AGLI Recortes de Prensa   Jueves 1 Octubre 2015

Caudillos.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 1 Octubre 2015

Dentro de las efemérides que se suelen destacar, hoy es una de esas fechas en las que se produjeron acontecimientos que tuvieron grandes repercusiones en la Historia de España. Me refiero a cuando el General de División Francisco Franco Bahamonde tomó posesión de su cargo en Burgos tal día como hoy en 1936 como Jefe del Gobierno del nuevo Estado, simplificado en un escueto y significativo “Jefe del Estado”, cargo que ha perdurado hasta nuestros días recogido en la Constitución en la figura del Rey D. Juan Carlos I y ahora en la de su sucesor el Rey D. Felipe VI. Sin embargo, en la figura de Franco confluyó todo el poder militar y político ejecutivo que se mantuvo y acrecentó durante el conflicto de la guerra civil y posteriormente en la larga dictadura hasta su muerte oficial el 20 de noviembre de 1975. De hecho, la figura de ese todo poderoso líder se plasmó en el sobrenombre que le dieron de “Caudillo”, una burda copia de la figura del “Duce” en Italia o del “Führer” en la Alemania nazi.

España está pasando por una etapa que en lo político y en lo social se puede calificar de zozobra, por culpa del desafío separatista del nacionalismo catalán y por ahora en menor medida del vasco, limitado a una especie de “aviso a navegantes” pero que persigue el mismo objetivo. No es una casualidad el que este desafío haya llegado durante una de las crisis económicas más severas de la democracia y que coincida con un Gobierno reacio a tomar medidas drásticas a pesar de haber gozado de mayoría parlamentaria. Este error de apreciación ha llevado a que el secesionismo haya querido y sabido aprovechar la coyuntura de debilidad y pusilanimidad del Ejecutivo para forzar un reconocimiento y legitimidad que no han conseguido obtener ni pervirtiendo unas elecciones autonómicas como si fueran plebiscitarias. Otro fraude que sumar a los delitos de sedición, desobediencia y malversación de fondos públicos. Y ello con independencia de los casos de corrupción y de latrocinio institucionalizado por las élites nacionalistas gobernantes.

Desgraciadamente los partidos políticos mayoritarios con representación parlamentaria PP y PSOE carecen del mínimo sentido patriótico y solo se mueven por intereses netamente partidistas y clientelares. Hasta el momento ha sido imposible lograr una postura común, que no frente, capaz de oponer una resistencia del Estado ante el desafío secesionista que amenaza la Unidad de España y cuyas consecuencias son desastrosas para los españoles. Y no hay excusas porque en un caso de Soberanía Nacional y de defensa de la Constitución, no pueden existir ni aducirse cuestiones ideológicas a la hora de defender la legalidad vigente. Los matices y las propuestas deben posponerse al momento en que no existan ya las amenazas y se haya sofocado la rebelión.

Evidentemente no estamos en épocas remotas donde este tipo de problemas se resolvían de forma violenta con el uso de la fuerza. Casos como la rebelión en Asturias o la declaración de indepedencia Cantonal de Cartagena con la intervención de las FFAA son un ejemplo de la contundencia de la respuesta dada por el Gobierno de turno. Sin embargo, hoy en día existen en la Ley herramientas legales más que suficientes como para revertir situaciones de gravedad como las que piensa poner en marcha el próximo Gobierno de la Generalidad apoyado en una mayoría parlamentaria de coalición de fuerzas secesionistas tanto de derecha como CDC, de izquierda como ERC y de ultra izquierda como las CUP.

Sería deseable el que por una vez PSOE y PP ejercieran el liderazgo que España necesita para sobreponerse a este desafío. Sería deseable el que PSOE y PP no evidenciaran su egoísmo partidista y se apoyaran en la figura del Jefe del Estado en la toma conjunta de decisiones vitales para la supervivencia de la Nación. Sería deseable el que Pedro Sánchez y Mariano Rajoy dejasen su animadversión y ambiciones personales aparcadas mostrando unidad y firmeza en esta etapa de zozobra. Sería bueno el que recordaran las palabras de San Ignacio de Loyola de “no hacer mudanza en tiempos de zozobra” y esperasen a que las aguas vuelvan a su cauce y se calmen para plantear con seriedad y serenidad reformas de lo existente y no ahora de forma precipitada y no consensuada.

Había quienes confiaban en que el secesionismo no iba a ser capaz de lograr acuerdos debido a la pluralidad de ideologías. Se equivocaban, ellos sí que tienen claros sus objetivos que los anteponen a cualquier disensión. Las apariencias engañan y la Hoja de ruta permanece inalterable. Por eso es absolutamente necesario el que PSOE y PP obtengan el consenso entre ellos y con el resto de partidos políticos del Parlamento para frenar a los sediciosos. Ellos deben "acaudillar" la defensa de España.

¡Que pasen un buen día!

El mantra nacional y el dislate catalán
Xosé Luis Barreiro Rivas La Voz  1 Octubre 2015

Sin que a casi nadie le extrañe, en la opinión pública, en las lecciones y artículos de los académicos e intelectuales, en las tertulias y en los editoriales de los grupos mediáticos más poderosos, se ha instalado el mantra de que el independentismo catalán solo recibe respuestas de orden legal frente a lo que se considera un problema estrictamente político. El corolario es que la culpa de todo la tiene Rajoy, y que la solución solo puede venir de un cambalache abstracto cuyas cesiones nadie se atreve a concretar. La verdad, sin embargo, es que en la definición del modelo político catalán -en sus competencias y su cultura- solo ha jugado, durante 38 años, la política, y que solo en el 2014 empezó a hablarse de una respuesta jurídica elemental -«la ley hay que cumplirla»-, cuya primera materialización -la imputación de Mas- se produjo antes de ayer y con gran escándalo del respetable.

El título VIII de la Constitución quedó impreciso y con una dinámica expansiva ilimitada porque Cataluña lo exigió así. La Transitoria Segunda quiso establecer la descentralización asimétrica porque Cataluña lo impuso. La sentencia del Constitucional contra la Loapa, que bloqueó cualquier intento de armonización del proceso autonómico e hizo efectivo el café para todos, se dictó al gusto de Cataluña y en respuesta a su recurso. La inmunidad de CiU frente al caso brutal de Banca Catalana se logró mediante una criminal inhibición de los tribunales que fueron sensibles a la razón de Estado. Todas las transferencias de Cataluña se negociaron políticamente a impulsos de los pactos de gobernabilidad cerrados con UCD, PSOE y PP. La retirada del Estado de Cataluña, la creación de su costosísima policía total y los sucesivos rescates de una sanidad quebrada se hicieron también por debajo de la mesa. Y la tolerancia del incumplimiento de la normativa sobre símbolos del Estado y sobre los excesos de la inmersión lingüística también se hizo fuera de todo control jurídico.

¿Y qué decir del Estatuto avalado por Zapatero, que el Congreso tomó en consideración de forma irresponsable? ¿Y qué decir de las tragaderas del TC que solo lo peló en lo gordo sin atreverse a frenar la dinámica separatista que ya alentaba en su letra? ¿Puede haber más política que criminalizar un recurso al Constitucional que trataba de frenar una reforma encubierta de la Constitución hecha para un solo territorio?

En Cataluña solo se tomaron medidas políticas en respuesta a una presión nacionalista que, libre de marca legal, acabó generando el torbellino secesionista. Y solo una demencial dinámica colectiva puede explicar que hayamos llegado a creer que el Estado solo le dio a Cataluña respuestas legales para un problema político. Y es que al final va a ser cierto que, «a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco».

Un PP que no se mueve y un PSOE que no sabe a dónde va
EDITORIAL Libertad Digital  1 Octubre 2015

Mucho se puede y se debe criticar la inoperancia del Gobierno del PP a la hora de combatir en los planos político, jurídico, financiero y cultural el gravísimo desafío que el separatismo catalán ha planteado a la Nación y al Estado de Derecho. Ahora bien, si hay un partido que carece absolutamente de legitimidad para criticar la "inacción" de Rajoy en este asunto es el PSOE: Pedro Sánchez no sólo se ha mantenido equidistante entre los que invocaban la ley y los que tratan de vulnerarla, sino que, a la hora de proponer reformas legislativas –incluida la de la Constitución– se ha mostrado incapaz de señalar qué es lo que pretende cambiar.

Esa posición intermedia adoptada por el PSOE desnortado ha sido tan evidente que hasta la propia presidenta socialista de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, se ha visto en la necesidad de aclarar: "Yo no soy equidistante. El principal responsable es Artur Mas". Aunque Pedro Sánchez haya recogido velas afirmando que es de la misma opinión que Díaz, lo cierto es que todo el mundo puede recordar al líder del PSOE acusando a Rajoy de ser "el principal responsable de que crezca el independentismo" o aseverando: “Cada vez que gobierna la derecha crecen los independentistas”.

Más patética resulta, con todo, la cantinela de la reforma constitucional con la que el PSOE pretende desacreditar la inacción del Gobierno. La actitud de los socialistas a la hora de plantear dicha reforma trasluce un contraproducente y vano intento de contentar a los nacionalistas; pero lo cierto es que, dada su absoluta falta de concreción, nadie sabe con seguridad en qué consiste el cambio deseado. Buena prueba de ello es la propuesta de Sánchez de una reforma constitucional que encaje la "singularidad catalana": además de ser un calco de la que ya plantearan el ministro de Justicia y, más recientemente, el de Asuntos Exteriores, dicha propuesta ha suscitado polémica en el propio seno del PSOE, como también dejó en evidencia hace nada la presidenta de la Junta de Andalucía.

De su propuesta de reforma federal tampoco se ha concretado nada, por lo que Rajoy lo ha tenido muy fácil este miércoles para desacreditar el "reformismo" socialista como un mero "eslogan electoral" con el que el PSOE oculta el hecho de no saber, en realidad, qué es lo que quiere cambiar.

Pero quizá donde el PSOE ha dejado de manifiesto su falta de criterio y de proyecto de forma más patente ha sido en el Parlamento balear al votar en contra de una moción presentada por Ciudadanos en defensa de algo tan básico como la unidad de España y la Constitución.

Por criticable que sea el inmovilismo del Gobierno, España no puede avanzar sobre las arenas movedizas a las que le empuja la falta de orientación y del principal partido de la oposición.

Los antisistema del sistema
Cristina Losada Libertad Digital  1 Octubre 2015

¿Qué sería del sistema nacionalista sin los antisistema? Estos días la cuestión es más pertinente que otras veces por el papel-papelón que le ha tocado a la CUP, que está en ser o no ser antisistema a propósito de investir o no investir a Artur Mas. Para mí, y he apostado a ello una modesta ración de pulpo, que la misma duda ofende. ¿Cómo no van a colaborar de alguna manera en la investidura de Mas, ese rebelde de rompe y rasga, que es el más antisistema de todos? Fuera bromas, sorprende que se defina a la CUP como antisistema e independentista. Es sorprendente, quiero decir, que se entienda que ambas cosas son opuestas o radicalmente diferentes. Porque en las zonas de España donde hay nacionalismo tienden a aunarse con gran naturalidad.

Las gentes que están, por así decirlo, a la izquierda de la extrema izquierda podrán ser anti todo y particularmente anticapitalistas, pero nunca son antinacionalistas y mucho menos contrarias al separatismo. No en España, no allí donde el nacionalismo tiene arraigo y, aparte de trajeado y con corbata, se presenta en camiseta radical. En las ocasiones verdaderamente importantes, los de camiseta y chancla dejarán a un lado el asco que les dan los señorones del establishment nacionalista y, aunque sea con la nariz tapada, los apoyarán.

¿Cómo van a obstaculizar un proceso tan revolucionario como la ruptura de un país? La revolución anticapitalista puede esperar, y además saben que no es tan realista esperarla como esperar que Mas, a fin de cuentas, un hombre de poder, y precisamente por eso, haga su desconexión total con la fachosa España. Puede más su antiespañolismo que su anticapitalismo, que tiene muy poco que ver con el de los viejos comunistas o el de los aún más antiguos anarquistas, y mucho con el chic radical.

Hasta tal punto se trata de una alianza natural y no contranatura que un partido que parecía un imán para los antisistema como Podemos ha atraído también e incluso sobre todo a esa peña que insiste en llamarse nacionalista y de izquierdas, pese a los teóricos que dicen que no se puede ser ambas cosas al mismo tiempo. En Galicia, por ejemplo, muchos de los dirigentes de Podemos, igual que los de las mareas, proceden de la familia nacionalista y fueron del BNG o alguno de sus apéndices. En Cataluña, el candidato Rabell confesó que había votado sisí en lo del 9-N y que en las primeras elecciones, allá por el 77, optó por un partido independentista. Ese partido entonces no existía, pero en cualquier caso señalizaba su posición. En consecuencia, sólo logró un escaño más que la CUP.

Para el nacionalismo de traje y corbata ha sido muy beneficioso tener a los de la camiseta en el local okupado de enfrente. La radicalidad, básicamente juvenil, se desahogaba ahí, tirando sus piedras contra el sistema y quizá contra algún gerifalte nacionalista, pero nunca, nunca contra el sistema nacionalista. Son parte de él.

El remedio del PSOE agrava el mal
Cristina Losada Libertad Digital  1 Octubre 2015

A la vista del resultado de las elecciones catalanas, la socialdemocracia no ha cambiado un ápice su posición. Su santo remedio para el problema catalán es el mismo de antes: reformar la Constitución y lo que haga falta para que esa parte de la sociedad catalana que quiere romper con España y con la ley pueda sentirse cómoda y feliz en una España reformada, que también nos gustará mucho más a todos. ¡Todos saldremos ganando! Qué maravilla.

Incluso Josep Borrell, que ha puesto negro sobre blanco Las cuentas y los cuentos de la independencia, proponía algo parecido en un artículo publicado el mismo día de las elecciones:

Pase lo que pase, habrá que restablecer el diálogo, mejorar la información, extremar el respeto y hacer las reformas constitucionales, financieras y fiscales necesarias para que esa parte disminuya hasta el límite de los que hacen de la independencia una cuestión de dignidad ante la que no hay razones que esgrimir.

Hay ahí un par de cosas razonables y una asimetría reformista preocupante. Para convencer a los catalanes que no son independentistas irreductibles pero han votado por los independentistas, dice Borrell y dice el PSOE, hemos de acometer reformas constitucionales, financieras y fiscales. Todo el esfuerzo reformista, por tanto, deben hacerlo aquellos españoles, incluidos los catalanes no separatistas, que no están por la ruptura de España y de la ley. A los que quieren o votan la ruptura el único esfuerzo que se les pide es que abandonen su postura maximalista.

Una asimetría similar asoma en la petición, tan frecuente estos días, de que se escuche a la media Cataluña que votó a los partidarios de la fractura. ¿Y por qué hay que escuchar sólo a esa parte? ¿Por qué no merecen ser escuchados los catalanes que no están a favor de la aventura secesionista? La socialdemocracia, en su modo dialogante, dirá que todos deben ser escuchados, tanto los unos como los otros, y que vayamos a un consenso. Pero la obligación de cambiar se la endosan sólo a unos.

Aunque lo peor no es eso. Lo peor es que las reformas que propugna el PSOE permitirían que el nacionalismo hiciera aún más alto e impenetrable el muro que lleva décadas levantando para separar a los catalanes del resto de los españoles. Blindar las competencias culturales, educativas y lingüísticas, ¿qué creen que tendrá como resultado? Hoy le oí a Rubalcaba que el tiempo corre en contra de una Cataluña insertada en España. "Los entierran con la senyera y los bautizan con la esteleda", dijo en la radio. Pues blinden esas competencias, pónganse en manos de un gobierno nacionalista y la máquina de fabricar independentistas trabajará a pleno rendimiento.

Es una paradoja más de las buenas intenciones socialdemócratas. Quieren persuadir a los no irreductibles, y están dispuestos a proporcionar al nacionalismo más medios para que los irreductibles crezcan. Si este es el santo remedio, junto con algún privilegio fiscal que perjudicará a otras autonomías, es casi perfecto para agravar el problema.

La cabeza
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital  1 Octubre 2015

Hace diez años le escuché decir a Mariano Rajoy que su forma de hacer política era "con la cabeza, no con las vísceras". No era una ocasión cualquiera para decirlo. Quienes estábamos presentes percibimos con gran claridad hasta qué punto creía superior su forma de entender la política, y hasta qué punto consideraba que cualquier otra era menos inteligente que la suya.

El pasado domingo los electores catalanes relegaron al PP a la quinta posición. En mayo pasado el PP había sido ya desalojado del poder y, en muchos casos, de la primera posición en muchas ciudades españolas. De una sola vez perdió el gobierno en seis comunidades autónomas. En Navarra es prácticamente inexistente. Tiempo antes ya había pasado a una posición poco destacada en el País Vasco.

La cabeza alberga el cerebro, órgano que otorga al hombre la inteligencia, los afectos y la capacidad para la empatía. Es la cabeza la que nos permite evaluar si una conducta produce buenos resultados o estos son, en cambio, un fracaso. Es precisamente la cabeza la que sirve para analizar resultados, poner en relación acciones y resultados, omisiones y consecuencias, ausencias y frutos.

Con la cabeza se puede hacer un balance de la política seguida en relación con la escalada independentista que empezó en Cataluña precisamente en aquel año de 2005.

Con cabeza se puede valorar también cuál ha sido la reacción de muchos españoles ante la ausencia de una política en relación con la derrota de la banda terrorista ETA.

Ha de ser la cabeza quien guíe el análisis que explique por qué apareció primero un partido (UPyD), y luego otro (Ciudadanos), que han sido capaces de atraer a muchos votantes que no son nacionalistas ni socialistas.

Es apelando a la racionalidad cerebral como se debe reflexionar sobre las consecuencias de haber subido los impuestos a los españoles.

Usando la cabeza se podría ver si los años pasados han sido o no una oportunidad perdida de hacer reformas estructurales y profundas en las rígidas políticas que impiden a España salir adelante con la fuerza con la que saltan las economías europeas más libres y abiertas.

Y es igualmente con cabeza como habrá que valorar si la decisión abierta y clara de renunciar a dar cualquier tipo de batalla ideológica está teniendo mejores resultados que su contrario, aún en el caso de que aquellas batallas tuvieran algo de viscerales.

Llega un momento crucial para España. Y sí, es cierto, el PP debería usar la cabeza y ver si las cosas caminan en la dirección correcta.

Lo que piensa Zapata
Emilio Campmany Libertad Digital  1 Octubre 2015

En la persecución judicial de un delito, la instrucción suele tener por principal objeto descubrir si hay pruebas suficientes para imputárselo a alguien concreto. En un atraco no se discute que es un atraco. Lo difícil es descubrir quién lo ha realizado y probarlo con la suficiente certeza. Sin embargo, algunas veces ocurre lo contrario, que están probados los hechos y quién los ha cometido, y todo el problema se circunscribe a calificar si son o no delito. En estos casos, la instrucción debería ser muy breve. Bastaría con comprobar que efectivamente los hechos ocurrieron y que fue Fulano quien los cometió. Luego, si el instructor los considera delito, procesa al sujeto y lo envía a juicio, donde se podrá discutir ampliamente la corrección de esa calificación. Sin embargo, ocurre que los instructores, acostumbrados a llamar a testigos y practicar toda clase de pruebas e interrogatorios cuando es necesario, que es en la mayoría de los casos, tienden también a ordenarlos, quizá por la fuerza de la costumbre, cuando no lo son.

Es lo que ha pasado con el presunto delito de vejación de las víctimas del terrorismo cometido por Guillermo Zapata, concejal de extrema izquierda del Ayuntamiento de Madrid. Nadie discute que los tuits se publicaron, ni que su autor fue el citado individuo. Lo que se discute es cómo han de calificarse las expresiones que los mismos contenían. A pesar de eso, el juez Pedraz llamó a declarar a la presunta vejada, Irene Villa, que exculpó al presunto vejador. Y ello a pesar de que la opinión que a Irene Villa le merecieran las supuestas vejaciones era irrelevante, pues, de ser como parecen vejaciones a las víctimas de delitos terroristas, la opinión de una de ellas, por mucho que fuera citada personalmente, es irrelevante. Por eso la Audiencia Nacional, al devolver el archivo a Pedraz e imputar a Zapata, dice piadosamente que la declaración de la aludida "puede no tener relevancia", porque de hecho no la tiene. Y por eso tampoco encuentra necesario que declaren los testigos propuestos por la parte querellante, porque nada de lo que ellos digan puede afectar a una cuestión que está estrictamente limitada a la calificación jurídica que merezcan los hechos.

Sí tiene que declarar el imputado, para darle ocasión de que alegue lo que a su derecho convenga antes de procesarlo. Pero hay que tener bien presente que el que sea finalmente procesado no depende de lo que Zapata pueda alegar, sino de cómo se califique lo que escribió. De forma que resulta enternecedor que el propio concejal se haya declarado ansioso de comparecer ante el juez y explicar quién es, qué hace y qué piensa. No sé si al juez Pedraz le interesará saber todo eso, pero los dos deberían saber que es completamente irrelevante para el proceso quién sea, qué haga y qué piense Zapata. Y no debería malgastarse el dinero público en averiguarlo en sede judicial. Lo único que podría el concejal alegar a modo de eximente o atenuante es que padece una enfermedad mental que le impide ser consciente de lo que escribe, o que estaba borracho o bajo los efectos de algún psicotrópico cuando lo escribió. Pero la cuestión central es sólo de calificación jurídica, esto es, está limitada a decidir si escribir lo que Zapata escribió es o no un delito de vejación de las víctimas del terrorismo. Punto. Y que Zapata le cuente a quien quiera lo que es, lo que hace y lo que piensa; pero a los demás, por favor, que nos lo ahorre.

Ajuste de cuentas y evaluación de daños
Manuel Muela www.vozpopuli.com  1 Octubre 2015

El ajuste de cuentas entre los beneficiarios principales de la Transición, los dos partidos turnantes, PP y PSOE, y los nacionalistas de Convergencia, no ha finalizado todavía, pero los resultados de las elecciones del 27S, convertidas en prólogo de las generales próximas, permiten hacer una primera evaluación de daños de cada uno de los contendientes de la pelea, con el fin de prever por dónde caminarán la política española y la catalana en los meses próximos. De momento, se observa que los análisis tienden a mezclar churras con merinas, provocando, en mi opinión, conclusiones equivocadas, ya que no se detienen en el hecho incontrovertible de que en Cataluña se ha conformado un nuevo mapa político, que gira alrededor del independentismo declarado por un 48% de votantes, rodeado de un magma de fuerzas políticas bastante heterogéneas en lo ideológico y discrepantes en cuanto al famoso derecho a decidir. En ese mosaico, me voy a detener en los que han sido hasta ahora los grandes protagonistas en Madrid y en Barcelona para evaluar su situación que, desde mi punto de vista, es muy poco halagüeña para todos ellos. Al igual que ha ocurrido en Cataluña, los nuevos agentes políticos tendrán que esforzarse en cubrir los agujeros que van dejando los partidos de siempre, aunque hay poco tiempo para obtener una gran cosecha que permita salir del agujero en que nos han metido.

El catalanismo político fagocitado por el independentismo
Los nacionalistas catalanes, representados hasta hace poco más de dos meses por CiU, aglutinaban a la burguesía heredera del catalanismo político, cuyo lema principal no era la independencia sino la influencia para conseguir los mayores frutos de la política española. Durante treinta años han sido un pilar destacado del régimen del 78 y un cirineo eficaz de los Gobiernos centrales cuando necesitaban completar sus mayorías parlamentarias. Y, en la práctica, disponían de Cataluña como feudo exclusivo, sin que nadie osara alterar dicha circunstancia. Pero la evolución de la política y, sobre todo, de la economía creó en aquella región problemas importantes, no menores que en el resto de España, que, por su dimensión social, podrían suponer una amenaza cierta al mantenimiento del statu quo. Entonces, esos catalanistas burgueses dan el paso hacia el independentismo, asumiéndolo como discurso propio y unívoco, buscando el entendimiento con Esquerra Republicana, pequeños burgueses de centroizquierda, para aprovechar al unísono los sentimientos de protesta que la crisis económica hacía crecer allí.

Lo sucedido a partir de ahí forma parte de la crónica del último trienio, que culmina con las elecciones del domingo pasado. A ellas, compareció Convergencia, una vez despojada de la rémora de Unió, como se ha demostrado el día 27, coaligada con otras plataformas, incluida ERC, con el propósito de garantizarse la preeminencia dentro del independentismo. Y eso es lo que está por ver, teniendo en cuenta los resultados obtenidos, sin duda importantes pero necesitados del apoyo de otros independentistas, los de la CUP, radicalmente opuestos a las políticas neoliberales ejecutadas por Convergencia. En consecuencia, la apuesta realizada por la burguesía nacionalista le ha supuesto perder el favor de sus tradicionales colegas de Madrid y hace dudoso pensar que pueda capitanear el proceso en los términos que pensaba, porque la realidad es que CDC ha adelgazado electoralmente a manos de las criaturas independentistas que ellos mismos han contribuido a crear.

La decadencia de PP y PSOE agravada en Cataluña
El PSOE, a través de su marca PSC, era el otro gran protagonista de la política catalana: siempre tuvo veleidades con los nacionalistas, a veces con la furia de los conversos, olvidando la condición social de sus electores y cuáles eran los objetivos exigibles a una formación socialista. Aún así, lograba ser la referencia del centroizquierda y era la fuerza más votada en las elecciones generales. Pero sus errores estratégicos y la propia crisis de la socialdemocracia europea, le hicieron entregarse de lleno a políticas distantes de su electorado natural que, progresivamente, le ha ido dando la espalda, convirtiéndolo en una fuerza poco relevante en Cataluña y en un obstáculo para los planes del PSOE en el resto de España. Los tiempos en que el PSC aportaba un nutrido grupo de diputados al PSOE en las Cortes se han esfumado en la trifulca del derecho a decidir y en la tibieza ante las políticas provenientes de la Unión Monetaria. Por eso, resulta un tanto sorprendente la aparente felicidad de sus responsables con los resultados del domingo.

El PP ha representado a las derechas españolas desde los primeros 90 bajo el liderazgo de Aznar que las llevó al Gobierno central en 1996 con la ayuda inestimable de los nacionalistas catalanes. En justa correspondencia, el Partido Popular renunció a ser una fuerza significada en Cataluña, ya que al fin y al cabo aquella región era un feudo de sus socios de gobierno que, en lo ideológico, formaban parte del centroderecha. Lógicamente, la trayectoria de los populares allí siempre ha sido de perfil bajo y, cuando sus amigos nacionalistas decidieron romper la baraja, iniciando el ajuste de cuentas en el seno del R78 para mantener sus privilegios en medio de un clima social de desafección, su capacidad de maniobra era tan limitada que optaron por refugiarse tras el burladero de la Constitución, inamovible e inalterable, pensando que la pelea sería pasajera. Cualquier lector sabe que eso no ha ocurrido y que de los tres contendientes el más dañado ha sido el Partido Popular que ha quedado casi en las zonas marginales de la política catalana. Probablemente esa realidad provocará fricciones en el seno de la derecha, que hasta ahora parecía granítica, ya que, sin Cataluña, la eventualidad de la mayoría en las nuevas Cortes parece una quimera.

Por supuesto, los agentes aparecidos al calor de la crisis de los partidos de la Transición, se afanarán en recoger la cosecha de votos perdidos. Algo de eso ha supuesto el fenómeno Ciudadanos en Cataluña que, prácticamente, ha apuntillado al PP allí. Sin embargo, en la izquierda la situación es más difusa, lo que no significa que en un par de meses los de Podemos, si abandonan la ambigüedad y dejan de hacer chistes de indios, recuperen parte del fuelle que, a todas luces, han perdido. Si eso no ocurre, un PSOE claramente debilitado podría mantener el liderazgo de la izquierda e intentar formar gobierno, aunque no sepamos para qué.

Mientras llegan las elecciones generales tendremos que soportar los gestos agónicos de los contendientes en el ajuste de cuentas que, con las heridas y traumas de la batalla, trasladarán a las nuevas Cortes para tratar de recomponer los equilibrios de poder dinamitados por ellos mismos. Y, llegado el caso, al pueblo español ya se le contará otra película de grandes consensos a ver si cuela.

La profesora Mira Milosevich explica las razones por las que Rusia se involucra en el conflicto de Siria
Putin tiene un plan para Siria
www.latribunadelpaisvasco.com  1 Octubre 2015

En un artículo publicado recientemente en la web de la Fundación FAES, Mira Milosevich, profesora de Relaciones Internacional en IE University, explica cómo, en su opinión, una vez más “los políticos occidentales han malinterpretado la estrategia rusa, pues los contactos de Moscú tanto con la oposición siria como con EE.UU., Francia, Irán, Arabia Saudí, Turquía, Jordania, Egipto y Qatar, les habían llevado a inferir que Rusia retiraría su apoyo a la debilitada dictadura de Al Assad”.

“Pero”, continúa Milosevich, “Rusia no ha cambiado los objetivos de su seguridad nacional ni de su política exterior. El mantenimiento del apoyo del Kremlin a Al Assad se debe a que considera que éste no está acabado (si bien reconoce que ha perdido el control de la mayor parte del territorio, aunque todavía conserve el de la zona más poblada). Putin ve el hecho de que Siria se convierta en un Estado fallido como una extraordinaria oportunidad para incrementar la presencia e influencia de Rusia en la región. Por otra parte, Moscú quiere reiterar su desacuerdo con la estrategia de EE.UU. en la lucha contra el terrorismo, considerando que consiste básicamente en el cambio de regímenes. La protección de su única salida al Mediterráneo, la base naval de Tartu, tampoco carece de relevancia; pero su objetivo principal es la lucha contra Estado Islámico, para impedir su extensión hacia el Cáucaso, ya que de ello depende su seguridad territorial. Los motivos geopolíticos de su política exterior son muy complejos, dada la volatilidad de la zona y el número de actores que participan directa o indirectamente en el conflicto sirio” (…)

La profesora de la universidad del Instituto de Empresa añade que “la ajetreada actividad diplomática de Moscú no supuso la retirada del apoyo a Al Assad, sino el intento de crear y liderar una coalición contra el Estado Islámico y una transición pacífica en Siria para, de este modo, fortalecer su imagen internacional (muy dañada en el conflicto de Ucrania). De paso, seguirá con su habitual fórmula de la “diplomacia a través de las armas” (como proveedor de armamento a todos los bandos en conflicto). Algunos de sus otros objetivos no son menos importantes: conservar su imagen tradicional de protector leal de sus clientes y aliados (en contraste con los EE.UU., que debilitaron su alianza con Arabia Saudí por del acuerdo nuclear con Irán). Además, desde la guerra de Yom Kipur (1973), en la que la coalición de Egipto, Siria y Jordania apoyada por la Unión Soviética fue derrotada y humillada por los israelíes con la ayuda de los EE.UU., todos los líderes rusos han estado obsesionados por recuperar la influencia en Oriente Medio. Dado el aislamiento actual de Rusia y el cambio de alianzas de EE.UU., Putin no perderá la oportunidad de intentar convertirse en el árbitro de los conflictos de la región”.

En opinión de Mira Milosevich, y a diferencia de los titubeantes occidentales (las líneas rojas de Obama respecto al uso de armamento químico se han convertido en líneas rosas) que, ahora, por la presión migratoria, se ven obligados a improvisar, “Putin tiene un plan, lo que no significa que consiga cumplirlo. Es cierto que cuenta con aliados y con fuerza militar presente en la zona. De momento, ha fortalecido sus alianzas con los países de mayoría suní, que se ven abandonados por los EE.UU. tras el acuerdo de Obama con Irán”.

Y termina diciendo: “La guerra de Siria no es solo un conflicto por el control del territorio y de los recursos en un Estado fallido. Supone, además, choques entre el nacionalismo árabe y el integrismo musulmán, entre las dos ramas mayores del Islam (suní y chií), entre Rusia y Occidente, amén de la ruptura interna del yihadismo (entre el Estado Islámico y otros grupos terroristas como Al-Qaeda) y de un proceso de cambio del equilibrio del poder en la región. En cualquier caso, Rusia se prepara para cualquier escenario futuro porque su intención no es abandonar su influencia en Oriente Medio”.

“Es fundamental cuidar nuestro idioma, cada vez se hacen más negocios en español”
R.P. www.vozpopuli.com  1 Octubre 2015

La embajadora de México en España destaca como fundamental en las relaciones bilaterales entre ambos países el ámbito cultural y muy especialmente el del idioma, que cuenta con elementos potenciales que van mucho más allá de lo intelectual.

Roberta Lajous, embajadora de México en España, destacó la creciente importancia del español en los negocios

Roberta Lajous, embajadora de México en España, abogó por que ambos países hagan esfuerzos comunes para la potenciación del español como uno de los idiomas más importantes del mundo, para que cobre una dimensión que va más allá de lo cultural.

Durante su intervención en el desayuno informativo organizado por Vozpópuli y patrocinado por Ferrovial, Lajous señaló que las relaciones bilaterales entre España y México atraviesan su mejor momento, un escenario que debe ser aprovechado para dotar al español de otras singularidades, entre ellas el desarrollo de los negocios.

“Tenemos el compromiso de darle un dimensión económica a nuestra lengua, cada vez se hacen más negocios en español porque es un idioma que está en crecimiento”. La embajadora también se refirió a la posición cada vez más destacada de la lengua castellana en ámbitos tan importantes como internet.

Lajous recordó que el español es un idioma compartido por 22 países y más de 500 millones de habitantes.

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Aznar se recalienta y Rajoy templa gaitas
Tomás Cuesta Libertad Digital  1 Octubre 2015

El penúltimo asalto del independentismo catalán contra un Estado inerte, sumiso y desfibrado se resolvió el domingo con una victoria pírrica de cuantos no transigen con la demolición de España y una teórica derrota, no menos cuestionable, de quienes pretenden liquidarla. Es cierto que la lista de Artur Mas y Asociados (Suciedad Ilimitada) ha caído de patas en lo que los gurús del marketing -a fin de darse pisto y de engrosar sus honorarios- definirían como un caso de "expectation gap" de dimensiones colosales. Lo cual, que ha sido víctima de un grosero desfase entre lo real y lo pintado, de un descuadre excesivo entre las cuentas de las urnas y los cuentos de hadas del somatén mediático.

Dicho lo dicho, también es innegable que los secesionistas (aun sin correr en pelo a la purria charnega que se empecina en no rendirse y en no largar amarras) se han llevado al huerto, o al hortet, si les place, a media Cataluña -la casolana, la racial, la agropecuaria- y ha confinado a la otra media en guetos suburbanos. Al cabo, no hay sorpresas: avisados estaban. El expresidente Aznar (al que, de nuevo, han ausentado de una campaña decisiva para dilucidar a dónde vamos y a dónde nos arrastran) afirmó hace tres años, cuando los alquimistas del procés dieron vuelo a las masas, que antes de que España se quebrase, habríamos de ver a Cataluña hecha pedazos. La profecía se ha cumplido con creces y con saña y, aunque el tempestuoso aluvión del plebiscito se haya quedado, al fin, en agua de borrajas, la broma sigue en pie y los bromistas a los mandos.

Rajoy y sus primates se obstinan, sin embargo, en relativizar las dimensiones de un batacazo electoral (uno más, y van cinco, ruge Aznar desde el palco) que, amén de su discurso, pone en jaque su espacio. Después de conseguir que en Cataluña se empiece a hablar de España sin titubeos vergonzantes, Rivera y su partido se han convertido en algo más que un compañero de viaje con el que habrá que compartir bota y merienda una vez celebradas las elecciones generales. Y ahí tienen a Pedro Sánchez, tan acomodaticio, tan inane, dispuesto a jurar bandera (o a prometerla, en cualquier caso), y a mudar de proclamas, de pareja de baile e incluso, si llega el caso, a transformarse en el heraldo de una socialdemocracia light con aditivos liberales.

Total, a la fuerza ahorcan, las circunstancias cambian y en la arena política las circunstancias priman sobre los ideales. ¿Queda, pues, descartado un frente popular? ¿Qué se hizo de la entente con Coleta Morada? Corramos, con la venia, un estúpido velo sobre las peripecias del increíble hombre menguante e intentemos descifrar que hará Rajoy si no quiere abismarse en la insignificancia. La respuesta no ofrece ni dudas ni esperanza. Hará lo que, en su día, hizo en el País Vasco. Lo que hizo en Navarra. Lo que hizo en Cataluña mientras la marabunta se encrespaba. O sea, no hará nada. ¿Qué Aznar brama? Que brame. Suya es la criatura. Suyo, en parte, el pecado. Y desde luego son muy suyos esos feroces calentones que le abrasan el alma. En cuanto a Rajoy, lo suyo ha sido siempre templar gaitas.

El ladrón de palabras
Marcial Martelo www.elsemanaldigital.com  1 Octubre 2015

Una estrafalaria amalgama de iluminados, cínicos aventureros y tontos útiles se han erigido en los máximos intérpretes de la voluntad del pueblo catalán, sustituyendo en ese papel a la Ley.

@PPopular: "La lista única de Junts pel Sí ha ganado las elecciones pero no el plebiscito por la independencia @mdcospedal".

En un familiar y típico restaurante de Barcelona, a las tres de la tarde de un soleado domingo de septiembre. El del 27 de septiembre pasado, para ser exactos. A una hora que hay que reconocer tardía para los sofisticados horarios catalanes -ya tan irremediablemente europeos-, una pareja coge la carta que le entrega el camarero y le señala con avidez unos fotogénicos choricillos a la sidra. Cinco minutos más tarde, se desata el drama. El camarero les trae un rebosante y lustroso cargamento de colesterol, pero no de la especie solicitada. Es una butifarra, perfecta en todo, salvo en el obvio detalle de que no era lo pedido.

Se le advierte al camarero del error, pero éste contesta sorprendido que no hubo tal. Los chorizos se habían acabado (lógico, dado lo gamberro del horario) y, según añadió con irreprimible indignación, él había deducido que en tal circunstancia todo aquél que pide unos modestos chorizos a la sidra nunca hará ascos a una señora butifarra. O sea, que tanto monta, monta tanto.

Naturalmente, la pareja se comió la butifarra. Pero no lo hizo por hambre, ni por una pusilánime docilidad, sino porque el camarero tenía toda la razón. A fin de cuentas, ¿qué es lo que había ocurrido? Pues que el camarero había… interpretado.

Justo y razonable. Si el presidente de la Generalitat de Cataluña interpreta que unas elecciones al Parlamento catalán son un plebiscito sobre la independencia de Cataluña, y si el presidente del Gobierno de España (y su inefable ministro de Asuntos Exteriores) termina aceptando esa interpretación, pasando a describir los males que tal independencia acarrearía, en lugar de adelantar y explicar las graves consecuencias políticas y penales que recaerían sobre las autoridades autonómicas si actuasen sobre esa premisa ilegal al día siguiente de las elecciones, ¿cómo no va a ser comprensible que un sufrido contribuyente se crea con derecho a interpretar que una comanda de choricillos a la sidra vale como una de butifarra, según cuales sean las circunstancias?

Efectivamente, esa fue la madre de todos los errores cometidos por aquéllos cuya máxima obligación era defender el orden constitucional: teorizar sobre las consecuencias de una hipótesis legalmente imposible, en vez de explicar el porqué de su imposibilidad (el art. 1.2 de la Constitución, con la ineludible consecuencia de que una parte no puede decidir el destino de lo que pertenece al todo) y las consecuencias que supondría comportarse como si no lo fuera (para la Autonomía, su intervención, y para Artur Mas, la cárcel).

En definitiva, el imperdonable error de no resistir los ataques de los guionistas de la secesión, y terminar abandonando el debido y legítimo mantra (poco duró su recitación) de que los catalanes "sólo" estaban llamados a participar en unas elecciones autonómicas, y que era "sólo" a eso a lo que respondería su voto.

Y es que interpretar los resultados electorales en clave plebiscitaria, ignorando el inequívoco sentido que les atribuye el ordenamiento jurídico (en este caso, la Constitución, el Estatuto de Autonomía de Cataluña y la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, únicos definidores posibles de lo que significó el voto del pasado domingo), implica rendirse en una batalla decisiva: la del significado de las palabras. Pero de unas palabras muy importantes: las de las leyes. Las palabras con las que se expresa el soberano pueblo español a través de las leyes dictadas por el Parlamento que lo representa.

Permitir que una estrafalaria amalgama de iluminados, cínicos aventureros y tontos útiles se hayan erigido en los máximos intérpretes de la voluntad del pueblo catalán, sustituyendo en ese papel a la Ley, significa no entender cuál es el verdadero campo de batalla en el que una democracia se juega su supervivencia.

La Historia está llena de ladrones de palabras. Y esa misma Historia nos dice que los que tuvieron éxito terminaron robando, además de las palabras, la propia democracia a la que definían.

Resaca política independiente-mente del resultado
Miguel Angel Rodriguez Caveda www.elsemanaldigital.com   1 Octubre 2015

Han pasado unos días desde las elecciones autonómicas catalanas y, con la amplitud de miras que otorga -poco a poco- el tiempo, ya se pueden sacar algunas conclusiones definitivas sobre lo ocurrido el domingo. Aunque algunos sigan empeñados en ver solamente su verdad, y sean de los que quieren tapar el sol con un dedo, los datos van más allá de las opiniones y por ello son irrefutables, motivo por el cual no deben ser obviados. Algo que ha ocurrido desde todos los frentes con posterioridad al 27-S.

Es absolutamente cierto que los partidos independentistas obtuvieron la mayoría absoluta de escaños en el Parlament, sumando los 62 de Junts pel Sí y los 10 de la CUP. Y en eso se ha escudado Artur Mas para proclamar, junto a su ´socio´ Junqueras, la continuidad del proceso soberanista catalán. Igualmente cierto es que no han ganado en número de votos, quedándose en un 48% de quienes decidieron acudir a las urnas.

Si a esto sumamos que un 30% no votó y que los independentistas se movilizaron como nunca, es de suponer que una buena parte de ese 30% no estaría a favor de la secesión en el hipotético caso de un referéndum. En esto se han escudado el resto de partidos no independentistas, quienes por lo general –salvo el caso destacado de Ciudadanos- han obtenido muy malos resultados de forma individual.

Esto demuestra dos cosas: que el independentismo no es mayoritario en Cataluña, como quiere que parezca el señor Mas; y a la vez que el número de sus simpatizantes está en claro aumento, como no quieren reconocer el resto de fuerzas políticas contrarias al ´procés´. Como ha dicho el expresidente Aznar, es un aviso que no se puede desoír. Pero ni unos tienen razón al cantar victoria por los escaños, ni los otros por hacerlo con el porcentaje de votos.

Al final, en el 27-S catalán todos los líderes políticos consideran que han ganado, de una u otra manera. Si no por triunfo propio, por la derrota del enemigo. Curiosamente el domingo todos tenían algo que celebrar. Normal que el lunes hubiera una resaca generalizada en nuestra clase política. Una resaca independiente-mente de los resultados.

@rodriguezcaveda

Cataluña acéfala
Eduardo Goligorsky Libertad Digital  1 Octubre 2015

La Vanguardia del 28 de septiembre acumuló los méritos suficientes para ocupar un lugar destacado en la historia del periodismo venal y falaz con su titular de escándalo en la primera plana: "El sí se impone". Más abajo, la noticia verídica: "El independentismo se queda en el 47,8 % de los votos". En la página 2, con la firma del director, Marius Carol, otra mentira descarada: “La clara victoria del soberanismo en las urnas”. Y para rematar: “Casi la mitad de los catalanes han votado por fuerzas soberanistas”. La mitad de los 5.500.000 catalanes inscriptos en el censo serían 2.775.000 y a los secesionistas los votaron 1.930.000, o sea el 35 % del censo. El mismo porcentaje que acompaña todas las etapas del proceso desde que se celebró el raquítico referéndum del Estatut. La apropiación abusiva de la categoría “los catalanes” desenmascara la mala fe de quien la emplea. Los restantes, hasta completar los 5.500.000 del censo, ¿son invisibles?

Los que sí son de invisibles para el código electoral fraudulento son los ciudadanos del litoral ilustrado de Cataluña, cuyos votos valen la mitad que los de los ciudadanos del interior retrógrado. Sólo así se explica que los dos bloques del sí sumados, y únicamente sumados, tengan mayoría de escaños con una minoría de votos. ¡Un ciudadano, un voto, ya! Sin olvidar que esa mayoría de escaños está muy lejos de los dos tercios, o sea 90, indispensables para amagar con una declaración de independencia.

Burda fabulación
Nada nuevo. Tan burda es la fabulación que un observador inteligente pudo detectar sus pifias cuando aún se estaba gestando. Avisó con antelación Lluís Foix ("El día después", LV, 2/9):
Ya sabemos que Tarradellas decía que se podía hacer todo menos el ridículo. A mí me preocupa que al final de todo, el día inmediatamente después, nos encontremos en lo que coloquialmente podríamos definir como un gran buñuelo.(…) El futuro es rico en posibilidades. Si Mas no tiene apoyos suficientes para presidir la Generalitat, vendrá otro. El poder no admite el vacío. ¿Alguien habría apostado hace un año que Ada Colau sería la alcaldesa de Barcelona?

La sola insinuación de que alguien con el talante de la alcaldéspota podría ocupar este vacío de poder pone los pelos de punta. Vaticinio de un futuro tenebroso para la Cataluña acéfala.

El ridículo del que abominó Tarradellas se ha convertido en azote de la escena política catalana. La prueba de que los popes del secesionismo han perdido el contacto con la realidad lo encontramos en el hecho de que es la CUP, la fracción más radical y alucinada de ese conglomerado, la que -sin abdicar de sus delirantes apelaciones a la desobediencia civil- intenta inyectar una dosis de cordura a sus desquiciados cofrades, explicándoles lo obvio: que el 47,8 por ciento de los votos no autoriza a aplicar la hoja de ruta para la declaración unilateral de independencia y que no es posible apoyar la investidura de Artur Mas, un indeseable "salpicado por casos de corrupción".

El indeseable reaccionó con la cara dura que ya es su marca de fábrica (LV, 29/9):
Fue el propio Artur Mas quien en este terreno se expresó en términos más severos y lanzó una advertencia a la CUP para que no tenga la tentación de hacer descarrilar el proceso soberanista. "El gran tema era el plebiscito y el plebiscito se ha ganado para el sí, de manera que lo que tenemos que saber ahora es si los 72 diputados están dispuestos a sacar adelante la hoja de ruta para construir un Estado independiente, y el resto son cosas añadidas".

Las "cosas añadidas" son, por supuesto, la corrupción y los recortes en los servicios sociales. En cuanto a la insistencia en que "el plebiscito se ha ganado para el sí", el indeseable debería leer el artículo de fe que escribió el filósofo enrolado en su fraternidad, Xavier Antich, el viernes 25, para publicar después de los comicios, cuyo resultado, lógicamente, aún desconocía ("Punto y aparte", LV, 28/9):

Sin embargo, tanto para los que están a favor de la independencia como para los que están en contra, estas elecciones medían el apoyo popular a una opción u otra, y, por tanto, el resultado ofrecerá un balance difícil de manipular de la mayoría surgida de las urnas.

Manipulación congénita
La manipulación es, empero, congénita en el secesionismo. Ya en una entrevista previa a las elecciones (LV, 6/9), la misma en que perjuró "Si no hay mayoría soberanista este proceso se habrá acabado", Artur Mas desveló su estrategia tramposa para asaltar el poder tras la derrota.

Pregunta: Pero se podría obtener una mayoría absoluta con 43 %-44 % de votos a favor. ¿Cómo se hace una Constitución con menos de la mitad del país al lado?

Respuesta: Es posible que algunos partidos a los que se contaba en el bando del no se añadan a la discusión. Por lo que oigo cuento con ello. El problema sería no llegar a la mayoría de diputados del sí. Entonces este proceso se habrá acabado.

Artur Mas deposita su confianza en la versatilidad de los diputados cupaires y podemitas, que se han comprometido, ante sus votantes, a lapidarlo. Mas conoce el paño, y sabe que no existen garantías de que cumplan este compromiso. Uno de ellos, Julià de Jòdar, ya esgrime pretextos para claudicar. Y Antonio Baños anuncia negociaciones "en un hermetismo total" (LV, 1/10). Aunque también es cierto que, si realmente se deshacen del indeseable, puede esperarse de ellos lo peor en la Cataluña acéfala dada su matriz totalitaria y, en el caso de los cupaires, su fobia antiespañola y antieuropea y su irredentismo amenazante. Grecia y Venezuela son la Ítaca de ambos movimientos insurgentes. En ausencia del indeseable, Raül Romeva u Oriol Junqueras marcarían el rumbo en ese viaje.
Picotazos de los buitres

El gurú Enric Juliana no le augura nada bueno al indeseable tras hacer un recorrido minucioso por la historia de las relaciones antagónicas entre la burguesía catalana y las masas díscolas ("Avisos y señales en Madrid", LV, 29/9):

Los liberales de Convergència, atrapados por un partido anticapitalista, ante la alarma de los grupos dirigentes barceloneses. (…) Un destino irremediable: cada vez que las clases dirigentes catalanas recurren a la movilización popular para modificar la relación de fuerzas entre Barcelona y el poder central español, estalla la revuelta o crece la radicalidad social y política.

Juliana empieza por recordar los enfrentamientos del general catalán Juan Prim, en 1843, con la revuelta de la Jumancia, rebelión popular barcelonesa que exigía una política más progresista a los liberales, y después de 1868 con los republicanos a los que pedía menos prisas. Continúa con la enumeración de sucesivos conflictos, incluida la Semana Trágica de 1909, hasta llegar al día en que Josep Puig y Cadafalch, dirigente de la Lliga y presidente de la Mancomunitat, acompañó a la estación de Francia al general Primo de Rivera para que pusiese orden en España y Barcelona. La crónica culmina en 1936, cuando la Generalitat se vio desbordada por los comités revolucionarios y por la CNT-FAI y el POUM, hasta que llegó el PSUC y mandó parar a sangre y fuego. Añade Juliana con sorna mal disimulada:

¡Artur Mas en manos de la CUP! Esta es una imagen fascinante para los dirigentes del PP que conocen bien la historia política de Catalunya.

Es posible que si la CUP traiciona a sus votantes y pacta con Junts pel Sí, del amancebamiento nazca el mismo o un nuevo candidato a ocupar la presidencia de la Generalitat. Pero en todo caso el pacto será efímero y, desde el punto de vista práctico, Cataluña seguirá acéfala y sometida a los picotazos de los buitres que se disputarán sus despojos. Cabe esperar que esa casi mitad de la sociedad catalana que se dejó encandilar por los buitres salga de su ensimismamiento al verlos actuar y, reencontrada con la otra mitad, más numerosa, ayude a espantar a las aves carroñeras y a reparar los vínculos que nunca se deberían haber deteriorado.

marchaverde.cat
Antonio Robles Libertad Digital  1 Octubre 2015

Con cuatro días de por medio, ya podemos diagnosticar con seguridad que el independentismo no ha sido derrotado, ni España rota. O sea, que el conflicto sigue… tres siglos más.

Y sin embargo… las elecciones del 27-S han confirmado el peor diagnóstico: ha cuajado el adoctrinamiento escolar y mediático. La ficción ha sustituido a la realidad. Media Cataluña vive ajena a la legalidad y actúa en paralelo a ella. Eso explica que, ante la imputación a Mas, la vivan como si el Estado fuera un hatajo de franquistas. Esto revela el profundo desconocimiento que tienen de lo que es un Estado de Derecho, desconocimiento inducido por mentiras.

Por eso, los resultados son para ellos como la plastilina, se amoldan a lo que les conviene. Y les ha convenido olvidar que Junts Pel Sí planteó las elecciones como un plebiscito. Y lo perdieron (47,8% frente al 51,7% restante). Si no lo hubieran planteado como un plebiscito, se podría y debería analizar la naturaleza del resto, pero su plebiscito no obtuvo la mayoría de los votos. No les fue mejor con los escaños. Llamaron a Cataluña a votar la independencia y Cataluña les quitó 9 escaños. Tal evidencia es tan incontestable como el aumento en 7 de la CUP. En conjunto, los independentistas perdieron 2 escaños. La matemática plebiscitaria no les pudo ir peor: perdieron en votos y en porcentaje, y ganaron en escaños las autonómicas. Si la ley electoral estuviera basada en el principio democrático de un hombre, un voto, Junts pel Sí hubiera obtenido 55 escaños en lugar de 62.

Dicho esto, Junts Pel Sí ganó las elecciones autonómicas con 1. 620. 973 votos, que junto a los 336. 375 de la CUP alcanzan la cifra de 1.957.348. Una cifra inquietante y nada circunstancial, prácticamente la misma que sacaron en el 9-N (1.861.752), 95.596 más. Si tenemos en cuenta la altísima participación (77,44%), ese es el límite del independentismo, a condición de que la izquierda que se presentó bajo el paraguas de Podemos y el resto de grupos marginales se mantengan al margen. Y eso, a mi entender, es suponer mucho.

Si añadimos que el mito del cinturón rojo se ha desteñido y hasta el independentismo ha logrado cosechar votos en él, podemos decir que buena parte de los hijos de la emigración son hoy más hijos de la inmersión que de sus padres. Esto es lo más inquietante, porque si esa tendencia no se corta de cuajo, es cuestión de tiempo, sólo de tiempo… Y las escuelas siguen en su poder.

Nada está perdido, a condición de que el Estado y las fuerzas intelectuales, mediáticas y políticas planten cara a la amenaza. En estas elecciones, la alarma ha despertado a media Cataluña y a toda España. Y se nota. El independentismo ha ganado las elecciones, pero ha retrocedido en escaños y perdido en votos. Hasta el órdago del 27-S jugaban sin rival. Se les acabó la impunidad.

Mientras llega esa complicidad constitucional, hemos de prepararnos para la peor pesadilla. Cataluña se convertirá en una estomagante marcha verde. Conquistada la calle y despreciada la ley, en cada ocasión que el Estado pretenda hacer cumplir una sentencia, corregir una ilegalidad o imputar a un farsante, tomarán la calle, se atrincherán en colegios, rodearán ayuntamientos o nos acribillarán con montajes victimistas en TV3 para impedir que la ley se cumpla. Serán marchas verdes con mujeres y niños, sonrisas y cartulinas de colores. Se trata de vender un relato democrático y pacífico para consumo interno y propaganda externa. Y vivir del procés. "Revolución democrática". ¡Ay, ese lenguaje de plastilina!

De hecho ya han comenzado, con la cacerolada del martes contra la imputación judicial a Artur Mas. Una pléyade de tibios nos advierten de los efectos contraproducentes que tendrá en el avispero catalán. La dichosa fábrica de independentistas nos tiene desarmados. Caer una vez más en tales chantajes morales ya no es sólo un error, es un crimen. Haga lo que haga el Estado de Derecho, con independencia de quién gobierne España para restablecer la ley en Cataluña, será atacado con saña. Puestos a ser satanizados, cuanto antes y más rotundo sea el cumplimiento de la ley, mejor. Al menos tendrán un motivo real para quejarse.

LA RESACA CATALANA
El fraude de los jueces a los votantes catalanes desata la polémica
Benjamín López www.elsemanaldigital.com  1 Octubre 2015

Son como el padrino de una boda que oculta a la novia la infidelidad del que el que va a ser su marido y espera al instante después de la ceremonia para contárselo. Por no "interferir".

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña acaba de imputar a Artur Mas por el referéndum independentista del 9-N. Es posible que muchos ni recuerden ya aquella farsa en la que el presidente de la Generalitat, desoyendo toda clase de avisos -incluidos los del Tribunal Constitucional-, decidió sacar las urnas a la calle para celebrar una pantomima sin la más elemental garantía democrática.

Pues bien, nos enteramos ahora de que los jueces tenían decidido imputar a Mas desde hace tiempo pero tomaron la decisión de no hacerlo hasta después de los comicios autonómicos con la excusa de "no interferir" en el proceso electoral, según ha contado el ministro de Justicia.

La cantinela no es nueva. La habíamos escuchado ya antes de las últimas elecciones en Andalucía. Chaves y Griñán estaban a punto de ser imputados en el caso de los ERE pero el Tribunal Supremo filtró a los medios que les llamaría a declarar una vez que hubiera pasado la cita con las urnas. ¿por qué? Efectivamente, porque no querían "interferir". De hecho así fue. Las elecciones se celebraron el 22 de marzo y ambos expresidentes de la Junta comparecieron ante el juez justo a continuación, en el mes de abril.

Eso de no interferir queda muy bonito, muy democrático, pero cabe preguntarse si en el fondo no se interfiere también (quizás hasta más) al no actuar. Es decir, los jueces estaban convencidos y habían tomado la decisión de imputar a Mas antes de las elecciones del pasado domingo pero decidieron hurtar a los electores una información relevante y decisiva que incluso podría haber cambiado el sentido del voto de mas de uno.

El TSJC privó a los catalanes de conocer que existen elementos para pensar que su presidente en funciones y candidato a la presidencia por Junts pel Sí podría haber cometido un delito de desobediencia. Es más, no es arriesgado afirmar que los votantes tenían derecho a saberlo y podrían ahora sentirse estafados por la decisión judicial de ocultárselo.

Tres cuartos de lo mismo se puede aplicar al caso de Andalucía, en el que los magistrados del Supremo tomaron la decisión de privar a los andaluces de acudir a las urnas con la decisión tomada sobre Chaves y Griñán, que acabaron imputados por delitos gravísimos. Se trataba una información básica y elemental para acudir a las urnas con todos los elementos de juicio en la mano. Pero, por no perjudicar al PSOE y a Susana Díaz, decidieron beneficiarles.

Siendo generosos habría que concluir que los jueces tienen una manera un tanto extraña de no interferir. No siendo tan benévolos es lícito pensar que los jueces están politizados y que cuanto más altos son los tribunales, más politizados están. Mucho se criticó en su día -y con razón- al entonces fiscal general del estado, Cándido Conde-Pumpido, por afirmar en mitad de las negociaciones de Zapatero con ETA que "el vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino"; es decir, que no debían ser ajenos a la realidad social a la hora de aplicar la ley.

Algo muy parecido es lo que ha hecho ahora el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Su decisión de retrasar la imputación a Mas supone un gran favor al independentismo y una gran faena a los votantes que tienen todo el derecho del mundo a sentirse engañados. Porque estos jueces son como el padrino de una boda que oculta a la novia la infidelidad del que el que va a ser su marido y espera al instante después después de la ceremonia para contárselo. Por no "interferir".

No sabemos qué habría pasado en Cataluña en el caso de haber llegado al domingo con Mas ya imputado. Quizás le habría perjudicado o incluso podría haberse visto reforzado en su manía persecutoria y en su papel de mártir. No lo sabemos. Pero lo que está claro es que los catalanes tenían derecho a saberlo porque ir a votar es algo muy serio y es preciso hacerlo con conocimiento de causa.

Un empresario de Betanzos rechaza una orden de derribo por estar escrita en gallego
«No conoce mucho los términos de la lengua gallega», alegó su representante legal para reclamar una traducción al castellano
Toni SilvaA Coruña. La Voz  1 Octubre 2015

El secadero de lúpulo de Betanzos tiene los días contados. Emblemático edificio del reciente pasado industrial, lejos de ser recuperado los vecinos han visto como se caía cachos y el Concello ha dado orden de derribo. Los tres copropietarios han vivido durante los últimos meses una vorágine de trámites entre revisiones, informes y búsqueda de presupuestos para tumbar una mole de seis plantas.

A principios de septiembre, el Ayuntamiento les remitió las licencias de obra donde figuran los plazos de ejecución, con no más de tres meses para empezar y menos de seis para acabar. Pero en el Concello se han encontrado con la remisión de una carta que suena a estrategia para ganar tiempo. El representante legal de una de las empresas copropietarias, Construcciones Rivera SL, ha pedido que se le remita el mismo informe pero en castellano. «El escrito se ha realizado únicamente en lengua gallega y el compareciente es hablante de lengua española o castellana y no conoce mucho los términos de la lengua gallega, sobre todo si son jurídicos o técnicos», relata el abogado del empresario en su alegación, donde llega incluso a plantear «una clara y palmaria indefensión» de su representado.

No es la primera vez que se dirige al Ayuntamiento brigantino con este argumento para reclamar que cualquier tipo de comunicación en castellano. Añade en esta última alegación que la administración local se ha dirigido a esta empresa casi siempre en español, «por lo que nos quedamos perplejos por tal actuación teniendo en cuenta los antecedentes».

Y en las ocasiones anteriores, este abogado siempre obtuvo la versión castellana de los informes que el Concello le había remitido en gallego. Pero este tenso cruce de documentos por cuestiones idiomáticas no tiene una fácil respuesta jurídica. Varios habilitados nacionales consultados por este periódico no coinciden en dar la razón a una u otra parte. También las sentencias en esta materia son dispares. El Tribunal Constitucional anuló el precepto de la ley gallega de normalización lingüística que determinaba la obligatoriedad del conocimiento del gallego. Esa obligación solo corresponde al castellano. Pero, por otro lado, el gallego es el idioma oficial de las administraciones en Galicia. «Estamos ante un caso evidente de inseguridad jurídica», señala el catedrático de Derecho Constitucional, Roberto Blanco Valdés.
 


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