AGLI Recortes de Prensa   Domingo 1 Novietubre  2015

Rajoy comparte con los demás líderes su irresponsabilidad
EDITORIAL Libertad Digital 1 Noviembre 2015

La respuesta de Mariano Rajoy al inicio oficial del proceso de secesión de Cataluña ha sido reunirse en La Moncloa con los líderes de los principales partidos políticos nacionales. Tras su meliflua declaración pública pocas horas después de la asonada parlamentaria en Cataluña, poco cabía esperar del presidente del Gobierno en estos encuentros monclovitas con los máximos dirigentes del PSOE, Ciudadanos y Podemos. Las conclusiones de los protagonistas al finalizar sus respectivas entrevistas ha confirmado que la intención del presidente del Gobierno nunca fue hacerles partícipes de su decisión de zanjar de una vez este asunto, haciendo uso de los mecanismos establecidos en nuestra Constitución, sino simplemente compartir con ellos la irresponsabilidad de mantener el actual estado de cosas, para que el Estado siga a remolque de las iniciativas secesionistas de un parlamento regional.

Ni siquiera esta ronda de entrevistas ha sido una decisión del presidente del Gobierno, sino la iniciativa del líder de la oposición, Pedro Sánchez, cuya ambigüedad con los separatismos y la consiguiente huida de votos reflejada en las encuestas bajo la atenta mirada de su rival socialista, Susana Díaz, le han obligado a dar ese paso.

Bien está que las fuerzas políticas nacionales se comprometan a la defensa de principios básicos como la unidad de la nación española y la igualdad de todos sus ciudadanos. Ahora bien, la principal responsabilidad de preservar la vigencia de la Constitución en todo el territorio español es del Gobierno, a pesar de que su presidente haya decidido ser un espectador más de la tragicomedia nacionalista.

Un gobernante consciente de su responsabilidad habría convocado al resto de partidos para anticiparles su decisión de poner fin a la intentona golpista del nacionalismo catalán. El anuncio de la suspensión de la autonomía catalana y del inicio de acciones legales contra los separatistas habría obligado a pronunciarse los demás líderes políticos, comenzando por el socialista Pedro Sánchez, acostumbrado a decir una cosa y sugerir la contraria según el lugar de España donde se encuentre en cada momento.

En lugar de llevar a cabo este ejercicio de responsabilidad compartida, la gira de dirigentes políticos por La Moncloa sólo ha servido de escaparate para que, sin ir más lejos, el líder de la ultraizquierda española lleve a cabo en sus dependencias un acto electoral.

Democracia sin complejos
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 1 Noviembre 2015

La brusca aceleración de la ofensiva separatista en Cataluña capitaneada por Artur Mas y bendecida desde la sombra por el Muy Imputable está estrechamente ligada a la presión creciente de las fuerzas de seguridad y los jueces sobre la cúpula de Convergència por su saqueo sistemático de las arcas públicas durante un cuarto de siglo. La auténtica preocupación de los dirigentes nacionalistas no es que se les acuse de desobediencia, prevaricación o malversación en relación a su consulta ilegal de autodeterminación, su verdadera angustia viene motivada por los delitos de enriquecimiento ilícito, cohecho, blanqueo, fraude fiscal y tráfico de influencias que se les vienen encima. La forma más segura de salvarse del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y de la Audiencia Nacional es salir del Estado español llevándose el botín entre cánticos patrióticos y ondear de banderas estrelladas. Por tanto, el motor del asalto final a la Constitución no ha sido la búsqueda de la soberanía, sino el ardiente deseo de impunidad. No estamos frente a una aguerrida tropa de revolucionarios independentistas, lo que nos ataca es una banda de mafiosos.

Las razones que nos han traído hasta este desastre han sido ya muy analizadas y las correspondiente responsabilidades perfectamente atribuidas. Ahora lo que procede es resolver el embrollo y arreglar el desaguisado de treinta y cinco años de deslealtad contumaz de una parte, oportunismo y pasividad de la otra y latrocinio sistemático de ambas. Las acciones a tomar son de dos tipos, políticas y jurídicas, y las hay de carácter inmediato y de largo plazo.

En los meses que vendrán hay que forjar un pacto de hierro del PP, PSOE y Ciudadanos en defensa de la unidad nacional y del imperio de la ley. Este acuerdo implica que si llega el momento de activar el artículo 155 de nuestra Ley de leyes utilizando la fuerza si se hace necesaria, ninguna de las tres formaciones constitucionalistas ha de vacilar ni un milímetro. Al fin y al cabo, a partir del 20 de diciembre representarán el 75% del Congreso de los Diputados como mínimo, con lo cual no hay pandilla rebelde que se les resista. Después, este bloque comprometido con el orden legal, con Europa y con los valores civilizados, ha de poner en marcha una reforma del Título VIII de la Constitución mediante el método previsto en el artículo 167 para acabar con el tinglado ineficiente y ruinoso que es el actual Estado de las Autonomías. Ello supone redistribuir y delimitar competencias, liquidar asimetrías y desigualdades y articular un sistema de financiación que podamos pagar y que iguale a los españoles en derechos y obligaciones. Dentro de este proceso de saneamiento habrá de incluirse necesariamente el regreso a las instancias centrales de la planificación y el diseño de la educación, así como la aplicación de las economías de escala a la sanidad.

Por tanto, no es que no se sepa lo que hay que hacer, el problema radica en que los que deben aplicar el remedio carecen de la voluntad, la convicción y el coraje para cumplir su cometido. En la historia de las naciones, refulgen momentos en los que se distingue nítidamente a los estadistas de los politiquillos y a los hombres y mujeres de una pieza de los chisgarabises. En España estamos viviendo una de esas etapas y por lo que vamos viendo tan sólo Albert Rivera parece reunir las dosis necesarias de claridad de ideas y solidez de principios requeridos. La conclusión es que todos los ciudadanos que queremos salvar a nuestro antiguo y atormentado solar de las zarpas de la venalidad, del rencor y de la traición, hemos de apoyar al candidato que demuestra mayores dosis de liderazgo y seriedad en sus planteamientos. No tiene experiencia de gobierno, es cierto, pero visto lo visto, esa puede ser una de sus ventajas. En cuanto a su juventud, el tiempo la curará. Nuestra democracia peligra y para rescatarla la fórmula es más democracia, pero, eso sí, sin complejos.

Una manera honorable de robar al pueblo
DAVID JIMÉNEZ El Mundo 1 Noviembre 2015

Omar Bongo redecoró su avión privado con 2,5 millones de euros procedentes de ayuda humanitaria. Gabón fue a la vez, bajo su presidencia, uno de los países más pobres y el que más champaña consumía del mundo. La comisión que investigó por corrupción al líder de Maldivas, Maumoon Abdul Gayoom, descubrió entre sus gastos el pago de un vuelo chárter para traer desde Londres pañales para su nieto. La mansión de Hun Sen, otro sátrapa, es tan grande que cuando llegas pueden pasar 10 minutos hasta que encuentras la entrada, si la recorres en coche. Varios tanques, medio millar de soldados y dos helicópteros protegen la vivienda del primer ministro camboyano, porque si algo enseña la historia es que hasta el más paciente de los pueblos termina hartándose de que le roben.

Las extravagancias de los líderes de grandes cleptocracias me venían a la cabeza al leer los detalles de los manejos de los Pujol, viajes a Andorra con bolsas de basura llenas de dinero incluidos. El clan ha logrado esta semana que todos sus miembros estén imputados por delitos que van desde el lavado de dinero a la evasión fiscal. No es poco, teniendo en cuenta que el patriarca ha disfrutado durante décadas del título de 'molt honorable' (muy honorable) y que sigue siendo, a ojos de muchos catalanes, todo un patriota.

Jordi Pujol siempre estuvo más cerca de Omar Bongo que de 'Braveheart' y ahora sabemos que su proyecto vital nunca fue la emancipación de Cataluña, sino establecer una monarquía del dinero que pagara sus caprichos en esta vida y los de su estirpe de aquí a la eternidad. Al igual que Bongo, Gayoom, Hun Sen y tantos otros, Pujol siempre tuvo problemas para distinguir el dinero público del privado, el interés nacional del propio y la chequera de la bandera con la que sus discípulos siguen ocultando hoy el saqueo económico y moral de Cataluña.

Las corruptelas de los Pujol no tienen nada de particular y son más bien vulgares, con los retoños gastando su fortuna en coches deportivos, relojes de lujo, joyas y todo lo que les permita enviar el mensaje de que han triunfado en la vida, aunque sea a golpe de apellido y favores. Lo realmente inquietante, por lo mucho que dice de la Cataluña y de la España de las últimas décadas, es esa red de complicidades, miradas a otro lado y protecciones inconfesables que concedieron impunidad a Pujol y los suyos. Unas veces a cambio de una supuesta estabilidad, otras porque interesaban sus votos, por puro compadreo o por razones de las que desconocemos los detalles, salvo que nada tenían que ver con el despiste.

La corrupción del nacionalismo catalán ha durado tanto, ha sido tan burda, que nadie puede alegar desconocimiento. Al leer cómo funcionaba todo, en la crónica que hoy publica Joaquín Manso en este periódico, te preguntas: ¿Ocurría realmente todo esto en Cataluña o en Gabón? ¿Cómo es posible que queden ciudadanos catalanes que vean en los Pujol o sus herederos políticos mártires de la causa nacionalista? ¿Que alguien, por mucho sentimiento independentista que albergue, quiera poner la construcción de un nuevo país en manos de gente así?


Desde los años 80, empezando con la protección que Pujol recibió para escapar indemne del caso de Banca Catalana, hubo un empeño en que nuestro hombre de Estado -durante mucho tiempo se le describió así desde Madrid- pudiera robar al pueblo de la forma más honorable posible. Todo el mundo sabía y todo el mundo callaba mientras el clan gestionaba una "organización criminal" que permitió a la familia Pujol ingresar 47 millones de euros entre 1990 y 2012, según datos remitidos por las autoridades andorranas. Nos queda la duda de si se hubieran salido con la suya de conformarse con la mitad, pero ya decía Louis de Bonald que lo que pervierte a los hombres no es tanto la riqueza como "el afán de riqueza".

El ocaso de UPyD frustra su proyecto de regeneración
EDITORIAL El Mundo 1 Noviembre 2015

Cercado por las fuerzas políticas reaccionarias y en un contexto de decadencia nacional política y económica tras la debacle de 1898, Joaquín Costa abanderó un movimiento regeneracionista que propugnaba erradicar el caciquismo, luchar contra la corrupción, priorizar la educación y defender la integración europea. Salvando la brecha temporal y de contexto, las ideas expresadas por el político aragonés podrían enmarcar el proyecto regenerador que hace ocho años encabezó Rosa Díez en UPyD. Ayer, en su último discurso ante el Consejo Político de esta formación, la dirigente vasca negó que fuera un adiós y aprovechó para reivindicar la labor de UPyD. Ciertamente, y pese al estado de descomposición que cercena su actividad en los últimos meses, nadie puede negar los servicios prestados por este partido en la mejora de la calidad democrática de España.

La próxima legislatura será la primera en tres décadas en la que Rosa Díez no ostente ningún cargo público, tras ser concejal, consejera del Gobierno vasco y eurodiputada. Siempre con el PSOE hasta que en 2007 abandonó este partido por discrepancias con Zapatero. Arropada por la autoridad moral de la plataforma Basta Ya y la solidez de intelectuales como Fernando Savater, UPyD construyó un proyecto alternativo a los dos grandes partidos con un mensaje ahormado alrededor de una defensa cerrada de la igualdad de los españoles y la nación "como garantía de igualdad", tal como ayer reiteró la propia Díez en alusión al desafío secesionista en Cataluña.

UPyD fue precursora en defender ideas renovadoras que ahora abanderan otros partidos, como la despolitización de la Justicia, la eliminación de los privilegios fiscales en Navarra y el País Vasco y un contrato único indefinido. Pero donde la formación magenta se ha mostrado especialmente beligerante ha sido contra la corrupción, cuya denuncia excedió la mera formulación programática. UPyD presentó en junio de 2012 una querella por estafa al Consejo de Administración de Bankia por la fusión y salida a bolsa del banco. Y, precisamente, la acusación en el caso Bankia -que UPyD abandonó en mayo por falta de recursos económicos- puso contra las cuerdas a Rodrigo Rato, para quien en noviembre de 2014 UPyD ya pidió cárcel.

Es evidente que la personalidad y la solvencia de Rosa Díez fueron en sus orígenes dos de los principales pilares en los que se sustentó UPyD, si bien su tendencia al mesianismo ha acabado por engullir el proyecto político y la estructura orgánica de su propio partido. Su negativa en redondo a presentarse con Ciudadanos a las últimas elecciones autónomas y municipales, cuando la formación de Rivera aún no había cogido fuerza, supuso uno de sus mayores errores estratégicos al frente de UPyD. La tenacidad de Díez pasó entonces a convertirse en empecinamiento, lo que degeneró en la depuración de Sosa Wagner y en la posteriores renuncias de dirigentes como Irene Lozano o Álvaro Anchuelo.

En las elecciones de 2011, UPyD alcanzó un millón de sufragios y duplicó sus resultados. Sin embargo, Díez no tuvo la visión suficiente para calibrar la capacidad de Podemos, primero, y de Ciudadanos, después, para aglutinar el anhelo de cambio de parte de la ciudadanía. Esta miopía se tradujo en el batacazo de los comicios autonómicos, que prácticamente laminó su presencia institucional. La tendencia crepuscular y la irrelevancia política actual de UPyD no hacen justicia a su empeño regeneracionista. Sin embargo, se constata así el fracaso de una estrategia errática de su fundadora

Habla Tórtolez en un café de Sevilla
Arcdi Espada El Mundo 1 Noviembre 2015

Mi liberada:
Naturalmente, el 23 de noviembre de 2000, tú no fuiste a la manifestación convocada en protesta por el asesinato de Ernest Lluch. No era el tipo de protesta que prefieres. Yo sí fui, con mi amiga Teresa Giménez. Pero te habrías sentido mucho más a gusto que yo en el lugar. Porque, como sucedería con mayor vileza el 12 de marzo de 2004, la manifestación acabó dejando a un lado los asesinos para encararse con las víctimas y en este caso con una víctima real como el presidente Aznar. No fuiste pero estuviste luego dos semanas glosando y festejando a la periodista Gemma Nierga, que había tenido los ovarios, te estoy viendo mientras dices 'ovaris' con tus grandes ojos luminosos y la cara llena de dientes, de gritarle a los políticos lo que no querían oír. Y lo que no querría haber oído ninguna persona razonable: "Estoy convencida que Ernest, hasta con la persona que le mató, hubiera intentado dialogar. Ustedes, que pueden, dialoguen por favor". Estas palabras resultaron terribles porque las palabras no dialogan con las pistolas y sobre todo por el uso retorcido de un cadáver: si el muerto estaba dispuesto a dialogar, cómo no deberían hacerlo los vivos.

Tu glosa y celebración de Nierga fueron las de muchos. Desde la temporada siniestra de las bombas en el pecho de Viola y de Bultó, las élites locales no se habían sentido tan concretamente amenazadas. El miedo al comando Barcelona, que mató a Lluch y al municipal Gervilla, les llevó a urdir todo tipo de propuestas 'niergas'. Ni aquel Maragall ya en decadencia se abstuvo de sacar sucio petróleo del crimen: "El presidente [por Aznar] se ha dado cuenta de cuál es el sentimiento de la gente". Los catalanes, liberada, sois grandes especialistas en teñir de dignidad vuestros sentimientos más oscuros, se trate de la xenofobia o la cobardía.

Nierga explicó que se le había ocurrido decir eso poco antes de subir al escenario. Pero la ocurrencia tenía un humus espeso. Desde el primer momento en que ETA gritó '¡Fuego!' alguien contestó '¡Diálogo!' Hay momentos antológicos en el género. Te he elegido uno que bien celebrarías en su día. A finales de marzo de 1998, oprimidos bajo un nuevo Gobierno del PP y meses después de que asesinaran a Miguel Ángel Blanco, "145 intelectuales, artistas, magistrados, catedráticos y periodistas", contó 'El País', hicieron público el manifiesto 'Por una salida dialogada al conflicto vasco'. Entre los magistrados, por cierto y no por casualidad, estaba Manuela Carmena. Entre los intelectuales puros el dibujante Máximo, el filósofo Sádaba, los escritores Sampedro y J.A. Goytisolo y el cantante Labordeta. Te voy a poner unas frases para tu segregación y solaz:

"En el Estado Español, tras veinte años de democracia se sigue manteniendo una situación de conflicto que genera sufrimiento y dolor sin que hasta el momento las estrategias empleadas hayan contribuido al objetivo de conseguir la paz. Dicho conflicto es predominantemente político y procede de atrás, sin que desde la transición haya existido un consenso suficiente que posibilitara una salida dialogada a una resolución de derechos colectivos. (...) Las soluciones estrictamente policiales que han estado y están en vigor como única vía de pacificación desde hace más de 30 años y que se exaltan y refuerzan hoy con empecinamiento, proporcionan a los ciudadanos falsas expectativas y ofrecen como resultado un saldo negativo. Dejar en manos de ETA, esperando que abandone las acciones violentas, el comienzo del diálogo, supone retrasar el inicio de un proceso de paz demandado con insistencia. Pedimos a ETA que cese en su actividad armada para facilitar este proceso. Pero aunque esto no ocurra, como ciudadanos solicitamos a nuestro Gobierno que asuma sus responsabilidades y busque soluciones que vayan más allá de las estrictamente policiales, apostando, con independencia de lo que hagan los demás, por la vía del diálogo y la negociación sin condiciones. No queremos más años de sufrimiento, ni más muertos, ni medios represivos, ni vencedores y vencidos".

A estas alturas incluso tú debes de saber por dónde voy y a qué rescato ahora retales del vil sudario de palabras que ha justificado tantos cadáveres. Hay algo de autocrítica en mi intención. Sabes hasta qué punto me irrita que a la deslealtad del presidente Mas y a la bajeza política de su proyecto se les responda con apelaciones al diálogo. El viernes, este hombre Iglesias, cada vez más afinada caricatura de sí mismo, se permitió regalar un 'Juan de Mairena' (libro, por cierto, desigual, salpicado de consejas de viejas) al presidente del Gobierno con una de sus fatuas dedicatorias, ésta destinada a esmaltar su proyecto de referéndum reservado el derecho de admisión: "Escribió nuestro gran Antonio Machado: 'para dialogar, preguntad primero, después escuchad'". Como tú, Iglesias conoce a Machado solo por Serrat o por 'citasyrefranes.com'. Y es una evidencia que no ha leído el libro que ha regalado al presidente. Sé que uno de sus párrafos te hará feliz:

- De aquellos que se dicen ser gallegos, catalanes, vascos, extremeños, castellanos, etcétera, antes que españoles, desconfiad siempre. Suelen ser españoles incompletos, insuficientes de quienes nada grande puede esperarse.

- Según eso, amigo -habla Tórtolez en un café de Sevilla-, un andalucista será también un español de segunda clase.
- En efecto -respondía Mairena-: un español de segunda clase y un andaluz de tercera.

Tatúatelo: "Un nacionalista solo es un andaluz de tercera".
Mi irritación no tiene mayor sentido. Si con la pistola aún humeante y durante tantos años, españoles aparentemente cabales, respetados, influyentes clamaban por saltarse la ley, el orden, la moral y hasta el duelo, ¿qué puede esperarse que hagan ahora cuando la violencia, la ilegalidad y la inmoralidad del proyecto secesionista no han disparado un solo tiro? ¡Cómo si yo no hubiese leído a De Quincey y su famosa observación!: "Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo, ya no se sabe dónde podrá detenerse".

Cuando uno se desliza cuesta arriba también hay peligro. Mira Ciudadanos: dialogando, dialogando, ya han llegado a Miquel Roca.

Pero tú sigue ciega tu camino.
A.

“La intentona golpista de Cataluña ha empeorado mucho la situación política”
Fernando Savater: “Esto va a acabar muy mal”
Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco 1 Noviembre 2015

Nacido en San Sebastián en 1947, el filósofo y escritor Fernando Savater es una de las personalidades que más intensamente ha marcado el panorama cultural de nuestro país a lo largo de las últimas décadas.

Desde que en 1972 publicara los ensayos “Nihilismo y acción” y “La filosofía tachada”, Savater, que ha sido catedrático de Filosofía y Ética en varias universidades, ha permanecido siempre en primera fila del pensamiento español, dando voz a través de sus libros, y especialmente mediante sus artículos en la prensa, a una postura crítica, a veces definida como de un “antiautoritarismo radical”, que alterna una intensa preocupación crítica y estética con determinados posicionamientos políticos y sociales que, como se destaca en su página web personal, “no siempre ha favorecido su imagen de pensador independiente”.

Luchador antifranquista y pionero en denunciar, alto y claro, el terrorismo de ETA y la complicidad con el mismo que ha mantenido el mundo nacionalista vasco, este “filósofo de compañía”, tal y como le gusta definirse a sí mismo, es autor de ensayos y textos de divulgación ya clásicos, entre los que destacan títulos como “Panfleto contra el Todo”, “La tarea del héroe” (Premio Nacional de Literatura 1981), “Invitación a la ética” o “Ética para Amador”. Entre sus obras de ficción brillan especialmente títulos como “Caronte aguarda”, “Diario de Job” o “El dialecto de la vida”.

En esta entrevista express mantenida a través del correo electrónico, Fernando Savater repasa con La Tribuna del País Vasco, algunas de las principales preocupaciones políticas y sociales que atenazan a una España que parece naufragar en uno de los momentos más complicados de su reciente historia. “La situación social empezaba a mejorar, pero ahora la situación política ha empeorado muchísimo por la intentona golpista de Cataluña y eso puede detener el desarrollo positivo” explica el también autor de “El contenido de la felicidad”.

- ¿Cómo cree que acabaremos los españoles este año, después de las elecciones generales que tendrán lugar en diciembre?... En su opinión, ¿cuáles son los principales peligros que nos acechan colectivamente?
- Ni idea, tengo la bola de cristal muy empañada. La amenaza fundamental es la ya mencionada intentona golpista y el retroceso económico como resultado de la discordia nacional. En general, creo que esto va a acabar mal, por la razón expuesta en uno de sus aforismos por Jorge Wagensberg. “muchas veces las cosas acaban mal porque, si no, no acaban”.

- ¿Qué responsabilidad tienen los grandes partidos tradicionales (PP y PSOE) en la actual situación política?
- De la corrupción, ambos muchísima. De la exacerbación nacionalista, mucha más los socialistas que los populares.

Cinéfilo y mitómano, influido por Nietzsche, Cioran y Spinoza, el pensamiento de Savater es ilustrado, vitalista, polémico e iconoclasta y, a menudo, sus opiniones navegan contra corriente. Su filosofía política ha evolucionado desde el pensamiento negativo libertario, antiprogresista, que mantuvo en los años setenta del pasado siglo, al individualismo democrático, socialdemócrata, liberal y universalista de su etapa posterior. El punto de inflexión del Savater joven al maduro puede situarse en su obra “La tarea del héroe (1981)”, donde escribe: "He sido un revolucionario sin ira; espero ser un conservador sin vileza".

A su juicio, ¿de dónde surge, ideológica e intelectualmente, la extrema-izquierda, abiertamente populista, que se localiza alrededor de las diferentes marcas de “Podemos” y de otras formaciones?
Evidentemente, de la crisis económica que ha hecho quebrarse tantas ilusiones y de la corrupción política por fin puesta a la luz.

Antioccidentales, antiliberales, anticapitalistas, antiglobalizadores, filoterroristas… ¿cómo explica usted la aparición, la expansión y el ascenso electoral de personajes políticos como Monedero, Colau, Guillermo Zapata y tantos otros como en estos momentos se encuentran en múltiple instituciones locales españolas?
Las ganas de revancha es mala consejera. Y la minuciosa labor del PP y sus amigos los obispos contra una imprescindible educación para la ciudadanía tampoco ayuda.

En su opinión, ¿cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación españoles en la actual situación política?
Pues grande, desde luego, sobre todo de radios y televisiones, dedicadas a tertulias que son ejemplos de antilustración, de oscurantismo, de torneos de exabruptos entre pavorosas mediocridades e ignorantes de manual.

Desde coordenadas primero libertarias y luego liberales, Fernando Savater se ha opuesto siempre al nacionalismo en general. “El nacionalismo es ‘imbecilizador’, aunque los hay leves y graves, los del forofo del alirón y el que se pone el cuchillo en la boca para matar. Hay gente sin conocimientos históricos, el nacionalismo atonta y algunos son virulentos. El nacionalismo es una inflamación de la nación igual que la apendicitis es una inflamación del apéndice”.

Como analista con una amplísima experiencia en la materia, ¿cuál es su opinión sobre lo que ocurrirá en Cataluña en los próximos meses?
No lo sé, pero el resultado –cualquiera que sea- no será bueno.

Savater, que se confiesa defensor de la Constitución Española, del Estatuto de Guernica y de la unidad del Estado, ha expresado en numerosas ocasiones su oposición a todo tipo de nacionalismos, y su deseo de superarlos en beneficio de un ideal de humanidad universal compartida, y traducido en un organismo gubernamental con autoridad mundial sobre los gobiernos de los estados nacionales, y que sirviese para resolver las disputas y realizar las labores administrativas de utilidad común.

¿Cómo se imagina España a medio plazo?
Yo no espero a ver qué pasa ni profetizo lo que puede pasar: estoy demasiado ocupado tratando, desde mi pequeña parcela, de mejorarla.

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El golpe de Halloween
Pablo Sebastián Republica.com 1 Noviembre 2015

Hay algo positivo en la crisis del independentismo catalán: que de una vez por todas y por las buenas o por las malas se va a poner fin y orden a esta caótica y demencial situación. De manera que, si se aprueba en el Paramento catalán la moción secesionista que se anuncia para el próximo 9 de noviembre, ‘bienvenida sea’ y con ella el anunciado choque de trenes donde los golpistas secesionistas se van a estrellar contra el Estado tras subirse a un convoy que pilota Artur Mas y controla con su mando a distancia Jordi Pujol, rumbo a un precipicio político del que no escaparán.

Vamos pues a la clarificación definitiva de la situación y a poner punto y a parte, camino del punto final, a semejante situación. La que además se viste de pomposos ropajes que llaman ‘¡históricos!’ y que mas bien parecen parte de una mascarada de la fiesta de Halloween que fracasará en cuestión de horas tras conmocionar la convivencia catalana y española y dejando un reguero de heridas y desencuentros que habrá que curar y mas adelante solucionar.

Pero de momento estamos asistiendo a todo un espectáculo de carnaval donde Jordi Pujol, el capo del clan familiar del 3%, y de Convergencia, pasando por las comisiones del dinero público de la Generalitat, se presenta como el jefe absoluto de la banda recaudadora y secesionista. ‘El Padrino’ a quien visita Artur Mas en secreto y en fecha muy reciente para recibir las oportunas instrucciones y su bendición paternal en víspera de una pretendida travesía que naufragará antes de comenzar.

El inicio del pretendido ‘golpe de Estado’ de Halloween contra la Constitución Española no funcionará. Pero asombra que, en semejante opereta, estén implicados importantes empresarios y financieros catalanes (que ya se habrán llevado su dinero fuera de Cataluña) que apoyan el proceso de Mas y se colocan a las órdenes de los grupos antisistema de la CUP. De la misma manera que partidos que se dicen de izquierdas como ERC y CUP se ponen a las órdenes de Pujol y Mas, responsables de la corrupción, del hundimiento económico de Cataluña, y de los duros ajustes sociales llevados a cabo en últimos años por el gobierno de Mas en la Generalitat.

Lo que se dice ‘extraños compañeros de cama’ en la bacanal catalana. La que, a nada que el Gobierno de España y las fuerzas políticas constitucionalistas actúen con la oportuna firmeza y diligencia, saltará por los aires.

Ahora bien, menudo espectáculo: ahí van con sus respectivos disfraces y banderas los jefes de la banda del 3%, en compañía de los anti sistema y anti europeos –que rechazan la legalidad española, europea y catalana-, y con la complicidad de ERC que ya no quiere ir con Convergencia a las elecciones generales de 20-D y que solo aspira a convertirse en primer partido catalán cuando Mas culmine la destrucción de CDC.

Ahí va esta inaudita camarilla que ni siquiera representa al 50 % del pueblo catalán dispuestos al golpe de Estado con menos del 48% de los votos de los catalanes y con menos del 36 % del censo catalán, para proclamar ellos solos y al margen de la legalidad la independencia de Cataluña. Rompiendo la unidad de España y aparentemente convencidos de que todo eso será muy sencillo, aunque imaginamos que no se lo creerán. Y que todo quedará en una grotesca fiesta de Halloween donde se harán muchas fotos en el Parlamento catalán para decir yo estuve allí, fue muy divertido y lástima que solo duró unas horas.

Es verdad que los errores y el inmovilismo y desistimiento democrático de Mariano Rajoy le han dado pie a Artur Mas para lanzarse a la fiesta de los difuntos de la politica con su máscara de zombi que no produce espanto pero de la que poco a poco se alejan los de la CUP, ERC y parte de sus Consejeros de gobierno y de la dirección de CDC.

Pero Mas insiste en amenazar -yo o el caos- con unas nuevas elecciones autonómicas para el mes de marzo que serían ¡las cuartas! en los últimos cinco años y que certificarán el final de este personaje y el hundimiento de Convergencia. Destrozos anunciados y esperados que no tardarán el llegar. O sea, que bienvenido de una vez por todas el choque de trenes para que todo esto se acabe y empiece a clarificar poe el bien de todos y empezando por el pueblo catalán.

La cruda herencia del separatismo
Editorial La Razon 1 Noviembre 2015

El anuncio del Gobierno de la Generalitat de que no pagará los medicamentos a las farmacias, a las que ya adeuda 330 millones de euros después de años de incumplimientos que obligaron a un buen número de boticarios a echar el cierre, ha empujado al primer plano de la actualidad a la Cataluña que los independentistas han querido ocultar a toda costa, como si la gente diera por bueno cualquier sacrificio por el ideal separatista. Obviamente, el criterio era distinto.

Del socorrido «España nos roba» no se come ni se llega a final de mes. Y es que el balance de la gestión de Artur Mas, que ha contado con la complicidad de ERC y del resto de colectivos cívicos secesionistas, que taparon de forma vergonzosa tanto la deficiente gestión pública como la escabrosa realidad de la corrupción, pasará a la historia como el mayor ataque a la prosperidad y al bienestar de los ciudadanos. Los recortes en Sanidad, Educación, sueldos de funcionarios, conciertos, subvenciones y prestaciones sociales marcaron la política de los convergentes en el último quinquenio y se situaron en parcelas estratégicas a la cabeza de los realizados por las comunidades autónomas.

Las partidas destinadas a la salud pública, por ejemplo, sufrieron tijeretazos por encima del 13%, y con situaciones como el cierre de una media de casi 1.900 camas en los hospitales catalanes (14% del total) en el último verano, o las listas de espera disparadas. El territorio se situó a la cola de España en gasto sanitario per cápita. El descenso en el Presupuesto para enseñanza llegó a ser de casi 17%. Dos de los colectivos más perjudicados por las restricciones secesionistas fueron el de las personas con discapacidad y el de los teóricos beneficiarios de la Ley de la Dependencia, cuyo número bajó en casi 20.000 personas. Y todo eso para qué. Evidentemente, no a costa de un cumplimiento férreo del déficit o de menguar la deuda asfixiante. Artur Mas se asentó en los números rojos como si Cataluña comenzara y terminara en él, como si no hubiera un mañana sin la independencia.

La deuda de la Generalitat casi se duplicó desde su llegada al poder en diciembre de 2010. Pasó de los 35.000 millones de euros a los 67.000 millones, la mayor de todas las autonomías, según datos del Banco de España. Una situación de bancarrota, en la que se ha subsistido gracias a la solidaridad del resto del Estado. Y si gran parte de ese dinero no sufragó las políticas sociales, ¿dónde fue, más allá de al pago de la endémica deuda y de sus intereses? Pues a la única partida que no se vio comprometida por los recortes: la de la independencia.

Sirvan como referencia que los fondos para «delegaciones, oficinas y misiones exteriores» se duplicaron en los primeros años del mandato de Mas o cómo se anegó de euros todo lo relacionado con el denominado proceso, la extraordinaria maquinaria propagandística y las embajadas incluidas. La conclusión es que nadie ha dirigido el día a día de Cataluña, que las necesidades de la gente han sido desdeñadas por los políticos secesionistas, y que la lucha contra el paro y las dificultades económicas –primera preocupación, a muchísima distancia de la segunda para los catalanes– fue casi circunstancial. Cataluña sufre las consecuencias de la interinidad a la que su Gobierno y la mayoría del Parlamento la han sometido. La provisionalidad ha producido desamparo entre la gente y la convicción de que se camina hacia ninguna parte en el callejón sin salida al que Mas, Junqueras, Römeva, Forcadell y compañía tienen recluida a la sociedad. Cataluña necesita un giro de 180 grados. De cuánto tiempo tarde en asumirlo y en promoverlo dependerá que la gente pueda recuperar la prosperidad y la libertad arrebatadas.

Better together
EDUARDO INDA. Okdiario 1 Noviembre 2015

Rajoy se lo pudo decir más alto pero no más claro a sus ministros en una extraña mezcla de sensatez e impotencia: “Los que no tienen la responsabilidad de tomar una decisión sobre Cataluña tienen muy clara la decisión y los que hemos de tomarla no la tenemos tan clara porque éste es un asunto en el que no se puede fallar”. Vamos, que lo que vino a decir el arrendatario de La Moncloa es más-menos lo que el aserto castizo: “Es muy fácil ver los toros desde la barrera”. Sea como fuere, el camino hacia la independencia emprendido por el jefe de una banda de ladrones llamada CDC es técnicamente un golpe de Estado. Lo que en Francia e Inglaterra se conoce como “coup d’État”, en Alemania como “putsch” y por estos lares como “golpe” no es ni más ni menos que el intento de subvertir la legalidad desde el poder establecido. Eso es lo que está llevando a cabo Artur Mas, por cierto, beneficiario de varias cuentas en Suiza y Liechtenstein. Podemos sostener, por tanto y sin temor a caer en la hipérbole, que éste es el trance más complicado para la democracia española desde 1978. Tan sólo comparable a ese 23-F que terminó bien gracias a la presión externa —básicamente, estadounidense—. Reagan, que llevaba un mes y tres días en el cargo, no quería que un aliado de la importancia geoestratégica de España regresara a la oscuridad.

Vencer a unos tipejos que habían secuestrado el Congreso y sacado los tanques a la calle en Valencia no era, obviamente, coser y cantar. Máxime cuando la Brunete y demás fuerzas de choque calentaban motores y cuando hasta la mismísima televisión única había sido invadida por un sinfín de uniformes que tomaron Prado del Rey con una orden: “Paren las emisiones y pongan música militar”. El Gobierno de España quedó en mano de la Comisión de secretarios de Estado y subsecretarios que llenó de manera magistral el monumental vacío de poder. Paco Laína, luego reconvertido en exitoso empresario de la noche madrileña, fue durante 14 horas que se le antojaron eternas el jefe del Ejecutivo. El TAC abulense tuvo que resolver en una madrugada lo que a Rajoy le tocará dirimir en muchos o pocos meses pero, en cualquier caso, mucho más tiempo.

Y Laína ganó la partida, con la tardía pero decisiva ayuda de Zarzuela, porque fue tan astuto y prudente en las formas como contundente en el fondo. Claro que el a la sazón jefe de la Seguridad del Estado en el Gobierno de Adolfo Suárez estaba rodeado de un elenco de mentes privilegiadas, con un dream team que deja chico a cualquier partido actual, incluido un PP que en lo que a cuadros se refiere da sopas con honda a todos sus rivales. La lista habla por sí sola: José Barea, Sánchez Harguindey, Villar Arregui, Liberal Lucini, Mariano Rubio, Pepe Terceiro, Cobo del Rosal, Eugenio Nasarre, Rosa Posada, Robles Piquer, Matías Rodríguez Inciarte y un Arturo Romaní que terminó sepultado en las ruinas de Banesto. Desde el primero hasta el último todos ellos números 1 de la vida. Por eso seguramente salió bien el peor trance que han sufrido nuestras libertades… con permiso del que llevan años pergeñando dos grandes patriotas suizos: Jordi Pujol y Artur Mas, antes llamado Arturo Mas.

Mariano Rajoy no está tan bien rodeado porque ese Gobierno de los mejores que fue la UCD ya no es posible. Ahora a la política van pocos de los mejores y muchos de los peores porque no está bien pagada en relación con el sector privado y porque, para colmo, muchas veces representa la catapulta al sufrimiento cuando no al desprestigio. Aunque el PP no es cualitativamente la UCD, cualquier comparación con los demás partidos del arco parlamentario o extraparlamentario no es odiosa sino más bien escandalosa. Ni el presidente ni los que le rodean son una banda de buscavidas que no saben de nada modelo Podemos. Tal vez por eso, el santiagués de Pontevedra se está desenvolviendo razonablemente bien a mi modesto entender, que no es precisamente el de buena parte de los grandes opinadores del centro y el centroderecha patrio. Lo digo porque lo pienso aunque he de reconocer que suscribiría lo mismo aunque no estuviera tan convencido por aquello que decía el gran Cánovas del Castillo: “Con la patria se está, con razón o sin ella”.

Todo ello por no hablar de la madre de todas las perogrulladas: a Mariano Rajoy no se le pueden imputar 35 años de cesiones constantes en las que se dejó en manos del corrupto yoda la Educación, es decir, el futuro, la Sanidad, las Obras Públicas, buena parte de la fiscalidad y la Justicia, e incluso las competencias ¡¡¡de Interior!!!. Treinta y cinco años en los que fueron dejando el terreno de juego al rival y el rival, echando mano del menottiano achique de espacios, nos fue encerrando en un área en la cual en estos momentos queda poco más que salir de puños o pegar un patadón rumbo a la grada.

En un envite de estas características en el que se puede romper la nación más antigua de Europa el acaloramiento, las venadas y los puñetazos encima de la mesa tienen efecto bumerán. Y coincido con el primer ministro español y con prácticamente todo su entorno en el hecho de que haber frenado el referéndum de la señorita Pepis del 9-N o suspender la autonomía antes de tiempo hubiera disparado ese martirologio que no es ni más ni menos lo que buscan los golpistas y, consecuentemente, el número de independentistas. Poner a la Policía o la Guardia Civil a desalojar la Generalitat de elementos golpistas o a retirar urnas en los colegios de Cataluña hubiera conseguido lo que ellos buscan: el enfrentamiento civil, la imagen de un pueblo oprimido en las televisiones de todo el planeta.

A los que, como Jordi Évole, defienden desde el armario independentista-relativista del que se niegan a salir que los que apelamos a la ley somos una fábrica de independentistas hay que recordarles para empezar la demoscopia. Si bien es cierto que hace dos y tres años el número de rupturistas ganaba 50%-45% al de constitucionalistas, ahora no lo es menos que las cifras son diametralmente opuestas. El último barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat sitúa las fuerzas 50%-42% a favor obviamente de los que quieren seguir formando parte de España. Y, como decía el economista clásico, “lo que no son cuentas, son cuentos”. Dicho lo cual hay que concluir que la aplicación de la ley, esa ley sin la cual no hay democracia, no es precisamente una fábrica de independentistas…

El Gobierno va a suspender la autonomía catalana. Eso está escrito en las estrellas. Pero lo que no va a hacer es entrar cual elefante en cacharrería. Parafraseando al ladrón de ladrones, Jordi Pujol, lo hará “cuando toque”. Ni antes ni después. Y no sólo por razones legales. La táctica y la estrategia no son cuestiones menores en esta batalla por la unidad de España y por la vigencia de una Constitución que en los últimos 37 años nos ha proporcionado mayores dosis de paz y prosperidad que en los 500 anteriores juntos. ¿Y cuándo tocará? Pues cuando haya una declaración unilateral de independencia. Mientras tanto, se irá recurriendo a un Tribunal Constitucional que cobra más sentido que nunca y que ahora goza del poder de inhabilitar a todo aquel que desde las instituciones ose intentar dar un golpe de Estado. Y también de sancionarle pecuniariamente, aunque para un bolsillo suizo como el de Mas la pasta nunca será un problema.

Y, mientras tanto, el Gobierno debe mirarse en ese espejo británico que dio la vuelta a las encuestas de la mano de la seducción y la inteligencia. Se trata, en definitiva, de recurrir a ese Better together (Juntos, mejor) con el que desarmaron una campaña, la de los Salmond, Sturgeon y cía, que apelaba a los instintos más primarios del ser humano para consumar la independencia del Estado con la democracia más sólida y veterana del planeta. Un Reino Unido del que han salido más genios por metro cuadrado (Newton, Churchill, Shakespeare, Darwin, Brunel, Tomás Moro, Cromwell, Chaplin, Livingstone, Fleming o los Beatles) que de ninguna otra civilización conocida o por conocer. Un Reino Unido que es un modelo en casi todo.

Y el better together hay que implementarlo por estos lares en una doble vía. La obvia, que pasa por recordar a los catalanes que la unión hace la fuerza y que salirse de España es salirse del euro y conducir a su comunidad a una duradera suspensión de pagos, a un empobrecimiento de entre el 20% y el 25% del PIB, a la ruina en definitiva. Si Cataluña abandona España se quedará sin el manguerazo del Fondo de Liquidez Autonómica, que le ha permitido seguir pudiendo pagar hospitales y colegios, y sin acceso al Banco Central Europeo en caso de apuros. La deuda de la Generalitat, de la que no menos de 3.000 millones han ido al capítulo de mordidas, es de 60.000 millones, más del doble que Madrid e infinitamente superior al PIB de muchos países. Al punto, que ya no pueden pagar los medicamentos de la Seguridad Social y las farmacias se niegan a dispensarlos porque les deben ¡¡¡330 millones de euros!!! Seducción, seducción y seducción. Ésa debe ser la hoja de ruta del spanish better together, para que los catalanes perciban que cogiendo el petate les irá infinitamente peor, entre otras razones, porque no tendrán a Papá Estado para tapar los agujeros que deja una gestión tan pésima como sucia.

La otra vía es la de la unión de las fuerzas democráticas constitucionalistas -y perdón por la redundancia porque sin ley no hay democracia-, escenificada esta semana en Moncloa deprisa y corriendo gracias a la iniciativa de un Pedro Sánchez con más reflejos que su anfitrión. La respuesta ante un golpe de Estado no puede ser la del Ejército de Pancho Villa sino similar a la que las fuerzas democráticas dieron antes, durante y después del 23-F, incluida esa manifestación que tuvo lugar el viernes siguiente en la que todos (desde Marcelino Camacho y Nicolás Redondo hasta Fraga pasando por los comunistas Sánchez Montero y Sartorius o el socialista y futuro presidente Felipe González) fueron de la mano tras una inmensa pancarta en la que se leía: “La libertad, la democracia, la Constitución”.

Bien por Sánchez, al que queda por aclarar qué va a hacer con los alcaldes o concejales suyos que se han sumado a la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), y bien por Rivera, que en estas cuestiones es junto a Rosa Díez el más preclaro… y de largo. Lo que no entiendo es qué hacía Pablo Iglesias en Moncloa. Una vez más su arrogancia se impuso a la coherencia más elemental, que dicta que si estás a favor del referéndum independentista, votas a los independentistas en el Parlament y pones a ETA en el Ayuntamiento de Pamplona, no puedes ni debes ir de coleguita de los constitucionalistas ni de los demócratas.

Éste es el camino, Mariano, si no quieres que te suceda lo que a José María Aznar, que por despreciar la foto con Zapatero y compañía el 11-M se vio envuelto en una merdé que ensombreció el mejor legado de un presidente desde 1977. En una situación límite, la unidad te agiganta ante propios, extraños y enemigos. Cada vez que el golpista Arturo la líe, todos a una como en Fuenteovejuna. Fotos, fotos y más fotos. Dientes, dientes y más dientes. Together, stronger.

Se acabó la broma, señor Rajoy, demuestre usted que tiene agallas
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 1 Noviembre 2015

Se acabó la broma. Cayeron las caretas, voló el trampantojo. Ya está todo muy claro. La pretensión del independentismo catalán es un golpe de Estado en toda regla, un acto revolucionario que busca hacer añicos la unidad de España, acabando de un plumazo con la paz y la prosperidad de los españoles. Con las libertades. Es el envite más grave que afronta la nación desde el final de la Guerra Civil, hace de eso 76 años. Ahora se ve por fin claro. Era falso que el Gobierno central no quisiera negociar, la eterna monserga con la que el nacionalismo nos ha castigado durante estos años. El nacionalismo no ha pretendido otra cosa que no fuera la rendición del Estado, no ha querido del Estado más que la rúbrica del reo obligado a firmar la sentencia que le ponen delante. Se acabó la farsa, y lo han hecho con tanta violencia que hasta el grupo Prisa y su buque insignia, El País –la SER no, la SER todavía sigue a lo suyo- se han dado por fin cuenta, y con qué violencia han reaccionado estos días, con qué dureza, qué indignación, qué sofoco la de esta gente tan partidaria hasta ahora de templar gaitas con el “hecho diferencial”. Ahora no. Ahora resulta que lo de Mas es “un golpe insurreccional contra el Estatuto y la Constitución” (Editorial de este jueves).

Un golpe de Estado, comparable en su gravedad y consecuencias a una invasión del territorio o al estallido de una guerra civil. Al asumir esa resolución pactada con la CUP de “ruptura con la legalidad española y de desobediencia al Tribunal Constitucional”, Artur Mas –asombran los sapos que los antisistema hacen tragar al galán sin pestañear- ha volado todos los puentes. ¡Viva la República Catalana! Gritó la nueva presidenta del Parlament rubricando el acto sedicioso del lunes y, al hacerlo, rescató del vertedero del recuerdo episodios tan siniestros como la proclamación, Francesc Macià mediante, de “una República Catalana” desde el balcón de la Diputación de Barcelona, plaza de Sant Jaume, un 14 de abril de 1931, o el episodio paralelo de Lluís Companys proclamando desde el balcón de la Generalidad l’Estat Català el 6 de octubre de 1934, mientras los pistoleros anarquistas sembraban el pánico en Barcelona, el mismo anarquismo, por cierto, que ahora defiende la CUP contra las detenciones policiales de esta semana. La historia se repite. El ¡Viva la República catalana! de la Forcadell (¿de dónde saca el nacionalismo catalán estos especímenes de tan insufrible sectarismo?) es en realidad el cuarto intento en la Historia de romper España, el cuarto intento de golpe de Estado alentado desde la Generalitat contra España. Ya no hay vuelta atrás. El desafío ha quedado meridianamente planteado.

Y entonces, desde las zahúrdas de La Moncloa comenzó a llegar a los medios el tam-tam de la aparición de Mariano Rajoy en carne mortal para, a la 1 de la tarde del mismo lunes, dar respuesta contundente y acompasada a la categoría del desafío. Pero lo de Rajoy fue una pifia más, el estallido de la gaseosa, una respuesta de tal tibieza que sobre la piel de toro corrió como la pólvora un sentimiento de indignación pocas veces percibido en estos años. Porque algo ha ocurrido, alguna fibra moral del pacífico, pastueño incluso, pueblo español ha tocado la afrentosa iniciativa del nacionalismo catalán. Algo ha despertado, algo ha surgido desde las catacumbas del tiempo, porque un cabreo sordo se escucha en las esquinas de España por primera vez en muchos años. Es la sensación que parece haber brotado en los hogares, en las fábricas, en la calle, de que “lo de Cataluña va en serio y estos tíos van a poner en peligro nuestros garbanzos”. La España abotargada despierta. Juan Español parece querer tomar cartas en el asunto: “Ya está bien”. Y en este nuevo clima, la respuesta de Rajoy pareció demasiado pobre, meliflua por reiterativa, anodina, tan falta de brío ante la catadura de la afrenta que hasta en las filas del PP surgió la perplejidad, primero, y la indignación, después. Indignación con el presidente.

Mariano Rajoy se la juega
Tal fue el impacto en Moncloa y en el propio partido que la reacción no se hizo esperar. La foto de Mariano con Pedro Sánchez en los jardines de Moncloa es la imagen de unidad que, por encima de las contradicciones que al socialismo español le asaltan habitualmente con España, los ciudadanos estaban deseando presenciar de una vez. Alguien en Moncloa con talento bastante parece haber tomado cartas en el asunto. Dicen de nuevo que ha sido Arriola, el viejo mago de Oz. O tal vez se haya tratado de un acto reflejo en recuerdo de lo acontecido la mañana del 11 de marzo de 2004, cuando Aznar se negó en redondo a recibir en Moncloa y hacerse la foto con los líderes de la oposición, con casi 200 cadáveres despanzurrados sobre los trenes de cercanías de Madrid. Aquel acto de soberbia aznarita le costó al PP las generales celebradas tres días después. De la mayoría absoluta, a la oposición. El episodio debió quedar tan grabado en la mente del gallego (“aquella mañana del 11 de marzo”, contaba un testigo presencial, “Rajoy insistió media docena de veces ante Aznar en que tenía que llamar a Zapatero y hacerse la foto; y tan pesado se puso que el propio Rato trató de disuadirle, `déjalo, Mariano, que éste va a hacer lo que le salga de las pelotas´”), que puede que haya resultado decisivo 11 años después para una iniciativa que, horas más tarde, se amplió a Albert Rivera y el mismísimo Pablo Iglesias.

Es evidente que Mariano se la juega. Si en los últimos meses se viene diciendo que la firmeza del Gobierno frente al desafío catalán, en su condición, supuesta al menos, de principal garante de la unidad de España, es la principal baza que puede hacerle ganar las generales del 20-D, no lo es menos que una nefasta gestión del problema, o simplemente una no-gestión, puede hacérselas perder definitivamente. Cataluña puede dejarlo cuatro años más en Moncloa, pero también puede echarlo con cajas destempladas. Basta con que continúe ensimismado en la vía muerta de esa apelación a una legalidad que, por lo demás, no hace cumplir. Los sediciosos han demostrado hasta la saciedad que se pasan la Ley y la Constitución por el arco de sus caprichos, que se burlan de las resoluciones de los tribunales de Justicia y, lo que es peor, que no les pasa nada. Y lo hacen así porque lo suyo, la independencia, no se consigue precisamente cumpliendo la Ley, sino violentándola. Su victoria no puede seguir nunca la senda del Derecho, sino la fuerza de los hechos. Los hechos consumados, no el Derecho. La materialización del golpe de Estado.

Se acabaron las bromas. Si quieren desafío, merecen encontrarse de frente con alguien dispuesto a aceptarlo. Nada más grave puede ocurrirle a un país que la ruptura de su unidad nacional, porque eso significaría seguramente el fin de la democracia y de la paz social con su correlato de pérdida de nivel de vida general. Se trata de una amenaza que reclama una respuesta proporcionada al envite. Tiene usted que tomar la iniciativa de una vez por todas, don Mariano. No caben más escapismos. No puede continuar usted a la defensiva. No puede limitarse a reaccionar tarde, mal y nunca. Respetar la ley, sí, desde luego, pero seguro que con la ley en la mano hay formas de anticiparse a los designios de los “malos”. Como el miércoles sugería la catedrática Araceli Mangas en El Mundo, ¿no es posible impedir la convocatoria del pleno del Parlament llamado a aprobar esa “ruptura con la legalidad española” pactada entre JxSí y la CUP? Embarcado en una huida hacia adelante sobre los escombros de la razón y la ley, el independentismo no tiene más estrategia que la provocación permanente. Es “el pollo” diario que prometió el actual ideólogo del prusés, Antonio Baños, líder de la CUP: “Para lograr la independencia hay que montar un buen pollo”.

Nervios en el bloque sedicioso
De momento, el auténtico “pollo” está montado en el bloque sedicioso. El Govern y la propia CDC son una olla a presión a punto de explotar, como no podía ser de otro modo dadas las contradicciones inherentes a un viaje en el que conviven anarquistas de la más rancia línea Durruti con burgueses de la Bonanova y Pedralbes. La reacción del Estado expresada en la voluntad de los partidos mayoritarios de poner pies en pared, está produciendo ya más de un temblor de piernas entre los adalides de la “República Catalana del 3 por Ciento”. El viernes, el diario ARA que financia Artur Carulla (grupo Agrolimen, ya saben, Avecrém y Gallina Blanca) y gestiona Fernando Rodés, el hijo de su padre, acusaba a los medios “espanyols” de sobreactuación e histerismo por hablar de golpe de Estado. “Tots sabem que això ha d’acabar en una taula de diàleg (…) Per què no ho assumim d’una vegada? Per què permetem que el clima polític i social s’aviciï i s’encrespi d’aquesta manera? Nervios. Miedo. ¿Le empiezan a ver las orejas al lobo estos señoritos tan valientes?

Por la senda de la dejación de responsabilidades, los Gobiernos de la democracia han ido a parar a la misma orilla donde los de la II República fueron a dar con Companys y compañía: “El Presidente [Negrín] está muy irritado por los incidentes a que ha dado ocasión el paso de Aguirre [lendakari vasco] por Barcelona. `Aguirre –dice- no puede resistir que se hable de España. En Barcelona aceptan no pronunciar siquiera su nombre. Yo no he sido nunca -agrega- lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas, me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga poderes, dinero y más dinero” (de las “Memorias de Guerra”, de Manuel Azaña). Los encuentros del presidente del Gobierno con los líderes políticos han proporcionado una momentánea sensación de alivio, un respiro. Pero no es suficiente, en absoluto. Se acabaron las contemplaciones. Tiene usted que actuar, señor Rajoy, porque están en juego las libertades. Tiene que poner a trabajar el aparato del Estado para impedir la política de hechos consumados a la que tan acostumbrados están los golpistas de CDC y sus compañeros de viaje de la izquierda antisistema. No puede usted pasar a la Historia como el cobarde que con todo a su favor, con la Ley y los votos, permitió la ruptura de la unidad de España. De modo que átese usted los machos y haga lo que tenga que hacer. Con todas sus consecuencias. Esperamos que no le tiemble el pulso. Demuéstrenos que tiene agallas.

Rebelión catalana y buenismo legislativo
La contundencia del artículo 2 de la Constitución no se corresponde después con un desarrollo legislativo equivalente para afrontar una situación como la que se ha planteado en Cataluña
Javier Caraballo El Confidencial 1 Noviembre 2015

Existe una paradoja en el sistema legislativo español que tiene mareados a muchos juristas, especialmente a los constitucionalistas. La contundencia con la que el artículo 2 declara que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles” no se corresponde después con un desarrollo legislativo equivalente para afrontar una situación como la que se ha planteado en Cataluña, un proceso de secesión del resto del Estado.

Como las tensiones territoriales siempre han existido en España, parece como si la contundencia se hubiera agotado en el título preliminar de la Constitución Española y que, a partir de ahí, se ha aplicado un ‘buenismo legislativo’ para no enervar los ánimos de los nacionalistas, desde la Transición hasta la actualidad. Las presiones constatadas de los nacionalistas vascos y catalanes desde la redacción misma de la Constitución han conducido a la situación actual de marasmo legislativo. Desde el Código Penal hasta la propia Constitución, estas son las dudas fundamentales:
Primera: El artículo 155 de la Constitución

En el artículo 2 de la Constitución se recoge, como queda dicho, con reiteración el carácter indivisible, común e indisoluble de la nación española. Y en ese mismo artículo se añade que la propia Constitución “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Pero, ¿qué ocurre cuando una autonomía, como está sucediendo, quiere romper con el resto del Estado e independizarse”. El único artículo de la Constitución que hace referencia a cómo resolver una situación de rebeldía es el 155, el más invocado desde que comenzó el conflicto catalán.

Lo que ocurre con ese artículo es que, ya entonces, por la presión nacionalista, se redactó de una forma ambigua. El artículo 155 español es una copia casi literal de la legislación alemana, en concreto el artículo 37 de la Ley Fundamental de la República Federal. El problema es que existen dudas sobre el alcance real de ese artículo. Según algunas interpretaciones, es suficiente para suspender una autonomía y disolver un parlamento autonómico y, según otras versiones, esa medida drástica no se pude deducir de un artículo en el que sólo se especifica que, en caso de incumplimiento grave de la Constitución, el Gobierno “previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”. ¿Quiere decir eso que se puede suspender la autonomía? Casi nadie lo entiende así. Si se hubiera desarrollado posteriormente y se hubiera concretado en una ley, no existirían esas dudas. Pero no se ha hecho.
Segunda: El delito de rebelión en el Código Penal

El artículo 472 del Código Penal tendría que ser el que resolviera todas las dudas legales sobre el desafío soberanista de Cataluña porque en el apartado cinco incluye como motivo de rebelión “declarar la independencia de una parte del territorio nacional”. Por tanto, en cuanto el Parlamento de Cataluña apruebe, como está previsto, la propuesta de resolución que, en su punto segundo, “declara solemnement l'inici del procés de creació de l'estat català in­dependent en forma de república”, estaría incurriendo claramente en un delito de rebelión. ¿Qué ocurre entonces? Pues que en este mismo artículo del Código Penal se dice que serán “reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente”. Ahí está el problema. Porque si se trata de una propuesta aprobada en un Parlamento democrático por parte de una mayoría democrática, no se reúnen los requisitos iniciales que establecen que para que se trate de rebelión tiene que realizarse de forma “violencia y públicamente”.

Lo que desconcierta a algunos penalistas consultados por El Confidencial es que el Gobierno, el actual y otros anteriores, no hayan incluido en las numerosas modificaciones que se han hecho del Código Penal un sencillo cambio consistente en cambiar de ese artículo la conjunción copulativa por una disyuntiva: en vez de una ‘y’, una ‘o’: “Serán reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta o públicamente”. Si se hubiera hecho, en cuanto el Parlamento de Cataluña apruebe la propuesta planteada por Junts pel Sí se estaría incurriendo en un delito de rebelión. Se cita también el artículo 544 del Código Penal, para su posible aplicación en el conflicto catalán, pero el delito de sedición no es tan concreto, para este caso, como el rebelión. El de sedición se refiere a quienes “se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes”, sin mención específica a la unidad territorial.
Tercera: El recurso previo de inconstitucionalidad

Ya se ha citado aquí en alguna ocasión que cuando, a la muerte del dictador, se instaura en España un modelo territorial que reconoce las autonomías, el Estado se dota de dos ‘redes de seguridad’ para mantener a gobiernos y parlamentos autonómicos dentro de los márgenes constitucionales. La primera de esas ‘redes’ era el recurso previo de constitucionalidad. Es decir, que el Estado tenía la potestad de someter al criterio del Tribunal Constitucional la legislación que se pudiera aprobar en las autonomías, antes incluso de que entraran en vigor para evitar una política de hechos consumados. ¿Qué ocurrió? Pues que, de nuevo por presión de los grupos nacionalistas vascos y catalanes, el Gobierno de Felipe González decidió derogarlo. Todo lo que ha venido después es consecuencia de esa medida, en particular lo sucedido en Cataluña con el Estatut.

Como el Tribunal Constitucional ha sido el último en pronunciarse, se ha llegado al disparate de que el Estatut fue aprobado por el Parlamento de Cataluña, por el Congreso de los Diputados, por los ciudadanos en un referéndum y, luego de todo eso, cuando ya estaba en vigor, varios años después, llegó la anulación parcial de varios elementos que, como todo el mundo presumía, eran inconstitucionales. El recurso previo de inconstitucionalidad hubiera evitado esa política de hechos consumados y la posterior frustración que ahora se cita como detonante del independentismo actual. Cuando ya todo había saltado por los aires, el pasado año, PP y PSOE se pusieron de acuerdo en el Congreso para aprobar de nuevo el recurso previo de inconstitucionalidad. Pero ya se ve, demasiado tarde.
Cuarta: La Ley de referéndum

La Ley de referéndum se aprobó en España, también como ‘red’ de seguridad, pensando en el Estado Autonómico y sólo se ha aplicado en una ocasión, en Andalucía. Lo que pasó después de ese referéndum es disparatado, a la vista de los años transcurridos porque no sólo se derogó aquella norma (también durante los gobiernos de Felipe González) sino que saltó por los aires el Estado de las Autonomías que, en principio, diferenciaba claramente en la constitución entre autonomías plenas, las nacionalidades, y autonomías ‘de baja intensidad’, las regiones. Quien quisiera trascender de ese esquema previamente asignado tenía que someterlo a votación en la región y ganarlo por más del 50 por ciento del censo, no de los votos emitidos, y en cada una de las provincias. Si en alguna provincia no se superaba ese nivel, fracasaba la iniciativa. ¿Cuántas autonomías habría en España si se hubiera sometido a referéndum en cada región? Muy pocas, desde luego.

Andalucía lo superó con dificultad en un referéndum plagado de irregularidades en el censo, ante un Gobierno en descomposición, el de la UCD. En la actualidad, nadie duda en Andalucía que si se sometiera de nuevo a referéndum la autonomía es seguro que no prosperaría como entonces. Pero lo más importante es que si esa misma legislación se hubiera aplicado en Cataluña, a tenor de los resultados obtenidos en las últimas elecciones, el referéndum que exigen los independentistas ya habría fracasado en la mayoría de las provincias catalanas. En la actualidad, la ley de referéndum sigue derogada. El último gobierno que reguló algo al respecto fue el de José María Aznar cuando decidió incluir en el Código Penal el delito de convocatoria de un referéndum ilegal, a raíz del plan Ibarretxe. Pero llegó con posterioridad el Gobierno de Rodríguez Zapatero y también lo derogó.

¿Puede gestionar la fractura quien la ha provocado?
Se comprende que haya ciudadanos que no se crean que ese nuevo país a salvo de corrupción en el que se convertirá Cataluña si alcanza su independencia lo vayan a construir los corruptos acreditados
Manuel Cruz El Confidencial 1 Noviembre 2015

Por increíble que parezca, sobre todo a la vista de la velocidad a la que se han acelerado los acontecimientos en Cataluña últimamente, hubo un tiempo, muy próximo desde un punto de vista objetivo (fíjense: todavía estábamos en la legislatura anterior), en el que los que hoy andan embarcados en una hoja de ruta que ya ha abandonado la idea del referendum y ha emprendido de manera directa la ruta de la desconexión, se referían a aquél como una mera consulta, "para saber lo que opina la ciudadanía de Cataluña" ("¿es que nos van a prohibir incluso hacer una encuesta?", llegó a afirmar el entonces portavoz Homs entre risitas, en una de aquellas impagables comparecencias semanales a las que nos tenía acostumbrados).

Fue por entonces cuando el gobierno de Mas y el resto de compañeros de viaje hicieron pública -con la foto coral de ordenanza- la pregunta que querían someter a votación el 9-N. Recuerdo que al día siguiente del anuncio fui invitado para comentar el asunto a una tertulia en una emisora de radio perteneciente a una cadena de ámbito estatal. Preguntado por mi opinión al respecto, argumenté que, si de consultar se trataba -esto es, simplemente de conocer la opinión de los ciudadanos de Cataluña, tal y como en aquel momento se nos repetía-, lo más adecuado hubiera sido someter a su consideración las tres opciones que estaban representadas en el Parlament de Catalunya, esto es, el autonomismo, el federalismo y el independentismo, opciones que, por lo que revelaban todas las encuestas, se repartían las preferencias del electorado en una proporción bastante igualada.

A mi lado tenía una de esas personas representativas de la deriva político-ideológica de un importante sector de la intelectualidad catalana. Era alguien que, viniendo de una izquierda supuestamente catalanista había pasado, sin dar mayores explicaciones de su mudanza (más allá del socorrido inmovilismo de Rajoy), a elogiar el independentismo como la única utopía disponible y que en los ultimísimos tiempos le ha dado por sostener que los catalanes estaban esperando a que España les seduzca con alguna propuesta... Pues bien, el personaje en cuestión saltó como un resorte cuando escuchó mi respuesta y, para invalidarla, afirmó algo que, a su pesar, proporcionaba una clave ciertamente reveladora: "Con una pregunta así, el resultado no se podría gestionar".

Era revelador, en primer lugar, porque el discurso oficialista no declaraba querer gestionar nada, sino simplemente tomarle el pulso a la ciudadanía, por lo que no hubiera debido plantearle el menor problema a nadie constatar la pluralidad de opciones presentes en la sociedad catalana. Pero para cualquier observador mínimamente atento de la situación catalana era evidente de lo que se trataba. El propósito, apenas ocultable, era el de que aquello que, antes de llevarse a cabo, era presentado casi como una inocua encuesta de opinión quedara convertido, según cual fuera el resultado, en un mandato democrático de obligado cumplimiento político.

Pero no es sobre ese doble lenguaje sobre lo que más interesa ahora llamar la atención: a fin de cuentas, se trataba de una de las muestras de astucia proverbiales en quien lideraba el proceso (y de las que, por cierto, tanto se ufanaba). Tal vez más importante que eso sea examinar desde la perspectiva del presente momento el argumento que descalificaba una propuesta como la que me permití presentar en aquella tertulia radiofónica. Porque, incluso aceptando que el resultado de la pregunta que yo sugería no hubiera sido de fácil gestión, vale la pena plantearse en estos días: ¿es de más fácil gestión un resultado que parta en dos a una sociedad, como ha ocurrido tras las últimas elecciones autonómicas?

Sin duda, no. Y a estos efectos, me importa resaltar que tanto da, a mi juicio, qué sector haya obtenido el 48% y cuál el 52%: desde el punto de vista de la quiebra que supone de la sociedad, nada cambiaría porque los papeles estuvieran invertidos. En realidad, a poco que se piense, hubiera resultado más fácil encontrar territorios de encuentro si hubiéramos partido de reconocer la existencia de la mencionada pluralidad de opciones en el seno de la sociedad catalana, que a base de potenciar una disyuntiva en última instancia desgarradora. Una y otra vez las encuestas nos informaban de la existencia de un amplio sector de ciudadanos que preferirían transitar por el camino de las reformas, sector que, por cierto, no ha hecho otra cosa que ir en aumento. ¿Les han ofrecido algo nuestros políticos a todos estos ciudadanos? Repasen las hemerotecas y encontrarán la respuesta: "no hay nada que hacer, lo hemos intentado todo y nos hemos estrellado siempre contra un muro", "estamos en otra pantalla", "tenemos prisa", etc. ¿Alguien se cree, de verdad, que con semejantes actitudes como premisas es posible alcanzar acuerdos?

De momento, hay motivos para casi cualquier cosa menos para el optimismo. De la misma forma que se comprende que haya muchos ciudadanos que no consigan creerse que ese nuevo país a salvo de corrupción en el que se va a convertir Cataluña si alcanza su independencia lo vayan a construir los corruptos acreditados, que la igualdad la vayan a implantar los que han propiciado las más feroces desigualdades, que el Estado del Bienestar lo vayan a reconstruir los pioneros en desmantelarlo y así sucesivamente, también se debe comprender el profundo escepticismo de tantos respecto a que vayan a solucionar este monumental embrollo en el que estamos metidos quienes más se han afanado, con ahínco digno de mejor causa, en provocarlo.

El nacionalcatolicismo catalán
Manuel Peña Díaz Cronica Global 1 Noviembre 2015

En el planteamiento reivindicativo del nacionalismo independentista catalán llama poderosamente la atención la singular convicción que se esgrime de estar en posesión de la verdad y de la razón moral, todo ello envuelto de retórica buenista y de la sonrisa de la Mona Lisa. La democracia y la dignidad son exhibidos como sus valores esenciales y asumidos como una posesión en exclusiva. Aún más, el ‘derecho a decidir’ y la ‘desconexión’ --cual canal de televisión-- se plantean como principios incuestionables de soberanía e higiene cívica. Y como guinda del referido buenismo, la tolerancia (sic), presunto eje de conducta omnivalente.

Sorprende la reacción de esta retórica angelical ante cualquier tipo de oposición o reticencia o duda, explícitamente manifestadas. Su respuesta, secularmente repetida, es bien conocida: estigmatizar y demonizar esas discrepancias o resistencias con los clásicos clisés de lerrouxismo o simplemente fascismo. Incluso cuando a un referente histórico del nacionalismo pancatalanista como el valenciano Raimon se le ocurrió reflejar alguna perplejidad ante la situación que estamos viviendo, se olvidaron todos sus acreditados méritos pasados para hundirlo en el infierno de los presuntos traidores, pagados por el centralismo madrileño para “malmetre el procés”.

Hay que decir, de entrada, que impresiona esta convicción dogmática, esta fe que inspira sus creencias, atizadas, sin duda, por el renovado sacerdocio mediático que exorciza la prudencia, llamándola miedo, y que apela a un providencialismo de pueblo elegido, que implica una permanente fuga hacia delante puramente emocional.

Y decimos renovado sacerdocio porque, inevitablemente, tanta referencia al histórico 1714 obliga a repasar la historia del siempre invocado sitio de Barcelona por los borbónicos. Si hay algo bien patente en aquella defensa de Barcelona es la increíble exhibición de fanatismo religioso, con todo tipo de procesiones, rosarios, plegarias, novenarios, invocaciones inmaculadistas.

No debe resultar extraño que cuando se planteó una propuesta de negociación entre sitiadores y sitiados, a principios de mayo de 1714, las instituciones catalanas solicitaran al vicario general Josep Rifós una consulta popular, vía confesionario. La información obtenida se comunicó al vicario Rifós y éste la trasladó al Consell de Cent de la ciudad. La respuesta mayoritaria de los penitentes confesados fue sí. Quedó legitimada la continuidad de la resistencia, la misericordia divina era la última garantía.

A caballo de la fe, el clero se convirtió en el gran promotor y gestor de la resistencia. Nada nuevo. Este imperativo religioso tenía ya larga tradición en Cataluña. Gaspar Sala había hecho del nacionalcatolicismo uno de los fundamentos ideológicos de la revolución de 1640. En siglo XIX, el carlismo catalán continuaría con estos discursos católicos. Hoy no es políticamente correcto recordar que los primeros relatos de la épica del sitio de 1714 los hizo el clérigo carlista Mateo Bruguera en el siglo XIX.

Ciertamente detrás del dogmatismo independentista actual, con tantas capas de modernidad y no menos de ficción inventada e impostada, late el viejo providencialismo mesiánico que tanto glosara el obispo tradicionalista catalán Torras i Bages. Ahora ese providencialismo, camuflado por la modernidad laica, es puro cofoïsme, una complacencia alimentada por una extraña ensalada de símbolos y creencias. Así se esgrimen los triunfos deportivos del Barça como emblema propio, se cree ciegamente que la redentora Europa arreglará la situación, olvidando las viejas frustraciones en ese escenario, e incluso se supone que la providencia ampara al procés ante la debilidad política del Estado.

Los nuevos sacerdotes participan hoy en muchas tertulias. Como clérigos convincentes muestran su sonrisa autosuficiente, predican la fe en el más allá del Estado propio, con la seguridad de tener en sus manos el monopolio de la legitimidad moral, el patrimonio de la virtud, la garantía del paraíso que nos espera y que, presuntamente, tuvimos en la Arcadia feliz previa a Felipe V. Y a las malas, siempre nos quedará el purgatorio autonómico, antesala del cielo, aunque no parecen estar seguros por cuanto tiempo.

De Corrupció Democràtica de Catalunya a Junts pel 3%
Gonzalo Baratech Cronica Global 1 Noviembre 2015

El régimen pujolista da las últimas boqueadas. Tanto Jordi Pujol, el fundador, como Artur Mas, su epígono, acaban su singladura política sumergidos en un hediondo océano de podredumbre.

Las informaciones divulgadas estos días exhiben al patriarca convergente como gran capo de una saga minuciosamente estructurada para saquear Cataluña. El volumen de sus rapiñas alcanza cuantías enormes. Sólo tiene parangón con el de algunos sátrapas africanos o iberoamericanos. No menos insólita resulta la absoluta impunidad con la que ha perpetrado el latrocinio durante varias décadas.

La primera noticia sobre la riqueza amasada por los Pujoles apareció en el diario El Mundo, el 16 de noviembre de 2012. Su portada estampaba una frase explosiva: “La policía vincula cuentas de Pujol y Mas en Suiza con la corrupción de CiU”.

De inmediato, Jordi Pujol, Artur Mas y Felip Puig lanzaron una batería de querellas contra el periódico. A ellas se sumó con entusiasmo el fiscal superior de Cataluña, Martín Rodríguez Sol. Sin encomendarse a Dios ni al diablo, y antes de practicar averiguación alguna, abrió diligencias contra El Mundo por un delito de calumnias, no sin antes tachar el reportaje incriminado de “mendaz, injurioso y difamatorio”.

Al mes siguiente, arribó a la Policía la primera denuncia contra la dinastía. María Victoria Álvarez, ex novia de Pujol Júnior --cherchez la femme-- reveló que el interfecto trasegaba enormes sumas de dinero negro hacia Andorra.

El asunto se confió a Pablo Ruz, magistrado de la Audiencia Nacional, quien tomó declaración a Álvarez. No le dio el más mínimo crédito y archivó olímpicamente el caso. Más tarde, la sala de la Audiencia le obligó a retomarlo.

Desde entonces, han transcurrido tres años. Increíblemente, en todo este periodo, nadie ordenó registrar las sedes de los Pujol en busca de pruebas de sus fechorías, ni siquiera se les retiró el pasaporte. Así, hasta la formidable redada del pasado martes 27 de octubre.

La cuadrilla familiar al completo --los informes policiales la califican ya abiertamente de “organización criminal”-- ha disfrutado de tres preciosos años para camuflar su fortuna por todos los paraísos fiscales imaginables. Por cierto, de los 50 millones que llegó a esconder en Andorra, apenas queda allí un euro. Toda la pasta ha volado a incógnitos destinos.

En febrero de este año --parece que fue ayer-- la matriarca Ferrusola lloriqueaba cínicamente ante el Parlament: “En mi casa no tenemos ni cinco. Y todos mis hijos van con una mano delante y otra detrás”.

Los comisionistas de Infraestructures
El pillaje del mafioso clan tiene su paralelo en el cometido por Convergència. Uno de sus innumerables botones de muestra lo ofrece Infraestructures, empresa de la Generalitat que reparte obra pública por centenares de millones de euros. Su director general, Josep Antoni Rosell, ingresó días atrás en prisión, acusado de amañar concursos y cobrar a destajo mordidas a las constructoras. Y su presidente, Joan Lluís Quer, está imputado por beneficiarse de contratos millonarios de otro organismo que rigió en su día, la Agencia Catalana del Agua.

Ambos personajes han incurrido en presunto robo de caudales públicos, o sea, de todos los contribuyentes. A estas alturas, Artur Mas aún no los ha destituido. ¿Acaso saben demasiado y teme que se vayan de la lengua? El único que yace en prisión por el entuerto de Infraestructures es Andreu Viloca, tesorero de Convergència.

Hay otro dato estupefaciente. Tanto para la batida que terminó con Rosell y Viloca entre rejas, como para la redada del martes en las casas de los Pujol, los magistrados --uno de El Vendrell y otro de la Audiencia Nacional-- recurrieron a la Guardia Civil y la Policía Nacional.

¿Qué pasa con los Mossos d’Esquadra? ¿Por qué los jueces no confían en ellos? ¿Los sindicatos de los Mossos no tienen nada que decir?

En Cataluña se respira un ambiente enrarecido. El estruendoso pacto de silencio imperante hasta la fecha, se esfuma. Vivimos el fin acelerado de un régimen corrupto hasta el tuétano, que desvalijó Cataluña desde el ascenso de Jordi Pujol a la cima de la Generalitat.

La demencial huida hacia adelante de Artur Mas no puede desembocar sino en el ridículo más espantoso. Mientras, multitud de ratas huyen despavoridas del buque que se hunde.

CORRUPCIÓNLa trama de la familia
Así saquearon Cataluña los Pujol
JOAQUÍN MANSO y FERNANDO LÁZARO El Mundo 1 Noviembre 2015

El hermano mayor era la pieza clave del desvío masivo de dinero
El clan ingresó 31 millones en metálico en Andorra
Formaban 'una organización criminal asentada y de raigambre familiar'

«Uno de los españoles, el señor Rosillo, era un gordo fanfarrón que llevaba puesto un estridente blazer dorado. El otro, el señor Pujol, era enjuto y bajito y vestía de forma más discreta. Barletta les estaba dando tratamiento de vips a gran escala, incluyendo un helicóptero alquilado para sobrevolar propiedades disponibles».

El periodista norteamericano Jon Lee Anderson describía de esta forma en un número del New Yorker de 1999 un encuentro sobrevenido con dos hombres de negocios españoles a los que él desconocía durante una visita al ex presidente de Panamá Nicolás Barletta, por entonces al frente de una agencia pública hipercorrupta destinada a hacer negocio con los terrenos de la zona del canal. En esa americana macarra de pan de oro de su reportaje encontramos la imagen alegórica que resume la atmósfera moral desde la que se ha gobernado Cataluña durante varias décadas.

Ese «señor Rosillo» es el ciudadano puertorriqueño John Rosillo y, según la investigación de la Policía sobre las cuentas milmillonarias de los Pujol en Andorra, resulta ser «algo más que un testaferro» de la familia. Es el número uno de todos los que han prestado su nombre para contribuir al latrocinio continuado de la gran familia catalana, el primero, el que más. Aquel viaje a Panamá lo hizo con Josep, el tercer hijo del president, cuando Rosillo se encontraba pendiente de ingresar en prisión después de ser condenado por un pelotazo con unos terrenos que multiplicaron su valor con motivo de la construcción de la Villa Olímpica de los Juegos del 92 y sobre los que se desarrolló el barrio Diagonal Mar de Barcelona.

Rosillo era el principal ejecutivo para España de la inmobiliaria estadounidense Kepro y desde esa posición defraudó 1.000 millones de pesetas a Hacienda, en una operación en la que discurrió la utilización de un mendicante que padecía retraso mental notorio como tapadera al frente de una empresa pantalla. Cuando el ardid fue descubierto, Rosillo empaquetó al menesteroso rumbo a Caracas, donde deambuló durante 25 días, desorientado y abandonado completamente a su suerte.

El Tribunal Supremo ordenó en 2002 que entrase en la cárcel. Rosillo ya tenía otra condena, por matar a un joven de 18 años al chocar contra su coche a gran velocidad en el suntuoso Bentley que conducía borracho y puesto de cocaína. Nunca fue a prisión porque escapó del país y fue encontrado muerto en circunstancias inexplicadas en una habitación del Hotel Ambassador de Panamá en 2007. En ese momento negociaba la posibilidad de regresar a España a cambio de aportar a la Fiscalía información de la que nunca se supo.

Este era el clima, así era el ambiente, estas eran las compañías. El periplo vital relatado corresponde a uno de los grandes amigos y socios más cercanos de la familia encabezada por quien mereció el apelativo de muy honorable. En realidad, ya se sabía que la familia Pujol había vivido rodeada de delincuentes: su empresario de cabecera Javier de la Rosa, sus fieles escuderos Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, y así Fèlix Millet, y Jordi Montull, y ahora quizá los Sumarroca y tantos otros. El oasis en el que aparentaba vivir la burguesía nacionalista catalana vinculada a Convergència echaba sus raíces en una ciénaga de mentiras.
31 millones ingresados en metálico

La cifra que se ha conocido esta semana, 31 millones de euros ingresados en metálico en las cuentas que la familia tenía en Andorra, es tan inabarcable que sobrepasa cualquier límite que cupiera en la imaginación para un escándalo de corrupción. Sólo entre 1990 y 2002, mientras Jordi Pujol era presidente de la Generalitat, fueron 2.764 millones de pesetas. En efectivo. ¿Dónde caben 2.764 millones de pesetas en billetes? Aquel relato de telefilme que hizo la ex novia del primogénito, Vicky Álvarez, el de las bolsas de basura repletas de fajos en el maletero, era real. La investigación concede «veracidad» a «todas sus manifestaciones».

Los Pujol eran «una organización criminal, perfectamente asentada y de raigambre familiar», que acumuló un «patrimonio inmenso» gracias a las «aportaciones» de «empresarios necesitados de alguien que dinamizara sus negocios con la Administración pública», según ha concluido la investigación. El dinero, una vez ingresado, «se repartía entre todos los miembros del grupo familiar», extendiéndose en algunos casos «a las parejas sentimentales».

El hijo mayor, Jordi Pujol Ferrusola, actuaba como «conseguidor». Él mismo se autodenomina «dinamizador de negocios». «Señor presidente de la República, me dirijo a usted para felicitarle por su elección», le escribió a Ali Bongo tras ser elegido presidente de Gabón en 2009. Y añadía: «Tuve el honor de proponerle hace cinco años la financiación y electrificación de los proyectos Cap Esterias et FCV / OKONDJA y su ejecución ya está en marcha a través de una empresa española: Isolux. A la vista del estado de las cosas, le confirmo que las empresas españolas y, sobre todo, las catalanas están dispuestas y disponibles para ayudarle a poner en marcha las grandes obras que ha anunciado durante la campaña presidencial». A esto, a engrasar relaciones entre una administración y una potencial adjudicataria, se dedicaba Pujol Jr., sobre todo en Cataluña, donde la ascendencia de su padre sobre todo el aparato político autonómico es imponente.

Precisamente la constructora Isolux y su presidente, Luis Delso, aparecen mencionados por los investigadores como los protagonistas de una de las operaciones más lucrativas: el proyecto turístico Azul de Cortés, en Baja California (México). Para la Policía, se trata de una «operación previamente concertada con fondos de origen espurio». Esto es: un blanqueo. El hijo mayor del ex president invirtió 1,3 millones de euros en 2006 en ese negocio días después de reunirse en un hotel de Madrid con su socio Gustavo Shanahan y con Luis Delso. Dos años después, el constructor, de manera inopinada, compró esa participación por 15,2 millones, permitiéndole así un beneficio del 1.124%. Pero además, la investigación ha detectado facturas abonadas por Isolux a la empresa de Pujol Ferrusola Iniciatives Marketing i Inversions, por importe de 1,9 millones, a cambio de servicios de asesoría que los investigadores consideran falsos: sospechan que los pagos estaban destinados en realidad a facilitar la repatriación de cantidades de dinero negro desde México.

En una primera etapa, según la Policía, los ingresos irregulares de los Pujol eran prácticamente siempre en efectivo. De esas operaciones es casi imposible seguir el rastro. En la última década, cuando empezó a ser más complicado para las empresas acumular las grandes cantidades en metálico que exigían, se encubrieron esos pagos por transferencia bajo la apariencia de relaciones comerciales de asesoría o consultoría. Para las sociedades tenía la ventaja de que podían «clasificar las mordidas como costes empresariales», lo que a su vez tenía un beneficio fiscal, y para Pujol Ferrusola, el dinero llegaba limpio.
11,5 millones abonados por 105 pagadores

De esta época, el juez ha cuantificado 11,5 millones de euros en cobros a través de sociedades instrumentales, abonados por 105 pagadores a cambio de adjudicaciones. La Policía destaca sobre todos a la constructora FCC.

La empresa de Esther Koplowitz realizó 25 transferencias entre 2006 y 2009 por valor de 710.000 euros a la sociedad instrumental de los Pujol Brantridge Holdings, gestionada desde Londres por el fiduciario profesional Herbert Rainford Towning. Después, Pujol Ferrusola facturó a su vez a Brantridge servicios ficticios para recuperar los fondos a través de su empresa Iniciatives.

Los pagos, no obstante, los lidera la constructora catalana Copisa, cuyo ex consejero delegado Xavier Tauler está imputado. Pujol Jr. habría cobrado de ella al menos 3,59 millones de euros en «comisiones y pagos ilegales» simulando la prestación de asesorías inmobiliarias. Es «especialmente significativa la operación de compraventa en Hospitalet de Llobregat, en la que la supuesta intermediaria no sólo no conocía, sino que negó enérgicamente que Pujol Ferrusola hubiera intermediado en la operación. Y menos aún Ramón Gironés, suegro de Pujol Ferrusola, quien apareció por la sede de la empresa poco después de la operación reclamando otra comisión del 3% para sí mismo», expone el juez en una de sus resoluciones.

Una parte de los ingresos de los Pujol se destinaba a productos financieros convencionales. El primogénito no era un inversor brillante: su cartera obtuvo entre 2009 y 2011 una rentabilidad negativa del 19,8%. El talento lo tenía para el blanqueo: «Prácticamente todas las metodologías han sido objeto de utilización por él», señalan los investigadores. Para ello, se sirvió de una «ristra de sociedades instrumentales inmensa», como Shaner Investments, Conter Securities, la panameña Kopeland -una shelf corporation destinada al alzamiento de bienes con la que sacó 2,4 millones de Andorra a México con el procedimiento contra él ya iniciado- o la mencionada Brantridge Holdings.

Suiza habría sido «punto intermedio» para desviar dinero a paraísos fiscales como Bahamas, Liechtenstein, Madeira, Panamá o Uruguay. Y presuntos testaferros como José Baro Puyo o José de Alba Barnola colaboraron extrayendo «ingentes cantidades de dinero desde Andorra para invertir en Suramérica».

La adquisición y posterior venta de acciones de Puerto del Rosario (Argentina) es calificada por los investigadores como una «operación de blanqueo de gran envergadura» que permitió a Pujol Jr. «la entrada en España de capitales limpios». El hijo del ex president adquirió en 2007 el 30% del puerto fluvial de la provincia de Santa Fe por 335.506,46 euros. Cinco años más tarde, vendió su paquete de acciones a la aceitera argentina Vicentín por 7.289.219,13 euros, a pesar de que la explotación se encontraba en quiebra. En una entrevista con este periódico, el socio de Pujol Ferrusola declaró que la inversión real de éste fue de 12 millones de dinero negro procedentes de Suiza, Andorra y Panamá.

Precisamente en Argentina, en la frontera con Chile del Paso de Jama, a más de 4.000 metros de altitud, la policía interceptó en noviembre de 2011 una furgoneta a nombre de Agropecuarias Andorranas. Su conductor guardaba una importante cantidad de dinero en efectivo. Se llamaba Josep Pujol Ferrusola. En cualquier parte del mundo puede haber un Pujol con una bolsa de basura dispuesto a hacer una inversión.

Los Pujol escondían en Panamá más de 2.400 millones

Francisco Mercado. Okdiario 1 Noviembre 2015

Jordi Pujol Ferrusola, al que la Justicia investiga desde 2012, pudo salvar parte de la fortuna familiar por la lentitud judicial: movió más de 2.400 millones desde sus cuentas en Andorra al paraíso fiscal de Panamá.

La investigación sobre los Pujol acredita que el clan escondía en Panamá más de 2.400 millones de euros. Jordi Pujol Ferrusola, hijo mayor del ex presidente de la Generalitat y al que la Justicia investiga desde 2012, movió desde ese año al menos 2.400 millones desde sus cuentas en Andorra a la Kopeland Foundation en el país centroamericano. El último trasvase se produjo en 2014, cuando su padre confesó la fortuna opaca en Andorra y él fue finalmente imputado.

Esos más de 2.400 millones ocultados por los Pujol en América Latina, procedentes del cobro de comisiones ilegales durante 35 años, se aproximan al total que tenían en paraísos fiscales todos los catalanes en 2012, a tenor de su regularización. Y a esa cantidad se sumarían los 900 millones desviados a Belice, según publicó La Razón.

La Justicia, a la que ha llegado esta información por vía extraoficial y ahora tendrá que cursar la correspondiente comisión rogatoria para confirmarlo oficialmente, considera esta actuación “un alzamiento de bienes de libro” producido ante el temor de que sus bienes fueran embargados.

Jordi Pujol Ferrusola tuvo dos aliados para lograr burlar el cerco judicial: el primero, que no pesaba sobre él ninguna medida cautelar. Pese a estar investigado desde 2012, podía moverse a sus anchas porque el juez Ruz no le aplicó ninguna limitación al respecto.

En segundo lugar, el litigio en los tribunales andorranos de la familia Pujol contra el Andbank, al que acusaban de haber filtrado ilegalmente información, hizo que se perdiese cerca de un año en los trámites de la ejecución de la comisión rogatoria.

Jordi Pujol Ferrusola no desaprovechó el tiempo. Envió a miles de kilómetros de Andorra parte de la fortuna familiar oculta. En concreto, a Panamá, a la fundación Kopeland. Los Pujol ponían a cubierto su dinero opaco.

Pero no podían dejar mayor prueba de culpabilidad: mientras proclamaban la legalidad de sus multimillonarios fondos andorranos, los pusieron fuera del alcance de la Justicia española. No confiaban en demostrar la limpieza de ese dinero amasado durante décadas en Andorra al margen del fisco español.

El rastro del dinero descubierto por Anticorrupción lleva a Kopeland. Es una fundación de interés privado panameña. Una perfecta tapadera para esconder dinero.

Esta fundación existía antes de que Pujol Ferrusola la usara para desviar sus capitales ocultos a este destino. Panamá posee el dudoso honor de ser una auténtica factoría de fundaciones para que los no residentes blanqueen el dinero procedente de las más diversas actividades ilegales: desde el narcotráfico hasta la corrupción política pasando por la compra de armas. Pujol jr. compró Kopeland. Las reglas del juego locales hacen innecesarios los disimulos: el bufete que la creó y vendió tiene la misma dirección que la fundación de los Pujol.

Pero no basta ocultar el dinero en una fundación artificial. Los inversores extranjeros clandestinos como los Pujol quieren un segundo cierre de seguridad para impedir que aflore su identidad. Con este fin, Kopeland registra un fundador ajeno a la familia del ex presidente catalán.

El fundador fantasma es Global Services Advisory Limites, una sociedad de negocios con sede en Belice. Casualmente, esta sociedad la creó el mismo bufete que vendió la fundación a los Pujol. Un nuevo sello para ocultar al propietario real: la familia de un ex presidente autonómico que tenía el trato de Molt Honorable.

La sociedad fundadora es una sociedad offshore existente en los países fiscales. Y tiene varias ventajas: se crea con un mero capital nominal, es decir, sin aportar dinero físicamente. El oscurantismo es máximo. Los nombres de los accionistas y propietarios no aparecen.

Una sola pega, el inversor oculto no puede hacer negocios en el paraíso fiscal donde se aloja. Pero Jordi jr. no buscaba ampliar su fortuna desde 2012. Se trataba de salvarla in extremis de la Justicia española. Global Services era una compañía lista para usar. Y el primogénito del clan la usó para ocultar en el refugio que había hallado la fortuna familiar.

Sin embargo, Anticorrupción y la policía han descerrajado su secreto: el auténtico beneficiario de Global Services Advisory Limited es Jordi Pujol Ferrusola. Y él mismo canceló sus cuentas. Desde Andorra desvió determinadas partidas hasta sumar más de 2.400 millones.

El tumbaburros
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 1 Noviembre 2015

¿Por qué llamarán así al diccionario? La respuesta es fácil: porque quien no lo domina o, por lo menos, lo consulta, merece las proverbiales orejas de burro que antaño encasquetaba el maestro al alumno que se hacía acreedor a ellas. El idioma articulado es el principal instrumento puesto a nuestro alcance por la evolución para que nos incorporemos a eso que vagamente llamamos humanidad. Si lo pervertimos, regresamos a la animalidad y, en su ámbito, al rebaño ovejuno de los que balan, trotan y obedecen. De ahí que los totalitarismos y los nacionalismos recurran a la manipulación de la lengua y, en paralelo, a la falsificación de la historia para convertir en súbditos a los ciudadanos. Son sus dos principales trampantojos. Lo han sido siempre. En cuanto al segundo, pues ya saben... La patata, según los bolcheviques, vino de Rusia, y Colón, según los separatistas de la estelada, era más catalán que el pan tumaca.

Y en cuanto al primero, sobran los ejemplos, pues esa inquisición de nuestra época que es la corrección política, vulgo censura, los prodiga. Las últimas lindezas, por ceñirme tan sólo a lo reciente, son la 'desconexión' con la que los de Juntos Por el Sí aluden a la secesión o la 'tercería locativa' con la que Pedro Sánchez se refiere a lo que siempre han sido casas de citas. Ya lo decía el españolito del chiste que vivía en París, volvió a su pueblo, le preguntaron los vecinos que cómo se las apañaba con el idioma y respondió: "Así así... ¡Mira que llamar 'fromage' a una cosa que se está viendo que es queso!".

El pasado 21 de octubre se presentó en la Docta Casa la versión digital y la consulta en línea de la última edición del diccionario de la Academia. Llevaron la voz cantante Darío Villanueva y, en representación de la Obra Social "La Caixa", sin cuyo impulso hubiera sido imposible llevar a puerto un navío de semejante envergadura, Isidro Fainé, presidente del Grupo. Un gallego y un catalán: España de punta a punta. Más de quinientos millones de hispanoparlantes que no quieren calzar orejas de burro acuden ya año tras año a la versión digital del diccionario canónico de la lengua que los une. Se trata, a mi juicio, de la iniciativa cultural más importante de la última década. Reciban quienes la han hecho posible mi gratitud de ser humano, de escritor y de persona libre e igual a cuantas han nacido en España.

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