AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 30 Septiembre 2015

La majadería federal
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 30 Septiembre 2015

Año 2015 de la era moderna. España se encuentra bajo la amenaza fantasma de la flota interestelar secesionista, que se apresta a pulsar el fatídico botón. Las defensas fueron desactivadas hace tiempo; las alarmas, vendidas al mejor postor. La situación es grave pero, ¡esperen! in extremis, unos sesudos pensadores, situados no en la órbita de estrella o asteroide alguno, sino de cierto partido, dan por fin con la solución. Afirman haber descubierto el infalible escudo antimisiles, el milagroso parche Sor Virginia, el remedio definitivo que salvará a nuestra patria de esa peligrosa deriva que conduce a la desintegración. El último gran invento del TBO se denomina Estado Federal.

Los argumentos para defender la reforma federal contienen bastante hojarasca, palabrería hueca, muchas precisiones de forma pero pocas de fondo. Y el motivo es evidente: la mayoría de los expertos coincide en que España funciona ya, de facto, como estado federal aunque el vocablo no se encuentre en la Constitución. Solo faltan algunos detalles y, por supuesto, el reconocimiento legal. Por tanto, la reforma federal cambiaría el aspecto, la letra, clarificaría el sistema pero afectaría poco al fondo, a la sustancia. Es más bien un cañón de cartón que, piensan, asustará a Mas Vader y sus esbirros quienes, amedrentados, se retirarán con el rabo entre las piernas.

Hay en estas propuestas mucho ruido y pocas nueces, mucho cambio legal pero muy poco real; un retorcido camino lampedusiano para desembocar... en el mismo lugar. Incluso peor, si se aprovecha, como proponen algunos, para fraccionar territorialmente el Poder Judicial o para conceder más atribuciones a ese aquelarre de zombis llamado Senado. Quizá algunos botarates piensen que la palabra "federal" pudiera actuar como placebo, ejercer el mismo efecto taumatúrgico que logró durante muchos años el vocablo "autonomía", esto es, epítome de democracia. Para ello habría que propagar una nueva necedad, convencer a la opinión pública de que "federal" y "democrático" son dos palabras equivalentes. Olvídenlo, ya no está el horno para cocinar estúpidos dogmas.

Hemos sufrido durante años las ocurrencias de leguleyos de visión corta, obsesionados por copiar la legislación de otros países, creyendo ingenuamente que idéntica ley genera el mismo efecto en cualquier entorno, en cualquier lugar. Y no es así. La fórmula federal, la descentralización, ha funcionado bien en algunos países pero fracasado estrepitosamente en otros. Ha proporcionado eficiencia, buen gobierno en ciertos lugares pero ha multiplicado el clientelismo, el despilfarro y la corrupción en otras latitudes.

Un dogma identificó autonomía con democracia
Nunca se discutió en España el fundamento de la descentralización, del proceso autonómico, Al contrario, se implantó un dogma que identificaba autonomía regional con democracia, logrando así que las fuerzas nacionalistas, aquellas que representaban los intereses más particulares, gozaran de un plus de legitimidad. Pocos se atrevieron a señalar algo evidente: al ciudadano le importa un comino que la gestión de un servicio corresponda a una administración o a otra, mientras éste se preste de forma eficiente y barata. Por contra, para los políticos el asunto era vital pues los traspasos de competencias multiplicaban el número de cargos a repartir entre militantes y simpatizantes. ¿Qué ventajas y desventajas tiene entonces la descentralización de poder y competencias?

La propuesta de un Estado unido pero descentralizado surge en tiempos de la independencia de los Estados Unidos como un intento de combinar las ventajas de un país grande con las de un país pequeño. La teoría pivota sobre una idea básica: que la democracia se perfecciona en unidades políticas pequeñas, en ámbitos reducidos, allí donde la gente conoce mejor a los candidatos, se encuentra mejor informada de la acción de los gobernantes y goza de un trato más cercano con sus representantes. Un modelo de pensamiento que toma como referente ideal la polis griega. Teóricamente, en circunscripciones pequeñas, los ciudadanos ejercerían una supervisión más eficaz de sus dirigentes. Y la sana competencia entre gobiernos regionales conduciría a una administración más barata y eficaz. Pero en países como España ocurrió lo contrario: la descentralización generó una administración hipertrofiada, cara e ineficiente, crecientemente intervencionista, con fuerte tenencia al despilfarro, muy inclinada a la corrupción. ¿Cómo se explica esta contradicción con la teoría y la experiencia de otros países?

La teoría clásica del federalismo parte de una concepción ideal de la democracia, un sistema donde el votante es soberano, existen suficientes mecanismos de control del poder y el elector ejerce una supervisión directa de su representante. Sin embargo, si un sistema político se encuentra de entrada corrompido, carece de eficaces controles y contrapesos, de una efectiva separación de poderes, si domina el capitalismo de amigotes, el intercambio de favores, el clientelismo, todas estas lacras se exacerban, se agravan considerablemente a nivel regional. La descentralización puede intensificar las virtudes del sistema político; pero también acrecienta exponencialmente sus defectos.

En España, los políticos regionales evitan con mayor facilidad los controles democráticos pues ejercen enorme influencia sobre los medios de comunicación locales, más frágiles y dependientes de concesiones o subvenciones. El control de los ciudadanos sobre la acción de los gobernantes regionales es débil por la enorme dificultad para separar competencias y asignar responsabilidades. Y el espacio reducido permite una interacción más intensa entre agentes públicos y privados, entre políticos y empresarios, favoreciendo el intercambio de favores y la corrupción. En casos extremos, la ausencia de cortapisas favorece el surgimiento de falsos mesías e iluminados. El federalismo no funciona cuando parte de un sistema político defectuoso.

Un planteamiento majadero
No tomemos el rábano por las hojas. La España descentralizada, llámese autonómica o federal, aportará siempre más problemas que soluciones mientras no se reforme profundamente el marco político, mientras la ausencia de controles y contrapesos permita a las oligarquías locales utilizar la administración con fines partidistas, promulgar infinidad de leyes innecesarias, retorcidas, contraproducentes, gastar dinero a manos llenas en beneficio de su clientela, restringir la competencia en beneficio de los amigos, dominar la prensa local o influir sobre los jueces más cercanos.

Se puede proponer una constitución federal, por supuesto, argumentando pros y contras. Pero es una colosal majadería plantear el federalismo como solución definitiva para encajar a los nacionalistas catalanes - no a Cataluña, sino a ciertas oligarquías facciosas - en la legalidad española. La concesión de crecientes cotas de autonomía, la transferencia de competencias hasta casi erradicar el Estado en ciertas zonas de España solo ha reforzado a unas élites nacionalistas que desviaron cuantiosos recursos públicos hacia fines notoriamente partidistas. La independencia fue siempre su objetivo a largo plazo; aceptaron la legalidad vigente como estrategia, como vía para conseguir sibilinamente sus fines. Pretender que regresen al redil atraídos por el caramelo federal constituye una pretensión ingenua o malintencionada. O ambas cosas a un tiempo, producto de entornos partidistas donde maldad y estupidez se mezclan, conviven en desordenada promiscuidad.

Déjense de piedras filosofales, federalismos y zarandajas, de marear la perdiz intentando inútilmente crear otro señuelo, un nuevo dogma que sustituya a los sepultados por el lodo. Busquen el marco legal más adecuado para el ciudadano de a pie, planteen los cambios que abran el sistema, fomenten la participación, infundan en la población ilusión, orgullo y sentido de pertenencia.

El rompecabezas territorial no encontrará solución sin una radical reforma del sistema político, sin unos cambios que eliminen privilegios, garanticen la igualdad ante la ley. Reformen las instituciones formales, la Constitución sí, pero prestando mucha atención a los incentivos, a esos usos y costumbres de la política, a esas instituciones informales capaces de convertir la ley en papel mojado, de subvertir las teóricas ventajas de una descentralización. Garanticen que cualquier instancia del poder queda sometida a un contrapoder que lo controle y fiscalice. Fijen reglas estrictas que actúen como barrera infranqueable, como valladar ante cualquier tipo de tiranía. Permitan el desarrollo de una prensa libre, fiable e independiente, nunca obediente a determinados grupos de intereses ni sometida a la autocensura de los tabúes, de la corrección política. Si, a pesar de todo, prefieren mantener el statu quo, no se sorprendan de lo que pueda ocurrir.

El veneno social nacionalista
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 30 Septiembre 2015

Como el resto de los territorios que en España y en Europa han sido golpeados sin piedad por la crisis económica, Cataluña tendría que haber hecho frente desde hace años a los retos esenciales que hoy, dos días después de unas elecciones convertidas en el fraudulento plebiscito que los independentistas han perdido, sigue teniendo encima de la mesa: la caída de su PIB per cápita (1.336 euros desde el años 2008), un déficit público del 2,58 % (el segundo más alto de España), una deuda pública del 32,8 % sobre el PIB (la tercera mayor) y una tasa de paro del 19,1 %.

Pero los esfuerzos de Mas y los dos partidos que apoyaban su Gobierno no se han centrado en mejorar las condiciones de vida de quienes pagan impuestos para eso, sino en dos dislates ilegales: impulsar la denominada construcción de estructuras de Estado; y, directamente relacionado con ello, preparar la llamada desconexión con España, disparate que partía del hecho de que varios cientos de años de historia común y profundos sentimientos compartidos pueden borrarse con la misma facilidad con que se desenchufa una nevera.

Lo verdaderamente increíble de esa monomanía, tan patológica como cualquier otra obsesión, no es que se haya adueñado de unos líderes políticos que han sabido manipularla para eludir sus responsabilidades de gobierno, subiéndose así en una ola de la que esperaban no llegar a caer jamás, sino que -es cierto que tras un proceso de manipulación social sin precedentes- casi dos millones de catalanes hayan comprado una mercancía tan averiada, hasta convertirse en auténticos rehenes de una clase política nacionalista que los ha utilizado como carne de cañón.

Increíble, claro, a menos que se entienda cabalmente el potente papel que pueden llegar a jugar las ideologías sectarias (el nacionalismo, el racismo, el fundamentalismo religioso) en los procesos de movilización popular, incluso en sociedades modernas como la catalana. Pues lo que se ha vivido en Cataluña desde el año 2010 ha sido eso: el secuestro de una importante parte de la sociedad por un nacionalismo insolidario (España nos roba), xenófobo (los catalanes no nacionalistas son extranjeros en su país, son malos catalanes) y quimérico (la nueva Cataluña independiente será una Arcadia definitivamente feliz), que ha logrado emponzoñar los sentimientos de cientos de miles de personas que antes de ese envenenamiento colectivo estaban pendientes de lo mismo que los no nacionalistas: de su vida, su familia, su trabajo, sus alegrías y tristezas.

Recuperar esa normalidad social, superando la situación de trastorno social transitorio forzada por los nacionalistas, es, sin duda, lo más urgente para devolver la calma a Cataluña y restañar las heridas que la pesadilla secesionista ha provocado a sabiendas de que solo así tenía algunas posibilidades de hacerse realidad.

El hombre inadecuado
Aleix Vidal-Quadras  www.gaceta.es 30 Septiembre 2015

Se apunta frecuentemente a la conveniencia de ser la persona adecuada en el lugar preciso y en el momento apropiado como garantía segura de éxito. De la misma forma, tener el infortunio de ser el menos apto en el peor período y en el sitio menos indicado, conduce inevitablemente al fracaso. La experiencia de los cuatro años de gobierno del actual inquilino de La Moncloa representan un infausto ejemplo del segundo caso y aunque probablemente no sea culpa suya el que las circunstancias le hayan colocado donde nunca debiera haber estado, sí es su responsabilidad el darse cuenta de su notoria falta de idoneidad para el puesto y el decidirse a ceder el paso a otra figura más capaz de resolver los grandes problemas a los que se enfrenta España y que él no sólo no ha contribuido a aliviar, sino que los ha agravado con su ejecutoria.

Nuestra antigua y dolorida Nación padece hoy varios y serios males, entre los que destacan una estructura territorial políticamente inmanejable, funcionalmente defectuosa y financieramente ruinosa; un ordenamiento constitucional mal concebido y pobremente redactado que presenta lagunas y contradicciones insalvables; un separatismo contumaz e irracional por parte de fuerzas muy poderosas implantadas en dos comunidades ricas y avanzadas indispensables para la existencia de España como proyecto colectivo; un deterioro institucional alarmante acompañado de corrupción generalizada de carácter sistémico en todos los niveles de la Administración, unas cuentas públicas desequilibradas de difícil reconducción que han generado una deuda pública de proporciones desbordantes, un sistema educativo de pobre calidad que no aporta el capital humano necesario para que seamos competitivos a escala global, una legislación electoral y de partidos que ha provocado la degradación paulatina de las elites políticas hasta cotas tristemente bajas y una demografía desfalleciente que pone en peligro la sostenibilidad de nuestros instrumentos de protección social.

Como se ve, se trata de dificultades de hondo calado, de naturaleza estructural, que no se arreglan con parches ni admiten dilaciones, sino que requieren acciones valientes, arriesgadas y profundas, y también que la sociedad española las acepte con disposición a sobrellevar los sacrificios que sin duda acarrean. Para todo ello esta etapa de nuestra historia demandaba un liderazgo dotado del coraje, el carisma, la fuerza de convicción, la solidez de principios y la claridad de ideas exigidas para tarea tan hercúlea. ¿Y qué es lo que nos ha traído el destino y el cuaderno azul de Aznar? Pues un Presidente de Gobierno irresoluto, lento de reflejos, negado para la expresión verbal, tedioso, indolente, fatalista y de sangre congelada. Cuando nos hacía falta alguien que supiera calibrar el alcance de los desafíos a vencer, nos hemos encontrado con un lector soso de prensa deportiva cuya máxima muestra de habilidad retórica son frases tautológicas sobre las piezas de la vajilla doméstica y que se queda en blanco ante una pregunta elemental de un entrevistador amistoso.

Si el partido del Gobierno presenta como cabeza de cartel en las próximas elecciones generales a su actual jefe de filas está cantado que no conseguirá el número de escaños suficiente para, con el apoyo de Ciudadanos, articular una mayoría que ponga a España a resguardo de la inestabilidad y la incertidumbre que la acechan, y como tampoco parece posible que su principal oponente lo logre, estamos abocados a varios años de izquierdismo doctrinario, inoperante y regresivo. A la cúpula del Partido Popular, sentada en su Comité Ejecutivo Nacional y en su Junta Directiva Nacional, le queda un margen muy estrecho, de apenas unas semanas, para reaccionar y encumbrar a número uno de su lista por Madrid a un o una dirigente sin relación alguna con su siniestro pasado de mordidas y tráficos venales, que pueda asomarse a las pantallas de televisión suscitando el interés, la simpatía y la confianza de la gente y equipado con el suficiente bagaje ético e intelectual que le permita tomar con mano firme y certera el timón del Estado en las aguas turbulentas que surcamos.

En enero de 2011 publiqué un opúsculo del que se agotaron los diez mil editados y del que envié dos ejemplares dedicados respectivamente a Mariano Rajoy y a Soraya Sáenz de Santamaría. Me respondieron ambos agradeciendo muy corteses el regalo y a continuación no hicieron nada de lo que yo aconsejaba en mi ensayo o, lo que es aún peor, tomaron medidas en sentido contrario. El que lea ahora lo que yo decía entonces podrá comprobar que las presentes desgracias hubieran podido ser evitadas simplemente si el Gobierno hubiera por una parte sido fiel a su propio programa y por otra hubiera impulsado las reformas que los espíritus lúcidos les veníamos señalando desde bastante antes de la derrota de Zapatero. Por consiguiente, ha llegado la hora de que cada uno asuma sus responsabilidades y de que los que todavía guarden un resto de patriotismo, dignidad y valor en el Partido Popular lo demuestren forzando en la recta final que, si nadie se mueve, desembocará en la catástrofe, el cambio de rumbo que España está pidiendo a gritos.

No habrá España si la ley no se aplica
Editorial  www.gaceta.es 30 Septiembre 2015

La imputación de Artur Mas y sus consejeras Joana Ortega e Irene Rigau por el referéndum ilegal del 9-N viene a añadir un capítulo más al interminable culebrón catalán. A los capitostes del proceso separatista, y en particular a Artur Mas, se les acusa de cuatro delitos especialmente graves: obstrucción a la Justicia o usurpación de funciones judiciales, desobediencia grave, malversación de fondos públicos y prevaricación administrativa. Todos esos supuestos delictivos –y alguno más que no se ha empleado en la presente causa- concurrieron en aquel plebiscito con el que Artur Mas desafió a la unidad nacional de España mientras el Gobierno español se contentaba con decir que el referéndum no existía. Una vez materializado el desafío, el Estado redujo su reacción a una querella. Es esta la que ahora se verifica con la llamada a declarar de Mas, Ortega y Rigau en condición de imputados.

No hay que prestar demasiada atención a las reacciones políticas al respecto: el PP y el PSOE se limitan a escenificar su acatamiento de las decisiones judiciales, que es lugar común habitual cuando uno sale beneficiado, y los separatistas de diverso pelaje rompen en aspavientos indignados, como era de esperar. Que a los separatistas les incomode la ley es lógico: su aspiración es romperla. Conviene, sin embargo, detenerse en uno de sus argumentos: aquel según el cual esto es una “instrumentalización política” de la Justicia insólita en un país democrático. No, no: es al revés y los separatistas lo saben. Todos los estados del mundo se dotan de los instrumentos legales precisos para salvaguardar su propia composición. Lo anómalo es el caso español, donde cualquier pelanas puede romper una Constitución en la tribuna del Congreso, violar la ley en nombre de la “inmersión lingüística” o ejecutar con fondos públicos un referéndum ilegal. Ante un atentado atrabiliario como el referéndum del 9-N, tanto el poder ejecutivo como el judicial debían haber actuado antes. Lo hacen ahora, que es el mal menor. Sería deseable que a los acusados se les aplique la ley como se haría con cualquier otro ciudadano en cualquier otro supuesto delictivo. Pero es precisamente aquí donde surgen las dudas.

Surgen dudas porque el ministro de Justicia, Rafael Catalá Polo, se apresuró ayer a aclarar que la decisión judicial se ha hecho pública ahora “para no interferir en el proceso electoral”. Esto es asombroso. Es difícil exponer de manera más elocuente la subordinación de los tribunales a la política. ¿Quiere decirse que los tribunales han estado paralizados hasta conocer el resultado del escrutinio? ¿Quiere decirse que, si el resultado de las elecciones hubiera sido otro, habría sido otro también el curso del proceso legal? ¿Habría citado la Justicia a los imputados en las mismas condiciones si la candidatura separatista hubiera obtenido mayoría absoluta o, al revés, si los partidos españolistas se hubieran alzado con una mayoría suficiente? ¿Quiere decirse que mañana, si hay un candidato acusado de, por ejemplo, un robo con escalo, los tribunales paralizarán su trabajo hasta ver si resulta electo o no? Es atroz pensarlo pero eso es exactamente lo que se deduce de las palabras del Ministro de Justicia. Y da mucha vergüenza seguir llamándolo así.

Hemos llegado hasta donde hoy estamos porque la ley no se ha aplicado. Porque las instituciones democráticas no han funcionado. Porque los tribunales se han llamado a andanas ante las reiteradas violaciones de los derechos ciudadanos. Porque el Estado ha renunciado a emplear los instrumentos que protegen la soberanía nacional. Mientras el poder político, en España, no entienda que la preservación de la nación es su principal cometido, y que la ley no sirve de nada si no se aplica, seguiremos chapoteando en este lodazal de sediciones, indolencias, negligencias y demagogias.

Conveniencia y oportunidad.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 30 Septiembre 2015

Una cosa es que supusiésemos una forma de actuar y otra muy distinta es que el principal responsable de la Justicia en España, el Ministro de Justicia, reconozca públicamente que algunas decisiones judiciales se toman teniendo en consideración aspectos que nada tienen que ver con la imparcialidad e independencia de una Institución, nada menos que la “conveniencia y la oportunidad políticas de determinadas actuaciones”. Es decir estaríamos ante la temida dependencia judicial al servicio de la clase política, acomodando los tiempos judiciales a esa conveniencia u oportunidad para no interferir, o hacerlo de forma ostensible. Una actitud totalmente inaceptable e incompatible con un sistema que quiera ser homologado como democrático.

Y es que desde el principio, el caso de la insumisión y deslealtad institucional del Presidente de la Generalidad Artur Mas quedó patente desde el instante de estampar su firma en la convocatoria del ilegal referéndum fijado para el 9 de noviembre del 2014. Todas las actuaciones posteriores solo tuvieron una respuesta tibia y casi formal por parte del Ejecutivo de Mariano Rajoy, que siguió soportando y auxiliando económicamente a los secesionistas catalanes responsables de una gestión sectaria que había conducido a la autonomía a un estado de quiebra técnica con una deuda cercana a los 70.000 millones de euros. La pasividad absoluta de la Fiscalía reflejaba la nula voluntad de poner obstáculos a un proceso que estaba en pleno desarrollo y aumentando el nivel de desafío. La Generalidad siguió emitiendo leyes y planificando hasta el detalle el desarrollo del ilegal referéndum.

No fue sino hasta la aprobación de esas leyes y las fechas acuciaban cuando el Ejecutivo decidió impugnar ante el Tribunal Constitucional lo que era un acto de rebeldía Institucional al atribuirse derechos y competencias exclusivas del Estado y que afectaban a la Soberanía Nacional. El TC solo tuvo tiempo para admitir a trámite la demanda del Gobierno y en consecuencia suspender provisionalmente hasta dictaminar sobre el fondo del asunto las leyes y la propia convocatoria del referéndum. Una vez más, la Generalidad y su Gobierno encabezado por Artur Mas y otros Consejeros decidieron no asumir esta sentencia del TC y finalmente llegado el día fijado, el 9 de noviembre, se abrieron colegios públicos, se constituyeron las mesas de votación, se dispusieron las urnas – de cartón- y se abrieron a los ciudadanos para que el que quisiera fuese a votar, sin las debidas garantía que hubieran sido exigidas en un proceso normal de votación. Y Todo ello sin que las FFyCCSE recibiesen orden alguna de impedirlo y la jornada transcurriera plácidamente y sin incidentes.

Posteriormente solo hubo palabras de condena, pero cínicamente se produjo un análisis del índice de participación, de los resultados etc. Solo hubo un partido político, la UPyD que decidió interponer una denuncia en los Tribunales imputando a los responsables máximos de este acto de insumisión y desobediencia a la Ley. Dado el carácter aforado de los imputados, era claro que el Tribunal encargado sería el TSJC, cuya composición como la mayoría de los Altos Tribunales de España, está viciada por la injerencia directa y descarada de los partidos políticos que nombran a los Jueces más cercanos ideológicamente. De hecho ese argumento es constantemente esgrimido por todos dependiendo de las causas abiertas y de los personajes imputados. Todos reclaman independencia judicial pero ninguno ha hecho nada para conseguirla.

El caso es que tras la denuncia, hemos estado cerca de un año en el que nada se sabía de las actuaciones del tribunal, sus pesquisas, su búsqueda de testimonios y soportes de prueba y todo aquello que suele componer la base para la cita de los imputados y su posterior acusación formal y enjuiciamiento. Pues resulta que en este año en el que han pasado unas elecciones autonómicas en Andalucía, unas elecciones Municipales y autonómicas en la mayoría de España, y por fin la convocatoria y celebración de las elecciones autonómicas en Cataluña, ha sido precisamente ayer 29 de septiembre, cuando el TSJC se ha decidido a formalizar las imputaciones citando a declarar en calidad de imputados a los previamente denunciados por UPD, Artur Mas, Irene Rigau y Ana Ortega como máximos responsables de la celebración de ese referéndum ilegal.

Las casualidades no existen como norma general y mucho menos en cuestiones de relevancia política donde intervienen actores tan manifiestamente ligados. Las fechas elegidas para las comparecencias lo han sido a la mayor conveniencia y oportunidad del secesionismo catalán, en este caso el protagonizado por CDC y sus representantes en el Gobierno de la Generalidad, tras los resultados decepcionantes de las elecciones que ellos consideraban y calificaban de plebiscitarias. Ni han obtenido en coalición la ansiada mayoría parlamentaria, ni han alcanzado la mayoría de los votos válidos depositados que dieran algo de la legitimidad que buscaban. Esta elección con claras alusiones al independentismo y la rebeldía coincidente con el 75 aniversario del fusilamiento del secesionista Companys, solo quiere dar un punto de victimismo para argumentar una pretendida persecución política en lo que no es sino delitos de insumisión a la Ley y desobediencia al TC. Unos delitos que llevan implícitas condenas de incapacitación para desempeñar cargos públicos y que con la nueva Ley podría haber ido acompañado de penas de prisión.

Resulta clarificador el que el propio Ministro de Justicia haya admitido lo que solo era una suposición en cuanto a la dependencia funcional de la Justicia en España respecto al poder político. Es evidente que esto invalida la supuesta democracia y es una situación que debe terminar de una vez. Por ahora continuaremos con la farsa de las casualidades y de los tiempos judiciales que son todo un misterio para los legos, pero que los jueces ven con claridad y lógica.

¡Que pasen un buen día!

Los nuevos medios para acceder al poder
Vicente Baquero  www.gaceta.es 30 Septiembre 2015

A lo largo de la historia se han utilizado infinidad de medios para alcanzar el poder por parte de aquellas minorías cuyo propósito era controlar la sociedad en su beneficio o para la satisfacción propia de esas mismas minorías. Desde la más rudimentaria que sería la simple fuerza, pasando por el dominio económico, hasta los más complejos mecanismos religiosos o las actuales variantes del pensamiento marxista revolucionario que hoy nos ocupan y que tan presentes podemos sentir en España y en todo Occidente.

Es cierto que la idea del comunismo-anarquismo ortodoxo como tal, se ha derrumbado en su aspecto económico, político y militar tras la caída del muro de Berlín, pero no nos engañemos sus ideólogos están presentes y son extremadamente activos desde otra perspectiva, aparentemente más inocua y “bien pensante”.

Leyendo el último ensayo del profesor británico Ed West “The diversity illusion” (La “ilusión de la diversidad”) citaba un par de obras esenciales para comprender aquello a lo que nos estamos refiriendo, que desgraciadamente tendemos a pasar por alto en este ajetreo político contemporáneo en donde lo urgente desplaza a lo importante. Refiriéndose al estudio de Chris Dillow, “The end of politics” (“el fin de la política”) inspirado en parte por el estudio del pensador y filósofo de la historia también británico Hobsbawm, de inspiración claramente marxista tradicional “The forward march of labour halted” ( “La marcha avante del socialismo británico se ha detenido”) perdón por tanta cita pero es honrado mencionar las fuentes, nos dice que muchos en la nueva izquierda han abandonado la idea de considerar a la clase obrera clásica como la fuerza revolucionaria por antonomasia y están centrando su actual ofensiva sobre los nuevos grupos sociales marginados como motor de la revolución: liberación de la mujer, grupos pobres no blancos, minorías étnicas, inmigrantes, homosexuales… Ese viraje en la perspectiva va unido a una pérdida de interés por las cuestiones económicas y la obsesión por generar una nueva “teoría cultural”.

Este nuevo énfasis en la “cuestión social”, en lugar de en los problemas económicos, les permite obviar los evidente fracasos económicos del marxismo y centrarse en una revolución cultural que resulta mucho más atractiva para los actuales radicales de clase media, que son los que hoy en día componen una importante base sociológica de la nueva izquierda. El radicalismo económico evidentemente no solo no resulta atractivo para este grupo sino que les impondría, por coherencia, unos sacrificios financieros esenciales para su credibilidad. El radicalismo político sale gratis, los beneficios los recogen los revolucionarios de esta clase media, ya que los riesgos y los costes de un fracaso los pagan personas que están normalmente muy lejos. Pueden mostrar generosamente su solidaridad con las guerrillas de cualquier país sudamericano o africano, sabiendo que de llegar alguno de estos grupos al poder en sus países respectivos, aunque los lleven al caos, eso a ellos no les va a afectar. Ya el filósofo marxista Georg Luckács afirmaba que el fracaso del comunismo en Occidente se debió a que no se centraron en dominar los medios de producción “mentales“: prensa, radio, editoriales, entretenimiento, educación, control de universidades… Con el fracaso económico estos apóstoles revolucionarios cambiaron de rumbo y se dedicaron a erosionar las bases de la cultura occidental, pero eso no se materializó hasta los años 60: Marcuse, Sartre, Adorno… exponentes de la nueva izquierda, que desembocan en un sinfín mayos del 68, de distinta intensidad en diversas partes del mundo. De aquellas aguas estos lodos…

No es de sorprender que la universidad española, y bastantes más por el mundo adelante, hayan sido la cuna de movimientos anarco-comunistas, que de nuevo han atraído a unas generaciones de jóvenes ilusionados con un “mundo distinto y mejor”. El problema no es como sería el mundo deseado sino como se alcanza. Hoy estamos viendo a muchos de estos líderes “flautistas de Hamelin” encaramados a las espaldas de esta ingenuidad colectiva para alcanzar el poder. Consiguen su propósito tanto por su dedicación al tema como por la apatía general de una sociedad ideológicamente auto declarada neutral, inmersa en un remolino de lo que el profesor Bueno designaría como “panfilismo” (“buenísmo”) o falso “irenísmo”, (paz y concordia porque todo es relativo). Qué nadie se sorprenda si no le suenan estas palabras, eso indicaría que la actitud psicológica que designan no es nada nuevo a lo largo de la historia y sin embrago hoy no se reconocen porque se las arrumba en un ejercicio de nueva “revolución cultural”.

Lo preocupante es que si esas técnicas, pacientes y elaboradas, sirven para llegar al poder, y es verdad que sirven, ¡recuérdense sin ir más lejos, las manifestaciones casi litúrgicas de los grandes déspotas del siglo XX, gracias a su control de los medios y la educación! no se busque algún modo, disponiendo todavía de todo el poder (¿o es que ya no estamos a tiempo?) para neutralizar los efectos nocivos de este letal desafío a las libertades.

Peligroso diálogo
Emilio Campmany Libertad Digital 30 Septiembre 2015

Las elecciones catalanas han servido para constatar que buen número de catalanes quieren que su región sea una nación independiente. Según dicen, ello obliga a negociar. Sin embargo, cualquier exigencia independentista que pudiera ser suficientemente apaciguadora implica reformar la Constitución. Eso en principio no debería asustarnos, pues es algo que puede hacerse perfectamente si una mayoría suficiente de españoles lo desea. De hecho, son muchos los periodistas y políticos que hablan de reformarla, aunque siempre olvidan decir en qué. Ahora bien, suponiendo, que es mucho suponer, que fuera suficiente, ¿estamos dispuestos a que Cataluña disfrute de unos privilegios económicos o de cualquier otra naturaleza negados al resto de las regiones? ¿Aceptaríamos que España dejara de ser una nación para transformarse en una confederación de naciones?

Creo que la mayoría de los españoles contestarían que no. Y hay buenas razones para ello. Construimos en la Transición un carísimo Estado de las Autonomías con el fin de satisfacer las ansias de autogobierno de los catalanes. Permitimos que en Cataluña las leyes y sentencias españolas no se aplicaran por ver si un margen de autogobierno más allá de lo legal era suficiente para que se dieran por satisfechos. Toleramos que el castellano fuera expulsado de la educación y las instituciones de Cataluña, convirtiendo en ciudadanos de segunda a los españoles que viven allí y no hablan catalán. Y no ha servido para nada. ¿Por qué habría de solucionar algo cualquier otra concesión que se nos ocurriera?

Ya se ha visto que la estrategia preferida de Rajoy, la de no hacer nada, no vale. Cuando las primeras violaciones de la ley, pudo haberse aplicado el ordenamiento jurídico a las muchas desobediencias de la Generalidad, pero ahora no sé si es ya tarde. Tampoco sé si la propuesta de Elisa de la Nuez y Rodrigo Tena de elaborar una ley que permita un referéndum con una pregunta clara sería la solución. En todo caso, de ser éste el camino, habría que entenderlo como una excepción al artículo 2 de la Constitución, que proclama la indisolubilidad de la nación española. Esto a su vez exigiría el voto favorable de dos tercios de las cámaras, disolución de las mismas, nuevo voto favorable de los dos tercios de las recién elegidas y aprobación en referéndum en toda España.

Lo atractivo de esta solución es que entonces los catalanes ya no podrían votar a partidos independentistas para que, con la amenaza de la independencia, extrajeran nuevas concesiones y privilegios, sino que tendrían que manifestarse claramente sobre si quieren ser independientes, con sus ventajas e inconvenientes, o españoles, gozando de la amplia autonomía que les reconocen las leyes, pero no más. Sin embargo, me temo que ni siquiera esto, que podría ser lo más razonable, serviría para contentar a los independentistas, caso de perder el referéndum.

La cuestión es que ésta o cualquier otra solución encaminada a apaciguar a los independentistas muy bien podría apaciguarlos sólo para unos años y, a cambio, dividir al resto de los españoles para siempre. Mucho cuidado, que estamos jugando con las cosas de comer.

La Segunda Guerra de las Comunidades
Amando de Miguel Libertad Digital 30 Septiembre 2015

Nos encontramos en el "arranque" (como se dice ahora) de la II Guerra de las Comunidades en España. La actual es mucho más compleja e indeterminada que la primera, la que perdieron los castellanos rebeldes frente a Carlos I. La segunda la vamos a perder todos los españoles. Empezamos a sospechar que estábamos equivocados, que España no ha sido la primera nación de Europa en términos cronológicos. Puede que sea la última, precisamente por la soterrada guerra entre las comunidades autónomas, algunas de ellas. Ahora resulta que, para mayor confusión, algunos dicen que España es "una nación de naciones". Áteme usted esa mosca por el rabo.

Las mal llamadas "comunidades autónomas" (que no son ninguna de las dos cosas) miran con secreta envidia a Cataluña. ¿No podrían algunas de ellas independizarse? Lo cual significaría pagar menos impuestos, recibir más subvenciones, el reconocimiento de las respectivas singularidades, mandar siempre los de dentro. ¿Quién va a estar en contra de esas bicocas? Lo malo es que son falsas.

El primer objetivo de los secesionistas (incluso de los que lo son sin saberlo) es acabar con la identificación entre España y lo nacional. Por eso el Instituto Nacional de Meteorología es ahora la Agencia Estatal de Meteorología. Son cada vez los españoles que se refieren al "Estado" en lugar de decir "España". Comprendo que el Estado maneja más o menos la mitad de todo lo que producimos los españoles, pero la suplantación de España por el Estado me produce arcadas. En la misma línea se sitúa la idea de suprimir las corridas de toros. No es, como se dice, por cariño a los cornúpetas, sino porque la lidia es una "fiesta nacional". La sustituirán por aquelarres varios, como tomatinas y carnavales.

Desde luego, se acabó la celebración nacional del 12 de octubre o del patrón de Santiago. No hay sensación de fiesta nacional ni de himno o bandera nacional. Un paso más se da en la enseñanza. La historia de España, lejos de convertirse en historia de Europa, pasa a ser una olla podrida de historia de Cataluña, de Andalucía, de Navarra, etc. Parece mentira que una reducción de tal naturaleza se consiga en un momento en el que los españoles viajan más que nunca.

¡Quién lo iba a decir! El famoso Estado de las Autonomías iba a terminar en distanciarnos cada vez más unos españoles de otros. Doy una ilustración cercana. Yo he profesado en varias universidades españolas. Ahora no podría hacerlo. Un catedrático de una universidad ya no puede moverse de la plaza que le corresponde. No existe el traslado por concurso de méritos. En realidad ya no hay concurso de méritos de ningún tipo.

Comprendo que la analogía con la Guerra de las Comunidades puede resultar exagerada. Ahora nadie está dispuesto a dar la vida por los fueros locales. Pero vamos camino de ello. No otra cosa es la furia secesionista que se ha desatado en Cataluña. Si cunde, estamos perdidos. De momento, quienes más van a sufrir son los catalanes. El resto de los españoles nos quedamos a verlas venir.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

El gran error de la Administración Obama. “Poder blando” en tiempos duros.
Editorial www.latribunadelpaisvasco.com 30 Septiembre 2015

La fulgurante expansión a lo largo de Siria e Irak que ha realizado la organización terrorista Estado Islámico durante los últimos meses no podría haberse producido si la Administración Obama no hubiera cometido, en política internacional, todos los errores posibles y algunos más.

Abandonando atropelladamente Irak en manos de un individuo irresponsable y sectario como Nuri al-Maliki; saliendo del antiguo reino de Sadam Husein sin dejar un Gobierno de unidad capaz de garantizar las estructuras mínimas necesarias para el mantenimiento de un Estado efectivo; apoyando fallidamente en Siria a una oposición islamista radical bajo la creencia equivocada de que todo valía para derrocar a Bashar al-Asad; dejando Afganistán nuevamente en manos de los talibanes; infravalorando la capacidad del yihadismo islamista para afianzar territorios y subyugar poblaciones; despreciando el valor táctico y disuasivo de la OTAN; aliándose con Irán de una forma poco clara, y, sobre todo, transmitiendo la idea de que Estados Unidos renunciaba a gestionar el futuro de la región, la Casa Blanca en manos del Partido Demócrata ha creado una catarata de nuevos problemas en esta parte del mundo cuya resolución, tal y como ha recordado ahora Barack Obama, exigirá años de “esfuerzos compartidos”.

La Unión Europea, bañada de un espíritu socialdemócrata inane, enredada en políticas multiculturales estultas que solamente han servido para que cientos de yihadistas de Francia, Gran Bretaña, España, Suecia o Noruega, generalmente bien alimentados con los presupuestos públicos que estos países dedican a programas de “integración”, corran a Siria e Irak para sacarse fotografías decapitando a “infieles” occidentales, es, desde hace décadas, un actor secundario en estos y en otros escenarios. Y, por ello, la presencia de Estados Unidos se hace indispensable en un tiempo histórico caracterizado por la llegada de nuevos, transfronterizos y terribles desafíos para las democracias occidentales. Retos que tienen que ver con el auge internacional del terrorismo islamista, pero que también están relacionados, y mucho, con la aparición de nuevas potencias internacionales (Rusia o China, entre otras) que tienen entre sus objetivos declarados acabar con los “valores occidentales” como símbolos referenciales de bienestar, progreso y desarrollo.

El error de Estados Unidos, en este sentido, estriba en que para combatir esta nueva era de totalitarismo, oscuridad, irracionalidad y brutalidad que se cierne sobre extensas regiones del planeta, la Administración Obama ha optado por dejarse guiar en las relaciones internacionales por lo que define como "soft power" (“poder blando”) (influir, liderar y dirigir utilizando la influencia ideológica, política, social y económica, y no la militar). Una forma de moverse en el gran teatro internacional que se caracteriza por la intensificación de las negociaciones multilaterales, la potenciación del papel de los países "aliados", el desarrollo de estrategias económicas más sutiles, la acentuación de la diplomacia global, el empleo intensivo de las nuevas tecnologías de la información como elemento de influencia universal y el diseño de tendencias educativas y culturales capaces de transmitir la superioridad de los valores éticos occidentales.

El pasado mes de mayo, el propio Barack Obama, en un discurso fundamental que pronunció en la Academia Militar de West Point, recordó y asentó estos principios: "EE.UU. debe siempre liderar en el mundo. Si no, nadie lo hará. Pero la acción militar no puede ser el único componente del liderazgo", explicaba el presidente norteamericano en aquel acto, y añadía: "Decir que tenemos un interés en buscar la paz y la libertad más allá de nuestras fronteras no significa que todos los problemas tengan una solución militar. O, lo que es lo mismo: que tengamos el mejor martillo no significa que cada problema sea un clavo".

Contrariamente a lo que expresa la Administración Obama, desde el fin de la Guerra Fría nunca ha habido tantos clavos, y tan grandes, para aplastar y rematar. Y, para ello, y además de alumbrar pomposas conferencias internacionales o de utilizar centenares de drones como aparatosos elementos de disuasión, será necesario bajar al terreno, mancharse de barro y luchar.

A Barack Obama le gusta decir que Estados Unidos es “la nación indispensable”. Quizás ha llegado el momento de demostrarlo.

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EL SEPARATISMO Y LO QUE HAY TRAS ÉL MUY OCULTO
Antonio García Fuentes Periodista Digital 30 Septiembre 2015

EL SEPARATISMO SIMPLEMENTE ES UN GRAN NEGOCIO PARA LOS BUITRES
EL SEPARATISMO Y LO QUE HAY TRAS ÉL

La mentira sigue siendo la más terrible arma con que nos gobiernan los que en realidad simplemente “nos explotan” y muchas cosas se aclaran así que se publican los fines ocultos que personas experimentadas saben y se arriesgan a publicar, como viene haciendo D. Roberto Centeno, cuyo último “Disparate Económico” es tan demoledor, que deja “con el culo al aire”, a todos los interesados en esos separatismos, que en realidad, son muchos (“muchísimos”) más de los que nos han presentado como paladines o “líderes”; que en realidad son “muñecos de pacotilla al servicio de otros fines mucho más profundos y destructivos”.

Analizando todo ello y moviendo nuestra propia inteligencia, podemos calibrar no “los nidos”, sino los “enjambres de bichos”, que peores que buitres o sanguijuelas, fueron organizando todo para exprimirnos de la forma más cruel que podamos imaginar; además lo han hecho y siguen haciéndolo con toda impunidad, mientras mediante propagandas bien dirigidas y que nos hacen pagar a nosotros mismos, vía dinero público, nos presentan “muros imaginarios”, para que sobre ellos volquemos todos nuestros instintos peores, mientras ellos bien resguardados en lugares donde la justicia (si es que existe) no llega o no se atreve a llegar… “se ríen a mandíbula batiente, puesto que se saben dueños de la finca a la que van a seguir exprimiendo como si nada hubiese pasado”. Y lo terrible del caso es que aquí no se ve vías de regeneración y de limpieza necesaria; los políticos se renuevan, pero los que vienen son iguales a los que se van, cuando no peores… y seguiremos como hasta aquí; indefensos.
Veamos lo que justifica este fuerte y doloroso preámbulo:

“Al escribir estas líneas no conozco los resultados de las meras elecciones autonómicas catalanas, que ilegalmente la Generalitat considera un plebiscito sobre la independencia, y aceptado en silencio por un jefe de Estado y un jefe de Gobierno indignos y cobardes que han permitido la vulneración impune y sistemática de la Constitución y de la ley, por parte de un puñado de sediciosos totalitarios, a quienes hasta los propios jueces catalanes acusan de no respetar ni el derecho ni la libertad. Pero sea cual sea el resultado, el próximo presidente de la Generalitat será un separatista radical. En esas condiciones, y aunque espero que los culpables acaben pagando cara su inacción y su felonía, hay temas que afectan a la seguridad nacional y que no pueden continuar como si nada hubiera pasado, porque sí ha pasado.

Y uno de ellos es que los grandes monopolios estratégicos, Repsol y Gas Natural, no pueden seguir en manos pro separatistas con unas participaciones ridículas. Además, son tan escandalosamente ineptos que su gestión es el hazmerreír de los mercados. Como es absolutamente inaceptable que Telefónica y otras grandes del Ibex hayan montado consejos en Cataluña plagados de separatistas como si fuera un país soberano. Por otro lado, las sedes sociales de Gas Natural, Iberdrola y BBVA no pueden seguir en territorios cuyos líderes se declaran no españoles, beneficiando así en forma desproporcionada (con sus impuestos, con su empleo de alta calidad y con todo lo que implica una sede social) a los enemigos de España.

El primer paso para terminar con el poder separatista en Cataluña y el País Vasco es que la gente sepa cómo se han hecho con el control de las grandes empresas
Por ello, mientras tengamos un jefe de Gobierno que hoy es casi un zombie, no ya cobarde sino colaborador necesario en la secesión, empezando por entregar sin intereses más de 40.000 millones de euros a la Generalitat sin lo cual habría quebrado en 2012, el primer paso para terminar con el poder separatista en Cataluña y el País Vasco es que la gente sepa cómo se han hecho con el control de las grandes empresas estratégicas. También hay que indicar desde dónde expolian a los ciudadanos con los precios más altos no solo de la UE sino de toda la OCDE, que a veces hasta doblan, o que empresas como Telefónica, cuyo vicepresidente primero es el presidente de La Caixa, o Endesa, traten a Cataluña como si fuera ya un país independiente.

Con estas acciones, sus responsables no solo son pasivamente desleales a su patria, sino que están construyendo las estructuras que necesita Cataluña para conseguir además de su independencia formal, la cual no le bastaría para lograr la autosuficiencia nacional, la independencia material que sí le permitiría separarse de España. A la ayuda a la sedición, estos desleales le añaden el presunto delito de rebelión aunque no intervengan las Fuerzas Armadas. Nos están traicionando todos: la Corona, el Gobierno, la oposición y los grandes oligarcas. El tema ahora va en serio, así que vayamos en serio todos, porque antes o después los españoles deberemos reaccionar ante tanta y tan gravísima deslealtad hacia la propia patria.

PSOE y PP entregan monopolios a separatistas:
Uno de los episodios más lamentables perpetrados por la oligarquía política en connivencia con la oligarquía empresarial y financiera durante la infausta Transición fue la privatización de los grandes monopolios estratégicos, electricidad, petróleo y gas, levantados con los impuestos y el esfuerzo del pueblo español durante varias generaciones -el de petróleo desde 1929- en condiciones económicas tan insultantes que fueron vendidas sin concurso alguno por la décima parte de su valor. Y eso no fue todo, el desmantelamiento de los monopolios públicos, que se suponía se hacía para dar paso a la competencia como había ocurrido en otros países, haría justo lo contrario”. http://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2015-09-28/repsol-gas-natural-iberdrola-la-caixa_1039186/

Lo que arriba les he copiado, es sólo una mínima parte del trabajo publicado, que es mucho más largo y doloroso, por lo que considero una obligación el leerlo y luego difundirlo, para que al menos, no quedemos como… “los cornudos y apaleados del famoso relato”; puesto que aparte de indefensos somos víctimas de risión, mofa, befa, escarnio y yo que sé, pues habría que buscar muchas más palabras definitorias, para intentar comprender el expolio a que estamos siendo sometidos, desde que se organizaron todos los que nos han explotado después de la muerte de Franco… el que visto en la distancia, en su obra social y económica, cada vez aparece más gigantesca, en esta incomprensible España tan mal gobernada que hoy llega a ese cenit que nos situa en una situación de la que dudo se recuperen mis biznietos, tal es el expolio que nos han hecho “una canalla” de incalificable definición por lo horroroso de la misma.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

¿Acaso el Código Penal no está vigente en Cataluña?

EDITORIAL El Mundo 30 Septiembre 2015

ORIOL JUNQUERAS aseguró ayer que le parece «monstruoso» que la Justicia haya decidido citar a declarar a Artur Mas como imputado el día 15 de octubre, porque esa fecha coincide con el fusilamiento de Lluís Companys en 1940. Las palabras del líder de ERC son reveladoras de la mentalidad del nacionalismo catalán, aficionado a buscar agravios y conspiraciones en lo que es una mera coincidencia.

Los dirigentes de Junts pel Sí y de la CUP criticaron con extremada dureza la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que, según su punto de vista, consideran una agresión que refuerza la necesidad de la independencia.

No se puede ser más sectario y parcial porque lo que resulta sorprendente no es que la Justicia impute a Artur Mas, su vicepresidenta y una consejera por haber instigado una consulta ilegal y por otros cargos, sino que haya tardado diez meses en citarle.

Hay que recordar que la Fiscalía presentó el pasado 21 de noviembre una querella criminal contra Artur Mas, en la que le acusaba de delitos de desobediencia, usurpación de funciones, prevaricación y malversación de caudales públicos. En síntesis, la Fiscalía argumentaba que el presidente de la Generalitat y sus colaboradores habían desoído el fallo del Tribunal Constitucional que suspendía la consulta del 9-N y que habían empleado recursos públicos para llevarla a cabo, entre otros, el pago de urnas, papeletas y cartelería.

El propio Mas se jactó ante las cámaras de televisión de ser el responsable de esa consulta ilegal, efectuada contra la prohibición expresa del Constitucional. ¿Por qué se sorprenden ahora los nacionalistas de su citación? ¿Es que consideran que el Código Penal no está vigente en Cataluña? ¿Sugieren que la Justicia tiene que mirar para otro lado?

Su reacción es sencillamente patética y corrobora que los independentistas se creen legitimados para burlar las leyes y negarse a acatar los procedimientos judiciales y las sentencias, como han venido haciendo con absoluta impunidad.

A pesar de que el Gobierno albergaba dudas por motivos políticos, la Fiscalía cumplió con su obligación de presentar esta querella, ya que es imposible desconocer que Mas vulneró el Código Penal al desobedecer al Constitucional. Será muy difícil que un jurista pueda argumentar de forma convincente lo contrario.

Por ello, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha cumplido con su obligación a pesar de la fuerte presión política ejercida por los nacionalistas, que seguramente van a poner en marcha una estrategia para presentar a Artur Mas como un mártir de su causa.

Conforme pasan las horas, parece cada vez más claro que Artur Mas no va ser el próximo presidente de la Generalitat y que incluso sus días como líder de CDC están contados. Pero ello no va a ser obstáculo para que este procedimiento sea utilizado por el mundo independentista como un nuevo motivo de confrontación con el Estado.

Mas es un cadáver político y lo que estamos empezando a ver es como Oriol Junqueras y Raül Romeva se disputan el cargo de presidente de la Generalitat, para lo cual necesitan el apoyo de la CUP.

Todo indica que uno de los dos presidirá el nuevo Gobierno que va a dar un giro espectacular hacia la izquierda, como exigen la CUP y las propias bases de ERC.

Ese Gobierno no va a tener fuerza para proclamar unilateralmente la independencia, pero sí va a seguir avanzando en la hoja de ruta soberanista y a agudizar el choque con las instituciones del Estado.

El todavía presidente de la Generalitat ha sido nefasto, pero los que vienen podrían ser peores. No hay más que escuchar las intenciones de Antonio Baños, el cabeza de lista de la CUP. Más de uno de los que acudieron el pasado domingo a las urnas a votar por la candidatura independentista se va a arrepentir cuando el nuevo Ejecutivo que se está fraguando en Barcelona empiece a tomar sus primeras medidas.

Caraduras por Cataluña
José Luis Ortín www.vozpopuli.com 30 Septiembre 2015

Tras las elecciones al parlamento de Cataluña volvemos a cosechar caraduras. Uno de allí y otros de aquí, sobresale especialmente Mas.

¿Alguien puede confiar en personajes como el valido de Pujol para nada serio, cuando sus propios lo han puesto de cuarto vergonzoso en la lista? Anda la misma senda que Rajoy, el preferido de Aznar. Les une al Presidente y al President la vieja máxima maoísta —¿quién lo iba a decir en dos burgueses irredentos?— de ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Solo que en su caso tal victoria es más sueño que posibilidad.

Insensatos manifiestos
Desde que Mas inició su deriva independentista ha ido perdiendo apoyos en las urnas hasta dejar a su partido en precario. Ahora depende de Ezquerra y de los extremistas antisistema de la CUP. Resulta patético que la organización creada por el clarividente Pujol para aglutinar al conservadurismo catalán, por muy golfo que resultara ser, se haya abrazado en su locura rupturista a sus antípodas ideológicas.

Rajoy, por su parte, desde que abandonó a sus votantes naturales con la estafa postelectoral más flagrante conocida en nuestra democracia; lleva cinco elecciones seguidas perdiendo votos. El “hostión” municipal y autonómico de doña Rita de Valencia, se ha visto reconfirmado en las catalanas. La ciudadanía no cree en su recurrida recuperación económica porque ni a sus bolsillos ni a sus expectativas llega; solo es cierta en parte para la banca y algunas grandes empresas. Lo que sí sabe es que con sus políticas ha llevado a España al mayor endeudamiento conocido; lo pagaremos durante generaciones. Y, también, que las corruptelas son el pendón más cierto de un PP a la deriva.

Tampoco quiere enterarse de que, con él al frente, su partido no tiene nada que ganar. El apoyo mayoritario en las generales de 2011 se pierde sin solución por el desagüe de su inadecuada incompetencia. Y lo peor será que esa realidad, reiterada desde aquí, conducirá al PP a las sentinas de la España representativa. Con él de candidato en las próximas elecciones generales, los populares ocuparán el banquillo de la oposición para tiempo. Y no solo a ese; la corrupción les pasará una factura a la que se resisten con todo tipo de argucias legales.

Lo más lamentable será, además, que en su caída arrastrarán a una pléyade de jóvenes políticos que ahora han echado por delante —Casado y compañía—, en lugar de haber dar un paso atrás los de la vieja guardia, dándoles la oportunidad de liderar la regeneración de su partido y ayudar a la de España. Esa idea que abandera quien lleva un camino diametralmente opuesto al de Rajoy y su PP: Rivera y Ciudadanos.

Ingobernabilidad y riesgos
Estas elecciones dejan un Parlament ingobernable, salvo que en aras a una imposible independencia —de este modo— , los conservadores de Convergencia y los republicanos de Ezquerra entreguen armas y bagajes a los minoritarios y extremistas de izquierdas de la CUP. En cualquier caso, mal asunto para ellos, para Cataluña y para España, porque la otra posibilidad sería que los antieuropeos y antisistema renuncien a sus proclamas y las quemen en la misma pira secesionista. Muchos sapos para tragar en tan poco tiempo. Lo normal será que se convoquen nuevas elecciones.

Hay un hecho en nuestra historia reciente que deberían tener en cuenta. Aunque pueda parecer tan exagerado como lejano en el tiempo, a tenor de la radicalidad que se viene observando en Cataluña y de la clara división en dos grandes mitades de la ciudadanía, propiciada por la demencia egoísta de unos cuantos dirigentes; sería bueno que recordaran que durante la guerra civil que sumió a España en el salvajismo de los bandos enfrentados entonces —de todos, sin excepción—, los catalanes sufrieron en sus carnes la mayor y más diversa represión que hubo en aquel incivil enfrentamiento: religiosos, empresarios, burgueses y conservadores, por una lado, y comunistas troskistas del POUM, libertarios y anarquistas de la FAI y de la CNT— en una guerra civil catalana dentro de la Guerra Civil española— por otro, fueron masacrados con una crueldad tremenda, antes de Franco, por sus contrarios ideológicos.

Los caraduras activos y pasivos de cualquier signo deberían valorar las consecuencias de su poca vergüenza política, y dejar que llegue la hora de quienes puedan aportar sensatez y serenidad a la situación que han engendrado. Nadie es insustituible en esas cuestiones.

La criba de la vergüenza
Por mucho que Mas y su socio coyuntural Junqueras, apoyados por la AC, Ómniun, Guardiola y deportistas de postín, digan lo contrario, han obtenido menos votos que en las pasadas elecciones, tras votar quinientas mil catalanes más que en 2012. Esgrimir la escisión de la Unió Democrática de Durán como causa, solo señalaría los cien mil votos cosechados por estos, cuando ellos solitos y revueltos han perdido el doble.

De la caradura se han apeado al propio Durán, que ha puesto su cargo a disposición; Pablo Iglesias, que ha reconocido su fracaso catalán; y Albiol, quien reconoce el batacazo del PP que él ha liderado en Cataluña, junto al inusual callejero Rajoy y a sus ministros “lenguaraces”, Margallo sobre todo.

Los demás asoman su jeta hormigonada, salvo el de verdad triunfador Rivera, con Arrimadas de exitoso ariete, para intentar eso tan hermoso de regenerar España desde Cataluña. Empeño regenerador que tanto nos ilusiona a tantos.

El oportunismo napartarra de Geroa Bai (y del PNV)
Fernando José Vaquero Oroquieta www.latribunadelpaisvasco.com 30 Septiembre 2015

Las dos fuerzas separatistas panvasquistas que han copado el poder político navarro, tras la debacle electoral de PPN, UPN, Ciudadanos y PSN-PSOE, acaecida el pasado 24 de mayo, vienen repartiéndose, conforme su propio temperamento táctico, el trabajo que precisa su rupturista e insolidario proyecto que denominan eufemísticamente “construcción nacional vasca”.

Geroa Bai, desde entonces, viene cumpliendo el rol del “poli bueno”: tranquiliza a los empresarios, trata de contemporizar con algunas víctimas del terrorismo, se empeña en mostrar un perfil supuestamente “profesional” de su gestión pública, y asegura que aplazará (de manera indeterminada en tiempos y modos) la inevitable confrontación que la intentona de unión de Navarra con Euskadi provocaría; fase inevitable en la edificación de la Euskal Herria de sus sueños y pesadillas.

EH Bildu, por su parte, se comporta con impaciencia y sin complejos: ikurriñas a la menor ocasión, palos en las ruedas de las entidades percibidas como enemigas (recuérdese la frustrada exposición en Pamplona de la Policía Nacional sobre su lucha contra el terrorismo), toques de atención al Gobierno central (por ejemplo, reclamando más competencias para la Policía Foral y la correspondiente disminución de efectivos de los otros contingentes de Fuerzas de Seguridad del Estado), politización de los Civivox (centro culturales de los barrios pamploneses), el Gara en las bibliotecas públicas, barra libre para los mal llamados “organismos populares” (véase el reciente desarrollo de San Fermín de Aldapa 2015), etc.

Pero, a pesar de este reparto de funciones, y al igual que en la vecina Comunidad Autónoma Vasca, ambas formaciones pugnarán de nuevo por el liderazgo del conjunto del separatismo panvasquista; por lo que en breve se conocerán otras iniciativas “a la catalana” en Vitoria y, ulteriormente, también en Pamplona.

Geroa Bai ya está jugando, en Navarra, el mismo papel que el PNV en la comunidad vecina: moderación en las formas, magníficas relaciones con los “poderes fácticos”, modulación táctica, elaboración de un estudiado neolenguaje político (por ejemplo, el reciente concepto –desmontado por Ernesto Ladrón de Guevarra en esta publicación- acuñado por Urkullu de “Nación Foral”); un partido “de orden”, en suma. Pero existe una gran diferencia: Geroa Bai no es el PNV… de Euskadi. El PNV real de Navarra es minúsculo, aunque cuente con una personalidad de enorme relevancia táctica como es Manu Aierdi. De hecho, difícilmente superará un par de centenares de afiliados. Hoy, el peso de Geroa Bai recae en los llamados “independientes”, en su mayor parte viejos supervivientes de múltiples aventuras frustradas en la periferia de ETA: Euskadiko Ezkerra, su caricatura de Euskal Ezkerra, aquel amago tan lejano ya de Auzolan, sujetos descontentos con la deriva de Eusko Alkartasuna… Mucha autonomía, la de estos “independientes”, y muy marcados y peculiares sus temperamentos respectivos. Así, ¿qué une al ex-etarra Bixente Serrano Izko con el universitario Gregorio Monreal o el super-guay Koldo Martínez? Pues dos cosas: la ambición de poder y su panvasquismo irreductible. Pero con semejantes mimbres no se construye un partido: de ahí que esta estructura, más o menos formal de los “independientes”, sea una realidad a extinguir; por lo que Geroa Bai, en su actual configuración, es un instrumento con fecha de caducidad y, en cualquier caso, al servicio de la estrategia global de un PNV… casi inexistente en Navarra.

Pero el PNV siempre es mucho PNV, por lo que cuenta con una formidable experiencia sobre el terreno: extendiendo redes clientelares, ganando voluntades, captando “moderados” en busca de resguardo, financiando medios de comunicación afines…; recuérdese el caso de su penetración en Álava, en que se empleó a fondo sin escatimar recursos de todo tipo.

El futuro de Geroa Bai pasa, inevitablemente, en el plano orgánico, por un discreto crecimiento cualitativo y cuantitativo del PNV navarro y su convergencia estratégica con el PNV de la comunidad vecina; de modo que el poder decisorio de sus “independientes” será laminado progresivamente. Por lo que se refiere a la imagen pública, su labor institucional, y propaganda política y mediática, ese futuro pasa por su “navarrización”.

De momento Uxue Barcos ha alejado el fantasma de una inmediata confrontación plebiscitaria o similar; insiste en que se distinguirá por una gestión transparente e inclusiva (¡y se esfuerza por creérselo!); asegura que exprimirá el Concierto Económico; quiere potenciar a la Policía Foral; ya ha estrechado lazos –normalizado, conforme su jerga propagandística- con la Comunidad Autónoma Vasca mediante la visita a Pamplona de Urkullu (no al revés, ojo al dato) y manifiesta querer hacerlo igualmente con Aquitania; y como elemento simbólico muy relevante, oficializará el Himno de Navarra (por medio de una Ley de Símbolos que introducirá de paso transcendentales cambios a corto plazo en el espacio público). Así, en una primera lectura, además de perseguir un efecto tranquilizador, se percibe en todo ello un cierto aroma casi navarrista. Más bien, aclaremos, que se trata de un viejo barniz napartarra. Un efluvio que, en el caso de los barnices, siempre es narcotizador... y peligroso.

Muchos años después de que con ese nombre viera la luz un semanario editado por el PNV a partir de 1911, recuérdese que el de napartarra es un descalificativo empleado en el entorno del centro-derecha contra actitudes o comportamientos acomplejados de personalidades navarristas cuyo horizonte político –ante un panvasquismo en continuo avance- se limitaría al territorio de la Comunidad Foral, despegándose afectivamente de lo que significó, significa y bien pudiera significar España. O las Españas, según se mire.

Pero la tentación napartarra, que ha revestido varias expresiones a lo largo de su peculiar historia, no es de hoy. Ya en el pasado siglo, hacia 1980, surgió un minúsculo Napartarra - Partido Nacionalista Navarro, siendo su principal inspirador intelectual el ilustre roncalés José Estornés Lasa, ex-militante del PNV. Su teoría era sencilla u sugestiva: Navarra, quien fuera Nación y Estado en tiempos de García V el de Nájera, tendría el derecho a reconstituirse; de modo que la dialéctica Navarra/Euskadi carecería de sentido alguno desde esta peculiar mirada historicista. En cualquier caso, aunque los ingredientes de la purrusalda se incorporen al guiso en orden diverso, el resultado suele ser más o menos parecido: que entren los navarros en Euskadi, o los vascos en Navarra, la suma es la misma.

De aquel intento apenas pervive alguna recóndita reseña periodística, ciertos libros (caso de Navarra, lo que “no” nos enseñaron, de José Estornés, Universidad Popular Leire, Pamplona, 1981), y el sueño roto de una par de docenas de visionarios. Sin embargo, algún interés tendría esta perspectiva, hasta el punto de que en abril de 2007 un Alderdi Napartarra fue registrado legalmente por miembros de Aralar -la entidad fundada por Patxi Zabaleta hoy en HB Bildu- tanto en Navarra como en la Comunidad Autónoma Vasca. El último militante napartarra vivo, casualmente un octogenario afiliado a esa formación separatista, habría cedido la “marca”.

Recientemente se retomó esta aventura de la mano de otros protagonistas más jóvenes, con otros ropajes, y en una coyuntura muy distinta; pero, al igual que en el caso anterior, sin espacio político alguno: Libertad Navarra-Libertate Nafarra, candidatura encabezada por Mikel Iriarte Galán en las elecciones forales de 2015 que obtuvo 995 votos, inspirada por el autor Tomás Urzainqui. Sus propósitos: “recuperar el Estado navarro, superando la conquista, la polarización identitaria y las fronteras que nos dividen”. ¿A que suena bien?

En cualquier caso, la vía napartarra carece de futuro como partido político: eso ya está demostrado por la Historia. Pero otra cosa es que una vulgata doctrinaria-sentimental de la misma pueda ser esgrimida, como una opción táctica transitoria, por el PNV en su intento de atraer “moderados”, oportunistas… y algún que otro desengañado de un navarrismo “oficial” de UPN en plena retirada y desconcierto. Pues, presentándose como “partido de masas”, según viene afirmando Javier Marcotegui estos días en diversos medios de comunicación, ¿cómo explicar que de 3700 afiliados únicamente 1316 ejercieran su derecho al voto en la Asamblea del pasado 27 de septiembre? ¿Desmoralización?, ¿escaso espíritu militante?, ¿datos numéricos no actualizados?, ¿la convicción desmovilizadora de un próximo y más relevante congreso del partido?, ¿falta de tirón de los candidatos….? Seguramente, un poco –o mucho, según se mire- de todo ello.

Ciertamente, saltar del navarrismo al nacionalismo separatista no es fácil de explicar. No en vano, existe una línea roja que transgredir, una barrera psicológica e ideológica que pasa por el apego a España. Pero, dado que, aparentemente, España no presenta “un proyecto sugestivo de vida en común”, al decir de Ortega, es natural que semejante carencia sea cubierta por otros –incluso- antagónicos: el de los Països Catalans, Euskal Herria, la confederación ibérica podemita…

Para cualquier constitucionalista que se precie –o españolista, unionista, patriota, o como se quiere denominar cada uno- romper con ese bagaje histórico, cultural, humano y moral, recalando en cualquier separatismo, no parece factible; según veíamos. No obstante, para acomodaticios, tibios y cuantos sitúan su patria en el dinero o, incluso, en el Reino de los Cielos, la vía napartarra proporciona un “relato”, una transición, un enganche a otro proyecto –la Euskal Herria del PNV- que, de momento, oferta la ilusión de un porvenir radiante… acorde además a sus personalísimos intereses. También a los oportunistas y cobardes.

Si España persiste en no presentar ningún reclamo ilusionante para las generaciones operativas hoy en la piel de toro, los separatistas de todos los colores y matices seguirán avanzando con vigor y audacia. Por sus propias capacidades, que son muchas y variadas, pero también por incomparecencia del adversario. Y si la navarridad españolista se achica, en cualesquiera de los sentidos del término (cuantitativa, cualitativa, moral y comunitariamente), el panvasquismo seguirá creciendo –entre quienes hayan borrado de sus almas la tradición y experiencia españolas- y el constructo napartarra posibilitará una vía transitable para el acomodo a “los nuevos tiempos” de temperamentos menos aguerridos a la par de templados por el supuesto pragmatismo navarro.

Y, ahora, seguro que se preguntará, amable lector: pero, todo lo anterior, ¿es un ejercicio de anticipación o de política-ficción? La respuesta la obtendremos, con toda seguridad, a lo largo de la actual legislatura. Y más pronto que tarde.

 


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