AGLI Recortes de Prensa   Sábado 24  Octubre 2015

El parto autonómico
Jesús Laínz Libertad Digital  24 Octubre 2015

Por alguna extraña maldición caída sobre nuestro suelo allá en tiempos de la francesada, parece que a esta cansina nación que nos ha tocado en suerte tenemos que estar refundándola desde entonces cada tercio de siglo, unas veces a bayonetazos, otras a cañonazos y algunas, no por ello más exitosas, a urnazos. Y como desde aquella bendita Transición que iba a procurarnos la estabilidad definitiva ya ha pasado el correspondiente tercio de siglo, cada día son más sonoras las voces que claman por ponernos de nuevo manos a la obra, una vez más, evidentemente, en la dirección deseada por los separatistas. Por supuesto, fueron éstos los que rompieron el hielo hace ya algunos años, pero a ellos se ha sumado gustosa una izquierda siempre atraída por el cuestionamiento, cuando no por la voladura, de la nación que, paradójicamente, aspira a gobernar. Y ahora también se apunta la supuesta derecha, siempre sumisa, siempre cobarde, siempre ignorante, siempre incapaz de tomar la iniciativa y siempre dispuesta a bailar al son que toquen los demás.

Como este humilde juntaletras no quiere ser menos, aprovecha la ocasión para aportar su granito de arena en la reparación de la columna cuyas grietas amenazan con echar abajo todo el edificio: el Estado de las Autonomías. Pero como en este mismo lugar ya ha dedicado algunas páginas a exponer las muchas taras de dicho sistema de articulación nacional, hoy se limitará a recordar el anómalo parto que lo vició de origen.

Empecemos por el principio: en los tiempos del diseño del nuevo régimen, salvo obviamente a los separatistas vascos y catalanes, que lo ansiaban para utilizarlo como trampolín hacia la secesión, en España el Estado autonómico no le interesaba a casi nadie. Así lo observó, por ejemplo, Josep Tarradellas en enero de 1981:

El otro día una personalidad política castellana muy importante, hablando de la autonomía de Castilla-La Mancha, me decía: La gente que realmente quiere la autonomía en mi provincia cabe toda en un autobús y sobran plazas.

Lo mismo declaró en aquella época Miguel Ángel Revilla, dirigente del Partido Regionalista de Cantabria, cuyo ideario se resumía en el lema "Cantabria región sin Castilla ni León":

Pasado el tiempo las tesis regionalistas parecen sencillas, pero en aquel momento (1976) era una idea que no tenía ni arraigo, ni fuerza y solamente compartida por unos pocos.

En 1984 escribiría otro de los más importantes protagonistas de la Transición, el ministro del Interior Rodolfo Martín Villa:

Los datos sociológicos que obraban en poder del gobierno Suárez demostraban que las preocupaciones autonomistas no ocupaban los primeros lugares en la escala de las aspiraciones y reivindicaciones de los españoles. Lo autonómico era más un problema de la clase política, de los políticos nacionalistas, por supuesto, y de aquellos que se constituyeron en valedores suyos, o lo que es más significativo, en imitadores y superadores de sus planteamientos.

Finalmente, su compañero de gobierno José Manuel Otero Novas recordaría algunos años después que incluso los referendos de los estatutos gallego, vasco y catalán tuvieron poca participación popular (en el caso de Galicia, un escandaloso 28%):

Lo cual no hizo sino confirmar lo que las investigaciones sociológicas de 1976 y 1977 venían mostrando, pues con Franco muerto, con la libertad política rehabilitada, con las banderas de la reivindicación regional desplegadas ante la sociedad, sin ningún grupo político significativo que postulara entonces el centralismo, y ya inmersos en la resaca antifranquista, el hambre autonómica popular era muy baja.

La opinión parece clara y bastante unánime. ¿Cómo fue posible, entonces, que se estableciera, sin oposición audible, un modelo de Estado mirado con desinterés por una mayoría de los españoles? La clave quizá se encuentre en lo que el director del Departamento de Ciencia Política de la UNED, Andrés de Blas, escribió sobre ello en 1994:

No existía un fervor autonomista en el conjunto de España en el momento de celebrarse las primeras elecciones legislativas, aunque seguramente sea cierto que ese entusiasmo era real dentro de buena parte de las nuevas élites políticas. Una vez que se atisbaron espacios de poder, nadie quiso quedarse atrás en el proceso autonómico. La perspectiva de gobiernos, parlamentos y administraciones propias resultaba un acicate para el comprensible deseo de participación política y para el menos positivo, pero también comprensible empeño, de asegurarse un lugar en la esfera de lo público. No es cosa de ser injustos con las aspiraciones autonómicas de regiones españolas hasta entonces poco interesadas en ella. Pero creo que es un hecho que nadie igualó a las clases políticas locales en su afán concienzador a nivel regional. Incluso las clientelas más evidentes de todo movimiento regionalista, las inteligencias locales, quedaron desbordadas ante el celo autonomista de los nuevos políticos.

Un cuarto de siglo después se vivió una situación parecida: con motivo de las elecciones autonómicas catalanas de 2003, todos los partidos salvo el PP plantearon modificar el estatuto o redactar otro que superase sus muy amplias competencias. Por el contrario, las encuestas indicaron que el 60% de los catalanes no creía necesaria ninguna modificación estatutaria. De nuevo una gran distancia entre los intereses de los políticos y los de los ciudadanos. Y cuando tres años después se celebró el referendo de dicho nuevo estatuto, sólo fue a votar el 49% del censo, lo que no impidió que, con motivo de la intervención del Tribunal Constitucional, muchos miles que no sabían en qué habían consistido las correcciones del tribunal, que por supuesto no se habían preocupado de leer el estatuto y que el día del referendo se habían ido a la playa se sintieron, sin embargo, indignadísimos cuando desde el poder se les dio la orden de enfadarse porque España había vuelto a insultar a Cataluña.

Así pues, a pesar del desinterés del pueblo español, el Estado de las Autonomías se impuso para contentar a unos separatistas que no se contentaron y para acabar con los asesinatos de unos terroristas que se dedicaron a asesinar mucho más; ha demostrado su derroche y su ineficacia (también lo auguró Tarradellas: "Si se continúa por este camino nos vamos a encontrar, aparte de con decenas de millares de funcionarios que van a ingresar en los regímenes autonómicos, con tres o cuatro mil cargos políticos que no sé cómo los va a poder aguantar el país. Si así ocurre, se va a disgregar el país con organismos y más organismos y esto no es ni útil ni conveniente. Me parece que unas autonomías administrativas o unas mancomunidades de provincias podrían haber sido mejor solución que este maremágnum en que estamos ahora inmersos"); ha sido utilizado por parte de cientos de mediocres para darse la gran vida, enchufar a la familia y, según poética expresión recientemente acuñada, para "tocarme los huevos, que para eso me hice diputado"; y, por encima de todo, ha sido y sigue siendo la herramienta utilizada por los enemigos del Estado para dinamitarlo desde dentro.

El principal problema de España no es una crisis económica que pasará, ni unos sinvergüenzas de los que nadie se acordará en un par de años, sino el suicida Estado de las Autonomías. Y los problemas, cuando no se solucionan, sólo pueden ir de agravamiento en agravamiento hasta el colapso final.

Liberal el último
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com  24 Octubre 2015

La cercanía de las elecciones generales ha puesto en marcha la máquina de decir tonterías en todos los partidos políticos. Los equipos de campaña, algunos recién formados y otros que no han hecho otra cosa en los dos últimos años, afinan sus propuestas para que, esta vez sí, el país salga de la crisis después de seis años de travesía por el desierto. Eso para todos menos el PP, cuyo principal recurso es que ya hemos dejado la crisis atrás gracias a los buenos oficios de un gabinete del que aseguran no se ha preocupado de otra cosa. Eso no es del todo cierto, como ya se encargó de demostrar ayer Juan Ramón Rallo en estas mismas páginas. Un país con cerca de cinco millones de desempleados es un país en crisis, se pongan como se pongan en Moncloa.

Por lo tanto, a estas alturas la vía rajoyista para superar la crisis ha fracasado. No lo ha hecho de un modo estrepitoso, cierto, pero en cuatro años de mayoría absoluta y poder cuasi omnímodo podrían haberse hecho quizá no muchas más cosas, pero sí bastante mejor hechas. Y no será porque no se les advirtió. Con que el Gobierno hubiese pinchado la burbuja de la administración pública y hubiera procedido a una generosa bajada de impuestos hoy la economía española iría como un cohete y, lo que es más importante, habría sentado las bases de una recuperación vigorosa y sostenible en el tiempo.

Pero Rajoy no hizo eso sino todo lo contrario. Perpetuó el zapaterismo –el económico y el otro– tratando en vano de hacerlo viable. El Estado sigue gastando más o menos lo mismo que hace un lustro y la carga fiscal para individuos y empresas, lejos de aligerarse ha mutado en vil saqueo colocándose en esa zona roja en la que no hay modo humano de hacer nada rentable. Algo, por otro lado, perfectamente esperable. Si la premisa fundamental era mantener intacto el momio de lo público no quedaba otra que apretar las tuercas a todo quisqui hasta que reventasen las juntas. Lo peor del rajoyato es que, se ha gastado tanto y de un modo tan insensato, que ni la abracadabrante subida de impuestos ha servido para cuadrar la contabilidad nacional. El Estado vive, como hace cuatro años, instalado en un déficit estructural que financia gracias a una letanía interminable de emisiones de deuda.

Pues bien, a pesar de que todos nuestros aprietos económicos vienen de los excesos de la socialdemocracia, los partidos, todos los partidos, al grito de liberal el último vuelven a apostar por las mismas recetas de cara a las elecciones. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. El ser humano en su variante de político español tropieza no dos sino cuarenta, y no lo hace más porque se muere antes. Da igual donde miremos, todos sin excepción están con la misma cantinela. Que si hace falta consolidar el modelo social, que si hay que subir impuestos aquí o allá, que si el fraude sigue siendo muy alto y hay que controlarlo, que si este o aquel sector habría que enchufarlo a los presupuestos generales del Estado, que si el neoliberalismo del PP nos ha llevado a la situación actual. En España podemos presumir de tener socialismo a la carta en todos sus sabores. Y esa es en última instancia la razón por la que hay cinco millones de parados.

El consenso socialdemócrata, o, mejor dicho, el socialburócrata, que diría Javier Benegas, ha arraigado de tal forma que a los pocos políticos razonables les da pánico cambiar una sola coma del discurso oficial. A tal extremo hemos llegado que no pasa nada si sale Pablo Iglesias por la tele asegurando que el suyo es el modelo ecuatoriano, pero, ay del que ponga a Suiza como ejemplo a seguir. Debemos ser el único país de Europa –quizá con la excepción de Francia, que mentalmente está peor que nosotros– en el que una república bananera de Sudamérica vende mejor que un modélico país como Suiza, en el que todo funciona como debe, las cuentas cuadran y sus habitantes trabajan para ellos mismos y no para mantener un gigantesco tinglado político-burocrático a mayor gloria de opositores tipo Soraya, y de gente con carné del partido al estilo de Floriano o de la plétora imberbe que pulula desde hace meses por los ayuntamientos liándola todo lo parda que tan breve lapso de tiempo les ha permitido.

Lo que nadie se atreve a decir más allá de las columnas de prensa o de las conversaciones privadas es que tenemos más Estado del que honradamente nos podemos permitir, que estamos engañándonos a nosotros mismos manteniendo una ilusión de riqueza sobre dinero prestado que habrá que ir devolviendo a los acreedores, que los subsidios son un carísimo pan para hoy a cambio de hambre para mañana, para pasado y para el siguiente, que cuanto más dinero maneja el Gobierno más crece y más se corrompen quienes lo forman. Después de todos estos años de infamia es lo mínimo que deberíamos haber aprendido, pero nada, el pensamiento mágico ha llegado para quedarse. Luego vendrá el llanto y saben qué pediremos, sí, eso mismo, más de la misma droga.

Cataluña, la ley y la corrupción rampante
Javier Benegas www.vozpopuli.com  24 Octubre 2015

Escribía John Locke, en Ensayo sobre el gobierno civil (1689), que “donde no hay ley no hay libertad. Pues la libertad ha de ser el estar libre de las restricciones y la violencia de otros, lo cual no puede existir si no hay ley; y no es, como se nos dice, ‘una libertad para que todo hombre haga lo que quiera’. Pues ¿quién pudiera estar libre al estar dominado por los caprichos de todos los demás?”. La cita resulta más que pertinente para una nación como la española, en la que el ciudadano común hace tan solo unos pocos años descubrió que no todos éramos iguales ante la ley, que, de hecho, para una tropa bastante numerosa de 'prohombres' la ley no existía y había sido reemplazada por la arbitrariedad, el apaño y la componenda entre partidos.

Este triste descubrimiento no solo tiene que ver con el afloramiento de una corrupción ubicua, que también, sino –y sobre todo– con la reticencia a aplicar la ley con rigor por parte de los gobernantes cuando quienes la vulneran son sus pares. Esto es lo que desde hace mucho viene sucediendo con los virreyes catalanes.

Y es que en Cataluña, esa tierra tan española como lo pueda ser Andalucía, llama la atención la impunidad con la que el “clan de los Pujol” y quien hoy es su destartalado heredero, Artur Mas, han hecho y deshecho a su antojo, evidenciando con sus constantes desafíos al orden constitucional, es decir, a la Ley, que nuestro modelo político era y es en gran medida una impostura. ¿Cómo se explica si no que aún estén en libertad Arturo y sus cuates?

Cierto es que la actual Constitución es en realidad una Carta Otorgada, porque careció del necesario proceso constituyente. Una anomalía, se argumente como se quiera, que tarde o temprano tenía que pasar factura. Sin embargo, con todo, lo más grave es que nuestra ley de leyes, sea Constitución, Carta Otorgada o lo que fuere, ha resultado en la práctica un objeto decorativo para sus propios valedores, porque, a la hora de la verdad, siempre prevalecen sobre ella los pactos y apaños de la clase política. Y precisamente han sido estos acuerdos informales, muñidos al socaire del corto plazo, de las alianzas soterradas y del amor al presupuesto, los que han dislocado España.

La norma no escrita: la Ley no se aplica a los pares
En el caso de los nacionalistas, esta circunstancia ha sido aprovechada hasta sus últimas consecuencias. Por ello, resulta irritante que Artur Mas, en vísperas de su declaración ante el TSJC como imputado, pusiera en duda con su habitual altanería la independencia de la Justicia, y afirmara ante la cúpula judicial española que "cualquier uso partidista de la justicia podría mermar la democracia". Tiene bemoles que se permitiera hacer semejante advertencia quien, como miembro destacado de la oligarquía catalana, ha sido y es uno de los responsables de que la ley en España se aplique de manera facultativa, a conveniencia de los partidos, y muy especialmente de los partidos nacionalistas. Sin embargo, este colosal ejercicio de cinismo tiene una explicación muy sencilla, en realidad a Artur Mas poco le preocupa la independencia del Poder Judicial, bien sabe que eso siempre ha estado en entredicho, lo que quiere es que se mantenga esa regla no escrita que impide que la ley se aplique entre los pares. Porque puesto en la tesitura de pasar a la historia como un vulgar chorizo o como el Moisés de los catalanes, lógicamente ha preferido lo segundo. Se podría ser aún más sinvergüenza, pero entrenando.

Donde no hay ley no hay libertad, en efecto. Y en Cataluña, región que es el epítome del desquiciamiento institucional de España, la ley no ha hecho otra cosa que languidecer durante décadas. En consecuencia, la libertad ha corrido la misma suerte. Curioso, por eso, que uno de los argumentos más utilizados para vender la independencia sea que, una vez fuera de la jurisdicción española, quienes residen en Cataluña serán por fin libres. Cuando en realidad a lo que aspiran Artur Mas y sus compinches es a conservar, por los siglos de los siglos, esa inmunidad no escrita que les ha permitido manejar los presupuestos a conveniencia, y, en adelante, no tener que negociar con nadie ni los dineros ni los delitos.

Siendo así las cosas, que lo son, hablar de federalismo cuando quienes mandan son los cuatreros no es que carezca de sentido, es que no tiene utilidad alguna para la cohesión de la sociedad española. Y no lo tiene, por un lado, porque en la práctica el Estado de las Autonomías es en sí un Estado federal, solo que con un nombre distinto. Y por otro, porque la hoja de ruta de los independentistas ha sido, es y seguirá siendo el saqueo y la independencia. Solo los muy cándidos pueden ignorarlo, o tal vez quienes se postulen para, como nuevos agentes, renovar el viejo pacto del 78. Poco o nada queda ya por transferir a los oligarcas catalanes, si acaso resta pintarles la frontera. Cambiar el nombre de Estado de las Autonomías por el de Estado Federal sería, en todo caso, un triunfo más de esta pandilla –si se quiere, simbólico– en su camino hacia un régimen propio donde poder seguir trincando impunemente.

Lejos de caer en esa trampa, y por más que Pedro Sánchez u otros piensen que, de cara a las Elecciones Generales del 20-D, ganarán votos vendiendo la filfa federalista en determinados mercados, toca reformar la Constitución en lo que es de verdad importante o ver la manera de hacer una nueva, para que las convenciones fundamentales se compartan y respeten por todos –no robarás, por ejemplo–. Así, además de subsanar gravísimas carencias, tal cual es la no separación de poderes, se establecerían las salvaguardas oportunas para mantener a raya a nacionalistas, anticapitalistas y cualquier otra tropa liberticida, salteadores de caminos incluidos. Porque, nos guste o no, estas especies minoritarias forman parte de la idiosincrasia de España, y van a estar siempre con nosotros, al acecho, dispuestas a aprovechar cualquier resquicio y a encontrar aliados ocasionales –tontos útiles o políticos sin escrúpulos– para salirse con la suya. Asumámolos, así son las cosas. No pasa nada. Ningún país es perfecto. Lo que necesitamos son esas salvaguardas para que los españoles corrientes y sus instituciones dejen de ser invisibles. Todo lo demás son cuentos.

Dos mujeres de raza
Antonio de la Torre Libertad Digital 24 Octubre 2015

No es España un país en el que falten mujeres de postín a lo largo de su Historia. Basta con dar un breve repaso para ver que las encontramos en todos los ámbitos.

Así, en el campo de la política, entre otras, podemos destacar desde Isabel la Católica, la gran reina de Castilla que consiguió, tras la unión con Aragón –Condado de Barcelona incluido- por su boda con Fernando , acabar casi ocho siglos de Reconquista y la Unidad Nacional, además de impulsar y financiar el descubrimiento de América, hasta Agustina de Aragón en su desigual lucha contra las tropas napoleónicas, sin dejar a Mariana Pineda, defensora liberal de la Constitución de Cádiz, La Pepa de 1812, que pagó con su vida la osadía de enfrentarse al absolutismo de Fernando VII, el conocido –no sin razón, por cierto- como Rey felón.

En el mundo de la cultura, también entre otras muchas, tenemos ejemplos como Beatriz Galindo, La Latina; Cecilia Böhl de Faber, que escribía con el pseudónimo de Fernán Caballero, cosas de la época; Emilia Pardo Bazán; María Zambrano, discípula de Ortega o Rosalía de Castro, por citar sólo algunas.

Como es obligado, no puedo dejar de reseñar a Santa Teresa de Jesús, fundadora de la Orden del Carmelo y doctora de la Iglesia o a Sor Juana Inés de la Cruz, poetisa hispano-mejicana, conocida como "La décima Musa".

Tampoco en el mundo de la Ciencia están ausentes nuestras mujeres, entre las que destacan Margarita de Salas, Presidenta de la Fundación Severo Ochoa, entre otras muchas cosas, y Sara Borrell, con más reconocimiento internacional que en España, algo muy usual, por desgracia, en nuestro país.

Ya sé que me dejo en el "tintero" a muchísimas mujeres ilustres y famosas. El Arte, la Música, el Cine, etc., también darían muy buenos ejemplos, que no se enfade nadie, pero entonces no acabaría este artículo de opinión, que no sería tal, sino un resumen histórico, cosa que no pretendo y para la que, sin duda, hay mucho más cualificadas plumas –o teclados, en este caso- y en muchos libros de Historia, Literatura, Ciencia, Arte o en "San" Google, podrá encontrar el lector curioso la interminable lista de mujeres españolas ilustres, o de armas tomar, a lo largo de los siglos.

Pero no, no era ninguna de estas señoras, que también lo merecerían, a las que dedicaba el calificativo "de raza" con el que titulo este artículo, sino a otras dos que, de momento, no han pasado a la Historia, pero que pasarán, sin duda, más pronto que tarde por su arrojo y valentía. Me refiero a la Juez, que no jueza, Mercedes Alaya y a la directora de un Instituto catalán, Dolores Agenjo. Norte y sur, representados por este par de mujeres valientes que han dejado constancia de que no se arredran ante las amenazas y presiones de todo tipo del pervertido y politizado sistema político que nos domina.

La juez Mercedes Carmen Alaya, sevillana -Écija, 1963- accedió joven a la judicatura -25años- y dejó el anonimato cuando empezó a instruir el conocido como "EREgate" –el Caso de los ERE-, que tuvo su inicio a partir del Caso Mercasevilla, que se instruía en el juzgado nº 6 de Sevilla al que ella llegó en 1998 -ese caso que se hizo famoso por las prejubilaciones masivas de "empleados", con antigüedad laboral equivalente (en algún caso) a la edad del prejubilado y familiares diversos (suegra incluida) entre los supuestos regulados-. Pero ya antes, nuestra heroica Juez, tuvo repercusión mediática cuando, en 1990, procesó al que era Alcalde de Fuengirola –Sancho Adán (PSOE)- por presunta malversación de fondos públicos.

No voy a entrar aquí en el detalle, pormenores ni avatares de la instrucción, sobre lo que hay ríos de tinta en todos los medios, pero sí quiero destacar que, tras una primera recusación, un largo periodo de baja por las presiones recibidas durante la instrucción del caso de los ERE, reanudó la instrucción, superó una segunda recusación y acabó imputando a no pocos altos cargos y a dos expresidentes de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves –el que "necesitaba traducción simultánea para entenderse con el cordobés José Montilla en el Senado- y su distinguido sucesor José Antonio Griñán, que ocupó el sillón presidencial cuando se empezó a complicar el caso y la imputación de Chaves se veía venir que, entonces, buscó cobijo, con su fiel "escudero" Gaspar Zarrías “el conseguidor" y “señor” de Jaén, en el Senado, ese cementerio de elefantes, “presuntos corruptos” y descabalgados por las urnas que protege con el aforamiento a sus señorías en lugar de ser cerrado y destinado su suntuoso palacio a museo, tras la conveniente “esterilización” y limpieza. El mismo camino, por cierto, siguió después Griñán, hasta que la vista del caso como imputados, los dos, por parte del Tribunal Supremo y la descafeinada ‘presión’ de Ciudadanos para apoyar la investidura de Susana Díaz –que ya veremos si no resulta salpicada (indicios parecen existir)- después de tres meses de “durísimas negociaciones” entre ambas formaciones, los apartó del primer plano de la política. Bueno, en el Senado ya eran simples calentadores de asiento.

Termino la reseña sobre esta valiente Juez comentando la algo más que aparente ‘felonía’ que al final se ha acabado imponiendo, una prueba más de la "poca" relación que existe entre política y justicia, las dos con minúscula en este caso. Cuando la Juez Alaya solicitó un puesto que le correspondía en la Audiencia Provincial de Sevilla, en la seguridad de que podría seguir con la instrucción de los sumarios que , hasta entonces llevaba –ERE, Betis, Formación (EDU)-, de lo que existían numerosos precedentes. Pero no, cuando todo apuntaba a que su sucesor, en el juzgado que dejaba, sería su juez ayudante y de apoyo en los casos citados, aparece una "actriz" invitada, desconocida hasta entonces, la Juez Mª Ángeles Bolaños, desde 2004 juez de familia, sin experiencia conocida en Derecho Penal y el escalafón como único “mérito”, que “solicita” de manera tan sorpresiva como urgente, sin haber tenido la tentación de hacerlo en ocasiones anteriores con otros juzgados que quedaron vacantes, el juzgado que dejaba doña Mercedes. Se da, además, la circunstancia de que esta señora está casada con el psiquiatra forense Julio Guija que fue promovido, al parecer sin muchos méritos objetivos que lo justificasen, a la categoría de director del Instituto de Medicina Legal, por libre designación, en una decisión de la entonces Consejera de Justicia de la Junta. Huele ¿verdad? Para remate de “coincidencias”, circunstanciales sin duda, está la conocida amistad de este matrimonio con el actual consejero de Justicia e Interior, Emilio de Lera, antes fiscal en Sevilla.

En definitiva, la Juez Alaya ha quedado definitivamente apartada de sus casos, después de que su "independiente" sustituta anulara un auto de su predecesora, troceara el expediente y, ¡oh, milagro! , en pocas semanas, acarreara una lluvia de "tranquilidad" -¿debería decir “presunta” impunidad?- entre los expresidentes y demás altos cargos imputados por doña Mercedes, que se retira de la instrucción con la cabeza muy alta tras esa decisión “nada” política y, sin duda, “profesional y objetiva”.

No es menos destacable la circunstancia que concurre en nuestra segunda mujer de raza, Dolores Agenjo, la entonces directora de un Instituto de Hospitalet, que se negó a cumplir la orden -"indicación" dicen las autoridades de la Generalidad catalana- de entregar las llaves del centro para convertirlo en "colegio electoral" destinado al simulacro de referéndum secesionista que el lunático y poco honorable Arturo Mas decidió hacer el 9 de Noviembre del pasado año –lo que vamos conociendo sobre la financiación de CDC y, al parecer, la suya personal a la sombra de los Puyol, amerita ese calificativo-, en esa llamada a las urnas de cartón, que duró una o dos semanas, en la que el control del censo brilló por su ausencia y a la que, algunos, claramente dotados de un espíritu de “colaboración ciudadana” infinito y una enorme dosis de generosidad y “patriotismo pueblerino”, parece que acudió varias veces. Pese a lo cual, poco más del 50% del 35% que acudió a las urnas, es decir, un escaso 18% del “pueblo”, dijo sí a la pretendida secesión independentista. Lo que se dice un “aparatoso” batacazo. Perdón, quise decir “triunfo”.

Esta directora, única entre sus numerosos colegas, dijo NO a la cacicada caprichosa del presidente de la Generalidad de Cataluña, se mantuvo firme en su respeto a la Ley y a la Constitución Española, pidió que se le entregara la orden por escrito, que no recibió –así de valientes son el reyezuelo Arturo y sus ‘caballeros de la mesa redonda"-, y no entregó las llaves de su centro, afrontando en ese momento amenazas y presiones de todo tipo por parte de las hordas catalanistas.

Ahora, tras casi un año de incomprensible retraso de la justicia, otra vez con minúscula, esta mujer valiente reaparece contradiciendo las declaraciones de Irene Rigau, la consejera de educación (por supuesto, también con minúscula) –tal vez sería más apropiado llamarla de adoctrinamiento- a la que deja en evidencia y desmiente categóricamente reiterando las reuniones previas, la llamada de la directora de Servicios Territoriales, el 7 de Noviembre anterior, para decirle, en un más que evidente último intento de presión y/o amedrentamiento, que "era la única que no había entregado las llaves", que "le daría la orden por escrito" pero “que no se la enseñara a nadie” y que, ante la respuesta de la directora de que sí la enviaría a la Delegada del Gobierno en Cataluña, reculó y la emplazó a una nueva llamada tras la pertinente consulta a la superioridad, que nunca se produjo y, así, el Instituto que dirigía doña Dolores permaneció cerrado ese día.

Veremos en qué se traduce este acto de valentía y si sus declaraciones ante el TSJ de Cataluña ejercen el efecto debido y contribuyen a poner en su sitio –en el banquillo- al señor Mas, cada vez ‘menos’, que trata de escabullir su responsabilidad –eso sí que es ‘valentía’- aludiendo a la "colaboración ciudadana" como parte activa en la organización de la consulta ilegal, conocida por algunos como "merendéndum".

Hasta aquí mi pequeño homenaje a este par de mujeres valientes que no han cedido a las presiones de los políticos ni de la politizada justicia que, cada día, se supera en sus incomprensibles decisiones cuando de juzgar a políticos se refiere.

Un par de mujeres con… un par de atributos, permítaseme la expresión. Mi aplauso entusiasta por su valentía, que hará Historia, esta vez sí, con mayúscula. Mi apoyo y el de, sin duda, muchos millones de españoles de bien, andaluces y catalanes en particular, por su gesto encomiable.

Viktor Orbán tiene razón
Editorial  www.gaceta.es 24 Octubre 2015

Durante semanas, Orbán en particular y los húngaros en general han sido vapuleados sin misericordia por la monocorde mayoría mediática. Hoy, sin embargo, la Unión Europea está retomando uno por uno sus argumentos.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha concedido una importantísima entrevista exclusiva al Grupo Intereconomía. En ella, el líder magiar expone claramente sus puntos de vista sobre la denominada “crisis de los refugiados” y sobre lo que nos jugamos en el envite, que es nada menos que el destino de Europa. Durante semanas, Orbán en particular y los húngaros en general han sido vapuleados sin misericordia por la monocorde mayoría mediática. Hoy, sin embargo, la Unión Europea está retomando uno por uno los argumentos de Orbán en materia de fronteras y control del tráfico humano. Sencillamente, porque Orbán tenía razón.

Orbán tiene razón cuando dice que el espacio de libre circulación intraeuropeo definido por el tratado de Schengen descansa sobre el requisito de proteger las fronteras exteriores. No es posible crear un espacio de libertad interior si no se protege de cara al exterior. ¿Por qué? Porque esa libertad interior exige unos requisitos materiales y jurídicos, desde criterios elementales de seguridad hasta recursos económicos disponibles, que desaparecerían desde el momento en que cayeran los muros del jardín. Todos lo sabíamos. Lo asombroso es que a Orbán le hayan linchado por recordarlo y ponerlo en práctica.

Orbán tiene razón cuando dice que el multiculturalismo es inviable, al menos si queremos preservar el sistema de libertades públicas característico de Europa. La experiencia de los últimos cuarenta años demuestra que el multiculturalismo, es decir, la coexistencia organizada de diferentes comunidades con distintos cuadros de valores, genera sociedades paralelas. Y si esas sociedades paralelas divergen en cuestiones esenciales como el concepto del bien y del mal, de la libertad humana, de la dignidad de la mujer, etc., entonces el conflicto está servido. La supervivencia de Europa como espacio de libertad depende de que el marco de valores predominante sea el nuestro, y de que las comunidades extranjeras se sometan a él. Así de simple.

Orbán tiene razón cuando dice que la gestión de la inmigración en Europa está siendo flagrantemente antidemocrática. Nadie ha preguntado a los ciudadanos europeos si están de acuerdo con la incorporación masiva de poblaciones extranjeras. Nadie ha pedido permiso a los ciudadanos para aplicar unas políticas que, al cabo de tres decenios, han generado unos problemas sociales y culturales de dificilísima solución. Aún peor: esas políticas han seguido aplicándose a pesar de que innumerables estudios de opinión indican la disconformidad de los ciudadanos. ¿Por qué el criterio mayor de la validación democrática no se aplica en este punto?

Orbán tiene razón cuando dice que, para afrontar la actual crisis, más vale echar mano de los procedimientos habituales en el ejercicio del derecho de asilo, a saber: establecimientos adecuados para recibir a los inmigrantes y atender sus necesidades vitales mientras el poder público determina quiénes son acreedores de tal derecho y quiénes no. Actuar de otro modo significa simplemente degradar el derecho de asilo y convertirlo en lo que no es. La pregunta es quién está interesado en manipular el derecho de asilo para transformarlo en una vía de entrada masiva de personas. Orbán no plantea la pregunta, pero tampoco es preciso hacerlo.

Orbán tiene razón cuando subraya que Europa, sin sus principios tradicionales, sin su identidad cultural histórica, no es nada. Somos lo que somos porque venimos de donde venimos, y eso incluye las ideas de libertad y dignidad derivadas de la cultura cristiana. Que los poderes europeos se obstinen en despreciar esa herencia es un alarmante signo de ceguera ya no política, sino espiritual. Y es también una actitud suicida que es preciso denunciar. Por eso Orbán tiene razón.

Violencia antijudía y silencio occidental
EDITORIAL Libertad Digital  24 Octubre 2015

La actual oleada de violencia palestina contra civiles israelíes ha adquirido tal intensidad que ya ha empezado a ser conocida como la tercera Intifada, la de los apuñalamientos. Numerosos palestinos, jóvenes en su mayoría, están apuñalando israelíes, lanzándoles cócteles molotov y atropellándolos lanzando sus coches contra ellos a toda velocidad, tratando de causar el mayor número de víctimas posible.

Las autoridades israelíes tratan de proteger a sus ciudadanos haciendo frente a un fenómeno sin precedentes en la ya larga historia de violencia contra los judíos: por primera vez, los autores de estos asesinatos no pertenecen a células de organizaciones terroristas procedentes de Gaza o la Margen Occidental. Se trata de jóvenes aparentemente desvinculados de estos grupos, con residencia en Israel y, en muchos casos también, nacionalidad israelí.

La actual oleada de asesinatos de judíos en Israel comenzó a mediados de septiembre, en vísperas del Año Nuevo de la religión judía, cuando la policía israelí dispersó a un grupo de terroristas palestinos atrincherados en la Mezquita de Al Aqsa, con intenciones de atacar a los judíos cuando acudieran a orar a la explanada, lugar sagrado también para los judíos porque allí estuvo ubicado el Templo de Salomón.

El incidente fue inmediatamente utilizado por las autoridades palestinas, medios de comunicación y clérigos musulmanes, para incitar al asesinato de judíos con una retórica que convierte el crimen contra ciudadanos indefensos en un acto heroico que todos los palestinos deberían imitar. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, ha colaborado también de forma activa aplaudiendo el asesinato de civiles israelíes, en lugar de hacer un llamamiento a la calma para detener una espiral de violencia de final impredecible. Cuando las máximas autoridades de un pueblo incitan a sus miembros a asesinar a toda costa a sus vecinos, tachados de enemigos mortales, es inevitable que ocurran estos fenómenos de violencia colectiva, especialmente en una sociedad tan fanatizada como la palestina tras décadas de adoctrinamiento desde la más tierna infancia en el odio al judío.

Como siempre que los judíos son víctimas de una agresión, el silencio cómplice es la consigna compartida por las instituciones internacionales. En el caso de que se haga algún llamamiento, los gobiernos y medios occidentales guardan una exquisita neutralidad, como si las víctimas tuvieran también parte de culpa por haber sido asesinadas. En España, la izquierda se limita a hacer gala de su tradicional antisemitismo, atribuyendo a los israelíes la responsabilidad de esta oleada de violencia, mientras el resto de fuerzas políticas ni siquiera se han pronunciado para no verse identificadas con la defensa del pueblo israelí. Con su actitud legitiman los ataques contra civiles israelíes y fortalecen la imagen exterior de los dirigentes palestinos, principales responsables de esa oleada de terror.

El ministro de Exteriores, tan locuaz en asuntos que no le competen como la operación secesionista en Cataluña, tiene la ocasión de dignificar su cargo haciendo algo más que un llamamiento equidistante a las partes, como si los agresores y sus víctimas pudieran moralmente ser tratados en régimen de igualdad.

Ante la Audiencia Nacional
Covite denuncia a un jurista por 'obstaculizar la detención de etarras'
El ex experto de la ONU, Louis Joinet, reconoció en una entrevista al diario Gara que 'se las arreglaba' para que no capturaran a los etarras que estaban en la 'clandestinidad'.
Gaceta.es  24 Octubre 2015

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) ha interpuesto este viernes una denuncia ante la Audiencia Nacional contra el jurista francés y ex experto de la ONU Louis Joinet por "reconocer" presuntamente en una reciente entrevista al diario Gara publicada el pasado martes que "obstaculizó la detención de etarras huidos".

La demanda reproduce frases de las declaraciones de Joinet a dicho periódico, en las que "se define como un facilitador" y "reconoce hechos y conductas presuntamente delictivas", que para Covite pueden encuadrarse "en un delito de obstrucción a la Justicia e incluso de colaboración con banda armada". La organización se refiere fundamentalmente a sus comentarios acerca de su función para "facilitar encuentros", en los que Joinet señaló: "Yo no sé lo que se decían entre ellos, sacaba a algunos de la cárcel, me las arreglaba para que no detuviesen a los que estaban en la clandestinidad", refiriéndose a "la cúpula, la dirección política" de ETA.

La asociación de víctimas que preside Consuelo Ordóñez ha solicitado en su denuncia que se cite a declarar a Louis Joinet con el fin de que explique "cómo evitaba los arrestos de criminales en búsqueda y captura", "cuántas detenciones de terroristas ha evitado" y facilite los nombres de los etarras que "se beneficiaron de esa labor".

Para Covite, ha sido el propio jurista francés y experto independiente en el Comité de Derechos Humanos de la ONU quien "ha asegurado haber realizado acciones encuadradas en la obstrucción a la Justicia" y subraya que su citación a declarar "es necesaria dada la necesidad de perseguir delitos de terrorismo".


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Pero Cataluña es ya independiente (de aquella manera)
Amando de Miguel Libertad Digital  24 Octubre 2015

No entiendo a qué santo viene tanta controversia sobre la independencia de Cataluña. Huelga cualquier tipo de referéndum o de elecciones más o menos plebiscitarias. La famosa "singularidad" catalana es que se comporta oficialmente como un país independiente, solo que subvencionada por el resto de los españoles. No es nada nuevo. La política económica de todos los Gobiernos españoles desde hace más de un siglo ha procurado financiar la industria catalana a través del arancel y otras prácticas proteccionistas. Encima, el resto de los españoles tenemos que tragar con el lamento nacionalista de "España nos roba". Quienes verdaderamente roban a los catalanes son las familias de siempre, las que han controlado su Gobierno autónomo (nunca mejor dicho).

Cataluña es ya independiente en la práctica porque su Gobierno hace y deshace lo que quiere con el dinero público con escaso control real por parte del Estado español. Siempre se puede decir que el poder judicial sigue estando en Madrid, pero los jueces, como los demás altos funcionarios en Cataluña, han de plegarse a las exigencias de la Generalidad. Más bien tendría que llamarse Particularidad.

De nada vale argüir que el idioma castellano es oficial en toda España. En Cataluña no se cumple tal precepto en términos prácticos. La vida pública catalana se desenvuelve solo en el idioma catalán. Tanto es así que el resto de los españoles decimos continuamente "President" o "Generalitat" sin traducir esas palabras y otras semejantes.

La demostración simbólica de que Cataluña se comporta como un país independiente es que en sus edificios públicos no suele figurar la bandera española sino la catalana. Últimamente, además, la tradicional enseña catalana se ve sobrepasada por la estrellada, que tenemos que decir todos "estelada" en castellano. Como decimos "Tevetrés" y no "Teuvetrés".

Se encuentra en viva discusión quién debe ocupar el Gobierno de la Generalidad, ya que su estatuto real es más bien el de un jefe de Estado. La prueba es que nombra embajadores en todo el mundo. Y pasa revista solemne a su vistoso ejército uniformado con alpargatas.

Solo muy raras veces el president de Cataluña se comporta como lo que teóricamente le corresponde: el representante del Estado español en Cataluña. Para el conjunto de los catalanes (y cada vez más del resto de los españoles) el "Estado español" equivale a una forma de no pronunciar el vitando nombre de España. Seamos claros, en Cataluña se ha implantado oficialmente el odio a España. Así han sido educados la mayor parte de los niños catalanes de la última generación. Así funcionan los medios en Cataluña, todo ellos simpatizantes del independentismo a título lucrativo.

Otra cosa es que la independencia real de Cataluña lleve aparejado su declive económico y cultural. Pero eso no parece preocupar a casi nadie. El que nos haga sufrir a unos cuantos letraheridos no parece que vaya a ninguna parte.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

El teatro de Mas en el Parlament
EDITORIAL El Mundo  24 Octubre 2015

ARTUR MAS se quejó ayer durante su comparecencia en el Parlament de que los fiscales que llevan el caso del 3%, "son de Madrid, como si aquí no hubiera fiscales". No es una afirmación baladí, porque el presidente de la Generalitat está insinuando que si fueran de "aquí" no estarían investigando a CDC y a su Gobierno. Como si los fiscales de Cataluña se plegaran a sus intereses políticos o personales. Hasta ahí llega la actitud totalitaria de Mas. CDC tiene a su actual tesorero en la cárcel -hoy publicamos que existen correos electrónicos que confirman sus reuniones con contratistas-, y en libertad con cargos a su precedesor y al director general de Infraestructuras de la Generalitat, y esto sólo por el 'caso del 3%'. La respuesta de Mas a todo ello es que todo es una confabulación contra su partido de un Estado que "usa a fondo sus cloacas".

Con el cinismo que demuestra cada vez que habla de la corrupción de su partido, Mas defendió sistema de contratación pública de la Generalitat porque es "totalmente transparente, lleno de garantías y sin margen de discrecionalidad" y aseguró que las donaciones de empresas que recibe la fundación de CDC, CatDem, son "legales". Achacó las actuaciones judiciales de estos días de la intención de "transmitir espectáculo".

Mas no asumió ninguna responsabilidad, como ha hecho siempre que ha acudido al Parlament para hablar de corrupción. Ni siquiera admitió la posibilidad de que la investigación judicial tenga algún fundamento. Además, con tono displicente contestó con un "He visto a Pujol, ¿y qué?". Cuando un diputado le preguntó sobre el encuentro que mantuvo con el ex presidente de la Generalitat el mismo día de la detención de Andreu Viloca.

Mas volvió a reírse de los catalanes en su comparecencia en el Parlament. No admitió la corrupción ni en su partido ni en la Generalitat y achacó las decisiones de los jueces a motivos políticos para "dejar en inferioridad de condiciones" a CDC. Un teatro con el que quiere evadirse de una trama mafiosa de la que él es responsable político.

Genios
miquel porta perales ABC CATALUÑA  24 Octubre 2015

La contabilidad creativa y recreativa sirve para justificar un mandato democrático pro independencia que en realidad no existe

El independentismo siempre gana. Incluso, cuando pierde. En las autonómicas del 27-S ganó en escaños, pero no en votos. Pues, no. Resulta que también ganó en votos, porque adjudica al «sí» una parte de papeletas de Catalunya sí que es pot y de Unió. Da igual que -durante la campaña electoral- Junts pel Sí dijera que los votos de Catalunya sí que es pot y Unió se contarían como un «no». Da igual que la propia CUP dijera que el «plebiscito» se había perdido. Todo eso da igual y no cuenta frente a la contabilidad creativa y recreativa de un Junts pel sí que manifiesta un notable grado de sofisticación geográfica y matemática.

Me explico. Dicen que el independentismo ganó en 907 de los 942 municipios de Cataluña. Un exitazo. Pero, no tienen en cuenta que, en la mayoría de los casos, se trata de municipios de muy pocos habitantes. Y lo cierto es que el independentismo no llegó al 48 por ciento de los votos. Prosigo. Dicen que estas elecciones autonómicas han desmentido el mantra de un área metropolitana barcelonesa mayoritariamente no independentista. Falso. El recuento indica que el 68 por ciento de los nuevos votantes -mayoritariamente del área metropolitana de Barcelona- han ido a los partidos no independentistas.

¿Así se acaba con el mantra? La contabilidad creativa y recreativa continúa: si todos los residentes en el extranjero hubieran ido a las urnas a depositar su voto, el triunfo independentista sería mayor; con 90.000 votos más, el independentismo llegaría al 50 por ciento; si se cuentan -menuda sutileza retórica- las «fuerzas no definidas», el independentismo alcanzaría el 55 por ciento de votos. ¡Cuánta inteligencia desperdiciada!.

La contabilidad creativa y recreativa sirve para justificar un mandato democrático pro independencia que realmente no existe. Dato curioso: antes de las elecciones, el independentismo afirmaba que el mandato existía con el 50 por ciento de votos más 1; después de las elecciones, basta el 50 por ciento de votos menos 2. Son unos genios


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