AGLI Recortes de Prensa   Lunes 5  Octubre 2015

El estéril debate del empleo en España
Hemos comprobado los errores de copiar los modelos que en Europa han generado estancamiento y desempleo. Y encima no han conseguido mejorar las perspectivas ni de igualdad ni de empleo juvenil
Daniel Lacalle El Confidencial 5 Octubre 2015

“You just want me bound and gagged”, Ted Nugent

Hay veces en las que uno se da cuenta que el objetivo de algunos políticos no es reducir el paro sino utilizarlo como arma política para crear clientes y gestionar la siguiente remesa de “ayudas” -que paga usted en impuestos-, políticas activas de empleo, subsidios, cursos y cuentos.

Este fin de semana, escuchando algunos argumentos en la televisión, me pareció muy obvio.

De repente, alguno ha descubierto la desigualdad… en esta legislatura. A pesar de que la desigualdad se disparó entre 2006 y 2011 un 11% con respecto a la media de la UE y haya caído en 2014 y 2015, según Eurostat. A pesar de que la desigualdad haya crecido en España desde 2005 menos que en Dinamarca o Francia.

El 52% de los parados de España están en Andalucía. La región con más paro de Europa desde hace muchos, demasiados años. Treinta y tres años de asistencialismo, políticas de intervención y redistribución no solo no han cambiado el patrón de crecimiento, han perpetuado el rentismo y la baja competitividad. Y nadie se arrepiente. Será que les ha faltado tiempo. Y aun “exigen” que se aplique el mismo modelo al resto del país.

Nos rasgamos las vestiduras ante la temporalidad y precariedad, pero la temporalidad era del 31% del total de contratos en 2007 y hoy es el 25%. En el cuarto trimestre de 2007 los contratos indefinidos eran el 69% y hoy son el 75%. A finales de 2011 era el 74%. Parece a veces que antes de 2011 vivíamos en Silicon Valley.

El subempleo en España es del 9% del total, según la OCDE, y son menos de un 3% los contratos de menos de tres meses.

Crear 353.000 puestos de trabajo y 528.000 afiliados a la Seguridad Social, cuando desde hace siete años solo hablábamos de destrucción de empleo, debería ser causa de celebración. Que lideremos la creación de empleo de la OCDE es una gran noticia. La calidad, los salarios altos y la mejora vendrán cuando las condiciones de inversión y la certidumbre para crear proyectos a largo plazo mejoren, no cuando lo decida un comité. Y hacer mucho más debe ser una prioridad. Sin embargo quieren que hagamos mucho menos. Introducir mayor rigidez y revertir las reformas para repetir los errores de 2008, sin sonrojarse ni pedir perdón por poner al país al borde de la quiebra.

Es una buena noticia que España sea el segundo país de la Unión Europea en número de nuevos contratos indefinidos entre 2014 y 2015. Pero lo que es más revelador es que el modelo dirigista e intervencionista francés está destruyendo empleo fijo y juvenil.

En el periodo 2014-2015 mientras España ha creado un millón de puestos de trabajo y liderado, tras Alemania, la creación de empleo indefinido, Francia destruía 236.000 empleos indefinidos y Bélgica 47.000, destruyendo ambas también empleo neto.

La Unión Europea gasta en políticas activas de empleo casi el 1% del PIB anual y sin embargo ha destruido empleo mientras aumentaba el gasto.

En mi próximo libro 'Acabemos con el Paro' (Deusto, a la venta 24 noviembre), lo explico. Tenemos un problema. Muchos partidos no quieren acabar con el paro. Quieren gestionar los fondos del asistencialismo. Más parados, más subvenciones, observatorios, comités, fondos y cursos.

Si quisiéramos reducir el paro la prioridad de todos los partidos sería facilitar que los autónomos crecieran, que las pymes tuvieran facilidades para hacer la transición a gran empresa, no escollos burocráticos, normativos e impositivos crecientes. La primera línea de su programa sería mejorar diez o veinte puntos en el ranking de facilidad para crear empresas del Banco Mundial. La segunda sería cambiar una fiscalidad anticrecimiento que penaliza al que desarrolla su negocio y critican todos los organismos internacionales. Una fiscalidad mal diseñada que cobra a emprendedores, autónomos y pymes antes siquiera de haber vendido, no ya de tener beneficios, y que penaliza el crecimiento con una falsa progresión que es regresiva, frena el incentivo a crecer.

El empleo de calidad y largo plazo en España no va a venir del asalto al emprendedor. En un país con un 90% de pymes y a mayor parte microempresas, el empresario no es el Tío Gilito nadando en dinero, es un trabajador más que sufre y pelea cada euro con sus empleados.

El empleo solo va a mejorar cuando dejemos de creer que lo van a crear unos señores que nunca han creado una empresa ni contratado a una persona con su riesgo y su dinero.

La precariedad se terminará el día que tengamos más expertos en crear riqueza y menos en redistribuir la nada y repartirse su comisión.

Estamos cambiando el patrón de crecimiento porque, gracias a Dios, no lo ha decidido un comité en un plan quinquenal. Estamos exportando más y mejor sin hundir la balanza comercial “incentivando la demanda interna”. Hemos reducido a casi la mitad el déficit tecnológico sin tirar de las subvenciones de “desmercantilización de la vivienda” y estudios sobre la migración de patos. Y hemos reducido el paro a pesar de los palos en las ruedas normativos, locales, regionales, sectoriales que introducimos cada dos por tres y que convierten crear una empresa en un ejercicio de Corredor del Laberinto.

Hemos comprobado los errores de copiar los modelos que en Europa han generado estancamiento y desempleo. Y encima no han conseguido mejorar las perspectivas ni de igualdad ni de empleo juvenil.

España puede crear mucho más de dos millones de puestos de trabajo en los próximos tres años.

Como no los va a crear es esperando que lo haga un comité de ocupas, politólogos y creadores de observatorios con nuestro dinero.

Pero reducir el paro significa menos cursos y menos comités. Vaya.

SER Y SENTIRSE ESPAÑOL
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 5 Octubre 2015

Tras la cantidad de “barbaridades” que se vienen pronunciando y consintiendo en “este territorio donde naciera” el hoy segundo idioma más hablado internacionalmente en este pobre planeta y conocido con ese nombre (ESPAÑOL); el que debido a dos monarcas que supieron reinar conjuntamente (“monta tanto, tanto monta”) y conformar el primer Estado o nación europea, dotándola de un idioma común para mayor y mejor entendimiento entre todos los habitantes de aquel imperio; hoy y tras casi seis siglos de aquellos orígenes; subsisten “las vernaculandias y sus aldeanos”, empecinados en renegar del mayor bien con que cuenta un ser humano, que no es otro que el idioma; puesto que… ¿Qué sería de ese ser humano sin un idioma que le permitiera comunicación tan amplia como consigue con ese idioma, hoy hablado por más de quinientos millones de terrícolas y con el que ya puedes viajar por la mayor parte del planeta, donde seguro que te entenderán al menos en los países civilizados?

Idioma que aquellos reyes encargaran a un andaluz (Elio Antonio de Nebrija) el que codificó el tal idioma, empleando la gran cantidad de voces que ya había en circulación por aquellos muchos reinos, donde el castellano, era uno más; dándose la peculiaridad que muchas de esas voces procedían de los musulmanes y de otros pueblos diversos, Colón trajo de su primer viaje, “canoa, hamaca y cacique”. De ahí que desde entonces fuera conocido como “el español” y no castellano, que en su mayor pureza hoy conservan por pura necesidad, los judíos sefardíes o sefarditas, que se lo llevaron en la injusta expulsión, que también aquellos reyes decretaran, con lo que cometieron el gran error que supuso aquel empobrecimiento de gentes bien dotadas para administrar y emprender negocios, de lo que se beneficiaron otros muchos reinos, regidos por gobernantes mucho más inteligentes y que aprovecharon aquella forzada emigración.

Quienes hemos experimentado las situaciones siguientes en lugares distantes y muy diferentes podemos contar que, por ejemplo… entrando en un buen restaurante de Budapest y ante la total ignorancia de ese endiablado idioma cual es el húngaro (vi en un rótulo comercial una palabra que contenía nueve consonantes y sólo dos o tres vocales, cosa impronunciable en nuestro idioma)… y ante la impotencia de tal situación, sentir como se acerca un camarero, que al notar que somos españoles los cuatro clientes que allí tomamos asiento, nos dice… “estuve en la Costa del Sol practicando y allí aprendí lo suficiente de su idioma para ahora poder ayudarles”.

O tomar asiento en una de las terrazas que hay en esa calle que en Viena va desde la ópera a la catedral, e igualmente poder entenderte con la camarera que sonriente, confiesa que ha pasado vacaciones en España de la que nos habla muy bien y de paso nos facilita la comunicación e incluso podemos intercambiar conversación, mientras nos sirve unos refrescos. Y así como en estos casos ir comprobando que tu idioma propio es conocido y practicado en muchos lugares, donde de no ser así, sólo te quedaría “el idioma universal y mudo del que no tiene otro remedio que emplear ese de los signos y las imágenes”, que también me ha servido en algún lugar para poder comer y beber, “ señalando lo que otros ya habían pedido” y que con la mirada y señalando con el dedo, el camarero termina por entenderte lo suficiente como para que puedas quedar satisfecho.

El saber que hay muchos países de tu propia habla y donde no necesitas nada para conversar con los nativos; incluso en los Estados Unidos (hoy segundo país de habla española) o Brasil, donde ya es obligatorio en las escuelas, la enseñanza del español, por cuanto aquellas autoridades, supieron valorar que el portugués y el español, “como primos hermanos”, debían de alguna manera hermanarse, por cuanto este país, está rodeado de otros muchos de habla española y la fusión se va produciendo por la fuerza de la cada vez mayor convivencia o contactos “vecinales”.

El intuir que algún día y si de verdad ha llegado al planeta la civilización deseada, ello será cuando exista un idioma común a todos sus habitantes y el que indudablemente no va a ser ni el inglés, ni el español, ni el chino mandarín; tampoco y desafortunadamente el esperanto que era el llamado a irse imponiendo, precisamente por no ser idioma de ningún país “de los establecidos”. Será otro.
Todo ello me crea una sensación de impotencia y retraimiento, que me produce unos sentimientos muy extraños, al ver el cerrilismo de muchos individuos que sólo ven “por su propio ombligo” y su caletre quedó petrificado, en el aldeanismo que podemos observar hoy mismo aquí en España y ello, la verdad, yo lo veo triste… muy triste… y es por lo que escribo hoy todo esto, estando seguro que la inmensa mayoría que esto lea, no lo va a entender, por los motivos que sean… “y los más perversos, simplemente por aquello de divide y vencerás, puesto que estos es que no piensan ni pensaron nunca, en otra cosa que… su panza y su bolsillo”. Pobrecitos.
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LOS EUROPARLAMENTARIOS Y COMO ARREBAÑAN DINERO PÚBLICO:
http://dotsub.com/view/01ad2718-073c-474a-ac40-c7a72e199d55
(Una muestra de lo que les preocupa los que dicen representarnos)
HISTORIA DE LA CORRUPCIÓN EN LA ESPAÑA “DEMOCRÁTICA”: http://www.wikiblues.net/memoria-hist%C3%B3rica-de-la-corrupci%C3%B3n
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Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

Brutos y brujos
Juan Pina www.vozpopuli.com 5 Octubre 2015

El Estado nació cuando, en las primeras sociedades humanas, se aliaron dos de sus arquetipos básicos: el bruto y el brujo. El primero era un ser simple, rudo y carente de empatía, que en lugar de inventar y producir —en lugar de ganarse el sustento mediante el intercambio voluntario en la comunidad—, empleaba la violencia y la crueldad para imponerse a los demás, atemorizándoles para robarles y aprovecharse de ellos. El segundo, mucho más sofisticado y astuto, era un manipulador que compensaba su debilidad física alentando en los demás el temor a lo desconocido para convertirse en el intermediario imprescindible con los dioses malvados que él mismo creaba. Ambos arquetipos eran minoritarios pero poderosos. Ambos despreciaban a la mayoría, al tercer arquetipo, al pensador-productor pacífico, a las personas normales que cooperaban espontáneamente y que comenzaban a innovar y a especializarse, generando una creciente prosperidad, pero a quienes ambos percibían como una granja humana que podían explotar a voluntad. Ambos recelaban mutuamente o incluso se odiaban, y sin duda siguieron haciéndolo mucho tiempo después de comprender que se complementaban hasta necesitarse, y que juntos eran imbatibles a la hora de someter al resto y parasitar su esfuerzo.

El luchador se transformó en el brazo armado que el hechicero requería para sobrevivir e imponerse, y éste se convirtió en el legislador que aquél necesitaba para conferir un marchamo de oficialidad a sus actos inicuos, reduciendo así la resistencia de los demás, convertidos ya en súbditos. Esta alianza, con los lógicos altibajos y tensiones, ha funcionado eficientemente hasta hoy, adaptándose con gran versatilidad a cada periodo. Si el poder del místico emanó durante milenios de la supuesta gracia divina, hoy la obtiene de las urnas donde, también supuestamente, la gente escoge. Si el poder del luchador estaba sancionado por las leyes que dictaba el intérprete de los dioses, y se ejercía en cumplimiento de su voluntad incuestionable, hoy está legitimado por el intérprete de las urnas y ejerce el monopolio de la fuerza por mandato constitucional. Han pasado milenios y hemos viajado desde las cavernas hasta la luna, pero en materia de organización social sólo ha cambiado lo superficial. El Estado sigue siendo la unión del forzudo y el chamán, del tosco grandullón y el sutil embaucador. No es sorprendente que los falangistas, que se cuentan entre los peores estatistas de la Historia, tuvieran por hombre ideal a uno que fuera mitad monje y mitad soldado. Sólo era la enésima encarnación del mito del caballero cristiano, un mito presente también en las demás culturas religiosas de todo el mundo, porque simplemente expresa la alianza de aquellos dos arquetipos básicos en un pasado remoto.

Ambos, bruto y brujo, saben que la razón, en caso de generalizarse, irá erosionando los pilares místicos sobre los que han construido su edificio jurídico y político, hasta provocar su derrumbe. Saben que la razón es incompatible con la práctica de subordinar la realidad perceptible a supuestas realidades superiores, incognoscibles o inmanejables por el mortal de a pie, para hacer necesario al brujo. Y saben también que la razón cuestiona la fuerza arbitraria del bruto, fuerza que a la postre les mantiene a ambos en el poder. Por lo tanto, la razón —y con ella el conocimiento— es un grave peligro para ambos. Temen su generalización entre los súbditos, porque saben que con ella vendrá un progreso científico y tecnológico que terminará por desbordar su capacidad de control. Como mínimo intentarán dosificar esa evolución para mantenerse siempre un paso por delante. Y están en lo cierto: a mayor imperio de la razón, más dinámico y espontáneo es el orden de la sociedad, de la cultura y de la economía, y menos base hay para que persista el Estado, o al menos uno omnipotente como el que brutos y brujos anhelan regentar.

“La razón es una facultad que hemos de ejercer por elección —nos enseñó Ayn Rand—. Pensar no es una función automática: somos libres de pensar o de evadir ese esfuerzo”. Pero, claró está, a estas alturas de la Historia ya sabemos bien lo que sucede cuando el grueso de la población se evade del esfuerzo de razonar. Ese error, alentado de mil maneras por sus beneficiarios, conduce al fortalecimiento de los que se arrogan la potestad de pensar y decidir por nosotros, el brujo y el bruto. La ejercerán, por supuesto, para beneficio suyo, no nuestro, por alambicado y complejo que sea el edificio jurídico del que se doten, mera cortina de humo en cualquier caso. Fue también Ayn Rand quien nos advirtió de una realidad incómoda: podemos evadirnos de la realidad cuanto deseemos… pero de lo que no podemos evadirnos jamás es de las consecuencias de esa evasión. Hoy, cuando saltan a la vista las consecuencias de haber delegado esa facultad en los gobernantes, la única esperanza reside en atrevernos a ser racionales, es decir, a ser humanos. Apenas bastaría que las sociedades desarrolladas escucharán un poco más las enseñanzas de esta filósofa imprescindible para que el tándem infame del energúmeno y el mago fuera quedando atrás. Para que la insoportable proliferación del Estado se detuviera y comenzara a remitir. Para que el individuo recuperara la libertad y la propiedad que un día le arrebataron los peores humanos, los miembros más abyectos de su propia tribu.

Réquiem por una época
Aznar no se puede salvar de la hecatombe que tiene a Rato como símbolo de la decepción
CASIMIRO GARCÍA- ABADILLO El Mundo 5 Octubre 2015

"Decepción y rabia", así define un miembro del gobierno el sentimiento colectivo del gabinete ante la abundante información que podría llevar a Rodrigo Rato a prisión acusado de graves delitos de corrupción.

"De hecho", me comenta una fuente, "si aún no se ha decretado su detención es porque no hay riesgo de fuga: sus guardaespaldas son los que le vigilan".

En Génova, las revelaciones sobre la trama empresarial del ex director gerente del FMI se viven como "una pesadilla".

Pero, más allá de que las malas prácticas de Rato puedan influir en el desgaste electoral del PP de cara al 20-D -cosa de la que están seguros todos sus dirigentes-, la caída del ex vicepresidente primero del Gobierno representa el fin de la época más brillante del partido refundado por José María Aznar.

Converso con una persona cercana al ex presidente del Gobierno. "¿Influyeron las sospechas de que a Rato podía estallarle algún escándalo para que Aznar no le designara como sucesor?", le pregunto. "Yo creo que información concreta no tenía, pero lo que le influyó eran los comentarios de sus hombres de confianza en Moncloa, que le repetían una y otra vez que Rato tenía el techo de cristal. Aznar apreciaba mucho a Rodrigo y, de hecho, fue su principal apoyo para que le nombraran director del FMI, pero es cierto que las dudas sobre su relación con el mundo de los negocios fueron el elemento fundamental para que, al final, se inclinara por Rajoy", me contesta.

Seguro que hay algo de verdad en ello (de hecho, en 2001 ya había salido a la luz el crédito de 525 millones del HSBC a la empresa familiar Muinmo), pero también hubo otra razón de peso. De los tres candidatos a la sucesión, Jaime Mayor, Rajoy y Rato, éste era el que más poder tenía, dentro y fuera del partido.

El ex ministro de Economía era en esos tiempos el hombre más poderoso de España; después de Aznar, claro.

Sus amigos, Manuel Pizarro, César Alierta y Francisco González, estaban al frente de tres de los mayores conglomerados económico-financieros del país: Endesa, Telefónica y BBVA.

A Aznar le había salido mal la jugada de colocar a su compañero de clase, Juan Villalonga, en Telefónica (que tuvo que dimitir afectado por sospechas de uso de información privilegiada). Suya fue también la decisión de colocar a Miguel Blesa, su asesor fiscal, en Caja Madrid (cuya gestión se demostró nefasta).

Ese poder propio, no delegado, fue uno de los elementos que pesaron para que Aznar inclinara su dedo hacia Rajoy. Rato, indirectamente, controlaba el PP de Madrid (la organización más fuerte del partido), tenía entre sus amigos a algunos de los empresarios más influyentes de España y se había apuntado personalmente la recuperación económica que se produjo entre 1996 y 2000. De haber llegado a presidente (nadie podía imaginar en agosto de 2003 lo que ocurriría el 11-M), Aznar estaba seguro de que hubiera ensombrecido su labor como el dirigente que llevó por primera vez al centro derecha al poder, y que hizo de su partido la maquinaria política mejor engrasada de España.

Cuando Aznar y Rato fustigaban al PSOE de González por la corrupción y el crimen de Estado nadie hubiera dicho que las cosas iban a acabar de este modo. El PP tendrá que renovarse de arriba a abajo para poder volver a enarbolar la bandera de la regeneración. En ese sentido, el caso Rato hace mucho más daño al PP que las denuncias de Bárcenas. Precisamente, uno de los puntos de inflexión en la intención de voto del PP en las encuestas se produce justo después de la salida a la luz del escándalo de las tarjetas black de Bankia.

Mientras que Rajoy intenta recomponer a su partido, después de sucesivas derrotas electorales, y a poco más de dos meses de las generales, Aznar, por su parte, trata de marcar territorio de cara al Congreso del partido que se celebrará a principios de 2016. Al margen de la imagen de división interna, por más que apele a sus convicciones, a sus sólidos principios, el ex presidente no se puede salvar de la hecatombe, que tiene a Rato como símbolo de la decepción. Para colmo, Jorge Dezcallar, al que Aznar nombró director del CNI en 2001, ha lanzado sobre él, en su libro Valió la pena, durísimas acusaciones. La peor de todas, haber engañado a la opinión pública entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 sobre la autoría del 11-M. Uno de los miembros del gabinete en esas fechas me dice: "A mí me dijo por teléfono que lo más probable es que el atentado lo hubiera cometido ETA". La deslealtad, dice Maquiavelo, es una de las características de las fuerzas mercenarias.

La falta de reacción ante los sucesivos fracasos electorales, la división interna y el caso Rato colocan al PP en la peor situación para afrontar con garantías la cita del 20-D.

Jugar con ventaja
JAVIER REDONDO El Mundo 5 Octubre 2015

Los devotos de la Tercera Vía juegan con ventaja. Ellos nunca tienen el problema. Siempre lo tienen los "inmovilistas" que no se desplazan hacia donde señalan los separatistas. Los apologetas del "encaje", la 'ordinalidad' y la negociación conducen el coche escoba del nacionalismo, recogen los restos que dejan sus acelerones. Quienes se preocupan con tanto miramiento de que "Cataluña se sienta cómoda" aun a costa de generar desigualdades con el resto de los españoles, tan ciudadanos y leales contribuyentes como cualquier paisano de Reus o Manresa, muestran una disfunción: se engañan cuando vuelven por donde suelen. El nacionalismo es insaciable. Su voracidad no tiene límites. Sólo si aceptamos esto abordaremos la cuestión con madurez y realismo. Lo demás es voluntarismo y tarta templada de manzana.

España no tiene un problema con Cataluña. El progreso y la libertad lo tienen con el nacionalismo, la tribu, sus caudillos y de rebote con quienes les bailan el agua. Los saduceos demandaron comprensión y los biempensantes picamos el anzuelo: la voluntad integradora sirvió para blindar una supuesta singularidad y de paso mantener durante 30 años a una nutrida camarilla de corruptos y advenedizos. Tarradellas consideraba a Pujol un arribista. La alianza entre ERC y el PSC para desbancar a CiU, nacionalismo presuntamente leal y negociador, no estaba en el guión. El pacto tripartito se extendió a las Cortes durante el primer Gobierno de Zapatero. Fue el punto de inflexión. El independentismo independentista se comió la merienda del independentismo no independentista y comenzó la escalada del desafío a la ley. Entre tanto, el cuerpo sociológico mudó su piel. Surgió un separatismo antisistema, de clase y barricada, combativo y populista, que se proclama no 'identitario'. Los románticos complacientes de la Tercera Vía saben que "reformar el Senado en sentido federal" y 're-reconocer' la singularidad no soluciona nada, pero su partido se juega en diciembre y su adversario no es el nacionalismo.

El doble lenguaje del PSOE debería alertar a los electores
Editorial La Razon 5 Octubre 2015

Si bien las expectativas electorales del Partido Popular han mejorado desde las pasadas elecciones municipales, tal y como reflejan los últimos sondeos de intención de voto, esta recuperación puede no ser suficiente para que los populares consigan una mayoría parlamentaria holgada que les permita formar gobierno. Al mismo tiempo, el principal partido de la oposición, el PSOE, se encuentra en sus momentos de aceptación más bajos y con pocas perspectivas de mejora en el corto plazo. De hecho, ya fuera con Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del partido, ya sea con el actual secretario general, Pedro Sánchez, la formación socialista no consigue superar el pésimo resultado de las últimas elecciones generales, en las que obtuvo un 28,8 por ciento de los sufragios.

En la última cita electoral a nivel nacional –la convocatoria de las municipales de mayo pasado–, Sánchez, con un 25 por ciento de los votos, estuvo por debajo de Rubalcaba, mientras que la encuesta de octubre de NC Report otorga a los socialistas una intención de voto del 24,8 por ciento, aún menor.

En definitiva, si el PP no consigue consolidar en el esprint final de la legislatura una mayoría suficiente, España queda abocada a un escenario de incertidumbre política que, sin duda, afectará al proceso de recuperación económica. El riesgo de inestabilidad es uno de los parámetros que, inevitablemente, condicionan las decisiones de inversión de los actores financieros e industriales internacionales, pero también del mercado interior como demuestra que se estén aplazando hasta después de las elecciones muchas operaciones de salida a bolsa y que, como hoy publica LA RAZÓN, los grupos extranjeros de inversión estén enviando a España misiones exploratorias para tantear la posición de los distintos partidos en relación con su política económica.

Por supuesto, los mercados financieros internacionales parten de la premisa de que el programa de reformas llevado a cabo por el Gobierno de Mariano Rajoy ha resultado eficaz e inciden en la necesidad de mantener la nueva legislación laboral, incluso, profundizando en la misma línea. De ahí que escuchen con preocupación los alegatos del candidato socialista, Pedro Sánchez, a quien consideran con posibilidades de gobernar en extrañas coaliciones, de que derogará la reforma laboral en cuanto llegue al poder. Probablemente, no hay un solo elector español que no haya oído plantear ese compromiso electoral al candidato socialista y es muy posible que algunos ciudadanos acudan a las urnas con la papeleta del PSOE en la mano, fiados de esa promesa, por erróneo que nos parezca.

Pero el asunto no está tan claro. Jordi Sevilla, que fue ministro de Economía y hoy desempeña el papel de asesor económico de Sánchez, tranquilizó a los inversores explicando que, en realidad, no pensaban derogar la reforma laboral del PP, sino que se limitarían a aplicar algunas modificaciones. En la reunión estuvo presente el secretario de Economía del partido, Manuel de la Rocha. Alguien en el PSOE miente a los ciudadanos españoles, a los inversionistas extranjeros o a todos en general. Tal vez esa falta de un programa ideológico definido, esa táctica manida de prometer a cada cual lo que quiere escuchar, esa indefinición sobre la organización territorial del Estado y esos arrebatos de radicalismo de salón que caracterizan a este PSOE estén detrás de sus malos resultados en las encuestas... y en las urnas..

Experiencia y escarmiento.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 5 Octubre 2015

Las encuestas son solo eso, entretenimiento equiparable a los frutos secos o aceitunas que suelen poner en algunos bares acompañando a la caña de cerveza. Un mini aperitivo que no llega ni a la calificación de tapa. Pues eso, en la primera de las cientos de encuestas que nos esperan hasta el 20 de diciembre, se ofrece la proyección de voto para los principales partidos políticos en liza. En primer lugar con un poco creíble tercio de los votos aparece un PP seguido por el PSOE en segundo lugar con el 25% de los votos. En tercera posición aparece CIUDADANOS con un sorprendente por sospechosamente cocinado 11,7% y casi en empate técnico en cuarto lugar un PODEMOS con un 11,2% con clara tendencia bajista. En último lugar estaría IU si es que sigue presentándose bajo sus siglas con un escaso 4,2%.

Lo curioso es que CIUDADANOS, según su líder Albert Rivera, acaba de definirse como una alternativa “reformista y progresista”, mensaje que comparte con el líder del PSOE Pedro Sánchez que dijo “El reformismo es la única alternativa” y “el Partido Socialista va a liderar ese cambio progresista, va a liderar ese cambio hacia la izquierda que quiere y que mayoritariamente ha votado la sociedad española…”. ¿Quiere esto decir que CIUDADANOS coincide más con las tesis socialistas que quieren contraponer a un supuesto inmovilismo del PP? Parece evidente que es así y que ese pensamiento que ha calado en la conciencia de los ciudadanos es responsabilidad única y exclusiva de Mariano Rajoy, su equipo de Gobierno y de una Ejecutiva de Partido anclada en la endogamia propia de regímenes dictatoriales. El pensamiento único y el culto al líder.

Lo que es un hecho indiscutible es que CIUDADANOS ha dado ya muestras de su preferencia de pactos amigables con el PSOE, tal cual es el caso de Andalucía y la permisividad absoluta con la corrupción que salpica a la Junta y de la que Susana Díaz, como le acusa el exconsejero cantante, tuvo que necesariamente conocer por razón de su cargo de responsabilidad. O su actitud indolente ante el mantenimiento en su cargo de un imputado por los casos ERE’s, o el escandaloso y vergonzoso caso de Aznalcollar. Por el contrario, CIUDADANOS es especialmente exigente, por no decir insultantemente hostil, al pacto de Gobierno con el PP de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid, habiendo votado en contra de todas las propuestas parlamentarias alineándose con el PSOE.
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El reformismo progresista o lo que es peor el progreso del reformismo para imponer sus doctrinas de intransigencia sectaria revanchista trasnochada como ya sufrimos tras ocho años de gobierno con José Luís Rodríguez Zapatero, su ley de Memoria Histórica, su negativa de la crisis económica, su despilfarro, etc. Lo malo de querer reformar es no saber explicar el porqué, ni la alternativa que se propone, ni el beneficio que se obtendría con el cambio. Reformar es algo que debe cumplir con dos misiones principales, la de subsanar defectos que a la larga se agravarían si no se hace nada y en segundo lugar, modernizar o actualizar viejas estructuras que no serían homologables en la actualidad. Las reformas no son ni buenas ni malas, solo el tiempo demostrará su acierto o su fracaso. A veces no basta reformar sino que es más sensato y económico derribar, limpiar y reconstruir algo totalmente nuevo.

Dice Mariano Rajoy que hay que elegir la experiencia y no experimentar con amateurs que carecen de ella. Pero como las reformas, la experiencia no es un bien en sí mismo y puede ser buena o mala. El dicho de nadie escarmienta en cabeza ajena, habla de que la experiencia es algo muy personal y no transferible. Por ahora Mariano Rajoy puede decir que ha tenido experiencias de todo tipo, como estudiante y opositor destacado, como Ministro de diferentes carteras, como Presidente de su partido, como jefe de la oposición y finalmente como Presidente del Gobierno de España. Pero su opinión de sí mismo es totalmente subjetiva y debemos ser todos los demás los que la califiquemos. ¿Experiencia? Desde luego, pero llena de más sombras que luces.De la experiencia se debería aprender pero a veces no sirve de nada y se vuelve a tropezar en la misma piedra.

Va a ser un largo otoño en el que al final se decidirá el futuro de España en unas elecciones generales muy disputadas y cuyo resultado puede hacer la nación ingobernable o sujeta a pactos de conveniencia inestables. Solo Italia tiene experiencia en eso, porque aquí ha bastado con ceder al chantaje de los nacionalistas, ahora secesionistas que dejarán de tener la llave de la gobernabilidad. Esperemos que hayan aprendido de esa mala experiencia.

¡Que pasen un buen día!

El resto de España y las elecciones del 20-D
Pedro de Tena Libertad Digital 5 Octubre 2015

El futuro de España reside en cómo se resuelva la cuestión de si unos españoles son más iguales que otros o no. Habrá que saber, de una vez, si lo que hay detrás de los espectáculos nacionalistas es realmente una aspiración a la independencia en serio o si lo que la verdad esconde es la voluntad de consolidar y extender unos fueros o privilegios que divida a España en dos partes: Cataluña y País Vasco, por un lado, y el resto de España por otro. Una nación seria no puede tolerar que haya en su seno desigualdades, algo que venimos soportando desde 1978 con determinados fueros que nunca debieron ser constitucionalmente amparados. Ni siquiera en las Constituciones más republicanas, e incluso federales, está presente la desigualdad de los ciudadanos españoles según sea el territorio en que vivan. Pueden tolerarse diferencias, pero no desigualdades ni diferencias de trato. Ese es el límite. Claro que la España que vivimos no es una nación seria.

En el proyecto de Constitución federal de 1873, la soberanía nacional residía en todos los ciudadanos españoles sin distinción y cuando se produjera algún desacato o menoscabo de los derechos generales de la sociedad, tenía previsto el restablecimiento de la ley por medio de la fuerza. Por cierto, el Estado se reservaba, entre otras muchas cosas igualmente importantes, las competencias de la sanidad y de la educación superior en todo el territorio nacional. En la Constitución de la II República, se decía con tanta claridad como la de su artículo 17 donde ni siquiera se admitía la diferencia de trato con los demás españoles en las regiones autónomas. Ni siquiera en lengua ni en educación.

La pregunta hay que hacerla al PP –porque el ministro Margallo ha sembrado de dudas a su electorado– y directa y especialmente al PSOE, al de Pedro Sánchez y al de Susana Díaz, si es que hay dos almas en su deriva hacia nadie sabe qué parte. Uno, él, habla abiertamente de federalismo (ya en sí mismo una desfiguración histórica) pero nadie sabe de qué tipo y la otra se ciñe a una unidad de España que no concreta ni perfila ni define. Esto es, ¿estamos hablando de un federalismo asimétrico, con privilegios fiscales y económicos, con competencias sólo admisibles por un Estado nacional y con diferencias de trato respecto a los demás ciudadanos españoles, ciudadanos de segunda? Esto es lo que querían los socialistas catalanes en tiempos de Maragall y propició irresponsable y especialmente el ex presidente Zapatero.

¿Esto es lo que defiende de verdad Pedro Sánchez a pesar de su insistencia en envolverse en la bandera de España en actos públicos? ¿Susana Díaz está de acuerdo con ello sabiendo que ello significaría la traición más grave al resto de España, comprendida su tierra andaluza, perpetrada jamás por un partido político que tiene la E de España en sus siglas? El resto de España, al que pertenezco desde Andalucía, tiene derecho a saber con claridad y exactitud qué es lo que se va a hacer después del día 20 de diciembre de 2015. ¿Una España asimétrica con ciudadanos desiguales en derechos y deberes según dónde vivan o una nación de iguales con diferencias naturales pero no con privilegios ni conculcación de derechos ni deberes?

Esto ha llegado ya demasiado lejos. Esta Nación, toda ella, tiene derecho a saber a qué atenerse de una vez para siempre. El PP, que también se ha aliado con el nacionalismo y consentido sus desmanes, pero muy especialmente el PSOE, que nos tiene acostumbrados a pactar lo que sea y con quien sea con tal de gobernar (qué vergúenza de Montilla, ese felón andaluz), tienen que decir de una vez qué pasará con ese resto de España que lleva sufriendo atónito la deslealtad de sus gobernantes y la humillación de la tiranía de unas minorías. El cuento de nunca acabar de las concesiones al separatismo y sus chantajes se tiene que acabar de una puñetera vez.

Rajoy no doy una
Luis Herrero Libertad Digital 5 Octubre 2015

La tendencia de Rajoy a balancearse en la hamaca del dolce far niente no es sólo una manifestación característica de su manera de ser. También es una consecuencia lógica de su experiencia política. Sus dos grandes logros biográficos -primero conseguir que Aznar lo designara candidato a la presidencia del Gobierno y luego merecer el respaldo del electorado- se basaron en la táctica de quedarse quieto. No hacer nada minimiza el riesgo de equivocarse. Él no ganó el favor del dedo divino, lo perdió Rato. Él no desató el entusiasmo de los votantes, se benefició del desencanto de los socialistas. Su gran mérito fue saber esperar a que se equivocaran sus adversarios. Sin prisa. Perdió las elecciones de 2004 y de 2008 pero hizo bueno el refrán de que a la tercera va la vencida. Ahora juega a algo parecido. No importa el batacazo de las europeas, ni el de las andaluzas, ni el de las municipales, ni el de las catalanas. El nuevo refrán es que no hay quinto malo.

Le he pedido a Google que me refresque la memoria. A finales de mayo de 2014, hace sólo diecisiete meses, Rajoy despachó el susto electoral de las elecciones europeas diciendo que la mayoría de los votantes infieles se habían ido a la abstención, no a otras opciones políticas, y que tomaría las decisiones que tuviera que tomar (sic) para devolverles las ganas de votar al PP. Prometió un esfuerzo de pedagogía y de comunicación. "Los resultados -dijo- no son extrapolables a unas elecciones generales".

Diez meses después, en marzo de 2015, se produjo el hundimiento en Andalucía. Volvió a salir Rajoy a la palestra para pedir calma a los suyos. A pesar de la pérdida de votos y escaños, su tesis fue que el resultado electoral representaba una ligera mejoría respecto al que se obtuvo en las europeas. Insinuó que las cosas, aunque lentas, iban por el buen camino. El plan de acción puesto en marcha diez meses antes empezaba a dar sus frutos. "Los resultados -concluyó- no son en absoluto extrapolables a unas elecciones generales".

En mayo, dos meses más tarde, sobrevino la debacle electoral de las elecciones municipales. Rajoy le echó la culpa del fiasco a la falta de recursos económicos de los gobiernos autonómicos, a la crisis económica y a la corrupción. Se permitió el exceso de calificar los resultados como "malos" pero se hizo fuerte a continuación en la idea de que el PP había sido la primera fuerza de España en porcentaje de votos, número de concejales y mayorías absolutas y relativas. No hacía falta cambiar nada. Ni en el Gobierno ni en el partido. Y, por supuesto, volvió a repetir lo de siempre: "estos resultados no son extrapolables a unas elecciones generales". Era la tercera vez que repetía la misma cantinela y los suyos empezaban a menearse debajo de sus trajes movidos por una inquietud cada vez menos disimulable. Nadie aplaudió su discurso en el comité ejecutivo, algunos barones le invitaron a que se mirara ante el espejo y la presión ambiental le obligó a cambiar en veinticuatro horas la partitura del "no haré cambios" por la de los retoques de chapa y pintura. Incluyó en la dirección a tres jóvenes vicesecretarios, le dio las llaves del baúl a Jorge Moragas y se encaminó a su cuarto tortazo electoral consecutivo.

De las elecciones catalanas sale el PP doblemente trasquilado. Los resultados no son malos, son pésimos. Pero aún hay algo peor: el partido ya no lo lamenta. Públicamente, no. Ni hay discursos autocríticos en el comité ejecutivo, ni ominosos silencios tras las deposiciones justificativas de Rajoy ni invocaciones a la imagen que devuelva el espejo de la conciencia. Es tal el terror de los dirigentes a quedarse fuera de las listas electorales por torcer el gesto a destiempo que sólo se ven caras de circunstancias asintiendo con timidez al análisis mostrenco del líder máximo. Los sollozos fluyen en el circuito cerrado de las conversaciones privadas. A micrófono abierto sólo se oye el rumor sibilante de la adhesión inquebrantable. Rajoy, satisfecho por la mansedumbre de su rebaño, ha vuelto a repetir que los resultados no son extrapolables a las elecciones generales. Y, para justificarlo, se ha sacado de la manga la teoría del voto útil y el voto volátil. Lo útil encaja con el PP. Lo volátil, con Ciudadanos.

Hay cuatro adjetivos asociados a la definición de volátil: mudable, inconstante, inestable y oscilante. Salvo el primero (mudar significa cambiar), ninguno sirve para describir la evolución del voto del partido de Albert Rivera. Oscilar significa crecer y disminuir alternativamente. No es el caso. Su trayectoria desde las europeas de 2014 ha ido en constante ascenso, sin emitir señales de caída o desaparición. Supongo que lo que ha querido decir el presidente del Gobierno con lo del voto volátil es que Ciudadanos es un partido efímero, llamado a desaparecer del tablero político tras un corto periodo de protagonismo, como ya le sucedió antes al CDS o UPyD. No sé si será verdad. Pero, en todo caso, no es relevante. Lo que debería preocuparle a Rajoy no es el tiempo que vaya a durar Ciudadanos en la vida pública, sino el perjuicio que puede provocarle al PP mientras no desaparezca de ella.

Hasta ahora, casi todas las encuestas han puesto de manifiesto que el PP sólo sube cuando Ciudadanos baja. Ocurre lo mismo en el otro estanque de la política, donde recalan los votos de la izquierda. Los partidos están conectados entre sí por una toma de corriente alterna: cuanto más se hunde Podemos, más repunta PSOE. Y viceversa. Saquemos entonces las conclusiones adecuadas. Lo que ha puesto de manifiesto la votación en Cataluña, más allá de pejigueras extrapolables, es que los partidos que cotizan a la baja son el PP en el ámbito de la derecha y Podemos en el de la izquierda. No hace falta saber mucho más para tener la certeza de que la volatilidad que Rajoy avizora en el porcentaje de voto de Ciudadanos no contribuirá a facilitarle las cosas, el 20 de diciembre, al partido del Gobierno.

Por lo demás, el voto siempre es útil. La expresión "voto útil" es una perversión conceptual que no invita a votar a favor de un partido, sino en contra de otro. Cuando Rajoy habla del voto útil está reconociendo implícitamente dos cosas: que el PP no ha hecho méritos suficientes para merecer el apoyo de sus votantes y que existe el peligro de que gane el PSOE. Ante ese riesgo solicita un ejercicio de sumiso pragmatismo a todos aquellos que vean en la victoria de la izquierda un peligro indeseable. El mensaje a esas personas es el siguiente: tápense la nariz si así lo desean pero depositen su papeleta en las urnas de mi partido porque, de otro modo, serán cómplices de que Pedro Sánchez se instale en La Moncloa, probablemente con el apoyo de Podemos. Su mensaje de estos días va en esa dirección.

Pero yo creo que Rajoy se equivoca. Durante la época de las mayorías amplias o absolutas que hemos vivido hasta ahora, la apelación al voto útil ha resultado en ocasiones razonablemente eficaz porque el riesgo para la derecha era que gobernara el PSOE y el riesgo para la izquierda era que lo hiciera el PP. Era blanco o negro. Los electores han ponderado muchas veces el sentido de su voto en función de esa disyuntiva maniquea. Que se lo pregunten, si no, a los electores de Izquierda Unida. Pero ahora las cosas son distintas. El riesgo no radica en qué partido puede gobernar, sino en quién le apoyará para que lo haga. Se da por hecho que ninguno tendrá fuerza suficiente para conseguir el poder sin la ayuda de un tercero. Por lo tanto, la teoría del voto útil se traslada ahora a una lucubración de segundo grado: ¿quién condicionará la acción del nuevo Gobierno, Ciudadanos o Podemos? Lo de menos es que el socio mayoritario del acuerdo de investidura sean PP o PSOE. A ambos se le reconocen dosis suficientes de sentido común para gobernar con la mínima sensatez necesaria. Pero si el peaje que debe pagar Pedro Sánchez para convertirse en presidente del Gobierno es el apareamiento político con Pablo Iglesias, la presunción de sensatez se convierte enseguida en barrunto de radicalismo. La única manera de evitarlo pasa por darle a Ciudadanos la mayor ración posible de influencia postelectoral. Rivera, llegado el caso, moderará la veleidad izquierdista de unos o equilibrará la derrota derechista de otros. ¿Hay voto más útil que ese?

Jugárselo todo a la carta de fortalecer al PP, sabiendo que eso debilita a Ciudadanos, supone correr el riesgo de trasladar al Gobierno de España el modelo de la Comunidad Valenciana, donde ya suenan tambores de nacionalismo separador y contubernio populista. Los electores lo saben. Rajoy no se da cuenta. Por eso lleva cinco elecciones sin dar ni una.

De toros, comunistas, putas y limpiabotas
Santiago Navajas Libertad Digital 5 Octubre 2015

Del mismo modo que la prohibición de la Fiesta Nacional en Cataluña no tenía nada ver con el aducido "maltrato animal" sino con lo que significa nacional en relación a las corridas, la retirada de la subvención a la Escuela Taurina de Madrid Marcial Lalanda por parte del gobierno de extrema izquierda de Manuela Carmena no es un ataque a la tauromaquia sino que forma parte la estrategia de tierra quemada contra los adversarios políticos de la derecha.

Si, como decía el adalid filosófico del PSOE en los 80, José Luis Aranguren, lo importante es el talante, analicemos la disposición moral de aquellos que desde el nacionalismo y la izquierda pretenden cercar con un cordón sanitario a todos los que no comulguen con sus dogmas. En su carta-bomba periodística a Félix de Azúa, el editor Manel Martos, además de comparar al nuevo académico de la Lengua con un perro, termina haciéndose un lío y compara a los catalanistas con los comunistas de Enver Hoxha, el sanguinario dictador estalinista-maoísta (sic) que impuso un totalitarismo en Albania. Queda por aclarar si el papel de Hoxha en una Cataluña independentista sería más bien para Junqueras o para Romeva, porque el destino del burgués Artur Mas está más claro: un paseo hasta Suiza.

Lo que enlaza el nacionalismo catalán con la izquierda española es su querencia prohibicionista. Si Manel Martos quisiera que Azúa no volviese a pisar tierra catalana, Manuela Carmena pretende asfixiar económicamente a los seguidores de la tauromaquia. Eliminar subvenciones es liberal, pero hacerlo de una forma sesgada, arbitraria e ideológica no sólo es antiliberal sino antidemocrático. Carmena y su equipo de extrema izquierda han adoptado el punto de vista de aquella ministra de Zapatero que creía que el dinero público no es de nadie. De donde se sigue, según su lógica torticera, que pueden hacer con el mismo lo que quieran, siguiendo el criterio del nepotismo y el sectarismo.

Dicha animadversión hacia todo aquello que se sale de sus estrechos puntos de vista (in)morales, los catalanistas y la izquierda dominante extraen como consecuencia (i)lógica que hay que acabar con aquello que ofende su susceptibilidad moral, a medio camino entre Torquemada y la Señorita Rottenmeier. Con el talante del inquisidor español y la dominante institutriz alemana, la feminista Lidia Falcon le cantó las cuarenta a la mismísima Amnistía Internacional cuando la asociación que más lucha en defensa de los derechos humanos por todo el mundo apoyó la legalización de la prostitución, como una defensa de la libertad individual para realizar el proyecto vital que uno estime más oportuno, así como la manera más eficiente de luchar contra el tráfico de personas. En el argumentario de Falcon destaca un término: decente. Siempre que alguien pretende restringir los derechos y la libertad lo hacen en nombre de la dignidad o de lo decente. La misma decencia que les lleva a escribir el término libertad entre comillas. Para la izquierda, tanto la realidad como la libertad, además de la verdad, son entidades sospechosas que hay que escribir siempre entre comillas.

La guinda del pastel liberticida la ha puesto este fin de semana Juan José Millás en el suplemento de El País cuando se pregunta si deben prohibirse… ¡los limpiabotas! En América, América contaba Elia Kazan la historia de un joven turco que prefería emigrar a los Estados Unidos que quedarse en su país. La última secuencia de la película nos muestra a su joven protagonista entusiasmado ganando unos dólares trabajando precisamente de limpiabotas. ¿Cómo preferiría ganarse la vida, estimado lector, limpiando zapatos o emborronando cuartillas como Juan José Millás? A través de su digno (sin comillas) trabajo, un limpiabotas está mucho más cerca del espíritu de la Real Academia de la Lengua –"limpia, fija, da esplendor"– de lo que nunca podrá estar Millás con su prosa meliflua con la que agita un cascabel de condescendencia, paternalismo y prohibicionismo. Incluso ve el escritor valenciano un rastro de "perversión sexual" en que te limpien los zapatos, algo que compara con el aseo de las partes íntimas. En El marido de la peluquera contemplábamos a Jean Rochefort excitarse ante el espectáculo de su señora cortándole el pelo a los clientes. Quizás a Millás nos lo podemos encontrar en cualquier tintorería o lavadero de coches poniéndose cachondo viendo limpiar en seco pantalones o, en mojado, un Volkswagen.

cineypolitica.blogspot.com.es

Félix de Azúa, embestido
Vicente Torres  Periodista Digital 5 Octubre 2015

Ha ocurrido en uno de esos medios catalanistas. Fui a leerlo, pero no entendí nada. Alguien tuvo la amabilidad de hacerme una traducción resumida, de modo que se le acusa de atacar a Cataluña, de odiar a los catalanes y, en fin, de autoodio.

Esto último es una constante. A todo aquel que no se traga las bolas de los catalufos se le diagnostica que padece autoodio. Pero ocurre que ese diagnóstico no preocupa a nadie. Lo que diga un loco no se puede tomar en consideración.

La cuestión no es como la describe el catalufo embestidor. Supongamos que se declara la peste en Cataluña, ¿qué haría él, se quedaría o saldría pitando? Eso es lo que ha hecho Félix de Azúa. Ha visto la peste y, como puede, se ha marchado a otro lugar en el que se respiran aires de libertad.

A los infectados por el nacionalismo, que es la peste de nuestros días, la falta de libertad no les molesta. Y tampoco les avergüenza que otros se sientan constreñidos por el nacionalismo, sino que les parece muy bien que se les presione con el fin de torcer sus voluntades y comulguen con ruedas de molino.

Es fácil entender a los nacionalistas. Quisieran que todo el mundo marcara el paso de la oca, y hay que reconocer que resulta estético. Eso de que cada uno camine como quiera y en la dirección que le parezca es otra cosa. Pero es que para poder andar de esa manera hay que tragarse previamente todas las falsedades históricas con que los catalufos construyen su país. No hay ninguna verdad, pero ellos tienen como ciertos todos los mitos sobre los que están edificando su insólito proyecto. Todo esto se ha de caer con estrépito. Quien de verdad quiera a los catalanes debería avisarles.

Dejando aparte que no todo el mundo está preparado para digerir las bolas. A mí, por ejemplo, me sientan muy mal.

La comuna que viene
Vicente Baquero  www.gaceta.es 5 Octubre 2015

La gran amenaza que se cierne sobre la clase media española es de carácter fiscal, IBIs, plusvalías municipales y estatales, y encierra una trampa mortal para su libertad y bienestar, precisamente cuando más se necesitaría disponer de recursos para aliviar su jubilación. No quisiera llegar a la conclusión de que es un recurso puesto en marcha por los gobiernos para poder sostener este estado elefantiásico al quedarse sin capacidad recaudatoria en otros frentes.

Es una realidad que solo se manifiesta de forma escandalosa cuando alguien decide enajenar su propiedad, vivienda habitual normalmente, y decide acoplar su forma de vida a una situación más acorde con su jubilación, es decir algo tan inocente como vender una casa al cabo de más de veinte años o más, para adquirir otra más pequeña y disponer de más renta para vivir en el día a día.

Al tratarse de una situación que se produce sucesivamente entre la población y no de manera colectiva y repentina no levanta más escándalo que aquel que individualmente sufre cada afectado en concreto, pasando desapercibido para la mayoría de la población, personas que se encuentran sin saberlo en la misma situación a la espera de la guillotina fiscal. De producirse a la vez se montaría tal escándalo que sería inaplicable por lo que tiene de atentado contra el derecho de propiedad individual.

Veamos cómo funciona el invento, dos supuestos:
- Primero, en el caso del IBI (lo sé por experiencia propia en un municipio de Madrid, Las Rozas concretamente) un impuesto que a bombo y platillo aseguraron como propaganda, en este caso el PP, que iban a bajarlo… pues es absolutamente mentira, es cierto que han reducido el valor catastral y han mantenido la cuota, pero como han subido la base liquidable, de hecho el impuesto se queda como estaba ¿Por qué nadie ha denunciado esta falta de seriedad? ¡Cómo se puede sinceramente pedir honradez y rectitud fiscal a los ciudadanos cuando la propia administración en su versión municipal viola la realidad y hace trampas con la baraja? Imagino que será igual en todos aquellos municipios en que se puedan salir con la suya. Para mayor gravedad, los actuales niveles, siguen anclados en unas valoraciones catastrales exageradas (el valor catastral no puede ni debe basarse en valores reales de mercado) además dichos impuestos – que no tasas - no son deducibles fiscalmente en la declaración de la renta, cuando de hecho las administraciones territoriales, (no aplicable lógicamente a las tasas por servicios) son parte del estado de las autonomías, por tanto un IBI muy alto es un impuesto que de hecho habría que sumar al IRPF con lo que la resultante presión fiscal es considerablemente más alta sobre el ciudadano que es quien en última instancia paga ambos.

Es comprensible esta voracidad fiscal aunque no justificable ni moral ni materialmente, dado el gigantesco nivel de gastos y servicios asumidos por los ayuntamientos a raíz del boom inmobiliario. Aquella situación era de tal naturaleza en que llenaban sus arcas a base de recalificaciones de terrenos, pero hoy, esa fuente de ingresos se ha agotado, y para compensar están imponiendo una fiscalidad sofocante por no reducir sus tamaños y funciones mediante fusiones o lo que sea para aliviar a los ciudadanos.

- El segundo punto, y más grave aún, es la “plusvalía municipal” que unida a una fiscalidad estatal, que desde hace unos años no considera realmente en todo su peso el abatimiento de coeficiente por inflación, alcanzan entre ambas dimensiones confiscatorias con relación a los actuales precios de mercado reales. En una palabra, simplificando, si no se considera la inflación en una propiedad de más de 20 años, al final resulta que se acaba pagando alrededor del 30% del precio real de la operación de venta, y a eso hay que añadir los gastos de notaria y registro.

La numerosa generación del llamado “baby boom”, que ha constituido la base laboral de los últimos cincuenta años, y que constituye la gran mayoría de la clase media española, que está a punto de jubilarse y que cuenta con el ahorro de toda una vida, fundamentalmente invertido en inmuebles, sus propias residencias ( en España existe poco ahorro al margen de este, ya que los instrumentos de renta fija tiene unas rentabilidades tan bajas que no son ponderables y la bolsa sigue siendo patrimonio de minorías) está a punto de ser seriamente confiscada en el núcleo de sus ahorros . ¿Será porque a este estado elefantiásico no le quedan más pozos que vaciar que la inmobiliaria?

Es fácil ver que cuando los intereses están por los suelos el estado paga menos por su deuda, pero también es cierto que los ciudadanos reciben menos por sus depósitos y rentas del capital, por consiguiente el estado fiscalmente se queda a cuadro, por otra parte a las nóminas ya no se les puede estrujar más ¿Qué queda para no tener que recortar gasto público? LA INMOBILIARIA, EL AHORRO DE TODA UNA GENERACIÓN. ¿Maquiavélico? Quizá, pero no tanto como decir que hay que llenar a Europa de emigrantes para poder cobrar las pensiones, como si los que entran no generaran gastos a medio y largo plazo además de otro sin fin de problemas. Los únicos beneficiados los grandes consorcios que seguirían disponiendo de mano de obra barata.

En realidad nos olvidamos de que uno de los bienes más preciados y que han costado sangre a lo largo de los siglos es la libertad, y que nadie se engañe, sin independencia económica individual no hay libertad posible. Si lo que se pretende es dominar, controlar o manipular en función de unas ideologías o intereses, qué más dan monarquías como la de Luis XIV o la de Stalin, oligarquías como las chinas o americanas, democracias formales o partidocracias, lo importante es que el individuo no tenga libertad económica para que pueda decidir qué hacer con su vida. Este estado en que nos estamos metiendo se acaba convirtiendo en tan necesario para la simple supervivencia, que los individuos se plegarán ciegamente a su voluntad por miedo o interés para poder sobrevivir. No es nada nuevo, los antiguos países del este “socialismos reales” eran tal cual. Europa para bien o para mal se está socializando en ese sentido y si nadie lo remedia ¡bienvenidos a la comuna! ¿Exagerado? Esperad un tiempo lo veréis cuando ya sea demasiado tarde.

El escritor peruano asegura que ese movimiento pone en peligro la construcción de Europa
Mario Vargas Llosa le pone los puntos sobre las íes a los separatistas: "El nacionalismo catalán se yergue sobre mentiras y falsificaciones"
Redacción.  Periodista Digital 5 Octubre 2015

El nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ha advertido en Charleston (Carolina del Sur, EEUU) que el nacionalismo catalán es una "ficción maligna" creada "enteramente" a partir de "mentiras y falsedades".

En un durísimo alegato, Vargas Llosa (Arequipa, 1936) ha observado en el nacionalismo catalán un "gran peligro" para la construcción de Europa, una pulsión, la nacionalista por extensión, que tildó de "profundamente irracional" producto del "tribalismo".

El escritor peruano nacionalizado español hizo estos comentarios con motivo de la asamblea general de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se celebra hasta el próximo martes en dicha ciudad sureña estadounidense.

"MENTIRAS Y FALSIFICACIONES"
En la conversación que mantuvo en una sesión con el periodista argentino Andrés Oppenheimer, el escritor de 79 años sostuvo que el nacionalismo catalán se yergue sobre "mentiras y falsificaciones del pasado y de la realidad presente".

Y fue tajante al sostener que las pasadas elecciones catalanas del 27 de septiembre fueron "plebiscitarias y las perdieron los nacionalistas": "Hay una mayoría de catalanes, un 53%, que claramente no ha votado por la independencia", aseveró.

Parece mentira que Europa, tras sufrir los efectos devastadores de dos guerras mundiales "causadas por el nacionalismo", "albergue en su seno disparates como el nacionalismo catalán", sentenció el también premio Cervantes de 1994.

Porque esta "pulsión peligrosísima", insistió el escritor, pone en riesgo la edificación de la "única utopía política pragmática realizable", esto es, la "construcción de Europa".

Sin embargo, resulta muy preocupante, prosiguió, que un 48 % de los catalanes apoyen el independentismo, lo que confirma que la "cultura no es defensa contra ciertas pulsiones irracionales profundas" que nacen de la "desconfianza hacia el otro" y del error de creer que la "tribu es el refugio contra el infortunio".

Son precisamente los esfuerzos de construcción de Europa lo que, paradójicamente, han propiciado el "brote de fuerzas de resistencia que ven con desconfianza la idea de la integración europea, de una sociedad integrada", precisó.

En la entrevista "La democracia y la libertad de expresión", el intelectual peruano disección algunos de los principales problemas y amenazas que acechan a las democracias y las sociedades abiertas.

Durante cinco días, la SIP abordará los principales desafíos en el sector de la comunicación en Latinoamérica, especialmente la libertad de expresión, la violencia contra periodistas (11 muertos en el último semestre), la alta concentración de medios en manos de algunos Gobiernos o el auge de la prensa digital y las nuevas tecnologías.

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Rajoy no puede seguir al frente del Gobierno

R. Centeno / A. García Trevijano El Confidencial 5 Octubre 2015

Un presidente del Gobierno que permite el incumplimiento sistemático de la ley y de la Constitución, la discriminación y la persecución de los españoles no separatistas por un puñado de sediciosos, no puede ocupar ese cargo ni un minuto más. La pasividad y la cobardía de Mariano Rajoy y del PP resultan pasmosas, tanto que han llevado a que cualquier grupo de matones racistas como la CUP, Mas y sus secuaces de Junts Pel Sí o Amaiur estén convencidos de que pueden cometer cualquier desmán porque nadie se lo va a impedir, mientras los ciudadanos honrados están indefensos. Además, Rajoy ha financiado con ríos de dinero público a los sediciosos y ha permitido la utilización de edificios y recursos públicos para la preparación de un golpe de Estado, convirtiéndose en colaborador necesario de unas autoridades imputables de un delito de sedición.

Esto es algo tan elemental y tan obvio, que resulta asombroso que la totalidad de medios no estén pidiendo unánimemente la cabeza del presidente del Gobierno, que la Fiscalía o los particulares no hayan formulado ni una simple querella contra Rajoy. Esto solo ha sido posible tanto porque la Fiscalía es un órgano dependiente del Gobierno como porque aun existiendo ciudadanos valerosos y competentes que estarían dispuestos a querellarse contra el presidente del Gobierno saben que el Tribunal Supremo actual jamás admitirá una querella contra Rajoy, puesto que son criaturas del Estado de partidos. Pero antes o después, Rajoy y los responsables directos deberán ser procesados y condenados, por haber abandonado sus funciones respecto al deber de perseguir los delitos (art. 408 del Código Penal).

Pero además es que Rajoy pasa de la depresión a la euforia, de parecer un zombi con la mente bloqueada en cuestiones elementales a la agresividad y a la negación de lo evidente. Es incapaz de razonar (Onda Cero), incapaz de dar un mitin (en Barcelona con Sarkozy, que se apresuró a llamar espantado a su amigo Aznar), de dar la cara como presidente del Gobierno el 27-S ante la euforia de los sediciosos y, ya el colmo, de cumplir sus obligaciones más urgentes como ir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Pero se lanza eufórico e insultante en Antena 3 sin reconocer error alguno, ni la corrupción, ni los desplomes electorales, ni su claudicación ante los sediciosos. Rajoy presenta toda la apariencia de sufrir un trastorno bipolar, algo que incapacita para ejercer cualquier tipo de responsabilidad; y no digamos la presidencia de un Gobierno.

La unidad de España no se negocia, se defiende
Resulta asombrosa la perversión moral e intelectual a la que han llegado muchos españoles, aceptando como verdadero lo falso o como realizable lo irrealizable. Y es que gracias al continuo martilleo de unos medios cuya ignorancia o contumacia parecen no tener medida ni fin, la desinformación de los ciudadanos ha llegado al punto de que la mayoría no tengan ni idea de lo que se está hablando, o que por ejemplo, ante el silencio cómplice del Gobierno, crean cierta la patraña del “derecho a decidir”, cuando tal derecho no existe. En una democracia no cabe decidir sobre lo indecidible porque no entra en el terreno de sus competencias, y la nación es un hecho indecidible porque no está creado por la voluntad individual ni colectiva, es un hecho histórico.

No existe ni un solo antecedente en la historia de los acontecimientos mundiales o de las ideas políticas que justifique el derecho de autodeterminación dentro de un Estado histórico como el español, que encontró su unidad nacional antes de la Revolución francesa, como expresamente escribió Carlos Marx. Uno puede entender que los sediciosos sean impermeables a la razón, tanto que la mendacidad y la estupidez de sus argumentos es bochornosa, como se vio con la entrevista de Romeva en la BBC, con un periodista que sabía de qué hablaba y que dejó a este descerebrado en el más absoluto de los ridículos, pero nunca la ignorancia culpable de un Gobierno. Y si hay dos millones de ciudadanos entre 46 millones que quieren romper España, son muy libres de querer la luna, pero solo un loco o un traidor permitiría, ni siquiera tácitamente como hace Rajoy, tan colosal dislate totalitario y antidemocrático, además de profundamente racista.

Más aún, es que Cataluña jamás ha sido una nación ni material ni formalmente. Primero fue un condado del Reino Franco, después perteneció a la Corona de Aragón y finalmente se integró en la unidad nacional española. ¿De qué independencia hablan estos sediciosos? Pero si en un plano teórico alguien defendiera el derecho a decidir como si existiera, carece de toda explicación racional o sentimental el hecho de que no se reconozca ese derecho a todas y cada una de las circunscripciones electorales de Cataluña. ¿O acaso no existiría el derecho a decidir en aquellas circunscripciones catalanas aplastantemente contrarias a la independencia como Hospitalet, la segunda ciudad de Cataluña?

Si la desinformación de los españoles causa asombro universal, en cambio la vileza de Rajoy y su Gobierno parece a numerosos ciudadanos un hecho normal. ¿Cómo es posible que el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado, tenga la osadía de afirmar que “vamos a seguir garantizando la legalidad y vamos a seguir defendiendo la unidad de España”? ¿Acaso se defiende la legalidad cuando el líder de los totalitarios de la CUP, Antonio Baños, afirma públicamente que no piensan cumplir la ley ni la Constitución, y el fiscal General del Estado no ordena la detención inmediata de este verdadero promotor de la sedición (art. 548 del Código Penal)? ¿Acaso se defiende la unidad de España consintiendo mediante el silencio culpable los continuos llamamientos a la sedición por todas las autoridades catalanas?

Que el diputado de una organización legalizada y con presencia en el Parlamento se mofe de todos los diputados rompiendo con total impunidad lo que para ellos es la Ley de Leyes. ¿Qué hubiera ocurrido si en EEUU un diputado sube a la tribuna y rompe el texto de su venerada Constitución? La inhabilitación de ese negador de la norma en virtud de la cual está sentado, en la Cámara o en el Senado, sería fulminante, por parte no solo de las instituciones sino también de todos los medios de comunicación. Habría pasado a la condición de proscrito. En España esto no sucede porque la clase política y mediática no creen en la Constitución y nadie considera que sea fundadora ni garante de democracia alguna. ¡Una debilidad clamorosa inimaginable en cualquier tipo de Estado consolidado!

Rajoy, dispuesto a negociar lo innegociable
Cuando Rajoy dice literalmente que “no se ha votado la ruptura”, está aceptando que si en unas elecciones al Parlamento autonómico una mayoría de votantes hubiera votado a los partidos separatistas, en ese caso la secesión de Cataluña sería legítima y legal. ¿Cómo esta frase puede salir de la boca de un presidente del Gobierno de España? Esto debería bastar para provocar un movimiento ciudadano exigiendo su dimisión inmediata. El problema no son los separatistas, el problema es que enfrente, parafraseando a Montesquieu, “no tienen ningún otro poder que los frene o los detenga". Pero dos millones de totalitarios y racistas sin fuerza real alguna para alterar el equilibrio de las relaciones de poder jamás podrán imponer su voluntad a 44 millones, aunque un jefe de Gobierno cobarde les tolere lo intolerable.

Si Albert Rivera, comprometido contra la corrupción, con la recuperación de parte de las competencias autonómicas por el Estado y sin complejos en la defensa de la unidad de España, desea limpiar totalmente la vida pública española, le bastaría con proponer la simple reforma de la ley electoral para acabar con la partidocracia, que es el fundamento más profundo de la corrupción tanto institucional como personal. Y la reforma consistiría en derogar un solo artículo de la Constitución, suprimiendo el criterio proporcional y sustituyéndolo por el sistema mayoritario con la elección de un solo diputado por distrito. Sánchez y Rajoy también quieren reformar la Constitución pero solo para "buscar un encaje de Cataluña", o sea un nuevo robo, solo que doble o triple al del País Vasco y Navarra, que pagan 9.000 millones al año menos de lo que les tocaría en el régimen fiscal común.

Sería una imprudencia acometer a la vez esta reforma de la ley electoral y la introducción por primera vez en España de la separación de poderes del Estado, pues todos los medios controlados por la oligarquía monopolista y financiera y todos los demás partidos se opondrían. En cambio, si se contenta con eliminar la partitocracia, ese solo cambio llevará en un corto plazo de tiempo a la separación del poder legislativo y del poder ejecutivo. El poder judicial no es un verdadero poder, como ya lo advirtió el propio Montesquieu; al poder judicial le basta con obtener su propia independencia sin pretender llegar a ser otro poder junto a los otros dos. Si Rivera se compromete con eso, no solo podrá ser el próximo presidente sino que cambiará la historia de España.

Los 'cuentos' y 'cuentas' de un Rajoy a la deriva
S. MCCOY El Confidencial 5 Octubre 2015

Agradecí mucho que Joan Llorach me remitiera personalmente el breve ensayo que ha escrito al alimón con Josep Borrell, ‘Las cuentas y cuentos de la independencia’. Me lo puse en la lista de pendientes, si bien lo abordé tarde, una vez pasado el 27-S. Algo que, por cierto, lamento sobremanera, toda vez que se trata de un documento preciso y contundente que desmonta racionalmente los argumentos económicos de quien pretende instaurarse como nuevo régimen en Catalunya. Pese a sus esfuerzos, los autores reconocen que la cuestión ha llegado a un punto en que sobran los motivos y priman las motivaciones, los sentimientos. Y contra eso, hay poco que hacer. Su lectura, sobra decirlo, es imprescindible, cualquiera que sea la trinchera desde la que el lector se aproxime a sus páginas.

Pues bien, no he podido evitar pensar que Mariano Rajoy se encuentra en la tesitura contraria. Se ha armado sobradamente de razones a lo largo de la legislatura para justificar su condición de ‘salvador de la patria’, que es precisamente el título que pretenden arrogarse los independentistas: no ha habido rescate, España crece por encima de la media europea, el empleo se mira de otra manera y la confianza en las posibilidades de España como nación se han multiplicado exponencialmente en los últimos años. Faltan reformas, por insuficiencia o inexistencia, cierto es. Está por ver qué sucederá cuando euro, crudo y precio del dinero vuelvan a la normalidad, no cabe duda. Todo está parlamentaria y territorialmente empantanado, una pena. Pero aun así, este Carpathia avejentado y sieso, esta vez sí, ha evitado el hundimiento del 'Titanic'. No se puede negar la evidencia de los datos.

De hecho, el PP venía remontando con fuerza en intención de voto antes de las elecciones catalanas. Incluso el primer ejecutivo de una de las mayores entidades financieras de nuestro país comentaba la semana pasada a un círculo reducido de confidentes que, en contra de lo que se había afirmado desde numerosos foros, la declaración institucional al alimón con sus colegas advirtiendo de los riesgos de una segregación no solo no había reforzado sino que había enfriado los ánimos independentistas. Una afirmación que hacía con base en datos demoscópicos ciertos derivados de una de las empresas que más y mejor habían monitorizado la campaña catalana. Solo faltaba, por tanto, no cargarla, dejarse llevar, confiar en esa suerte de voto del miedo y, de alguna manera, en que la operación Unió cumpliera con su papel drenando posibilidades a Rivera y a Junts Pel Sí.

Y en esas llegó Alsina.
E hizo la previsible pregunta sobre la nacionalidad.
Y Rajoy ni siquiera perdió los papeles, porque no había preparado la cuestión.
Y la cagó.

Y entró entonces el ámbito emocional de una manera drástica, salvaje, radical hasta el punto de devorar hasta los huesos cualquier otro tipo de argumentación. Fue entonces cuando la progresión del Partido Popular se frenó en seco y cuando Ciudadanos se reveló -aunque no fuera cierto, que no lo era- como la única formación que hablaba claro, que tenía la lección aprendida, que no presentaba doblez. El votante percibió que las cuentas del inquilino de La Moncloa están bien pero que le faltan cuentos, empatía, capacidad de conectar. Y le abandonó. Porque en el mundo actual de la comunicación, de la imagen, del mensaje, el gallego no da la talla, se ha quedado atrás y sigue en un mundo que al común de los mortales ya no interesa. Al abandonar el plano sentimental, ha condenado el profesional. Puede que sea triste, pero es así.

Los resultados del 27-S son demoledores para el PP. Antes de los comicios catalanes, la posibilidad de alcanzar una mayoría necesaria para gobernar era difícil pero factible. La apelación al voto útil dotaba de un envoltorio ‘espiritual’ la realidad factual. Después de la debacle, es difícil mantener esa premisa. Ciudadanos sale reforzado como alternativa al mismo tiempo que Pedro Sánchez salva los muebles y se consolida como la izquierda susceptible de gobernar. Todo por una pregunta pertinente y una respuesta inadecuada en la forma e intolerable en el fondo, impropia de quien no puede dudar en ningún caso de la circunstancia de ser español y que ahora se encuentra a la deriva, a merced de los elementos. Porque el cambio improbable que le permita retomar las riendas, desgraciadamente para sus intereses, no llegará.

Va en el carácter.
Buena semana a todos.

Por qué no hay que ceder con los separatistas
José García Domínguez Libertad Digital 5 Octubre 2015

A los separatistas catalanes les ocurre como al Cid: también ganan las batallas después de muertos. Apenas cinco minutos más tarde de haber salido escaldados de su famoso plebiscito, han vuelto a triunfar en lo que mejor han sabido hacer siempre: la venta de humo al por mayor. Cautivos de la alegre muchachada perroflauta y con el culo soberanista al aire tras haberse constatado minoritaria la querencia por la secesión entre el censo local, han logrado, no obstante, imponer de nuevo su marco mental a las élites madrileñas. He ahí, desde Pedro Sánchez y el incontinente Margallo hasta la última plañidera de la progresía biempensante mesetaria, ese coro de grillos liquidacionistas presto a ceder cuanto sea necesario al fracasado de Barcelona.

Aunque en España nunca haya habido una tradición de grandes matemáticos, no debería costar tanto que se entendiese la distancia cósmica que separa a los 62 diputados que poseía CiU antes de ponerse en marcha el proceso de esos miserables 29 escaños con que cuenta el partido de Artur Mas a estas horas. Parece sencillo. Pues nada, no hay manera de que lo comprendan. Una triste incompetencia aritmética, la suya, que encuentra expresión doctrinal en la célebre Tercera Vía, el ni con España ni contra España tan caro siempre a cierto Madrid cursi, flácido y bobaliconamente transversal. Porque solo desde la interiorización del relato nacionalista se puede mercadear con esa mercancía tarada, la que pasaría por el llamado pacto fiscal y un blindaje del monolingüismo vernáculo en todos los ámbitos.

Dos obsesiones, monopolio exclusivo de la germanía local en la vida pública y privilegios tributarios parejos a los vasco-navarros, mucho más relacionados entre sí de lo que se tiende a pensar. Al punto de que la materialización del uno sin el otro haría inviable en la práctica la consumación del proyecto del catalanismo contemporáneo. Y es que nadie ignora en sus salas de máquinas que la extensión del concierto vasco acarrearía, y a muy corto plazo, la vuelta de los flujos migratorios procedentes de Andalucía. Lo saben inevitable y la mera idea les aterra. La fijación de la población al territorio en el mediodía español ha sido la contrapartida invisible de las transferencias fiscales del Norte hacia el Sur a partir de la década de los ochenta. Si eso se acabara, o se limitase de modo significativo, el trasiego humano en sentido inverso tornaría a reactivarse igual que a mediados del siglo XX.

Pero con una notable diferencia: hace seis décadas arribó a Cataluña mano de obra con destino a las viejas cadenas de montaje de la vieja era industrial. Ahora, en cambio, arribarían legiones de universitarios sobrecualificados a pugnar por un empleo con el preciado autóctono. Nada nuevo, por lo demás. Al cabo, no otra es la clave oculta sin la cual resulta imposible comprender una de las fijaciones más profundas del catalanismo político desde su mismo origen. Me refiero esa obsesión recurrente de los nacionalistas con el asunto del idioma. Sucede que el catalán no alcanzó el que habría sido su sino histórico, o sea la extinción y el olvido, precisamente por su inopinada utilidad como arma económica cuando, de pronto, sirvió para distinguir entre los nativos y los forasteros.

Cataluña, conviene no olvidarlo, constituye uno de los mayores melting pot de Occidente. Aquí, todos somos charnegos si se rasca un poco hasta la tercera generación. Como suele repetir Jesús Royo Arpón, "Cataluña quizá sea una nación milenaria, pero los catalanes somos unos recién llegados desde otra parte". De ahí que la lengua, más allá de romanticismos letraheridos, cumpla siempre, ahora igual que antes, la muy precisa función de un arancel invisible frente a la competencia procedente del exterior. La complicidad de las clases medias autóctonas con un programa político tan abiertamente egoísta y sutilmente xenófobo como el que encarna Junts pel Sí tiene mucho que ver con esa funcionalidad inconfesable. Por eso la insistencia permanente con la cantinela del blindaje cultural: quieren otro arancel Cambó. Y lo volvería a pagar Andalucía.

La policía de la lengua: otro guiño totalitario
Editorial  www.gaceta.es 5 Octubre 2015

En el horrible mundo del 1984 de Orwell había una policía del pensamiento que perseguía a quienes pensaran contra el partido. En todos los totalitarismos hay policías políticas que tienen por función controlar al disidente. En Arabia Saudí –y en otros regímenes fundamentalistas- hay una “policía religiosa”, los Mutawín, que vigila la ortodoxia y sanciona a los infieles. Ahora el PNV y el PSOE han impulsado en el Ayuntamiento de San Sebastián una iniciativa, “Parketarrak”, que llenará los parques infantiles de “monitores” que vigilarán a los niños para que hablen en euskera y no en castellano. ¿No es lo mismo? No, por supuesto: nadie encerrará en un calabozo al niño castellanoparlante. Tampoco los monitores irán armados ni vestidos de uniforme policial; al revés, probablemente aparecerán ataviados con monos tipo “Cantajuegos”. Pero el efecto de presión social no es muy diferente. La coerción manifiesta de la libertad personal tampoco es muy diferente. Y sobre todo, no es muy diferente la mentalidad totalitaria del poder.

Hace falta una mente muy retorcida para llevar la ambición de poder, de control sobre la sociedad, hasta el extremo de pretender que los niños se comporten según dicta el mando. Hace falta una idea profundamente perversa de la democracia para creer que un poder público, sea el que fuere, tiene derecho a eso. Dejemos aparte el disparate que supone gastar fondos públicos en algo así cuando las arcas están más que vacías. Eso es casi lo de menos en un episodio que presenta tintes tan totalitarios. ¿Estos sujetos son los mismos que reprochan al “franquismo” –frecuentemente exagerando hasta la falsedad- el haber perseguido a las lenguas regionales españolas? ¿Estos son los mismos que construyen su legitimidad sobre la represión sufrida hace cuarenta años? ¿Estos, los que ahora, cuarenta años después, deciden intervenir libertades tan elementales como la lengua que hablan los niños en sus juegos? Es delirante.

Una nota específica ha de ir dirigida al Partido Socialista, avalista de la iniciativa y cuyo caos mental está llegando a cotas apocalípticas. El PSOE, convertido en una piltrafa intelectual desde tiempos de Zapatero, sigue jugando a ser españolista en Castilla y separatista en cualquier otra parte. El partido que ha firmado esa abominación con el PNV donostiarra es el mismo cuyo líder gusta de envolverse en la bandera rojigualda, pero también el mismo que vota contra la Constitución en el parlamento balear o da alas al separatismo catalanista en Valencia. ¿Tiene el PSOE una idea de España? “No –nos dicen-, tiene muchas, porque es un partido plural”. Lo cual no sería grave si no fuera porque esas ideas se contraponen entre sí de modo irresoluble. ¿Al final es esto el cacareado y nunca definido “proyecto federal” de Pedro Sánchez? ¿Dejar que los poderes municipales coaccionen a los niños?

Ampliando el campo de la mirada, esta iniciativa donostiarra no deja de incidir en un proceso que ya va alcanzando dimensiones de tragedia, a saber: la creación, desde el poder, de una sociedad española nueva, distinta a la que siempre había sido. En la sociedad vasca, en la catalana, en la gallega o en la valenciana, el uso familiar de las lenguas regionales nunca había sido un problema. Tampoco el uso de la lengua castellana. Era razonable pedir que la primera enseñanza se cursara en la lengua vehicular, fuera ésta el español común o la regional. No lo es en absoluto pretender que la lengua regional sustituya por entero al castellano en los planes de enseñanza autonómicos. Menos lo es todavía que esa sustitución venga impuesta por ordenanza municipal en parques y jardines. En la Constitución española todavía hay un artículo según el cual todos los ciudadanos tienen el derecho de usar el español y el deber de conocerlo. Este artículo ha quedado hecho migas por la pasividad de los sucesivos gobiernos de España ante las “inmersiones lingüísticas”, primero la catalana, sí, pero también todas las demás. Eso está destrozando el país.

Ahora, que don Pedro Sánchez conteste: ¿Es posible construir una comunidad política soberana, requisito imprescindible de cualquier democracia, sobre la base de un tejido social desgarrado según criterios de poder regional? ¿Es posible hablar de democracia en un país donde los alguaciles municipales deciden qué lengua tienen que hablar los niños?

La encrucijada catalana

Francesc Moreno Cronica Global 5 Octubre 2015

Poco a poco van haciendose evidentes algunas consecuencias políticas del 27S, más allà de los típicos análisis interesados de la noche electoral.

1. La DUI, aunque nunca fue una alternativa realista, pasa a mejor vida, incluso en las declaraciones de muchos de los más fervientes defensores de la independencia exprés. Los que entonaban el "Adeu Espanya" van a tener que esperar mejor ocasión para ver materializado su anhelo.

2. Como consecuencia del punto anterior, y a pesar de los intentos de mantener la moral de la tropa, empiezan a aflorar síntomas de desmoralización y frustración entre los partidarios de la independencia. Esto va para largo y a algunos les cuesta asimilarlo.

3. El papel determinante de la CUP en la reelección o no de Artur Mas y, en cualquier caso, su papel de árbitro de la situación ha generado una reacción cercana al pánico entre el centro derecha independentista, que se creía que controlaba el proceso y había apostado por una clara victoria de Junts pel Sí que le permitiera gobernar el proceso sin condicionantes. El artículo de la directora adjunta de La Vanguardia María Dolores García expresa a la perfección este sentimiento.

4. La reacción de la prensa europea ha sido muy crítica con el independentismo. Europa nos mira pero, en general, nos mira mal. Si todas las regiones ricas de Europa actuaran igual que los nacionalistas catalanes, la UE estallaría inmediatamente; es el mensaje más repetido.

5. Entre los no independentistas pueden establecerse tres bloques. El síndrome de Estocolmo parece haberse instalado entre los llamados partidarios de terceras vías en sus distintas formulaciones. PSC y Podemos quieren solventar el problema con más concesiones al nacionalismo. Reniegan de cualquier imputación a quienes malversan fondos públicos aplicandolos a fines no propios de sus competencias; desde el 9N, al Diplocat, pasando por la AMI, entre otras actuaciones, en lugar de dedicarlos al pago puntual de las farmacias, la mejora de la sanidad, etc. Este planteamiento sólo puede provocar el reforzamiento del nacionalismo y permitirle que en su próximo desafío, que llegará, tenga más armas para ganar.

El segundo bloque estaría formado por el PP y los partidos y movimientos a su derecha que parecen instalados en el inmovilismo, al menos hasta que pase el 20D. Este planteamiento parece condenado al fracaso y, probablemente, ese deseo será abandonado por el propio PP.

El tercero, y para mí el único razonable, está representado por Ciudadanos, que defiende la reforma del Estado, su mejora, sin negarse a reformular el Estado autonomico pero no sólo en favor de las pretensiones nacionalistas, con, por ejemplo, un nuevo sistema de financiación, sino tambien para acabar con el adoctrinamiento en las escuelas o el incumplimiento de las sentencias en materia linguística.

Con este panorama, el único escenario esperanzador es que los no independentistas confluyan en una propuesta de reforma de la Constitución que mejore el funcionamiento del Estado de las autonomías y reconozca una especificidad catalana pero sin entreguismos que impliquen fortalecer el movimiento independentista de cara al futuro. Si en Cataluña no se reestablece el normal funcionamiento del Estado de derecho, si las escuelas continúan siendo centros de adoctrinamiento, si no cambia el panorama en los medios de comunicación catalanes, cualquier concesión no será más que una concesión gratuita que nos llevará a repetir el pulso en peores escenarios para los no independentistas.

Y, entre los independentistas, la gran duda es si en la coalición de Junts pel Sí los todavía partidarios de la globalización y de un acuerdo que solvente el sistema de financiación acabarán subordinados a las posiciones antieuropeas y anticapitalistas. Algunos comparan la situación catalana con la griega. Pero allí la coalición de Syriza con la derecha nacionalista ha optado por no romper con Europa. La CUP esta más cerca de Varoufakis que de Tsipras. Veremos lo que ocurre aquí. Lo más probable es que haya nuevas elecciones en pocos meses. En todo caso, preparémonos todos para convivir con el conflicto durante muchos años.

La mentira como traición a la democracia
Antonio Robles Cronica Global 5 Octubre 2015

"No investiremos a Mas”, ha repetido la CUP en la campaña electoral del 27S. “El nuevo 'president' no puede tener ni una sombra de corrupción ni haber sido responsable de los recortes", aseguró Antonio Baños, candidato de la CUP a la presidencia de la Generalidad una y otra vez a lo largo y ancho de la campaña electoral. Incluso tuvo la decencia de corregir a Oriol Junqueras (Junts pel Sí) cuando este mintió la noche electoral y sigue mintiendo ahora, asegurando que había ganado el sí (“Ha ganado el sí en escaños y en votos”). “La DUI (declaración unilateral de independencia) iba ligada al plebiscito: no hemos ganado el plebiscito, luego no hay DUI”, le contradijo sin matices Baños.

De un plumazo dejaba a la intemperie las vergüenzas de Oriol Junqueras y del propio presidente Artur Mas, que también había mentido: “Ha ganado el sí pero además ha ganado la democracia, por tanto dos victorias en una”. La manipulación del lenguaje como cáscara de la mentira es el primer paso de toda corrupción. Y la peor, por ser la raíz de dónde nace su simulación.

La CUP se había ganado el respeto de los medios y de miles de electores que ni siquiera le habían votado. ¿Por qué? Porque la gente está harta de que la timen. Por encima de la ideología, valora la honestidad de la palabra dada, saber a qué atenerse. Y la CUP cumplía ese control de calidad democrática. Pero...

No hay mayor corrupción que la mentira, la simulación, la deslealtad, la falta de honestidad, o si quieren, convertir la coherencia en un señuelo para sacar ventaja de un valor positivo. El más sucio de los engaños.

La promesa incumplida lleva implícitos todos esos valores quebrados. Y es precisamente lo que ha hecho de la política, un estercolero. Un pacto, un contrato, se basan en la esperanza cierta de que serán respetados; si no es así, todo se vuelve mezquino, genera desconfianza y provoca recelos. Ninguna relación social sana puede surgir de tal quebranto. Muy al contrario, la ley de la selva, la ley del más fuerte, del más cínico, sustituye a las sociedades democráticas construidas a partir del contrato social que han traído a los Estados democráticos de derecho.

Teóricamente, C’s, UPyD, Podemos y la CUP nacieron por esos quebrantos. Surgieron porque los partidos asentados a partir de la Transición los habían traicionado. Era preciso abrir las ventanas, traer aire fresco a la política. Es decir, acabar con la corrupción, regenerar valores democráticos, tornarlos al ideal; cumplir las promesas electorales, es decir, ser honestos, no mentir.

Al menos, permitir a los ciudadanos transitar por el laberinto de las ideologías y sus intereses, sin trampas, para guiarse por criterios fundados y su propia libertad. Se supone que buena parte de su apoyo social proviene de esos valores. Y su ruina, estén seguros, vendrá de si cumplen o no con esas expectativas.

Sólo cuatro días después de la promesa reconfirmada de Antonio Baños de no investir a Artur Mas en ningún caso y de ninguna manera, la han diluido en la propuesta de una presidencia compartida. ¿Compartida con Artur Mas? ¿En nombre de qué? ¿De la independencia? Lo ha hecho la segunda de la lista, Anna Gabriel.

Es inaudito, un partido antisistema que va de coherente, a la primera oportunidad que tiene ocasión de ser honesto, demuestra que es más sucio que los demás. Porque no hay hedor más pestilente en las cloacas de la política que el que se envuelve en el perfume de la ética para embaucar con mayor eficacia. Prefiero a un mafioso que a un franciscano, si éste último se vale de su posición moral para engañarme. Y los militantes de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) tienen mucho de frasciscanos laicos, aunque no lo sepan. Sus contradicciones son tan evidentes como su incapacidad para verse como lo que son en esencia: independentistas.

El resto de atributos son circunstanciales, y como hemos visto, intercambiables. Comunistas que actúan como capitalistas territoriales (tras semejante contradicción aparece la patita xenófoba de “nosotros primero”, como emblema de cualquier nacionalista al uso; a nuestros primos de Jaén o a nuestros abuelos de Zamora, que les den). Independentistas para marcar la clase social que corresponde a cada cual en función de dónde ha nacido o reside del territorio español (ya que suponen que Cataluña tiene una renta más alta, excluyen a los parados de Badajoz o a los desahuciados de Cádiz para tocar a más “a casa nostra”). Un partido antisistema, anticapitalista, antieuropeísta, contrario al euro y a la democracia representativa, dopado de asamblearismo y enemigo de la propiedad privada, es decir, anti todo, resulta que no es antinacionalista. Repito, anti todo, menos antinacionalista.

Es esperpéntico que un partido antisistema que se caracteriza por pervertir el orden establecido, cualquier orden establecido, es el más empeñado en apuntalarlo. Porque no hay mayor statu quo en Cataluña que el poder del nacionalismo. Lleva 35 años en el poder a lomos del 3% construyendo la independencia. Y viene la CUP a darle el último empujón. La perversión ideológica no puede ser mayor. Este es el más claro ejemplo de que en Cataluña la izquierda ha sido colonizada por el nacionalismo. La infección es tan generalizada, que Podemos se ha contaminado con su primer aliento en Cataluña.

No podía ser de otra manera en un partido anticlerical como es la CUP, que envuelve sus dogmas económicos, paradójicamente, en dogmas religiosos. Escuchándoles parecen pertenecer a la orden franciscana. Eliminación del mérito económico, igualación por debajo de los sueldos políticos, reducción del cargo público a una legislatura... No hay mayor dogmatismo que el basado en la buena conciencia, aquel que se fundamenta en “la” verdad. Los peores crímenes de la humanidad se han hecho en nombre del bien. Nada mejor para legitimar la eliminación de la libertad, que la igualdad comunista o el amor a la patria.

Seguro que hay buena fe en muchos de ellos, seguro que la mayoría son honestos. Lo que dudo es que duden que el resto de partidos tengan una pizca de razón. Están tan persuadidos de su ideal independentista, que son incapaces de ver que ese objetivo es el más contrario a su ideario político anticapitalista. Anticapitalistas lo son sólo a nivel individual, antiempresarial, no a nivel territorial. La solidaridad económica solo alcanza los límites de su cortijo, las fronteras que han decidido instalar para excluir a los que consideran más pobres y menos demócratas. Al resto que le den. Aunque sean sus primos de Zamora o sus padres de Córdoba. (En jerga nacionalista, “espanyols de merda”, espacio común nacionalista del desprecio y justificación enmascarada de su propia xenofobia).

Mientras escribo estas líneas, han decidido enclaustrase para evitar mayores contradicciones, a los pies del castillo de Montesquieu, antigua torre de guardia del conde Guifré I el Pilós, referencia mítica del romanticismo nacionalista. Todo un síntoma de la impostura de estos chicos antisistema.

Tienen motivos para meditar. Independientemente de que finalmente se sumen a la investidura de Mas, las declaraciones y los indicios explícitos de sus contradicciones, bastan para temer lo peor de su honestidad política. Ya han dejado rastro, el número 7 de la lista, Julià de Jòdar, pidió “no dejar sólo” a Mas, calificándolo de “uno de los nuestros”. Puede que tenga razón, están más cerca de las tesis nacionalistas de Más, que de la internacional comunista.

Aún más explícito, fue el ex diputado Quim Arrufat que llegó a afirmar que, si CDC se "cierra en banda", la CUP cedería con la investidura de Mas "antes que hacer descarrilar el procés". Y el propio Antonio Baños ha corroborado esta tesis. Preguntado por las palabras de Baños en Vilaweb, ha sido claro: "No lo estropearemos todo y lo pararemos. No lo haremos nunca", ha proclamado. Y si alguien sigue teniendo dudas, mire con que se ha descolgado ahora el propio Antonio Baños antes del retiro espiritual en la capilla de Montesquieu: si Más quedase al margen “acabaríamos con un proceso de muchas sensibilidades, dónde hay mucha gente que lo considera un referente”.

No sé si será en esta ocasión, mal pinta tiene, pero la impostura está servida, y tarde o temprano, acabarán simulando una salida, o directamente cayendo en el dicho: donde dije digo, digo Diego. Al tiempo.

Son muchas las posibilidades de acabar ahí, porque son muchas las sensibilidades las que anidan en su seno. “Hay dos frentes que conviven dentro de la CUP en constante conflicto: Endavant y Poble Lliure (lo que antes era el marxista Moviment de Defensa de la Terra, MDT). La influencia de estos dos grupos es incuestionable, aunque el 80% de los militantes de base de la CUP no pertenecen a ninguna de ellas. Los dos mantienen simpatías y colaboraciones con la izquierda abertzale y en algunos aspectos organizativos se asemejan. De hecho, Pernando Barrena, portavoz de Sortu y EH-Bildu, ha venido a Catalunya para dar apoyo en campaña a la CUP. Unidad popular es herri batasuna en euskera... Algunos acusaron a David Fernàndez de ser 'el chófer' de ETA porque organizaba los actos de Batasuna, pero resulta que no tiene carnet de conducir. Lo que sí tiene es línea abierta con Arnaldo Otegi. En diciembre del 2012 los tres diputados de la CUP posaron en el Parlament con carteles con el número de preso de Otegi como muestra de solidaridad. Su presencia en las manifestaciones pidiendo su libertad es habitual. También Anna Gabriel tiene contactos con el movimiento abertzale. Ha sido invitada por la organización internacionalista Askapena, donde hizo tres charlas bajo el título de 'Creando poder popular, desde abajo y a la izquierda'" (Àlex Tort, La Vanguardia).

Pablo Iglesias tuvo su oportunidad en Cataluña. La ha perdido. Rectificó la crítica que lanzó contra el abrazo de David Fernández con Artur Mas y cedió como un pelele ante la consiguiente presión nacionalista. Como todos

Con estos mimbres, casi lo de menos es si votan o no a Artur Mas. El problema es si la derecha convergente quiere unirse al destino anticapitalista de la CUP. Hay que reconocer que el mondongo ideológico de Junts Pel Sí más la CUP es lo más parecido a un prostíbulo de intereses contrapuestos. Aunque si los peronistas han jodido a los argentinos durante décadas haciendo convivir en sus filas idologías de ultraderecha (López Rega), y de ultraizquierda (Montoneros), pasando por populistas de toda condición (Eva Perón y sus malas copias posteriores), ¿por qué no nos pueden joder el futuro estos farsantes dónde lo único cierto parece ser que se reduce a echar tierra encima del 3%?

Pablo Iglesias ha de aprender la lección. Tuvo su oportunidad en Cataluña. La ha perdido. Entusiasmó en su primer mitin en diciembre pasado en Barcelona. Ni una bandera y mucha esperanza obrera. La situación perfecta para restaurar una izquierda en Cataluña, ausente desde el inicio de la transición. Sólo tenía que haber arremetido contra la mayor de las castas de Cataluña, el nacionalismo. Pero hizo lo contrario, rectificó la crítica que lanzó contra el abrazo de David Fernández con Artur Mas y cedió como un pelele ante la consiguiente presión nacionalista. Como todos.

Aunque tratara ahora de enmendar el error, el mal ya está hecho. El desencanto se ha extendido al resto de descamisados de toda España. Su verborrea narcisista no podrá volver a engañar a los embaucados. Al menos en Cataluña. Sólo le queda el discurso antinacionalista de Monedero. Pero se ama demasiado a sí mismo.

El campo está yermo, Podemos Unidos, la izquierda no nacionalista en Cataluña que se desgajó de Podemos, y La Asamblea Social de la Izquierda Catalana (ASËC), que pretende reunir cualquier sensibilidad de izquierdas no contaminadas por el nacionalismo, son las dos únicas opciones para acoger a los parias de Cataluña sin que los timen con la estelada.

Pónganse a gobernar
Xavier Salvador Cronica Global 5 Octubre 2015

Difícil, muy complicado. Cataluña lleva cinco años casi sin gobierno en materias importantes. Los altos funcionarios y los políticos responsables de determinadas áreas se han limitado a firmar durante meses para que la administración no se parara del todo, pero no han gobernado en el sentido clásico del término.

No gobernar en educación, sanidad, seguridad, por ejemplo, cuando además se perciben recursos públicos, retribuciones, dietas y salarios, constituye también un fraude a la sociedad que ha elegido a sus representantes. Y eso, en mayor o menor medida, también está sucediendo prácticamente desde 2010. Los de la coleta les llaman casta, pero son una tecnoestructura que se aprovechan de las normas de juego colectivas y democráticas.

Lo que ha querido decirle Joaquín Gay de Montellà a Artur Mas es que se deje de nuevas excursiones a la búsqueda de la gran coartada y que ponga manos a la obra. De algo, de lo que sea. Que el presidente de los empresarios de Foment del Treball le diga al presidente en funciones que gobierne, incluso aunque no coincida con sus tesis, es muy sintomático de cómo se ve desde posiciones no sentimentales la situación que se vive en Cataluña.

Mas es un político. Si fuera un ejecutivo de una empresa, al que los objetivos le dieran una parte del salario, probablemente estaría fuera de la organización. Ha vendido humo durante cinco largos años, pero no ha vendido una escoba.

¿Cuánto tiempo más podremos superar sin política industrial? ¿Si no hubiéramos estado tapados por el debate soberanista, qué dirían los profesionales de la educación de cómo se ha iniciado el curso escolar en relación a los barracones o las tasas universitarias? ¿Y del mundo universitario y su inserción con las necesidades y demandas futuras de las empresas? ¿Hablaríamos quizá del estado de algunas infraestructuras catalanas? ¿Podemos ser capaces de mantener el debate político que sea mientras las cosas del día a día hacen funcionar el país?

Me cuento entre los pesimistas que opinan que Cataluña marcha por una inercia administrativo-burocrática alejada de la política de los últimos cinco años. Pero avanza a trompicones, sin criterio ni filosofía política. Se atisba un escenario de inminentes elecciones, un nuevo día de la marmota.

Hacen más algunos funcionarios autonómicos que muchos diputados puestos a hacerle un favor al país. Si fuera independentista pensaría igual: hagan lo que quieran en materia política pero no abandonen la Cataluña real a su suerte. No más parón, no más cloroformo identitario para responder a todo y sobre todo. La ciudadanía se merece que se ganen el sueldo que se les paga.


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