AGLI Recortes de Prensa   Viernes 30  Octubre 2015

 La democracia sucia: el dinero y los partidos
Sin embargo, hace unos meses la 'amenaza Podemos' era la obsesión del dinero. Y el dinero es el principal agente político en un doble sentido: es prácticamente imposible hacer política sin dinero
Carlos Martínez Gorriarán El Confidencial 30 Octubre 2015

La política es una actividad y también un estado de ánimo, ambos muy inestables. El pasado día 14, el Partido Popular vivió un auténtico 'miércoles negro' con la desautorización de la Comisión Europea a sus Presupuestos Generales del Estado, la entrevista de Montoro, la dimisión de Quiroga y el portazo de Álvarez de Toledo.

Del optimismo a la más atroz melancolía en cuestión de horas. 'Sic transit gloria mundi!'. Todos han pasado y pasarán por situaciones similares. Más allá de sus diferencias, los partidos políticos son organismos sociales que responden a las situaciones según leyes humanas universales: balsas de aceite cuando todo va bien y tempestades cuando todo está en peligro.

Incluso los emergentes cuyo impulso es la novedad comprueban pronto que esa energía es fugaz. Podemos, que comenzó como un astro ascendente de al parecer imposible frenado, prueba ahora la amarga caída de las elecciones catalanas. Donde, por cierto, se ha vuelto a demostrar que la agregación de siglas no siempre suma, sino que también resta.

Sin embargo, hace unos meses la 'amenaza Podemos' era la obsesión del dinero. Y el dinero es el principal agente político en un doble sentido: es prácticamente imposible hacer política sin dinero (para tener una comunicación que permita llegar a los votantes, por ejemplo), y el dinero, es decir, el verdadero poder económico, es también el principal agente político.

El dinero manda
La crisis ha concentrado el poder económico en aún menos manos, y por tanto el dinero es aún más poderoso que antes: los bancos ya no tienen que competir con cajas que hundieron sus socios políticos y sindicales. Añadamos las energéticas, Telefónica y alguna más, y tenemos el cuadro del auténtico poder político en España, una democracia de esqueleto oligárquico. Los grandes grupos de comunicación, agentes políticos fundamentales, están en manos de los bancos que han financiado sus enormes deudas. En estas circunstancias, ¿puede alguien esperar una información política neutral de los medios que 'informan' al 85% de la gente?

Y el dinero estaba preocupado por la deriva política de la crisis. PP y PSOE sufrían sangrías de prestigio y votos que hacían probables los pronósticos de fin del bipartidismo; el nacionalismo catalán, inmerso en la secesión; aparecían nuevos partidos descontrolados; crecían movimientos de protesta tipo 15-M y mareas ciudadanas. Se temió que finalmente fueran estos movimientos de indignación y descontento, antisistema y anticapitalistas, los que acabaran imponiéndose si conseguían articularse como partido político.

Paradojas de la vida, ese partido antisistema existía porque lo había creado el duopolio televisivo tan bien relacionado con el dinero y la política. Las teles de Roures dieron la ocasión de lucirse no a los herederos de su mentor Zapatero, sino a Pablo Iglesias y su grupito neocomunista de profesores iluminados (y financiados) por el chavismo. Daban bien en pantalla. Pablo Iglesias, entrenado en La Tuerka, reinaba en el vacuo guirigay en que esas televisiones han convertido los 'debates políticos'. Subían la audiencia y por tanto los ingresos publicitarios, que monopolizan tras el regalo de Zapatero.

Ello no escapó a la perspicaz mirada de Arriola y su equipo, que vio en el incipiente Podemos la oportunidad de debilitar al PSOE e IU. Por tanto, el PP pidió y obtuvo de Planeta que Podemos también fuera estrella política de sus teles. Con la crisis al rojo vivo y horas de populismo en 'prime time', el regalado ascenso de Podemos parecía imparable. Cuando saltaron las alarmas, ya era tarde. Por enésima vez en la historia, el dinero había creado un Frankenstein amenazador.

Un Podemos de derechas
Pero el bipartidismo estaba tan debilitado que ya no bastaba con frenar a Podemos y mandarlo a la irrelevancia (misión para los mismos medios que le dieron vida): había que buscar una salida a PP y PSOE. Era necesario crear un partido que pareciera nuevo, simpático y atractivo, para refuerzo y socio, o eventual sustituto, de PP y PSOE. Y que respecto a Cataluña y el modelo económico (capitalismo de amiguetes) tuviera las cosas claras: que cambiaran lo menos posible. El cambio debía limitarse a caras y siglas. Como resumió Isidre Fainé, “necesitamos un Podemos de derechas”.

Populismo a favor de la banca.
A finales de febrero de 2015 fui invitado a un desayuno con una docena de medianos empresarios de Madrid. El encuentro fue cordial, como tantos otros, pero pronto quedó claro que para las empresas el único problema político era que gobernara Podemos, algo posible según las encuestas. Ni la corrupción, la mala gestión o el separatismo les preocupaban tanto. También quedó claro que el dinero ya había decidido: el Podemos de derechas era Albert Rivera, generosamente financiado (¿legalmente?), y el futuro de UPyD era aceptar someternos y mandar a casa a la "incontrolable" Rosa Díez (en palabras de otro urdidor de mangoneos, Ramón Tamames). Exactamente lo mismo que llevaban diciéndonos meses atrás la inmensa mayoría de los medios de comunicación, de 'El Mundo' y 'El País' a los regionales de Vocento, en reuniones personales o en editoriales, columnas y tertulias.

Y así, desde mayo de 2013, no hubo un día sin ataques, ninguneos ni traiciones internas de apoyos sobrevenidos de Rivera (normalmente, los más ditirámbicos antes con Rosa Díez). En cierto momento bastaba con que un afiliado acusara de “falta de democracia interna” a UPyD -fuera tránsfuga o expedientado por turbios manejos- para tener garantizadas las portadas y entrevistas, siempre denigratorias para el partido y elogiosas para ellos, que se nos negaban al resto. Ahora muchos de ellos medran y colocan parientes en el Podemos de derechas.

La gran ventaja de estas operaciones de acoso y derribo es que no parecen creíbles. Las niegan quienes participan en ellas, se despachan como “conspiranoia” y repugnan a la buena gente normal y desinformada que no sabe que vive en un mundo tan podrido. Solo el tiempo las pone al descubierto. Entre tanto, la democracia degenera en oligarquía. Pero por fortuna, ni las intrigas salen siempre bien ni pueden impedir que los ciudadanos informados voten con libertad y elijan la decencia y no la intriga del dinero. Esa es la esperanza. No hay otra, y yo creo en la libertad de los ciudadanos.

* Carlos Martínez Gorriarán es portavoz adjunto UPyD en el Congreso de los Diputados.

Cataluña, problema de Europa
Enrique Arias Vega www.lavozlibre.com 30 Octubre 2015

Periodista y economista
Los separatistas que creen que la Liga de Fútbol francesa recibiría al Barça con los brazos abiertos se equivocan de medio a medio. La eventual independencia de Cataluña en contra del Estado español sería el mayor problema para una Europa a la que ya comienzan a acumulársele en exceso.

¿Cómo podría Francia dar el visto bueno -aunque sólo fuese deportivo- a una secesión que lleva implícita la reivindicación futura del Rosellón y su posible contagio desde Córcega hasta Bretaña, sin olvidarse del País Vasco francés?

La hipotética ruptura -por mucho que taimada y benévolamente se la llame desconexión- podría abrir la caja de Pandora de una Europa en la que florecen cada día más conductas euroescépticas, nacionalistas y hasta fascistas. De hecho, a partir del fracaso del intento de Constitución Europea, la unidad política del continente se mantiene con hilvanes.

La modificación de los límites territoriales dentro de la UE, de no cerrar filas, podría extenderse desde Italia hasta Macedonia. ¿Por qué, en un contexto que redefiniese el mapa europeo, no iban a exigir su propio territorio las minorías nacionales existentes dentro de Rumanía o de Bulgaria, pongo por caso?

Europa ya conoció a lo largo del Siglo XX sucesivas y traumáticas modificaciones de fronteras -guerras mundiales incluidas-, con éxodos masivos de población, como para volver a empezar. En este momento, tiene ya cientos de miles de inmigrantes del otro lado del Mediterráneo que no sabe cómo integrar en su sociedad. ¿Acabarán siendo ciudadanos de ninguna parte, como ya les sucede hoy día a otros tantos habitantes de los países bálticos, privados de nacionalidad por el simple hecho de continuar siendo rusófonos?

Por todo ello, al margen de que llegue o no a suceder, la posible independencia de Cataluña no sería una bicoca para nadie. Quien afirme lo contrario, es decir, que Europa recibiría alborozada a la nueva República Catalana, no sólo se equivoca, sino que miente pues como un bellaco.

Juntos o por separado
Cristina Losada Libertad Digital 30 Octubre 2015

Dicen las crónicas que el presidente del Gobierno va a intentar que el asunto catalán no entre en la campaña de las generales. A buenas horas, porque ya ha entrado. La prueba de que ha entrado es que Rajoy convocara a La Moncloa a los dirigentes de PSOE, Ciudadanos y Podemos para hablar precisamente de ese asunto. No sólo es lógico e inevitable que la manera de encarar el desafío separatista entre en campaña: sería del todo improcedente, hasta escandaloso, que no fuese materia crucial en ella. ¿Cómo no va debatirse en la campaña para elegir Parlamento y Gobierno un desafío tan grave al orden constitucional y a la soberanía nacional? Los españoles tenemos que votar sabiendo qué propone cada uno de los partidos para impedir la quiebra de ese orden y la ruptura de nuestro país. O si, por el contrario, están a favor de la secesión hacia la que avanzan las instituciones catalanas.

Es posible que la discusión se centre ahora en las formas, y ciertamente las formas son importantes, sobre todo las formas de actuar ante la rebelión institucional en Cataluña. Bueno sería que esas formas fueran acordadas entre el partido del Gobierno y las otras fuerzas políticas relevantes. Y aún mejor que, tal como propone Ciudadanos, hubiera un claro compromiso de no pactar con quienes están rompiendo las normas de convivencia. Pero hay que contar con que ese compromiso, que vincularía a los firmantes durante la próxima legislatura, no se logre. En previsión de un Parlamento fragmentado, habrá partidos -estoy pensando especialmente en los dos grandes- que no quieran atarse las manos de ese modo.

Sea como fuere, ya juntos, ya por separado, los partidos políticos, y el Gobierno en primer lugar, deben ser conscientes de que tienen que hacer frente a mucho más que a la propuesta de declaración de independencia presentada en el Parlamento catalán. La cuestión no empieza ni acaba con ese papel que está ahora en trámite. Qué más quisiéramos que sólo fuera eso: una declaración que se impugnará ante el Constitucional cuando se apruebe y, como es previsible, se considerará nula. Pensar que eso es todo y que el proceso separatista se frena en el instante en que se invalide la tal declaración es no pensar.

Basta echar la vista atrás. A lo sucedido con la declaración de soberanía aprobada en el Parlamento catalán en enero de 2013. El TC la anuló y ahí, en apariencia, acabó la historia. Pero el TC no anuló ni podía anular las actuaciones del Gobierno catalán que se derivaron de aquella declaración o la acompañaron. Sencillamente no se impugnaron ni se recurrieron ni se paralizaron actos de la Generalidad y de otras instituciones catalanas, como no pocos ayuntamientos, que ya las situaban fuera del marco de sus competencias y fuera del marco legal.

¿Cómo es posible que el Gobierno catalán creara un organismo dedicado a diseñar las estructuras de un futuro Estado catalán, como el Consejo Asesor de la Transición Nacional, sin que nadie, desde las instituciones del Estado, pusiera pega alguna? ¿Cómo se admitió que la Generalidad empleara recursos públicos para financiar su empresa de voladura del orden constitucional? ¿Cómo se aceptó que el Gobierno catalán hiciera campaña por el mundo adelante para conseguir el respaldo de gobiernos extranjeros a la secesión? Estos son los casos más notorios, pero hay muchos más. El hecho es que las principales instituciones catalanas han venido funcionando como instituciones de un Estado separado de España –y hostil a ella–, y que no se ha movido un dedo.

Este es el problema. La declaración es sólo la punta del iceberg. A pesar de que el resto es bien visible, se ha preferido mirar hacia otro lado. Se ha dejado hacer. El proceso separatista no empieza ahora ni empezará con la declaración del parlamento. La república catalana –¿acaso podrían crear una monarquía?– ya lleva dos años en rodaje.

El príncipe prudente
Emilio Campmany Libertad Digital 30 Octubre 2015

La prensa halaga casi con unanimidad la reacción de Rajoy a la escalada independentista. Hasta El País, que lo puso de chupa de dómine en el editorial inmediatamente posterior a la vacía declaración institucional, tituló el jueves: "Rajoy reacciona y trata de unir a los partidos contra la secesión". No sólo, sino que muchos desaconsejan incluso en estas circunstancias recurrir al artículo 155. Ignacio Camacho, por ejemplo, lo compara al maletín nuclear y viene a decir lo que se dice de los abogados, que son como las armas nucleares, se tienen pero no se utilizan. El mismo Rajoy alega estar reaccionando con prudencia y proporcionalidad. Todo lo cual hace que me pregunte si no estaremos equivocados los pocos que quizá alocadamente creemos que ha llegado el momento de hacer que la Constitución y las leyes se cumplan.

A la vista de tantos y tan autorizados llamamientos a la prudencia, he recurrido a los clásicos. Maquiavelo dice abiertamente que es preferible ser impetuoso que prudente al final del capítulo XXV de El Príncipe. Sin embargo, el sabio florentino puede ser acusado de amoral, de forma que me he vuelto a Giuseppe Botero, más partidario de someter el gobierno a mandatos morales. Al principio del Libro Segundo de su Ragion di Stato, el ilustre piamontés alaba la prudencia como algo que proporciona "reputación". Pero a ella añade otra virtud indispensable al príncipe, el coraje:

Sin aquélla, estaría como ciego; sin éste, como impotente. La prudencia suministra el consejo, y el coraje, las fuerzas; aquélla manda, éste ejecuta; aquélla detecta las dificultades de las empresas, éste las supera; aquélla diseña, éste encarna los asuntos; aquélla afina el juicio, éste robustece el corazón de los grandes personajes.

La prudencia no consiste en no hacer nada. Prudente es quien sopesa cuidadosamente qué hay que hacer y luego tiene el coraje y la resolución de hacerlo. No puede haber proporcionalidad en la reacción cuando ésta consiste en no hacer nada. A menos, que tenga que ser calificada de reacción proporcionada y prudente el hacerse una foto con el líder de la oposición sin acordar ninguna acción.

Hace tiempo que debió aplicarse el artículo 155, no a todo el Gobierno de la comunidad autónoma, sino tan sólo a la Consejería de Educación, con el fin de garantizar que los catalanes que quisieran educar a sus hijos en español pudieran hacerlo. Luego se debió haber intervenido, tan sólo en lo necesario, para impedir que se sancionara a quienes rotulan en español ejerciendo un derecho reconocido constitucionalmente. También debió aplicarse en el ámbito estrictamente económico la legislación de estabilidad presupuestaria cuando la Generalidad la desobedeció groseramente. Ni se debió permitir la celebración de la consulta separatista. Como tampoco debió consentirse que se celebraran unas elecciones ilegalmente convocadas como plebiscitarias. Si en alguno de estos momentos se hubiera intervenido con la mínima intrusión necesaria, hoy no nos veríamos donde nos vemos. Ya lo advirtió Maquiavelo:

Nunca hay que permitir que los desórdenes aumenten con tal de evitar un conflicto, porque sólo se consigue demorarlo en perjuicio propio.

Fin de partida
Gabriel Albiac ABC 30 Octubre 2015

En un golpe de Estado, todo es gestión de tiempos. Como en una contienda de ajedrez cronometrado, uno puede ocupar posición óptima y perder la partida. Caer a manos del reloj, cuando se está a sólo una jugada de cerrar jaque mate, no es menos derrota que perder el rey al tercer movimiento. Y puede que hasta sea más humillante.

Desde que esta partida se inició, el día en el cual el nefasto Rodríguez Zapatero se comprometió a imponer al Parlamento español aquello que el Parlamento regional de Cataluña dictara, todos –ajedrecistas como espectadores– supimos que se iniciaba un jaque mate. Al Estado. Lo cual es –desde que Gabriel Naudé acuñara la expresión en 1639– lo que en teoría política se llama un «golpe de Estado». Esas cosas no se dicen, por supuesto. Al menos, en voz alta. La estrategia de la guerra –guerra es el ajedrez, guerra las secesiones– exige, desde el milenario tratado de Sun-Tzí, la ocultación y el silencio. Un mate –o un golpe de Estado– no debe ser percibido hasta el instante en que ya no hay defensa posible. Y es entonces el perdedor quien tumba a su rey y abandona el tablero. Entre el inicio de esa estrategia y su consumación pueden pasar tiempos largos. Que el reloj, ante los silenciosos combatientes, acota: el reloj siempre es metáfora de muerte. Y, a partir de ese punto, en el cual no hay ya intervalo para posposiciones tácticas, el vértigo de la respuesta lo decide todo. Y el más infinitesimal error mata.

La estrategia de la independencia en Cataluña es, a estas alturas de la partida, clara. Parte de un boquete que hace a la Constitución española de 1978 extraordinariamente vulnerable: el concepto de nacionalidad y la estructura autonómica de un Estado que ni es central al modo jacobino ni federal a la manera estadounidense. ¿Qué es una «autonomía»? ¿Cuál el contenido semántico del neologismo «nacionalidad»? Exactamente lo que desee proyectar quien habla sobre esos dos semantemas por completo vacíos. «La mayor parte de los errores humanos consisten simplemente en que no aplicamos con corrección los nombres a las cosas», decía el clásico. En política, no hay ambigüedad léxica inocente. «Autonomía» podrá significar lo que los constituyentes tuvieran a bien atribuirle; nada borrará el peso de su etimología: «autolegislación». Y de «nacionalidad», que nada significa, poco esfuerzo hay que hacer para apocopar en «nación».

Desde aquel pacto entre Mas y Zapatero, la independencia catalana se ha jugado sobre el tablero de esas dos ambigüedades. Y de la batería de atribuciones equívocas que al gobierno autónomo (sería hora de llamarlo «regional», como en cualquier país civilizado) se ceden. En esquema, ese juego de ambigüedades permitía ir construyendo un Estado sumergido que calcase las funciones del existente. Completada esa máquina, desplazar a ella todas la funciones sale gratis. No hay más que deshacerse de la vieja estructura como de un cascarón vacío: pasar «de la autonomía al Estado», en los términos con que, anteayer, la presidenta del Parlamento catalán anunció –ahora sí– el jaque mate. A una semana sólo de ser ejecutado.

No ha lugar ya para estrategias de desgaste. Dentro de dos semanas, el Parlamento catalán proclamará el inicio de la independencia. Tiene escaños suficientes para ello. Se trocará en Asamblea Constituyente. Y el golpe habrá triunfado. A no ser que otro jaque, igual de letal pero más rápido, se cobre la cabeza del rey adverso. Uno u otro. No quedan ya piezas que intercambiar. Ni tiempo.

"Cataluña está enferma"
José García Domínguez Libertad Digital 30 Octubre 2015

Antonio Baños, el de la CUP, y Artur Mas, el del 3%, dicen que van a dar un golpe de Estado con un trozo de papel. Lo que no pudo Milans del Bosch con todos los tanques de la Brigada Acorazada lo van a hacer esos dos con un papelito movido en el Parlament. Seguro que sí. A fin de cuentas, si la Asamblea Popular de la Albania comunista pudo establecer oficialmente la inexistencia de Dios o Pío IX la infalibilidad del Papa, ¿dónde está el problema para que Baños y el otro proclamen la República catalana en un rincón del parque de la Ciudadela? Problema no hay ninguno, pero, ¡ay!, llegará después; para ser precisos, cinco minutos más tarde de consumarse la machada. Y es que, de acuerdo con el Derecho Internacional, a fin de que nazca un Estado se precisa un pequeño detalle formal, a saber, un territorio y una población que sean efectivamente controlados por la nueva autoridad.

Y tal novedad tendrán que ir a comunicársela en persona, entre otros, al capitán general de la IV Región Militar, que tiene su despacho oficial a apenas unos cientos de metros, en el Paseo Marítimo de Barcelona. Momento procesal en el que aparecerán en escena las palabras mayores. Una demencia. Tras la hégira posibilista y delincuencial de Pujol, en Cataluña ha llegado al poder no otra ideología sino otra generación, la de esos jóvenes sobradamente ignorantes que pueden recitar de memoria las temporadas completas de Juego de Tronos pero que ni saben quién fue Gaziel ni han leído una sola página suya en la vida. Y si algo necesita con urgencia la Cataluña que aún conserva dos dedos de frente es (re)leer a Agustí Calvet. Sus escritos en La Vanguardia cuando las vísperas de la asonada de 1934 resultan de una actualidad desconcertante. Al punto de que podría firmarlos hoy sin cambiar ni una coma y sin que nadie reparase en que está hablando de un país que se abocaba a la guerra civil hace casi cien años.

"Cataluña está enferma desde hace siglos", escribe tras fracasar el golpe de Companys. "Es el tumor de España, que a veces dormita y a veces estalla. Y el de ahora es un estallido conforme del todo con la idiosincrasia catalana, con su historia, con su tradición política, su querencia anárquica, su entraña rebelde". Ochenta años después, seguimos igual. No han aprendido nada. Vamos de cabeza a repetir otro seis de octubre. Las mismas insensateces se suceden de nuevo. La misma arrogancia estúpida, ese creer que Cataluña puede dominar al resto de España por un simple acto de voluntad. La misma inconsciencia temeraria, el huir permanente de la razón. Cataluña, también lo decía Gaziel, resulta impotente para imponerse a España. Eso sí, se basta y se sobra para hacerle la vida imposible, como ocurre en las casas donde hay un alma en pena. Pero lo pagaremos. Y caro.

La descafeinada iniciativa de Rivera
Guillermo Dupuy Libertad Digital 30 Octubre 2015

Había razones para criticar a mi admirada Rosa Díez por lo muy "tranquila" que dijo haberse quedado tras desvelarle Rajoy su estrategia para impedir la ilegal consulta secesionista del 9-N; y también las hay ahora para criticar a Albert Rivera por la "iniciativa" con la que pretende demostrar no haber quedado atrapado en ese "consenso de la nada" que está tejiendo Rajoy frente al nuevo envite golpista de los separatistas catalanes.

El joven líder de Ciudadanos, que también consideró en su día que la consulta ilegal no se iba a celebrar en base a un pacto secreto entre Rajoy y Mas, propone ahora un pacto a PP y PSOE de cinco puntos, "muy pocos pero muy importantes", que, salvo el quinto, no son más que un cúmulo de obviedades, en tanto que no dejan de ser una reproducción de los pilares sobre los que se asienta la Constitución Española.

Ya sabemos que los constitucionalistas creen en la soberanía nacional, en la unidad territorial, en que la Constitución es el único marco en que se puede reformar España, en el proyecto europeo. Y ojalá sea verdad el punto quinto, que prohíbe gobernar de la mano de los que quieren romper con España. Sin embargo, lo urgente, desde hace años, es plantear una línea de defensa de estos principios que no se limite a su simple evocación. De lo que se trata es de detallar cómo se va a sofocar desde el ámbito financiero, penal y político el golpe institucional que los separatistas vienen perpetrando desde hace años. De lo que se trata es de hacer pública una hoja de ruta en defensa de la unidad de España como la que, para hacerla añicos, hace años elaboró el sedicioso y tolerado Consejo Asesor para la Transición Nacional de Cataluña.

Aquí los constitucionalistas parecen tener más miedo a hacer mención expresa de las penas con la que se castigan los delitos que los nacionalistas a la hora de perpetrarlos. Los separatistas deben temer -y para eso deben saber ya- lo que les espera a cada paso que den.

Llevamos años criticando a Rajoy por no supeditar la ayuda financiera a la administración autonómica catalana al inmediato cese de su proyecto de ruptura. Criticamos que el presidente del Gobierno no disuadiera a los separatistas mostrándoles abiertamente su disposición a suspender la autonomía. Criticamos que no se atreviera a mentar los tipos penales que castigan los delitos que los nacionalistas terminaron por consumar. Criticamos que no fuera él, sino el ya dimitido fiscal general del Estado, el que tomara la iniciativa de procesar a Mas por el delito de desobediencia. Pero ¿qué dice Rivera?

Pues, además de hacer suya la renuencia al articulo 155 de la Constitución, propone algo tan poco novedoso y estéril como plantear un recurso al Tribunal Constitucional, con la que esperanza de evitar que se debata la última resolución de los separatistas. Confía para ello en la doctrina señalada en su día por el expresidente del Alto Tribunal, Manuel Jiménez de Parga, de que la mesa de un parlamento no es un mero registro, sino "un órgano de Gobierno de la cámara".

La cuestión, sin embargo, radica en que confiar en que una disposición a desobedecer al Tribunal Constitucional vaya a ser paralizada por un nueva sentencia de ese mismo tribunal es tanto como confiar en parar a Herodes enarbolando la declaración de los derechos del niño.

Entiendáseme bien. No pretendo que nos saltemos ninguna fase ni menos aun desdeñar el derecho procesal. Lo que pido a nuestros representantes es que no se queden ahí, en los recursos, sino que informen ya de los siguientes pasos a dar en el probable caso que los nacionalistas desobedezcan, por cuarta vez, a nuestro alto tribunal.

Y ya que Rivera ha mentado al gran jurista que fue Jiménez de Parga, termino haciendo mio algo que él escribió hace dos años, pocos meses antes de morir.

En los últimos meses, se ha acentuado el clima caótico con declaraciones en Cataluña en las que se afirma que allí no se cumplirán determinadas leyes y determinadas sentencias. Acaso se olvide que la Constitución facilita la intervención del Gobierno central en el caso de incumplimiento de las normas constitucionales (art. 155 CE). Una de ellas es precisamente el cumplimiento de las sentencias (art. 118 CE), además del debido respeto a la ley (art. 10 CE). Al reto de los representantes de la Comunidad catalana no se está respondiendo, como debería hacerse, por las autoridades centrales del Estado. Primero, replicar con argumentos (que los hay) y luego recordar que en la Constitución figura el artículo 155. Nos encontramos ante una impasibilidad nefasta. El confusionismo aumenta.

La estridente paradoja
Cayetana Álvarez de Toledo El Espanol 30 Octubre 2015

La declaración del presidente Rajoy en respuesta a la resolución presentada en el Parlamento catalán por las fuerzas antes secesionistas y ahora ya sediciosas sorprendió por su firmeza. En especial llamó la atención la siguiente frase, tan enfática: «Mientras yo sea presidente del Gobierno, España seguirá siendo una nación de ciudadanos libres e iguales.»

Es la primera vez en cuatro años de legislatura que el presidente utiliza la expresión que un grupo de ciudadanos de diferentes posiciones ideológicas pero con un mismo compromiso democrático acuñamos frente al desafío separatista. Se le habían adelantado el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en varios mítines de la reciente campaña electoral catalana, y el de Vox, Santiago Abascal, vía Twitter. Y ayer le siguió Javier Arenas, en unas declaraciones contra la reforma constitucional socialista.

Libres e Iguales nació en julio de 2014 para defender la España constitucional y reclamar al Gobierno, a los partidos políticos y al conjunto de los españoles que se movilizaran frente al ataque a la democracia desencadenado por el gobierno de la Generalidad. Cualquiera que relea nuestro manifiesto fundacional sentirá una cierta melancolía ante el tiempo perdido. No el de nuestra asociación, patera patriótica, sino el de quienes durante años han considerado que la amenaza era un suflé retórico.

A las puertas del Congreso de los Diputados, Libres e Iguales advirtió de que el secesionismo pretende usurpar a los españoles su patrimonio más valioso: la condición de ciudadanos. Avisó de que Artur Mas y sus aliados promovían la derrota de la democracia y que evitar esa derrota era nuestra primera y más urgente obligación. Y denunció, con pesar pero con la esperanza de provocar un cambio de actitud, que hasta entonces el desafío secesionista no había recibido la respuesta que merecía. El Estado, dijimos, debía garantizar que ninguna vulneración de la legalidad quedase impune. El Gobierno, liderar la reivindicación y la defensa del ordenamiento constitucional. Y los partidos, alcanzar un pacto público como el que ahora todos, incluidos los rupturistas de Podemos, se esfuerzan en protagonizar.

Es imposible saber qué hubiera ocurrido si aquel llamamiento a la acción se hubiera atendido a tiempo. Si el presidente Rajoy hubiera hecho suyo el sintagma, y sobre todo el sentido profundo, de «libres e iguales» hace dos años. O por lo menos antes de la consulta del 9 de noviembre. Si los socialistas Pedro Sánchez y Miquel Iceta no hubieran jugado a la equidistancia ni contribuido a la deslegitimación del sistema asumiendo un día el derecho a decidir y proponiendo al siguiente una reforma federal de la Constitución. Pero la lógica sugiere que no estaríamos donde estamos, que nos habríamos ahorrado espectáculos humillantes para los demócratas y el enfrentamiento social e institucional al que estamos abocados.

Sin embargo, no hay que perder demasiada energía en el reproche contrafáctico. Lo que hace pocas semanas aún se consideraba una profecía apocalíptica es hoy una realidad asumida hasta por los más contumaces terceristas. E incluso por alguna prensa internacional, como el diario Le Figaro, que ayer calificaba de golpe de Estado la iniciativa del presidente Mas. Es cierto. El golpe a la democracia está en marcha y sólo podrá pararlo la firmeza del Estado. Un Estado, desgraciadamente, instalado en una relativa provisionalidad ejecutiva. Porque la mayoría absoluta ha caducado en la práctica y lo que aguarda son unas elecciones generales abiertas, inciertas y trascendentales.

De todos los asuntos que se van a debatir en la campaña ninguno será más determinante que la respuesta que se dé a la sedición. Llamativamente, todos los partidos que aspiran a formar parte del próximo gobierno español preferirían hablar de otra cosa. Podemos de la Casta. Ciudadanos de la regeneración democrática. El PSOE del paro. Y el PP de la recuperación económica, aunque en su caso se dé una paradoja estridente: la cuestión catalana ha pasado de considerarse una penosa rémora a verse como la tabla de salvación electoral.

En cualquier caso, ningún partido podrá evitar hablar de Cataluña, porque lo que está en juego es previo a todo: la posibilidad de que los españoles sigan siendo ciudadanos libres e iguales ante la ley.

«Libres e iguales» es mucho más que una frase emocionante que pueda adornar un tardío e inevitable regreso a la épica. Significa cosas esenciales. Significa que ningún español es más o menos que otro por nacer o vivir en una parte del territorio nacional. O por tener determinadas convicciones políticas. O por sentirse de una determinada manera: víctima de un agravio o protagonista de una utopía.

Significa que todos los ciudadanos ven reconocido, exactamente en la misma medida, su derecho a decidir. Que nadie, por diferente que sea o se sienta, histórica o culturalmente, por masivos que sean sus apoyos en las calles, o por poderosa que sea su influencia o su capacidad de intimidación, pueda decidir por sí mismo sobre lo que a todos nos afecta. Significa la posibilidad de vivir juntos los distintos. La base de la democracia.

Quienes invocan el derecho a decidir de los catalanes no defienden la democracia. La niegan porque niegan a millones de españoles su derecho a decidir. Los nacionalistas han considerado siempre que los catalanes eran los únicos que podían discutir y decidir sobre la independencia. Ha sido su primer acto de soberanía. Y hasta ahora exitoso.

El más grave error de la democracia ha sido entregar al nacionalismo el monopolio de la palabra democracia. Recuperarlo es ahora el gran reto español.

Por eso, cuando el 20 de diciembre vayan a votar, los españoles tendrán que hacerse una pregunta. Una pregunta categórica, formulada incluso al margen de la voluntad de los cuatro partidos principales: ¿Quién va a defender con más claridad, con más convicción y con más credibilidad que España siga siendo una nación de ciudadanos libres e iguales?

***Cayetana Álvarez de Toledo es portavoz de Libres e Iguales

Mientras yo sea el presidente
Antonio Robles Libertad Digital 30 Octubre 2015

"Mientras yo sea el presidente del Gobierno, España seguirá siendo una nación de ciudadanos libres e iguales", sentenció Mariano Rajoy ante el desafío separatista del Parlamento catalán.

Miserable manera de expresar el rechazo del Gobierno de todos al separatismo. ¿Ni siquiera en los momentos más inquietantes para la unidad de la nación se puede permitir un gesto de patriotismo? ¿También quiere sacar rédito electoral de la amenaza rupturista? ¿"Mientras yo sea presidente"? ¿No sería lo suyo haberlo dejado en… "mientras la soberanía resida en el pueblo español por entero, España seguirá siendo una nación de ciudadanos libres e iguales”? Y este presidente, como cualquier otro presidente español en mi lugar, garantizará que así sea.

Pero no, Mariano ha preferido sacar rédito electoral de la unidad nacional. ¿Pretende susurrarnos al oído que tal unidad no está garantizada si no lo seguimos votando? A veces no sé cómo se sostiene en pie esta vieja nación, teniendo a semejantes servidores públicos.

Esas declaraciones han sido en parte rectificadas posteriormente con la convocatoria y posterior firma de un compromiso de defender el orden constitucional con el líder de la oposición, Pedro Sánchez. La firma y la foto no dejan de ser interesadas. Por parte de los dos, porque a los dos les interesa visualizar la primacía del bipartidismo. C's, a través de Albert Rivera, propuso ayer formar un "frente común de demócratas". Sin condiciones, como debe ser, porque la afrenta no deja espacio para el postureo: o se está con los demócratas o contra la democracia. Todo lo contrario de Pablo Iglesias, que se atribuye ser "la mejor garantía de la unidad de España al entender el conflicto territorial". O sea, el susurro nacionalista concretado en una España plurinacional y referendos vinculantes. La izquierda mamporrera del catalanismo que siempre hemos sufrido en Cataluña con los mismos tics acomplejados del PSC, que con tal de que no lo señalen con el dedo por malas compañías se niegan a firmar documento alguno con C's y PP contra la interpelación secesionista del lunes.

Mariano Rajoy ha de contar con todos los partidos dispuestos a defender la unidad de España, empezando con el que más empeño está poniendo en ello con hechos, UPyD, que acaba de cursar una querella por sedición, personalizándola en los responsables concretos. Un acierto. Eso de ampararse en la masa, en el pueblo, debe dar paso a la inhabilitación para cargo público de todos sus firmantes, con nombres y apellidos, y, si es posible, cárcel por conspirar contra el Estado. Y no hay que olvidarse de IU. Garzón es más serio y responsable que su homólogo humillador. Tampoco de Vox, de Santiago Abascal, que si un día de estos se desembaraza de tanto fundamentalismo católico y antiabortista tendrá en estos trances nacionales su oportunidad política.

Por una vez, los responsables públicos deben olvidar sus ambiciones personales para ponerse al servicio del bien común. Por una maldita vez, han de evitar la tentación de intentar sacar rédito electoral con su última ocurrencia, sea esta la reforma de la Constitución, el federalismo asimétrico o las trescientas mil terceras vías y sus atajos a la confederación o a la España plurinacional. Lejos de evitar el envite, lo alimentan. Por una vez han de sumar y no restar, ofrecerse y no exigir, facilitar, colaborar, pues no habrá recompensa mayor para ellos que la garantía de la unidad y la libertad de todos.

Para enfrentar la amenaza separatista nos sobran leyes y razones, fuerza y legitimidad, pero nos falta unidad. Ya es paradoja que se pretenda preservar la unidad de la nación, desunidos.

En esta hora de embustes y emboscadas separatistas, aburre tanta evidencia. Son en estos trances de la historia donde se forjan los grandes hombres de Estado o se arruinan las naciones. A ver.

EN TODA ESPAÑA
VOX convoca concentraciones para exigir que se aplique la ley
El partido de Santiago Abascal ha impulsado esta iniciativa abierta a todos los ciudadanos, organizaciones y partidos políticos bajo el lema ‘Frente al secesionismo, la Ley’
Gaceta.es  30 Octubre 2015

VOX, que llevaba casi una semana advirtiendo que se producirían estos actos de secesión en el Parlamento catalán, ahora sobre hechos consumados, ha lanzado una iniciativa para animar a todos los españoles a trabajar unidos por una nación de ciudadanos libres e iguales.

Con el hastag #todosjuntos ha comenzado una campaña en las redes sociales que llama a los ciudadanos a concentrarse frente a sus Ayuntamientos para combatir el secesionismo con la aplicación de la ley. Desde VOX esperan que miles de ciudadanos acudan únicamente con la bandera de España este sábado a las 12:00 a las puertas de sus consistorios.

“Todos cabemos en esta convocatoria. No se tratra de un acto de partido y por eso animamos a que la gente acuda únicamente con la bandera de España, que es la que nos representa a todos”, ha señalado el Presidente de VOX, Santiago Abascal.

España, carne de corrupción: la reveladora conclusión del Banco Mundial
El Confidencial

Es precisamente en los ámbitos en los que la intervención de lo público es más necesaria, donde nuestro país se hunde en los 'rankings' de 'Doing Business', el informe anual del organismo

Acaba de publicar el Banco Mundial su informe 'Doing Business 2016', con datos a uno de junio de este año.

Se trata de un documento anual que busca determinar cuáles son los mejores países para iniciar y operar un negocio. La muestra es amplia, abarca 189 naciones distintas. La que acaba de ver la luz es su decimotercera edición.

¿En qué se basa para fijar su ordenación?
Fundamentalmente, en 10  parámetros, "proteínas y minerales necesarios para la salud y el crecimiento de una economía", según señala su introducción; a saber: tiempo necesario para abrir un negocio, para la obtención de los permisos de construcción, ídem de los boletines eléctricos o para transferir una propiedad; facilidad de crédito, protección al socio minoritario, presión fiscal (horas y tipos), apertura al exterior, fuerza jurídica de los contratos y régimen de insolvencias. A ellos se une el estado del mercado laboral, que, no obstante, no participa en la ponderación.

Singapur lidera la lista como lugar idóneo para emprender, seguida de Nueva Zelanda y Dinamarca. En la cola de la clasificación, Eritrea, Libia, Sudán del Sur y… Venezuela, ¡viva la República Bolivariana! Como 'runner-ups', estados con mayor progresión en la clasificación, Costa Rica, Uganda, Kenia o… ¡Chipre!, pese a los recientes controles de capital.

El estudio es extraordinariamente prolijo y merece una lectura detallada.

¿Dónde queda España?
La separata individual sobre nuestro país la pueden leer aquí.
A nivel agregado en el puesto 33, mejorando una posición respecto a 2015.

Sin embargo, en relación con los distintos factores tenidos en cuenta para fijar la clasificación final, el situación de nuestra economía es dispar, tal y como se puede comprobar en el siguiente cuadro:

Muy bien en apertura comercial al exterior (1), en el régimen de insolvencias (25), en la protección de minoritarios (29) y en la fuerza jurídica de los contratos (39). Un poquito peor en agilidad registral (49), acceso al crédito (59) o presión fiscal (60). Muy mejorable, por último, toda la parte burocrática que, por cierto, es la que más pie da a corruptelas. Puesto 74 para la obtención de luz (desde el 78 en 2015), 82 para las licencias de apertura (desde el 78) y 101 en permisos de construcción (desde el 97).

Luego nos extrañaremos de que pase lo que pasa.

Antes de entrar en esta cuestión del campo abonado para la malversación de fondos, un inciso.

Algunos de estos datos pueden resultar chocantes, especialmente por algunos de los afectados por la dilación sin fin de la justicia patria, pero es bueno recordar aquí que se trata de una posición relativa, en relación con otros estados. Lo que prueba, sin duda alguna, que en todas partes cuecen habas, arroz, maíz, mijo o lo que se tercie en los distintos ámbitos contemplados por la encuesta.

Proxy de la corrupción

Alguno podrá decir que el titular de este 'post' es exagerado y que, de hecho, el informe no es un reflejo exacto de las condiciones reales en las que se manejan las empresas en un determinado territorio. No en vano su validez ha sido puesta en tela de juicio hasta por economistas del propio Banco Mundial, que han llegado a aventurar una correlación cero con las ‘encuestas a pie de calle’ que lleva a cabo la propia organización.

Sin embargo, lo cierto es que el documento es aceptado internacionalmente como referencia, hasta el punto de que mandatarios como Vladimir Putin o Nahendra Modi, el primer ministro indio, han fijado como objetivos nacionales mejorar en su clasificación. De 120 en 2012 a 20 en 2018 en el caso ruso, o del 142 en 2015 al 'top 50' en 2017 en el indio. De momento se sitúan en los puestos 52 y 130 respectivamente. 

Y, en cualquier caso, el análisis sí que es reconocido con carácter general como un termómetro del clima empresarial de una economía -de las restricciones y obstáculos a los que se enfrentan las compañías- así como un instrumento válido para identificar tendencias más allá de los datos concretos que sirven para su construcción.

También es visto comúnmente como un 'proxy' bastante certero del nivel de corrupción de un Estado.

Pues bien, es precisamente en los ámbitos en los que la intervención de lo público es más necesaria, donde nuestro país se hunde en los 'rankings' de 'Doing Business'. Lo cual, como hemos señalado con anterioridad, es mala señal, carne de cañón para delitos y faltas. 

Resolver cuestiones como la financiación de determinadas administraciones, la fragmentación del mercado interior, la existencia de una legislación excesivamente prolija y cercenante a nivel autonómico y local, la lenta tecnificación de los trámites administrativos y judiciales o la eliminación de la burocracia innecesaria, es imprescindible para salir mejor en la foto anual del Banco Mundial.

Pero, claro, son medidas que dependen de unos políticos que viven de este cuento y que carecen de incentivos para hacer tales reformas una vez que han renunciado a una visión de país.

Ande yo caliente...
Podemos, pues, esperar sentados.
Desgraciadamente.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
En Cataluña, Rajoy cree que llueve
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 30 Octubre 2015

Una proverbial, y seguramente injusta, caracterización de los gallegos los presenta como seres capaces de convertir una grave afrenta en un fenómeno meteorológico bastante común. Aunque el retrato sea malintencionado y enteramente inverosímil, a Rajoy le pinta a las mil maravillas, le cuadraría igualmente al milímetro así fuese vasco, aragonés o asturiano. Resulta que en Cataluña llevan años haciendo mangas y capirotes con las leyes comunes, pisoteando alegremente los derechos, culturales, educativos y políticos, de quienes no comulgan con la religión secesionista, haciendo referéndums que, según Rajoy nunca se harían, y, para colmo, se han lanzado a aprobar en el Parlamento una declaración formalmente sediciosa, y todo lo que se le ocurre a Rajoy, es decir que va a aplicar la ley sin vacilaciones, y que tiene un plan que ya se irá viendo, mientras que lo que realmente se ve es que el Mas, la Forcadell, el Romeva, el chico de Ezquerra, la CUP y toda su santa compaña se toman la ley, y a los millones de catalanes y de españoles que la hemos aprobado y la cumplimos, a chacota.

Las patadas que le dan en nuestro culo
Rajoy se figura que, puesto que los españoles le eligieron a él, han de comulgar con sus ocurrencias, y se olvida de que en las elecciones, como en El Corte Inglés, si el cliente no resulta satisfecho puede recuperar su dinero, y votar lo que sea con tal de perder de vista semejante adefesio político. De momento, las patadas del descontento han caído más en nuestro culo que en el suyo, pero todo llegará.

Lo que produce auténtico pasmo es que algunos crean que Rajoy se está haciendo respetar, incluso que está forzando un poquito la máquina de doblegar sediciosos para recuperar los millones de votos que ha perdido y que ahora reclama con argumentos tan escasamente convincentes como su leguleya oposición a las bravatas de los catalanes que quieren dejar de ser españoles.

Es injusto echarle a Rajoy todas las culpas de una situación tan infausta, dramática y ridícula como la que padecemos, pero no se puede pasar por alto que él es la persona que está máximamente obligada a plantar eficazmente cara a un proceso que ha roto ya con todas las reglas de la democracia, que se cisca en las leyes, y que amenaza gravemente la paz y el futuro de todos. Cuando te están dando una paliza a modo, poner cara de antropólogo aficionado a la semántica o recordar las reglas del Marqués de Queensberry no es signo de inteligencia y de prudencia, sino de manifiesta estolidez.

Un Cid que quiere ganar batallas después de muerto
La inteligencia política de este PP se ha puesto, una vez más, de manifiesto al tratar de ganar una batalla perdida no alanceando a moro muerto, sino poniendo al muerto al frente de las mesnadas y confiando en que la desmemoria y el temor oficien el miagro de la resurrección, o, al menos, logren que el difunto sea capaz de firmar un armisticio que los coloque a todos, o casi. Esta cadavérica y plasmática impavidez de Rajoy le va a salir muy cara, porque el Cid que ganó la mítica batalla siendo ya cadáver había asestado algunos mandobles y todo el mundo sabía que si subía de nuevo en Babieca no iba a ser para decir bobadas. Rajoy, por el contrario, no ha dado ningún espadazo, salvo en las cabezas y bolsillos de sus votantes, y caben serias dudas de que la cofradía de masoquistas empeñada en que ahora hará lo contrario de lo que ha hecho logre muchos más adeptos de los razonables, los socios de cuota y los que han logrado vivir de un cuento tan malo y soso como el rajoyano. Por si su desatención a quienes algún día esperaron de él que hiciera algo fuera magro capital, su pretendidamente dramática salida al escenario para acollonar a los sediciosos ha producido risas en los que debieran sentirse afectados y temblores nerviosos en los que esperaban poderse confortar,… y esto no ha hecho más que empezar.

La responsabilidad de los demás
Visto que Rajoy no da más de sí, bueno sería que otros pudiesen acudir al rescate de la maltrecha dignidad nacional, y los optimistas estamos seguros de que así será. Como ahora se cotiza en futuro, no importa que los escaños sean pocos si las esperanzas son fuertes, y hay que esperar que Albert Rivera y Pedro Sánchez sepan estar a la altura de sus responsabilidades para obligar al Gobierno en funciones, y a todas las instituciones públicas, a defender la unidad y la libertad de todos, en unos meses que se adivinan movidos y que un Gobierno que no ignorase por completo, como le ha sucedido a éste, lo que es la política, hubiese podido evitarnos sin demasiadas complicaciones. España ha sorteado con fortuna, como lo recuerda el libro de Tom Burns, situaciones muy difíciles, y hay que esperar que salgamos con bien también de ésta, pero se va a exigir un esfuerzo nada pequeño de todos, y no acabaremos bien si no se corrigen los vicios de fondo que han permitido que crezcan los defectos que comentamos, un Gobierno que confunde su trabajo con escribir en el BOE, y unos individuos que se ven muchos y se atreven a desafiarnos a todos pensando en que vamos a ser tan pánfilos como lo es quien tan desmadejadamente nos representa.

El origen del mal
Ante todos los fallos multiorgánicos, los doctores discrepan de las causas, y lo que suele ser peor, de los remedios. Algo marcha muy mal en la España de 2015, algo que seguramente no podían ni imaginar los españoles que a finales de los setenta abrieron sus ojos a un futuro de libertad y prosperidad abandonando una minoría de edad política que resultaba tan extraña como improrrogable. Sólo pretendo en estas líneas finales apuntar a un fenómeno profundamente anormal que deberemos empezar a corregir, si es que deseamos que, en verdad, un cambio positivo nos devuelva a sendas de progreso y de confianza.

En mi opinión, el problema está en la insuficiencia básica de la democracia española, en una infausta herencia del paternalismo autoritario que se ha enquistado tanto en la derecha como en la izquierda, en la necia esperanza de que se nos dé lo que debemos lograr, de que se legisle la felicidad y la prosperidad, de esperarlo todo de los políticos que tan largamente nos muestran que su lengua es mucho más fértil que sus acciones. De esta insulsa manía se deriva también el cáncer catalán, la esperanza en que unos cuantos vayan a ser capaces de alcanzar el paraíso para los nuestros, aunque haya que saltarse las leyes que haga falta. La perversa idea de que la política todo lo puede, cursa con un vicio profundamente arraigado, tal vez especialmente en la izquierda, con la convicción de que no hay que respetar las leyes, con la creencia deletérea de que la libertad y los derechos de los demás no existen cuando se contraponen a los nuestros. Y un fruto especialmente sandio de esta sarta de patéticas confusiones es también la tontísima idea rajoyana de que le debemos el voto a quien, a su parecer, nos ha salvado del desastre,…¡lo que hay que oír!.

Las últimas claves sobre lo que está ocurriendo en Cataluña
Ernesto Milá Minuto Digital  30 Octubre 2015

A medida que pasan las horas y con la distancia (que ayuda a tener una perspectiva que se pierde cuando se están inmerso en los noticiarios de TV3 o de RTVE) me voy convenciendo de que el soberanismo ya ha perdido la partida… y el único problema es que no se ha enterado. Queda ahora por saber si su derrota será total o bien, una prudente marcha atrás conseguirá que salven al menos los “muebles” (esto es, el patrimonio personal y eludir una estancia en la prisión Modelo de Barcelona). El aventurerismo de Mas (y especialmente de sus compañeros de viaje, ERC, CUP y las “tietas”) es tal, que haga lo que haga el todavía “president en funciones”, ha perdido la partida.

De momento, Artur Mas milita en un partido que tiene las sedes embargadas, se le ha disuelto la coalición y se está disolviendo el propio partido como un azucarillo, mientras que sus dirigentes históricos son perseguidos como ratas en las cloacas. Ha conseguido mantenerse durante cuatro años sin hacer otra cosa que vender soberanismo y, bruscamente, se ha encontrado con una situación adversa (que se convertirá en todavía más adversa a partir del 20-D) y acompañado por aventureros irresponsables de los que el propio nacionalismo moderado rehúye y que no dejan de generar desconfianza en las familias catalanas que, históricamente, han dirigido el nacionalismo (y han dirigido Cataluña).

La declaración de la pobre “tieta” Carmen Forcadell, de la que lo único que se sabe, además de que fue presidenta de la ANC, es que no le queda poco tiempo en el cargo, llamando “civilizadamente” a la República Independiente de Cataluña y a la desobediencia, es solamente el canto del cisne de una operación independentista que, iniciada en los laboratorios, de CDC ha terminado siendo patrimonio del soberanismo más amateur y enloquecido.

El problema, ahora, es cómo se explica a quienes votaron a Junts pel Si o a la CUP, que de independencia nada de nada, que no era posible, ni por la constitución española, ni por la tónica de la Unión Europea… ni siquiera por los signos de los tiempos. El problema ahora, es cómo vuelve todo a la normalidad. Y lo que es peor: cómo se convence a los aventureros irresponsables y extremistas del soberanismo que, como máximo, la “independencia catalan” pueden ser la carta de negociación que jugará el tándem Mas-Pujol para eludir la cárcel, no por su apoyo al soberanismo político sino, como Al Capone, por sus delitos económicos. En cuanto a las “tietas” o al llorón de Oriol Junqueras, todo el problema consiste en cómo decir a sus afiliados que retiren los trapos que han colgado de sus balcones durante cuatro años y que son apenas una bandera de una opción política, pero en absoluto un “emblema nacional” (el símbolo de Cataluña es la bandera cuatribarrada y la cruz de Sant Jordi, en absoluto esa mala copia de la bandera cubana).

Sí, el soberanismo ha ido demasiado lejos, pensando que la debilidad del Estado Español era tal que concederían cualquier cosa que “la mayoría del pueblo catalán eligiera”. Lo único que han logrado es que los partidos “constitucionalistas” presenten un frente ante el cual, el soberanismo no tiene la más mínima posibilidad de salir triunfante. Hace cuatro años no se podía entender porqué Artur Mas había emprendido una deriva soberanista con pocas posibilidades de triunfar. Seguramente lo hizo por dos motivos: en primer lugar, por creer que la crisis iniciada en 2007 y el tránsito de ZP por el gobierno de la nación habían debilitado tanto al Estado Español que éste carecería fuerza para oponerse a un proceso de centrifugación.

Pero, en segundo lugar, porque ya en ese momento, en 2011, empezaban a detectarse los primeros síntomas de que los servicios de seguridad del Estado investigaba y reunía material sobre el saqueo de Cataluña iniciado a mediados de los años 80. Era evidente que antes o después aparecerían las pruebas, que existían demasiados testigos y que la omertá siempre tiene algún eslabón débil. Era preciso, primero poner los caudales acumulados fuera del alcance de los servicios de seguridad españoles: en Andorra y en Suiza (no es imaginación, precisamente, lo que le sobra a la mafia nacionalista) y luego realizar una fuga hacia adelante: o bien la operación triunfaba y Cataluña alcanzaba su independencia, con lo cual CDC obtenía el derecho a ser dueña por siempre jamás de lo que considera su propio jardín, o bien la operación embarrancaba y era preciso llegar a una negociación: y en ese caso, la impunidad por las actuaciones realizadas antes del “procés” más alguna concesión “estética”, podrían aceptarse a cambio de desactivar el cronograma soberanista.

Tenemos la convicción moral de que tal era el cálculo de la mafia de CDC: doble (independencia) o mitad (impunidad). En cualquiera de los dos casos, nunca perdían. Ahora bien, lo que Mas no contaba era: primero con que las resistencias por parte del Estado serían superiores a las que se dieran durante el Pacto del Tinell (“todos contra el PP”) y que los sectores radicales del soberanismo terminarían prácticamente por arrollar al propio impulsor del “procés”… que es lo que ha ocurrido finalmente, tal como se demostrará en cifras el próximo 20-D, cuando las candidaturas de CDC y de ERC vayan por separado a las elecciones y quede claro cuál es la fuerza hegemónica en la actualidad.

La fecha del 20-D condiciona todo lo que queda de “procés”: ahora mismo, no existe Parlamento del Estado (está disuelto), por lo tanto, determinadas decisiones sobre la suspensión del Estatut y sobre una eventual acción de fuerza para cortar el putsch soberanista ya no pueden ser aprobadas por el Parlamento. Por otra parte, la composición del nuevo parlamento ya no será la misma que la que se dio en 2010. Presumiblemente lo que saldrá del nuevo parlamento será una mayoría “constitucionalista” y de ella emanará el nuevo gobierno… que ya no necesitará, para nada, los votos de CDC o de sus restos y que, tal como se puede percibir en estos dos últimos días, será decididamente antisoberanista.

No me cabe la menor duda de que los soberanistas no recurrirán a la violencia. Saben lo que se juegan y, digámoslo claro, el soberanismo no ha estado nunca hecho de la materia con la que están hechos los héroes sino más bien se trata de pusilánimes, con alma cándida, sensibles al sufrimiento propio y más diestros en el victimismo que en las artes heroicas de los guerreros. Excluir esa posibilidad completamente. Como máximo veremos a las “tietas” convertirse en plañideras.

Sobre la redada anticorrupción parece que la UDEF (al parecer Pujol ya se ha enterado qué era eso de la UDEF) ha contado con la colaboración de alguno o alguno de los imputados. El destino de las causas abiertas está en función de la evolución del proceso soberanista: si hasta ahora no se han producido confesiones masivas inculpatorias para el clan mafioso de CDC ha sido precisamente porque en Cataluña han existido hasta el 27-S ciertas dudas sobre el futuro del proceso soberanista: si este se cerraba con la independencia, haber hecho gala de omertà podría ser una buena carta para muchos en la siguiente etapa de Cataluña. Pero si, por el contrario, el proceso se cierra con una imposibilidad para alcanzar la independencia, esto es, con una victoria del Estado, los mecanógrafos del a UDEF no van a dar abasto a la hora de transcribir confesiones, detalles sórdidos y auto exculpaciones de muchos imputados y especialmente de empresarios que han ido pagando a la trama corrupta.

Así pues, lo que vaya a ocurrir, ocurrirá antes del 20-D, antes incluso del inicio de la campaña electoral: noviembre será el “gran mes” en el que todo puede ocurrir… cuarenta años después de la muerte de Franco. La historia tiene esas ironías.

JPMorgan: “El conflicto catalán escala a niveles peligrosos”
Antonio Maqueda www.vozpopuli.com 30 Octubre 2015

El banco de inversión estadounidense pronostica un envalentonamiento de los secesionistas y subraya que los soberanistas intentan explotar el vacío institucional creado por las elecciones generales.

JPMorgan destaca en una nota a los inversores que los partidos secesionistas catalanes llevan el conflicto a "un nivel peligroso". En opinión del banco de inversión, el "radicalismo de la propuesta" de desconexión simplemente constata que Junts pel Sí necesita el apoyo de los "anticapitalitas y antieuropeístas" de la CUP con tal de poder formar gobierno.

“El momento de esta iniciativa parece peculiar”, señala el informe, “ya que se produce incluso antes de que se forme un nuevo gobierno catalán. Desde nuestro punto de vista, es un intento de explotar el vacío institucional creado por los últimos meses de la actual administración en Madrid”.

“Esta nueva escalada del conflicto eleva el riesgo de accidentes fatales en el camino y complica una gestión más constructiva entre Cataluña y el Gobierno de Madrid”, reza el informe

Respecto a las posibilidades legales del Gobierno central a la hora de frenar a los soberanistas, la entidad subraya que el Ejecutivo de Madrid cuenta con un amplio abanico de opciones, desde la simple petición de una vuelta a la normalidad a las autoridades catalanas hasta la supensión total de la autonomía contemplada en el artículo 155 de la Constitución. No obstante, a su entender cualquiera de estas opciones no tiene precedentes y supondría una renovada escalada del conflicto que podría, a su vez, "envalentonar al campo secesionista".

A juicio de la entidad, la independencia catalana no sucederá por las serias implicaciones que conlleva la salida de la Unión Europea. Sin embargo, considera que este nuevo paso hacia la declaración unilateral de independencia representa un claro intento de aumentar el grado de confrontación. “Esta nueva escalada del conflicto eleva el riesgo de accidentes fatales en el camino y complica una gestión más constructiva entre Cataluña y el Gobierno de Madrid, esté quien esté en la Moncloa”, concluye.

Y por si no estuviera ya todo harto complicado, JPMorgan explica que la constitución de un nuevo Gobierno en Madrid precisará con toda probabilidad de largas y difíciles negociaciones, lo que a su vez retrasará aún más el inicio de las conversaciones con los independentistas.

El informe también resalta que estos movimientos coinciden con el hecho de que “figuras centrales de Convergencia estén siendo sujetas a investigaciones judiciales por corrupción”.

Los analistas prevén que las autoridades catalanas sigan adoptando medidas radicales hasta el momento en el que un nuevo Gobierno nacional esté formado, ya que sólo un Gabinete con plenos poderes podrá ser capaz de intentar reabrir el diálogo entre Madrid y Barcelona. Entretanto, los secesionistas podrían retar los dictámenes de la Justicia que cuestionen su legitimidad y continuar por la senda de la desobediencia civil. Llegada esa fase, para la entidad estadounidense la única opción posible consiste en suspender la autonomía y aplicar el código penal. "La situación permanecerá compleja y conflictiva durante mucho tiempo", apostilla.

"Juan Carlos I fue el mayor comisionista del país, su corrupción era descarada"
El periodista recupera el conflictivo ensayo sobre la Transición que escribió en 1991
Carlos Prieto El Confidencial 30 Octubre 2015

No era fácil hasta ahora hacerse con un ejemplar de 'El precio de la Transición' (Planeta, 1991); a menos, eso sí, que uno estuviera dispuesto a gastarse los alrededor de 50 euros que pedían por él en el circuito de libros descatalogados.

La demanda, por tanto, era muy superior a la oferta; entre otras cosas porque la demanda de visiones críticas sobre la Transición se ha disparado desde que estalló la recesión económica (2008), surgió el 15-M (2011) y las instituciones políticas del país cayeron en una crisis de legitimidad de la que aún están por salir.

Fenómeno cultural que ha reforzado el estatus de Gregorio Morán (Oviedo, 1947): de voz crítica y heterodoxa que clamaba en el desierto del 'mainstream' a periodista de referencia para una nueva generación que muestra poca o ninguna admiración hacia conceptos como 'transición modélica' o 'bipartidismo'.

La editorial Akal recupera ahora 'El precio de la Transición'. Revisado y con un nuevo prólogo en el que el periodista asturiano, fiel a su leyenda, no deja títere con cabeza. En efecto, si bien su ácida visión de la Transición va a ser mucho mejor recibida ahora que en 1991, hay algo que no ha cambiado desde entonces: la afición de Morán a agitar sus argumentaciones a mamporro limpio.

“La Transición de la dictadura a la democracia fue relativamente breve, apenas siete años (desde noviembre de 1975 hasta octubre de 1982), poco más que la duración de la Segunda República (cinco años y dos meses). Ahora bien, la Transición como periodo histórico, con su Constitución de 1978, lleva funcionando 40 años, para gozo y satisfacción de quienes la parieron, la amamantaron y la pusieron a trabajar, lo más pronto que consintió su edad, en una casa de lenocinio”, escribe en el prólogo del libro.

Gregorio Morán pasó hoy por Madrid para presentar 'El precio de la Transición' y habló con El Confidencial sobre el ayer y hoy de la democracia española.

PREGUNTA. ¿El tiempo ha puesto este libro en su sitio?
RESPUESTA. En 1991 ya estaba perfectamente definido lo que había sido la Transición, lo sorprendente era ver cómo la gente se creía la versión oficial con tanta facilidad. Pero los tres últimos años han sido demoledores para los análisis de la Transición. Han cambiado las tornas de una manera total. ¿Por qué ha saltado todo por los aires? Porque la crisis lo mueve todo. Igual que es imposible entender lo que sucede ahora en Cataluña sin el contexto de crisis económica brutal. En 1991, por contra, casi nadie osaba romper el marco político y opinativo. Muy pocos salieron en defensa de mi libro; sin embargo, los ataques fueron fulminantes. La propia editorial, Planeta, soltó una frase feliz tras leer el manuscrito: "Pero… este no es el libro que esperábamos".

P. ¿Qué libro esperaban en Planeta?
R. La frase significaba, evidentemente, que el libro era muy duro. Hubo algunos cortes que ahora he restituido. Algunos párrafos, alguna referencia al Rey… En cualquier caso, fueron pequeñas modificaciones que no cambiaban el discurso de fondo de 'El precio de la Transición'.

P. En el nuevo prólogo atiza usted de lo lindo a una figura ampliamente respetada hace hace poco por su contribución a la democracia: Juan Carlos I. ¿Podría explicar el porqué de sus críticas al joven lector que no vivió los años locos de la democracia?
R. En la Transición la corrupción no importaba, porque lo fundamental era ganar libertades y estabilizar la democracia. La corrupción existía, pero era un problema muy menor. Me acuerdo de aquello de los 5.000 corderos que le vendió el cuñado de Adolfo Suárez a Egipto. ¡Oh, qué escándalo! Pero claro: compara eso con Bárcenas y el Palau de la Música. Peccata minuta. Luego llegaron los partidos e idearon unos sistemas corruptos de crecimiento. De Filesa en adelante. Hubo de todo. Nadie se libra. El que se libra es porque no tocó poder.

P. De Juan Carlos I escribe que debería haber dado ejemplo, pero hizo justo lo contrario, y los políticos imitaron su comportamiento...
R. Lo suyo con la corrupción fue un descaro. Los barcos… Todo, todo. Juan Carlos I fue, sin ninguna duda, el mayor comisionista que hubo en este país. Donde olía dinero, ahí estaba. Una obsesión que venía de Fernando VII, pura tradición borbónica. Lo gracioso es que lo justificaban diciendo que Juan Carlos I había tenido muchas dificultades económicas de joven. ¡Eso es una sucia mentira! Los Borbones no tuvieron dificultades económicas nunca.

P. Se escriben constantemente artículos comparando la época actual con la Transición. La última coletilla periodística es comparar a Albert Rivera con Adolfo Suárez. Como biógrafo de Suárez, ¿qué opina de esta analogía?
R. Que no tiene ni pies ni cabeza. Es un chiste de patán ignorante, de alguien que no conoce nada de Suárez y muy poco de Rivera. No son comparables ni por tradición, ni por formación… Es la típica simplificación de columnista brillante. No tienen nada que ver. Piensa de dónde venía Suárez y de dónde viene Rivera... Albert Rivera pertenece a un partido al que no votaré nunca, pero siempre ha mantenido posiciones políticas bastante similares; Adolfo Suárez, por contra, hizo de todo... El problema es que hablan del Suárez muerto, del Suárez canonizado, de la leyenda, no del Suárez que pasó una durísima etapa al frente de UCD… hasta que le echaron. Son los mitos de la Transición…

P. ¿Se perpetúan dichos mitos?
R. Está sucediendo un fenómeno muy curioso: los 40 años de franquismo se han ido achicando más y más, y ahora parecen un periodo histórico muy corto. Sin embargo, los siete años de Transición se han ido dilatando más y más… hasta que en vez de siete años parecían 70. Así que todos estos tópicos, como el de comparar a Rivera con Suárez o llamar Segunda Transición a lo que estamos viviendo ahora, pueden funcionar. Es cierto que hay dos nuevos partidos que no tienen nada que ver con los dos anteriores. Eso sí que es una novedad. Ahora bien: ¿cómo se reflejará eso en las urnas? Está por ver.

P. Viendo lo que ha ocurrido en Cataluña los últimos días, ¿diría que el PP y Convergència se retroalimentan electoralmente?
R. Para Rajoy es un problema muy diferente que para Artur Mas. Para Mas y para Convergència la independencia es la amnistía, el no ir a la cárcel, así de claro. Pero para Rajoy es un marrón porque, entre otras cosas, no tiene ni idea de Cataluña, pero ni idea. Por supuesto que ni estos ni Bárcenas van a ir a la cárcel, o irán unos días como mucho, porque saben demasiado. Mira lo que ha pasado con ese fondo inagotable de dinero para Convergència que fue el Palau de la Música: Millet se presenta en los juicios en silla de ruedas y todo el mundo exclama: "¡Pobre viejo!".

Entre los arrestados se encuentran los máximos responsables de la organización "Causa Galiza", entre ellos un antiguo miembro del extinto grupo terrorista "Exercito Guerrilheiro do Povo Galego Ceive"
La Guardia Civil detiene a nueve integrantes del entramado de apoyo a la organización terrorista Resistencia Galega
www.latribunadelpaisvasco.com 30 Octubre 2015

Agentes de la Guardia Civil, en coordinación con la Fiscalía y bajo la dirección del Juzgado Central de Instrucción en funciones de guardia de la Audiencia Nacional, han detenido en el marco de la "Operación JARO", a nueve personas por integración en banda terrorista.

Dentro de la organización, los detenidos han desarrollado un papel activo con la realización de diversos actos de enaltecimiento del terrorismo, entre ellos la organización del "Dia da Galiza Combatente", cuya última edición se celebró el pasado 11 de octubre.

Los arrestados constituyen el núcleo dirigente de la organización "Causa Galiza" y participaron de manera activa en el referido acto, así como en otros en los que se desarrollaron acciones de enaltecimiento del terrorismo llevado a cabo por la organización terrorista "Resistencia Galega", heredera del "Exercito Guerrilheiro do Povo Galego Ceive – EGPGC".

Durante la celebración del Dia da Galiza Combatente se homenajeó a dos miembros de la organización terrorista "Exercito Guerrilheiro do Povo Galego Ceive, fallecidos el 11 de octubre de 1990 cuando colocaban un artefacto explosivo en una discoteca de Santiago de Compostela (A Coruña), en la que también resultó fallecida una tercera persona y hubo casi medio centenar de heridos.

Las detenciones se han producido en las localidades de Santiago de Compostela, Boiro, Muros, Pontevedra y Vigo.

Tras la sentencia del Tribunal Supremo en 2014 por la que se confirmaba otra de la Audiencia Nacional que declaraba terrorista al grupo "Resistencia Galega", heredera del "Exercito Guerrilheiro del Povo Galego Ceive – EGPGC", organización terrorista especialmente activa en los años ochenta del pasado siglo, las principales organizaciones de apoyo a dicho entramado terrorista AMI" y "Agrupación de Montaña Aguas Limpias – AMAL" se disolvieron ante la posible ilicitud de sus actividades, surgiendo "Causa Galiza" como sucesora de las anteriores.

Durante estos dos últimos años, "Causa Galiza" ha experimentado una significativa radicalización de su mensaje tanto en sus comunicados y actos públicos como a través de las redes sociales, contextualizando y ensalzando la actividad terrorista de RG y del EGPGC y en general justificando la utilización de la lucha armada para la estrategia independentista.

El ejemplo más claro de esta radicalización es la organización de las últimas dos ediciones, 2014 y 2015, del "Dia da Galiza Combatente", acto que hasta el año 2013 venía siendo organizado anualmente cada 11 de octubre por la Assembleia da Mocidade Independentista, (AMI) y que se auto disolvió tras la sentencia que declaraba organización terrorista a Resistencia Galega.

 


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