AGLI Recortes de Prensa   Sábado 31 Octubre  2015

Olvidan demasiado rápido
Editorial Okdiario 31 Octubre 2015

Los gobiernos autonómicos y municipales han tardado muy poco tiempo en olvidar las consecuencias nefastas que tiene para la economía nacional engordar sus plantillas hasta niveles insostenibles. Antes de la crisis en España había 3,2 millones de empleados públicos, que presionaban las finanzas estatales y que, en muchos de los casos, no eran funcionarios con oposición, sino contratados a dedo en empresas públicas de toda índole e instituciones que servían de cementerio de elefantes para políticos sin oficio ni beneficio. Ahora, cuando la economía vuelve a despegar, comunidades autónomas y ayuntamientos han vuelto por sus fueros, elevando en 77.000 personas las contrataciones desde el último trimestre de 2013.

Este aumento no se ha visto acompañado por un repunte del empleo público estatal, ya que la Administración Central sigue ajustando sus plantillas gracias al compromiso del Gobierno de ir reduciendo poco a poco el volumen de trabajadores. Esto no quiere decir que haya que denostar al empleo público, ya que es necesario mantener la calidad de los servicios básicos, pero no se puede olvidar que quien financia al sector público es la actividad privada y, si el volumen de funcionarios y otro personal laboral crece de forma desmedida, entonces las empresas y los contribuyentes tienen menos capacidad para invertir y ahorrar, que son las verdaderas palancas del crecimiento económico.

En los países donde aumenta la competitividad y crece la productividad, como es el caso de España, el aumento del empleo público lastra la capacidad del sector privado para crear puestos de trabajo y, en algunos sectores, incluso los destruye. En este proceso se consume el capital que será necesario para reducir el desempleo en el futuro, un lujo que nuestro país no puede permitirse con una tasa de paro que, en el mejor de los escenarios, se situará ligeramente por debajo del 20% en 2016.

Además, el necesario ajuste del déficit público que deben realizar comunidades autónomas y ayuntamientos supone un factor adicional para cuestionar este aumento de sus plantillas. En términos globales, los salarios de los empleados públicos suponen un tercio de los gastos totales de todas las Administraciones y el objetivo debe ser, como ha señalado el Gobierno, reducir el personal y no aumentarlo. El coste de un empleo público, en términos presentes y futuros, hace que deba limitarse siempre en cualquier situación económica al mínimo imprescindible para ofrecer los servicios a los ciudadanos con garantías. Y eso excluye usar el dinero de los contribuyentes para hacer política.

Unir y dividir
Vicente Baquero  www.gaceta.es 31 Octubre 2015

Es una situación en la que todos pierden y que suele venir acompañada de una decadencia general

Vemos en la historia, tanto reciente como antigua, que cuando unos pueblos separados por las circunstancias geográficas o del puro devenir buscan el aunar intereses buscando el superar las diferencias para centrarse en lo que poseen en común se genera una corriente positiva que acaba beneficiando a todos ellos, todos en su conjunto en mayor o menor medida consiguen mejorar su situación económica, social y de seguridad frente a las agresiones externas.

Así mismo cuando vemos que unos pueblos entran en un proceso de disgregación y se centran en diferencias en lugar de afinidades todos salen perjudicados y todos se exponen incluso a su extinción bajo el dominio o control de fuerzas ajenas a sus territorios respectivos. Es una situación en la que todos pierden y que suele venir acompañada de una decadencia general, aunque es debatible afirmar si la decadencia precede y es origen de la disgregación o al revés. Probablemente haya experiencias para justificar ambas hipótesis. Lo que parece poco discutible es que la división suele tener su origen en intereses particulares de miembros concretos de esas colectividades que anteponen sus intereses a los del conjunto, ya que la unión claramente beneficia a un mayor número de miembros de esas sociedades. Por supuesto el nivel de bienestar o mejora colectiva alcanzada en cada caso dependerá del momento histórico, lo que interesa destacar es el fenómeno en sí, la tendencia, la corriente, positiva o negativa que arranca a partir de uno u otro acontecimiento, no necesariamente los niveles de bienestar en términos absolutos ya que eso no sería ni riguroso conceptualmente, ni justo, ya que nos llevaría a juzgar los hechos con criterios anacrónicos.

Es algo tan sencillo como intentar visualizar un par de hechos históricos tan concretos en el caso español como lo que ocurrió antes y después de la constitución del califato de Córdoba con Abderramán III y su desmembramiento en los reinos de taifas, que lleva al desastre de la invasiones norteafricanas, o la península ibérica antes y después de Isabel y Fernando y posteriormente con Portugal y la influencia hispánica en el mundo. En casos fuera de nuestras fronteras, la Alemania de los cientos de principados y reinos y la actual, con todos sus defectos y desastres, la Francia de las guerras civiles terminadas por Enrique IV y Luis XIV eliminando el poder de los localismos de la nobleza franca, Europa ha ensayado múltiples intentos fallidos de unión, del cual el que en este momento estamos queriendo poner en pie es uno más, pero en este caso, buscando una solución pacífica de transferencias de soberanías regionales. ¡Qué decir del Reino Unido...! Los E.E.U.U. de América, en su terrible conflicto de 1860, sufrió una guerra en la que se debatía si iba a ser una gran nación o una confederación de pequeños estados, como resultó al final el destino de la América hispana. ¿Es que no hay diferencia en cuanto a su importancia y situación en el mundo en ambos casos? Por supuesto que también hay razones culturales que lo explican, pero ¿quién puede negar que el que haya ese mosaico de países ha contribuido, y no en pequeña medida, a desbaratar cualquier gran desarrollo colectivo racional y colectivo del continente? Podríamos buscar otros muchos ejemplos en culturas tan distintas y distantes como China o India pero eso nos apartaría del tema central: la obviedad del refrán de que la unión hace la fuerza. Parece lógico, y sin embargo lo ignoramos, en aras de localismos intrascendentes, que los separatistas quieren elevar y han elevado aprovechando la indiferencia y tolerancia del resto de España a la quintaesencia de la antropología humana. La fuerza del sentimiento irracional ha triunfado sobre la razón y eso es grave, pues los sentimientos irracionales conducen irremisiblemente al conflicto o la pobreza.

Por eso, con una incorrección política total, creo que el día que se puso en marcha el llamado “Estado de las Autonomías” se dio el primer paso hacia un retroceso evitable en la convivencia y bienestar de los españoles y cualquier solución política futura que no contemple el invertir esa corriente disgregadora está condenada al más absoluto fracaso. Es una falacia el confundir descentralización y racionalización administrativa con una descentralización política que es el callejón en el que nos han metido.

La guerra a la inteligencia
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com 31 Octubre 2015

Oímos a Iglesias serpentear por no defender la unidad del país, a Rajoy afirmar que el "desafío independentista" es un problema legal o a Puig hacer de los símbolos cristianos un problema.

Decía el "doctor sutil", Juan Duns Scoto, que el Primer Principio estaba dotado de inteligencia y voluntad, por lo que la Creación del Universo no era consecuencia de una ley metafísica inexorable sino, más bien, de la libertad divina que había decidido crear el mundo en un acto de amor supremo.

Esta idea, expuesta en "De primo principio", relaciona libertad, voluntad y trascendencia. Así, el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, ejerce voluntariamente su libertad en la medida en que Dios es el origen de su fundamento vital. De ahí que la libertad sin más, sin vínculo con ese Primer Principio y por consiguiente sin conexión con el Bien, la Verdad o la Belleza, conduzca a la esclavitud irremediablemente. Este es el fundamento metafísico de las adicciones, tan frecuentes en nuestro mundo burgués, que comienzan animadas de espíritu transgresor en busca de la libertad y acaban sometiendo la voluntad hasta límites en los que la dignidad humana se pierde.

Es lógico, por tanto, que la pérdida de perspectiva trascendente, la desconexión con lo divino lleve por fuerza a una pérdida de libertad y, retomando la idea "scotiana", una disminución de inteligencia. Efectivamente, a medida que el mundo se materializa –René Guenon hablaba de la "solidificación del mundo", en esta época oscura- los comportamientos son menos sabios, menos inteligentes, y por consecuencia, la estulticia abunda. De ahí también la claudicación de las inteligencias ante esquemas ideológicos garbanceros, prejuicios simplistas o, sencillamente, burdas majaderías. Esto, naturalmente, no es una exclusiva de la clase política: al revés de lo que reza la retórica democrática que busca la adulación sistemática del pueblo, la clase dirigente es como es porque el pueblo se ha envilecido.

Por eso el panorama que se presenta, por ejemplo, al abrir un periódico es aterrador en la medida en que, ya no es que sea una apología de la maldad, es que se trata más bien de una siniestra y letal idiotez. Por esta razón contemplamos las ridículas pretensiones de hacer de Cataluña una "nación" o el predicamento que los patéticos cretinos de la CUP tienen sobre trescientos mil almas. También escuchamos a Pablo Iglesias serpentear para no defender ni dejar de defender la unidad del país, oímos a Mariano Rajoy afirmar sin inmutarse que el "desafío independentista" es un problema legal o a Ximo Puig hacer de los símbolos cristianos de los tanatorios o de las misas oficiales a las que asisten los cargos públicos de su gobierno un problema político real. El fenómeno no es, claro está, exclusivo de España.

En Alemania Angela Merkel ha mostrado al mundo lo que es un político apesebrado del imperialismo mundial del dinero, con las declaraciones a favor de la acogida sin límite de los refugiados. Merkel ha alcanzado, sin ayuda de nadie, las cimas más himaláyicas de la letal idiotez antes mencionada, al soslayar completamente la preferencia nacional, primera y obligatoria característica de todo auténtico hombre de Estado.

Pero quizás son los EEUU los que mejor ejemplifican lo que es la necedad como epidemia: habiendo hecho realidad la profecía de Saddam Hussein de que la invasión de Iraq y Afganistán abriría las puertas del infierno, se empeñan en porfiar más y más, ahora con su apoyo a las guerrillas islámicas que combaten a Bassar El Assad. Los EEUU son los responsables de haber incendiado Oriente Medio desde el Sudán hasta Turquía.

Todo esto no es mera incompetencia sin más porque, cuando se estudia desde cierta perspectiva, esto es: desde la perspectiva que intenta preservar las identidades, los pueblos y su patrimonio espiritual, desde esa perspectiva que entiende que no hay vida propiamente humana al margen de lo verdadero, lo bello y lo bueno, toda esta locura colectiva tiene una admirable lógica interna que nos remite al bíblico "misterio de iniquidad".

De ahí que hoy parezca que cuanto mina, carcome y disuelve los fundamentos de la comunidad nacional, cuanto se opone al mundo del espíritu, tiene siempre un defensor mientras que aquello que sostiene y defiende dichos fundamentos o al citado mundo está sistemáticamente bajo sospecha. Es preciso apelar a una lectura por elevación de los fenómenos de nuestro tiempo porque si, en palabras de Hölderlin, "donde abunda el peligro crece lo que salva", nunca como ahora será más cierto que la salvación tiene que venir de arriba. Para ello es imprescindible religarse al origen incluso en el quehacer político. No hay ninguna posibilidad fuera de ello.

El 'impotente' y 'morboso' separatismo catalán
La sociedad catalana es vital, trabajadora y generosa, y no ha encontrado, salvo en períodos históricos muy breves, una clase dirigente que estuviese a la altura de sus circunstancias históricas
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 31 Octubre 2015

El secesionismo catalán se ha vuelto a equivocar. No ha dejado de hacerlo en el siglo pasado y sus brotes de 'rauxa' en centurias anteriores concluyeron en gravísimas frustraciones. Desde la rebelión de 1640 hasta nuestros días. La catalana es una sociedad vital, trabajadora y generosa que no ha encontrado, salvo en períodos históricos muy breves, una clase dirigente que estuviese a la altura de sus circunstancias históricas. Tampoco la tiene ahora. Con el corrupto Pujol escandalizando con su indignidad personal y familiar y el patético, por mendicante y destructor, Mas, a la Cataluña de 2015 se le ajustaría como un guante el diagnóstico de hace 85 años elaborado por uno de sus más lúcidos intérpretes, Agustí Calvet, Gaziel.

El que fuera director de 'La Vanguardia' durante la guerra civil y relator de la asonada del 6 de octubre de 1934, escribió en 1930 lo siguiente: “El separatista cree que es imposible entenderse con el resto de los españoles, y para remediar esta situación, propone una cosa más difícil todavía, que es el desentenderse violentamente de ellos. No se siente capaz de hacer el esfuerzo necesario para influir en España, y en cambio, sueña con el gigantesco propósito de escapar en absoluto a su influencia formidable. Para salir de una dificultad, crea otra mayor. Pero ¿si faltan las fuerzas para resolver la más pequeña cómo van a tenerse para la máxima? Por eso, el separatismo ha sido siempre en Cataluña una pura negación estéril. Lo poco que se obtuvo vino en todo momento por vías de intervencionismo. Y el separatismo no hizo más que deshacer lo hecho, acarreando la anulación o destrucción de lo conseguido y dejando a Cataluña desolada e inerme, sin la más vaga, sin la más remota, sin la más quimérica compensación. El separatismo es una ilusión morbosa que encubre una absoluta impotencia”.

El separatismo de hogaño es, en lo esencial, como el de antaño. Entre la corrupción y la insensatez, la Cataluña de los grandes logros autonómicos derivados de la Constitución de 1978 ha sido destruida, sustituida por un patio de Monipodio en el que el filoanarquismo de la Candidatura de Unidad Popular -un 8,2% del voto emitido- lleva del ronzal a la autodestruida fuerza, otrora vertebral del país, CDC, y arrastra a la comunidad, con la resignación de su derrotada burguesía, a un callejón sin salida aparentando justamente lo que no tiene: capacidad y legitimidad para hacer de Cataluña algo distinto de lo que ha sido en la historia desde hace siglos, o sea, una parte protagonista y principalísima -pero parte- de una España que fue siempre plural, incluso cuando, en época de absolutismos monárquicos o dictaduras militares, quiso ser estandarizada y reducida a una unidad inerte y engañosa.

De nuevo la menestralía separatista catalana ha calculado mal la debilidad de España y de su Estado. Desde 1978, el Estado se ha ido fortaleciendo a veces de manera agónica. Pero de la misma manera que consiguió superar la brecha de transitar de la dictadura a la democracia sin que se desatasen los demonios familiares, superó también en 1981 un intento de golpe, soportó casi treinta años de terrorismo brutal, aguantó el tirón independentista del País Vasco con el Plan Ibarretxe y absorbió con normalidad la abdicación del Rey Juan Carlos, “motor del cambio” y factor fundacional del nuevo sistema. La crisis catalana le ha alcanzado consolidado como estructura jurídica y política básica de España, aun en plena crisis económica y social e, incluso, en la fase final de una época constitucional. Por eso la presidencia del Gobierno ha convocado con éxito a los líderes de la oposición; el Estado se ha presentado con todo su atrezo ante los organismos internacionales -el jueves, ante las Naciones Unidas en Madrid- y ha mostrado su determinación de hacer ver a los catalanes que “el separatismo es una ilusión morbosa que encubre una absoluta impotencia”.

Esa falta de recursos propios del secesionismo catalán para traducir su malentendida “voluntad de ser” (Vicens Vives) en algo diferente a una comunidad con autogobierno, en definitiva, esa recurrente impotencia para constituirse en un sujeto político soberano -ensayar ser lo que nunca fue- provoca el instinto insurreccional que tan exactamente refleja la propuesta de resolución del pasado 27 de octubre para convertir el Principado en un “estado catalán independiente en forma de república”.

Este gen insurgente que parece anidar latente en Cataluña ha hecho daño frecuentemente a todas las grandes causas de España. Incluso a las progresistas, a las de la izquierda, que dispone en el texto de Manuel Azaña, 'La velada en Benicarló', de la amarga queja testamentaria contra una Generalidad que “funciona insurreccionada contra el Gobierno” de la II República. Quizás por la evocación de las reflexiones de aquellos años de hierro -1931, 1934- las fuerzas progresistas españolas no puedan olvidar que el envite catalán de este tiempo no es sólo ni principalmente contra España sino contra su Estado. No tratan los secesionistas -con manifiesta impotencia e ilegitimidad- de quebrar la sociedad española -ya globalizada- sino su estructura política y legal.

Cuando esta construcción efímera del secesionismo catalán termine por fracasar con evidencia, habría que volver al Agustí Calvet, Gaziel, de 1934 para repetir con él: “No busquemos, pues, ninguna explicación absurda a nuestro infortunio, ya que la única y principal es muy clara. Los culpables de cuanto le ocurre a Cataluña somos los catalanes. Los partidos que nos representaron y nosotros que les indujimos a que lo hiciesen tan mal. Y eso es todo. Si sirve de lección para el futuro, venga el dolor, que será enseñanza”.

Nadie quiere -al menos no la mayoría-, ni vencedores ni vencidos, pero esa misma mayoría social, ciudadana y política española no está dispuesta a que desde la insurgencia y la huida hacia adelante se quiebre la integridad del Estado. Y para evitarlo, es de temer, que la proposición parlamentaria de los secesionistas no deje margen a terceras vías ni negociaciones sino a la exigencia del desistimiento de los que -impotentes por ausencia de razón y legitimidad democrática- desean imponer sus complejos históricos y encubrir sus debilidades.

¿Se ha acabado la crisis?
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 31 Octubre 2015

La economía en España va mejor. Para saberlo no hace falta leer el informe de ningún banco de inversión, ni necesidad de amarrarse a lo que dice el analista de turno del Wall Street Journal. Con salir a la calle basta. Los centros comerciales se han vuelto a llenar de paseantes que, ahora sí, compran algo, el tráfico en las ciudades ha empeorado sustancialmente y hay que hacer cola en las cajas de muchas tiendas porque los dependientes no dan abasto. No nos engañemos, la recuperación era aproximadamente esto, o así la esperábamos. La gente ha vuelto a consumir porque va recuperando sus empleos. Esta vez no se puede hablar de consumo basado en el crédito como en tiempos de la burbuja ya que los bancos siguen tan reacios a prestar como hace un par de años, cuando buceábamos en lo más profundo del abismo. Luego podemos establecer una primera correlación automática. Para que la economía funcione no es necesario abrir a lo loco la espita de los préstamos como se hizo hace quince años.

El empleo es un indicador directo de la actividad. España ha vuelto a moverse, aunque con timidez y algo de desconfianza en el futuro, una desconfianza perfectamente comprensible después de lo que hemos pasado. Es bueno que así sea. El consumo debe hacerse contra lo que se tiene, no contra lo que no se tiene pero se aspira a tener en el futuro. Espero que esa lección la hayamos aprendido para siempre jamás. Por más que lo espere no creo que sea así, la historia se repite una y otra vez, más aun cuando el endeudamiento y la irresponsabilidad financiera vienen patrocinadas por el Gobierno y la banca central como fue el caso durante los años aciagos del crédito fácil.

Constatado el hecho sin necesidad de dar una sola cifra, cabría ahora preguntarse el por qué de este suave remonte y si es sostenible en el tiempo o simplemente flor de un día, fruto de impactos benéficos externos sobre los que no tenemos control alguno. Lo primero parece claro. Tocamos fondo. El ajuste, que había comenzado a finales de la segunda legislatura de Zapatero, tuvo su momento álgido durante los años 2012 y 2013, los dos primeros de la era Rajoy. Un ajuste de caballo, que si fue tan traumático se debió a que todos los políticos lo habían pospuesto ya que intuían lo caro que les iba a salir en términos de imagen.

En esos dos años de desventura con el país flirteando con la bancarrota y fabricando varios miles de desempleados al día se produjo el famoso desapalancamiento, especialmente el financiero. Los bancos se negaban a desapalancarse por motivos muy razonables, al menos desde el punto de vista del banquero. Se negaban a consolidar pérdidas y tener que mostrar así sus vergüenzas en forma de impagados. El Gobierno, además, hasta ese momento se lo había permitido. La reforma de Luis de Guindos les obligó a retratarse aunque, eso sí, el ministro traía dos caramelitos para que la extracción de la muela fuese menos dolorosa: cañonazos de liquidez a discreción por parte del BCE y deuda pública a troche y moche emitida por el Tesoro a mayor gloria de los tenedores de bonos, que no habían visto una rentabilidad similar en el bono español desde hacía mucho tiempo.

Durante todo este proceso de saneamiento integral del sector privado, que se ha convertido en uno de los más dinámicos y competitivos de Europa, el Estado ha hecho exactamente lo contrario. Con la ventaja de poder seguir pidiendo prestado dentro de la zona euro, el Gobierno Rajoy se ha endeudado hasta extremos que bordean el delirio. El ratio de deuda sobre PIB se ha elevado a la estratosfera, y si en los últimos meses ha bajado un poco se ha debido exclusivamente a que el PIB ha repuntado ligeramente. Tal ha sido el nivel de gasto de esta gente que con las sucesivas y salvajes subidas de impuestos no les bastaba, de manera que han tenido que seguir emitiendo deuda en plan industrial. No es arriesgado concluir que el hombre enfermo de España en 2015 es la administración pública, y promete seguir siéndolo durante muchos años más porque el Estado sigue instalado en un déficit crónico del que no puede salir por más que lo intenta.

La recuperación, por lo tanto, es real, pero muy acotada al sector privado, que es quien, más que salir, ha sobrevivido a la crisis después de someterse a una dolorosísima purga en la que tuvo que pagar los excesos propios y los de la administración. Todo este esfuerzo puede quedarse en nada si el Gobierno que venga después de las elecciones no se toma en serio las muchas y muy valiosas lecciones que deberíamos haber extraído de esta crisis, una crisis que solo podremos considerar superada cuando se reviente la burbuja del sector público, la única que, quizá por su naturaleza eminentemente política, parece intocable.

Contraseña: democracia
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 31 Octubre 2015

Conforme el nacionalismo catalán se enroca, la profusión de argumentos anticonstitucionales es tal que la pertinacia de los separatistas en proclamarse demócratas es un ultraje añadido. Esta oficialización de la política antisistema la han aprendido los catalanistas de su gurú José Luis Rodríguez Zapatero que –tras cobrar 100.000 euros anuales del Consejo del Estado desde 2012– en julio de este año se ha incorporado a una ONG alemana para hacer “diplomacia cultural” (¿con su savoir-faire de socialista leonés sin idiomas?). Cuando Carme Forcadell pregona en RNE que en democracia se puede hacer absolutamente todo, nos remite directamente a su mentor Zapatero, que soltaba la coletilla “en democracia” casi a diario, mientras negaba el estatus de nación al país que le había elegido democráticamente.

El presidente antisistema
El desprecio por la democracia caracterizó el septenio ominoso de Zapatero desde el 14M hasta el final. Apenas llevaba tres meses en Moncloa cuando ya tuvo un primer lapsus que le delataba como tuerca de un engranaje: “No sabes, Sonsoles, la cantidad de cientos de miles de españoles que podrían gobernar” (EPS, julio de 2004); y en marzo de 2011, durante un viaje oficial a Túnez, soltó aquel “¡No sabéis cómo se puede disfrutar de la democracia!” con el que volvía a verbalizar su tóxica frivolidad, demostrando no haber aprendido nada en siete largos años. Su elección y reelección como presidente de España ornarán la historia nacional por los siglos de los siglos, como aciaga prueba de la imperfección de la democracia.

Socialismo antidemocrático
En todo caso, es imposible entender la España de hoy sin remontarse a Zapatero que, como sabemos, se otorgó una legitimidad unilateral supuestamente derivada del legado del bando republicano en la guerra civil, excluyendo al PP como partido inhabilitado por su pasado franquista. El Pacto de Tinell ratificaba este destierro del Partido Popular de la política y de la toma de decisiones. Poco importaba que el PP fuera el segundo partido más votado, con mayoría absoluta en el parlamento en el cuatrienio anterior a 2004. Ni las duras críticas de Azaña a los cabecillas del Partido Socialista con quienes compartió el poder durante la Segunda República. Ni los abundantes líderes, voceros y militantes socialistas con familias procedentes del franquismo.

El desguace del nacionalismo
Empecinado en aniquilar al PP, Zapatero –sin mayoría absoluta– se vio obligado a pactar su paranoia excluyente con los partidos nacionalistas que consideraban a España un enemigo expoliable. A medida que la crisis le iba obligando a desdecirse de sus errores programáticos, el presidente antisistema fue perdiendo fuelle, pero se mantuvo firme ante sus dos mayores extravíos: la nación discutida y la capitulación ante la región autonómica catalana. Sus dos tardes con Jordi Sevilla no le bastaron para asimilar que la política es, ante todo, economía. Por ello la crisis, esa luz cegadora que todo lo desnuda, también se está llevando por delante al nacionalismo. Cada vez son más los españoles que aceptan la cruda realidad: el catalanismo no es una realidad histórica reprimida por el estado español, como cacarean los independentistas, sino un negocio corrupto montado por Pujol hace 35 años con el comercial nombre de Nacionalismo.

No es país para rezagados
Las últimas encuestas indican que el emergente Albert Rivera habría arrebatado al socialista Pedro Sánchez el segundo puesto de cara a las elecciones generales. El actual PSOE –que conserva de Zapatero el maniqueísmo, el espíritu antidemocrático y el guerracivilismo– parece representar un mal rollo que cada vez atrae menos a sus votantes. Para sobrevivir, el retrógrado socialismo español tendrá que aceptar una obviedad imprescindible en un país occidental moderno: sin derecha no habría izquierda y sin ambas no hay democracia. El devenir político se ha acelerado tanto en estos últimos tiempos que muchos no perciben la metamorfosis nacional. Quien no esté a la altura de las circunstancias quedará atrás, sin segundas oportunidades.

La crisis justiciera
Bendita crisis, por tanto, cuyo dedo huesudo señala a los culpables y promete a los inocentes que cuando esto acabe, solo nos quedará la verdad. Despojados los políticos de su supremacía, los arribistas de su impunidad y los serviles de su sinecura, nos quedará la democracia desnuda. La mentira tiene muchos matices. La verdad, ninguno.

Lo que los negociadores no vieron en el pacto con Irán
Pablo Molina Libertad Digital 31 Octubre 2015

El acuerdo de los seis poderes mundiales (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania) con Irán en torno al programa atómico de la República Islámica, suscrito a mediados de julio, culminó dos años de intensas negociaciones entre las partes. Tras este acuerdo, el papel de Irán como actor en Oriente Medio queda claramente reforzado, lo que obligará a EEUU a modificar su política en la región.

El levantamiento de las sanciones internacionales permitirá a Irán disponer de una importante inyección de fondos con los que financiar sus actividades en la zona, especialmente a través de satélites como el grupo terrorista chií libanés Hezbolá, los terroristas palestinos de Hamás o el régimen de Bashar al Asad.

Ante este nuevo panorama, el Consejo de Política Exterior de EEUU (AFPC, por sus siglas en inglés), organización de referencia en la orientación de la geoestrategia norteamericana, ha elaborado un informe en el que detalla las debilidades del acuerdo y, en consecuencia, explora los distintos escenarios a los que se va a tener que enfrentar el resto del mundo, a medida que la implantación de los distintos puntos del mismo vaya cubriendo etapas.
http://www.afpc.org/publication_listings/viewPolicyPaper/2926
El AFPC explica en primer lugar cuáles son las principales carencias del texto:

La lista de esas deficiencias es larga. Algunas de ellas son un déficit significativo en los procesos de verificación y monitorización, que socavan la confianza de que Irán mantendrá los acuerdos en el futuro y la posibilidad de que la comunidad internacional pueda saber con rapidez si los está cumpliendo o no. Otra preocupación es que el acuerdo debilite el régimen global de no proliferación, sentando un precedente por el que contará como ‘pacífico’ un programa nuclear que tendrá efectos más allá de Oriente Medio. Todavía más grave es que el acuerdo, desde su entrada en vigor, potenciará un abanico de actividades profundamente hostiles a los intereses estratégicos y la seguridad de Estados Unidos, sus aliados y sus socios internacionales.

La principal amenaza que el pacto nuclear representa para el mundo libre es, según los redactores del informe, la posibilidad de que el régimen iraní fortalezca sus canales definanciación del terrorismo global. El acuerdo implica el desbloqueo de 100.000 millones de dólares, lo que supone la cuarta parte del Producto Interior Bruto de la República Islámica. La inmediata disposición de semejante volumen de fondos implica que la financiación de grupos terroristas –lo que Teherán denomina "exportar la revolución"– va a aumentar y a estar garantizada a largo plazo.

En el ámbito de Oriente Medio, Irán va a poder seguir sosteniendo a Bashar al Asad en Siria, al que ha estado ayudando con inyecciones anuales de 6.000 millones de euros, incluso durante la vigencia de las sanciones internacionales. El coste del despliegue de hombres y armamento para defender al régimen de Damasco dejará de ser también una preocupación para Teherán tras la suspensión de esas sanciones económicas.

Otra consecuencia del pacto es que permitirá a Irán reforzarse como potencia militar. El líder supremo, Alí Jamenei, ya ha anunciado un plan de expansión del gasto militar del 5% del PIB, lo que supone un incremento de 21.000 millones de dólares. El grueso de este aumento del presupuesto de defensa irá destinado sobre todo a ampliar el arsenal de misiles balísticos del régimen, una de las principales preocupaciones de la comunidad internacional.

Para el AFPC, el acuerdo de los poderes mundiales con Teherán ni siquiera garantiza que la República Islámica no vaya a adquirir capacidades armamentísticas nucleares.

Una vez aplicado, el efecto práctico del acuerdo será facilitar la contratación encubierta por parte de la República Islámica. Más aún, dada la expansión de recursos que pronto van a estar a disposición de Irán, su poder de compra para tales actividades se va a incrementar exponencialmente. Hay proveedores extranjeros, estatales y no estatales, dispuestos ello.

Pero el acuerdo nuclear con Irán es un hecho consumado, así que el informe del AFPC dedica su parte final a proponer medidas que, de alguna manera, sirvan para paliar las peores consecuencias de haberlo adoptado. La primera es, obviamente, controlar el destino del dinero desbloqueado que va a quedar a disposición de las autoridades iraníes, para impedir que se utilice en la financiación del terrorismo. Los expertos aconsejan también incluir a la Guardia Revolucionaria iraní en el listado de grupos terroristas y, sobre todo, velar por el cumplimiento de todos los puntos del acuerdo por parte de Teherán, estableciendo un programa de sanciones para el el caso de que Teherán se desvíe de lo acordado.

El informe anima también a la Administración norteamericana a aumentar la capacidad disuasoria contra Irán a través del fortalecimiento de los sistemas antimisiles, a ayudar a los movimientos democráticos iraníes, proteger la proyección cultural exterior de EEUU, que tanta influencia tiene en un país como Irán, con una amplísima capa de población joven, y, finalmente, honrar a las víctimas del terrorismo como merecen.

Consumado el acuerdo nuclear, se trata ahora de evitar las peores consecuencias de un pacto de estas características con un régimen que, hoy por hoy, supone una de las mayores amenazas para Oriente Medio y también para la seguridad occidental.
© Revista El Medio

Las CCAA vuelven a impulsar el empleo público: 77.000 trabajadores más desde 2013

Las comunidades autónomas españolas han abandonado la austeridad en el empleo y, desde el cuatro trimestre de 2013, han incrementado sus plantillas en 77.000 personas. En el mismo periodo, la Administración Central ha reducido los empleados públicos en 10.600 personas.

Las Administraciones Públicas españolas iniciaron en 2011 una reducción del número de empleados como consecuencia de la crisis económica. Los gastos de personal suponen casi un tercio del presupuesto y las necesidades financieras del sector público exigían una reducción del volumen de funcionarios, personal laboral y trabajadores de empresas públicas. Sin embargo esa tendencia la han roto las comunidades autónomas y los ayuntamientos.

Desde el cuarto trimestre de 2013, los gobiernos regionales han elevado sus plantillas en 77.000 personas, tal como revela la última Encuesta de Población Activa (EPA). El volumen total de empleados públicos autonómicos es de 1,66 millones. El gráfico muestra cómo el crecimiento del empleo público autonómico ha sido sostenido en los últimos meses:

Funcionariosccaa3t2015

Los ayuntamientos también han incrementado sus trabajadores, con 7.400 efectivos más en los últimos dos años. De esta forma, el número total de empleados municipales alcanza los 613.200 trabajadores:

Funcionarioslocal3t2015

Sin embargo, en la Administración Central la tendencia ha sido descendente, con 10.600 empleados públicos menos desde el cuarto trimestre de 2013. La plantilla de funcionarios y otro personal laboral de carácter estatal es de 521.200 personas.

Funcionariosestado3t2015

Los datos de la EPA revelan que las empresas públicas han reducido su personal, con 15.300 efectivos menos en los últimos dos años. Al cierre de septiembre de 2015 los trabajadores de corporaciones públicas alcanzan las 149.400 personas. No obstante, en el último trimestre cambia la tendencia:

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Finalmente, los empleados de la Seguridad Social se han reducido en 200 personas en el periodo analizado, contabilizando un total de 31.200 trabajadores. Con todo ello, en términos netos, el volumen de empleados públicos españoles ha crecido en 77.000 efectivos, curiosamente la misma cifra que registran exclusivamente las plantillas autonómicas. El total de trabajadores públicos asciende a 2.986.400 personas.

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UNA ESPAÑA PERDIDA
España tenía una provincia más, los políticos la regalaron
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 31 Octubre 2015

El Sahara Occidental fue España. Por intereses ocultos y económicos, tres generaciones de políticos han actuado contra el interés nacional. Marruecos ha comprado a todos, de 1975 a 2015.

España ha perdido este octubre tres militares y un helicóptero Super Puma del 802 escuadrón del Ejército del Aire, a 40 millas náuticas al suroeste de la ciudad que nuestros políticos y periodistas insisten en llamar Dakhla. Honor a los hombres que sirven a España, y deshonor a los que se someten servilmente a Marruecos. Y hace 40 años perdimos algo más. Aquello se llama en español Villa Cisneros, y de hecho, guste o no, España es aún la potencia administradora, incluso para Naciones Unidas, del Sahara Occidental. En 1975 se verificó un abandono cobarde de múltiples compromisos nacionales e internacionales. Ante el mundo y los saharauis, fue un perjurio cuyas consecuencias y vergüenza aún pagamos.

Hace cuarenta años el Sahara era una provincia de España y El Aaiún y Villa Cisneros ciudades tan españolas como Lugo o Cuenca, hasta con su Parador de Turismo. De hecho, sus diputados habían participado en algo tan importante como la proclamación de don Juan Carlos como príncipe y sucesor. Y aunque España había previsto conceder la independencia al territorio había prometido hacerlo respetando la voluntad, la libertad y los intereses de los saharauis, que nunca habían sido marroquíes.

Marcha Verde, marcha sucia
El 31 de octubre de 1975 Marruecos lanza la "Marcha Verde" para hacerse con el territorio, queriendo evitar la independencia y aprovechando la enfermedad de Franco. El Régimen duda y el Príncipe asume de hecho la Jefatura del Estado. El 1 de noviembre don Juan Carlos, en uniforme de general del Ejército de Tierra, visita el Sahara para tranquilizar a los militares –que han sido desplegados con medios suficientes para rechazar cualquier agresión marroquí, y que se consideran en condiciones incluso de lanzar una ofensiva mecanizada en caso de ataque- y para comprometerse a defender los derechos del pueblo saharaui. De nada sirvieron esa potencia ni ese compromiso. La potencia fue humillada, el compromiso era falaz, "je vous ai compris" al gusto de los grandes poderes mundiales.

El 14 de noviembre de 1975 se firmaron los acuerdos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania por los que España –la España ya en manos de don Juan Carlos y abocada en su mente y en otras a la Transición- cedía de facto la administración del territorio a los otros dos países firmantes, sin renunciar técnicamente a la soberanía –ya que la ONU había encomendado a España la descolonización- pero sin apoyar al pueblo saharaui.

Hasta la huida desaprobada por la ONU, promovida por algunos ministros franquistas bien pagados por Rabat y presidida por Juan Carlos I, los saharauis tenían DNI español, iban a la escuela española y cumplían su servicio militar, a la vez que miles de jóvenes del resto de España. Sin embargo, Marruecos siempre tuvo sus partidarios en el seno de la Administración española y desde 1975 en la misma Jefatura del Estado. Monárquicos convenientemente halagados, jerarcas franquistas bien seducidos, grandes empresarios magníficamente financiados: españoles muy notables como José Solís, "la sonrisa del Régimen", estaban dispuestos a apoyar la tesis anexionista de Rabat, contra la historia del Sahara, contra la voluntad de los saharauis, contra la decisión de la ONU y contra los mismos intereses de España.

Ocupantes ilegítimos, guerra que continúa
El 27 de febrero de 1976, el mismo día en el que abandonaban el territorio del Sahara Occidental los últimos funcionarios españoles, en Bir Lehelu el Frente Polisario proclamó la independencia de un nuevo Estado, la República Árabe Saharaui Democrática. El Gobierno español actúa al servicio de intereses que no conocemos, pero no es una novedad.

España permitió la ocupación militar y la anexión del Sahara Occidental por esos dos faros del progreso, nuestros hermanos de Marruecos y de Mauritania. Y ahora calla; aunque los saharauis nunca se han rendido, o no todos. Son esos cabo Belali, sargento Embarek, Laharitani, Sidahmed, Brahim, que suele recordar Arturo Pérez Reverte cuando llama vergüenza a lo que entonces sucedió.

El tardofranquismo embelesado en su sueño de Transición, democracia, Europa, progreso, riqueza y mandil, nos vendió aquella jugada miope con dos argumentos: se habría evitado una guerra (y no es cierto, porque la guerra estalló entre saharauis y ocupantes precisamente cuando el Gobierno hizo huir a nuestra gente) y se estaría poniendo una barrera al peligroso "comunismo" saharaui y argelino. ¿Qué barrera? La dictadura militar tribal de Nouakchott y la monarquía absoluta de derecho divino del Comendador de los Creyentes, y olé, entonces Sidi Hassán II y hoy Mohamed VI. El resultado fue una guerra que aún no ha terminado y un comunismo que nunca ha gobernado. Exteriores ha repetido demasiadas veces la versión marroquí o la que convenía a Marruecos, a cambio, sin más, que de nuevas dosis de humillación para España.

Mohamed VI no ha dado de su régimen teocrático la imagen de cambio y modernidad que se pretendía. Marruecos sigue siendo en el Sahara potencia ocupante sin legitimación internacional, y sigue sin cumplir, entre otras cosas, las resoluciones pendientes de la ONU. Marruecos ha vuelto, a pesar de la pretendida autonomía, a colocarse en una posición enfrentada a los intereses de España y de Argelia, aprovechando entre otras cosas las dificultades internas de los dos vecinos.

Francia, siempre, ha respaldado por su cuenta y también en la Unión Europea los intereses de Marruecos. Como en 2002 con Perejil, Francia está moralmente más cerca de Marruecos que de España y sigue considerando la Unión como un instrumento al servicio de la grandeur de la France.

También Estados Unidos se equivoca, a su manera. Marruecos trata de presentarse como un régimen estable y en proceso de modernización, una barrera frente a Al Qaeda, a ISIS y a todo integrismo. La tentación norteamericana es firmar un cheque en blanco a Rabat; pero será el peor de sus errores. El comendador de los creyentes no va a luchar contra devotos musulmanes por el hecho de serlo, así que el régimen alauí, con su opulencia y sus miserias, puede convertirse en cauce y no en barrera del integrismo en las fronteras de España. Los que no son y nunca han sido integristas son los saharauis. Sí fueron españoles, y España les debe aún algo, mande quien mande.

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Anormalidades
Jesús Laínz Libertad Digital 31 Octubre 2015

Gane quien gane las próximas elecciones y gobierne quien gobierne tras los pactos que parecen inevitables, los próximos cuatro años serán más de lo mismo salvo que se corrijan de modo radical las anormalidades que taran la vida política española hasta el punto de poder provocar el hundimiento del actual régimen. Anormalidades que no se dan en ningún país serio.

La primera es la intrínseca inestabilidad del sistema nacido en 1978. Un régimen sólo puede ser estable si todos los actores políticos, por distintos que sean sus programas, opiniones, enfoques y proyectos, no cuestionan los principios generales que deben regir la sociedad. El primer principio general es el de la propia existencia del régimen. E incluso antes que el régimen se encuentra la nación que se rige por dicho régimen. Pero España padece la desproporcionada influencia de unos partidos políticos de ámbito regional que no sólo no aceptan el régimen político en el que actúan, sino que niegan la existencia de la propia nación. Dichos partidos pueden ser de izquierda y derecha, moderados o radicales –que es lo mismo que decir pacientes o impacientes–, parlamentarios o terroristas, pero todos ellos comparten objetivo: la creación de un Estado propio.

De aquí nace la segunda anormalidad. Los separatistas, naturalmente, no conciben ese Estado como mera hipótesis, sino que su intención es hacerlo realidad. Y para crear ese nuevo Estado tienen que destruir el actual. Por eso sólo lo aceptan temporalmente y con la sola intención de utilizarlo como trampolín hacia la ruptura. Un ejemplo entre mil: el 30 de septiembre de 1979 Carlos Garaicoechea declaró: "El Estatuto es el primer paso hacia la independencia de Euskadi". Esta cuestión tan grave, pero tan sencilla y tan claramente confesada, no fue comprendida –¡ni escuchada!– ni por los padrastros constituyentes ni por los partidos que se han turnado en el poder desde hace cuarenta años.

Ésta es la tercera anormalidad: todos los gobernantes, desde Suárez hasta Rajoy, diseñaron el Estado de las Autonomías según los deseos de los separatistas, los han mimado, les han reído las gracias, han incumplido continuamente la Constitución para darles gusto y los han tenido como interlocutores válidos, como socios de legislatura e incluso como socios de gobierno. Y pretenden seguir haciéndolo: poco antes de las elecciones de 2011 Graciano Palomo explicó en su hagiografía autorizada de Rajoy: "Su gran ambición es conseguir que los dos nacionalismos históricos estén presentes en un gobierno presidido por él".

La cuarta anormalidad es que los gobernantes separatistas llevan cuarenta años utilizando las competencias puestas en sus manos por el autodestructivo Título VIII de la Constitución para destruir el Estado del que forman parte. Los separatistas consideran la comunidad autónoma como una entidad enfrentada al Estado y legitimada para decidir si sigue formando parte de él o no. Y la utilizan para implantar un régimen totalitario enfocado a conseguir la secesión mediante el lavado de cerebro y la agitación del odio de las masas.

Esto ha sido posible gracias a la quinta anormalidad: España, aunque lo proclame la Constitución, no es un Estado de Derecho: la ley no se cumple, las sentencias no se ejecutan, el poder judicial no es independiente y la Constitución es papel mojado hasta el punto de que simplemente recordar la existencia de algunos de sus artículos es pecaminoso. Y los delincuentes involucrados no han sido solamente los políticos separatistas, sino los gobernantes nacionales que se han reído de su juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico.

Y la sexta anormalidad que ha puesto la guinda al pastel ha sido que se ha permitido que una banda de criminales enloquecidos haya dictado la política de una nación de cuarenta millones de personas. Pues sin su chantaje terrorista la Constitución habría sido otra, el Estado de las Autonomías habría sido diseñado de otra manera y la actual hegemonía social separatista tanto en el País Vasco como en Cataluña no sería la que es.

¿Alguno de los partidos que se presentan a las elecciones tiene la intención de extirpar de raíz estas anormalidades? Ésta es la pregunta que deberían responder nuestros aspirantes a gobernantes, y no ese cúmulo de vaguedades y frivolidades con las que pierden su tiempo y nos lo hacen perder a todos.

Cuando la ley se imponga y restablezca, hablamos
Antonio Pérez Henares  Periodista Digital 31 Octubre 2015

La tempestad llevaba largo, largísimo, tiempo arremolinando nubes oscuras, rodando truenos y restallando relámpagos sobre nuestras cabezas. Resultaba opresiva, agobiante y hasta a veces angustiosa en su presencia continua y su inminencia que no acababa de romper. Ahora, casi habría que decir que al fin, la tormenta se ha desatado. Ha comenzado y ha sonado la hora de afrontarla. Y ello mismo, supone casi hasta un alivio. Ya no cabe suponer que pueda acabar pasando o deshaciéndose, ya esta descargando, ya solo queda resistirla, encauzarla y vaciarla. El horizonte será, tras ella, muy diferente. Y, afirmo, más limpio.

La descarga ha comenzado con el anuncio por parte de los separatistas catalanes del Golpe de Estado en diferido, que pretenden ir culminando a plazos y a hechos consumados, contra la Constitución, contra España, contra el pueblo soberano, contra sus leyes, derechos y libertades, incluidos los ciudadanos catalanes a quienes se pretende despojar de su condición aunque mayoritariamente no quieran, aunque los partidarios de tal despojo no hayan siquiera sumado el 47% de los votos y el 35% del censo y aunque en realidad ni siquiera se votara tal cosa.

Es un golpe contra la democracia, contra la convivencia ilusionadamente pactada y refrendada, contra lo que supuso el autogobierno y el absoluto respeto a las señas de identidad catalanas, ese golpe a todos, es un golpe a nuestro presente y nuestro futuro, insensato, descarrilado, fuera de la realidad, de Europa y hasta del mundo, pero obcecado en su delirio y donde ya no queda, consumado el despropósito, ejecutado el acto de ruptura, al borde de la consumación el delito, otra solución que hacerle frente con toda la energía. Detener la agresión y derrotar a los agresores. No dejan otra opción, no la quieren y ante quien solo exige impunidad para imponer sus designios no cabe ya diálogo alguno. O te rindes o les vences. Solo cuando la tempestad pase, cuando se restablezca lo que ahora violan, la ley y los derechos y deberes que a todos nos atañen, habrá, entonces si, que escuchar, acordar y pactar. Pero no podrá hacerse con quienes han querido rompernos a todos. Ellos han quedado ya inhabilitados y hasta puede que algo más queden.

La batalla ha comenzado y los secesionistas han cometido su error definitivo al iniciarla y lanzarse como posesos a un ataque tan desaforado como suicida. Porque esto, aunque ahora no lo perciban, tiene todo el aire de una carga final y suicida tras sufrir una derrota. Porque el 27-O fueron derrotados. Y lo notan en sus carnes, aunque mientan con sus bocas. Su plebiscito tramposo resultó el gran fiasco. Con todo el poder de su “regimen” en campaña continua de Agitación y Propaganda, atemorizando a los discrepantes y partiendo encima de una situación anterior donde si les daban los escaños y los votos, para hacer lo que ahora no llegan, lo perdieron. Perdieron la votación y Mas las elecciones. Su coalición cayó nueve escaños y quedó prisionera de una banda anarcoide, antisitema, entroncada con las camadas filoetarras y en los extremos de la izquierda más extrema. Son ellos ahora quienes pilotan, sonrientes y felices, el avión contra la montaña. Porque eso es lo que esta haciendo la CUP, lo mismo que aquel orate encerrado en la cabina, hizo en los Alpes. Algunos pasajeros ya se han dado cuenta y gritan, otros permanecen en sus asientos pensando que no puede ser cierto y algunos insensatos palmotean.

Por fortuna, en este caso el copiloto suicida sí puede ser detenido. La puerta puede abrirse. Sus acciones, además, están sembrando, como es normal, el miedo. El delirio separatista hace emerger la voluntad de concordia, constitución y unidad. Los radicales separatistas se han convertido, parafraseándoles a ellos mismos, en una fábrica de producción acelerada de constitucionalistas. Han logrado que emerja y empiece a desbordarles lo que se anunció cuando las gentes salieron a votar hace un mes y congelaron sus delirios. La encuesta de ayer de El País es demoledora. Su hoja de ruta golpista sufre el rechazo de la mayoria absoluta de la población, un 51, por tan solo un 425 que la apoya. La secesión se bate en retirada, de estar a solo un punto de quienes la rechazaban ahora esa distancia aumenta a 8 y sube hasta el 16y si se incluye la evidencia de que quedarían fuera de Europa. Para el Mesias Mas la situación es aún peor. Su investidura como presidente es rechazada por el ¡71%!. Y aunque todavía con sordina, en su propio partido, y hasta en su gobierno se levantan las voces ante la cabalgada hacia el abismo. El hecho de que a las generales CDC y ERC hayan decidido separar listas no deja de indicar la presión que hay en la olla. Los registros y detenciones, tanto en el partido como en el clan Pujol alcanzan ya tal grado de hervor que no tardaremos en ver el desparrame de la garbancera.

Pero el que sus errores les precipiten hacia la derrota no ha de significar que no se presente una línea decidida, contundente, unida y de máxima potencia de combate. Y lo que está sucediendo está tranquilizando a los españoles. El presidente del Gobierno, hay que decirlo y dejarse de buscar como pegar la puñaladita, está sabiendo estar a la altura del reto. Ni cayó en el despropósito de una intervención precipitada ni era verdad su inactividad. Lo que no podía era “dialogar” con quienes lo único que ponían sobre la mesa es la violación de todas las leyes y la ruptura de la Nación como condición previa para empezar a hablar. ¿Qué se puede dialogar ahí? ¿Qué cambio constitucional puede satisfacerles si lo que rasgan es la propia ley en si?. ¿Quién critica ahora esa reforma del Constitucional, que tanto criticaron y votaron airadamente en contra, para dotarlo de capacidad, que era inaudito le faltara, para hacer aplicar sus sentencias?.

Ha llegado la hora de la acción. La de la respuesta, la de la contundencia firme, ejecutiva, prudente y proporcionada pero con la ley en la mano, siempre con la ley y el derecho, demoledora y dispuesta a utilizar todos los instrumentos, todos es todos, los que la ley contempla, para ejecutarla y hacerla obedecer. Y ha sido trascendental el no iniciarla ni andar ese camino en soledad, aunque tuviera toda la legitimidad para hacerlo así. Hubiera sido peor que un error. Máxime cuando los líderes troncales de la sociedad española se han manifestado de manera rápida y sin ambages en el unico lado que pueden estar: con la Constitución y con España. Lo hizo Sánchez, el primero, quien además tomó él la iniciativa, y a quien sin embargo le pesan y restan las dobleces, complejos y pactos de algunos de los suyos, las ambigüedades del PSC y las aberraciones de Ximo Puig amancebado con los pancatalanistas y separatistas valencianos. Lo ha hecho con entusiasmo Albert Rivera, pues esta en su propio ADN y en el de su partido, ofreciendo además un pacto de alcance al que tan solo desde el sectarismo o el oportunismo partidista pueden ponerse trabas. Aunque quizás a algunos se les atragante ese compromiso a no pactar con quienes quieren romper España.

Para el anecdotario queda, en esta cohesión, la cada vez más desangelada figura de Pablo Iglesias, que se emperró en acudir a Moncloa tan solo para proseguir con su monserga. ¿Que va a sumar quien en Cataluña vota a la sectaria y radical secesionista Forcadell para presidenta del Parlament y de nuevo junto a los separatistas para impedir que ni siquiera los servicios jurídicos de la cámara pudieran estudiar la legalidad de la propuesta?

Rajoy, a la petición, y con buen criterio aunque con desgana tan evidente como lógica ha optado por recibirlo y que se haga la foto y hable por la tele más rato. Pero lo cierto es que su soliloquio es la antitesis de lo que ahora se pone en valor y se defiende. Podemos se apunta y defiende un presunto derecho de autodeterminación, de determinados y por determinar territorios, que haría cachos y dejaría sin sentido la soberanía del pueblo español sobre el conjunto de España, que nos expropiaría a todos ese presunto derecho a decidir que se arrogan, que se supone hay que conceder a Catalauña, pero ¿por qué no a Tarragona o al patio de mi casa?. Esta izquierda adolescente pero rematadamente viejuna vuelve a caer genuflexa ante la más rancia teoría de tribu y territorio del nacionalismo más reaccionario y arcaico. Iglesias ni está para esto que nos ocupa ni se le espera. Se retrata y punto. Tampoco las reuniones de Moncloa han de suponer una especie de debate parlamentario sobre Cataluña y acabar por llamar a Bildu y a todos los separatistas en procesión para que den una rueda de prensa. De lo que se trata es de conjuntar a toda las fuerzas constitucionalistas ante este decisivo desafío separatista. Y ganar, con la ley y la democracia, juntos esta batalla. Que hoy estoy mucho mas tranquilo, creo que va a ganarse. Mientras, que Mas, y Junqueras sigan equivocándose y cuanto más mejor. ¡Animo!. Cuando la tempestad pase, entonces hablamos.

España, sé fuerte
Javier Somalo Libertad Digital 31 Octubre 2015

El tiempo no todo lo cura, también pudre. Lo que nunca iba a pasar termina ocurriendo ante un presidente del Gobierno que se tapa puerilmente los ojos porque, al fin y al cabo, mañana saldrá el sol y Cataluña seguirá en el mapa.

Probablemente el procés salte en pedazos por esa alianza entre el separatismo conservador y la extrema izquierda, antisistema ambos. No se puede romper con España y, a la vez, detener a anarquistas, opinan en la CUP, sostén del delirio artúrico. Pero si entre ellos se entienden o se matan es harina de otro costal; el desafío se ha hecho realidad y el mero hecho de redactar la declaración de secesión e invocarla en público y en sede parlamentaria como hizo la nueva presidenta del parlamento catalán, Carmen Forcadell, es el enésimo motivo suficiente como para aplicar el artículo 155. Aunque, bien pensado, no hará falta que Mariano Rajoy suspenda la autonomía de Cataluña. Ya lo ha hecho Artur Mas, pues no existe en Cataluña un gobierno autónomo ni cosa que se le parezca sino un ente oficialmente sublevado. Así que ya podemos decir que llegamos tarde. Eso sí, todos muy unidos de repente. Que ahora la decisión de hacer frente a la sublevación –o ya a la República catalana– sea mancomunada significa el reparto de una responsabilidad que nunca ha querido asumir de oficio el Gobierno central.

Aplaudiría tal unidad si la hubiera –sólo la veo posible con Ciudadanos y una parte del PSOE y esto ya empieza a convertirse en un ensayo general de lo que puede ser España tras el 20 de diciembre– pero echo de menos que no haya sido concitada después de tomar alguna iniciativa. Lo lógico sería que las fuerzas políticas se pusieran del lado del Gobierno ante un problema nacional, avalando su acción. Ese sería el mejor arranque de un pacto de Estado. Algo parecido expresó Susana Díaz: apoyo incondicional al Gobierno, sea del color que sea, en defensa de la Constitución y de España. Su análisis fue diametralmente opuesto al de Pedro Sánchez, empeñado en reformar la Constitución y en el maldito "encaje". Sin embargo, el pacto que se nos presenta es de origen, no hay acción alguna que apoyar porque nada se ha hecho salvo balbucear para negar la mayor.

Por otro lado, si al final la respuesta ha de ser colegiada, cabría esperar el apoyo explícito del Rey y recuerdo aquí por segunda vez lo que aprendió siendo príncipe en la noche del 23-F: "(…) aprendió en unas horas más de lo que aprenderá en el resto de su vida", le contó Juan Carlos a José Luis de Vilallonga. Era tarde y al niño de 13 años le vino el sueño como le venía a su tía, la infanta Margarita, que sólo despertó de sopetón ante un estruendo provocado, según parece, por la calefacción: "¡Coño, los tanques! Juanito, pídeme unos huevos fritos, que a mí esto no me pilla con el estómago vacío". Así que el rey espabiló al hijo: "¡Felipe, no te duermas! Mira lo que hay que hacer cuando se es rey". Se refería, claro, sólo al momento en que decidió parar el golpe de Estado. No deberíamos esperar a Nochebuena y a un discurso hoy imposible de bosquejar. Confío mucho más en el que ahora mismo sería capaz de pronunciar para acompañar esa unidad en la que ahora se parapeta el presidente del Gobierno que debió capitanear hace mucho tiempo con el ejemplo previo de firmeza.

Además, ni siquiera esta campaña de imagen de unidad ha sido iniciativa de Rajoy; se la ha encontrado como cuando a un futbolista despistado le rebota el balón en la nariz y se convierte en gol y, claro, lo celebra chupándose el pulgar o haciendo el dibujo de un corazoncito con las manos o bailando una bachata con el banderín de córner. A Rajoy le ha rebotado una visita de Pedro Sánchez de la que tuvimos noticia por Twitter. El protocolo posterior no tenía más remedio que llegar, incluida la jornada guiada de puertas abiertas en la que Podemos ha convertido la visita de su líder, que ha hecho fotos hasta de las alfombras.

Nos viene a decir el presidente que hay que acompasar la acción a las violaciones, sin anticipaciones, en otras palabras, que los de enfrente han de disparar primero. Es lo que ahora llaman la proporcionalidad. Y de nuevo lo que trasluce es el miedo a aplicar la ley, que se convierte en una alternativa, no en una obligación. Ni a Mariano Rajoy ni al presidente del Tribunal Constitucional les gusta el artículo 155 –así lo han confesado sin rubor– aunque ambos tomaron posesión de sus cargos prometiendo o jurando guardar y hacer guardar –de forma inseparable– un libro que lo contiene y que se llama Constitución Española: o se cumple o se incumple, unos y otros. No hay términos medios ni anotaciones al margen. Nunca puede ser más grave la aplicación de la ley que su violación.

Pero, por otro lado, es verdad: hay desproporciones. Hemos asistido a giras internacionales –Obama, Blair, Merkel, Barroso, Juncker, Ban Ki-moon–, campañas sobre lo que pasaría si Cataluña se separara de España, injerencias de ministros de Exteriores que colocaron al régimen sublevado a la altura de una nación amiga de España y hasta deducciones de testimonio de políticos que, como el propio García Margallo, confesaba no saber quién vive de verdad en Cataluña pidiendo a su amigo Oriol Junqueras: "No os vayáis, se os quiere". Para Rajoy esta es la demostración de que hay que agotar todas las vías antes de acometer lo que la ley le brinda en suerte hace mucho tiempo. Se agotarán las vías y muchas cosas más. Esto sí que ha sido desproporcionado.

Y qué decir de la operación paralela contra la corrupción en Convergencia y contra el clan Pujol. Pues que el delito se consentía cuando ayudaban a formar mayorías absolutas. Sí, el separatismo además es corrupto, pero lo era también cuando algunos no lo consideraban separatismo sino nacionalismo moderado necesario para la gobernabilidad. Esa búsqueda de coartada también es desproporcionada. Les dejaron robar durante décadas –lo confesó el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro– porque necesitaban sus servicios tras las urnas. Todos sabíamos que Ubú y los excelsitos robaban y hasta nos reíamos en los teatros con la genial forma de denunciarlo de Albert Boadella.

El tiempo no lo cura todo pero para el presidente siempre terminará amaneciendo y las peores tinieblas se disiparán con los rayos de sol que atraviesan esos enormes y luminosos ventanales de La Moncloa. Ya han pasado por el salón Pedro, Albert y Pablo. Ahora es mejor descansar hasta que se agoten las vías. España, sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo.
 


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