la forma de unas elecciones, tenía como objetivo optar sobre algo que queda fuera del poder de decisión, tanto de quien lo planteó, haciendo trampas en el solitario, como de los que fueron a votar. En consecuencia, aunque el independentismo hubiera ganado en votos y en escaños, ese resultado sería jurídicamente irrelevante, pues nadie puede en democracia saltarse la Constitución y las reglas del juego a la torera.

Dicho lo cual, no cabe duda de que el resultado de esa votación sí resultaba políticamente significativo. Tanto que ahora sabemos que los nacionalistas no tienen ni de lejos la mayoría de los sufragios de quienes han votado ni muchísimo menos del cuerpo electoral, que es como se mide el valor de un plebiscito en cualquier coyuntura imaginable, incluso en una absolutamente ilegal como la que acaba de tener lugar en Cataluña.

Y ello después de años en los que se ha mentido al pueblo catalán por tierra, mar y aire, se ha manipulado la historia de Cataluña y España entera de un modo inimaginable, se han sostenido engaños siderales (ese cuento chino reaccionario e insolidario de que España roba a Cataluña), se han negado apabullantes evidencias (como que una Cataluña independiente tendría que salir de la UE y de todos los organismos internacionales a los que como parte de España pertenece) y se han manipulado, hasta extremos de una indecencia que nadie conocía hasta la fecha, los medios de comunicación públicos, al servicio de la causa del secesionismo y de los que desde el poder han venido durante mucho tiempo defendiéndola.

Por eso la derrota de Mas, armadanzas inicial de toda esta locura que no lleva a Cataluña más que a un trágico despeñadero de la paz civil, es de tal envergadura, que hoy mismo, sin esperar un día más, está obligado a anunciar su retirada de la política, en la que es difícil de encontrar un personaje tan nefasto que haya hecho tanto daño a su comunidad y su país: en esta su tercera elección en cinco años Convergència obtiene junto con ERC menos escaños y menos votos que antes obtuvieron por separado las dos fuerzas. Más adelante será el momento de debatir cómo se puede generar en medio de este desastre una mayoría de gobierno -lo que es todo menos fácil- pero hoy toca celebrar el haber despertado al fin de una pesadilla tan absurda, tan peligrosa, tan fuera de nuestro espacio y nuestro tiempo.

Obligados a decidir
No estamos ante una erupción volcánica en Montserrat, sino ante un desafío político, una reglada ofensiva ideológica que ha ido empapando la sociedad catalana hasta conseguir partirla por la mitad.
Kiko Méndez-Monasterio  www.gaceta.es  25 Septiembre 2015

Después de una riada ocurrida en Marruecos durante el protectorado español, se señaló como causa del desastre la deforestación de ciertas laderas que habrían provocado la avalancha de agua, piedras y barro. Así se lo explicaron al Alto Comisario -creo que entonces era Primo de Rivera, pero no lo he confirmado- quien dio orden para que al día siguiente se comenzaran los trabajos destinados a reforestar la zona. Los técnicos de entonces -con ese aire de superioridad que padecen los técnicos de todas las épocas- le replicaron con condescendencia al general que las especies adecuadas para aquel clima tardarían varios años en crecer. “Pues precisamente por eso hay que empezar mañana”, sentenció Primo de Rivera. Si es que fue Primo de Rivera.

Hoy la riada permanente de Cataluña multiplica su caudal y sus daños, amenazando con enlodar el pacto de convivencia y buena parte de la estructura del Estado. La comparación parece menos forzada al comprobar que la reacción del gobierno se ha parecido mucho a la que se toma ante la inminencia de un desastre natural, como si enfrentáramos una fuerza inevitable que sólo se puede paliar. Pero lo cierto es que no estamos ante una erupción volcánica en Montserrat, sino ante un desafío político, una reglada ofensiva ideológica que ha ido empapando la sociedad catalana hasta conseguir partirla por la mitad. No se puede hablar de conspiración porque durante años han desarrollado sus planes abiertamente, amparados por la suicida impunidad que hemos otorgado a la propaganda secesionista o directamente hispanófoba; tampoco se trata de una alianza rebelde, romántica y subversiva, porque han sido las propias instituciones catalanas -es decir, instituciones españolas- quienes han impulsado y pagado esta conjura de insensatos, como si las ideas no tuvieran consecuencias, que es el cenit del pensamiento adolescente. La adicción al cortoplacismo de nuestro sistema político ha hecho el resto y, suceda hoy lo que suceda, ya no existen soluciones fáciles ni baratas, porque la crítica intelectual al proceso separatista tampoco alberga dosis relevantes de optimismo. Todos coinciden en que resulta imposible contrarrestar de forma improvisada lo que los sediciosos han sembrado durante décadas. Sí, es evidente que recuperar una convivencia normal y sana en Cataluña costará casi tanto tiempo como el que se ha empleado en sabotearla. Precisamente por eso hay que empezar mañana.

Ya no basta con desmontar los mitos y leyendas del nacionalismo, sino que se hace urgente reconstruir una conciencia española que hasta ahora ha sido condenada a la semi clandestinidad, superviviente sólo por mecanismos naturales y alguna apoteosis deportiva. No podemos extrañarnos de que haya quien no se sienta español en España, cuando esa pose ha sido el negocio político más fructífero de nuestro tiempo, compatible -casi se podría decir imprescindible- en la obtención de premios nacionales. No se puede subvencionar tan largamente el desprecio a lo español -a su lengua, sus símbolos, su cultura, su historia- y pretender luego que no se vuelva algo despreciable, sobre todo para aquellos que tienen ocasión de inventarse una patria chica y poder huir así de la melancolía apátrida peninsular. En este escenario se obliga a los catalanes a decidir, en un referéndum tan ilegítimo como dulcemente consentido.

Pero estas reflexiones son, para el presidente de gobierno, como el desfile militar del 12 de octubre. Rajoy ni siquiera se ha tomado la molestia de estudiar el argumentario político del adversario, como demostró con sus balbuceos en la entrevista con Carlos Alsina, (¿…y la europea?) todo un revés para quienes defienden que la desconcertante quietud del gallego esconde un genio político descomunal. De momento podemos descartar que se esté preparando en secreto un plan de reforestación a largo plazo. Se advierte, además, una mayor división en el gobierno: por un lado la tecnocracia progre que capitanea la vicepresidenta; por otro el llamado G-8, los ministros que recelan cada vez más del poder que ha acumulado doña Soraya y, sobre todo, de su forma de utilizarlo. El comentadísimo debate de García Margallo ha dado otra muestra de las disensiones en el ejecutivo. El propio ministro nos explicaba en estas páginas que acudía al lance electoral apoyado por el presidente, y que con eso le bastaba. Era la forma elegante de menospreciar los ataques que el sorayismo le estaba dedicando, con escaso disimulo, a través de sus vasallos mediáticos. La vicepresidente huye del debate de conceptos y se empeña en diseñar una estrategia legalista para afrontar el desafío en Cataluña, que se reduce en combatir una voluntad -la de la ruptura- y un sentimiento -el nacional- con un legajo polvoriento de códigos y reglamentos. En realidad son los mismos técnicos, con la misma altitud de miras, con los mismos aires de suficiencia, que se reían de la orden dada por el Alto Comisario en Marruecos. Que no sé si era Primo de Rivera pero, desde luego, seguro que era un estadista.

Han ganado el partido de los escaños Si queremos el de los votos hace falta referéndum
Mario Conde  www.gaceta.es 28 Septiembre 2015

Desde hace mucho tiempo, desde la Constitución de 1978, vengo alertando sobre la problemática del independentismo, y de modo mas concreto a partir del instante en el que de manera abierta y descarada se proclama en Cataluña la cuestión de la independencia. He recibido insultos variados por ello en las redes sociales. No me importa. Es un coste sabido y asumido por defender tus ideas. Por ello no soy sospechoso de defender y ni siquiera de alentar el separatismo. Pero no me gusta que las cosas se tergiversen.Me parece que cuando se buscan refugios de dudosa consistencia intelectual para ocultar las derrotas, caminamos de nuevo por un sendero peligroso

Vamos a ver. Hace ya mucho tiempo que dije que la estrategia independentista era pedir un referéndum a sabiendas de que no le concederían, y como alternativa plantear una lista unitaria. La diferencia es notable. En el primer caso —referéndum— el recuento es de votos directos. En el segundo —lista unitaria— el recuento es de escaños. Y esas son las reglas del juego con las que el poder central ha dejado que discurran los acontecimientos. Por ello Era ilegal que se convoquen elecciones autonómicas con lista unitaria diciendo que sirven para decidir si Cataluña es o no independiente. Es ilegal, pero el poder central lo ha consentido.Es absurdo que no solo lo ha consentido no impugnando las elecciones ante el Tribunal Constitucional sino que ha entrado en el juego de los independentistas, planteando el asunto “independencia” como tema central de estas eleciones, trayendo incluso a líderes europeos para opinar de la independencia y a un ministro debatiendo sobre independencia con el mas independentistas de todos: Junqueras. Eso implica que alguien pueda decirles: oiga, usted ha entrado en el juego; sabía que el asunto se ventilaba con escaños, no con votos. Asi que ahora no me venga a cambiar las reglas del juego una vez finalizado el partido”. En términos jurídicos casi encajaría con el venire contra factum propiumLas listas independentistas han ganado en escaños. Evidente e inapelable.

En el partido que se jugado —escaños— han ganado. El parlamento es independentista mayoritariamente. Guste o disguste. ¿Ya lo era antes atendiendo a los escaños de esas listas? Si, seguro, pero en elecciones anteriores se votó un gobierno de la Comunidad. Ahora se votó independencia. La diferencia es cualitativa.Es verdad que en votos no han conseguido superar el cincuenta por ciento. Bien, pero ¿la batalla, el juego, lo que se debatía eran votos o escaños? Escaños. Por eso dije que eran unas elecciones doblemente ilegales. Por hablar de independencia en unas elecciones autonómicas y por determinarla conforme a escaños y no a votos.Los independentistas tienen un punto de razón: si quieren ustedes hablar de votos déjenos el referéndum. Ya se que es ilegal, pero estas elecciones también.

No manejemos las ilegalidad según nos convenga. Imaginemos ese referéndum. ¿Sería igual que el resultado de estas votaciones’. Creo que no. O al menos es posible que no. Estamos unificando votos tan dispares como los del PSC, los de Podemos…Vamos a ver ¿No ha defendido el PSC que Cataluña es nación y tiene vocación de Estado? ¿Que votarían los votantes de PSC ante un referéndum? ¿Y los de podemos? ¿Seguro que todos ellos votarían no en un referéndum? Yo no estoy ni mucho menos tan convencido. Así que si el poder central quiere apelar a la legitimidad de los votos, debería consentir la celebración de un referéndum- De otro modo su razonamiento no es plenamente legitimo. Y como el ilegal el referendum pues no podemos apelar a los votos si queremos ser serios.

Todo lo ocurrido es ilegal. Estas eleciones son ilegales, pero en su conjunto, en su totalidad. Así que no saquemos conclusiones a favor de obra de lo ilegal. Elijamos: o legal o liegal, pero no troceemos la ilegalidad o la legalidad según conviene al poder central.¿Y ahora qué? Pues ahora estoy seguro que los independentistas seguirán su hoja de ruta. Y estoy convencido de ello por una razón: porque es lo que vienen diciendo y haciendo desde hace años. Tienen una hoja de ruta marcada. Y el poder central nunca ha tenido la iniciativa política en este asunto sino que siempre ha ido a remolque del independentismo.¿Tienen legitimidad los independentistas para plantear independencia a pesar de haber ganado el parlamento mayoritariamente? Pues no. Pero no por el asunto de los votos sino porque ni las elecciones fueron legales desde ese punto de vista ni el parlamento autonómico puede declarar unilateralmente la independencia.¿Y hubieran tenido mayoría de votos estarían legitimados? Pues no, porque no es un referéndum legalmente convocado y celebrado.

Por tanto, si declaran unilateralmente la independencia, el poder central debería defender la Constitución mientras esté vigente y lo digo aunque la Constitución actual habría necesitado ser reformada mucho antes, tal y como escribí en 1994 en mi libro El Sistema. . Otra cosa es que el poder central sepa reaccionar como es debido¿Podemos ignorar el resultado de la votación? Pues no. El independentismo en Cataluña tiene a una parte enorme de la población y en caso de referéndum posiblemente mas. Decir que se ha perdido el referéndum es de nuevo envolver en un argumento pro domo suo que no conduce a nada bueno. La sociedad catalana está fracturada. Es un hecho y eso lo han conseguido gracias al comportamiento histórico de los partidos dominantes, preñados de proyectos personales de poder, como es el caso de Aznar, y, además, con este debate y con los planteamientos independentistas. Ahora hay que tratar de recomponer el desastre¿Entonces? Pues hay que atender a la realidad y no seguir instalado en la negación.

Creo que si ellos siguen el camino de la independencia ignorarán la Constitución. Si el poder central sigue el camino de decir que aquí no ha pasado nada volverá a equivocarse. Y con ello nos equivocará a todos¿Qué hacer? Dificil, muy dificil recomponer el camino en paz. Con estos interlocutores actuales es mucho mas complicado. ¿Será capaz la sociedad civil catalana de darse cuenta de lo que está en juego? ¿Será capaz el Estado de entender el verdadero problema? ¿Seremos capaces de evitar seguir destrozando la convivencia en Cataluña y la relación de Cataluña con el resto de España? Pues no lo se, la verdad. Pero me temo que con estos interlocutores no va a ser nada fácil.

En la frontera de la ignorancia
DAVID JIMÉNEZ El Mundo 28 Septiembre 2015

LA FAROLA frente a la casa de una buena amiga apareció un día envuelta en la bandera independentista. Con el tiempo, los parques, plazas y fachadas de su pueblo, en las afueras de Barcelona, fueron también cubiertas por esteladas. La población se dividió entre los que estaban a favor de esa muestra pública de independentismo y quienes creían que los espacios públicos no deben ser monopolizados por símbolos de una opción política. Y entonces ocurrió: el ambiente cambió, gentes que se conocían desde siempre dejaron de saludarse, amistades empezaron a enfriarse o se rompieron.

El pueblo se partió en dos.
Cuento todo esto porque me temo que, más allá de los resultados de hoy en las elecciones autonómicas, algo se ha fracturado en Cataluña. Costará repararlo. Cuando personas que piensan diferente dejan de hablarse, y en su lugar bajan la mirada al cruzarse en la calle o rehúyen conversaciones de sobremesa, se pierde la capacidad de comprender qué ha llevado al otro a su posición. Y es en esa incomunicación donde crece con más facilidad el resentimiento.

Mi amiga, que pasaría el test de pedigrí catalán del nacionalismo más sectario y ha sido reportera de guerra, lamentaba la ignorancia de quienes manipulan irresponsablemente los sentimientos nacionalistas. ¿Acaso desconocen que una vez plantas la semilla de un conflicto éste crece aunque después dejes de alimentarlo? ¿Que convertir enemigos imaginarios en reales es el primer paso para hacer aceptable lo que antes no lo era? ¿Que la historia está llena de ejemplos de sociedades civilizadas que se dejaron contagiar por el fanatismo y sus líderes iluminados?

Lo sorprendente en el caso catalán no es tanto el fervor independentista -todo el mundo tiene derecho a sentirse lo que le plazca-, sino que ese sentimiento haya sido despertado de manera tan eficaz por una casta política corrupta, inculta y egoísta a la que el futuro de Cataluña le importa bien poco, comparado con el suyo propio. Pero la responsabilidad del momento que vivimos no es sólo de quienes han utilizado la mentira y el dinero de todos para enfrentar a catalanes y españoles, poniendo los recursos públicos al servicio de la propagación de un mensaje que ha ido degenerando hacia la xenofobia, sino a los gobiernos que desde Madrid han respondido con desidia a ese desafío soberanista.

No hablo de los últimos días o meses, porque este viaje no empezó con la llegada de Artur Mas, sino al día siguiente mismo de lograrse el pacto constitucional que dio a Cataluña competencias que serían la envidia de cualquier movimiento de secesión. Hemos llegado hasta aquí después de décadas en las que los nacionalistas han utilizado escuelas, instituciones y medios de comunicación para adoctrinar a la población, marginar metódicamente a quienes se atrevían a disentir y burlar a un Estado que ha sido incapaz de garantizar derechos tan básicos para una parte de sus ciudadanos como estudiar en castellano si así lo desean.

Y, ¿qué han hecho los partidos nacionales mientras todo esto sucedía? Pactar con los promotores de esa agenda, cuando necesitaban sus votos. Legitimar su victimismo al asumir como natural la deslealtad permanente hacia España. Y ceder, una y otra vez, en la creencia de que llegaría el día en que el nacionalismo quedaría satisfecho. La ingenuidad no puede ser un atenuante en este caso: la historia, si alguien se hubiera molestado en leerla, debería haber bastado para despejar sus ilusiones.

Así que es sólo ahora, ante el desafío final, cuando nos han entrado a todos las prisas, primas hermanas de la improvisación. Empresarios que durante años han permanecido callados ante el rodillo nacionalista hablan al fin de las consecuencias de la independencia, ciudadanos que vivían con pasividad el monopolio del discurso público crean organizaciones cívicas para expresarse con libertad y los partidos nacionales hacen el esfuerzo por articular, aunque sea tarde y mal, un discurso sobre la importancia de lo mucho que une a catalanes y españoles, frente a quienes quieren levantar una frontera de ignorancia entre nosotros. Esperemos que no sea demasiado tarde.

Romper lo irrompible
Javier Benegas www.vozpopuli.com 28 Septiembre 2015

Por mucho que quienes abogan por la independencia aludan a una fuerte identidad nacional catalana, que según su correlato habría sido sojuzgada durante siglos por la malvada nación española, todo apunta a que este factor poco ha influido en el resultado de las elecciones de este 27 de septiembre. Lo cierto, mal que les pese a los más fanáticos, es que nunca ha habido en Cataluña una verdadera aflicción identitaria, ni siquiera la hubo durante el franquismo, y menos aún la podría haber en el presente, por más que se alimente sin descanso el sentimiento de agravio. Y no existe tal aflicción identitaria, no puede haberla, entre otras razones, porque la sociedad catalana es extraordinariamente heterogénea. Si acaso lo que puede haber es una cierta impostura transmitida por contagio, fruto de emociones pasajeras más propias de los multitudinarios conciertos pop que de naciones milenarias.

Conviene, pues, dejar de lado toda la épica nacionalista, las banderas ondeando al viento y las apelaciones a la libertad de un pueblo catalán, que, dicho sea de paso, nunca ha sido sojuzgado, sino que ha formado parte de España por propia voluntad desde el principio. Nada tiene que ver la causa de la libertad con todo este embrollo, ni mucho menos. No frivolicemos ni degrademos gratuitamente algo tan sagrado como la libertad. El partido del 27S se ha disputado dentro de los estrictos márgenes de una crisis económica que dura ya demasiado, y que por fuerza tenía que devenir en crisis política. Crisis esta última ante la cual los gobernantes no han sabido, o no han querido, tomar las decisiones correctas, porque hacerlo llevaba aparejados costes demasiado elevados para ellos y sus partidos.

Aunque a la fuerza ahorcan.
Por lo tanto, estas elecciones autonómicas, que, a lo que parece, se han de leer en clave plebiscitaria, han girado en torno a la pregunta de si con la independencia los catalanes tendrían algo que ganar o no. Así parecen haberlo entendido no solo los independentistas, sino la mayoría de los candidatos que han defendido la unidad, a juzgar por como se han dejado la piel explicando por activa y por pasiva los enormes riesgos que conllevaría para Cataluña su separación de España.

Sin embargo, todo hay que decirlo, a pesar del derroche de racionalidad de los unionistas, bien sea por la abrumadora propaganda a favor de la independencia o bien por otros motivos, es evidente que en muchos votantes ha calado la idea de que su situación económica y política, lejos de mejorar, seguirá empeorando dentro de España. Que fuera les irá mejor y que, así visto, la independencia no representa un riesgo demasiado alto. Lo cual indica que para muchos catalanes, como también para muchos otros españoles que no residen en Cataluña, existe el sentimiento de que son los perdedores de esta crisis, y que lo más probable es que lo sigan siendo indefinidamente dentro del actual statu quo. Y es esta convicción, y no una genuina aflicción identitaria, lo que les predispone a asumir mayores riesgos.

Hecha esta necesaria salvedad, y teniendo en cuenta que los independentistas han echado el resto, todo indica que el separatismo ha tocado techo (hace ya más de dos décadas que la suma de votos nacionalistas no alcanza el 50%), y que solo la instrumentalización de la crisis política y económica, transformada para la ocasión en el motor auxiliar de un nacionalismo en franco agotamiento, mantiene vivo el problema. Conviene, pues, que quienes estén en disposición de concurrir a las Generales tomen nota, y entiendan que solo la reforma del sistema político podrá poner límites permanentes a los delirios secesionistas y, también, a los populismos, que como si fueran una hidra tienen infinitas cabezas. Los españoles bien merecen una democracia con todas las garantías que les permita mirar el futuro con esperanza.

Por lo demás, solo resta reseñar, además del desfonde de Podemos, el batacazo del PP y el ascenso de Ciudadanos, el estrepitoso fracaso de esos dos padres de la patria catalana, Mas y Junqueras, que de un tiempo a esta parte no hacen más que perder peso político y votos, vayan juntos, separados o revueltos. Afortunadamente para los españoles, catalanes incluidos, hacen falta personajes de mucho más fuste para romper lo irrompible; es decir, hace falta mucho más que la algarabía de las banderas y el merchandising para romper una nación que, con todas sus virtudes y defectos, es la de todos.

¿Qué hacemos con Cataluña?
Amando de Miguel Libertad Digital 28 Septiembre 2015

Qué ingenuidad la de suponer que una alta participación electoral en Cataluña iba a favorecer un vuelco electoral en favor del españolismo. La altísima participación ha beneficiado a todos los partidos. Por tanto, nos quedamos como estábamos. Para este viaje electoral (con lo que cuesta) no necesitábamos alforjas.

No menos candorosa ha sido la opinión de algunos comentaristas sobre la escasa validez de la encuesta a pie de urna. La verdad es que tanto esa encuesta como las preelectorales han calibrado bastante bien lo que iba a suceder en el escrutinio de los votos y escaños. El único cambio significativo ha sido el fulgurante ascenso de Ciudadanos, y eso que Albert Rivera no era candidato. Solo aparecía en efigie y descorbatado.

Lo significativo de estas elecciones es el triunfo en escaños de los partidarios de la independencia de Cataluña. Lo curioso es que son un revuelto ideológico que solo se unen para avalar la independencia de su país. Si no la han declarado ya en la noche electoral, no tendrán mejor ocasión de hacerlo en el futuro.

Téngase en cuenta que las independencias de algunos Estados europeos en el último siglo se han precipitado porque las demandaban el 80% o más de sus respectivas poblaciones. No es el caso de Cataluña, donde los votos a favor o en contra de la independencia se distribuyen aproximadamente al 50-50. Con el agravante de que los votos a favor ("juntos por el sí", qué tontería) son de su padre y de su madre. No hay forma de que puedan acordar un programa de Gobierno.

Tampoco es una cuestión de ganar o perder. La Cataluña política queda destrozada, resulta ingobernable. Económicamente el deterioro es aún mayor. Ya es triste para todos los españoles.

La verdad latente es que ni siquiera los independentistas quieren la independencia. Simplemente, amenazan con ella para conseguir su verdadero objetivo, que es un estatuto privilegiado dentro de España. No otra cosa es esa colección de eufemismos: "encaje" de Cataluña en España, “singularidad” catalana, “federalismo”, “tender puentes”, “diálogo”. Flors i violas, vaya. En el fondo, lo que quiere decir el enigmático sí es la constitución de una Cataluña independiente… subvencionada por el Estado español.

Una última perplejidad. Ninguno de los cabezas de lista de los seis partidos con representación electoral ha tenido experiencia de Gobierno. Esa sí que es una novedad. En pocos países se da una cosa así. Confiemos en que les asista la gracia del Espíritu Santo.

Gracias, Cataluña
Pedro de Tena Libertad Digital 28 Septiembre 2015

Mi agradecimiento es sincero y leal. Tras un tiempo –lo reconozco– aburrido, abatido, enardecido, entristecido, cabreado y soliviantado por el espectáculo ridículo y enano que se nos ha obligado a contemplar, he comprendido que la Historia, con mayúsculas, no la que se inventa, se fabula y se finge, sino la Historia de verdad y nunca evidente a ojos menores, hay que sospecharla con el alma grande, la magnánima y bien contraria a la pusilánime y pequeña. Como subrayó Ortega, el alma grande tiene una misión creadora, debe hacer grandes cosas y las hace. Por ello, el día de ayer, domingo, es un hito histórico. Pero no como algunos creen, miopemente, por ser el principio de la independencia con la que media Cataluña quiere aniquilar a la otra media, sino por ser el origen de la recuperación del sentimiento y el sentido de la nación española, perdido en las brumas de una transición que no supo apuntalar lo esencial: que la democracia se fragua en el seno de una nación y que esa nación era y es España. Haber preterido el marco en que se inscribe toda política ha podido llevarnos a acabar con el cuadro mismo, algo que casi consiguieron nuestras dos repúblicas. Pero, afortunadamente, gracias a Cataluña hemos comenzado a recuperarnos como nación.

Ayer, domingo 27 de septiembre, es el día en que una nueva generación fijará sus raíces. Durante casi cuarenta años se ha infectado a las conciencias infantiles y adolescentes españolas, desde Galicia a País Vasco, desde Castilla a Andalucía (que, por cierto, es una versión extendida de la antigua Castilla, no una variante del Magreb), desde Aragón a Murcia, que España es una gran cosa mala de la que hay que arrepentirse y a la que hay que borrar del mapa. Gran pecado cometido por una izquierda borracha de leyenda negra e internacionalismo obsoleto –ahora incluso mareada y penetrada por los sátrapas nacionalistas–, incapaz de asumir la tradición nacional, algo sobre lo que ya les advirtió Menéndez Pidal, que algo de historia sabía. Abandonar íntegramente a los contrarios, que no enemigos, la fuerza de la tradición y no saber hurgar en ella para apuntalar las propias nociones es una vía segura para la perdición. Por ello, cuando se ha visto a reconocidos miembros de la izquierda en actos recientes defendiendo públicamente la idea de España he comprendido que debemos agradecerle a Cataluña que nos haya devuelto una izquierda nacional, que falta nos hacía. Tardará en cuajar, pero lo hará y es absolutamente deseable que lo haga.

Esa nueva generación española que respeta a su nación también removerá –ya está removiendo– la ceguera y el egoísmo de una vieja derecha que, a pesar de haber recibido el regalo de la defensa en solitario de la nación durante décadas, ha sido incapaz de superar un sentimiento de culpabilidad inexplicable ante tragedias donde todos fuimos culpables (por poner un ejemplo distinto al de las banderas, se consiente que se tire al cubo de la basura le efigie del monárquico Pemán en Jerez y se mantiene la estatua de Largo Caballero en la Castellana de Madrid olvidando una regla de oro de la equidad: o todos moros, o todos cristianos) y obtusa, e incluso infame, a la hora de defender la libertad de todos los ciudadanos con instituciones inasequibles para los poderes fácticos, económicos, sociales, políticos e incluso culturales. La nueva generación que sobreviene ha comprendido ya que para curar el cáncer no sirven las libélulas como nos iluminó un vate extremeño.

Recuerden esta fecha, 27 de septiembre de 2015. Ha nacido una nueva generación que, a pesar de las luces y las sombras de la historia de España –ni más ni menos que las de otras historias nacionales–, ha nacido aquí. Como decía La Pepa, ser ciudadano español es haber nacido en su territorio y la nación española no es de ninguna persona, familia o grupo. Bueno, eso sí, lo de ser justos y benéficos, ya es otro cantar, pero deberíamos estar en ello. Lo dicho. Por habernos devuelto a todos la perspectiva nacional y el legítimo sentido de ser españoles, gracias a toda Cataluña.

Escayolar Cataluña
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 28 Septiembre 2015

Los sembradores de cizaña reivindican la consigna de "las Españas" preparando el terreno para desmembrarla en beneficio de sus clanes endogámicos mediante apelaciones a la visceralidad identitaria. Si alimentáramos designios tan siniestros como los de esos depredadores hoy, vistos los primeros resultados de las elecciones autonómicas, podríamos hablar de "las Cataluñas". No lo hacemos. Todo lo contrario: exhortamos a buscar los medios más civilizados para escayolar lo que los secesionistas han fracturado premeditadamente mediante el abuso de su poder.

Lo primero será desenmascarar la manipulación de datos con que los secesionistas intentarán desorientar a la opinión pública tanto en Cataluña como en el resto de España, de Europa y de los países punteros. La mayoría de escaños para declarar la independencia es de dos tercios y no de la mitad más uno. Están a una distancia sideral de alcanzarla. Se necesitan tres quintos para designar al Defensor del Pueblo y dos tercios para reformar el Estatuto, para nombrar a los miembros del Consejo Audiovisual y para aprobar la nueva Ley Electoral… que sigue en el limbo porque la vigente, fraudulenta, duplica el valor de los votos emitidos en la Cataluña profunda y retrógrada. Esto explica el resultado del 27-S y otros muchos anteriores.

Tampoco los votos obtenidos representan la mayoría excepcional que reclamaba –y no obtenía– en cada elección Artur Mas. Ni en sueños consiguen que los apoye la mitad más uno de los 5.500.000 ciudadanos inscriptos en el censo, y estos tampoco serían suficientes para declarar la independencia según la Ley de Claridad canadiense, universalmente aceptada. Confesó Antonio Baños, líder de la CUP (LV, 14/9):

Podemos autoengañarnos, pero sin una mayoría en votos todo se complica.
Más taimado, Raül Romeva intentó escabullirse y no pudo (LV, 23/9):
Sin mayoría de votos será más difícil de explicar al mundo, pero será legítimo.
Nuevamente, habría que computarlos sobre los 5.500.000 del censo.

Para más inri, la fractura que habrá que escayolar no es doble, entre las dos mitades de la sociedad catalana, sino múltiple. También los secesionistas están fracturados. Proclama la CUP, por boca de Antonio Baños, en la entrevista citada:

Evidentemente no votaremos nunca a Mas, con sus luces y sus sombras.
Y Pilar Rahola, hagiógrafa del indeseable Mas, se lamenta el día de las elecciones
(LV, 27/9): La diferencia entre que la CUP sea decisoria o no lo sea, para aplicar la hoja de ruta, es abismal.

Es la mitad racional, culta y productiva de la sociedad catalana la que deberá exprimir su ingenio para aplicar las escayolas indispensables, porque lo único que se puede esperar de la olla podrida secesionista que bulle en el nuevo Parlamento es una sucesión de choques arteros entre sus componentes antagónicos: nacionalidentitarios, comunistas y antisistema irredentistas. Hasta ahora no aportaron nada útil a la sociedad y tampoco lo aportarán en el futuro. Sólo el caos y la insidia, como en el Ayuntamiento de Barcelona.

Aznar va a por Rajoy
Pablo Sebastián www.republica.com 28 Septiembre 2015

Enorme sorpresa y profundo malestar en el palacio de la Moncloa ante las duras acusaciones de José María Aznar a Mariano Rajoy al que culpa de la derrota del PP en Cataluña -la quinta de la legislatura, dice Aznar citando las europeas, andaluzas, municipales y autonómicas-, de no haber liderado desde el Gobierno de España la batalla política frente al independentismo -‘todas las batallas que no se dan se pierden’- y de llevar al PP en una situación ‘muy comprometida’ ante las elecciones generales del próximo 20 de diciembre.

Todo un misil lanzado por Aznar contra la línea de flotación y liderazgo de Rajoy al tiempo que le exige una profunda reflexión del PP de la que, en su opinión, se deben extraer ‘consecuencias’ y modos de actuación, sin desvelar el ex presidente del Gobierno cuales deben ser semejantes consecuencias en el corto plazo que queda -apenas tres meses- de cara a los comicios generales de final de año.

¿Acaso está pidiendo Aznar a Rajoy que se retire de la cabeza de cartel del PP y ponga otro candidato a la Moncloa para las generales? No está claro. Y si el presidente de honor del PP está preocupado por la unidad de España y el futuro inmediato del PP ¿quiere decir ello que él mismo estaría en condiciones de sustituir a Rajoy en la cabeza de cartel el PP?

En su primera declaración pública y crítica contra Rajoy, tras estallar el caso Gürtel, Aznar declaró en Antena 3TV que solo regresaría al primer plano de la política si se vieran afectados sus compromisos con España y con el PP. Pues visto lo ocurrido y este reciente comunicado de Aznar contra de Rajoy parece que se dan las condiciones para el regreso de Aznar al primer plano de la política aunque no sabemos si para antes o después de las elecciones generales.

Sobre todo porque Aznar -como otras personas de entorno de Rajoy- cree que el liderazgo de Rajoy está agotado y que además y en últimos días el presidente parece ser víctima de un desfallecimiento anímico y de falta de confianza en sí mismo. Se vio durante la entrevista con el periodista Carlos Alsina donde se quedó en blanco sin saber que decir sobre la nacionalidad española y europea. Y posteriormente durante el cierre de la campaña electoral catalana del pasado viernes junto al ex presidente galo Nicolás Sarkozy, donde Rajoy fue incapaz de ofrecer un mitin y se dedicó a leer un discurso escrito que previamente le habían preparado sus colaboradores, lo que resultó bastante llamativo.

Y no sería de extrañar que el propio Sarkozy haya encontrado en baja forma a Rajoy y se lo haya hecho saber a su amigo Aznar. Y tampoco sería de extrañar que el ex presidente del Gobierno haya conocido una encuesta que circula en selectos círculos económicos de Madrid en la que se dice que el favorito para ganar las elecciones generales es el PSOE de Pedro Sánchez y que el PP de Rajoy podría quedar en tercer lugar detrás de Ciudadanos y Albert Rivera, pronóstico sorprendente que tras la victoria de Ciudadanos en Cataluña empieza a ser creíble.

¿Qué va a ocurrir? No se sabe, pero la caótica rueda de prensa que ayer ofreció la ‘reaparecida’ Cospedal tras la reunión del Comité Ejecutivo del PP viene a confirmar la crisis y desconcierto que impera en las filas y la dirección del Partido Popular. Y lo que es peor vuelve a imperar en este partido la sensación de que Rajoy no hará nada como ocurrió tras la derrota municipal y autonómica el pasado 24 de mayo, cuando se negó a hacer cambios de profundidad en el PP y su Gobierno.

En aquel momento -en el que Rajoy debió convocar un Congreso del PP para elegir candidato a la Moncloa- el presidente recibió duras críticas de algunos dirigentes de su partido -Juan Fernando Herrera le dijo: ‘Mariano, mírate al espejo’-, pero Rajoy sorteo la crisis y no paso nada más. Pero ahora ha sido el propio Aznar -que ya avisó en la Convención del PP de enero preguntando ‘¿quiere el PP ganar las elecciones?, el que ha señalado con el dedo a Rajoy. Y cabe imaginar que no solo para avisar sino para algo más.

Duro ataque de Aznar contra Rajoy: ‘Se pierden las batallas que no se dan’
REPÚBLICA / RAFAEL HALCÓN www.republica.com 28 Septiembre 2015

El rotundo fracaso del PP en las elecciones catalanas del 27-S ha abierto una profunda crisis en el seno del Partido Popular donde muchos dirigentes temen que el fracaso sea la antesala de otro de mayor cuantía en los comicios generales del 20 de diciembre, y culpan a Rajoy de esta situación, tal y como lo ha hecho en un comunicado el presidente de honor del PP, José María Aznar.

Lo que sumado a la muy tardía y poco novedosa declaración de Rajoy en Moncloa –en la mañana de ayer- para valorar el resultado de las elecciones del 27-S, y a la caótica rueda de prensa de la secretaria general Dolores Cospedal, anuncia que la crisis de liderazgo del PP es una realidad.

Y que las malas expectativas electorales del PP, de cara a las elecciones generales de fin de año, es algo muy serio y podría desencadenar algún tipo de movimiento o reacción en contra de Rajoy por parte de algunos de sus dirigentes en pos de esa ‘profunda reflexión para extraer las consecuencias y ponerse a ello’, como ha dicho Aznar, sin explicitar cuales debieran ser esas consecuencias y si ello debe afectar a la candidatura de Rajoy -de quien se dice que está muy tocado anímicamente- a la presidencia del Gobierno.

Se veía venir y llegó. José María Aznar ha estallado y lanzado su ira política directamente y sin rodeos contra el presidente del Gobierno y del PP Mariano Rajoy al que acusa de ‘no haber sido capaz, desde el Gobierno, de representar a la mayoría de las fuerzas constitucionales” en Cataluña.

Y ha añadido Aznar en referencia a Rajoy: ‘la primera regla de la política es que pierdes todas la batallas que no das”, y ha completado esa idea diciendo que ‘el constitucionalismo tiene espacio en Cataluña, siempre que los que defienden los principios constitucionales se dediquen a eso y no a hacer extravagancias”. Subrayando sobre esta cuestión: ‘“lo que ha pasado en España en los últimos años es que solamente ha jugado un equipo y ese equipo ha ido ganando terreno”. Lo que en resumen quiere decir que Aznar acusa a Rajoy de no haber dado la batalla política de Cataluña, de haberse dedicado a actitudes ‘extravagantes’ y de haber dejado a los independentistas jugando solos como dueños del terreno.

Siempre sobre la cuestión catalana Aznar ha declarado que el proceso secesionista “va a continuar y va a continuar más radicalizado porque los más radicales tienen más fuerza”. “Estamos -dice Aznar- en un punto muy interesante para volver a rearmar los movimientos constitucionales que se han desarmado en Cataluña pero si los partidos constitucionales se meten unos a hablar de un Estado federal, otros de tercera vías, otros de reforma constitucional, será un paso atrás muy grande”.

En relación a la crisis del PP, Aznar ha declarado que, tras el 27-S, ‘para el PP es el peor escenario posible. Tu rival de la izquierda queda fortalecido, tu espacio queda mermado, los secesionistas van a continuar el proceso. Tu posición está seriamente comprometida. El resultado de Ciudadanos, unido al del PP, consolida el fraccionamiento del espacio de centro derecha a nivel nacional, y el electorado del PP ha dado un aviso en las elecciones europeas, muy serio; otro en las municipales; otro en las autonómicas; otro en las andaluzas, y le acaba de dar otro aviso en las elecciones catalanas. Son cinco veces consecutivas en pocos meses en los que el electorado te está diciendo que no está contento con cómo están las cosas. Ya va el quinto aviso y no se puede desoír”.

Veremos pues qué pasa en los próximos días y si Rajoy vuelve a enrocarse en su inmovilismo proverbial como ocurrió tras la anterior derrota electoral del 24-M en los comicios locales y autonómicos, negándose a convocar un congreso del partido y a hacer profundas reformas en la dirección del PP y dentro de su Gobierno.

Sin embargo esta vez, tras la quinta derrota -como ha dicho Aznar- la situación es mucho más complicada porque lo que ha pasado en Cataluña puede tener graves consecuencias para el PP en las elecciones generales de fin de año. De hecho antes de los comicios catalanes ya circulaba por Madrid un sondeo de las generales en el que el PP aparecía en tercer lugar detrás del PSOE y de Ciudadanos, e imaginamos que dicha encuesta la conoce Aznar

'THE INDEPENDENT' SEÑALA A EUROPA
'El verdadero enemigo de Occidente es Arabia Saudí'
"Los países de Occidente han proclamado como una de sus prioridades la lucha contra el terrorismo, pero por sus intereses económicos, cierran los ojos ante su aliado", señala el periódico inglés.
RT  www.gaceta.es 28 Septiembre 2015

La semana pasada la ONU concedió al embajador saudí un cargo importante en el Consejo de Derechos Humanos, decisión que fue apoyada por EE.UU. y países occidentales. Arabia Saudita es considerado como uno de los principales aliados de Occidente en Oriente Medio, mientras que este país "está activo en todos los niveles del terrorismo: desde la planificación hasta la financiación, la ideología y la mano de obra militar", como lo describía ya en 2002 el político francés Laurent Murawiek, comienza un artículo de 'The Independent'.

Además: La ONU nombra a Arabia Saudí defensora de los derechos humano

Riad ejecuta una persona cada dos días. Para poner ejemplos, Ali Mohammed al-Nimr, de 21 años, será ejecutado por medio de la crucifixión por participar de las protestas contra el gobierno, mientras que el bloguero Raif Badawi, que "insultó el islam", fue condenado a diez años de prisión y 1.000 latigazos.

Más grave aún es la relación entre la casa real saudí y el terrorismo internacional. "En los 14 años que siguieron a los ataques del 11 de septiembre de 2001, los saudíes se han vuelto más agresivos. Financian las organizaciones islamistas y sus acciones, promueven doctrinas que someten a castigos a las mujeres y los niños, y no hacen caso a los principios democráticos. Están llevando a cabo una campaña de crueles bombardeos en Yemen, que dejan miles de civiles muertos y muchos más en una situación desesperante", publica el periódico.

"¿Qué hace nuestra clase gobernante para detener a este Satanás?", pregunta el autor del artículo, Yasmin Alibhai-Brown, y al mismo tiempo responde: "Nada". "Nuestros líderes saben lo que está pasando, pero no he visto en la tele ninguna investigación acerca de este régimen". Según el artículo, los gobiernos occidentales nunca se enfrentarán a Arabia Saudita, "fuente del lavado cerebral islamista", debido al "petróleo y los beneficios que se obtienen por la venta de armas". "Los cobardes políticos y los interesados en los beneficios económicos son una amenaza real para nuestra seguridad nacional", concluye el autor.


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Las empresas estratégicas en manos separatistas
Bajo el control y el criterio independentista, compañías como Repsol y Gas Natural han perdido múltiples oportunidades de negocio
Roberto Centeno El Confidencial 28 Septiembre 2015

Al escribir estas líneas no conozco los resultados de las meras elecciones autonómicas catalanas, que ilegalmente la Generalitat considera un plebiscito sobre la independencia, y aceptado en silencio por un jefe de Estado y un jefe de Gobierno indignos y cobardes que han permitido la vulneración impune y sistemática de la Constitución y de la ley, por parte de un puñado de sediciosos totalitarios, a quienes hasta los propios jueces catalanes acusan de no respetar ni el derecho ni la libertad. Pero sea cual sea el resultado, el próximo presidente de la Generalitat será un separatista radical. En esas condiciones, y aunque espero que los culpables acaben pagando cara su inacción y su felonía, hay temas que afectan a la seguridad nacional y que no pueden continuar como si nada hubiera pasado, porque sí ha pasado.

Y uno de ellos es que los grandes monopolios estratégicos, Repsol y Gas Natural, no pueden seguir en manos pro separatistas con unas participaciones ridículas. Además, son tan escandalosamente ineptos que su gestión es el hazmerreír de los mercados. Como es absolutamente inaceptable que Telefónica y otras grandes del Ibex hayan montado consejos en Cataluña plagados de separatistas como si fuera un país soberano. Por otro lado, las sedes sociales de Gas Natural, Iberdrola y BBVA no pueden seguir en territorios cuyos líderes se declaran no españoles, beneficiando así en forma desproporcionada (con sus impuestos, con su empleo de alta calidad y con todo lo que implica una sede social) a los enemigos de España.

Por ello, mientras tengamos un jefe de Gobierno que hoy es casi un zombie, no ya cobarde sino colaborador necesario en la secesión, empezando por entregar sin intereses más de 40.000 millones de euros a la Generalitat sin lo cual habría quebrado en 2012, el primer paso para terminar con el poder separatista en Cataluña y el País Vasco es que la gente sepa cómo se han hecho con el control de las grandes empresas estratégicas. También hay que indicar desde dónde expolian a los ciudadanos con los precios más altos no solo de la UE sino de toda la OCDE, que a veces hasta doblan, o que empresas como Telefónica, cuyo vicepresidente primero es el presidente de La Caixa, o Endesa, traten a Cataluña como si fuera ya un país independiente.

Con estas acciones, sus responsables no solo son pasivamente desleales a su patria, sino que están construyendo las estructuras que necesita Cataluña para conseguir además de su independencia formal, la cual no le bastaría para lograr la autosuficiencia nacional, la independencia material que sí le permitiría separarse de España. A la ayuda a la sedición, estos desleales le añaden el presunto delito de rebelión aunque no intervengan las Fuerzas Armadas. Nos están traicionando todos: la Corona, el Gobierno, la oposición y los grandes oligarcas. El tema ahora va en serio, así que vayamos en serio todos, porque antes o después los españoles deberemos reaccionar ante tanta y tan gravísima deslealtad hacia la propia patria.
PSOE y PP entregan monopolios a separatistas

Uno de los episodios más lamentables perpetrados por la oligarquía política en connivencia con la oligarquía empresarial y financiera durante la infausta Transición fue la privatización de los grandes monopolios estratégicos, electricidad, petróleo y gas, levantados con los impuestos y el esfuerzo del pueblo español durante varias generaciones -el de petróleo desde 1929- en condiciones económicas tan insultantes que fueron vendidas sin concurso alguno por la décima parte de su valor. Y eso no fue todo, el desmantelamiento de los monopolios públicos, que se suponía se hacía para dar paso a la competencia como había ocurrido en otros países, haría justo lo contrario.

Los monopolios públicos con precios administrados fueron sustituidos por monopolios privados con precios libres y, así, de tener los precios de la electricidad, de los productos petrolíferos y del gas (antes de impuestos) más bajos de Europa, hoy tenemos los más altos, uno de los grandes frenos estructurales al crecimiento y a la productividad, dado que estas empresas estratégicas suministran los 'inputs' esenciales de la economía. Pero el colmo de los colmos es que las grandes empresas estratégicas no solo serían vendidas por una fracción de su valor, es que en el caso del petróleo y el gas se entregaron a los pro secesionistas catalanes y vascos, cuyo sectarismo solo es superado por su rapacidad y su ineptitud.

La primera parte de este desastre fue realizada por Felipe González, cuando los activos del Monopolio de Petróleos fueron vendidos a las refinerías sin concurso alguno en la ridícula cifra de 600 millones de euros, cuando valían al menos diez veces más. Después, Gas Natural se constituye a base de presiones de González en lo que llaman “el encaje de Cataluña en España”, que consiste en dejarnos robar impunemente y que a partir de hoy será la propuesta central de un Gobierno de cobardes y una oposición no menos cobarde aún. Esta operación se fundamentó en obligar a que los activos de Catalana de Gas, que era una pequeña distribuidora de gas ciudad, se equiparasen a los activos comerciales de Enagás, que valían cinco veces más.

Los dos socios de Gas Natural eran Repsol, que se había privatizado en tres fases y donde el aliado de referencia era el BBVA, y La Caixa, que acabaría desplazándolos. Repsol había comprado a la argentina YPF y, al producirse el corralito en este país, la petrolera se ve debilitada financieramente y La Caixa, con el visto bueno del Gobierno, obliga a Alberto Cortina, entonces presidente de Repsol, a desprenderse en una noche del 25%, con lo cual se convierte en primer accionista. Superado el corralito, Cortina empieza a comprar acciones de Gas Natural para recuperar la mayoría perdida, pero al ganar los socialistas en 2004, La Caixa exige el cese de Cortina en Repsol y su sustitución por Antonio Brufau, que era el presidente de Gas Natural.

A partir de ese momento se produce el control total de dos grandes empresas energéticas por La Caixa. Firman unos acuerdos de explotación conjunta de los activos de gas de ambas, escandalosamente favorables a Gas Natural, donde los pro separatistas eran mayoritarios. Con solo una participación de entre el 10 y el 12%, La Caixa controla totalmente Repsol, porque a pesar de que tres años después entra Sacyr con el 20%, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero apoya ese control, que en aquel momento coincide también con el Gobierno tripartito en Cataluña. A partir de la presidencia, el consejo de Repsol pasa a estar controlado por separatistas catalanes y vascos.

Entre ellos destacan Luis Carulla, que hace unos días se opuso al comunicado del Círculo de Economía catalán, por no considerarlo suficientemente secesionista. La notaria María Isabel Gabarró, así como Mario Fernández, exvicelehendakari vasco con una posición muy fuerte en el PNV, y hasta hace poco presidente de la Kutxa, la resultante de la fusión de las tres cajas vascas dominadas por el PNV; Javier Echenique, antiguo presidente del Banco Guipuzcoano y actual vicepresidente del Banco Sabadell, y de conocida afinidad con Eusko Alkartasuna, y como remate, el actual consejero delegado del Eusko Buru Batzar, órgano ejecutivo del PNV, Josu Jon Imaz, cuyo desconocimiento empresarial y petrolero inédito en las 50 primeras petroleras mundiales produce vergüenza y sonrojo.

En febrero de 2007, con la bendición de Mariano Rajoy como líder de la oposición, y con la complacencia de Esperanza Aguirre, más tarde fichada por una empresa catalana, se intenta fusionar por absorción de la pequeña Gas Natural a la grande Repsol y el traslado de la sede social a Barcelona, operación que frena Luis del Rivero amparándose en la irrisoria ecuación de cambio que ofrecían como sucedería con Endesa, con lo cual comenzó a cavar su tumba empresarial. La situación actual es que los separatistas catalanes y vascos, cuya posición es de apoyo a los catalanes, controlan Repsol con un 10-12% y Gas Natural con un 35%, apoyado por el 30% de Repsol.

La expulsión de Pemex, que junto con Luis del Rivero buscaba recuperar la españolidad de Repsol, fue posible por la colaboración de Rajoy, que sustenta la teoría de que dando más y más a los separatistas se saciaría su apetito, y el hoy ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, cuya empresa, Montoro Asociados, convertida en Equipo Económico, trabajaba para defender la posición separatista. Montoro tendría la miseria moral de afirmar que esas operaciones de recuperación de la españolidad no podían hacerse en periodo electoral (sic). Los mexicanos de Pemex, cuya entrada en España fue conseguida por mí al venderles una participación de Campsa en la refinería de Petronor, creían que por estar trabajando Equipo Económico para rebajar la sanción de Hacienda a Cemex (algo inimaginable en un Estado de derecho), Montoro sería neutral, pero fue beligerante a favor de los separatistas y en contra de España.

Una gestión que es el hazmerreír de los mercados
Los separatistas rompen el pacto con Pemex con la bendición de Rajoy y estos abandonan Repsol. La primera consecuencia de este disparate es que si hubieran actuado con profesionalidad, en lugar de con una prepotencia e incompetencia absolutas, aparte romper el pacto Pemex-Sacyr en aras de mantener el férreo control soberanista, jamás se hubiera producido la expropiación del gigantesco yacimiento de Vaca Muerta en Argentina, con reservas valoradas en 10$/barril. La parte correspondiente a Repsol hubieran sido 66.000 millones de dólares, y solo recuperaría 6.000 millones.

De nuevo, y dentro de esta gestión disparatada dirigida a mantener el control separatista a toda costa, en las aguas profundas de Brasil Repsol vendió el 40% de su participación a la china Sinopec, con la idea de que en el megacontrato que iba a realizar el Gobierno de Brasil, los chinos fueran con Repsol. Pero por su ineptitud y su sectarismo pierden la “pool position” y Shell y Total, aliados con Petrochina, les comen la sopa en el plato y ganan el megacontrato. Y como las desgracias nunca vienen solas, si hubieran mantenido el pacto con Pemex los contratos de servicio que iba a hacer esa compañía en las aguas profundas del Golfo de México, Repsol hubiera tenido una posición privilegiada. Y además hubieran explotado en el futuro el 'fracking' mexicano del que hoy están totalmente excluidos.

Son tan sectarios que ignoran lo que los criterios de españolidad suponen en el mundo hispano con 700 millones de habitantes: una situación de privilegio increíble. Y así, el Santander es el mayor banco de Europa por su presencia en Hispanoamérica y Telefónica la primera operadora de Europa por lo mismo. El control separatista de Repsol hace que no se cumpla la regla de tres de que Santander es a la BNP o Telefónica a Italtelecom como Repsol debería ser a Total o al Eni, lo que nos cuantifica la diferencia de una compañía regida con criterios españoles o con criterios separatistas. Total vale hoy 100.000 millones de euros y Repsol, 14.000 millones. Este es el precio para los accionistas del control separatista de las grandes empresas estratégicas. Lo tienen merecido por sostenerlos con su dinero.

El último disparate ha sido la compra de la petrolera canadiense Talismán a un precio de las reservas que dobla el precio actual de mercado. Un disparate tal que las carcajadas todavía resuenan en el sector. En consecuencia, Repsol ha perdido el 53% de su valor en un año, frente a un -33% de BP, -24% de Exxon-Mobil, -32% de Total o -30 % de Shell, pero con dos diferencias esenciales: Repsol ya no es un productor significativo de crudo como los otros y la caída del petróleo apenas la ha afectado, y es además un monopolio con “licencia” para expoliar, algo de lo que carecen las grandes petroleras porque si actuaran como Repsol, sus consejos de administración en pleno irían directamente a la cárcel. Pero en España el Gobierno protege eso. Los separatistas nos roban y a partir de hoy, con la cobardía del Gobierno y la oposición para “buscar un encaje a Cataluña”, ya ni les cuento.

NOTA: Una mayoría de catalanes ha votado contra la independencia, es lo único relevante. Los escaños solo valen a efectos del Gobierno autonómico. Dicen los sediciosos que 1,8 millones de catalanes quieren una relación diferente (de privilegio) con España, pero 44,2 millones no estamos dispuestos a dejarnos robar. Hoy mas que nunca procede recordar las palabras del Dr. Negrín en 1938, harto de la cobardía y la deslealtad de Companys: “No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino, estoy haciendo la guerra por España y para España… No hay mas que una nación: ¡España!”. Acto seguido quitaría todas las competencias a la Generalitat. La basura de líderes socialistas (y del PP) actuales debería tomar nota de lo que es un presidente de Gobierno.

Lunes de resaca,la vida sigue.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 28 Septiembre 2015

Hoy es el día después de las elecciones celebradas en Cataluña para la renovación de su Parlamento autonómico, lo que se conoce normalmente como “autonómicas”. La primera anormalidad fue el que una coalición formada principalmente por ERC y CDC tras su ruptura con Unió, así como por los grupos Democratas de Cataluña y Movimiento de izquierdas, y que se llamó Junts pel Sí, sus líderes Artur Mas, Junqueras, Romeva, no han dejado de repetir hasta la saciedad el mensaje de que en realidad eran unas elecciones “plebiscitarias”. Eso sí, con la salvedad de que en lugar de los votos, lo que se contabilizaría serían los escaños conseguidos y que considerarían un aval obtener la mayoría parlamentaria absoluta, es decir 68 escaños de los 165 que se compone el Parlamento de la Comunidad autónoma. La otra anormalidad es que el Gobierno de España cometiese la torpeza de permitir que el Ministro de Exteriores hiciera el ridículo en un programa de debate innecesario, contraproducente y limitado a un cara a cara con Oriol Junqueras sobre las consecuencias de una independencia de Cataluña. Y la tercera anormalidad fue la penosa entrevista de un balbuceante Mariano Rajoy con Alsina de Onda Cero, dando la impresión de no haber preparado ni conocer las consecuencias de una declaración unilateral de independencia.

Si a eso le sumamos la omnipresencia y liderazgo de la campaña del PPC por Mariano Rajoy, relegando a un papel secundario a un candidato de urgencia, nadie se puede extrañar del batacazo electoral cosechado con una pérdida de 8 diputados quedando como 5ª fuerza política al nivel de la coalición de izquierdas liderada por IU y PODEMOS con 11 escaños. Y eso sí que es no una anormalidad sino el resultado de la equivocada estrategia planteada y que las payasadas y hacer el indio se paga con el desprecio de los ciudadanos. Se puede decir de forma rotunda que los grandes perdedores de las elecciones además de la desaparición del rescoldo de UNIÓ ex socio de CDC, han sido el PPC y PODEMOS-IU que mucho deberán cambiar para mejorar en las elecciones generales de diciembre.

Es verdad que por escaños, el ganador sin duda ha sido la coalición de Junts pel Sí, con sus 62 escaños conseguidos. Es verdad también que en votos globales, esos que se usarían para valorar un plebiscito, incluso sumando los obtenidos por las CUP, no han llegado a obtener la ansiada mayoría, superior al 50%, sino un 48%. Sin embargo, sería muy irresponsable negar que si a ese resultado se le sumasen los 10 escaños conseguidos por la ultraizquierda separatista CUP, sí que obtendrían la mayoría parlamentaria que aducían para lanzar su proyecto soberanista. Para ello la CUP debería apoyar la investidura del candidato que, de acuerdo a sus anteriores declaraciones, en ningún caso admitiría que fuese Artur Mas. Así que la coalición en la que ERC ha sacado 20 escaños de los 62 deberá decidir cuál es su representante anulando el acuerdo previo para la formación de las listas.

Lo que sin duda fue el resultado más esperanzador del día lo protagonizó CIUDADANOS con su joven candidata Inés Arrimadas consiguiendo 25 escaños y quedando de hecho como segunda fuerza política tras CDC y por delante de ERC, caso de que sus listas hubiesen sido independientes en unas elecciones autonómicas no travestidas de plebiscitarias. Un éxito que supone para el PP un golpe difícil de asumir y que significa el auge de una formación liderada por Albert Rivera que se presenta como una alternativa real de Gobierno para las elecciones generales de diciembre. Un resultado que corrobora el crecimiento y apoyo ciudadano obtenido en las pasadas elecciones autonómicas y con tendencia a ser mucho más decisivo e influyente.

Lo más negativo de estos resultados es ver con tristeza el daño que ha hecho a la sociedad española en Cataluña el nacionalismo secesionista en su loca deriva liderada por un Artur Mas afectado por la corrupción y por la ambición. Una sociedad divida en dos bloques y donde la izquierda radical ha adquirido un protagonismo incompatible con el desarrollo, la libertad y la democracia. Cataluña quiere ir de forma suicida a un sitio del que hace años otros han regresado tras fracasar de modo estrepitoso. Cataluña sigue siendo una parte fundamental de España con casi el 20% del PIB español y 7 millones de ciudadanos, su quiebra es la quiebra de todos, su empobrecimiento es el empobrecimiento de todos y eso no nos lo podemos permitir por una cuestión de sueños imposibles relatados por embaucadores, trileros y apátridas disfrazados de patriotas de opereta.

Hoy es el día después. Nos hemos despertado y la vida sigue, pero en Cataluña el poso que queda es el de frustración, de desencanto en una casta política alejada de los problemas de los ciudadanos que ven cómo su nivel de vida empeora cada día por la falta de responsabilidad de sus gobernantes, empeñados en ser cabeza de ratón como dije el otro día aunque el ratón esté desnutrido. Solo espero que el secesionismo no siga por el camino del enfrentamiento y cambie su discurso volviendo al pragmatismo y al viejo dicho de más vale pájaro en mano que ciento volando. El famoso Seny que no es otra cosa que la actitud camaleónica de donde dije digo digo Diego.

¡Que pasen un buen día!

Al borde del precipicio
Luis Herrero Libertad Digital 28 Septiembre 2015

Si de lo que se trataba era de averiguar si los independentistas iban a conseguir su doble objetivo –mayoría absoluta de escaños y de votos–, la respuesta es no. Se han quedado donde la inmensa mayoría de los predictores nos dijeron que se quedarían: un poco más allá de la mayoría absoluta de escaños (4 más) y un poco más acá de la mayoría absoluta de votos (2,3% menos). Así que los predictores se quedan muy contentos por haber acertado y los separatistas se quedan aparentemente contentos por haber logrado, al menos, la mitad de lo que querían. Sin embargo, ningún observador objetivo podrá suscribir la tesis de que los ciudadanos de Cataluña han optado mayoritariamente por independizarse de España.

El 51% de los votantes han apostado por opciones políticas más o menos unionistas. De entre ellas, Ciudadanos es la vencedora indiscutible de la noche. Pulveriza los pronósticos. Segunda fuerza en el Parlament. Primera fuerza nacional. Ha subido de 9 a 25 escaños (+16). Ha pasado del 7,5% al 18% (+10,5%). Ha sacado más del doble de votos y escaños que el PP, a quien le roba un tercio de sus antiguos votantes. Se coloca a 9 escaños de distancia y más de 200.000 votos de su inmediato perseguidor, el PSC, y capta a 8 de cada 10 de los 350.000 nuevos votantes que abandonaron la abstención para apoyar opciones políticas contrarias a la independencia. Es el catalizador casi monopolístico del voto útil.

Los socialistas salvan los muebles y sólo pierden 23.000 votos respecto a las elecciones de 2012, si bien es verdad que apenas se benefician en nada del fortísimo incremento de la participación. Ayer votaron en Cataluña, en números redondos, medio millón de ciudadanos más que en las últimas elecciones catalanas. De ellos, 150.000 han optado por listas separatistas. El resto, por lo contrario. Pero ninguno de ellos ha querido bailar con Iceta.

Podemos ha demostrado que despeñarse sí se puede. El tal Lluís Rabell cogió las expectativas electorales de su coalición en el 13,9% al comienzo de la campaña y ha cosechado un resultado final que está cinco puntos por debajo (8,9%). El suyo es, de todos, el resultado más extrapolable al ámbito de las elecciones generales. Demuestra que en la izquierda ya es indisimulable el trasvase de votos de Podemos al PSOE. Muchos hijos pródigos vuelven a casa después de haber dilapidado su ilusión en coqueteos con un Pablo Iglesias que les prometió vida más allá de este sistema democrático corrupto y herrumbroso y luego se convirtió en otra fiera más del mismo circo.

El trasvase confirma Pedro Sánchez como candidato firme a ganar la batalla electoral de diciembre. Su pelea con Iglesias será digna de verse. Pero, hasta entonces, por lo que respecta al desafío catalán, uno y otro van a mantener, por desgracia, posiciones parecidas. El PSC quiere que Cataluña sea una nación (es decir, sujeto de su propia soberanía) y Podemos quiere que se le reconozca el derecho a decidir. Son reivindicaciones idénticas que persiguen el mismo objetivo: una reforma constitucional que haga posible el referéndum a la escocesa que reclaman los separatistas.

Eso es lo peor de lo que nos espera: que frente a la reivindicación de la independencia express se configura ahora un segundo frente partidario de la independencia a plazos. Primero ofrecerán el reconocimiento de Cataluña como nación, luego admitirán la convocatoria de un referéndum limitado al ámbito de la nueva realidad nacional y por último avalarán los resultados de esa consulta, en la que muchos de ellos votarán sí después de haber predicado el no.

Lo único que puede evitarlo es que Pedro Sánchez ponga proa desde hoy mismo al pacto con Ciudadanos para llegar a la Moncloa. Anoche ya entró en campaña con una puesta en escena televisiva que parecía ir en esa dirección: delante de una bandera española –flanqueada por la senyera y la bandera europea– habló de unidad y de lealtad constitucional con porte de presidente del Gobierno. Si se cumple la lógica, la sangría de Podemos llevará muchos votos a las unas del PSOE y el subidón de Ciudadanos se los quitará a las del PP. Las cuentas salen.

Por eso la sede del PP es, a estas horas, lo más parecido a un camposanto. No sólo han perdido 8 escaños y 4,5 puntos. Se han convertido en penúltima fuerza en número de votos. El efecto Albiol se ha quedado en simple espejismo. Los catalanes le han dicho, alto y claro, que no se sienten protegidos por esa extraña doblez que les hace desplegar banderas españolas en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona los días de campaña y mirar hacia otra parte cuando los separatistas se ciscan en la ley, incumplen las sentencias judiciales o inundan de esteladas la Meridiana.

He oído y leído comentarios, estos días, que afirman que los chamanes de Génova –apóstoles del voto del miedo– querían que pasara algo así para encarar las elecciones generales presentando a Rajoy como la última esperanza blanca capaz de evitar el cataclismo. Siempre me ha parecido un argumento retorcido y autocomplaciente. Si los ciudadanos catalanes, que viven en el epicentro del peligro, no confían en él como guardián del orden constitucional, ¿por qué tendrían que hacerlo el resto de los españoles? Ciudadanos sale de esta contienda en cohete. Albert Rivera ya es el jefe de la oposición al separatismo en Cataluña y desde ahora se convierte en la alternativa creíble a la abulia de Rajoy.

Mientras tanto, en las fuerzas separatistas pintan bastos. Lo más probable es que a Artur Mas se lo estén llevando los demonios, de pensamientos para adentro, por tener que poner en marcha un proceso de desconexión con España sin la legitimidad electoral suficiente y con la necesaria colaboración –sin ellos no tiene la mayoría en el Parlament– de una CUP que le acusa de haber sido un lastre para la causa y que quiere ver su cabeza clavada en una pica sacrificial en la plaza de Cataluña.

Oriol Junqueras también debe de estar tirándose de los pelos, en la soledad de su dormitorio, por haberse dejado embaucar por un President que olía a chamusquina antes de las elecciones y a cadaverina después de ellas. ERC, en una lista solitaria, hubiera sacado mejor tajada. Ahora sería el líder de la secesión. No tendría que apuñalar a Mas, un magnicidio político inevitable, ni conspirar en secreto con David Fernández su investidura como jefe de la manada.

Que la resolución del conflicto se produzca por la vía rápida que patrocinan Junts pel Sí o por la vía de espoleta retardada que promueven Podemos y PSC dependerá de la capacidad del Gobierno para hacer que se respete la Constitución –de aquí a fin de año– o de la fortaleza de Ciudadanos –si hay alternancia en diciembre– para impedir reformas irreversibles. Los resultados de las elecciones catalanas, desde este punto de vista, nos colocan al borde del precipicio. Podía haber sido peor.

Messi como síntoma de una Catalunya rota y perdedora

La marea es demasiado fuerte, incontrolable. Como Messi antes de lesionarse. Hasta que se rompió. Ojalá vuelva por sus fueros. Pero los años no pasan en balde. Y los abismos que abren, tampoco
S. McCoy El Confidencial 28 Septiembre 2015

La última lesión seria de Messi tuvo lugar en 2006, año en que las Cortes Generales aprobaron el Estatuto de Catalunya.

No se trata de una coincidencia menor. A partir de ahí, el Barsa se incardinó en la historia y los nacionalistas fueron juntando, gracias en parte a la indolencia y complicidad del Gobierno de España, los mimbres para construir la cesta de la independencia que ahora presentan como oportunidad de futuro a los electores.

A lo largo de estos dos lustros, el ‘más que un club’ adquirió para los separatistas un significado distinto, tal vez el verdadero: no nos lo merecemos, no nos merecen. Somos más y, por supuesto, mejor que el resto.

Como Leo.

Este fin de semana, el astro argentino se ha roto, 24 horas antes de que el separatismo viviera lo que esperaba fuera su momento de gloria.

Se enfrenta a dos meses de convalecencia tras los que se espera que vuelva por sus fueros, pero los años no pasan en balde y la dependencia del F.C. Barcelona de su estrella lo hace más vulnerable.

Ha tenido que ser justo ahora, cuando esa década de romance furtivo, no declarado, entre ‘circenses’ y ‘panem’ podía romper en noviazgo explícito, si no boda griega, al servicio de una causa mayor.

El fútbol como bandera de identidad nacional, sostén del imaginario colectivo.

Ensoñación.
Quizá su rodilla quebrada no sea sino imagen de lo que está por venir en Catalunya, si no ha llegado ya. La representación de una sociedad rota en la que se han abierto unas heridas que, en el mejor de los casos, tardarán largo tiempo en cicatrizar: hermanos contra hermanos, padres contra hijos, amigos contra quienes antes lo fueron. No hay posiciones minimalistas, ya no; prima una grandilocuencia que conduce inevitablemente al extremismo, a esa dualidad cromática de blanco o negro en que el grito se impone a la palabra y el sentimiento a la reflexión.

De la ‘cosa’ no se habla. Y eso, en sí, es ya una tragedia. Porque todo conflicto silente termina entrando, antes o después, en erupción.

Por eso, por más que los independentistas se empeñen en afirmar lo contrario, de todo este proceso la única que sale de verdad perdiendo es Catalunya.

Es perdedora una sociedad incapaz de acoger en su seno al 50% discrepante quizá porque sabe que el propio modelo autonómico que se ha construido, ese que censuran por insuficiente, les garantiza que el porcentaje de disidentes será muy superior en el futuro gracias al control de la educación y la propaganda.

No quieren esperar.
El olor de la victoria les lleva a pasar por encima de todos los que supongan un freno. Necesitan ganar la guerra aunque sea gracias a la más absurda y cruenta de las batallas: desahuciando física e intelectualmente al que, sintiendo esa tierra como propia, no está dispuesto a sucumbir a sus pretensiones.

Da igual lo que digan las urnas, importa poco si la mayoría es o no suficiente en escaños y votos. Son más relevantes las cicatrices que deja el proceso en la propia configuración social del territorio catalán. No hay peor odio que el irracional, ni mayor rabia que la emocional. Son las pasiones las que mueven el mundo. Es en ese campo en el que se está jugando, llegados a esta altura, la partida.

Reconducir la situación con España supondría, para muchos, una traición. La marea es demasiado fuerte, incontrolable. Como Leo Messi antes de lesionarse.

Hasta que se rompió.
Y todos deseamos que vuelva por sus fueros. Pero los años no pasan en balde.
Y los abismos que abren, tampoco.

Buena semana a todos.

Jornada de irreflexión en Cataluña
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com 28 Septiembre 2015

No hay ni puede haber jornada de reflexión en Cataluña. Y no es por las razones que suelen aducir los liberales, que creen que algo no es racional cuando no se les da la razón a ellos. No.

Se trata de algo mucho peor. Pese a lo que pueda sugerir el histerismo actual en torno a la "independencia", los catalanes son tan españoles como el resto y, en momentos en los que España se sume en el océano de su decadencia, ellos, los catalanes, son los más españoles de todos mostrando cuanto de peor hay en nosotros, mostrando en definitiva aquello que los españoles tenemos de más negativo. Y es que cuando los tiempos amenazan estruendosos con una inmigración capaz de sumirnos en la irreversible balcanización multiétnica, cuando las empresas transnacionales arbitran medidas contra la soberanía más elemental del Estado, cuando grandes bloques de poder se disputan ser los dirigentes supremos del mismo discurso monolítico, cuando el invierno demográfico es hoy más que nunca capaz de enviarnos a los anaqueles de la etnografía, resulta que la respuesta es "la independencia".

Pocos se hubieran atrevido a llevar la irracionalidad más lejos en nombre de un sentimiento que no es más que pura hormona. Porque resulta que cuando para sobrevivir hay que aunar esfuerzos, algunos pretenden dividir precisamente en nombre de una soberanía que está en tela de juicio incluso cuando se forma parte de bloques políticos mucho más grandes, del tamaño de la propia UE.

Esta es una de las facetas más letales de la irracionalidad que nos invade. La otra es la vergonzosa distorsión de una historia que hace de "Catalunya" una "nación" secular. Pasando de puntillas sobre la sangre de los millones de catalanes que se sacrificaron conscientes de su españolidad para que nuestro país fuera mejor, ahora resulta que todo eso se esfuma en nombre de no se qué timba contable que demanda "financiación para Catalunya".

Los independentistas son en esto los primeros anticatalanes y cada esfuerzo, cada palabra en la que ponen su empeño contribuye a enterrar y a escupir la memoria de siglos y siglos de sangre catalana regando las raíces profundas de la patria. Un pueblo que escupe -al menos la mita de él- sobre su historia y sus héroes está abocado a la muerte y de ahí su locura: cuando dan lo peor de sí, por contra, lo hacen con aspaviento vital, con frenesí afirmativo de su enfermedad. Pero, palabras de Jorge Manrique, "querer hombre vivir, cuando Dios quiere que muera, es locura". Por eso, un pueblo en estado de alienación colectiva, suplantado su pasado por una historiografía bochornosa y con frecuencia cómica, se goza en soslayar los peligros que le amenazan y él mismo torna estéril su actividad y su posible resistencia.

En este clima solo es posible que florezcan imbéciles y psicópatas: una chica adolescente, con padres de León y de Burgos, independentista ella, me dice que la forma triangular de Cataluña es signo de perfección. Pobre. Pero hay más: en el ayuntamiento de Barcelona, Alfred Bosch, -ya se sabe: la casta política dando nivel- blasona de una bandera catalana con menos historia que las novedades de temporada de "Zara". Y el pobre cree que ha hecho un gesto digno.

Qué decir del número dos de Ada Colau. Claro que viendo a su número uno, ya puede conprenderse que quitara una bandera "española" de la que el pobre tarugo ni sabe nada ni comprende de donde viene. Y, como "corruptio optimi pessima", hay un "entramado" de cristianos "por el derecho a decidir". Madre mía. Lo peor es que comprenden a asociaciones de nombre teóricamente respetable. Ellos son sin duda el signo de lo avanzada que está la gangrena de la razón y del amor por la verdad. Que un tipo de ERC -partido de historia despreciable donde los haya- se cisque en la verdad elemental y proclame que "Catalunya es una nación en lucha por su libertad", no debería asombrarnos.

¿Y en el caso de los cristianos? Es muy distinto. Al final, toda la vida del hombre, sus avatares y sus luchas, se dirime primero en lo espiritual. Cuando esto flojea o se corrompe, sobreviene la catástrofe. De ahí que hoy no sea tema de debate, en un ambiente enrarecido por el materialismo burgués. Pero estos cristianos, que en nombre del "derecho a decidir" quieren acabar con una nación real, multisecular, que existe y enraiza en la Historia para defender la fe de Cristo, que toma su impulso y su proyección precisamente de abrazar esa fe, no es sino un signo más del grado de pudrición espiritual en que estamos. Dicho de otro modo, que Luis Bárcenas parezca más corrupto que no se qué obispo o sacerdote que pone su nombre en una lista por el "derecho a decidir" solo demuestra que las medidas para con la calaña humana están equivocadas de cabo a rabo.

Pero no todo es oscuridad o, mejor, olor fétido absolutos. A veces alguien barrunta algo. Aunque desde postulados muy diferentes de los que aquí defendemos, Albert Rivera ha dado en el clavo cuando afirma que el discurso del miedo no basta y que es necesario un discurso ilusionante. Algo similar creo que ha dicho Esperanza Aguirre (¡Aleluya!). Pero falsa alarma: hoy he escuchado en la radio a Aguirre destacar los vínculos "culturales, comerciales y económicos" de Cataluña con el resto de España. Es decir, en dos de cada tres veces, Aguirre cree que es todo economía. Podía haber dicho "espirituales, artísticos, religiosos, históricos, arquitectónicos" y hasta "educativos" o "étnicos". Pero no. Es la economía, estúpidos.

Así pues, no es de extrañar que ellos, por sus limitaciones ideológicas, estén absolutamente incapacitados para devolver su esencia a Cataluña. Al final no se lucha por España sino por la Constitución. Tampoco por la comunidad histórica de todos los españoles si no por los "derechos" y "libertades" de los "ciudadanos". Este lenguaje jurídico, burocrático y, en el fondo, cosmopolita, corresponde al nefasto espíritu del frankfurtiano "patriotismo constitucional", tan caro a FAES, Aznar y también al PSOE y otras gentes de izquierdas. Hasta "Podemos" está en esas coordenadas.

Este espíritu es el que ha contribuido más que nada a demoler la conciencia nacional española, tornando el aire tan irrespirable, que otros han pretendido llenar con la locura y el absurdo, en la esperanza de volver las cosas un poco más humanas, del amor a una patria que nunca existió. Y es que no son los nacionalistas más enemigos de España que aquellos que han convertido realidades gestadas por la Historia y la Providencia en sistemas de individualismos egoístas, fundados en la necesidad de que lo más bajo de nosotros se "eleve" a la dignidad de un presunto "derecho".

Por todo ello, no habrá, desde luego, jornada de reflexión en Cataluña. No puede haberla. Quizás de la destrucción final nazca de nuevo el sol de la esperanza.

Sin saber el (irrelevante) resultado, lo indispensable

Enrique Calvet Chambon www.lavozlibre.com 28 Septiembre 2015

Economista y Eurodiputado

Esto escribo en este domingo de luto para los que siempre creímos que España era un espacio político de Ciudadanos libres e iguales, sin saber el resultado numérico de las elecciones. Y escribo como Europeo, Español y “hereu”.

Las elecciones de ayer domingo en la Cataluña hispana, que nunca hubieran tenido que celebrarse en las condiciones e ilegalidades actuales, por a-democráticas como cualquier referéndum totalitario, ya han tenido su dictamen y su significado ético atroz , más allá de cualquiera que sea el resultado contable que, en muchos aspectos trascendentales, es irrelevante. El balance histórico actual que no depende de un par de electos más o uno menos, es que España se ha convertido en un Estado bastante fallido, un problema grave para la construcción de Europa, con desprecio al Estado de Derecho, que la España de los ciudadanos libres e iguales, la indispensable para construir Europa, ha quedado arramblada, que los valores democráticos y republicanos han sido laminados por los valores caciquiles, tribalistas y xenófobos. Que la inoculación del odio ha triunfado sobre libertad, igualdad y solidaridad. Que el engaño impune y la ignorancia han podido con la verdad y la ética. El resultado del histérico akelarre sectario del 27-S sí importa técnicamente para la gestión de la etapa venidera porque condicionará métodos y tiempos en la coyuntura por venir. Pero los demócratas, amantes de los ciudadanos por encima de las tribus, apasionados de los valores de libertad, igualdad y solidaridad, ayer domingo, ya hemos perdido. También los que luchamos por una Europa de Ciudadanía y contra la re-nacionalización de Europa: ¿Cómo luchar contra Marine Le Pen desde una España que se dedica impunemente a inventarse naciones que nunca fueron? Con los actuales políticos en ejercicio de Gobierno, ya sea nacional o regional o local, pretender tomar una senda de recuperación de democracia y valores es una utopía irrealizable. Sólo queda Ciudadanos por alcanzar poder y gestión a algún nivel. Tal vez sea la solución en el futuro.

Pero ahora, tras el naufragio, es mi deber, como defensor de los derechos fundamentales, clamar por un objetivo inmediato y moralmente irrenunciable, y ése es un objetivo humanitario. Cualquiera que haya sido el resultado del 27 S es obligación de todas las personas de bien, de todos los europeos de bien, proteger a los ciudadanos de la Cataluña hispana de la intimidación, de la opresión incruenta pero efectiva, de las amenazas veladas o no tanto, y de la merma de sus derechos civiles por parte de las autoridades regionales, con complicidad de las nacionales. Incluso es deber de los demócratas emprender una campaña de restitución plena de esos derechos civiles y en un ambiente de libertad y seguridad. Nunca más el exilio forzoso de 14000 enseñantes (cifras de la propia Generalidad, que, supongo, las exhibe orgullosa). Nunca más multas por usar la lengua común de todos los españoles, nunca más estrellas amarillas, ni físicas ni intangibles. Por decirlo claramente y que todo el mundo lo entienda con el conocimiento de la verdad, hasta los balcánicos, el escrache que sufrió una familia, el linchamiento civil de tipo "noche de los cuchillos largos", la intimidación social violenta organizada que sufrió con la plena complicidad de las autoridades por cometer el indecible crimen de pretender que los hijos fueran escolarizados en español, la única lengua universal, constitucionalmente, de su patria, es la mayor vergüenza y el símbolo más escalofriante de la degeneración de la democracia española. He dicho escalofriante.

Ahora, un proyecto ilusionante para España y Cataluña

Editorial La Opinion 28 Septiembre 2015

El resultado de las elecciones demuestra que llevar a los catalanes a una situación límite, sometiéndolos a un proceso de alto riesgo que ha enfrentado a familias, amigos y vecinos, era innecesario. Los mesiánicos dirigentes que lo alentaron, en especial los emboscados, tendrán que rendir cuentas algún día y explicar la verdad de lo que intentan ocultar con su volantazo hacia el abismo y el falso milagro que pregonaban. Ha sido una pantomima, jugar con las emociones de la gente de buena fe.

La mayoría de los votantes de Cataluña no es independentista. Los partidos que proclaman la secesión retroceden. Los rupturistas no pueden erigirse en portavoces del sentimiento de Cataluña porque más de la mitad de la población no piensa igual. Y muchísimos catalanes, como ya sabíamos, aún reconociéndose singulares y diferentes, se sienten tan españoles como los gallegos, los andaluces o los castellanos. Si de un referéndum se hubiera tratado, sin las correcciones de representatividad por circunscripciones de esta falacia, la derrota de los secesionistas habría sido todavía mayor. Así ocurrió en Escocia.

De lo que hoy debería hablarse en Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona es de la política económica, industrial y social con la que el nuevo Gobierno autonómico piensa relanzar Cataluña. De por qué habiendo dispuesto en estos años del doble de recursos que cualquier autonomía, la Generalitat es la duodécima comunidad en gasto educativo y la decimocuarta en gasto sanitario e invierte una millonada en la ensoñación secesionista y en mantener una televisión de régimen con siete canales y grupos de aduladores bien engrasados. Debería hablarse también de la baja calidad del Gobierno catalán, según las encuestas comunitarias. De resolver los problemas reales de los ciudadanos y facilitarles la vida. En cambio, hasta formar gobierno va a resultar un sainete por la ligereza y el simplismo del proceso.

El conservador Mas ha acabado por laminar a su partido. Su principal socio, Oriol Junqueras, un radical de izquierdas, afila el puñal. Aunque aliados por interés no fluyen entre ambos las simpatías. Romeva, el líder de su lista, pretende subírsele a las barbas y la CUP, izquierdistas todavía más radicales que ERC, niegan su apoyo a Mas por corrupto.

Rajoy queda tocado. Rivera y Ciudadanos, triunfadores, han arrebatado al PP la coherencia y la cordura de llamar a las cosas por su nombre sin infundir miedo, con una propuesta nueva y reformista. El PSOE de Pedro Sánchez resiste, que no es poca cosa, y Podemos se hunde, consecuencia del oportunismo y las contradicciones.

Ahora llega el momento de la responsabilidad. El de, pasado este trago, garantizar la convivencia. El de inculcar como una riqueza de las sociedades modernas las identidades múltiples no excluyentes y erradicar las animadversiones tóxicas. El de articular un proyecto ilusionante para España, y para Cataluña dentro de España, con diálogo y con los cambios que sean precisos, que permita a los españoles y a los catalanes, igual que al inicio de la Transición, encarar otros cuarenta años por delante de prosperidad, concordia y bienestar en libertad.

El separatismo pierde su plebiscito
EDITORIAL El Mundo 28 Septiembre 2015

LA APUESTA soberanista de Artur Mas y Oriol Junqueras se estrelló ayer en las urnas. Los catalanes han evidenciado que no quieren la independencia porque la suma de los votos de Junts pel Sí y CUP no llega al 48%, una cifra que revela que la sociedad catalana está partida en dos y que deslegitima cualquier intento de secesión.

Es cierto que la lista única que encabeza Raül Romeva y la CUP han logrado 72 escaños, ligeramente por encima de los 68 que marca la mayoría absoluta. Pero ello no oculta el retroceso de la marea nacionalista que queda en evidencia por dos datos demoledores.

El primero es que CiU y ERC había obtenido un total de 71 escaños en las elecciones autonómicas de 2012. Ahora bajan a 62, un durísimo golpe de los electores. Y el segundo dato adverso es que CiU, ERC y la CUP sumaban 74 escaños y ahora Junts pel Sí y la CUP sólo han obtenido 72.

Artur Mas y los suyos han insistido en que estos comicios eran un plebiscito. Pues bien, lo han perdido. Por mucho que quieran disimular sus líderes, el nacionalismo ha sufrido una derrota en las urnas y ello porque Junts pel Sí ni siquiera ha podido llegar al 40% de los votos pese a que se presentaba como una coalición de fuerzas diversas que representaban a toda la sociedad civil catalana.

Mas ha utilizado las instituciones con fines propagandísticos, ha convertido TV3 en un órgano de partido, ha despilfarrado el dinero público, se ha envuelto en la bandera de todos y se ha presentado como el paladín que iba a llevar a Cataluña a la independencia. Sólo ha conseguido perder votos y dividir a los catalanes. Es impensable que pueda seguir liderando su partido y presidiendo la Generalitat.

La CUP tiene la llave
Tampoco se lo va permitir la CUP, que es la fuerza política que más crece en términos relativos al pasar de tres a 10 escaños. Es una organización de extrema izquierda, que defiende la violencia en la calle, promueve el movimiento okupa y propugna la salida de Cataluña de la Unión Europea. Su cabeza de lista, Antonio Baños, declaró anoche que hay que romper de inmediato con la legalidad española. Fue precisamente David Fernández, el verdadero líder de la CUP y el hombre que esgrimió una sandalia en el Parlament, quien aseguró hace pocas semanas que nunca apoyarían la investidura de Artur Mas. Si mantienen su posición, los días políticos del actual presidente de la Generalitat están contados.

¿Quieren Mas y Junqueras proclamar la independencia de la mano de un partido de extrema izquierda que cuestiona la propiedad privada de los medios de producción? No hace falta ser adivino para suponer que las bases de Convergència deben estar asustadas con la mera posibilidad de esta alianza.

Los resultados de ayer trazan un escenario de enorme inestabilidad política en Cataluña, con la posibilidad de que el nuevo Govern no pueda terminar la legislatura ni, por supuesto, llevar a cabo sus planes independentistas.

En el espectro de los partidos constitucionalistas, el gran triunfador de las elecciones es Ciudadanos, que logra un espectacular resultado al pasar de 9 a 25 escaños y triplicar sus votos. Ello supera todas las expectativas previas.

¿Cuál es la clave de este importante avance? La explicación es que una parte del tradicional voto del PP y del PSC ha ido a parar a la formación de Albert Rivera, que ha acertado en la campaña con sus mensajes. No hay duda de que estos resultados convierten a Ciudadanos como la gran alternativa al nacionalismo a medio plazo.

Por el contrario, el PP baja de 19 a 11 escaños, lo que pone en evidencia que sus planteamientos no han llegado al electorado. De la parálisis en su acción política a la improvisación a última hora, el PP es uno de los perdedores de la noche de ayer. Xavier García Albiol no ha podido remontar el hundimiento del partido, castigado por los casos de corrupción a nivel nacional y por el episodio de La Camarga, que restó autoridad moral a Alicia Sánchez Camacho para dirigir el partido en Cataluña.

Las encuestas eran muy malas para el PSC, que al final ha acabado salvando los muebles. Pasa de 20 a 16 escaños, una caída tolerable que refuerza a Miquel Iceta, un veterano dirigente que ha intentado enderezar el discurso errático del partido, con algunos guiños de empatía hacia su clientela. Los resultados son un alivio para Pedro Sánchez.

El que ha fracasado totalmente en Cataluña es Pablo Iglesias, cuyas siglas han quedado en 11 escaños y menos del 9% de los votos. ICV, la marca de Izquierda Unida en esta comunidad, había sacado 13 representantes en los anteriores comicios. Catalunya Sí Que Es Pot, integrada por Podemos y algunas pequeñas formaciones, ha logrado unos resultados muy malos por dos motivos: su falta de definición respecto al soberanismo y el error al elegir a Luis Rabell como cabeza de lista. Rabell es una persona sin carisma, que hace unos meses se declaraba partidario de la independencia y que de ninguna manera encarnaba la regeneración que propugna el partido de Iglesias.

Podemos retrocede
Pablo Iglesias tiene muchas razones para estar preocupado porque los resultados en Cataluña pueden ser interpretados en el contexto de la fuerte y prolongada caída en las encuestas desde esta primavera. En Cataluña, su discurso no ha llegado a los ciudadanos, lo que debe abrir una seria reflexión entre sus militantes. El fracaso de Podemos es todavía más sangrante si se tiene en cuenta el giro a la izquierda del electorado catalán, expresado en el avance de la CUP.

La última de las formaciones que aspiraba a entrar en el Parlament era Unió, que no ha podido alcanzar el 3%, por lo que queda sin representación. Es una pena que el nacionalismo moderado haya recibido este tremendo castigo de las urnas.

No deja de ser una contradicción difícil de entender que el electorado de CiU, formado tradicionalmente por una burguesía moderada, se haya quedado sin un solo diputado. Ello sólo se puede explicar porque Mas ha arrastrado a sus posiciones a ese sector de la sociedad catalana.

Haciendo balance de los resultados, las expectativas nacionalistas han quedado muy frustradas, pero ello no debe servir de excusa para paralizar la necesaria regeneración que necesita España para hacer atractiva la convivencia a todos los ciudadanos, sin distinción de ideologías ni de territorios.

Ha llegado la hora de trabajar todos juntos para, por decirlo en términos orteguianos, asumir el reto de vertebrar España, lo que consiste en crear una ilusión colectiva que aglutine el esfuerzo de todos sus habitantes. Los resultados de ayer crean un escenario adecuado para avanzar en esa dirección.

El independentismo no representa a la mayoría de catalanes
Francesc Moreno Cronica Global 28 Septiembre 2015

Los resultados de las elecciones de esta noche, escrutado el 92% a la hora de esta crónica de urgencia, tienen una lectura principal: el independentismo no alcanza el 50% de los votos y el conjunto de los partidos independentistas han perdido dos escaños respecto a las anteriores elecciones.

Si entramos a analizar partido por partido, Mas y Junqueras han sufrido un duro retroceso. A pesar de su voluntad de convertirse en el movimiento nacional, han pasado de 71 escaños a 62 escaños y alcanzan la mayoría absoluta solo gracias a la suma de la CUP, una formación de extrema izquierda partidaria de salir de la UE y de la OTAN. Además, los de la CUP han dicho que no piensan investir al hasta ahora presidente.

Mas ha consumado la destrucción de su partido CDC. Solo hace falta recordar que CiU, sola, tenia 62 diputados antes de las elecciones de 2012. Incluso ha favorecido que Ciudadanos, la bestia negra del nacionalismo, sea la segunda fuerza política catalana.

La fuerza de esta opción, el relativamente buen resultado del PSC sin remoras nacionalistas y la aparición de entidades como Societat Civil catalana, junto a un PP debilitado pero que ha aguantado su suelo, hacen prever que el nacionalismo va a tener, por primera vez desde 1980, una oposición importante que va a disputarle su supremacía ideologica. Además, el nacionalismo tendrá que explicar a los que piensan que mañana Cataluña ya será independiente que la cosa va para largo. La frustración va a aflorar pasada la euforía ficticia de la noche electoral.

El independentismo ha conseguido, es cierto, dividir Cataluña. Pero se ha lanzado a una aventura muy compleja sin una clara mayoría social, imprescindible para su viabilidad. Probablemente, tendremos elecciones despues de las generales, pues con este panorama no hay acción de gobierno posible, ni avance real hacia la independencia.

Tras las elelcciones generales habrá que ver cómo queda el mapa político español y podrá empezarse una nueva etapa. Pero Mas ya no puede ser el interlocutor de ningún acuerdo. Mas es un político amortizado. Y, si tuviera un mínimo de dignidad, ya se hubiera retirado de la política. No descarto que deba hacerlo en las proximas semanas.

Lo peor del resultado electoral es que la situación de tensión no va a disminuir. El problema se va a enquistar. Se necesitan nuevos interlocutores, no tanto fuerzas políticas como personas, en el Gobierno central y en el Govern de la Generalitat. Mientras eso no se produzca y se reestablezca una mínima confianza mutua, las aguas no volverán, ni aunque sea lentamente, a su cauce.

Para terminar, una referencia a Catalunya Sí que es pot. Sus resultados son muy malos, inferiores a los obtenidos por ICV en solitario en 2012 (13 diputados). Su ambigüedad y su pésimo cabeza de lista son las causas. De cara a las generales, Ciudadanos se prefigura como la bisagra para PP o PSOE. Pero de esto tendremos tiempo de hablar.

Ciudadanos frente a la tribu
EDITORIAL Libertad Digital  28 Septiembre 2015

El atrabiliario movimiento liberticida Junts pel Sí ha cosechado este domingo un sonoro fracaso. Ni con toda la potencia mediática que tienen comprada, la inaudita presión social que son capaces de ejercer en prácticamente todos los ámbitos, los llamamientos a filas a artistas, deportistas y famosillos han sido capaces de cosechar la mitad de los votos emitidos. Ni siquiera echando mano de la infame CUP han conseguido alcanzar ese tan simbólico como escuálido –para lo que pretenden– 50%. Un sonoro fracaso, verdaderamente.

El infausto todo o nada del secesionismo no ha logrado cumplir mínimamente sus objetivos, y ahora lo único que puede ofrecer a los catalanes es el bochornoso espectáculo de sus luchas intestinas, protagonizadas por personajes como escogidos entre lo peor del Principado. No dejará de ser aleccionador, pero eso no les convertirá en menos peligrosos: como demuestran siempre que pueden, son capaces de infligir cualquier mal a Cataluña con tal de seguir adelante con su desafío liberticida.

Frente a la banda de Mas, Junqueras y la batasunófila compañía, Ciudadanos emerge como el primer partido de Cataluña. El primer partido nacional con sede en el Principado es ahora el primer partido en el Parlamento de Cataluña. Con un discurso nítida y desacomplejadamente nacional y antinacionalista, que ha materializado lo que tanto pesimista y tanto maniobrero y tanto oportunista consideraban imposible. Inés Arrimadas ha logrado un resultado espectacular... que catapulta la carrera de Albert Rivera a La Moncloa. La peor pesadilla de Mariano Rajoy ha empezado a hacerse realidad.

El resultado de Ciudadanos llama especialmente la atención cuando se lo compara con el desastre popular: mientras los primeros han ganado 450.000 votos, los de Rajoy y Margallo han perdido 125.000 y se ha convertido en el penúltimo partido en el Parlamento regional, con sólo unos pocos miles de votos más que la batasunófila CUP. Una catástrofe cuyo principal responsable no es un Xavier García Albiol que, aunque no ha hecho ni mucho menos la campaña brava y contundente que se esperaba de él, se ha visto fatalmente torpedeado por el fuego amigo del impresentable titular de Exteriores, que no ha perdido ocasión de hacer el ridículo, siempre con el visto bueno o el aliento de un Rajoy que sigue sin querer darse por enterado de nada y arrastrando al PP por el lodazal de los merecidísimos descalabros electorales.

En la lista de grandes perdedores está también Pablo Iglesias: su formación ha ensayado la convergencia con otra fuerza de extrema izquierda –ICV– y el resultado ha sido que ha perdido dos escaños y un 1% respecto a lo que ya tenía la coalición rojiverde. Está claro que el electorado catalán ha castigado el incongruente, insensato y rancio discurso del populista español más apreciado en Venezuela e Irán, lo que ha sabido aprovechar a la perfección un PSC que no se ha hundido todo lo que pronosticaban las encuestas y que puede resultar decisivo para las aspiraciones del PSOE en las generales de invierno. Habrá que estar especialmente atentos a los movimientos de Iceta, que por desgracia ha demostrado sobradamente que no es el personaje más fiable del panorama político catalán. ¿Recuerdan los estragos causados por un tal José Montilla? Pues Iceta tuvo en ello una tremenda responsabilidad.

Después de estas elecciones, Cataluña no está más cerca de la secesión sino del caos: la imposible coalición entre la más conseguidora que conservadora Convergència y el anticapitalismo batasunófilo de la CUP aboca al Principado a un proceso postelectoral lleno de tensiones y de resultado imprevisible. ¿Supondrá el final de la carrera política de Mas?, ¿ha quedado descartado un frente de izquierdas que excluya a CDC?, ¿logrará imponer la CUP sus desquiciadas propuestas económicas y sociales? Son preguntas que estarán en el candelero en las próximas semanas, en las que Cataluña seguirá, previsiblemente, sin un Gobierno que merezca tal nombre.

Sea como fuere, la principal conclusión que ya es posible extraer es que, como por otro lado era de prever, el 27-S no ha sido el final ni el inicio de ningún proceso y sólo es un punto y seguido en la lucha por la libertad, la de Cataluña y la de España entera. Una pelea en la que Ciudadanos ha demostrado que es posible ganar importantes batallas y que hay una Cataluña decente, moderna y española que no se avergüenza de sí misma, que es capaz de proclamar a los cuatro vientos "¡España, unida, jamás será vencida!" y de mezclar los vivas a Cataluña y a España con otro grito que también se ha escuchado en la sede de Cs y que es el que mejor resume el reto que los catalanes y el resto de los españoles siguen y seguirán teniendo ante sí: "¡Libertad, libertad, libertad!".

En un ciclo organizado por la Asociación por la Tolerancia de Barcelona
Mikel Azurmendi, Santiago González y Raúl González Zorrilla reflexionan sobre “Mi querida tierra hostil”
Mikel Azurmendi www.latribunadelpaisvasco.com 28 Septiembre 2015

Todos estamos invitados
 

En esta película de Gutiérrez Aragón la mano del co-guionista J.M.Calleja ha pretendido mostrar un fragmento de la persecución política de ETA a los profesores universitarios de la UPV. Por entonces,
en los últimos años 90, me consta de primera mano que Calleja estaba bien informado de lo que sucedía en el campus de Ibaeta, dondetranscurre el acoso de los Ikasle Abertzaleak al protagonista del film.

También Calleja conocía bien lo que sucedía en nuestras sociedades gastronómicas, tan populares pero tan atravesadas por el extenso mal social vasco: la hipocresía cobarde y la tolerancia con el terrorismo, o sea, estar al loro de lo que pasa para hacer como que no se ve y añadir “algo habrán hecho”. Por eso seguramente se han unido los dos escenarios para un protagonista en acoso y derribo.

Porque sucedió que decenas de profesores universitarios tuvieron que protegerse con guardaespaldas al encontrar la policía una lista de ellos en el bolsillo de un asesino, y que algunos como yo mismo –que no quería dar clases con dos guardaespaldas en el aula, como le sucede al protagonista del film– optamos por marcharnos del País vasco. Y sucedió además que los etarras hubiesen entrado en mi casa meses antes de colocar una bomba en ella; pero, lo peor de todo, es que disparasen a quemarropa contra uno de esos profesores, Ramón Recalde. No lograron matarlo pero ha quedado malherido y sin habla.

También sucedió que una noche, víspera de San Sebastián, en pleno crepitar de tambores festivos disparasen contra otro donostiarra, J.A.Santamaría, y lo abatiesen. Era la noche del 21 de enero de 1995. Gutiérrez Aragón ha querido comprimir todo eso en un guión veraz respecto a las motivaciones de los etarras, pero un tanto infantil en lo que concierne al errático vaivén del protagonista durante la noche en que será abatido, y algo simplón respecto al escenario de fuegos artificiales de esa noche, lo cual da sólo fulgor al siniestro atentado quitándole verismo. La compañera del asesinado, que sale a por él, da el toque de patetismo y angustia a la tragedia de toda víctima de ETA.

Aunque para ustedes pudiese glosar yo aquí, en primera persona, de manera más pormenorizada que el film, los hechos de un acoso cotidiano a un profesor universitario por parte de ETA, prefiero en este escaso tiempo referir algo que no se ve en el film, algo que falta en él pero es muy relevante. Algo, como recordarles que aquellos acosadores y asesinos de entonces ocupan hoy las instituciones vascas.

De entre una muchachada cobijada bajo el estandarte de Ikasle Abertzaleak se hallan hoy algunos dirigiendo ayuntamientos y enseñando en ikastolas e Institutos. Puedo señalar a un profesor de
psicología de mi facultad de entonces, el Sr. Isasti, el cual dirigió contra mí una octavilla embustera pero amenazadora, y él mismo la repartía a primera hora de la mañana tocándole en suerte dármela en mano a mí mismo. Ese señor es hoy diputado en el parlamento vasco y aparece como cargo de la plana mayor de Bildu. Tierra extraña, ésta nuestra a la que tanto queremos. ¿Creen ustedes que ese señor parlamentario o los centenares de acosadores ocultos en las siglas de estudiantes abertzales han pedido excusas a alguno de los profesores que amenazaron, persiguieron y llamaron fascistas? ¿Creen ustedes que los asesinos hayan pedido perdón a Recalde o a la familia Santamaría?

Pero eso no es sino una parte de lo que una sociedad democrática debería haberles exigido para poder ingresar en la comunidad de los que dilucidamos nuestras diferencias discutiendo, dando razones y
votando.

Mantengo que no les debería bastar con pedir perdón a la familia de quien asesinaron, no; porque ETA no sólo ha asesinado y golpeado a personas sino que ha prendido fuego a nuestro sistema entero de convivencia democrática socavando el marco de la legalidad ciudadana, esa que resuelve sus problemas sin ejercerse violencia mutua. ETA ha reclamado para sus conmilitones el reconocimiento de
“políticos” (así, para sus presos y huidos) y eso es lo que, además, debía habérseles cargado a cuenta: el delito político de intentar romper el Estado democrático a fin de implantar el suyo. Un intento mantenido durante más de treinta años cuyo calificativo más aproximado sería el de nacional-socialista. Así es por lo que resultan de lesa inhumanidad los crímenes etarras, al estar todos planificados por un ideario, el ideario de cualquiera de los totalitarismos que ha conocido Europa en el siglo pasado (el último, el de los Balcanes): matar inocentes, a ser posible oponentes políticos, como vía más útil de aterrorizar a la población entera y hacerse con el Estado. Para esos asesinos sus víctimas no eran humanos sino seres abyectos: no las mataron por pasión o por robarles la cartera, sino para que el Estado democrático desistiera. La ideología totalitaria del etarra no avistaba a su víctima  como persona sino como perro o como gusano. Porque para el etarra un español es un perro o un gusano que se cruza en su camino.

Dado que una película nunca puede abarcarlo todo, este film tampoco ha podido decirlo todo. Aunque acierta bien a poner voz al sufrimiento de una víctima, el film no la sitúa en el conjunto de los
desperfectos causados por ETA a la sociedad. Porque la macro-víctima de ETA es el conjunto de la sociedad española, la vasca en especial (para empezar esos mismos compañeros cobardes de universidad y de sociedad gastronómica del protagonista). La prueba de que es la sociedad en su conjunto lo que ETA ha victimizado estriba en que las instituciones del Estado y los partidos políticos democráticos han sido incapaces de exigir que el terrorista con múltiples asesinatos no haya sido juzgado políticamente. A lo más, han logrado que haya cumplido una liviana condena, bien acogida a los beneficios carcelarios normales, y haya salido a la sociedad sin ni siquiera haber pedido perdón a las familias de sus asesinados y, por supuesto, sin haber explicitado una renuncia completa al ideario por el que asesinaba o colaboraba en el asesinato.

Hoy más que nunca nos conviene ver la verdad del terrorismo de frente y decir que a causa de él España ha frenado su desarrollo económico y su progreso moral. Todos sabemos que se han tenido que
invertir en seguridad y protección cifras astronómicas de caudal público, las cuales han sido sustraídas de la mejora de infraestructuras o de bienes sociales. Todos sabemos la degradación moral que ha
supuesto el crimen de Estado (Batallón Vasco-español, Triple A, GAL) así como la cobardía institucional ante el permanente abandono de las víctimas, sin reconocimiento por parte del Gobierno central hasta la década pasada y, hasta casi ayer mismo por parte del Gobierno autonómico vasco, un gobierno éste que legitimó la presencia del jefe de ETA en la comisión de Derechos humanos del Parlamento vasco.

¿Qué fue sino degradación moral la tardanza de un consenso institucional para conducir una política de acoso judicial al terrorismo y en defensa de las libertades democráticas? Un consenso al que se
opusieron en bloque los partidos nacionalistas y toda la izquierda hundida. Degradación moral fue el pacto entre ETA y el líder catalán de izquierdas para que no atentase en Cataluña. Y lo fue también la
esperanza dada a ETA desde los Gobiernos sucesivos de negociar una salida pactada sin renunciar a sus objetivos políticos ni arrepentirse del mal ejercido. Degradación democrática es el sistemático desprestigio de la ley y de la autoridad efectuado por los nacionalistas desde Lehendakaritza, el Parlamento vasco y la radiotelevisión pública impulsando la cobardía del ciudadano ante el asesinato y el chantaje.

Y compartiendo los fines del terrorismo aunque no los medios, según decían, lo cual significaba que lo que hacía un etarra no tenía nada que ver con el por qué lo hacía.

¿Qué significa el hecho de que las instituciones vascas (también las catalanas, por supuesto) se hayan ido sumando a todas las reclamaciones imaginables sin discernimiento alguno entre unas y
otras, exigiéndolas de manera imperativa y sin avenirse a moderarlas?

Es la prueba de que ha desaparecido en Euskadi (y Cataluña) el mínimo sentido de justicia. Es un mero hecho residual la razonabilidad pública, la cual queda en determinados periódicos y
en escasísimos programas televisivos. Tampoco queda casi nada de la decencia civil, de esos aspectos banales de la vida cotidiana, en la calle y entre vecinos, para evitar la discriminación pero tolerar que cada cual organice su propia vida como mejor guste. ¿Qué es una sociedad que se tiene por democrática sin tolerancia pluralista y obligando a todos a ser iguales y a gastar la misma prenda lingüística, absolutamente minoritaria en el caso vasco? ¿Qué es una sociedad democrática donde no se respeta el derecho de un ciudadano a hablar su propio idioma en la escuela y con la administración en nombre de los supuestos derechos de otro ciudadano a un idioma “propio” para todos?

Han sido pura incivilidad, el infantilismo en las apetencias (como si lograrlo todo fuese posible), la inmoderación en las demandas políticas (como si no existiesen otros más necesitados de asistencia),
el narcisismo en los deseos (como si los demás fuesen unos peleles humanos), la soberbia desenfrenada o  en las actitudes (como si las apetencias generasen derechos), las fracturas familiares y sociales por mor de ese destilado enfermizo y pueril (como si no importasen los lazos y apegos humanos). De pedir el cielo hay sólo un paso a pretender asaltar el cielo. Ha sido una ignominia moral el hecho de que el nacionalismo institucional vasco se haya desentendido de la persecución de los otros vascos hasta el punto de no haberse puesto jamás en el puesto del perseguido para asumir siquiera un mínimo riesgo, intelectual o físico. A ese otro los vascos nacionalistas (y los catalanes) lo han configurado como no vasco, sin rostro humano, y una gran franja social hemos llegado a tener figura de “alemanes de Mallorca”, no existimos como ciudadanos en nuestra tierra.

Así se entiende que las sucesivas concesiones ideológicas y políticas a los nacionalistas vascos y catalanes por parte de las instituciones centrales, de los gobiernos, partidos políticos, jueces, magistrados,
periodistas y opinadores públicos sean una consecuencia de esta regresión moral del conjunto de la política española que suponíamos democrática. Estos lodos de hoy en Cataluña, y el barrizal de mañana, día 27 de septiembre, provienen también de esa degradación moral paulatina. Estos lodos son una parte gruesa de la victimación de España entera por ETA. Esta Cataluña actual llega a ser en parte una victoria etarra. Esta Cataluña nacionalista del barrizal de mañana también se ha producido porque, a diferencia del final nazi en el cual los alemanes de 1945 se quedaron sin país, los etarras se han quedado con mucha Euskadi: con más de la que tenían antes del terrorismo.

Con muchas de sus instituciones y con una marca ideológica falsaria pero triunfante porque su relato del terrorismo aparece ante la sociedad vasca como una historia conflictiva que ha sido necesaria).
Si es verdad lo que afirmo, a este film que acabamos de ver deberían haberle seguido otros en que hubiésemos visto que los etarras tienen pendiente todavía evaluar el coste político, moral y
cultural de haber intentado perpetuar la guerra civil durante cincuenta años en la sociedad vasca y haber logrado fracturarla envileciéndola política y moralmente.

Y tienen pendiente criticar la perversión del lenguaje en el que se han instalado. Y tienen pendiente afirmar sin equívoco posible que su actividad no ha sido una guerra sino una sublevación contra la sociedad democrática; y que no han obtenido una paz sino una remisión; y que a cuantos vascos se nos ha perseguido no éramos traidores a nuestro país. También tienen pendiente disculparse del enorme freno al desarrollo económico de España a causa de los medios de lucha del Estado democrático para combatirles. Y, por fin, tienen pendiente excusarse del patético freno al progreso
moral de la ciudadanía, a la que ha degradado travistiéndola con miles de caretas de cobardía, de indiferencia y de consentimiento con el mal.

Pero que nadie espere estas películas necesarias de unos cineastas que nunca condenaron el terrorismo ni cuando en pleno festival donostiarra de cine los etarras asesinaban a ciudadanos. Que nadie
espere estas películas necesarias de unos cineastas que, al recoger un don de muchos miles de euros de la mano de un miembro del Gobierno, tienen la desvergüenza de enfatizar que no son españoles, que se alegran de la invasión de los franceses y que nunca se regocijan por los triunfos mundiales de nuestros deportistas. Pero, ¡ay!, es a estos parásitos de la nación cívica a quienes los Gobiernos están premiando.
¡Ay, nuestro civismo! ¡Ay, nuestros gobernantes! Compañeros, todos estamos invitados a deponerlos para mejora de nuestra civilidad.

Mikel Azurmendi, Santiago González y Raúl González Zorrilla reflexionan sobre “Mi querida tierra hostil”
Raúl González Zorrilla www.latribunadelpaisvasco.com 28 Septiembre 2015

Buenas tardes:
En primer lugar, quiero dar las gracias a la Asociación por la Tolerancia por poner en marcha este fantástico ciclo de cine que ha alcanzado ya su decimocuarta edición y que, felizmente,
comienza a extenderse fuera de Barcelona.

Y quiero agradecer especialmente el trabajo de Gregorio, pilar incansable de la asociación, que desde antes de verano lleva trabajando intensamente para que todo esto salga a la perfección
y para que todos podamos reunirnos hoy aquí.

Dicho esto, y si me lo permiten, voy a comenzar mi relato por el final, y les revelo ya la que será mi conclusión principal: creo que tras las elecciones autonómicas que se van a celebrar mañana
en Cataluña, y después de las elecciones generales que tendrán lugar en todo el país a mediados del próximo mes de diciembre, todo se va a precipitar y todo va a ir a peor. Y creo,
sinceramente, que a partir del año que viene, España estará en manos de una alianza de formaciones nacionalistas y de extremaizquierda, como la que ahora gobierna en Navarra y en otros
muchos lugares, que por su abierto desafío a las leyes constitucionales supone una grave amenaza totalitaria para el futuro de nuestra democracia y de nuestro sistema de valores.

Y se preguntarán ustedes, ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?, ¿Cuándo empezó a romperse todo?

En mi opinión, y prácticamente desde el comienzo de la Transición, la sociedad española se ha ido sumergiendo en un proceso imparable de pérdida de certezas y de desmantelamiento
de referentes, que comenzó a hacerse especialmente grave a partir de la llegada al poder del Partido Socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, en 2004.

Tras casi una década en acción, el socialismo Disney de Rodríguez Zapatero, ideológicamente flácido e intelectualmente inconsistente, convirtió a España, la octava economía del mundo,
en un Estado apesebrado y gobernado a golpe de eslóganes panfletarios y guerracivilistas.

Fue este PSOE de Rodríguez Zapatero el que entabló una negociación equidistante con la banda terrorista ETA y quien abrió la puerta a que quienes entonces eran los voceros de los asesinos
pudieran convertirse hoy en referentes políticos apoltronados en las instituciones vascas y navarras.

Fue el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero quien, por activa y por pasiva, alentó y comenzó a dar forma a la izquierda española actual. Una izquierda desinteresada de la defensa del
sistema democrático, desinteresada de la salvaguarda de los valores fundamentales que conforman la esencia de la civilización occidental y que una y otra vez desprecia los principales modelos
éticos sobre los que se levantan nuestras sociedades.

Esta izquierda radical, alimentada por un sistema educativo que durante décadas se ha dejado en manos de los más extremistas, es la que ha alumbrado un territorio infame en el que cualquiera
puede defender sin sonrojo una causa y su contraria al mismo tiempo. Un territorio que rápidamente se ha convertido, como no podía ser de otro modo, en un desierto doctrinal remiso a la
aplicación de las leyes, salvo cuando éstas se utilizan, como ocurre en los regímenes totalitarios, para impulsar extravagancias intervencionistas de todo tipo que siempre perjudican a las
libertades individuales.

A lo largo de los años, esta paulatina caída del PSOE en el pozo de la radicalidad se ha visto reforzada por la inacción y el mirar hacia otro lado de un centro-derecha históricamente
acomplejado y lacio, desarbolado por la “corrección política” impuesta por la extrema izquierda y absolutamente carente de ganas y de recursos para transmitir un claro y sólido discurso
defensor de los valores éticos asociados a la tradición occidental y protector de los principios más elementales de nuestro sistema de convivencia.

Así las cosas, esta realidad social española ha tenido una clara consecuencia: la selección negativa que tanto se estudiaba en los aparatos comunistas, el mecanismo por el cual los más mediocres
y los más sinvergüenzas son quienes triunfan, ha tenido un éxito brutal entre los partidos tradicionales y, además, ha permitido, avalado e impulsado, la aparición de nuevos grupos extremistas
que se nutren de la debilidad de las instituciones y del sistema.

El desprestigio grotesco y generalizado de los valores tradicionales y el culto a las transgresiones más idiotas han servido para ofrecer recompensas permanentes a los peores entre los más
marginales y para premiar a quienes una y otra vez destacan por su profundo desprecio y agresión a los más elementales cánones de la cultura y la civilidad.

Es por esto, por ejemplo, que para ser un destacado miembro de la élite política generada por la extrema izquierda, los proetarras y los nacionalistas, es suficiente con haber gritado
“¡Gora, ETA! en alguna ocasión, haber orinado alguna vez en la calle, haber hecho striptease en una iglesia, haberse emborrachado en una esquina o haber quemado en alguna ocasión un coche
policial.

En este marco socio-político, y tras las pasadas elecciones locales y tras los acuerdos de gobierno firmados entre el PSOE, Podemos y las principales formaciones nacionalistas e
independentistas del país, es posible asegurar que la extrema izquierda española se encuentra en estos momentos agrupando sus fuerzas, revisando sus recursos y diseñando múltiples y desafiantes
estrategias de agitación y propaganda de cara a lo que consideran su gran batalla pendiente: la toma de La Moncloa el próximo mes de diciembre y la conquista del poder empleando todos los medios
posibles para expulsar al Partido Popular del mismo.

Ciertamente, esta puesta en marcha por los partidos políticos de diferentes tácticas para alcanzar una mayoría parlamentaria eficaz es algo absolutamente normal dentro del juego democrático
habitual en las sociedades occidentales.

El problema surge cuando una parte importante de esos actores políticos, representados por un numeroso elenco de formaciones, asociaciones, agrupaciones, foros y movimientos, que se sitúan en el ámbito ideológico del comunismo, del anarquismo, del independentismo y del terrorismo (de ETA y Resistencia Galega, fundamentalmente), plantean como su principal objetivo no solamente la alternancia en el Gobierno de las instituciones sino, sobre todo, la superación del actual marco democrático. ¿Con qué fin? Para caminar hacia un nuevo régimen, todavía difuso y poco concreto en su configuración, pero demasiado parecido a los modelos “populares” representados por Nicolás Maduro en Venezuela o Cristina Fernández en Argentina.

Para la extrema izquierda, para los nacionalistas y para los independentistas, sean éstos proetarras o no, la expulsión del Partido Popular del control de las instituciones democráticas solamente es una primera batalla a ganar, importante, pero no definitiva, en el marco de la gran guerra que mantienen contra la democracia parlamentaria como marco político de convivencia, contra el capitalismo como disciplina económica, contra el liberalismo como doctrina social y contra las libertades individuales como base sociológica de nuestras colectividades.

Para ello, y apoyándose en el silencio cómplice de algunos de los medios de comunicación más sumisos y subvencionados de Europa, radicales de izquierda y nacionalistas manipulan nuestra más reciente historia y la convierten en un guiñapo banderizo con el que despertar el fantasma de las “dos Españas”; O se alían, como aquí en Navarra, con los movimientos independentistas más obtusos y ariscos para multiplicar el efecto corrosivo de éstos sobre el Estado democrático; O disgregan el valor del idioma español como elemento de cohesión democrática mientras elevan cualquier jerga regional a la categoría de lengua imprescindible; O apelan, a través de manifiestos, manifestaciones, concentraciones o “mareas”, a la puesta en marcha de movimientos de masas incendiarios, desde el 15M hasta las “acciones” “Rodea el Congreso”, pasando por acampadas populares, marchas sindicales, huelgas sectoriales o convocatorias de protesta “espontáneas” a través de las redes sociales.

Pero, sobre todo, y como puede contemplarse ya en los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Cádiz, Santiago de Compostela o Pamplona, bildutarras, radicales de izquierda y nacionalistas colocan en puestos institucionales claves a los personajes más sectarios y excluyentes, siempre prestos a servir a los proyectos ideológicos más reaccionarios, populistas y totalitarios.

Por todo esto, tenemos que estar alerta. Si no logramos hacer frente a quienes abogan por suprimir la libertad en aras de una siempre inexistente igualdad, si no conseguimos vencer a quienes desean imponer nuevas y ficticias fronteras dentro de las que levantar nuevos territorios que explotar a su gusto, si no somos capaces de que miserables a sueldo de países totalitarios como Venezuela o Irán dejen de mancillar nuestras instituciones o si no alcanzamos pactos y acuerdos efectivos que logren detener esta humillante y peligrosísima escalada de la chusma éticamente despreciable y radical a nuestros principales órganos de poder, las consecuencias serán crueles y dramáticas para todos. Y por varias generaciones.

¿Cuál es la salida a esta situación? Hace pocos días, le preguntaba esto a nuestro buen amigo Hermann Tertsch. Y él me decía, textualmente, lo siguiente: “No tengo ninguna expectativa real de ver cambiar las cosas hacia bien. Creo que los dos grandes partidos, por mucho que salven los muebles ahora, son dos entes más que podridos, secos e inanes, lastres inútiles para el desarrollo de España.

Por mucho que tengan gentes que inútilmente intenten hacer aun la renovación desde dentro. Otros partidos como Ciudadanos carecen de masa crítica para hacer la gran tarea de la regeneración. Respecto a Podemos y otros grupos extremistas que han surgido, sean éstos separatistas o no, creo que suponen una amenaza totalitaria y que son grupos que, en el poder, inevitablemente degenerarían muy pronto en regímenes criminales. Yo, desde luego, si pudiera garantizaría a mi familia y a mis seres queridos si no para esta, sí para las siguientes generaciones, una buena vida… en Estados Unidos”.

Para quienes ya tenemos cierta edad, y tenemos hijos relativamente pequeños, ésta es, sin duda, una salida. Y tampoco tengo duda de que es ya, y lo seguirá siendo, la opción tomada por muchas personas. De hecho, y según datos del Consejo de la Juventud de España, 10.000 jóvenes han abandonado el País Vasco entre 2009 y 2013. A nivel nacional, y en el mismo periodo, 218.000 jóvenes dejaron el país. Y la mayor parte de éstos, no regresará jamás.

Y es que no se siente ninguna nostalgia por una región expuesta un día sí y otro también a la exhibición obscena de los terroristas y de quienes durante décadas han sido sus más fieles servidores.

No hay añoranza por una ciudad que vibra en directo viendo cómo el chupinazo sanferminero convierte a un puñado de criminales fanatizados en los líderes políticos del futuro. Nunca hay tristeza por no poder volver a una tierra, que aunque sea la nuestra, se encuentra mancillada por una banda infecta de proetarras, de independentistas de baratillo y de radicales incendiarios.

Para los demás, para quienes por edad o por tantos otros motivos no podemos abandonar nuestra querida tierra hostil, nos queda la dignidad, y la soledad, y la tristeza, de un buscado y
deseado exilio interior. Ese que, alrededor de la familia, de las lecturas, de las viejas películas, de las músicas de siempre y de las imágenes añoradas de otros lugares, nos ofrece un territorio
seguro y confortable alejado de los aullidos de los fanáticos, apartado de las risas de los encubridores, ajeno a las complicidades de los silenciosos e insonorizado frente a los
tumultos de los iletrados.
 


 


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