AGLI Recortes de Prensa   Viernes 6  Novietubre  2015

La historia se tiene que repetir
Enrique Domínguez Martínez Campos  www.gaceta.es  6 Noviembre 2015

Había una nación con una estructura política constitucional y democrática. En ese escenario dominaban la política dos grandes partidos. Con el transcurso de los años la situación política se fue deteriorando como consecuencia, sobre todo, del cada vez más bajo nivel moral y ético de los líderes de ambos partidos así como por el enfrentamiento entre ellos.

Simultáneamente, otros grupos políticos nacionalseparatistas intentaban por todos los medios lograr sus objetivos estratégicos, esto es, minar la unidad de aquella nación hasta lograr la secesión de los territorios que, decían, era de su exclusiva propiedad o, como mínimo, los feudos en los que ellos pretendían ser sus únicos amos.

En este tiempo de grave deterioro político surgió, además, un partido de masas revolucionario, marxista y antisistema, es decir, dispuesto a liquidar la legalidad constitucional existente para implantar su propio régimen.

Alrededor de esta situación general había otros aspectos que la enrarecían aún más, que la perturbaban, hasta el extremo de que las personas normales, corrientes, estaban más que hartos de la situación en que los políticos habían llevado a la nación que habitaban. Porque habían sido ellos, los políticos, los detentadores del poder, quienes, año tras año, habían ido conduciendo a aquella nación hacia una situación de imprevisibles consecuencias. Pero con la particularidad de que todos aquellos partidos y grupos políticos tenían sus incondicionales seguidores o sus fanatizados adeptos.

Estoy seguro de que, con sólo estas pinceladas, todo el mundo se habrá dado perfecta cuenta de la nación a la que me refiero. Efectivamente, me estoy refiriendo a España. Pero, discúlpenme: no me estoy refiriendo a la España de hoy sino a la situación que estuvo viviendo nuestro país durante las dos primeras décadas del siglo XX.

En un escenario socioeconómico, tecnológico e internacional muy diferente del de aquellos años, no me negarán que la situación política interna de nuestro país –entonces y hoy- es extraordinariamente parecida aun con todas las matizaciones que ustedes quieran.

Y el enfermo –España- fue agravándose de tal modo, en virtud de la irresponsabilidad de los médicos –los políticos- que decían cuidarla que, finalmente, tuvo que ser conducida al quirófano para padecer y sufrir una horrible operación que duró nada menos que tres años. Por eso, el proceso de su convalecencia fue muy largo, casi cuarenta años. Y, gracias a esa convalecencia, aquel enfermo –España- no sólo se había curado y restañado sus heridas sino que se había convertido en una persona cuya salud era excelente y con unas posibilidades de futuro envidiables.

Pero, ¿acaso los médicos –los políticos- había aprendido u obtenido una definitiva lección de cómo y con qué medicamentos tratar a aquella persona que, a pesar de su buena salud –España-, debería seguir siendo tratada con mismo y con una gran dosis de sentido común para que no volviera a recaer en la misma enfermedad? Hubo sólo un momento, un paréntesis, cuando el enfermo terminó su convalecencia al que todos llamaron Transición. Fue entonces cuando los médicos –los políticos- se pusieron aparentemente de acuerdo para recetar a aquel enfermo ya sanado un tratamiento –la Constitución de 1978- con el que dijeron que jamás volvería a sufrir la enfermedad que había padecido en aquellas primeras décadas del siglo XX.

Sin embargo, aquel tratamiento adolecía de unas imperfecciones que, a largo plazo, serían letales para la persona -España- a la que estaba destinado. Los médicos –los políticos- lo que se aseguraron con aquel tratamiento fue su propio beneficio a base de estatificar ese tratamiento con diferentes niveles para que todos ellos, y muchísimas personas más, se aseguraran un trabajo del que obtuvieran el mayor rédito posible a largo plazo, aun en contra de la salud del enfermo.

De ahí que, desde aquella edulcorada y sublime Transición, año tras año España fue recayendo en la misma enfermedad política interna que había padecido 100 años atrás. Y es que los políticos, además de no haberse querido enterar de lo sucedido entonces, de las profundas raíces de la enfermedad padecida por nuestro país, alentaron a que intelectuales, politólogos, comentaristas y periodistas y la práctica totalidad de los medios de comunicación, tergiversaran, manipularan e, incluso, se enterrara la Historia de España. Y el adagio siempre se cumple: “el pueblo que desconoce su propia Historia está condenado a repetirla”. ¿No la estamos repitiendo 100 años después?

Recuerdo que hace tres o cuatro años escribí un artículo referente al desconocimiento generalizado de nuestra Historia por la gran masa del pueblo español. Y entonces decía lo siguiente: “Toda nación, cuya élite política e intelectual mantenga la tesis de hacerla sobrevivir a base de sustentar su Historia en multitud de mitos y estereotipos, está condenada al fracaso”.

En este sentido es imprescindible recordar la situación de la enseñanza en España. Regida por leyes exclusivamente socialistas –hasta ahora- los resultados del nivel educativo en nuestro país nos sitúan a la cola del informe Pisa. Es terrible, también, que ni una sola Universidad española esté situada dentro de las 150 primeras del mundo. Y, en relación con nuestra Historia, desde hace unos 45 años la historiografía izquierdista ha sido la que más ha influido en la manipulación de la misma y en la mitificación de hechos que son irreconocibles cuando se estudian en profundidad y con objetividad.

Con estos mimbres tampoco debe extrañarle a nadie lo que sucede en el ámbito de lo que algunos denominan como “casta política”. A lo largo de los últimos 200 años, terminada la Guerra de la Independencia, no he encontrado en nuestra Historia a un solo político español con responsabilidad de gobernar nuestro país al que pueda darse el título de estadista, es decir, de gobernar por y para todos los españoles y con la vista puesta en el bien común de todos ellos a treinta o cuarenta años vista. El cortoplacismo de sus actuaciones ha sido, también, otra causa más de la repetición de hechos históricos que tendrían que darse por superados pero sin tergiversarlos ni enterrarlos.

Por tanto, ¿cuál es el panorama político español a finales del siglo 2015?

*Dos grandes partidos políticos desprestigiados por el incumplimiento de sus promesas electorales, por sus coqueteos con los nacionalseparatistas (e, incluso, con los proterroristas y grupos antisistema) y por el devastador efecto de la corrupción. Enfrentados entre sí, pero sólo hasta el punto de que no corra ningún riesgo el reparto del poder y de la infinidad de puestos de trabajo que ocupan ellos y sus amigos.

*Con tres grupos nacionalseparatistas cuyo objetivo fue, es y será, siempre –mientras no se les convenza de lo contrario-, la secesión de España de los territorios en los que ellos predican su evangelio.

*Con nuevos partidos o movimientos políticos, aupados al estrellato a través de determinados medios de comunicación e intereses económicos, para complicar aún más la deteriorada situación política española. Uno de ellos, marxista –leninista, que pretende recubrirse de piel de cordero pero, sin lugar a dudas, revolucionario y antisistema.

*Y con un pueblo profundamente desconcertado, saqueado a impuestos para mantener cinco administraciones públicas, sin tener una noción clara de unidad y, por tanto, dividido no sólo por el nacionalseparatismo en determinadas regiones sino por el “cantonalismo autonómico” inventado en la Transición.

Esta es, la realidad de una situación que tiene que terminar en unas próximas elecciones generales cuyos resultados son absolutamente imprevisibles, con el consiguiente daño que ello representa para la estabilidad y credibilidad de una nación como España que no ha terminado aún de salir de una crisis económica brutal y que puede entrar en una crisis política aún peor.

Intentaré en algún próximo artículo analizar las posibilidades a las que podemos aferrarnos para evitar repetir hechos históricos por los que ya hemos pasado y que resultan de todo punto indeseables.

El límite de la democracia
Jesús Laínz Libertad Digital  6 Noviembre 2015

A pesar de Waterloo, desde el fracaso de la Restauración de 1815 quedó claro que la participación del pueblo en la toma de decisiones políticas no tenía marcha atrás en eso que suele llamarse Occidente. Pero sus mismos partidarios, los liberales de la época, fueron conscientes de sus inconvenientes y contradicciones. Ya Feijoo había advertido medio siglo antes de que eso de vox populi, vox Dei era más que cuestionable, dado que el vulgo se limita a repetir con torpeza y superficialidad lo pensado por otros. Y a los sostenedores de la soberanía nacional frente a la real se les puso cuesta arriba defender la sabiduría de un pueblo que no se había alzado contra los franceses en defensa precisamente de la democracia, sino de los derechos del trono y el altar, y que, sobre todo, apoyó con entusiasmo las políticas absolutistas del infame Deseado.

Los liberales decimonónicos, a pesar de la rousseauniana consideración del pueblo como instintivo depositario de los valores más sanos de la nación, desconfiaban del que, según las circunstancias, también llamaban populacho, por verle como una fuerza brutal cuyas opiniones dependían de quién consiguiera influir en su voluntad en cada momento. Larra llegó a escribir: "La opinión pública necesita encaminarse hacia el bien: es un ciego bien intencionado; es preciso dirigir su palo". Incluso explicaron su fracaso tras la Guerra de la Independencia mediante el argumento de que la propaganda liberal, canalizada a través del papel impreso, no había podido penetrar la barrera del analfabetismo, mientras que la propaganda absolutista, diseminada oralmente desde los púlpitos, había podido llegar hasta el más ignorante.

Por todo ello llegaron a la conclusión de que sin la suficiente formación no era posible la democracia y de que la soberanía nacional sólo podía residir en la parte educada de la sociedad, no en un conjunto formado mayoritariamente por plebe ignorante. De ahí su apoyo al sufragio restringido y su empeño en arrancar la educación de manos del clero y en hacerla llegar hasta el último rincón del país.

En otras partes de Europa sucedió algo parecido. Por ejemplo, los liberales británicos que consiguieron implantar el sufragio universal a principios del siglo XX se lamentaban de que una cosa era la alfabetización universal y otra muy distinta el porcentaje de personas capaces de reflexionar antes de emitir su voto. Además, se sintieron desconcertados ante la constatación del hecho de que la mayoría de los nuevos electores estaban más interesados en apostar a las carreras que en depositar su voto, lo que, unido a la creciente influencia de los deportes de masas y la prensa sensacionalista, oscurecía el horizonte de las sociedades democráticas. Respecto a lo que sucedía en la otra orilla del Atlántico, a Rudyard Kipling le pareció sorprendente que, en los Estados Unidos de su época, cualquier ciudadano, aun incapaz de regir una familia, educar a los hijos o ganarse la vida, aun borracho, disoluto o tonto de nacimiento, pudiera pasarse la vida votando sobre un montón de asuntos ignorados por él.

Todavía durante el primer tercio del siglo XX abundaron las páginas escritas, entre otros, por Ortega, Baroja, Unamuno o Azorín explicando, con argumentos y vocabulario hoy escandalosos, su desconfianza hacia unas masas ignorantes y manipulables que podrían superar en brutalidad al peor de los tiranos. Y, para conseguir la implantación del sufragio femenino, Clara Campoamor tuvo que enfrentarse a buena parte de la izquierda opuesta a ello por considerar que las mujeres se hallaban cautivas del confesionario y, por lo tanto, demasiado inclinadas a votar a la derecha.

En el siglo XXI el paisaje ideológico ha cambiado notablemente: hoy la influencia del púlpito ha desaparecido y el nuevo dios es la televisión. Pero la esencia del fenómeno, la manipulabilidad de las masas, su dependencia de las modas ideológicas y su preferencia por la sensiblería frente a la reflexión, sigue intacta. Por ejemplo, algunos periódicos acaban de airear un estudio sociológico según el cual un porcentaje notable de los votantes indecisos se concentra en el sector de las mujeres de mediana edad. Según dicho estudio, en sus manos estará la decisión sobre el partido vencedor de las próximas elecciones generales. Si fuese cierto, Rajoy probablemente debiera ir preparando su jubilación, pues en belleza, juventud y simpatía, influyentes factores de adscripción política, no parece tener mucho que hacer frente a Sánchez y Rivera.

Pero la manifestación más evidente del fenómeno es el apabullante lavado de cerebro perpetrado por los separatistas mediante la utilización partidista de las herramientas de gobierno puestas en sus manos por el Estado de las Autonomías. En su clásico estudio sobre el totalitarismo, Hannah Arendt señaló que los movimientos totalitarios consiguen construir "una sociedad cuyos miembros actúen y reaccionen según las normas de un mundo ficticio". No es fácil describir mejor el estado anímico de millones de catalanes convencidos de que hay que odiar a España por culpa de una invasión acaecida en tiempos de Felipe V. Y a partir de ahí todo un fabuloso edificio de mentiras, imaginaciones y paranoias situadas más allá del debate.

La anticonstitucional inacción de un gobierno nacional tras otro ha logrado que los ingenieros sociales separatistas hayan podido inocular su ideario, desde su más tierna infancia, a millones de ciudadanos. Pero no mediante el conocimiento, sino mediante la manipulación; no mediante la información, sino mediante la ocultación; no mediante la reflexión, sino mediante eslóganes repetidos machaconamente; no mediante la libre discusión, sino mediante el acallamiento de las voces discordantes; no mediante la educación, sino mediante el adoctrinamiento; no mediante el razonamiento, sino mediante eficaces mecanismos sentimentales como los cantos, los himnos, las banderas, los desfiles, las antorchas, el repique de campanas, los gritos, los arrebatos, los gestos, las poses y las lágrimas.

Y lo más sonrojante de todo es que los autores de esta manipulación a gran escala acusan a sus opositores de enemigos de la democracia.

Una izquierda disparatada y peligrosa
EDITORIAL Libertad Digital  6 Noviembre 2015

España no está, ni mucho menos, fuera de peligro. Las bases de la recuperación económica siguen siendo endebles, con una deuda pública próxima al 100% del PIB, un déficit del 6% en 2014, a la cabeza de la zona euro, una de las deudas externas más elevadas de la OCDE y con una economía excesivamente intervenida por los políticos, lo cual dificulta en exceso la creación de riqueza y empleo. Pero el riesgo es mucho mayor si cabe, tras observar la nefasta deriva que ha emprendido la izquierda española en los últimos tiempos, ya que sus protagonistas poco o nada tienen que envidiar a los políticos que provocaron el corralito en Grecia o a los causantes del profundo caos económico y social que sufren países como Argentina o Venezuela desde hace años.

La izquierda española no sueña con imitar el modelo socialdemócrata del centro y norte de Europa, sino que pretende seguir los pasos del socialismo más aberrante y ruinoso, el mismo del que beben peronistas y chavistas en Hispanoamérica o los escasos vestigios comunistas que aún sobreviven en el Viejo Continente. Las caras de la extrema izquierda en España son nuevas, sí, pero sus ideas antiguas y sobradamente probadas. Podemos e Izquierda Unida, con Pablo Iglesias y Alberto Garzón al frente, concurrirán a las elecciones generales de diciembre en listas separadas, pero con programas económicos casi calcados.

Ambos coinciden en la necesidad de disparar el gasto público en más de 50.000 millones de euros al año, como mínimo, una cantidad equivalente al 5% del PIB, en base a unas previsiones de recaudación absolutamente irreales. Que un partido abogue por semejante despilfarro cuando las arcas públicas aún presentan un agujero fiscal del 6% ya es grave, pero que, además, lo hagan arguyendo que su financiación es posible subiendo tan sólo los impuestos a los ricos supone un insulto a la inteligencia de todos los españoles. Para recaudar los 60.000 ó 70.000 millones extra anunciados por Iglesias y Garzón,España tendría que disparar los impuestos indirectos, esquilmando aún más a las clases medias, que es donde se concentra el grueso de los ingresos tributarios.

El problema, sin embargo, es que su modelo es mucho peor, ya que su idea consiste en implantar el gran Estado y los elevadísimos impuestos que aplican Suecia o Dinamarca, pero sin la inmensa libertad que disfrutan sus economías, fuente original de su riqueza. De hecho, tanto Podemos como IU abogan por todo lo contrario. Es decir, intensificar el brutal intervencionismo que ya padecen las empresas y familias españolas mediante una mayor rigidez laboral, el control estatal de grandes sectores y empresas, la nacionalización de banca y eléctricas, la violación de la propiedad privada, o la fijación de rentas mínimas y sueldos máximos, entre otras muchas barbaridades cuya aplicación sería garantía de ruina, quiebra y, en última instancia, la funesta salida del euro. Un sector público mucho más grande, con unos impuestos mucho más altos y una economía mucho más estatalizada... La receta perfecta para el desastre.

Y lo más trágico es que ni siquiera la actual dirección del PSOE parece mostrar un atisbo de racionalidad y moderación en este ámbito, ya que su programa electoral es tan ambiguo y difuso que todo cabe en él, desde el razonable modelo socialdemócrata de los nórdicos hasta el paupérrimo régimen bolivariano que mantiene vigente Nicolás Maduro en Venezuela. Pero el hecho de que Pedro Sánchez anunciara que una de sus primeras decisiones en caso de salir elegido sería derogar por completo la reforma laboral del PP, la única medida positiva digna de mención en materia económica que ha protagonizado Mariano Rajoy, es una muestra inequívoca de que la izquierda española se ha echado, definitivamente, al monte y no tiene intención alguna de volver. España ha alumbrado en los últimos dos años una izquierda disparatada y peligrosa que camina directa hacia el precipicio, arrastrando con ella a los españoles en caso de gobernar.

El Tribunal Constitucional favorece al separatismo
Editorial  www.gaceta.es  6 Noviembre 2015

El Tribunal Constitucional ha decidido permitir que siga adelante el espectáculo de la secesión catalana. El TC admite a trámite el recurso de amparo interpuesto por Ciudadanos, PP y PSC contra la moción separatista del Parlament, pero no dicta medidas cautelares, de manera que la asamblea autonómica catalana podrá votar sin obstáculo alguno una moción que apuesta por la “república independiente de Cataluña” y, entre otras cosas, proclama la desobediencia al propio Tribunal Constitucional. No es fácil entender lo que está pasando.

Cada vez que un tribunal toma alguna decisión políticamente inconcebible, los medios de comunicación se llenan de periodistas convertidos en expertos juristas que justifican el despropósito en nombre de argucias de tipo formal, procedimental o de cualquier otro género. Así ha ocurrido también en este caso, donde los argumentos empleados por el TC son tan periféricos, tan externos a la nuez política del problema, que exigen una fe de carbonero.

El TC dice –o viene a decir- que no puede pronunciarse sobre algo que no ha pasado. Pero no es verdad, porque el propósito de proclamar la desobediencia civil e institucional ha sido formulado claramente y a la luz pública. ¿Quiere decirse que sólo pueden juzgarse los hechos consumados y no las amenazas? Los señores magistrados del TC bien saben que no. También dice el TC dice que no hay precedentes de paralización de una iniciativa parlamentaria autonómica. Cierto, pero tampoco hay precedentes de una declaración de independencia por una asamblea local. Se mire como se mire, la argumentación del Tribunal Constitucional suena a efugio desde a primera línea hasta la última: “no me paséis a mí la patata caliente –viene a decirles el Tribunal a los partidos- y resolvedla vosotros solitos que para eso hacéis política”.

El planteamiento sería comprensible si no fuera porque el Tribunal Constitucional no es un tribunal jurídico propiamente dicho, sino un órgano esencialmente político: ocho de sus miembros los eligen las cámaras, dos el Gobierno y dos el Poder Judicial, que a su vez es elegido por los partidos. La propia función del Tribunal tiene mucho más que ver con la política que con el derecho, y así, en nombre de criterios exclusivamente políticos, ha podido retorcer la letra de la propia Constitución y legislar reiteradas veces contra el derecho vigente y, aún más, contra el sentido común. ¿Hablamos de la expropiación de Rumasa, de las políticas de “inmersión lingüística”, de la legalización de Bildu y de Sortu, de los “matrimonios homosexuales”, de la reiterada inhibición de hecho sobre la cuestión del aborto? Si el Tribunal Constitucional está tan desprestigiado como está, es precisamente porque sus veredictos son más políticos que jurídicos. Llama poderosamente la atención que ahora, en este asunto, los señores magistrados y las señoras magistradas se cojan las puñetas de la toga con papel de fumar.

El hecho es que, por un prurito formal de neutralidad en el procedimiento, el Tribunal Constitucional ha regalado al separatismo catalán el espectáculo de un parlamento autonómico votando por mayoría la separación de España. Cuando el atentado contra la unidad nacional se haya consumado, el Gobierno lo recurrirá ante el TC y éste, con toda seguridad, dictaminará en contra. Pero entonces, cuando la moción separatista vuelva al Tribunal, ya no será una simple pretensión de un parlamento constituido de manera irregular, sino la decisión formal de una asamblea que, por tanto, podrá exhibir en su favor el argumento de la legitimidad democrática.

Cuanto más se tarda en cortar por lo sano el proceso separatista catalán, más engorda éste y más difícil es frenar el desgarro del tejido nacional español, ya ostensiblemente deshilachado. A veces da la impresión de que el Sistema de 1978 tiene en su interior una leyenda semejante a la de los artefactos explosivos en las películas de espías: “Este Sistema se autodestruirá en cuarenta años”.+

Un bando para la banda.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital  6 Noviembre 2015

No parecía muy difícil haber acertado de pleno sobre lo que el TC iba a “evacuar”, pues como dije los antecedentes parecían señalar una obviedad de un supuesto respeto a una democracia inexistente. Lo ilegal fue una decisión aprobada en una Junta de Portavoces incompleta y su tramitación para que se celebrara el Pleno. Por cierto, que esa resolución ha sufrido un cambio mediante un anexo introducido hoy mismo en el que se amplían las leyes que deberán ser promovidas por el nuevo Gobierno de la Generalidad que salga el lunes como parte del “mandato” del Parlamento de Cataluña. Otra evidencia de que la Mesa de ese Parlamento dominada por los secesionistas hace y deshace a su antojo y se salta la legalidad y el reglamento como le viene en gana. Ha sido un espectáculo vergonzoso comprobar que la Institución guardiana de mantener el orden constitucional ha hecho una dejación flagrante de su responsabilidad al no suspender cautelarmente un pleno secesionista escudándose en unos derechos que los convocantes no han tenido ningún reparo en despreciar y violar.

¿Y ahora qué? Pues tenemos nada menos que una advertencia del TC a la Mesa del Parlamento “es la propia Cámara autonómica catalana a la que corresponde velar por que su actuación se desarrolle en el marco de la Constitución” y se autoafirma en su legitimidad con “El contenido de las disposiciones o actos emanados de un poder público no menoscaba la integridad de las competencias que la Constitución encomienda a este Tribunal, que ejercerá cuando proceda con prudencia y determinación”. Igualmente la vice, hormiguera jacarandosa, advierte que el Gobierno actuará de forma fulminante ya que “Si ese lunes se celebra ese Pleno y se aprueba esa declaración, desoyendo las advertencias del Tribunal Constitucional, iremos inmediatamente a los Tribunales y que a nadie le quepa ninguna duda que esa declaración no producirá ni uno solo de sus efectos. Pueden inventarse todas las cláusulas que quieran. Dicen que el papel lo aguanta todo, pero la Constitución, las leyes, este Gobierno no lo va a permitir”.

Es verdad que el papel como las demostraciones matemáticas lo aguanta todo, hasta el signo de infinito, las igualdades absurdas e imposibles y el número pi. Pero lo que no se aguanta es la mentira, ya que lo escrito solo se puede modificar mediante el borrado, tachado o raspado. Este Gobierno si se ha caracterizado por algo ha sido por incumplir todas y cada una de las promesas en forma de Programa de gobierno para la legislatura reflejadas en el papel y que eran leídas y declamadas en cada mitin electoral, para una vez alcanzado el poder usar ese papel como papel higiénico destinado a las cloacas. Ese es el valor que algunos dan a lo escrito, entre otros al texto que debería ser como las Tablas de la Ley esculpidas en piedra, la Constitución. Todos la nombran y todos la desprecian y la incumplen. Por otro lado ¿Qué valor tienen las promesas de que esta vez sí que harán lo que anteriormente dijeron que iban a hacer y no hicieron? Las palabras antes se las llevaba el viento pero ahora permanecen en millones de archivos multimedia, vídeos y videotecas y aunque se pueden manipular, recortar y pegar, siempre quedan originales vírgenes que sirven como testigos incómodos de cargo contra quien pronució esas palabras.Basta de mentiras.

La evidencia de que la respuesta del TC ha sido decepcionante es que los secesionistas están contentos y han aprovechado la oportunidad para completar con un anexo a las cláusulas que la vice dice que no van a surtir efecto. Es un error pensar que este desafío se va a solucionar por otra vía diferente de la que se vio forzado a tomar el Gobierno de la República en 1934 frente a las sublevaciones. Para hacerse una idea basta leer el bando del General de División Domingo Batet y Mestres:

“Que de conformidad con lo prevenido en decreto de esta fecha recibido a las veinte horas, queda declarado el estado de guerra en todo el territorio de la región catalana, y asumo, por tanto, el mando de la misma, estando dispuesto a mantener el orden público a todo trance, empleando al efecto cuantas medidas de rigor sean necesarias, esperando de la sensatez y cordura de los ciudadanos que no llegue a precisar su empleo, y que por parte de todos con su civismo y amor a la República, contribuirán al restablecimiento de la paz perturbada.

De acuerdo con los preceptos de la Constitución, Ley de Orden Público, Código de Justicia Militar y Orden de 6 de enero de 1934, después de requerir a los rebeldes y revoltosos a deponer su actitud para quedar exentos de pena, los que no sean jefes, si lo hacen en el término de dos horas a partir de la publicación de este bando, y a cumplir todo lo que en él y en las prevenciones anexas se dispone…”

Estamos en otros tiempos y creo que bastará con conminarles a deponer su actitud antes de que las FFyCCSE, se vean obligadas a actuar para detener a los delincuentes, aunque nunca se sabe hasta dónde puede llegar la locura. Se sabe como se empieza pero nadie puede prever como acabará.

¡Que pasen un buen día!

Cataluña, crónica de una muerte anunciada
Vicente Baquero  www.gaceta.es  6 Noviembre 2015

Nadie en su sano juicio, y la debida honestidad intelectual, puede negar que lo que está ocurriendo ahora, se veía venir desde hace mucho tiempo, concretamente ya despuntó en la redacción de la propia constitución, no ha sido la diligencia y entusiasmo de los separatistas, lo que les está permitiendo cumplir su calendario de secesión, sino la pasividad escandalosa de los gobiernos centrales y la indiferencia del resto del país. Los artífices de la constitución pecaron por ingenuidad o desconocimiento de las bases, sentimientos y objetivos últimos del separatismo decimonónico vasco y catalán, al dejar una puerta abierta a una España de taifas.

Las transferencias de materias troncales de enorme trascendencia social, a la hora de estructurar un país como son la educación, la sanidad, la justicia, o la gobernación, fueron instrumentales en su poder para desbancar un sentimiento y una disciplina unitaria. Es evidente que si alguien es católico, luterano, musulmán o budista es porque así fue educado y moldeado. No se puede pretender que unas generaciones indoctrinadas desde la infancia en la idea separatista, vayan a reaccionar ahora de manera diferente a la que están reaccionando, puede haber excepciones sin duda, la racionalidad está por encima de la indoctrinación, pero esas minorías pensantes, son eso: minorías, y poco peso tienen en un sistema político cuyo eje cardinal y exclusivo es el sufragio universal. Igualmente habría que atribuir una parte importante de culpa al resto de la nación española, que en esa dispersión educativa intencional, cada “autonomía su propia historia”, ha devaluado las ideas esenciales del país y levantó unas barreras culturales entre las mismas, un vicio histórico de la izquierda española es no identificarse con España como unidad nacional, no vale como disculpa que la derecha tradicional haya instrumentado a su vez el tema en sentido contrario, la idea de España estaba al alcance y podría ser esgrimida por ambos bandos. Lo que ocurre es que solo un bando la tomo como eje de su campaña. Lo grave, más que la ignorancia del vecino, ha sido la indiferencia hacia lo que al vecino le pase.

El que sucesivos gobiernos centrales, con objeto de apoyarse en los votos de los partidos nacionalistas, hayan hipotecado el destino de las poblaciones no nacionalistas, de las regiones en cuestión, es un delito de lesa majestad. Durante más de treinta años, a los vascos que tuvieron que exiliarse, a aquellos que tuvieron que seguir viviendo en su tierra bajo una presión insoportable de los medios nacionalistas, a los catalanes arrumbados que se sentía españoles, y querían seguir siéndolo, se les abandonó a los pies de los caballos, se les obligó a hocicar o exilarse por un afán electoralista. ¡No vengan ahora con discursos patrióticos porque han perdido la autoridad moral para reclamar comprensión!

La batalla comenzó a perderse en el momento que en un noticiero de ámbito nacional, hablado en español, se empezó con esa cursilería de Lleida y Girona…

Es cierto que el actual gobierno tiene una parte de culpa en esta tragedia, por inacción, pero este no deja de ser el último capítulo de una historia envenenada, de la que Rajoy no es ni el único ni mucho menos el más responsable. Lo son los políticos elegidos, pero también el resto del pueblo español. Se ha estado intentando evitar un choque frontal que pueda desembocar en una manifestación de violencia, la intención puede ser loable, pero hay que ver a quien se tiene enfrente y reconocer hasta donde hemos llegado y el programa que pretenden poner en marcha, no nos engañemos, van a tener que utilizarse medios coercitivos, aunque estos produzcan violencia y un nuevo brote de ese sentimiento que algunos denominan “victimismo” para justificar la inacción. No podemos olvidar, y si no que se lo digan a aquellos que han tenido que abandonar su tierra huyendo del totalitarismo separatista ¿Acaso eso no es violencia también?

En un mundo como en el que estamos, bastarían medidas económicas para paralizar el funcionamiento de la maquina separatista, intervención de cuentas y replanteamiento de los medios de información, recordemos cómo no se volvió a oír hablar de manifestaciones en la calle en Grecia después del corralito. Un motor al que no se le pone gasolina se para. Podrán manifestarse, crear desorden, violencia en la calle, protestas airadas. Caos durante unos días pero no más…La ira del catalán acomodado – es un pueblo maduro que vive razonablemente bien - por muy separatista que sea la ira violenta le dura poco, la otra… Veremos lo que se tarda en recomponer emocionalmente el disparate educativo y de indoctrinación sentimental que ha ido construyéndose a lo largo de los últimos treinta y cinco años.

Los enemigos íntimos
En ningún país de Europa se tolerarían partidos cuyos objetivos son destruir el Estado. Aquí los financiamos
Hermann Tertsch. ABC  6 Noviembre 2015

Lo habitual en el hombre moderno es tener unos pocos amigos que, con fortuna, no cambian a lo largo de la vida. Son los amigos íntimos, permanentes. Mientras que los enemigos personales suelen cambiar, según circunstancias. Al Estado le pasa al revés. Los amigos pueden y deben cambiar por las circunstancias. Porque son definidos por los intereses nacionales. Los enemigos, si son otros estados, pueden también cambiar según se mueve la historia. Pero hay determinados enemigos invariables. Son como los amigos íntimos de las personas, los enemigos íntimos del Estado que jamás cambian. Los que todo estado, con su lógica y esencial vocación de permanencia, tiene que combatir de forma implacable. Son los enemigos que cuestionan el carácter, la esencia, la integridad y la razón misma del Estado. Con ellos no hay pacto posible. Porque su razón de ser es la desaparición de ese Estado.

Tolerar o fomentar a ese enemigo equivale a la sentencia de muerte para el Estado, sea férrea dictadura, impecable democracia o satrapía tribal. Una dictadura comunista no puede tolerar un líder con escrúpulos para usar la fuerza. Si no quiere dejar de existir. La URSS no tenía voluntad de subsistir ya en 1989. Permitió que Mihail Gorbachov tolerara a los enemigos de la URSS en sus satélites esclavizados. Dos años después era historia. China en aquel mismo año tenía firme voluntad de permanencia y no dudó en organizar en Tiananmen la sangrienta ceremonia que la reafirmaba. Hoy, 25 años después, la solidez de la colosal dictadura sigue intacta. La dictadura chilena se autodisolvió con un referéndum organizado por el propio dictador cuando se habían cumplido quince años desde el golpe. Pinochet consultó a los chilenos si debía continuar otros ocho años. Se le dijo que no y se fue. La dictadura castrista en Cuba va a cumplir sesenta años y los dos sátrapas no tienen intención de someter a consulta su permanencia. Quienes cuestionan su dictadura son aplastados sin piedad.

En las democracias pasa lo mismo. Las que no combatan a sus enemigos íntimos están cavando su tumba. España sabe hoy mucho de eso. Cabalgando hábilmente sobre una terrible tragedia inexplicada llegó al poder un presidente del Gobierno que cuestionó la nación de la que emana el Estado. Y cultivó a todo enemigo que este Estado tuviera. Trató como amigos a los terroristas que mataban españoles y como aliados a todas las fuerzas decididas a destruir España y romperla en muchos estados, reprimir su lengua, aplastar la verdad y manipular la historia. Aquel presidente abrió, con su llamada de rencor a la revancha, una herida apenas cicatrizada de una terrible guerra entre españoles. Instauró generadores de odio en las aulas y las televisiones y el discurso oficial del resentimiento para que la herida fuera cada vez más grande, pestilente y supurante. Ninguna institución quedó indemne del daño inabarcable del Atila de León.

Todas las debilidades de nuestra democracia se multiplicaron. Hoy sabemos que en el puesto de jefe máximo de las Fuerzas Armadas puso a un enemigo de la Monarquía, del Estado y de la Democracia. El interesado lo negará, pero con los enemigos está y se excluye una súbita caída en la Puerta de Damasco. Nuestra seguridad y nuestra información más sensible han estado en las manos de quien ahora se revela como socio de quienes han sido y quizás aún sean empleados de un régimen narcocomunista, encargados asalariados de su franquicia política e ideológica. En ningún país de Europa se tolerarían partidos cuyos objetivos son destruir el Estado. Aquí los fomentamos y financiamos. No podemos, por tanto, extrañarnos de que el enemigo íntimo logre penetrar el Estado no solo por las cloacas, sino por los puestos de mando.

La gran mentira de los Presupuestos del Estado
Antonio García Fuentes  Periodista Digital  6 Noviembre 2015

Si por un milagro se atreviesen a decir la verdad; tendrían que de inmediato tirar la toalla, pedir perdón por lo que nos han hecho y luego irse al anonimato del que nunca debieron salir. Pero como aquí “no dimite ni dios” y menos reconocen sus desaciertos; todos “se montan en la mentira, creando una sarta interminable de embustes y falacias y a voz en grito y el ya absurdo “y tú más”, salen a la palestra que les paga el dinero público que nos detraen en detrimento de muchas cosas que más necesarias necesitan España y los españoles; y lucen todas sus caras duras, amparados en que la mayoría de los que tendrían que criticarlos desde fuera (en especial esos mal llamados medios de comunicación) no lo hacen, o lo hacen de forma tan sesgada y tan “tertulianera” (formada y conformada con tertulianos que “ni chicha ni limoná” y que viven y vegetan de ese teatro montado para entretenimiento de los tontos), que parecen más asociados “a la gran mentira”, que dispuestos a descarnar “el jamón” y dejar al aire la realidad del mismo, que hoy es “un jarrete, o tocón descarnado, de cuyo esqueleto acaso no saldría ya ni un mal caldo”.

De esa realidad que “los más despiertos ven a poco que abran los ojos, o intuyen hasta los más lerdos; nos quieren de nuevo engatusar para que elijamos a los que de ninguna de las maneras merecen el confiarles, ni la recogida de las papeleras y basuras orgánicas que se tiran cada día, procedentes de los miles y miles de oficinas y similares del inmenso aparato oficial que nos han creado, los que eso sí, “han sido únicos en crearnos cargas y gravámenes, como ningún otro sistema político en España se atreviera nunca”. Han llegado hasta cargar con un impuesto de la quinta parte (20 %) a los premios de “las cien loterías” que funcionan ya en España, cosa que nadie se atrevió nunca a gravar más de lo que ya las grava el Estado… “ni en los tiempos de más miseria de la época más negra de la posguerra civil y mandando Franco, se atrevieron a tanto”; en los impuestos y obligaciones simplemente “nos han tiranizado”.

A pesar de todo ello y muchas cosas más, andan gritando, tanto los del PP, como los del PSOE, incluso los ya “rebeldes” separatistas catalanes y vascos; como que ellos son la solución de España y no la “disolución y ruina total” de este desgraciado territorio, que aún se conoce como España, pese a la enorme gangrena que se lo va comiendo y sin que ni los que tienen el poder (es un decir) quieran tomar conciencia de lo que sería (es) su verdadera obligación de gobernantes y como tales conservadores de la identidad de una nación que se conformó como tal, en el S. XV.

Veamos un texto que he copiado, dejándoles la dirección para que lean el resto, puesto que todo el conjunto es “tremendo” por lo descarnado del mismo; esperemos que los pocos que nos atrevemos a decirle “al pan, pan”, sirva para algo positivo y para que el rumbo hispano, tome la dirección que necesitamos como nación.

“Déficit 2015: peor que el 4,5% de la Comisión: El nuevo Gobierno tendrá que tirar a la basura los Presupuestos de Rajoy y elaborar otros nuevos. Lo que salga de ahí obligará a un cambio drástico en el Estado de bienestar o a un recorte del despilfarro. El comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscivici. (EFE)

"De alumno brillante a tonto de la clase”, así definía el 'New York Times' el varapalo de la Comisión Europea diciendo que España no cumplirá sus objetivos de déficit ni en 2015 ni en 2016. Ambos están equivocados. El NYT yerra al denominar “alumno brillante” a un Gobierno que ha incrementado la deuda pública en un 46% del PIB en solo tres años y medio, que ha llevado la deuda exterior al nivel más alto del mundo desarrollado, que ha elevado el riesgo de pobreza y exclusión social 12,5 veces más que la media de la UE, según los últimos datos de Eurostat, convirtiéndonos en el país con la distribución más injusta de la renta y la riqueza de Europa y que tiene quebrado el sistema de pensiones. Y la Comisión Europea (CE) es peor, porque es su obligación esencial conocer las cifras de los países en vigilancia, y hablar de un déficit del 4,5% en un año casi terminado demuestra que no hacen su trabajo.

Que los Presupuestos Generales del Estado (PGE) 2015 eran una chapuza y que los de 2016, elaborados deprisa y corriendo por orden del déspota de Moncloa, son infumables, era conocido y ha sido denunciado reiteradamente por aquellos que no estamos vendidos al poder. Pero una cosa son unas pocas voces clamando en el desierto vetadas por Moncloa en la casi totalidad de medios y otra muy diferente que quien acuse al Gobierno de mentir sea la propia CEy el FMI. La denuncia ha sido el último torpedo en la línea de flotación de un 'Titanic' que se está hundiendo por la desidia y la cobardía de un jefe de Gobierno que no ha movido un solo dedo para defender la legalidad y la unidad de España, y cuya gestión económica ha sido desastrosa para la inmensa mayoría de los españoles, por lo que no es de extrañar que suscite el rechazo de más del 70% de los ciudadanos”. http://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2015-10-19/deficit-2015-peor-que-el-4-5-de-la-comision-europea_1064308/
Ante estas realidades y “el diluvio de mentiras y falacias” que nos están echando encima en este horrible año de campaña electoral… “una nube de irresponsables que solo buscan su medro”, sólo nos queda el pensar y meditar profundamente donde dejaremos nuestros votos, puesto que de lo que no hay duda, es que nos han situado ya en un límite y que de ese límite hay que salir, procurando que el nuevo camino sea nuevo y sobre todo eficaz. “Lo que salga lo habrá elegido el pueblo”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

La sauna más cara del mundo
José García Domínguez Libertad Digital  6 Noviembre 2015

¿Cuánta gente sabrá en España que el voto de un ciudadano de la Comunidad de Castilla y León vale exactamente lo mismo que el de ocho habitantes de Madrid a la hora de elegir a los senadores del Reino? Casi nadie. Y la razón de que nadie lo sepa – ni tampoco a nadie importe una higa el asunto – es la definitiva inanidad de ese muy oneroso cementerio de elefantes y elefantas, el Senado. Perversión tan obscena del principio axial de la democracia, el que se sintetiza en la frase un hombre un voto, jamás habría sido tolerada, pero ni en broma, si la segunda cámara de nuestras Cortes fuese algo distinto a un simple abrevadero, una casa de beneficencia del turnismo bipartidista ideada para pensionar a cesantes varios o prejubilar a floreros ociosos. Que no otro resulta ser su cometido genuino.

He ahí, pues, algo útil que se puede hacer ya puestos a meter cuchara en la Constitución del 78. Y es que ese pabellón de reposo en las antípodas del Bundesrat alemán constituye un escándalo presupuestario que España, simplemente, no se puede permitir. Una asamblea integrada de modo exclusivo y excluyente por presidentes y consejeros de los distintos gobiernos regionales, el Bundesrat, que entre otros efectos balsámicos los fuerza a distraer la atención por un instante de sus respectivos ombligos localistas, obligándolos a corresponsabilizarse de los asuntos que afectan al conjunto de la federación. Insólita virtud que de por sí lo convierte en un modelo a imitar cuanto antes en España. Añádase a ello otra cualidad que le es propia, la de funcionar como un perentorio órgano de concertación horizontal entre la Administración central y los poderes territoriales.

Algo que en cualquier Estado descentralizado resulta ineludible so pena de acabar en el inextricable caos competencial en que ha devenido nuestro régimen autonómico. Al cabo, el eterno debate bizantino sobre la delimitación precisa de las respectivas competencias propias del Estado, por una parte, y de las comunidades por otra, orilla el problema fundamental, a saber, que las competencias compartidas, esas de las que nadie habla nunca, son con notable diferencia las más importantes. Razón última de la importancia crítica de contar con tal tipo de instituciones. Cerremos de una vez esa pretenciosa sauna madrileña y hagamos algo útil con el edificio. Otros asilos habrá, si bien más modestos, donde realojar a su actual cofradía de bostezantes.

INMERSIÓN LINGÜÍSTICA EN BALEARES
'Nos ofrecen pagar 1.700 euros al año por dos horas más de castellano'
Bernat Garau  www.gaceta.es  6 Noviembre 2015

Gaceta.es entrevista a Sonia Palma, la madre de dos niños con problemas de logopedia a los que su colegio público en Mallorca niega las dos horas semanales extra en castellano que venían recibiendo por recomendación de los especialistas.

Sonia Palma es la madre de Álvaro y Óscar, dos gemelos de ocho años con problemas de logopedia a los que la dirección del colegio público Ponent, de Inca (Mallorca), ha decidido negar las dos horas extra de clases en castellano que llevaban recibiendo por recomendación de los especialistas. La 'conselleria' de Educación les ha ofrecido la posibilidad de cambiarse a un colegio concertado con equilibrio de lenguas que les costaría 1.700 euros al año.

La familia cuenta con el asesoramiento de Círculo Balear y ha recibido el apoyo de Vox, cuya vicepresidenta en Baleares, Montse Amat, ha opinado en declaraciones a gaceta.es que “no piden nada del otro mundo, solo que se facilite el aprendizaje a sus hijos” y anima a leer el proyecto lingüístico del centro: “lo podría firmar cualquier nazi”, asegura Amat. En esta entrevista, Sonia Palma explica a gaceta.es todos los pormenores de su caso.

¿Confían en conseguir sus reivindicaciones?
La verdad, no confiamos en conseguir nada. Todo son negativas, y tanto la dirección del colegio como el Gobierno autonómico se escudan en la estricta legalidad para no hacer nada. La 'conselleria' de Educación nos mandó una carta para denegarnos todas nuestras reivindicaciones y, por su parte, el Ministerio de Educación no se ha puesto en contacto con nosotros para nada.

Por otro lado, presentamos una reclamación al Defensor del Menor y lo primero que nos preguntó fue cuánto tiempo llevábamos en Baleares, como poniendo en duda nuestra adaptación. ¡Pero si llevo 21 años en Mallorca y entiendo perfectamente el catalán! ¡Además, nací en Barcelona! Pero, sobre todo, ¿qué tiene que ver con lo que pedimos?

¿Qué piden exactamente?
Únicamente pedimos mantener las mismas 6 horas en castellano a la semana que han recibido nuestros hijos durante los dos últimos años. Es decir, que además de las de Lengua Castellana, que todos los niños reciben en esa lengua, sigan recibiendo también Conocimiento del Medio en castellano, aparte de las 3 sesiones de logopedia, también en su lengua materna, tal y como nos recomiendan los especialistas. ¡Que quede claro: no pedimos el 100 % de las horas en castellano, ni mucho menos! Ni siquiera un equilibrio entre lenguas, que sería lo más recomendable.

¿Por qué se lo recomiendan los especialistas?
Nuestros hijos tienen tienen diagnosticado un retraso madurativo leve y un retraso grave en el lenguaje, y de hecho entraron en el colegio por necesidades especiales, porque el centro está muy bien dotado en cuanto a logopedas. Nos recomendaron que los niños aprendieran en su lengua materna, porque les cuesta mucho expresarse correctamente, tanto en castellano como en catalán, no saben estructurar las frases.

En 2012 logramos que nos concedieran estas condiciones después de mucho luchar. En enero, tanto la foniatra como la neuropediatra nos dijeron que había que seguir como hasta ahora, porque los niños han mejorado mucho.

¿Qué ha pasado ahora?
El equipo directivo del centro nos ha dicho que ha habido un cambio político, por lo que prevalece la inmersión en catalán, y nos ha invitado a dejar el centro, porque no nos van a mantener las condiciones. La jefa de estudios nos dijo en septiembre que nuestra etapa en este colegio ya había finalizado y nos ofrecieron otros tres centros que cumplían los requisitos necesarios para la educación de nuestros hijos. Pero la 'conselleria' nos pide que pasemos de pagar 240 euros anuales en concepto de banco de libros y material escolar a los 1.700 euros que cuesta el concertado.

¿Y qué van a hacer?
Si nos garantizaran las condiciones en el colegio actual, preferiríamos que siguieran, porque allí tienen a sus amigos, están acostumbrados a la dinámica del centro y para ellos es importante tener una continuidad. Ahora bien, si la 'conselleria' se hace cargo de la diferencia entre los 240 que pagamos hasta ahora y los 1.700 que nos piden, no tendríamos inconveniente en cambiar, si no hay otro remedio. Afortunadamente, contamos con el asesoramiento y el apoyo de Círculo Balear, que lleva nuestro caso desde el principio sin pedirnos nada a cambio.

¿Cómo es su relación con los demás padres?
En 2012, cuando tuvimos todo el lío para conseguir las 2 horas extra en castellano, nos montaron una cacerolada promovida por la dirección del colegio en la que participaron profesores, el equipo directivo, políticos -alguno del PP, por cierto- y miembros de la Asociación de Padres. Algunos padres me increparon, pero una vez que les expliqué que yo no quería cambiar nada de la educación de sus hijos, se quedaron tranquilos. Solo pedimos que a nuestros hijos, y únicamente a ellos, les mantengan las condiciones que tenían desde 2012.

¿El verdadero conflicto es con la dirección del colegio?
Así es. En el colegio me han llegado a decir que sacar a los niños de clase para trabajar con la logopeda es una forma de discriminarlos, y que habría que trabajar con ellos dentro de clase. ¡Delante de todos sus amigos!¡Por favor, eso sí que es discriminar!

Por cierto, tiene gracia el hecho de que el director del colegio, que no permite a mis hijos tener 6 horas en castellano, lleva a sus hijos a un centro con equilibrio de lenguas. Yo, sin embargo, no puedo elegir. ¿No somos todos iguales ante la Ley?


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El paraíso de los 'fuorilegge'
Eduardo Goligorsky Libertad Digital  6 Noviembre 2015

Siempre me sedujo la palabra italiana fuorilegge -que utilizaba con frecuencia mi inolvidable maestro Julio Aníbal Portas- por la ductilidad de sus acepciones. Es eufónica y puede aplicarse al delincuente común, pero también a quien actúa como si la ley no existiera. En Cataluña desfilan por los juzgados presuntos fuorilegge ilustres de la primera categoría y gobiernan provisoriamente los de la segunda, o sea, los que actúan como si la ley no existiera. Saben que existe, porque son gente culta con vasta experiencia política, pero se han juramentado para desconectarse de ella y fabricarse una a su medida… que de paso también satisfará las expectativas de los otros fuorilegge, los presuntos transgresores imputados.

Mariscales del golpismo
La propuesta de declaración que el contubernio Junts pel Sí-CUP presentó en el Parlament sienta las bases para convertir Cataluña en el paraíso de los fuorilegge. Advierte el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona Xavier Arbós Marín ("El texto y el gesto", LV, 30/10):

La ruptura con la legalidad es clara en la indicación que se hace al futuro gobierno en el punto octavo. Insta al ejecutivo que se forme a "cumplir exclusivamente" las normas y mandatos emanados del propio Parlament. Es decir, debería incumplir toda norma o mandato distinto de los que deriven de la cámara catalana, empezando por la Constitución, desde el Código Penal hasta la normativa europea, pasando por tratados como el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

El desprecio por la legalidad no es producto de la actual ofensiva secesionista. Viene de lejos: ahora se destapa la trama de corrupción que los caciques de la tribu nacionalista instalaron en las alcantarillas de la Generalitat hace treinta y cinco años para usufructo de su partido y de su patrimonio familiar, pero fue el silencio cómplice de ese Madrid hoy escarnecido por los secesionistas lo que permitió que prosperara el latrocinio desde los tiempos de Banca Catalana. Y la insumisión permanente, desde 1980, contra las sentencias judiciales y contra las normas de convivencia en la sociedad abierta completa el currículum de los fuorilegge trocados en mariscales del golpismo institucional.

Leguleyos burgueses
La novedad consiste en que los golpistas pretenden dictar una ley que, paradójicamente, convierte en hecho consumado la desobediencia a las leyes. ¿Que lo hacen con sólo el 47,8% de los votos emitidos y el 36% del censo electoral? Pues para eso son fuorilegge, para pasarse las leyes por el arco del triunfo. ¿Que también se ciscan en su mitificado Estatut y pretenden imponer su voluntad contando con 72 escaños, cuando el citado Estatut reclama 90, o sea dos tercios, para adoptar medidas excepcionales? Esas son objeciones propias de leguleyos burgueses como Andreu Mas-Colell y otros cinco consellers del gobierno autonómico que, como explica con lujo de detalles M. Dolores García ("Seis hombres sin piedad", LV, 1/11), plantan cara al atribulado jefe del pelotón insurrecto. Albert Rivera propone sagazmente dialogar con ellos y el agitprop no tardará en tildarlos de botiflers lerrouxistas. El preboste Mas ya los ha "reprendido severamente" por haber violado el pacto de la omertà (LV, 4/11).

El modelo en miniatura de lo que podría ser la hipotética República Catalana lo encontramos en la ciudad de Barcelona, sometida a las manías contestatarias de la alcaldéspota Ada Colau y sus acólitos. Colau se estrenó disculpando a los incívicos que se cuelan en el transporte público con el argumento de que "nadie lo hace por capricho o diversión" (Ara, 19/6). A continuación, su lugarteniente Gerardo Pisarello defendió el top manta con el argumento de que "existen ordenanzas que obligan a facilitar los derechos sociales" y acusó a la oposición de ser "clasista y demagógica" (El País, 14/9). Inmediatamente se entablaron negociaciones con un flamante sindicato de manteros, ante el estupor de la Guardia Urbana, cuyos ninguneados miembros se preguntan cuándo aparecerán sindicatos de carteristas y de aluniceros. Los okupas no lo necesitan porque ya tienen acojonada a Barcelona. Para la ideología maniquea de Colau, Pisarello y el bloque descamisado, todos estos colectivos de fuorilegge son víctimas de un sistema de justicia hecho a medida de los privilegios de la sociedad capitalista, donde rige el por ellos aborrecido derecho de propiedad.

El "¡Viva la República Catalana!" que profirió Carme Forcadell en el Parlament que ella preside hace prever que allí se repetirán las patochadas del género fuorilegge que ya nos hemos acostumbrado a presenciar en el Ayuntamiento, donde la alcaldéspota desahoga, saltándose todas las reglas, su aversión contra la dinastía borbónica y sólo contra esta. ¿Por qué mantiene el recuerdo, en el callejero, de "dos monarcas expansionistas y belicosos como Jaume I y Pere IV"?, se pregunta Sergio Vila-Sanjuán (suplemento "Vivir", LV, 31/10). ¿Y el de los depredadores almogávares?, añado yo. El bloque descamisado, a su vez, exhibe impunemente en el recinto una placa robada con el nombre de Juan de Borbón arbitrariamente traducido al catalán y pancartas de solidaridad con terroristas etarras encarcelados. Un festival de los fuorilegge.

Desintegración social
No nos engañemos. El programa secesionista de Junts pel Sí, en solitario, ya implicaba una ruptura flagrante con la legalidad española, europea y de todo el mundo civilizado, como acaba de ratificarlo Ban Ki Mun, secretario general de la ONU (LV, 31/10). Pero ese mismo programa, combinado con los delirios anticapitalistas de la CUP, se convierte no sólo en un motor de cambio hacia la independencia sino en un arma mortífera de desintegración social.

Pruebas al canto. Mientras el indeseable Artur Mas mendigaba personalmente, entre bambalinas, el apoyo de la CUP para su investidura, sus interlocutores interrumpieron las tratativas porque los Mossos d´Esquadra habían detenido en Barcelona y Manresa, siguiendo instrucciones del juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez, a nueve miembros de la organización insurreccional Grupos Anarquistas Coordinados (GAC). Según medios vinculados a la investigación, los GAC, responsables de varios atentados con bombas contra agencias bancarias, habían dado "un salto cualitativo" en su sofisticación a la hora de preparar artefactos explosivos (LV, 29/10).

La CUP dio el portazo a la negociación con Junts pel Sí alegando "la clara intención política de reprimir un movimiento contestatario" y denunció al Govern de Mas en funciones por "haber permitido que los Mossos ejecutaran las órdenes de la Audiencia española". La CUP expresó asimismo que su "preocupación está centrada en la situación de las personas represaliadas" y apostó por "la desobediencia a tribunales españoles represores y herederos del franquismo", añadiendo que en la nueva República Catalana "la represión contra los movimientos populares no tiene cabida". Para terminar, convocó a una manifestación de protesta en el barrio de Gràcia a través de la etiqueta #JoTambeSocAnarquista (El País, 28/10).

Espectáculo obsceno
Sobran las pruebas de que estos ácratas, que no por casualidad tienen su base de operaciones en Cataluña, aunque a menudo llegan de Italia, no son jóvenes idealistas movidos por la sed de justicia. El experto en estos temas Eduardo Martín de Pozuelo se ha ocupado reiteradamente de las campañas de violencia que, partiendo de Barcelona, se expanden por toda España. Así, informó (LV, 14/11/2013) de que habían sido detenidos en la Ciudad Condal cinco anarquistas acusados de atentar con bomba contra la basílica del Pilar, en Zaragoza, el 2 de octubre del 2013. Pertenecían al Comando Anarquista Insurreccional Mateo Morral, que se atribuía otro atentado similar contra la catedral de la Almudena, en Madrid. Y planeaban atentar, a continuación, contra el monasterio de Montserrat. Ya entonces hubo manifestaciones a su favor en el barrio de Gràcia, con la preceptiva quema de contenedores y ataques a bancos.

El espectáculo obsceno que montan los fuorilegge cuando cada uno de ellos desnuda las vergüenzas del otro para sustraerle una lucrativa parcela de poder ahuyenta incluso a quienes hasta ayer nomás fueron sus compañeros de viaje, o acaso sus cómplices. Y vacuna a la sociedad catalana, mayoritariamente laboriosa, cosmopolita e ilustrada, contra la tentación de dejarse arrastrar por los embaucadores que venden terrenos en una Ítaca más falsa que los escombros amañados del Born e infectada, para colmo, por los virus totalitarios del cinismo y el fanatismo, de la corrupción y la revolución, de la codicia y el odio. El tiro de gracia: nada menos que el Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), que depende de la Administración autonómica y no del Gobierno de España, informa (LV, 2/11):

Los catalanes confían más en la Policía Nacional y en la Guardia Civil (4,80) que en el Parlamento de Cataluña (4,54) y en el Gobierno de la Generalitat (4,36).

La rica lengua italiana aporta otra sentencia aplicable al guiñol catalán: la commedia è finita, pronunciada cuando cae el telón sobre el último acto de la ópera Pagliacci (Payasos).

“El final del terrorismo no está siendo perfecto, ni mucho menos”
Rogelio Alonso: “A quienes han perpetrado y apoyado el terrorismo se les ha eximido de la necesaria rendición de cuentas”
Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco  6 Noviembre 2015

Profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, coordinador del programa de Doctorado y del Master Oficial en Análisis y Prevención del Terrorismo de esta Universidad y miembro del Grupo de Expertos sobre Radicalización Violenta de la Comisión Europea, Rogelio Alonso, que en estos momentos es uno de los más brillantes y activos analistas políticos españoles, es autor o coautor de libros indispensables como “Matar por Irlanda”, “Vidas rotas”, “Las víctimas del terrorismo en el discurso político” o “The IRA and Armed Struggle”.

Miembro del consejo editorial de prestigiosas revistas académicas internacionales como “Terrorism and Political Violence” o “Studies in Conflict and Terrorism”, Rogelio Alonso ha recibido diversos premios nacionales e internacionales por sus publicaciones sobre terrorismo, así como la Cruz al Mérito Militar con distintivo Blanco.

En esta entrevista exclusiva con La Tribuna del País Vasco, Rogelio Alonso, que es también autor de algunos de los ensayos más brillantes que se han escrito alrededor del terrorismo en Euskadi, reflexiona sobre las actuales tensiones institucionales que se viven en España, sobre el pujante ascenso de los independentismos y la extrema-izquierda, y sobre el tipo de relato que se está imponiendo en la sociedad vasca tras el final de la violencia de ETA.

¿Cómo definiría la actual situación política y social en España?
- Es una situación anómala en el sentido de que un país como España atraviesa momentos de inestabilidad considerable motivados por un sorprendente problema. Me refiero al cuestionamiento de la legalidad y del marco jurídico político por parte de formaciones políticas nacionalistas y de una parte del electorado minoritaria en el conjunto del país, pero significativa en ciertas comunidades autónomas.

En un país con una democracia consolidada es una anomalía ese cuestionamiento de la legalidad y de la legitimidad democrática, de las instituciones desde las que ejercen su poder quienes tanto se benefician de la propia democracia que desafían y atacan.

Existen en España problemas políticos, sociales y económicos que requieren la atención y la acción de la elite política, si bien en la actualidad el debate político y mediático está dominado por ese desafío independentista bajo el que subyacen muy preocupantes actitudes: hay actores políticos dispuestos a chantajear al Estado en su afán de destruir los cimientos del mismo. Y también hay quienes minimizan la seriedad de un ataque a la legitimidad y a la legalidad democrática y las consecuencias que ello tiene tanto para la convivencia como para el desarrollo político, social y económico del país.

Es normal la existencia de conflictos en un sistema democrático, y constantemente los ha habido en el nuestro y los habrá. Pero es lamentable la pérdida de energía y de tiempo que se derivan de conflictos generados por agravios inventados y por la falta de lealtad a la comunidad política.

¿Cómo cree que acabaremos los españoles este año, después de las elecciones generales que tendrán lugar en diciembre?... En su opinión, ¿cuáles son los principales peligros que nos acechan colectivamente?
- Las predicciones sobre el futuro son complicadas, si bien parece razonable pensar que una cuestión va a dominar el debate político en los próximos meses. Las aspiraciones del nacionalismo catalán son claramente ilegales, pero hay una parte de la ciudadanía que no cree que así sea y otra que, aun creyéndolo, no considera oportuno confrontar esa ilegalidad. La falta de presencia del Estado en una comunidad autónoma como Cataluña ha ido acompañada de una interesada radicalización del nacionalismo con las consecuencias políticas y sociales que estamos viendo.

Bajo los titulares de prensa que tanto debate generan hay una sociedad en la que el nacionalismo ha impuesto un modelo político que no garantiza igualdad para todos sus ciudadanos. Y se ha aceptado esa injusticia deteriorándose unas condiciones que cuanto más tiempo se dejen de lado, más difícil serán de resolver. Esa “desconexión” que los nacionalistas catalanes han anunciado se está produciendo de facto y de manera gradual. Cultural, política y socialmente es evidente, pero las respuestas que recibe evidencian que no se considera lo suficientemente grave, pues no reflejan una estrategia coherente en el medio y largo plazo para resolver un problema con numerosas facetas.

Al mismo tiempo, en otra comunidad autónoma como el País Vasco, donde se ha perpetrado una violencia inspirada y motivada por una ideología nacionalista, se está pasando página sin valorar ni confrontar las consecuencias verdaderas del terrorismo.

Se insiste en la derrota de ETA ignorándose las consecuencias políticas del terrorismo y, por tanto, se legitima a menudo la violencia de quienes han sido integrados en el sistema sin la necesaria rendición de cuentas. A quienes han perpetrado y apoyado el terrorismo se les ha eximido de la necesaria rendición de cuentas. Se sustituye las necesidades políticas y morales que las víctimas y la sociedad tienen tras sufrir el terrorismo por bálsamos como esas promesas sobre la construcción del relato. El relato ya se está construyendo, no es una tarea de futuro, sino del presente. ¿Qué memoria y qué relato se construye sobre el terrorismo cuando destacados representantes políticos homenajean a las víctimas a la vez que faltan a la verdad sobre la excarcelación de un terrorista como Josu Uribetxebarria Bolinaga, responsable de la tortura de José Antonio Ortega Lara y del asesinato de los Guardias Civiles Mario Leal Vaquero, Pedro Galnares Barrera y Antonio López Colmenero? La narrativa y la memoria de las víctimas que ya se está construyendo, ¿busca solo conmover vaciando de contenido el significado político de estas y el verdadero alcance del terrorismo? ¿Qué actitudes y qué comportamientos más allá de la mera retórica deberían mostrar los partidos democráticos frente a formaciones que se niegan a condenar la historia de terror de ETA y a deslegitimar su violencia, minimizando así el significado político de las víctimas? ¿Qué consecuencias tiene para las víctimas la rehabilitación social y política de quienes han justificado los crímenes de ETA sin que se produzca la necesaria rendición de cuentas requerida en una democracia?

Hay otros problemas y desafíos en nuestra sociedad, pero los derivados de estas situaciones son, en mi opinión, muy relevantes.

A su juicio, ¿de dónde surge, ideológica e intelectualmente, la extrema-izquierda, abiertamente populista, que se localiza alrededor de las diferentes marcas de “Podemos” y de otras formaciones?
- Ha habido una determinada coyuntura política, económica y social en la que han confluido diferentes factores que han favorecido dicha emergencia. Ha habido una confluencia de factores que la han favorecido, entre ellos, la crisis económica, la pérdida de credibilidad de partidos políticos mayoritarios, y su desgaste por motivos diversos, la corrupción no solo política, y un reforzamiento de una determinada forma de hacer y comentar la política con un sistema de medios que, a mi modo de ver, ha debilitado el periodismo convirtiéndolo en un instrumento más vulnerable a la instrumentalización por parte de algunas formaciones políticas.

¿Qué responsabilidad tienen los grandes partidos tradicionales (PP y PSOE) en la actual situación política?
- Los partidos políticos tienen, lógicamente, una gran responsabilidad, pero no solo ellos. La dejadez de los grandes partidos políticos en el tema territorial es innegable. También la dejadez en esa etapa final del terrorismo de ETA. Los principales partidos políticos han renunciado a confrontar las mentiras que con frecuencia se reproducen sobre esta etapa final de ETA. Pienso, por ejemplo, en esa “derrota” de ETA que tanto se ensalza. Que ETA no ha conseguido sus objetivos máximos es obvio. Pero también lo es que ha logrado importantes logros políticos y de otro tipo.

Sin embargo, para muchos políticos –y también bastantes periodistas- es más sencillo asumir ese discurso cómodo y simplista que omite dar respuesta a interrogantes tan importantes sobre cómo se está cerrando esta etapa de nuestra historia y los costes que ha teniendo al optarse por una considerable dejadez.

Una de las dolorosas consecuencias del terrorismo es que incluso ha conseguido dañar relaciones personales. Recuerdo que, en Irlanda del Norte, el IRA decretó el alto el fuego con la intención, entre otras, de dividir a quienes habían permanecido unidos frente al terrorismo. “Cuando cese la violencia, les dividiremos y se dividirán porque unos se conformarán con un determinado final y surgirán divergencias sobre cómo responder ante el nuevo escenario”, planteaban los representantes políticos del IRA. Aquí ha ocurrido algo similar. Se ha intentado marginar a quienes han cuestionado ese final perfecto que solo habla de la derrota de ETA y que elude un análisis más riguroso y completo de la realidad. En mi opinión, poco o nada se hace por comprender por qué una parte de la sociedad siente algo diferente cuando existen razones fundadas para que se sientan así. Alegrarse y felicitarse por el final del terrorismo no es incompatible con cuestionar algunos de los métodos empleados para ello y su alto coste. El final del terrorismo no está siendo perfecto, ni mucho menos, y creo que se debería permitir que se debatiera sobre una cuestión que es muy relevante para el presente y el futuro.

Volviendo a la idea central de la pregunta, los ciudadanos, la sociedad, también tienen una responsabilidad en una democracia. Por un lado, es engañoso volcar toda la responsabilidad única y exclusivamente en los partidos, pero también es tramposo, como se hace en ocasiones, utilizar la responsabilidad que los ciudadanos evidentemente tenemos con objeto de eximir a las elites políticas de sus responsabilidades por los errores cometidos, por incumplimientos de programas, o por gestiones negligentes, por su dejadez en ciertas cuestiones. Hay que ser justos también en la asignación y distribución de responsabilidades y no confundirlas. Me viene a la cabeza ese cliché distorsionador del nacionalismo, compartido a menudo por el PSOE, que injustamente acusa a un partido como el PP de ser una “fábrica de hacer nacionalistas”. Y lo tremendo es que hay gente dentro del PP que llega a asumir que hay verdad en semejante falacia y se esfuerza por acomodar agravios injustificables, por apaciguar reivindicaciones intransigentes.

Antioccidentales, antiliberales, anticapitalistas, antiglobalizadores, filoterroristas… ¿cómo explica usted la aparición, la expansión y el ascenso electoral de personajes como Monedero, Colau, Guillermo Zapata y tantos otros como en estos momentos se encuentran en múltiple instituciones locales españolas?
- Una hipótesis es que nuestro sistema educativo, nuestro sistema de medios y nuestro sistema político se están deteriorando. Hoy en día, la formación de ciudadanos críticos padece déficits importantes que favorecen la manipulación, la demagogia y el populismo. La confluencia de factores a los que aludía anteriormente también ha podido propiciar y favorecer la emergencia de liderazgos con esas características.

En su opinión, ¿cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación españoles en la actual situación política?
- Grande, sin duda. Me temo que hoy muchos medios se han convertido en medios de partido. Lógico es que tengan una ideología que propugnen con argumentos racionales, pero no lo es tanto que se conviertan en instrumentos de partido en los que apenas se articula una necesaria crítica razonada y coherente a formaciones afines. La crisis económica les ha colocado en una situación más vulnerable, pero el panorama mediático es muy preocupante. Hay demasiado periodismo servil y menos periodismo verdaderamente crítico y analítico. Hay periodistas, líderes de opinión, que han renunciado a una independencia imprescindible que en algunos casos no es sencilla de mantener. Pero el ejemplo de otros periodistas incorruptibles, también en situaciones muy adversas, demuestra que es posible y muy necesario para la salud del sistema democrático. Muchos políticos desean controlar a los medios y a los periodistas y, desgraciadamente, hoy no son pocos los casos en los que lo consiguen. Insisto: hay grandes periodistas que demuestran que es posible mantener criterios de profesionalidad y honestidad a pesar de las adversidades.

¿Cómo se imagina España a medio plazo?
- Quién sabe. Hay indicadores que invitan al pesimismo al sugerir un horizonte de inestabilidad e incluso de deterioro en torno a cuestiones como las que hemos comentado. Si deseamos que no se materialicen los peores augurios, hay que esforzarse por evitarlo. Los ciudadanos también, por supuesto. Nuestra democracia no debe ser débil ante quienes desean erosionarla. Si la democracia se convierte en la mejor defensora de quienes la atacan, se continuarán debilitando las instituciones y una cultura política frágil que creo es la raíz de algunos de nuestros desafíos y problemas como sociedad. A mi modo de ver, falta una cultura de defensa del sistema democrático que permita comprender que la aplicación de la ley es absolutamente necesaria, no un mal menor que se debe posponer para no incomodar a quienes la infringen.

Supondría la 'ruptura de la unidad de Francia'
Francia 'destierra' el catalán y el euskera
P.G.-S.  www.gaceta.es  6 Noviembre 2015

El Senado ha rechazado una iniciativa del Gobierno para modificar la Constitución en la que se buscaba reconocer oficialmente las lenguas minoritarias.

Francia ha rechazado formalmente reconocer oficialmente cualquier lengua que no sea el francés. En una votación para la incorporación de la Carta Europea de Lenguas Regionales, firmada por el país galo en 1999, el Senado ha tumbado la iniciativa del Ejecutivo. Así, ni el catalán, las lenguas alsacianas, el euskera o el corso serán reconocidas como lenguas oficales.

El proyecto de ley ha sido rechazado por 180 senadores, la mayoría pertencientes a partidos conservadores y del PRG, un partido de la izquierda radical. Con este rechazo a la iniciativa del Ministerio de Justicia, el país vecino no modificará el artículo 2 de su Carta Magna, que declara como única lengua de la República es el francés.

Los Republicanos, la UMP a la que Sarkozy modificó el nombre este año, sostiene que la ratificación de la Carta supondría la ''ruptura de la unidad de Francia'', además de la introducción del ''comunitarismo'' en la Constitución. Los de Sarkozy sostienen que al ser el francés la lengua de la nación, abrir la puerta a la oficialización de otros idiomas sería una contradicción.

El ministerio de Justicia ha explicado, por su parte, que su intención era conceder a todos los ciudadanos ''el derecho a emplear las lenguas regionales o minoritarias'' que, ha recordado, deben ser protegidos en áreas esenciales de la Administración. Los partidos de izquierdas defensores de la medida, naturales de las zonas en las que se hablan esas lenguas, habían solicitado a los senadores que asumieran ''su responsabilidad por el futuro del patrimonio lingüístico de Francia'', además de pedirles que apoyasen la iniciativa del Ejecutivo.

Dada la respuesta de la Cámara francesa, los senadores no han entendido que ese patrimonio lingüístico esté en peligro alguno y han decidido mantener su Constitución tal y como está.
 


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