AGLI Recortes de Prensa   Sábado 17  Octubre 2015

Tambores patoteros
David Gistau ABC 17 Octubre 2015

Me gusta imaginar que los vástagos de la Mafia son acompañados en el ambiente rural de Sicilia al lecho nupcial como Mas a los tribunales. Como en romería, sustituidos los cayados de los romeros por las varas de mando con las que en Barcelona se erizó ayer como tropa alabardera el nacionalismo. El novio se gira, consciente de que el gesto que hará tiene cursada una invitación a la posteridad, y junta los dedos en promesa priápica. Me gusta imaginar después a los amigos del novio y a las ancianas enlutadas que aguardan delante del tribunal a que se consume el acto y alguien cuelgue del balcón la sábana manchada de sangre que prueba la inocencia. ¿Cómo castigar el amor, el destino manifiesto, las urnas? ¿Cómo sancionar todas estas legitimidades sentimentales a las que debe subordinarse la ya gastada de la ley, que no representa sino la eterna entrada tanquista a la que es lícito, e incluso obligado, desobeceder?

El modelo de nacionalismo con el que encuentro más semejanzas en la España actual es el peronista. La patota, la infantería social encuadrada en columnas, los ediles militarizados. La superstición original y la manipulación histórica son de distinto argumento, pero la cohesión de la columna es idéntica, si cabe más predispuesta a la pistola en el caso del peronismo: «Ocupar las calles con palos y cadenas», pedía Perón antes de completar con propaganda la otra ocupación, la mental. Todavía ahora, las columnas que arma el peronismo son más exóticas que las del nacionalismo. En una de las últimas, la que entró en plaza de Mayo para dispersar una cacerolada ciudadana, a la cabeza iba un secretario de Comercio con su propio elemento de disuasión patotera: «Acero» Cali, excampeón mundial de «kick-boxing» cuya capacidad de intimidación no podría ser igualada por Junqueras ni aunque se vistiera con los leotardos y una máscara del «pressing-catch».

La patota catalana persigue el mismo propósito que la peronista. Enviar el mensaje de que existen seres políticos en un plano de inmunidad superior al de cualquier ley que no sea la propia y que además disponen de la fuerza necesaria para desalojar de la calle a quien se la dispute. Sobre todo, de que no es posible aislar al individuo para introducirlo sin más en los cauces judiciales rutinarios. No hay individuos. Están todos encuadrados. No hay conductas personales. Están la causa y sus soldados, está el Movimiento. Y quien trate de enfrentarse a uno solo se encontrará, alineada delante de su misma puerta, a la columna entera. Como siempre ocurre con la coacción nacionalista, la que regurgita como épica fatalista todos sus inconvenientes, de lo que se trata es de disuadir al sistema obligándolo a preguntarse si de verdad le conviene meterse por remilgos legales en ciertos líos o si no sería mejor renunciar. Es decir, lo que doblegó a Rajoy el 9-N, exactamente eso: el miedo a la patota, aunque traiga en cabeza a cantautores y a cursis en vez de a pistoleros y al «Acero» Cali.

Irene Lozano refleja la peor cara del oportunismo en la política
Editorial La Razon 17 Octubre 2015

El fichaje de la hasta ahora diputada de UPyD Irene Lozano por parte del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha sido recibido con reservas, por emplear un término suave, entre un amplio sector de la militancia socialista que ve en la operación una clara muestra de transfuguismo oportunista, por encima de cualquier consideración ideológica o política. En este sentido, son entendibles las razones que han llevado a Irene Lozano a abandonar su acta y cambiar de filas, pero se comprenden mucho menos los motivos de Pedro Sánchez para llevar a cabo una maniobra que obliga a reabrir el proceso de composición de las listas electorales, que desprecia, una vez más, a una parte significativa del socialismo madrileño y que supone una flagrante contradicción con los principios de democracia interna de los que tanto presume el líder socialista.

En efecto, pocas veces se ha visto una imposición –un «dedazo», en expresión popular– tan grosera como la que se está produciendo en la elaboración de las listas del PSOE por Madrid. Pedro Sánchez ha justificado la decisión en que es preciso incorporar personalidades independientes, con arraigo social, para abrir el partido a los ciudadanos. No nos cabe duda de que en otros casos –como el del portavoz socialista en la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo– pueda ser válida esta argumentación, pero no lo es en absoluto en la circunstancia que nos ocupa.

Irene Lozano no se incorpora de nuevas a la política, sino que representa la peor cara de la profesionalización de la política. No hay una conversión ideológica en el cambio de partido, puesto que Lozano responde perfectamente a los criterios socialdemócratas que informan al PSOE, ni viene precedido del normal periodo de reflexión por parte de la protagonista, aunque sólo fuera para guardar las formas. No. Irene Lozano se ha ido sin despedirse de las filas de UPyD después de haber perdido las primararias de su partido para sustituir a la actual presidenta, Rosa Díez. Es, pues, la misma diputada que, como recordaba ayer el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, asaeteaba a los socialistas con acusaciones genéricas de corrupción y críticas al bipartidismo dominante.

Sin embargo, más allá de la peripecia personal de Lozano y de la arriesgada apuesta interna de Sánchez, lo sucedido nos debe llevar a una reflexión más amplia sobre la naturaleza volátil de muchas de las formaciones políticas que han surgido en España al calor de la profunda crisis económica y social sufrida por nuestro país –aunque éste no sea exactamente el caso de UPyD, cuya fundación respondió a una fractura interna en el PSOE, cuya indefinición sobre el modelo territorial de España sigue representando su mayor lastre– y que, en parte, se han nutrido de personas que han visto en las nuevas estructuras que se estaban formando la vía para colmar ambiciones políticas, por supuesto legítimas, que no habían conseguido en sus partidos de origen o que –como en el caso de los tránsfugas de IU hacia Podemos– veían muy pocas expectativas electorales.

Son, pues, formaciones que corren el riesgo de convertirse en coyunturales, a medida que los grandes partidos, que sí disponen de infraestructuras sólidas, implantadas en el territorio nacional y con numerosos militantes, se recuperen de este periodo de confusión. Porque, en general, las nuevas formaciones no traen nuevas propuestas ideológicas, sino las mismas ideas envueltas en los reelaborados lenguajes del mundo de la imagen.

No es vergüenza, es disidencia
El presidente del Gobierno ha llevado hasta extremos patéticos su tendencia a lo que técnicamente se denomina hábito a procrastinar, es decir, a posponer, a postergar la resolución de los problemas
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 17 Octubre 2015

Steve Jobs, el fallecido fundador de Apple, escribió que “la innovación es lo que distingue a un líder de sus seguidores”. Sobre lo que sea el liderazgo se ha escrito profusamente, pero en tiempos de profundos cambios sociales y económicos, parece evidente que el líder político es el que tiene que ir acomodando la forma de gobernar a los nuevos requerimientos ciudadanos. Ha de ser -como suponía Jobs- un gran innovador. Y Mariano Rajoy es exactamente lo contrario a alguien dispuesto a encararse con la realidad para transformarla y conseguir que su lucidez imponga respeto y 'auctoritas'.

Cambiar es un verbo que el presidente del Gobierno no se permite para sus políticas que se definen exactamente por lo contrario; la perdurabilidad, la permanencia y la espera. Rajoy es un político que contiene las situaciones, que las vadea, que las regatea pero que no las afronta. Las declaraciones desahogadas e incontinentes de Cristóbal Montoro -le asista o no la razón- son las propias de un político consumido por su propia gestión y que debió ser relevado hace tiempo. La dimisión de Arantxa Quiroga de la presidencia del PP vasco es el resultado de la desatención de Rajoy a su partido en los territorios más sensibles -lo mismo le ha ocurrido en Cataluña-, si bien en casi todos reina la provisionalidad y el recelo. Y el artículo de Cayetana Álvarez de Toledo renunciando a seguir en las listas del PP -sea o no una anticipación a su exclusión de ellas- expresa con bastante precisión lo que piensan muchos militantes y votantes populares sobre la gestión de Rajoy en la crisis catalana.

En el PP, y en el propio Gobierno, no hay, como supone Montoro, una sensación de “vergüenza” por pertenecer a la organización, aunque Bárcenas o Granados -entre otros- den motivos para ello. En el PP y en el Gobierno lo que hay es una abierta disidencia con las políticas de Mariano Rajoy que emerge en este final penoso de la legislatura -la pifia presupuestaria es de las que hacen época- porque el presidente del Gobierno ha llevado hasta extremos patéticos su tendencia a lo que técnicamente se denomina hábito a procrastinar, es decir, a posponer, a postergar la resolución de los problemas. El aplazamiento como solución a corto plazo y la utilización sin la más mínima empatía de la mayoría absoluta cuando se producían situaciones límite, han caracterizado una gestión presidencial tecnocrática y, por lo tanto, especialmente conservadora, en absoluto liberal ni abierta, amalgamada en el trabajo conjunto de colaboradores con un denominador común: amistad y fidelidad a quien les ha nombrado.

Rajoy en el juego de las siete y media -malo es no llegar pero peor es pasarse- ha perdido el equilibrio precario que mantenía y ha diferido demasiado decisiones innovadoras que rescatasen al Gobierno y al partido de su constante desgaste tras cinco citas electorales fallidas para sus propósitos y con un proceso secesionista en Cataluña que adquiere por momentos trazos insurreccionales. El “miércoles negro” fue el día en el que al presidente se le escaparon de las manos dos elementos esenciales para un líder democrático: la discreción colegiada entre los miembros de su Gobierno y la disciplina de los dirigentes de su partido. Estalló, sencillamente, la disidencia.

El diagnóstico más certero -y más crítico- de lo que ocurre en el Gobierno y en el PP no se deduce sólo de los acontecimientos del pasado miércoles, sino también de un texto discreto pero rotundo del diputado Gabriel Elorriaga en el diario 'El País' del pasado día 10. Escribía Elorriaga siguiendo a Hayek que “el conservadurismo cumple una importante misión cuando alivia los errores socialistas, pero resulta insuficiente y escasamente atractivo cuando lo que se necesita es transformar una situación de grave deterioro político, económico o social. La política conservadora, por su propia naturaleza, jamás ofrece alternativas propias, y en eso se distingue de la disposición reformista de los liberales. La posición conservadora siempre va definida por las ambiciones de otros y por eso se muestra incapaz a la hora de ofrecer alternativas propias. El instinto conservador, en esencia, sirve para frenar la velocidad de los cambios, pero jamás ha resultado eficaz para fijar nuevas metas”.

¿Cabe duda de que el diputado Elorriaga se está refiriendo a Rajoy y a su conservadurismo? “Cuando las derechas han sabido integrar de manera sólida y coherente -termina Elorriaga su reflexión- en una única oferta esos rasgos principales (buen producto, organización y estrategia de comunicación), la sociedad les ha otorgado su plena confianza. Cuando los acentos agudizan las diferencias y se percibe división, la izquierda toma el mando”.

La sensación es que la izquierda -es decir: el PSOE- puede llegar a gobernar con Ciudadanos tras el 20-D. Y si ganase el PP las elecciones y no lo hiciese Rajoy con contundencia, Rivera podría pactar con los populares pero, como ya ha ensayado en alguna comunidad autónoma (La Rioja), pondría como condición el pase a la reserva del actual presidente cuya solidez interna está cuarteada por una disidencia hasta ahora latente y desde el miércoles ya visible. El PP no es el “valor seguro”, frase con la que Rajoy quiso zanjar desde Bruselas la crisis de su partido y de su Gobierno.

Pablo Iglesias: dime lo que piensas y te diré quién eres
Ignacio Varela El Confidencial 17 Octubre 2015

Se habla mucho en estos días del supuesto hundimiento de Podemos en las encuestas. A mí me parece exagerado: como diría el Zapatero de 2008, lo de Podemos no es crisis, es desaceleración.

Pero sí, como mínimo están estancados. Y han perdido el 'momentum', esa fase en la que el viento sopla a tu favor, todo parece salirte bien y todo te está permitido. Ahora quien disfruta del 'momentum' es Ciudadanos.

Una de las causas es la progresiva pérdida del encanto de su líder. Pablo Iglesias empieza a caer mal. El contacto con la política real tiene un efecto corrosivo sobre su primera imagen, fabricada en el laboratorio de las tertulias televisivas y de las redes sociales. Con unos cuantos errores de bulto y algunas actuaciones prepotentes y sectarias, la figura idealizada de la primavera de 2014 ha dado paso a la de un político pedestre. Le caducaron el salvoconducto y la licencia para matar.

La excelente revista Jot Down ha publicado una exhaustiva entrevista en la que el líder de Podemos se explaya sin restricciones. Es trabajoso desbrozar 12.000 palabras de lenguaje escolástico y plomizo, pero hay en ella algunos conceptos de fondo que ayudan a saber con quién estamos tratando.

El titular de la entrevista es un buen compendio de su contenido: “Me considero marxista, pero soy consciente de que cambiar las cosas no depende de los principios".

En el texto menciona a todos los clásicos: Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, Gramsci… y sobre todos ellos al gran Vladimir Ilich, Lenin, padre del Estado soviético. Y no oculta que su aspiración más sentida está ligada al desiderátum marxista:

(Se refiere a hacer algo grande). "A mí me gustaría la leche, como la propiedad colectiva de los medios de producción. Pero es que eso depende de las correlaciones de fuerzas y es muy difícil".

En Iglesias, el marxismo se completa con dosis masivas de pragmatismo leninista (Lenin fue quien transformó una interpretación de la Historia en una estrategia eficaz de lucha por el poder). Y eso le lleva a afirmar sin reservas:

"Yo creo que la política no tiene que ver con la definición de principios. Y aquí es donde vienen Lenin y las grandes cabezas. ¿Cómo puedes avanzar en tus objetivos en función de las correlaciones de fuerzas?"

Puesto que la política según Iglesias no tiene nada que ver con los principios, todo consiste en imponer los ejes del debate que más convengan tácticamente en cada momento:
"El escenario izquierda-derecha no es un escenario muy favorable para nosotros, sino que el escenario que nos funciona bien es el arriba-abajo".

Esa pelea por marcar el campo a su conveniencia se le ha torcido últimamente y se queja varias veces de ello. Primero, sobre Cataluña:
"Las catalanas no es que fueran arriba y abajo, es que tampoco eran izquierda y derecha, que en eso, mal que bien, podíamos sobrevivir. Es que eran Cataluña y España".

Tiene razón, ya se ha visto el 27-S que en el debate sobre Cataluña y España Podemos se torna incomprensible y lo pasa mal para sobrevivir.

Después, sobre la corrupción. Preguntado por el “caso Monedero”, responde:
"¿Que en la gestión nos pudimos equivocar? Correcto. Pero es que en la medida en la que introduces el frame corrupción ya estamos en un terreno en el que…no".

Es decir: el 'frame' corrupción sólo sirve cuando se trata de la de los demás.

Se queja también, cómo no, de los medios de comunicación (¡y esto lo hace el político más mimado por los medios desde que tengo memoria!):
"Las entrevistas siempre tratan sobre Venezuela, sobre las críticas internas en Podemos, sobre la confluencia…y entonces se generan una serie de elementos que se asocian a ti y que a priori son hostiles".

¡Pobre Pablo, que le preguntan sobre lo que le incomoda, como a cualquier otro político!
Y por supuesto, se queja de la fastidiosa competencia de Ciudadanos:

"Hay sectores medios que podían identificarnos como un elemento regenerador pero que de repente entran en otra lógica; pues a lo mejor el eje regeneración ya no es el más cómodo para nosotros y Ciudadanos pelea mejor ahí".

Recapitulemos: A Pablo Iglesias no le conviene discutir sobre la izquierda y la derecha; tampoco sobre Cataluña y España; lo de la corrupción sólo le sirve si no se menciona la de los suyos; y en el tema de la regeneración política parece que Ciudadanos le ha tomado la delantera. ¿De qué demonios quiere Iglesias que se hable? Él mismo lo dice: de arriba y abajo.

"Las clases medias son siempre la clave estratégica fundamental, y eso ha ocurrido en todas las revoluciones. En España, la clave del 15-M es el empobrecimiento de una parte de los sectores medios, una crisis de expectativas (…) Esas son las condiciones estructurales de posibilidad de Podemos. Si nosotros hemos hecho algo bien ha sido el tener la capacidad de leer esto y saber que la única manera de actuar era en los medios de comunicación".

Se puede decir más alto, pero no más claro: la “condición estructural de posibilidad” de Podemos es que el empobrecimiento de la clase media sirva como base de un plan de comunicación política. Cuando eso empieza a fallar, se tambalea todo el tenderete. Esta es la quinta queja de Iglesias :

"Las viejas clases medias y sectores medios empiezan a asumir la narrativa de la recuperación económica".

La recuperación como problema: quizá resulte buena para la vida de la gente, pero es desastrosa para Podemos.

Con todo, el momento culminante de la entrevista –y para mí el más preocupante- es cuando desprende un cierto aroma de nostalgia por las fórmulas totalitarias que hacen posibles las revoluciones (un concepto muy leninista). La cosa es sutil, pero lean:

"Los grandes procesos de transformación se han llevado a cabo desde dispositivos políticos autoritarios, y ninguno podemos defender eso en este momento. Lo de la dictadura está teorizado, pero tampoco se puede hablar de eso ahora (…) ¿Eso quiere decir que el enemigo nos ha puesto contra las cuerdas? Pues sí, nos han puesto contra las cuerdas".

“El enemigo” los ha puesto contra las cuerdas: y según parece, las cuerdas son “los procedimientos democráticos regulares” (sic) que frenan la revolución. Un inconveniente que hay que sobrellevar.

Este striptease ideológico viene sazonado con detalles de sectarismo (“¿Qué cojones vas a discutir con un adversario? Es que es absurdo”) y con algunas muestras de su probada tendencia a vestir al maniqueo para golpearlo mejor, falsificando groseramente las posiciones ajenas. Un botón de muestra, hablando de Cataluña:

"El PP dice “tanques”. Ya han dicho que esto se soluciona con la Guardia Civil y sin ningún tipo de diálogo político. Y por otra parte, la solución del Partido Socialista es llevar el Senado a Barcelona".

Es obvio que nadie del PP ha hablado de tanques ni de la Guardia Civil; y que aunque se haya sugerido de pasada la posibilidad de residenciar al Senado en Barcelona, nadie del PSOE ha pretendido que esa sea la solución del problema de Cataluña. Pero a Iglesias eso le da igual porque al igual que en la política no importan los principios, tampoco parecen importar mucho las fronteras entre verdad y mentira: lo importante son el 'frame' y la correlación de fuerzas.

Gracias por la sinceridad, señor Iglesias. Usted mismo explica mejor que nadie las razones de su “desaceleración” electoral. Son varias razones que se resumen en una: poco a poco, le vamos conociendo mejor.

Paracaidismo y parasitismo.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 17 Octubre 2015

La democracia en España es de muy baja calidad y mucha de la culpa la tienen los principales actores de la vida política, los partidos políticos. Todos en mayor o menor medida no terminan de ajustarse a los principios democráticos por una razón muy simple, pérdida del control y por tanto del poder. Ejemplos los tenemos de todos los que conforman el actual puzle desde la extrema izquierda a una simbólica extrema derecha. Lo común de todos ellos es que quieren convencernos a los ciudadanos de que su comportamiento y modos son plenamente democráticos y homologables en países del entorno europeo y de los USA. Nada más lejos de la verdad y de la realidad. Se trata de un sistema partitocrático donde las Ejecutivas y los Presidentes del Partido son plenipotenciarios y designan a los que van a ir en las listas electorales en lugares de privilegio e igualmente designan asesores, cargos de confianza y puestos claves en las Administraciones en las que consiguen el poder.Algunos los definen como auténticas "agencias de colocación", parasitismo puro y duro a costa de los impuestos de los ciudadanos.

Por supuesto que esta actitud es totalmente contraria a lo que la Ley establece, pero hasta ahora solo ha habido algunas escasas voces que lo han denunciado y han pretendido inútilmente modificarlo. Por supuesto que se trata de temas tan consustanciales con la democracia como el de la elección directa de candidatos mediante listas abiertas o terminar con la controversia de la titularidad del cargo que según la Ley es personal e intransferible, mientras que los partidos lo consideran de su propiedad, precisamente porque lo que se vota son listas cerradas y no a personas concretas que solo figuran en una posición en esa lista. También se debería terminar con los llamados “paracaidistas”, término usado para definir aquellos que elegidos directamente por el líder y/o Ejecutiva son incluidos en puestos de relevancia y claramente elegibles en una determinada circunscripción con independencia de su procedencia e historial incluso en el partido.

Casos como el de Juan Manuel Moreno Bonilla en el PP de Andalucía, designado por el propio Mariano Rajoy sustituyendo al candidato oficial preelegido, o el de Javier Arenas Bocanegra eterno candidato paracaidista en diferentes listas andaluzas. O como acaba de pasar en el PSOE al “fichar” Pedro Sánchez a la que era aún diputada por UPyD Irene Lozano – definida por sus camaradas como "parásita política" y que ya ha renunciado a su Acta de Diputada-, para incorporarla en la lista electoral por Madrid en la que, además de figurar él mismo como cabeza de cartel, incorporó a Meritxel Batet militante del PSC y simpatizante del movimiento independentista en Cataluña. Dos bofetadas a la federación madrileña del PSOE el PSM que tras la decapitación del incómodo y ambicioso Tomás Gómez o la última de Miguel Ángel Carmona, ha pasado a ser una mera comparsa de la Ejecutiva teóricamente federalista y democrática,
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Y si vamos a los partidos emergentes, CIUDADANOS y PODEMOS, no quedan tampoco demasiado bien parados. Tanto Albert Rivera como Pablo Iglesias se han desvelado como verdaderos caciques que dominan su partido con mano férrea y disciplina prusiana. Existe un abismo entre lo que dicen que hacen y lo que realmente llevan a cabo. En el caso de PODEMOS además de las tradicionales decapitaciones como la del arrinconamiento de líderes destacados tales como Juan Carlos Monedero o Pablo Echenique, tenemos la farsa de los círculos y de la participación y votaciones asamblearias, donde la Ejecutiva del partido ha impuesto el suyo por el simple método de votar las propuestas en bloque, lo que equivaldría a un “programa completo cerrado” similar a la de las listas.Una perversión y retorcimiento de la democracia. En cuanto a CIUDADANOS sus últimas actuaciones y diferentes “varas de medir” respecto al PSOE y PP generan serias dudas de su verdadero compromiso y su supuesto centrismo y partido bisagra. Simplemente parece una izquierda esquizoide con alma pseudo liberal moderada pero con tics totalitarios, un mal remedo de UPyD y su exlíder Susana Díez.

Y si hablamos de estos otros partidos ya casi condenados al destierro del Parlamento, IU y UPyD, no pueden ser tampoco considerados como adalides de la democracia, aunque se harten de denunciar al resto y pedir cambios en la Ley electoral y listas abiertas. Un panorama desolador en el que no es de extrañar que hayan cogido fuerza los movimientos separatistas aprovechando no solo la debilidad del Gobierno de España sino la falta de un proyecto común y de una voluntad de regeneración democrática. Un frente fácilmente bordeable como lo fue en su día la famosa “Línea Maginot” en el que uno de los sistemas de la llamada "guerra relámpago" usados para pasar la línea fue el de desplegar a los paracaidistas que se infiltraban tras las líneas enemigas formando una envolvente.

La caída de los imperios siempre se produce por el anquilosamiento, inmovilismo y falta de visión de futuro por desidia, orgullo y prepotencia de la sociedad y de sus dirigentes.

¡Que pasen un buen día!

Terrorismo antijudío
Marcelo Birmajer Libertad Digital 17 Octubre 2015

La brutal ola de ataques terroristas palestinos contra judíos israelíes en Israel no está motivada por la búsqueda de la independencia palestina, sino por el deseo nazi de asesinar judíos y de aniquilar la democracia en Medio Oriente. Esta ideología insensata, cuya alianza con el nazismo inaugurara el muftí de Jerusalén Muhamad Amín al Husayni, en los años 40 del siglo pasado, tiene hoy su correlato en diversos grupos y Estados de Medio Oriente y África: Hamás en Gaza, Hezboláen el Líbano, ISIS en Irak y Siria, Boko Haram en Nigeria, la República Islámica de Irán en el Golfo Pérsico. El hecho de que estos mismos grupos en ocasiones se enfrenten violentamente entre sí no contradice su idéntica naturaleza ideológica, signada por la opresión de la mujer, el exterminio de los homosexuales, la eliminación de la libertad de expresión y de circulación. Entre sus objetivos más destacados se encuentra la obliteración del pueblo judío, como conjunto humano y filosofía de vida. También dentro del movimiento comunista, en su momento de auge a mediados del siglo XX, existieron enfrentamientos violentos entre distintos líderes, sin que esoalterara su adhesión incondicional a la prohibición de elecciones libres y a la conculcación de la propiedad de los individuos a favor de una camarilla estatal. La matanza de judíos es un credo compartido por todas estas agrupaciones fundamentalistas, y ejercida por individuos empáticos con sus premisas.

En los últimos quince días, comenzando por el asesinato de un matrimonio judío en Cisjordania -delante de sus hijos-, en ese caso con armas de fuego, las agresiones a cuchillo contra transeúntes israelíes superan largamente la veintena. Sólo el pasado martes 13 se produjeron cuatro ataques en Jerusalem, a cuchillo, que sumaron dos muertos.

Paradójicamente, la actual metodología zombie de ataque indiscriminado con cuchillos, destornilladores, embestidas automovilísticas y piedrazos mortales pone mucho más en jaque a la democracia que las anteriores oleadas terroristas, como la de los suicidas con explosivos en los colectivos de Jerusalem y Tel Aviv de hace una década, por ejemplo, que sin embargo asesinaban muchas más personas. Aquellas masacres respondían a un comando central, ya fuera Hamas o la Yihad Islámica, con líderes que asumían las acciones y podían ser combatidos. La profusión de criminales sin ton ni son, sin directivas aparentes, es un ataque mucho más peligroso contra la libertad. La división en dos Estados para dos pueblos, el existente Israel y un nuevo Estado árabe palestino, sigue siendo tan urgente como en 1948, y tan rechazada por la dirigencia palestina como lo hizo el muftí de Jerusalem antes y después de la partición de Palestina en 1947. Todos aquellos que aún confiamos en la división de dos Estados para dos pueblos haríamos bien en alertar cuanto antes de que estas masacres cometidas por terroristas palestinos contra judíos israelíes no son un modo de lucha o resistencia sino, por el contrario, el peor intento de apagar la frágil luz de la paz.

© Revista El Medio

Adoctrinamiento independentista
El desafío separatista, a examen en las escuelas catalanas
Gaceta.es  17 Octubre 2015

El pasado 28 de septiembre los alumnos de 6º de Primaria de la Escuela María Manent de Premiá de Dalt -un municipio situado en la comarca del Maresme, a unos 20 kilómetros de Barcelona- tuvieron que responder a un test sobre las elecciones autonómicas catalanas celebradas el día anterior. Estos comicios fueron entendidos como un plebiscito para la independencia por las fuerzas secesionistas.

Adjuntando las portadas de La Vanguardia y El Periódico de Cataluña tras las elecciones, el colegio preguntó a los alumnos de 11 años sobre los resultados electorales: "¿Qué tipo de elecciones se realizaron en Cataluña? ¿Qué votaban los catalanes?". A partir de ahí el contenido político del test aumentó y los estudiantes tuvieron que responder a cuestiones como "¿Por qué crees que eran especialmente importantes estas elecciones?” o explicar por qué se decía que había ganado el "sí" a la independencia, y si los partidos separatistas tenían el 50% de los votos y el 50% de los escaños.

Por último, el examen contenía una pregunta abierta en la que se pedía a los alumnos que "hicieran una valoración personal explicando aquello que supieran de las elecciones y el proceso soberanista que se pretende llevar a cabo en Cataluña”.

¿Cazar y pescar con una única licencia? Imposible: diez CCAA se oponen a la ficha conjunta
Pedro Blasco www.vozpopuli.com 17 Octubre 2015

Hasta ahora pescadores y cazadores tenían que sacar un permiso en cada una de las comunidades autónomas, pero el día 14 se firmó la licencia única que sólo aceptan Asturias, Extremadura, Madrid, Castilla y León, Valencia, Aragón y Galicia.

Luis es aficionado a la pesca. Aprovecha sus vacaciones de verano para lanzar las cañas en un pueblo de Almería cercano a Murcia. Pese a que tiene su licencia expedida por la Junta de Andalucía, un día en el que no picaban en la playa a la que acude habitualmente, decidió probar suerte en una cercana, pero perteneciente a la Región de Murcia. Cuando ya había lanzado por primera vez su anzuelo, una pareja de la Guardia Civil le pidió la licencia. Sacó su documentación, pero no le servía. Con esos papeles sólo podía pescar en Andalucía.

Lo mismo le hubiera ocurrido en Cataluña, Valencia o en cualquier otra comunidad autónoma. Tras la aprobación de la Constitución, los gobiernos regionales recibieron las competencias en materia de pesca y caza deportiva. Y fue entonces cuando cada una de las 17 comunidades legisló y aprobó su licencia. Una locura para los aficionados.


Los extranjeros que vienen a cazar a España, miles, especialmente a pueblos de Castilla-La Mancha, Extremadura o Andalucía, no lo entienden. Y tampoco Luis, que ha dejado de viajar a las playas de Murcia para no meterse en líos. Se calcula que en España hay cerca de un millón de licencias de caza y pesca que tienen que tramitar sus permisos en cada uno de los lugares donde van a practicar el deporte.

Desde hace unos años, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha venido trabajando para crear una licencia única que los aficionados pudieran utilizar en toda España. Primero se redactó un protocolo, pero hasta la pasada semana no se ha firmado un convenio para lograr un solo permiso, la vieja aspiración de miles de personas.

Sin embargo, no todos han firmado esta suerte de ‘pacto de Estado’. Diez comunidades autónomas han rechazado la licencia única que pretende simplificar los trámites para que tanto cazadores como pescadores puedan ejercer en cualquier punto de España.

El acuerdo lo rubricó el pasado miércoles la ministra de Agricultura y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, con representantes de Asturias, Castilla y León, Extremadura y Madrid. Se adherirán en las próximas semanas Aragón, Comunidad Valenciana y Galicia, que parece necesitan el permiso de sus parlamentos. ¿Y el resto? Uno de los gobiernos, el de Castilla-La Mancha, tenía apalabrada su participación pero se descolgó en el último momento. Parece que el asunto económico ha tenido que ver, ya que esta región es una de las que tiene más actividad cinegética. El resto han preferido seguir mareando a los aficionados.

¿Boicot?
Técnicos independientes que han trabajado en este tema dijeron a este periódico que no entienden que no hayan rubricado este pacto todas las comunidades “pues se trata de dar un servicio y simplificar las cosas a los aficionados”. En el Gobierno y consejerías de Medio Ambiente firmantes del PP se habla de boicot a todo lo que pueda suponer unidad de España.

La nueva licencia única tiene un precio de 70 euros para la caza (que exige un examen propio en cada comunidad) y 25 para la pesca y está abierta a que los gobiernos autonómicos lo puedan firmar en cualquier momento. “Seguro que el 21 de diciembre, cuando hayan pasado las elecciones, alguno más querrá adherirse”, decía un consejero del PP poco después del acto con la ministra.

La caza mueve cada año en España cerca de 3.600 millones de euros, según datos del Ministerio de Agricultura, y crea unos 30.000 puestos de trabajo sobre una base territorial que abarca 43 millones de hectáreas, un 86% del territorio nacional.

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Rajoy promueve la delincuencia
Jesús Laínz Libertad Digital 17 Octubre 2015

Pasada la resaca de las elecciones catalanas, parece obvio lo que tendría que hacer cualquier gobernante con la mínima visión de estadista.

Paso uno: recordar sin descanso a los olvidadizos nacionalistas que han de seguir los procedimientos legales para cualquier propuesta. ¿Que quieren convocar referendos en los que solamente los catalanes puedan decidir si España se liquida o no? Pues que se presenten a unas elecciones generales con ese punto en el programa y, obtenidos los votos y los apoyos necesarios de otros partidos, que propongan modificar la constitución que ellos votaron con entusiasmo en 1978 o redactar una nueva que así lo contemple. Y si consiguen redactar esa constitución y que la mayoría necesaria de diputados y después los ciudadanos la aprueben, adelante.

Paso dos: mientras llega ese momento, que, salvo golpe de estado, puede retrasarse muchos, muchos años, los gobiernos españoles desde hoy hasta entonces tienen que ponerse manos a la obra para desactivar legal e ideológicamente el nacionalismo, cosa que no se ha hecho en cuatro décadas de régimen.

De la desactivación ideológica mejor no hablar, pues se trata de conceptos desconocidos para nuestros gobernantes, especialmente para los de la supuesta derecha, esos marxistas vulgares (que, evidentemente, no tienen ni idea de quién fue Gramsci) totalmente incapaces de concebir que el gobierno de una nación va algo más allá de cuadrar las cuentas de la economía nacional.

Respecto a la dimensión legal del asunto, el flagrante, constante e insultante incumplimento de leyes y sentencias por parte de los nacionalistas ha crecido hasta convertirse en un clamor contra todos los gobiernos anteriores y especialmente contra el de Rajoy por empeñarse en destruir el Estado mediante el sencillo procedimiento de no aplicar la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico.

El más alto representante del Estado en Cataluña, Artur Mas, se ha reído con razón de nuestro falso Estado de Derecho cuando ha recordado a sus complacidos seguidores que saltarse las leyes españolas no tiene consecuencias y que España es un Estado fallido. Efectivamente, como aquí saltarse las leyes a la torera es deporte nacional, la bola de nieve ha crecido mucho, por lo que sorprende que haya quienes todavía se sorprenden de que el rebaño separatista, debidamente dirigido por sus pastores vara en mano, presione a los jueces catalanes para que dicten una sentencia nacionalistamente correcta sobre el mesías cuya imputación se concibe, hoy con el sedicioso Mas igual que ayer con el estafador Pujol, como un ataque contra Cataluña.

Pero no parece que la cosa vaya a cambiar. Pues el presidente del gobierno declara constantemente su voluntad de negociar con quienes aspiran a desguazar la nación que él preside y de hacer la vista gorda a graves incumplimientos de la ley que en cualquier país serio hace ya mucho que habrían provocado el procesamiento de los gobernantes nacionalistas, entre otros muchos delitos, por traición y sedición. Incluso ha llegado a declarar su deseo de que los tribunales no decidan la inhabilitación de Artur Mas y de que no se apliquen los artículos constitucionales pertinentes, en concreto el 155. Es decir, el presidente del gobierno de un Estado de Derecho ¡desea que ese Estado de Derecho no funcione como tal para así poder echar una manita a delincuentes que pretenden destruirlo! ¡Un presidente del gobierno desea que la arbitrariedad se imponga a la ley y que los ciudadanos no estén sujetos a ella, empezando por quienes, por su condición de gobernantes, deberían dar ejemplo! ¡Y para colmo sostiene que semejante aberración jurídica "vendría a demostrar la grandeza del imperio de la ley"! Es imposible concebir mayor degradación política. Cuando un Estado de Derecho deja de serlo, pierde todo derecho a existir. Además, si Rajoy y los suyos no acaban de comprender que la actual hegemonía nacionalista se debe en buena medida a la inobservancia de la ley, al menos deberían ser capaces de comprender sus propios intereses partidistas: pues el motivo del tremendo despoblamiento de su electorado es, precisamente, su hartzago por la inobservancia de la ley.

Mientras tanto los nacionalistas, esos consumados estadistas que, cuando sopesan sus decisiones políticas, no lo hacen pensando en las siguientes elecciones sino en las siguientes generaciones, siguen dedicándose a lo suyo con la profesionalidad y constancia que les caracteriza. Y lo suyo consiste en construir su dominio totalitario de la sociedad sin prestar atención a obstáculos morales, legales o constitucionales que, al fin y al cabo, les consta que son papel mojado porque así lo demuestra el propio presidente del gobierno que tendría que activarlos.

Su análisis es certero y no se han preocupado por ocultarlo: si esta vez no han podido conseguir sus objetivos, otra vez será. Al fin y al cabo la perversa lógica autodeterminista consiste en que el camino es sólo de ida: el número de votaciones es infinito hasta que se consigue el resultado deseado, momento en el que ya no se vota más. Según los estudios de la Generalidad, el voto antiseparatista se ha concentrado en las personas de más edad, mientras que el retrato del votante separatista es el de una persona joven, en concreto menor de treinta años. ¿Milagro? ¿Imperativo biológico? ¿Mutación genética? ¿A qué se deberá el curioso fenómeno de que las generaciones que vivieron el horrorosamente horroroso genocidio cultural y lingüístico sufrido por Cataluña bajo el franquismo son las que votan a favor de la permanencia en España y las nacidas ya en democracia, bajo la Constitución promovida por CiU y en el Estado de las Autonomías diseñado a imagen y semejanza de los deseos de CiU, son las que votan por la secesión? ¿Qué ha sucedido en estas cuatro últimas décadas en Cataluña para que la sociedad, en concreto los catalanes que han pasado por las aulas, haya experimentado un cambio de opinión y sentimiento tan contundente?

No insultaremos al lector dando la respuesta. Simplemente señalaremos un hecho muy sencillo: ¿por qué será que los recién llegados separatistas valencianos se han apresurado a controlar las consejerías de Política lingüística y Educación? La explicación nos la da Vicent Marzà, nuevo consejero de Educación: "En diez o quince años, el País Valencià será parte de los Països Catalans".

No se puede ser más claro.

El antifranquismo, cáncer de la democracia
Pio Moa  www.gaceta.es 17 Octubre 2015

Hace años vengo denunciando al antifranquismo como el cáncer de la democracia. Parece que otros, Hermann Tertsch, por ejemplo, se van percatando a su vez de esta evidencia. En política suele ocurrir que las evidencias sean lo último que se percibe.

El antifranquismo, como antaño el anticatolicismo, es el factor común a todos nuestros políticos de medio pelo. ¿Qué es lo que une a De Juana Chaos, Soraya, Zapatero, Urcullu, Mas, Josu Ternera, Rajoy, antes a Carrillo o Bolinaga, a Cebrián, Alfonso Guerra, Susana, Aido, Ansón, Arzallus, Pakito, Chacón, Bolinaga, Sánchez, probablemente Rivera, y tutti quanti? Solo una cosa: todos se proclaman antifranquistas en mayor o menor grado, todos identifican antifranquismo y democracia, todos aspiran a borrar de la historia “la era de Franco”, unos “mirando al futuro”, otros de modo más activo; unos privando de historia a los españoles, otros falsificándola. Y ahí se halla la fuente de todos los males que sufre nuestra democracia y que están amenazando la propia subsistencia de la nación. Algo parecido ocurría en el Frente Popular, alianza de izquierdistas y separatistas, hoy ampliada al PP.

Para entender lo que esto significa basta observar las amenazas y distorsiones más graves que sufre nuestra política, que podrían resumirse así:

La connivencia con el terrorismo, en particular el de la ETA.
Las oleadas de corrupción, que afectan a todos los partidos con poder.
Los separatismos.
La “muerte de Montesquieu”, es decir, la politización de la justicia.

Estas cuatro amenazas que corroen la democracia y la unidad nacional, tienen el sello del antifranquismo. En función de la identificación de antifranquismo y democracia, nadie más demócrata que la ETA y el PCE, que lucharon realmente contra aquel régimen, cosa que no hicieron los demócratas o los separatistas, exceptuando los etarras. No había demócratas en las cárceles de Franco, y los pocos existentes en la sociedad vivían y prosperaban en aquel régimen sin más oposición que alguna intriga menor o algunas quejas.

Nótese que no incluyo entre los peligros para la democracia al terrorismo etarra, sino a la connivencia con él. Hay un hecho violentamente antidemocrático, antinacional, un golpe tremendo al estado de derecho, que debiera bastar para ver en qué ha degenerado el sistema actual: desde la transición, la ETA ha disfrutado de un estatus especial, del intento de alcanzar una “salida política” negociando con los asesinos. Negociación implica aquí colaboración, puesto que convierte al asesinato en un modo de hacer política. La excepción fue el período de Aznar, cuando se trató a la ETA como debe hacerse en un estado de derecho y con resultados extraordinariamente buenos. Según confesión de sus jefes, el grupo terrorista se hallaba al borde del precipicio. Vino entonces el PSOE, después del 11-m, a rescatar a los criminales mediante la colaboración más espectacular, refrendada por un Parlamento corrupto hasta la médula, y no solo en lo económico: cientos de asesinatos premiados con legalidad, cargos políticos, dinero público en abundancia, proyección internacional... Entre la ETA y el PSOE hay demasiadas coincidencias políticas: ambos se proclaman socialistas, aparte de otras muchas cosas como abortistas, homosexualistas, etc. Y la una es radicalmente antiespañola y el otro, como poco, indiferente a España. Pero, sobre todo, los dos se definen como visceralmente antifranquistas. Tienen mucha base para “negociar”. Y a todo ello se ha sumado el PP.

¿Por qué casi ningún analista ha denunciado o siquiera ha querido ver el gravísimo delito contra las leyes, contra la Constitución, contra la convivencia social, que ello ha supuesto? Cuando se habla de corrupción se piensa en el dinero, pero hay otras corrupciones más profundas e infecciosas, empezando por la intelectual.

Como máximo argumento, en una conferencia unos charlatanes me preguntaron intimidatoriamente si yo condenaba al franquismo. Respondí: "claro que no lo condeno. El franquismo no venció a una democracia, sino a un proceso revolucionario que amenazaba disgregar España y destruir la cultura cristiana. Después libró a España de la guerra mundial, que habría multiplicado los desastres, derrotó al maquis, que intentaba volver a la guerra civil, hizo que los españoles olvidaran los odios que destrozaron a la república y dejó un país próspero y reconciliado. La democracia o lo que hay de democracia, ha sido posible por la herencia del franquismo". Y todas las amenazas a ella provienen, insisto, de ese antifranquismo zascandil de después de Franco, colmo de la estupidez. Pero la estupidez, como la mentira, juega un gran papel en la historia

Los bergantes habituales dicen que en la transición se reconciliaron los españoles. Nada de eso: los españoles estaban en su inmensa mayoría reconciliados. Quienes se reconciliaron entonces fueron unos mediocrísimos políticos, y lo hicieron sobre bases falsas que han conducido a la crisis actual. De no haber contado con la herencia de paz, prosperidad y reconciliación legada por el régimen anterior, aquellos botarates nos habrían conducido de nuevo, en muy pocos años, al desastre republicano. Al que, por fin, tienden nuevamente. A eso conduce la falsificación de la historia por unos y el intento de olvidarla por otros.

Todo esto lo he tratado con detenimiento en Los mitos del franquismo. Va dedicado “a quienes respeten la verdad y sientan la necesidad de defenderla”. Es por tanto un libro de combate. De combate contra la mentira profesionalizada que denunció reiteradamente y en vano Julián Marías.

El PP, marca blanca de Ciudadanos
Manuel Cruz El Confidencial 17 Octubre 2015

"La idea de reforma del Constitucional es de una zafiedad inconcebible", declaraba hace algunas semanas en el diario 'El País' Alberto López Basaguren, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco. Llevaba razón, sin duda, pero solo me permitiría añadir a su valoración que la iniciativa era demasiado zafia como para no ser maquiavélica. Pasadas las semanas, se me confirma la sensación de que, más que dar un puñetazo encima de la mesa, lo que pretendía el PP era materializar un cálculo en el que creía que podía jugar a ganador en cualquier escenario posible: si perdía la lista del Junts pel Sí en las catalanas, podía presentarse como el artífice de la derrota del enemigo principal, alzándose con el trofeo y manifestando a los cuatro vientos que su línea intransigente había sido la adecuada para el objetivo lo que, en gran medida, le dejaría allanado el camino a las generales. Pero si, por el contrario, Mas obtenía la mayoría absoluta, dispondría de una eficaz munición cara a la campaña de las siguientes elecciones, presentándose como el partido que con más determinación defendía la unidad de España.

Es probable que, como con los trucos de los prestidigitadores, muchos analistas políticos se hayan distraído con los elementos más llamativos de la operación (con el bronco "se ha acabado la broma" de Albiol para captar la atención del respetable a modo de señuelo), sin percibir la estrategia que había detrás. De hecho, una de las claves de la complejidad de la operación la señalaba en su portada el diario 'La Vanguardia' del lunes, 7 de septiembre, en la que se podía leer: "La reforma del TC busca esquivar una suspensión de la autonomía". En un sentido análogo, 'La Razón' advertía, días después, de que un hipotético gobierno independentista podría iniciar su hoja de ruta con las cámaras españolas disueltas y, por tanto, sin capacidad de respuesta, lo que hacía necesario que el gobierno en funciones dispusiera de las herramientas para una situación de emergencia así.

Con lo que no parecía contar el PP era con que la noche del 27-S las urnas ofrecerían la combinación de un resultado insuficiente para Mas y directamente desastroso para las propias huestes. Empezando por lo segundo, la magra cosecha de diputados populares impedía cualquier intento por su parte de presentar el limitado balance de Junts pel SÍ como una victoria propia. Es más, de haber victoria, debería contabilizarse en el haber de otros. Particularmente de los que han crecido de manera espectacular, esto es, Ciudadanos, que no en vano se atribuyeron desde el primer momento el mérito de haberle parado los pies al independentismo en Cataluña.

Por lo que respecta al segundo beneficio que se pretendía extraer de la operación del Constitucional, el de presentarse a la próxima contienda electoral, la de las generales, como el único partido de ámbito estatal en condiciones de defender la unidad de España, está claro que la pretensión también ha saltado por los aires y exactamente por la misma razón, esto es, por la debilidad electoral de la que ha hecho gala el PP en las autonómicas. Debilidad que, por añadidura, se proyecta con efectos retroactivos en forma de censura sobre la gestión del conflicto catalán llevada a cabo por el PP.

En efecto, a estas alturas pocos analistas políticos valoran como positiva la actuación, por llamarla de alguna manera, de Mariano Rajoy a lo largo de los tres últimos años. Incapaz de presentar propuesta alguna (lo que hubiera resultado perfectamente compatible, como es obvio, con la defensa de la legalidad) su estrategia tancredista ha servido con enorme eficacia para consolidar en Cataluña el tópico soberanista de que el Gobierno central era un muro contra el que se estrellaban todos los bienintencionados esfuerzos de la parte catalana por alcanzar acuerdos razonables y beneficiosos para todos.

De ahí que no resulte demasiado aventurado afirmar que en estos últimos meses Mariano Rajoy ha constituido para los independentistas una auténtica bendición, solo comparable a la que representaba para el PSOE de los años 80 la oposición de Manuel Fraga (no por otra razón lo mimaban tanto). Probablemente nadie lamentaría más la derrota del PP en las próximas elecciones generales que el independentismo catalán, sobre todo porque, en la medida en que de ellas surgiera un Gobierno dispuesto no solo a abrir vías de diálogo, sino, sobre todo, a poner propuestas encima de la mesa, dejaría a aquél con pocos argumentos para perseverar en su proverbial victimismo.

Pero repárese en que lo poco que hasta ahora ha hecho Rajoy (instar a la Fiscalía para que presentara una querella contra Artur Mas por la consulta del 9-N) lo ha hecho rematadamente mal. La efectiva imputación de Mas tras las elecciones del 27-S ha contribuido, como era de prever, a reforzar su figura política dentro de Cataluña, justo en el momento en el que más debilitada se encontraba. El orquestado y teatral espectáculo de su declaración ante el TSJC este pasado jueves, perfectamente previsible hasta en sus menores detalles (¿cuántas escenificaciones de parecido tenor llevamos a estas alturas, apenas con leves variaciones en los actores de reparto?), incluida la obediente y disciplinada colaboración en la protesta por parte de todos los sectores sociales y responsables públicos que suelen ser llamados a formar en ocasiones semejantes, acredita bien a las claras la torpeza de la operación inducida por el Gobierno de Rajoy.

Tal vez sea la incipiente conciencia de ese error la que haya motivado esa decisión del PP, a la que se han referido algunos medios en las últimas semanas, de no centrar la próxima campaña electoral en la cuestión catalana. Al margen de que la decisión llegue tarde y mal (añadir al tancredismo el mutismo no parece que vaya a constituir ninguna panacea de nada), resulta francamente dudoso que un recurso táctico de campaña constituya en sentido fuerte una modificación, digna de ser tomada en cuenta, de la línea política del partido.

Porque está claro que las suertes de ambos políticos siguen un paralelismo parecido al de sus erráticas estrategias, orientadas, como la evolución de los acontecimientos se está encargando de mostrar con toda crudeza (baste pensar en las negociaciones en curso entre Junts pel SÍ y la CUP), a su mera supervivencia política personal. Por ello, no hay que descartar que continúen agarrados el uno al otro todavía un tiempo, a la manera de esos boxeadores groguis que se abrazan, unidos en un tambaleo confuso que solo busca que la campana no sorprenda a ninguno de los dos en la lona. En un determinado sentido, Rajoy y Mas se diferencian muy poco: uno se esconde tras las masas (a las que jalea para luego comportarse respecto a las mismas como si él fuera el muñeco y ellas, el ventrílocuo) y el otro, tras los jueces (a los que se encarga de ir enviando leyes a su medida).

Cataluña: siperos y vengacoños
Antonio R. Naranjo www.elsemanaldigital.com 17 Octubre 2015

400 alcaldes de la heroica resistencia catalana hacen un flash mob para Artur Mas, visto como una especie de Luther King, cuando no un Mandela, por la sufrida parroquia independentista. Junqueras y Romeva también estaban allí, a pie de escaleras de acceso a un Tribunal presentado como un cadalso: el president en funciones no caminaba hacia el lugar donde se aplican las leyes que a él mismo le han dado de comer desde que veraneaba en Asturias y se hacía llamar Arturo; sino a una guillotina jacobina donde mueren los hombres pero nacen los mitos.

El ridículo es tan espantoso, tan divino y tan paleoburgués como contagioso, con distintas fases de la enfermedad: están los enfermos irreversibles, la tropa Walking Dead sin cura que pasea el virus como una recua de zombis repantigados y guturales.

Y están, también, los que mandan a ese ejército pero duermen bien bajo el techo pagado por las tropas supuestamente enemigas: éstos son los más listos, los que logran el imposible de soplar y sorber, envuelven vergüenzas judiciales en banderas manchadas y se dan la vida padre con España y contra España a la vez.

No es difícil hace una nómina al respecto ni, tampoco, intuir las próximas incorporaciones al establishment: recuerden la foto del inenarrable Antonio Baños, ese líder de las CUP con cara de haber jugado al futbolín hasta bien entrados los 40, puño en alto protestando contra un posible procesamiento de la derechameapilascatalanadetodalavida.

Tiene futuro, se cree William Wallace arengando al pueblo de Escocia frente a la Pérfida Albión, aunque su lenguaje verbal no delate su condición de niño bien con dificultades para entender las normas más elementales del aseo tras vivir, noche tras noche, en una especie de ´Afther hours´ como el de la película de Scorsese.

Pero hay, entre todas esas clases, una aparentemente más inocua pero en la práctica más letal. Los siperos.

- ¿Hay que respetar la ley?
- Sí, pero…
- ¿Un president puede ser juzgado como cualquiera?
- Sí, pero…
- ¿Puede retransmitirse un partido de España en una pantalla pública en Barcelona?
- Sí, pero…
- ¿Tiene derecho un niño a estudiar en español en cualquier punto de España?
- Sí, pero…
- ¿No es lo lógico que pague más quien más renta tiene?
- Sí, pero…
- ¿No dice la Constitución que la soberanía corresponde a todos?
- Sí, pero…

El sipero lo pasa mal en Madrid y en Barcelona, con un matiz. En la capital el sentimiento es autoinfligido, psicológico, derivado de una agenda emocional íntima que –rompamos el encanto- casi nadie siente: aunque les parezca mentira, fuera de Cataluña la gente tiene otras cosas en las que pensar o en las que plantar un pino.

Nadie se levanta –segundo scoop- pensando en cómo fastidiar, ayudar o entender a Cataluña como ningún refugiado se pregunta, mientras surca el mar en una indecente patera, cómo se protege a los percebes en esa porción concreta del océano: importará el futuro del delicado crustáceo, pero no tanto.

En Barcelona el martirio ya es endógeno y le hace sentir, con alguna razón, como a los protagonistas de La vida de los otros observados por la Stasi para calibrar si su aparente equidistancia es lo suficientemente falsa como para ayudar a la causa correcta. He aquí un ejemplo de sipero de libro.

Jordi Évole, cuyos programas son tan entretenidos y hábiles como brillantemente prejuiciosos (nada que decir, salvo que cualquier producto que prevea las respuestas antes de conocer las preguntas forma parte del mundo del espectáculo antes que del periodismo), se descolgó el 12-O con una crítica a un canal de televisión que introdujo, en horario infantil, una ´mosca´ liviana con la bandera de España en el ángulo superior derecho de la emisión.

Una bandera de España el día de la Fiesta de España, no una de la Gestapo en la conmemoración del holocausto nazi, ni tan siquiera una del PP en prime time, que para hacerse publirreportajes próximos al onanismo Rajoy ya dispone de un entregado Congreso

Perdimos el 27S: el plebiscito permanente
Jordi Carrillo Cronica Global 17 Octubre 2015

Perdimos el 27S. Quienes defendemos la unidad de España y la vigencia de su Constitución perdimos. Y mucho antes del último domingo de septiembre. La derrota no tuvo que ver con los resultados electorales ni con la interpretación que se haga de ellos. La cuestión no fue cuántos síes y noes hubo. La derrota consistió en el mero recuento de los votos de unas elecciones como si se tratara de un referéndum de autodeterminación.

Los partidos constitucionalistas se sumergieron profundamente en la lógica plebiscitaria. Es cierto que sin asumir esa lógica no se habría producido la increíble participación del 27S, pero no lo es menos que, abierta la puerta una vez, el soberanismo puede convertir a su antojo cada elección en un plebiscito. Ya antes del inicio de campaña el señor Mas se refería a las generales como un “segundo plebiscito”. Justamente lo que se avecina: el plebiscito permanente.

Tal vez, incluso muy probablemente, este ciclo reivindicativo se cierre tras las generales, cuando se alcance un acuerdo entre Gobierno central y Generalitat. Declaraciones más o menos casuales de los señores Amat y Madí sugieren cuáles serían los términos del acuerdo. Sin embargo, si el plebiscito permanente, o sea, vincular una mayoría más o menos cocinada de votos o de escaños, tanto da, en unas elecciones con la amenaza de desbordar el marco estatutario y constitucional queda legitimado como instrumento útil de presión, no cabe duda de que se recurrirá a él en los sucesivos ciclos reivindicativos.

Nadie sabe cuándo ni bajo qué dirigentes llegará el próximo ciclo, pero sí se puede afirmar desde luego que, si se utiliza otra vez el fantasma del plebiscito, de nuevo Cataluña se adentrará en un proceso sobre el que sobrevolará el peligro de que un accidente, imprevisible aunque no inesperado, encone las posiciones hasta hacerlas irreconciliables y no reste otra salida que la sublevación/restablecimiento del orden. No sería en ese momento sorprendente que el liderazgo recayera en quienes más dispuestos estuvieran al martirio (suelen ser quienes están también más dispuestos a convertir al enemigo, antes sólo adversario, en mártir). En particular si alguien tiene la ocurrencia de organizar un Maidán o un Tahir para elevar la presión al máximo.

La victoria del plebiscito permanente tiene dos motivos. Por un lado, el votante de Junts pel Sí se ha impermeabilizado a cualquier mensaje procedente de los partidarios de la unidad de España. Por otro lado, estos últimos no fueron concluyentes rechazando cualquier interpretación plebiscitaria de los resultados de las autonómicas. Tampoco el Gobierno central fue tajante en manifestar que ejecutaría cuanto estuviera a su alcance para frenar la rebelión. Si esto no se llevó a cabo es sin duda por la habilidad del soberanismo en hacer pasar por fascista reaccionario a quien defiende un Estado democrático de Derecho y por demócrata al golpista. Habría que haber roto ese círculo vicioso. Quien defiende la Constitución es heredero del general Batet, no de Franco (aunque, claro, antes el Estado debería emprender alguna iniciativa para que se supiera quién fue Batet).

La ruptura de tal círculo era una tarea con dos componentes aparentemente no tan complejos: llamar a las cosas por su nombre y explicar sus consecuencias. Una DUI es un cambio de régimen a través de una acción anticonstitucional ejecutada por detenedores del poder. O sea, un golpe de Estado. Y a los golpes de Estado, en un Estado de Derecho, los demócratas les plantan cara. Es cierto que este discurso habría podido acarrear la imposibilidad del diálogo, pero con la culpa cargaría quien amenazó con el golpe. Al menos, si se quiere expresar más delicadamente, habría que haber tenido valor para aclarar que mediante una DUI la Generalitat se habría declarado en rebeldía y, a continuación y por supuesto, para enumerar cuáles habrían sido las consecuencias y explicitar las reacciones.

Pues efectivamente, con la Generalitat en rebeldía se habría iniciado una pugna entre ésta y el Gobierno central por hacerse con el control efectivo sobre Cataluña que únicamente se resolvería mediante la coerción. Ello no implica necesariamente la violencia física, aunque fácilmente podría haber derivado en una escalada. Mayoría independentista no habría sido igual a independencia, sino a contienda, la cual habría concluido de uno de los siguientes modos, en los que el soberanismo siempre pierde:

1. La Generalitat se impone. En ese caso la Generalitat se convertiría en el único Estado en Cataluña. Se trata de una situación de hecho, no implica en absoluto, al menos inicialmente, un cambio de las fronteras españolas ni ningún reconocimiento por parte de otros Estados, sino una pérdida de control por parte del Gobierno español de una porción de su territorio. No es nada extraordinario en las relaciones internacionales. Al contrario: ya sucede hoy incluso en el seno de la Unión Europea. Así es: hay un Estado miembro, la República de Chipre, que no controla una porción, la más septentrional, de su territorio. Y esta ha sido la postura de la Unión Europea: Protocolo 10 del Acta relativa al ingreso de Chipre a la Unión Europea: “Artículo 1.1. La aplicación del acervo comunitario quedará suspendida en las zonas de la República de Chipre en las que el Gobierno de la República de Chipre no ejerza un control efectivo”.

Cae por su propio peso: ¿Cómo podría asegurar el Gobierno de España que en el puerto de Tarragona se están gravando las importaciones con el arancel único si no lo controla? Si el Gobierno de España pierde el control sobre Cataluña no puede seguir aplicando los tratados europeos (esto conlleva, entre otras cosas, un corralito). Sorprende, y decepciona, que ni el señor Margallo ante el señor Junqueras ni el señor García-Albiol adujeran este clamoroso precedente, en especial este último cuando los señores Baños y Romeva lo acorralaron en TV3 discutiendo sobre la imposibilidad de expulsar una comunidad autónoma de la Unión.

2. El Gobierno de España mantiene el control sobre Cataluña. En este caso procedería el rescate temporal de algunas competencias de la Generalitat para asegurar el orden y la estabilidad hasta que la situación se normalizara y se pudiera sentar a quienes renuncien al maximalismo alrededor de una mesa, para hablar civilizadamente sobre financiación, competencias e infraestructuras.

3. Un resultado intermedio sería la partición de Cataluña, incluida la de Barcelona, escenario en absoluto implausible vistos los resultados electorales, y considerando que las zonas más leales a España son accesibles por tierra, mar y/o aire desde el resto de la Península.

Sea por incapacidad sea por impermeabilidad, este relato no fue predominante, sino que el discurso plebiscitario se impuso, siendo el efecto en el comportamiento electoral presente y, lo que es peor, futuro, innegable. Los electores leales a España depositaron su sufragio sin saber ni si ni cómo su Gobierno los protegería. Por su parte, una parte de los votantes de Junts pel sí acudió a las urnas convencida de que la independencia puede ser, a la vez, unilateral, exprés y sin coste, requisitos groseramente incompatibles (si es sin coste no puede ser unilateral y exprés y viceversa). Esa parte de votantes tampoco se sonroja cuando asevera que violentará la Constitución española en su aspecto más sustancial, la indivisibilidad de la nación, mientras reclama su vigencia en lo que se refiere a nacionalidad. Otra parte de los votantes de la coalición se acercó a los colegios segura de que la reclamación y, si se precisare, la proclamación de la independencia es la herramienta adecuada para obtener el mejor Estatuto. Las atinadas, y poco repetidas, palabras de Felipe González les dejaron indiferentes: “No conseguirán, rompiendo la legalidad, sentar a una mesa de negociación a nadie que tenga el deber de respetarla y hacerla cumplir. Ningún responsable puede permitir una política de hechos consumados, y menos rompiendo la legalidad, porque invitaría a otros a aventuras en sentido contrario”.

Finalmente, la gran mayoría de estos electores independentistas sigue creyendo las promesas que les hicieron en nombre de terceros: con su voto determinarían no sólo el futuro del conjunto de los catalanes sino que además su voluntad sería aceptada sin más por el resto de españoles, los franceses, los alemanes o los italianos, como si estos no tuvieran su propia voluntad.

Precisamente no hace ni cuatro meses que el Constitucional italiano, tras recurso del primer ministro Renzi, declaró, en términos muy contundentes, la inconstitucionalidad de ley de la región del Véneto que convocaba un referendo consultivo de independencia. Mientras tanto, los señores Romeva y Junqueras siguen prometiendo que, aunque Renzi le haya negado un referendo a Luca Zaia, presidente Véneto, a Mas le va a aplaudir un golpe de Estado.

Si este ciclo reivindicativo finaliza con una cierta concordia, una generación de catalanes, los dirigentes del futuro, se habrá hecho adulta comprobando que la amenaza del plebiscito permanente es fructífera, convencida de que puede haber independencia sin coste porque el Gobierno de España no comparecerá y el resto de Europa asentirá. Ante esta cerrazón, cabe lícitamente preguntarse si no sería más conveniente, pensando en el largo plazo, que la amenaza del plebiscito permanente se conjurara de inmediato a través de un baño de realidad, cuanto mejor si procediera no sólo del Gobierno de España sino de toda la Unión Europea, para desde ahí, la realidad, alcanzar el acuerdo. Como en Grecia.

SUS PRESOS POLÍTICOS
El alcalde de Tafalla, orgulloso de ser imputado por ensalzar a ETA
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 17 Octubre 2015

¿Nuevos tiempos? Parecen los de siempre: un alcalde que apoya al Gobierno separatista de Navarra está orgulloso de colocar una pancarta a favor de los presos y de ser llevado a la Audiencia.

Arturo Goldaracena Asa es el nuevo alcalde de Tafalla, Navarra, desde las elecciones de mayo. Seguramente sus vecinos le votaron –por cierto, no con mayoría absoluta- para solucionar los muchos y variados problemas de la pequeña ciudad del Cidacos. Pero su EH Bildu sabe cuáles son los verdaderos y urgentes problemas de los navarros: extender la lengua éuscara (y más aún en Tafalla, donde como es sabido no es hablada únicamente por la sanguinaria represión), unirnos a las amadas provincias hermanas en un Estado independiente (y a ser posible imperial según el modelo de Federico Krutwig, de Santander a Arán y de Burdeos a Soria) y legalizar, oficializar y recompensar a nuestros hermanos en la fe de ETA, nuestros liberadores (ante todo liberando y mimando a sus beneméritos y benéficos presos en las crueles prisiones españolas) .

Quizá Uxue Barkos diga otra cosa a través de su hipócrita y jeltzale Geroa Bai, pero apoya este programa batasuno, que comparte, porque si no no estaría en el poder en coalición con Bildu ni tendría con sus votos como alcalde a Goldaracena, de cuyos actos públicos es ella también responsable.

Es lo que hay: ETA y Batasuna son terrorismo, y reivindicar sus glorias implica aplaudir el crimen y el terror. Moralmente, si no legalmente, algo parecido a eso lo hace este sábado Podemos asistiendo a la manifestación proetarra en San Sebastián para pedir la puesta en libertad del presidiario Arnaldo Otegi. De Podemos acude una docena de concejales y nueve junteros en el País Vasco, con tres parlamentarios de Navarra, incluida la secretaria general Laura Pérez, y cuatro miembros de la ejecutiva foral. Y también de lo que haga Podemos Navarra es responsable madre Barkos.

Por eso, en realidad, no sorprende ni escandaliza que fuese colocada en el Ayuntamiento de Tafalla en la el pasado 14 de agosto, con motivo de la celebración de las fiestas patronales, una artística pancarta que tenía el anagrama de Herrira y reclamaba la "vuelta a casa de los presos y refugiados políticos". Sí sorprende que lo digan escribiendo ´Preso ta iheslari politoak Etxera!´, en lo que no es precisamente la lengua madre de ningún navarro de aquí, decisiones políticas familiares aparte.

Y por tanto no debe haber tampoco sorpresa ni escándalo en que el alcalde Goldaracena haya sido llamado a declarar ante el juez de la Audiencia Nacional Juan Pablo González como imputado por un delito de enaltecimiento del terrorismo. Se trata sólo de juzgar cabalmente qué merece. Arturo Goldaracena, por mucho que sea de EH Bildu y tenga el cariño de Barkos y hasta de sus piadosos amigos, no puede pretender que creamos que su imputación constituye "un insulto para el pueblo", "una falta de respeto a un pueblo entero" ni una "venganza" por un éxito político… que en realidad no ha tenido. El pueblo no opina que los presos de Goma2 y Parabellum sean defendibles ni merezcan un premio. Más bien hay que analizar qué hizo el pueblo libre de Tafalla para merecer tanta torpeza de UPN y asociados que permitieron la coronación civil de Goldarecena.

Josep Lluís Bonet, Premio a la Tolerancia 2015
Redacción / AgenciasCronica Global 17 Octubre 2015

El presidente de Freixenet y de la Cámara de España señala que Cataluña "es parte de España y lo seguirá siendo"

"Catalunya es parte esencial de España y lo seguirá siendo, por lo tanto, no contemplo ningún episodio de secesión". Así ha hablado este viernes el presidente de la Cámara de Comercio de España, de Fira de Barcelona y de Freixenet, Josep Lluís Bonet, al recoger el Premio a la Tolerancia 2015, que otorga la Asociación por la Tolerancia.

En un acto en Barcelona, el galardonado ha apostado por la tolerancia, el diálogo, la prudencia y el pacto para resolver el encaje territorial entre Cataluña y España. "¿Por qué vamos a pelearnos? No tenemos por qué", ha exclamado, en su discurso.

Bonet ha expresado también que España tiene un "estado de derecho sólido" que ha permitido superar la crisis. "Creo que esto nos tiene que hacer pensar en ir por el mismo camino e ir juntos", ha señalado al respecto. "¿Por qué quieren excluir?", se ha preguntado en voz alta.

Premiado por su "ponderación, sensatez y pragmatismo"
Bonet ha recogido el premio por sus "sólidos valores manifiestos en sus actuaciones en favor de la conciliación entre catalanes de diversas ideas, y sus aportaciones a la convivencia y a la concordia entre los catalanes y el resto de los españoles, siendo él mismo un ejemplo de ponderación, sensatez y pragmatismo".

El Jurado ha estado compuesto por el cantante Loquillo, el productor Pau Guix, el compositor Sabino Méndez y el catedrático emérito de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, entre otros.

Han recibido este galardón en anteriores ediciones el escritor Mario Vargas Llosa, el dibujante Antonio Mingote, el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, el periodista Arcadi Espada, el dramaturgo Albert Boadella, la portavoz de UPyD, Rosa Díez, y uno de los padres de la Constitución, Gregorio Peces-Barba, entre otros.

Mas desconecta su página de España: borra el castellano de la web del Govern
David Martínez (Barcelona) www.vozpopuli.com 17 Octubre 2015

La página web oficial del gobierno catalán de la Generalitat –govern.cat- sólo está disponible en catalán y en inglés descartando la traducción en castellano. Desde su fundación en 2012 para dar noticias “de la acción del govern” se publican informaciones favorables a Artur Mas y a su proceso independentista, pero no en una de las dos lenguas oficiales en Cataluña.

“¿Ha desconectado ya Artur Mas y su gobierno en funciones con España? Al menos eso parece cuando vas a consultar la página web del govern en castellano y te encuentras que sólo está escrita en catalán con opción en inglés”. Ésta es la pregunta que, extrañado, expresaba un periodista de la televisión pública francesa que se trasladó esta semana a Barcelona para cubrir las declaraciones ante el juez como imputados de Artur Mas y sus exconselleras Irene Rigau y Juana Ortega.

La sorpresa de ese informador fue mayúscula cuando desde “determinados periodistas de medios nacionalistas catalanes” se le contestó lo siguiente: “Todo el mundo entiende el castellano en Cataluña, pero el catalán hay que ayudar a preservarlo en el mundo y eso es lo que hace el Govern a través de Internet y de su página web”, le espetó en privado un periodista de La Vanguardia al reportero francés.

Lo cierto es que los ciudadanos residentes en Cataluña o en cualquier parte del resto de España o del mundo pueden consultar la web oficial del gobierno de la Generalitat –www.govern.cat- únicamente en catalán y con una opción de traducción en inglés, pero no en castellano que es lengua cooficial en Cataluña y la utilizan más de 500 millones de personas en todo el mundo.

Este diario ha intentado sin éxito ponerse en contacto con el departamento gubernamental, que preside en funciones Artur Mas, responsable de la gestión de la web para entender las razones de por qué el castellano como lengua cooficial junto con el catalán en Cataluña no aparece en la web del ejecutivo.

Mas creó en 2012 el portal para informar de sus medidas
Cabe recordar que fue en el año 2012 cuando Artur Mas, fecha en la que inició su desafío independentista al margen de la Constitución y del Estatut, decidió crear una web “propia” que informara de las “acciones del Govern de la Generalitat en beneficio de los catalanes”.

Esta web nacía como complemento a la web oficial de la Generalitat –www.gencat.cat- que sí da la opción de ser consultada en castellano (incluso en occitano) y que informa de los trámites y las medidas más importantes de todos los departamentos de la administración catalana.

“Con la creación de Govern.cat, Artur Mas pretendía separar la comunicación general a los ciudadanos que realiza la Generalitat como administración autonómica, que se realizará a través del portal gencat.cat , de la comunicación de la acción política”, asegura a este diario un diputado socialista en el Parlament.

Sin embargo, con el paso de los años y en sus tres ejercicios de vida el portal oficial del Govern de la Generalitat se ha convertido en un portal de noticias “beneficiosas” y “positivas” que destacan los supuestos agravios del Estado en Cataluña y magnifican el discurso independentista de Artur Mas.

Por el contrario, el portal gencat.cat renovado en 2014 pero que nació en 1995 como un canal de comunicación con los catalanes se ha renovado y todos los contenidos de la web están disponibles en catalán, castellano, inglés y occitano-aranés. La actualidad se sigue ofreciendo en catalán, castellano e inglés.

“La web de la Generalitat nació en septiembre de 1995 siguiendo la corriente de las administraciones a nivel europeo de crear sitios web como punto de acceso a la información para la ciudadanía, las administraciones y las empresas. El portal web era y sigue siendo un espacio de relación bidireccional con el objetivo de ofrecer información de servicio y resolver las inquietudes de la ciudadanía”, explican desde el portal de la Generalitat.


 


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